Revista Mensual | Número: Abril de 2017
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Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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Murga Purga

¡Buche! ¡Sebo! ¡Buche!
¡Ya no hay más propina! ¡No! ¡No!
Un borracho malo
Murga Purga
Penas del corazón


La decadencia del capitalismo y la necesidad del campo antiimperialista por purgar sus limitaciones

Murga Purga

Sos un moscón zumbón

que quedó atrapado

en un vaso boca abajo

Patricio Rey (2000)

 

Venimos analizando desde hace unos meses dos de los hechos más significativos a escala global y sus implicancias para la región latinoamericana: la victoria del singular republicano Donald Trump en EEUU y la votación del pueblo británico, con gran apoyo obrero, para salirse de la Unión Europea. No por ser algo en sí mismo, sino porque son una clara expresión de la actual crisis que atraviesa el sistema capitalista: el incesante desarrollo de las fuerzas productivas y el reemplazo de mano de obra por tecnología, reduciendo el valor contenido en cada mercancía y obligando a las corporaciones a compensarlo a través de la ampliación cuantitativa de sus ventas. Este problema –que es global y, por lo tanto, está en todos lados– es el que empuja a la clase obrera norteamericana a querer recuperar la “grandeza” perdida y promover un presidente que promete resucitar los casi seis millones de puestos de trabajo industriales perdidos en los últimos veinte años, como consecuencia de aquel fenómeno, y es también el que pone en alerta a la clase obrera europea, tan acostumbrada a gozar de los “beneficios” del Estado de Bienestar durante cincuenta años, al “conocer” abruptamente la cruda verdad flexibilizadora y deshumanizante del capital.

De este problema profundo también deviene un fenómeno fundamental: la escala en que se da la competencia entre grupos económicos, monopolios, obtiene magnitudes sin precedentes para la historia. La acumulación capitalista, que es concentración de la propiedad privada de los medios de producción y expropiación entre capitalistas, se manifiesta a través de los desorbitantes datos de fusiones entre corporaciones globales (y, por ende, también latinoamericanas) y de concentración de la riqueza: tan solo 8 personas poseen más que toda la mitad más pobre del mundo sumada (3.600 millones de personas) (http://www.bbc.com/mundo/noticias-38632955).

Pues bien, concentración de la riqueza sin precedentes, expulsión de mano de obra reemplazada por robótica, pérdida de “beneficios” históricos otorgados a la población obrera de los países centrales, sobreproducción de mercancías son resultado del mismo problema fundamental descrito con anterioridad, que da cuenta del fenómeno Trump y del Brexit. Tal concentración económica requirió (desde hace varios años atrás) un ordenamiento jurídico y político acorde con su escala; áreas de libre comercio, tratados comerciales entre bloques económicos, espacios de influencia que expresen la escala de reproducción capitalista y que por lo tanto otorguen normas y leyes que se le correspondan. Si una gigante corporación requiere utilizar los recursos naturales de Chile, para luego realizar una parte de su producción en Argentina, otra en Brasil y utilizar los puertos de Colombia para exportarlos a otra región, ¿de qué le sirven las disposiciones comerciales, jurídicas e institucionales de cada uno de los Estados nacionales? ¿O la variación del salario mínimo o de los costos laborales en cada uno de los lugares? Si tiene que encarar una disputa en los tribunales por cualquier violación a una normativa jurídica, ¿por qué hacerlo a través de los tribunales locales, tan dependientes del “humor” interno? ¿Por qué proteger empresas locales que arrebatan mercados y prácticamente se encuentran sin condiciones de competir? Es por ello que exige, en la conformación de estos enormes bloques o áreas económicas exclusivas, la conformación de normativa y tribunales supra nacionales que expresen la escala requerida y homogenicen todas las condiciones para su reproducción.

Así, todas las capas locales, los destacamentos internos del capital financiero, que construyeron los Estados nacionales sobre la base de la división internacional del trabajo y establecieron alianzas con sectores de menor competitividad para garantizar la gobernabilidad interior, hoy ven que el escenario global cambia de manera radical y parecieran no encontrar rumbo. Todo ello explica el tránsito de pactos semi coloniales a otros de dominación directa, donde se unifiquen, repetimos, los requerimientos del capital financiero que garantizan su reproducción. El NAFTA (Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte) para América del Norte, el DR CAFTA (Acuerdo de Libre Comercio de República Dominicana y Centroamérica) para América Central y el MERCOSUR para la parte austral del continente fueron los primeros pasos en esa dirección, construidas bajo la tutela de Washington y al calor de la caída del muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética. Acuerdos que garantizaban la libre circulación de personas, capitales y mercancías tendían a homogeneizar los costos de producción requeridos por las grandes corporaciones monopólicas, mientras que otorgaban a los tribunales de Washington exclusiva competencia para resolver cualquier disputa surgida. El paso siguiente era el ALCA, que proponía un área de estas características desde Alaska a Tierra del Fuego, pero que chocó de frente en 2005 con los procesos nacionales y populares surgidos al calor de las luchas anti imperialistas, conducidos por la Venezuela chavista y en el caso de Brasil y Argentina por capas del empresariado, de burguesía, poco competitivas para la escala del capital financiero y fuertemente atadas a los mercados locales y regionales.

Los Tratados de Libre Comercio (TLC) son la expresión más cabal del proceso de socialización de la producción, que bajo las relaciones capitalistas generan que cada vez se concentre más la propiedad en menos manos, que más capas de la burguesía sean expropiadas y empujadas a las filas de los desposeídos y que más trabajadores vean vulneradas sus conquistas, reemplazado su trabajo y sean empujados a la miseria y al hambre. La elección de Trump como presidente de los EEUU es una de las expresiones de la crisis y pone de manifiesto la incapacidad de la burguesía de darle salida, ya que pretende frenar las leyes del capital con medidas anacrónicas como la vuelta a políticas proteccionistas. Es por ello que el gobierno de EEUU se retiró de los acuerdos de libre comercio, a escala global y regional, dejando huérfanas a las oligarquías latinoamericanas concebidas solamente para seguir sus pasos. Así, sin un norte claro por dónde encontrar “salida”, la crisis interna que ellas enfrentan como consecuencia del brutal programa económico y social que ejecutan, se hace más difícil de sortear. De allí surge su miopía política al vaticinar el propio triunfo, al hacerse con el gobierno en numerosos países de la región (y ganar algunas otras elecciones) como el “fin del populismo” y de todas las expresiones nacionales y populares que buscan una alternativa al orden imperialista decadente. Sin embargo, el balance luego de un año muestra que los que parecen finalizados son ellos, sin capacidad de construir consenso para la aplicación de sus políticas que solo han empeorado las condiciones de vida de nuestros pueblos y los han empujado a movilizarse para exigir la vuelta atrás de las mismas.

Veamos cómo este problema se manifestó en los hechos del mes.

¡Buche! ¡Sebo! ¡Buche!

El mes pasado el presidente del Perú, P. Kucynski, llamó a defender el “libre comercio” frente a las corrientes proteccionistas que protagonizan el escenario global con EEUU a la cabeza (véase el Análisis… febrero de 2017), dejando expuesta la miopía de la oligarquía de la región cuando los socios del norte cambian abruptamente las reglas del juego. En la visita que realizó en el mes de febrero a la Universidad de Princeton, de donde es egresado, planteó la necesidad de “proteger el libre comercio en las Américas y el mundo” (ET 25/2), reafirmando su necesidad de recordarle a los EEUU lo conveniente que sería no abandonar a sus socios latinoamericanos en su proyecto de globalización. En la conferencia brindada dejó claro qué papel le asigna a los países latinoamericanos frente al imperialismo: “Estados Unidos se enfoca en aquellas áreas donde hay problemas. No invierte mucho tiempo en América Latina pues es como un perro simpático que está durmiendo en la alfombrita y no genera ningún problema” (TS 26/2). Más allá del rechazo inmediato que tales afirmaciones generaron y de la necesidad de recordarle las penurias que han sufrido nuestros pueblos cuando EEUU se “ocupó” de la región, conviene analizar dichas afirmaciones como una suerte de advertencia, de pedido por parte de uno de los principales arietes políticos norteamericanos en la región para contrapesar a los organismos regionales (ALBA, ALCA, CELAC) creados para contrarrestar su influencia. Es por ello que Perú fue uno de los primeros países en suscribir la Alianza del Pacífico, pata local de un gigante acuerdo comercial entre los países que se encuentran en la orilla de dicho océano, desde Asia hasta América, impulsado por EEUU durante la presidencia de Barak Obama y hoy “suspendido” por el retiro unilateral decidido por Donald Trump (https://es.wikipedia.org/wiki/Acuerdo_Transpac%C3%ADfico_de_Cooperaci%C3%B3n_Econ%C3%B3mica). Así, Kucynski se constituyó en el representante de la “orfandad” política de las oligarquías regionales que piden a su padrino político que se “enfoque” en la región, mientras le recuerda la necesidad de fomentar “el libre comercio” y resucitar los proyectos impulsados tiempo atrás.

En esta línea, el gobierno chileno, quien se retiró del Tratado Trans Pacífico el mismo día que los EEUU, convocó a una reunión en Viña del Mar a los doce países suscriptores del mismo (México y Perú, de los latinoamericanos), con la intención de “resucitarlo” y así buscar una salida al aparente fracaso del acuerdo (TS 12/3).

Similar orfandad política ocurrió con el mencionado NAFTA, del cual el presidente Trump refirió como “el peor acuerdo comercial en la historia de los EEUU. (…) Un desastre para la industria manufacturera norteamericana” (https://www.youtube.com/watch?v=6dw7jHHZrQk), y planteó la necesidad de contener la migración por parte de México con la construcción de un muro fronterizo que debería pagar el mismo país azteca. Luego de conocerse la intención de modificar dicho acuerdo por parte de los EEUU, el canciller mexicano, Luis Videgaray, declaró: “Las diferencias entre México y Estados Unidos subsisten por acciones unilaterales de EEUU. Hay una imposibilidad jurídica de que un gobierno tome decisiones que afecten al otro de manera unilateral” (LN 24/2) quizás intentando aplicar aquello de los tribunales supranacionales al país que los impulsa, en otro capítulo más de las oligarquías regionales “recordándole” a su padrino político los marcos de los acuerdos establecidos. Sin embargo, el Canciller parece desconocer que el imperialismo para desarrollarse no negocia en igualdad de condiciones con sus socios locales, esto es objetivo, así que los marcos jurídicos de los acuerdos que impulsa son siempre utilizados en beneficio propio y en perjuicio del resto. Sin embargo, y a modo de amenaza, el secretario de Gobernación de México, Miguel Ángel Osorio Chong, declaraba en una entrevista radial que su país ya no necesita “ayuda financiera de Estados Unidos para su seguridad”. La mayor parte de la asistencia financiera que recibe México es a través del Plan Mérida, firmado en 2008 para “reforzar la lucha contra el narcotráfico”, que hasta el día de hoy lleva aprobado por el Congreso de EEUU, 2.600 millones de dólares. Chong concluía: “México tiene ahora sus propias capacidades” (TS 24/2). En este sentido, es dable recordar que el Plan Mérida, firmado por el presidente Calderón de México y Bush de los EEUU en el año 2008, constituye una monumental asistencia financiera que garantiza: la compra sistemática de equipamiento militar a los fabricantes norteamericanos, el entrenamiento de las fuerzas armadas y de seguridad por militares de este país, la cooperación de datos de flujo portuario y aeroportuario, el ordenamiento de la inteligencia interna por parte de especialistas yanquis, entre otros (https://es.wikipedia.org/wiki/Iniciativa_M%C3%A9rida). Así como el Plan Colombia, y además de ser un fenomenal negocio para el complejo industrial-militar norteamericano, constituye un necesario vínculo entre ambas fuerzas armadas para garantizar la militarización interna de la conflictividad social y la proyección geopolítica regional del dominio imperialista. Los ofendidos socios mexicanos jugaron una carta fuerte frente al desprecio de su otrora socio político y comercial, poniendo arriba de la mesa el carácter recíproco de ciertos vínculos.

En línea con todo ello, los cancilleres del MERCOSUR (sin Venezuela) se reunieron para acordar la “estrategia” de negociación que mantendrán frente a Europa en el próximo encuentro de bloques regionales y anunciaron medidas para “fortalecer el mercado interno” como la eliminación de barreras al comercio (LN 10/3), demostrando buenas intenciones a sus posibles socios europeos, que como vimos se encuentran en estado de rebelión frente a la globalización y, por lo tanto, acuerdos comerciales de estas características y con el objetivo de ampliar el bloque hacia otros socios si el aliado histórico del norte parece cerrarse sobre sí mismo.

¡Ya no hay más propina! ¡No! ¡No!

De la descomposición del orden imperialista regional también podemos dar cuenta a través de los “escandalosos” sucesos ocurridos alrededor de la mega compañía brasilera Odebrecht, dedicada a la ingeniería, la construcción y las industrias química y petroquímica, que opera en 27 países y con ingresos de 31 billones de dólares según último balance publicado (https://es.wikipedia.org/wiki/Organizaci%C3%B3n_Odebrecht).

Es menester recordar que el caso Odebrecht se inició el 21 de Diciembre de 2016, a partir de la publicación de una investigación del Departamento de Justicia de los EEUU en relación al pago de sobornos por parte de la empresa brasileña a fuerzas políticas de numerosos países de la región y fuera de ella, desde 1980, con motivo de garantizar preferencias en los contratos de obra pública firmados por los estados nacionales. En el año 2015, con motivo del interminable “Lava Jato” de Brasil, la justicia detiene al hasta entonces presidente de la compañía, Marcelo Odebrecht, y realiza un acuerdo con él bajo la forma de la “delación premiada”, es decir el otorgamiento de beneficios punitivos intercambiados por testimonios incriminadores. Tal investigación, continuada en Brasil, dio como resultado la publicidad de infinidad de ilícitos vinculados a financiamiento de campañas de partidos políticos, coimas para obtener licitaciones de obra pública, coimas para facturar sobre precios, etcétera.

Al respecto, el ex presidente de la compañía y padre del detenido Marcelo, Emilio Odebrecht, decía: “Desde la época de mi padre que la constructora financia ilegalmente a partidos políticos (…) siempre existió, desde la época de mi padre, de mi época, de la época de Marcelo, de todos los que fueron presidentes del grupo” (TS 31/3). Las delaciones del encarcelado M. Odebrecht han dado cuenta de los ilícitos descriptos en Argentina, Brasil, Ecuador, Panamá, Colombia, Guatemala, México, Perú y Venezuela, entre otros, salpicando principalmente a las fuerzas políticas vinculadas con el proyecto neoliberal y alineadas con los EEUU y, en menor medida, a los funcionarios de los gobiernos populares. Si bien es intrínseco al sistema capitalista que los grupos empresariales amplíen sus ganancias a partir de los acuerdos con los Estados Nacionales que garantizan sus negocios, el caso Odebrecht muestra a las claras la crisis de estos acuerdos, ya que no sólo salen a la luz los espurios negocios, sino que llegan a encarcelar a uno de los directores de dicha empresa. Con esto no queremos decir que la justicia esté defendiendo el interés de la clase expropiada, sino que el “paso al costado” dado por los EE UU en relación al padrinazgo político de las oligarquías latinoamericanas para “cerrarse” en sí mismo genera un vacío de poder que hace emerger todos los negocios turbios por ellas construidos. Es decir, la descomposición de la institucionalidad burguesa hace emerger la conducta corrupta y arribista de los políticos que la sostienen, en una nueva muestra de la crisis de representatividad que atraviesan. Así, en Brasil, al enorme desprestigio obtenido por el gobernantePartido de Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), debido a su programa económico y social, se sumaron este mes, las acusaciones a sus funcionarios de estar implicados en el caso Odebrecht: 22 nuevos nombres de legisladores, gobernadores y ¡el sexto! Ministro del presidente Michel Temer, junto a Paulo Skaf, presidente de la poderosa Federación de Industrias del Estado de San Pablo (Fiesp) (LN 17/3).

También se conocía que el partido que impulsó la candidatura presidencial de Juan Manuel Santos, en Colombia, recibió 400.000 dólares del gigante brasileño para la impresión de dos millones de afiches de Santos en 2010 y que la operación no había dejado registros contables. El presidente se defendió diciendo que “frente a la revelación de que hubo recursos no registrados en mi campaña (…) lamento profundamente y pido excusas a los colombianos por este hecho bochornoso que nunca ha debido suceder y del que me acabo de enterar” (LN 15/3).

La profunda crisis de la institucionalidad burguesa y sus principales partidos políticos en la región, que se expresan es este “escándalo”, es resultado de la competencia de capitales que por el grado de acumulación alcanzado deben “comerse” entre sí, dejando afuera de su reproducción a sectores de la burguesía. En este sentido es dable preguntarse ¿quién recogerá los 31 billones de dólares de ingresos de la constructora cuando ésta sea definitivamente liquidada por la “mala prensa” y el encarcelamiento de sus principales directivos? ¿Qué intereses hay por liquidar de una de las empresas que mayor influencia tiene en el complejo industrial-militar de Brasil?  Ciertamente la mega empresa Odebrecht será reemplazada por otro conglomerado directamente competidor, quizás radicado en el país desde donde se hicieron públicas las investigaciones (https://mundo.sputniknews.com/firmas/201702241067177976-odebrecht-brasil/).

Un borracho malo

Sin embargo, a pesar de la desorientación reinante, los reclamos oligárquicos a su padrino político del norte y las corruptelas que toman notoriedad, en algo pudieron ponerse de acuerdo los países alineados con las políticas norteamericanas y con el mismo EEUU: intentar, una vez más, derrocar por todos los medios posibles al gobierno chavista de Venezuela. 

¿Quién arrojó la primera piedra? Nuevamente el Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, que una vez más intenta implementar la Carta Democrática Interamericana y suspender a Venezuela del ente regional si ese país no realiza elecciones generales en el corto plazo. Al respecto, decía: “Si no se realizan elecciones generales bajo las condiciones estipuladas, pasaría a ser el momento necesario para aplicar la suspensión a Venezuela de las actividades de la Organización en función del Artículo 21 de la Carta Democrática Interamericana” y advertía que no se pueden “esperar soluciones de un proceso de diálogo que no es tal (…) esto nos hace cómplices desde la comodidad de esperar por la acción de otros. Genera responsabilidad por omisión” (ET 14/3). Luego de que Almagro realizara su petición, el Senado de los EEUU aprobó una resolución apoyándola y pidiendo al gobierno venezolano “Libertad para los presos políticos” (HTV 1/3). Respecto de las acusaciones sobre “el diálogo que no es tal”, el ex presidente español Rodríguez Zapatero, líder del grupo de mediadores propuesto por la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) en el conflicto entre el Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) y la oposición, dijo: “El diálogo, como en todos los otros procesos de pacificación, está enfocado en evitar un conflicto; una especie de proceso preventivo de convivencia pacífica ante un cierto riesgo de radicalización (…) iremos desglosando y consolidando unas reglas institucionales en las que la alternancia política se viva con cierta normalidad. Hasta que no se reconozca la mayoría parlamentaria, es normal que haya ansiedad (…) se busca que se realice la convocatoria electoral (de gobernadores y alcaldes) y haya respeto de la Asamblea al Ejecutivo y viceversa”.

Así, con mayor o menor premura, las principales figuras del orden imperialista delineaban públicamente estrategias para que Venezuela acate los mandatos del poder financiero transnacional: liberación de los criminales encarcelados por asesinar a líderes sociales o incitar a golpes de estado, cronograma electoral en función de los requerimientos de la oposición, respeto a la institucionalidad decadente. A pesar de tener frente a sus narices un régimen de facto como el de Brasil, que birló la voluntad de 54 millones de votantes; a pesar de conocerse la espeluznante cifra de que durante los primeros meses de 2017 se asesinaron en Colombia más de 25 líderes sociales y comunitarios por parte de fuerzas paramilitares (ET 2/3); a pesar de hacerse público que los principales partidos políticos de todos los países mencionados anteriormente se encuentran investigados por aceptar sobornos de las corporaciones vinculadas a la obra pública; el imperialismo logra alinear a los gobiernos de los países neoliberales de la región con el fin de destituir al gobierno de Venezuela cueste lo que cueste, bajo la argumentación del carácter “anti democrático” del proceso que ella transita.

Veamos entonces porqué se insiste en atacarla.

Murga Purga

Anteriormente hemos mencionado el año 2005 como una bisagra en la política regional, donde un amplio abanico de fuerzas nacionales y populares rechazaron el proyecto norteamericano de constitución de un área de libre comercio para toda América, el llamado ALCA. Allí confluyeron el proyecto Socialista encabezado por Hugo Chávez hasta el modelo de redistribución del ingreso del Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil y del Partido Justicialista conducido por Néstor Kirchner en Argentina, donde se proponía como objetivo sociopolítico incorporar “pobres” a la “clase media”  y desarrollar un esquema de crecimiento del mercado interno y las empresas locales que de él dependen.

A los diez años de transcurrido este hecho, nos encontramos con un derrotero electoral de los gobiernos populares de la región al observar los comicios del año 2015: derrota del justicialismo en Argentina en manos del neoliberal Mauricio Macri, del PSUV en las elecciones parlamentarias de Venezuela, del referendo en la Bolivia del Movimiento Al Socialismo, crisis política e impeachment en el Brasil del PT; obligando a todas las fuerzas que pugnan por construir una solución real a los problemas vitales generados por el capitalismo a realizar una profunda introspección.

En ese marco asistimos este mes a los resultados de la elección presidencial en Ecuador, miembro del ALBA impulsado por Cuba y Venezuela, y país alineado con las experiencias anti imperialistas regionales desde que asumiera en 2007 Rafael Correa a la presidencia. Es importante recordar que el gobernante Alianza País, fundado tras ganar las elecciones el presidente Rafael Correa, heredó un país literalmente destruido tras su larga noche liberal; altamente dependiente de las exportaciones de petróleo (fundamentalmente en manos privadas) y bananas y con el dólar estadounidense como moneda oficial tras una crisis económica de magnitudes inéditas para su historia. Dicho proceso arrojó la escalofriante cifra de más de dos millones de ecuatorianos que migraron hacia otros países en busca de mejores posibilidades, un conflicto armado con Perú, la continua destitución de presidentes por movilizaciones populares y un “corralito” made in Ecuador que provocó el colapso de su sistema financiero como prólogo de la dolarización (https://es.wikipedia.org/wiki/Ecuador). Con todo ello, al asumir Correa impulsó una reforma Constitucional que evocó la “justicia social” como uno de sus objetivos fundamentales, alineó al país con todas las experiencias anti imperialistas de la región, consolidó alianzas estratégicas en materia energética (petróleo) con las compañías estatales de Venezuela y China, marginando las grandes corporaciones transnacionales que habían administrado el país antiguamente (http://www.gatoencerrado.net/store/noticias/53/53989/detalle.htm). Sin embargo, las fuerzas imperialistas no se quedaron impávidas frente a este cambio en la política de gobierno y en el año 2010 intentaron dar un golpe de estado fallido, tras una sublevación policial, una invasión militar de la Colombia belicista y pro yanqui de Álvaro Uribe y un sistemático ataque de los medios corporativos de comunicación.

Al definir qué significa el Socialismo del siglo XXI promulgado por el Comandante Hugo Chávez, Rafael Correa se diferenció en aspectos centrales: “Compartimos con el Socialismo tradicional (…) la primacía del trabajo por sobre el capital y el objetivo de la Justicia Social. ¿Cuáles son las diferencias? En el siglo XXI nadie puede sostener la colectivización de los medios de producción” (https://www.youtube.com/watch?v=CFpCR6M02UQ) y sobre la dolarización heredada: “Pocos países en el mundo han cometido el suicido monetario que ha cometido Ecuador de adoptar una moneda extranjera que se comporta exactamente en forma contraria a lo que se requiere. (…) Pero así es el absurdo de las irresponsabilidades de nuestras élites que tanto daño le han hecho al país. Pero ahora no nos queda más que continuar con la dolarización, fortalecerla, mitigar sus gravísimos problemas y tratar de aprovechar sus escasas oportunidades, puesto que abandonarla generaría un caos económico y social" (http://www.telesurtv.net/news/Correa-Dolarizacion-de-la-economia-fue-un-suicidio-monetario--20160809-0007.html ). Así, tras reformar la constitución y cumplir con los dos mandatos presidenciales que ella le imponía, Rafael Correa declinó la posibilidad de enmendar nuevamente la carta magna para presentarse a un tercer mandato en lo inmediato y posicionó a su “delfín” Lenin Moreno como candidato a la presidencia, al tiempo que afirmó que se iría a vivir a Bélgica luego de que éste sea elegido presidente para “alejarse un tiempo” de la política del país (http://www.ecuadorinmediato.com/index.php?module=Noticias&func=news_user_view&id=2818802775).

Pues bien, la contienda electoral arrojó que el candidato oficialista obtuvo 39,20%, alejado tan solo de 0,8% de obtener la victoria en primera vuelta, y por lo tanto fijó el balotaje para el domingo 2 de abril, en donde se presentará contra el ex ministro de Economía (al colapsar Ecuador) Guillermo Lasso (CD 21/2 y TS 2/3). Frente a estos resultados, el candidato Lenin Moreno ratificó su lema de campaña “hay que tomar lo bueno y cambiar lo malo” y afirmó: “he manifestado desde el inicio que vengo con la mano tendida, principalmente a los ciudadanos, a los políticos, a la gente que ama el país y con los cuales hay enormes convergencias en los grandes objetivos” (CD 23/2). Así, Correa afirmó que “nos quedamos a medio punto de ganar en primera vuelta. Si gana la oposición probablemente tendré que regresar más pronto y estar en el momento histórico que se requiere. No van a poder lograr lo que están proponiendo y lo poco que puedan hacer, quiebra al país  y verán que en un año estarán pidiendo elecciones anticipadas, que la constitución lo permite, y tendré que volvérmeles a presentar y vencerlos nuevamente” en un giro radical respecto de aquella idea de “alejarse” de la política local y regional (LN 23/2).

 

En un país destruido por la noche neoliberal cabría suponer que uno de sus principales ejecutores, fuertemente vinculado con el sistema financiero local y transnacional, apoyado por los EEUU, como es el candidato Guillermo Lasso, debió haber sido derrotado con facilidad frente al candidato oficialista; sin embargo ello no ocurrió y, por muy poco, ni siquiera se pudo superar la franja del 40%, contando además con las experiencias nefastas de Argentina y Brasil gobernadas por fuerzas políticas de igual signo. Nos preguntamos, por lo tanto ¿por qué no se pudieron obtener los resultados esperados, en qué radican las limitaciones del proyecto político encabezado por Correa que impidieron obtener una contundente victoria electoral? Si observamos las experiencias de la región que más han profundizado en una salida que vaya en contra de las relaciones capitalistas encontremos una respuesta a esta pregunta.

Penas del corazón

Este mes se realizó una Cumbre extraordinaria del Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América 

(ALBA) en conmemoración del fallecimiento de Hugo Chávez, miembro fundador del ente regional y del PSUV venezolano. En ella, los países del ALBA acordaron reactivar el fondo de apoyo legal, que consiste en financiamiento y asesoría a migrantes latinoamericanos y caribeños en Estados Unidos, hoy con numerosas dificultades por la política anti migración encabezada por Donald Trump (TS 5/3) y realizaron declaraciones de apoyo a Venezuela frente a las agresiones e injerencia de Luis Almagro y el Senado de los EEUU.

El presidente de Bolivia, Evo Morales, sintetizó el sentido del encuentro al afirmar que “la cumbre fue un relanzamiento de la organización para enfrentar un contexto adverso. El ALBA está integrada por países con claridad ideológica, que pueden hacer mucho en los grandes conglomerados de las Naciones Unidas. Siento que es importante la ideologización; hay dos caminos: eres socialista o capitalista, o eres del imperio o de los pueblos. No hay otro camino y eso lo aprendí de Fidel y de Chávez” (TS 7/3).

Pues bien, en línea con lo afirmado por el presidente de Bolivia se encuentra la incansable Venezuela, quien luego de sufrir el contratiempo electoral en 2015 profundizó todas las líneas de convocatoria a la clase obrera y al pueblo en general para construir un modelo económico y social fundado en la colectivización de los medios de producción y el control popular de las principales decisiones sobre los destinos del país. Fundada en la certeza de que de ello deviene otra institucionalidad, otra democracia que debe responder a las necesidades de nuestros pueblos que el capitalismo, como hemos visto, se encuentra incapacitado de resolver: trabajo, educación, salud, vivienda, seguridad.

Entre todas las ofensivas que el imperialismo ha comandado contra Venezuela, la guerra económica (sabotajes, acaparamiento, especulación, boicot, desabastecimiento, etc.) ha sido la que más ha expuesto las necesidades de profundización en esta línea, puesto que evidenció el problema fundamental que atraviesan todos los procesos nacional populares en la región: el imperialismo, expresión política del capital financiero, tiene su fundamento en la propiedad privada de los medios de producción y mientras ello no sea superado por formas colectivas, democráticas, de participación directa de la clase obrera y el pueblo en general, no se podrá avanzar hacia formas de organización social que den respuesta a los problemas vitales de nuestro tiempo.

En este marco es que se encuentra el desarrollo de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) fundados hace un año como respuesta a la guerra económica imperialista, junto con la profundización de las Comunas como órgano básico de organización obrera y popular para el control de todos los aspectos de la vida económica y social del país. Ya fueron fundadas desde entonces unas 27.070 organizaciones de ese tipo hasta la fecha (CD 12/3). Así, este mes, el presidente Nicolás Maduro anunció su expansión al informar la activación de 4.000 unidades productivas textiles, que confeccionarán 12.500.000 piezas de ropas, al tiempo que anunció también la aprobación de recursos para la producción de 18.500.000 de kits higiene y aseo personal que serán entregados a través de los CLAP a “precios sostenibles”. Por ello, afirmó: “Venezuela está escribiendo una nueva página en la lucha por el socialismo, que puede servir de ejemplo en el continente, y el próximo paso es que los CLAP aumenten su calidad y periodicidad” y “el capitalismo no tiene salvación. Los CLAP vienen a posicionarse como un núcleo de fuerza para hacer de nuevo el país, para hacer una nueva estructura económica; por eso no se engañen, los CLAP tienen que ser fuerza moral, política, económica, social, productiva, cada vez más empoderada” (TS 13/3).

Es por ello que existe la fuerza en Venezuela para desconocer a la institucionalidad burguesa decadente y las fuerzas que pretenden encarnarla,  ya que sobre la base de construir una nueva conducta, fundada en la colectivización de los medios de producción y de cambio, se hacen necesarias nuevas herramientas de organización política que puedan dar cuenta de la complejidad que ello exige. Es por ello que el imperialismo entiende que su prioridad es aniquilar al proceso bolivariano, en un contexto donde las fuerzas nacionales y populares de la región se encuentran debatiendo sobre sus propias incapacidades y limitaciones que las ha llevado a una derrota frontal con las oligarquías subordinadas como en Argentina y Brasil o a la posibilidad de ser vencidas como en el caso de Ecuador al tener políticas que plantean que el bienestar de nuestros pueblos puede aún realizarse en los marcos del capital al negar la necesidad de colectivizar los medios de producción. Venezuela, una vez más, muestra a la región y al mundo el camino a seguir, en palabras de Evo Morales: “Hay dos caminos: o eres Socialista o capitalista



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