Revista Mensual | Número: Marzo de 2017
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Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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El tiempo pasa y nos vamos poniendo tecno

Fractura en las alturas
El quiebre en la base
Medio Oriente
Los muertos que vos matáis…


El desgarramiento del centro imperialista y la imperiosa necesidad de los pueblos de dejar atrás la pre historia

El tiempo pasa y nos vamos poniendo tecno

 

“Pasan los años,

Y como cambia lo que yo siento,

Lo que ayer era amor se va volviendo otro sentimiento.”

(“Años”, versión de Luca Prodan sobre canción de Pablo Milanés)

 

El mes que analizaremos a continuación se caracterizó por la agudización de la crisis de hegemonía del capital concentrado, manifiesta en la encarnizada lucha política en el seno de los países centrales así como en el irrefrenable derrumbe de la política imperialista en los distintos terrenos en disputa en el escenario global. Esta agudización pone de manifiesto –una vez más– el feroz grado que ha alcanzado la disputa entre capitales en pos de garantizarse la reproducción, tal como hemos analizado en nuestro primer artículo. Sumidos en esas disputas, dichos capitales se enfrentan, de forma cada vez más abierta, a las grandes masas de desposeídos –e incluso de fracciones de propietarios en vías de dejar de serlo– para quienes queda cada vez más claro el carácter expropiatorio y profundamente antidemocrático de esos monopolios.

Esta disputa no es, en sí, algo nuevo. Sin embargo, el desmoronamiento del andamiaje político, jurídico e ideológico a través del cual la burguesía garantizó las condiciones políticas de su reproducción constituye un signo irrefutable del momento de transición en que nos encontramos. Como analizaremos en breve, esa institucionalidad ya no solo se ve amenazada “desde abajo”, sino que también la disputa inter burguesa corroe dichas instituciones “en las alturas”, incluso en órganos “insigne” del dominio del gran capital, como las Naciones Unidas o la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

Fractura en las alturas

Durante el mes de febrero, el flamante presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ganaba el centro de la escena mundial con las modificaciones en la política migratoria. Apenas una semana después de su asunción, Trump firmaba un decreto para suspender por 120 días el ingreso de inmigrantes provenientes de Libia, Sudan, Somalia, Irak, Yemen e Irán, y de forma permanente para quienes llegaran desde Siria (LN 28/1). La medida se convertiría –como veremos a continuación– en una nueva oportunidad para que las múltiples fracturas que atraviesan al bloque imperialista quedaran expuestas.

La fractura interna comenzó con una virtual rebelión de los gobernantes de las llamadas “ciudades santuario”, denominadas así por su “protección” a los inmigrantes. Entre dichas ciudades se encuentran Los Ángeles, San Francisco, Nueva York, Boston, Denver y Chicago, pero además la lista incluye a la asociación de alcaldías que representa una cifra no menor de 1.408 ciudades.

El alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, fue uno de los que salió a posicionarse frente al decreto: “Protegeremos a todo el mundo independientemente de donde venga e independientemente de su estatus migratorio”, desafió (LN 26/1). Por su parte, el alcalde de Los Ángeles aseguró en un comunicado que “La seguridad de cualquiera que vive, trabaja o visita Los Ángeles es nuestra prioridad. Separar familias y cortar fondos a una ciudad en especial Los Ángeles, por cuyo puerto entra el 40% de los bienes a Estados Unidos pone en riesgo la seguridad personal y la salud económica de toda nuestra nación”(LN 27/1). Esta última parte de la declaración es en relación al intento del gobierno federal de garantizar por coerción la aplicación de las reformas anti inmigrantes, amenazando con reducir o directamente suprimir los recursos que se aporta a los diversos Estados. Dichos recortes que intentó realizar el gobierno de Trump a las diez principales ciudades santuario alcanza la cifra de 2.270 millones de dólares (LN 27/1). De todas maneras, la Corte Suprema de EEUU calificó de inconstitucional negar fondos federales para obligar a las jurisdicciones a acatar políticas federales (LN 27/1).

Estas internas palaciegas no terminaron ahí, de hecho a lo largo del mes no hicieron más que recrudecer. A los desafíos por parte de algunos alcaldes de las ciudades santuario, se sumaban algunos representantes del poder judicial. La jueza Ann Donnelly, de Nueva York, paralizó las deportaciones de los ciudadanos que se encontraban detenidos en estaciones aéreas por efecto del decreto de Trump. También un magistrado de Virginia dispuso el acceso de ciudadanos que tuvieran derecho de residencia (LN 29/1). Si bien esta medida fue apelada por el gobierno de Trump, el juez federal del distrito oeste de Washington, James Robart, hizo lugar al pedido del fiscal general del estado, Bob Ferguson, de suspender inmediatamente la orden presidencial a nivel nacional, al considerar que podría causar “daño irreparable” (LN 4/2).

Sin dudas, uno de los momentos más álgidos de esta disputa fue la decisión del presidente de remover a la fiscal general provisional, Sally Yates. Yates había manifestado a sus subordinados que no estaba convencida del carácter constitucional del decreto. El comunicado de la Casa Blanca no deja dudas al respecto de los motivos de su despido: “Yates traicionó al Departamento de Justicia al negarse a aplicar una directiva legal diseñada para proteger a los ciudadanos de Estados Unidos” (LN 31/1).

Esta confrontación en el seno del Estado norteamericano no es más que la manifestación de la crisis que planteábamos en los primeros párrafos, ya que en estos hechos queda evidenciado que el grado de crisis que atraviesan las diversas facciones de capital que pugnan por el control del estado es de tal magnitud que sus resortes jurídicos, institucionales e ideológicos se fracturan sin cesar.

La lucha de facciones que acabamos de recorrer tiene su raíz en la imposibilidad de que todas las fracciones de capital con asiento en EEUU se reproduzcan a escala ampliada. Es un verdadero “todos contra todos”, y precisamente por eso, procesos intestinos que antes podían demorar años en corroer un gobierno y se solucionaba con la alternancia entre las expresiones de los principales capitales, ahora, en menos de un mes, erosionan las bases del gobierno de la principal potencia imperialista. La alternancia supone que las fracciones que alternan “entren” en el reparto. Cuando eso no es posible, sobreviene la lucha encarnizada por ser quien sobreviva. Así se expresa en el corazón imperialista la crisis política determinada por el agotamiento de las bases materiales del actual (des)orden mundial.

De esta manera, las fracciones de capital que se expresan en funciones judiciales o en el gobierno de ciudades de las costas estadounidenses, no se oponen al decreto en nombre de los universales derechos del hombre. Para dichos capitales, la inmigración constituye una pieza clave en la búsqueda de mano de obra calificada, así como en la presión a la baja de los salarios.

Esto es crucial para entender la resistencia que pudimos presenciar por parte de un sector del establishment norteamericano. Entre las principales empresas que repudiaron el decreto anti inmigración destacan Coca Cola, Google, Goldman Sachs, Ford, Apple, Microsoft, Starbucks, Uber y Facebook. El director de Google, Sundar Pichai declaró ante los medios de comunicación: “estamos preocupados por el impacto de este decreto y de cualquier propuesta que pueda imponer restricciones a los trabajadores de Google y a sus familias” (CR 30/1 y LN 31/1).

En la misma línea, Thomas Friedman, columnista del prestigioso diario estadounidense The New York Times, analizaba la situación abierta con el mandato de Trump y las tareas de los empresarios en dicho marco.

En una situación donde no existe un Partido Republicano capaz de frenar los peores instintos de Trump y los demócratas no controlan ninguno de los resortes del poder, los empresarios deberán hacer un trabajo que nunca pensaron que tendrían que hacer: salvar al país de un presidente que tiene una visión verdaderamente distorsionada del modo en que funciona el mundo y del rol que EEUU debería tener en él”.

De esta manera, el columnista presenta los riesgos que enfrenta el gigante del norte como nacidos de “un presidente que tiene una visión distorsionada”. El problema no es la irrefrenable crisis que reduce el tiempo socialmente necesario para producir las mercancías y con ello corroe las bases materiales para que el conjunto de capitales se reproduzca. El problema es que de un modo inexplicable, ha llegado a la Casa Blanca un presidente que no entiende cómo funciona el mundo y qué papel debe tener EEUU. Por ello, es posible que “los empresarios”, es decir, la encarnación de esos capitales que han desatado la actual debacle que amenaza al mismísimo Tío Sam, sean evocados como los salvadores.

Friedman avanza en su argumentación dirigiéndose directamente a esos empresarios a quienes convoca a “salvar al país”: “si Trump lleva a la práctica sus promesas de desregulación, infraestructura y reforma tributaria, sus empresas tendrían un pico de glucosa inmediato pero no se habrá solucionado el problema. Trump y Bannon están jugando con enormes sistemas que rigen gran parte de la economía global, como el Nafta, la Organización Mundial de Comercio o la Unión Europea. Creen en cosas muy probablemente equivocadas: que los responsables de la pérdida de puestos de trabajo en EEUU son los mexicanos y los chinos, cuando en realidad son los microchips y las computadoras. (…) No se dejen engañar por el pico de glucosa que ofrece Trump: sus empresas sólo prosperarán si EEUU es un país que se prepara y prepara a sus trabajadores para vivir en un mundo sin muros, y no que se dedica a construirlos. Ese es el ´nuevo orden político´ que nosotros y ustedes debemos defender” (LN 2/2).

Entrando en franca contradicción con lo expuesto anteriormente, ahora Friedman reconoce una crisis que precede a Trump: el reemplazo de trabajadores por “los microchips y las computadoras”. Según el columnista, es la incomprensión de este hecho lo que lleva al nuevo gobierno yanqui a jugar con “enormes sistemas que rigen gran parte de la economía global, como el Nafta, la Organización Mundial de Comercio o la Unión Europea”. En esa misma lógica, podríamos señalar que es la incomprensión por parte de Friedman respecto a la verdadera causa de esa expulsión de mano de obra lo que lo lleva a buscar salidas inexistentes. No son los microchips, es decir, el inmenso desarrollo de las fuerzas productivas, lo que deja a millones de trabajadores sin empleo y condena a otros tantos a la sobre explotación laboral, sino la subordinación de dicho desarrollo al interés del capital. Por eso, la irracionalidad del “modelo Trump” que señala con su pluma, también le cabe a la supuesta alternativa que convoca a construir.

Veamos ahora las repercusiones que tuvo dicho decreto fuera de las fronteras estadounidenses. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, señalaba sobre la medida del gobierno republicano: “es inquietante que se discrimine a los refugiados musulmanes. Se está creando una nueva normalidad de discurso que lo único que hace es fomentar el odio” (LN 28/1). Con ello, dejaba una vez más en evidencia cómo hasta los organismos que en otros tiempos cumplían la función de legitimar el accionar imperialista se ven imposibilitados de hacerlo, so pena de deteriorar aún más su escasa credibilidad.

Pero eso no es todo. El decreto también desnudaba el enfrentamiento entre EEUU y la Unión Europea, así como las fracturas que dividen al Viejo Continente. Durante el mes que estamos analizando, la primer ministra británica Teresa May se convertía en la primer mandataria en reunirse con el presidente Trump. May saludó el gobierno del magnate asegurando que “un EEUU más envalentonado, con una confianza renovada, es bueno para el mundo. Un EEUU fuerte y próspero puede liderar en el extranjero. Pero no pueden ni deben hacerlo solos” (DW 27/1). Sin embargo, la primer ministra enfrentaría algunas dificultades “en casa” por su decidido apoyo al magnate republicano. Casi 2 millones de británicos firmaban un petitorio para que May suspendiera la invitación a Trump a visitar el país. El líder del laborismo, Jeremy Corbyn, exigió la postergación de la visita. Tim Farron, responsable del Partido Liberal Demócrata, se expresó en idéntico sentido. También la primera ministra de Escocia, Nicola Sturgeon, solicitó la cancelación de la visita “hasta que la Casa Blanca anule el infame decreto”. Pese a que May descartó anular la invitación, el Parlamento deberá, en todo caso, votar o al menos debatir sobre la cuestión. Según la ley británica, cuando una petición pública supera las 100.000 firmas, los legisladores están obligados a intervenir (LN 31/1 LN).

Por su parte, el diputado alemán Reiner Meier, representante de los partidos conservadores CDU y CSU en el Grupo Parlamentario Alemán declaró que “cada Estado tiene derecho a proteger sus fronteras. Eso aplica tanto para España y Hungría como para Estados Unidos” (DW 26/1). También el gobierno de Hungría y partidos xenófobos como el Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia defendieron las medidas impulsadas por el republicano.

Tengamos en cuenta que estos sectores son los que expresan los intereses de las burguesías locales que ante la amenaza de desaparecer por la avanzada de los capitales más concentrados, se agazapan e intentan restringir el acceso de éstos en sus fronteras locales, donde ellos aún subsisten. De esa manera, logran construir también una base de apoyo en sectores de trabajadores que ante la pérdida de puestos de trabajo, fácilmente responsabilizan a los inmigrantes de sus males.

Los principales gobiernos del bloque, sin embargo, presentaron el decreto migratorio de Trump como un nuevo capítulo de su enfrentamiento con el nuevo gobierno estadounidense. Quien sin duda expresó con la mayor claridad el grado de disputa en que se encuentran sumidos los socios fue el jefe del Consejo Europeo, Donald Tusk. A través de un mensaje a las autoridades del bloque, no dudó en señalar que el EEUU de Trump representaba para Europa una “amenaza externa” tan grande como Rusia, China o el extremismo islámico (LN 4/2).

Por su parte, la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, François Hollande, acusaron al presidente yanqui de “falta de respeto” al bloque. Hollande aseguró que “está en juego es el destino de Europa” y agregó que “nuestra relación con Trump no tiene futuro si los europeos no actuamos unidos. Somos socios. Debería haber cierto respeto. No construimos Europa para dividirnos ni estar contra Estados Unidos” (LN 4/2). En relación al decreto migratorio, Merkel declaró que “la lucha global contra el terrorismo no era excusa para las restricciones y no justifica poner a personas bajo una sospecha generalizada sólo por su origen o su fe [religiosa]” (LN 30/1).

Tal como señalábamos sobre las grandes empresas que en EEUU cuestionaron las medidas de Trump, la condena de los personeros del capital más concentrado en Europa al decreto migratorio no se basa en la filantropía ni la irrestricta defensa de los derechos humanos. De hecho, durante el mes que estamos analizando, tenía lugar en la ciudad de Malta, una cumbre entre representantes de 15 países de la UE y de países africanos y del corredor sirio-palestino –Libia, Siria, Palestina, Israel y Turquía entre otros– (DW 23/1). Los principales temas de la agenda fueron el brexit y los refugiados. Sobre este último punto, la discusión central radicó en qué mecanismos operar para neutralizar los principales cruces a Europa, principalmente desde Libia. Sólo en 2016, han cruzado por allí más de 181.000 refugiados, quedando sepultados en el Mar Mediterráneo alrededor de 4.700 (LN 4/2).

Entre las medidas propuestas por Alemania, encontramos la creación de Centros Federales de Repatriación, destinados a albergar hasta que se efectivice la deportación a aquellos refugiados cuya solicitud de asilo sea rechazada. El plan también prevé facilitar la expulsión de extranjeros que puedan suponer un peligro manifiesto (DW 9/2). Toda una muestra de filantropía por parte de uno de los gobiernos que más duramente había criticado las políticas anti inmigración de Trump. Como si fuera poco, recordemos que Alemania ha deportado al 50% de los refugiados que han solicitado asilo en sus tierras.

El quiebre en la base

Como vemos, entonces, la imposibilidad objetiva de reproducir el conjunto de capitales existentes, que está determinada por la irrefrenable reducción del tiempo socialmente necesario para producir las mercancías que abarrotan el mercado mundial, empuja a esos capitales a una encarnizada lucha entre sí por apropiarse de ese valor generado por los trabajadores del orbe. Sumidos en esa verdadera batalla por la supervivencia, las distintas fracciones de capital se ven obligados a desarmar los mecanismos institucionales a través de los cuales cimentaron históricamente su dominio. Pero como pasaremos a analizar a continuación, esa fractura en las alturas no es la única fuerza que corroe al imperialismo en su propio centro.

Las últimas encuestas realizadas en EEUU muestran que se incrementan las divisiones al interior de la sociedad. Una encuesta de Ipsos y la agencia Reuters reveló que el 49% de los estadounidenses apoya las nuevas medidas migratorias. La polarización queda aún más de manifiesto cuando se suman los datos de un sondeo realizado por la Universidad Quinnipiac: mientras que entre los republicanos, el apoyo a las medidas presidenciales llega al 81%, el 77% de los demócratas las desaprueba. En ambos sondeos, más gente apoya las restricciones que quienes las rechazan, pero no llegan a ser una mayoría (LN 2/2).

En ese marco de profunda polarización política, han sido los sectores que se oponen a las medidas del gobierno quienes se movilizaron para mostrar su descontento. En Milwaukee, según estimaciones de la policía, entre 10.000 y 20.000 personas, marcharon contra las políticas migratorias de Trump. La medida fue acompañada con el cierre de cientos de comercios. En la movilización se pudieron observar carteles con leyendas como “Somos una nación de inmigrantes” o “Somos trabajadores, no criminales” (RT 15/2). Por otro lado, se registraron numerosas protestas en los aeropuertos internacionales. Cientos de personas llegaron hasta la Casa Blanca, en Washington, para repudiar las medidas migratorias decretadas por Trump (RT 29/1).

En Europa, donde varios países enfrentarán elecciones presidenciales este año, la imposibilidad de los personeros del capital concentrado de construir un mínimo de consenso sobre sus intereses aparece también a la orden del día. En Francia, François Fillon, candidato del partido Los Republicanos –liderado por el ex Primer Ministro Sarkozy– veía peligrar su candidatura tras ser acusado de haber hecho figurar a su mujer e hijos en puestos públicos que jamás desempeñaron. Las denuncias erosionaron su popularidad, y llevaron a Los Republicanos a barajar la posibilidad de reemplazarlo con otra figura, desatando un cruce de declaraciones entre Fillon y distintos representantes del partido (LN 7/2).

En Alemania, que también realizará elecciones nacionales este año, el Partido Socialdemócrata, con la candidatura de Martin Schulz como canciller, alcanzaba un apoyo del 31% en intenciones de voto, contra el 30% del partido de Merkel (LN 2/7). Pero eso no es todo. Según un sondeo, el 50% de los alemanes votaría al candidato socialdemócrata Martin Schulz como canciller si en las elecciones generales de septiembre se pudiese elegir directamente al jefe de Gobierno, frente a un 34% que apoyaría a la cristianodemócrata Ángela Merkel, y la Ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) mejoraría en un punto sus apoyos, hasta el 6% (DW 2/2).

Estos datos muestran cómo, incluso en el corazón de la UE, sectores de la clase trabajadora que hasta aquí estaban “encuadrados” en el programa del capital hiperconcentrado germano, comienzan a escindirse. Esto es independiente de los planes de gobierno que pueda llegar a formular la socialdemocracia alemana, que se ha comportado como el ala izquierda del imperialismo desde inicios de la Primera Guerra Mundial. Lo que nos importa señalar aquí es ese desplazamiento objetivo, independiente de la voluntad de las clases, de un sector de la clase obrera europea que comienza –tibiamente– a separarse del capital más concentrado.

En Francia, los suburbios de París fueron el escenario de 12 noches de revueltas, en repudio al ataque perpetrado por la policía a un joven de origen árabe. Durante las protestas, fueron dañados unos 200 vehículos, se incendiaron más de 160 contenedores y se rompieron vidrieras de comercios (DW 14/2). El presidente francés Hollande caracterizaba con bastante precisión la situación: “No podemos aceptar que a causa de un drama todo se desarme” (LN 15/2). La frase bien podría convertirse en el lema de la burguesía que, ante el evidente hundimiento del mundo que supo construir, sólo atina a desear que nada se desarme…

En Rumania más de 330 mil personas salieron a las calles en Bucarest durante casi una semana, para exigir la dimisión del gobierno socialdemócrata, luego de que aprobara un decreto de emergencia para despenalizar algunos delitos de corrupción. El decreto despenaliza los casos de corrupción si causan pérdidas al Estado menores a 44 mil euros (DW 2/2). Pese a que el gobierno retiró el decreto, las movilizaciones se sostuvieron pidiendo la renuncia del mandatario. En Rumania no se producían movilizaciones de semejante envergadura desde la caída de la Unión Soviética (DW 5/2).

Por otro lado, mientras como veíamos más arriba, los dirigentes de la UE se reunían para acordar mecanismos de expulsión de los refugiados, la ciudad española de Barcelona se convertía en el escenario de una importante movilización a favor de la recepción de refugiados, con apoyo del Parlamento Catalán. Bajo el lema “Volemacollir” (Queremos acoger, en lengua catalana), la movilización recorrió el centro de la ciudad para dirigirse hacia el parque de la Barceloneta, en el Paseo Marítimo. Una pancarta con el lema "Basta de excusas. ¡Acojamos ahora!", sostenida por un grupo de inmigrantes, encabezó la concentración. Convocada por la campaña "Casa Nostra, Casa Vostra", la concentración contó también con el apoyo de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y otro centenar de ediles de importantes ciudades catalanas (DW 18/2).

Los hechos recorridos muestran, con diversidad de matices, cómo los trabajadores y demás sectores populares de los países centrales comienzan a enfrentar los planes del capital más concentrado. En ese movimiento prima –todavía– la búsqueda de recuperar unas condiciones de vida que, durante algunas décadas, esos monopolios se vieron obligados a brindarles en pos de mantener a la clase obrera del centro imperialista en los marcos del sistema. Sin embargo, la imposibilidad objetiva de que ese pasado se reedite –que hemos analizado en nuestro artículo anterior– convierte en secundarias esas intenciones: el movimiento de la realidad empuja –y lo continuará haciendo– a esos trabajadores y sectores populares a enfrentar al capital más concentrado. No hay conciliación posible.

En este escenario, en España se realizaba la interna del partido de izquierda Podemos. La elección enfrentaba a Pablo Iglesias, representante del ala más radical del partido, y a Iñigo Errejón, quien venía abogando por un giro que permitiera captar el apoyo electoral de sectores más moderados de la sociedad española. Iglesias se erigió ganador  con un apoyo del 89% de los 150.000 militantes que votaron en la elección. “Esta asamblea nos ha dado una orden: unidad y humildad. Y la vamos a cumplir. El viento del cambio sigue soplando”, dijo Iglesias, tras el anuncio del resultado, ante los casi 10.000 asistentes al congreso partidista celebrado en el Palacio de Vistalegre, el mismo lugar donde hace apenas dos años y medio nacía Podemos como partido (LN 13/2).

Estas elecciones internas en Podemos revisten importancia porque encerraban la discusión de fondo sobre el  rumbo a seguir. Si el mismo se amoldaría a las estructuras partidarias electoralistas o profundizaría la construcción popular. Está claro que la victoria de Iglesia representa un hito a prestarle atención, ya que por abrumadora mayoría gano la tendencia de no acomodarse a los procesos electorales. Claro que este es solo un primer paso, pero resulta decisivo ya que supera la posición del mero rechazo a las políticas tradicionales y apuesta a la construcción de base como línea central del partido.

Medio Oriente

La crisis que desgarra el centro también tiene repercusiones en todos los destacamentos de la política imperialista a lo largo y ancho del mundo. Hace meses que venimos observando cómo los antiguos aliados de EEUU comienzan a quedar cada vez más aislados ante la incapacidad de los grandes capitales de poder seguir dirigiendo el mundo. Este mes esta situación se cristaliza con la radicalización de la posición del Estado de Israel en Medio Oriente. En el mes de enero hemos analizado el grado de aislamiento de Israel, manifiesto en la resolución de condena a la colonización de Cisjordania votada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (CSNU). Ya entonces, ante la decisión estadounidense de no vetar la resolución, Trump –que no había asumido aún la presidencia– anunciaba a Israel un cambio de política durante su mandato.

Apenas 5 días después de la asunción de Trump, Israel anunciaba la construcción de 2.500 viviendas en territorio palestino ocupado, en abierto desacato a la resolución del CSNU. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, declaraba: “Estamos construyendo y vamos a seguir construyendo” (LN 25/1).

En lo que respecta a la guerra en Medio Oriente, todo parece indicar que el nuevo presidente estadounidense está decidido a enfrentar lo que él mismo tildó como “errores” de la gestión demócrata con las mismas recetas. De hecho, durante el mes que estamos analizando el presidente Trump dialogó de forma telefónica con el rey de Arabia Saudita, Salmánbin Abdulaziz, sobre la necesidad de crear zonas de seguridad en Siria y Yemen (RT 30/1). Crear zonas de seguridad supone controlar una porción del espacio aéreo de un territorio, derribando cualquier avión no identificado. No es necesario aclarar que tal idea entra en colisión abierta con los intereses de Siria e Irán. Más aún: supone desconocer el cambio en la correlación de fuerzas en la región que venimos analizando mes a mes, e intentar posicionarse nuevamente como “gendarme del mundo”.

A su vez, según datos de la propia oposición siria, EEUU iniciaba el entrenamiento de 3.000 combatientes árabes so pretexto de luchar contra el grupo terrorista EIIL (HTV 1/2), mientras estudia la posibilidad de reforzar la actuación militar en Siria con nuevas bases y ayudas castrenses a los kurdos sirios. Las opciones que baraja la gestión Trump incluyen el aumento de las ayudas militares de Washington a las fuerza kurdas sirias y el despliegue de decenas de miles de soldados en la República Árabe (HTV 27/1). Por último cabe destacar la visita a Irak del secretario de Defensa de EEUU, James Mattis, en clara señal de que se seguirán reforzando sus posiciones belicistas en la región. En lo que respecta a estas medidas hay que tener en cuenta las palabras de Henry Kissinger, cuando al analizar el escenario en Ucrania señalaba que, antes de abrir un frente de guerra, es necesario saber cómo realizar la retirada. Desde la visión del experimentado Kissinger, la imposibilidad yanqui de retirarse de los múltiples escenarios de confrontación abiertos, no es otra cosa que una evidencia de su decrepitud.

Pero como venimos analizando desde estas páginas, la derrota de la política imperialista en la región no es la simple decantación de su debilidad. Por el contrario, se trata del resultado del enfrentamiento entre esas fuerzas decrépitas y el eje encabezado por Rusia-Irán y Siria, con el apoyo de la milicia libanesa Hezbola. En ese sentido, hemos analizado el inicio de las negociaciones de paz para el conflicto sirio en Astana, capital de Kazajistán, donde las fuerzas beligerantes se sentaron bajo la dirección de Rusia, Irán y Turquía. Las únicas fuerzas que operan en territorio sirio y no son parte de las negociaciones son la coalición encabezada por EEUU, y los grupos terroristas Estado Islámico y frente Al Nusra. A mediados de febrero, era el enviado especial de la ONU para Siria, Staffan de Mistura, quien resaltaba la importancia de dichas negociaciones, señalando que “las negociaciones sobre la tregua en Siria que llevan a cabo Turquía y Rusia tienen más oportunidades de dar frutos que otras iniciativas de paz” (RT 19/2).

Los muertos que vos matáis…

Como señalamos mes a mes, ese imperialismo decadente está obligado a intentar mantener su dominio por la vía militar. Por ello, pese a no poder realizar una “retirada” ordenada de los frentes que ya están perdidos, como señalaba Kissinger, debe enfilar sus fuerzas contra el eje Rusia-China-Irán, que encabezan el proceso de transición en ciernes.

En el caso de Irán, EEUU continuaba sus ataques al acuerdo nuclear alcanzado por la nación persa, en un movimiento que a su vez profundiza el enfrentamiento de Washington con Bruselas, ya que la UE defiende dicho tratado. En ese sentido, Trump lanzaba una serie de amenazas ante la realización por parte de Irán de un ensayo misilístico. Recordemos que el acuerdo suscripto por la nación persa y el denominado Grupo 5 más 1 (los cinco miembros permanentes del CSNU –EEUU, Reino Unido, Francia, China y Rusia– y Alemania) se circunscribe a la actividad nuclear, sin imponer ningún tipo de restricción al desarrollo misilístico. A través de su cuenta de Twitter, el presidente estadounidense disparaba: “Irán estaba en las últimas y a punto de desplomarse hasta que llegó EEUU y le dio un salvavidas en forma del acuerdo iraní: 150.000 millones de dólares”, agregando que “Irán ha sido advertido formalmente tras disparar un misil balístico. Deben estar agradecidos por el terrible acuerdo que EEUU ha alcanzado con ellos” (RT 2/2).

Por otro lado, como veíamos al comienzo de este artículo, el decreto migratorio de Trump alcanzaba con su prohibición a los ciudadanos iraníes. La respuesta de Teherán llegaría a través de un comunicado de su Ministerio de Relaciones Exteriores, donde afirmaba que “La República Islámica de Irán, para defender los derechos de sus ciudadanos y hasta que se solucionen todas las limitaciones insultantes de EEUU contra los nacionales iraníes, aplicará el principio de reciprocidad”. A su vez, calificó la decisión de Trump de “insulto flagrante a los musulmanes del mundo”, al tiempo que consideró que ello fomenta “la propagación de la violencia y el extremismo”. El presidente iraní Hasan Rohaní, por su parte, señalaba que ésta es una época de “reconciliación y coexistencia y no de levantar muros entre países” (LN 29/1).

En lo que respecta al cerco que se intenta tender a Rusia, cabe destacar principalmente el accionar de la OTAN, que pese a que continúa pertrechando tropas en las fronteras orientales de Europa, su proceso de fractura interna parece indetenible. Hace meses que venimos observando que los miembros de la Unión Europea vienen planteando la necesidad de poseer una alianza de defensa que sea solo europea, es decir, que excluya a Estados Unidos. En este marco, Alemania daba pasos en pos de erigirse como líder europeo también en el ámbito militar, asumiendola tarea de empujar a los demás países del bloquea aumentar su participación financiera en la Alianza Atlántica. En este sentido la ministra de Defensa alemana, Ursula von der Leyen señalaba que “Alemania y otros países destinan por debajo del 1,5 por ciento. La alianza es más que una cuestión de dinero y la confianza no se puede comprar, pero los europeos deben asumir más cargas y responsabilidad” (DW 10/2).

Por otro lado, el escenario de Ucrania volvía a recrudecerse, con nuevos ataques del gobierno de Kiev a la región del Donbass, que se niega a reconocer las autoridades nacionales surgidas del golpe de estado perpetrado por EEUU y la UE en 2013. Tras los ataques, el gobierno ruso denunció con pruebas la utilización de artillería pesada contra la población civil. Ante esto, el gobierno ruso decidía reconocer los pasaportes de las autoproclamadas Republicas de Donetsk y Lugansk, dándoles así una entidad a las regiones separatistas, pero sobre todo, abriendo un salvo conducto humanitario para las poblaciones de estas regiones que estaban acorraladas por la artillería ucraniana. Las autoridades de Kiev, a través de un comunicado, condenaron la decisión de Moscú y llamaron a sus socios a “reforzar la presión sobre Rusia para el cumplimiento estricto de los Acuerdos de Minsk y el retorno del Kremlin al marco legal” (DW 19/2).

En lo que respecta al cerco a China el mes comenzó con el retroceso de la escalada que había iniciado el Gobierno de Trump al anunciar que se reuniría con la representante de la isla de Taiwán. En la primera conversación telefónica entre Trump y su homólogo chino, Xi Jinping, el presidente estadounidense le aseguró a su par chino que EEUU mantendría la política de “una sola China”.  Ambos mandatarios acordaron mantenerse en estrecho contacto además de invitarse a sus respectivos países (LN 11/2). Esta comunicación telefónica es vital para poder observar la extrema debilidad en la que se encuentran los EEUU ya que aunque sigue empujando al conflicto con China, sus intentos son neutralizados con una eficacia meridional.

Esa eficacia, sin embargo, aunque pueda expresarse en el plano militar, no tiene allí su origen. Lo militar es siempre la continuación de la política por otros medios, entendiendo por política la estrategia de las clases para construir las condiciones de su reproducción. Por ello, tanto la escalada bélica del imperialismo como la contención y la derrota que las fuerzas de la paz llevan adelante en diferentes regiones del globo es expresión de esa disputa entre intereses antagónicos a la que nos referíamos en la introducción de este artículo.

En un artículo publicado por el órgano de la oligarquía vernácula, La Nación, el economista Daniel Gustavo Montamat, que difícilmente pueda ser tildado de “pro chino”, advertía la profundidad del enfrentamiento al que nos referimos: “En 1998 Paul Krugman visitó Buenos Aires … Advirtió entonces que el éxito del proceso estaba en riesgo mientras no hubiera una justa distribución de las ganancias de productividad generadas por el salto tecnológico… Los datos son contundentes respecto de la reducción de la pobreza en el mundo en los últimos 30 años. Pero esa disminución se ha debido sobre todo a China. Allí ha habido 600 millones de personas que han salido de la pobreza. En los albores de la Revolución Industrial la brecha entre las regiones más ricas y las más pobres del mundo era del orden de 2 a 1; hoy es de 20 a 1. A su vez, la brecha entre las naciones más ricas y las más pobres del mundo actual es de 80 a 1. La globalización también ha reducido algo las desigualdades entre países, pero no entre los ricos y los pobres de los diferentes países. Y es en los países ricos donde la desigualdad hace más ruido político” (LN 2/2).

De esta forma, el economista pone de manifiesto el carácter de la crisis en que se encuentra sumido el capitalismo: “el éxito del proceso” depende de la posibilidad de una “justa distribución”, una tarea imposible para un régimen social basado en la propiedad privada de los medios de producción y de cambio. La tan mentada reducción de la pobreza bajo el capitalismo se debe, según Montamat, “sobre todo a China”, es decir, a un país socialista conducido por la clase obrera a través de su órgano político –el Partido Comunista Chino. La expansión en extensión y profundidad del capitalismo no hace más que profundizar las desigualdades entre países y al interior de los mismos. Esta es la base material que quiebra el entramado de relaciones jurídicas y políticas que hemos analizado en estas páginas. Aunque el autor no pueda decirlo, cae de maduro que esos logros de China sólo pueden venir de unos intereses distintos e irreconciliables con los que han  guiado el desarrollo de la humanidad hasta nuestros días. Pasemos ahora a analizar cómo se libraba esta batalla en Nuestramérica.



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