Revista Mensual | Número: Abril de 2017
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Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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Esto está muy Shangai


Los niveles de burbuja anticipan un 2008 recargado…

Esto está muy Shangai

“Y no ves
que a este mundo jodido ya le sale pus
y vos estás fregado fuera y dentro de él
¿o acaso ya no ves sobre qué están tus pies?”
“Burbujas”,  La Vela Puerca

 

A decir del presidente chino Xi Jinping en la apertura del último Foro Económico de Davos, “simplemente no es posible (…) canalizar las aguas del océano hacia atrás en lagos y arroyos aislados. De hecho, va en contra de la historia”. Pues bien, los capitales más concentrados de la economía global, afincados centralmente en Estados Unidos y la Unión Europea, parecen no entender la metáfora del máximo mandatario asiático y se muestran decididos a levantar muros y barreras arancelarias alrededor de sus fronteras productivas.

Encauzar los grandes mares del hemisferio norte, y las aguas provenientes del deshielo de los glaciares que padece la humanidad  como consecuencia de más de 200 años de producción capitalista, en los ríos, arroyos y lagos de sus tierras continentales no parece una tarea racional. Tratar de resolver la aguda contradicción entre la concentración en cada vez menos manos de los medios de producción y las riquezas y la producción cada vez más socializada a escala global de las mercancías –tendencia inherente al sistema capitalista–, con leyes, resoluciones y dictámenes proteccionistas es tan irracional como querer que quepan los océanos en los lagos.

Es por ello que esta irrefrenable tendencia a la concentración y centralización del capital, y la consecuente expulsión de grandes mayorías de la humanidad de la creación y el reparto de riqueza por ellas producida, generan las condiciones objetivas para el fortalecimiento y expansión de las fuerzas mundiales que pugnan por una nueva gobernanza mundial que sea capaz de superar las consecuencias devastadoras del ocaso imperialista sin pretender volver las aguas hacia atrás.

En este sentido, durante marzo, el gran capital continuaba ofreciendo muestras de su profunda irracionalidadcon indicadores que reflejan una burbuja financiera y créditos incobrables en ascenso, llegando a niveles mucho más altos que los que anticiparon la eclosión del año 2008. Así, la suba de la tasa de referencia determinada por la Reserva Federal Norteamericana (FED) del 0,5 al 0,75% en marzo refleja más esta imposibilidad de salir del agujero negro y detener el crecimiento de la burbuja que un “reverdecer” de la economía yanqui como se la intenta presentar. Peor aún, como sabemos, cada aumento de la tasa por parte de la FED implica la “succión” de capitales desde la periferia hacia el centro imperialista, en tanto la timba en Wall Street se vuelva más “atractiva” y redituable, arrastrando en su vuelta una parte enorme del trabajo y la riqueza que producen los hombres y mujeres de los países emergentes.

Un indicador más de esta elevada especulación financiera –profundizada tras el triunfo de Trump y agudizada con el progresivo desmantelamiento de la Ley Dodd-Frank que la regulaba– es el crecimiento abismal del índice bursátil S&P 500, que arrojó en marzo que solo entre enero y febrero Wall Street obtuvo la totalidad de los beneficios proyectados por los bancos para todo el año 2017! (CR 1/3). A ello se suma el desquiciado aumento de la deuda norteamericana, con un crecimiento de 87% en los últimos 8 años, dejándola al borde de los U$S 20 billones (RT 15/3). Para tener una referencia de la magnitud de dicha deuda, según el Banco Mundial el Producto Bruto Mundial en el año 2015  fue de U$S 74,1 billones, es decir que un solo país debe el equivalente al 27% del total de lo que producen los 216 países del globo terráqueo en un año! ¿Recuperación económica o tierra bajo la alfombra?

Este descontrol y la anarquía encarnados en los grandes monopolios (y a la que arrastran al conjunto de la humanidad) se expresa día a día en el desgarramiento de los órganos de gobernanza global construidos a escala de sus intereses en la segunda mitad del siglo XX. La descomposición de ese orden es la condición necesaria (no suficiente) de la construcción de uno nuevo y superador. En este sentido, venimos analizando el rol estratégico que China desempeña en tanto alberga a casi el 20% de la población mundial y es la segunda economía del globo.

En marzo nuevamente el gobierno chino “daba lecciones” en materia de control y planificación de la producción de sus bienes y servicios, con eje en la robotización y en el desarrollo tecnológico del sector estratégico de producción de medios de producción, dejando en claro los pilares sobre los que la República Popular construye su crecimiento económico y propone sostener la gobernanza global. A la vez que se “blindaba” ante la suba de tasas de la FED, profundizando la regulación y el control del capital especulativo. Como veremos en el presente artículo, las poéticas alocuciones públicas de Xi Jinping, y de diferentes altos funcionarios orientales, se plasmaron así en medidas concretas, que se transforman también en ejemplos para el planeta acerca de cómo construir una nueva sociedad. Particularmente, en el mes de marzo, el anuncio de la construcción de una zona de cooperación económica y comercial con Latinoamérica en la provincia meridional china de Guangdong, constituía un nuevo hito en las relaciones ganar-ganar a escala planetaria.

Así, mientras para occidente el primer trimestre del año expuso crudamente esta lucha de “todos contra todos” en materia de barreras arancelarias y proteccionismo, exhibiendo de forma virulenta que la fractura es intrínseca al proceso de concentración y centralización del capital, China, en su rol de principal motor económico de los BRICS, pugnaba por controlar la anarquía generada por los monopolios en su barranca abajo al mismo tiempo que se desvelaba por aportar en la construcción de un nuevo orden económico, político y social.

No hay mal que dure cien años

El hecho más resonante del mes de marzo fue, como señalábamos, la suba de tasas de referencia por parte de la FED, elevándolas de un rango de 0,5 a 0,75% a uno de 0,75 a 1% (CL y CR 16/3). Para el organismo que dirige Yellen, el ajuste de la política monetaria se justificaba por el “ritmo moderado” de crecimiento de la economía estadounidense, según el comunicado oficial que acompañaba el anuncio; así como también una mejora en el consumo, con estimación de inflación anual en torno del 2% (CL 16/3).

Otro de los pilares sobre los que la FED apoya la idea de una “recuperación” económica es la baja tasa de desempleo, ubicada por debajo del 5%. En este sentido, la consultora global de recursos humanos ADP informaba que, durante el primer mes de mandato de Donald Trump, se generaron 298.000 nuevos puestos de trabajo, 43.000 más en relación a febrero del año anterior (RT 9/3).

Sin embargo, entre tanto optimismo, los escribas del capital monopólico olvidaban atender algunas cifras no tan alentadoras. A la par que la FED elevaba las tasas, la calificadora norteamericana Moody’s estimaba el apalancamiento –es decir, la timba de los emisores de grado especulativo (aquellos con bonos calificados con una nota inferior a triple B) en niveles inéditos, desde al menos 2005. Asimismo, la deuda circulante de estas compañías alcanzaba a ser cinco veces mayor a su reporte de ganancias brutas (CR 16/3), es decir que las empresas están endeudadas 5 veces más de lo que ganan en un año!!!

El Financial Times sentenciaba la ruleta sin fin de la timba financiera: “Las aseguradoras y los fondos de pensión se apiñaron en el crédito de mayor rendimiento [cabe aclarar, el más riesgoso de ser incobrable], incluyendo los mercados de deuda corporativa, para escapar de las tasas de interés bajas en otros lugares (…). Los fondos de prívate equity [de inversión para compra de activos de empresas que no cotizan en Bolsa] también colaboraron en acrecentar la montaña de deuda. Los activos bajo administración que tiene el sector alcanzaron un récord de u$s 2,5 billones en junio del año pasado, según la firma de investigaciones Preqin” (CR 16/3).

Otra señal de alarma era difundida por el semanario británico y órgano de la city londinense The Economist: “Desde la baja en el mercado en marzo de 2009, los dividendos han aumentado un 48% en términos reales y los precios de las acciones reales han aumentado en un 167%, según Robert Shiller de la Universidad de Yale. La relación precio-ganancia cíclicamente ajustada (o CAPE), que promedia los beneficios en diez años, es 28.7, su nivel más alto desde abril de 2002” (TE 4/3). Es decir que la brecha entre los precios de las acciones y las ganancias reales de las empresas se ensancha vertiginosamente, creciendo los primeros a un ritmo casi 4 veces mayor que las segundas.

En el mismo sentido, mencionábamos más arriba que el índice S&P 500, que mide los rendimientos bursátiles de 500 grandes compañías cotizantes en la Bolsa de Nueva York, tanto del sector industrial (medidas en el índice Dow Jones) como del informático (medidas por el Nasdaq), había alcanzado en los primeros dos meses del año los niveles de crecimiento proyectados para todo el 2017. El S&P 500 comenzaba marzo operando por encima de los 2.365 puntos, registrando un avance en 2017 del orden del 5,4% (CR 1/3).

Otro aspecto central de la febril burbuja especulativa se manifiesta con fuerza en los niveles de endeudamiento público de la economía yanqui. El 15 de marzo vencía la tregua firmada por el gobierno de Obama en noviembre de 2015, que permitió incrementar el techo de la deuda federal norteamericana para los ejercicios 2015 y 2016, evitando técnicamente que la economía estadounidense cayera en default o cesación de pagos. Según los datos oficiales, la deuda federal pasó de los 10,6 billones de 2008 a los 19,9 billones del año 2016, Un incremento global de un 87,7% en ocho años (RT 15/03). Hacia fin de mes restaba ver si el Parlamento norteamericano, profundamente dividido, tomaba medidas en el sentido de profundizar el endeudamiento o comenzar un feroz ajuste.

Como si esto fuera poco, en lo que respecta a crecimiento en 2016, la economía estadounidense se incrementó solo un 1,6%, su peor desempeño desde 2011, tras expandirse un 2,6% en 2015 (CR 17/03). De esta forma el PBI norteamericano cerró el 2016 en 18 billones de dólares.

Para graficar el empeoramiento de las condiciones económicas globales yanquis en relación incluso al fatídico 2008, mientras que en ese año la deuda norteamericana significaba el 71,6% del PBI, al cierre de 2015 esa cifra ascendía al 105% (http://www.datosmacro.com/deuda/usa).

Queda claro entonces que el “crecimiento económico” sobre el que la FED se basa para incrementar las tasas es un barril de pólvora con la mecha ya encendida. Las piruetas siderales de los índices bursátiles no se corresponden con una economía que, no sólo crece a un nivel raquítico, sino que lo hace ensanchando cada vez más la desigualdad social. Según un informe publicado por la Oficina de Información del Consejo de Estado de China, titulado 'Registro de los Derechos Humanos en Estados Unidos en 2016' la brecha salarial se amplió el último año, donde la proporción de adultos que tenían empleo a tiempo completo llegó a su punto más bajo desde 1983; el porcentaje de estadounidenses que declararon que pertenecían a la clase media o media-alta descendió de una media del 61% entre 2000 y 2008 al 51% en 2016; y uno de cada siete estadounidenses, es decir, al menos 45 millones de personas, vivían bajo la línea de pobreza. Al mismo tiempo, del total de los ingresos nacionales de los últimos 30 años, sólo el 10% de los norteamericanos se apropiaron de más del 70% (XH 10/3).

Para cerrar, vale recuperar las palabras del analista internacional liberal Jorge Castro en su balance del rumbo de la economía más grande del globo, así señalaba: “La clave es lo que sucede con la fuerza de trabajo. Los hombres jóvenes (25-35 años) en condiciones de trabajar que dejaron de buscar empleo o abandonaron el mercado de trabajo hoy ascienden a 1,85 millones. Esto hace que el nivel de participación laboral sea el más bajo de los últimos 70 años (69,4% en 2002, 62,3% en 2016). Lo que está en juego en EE.UU. es saber si profundiza el ‘estancamiento secular” de la última década o si, arrastrado por la pasión inversora desatada en Wall Street, convierte el boom bursátil en una nueva etapa de alto crecimiento en la primera economía del mundo. La segunda opción estaría acorde con la excepcionalidad económica y productiva que ha caracterizado a EEUU desde su orígenes coloniales” (CL 19/3).

Dos cuestiones desnudaba Castro, por un lado el dato sobre la caída de la participación de la fuerza de trabajo en el mercado laboral es decisivo para desenmascarar la “baja” tasa de desempleo por debajo del 5% con que la FED auto-ensalza la “mejora” en la marcha de la economía. Por otro lado, las dos “vías” de futuro que plantea Castro, “profundización del estancamiento secular” y “la excepcionalidad productiva norteamericana”, en realidad son dos “no-salidas”. La primera, porque no es posible pensar un estancamiento in-eternum, y la agudización del conflicto social al interior de la sociedad estadounidense así lo confirma. La profundización de la concentración y la exclusión de las mayorías, el entierro del sueño americano, acarrea costos políticos evidentemente caros al dominio del capital monopolista. La economía no se estanca en el aire sino descargando su podredumbre en las espaldas de la clase trabajadora y las fracciones más débiles del entramado productivo yanqui, que no aguanta 100 años de secularidad. Por otra parte, cuando todos los indicadores económicos marcan rojo furioso, que el análisis de las usinas de los centros financieros globales proponga entregarse con fe ciega a una “excepcionalidad” norteamericana que ya nadie puede visualizar dónde radicaría, suena patéticamente delirante.

Finanzblase: burbuja a la alemana

La versión europea de la descomposición de las posibilidades de reproducción de los capitales más concentrados a escala planetaria también se manifestaba con fuerza durante el mes de marzo, evidenciando que especulación y burbujas financieras están a la orden del día también al otro lado del Atlántico.

A fines del mes de febrero se conocía que “los volúmenes cotizados diarios en bonos franceses están en su nivel más alto desde la crisis de la eurozona en 2012” (CR 22/2). La suba de tasas más importante desde mediados de 2016 en Europa se registró en Francia, ya que el rendimiento a 10 años trepó de 0,1% a 1,08%, regresando a la zona de máximos de 2015. “El riesgo francés está subiendo más que la tasa libre de riesgo europea, lo que se reflejado en el hecho de que el spread [diferencia entre el precio de compra y el de venta de un activo financiero] entre la tasa alemana y francesa se amplía cada vez más” (CR 22/2). De hecho, el spread entre el rendimiento del bono a 10 años francés y el alemán se sitúa en máximos de 2012, en más de 0,7% (CR 22/2). La influencia del mercado galo en el viejo continente no es menor: es la segunda economía europea, y por ende capaz de arrastrar tras de sí al conjunto de la plaza europea. La polvareda financiera se levantaba ante la posibilidad de un FREXIT, que se anuncia como probable en un escenario de triunfo electoral del Frente Nacional encabezado por Marine Le Pen.

Luego, en marzo, el BCE anunciaba su decisión de dejar inalterada la tasa de interés entre el 0,25 y el 0,4%. El BCE preveía que “sus tipos de interés rectores se mantengan en los niveles actuales o en niveles inferiores durante un período prolongado y bien pasado el horizonte de las compras netas de activos” (DW 9/3). Al mismo tiempo, ratificaba la compra de deuda pública y privada de la zona del euro por valor de 80.000 millones de euros mensuales hasta finales de marzo y su reducción a 60.000 millones de euros desde abril y por los siguientes nueve meses o más en caso necesario (DW 9/3).

Para dejar en claro, el BCE está siguiendo la misma política de apalancamiento que tomó la FED entre el 2008 y el 2014 para “paliar” la depresión tras el estallido de la burbuja de las hipotecas sub-prime. La FED compró deuda por más de 6 años, y ya hemos analizado a dónde condujo esa política, agigantando la burbuja y agravando la concentración y centralización de la economía norteamericana y global.

Si quieres cambio verdadero, pues, camina distinto”, canta Calle 13. Ningún elemento conduce a pensar que en el caso del BCE los mismos métodos conduzcan a resultados mejores. Que la autoridad monetaria europea siga los pasos con que la FED no resolvió la crisis, es un indicador más de la imposibilidad del gran capital y sus mandatarios del primer mundo de dar respuesta a las contradicciones en las que la lógica intrínseca a la reproducción capitalista sumerge a la humanidad.

En este marco debe leerse la reestructuración anunciada este mes del Deutsche Bank, que empezaba a evidenciar la fatiga de la política de “siga, siga, siga el baile”. Así, el primer banco alemán entraba en plan de saneamiento, tras varios meses de ocupar las primeras planas de los diarios financieros del mundo por la posibilidad, certera, de que se convirtiera en el próximo Lehman Brothers.

Sin duda la multa impuesta por Estados Unidos a la entidad renana, por su responsabilidad en la manipulación de activos hipotecarios tóxicos en la antesala del estallido de 2008 (entre 2005 y 2007), cumplió un papel central como detonador de la debacle del mayor banco alemán en el marco de la competencia feroz al interior del capital financiero a escala global. Sin embargo, para ver el agua que llenó el vaso antes de que la gota lo rebalsara, hay que señalar la política de apalancamiento con que los europeos intentan oxigenar su economía, que redundó en un balance de 1,8 billones de euros donde los fondos propios sólo suman 62.000 millones (El País, 9/10/2016). Es decir, casi 1,2 billones son papel pintado, activos tóxicos, derivados financieros y demás eufemismos.

En este escenario, sin duda un hito del mes de marzo fue el anuncio del primer banco alemán de una ampliación de capital del 8.000 millones de euros, emitiendo nuevas acciones, colocadas en el mercado por Credit Suisse, Barclays, Goldman Sachs, BNP Paribas, Commerzbank, HSBC, Morgan Stanley y UniCredit (DW 5/3). Y hablamos en este caso de la entidad más grande del país sin duda más solvente de la Unión Europea. ¿Cuál es la realidad de los bancos y el sistema financiero de los llamados PIGS (Portugal, Italia, Grecia, España)? ¿Qué les queda a las instituciones de la periferia europea cuando se corte el chorro del apalancamiento del BCE? El aterrizaje forzoso aparece cada vez más cerca en el horizonte.

En este sentido, España se dirige hacia la suspensión de pagos con la mayor burbuja de deuda de la historia. Esta es la principal conclusión del economista Roberto Centeno, quien ha enviado un informe a la Comisión Europea en el que pone en duda los cálculos económicos que presenta el Gobierno español a Bruselas. Basándose en los datos del Banco de España, Centeno sostiene que la deuda del país no sería del 100% del PBI, sino que llegaría al 141%, además de desmentir los informes oficiales que dan cuenta de una recuperación del empleo tras el pozo negro en que se hundió la economía ibérica, de las más golpeadas con la crisis en la UE. “En el año 2016, el número de horas trabajadas en la economía cayó un 2% y, sin embargo, se han creado supuestamente 400.000 puestos de trabajo”, destaca en el informe (RT 01/3). Así, denuncia que la supuesta creación de empleos encubre en verdad la maniobra de “repartir menos trabajo entre más personas con salarios de hambre; porque la media de los salarios creados el año pasado es de 600 euros, claramente tercermundista”. En cuanto al re-cálculo de la deuda, el economista estimaba que “un español que nazca hoy tiene una deuda de  41.000 millones de euros” (RT 01/3).

Entre los países europeos agarrados del pincel, Grecia se enfrentaba este mes a la cuadriga de acreedores financieros el FMI, la Comisión Europea (CE), el Banco Central Europeo (BCE) y el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), para negociar un tercer rescate. Allí, el FMI continuaba pidiendo cambios en la legislación griega como el aumento del porcentaje de la plantilla que puede entrar en un despido colectivo, y rechazando la vuelta de los convenios colectivos y sectoriales (DW 9/3).

En Europa se manifestaba así, una vez más, la fractura al interior del proyecto de mercado único, como un corte transversal entre las capas más concentradas y competitivas del capital financiero y las que quedan rezagadas e imposibilitadas de reproducirse en escala ampliada. Esas fuerzas centrípetas que jalonan la UE son la expresión acabada de que las posibilidades materiales de un capitalismo europeo están perimidas: en los marcos de la lógica de acumulación monopolista, el mercado común sucumbe bajo el apetito de la concentración y la centralización económica y los trabajadores europeos son empujados a las filas “tercermundistas” que tanto espantan al economista español.

Entre los intentos de resistencia del proyecto europeo a dejarse caer, y como continuidad de la saga abierta con el Brexit, tras un año de negociaciones, se caía el acuerdo de fusión de la bolsa de Londres y la de Frankfurt (valorado en u$s 30.700 millones), tras la exigencia germana de que la sede fuera Frankfurt (y no Londres) (CR 1/3) y de la UE de una desinversión por parte del grupo inglés para “garantizar la competencia”, que la llevaría a prohibir la fusión (CR 30/3).

El análisis del Cronista explicaba: “En Bruselas preocupa en general que los negocios denominados en euros, especialmente los de liquidación y los de servicios de depósito central de valores, se concentren en Londres tras la concreción operativa del Brexit, puesto que quedarían fuera del ámbito de supervisión comunitario” (CR 30/3). La comisaria europea de Competencia, Margrethe Vestager, sin embargo, negaba que estas inquietudes hayan influido en su decisión al apuntar que “Reino Unido es parte de la UE hasta que deje de serlo, lo que significa que es parte de la legislación y revisión de fusiones como cualquier otro Estado de la UE” (CR 30/3). ¿Que Alemania quiere asegurarse que su plaza financiera no quede del otro lado del canal de la Mancha porque sería el golpe de gracia de la decadencia del proyecto europeo? ¡Nada que ver!

Éramos pocos… y quedamos menos

Señalábamos más arriba que el inherente proceso de concentración y centralización del capital enfrenta a los monopolios con una contradicción enorme: al eliminar, en el desarrollo de las fuerzas productivas, a los capitales más atrasados van acumulando, en la vereda de enfrente, a las grandes mayorías de trabajadores que desalojan de la esfera de la producción y los servicios.

Desde la óptica de las necesidades del capital de reproducirse, esas masas trabajadoras se transforman en población sobrante. Por poner por ejemplo el caso alemán, según el Instituto de Investigación de trabajos y del mercado laboral (IAB), se necesitan cubrir más de un millón de puestos de trabajo, de los cuales sólo para cerca de uno de cada cinco vacantes no se requiere formación alguna; el resto apunta a profesionales y universitarios (DW 21/2).

A principio de año se revelaba en Davos que la automatización está lista para prescindir de 7 millones de puestos de trabajo, a la vez que crearía tan solo 2 millones nuevos, y con características técnicas que aún no eran conocidas. El adiestramiento de nuevos trabajadores en esas habilidades profesionales de nuevo tipo no resuelve la problemática de que no quepan todos los expulsados en las nuevas fuerzas productivas desarrolladas: el saldo de 5 millones afuera sigue sin resolverse.

En la misma línea de pretender encauzar hacia atrás la historia, Bill Gates, quien integra la nómina de los 8 magnates que concentran la misma riqueza en sus manos que la de 3500 millones de desposeídos, sugería gravar a los empresarios que empleen robots para con esos fondos subsidiar a los trabajadores desplazados (CL 5/3).

El tema está candente y preocupa a las principales usinas del capital financiero, que avizoran el peligro de un estallido social y político a nivel global si no logran desentrañar este asunto. Generalmente, el límite en el análisis radica en ubicar como único problema el qué hacer con la población que simplemente “sobra”, es excedente innecesario para el sistema.

En este sentido, el problema de que la automatización es resultado directo de la competencia entre capitales y la búsqueda de maximizar las ganancias reduciendo el tiempo y los costos de producción por debajo de la media socialmente necesaria para percibir una super-ganancia, que en la práctica conlleva a la aniquilación de los capitales más rezagados, a la monopolización absoluta del mercado y, por ende, a la reducción del tiempo de trabajo socialmente necesario, nunca aparece en los análisis de las plumas estrella del capital financiero global. Cuando la automatización se comprende en este sentido, el problema deja de ser exclusivamente de los trabajadores desplazados, y pasa a afectar de manera directa la posibilidad de supervivencia de una masa enorme de capitales, que también son “sobrantes” o mejor dicho “absorbibles” en el desarrollo y el movimiento del capital, que tiende a la concentración y centralización de manera feroz.

El semanario británico The Economist le salía al cruce a la propuesta del dueño de Microsoft de gravar los robots, y en su análisis se colaba el problema de la reducción del tiempo socialmente necesario para producir las mercancías que a diario consume la humanidad (y las que no consume también): “La parte de la renta total pagada en los salarios -la ‘cuota de trabajo’- ha estado cayendo durante décadas. La abundancia del trabajo es en parte culpable (…). Pero las máquinas no son menos abundantes que las personas. El costo de producir la copia segunda o millonésima de una pieza de software es aproximadamente cero. Cada conductor del camión necesita instrucción individual; pero un sistema de conducción autónomo capaz puede ser duplicado sin fin. Las máquinas abundantes no demostrarán ser más capaces de captar una parte justa de las ganancias del crecimiento que los seres humanos abundantes. Un nuevo documento de trabajo de Simcha Barkai, de la Universidad de Chicago, concluye que, aunque la participación de los ingresos de los trabajadores ha disminuido en las últimas décadas, la parte que fluye hacia el capital (incluidos los robots) se ha reducido más rápidamente. Lo que ha crecido es el margen que algunas empresas pueden cobrar sobre sus costos de producción, es decir, sus ganancias. Del mismo modo, un documento de trabajo del NBER publicado en enero sostiene que la disminución de la participación laboral está vinculada al aumento de las ‘empresas superestrellas’. Un número creciente de mercados son de tipo ‘el ganador toma la mayoría’, en el que la empresa dominante gana fuertes ganancias” (TE 25/3).

De esta forma, el órgano de la city londinense enfocaba el problema: la parte de los ingresos que fluye hacia el capital ha disminuido proporcionalmente, y lo que se ha ensanchado es el margen de la super-ganancia de un puñado, también cada vez más reducido, de monopolios y grupos económicos diversificados, redundando en un proceso de concentración y fusiones en una escala inédita. Los costos, dice el Economist, tienden a cero y se ensancha la brecha. El problema no es entonces la automatización, que es irreversible, sino quién se desarrolla con ella.

Como venimos sosteniendo mes tras mes, el proceso de fusión de mega monopolios entre sí es característica de la época. Durante marzo, la ola de fusiones entre gigantes continuaba, con la avanzada de la automotriz PSA-Peugeot/Citröen sobre Opel, filial europea del gigante norteamericano General Motors. El flamante pulpo contabilizaría una venta de 4,3 millones de vehículos al año, lo que supone una cuota del 17% del mercado en Europa, solo detrás de Volkswagen. La fusión conllevaría, según estimaciones, a la eliminación de 8.000 puestos de trabajo sobre una plantilla total entre ambas empresas de 38.000, es decir de más del 21% (DW 6/3).

El carácter estructural de la crisis, y por ello insuperable en el actual (des)orden de cosas, radica en este achicamiento del tiempo de trabajo socialmente necesario, que deja cada vez más exiguo el valor a repartir entre los distintos capitales. Los enormes stocks de mercancías sin realizarse y las burbujas y especulación que brotan por donde se mire a la economía global, son sólo los emergentes de estas tendencias de fondo.

Todos contra China, pero todos contra todos

El carácter global del capital, consecuencia de una producción cada vez más social, conlleva a una disputa de todos contra todos por sobrevivir en la cuesta abajo del dominio de las relaciones capitalistas. Las fracciones de capital albergadas en la Casa Blanca y el Capitolio norteamericano añoran reflotar las políticas proteccionistas y desde esas trincheras garantizarse la supervivencia.

La escalada bélica en materia comercial está tan extendida que los organismos creados como herramientas de la gobernanza mundial por el bloque imperialista se desmoronan y vacían de sentido, desgarrándose en las luchas intestinas causadas por la concentración voraz. Es la guerra de todos contra todos, el desmembramiento de históricos aliados, como reflejo del actual grado de la concentración y centralización de la propiedad y de deglución de unos capitales por otros.

En este sentido, luego de que el secretario del tesoro norteamericano, Steven Mnuchin, declarara que su país no está interesado en iniciar ninguna guerra comercial, ciertas relaciones económicas requieren ser “reexaminadas, para hacerlas más justas para los trabajadores estadounidenses”, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker expresaba la necesidad de Europa de prepararse para la nueva etapa en las relaciones comerciales con Estados Unidos: “Tenemos que tomar en serio el tono proteccionista de la administración del presidente  Trump y estar preparados” (todo en RT 19/3).

Por otra parte, ya hemos señalado aquí las múltiples trabas que tanto desde Estados Unidos como desde la Unión Europea le vienen aplicando a los productos industriales chinos, que incluyeron desde regulaciones para impedir que empresas chinas adquieran activos considerados “estratégicos” por la Comisión Europea, hasta medidas antidumping varias, pasando por una negativa férrea a que la Organización Mundial de Comercio otorgue a la economía oriental el estatus “de mercado”.

En este sentido, la Unión Europea impuso en marzo aranceles antidumping definitivos contra las importaciones de placas de acero procedentes de China, con tasas de entre 65,1 y 73,7%; lo  que motivó a China a expresar su “seria preocupación” por el creciente proteccionismo de la UE (XH 1/3).

También durante este mes, la propia China acudía a la OMC para denunciar a Estados Unidos por la aplicación ilegal e indiscriminada de sobretasas a los productos del gigante asiático (CR 28/2). Además, la diplomacia del PCCh pedía a la UE que pusiera fin a los aranceles punitivos sobre sus paneles solares lo antes posible, luego de que se conociera la decisión del bloque de extenderlos por 18 meses (XH 3/3).

Como veíamos el mes anterior el papel de los herederos de Mao en la disputa por el control de la economía global se agiganta. El proteccionismo es una reacción de los capitales que ven peligrar su existencia con el desarrollo del proceso de concentración y fusiones que describíamos más arriba. Mientras tanto, los planteamientos de China en defensa de la libre circulación de mercancías y de promover la profundización de la integración productiva a escala global, parten de unas premisas de orden mundial embrionariamente distintas a la globalización conducida por los grupos económicos concetrados en la segunda mitad del siglo XX.

Mientras que los jefes de Estado norteamericanos y europeos se preparan para una abierta y declarada guerra comercial, los líderes chinos defendían una vez más el libre comercio en la sesión inicial del congreso legislativo anual. El primer ministro chino, Li Keqiang prometía ante la sesión plenaria de apertura de la Asamblea Nacional del Pueblo: “China es un país responsable. Frente a los profundos cambios de la política internacional y en el escenario económico, China siempre se posicionará del lado de la paz y la estabilidad, siempre se comprometerá con la equidad y la justicia, y siempre trabajará por la paz mundial, contribuirá al desarrollo global y defenderá el orden internacional (…). Nos opondremos al proteccionismo en todas sus formas y nos involucraremos más en la gobernanza global (LN 6/3).

El informe final de las sesiones anuales de la Asamblea Popular Nacional (APN) y la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (CCPPCh) reafirmaba lo dicho por el primer ministro: “El país se involucrará más en la gobernanza global y orientará la globalización económica hacia un desarrollo más inclusivo, mutuamente beneficioso, justo y razonable (...). Ante los cambios dinámicos del mundo, la estructura de la gobernanza global se debe transformar en consecuencia. El mundo necesita urgentemente unos nuevos marcos de gobernanza global, y China no debe mirar con los brazos cruzados porque tiene la capacidad para contribuir”, apuntaba Chen Fengying, ex directora del instituto económico mundial subordinado a los Institutos de Relaciones Internacionales Contemporáneas de China (XH 14/3).

Los descalabros globales producidos por los centros mundiales de poder colocan a China en el lugar de regente de un nuevo orden mundial no por decisión propia sino por incapacidad ajena, según declarara aquel funcionario chino el mes pasado. Durante marzo, en el marco de la preparación de la inminente cumbre BRICS de este año, Yand Jiechi –consejero de Estado de China– propuso que los países BRICS fortalezcan el diálogo fuera del grupo, expandan el radio de los beneficios de la cooperación, promuevan la formación del modelo de cooperación abierta “BRICS +”, construyan una plataforma de Cooperación Sur-Sur más amplia y formen una nuevo modelo para el desarrollo conjunto de los mercados emergentes y los países en vías de desarrollo (XH 1/3).

Ahora bien, el “ejemplo” que China transmite al mundo se asienta sobre las profundas transformaciones que al interior de sus fronteras, construyendo una “sociedad modestamente acomodada” sobre un giro copernicano en la matriz productiva y energética haciéndolas viables y sustentables en largo plazo. El motor es un ritmo de crecimiento del 6,7%, registrado en 2016, con el que se incorporaron a la producción en las ciudades a más de 280 millones de chinos, de manera planificada y centralizada. Al mismo tiempo, logra sacar de la pobreza a 12,4 millones de personas en 2016. Con el crecimiento previsto para 2017, en 6,5%, se espera poder crear 11 millones de puestos de trabajo (XH 1, 8 y 14/3).

A su vez, ante la volatilidad financiera global que describimos en la primera parte de nuestro artículo, como respuesta a la suba de tasas de la FED, el banco central de China elevaba también las tasas de interés de dos instrumentos de operaciones de mercado abierto, como forma de defenderse de una posible salida masiva de capitales y un debilitamiento de su moneda (CR y XH 17/3). Además, como parte de la lucha por controlar el desarrollo de su economía y ceñirlo a las necesidades fijadas por el PCCh en calidad de representante del conjunto del pueblo, en 2016 el organismo regulador de valores chino recaudó 4.300 millones de yuanes en multas a especuladores y prohibió la actividad de 38 firmas por maniobras ilegales de mercado, ambas cifras récord en la historia china (TE 18/2).

Tras casi una década del estallido de la burbuja en 2008, las únicas salidas ensayadas desde las usinas del capital financiero han llevado a sumergir cada vez más al mundo en el fango del ocaso imperialista. Si partimos de la necesidad de subordinar y superar los naufragios a los que somete el “gran capital” a la humanidad, la férrea conducción sobre el desarrollo económico, de manera planificada y con los resortes estratégicos del entramado productivo en propiedad del pueblo chino, que despliega el gigante asiático desde las últimas décadas, son sin duda un hito, una posta para la construcción de un orden mundial basado en la igualdad y la cooperación. Por todo lo que hemos analizado aquí, ese nuevo orden mundial supone aniquilar los intereses de las minorías cada vez más concentradas, subordinar las fuerzas de (des)control que un puñado de grupos económicos concetradosempujan, para pasar a controlarla economía globaldesde otros principios, a controlarla en serio. Esa lucha encarnizada es la que se desenvuelve ante nuestros ojos cada día. Pasemos a ver cómo se materializaba en el plano de la política internacional.



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