Revista Mensual | Número: Abril de 2017
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Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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Dos Países

De paseo por Europa
Castigando a un "caballo muerto" (o era una Vaca)
Ponete las pilas
Se está pudriendo ésta basura
Dame, dame más
Mercachifles
Haciendo negocios
El pan nuestro de cada día, no es nuestro
Dame un limón
¡Qué mala leche!
Negocios de familia
En un auto feo


El saqueo oligárquico-imperial, base material para la rebelión popular

Dos Países

“Dos fotos, dos países. De un lado, el desmadre en la protesta convocada por la CGT y, por el otro, el optimismo productivista que se respiraba en Expoagro, en su nueva sede permanente de San Nicolás. Los brotes verdes en acción o el show decadente de las piñas en la calle. Dos vías, una que lleva inevitablemente al caos y la otra que ofrece un futuro. (…) La imagen de la patota violenta empañó y no les dejó ver en toda su dimensión una expresión de vitalidad económica. Al fin y al cabo, Expoagro no deja de ser la frutilla del postre de una cosecha de granos que superará los 120 millones de toneladas y será récord.”

(Félix Sanmartino, La Nación 11-03-2017)

El país que se llevan

De paseo por Europa

El mes pasado nos referimos a la visita de Macri a la Unión Europea y sus intenciones de concretar un acuerdo de libre comercio con el bloque transatlántico, como sustituto de Estados Unidos, debido a las complicaciones que la presidencia de Trump y su proteccionismo supuso a la estrategia de integración con el Imperio prevista por el macrismo.

En continuación con su viaje por Europa, Macri arribó a España a fines del mes de febrero. Veamos qué ocurrió.

En la misma tónica genuflexa de todo su viaje, el presidente continuó promocionando su gobierno para obtener inversiones. Luego de su arribo al país ibérico, declaró: “Queremos una España mucho más activa en la Argentina de lo que ha sido en los últimos tiempos. Que sea otra vez el socio inversor clave”. Y continuó con las disculpas: “Tuvimos algunos cortocircuitos hace algunos años, pero restableciendo estos afectos tenemos que encontrar campos juntos”. Aunque estos muchachos siempre andan rozando las “relaciones carnales” con su terminología diplomática, lo que en realidad busca Macri es hacer jugar a España en el rol que históricamente desempeñó de bisagra entre Latinoamérica y el capital con asiento en Europa. En sus palabras: “Entendemos que España tiene un rol de representación de América latina en Europa. Nos interesa mucho el impulso que puede darle al acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur” (LN 22/2). Más que representación de América Latina en Europa, la monarquía española expresa el dominio imperial del capital europeo en nuestra patria grande.

La respuesta obtenida fue alentadora para la oligarquía local y su presidente. Su “excelencia”, el rey Felipe VI destacó: “Desde España se sigue con gran interés el proceso de transformación que usted encabeza en busca de un crecimiento económico sostenido y equilibrado. España reconoce y aplaude sus esfuerzos y los de su equipo y les desea el mayor éxito”. Por su parte, el primer ministro de gobierno y miembro del reaccionario Partido Popular, Mariano Rajoy, felicitó a su par latinoamericano: “La Argentina es ahora un país en marcha. Todo el mundo percibe aquí y en Europa que está dando pasos en la buena dirección. La ambiciosa política del gobierno de Macri abre una nueva etapa en la Argentina y en lo que respecta a España seguro permitirá que se incremente la participación de nuestras empresas en la inversión” (LN 24/2).

Recordemos que lo que se está negociando es un Tratado de Libre Comercio (TLC) entre el Mercosur y la Unión Europea. Uno de los entusiasmados con esta posibilidad es Guillermo Ambrogi, presidente de la Cámara Española de Comercio de Argentina (CECRA), quien se mostró muy favorable ante la posibilidad del TLC. Para el empresario hispano-argentino, un acuerdo de este tipo “nos abriría la posibilidad de ingresar nuestros productos casi de una forma irrestricta a estos 300 millones de consumidores. Pero a su vez también permitiría la constitución de JoinVentures [Empresas de capital mixto] y alianzas estratégicas entre empresas argentinas y españolas”. En realidad se trataría más de la segunda posibilidad que de la primera, después de todo, para Ambrogi, los productos que intentaría ingresar la Argentina al mercado europeo serían “agrícolas y frutícolas”, para los cuales la UE establece condiciones severísimas de calidad como método proteccionista, aún luego de haber liberado las restricciones aduaneras (CL 24/2). En síntesis, el tan anhelado acuerdo con Europa, implicaría una liberalización de todos los controles nacionales sobre los capitales especulativos, que buscan entrar y salir rápido de los países dependientes absorbiendo riquezas mediante la denominada “timba” financiera y el desaguace de empresas nacionales. Basta recordar el rol del capital español y europeo en los noventa que tuvo como saldo el vaciamiento y quiebra generalizada de todas las compañías nacionales de las que participaban como accionistas mayoritarios, o lo que ahora denominan JoinVentures (como botón de muestra, Aerolíneas fue literalmente vaciada por la española Iberia, dejando a nuestro país sin una aerolínea propia).

A mediados de marzo, Nicolás Dujovne, visitó Alemania para asistir a las reuniones de ministros de Hacienda y Finanzas del G-20. Durante su estadía, se reunió con el ministro de economía de Alemania, Wolfgang Schäuble, quien también apoyó el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y Mercosur: “Necesitamos que el acuerdo avance a paso firme”, declaró (CL 16/3).

Como recién mencionamos, en el futuro TLC, la Argentina sería exportadora de productos agrarios y receptores de inversiones y productos industriales y tecnológicos, lo que evidentemente supone es un impulso hacia la re-primarización de nuestra economía. El gobierno tiene plena conciencia de esto y hasta lo manifiesta abiertamente, como fue el caso del Ministro de Finanzas Nicolás Dujovne: “La Argentina tendría que decir qué va a hacer con sus sectores más protegidos [El industrial]. Lo que queremos ahí como gobierno es señalizar un camino de diez o doce años en el cual ir removiendo las barreras extras que tiene la Argentina en todos estos sectores, pero dándole la oportunidad de que se vayan reconvirtiendo” (P12 25/2). Tales fueron las afirmaciones del ministro de desguazamiento industrial. Igualmente, nadie supone que una metalúrgica se ponga a cultivar tomates, o estará pensando en eso el ministro…

Finalmente, Macri junto con su comitiva −integrada por empresarios, funcionarios y algunos sindicalistas como Guillermo Pereyra (petrolero), Dante Camaño (gastronómico) y el titular de los peones rurales y funcionario macrista, Gerónimo Venegas− visitó una planta de Mercedes Benz en el País Vasco para aleccionarse sobre las “ventajas” obtenidas en materia de competitividad, tras la realización de un acuerdo de flexibilización laboral entre los obreros y los empresarios. Luego de la visita, la comitiva participó de un encuentro con el Consejo Económico y Social de España. Allí, el petrolero Pereyra, junto a Luis Betnaza (Techint) y Sergio Nardelli (Vicentín) jugó el triste papel de ser el encargado de contarle a los presentes que en la Argentina también los obreros aceptan acuerdos de precarización frente al capital, como el “ejemplar” caso de Vaca Muerta (CL 22/2). Luego de su discurso fue aplaudido calurosamente. Algunos gustos coloniales, como exhibir al “buen nativo”, son difíciles de erradicar aun en pleno siglo XXI.

Castigando a un “caballo muerto” (o era una Vaca)

El tema de la precarización de los convenios de trabajo como vía para mejorar la productividad es sin duda una de las demandas que los capitalistas extranjeros le hacen al país como condición para ingresar inversiones. En este sentido, el sector petrolero dio el primer paso y fue seguido este mes por el sector automotriz. Sin embargo, pese a toda la alharaca con que fue anunciado, el acuerdo aún no pudo implementarse por la oposición del sindicato de jerárquicos.

Vale recordar que la razón con la que se argumentó la necesidad del nuevo convenio laboral era supuestamente la baja productividad de los yacimientos patagónicos que desincentivaba la entrada de inversiones. Sin embargo, según se conoció este mes, los pozos de Vaca Muerta tienen una productividad similar al de las explotaciones Estadounidenses. En Norteamérica, la perforación de un pozo cuesta u$s 6,5 millones, mientras que en la Patagonia este costo se sitúa en u$s 7 millones, una rentabilidad de u$s 10 por barril a un precio de u$s 49,76 (CR 10/3).  Pero eso no es todo, además de la reducción de costos por la aparición de nueva tecnología más eficiente, parece ser que la calidad de las reservas tanto de gas como de petróleo en la Patagonia es de las más rentables del planeta, en términos de yacimientos no convencionales. Un reciente informe de la consultora IHS Markit sobre Vaca Muerta señala que “podría generar aproximadamente 560.000 barriles diarios de líquidos y 6.000 millones de pies cúbicos de gas diarios para el año 2040”, siendo comparables con los más productivos de los EE.UU. (CL 27/2).

Hete aquí la extraordinaria potencialidad del segundo yacimiento de hidrocarburos no convencional del mundo. Mientras tanto, compañía estatal YPF sigue deteriorándose financieramente a un ritmo espeluznante desde que asumió Macri. El año pasado sufrió pérdidas por $ 28.379 millones (resultado neto) y un resultado operativo antes de deterioro de activos de $ 10.697 millones. O sea, ¡una baja de 44,1% respecto a 2015! Pero este ya es un cuento conocido. Pronto dirán que la compañía es inviable y propondrán su reprivatización.

Las razones para ponerla en venta, por las cuales la “banda” de CEOs que administran la cosa pública nacional se apura a ejecutar, es el interés de los hiperendeudados capitales extranjeros que necesitan rapiñar a costos bajísimos las riquezas de todos los territorios del mundo considerados por ellos como meros “patios traseros”. Preguntado por el diario La Nación, Michael Reid, editor jefe del semanario inglés The Economist (órgano de la city financiera londinense), sobre los sectores apetecidos por los inversores extranjeros, contestó: “Energía es obviamente un sector importante, porque hubo diez años de políticas que parecían diseñadas a desalentar la inversión, y a medida que eso se revierta hay mucho potencial y mucha demanda” (LN 8/3). Esas políticas que desalentaban la inversión no eran otra cosa que políticas soberanas.

Según se proyecta, las empresas que actualmente tienen inversiones en Vaca Muerta por US$ 5.594 millones en esta etapa de piloto, invertirán la extraordinaria suma de US$121.716 millones en caso de que estas tareas arrojen buenos resultados y se pase a la fase de desarrollo. Estas gigantescas inversiones requieren sin duda un gobierno que garantice sus intereses: esencialmente una rápida salida de utilidades sin dejar en el país de origen (en este caso Argentina) ni unas gotas del derrame de riquezas producidas por los obreros y obreras argentinos.

Ponete las pilas

A la lista de recursos naturales puestos a la venta por el gobierno de los CEOs, hay que incorporarle la minería y en particular la minería del litio. Un insumo fundamental para la fabricación de baterías (para celulares, computadoras o autos eléctricos) de enorme importancia en la actualidad y en los años venideros. En esta oportunidad, los interesados son los capitales británicos.

En un encuentro organizado por el embajador argentino en el Reino Unido, Carlos Sersale di Cerisano y la Cámara de comercio argentino británico, al que concurrieron unos 90 empresarios argentinos y unos 100 británicos, el secretario de minería, Daniel Meilán, describió la calidad de las reservas del mineral con las que cuenta nuestro país (las terceras del mundo) y la conveniencia de la inversión: “Las inversiones son en proyectos que han pasado el riesgo minero. (…) Esta es una gran oportunidad de ocupar un espacio de proyectos de 23.000 millones de dólares, que están buscando inversiones” (CL 20/3). La entrega de riquezas estratégicas a los capitales financieros “dueños-del-mundo” expresa el carácter neo-colonial del programa de gobierno del Pro-UCR.

Se está pudriendo ésta basura…

Como en el caso del petróleo, la principal preocupación de los inversores extranjeros y los grupos locales es la estabilidad política del gobierno actual, conjuntamente con la perseverancia en el rumbo de reformas Pro-mercado que promete. Saben muy bien que una derrota del proyecto oligárquico-imperialista por el pueblo los haría retroceder en muchas prerrogativas, pondría en riesgo sus negociados y su posición política en la región. Es por ello que, frente a un escenario de agudización de la lucha social y política, como fue el mes de marzo con impresionantes movilizaciones de masas aunadas en una crítica al programa económico oficial, varios organismos financieros de primer orden mundial salieron a respaldar la gestión de Cambiemos, aunque nunca dejaron de condicionar ese apoyo a la continuidad de las políticas de ajuste neoliberal de ésta.

La consultora de inversiones Moody's, por ejemplo, expresó su respaldo a la política económica: “Creemos que la economía va a mejorar gracias a las políticas del Gobierno”; aunque insistió en la necesidad de profundizar el ajuste: “Ahora va a tener oportunidad de bajar el déficit, que es lo que menos se ha tocado. Ese es el próximo gran paso” (LN 7/3).

Por su parte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) elogió las reformas macroeconómicas en la Argentina y aprovechó para denostar a las políticas “populistas” de la década anterior, en un informe presentado en el marco del encuentro de ministros de Finanzas del G-20 en la ciudad alemana de Baden-Baden: “Iniciativas recientes para remediar las distorsiones creadas por políticas intervencionistas, el regreso a los mercados financieros y el fin del control de cambios y de capitales son pasos en la dirección correcta para recuperar los niveles de crecimiento necesarios para que haya progreso social” (CL 10/3).

Con más énfasis aun, el Instituto Internacional de Finanzas (IIF) (asociación de los principales bancos de los países imperialistas para regular los préstamos a los países dependientes) pidió por el triunfo de Cambiemos en las próximas elecciones como garantía de estabilidad: “Sin una mayoría en el Congreso, un resultado positivo para el partido gobernante en octubre es fundamental para conseguir el apoyo necesario para realizar las reformas políticas para reducir el costo de hacer negocios. Hacer progresos en estos frentes ayudará para consolidar el crecimiento más allá de 2017”. Aunque, al igual que los demás órganos del capital financiero global, la asociación de bancos reclamó estabilidad sin sacrificar el ajuste: control del gasto público y reducción de la inflación. Es por ello que, en su informe, alertaba sobre algunos riesgos: “Con la necesidad política de acelerar el crecimiento, la independencia del BCRA será puesta a prueba ya que la meta de alcanzar el objetivo inflacionario requiere todavía tasas altas. Si se disipa el riesgo de déficit fiscal crónico puede ayudar a recortar aún más los costos para hacer negocios y a su vez mantener la inflación a la baja” (CR 10/3).

El dilema resulta claro, las entidades financieras condicionan su apoyo político y económico a la capacidad que el gobierno de Cambiemos tenga para llevar adelante las políticas de ajuste y desregulación que ellos necesitan, pero esas políticas, que descargan la crisis de reproducción del capital más concentrado sobre los trabajadores, la pequeña burguesía e incluso sobre grandes empresas locales, son precisamente las que van restándole margen de maniobra al gobierno por la pérdida progresiva de su base electoral, dañando su capacidad de ganar elecciones, condición necesaria para poder implementar las reformas pro-ajuste dentro del marco del juego democrático. En este contexto debe leerse la preocupación de los conglomerados monopólicos respecto de la capacidad del ejecutivo de “sostener el rumbo”. En un encuentro empresario organizado por el diario británico The Economist, los periodistas extranjeros le preguntaron al Jefe de Gabinete Marcos Peña si la conflictividad social podía frenar la llegada de inversiones, a lo que el funcionario respondió cínicamente: “No creo que eso pase. La conflictividad está internalizada”. En el mismo encuentro, Sergio Kaufmann, presidente de Accenture, mostró la misma confianza reaccionaria: “La conflictividad está dentro de la dinámica esperada”. ¿Pero, en qué sustentan esta confianza?

La oligarquía financiera/terrateniente local sabe, porque guarda el recuerdo de la década del 90, que mientras el descontento social sea integrado por cierto juego institucional o aislado en un marco sectorial (parcial), ella puede moverse sobre el terreno del hecho consumado y avanzar en la aplicación de su programa agroindustrial exportador, anti-nacional. Al menos por un tiempo, hasta que esas instituciones encargadas de actuar como amortiguadores caigan en el descrédito por la misma presión de los acontecimientos, recalentando el descontento de las masas y su crítica práctica del orden republicano-liberal. Por ello, el carácter elitista e irracional de las políticas que engendra el interés reaccionario de la oligarquía sólo cuenta con dos herramientas para intervenir en última instancia: desorganizar/dividir a las fuerzas populares y apelar a la represión.

Dame, dame más…

Siempre que en la Argentina gobernaron los liberales, creció la deuda externa. El gobierno del Pro-UCR no representa una excepción a este axioma, sino más bien, es la expresión récord en esta materia, considerando toda la historia nacional.

Ya a esta altura de los acontecimientos no es un secreto para nadie que la deuda externa no es otra cosa que un mecanismo implementado por los centros financieros mundiales para esquilmar a los pueblos laboriosos. Un medio, por el cual se realiza un sistema permanente de transferencia del trabajo de los países dependientes hacia los países ricos, aprovechado, por su parte, por las oligarquías nativas que se quedan con una tajada del saqueo. La riqueza producida y el ahorro nacional se pierden a través de los llamados “servicios de la deuda”, es decir, el pago de intereses que nunca saldan el capital, porque este siempre se renueva con un nuevo empréstito, mayor al anterior, que abulta aún más la deuda original y la erogación de más intereses. Los únicos momentos de la historia argentina en los que se redujo el capital adeudado fueron durante los gobiernos nacional-populares de Perón y Néstor Kirchner. Y esto se debió principalmente a una voluntad consiente de atacar los tentáculos con que el imperialismo atenaza a nuestro país.

Este hecho es una verdad tan evidente que debe reconocerla aun el mismo Ministro Dujovne: “[El gobierno anterior] Tenía una única ventaja: tenía muy poca deuda. (…) Teniendo en cuenta todas las dificultades con las que asume el Gobierno y el hecho de que la deuda es baja, nos permite ir más despacio con la normalización del déficit fiscal” (CL 7/3). El contenido programático de estas palabras es claro: el gobierno continuará financiando con mayor deuda externa el déficit de cuenta corriente, que dicho sea de paso se agrava por la constante caída de la recaudación, debido al daño sufrido por el mercado interno; durante el mes de febrero el déficit fue de $ 172.222 millones, lo que representa una suba del 27,8% con respecto al año pasado. Cabe con esto preguntarse: ¿sin el ingreso de dinero de afuera y con el brutal ajuste que hizo en el 2016 Cambiemos, de cuántos puntos hubiese sido la caída de la actividad económica? Este malestar que estamos viviendo, aun tolerable, ¿cuánto tiene de artificial puesto que “se vive” de prestado? ¿No estamos en realidad atravesando una situación mucho más grave, maquillada por el veranito que el gobierno disfruta, aprovechando las condiciones económicas heredadas de la “pesada herencia”?

Para valorar la dimensión real de la que hablamos, basta considerar que desde que asumió Mauricio Macri, la deuda externa creció en 77 mil millones de dólares. Lo que representa… ¡el 60% de toda la deuda contraída en el mundo por los países emergentes en dicho plazo! Además, los dólares que ingresan al mercado local deben ser convertidos en pesos, lo que ensancha la base monetaria circulante, anatema para los economistas liberales, por lo cual el Banco Central (BCRA) emite letras para capturar esos pesos, con lo que alimenta la bicicleta financiera aún más, porque esas letras pagan un interés (nadie hace negocios si no espera ganar) engrosando más todavía la deuda pública. Un cuento de nunca acabar (al menos hasta que se agota la paz social,  como en el caliente mes de diciembre de 2001).

El crecimiento de la deuda no termina en el gobierno nacional. Las provincias también van por el mismo camino. Hasta la fecha totalizan 9.710 millones de dólares. Sólo en lo que va de 2017, fueron cinco las provincias que salieron a fondearse en el mercado y lo hicieron por 2.810 millones de dólares: Buenos Aires, por u$s 1500 millones; Córdoba, por u$s 510 millones; Entre Ríos, por u$s 350 millones; La Rioja, por u$s 200 millones y Santa Fe por u$s 250 millones (CR 20/3).

Además de lo explicado más arriba, cabe profundizar el análisis y preguntarse: ¿por qué el gobierno oligárquico-financiero de Macri es tan afecto a contraer deuda? Porque los dólares ingresados desde el exterior son necesarios para posibilitar la fuga de divisas. Según el Cronista Comercial, el 40% del total de los dólares ingresados fueron fugados. Y el 80% del ingreso de inversiones tuvieron carácter especulativo. El mecanismo es muy sencillo, una oferta elevada de dólares en un sistema de libre flotación, garantiza un peso apreciado (o un dólar barato). Según el periodista Marcelo Zlotowiazda, “el índice del tipo de cambio real actual de 84,7 está más cerca del 74,4 que tuvo ese índice en promedio en los últimos años de la Convertibilidad que de la marca de 114,1 que registró en promedio entre 2008 y 2016” (CR 17/3). Es decir, luego de la devaluación, el rumbo tomado por el gobierno fue retornar a un esquema cambiario “parecido” al del 1 a 1 de los 90. Durante estos meses, el gobierno facilitó la fuga de capitales, no sólo vía la eliminación de todo tipo de control, sino fundamentalmente abaratando el precio del dólar.

Mercachifles

La existencia de dólares baratos que ha resultado del monumental endeudamiento externo (aunque gran parte de esos dólares ya se han fugado al exterior a engrosar las cuentas de los capitales financieros con negocios en nuestro país) estimuló la importación de bienes de consumo. Ya que, habiendo dólares en plaza, el peso se “revalúa” y los productos importados se abaratan en términos relativos, todo esto a costa de la producción nacional. El otro elemento, que coadyuva a la liquidación de todo proyecto de desarrollo industrial local, es la apertura arancelaria. En la actualidad, ambas variables concurren estimulando la sustitución del “compre nacional” por el “compre extranjero”. Sin embargo, hace unos meses −y este mes se elevó el reclamo− los importadores demandan “falta de libertad” para sus negocios.

En un comunicado titulado “Volver al pasado (no muy lejano)”, la Cámara de Importadores de la República Argentina (CIRA) se quejaba amargamente de las trabas a las importaciones, denunciando que las mismas cayeron 6,9% en 2016 con relación a 2015, debido a las “trabas burocráticas” que el gobierno les impone: “Sin explicación alguna las Instituciones (por la cámara) no son más bienvenidas por la Dirección de Importaciones de la Secretaría de Comercio y las empresas comienzan a estar sometidas a viejas prácticas de recibir llamados de «operadores»” (LN 22/2). Los datos de la CIRA ocultan, en rigor, que la caída de las importaciones que ellos consignan se debe a que bajaron los precios, y que en igual periodo el volumen de las importaciones subió un 4%, siendo el grueso de ese crecimiento el ingreso de bienes terminados de consumo, lo que creció sólo en enero un 22,5%. De todas maneras, los capitales importadores piden más.

No es que Macri se haya vuelto “proteccionista”. Hacia donde apuntan el disparo los grandes capitales importadores es al “gradualismo” con que Gobierno, necesariamente atento a la correlación de fuerzas sociales, está liquidando la industria nacional. Es tan desmedido el cambio de sesgo macroeconómico en beneficio del sector exportador-primario-financiero en contra de la industria sustitutiva mercado internista, que de no moderar “administrativamente” los efectos, la caída sería tan vertiginosa que destruiría la gobernabilidad. Tanto así es el carácter antinacional de este gobierno como es de débil la posición de los “empresarios nacionales”.

Haciendo negocios

Según estimaciones de Juan Manuel Garzón, economista del Ieral −de la Fundación Mediterránea− la campaña agrícola de este año rondará los 121 millones de toneladas, por encima de los 115 millones del ciclo previo, con un valor de US$ 34.600 millones, lo que representará un aporte “extra” del sector al PBI del 0,8%. Siempre, aclara el analista, que los terratenientes no hagan primar la idea de que el tipo de cambio está atrasado y decidan no liquidar la cosecha, retrasando decisiones de inversión y consumo vitales para el resto de la economía.

En este marco de optimismo y reclamos sectoriales superpuestos, se desarrolló la Expoagro, cuyo lema, este año, fue: “La maquinaria agrícola, desembarco de la tecnología digital en el campo”, en referencia a la consolidación de la automatización del sector y los sistemas “inteligentes”. Como un ejemplo del clima predominante entre los grandes propietarios de la tierra agraria y de los capitales asentados en la producción de insumos industriales, Gerardo Bartolomé, presidente de “Don Mario” (una de las principales firmas de maquinarias agrícolas) expresó: “El productor comenzó a priorizar la productividad por sobre los costos, como lo estaba haciendo. Eso es una buena noticia para el sistema porque favorecerá la competitividad técnica de la agricultura” (CL 10/3). Según refieren los informes estadísticos de la exposición, basados en el Indec, en 2016 la maquinaria agrícola alcanzó una facturación de 19.385 millones de pesos, es decir un 105,8% más que en 2015, y se calcula una tendencia creciente para 2017. Los grandes terratenientes y los capitales invertidos en la producción agraria están recibiendo un significativo estimulo por parte del Estado, con créditos en dólares a una tasa 0% y del 6% en pesos. Esto empujó un crecimiento de más del 300% en las operaciones que se realizan en Expoagro: mientras que en 2016 las operaciones en la exposición fueron de $ 8.000 millones, este año ascendieron a $ 20.000 millones. Es tal el entusiasmo general que todos los operadores aseguraron haber vendido 50% más que el año pasado.

Ese es el contexto en que se realizó la apertura de la exposición. La inauguración congregó a las principales figuras del empresariado monopólico. Además de los esperables dirigentes agropecuarios y el gabinete nacional con Macri a la cabeza, estuvieron: Luis Betnaza de Techint; el presidente de la UIA, Adrián Kaufmann; y Jaime Campos, titular de la Asociación Empresaria Argentina (AEA). Los discursos que se escucharon le brindaron al gobierno un fuerte apoyo a la par que atacaron al gobierno anterior por populista (LN 7/3).

Como hecho político destacado en la exposición, cabe señalar la reaparición de la Mesa de Enlace, que salió unificada a posicionarse frente a la discusión del tipo de cambio. Los cuatro presidentes de las entidades que la componen hicieron declaraciones contrarias a la devaluación. Dardo Chiesa, jefe de CRA, sostuvo: “Hay una gran expectativa de negocios, una efervescencia por la nueva visión hacia el sector. No creo en la devaluación, pero es necesario una reforma impositiva porque hay zonas que no la están pasando bien”. En coincidencia casi textual, Omar Príncipe, presidente de la Federación Agraria Argentina (FAA) dijo: “Devaluar no es la solución para el campo, sino cada seis meses lo pediríamos, sí es necesario trabajar en una reforma impositiva”. Pero quien expresó cabalmente de lo que se trata el juego fue Miguel Etchevehere de la SRA: “La Argentina requiere que su producción tenga condiciones económicas y de comercialización similares a las que registran sus competidores” (CL 8/3). El discurso antidevaluacionista en este momento particular es una clara respuesta anti-industrial, al pedido de una gran parte de la UIA, y de los capitales medios y pequeños locales, asolados por el crecimiento de las importaciones, de devaluar como medida proteccionista. En este sentido, las entidades agrarias coinciden con los capitales monopólicos y sus fondos de inversión que, entrando y saliendo del país a velocidades récord, necesitan un tipo de cambio estable, revaluado. Recordemos que según una reforma reciente, totalmente generosa para con los terratenientes y las grandes empresas exportadoras, los dueños del grano pueden guardar hasta 10 años los dólares conquistados con las ventas en el mercado exterior, antes de liquidarlos en el BCRA, teniendo un amplísimo margen para esperar y presionar. La Mesa de Enlace apuesta a sacarle al gobierno más concesiones en términos de rebajas impositivas y tasas de interés para el sector, mientras cumple su misión histórica de liquidar toda propuesta de desarrollo industrial e integración nacional.

El pan nuestro de cada día… no es nuestro

Un costado interesante que muestra la expansión de los números agropecuarios es el que refiere al aumento de los volúmenes de la producción triguera. Estos demuestran la falsedad del apotegma liberal de que la liberalización de los mercados redunda en una disminución de los precios por mayor oferta. Como ya es muy conocido, la producción de trigo viene aumentando sostenidamente desde que el gobierno de Macri le quitó las retenciones y los cupos de venta al mercado interno. En la campaña 2016 se sembró un 45% más de superficie que el año anterior y la producción alcanzó las 18.390.000tn, un aumento del  62,7% sobre la cosecha 2015. En todo el periodo, los precios del cereal aumentaron a $ 3490/tn, tomando el cierre de febrero de 2017, o sea un 80% más altos que en noviembre de 2015. Sería de esperar que con tamaña mejora de lo producido y de los precios internacionales se compensase sin mayor dificultad la demanda doméstica manteniendo los precios previos; pero ocurrió todo lo contrario. A la par que aumentó exponencialmente el volumen de la producción, lo hizo el precio del pan, que de diciembre del 2015 a marzo ¡acumula una suba del 80%!

¿Qué es lo que ocurre? Simplemente, que en la Argentina el precio de “equilibrio”, como le gusta decir a los liberales, no se fija en el mercado interno sino que está en relación con la demanda del mercado mundial; porque estas mercancías (los alimentos) tienen una salida directa hacia el mercado de exportación. Por lo tanto, si no se lo regula, desmarcando del precio mundial de su precio interno (con retenciones y controles), éste tiende a igualarse al precio internacional, pese a que en la Argentina los costos de producción (por la aplicación tecnológica en tierras tan aptas) son mucho menores que en otros países que consumen harina, pero no tienen trigo. A esto se le llama renta diferencial. Es decir, los dueños de la tierra nos hacen pagar a todos nosotros por lo que debería ser parte de la riqueza de todos.

Dame un limón

Mientras que la oligarquía apropiadora de la pampa húmeda disfruta de sus privilegios, el resto de las economías de las provincias continúan deteriorándose cada vez más. Un nuevo blooper de Macri ayuda a ilustrar la situación. En el inicio de sesiones del Congreso Nacional, el presidente anunció una suba de las exportaciones de arándanos del 58% en 2016. Pero los datos oficiales del Indec y del Senasa lo desmienten rotundamente. Según las cifras reales, los despachos crecieron apenas un 15%. Los datos presentados encubren además la situación crítica que atraviesa al inicio de este año el sector. Hubo un derrumbe de los precios por la entrada del arándano peruano al mercado de exportación y los productores están dejando que el arándano se pudra en el campo porque el precio ya no llega a cubrir los costos (P12 14/3).

Además de los arándanos de Tucumán, la actividad vitivinícola en Cuyo cayó un 8,3% en el consumo interno de vino y de 2,9% en volumen de exportaciones (CR 3/3). Los yerbateros de Misiones y Corrientes están en un estado de movilización frente al paupérrimo precio que la industria le ofrece por su producción; según afirman los dueños del yerbatal, muchos de ellos cooperativizados, enfrentados a las grandes alimenticias como Molinos Río de la Plata, la industria les ofrece $ 3,80 o menos, frente a costos que superan los $ 6 (LN 3/3). La crisis del sector lechero afecta gravemente a Córdoba y Santa Fe y arrastra a la quiebra a los tambos de ambas provincias. ¡Y para colmo de males: los limones todavía no pudieron entrar en EE.UU!

¡Qué mala leche!

La crisis de la lechería viene de arrastre. A fines de febrero, se conoció la decisión del Grupo Mastellone de cerrar una planta de La Serenísima en Rufino, provincia de Santa Fe, afectando a 17 empleados. La empresa denunció que “el año pasado, la Argentina produjo 9.500 millones de litros, una cifra menor a lo procesado en 1998. Esto significa casi 20 años de estancamiento de la actividad” (CL 24/2). En una situación mucho más precaria se encuentra la Cooperativa SanCor, que arrastra un abultado déficit financiero y que empezó recortando el pago a proveedores para finalmente anunciar, a fin de mes, la venta de la compañía; decisión que fue tomada tras los anuncios del gobierno de que el Estado abandonaría la política de subsidios y financiamiento de la empresa cooperativa. En rigor, el Gobierno lo que hizo fue trazarle el rumbo hacia la venta. A principios de mes, Francisco Cabrera, supeditó la entrega de más ayuda a una “ordenamiento” de su plan de negocios, sentenciando que en Sancor “evidentemente tienen un problema de deuda y la forma de reestructurarla no es seguir tomando deuda, sino encarar el tema de qué es lo que le está produciendo esa deuda que crece. (…) El verdadero problema de Sancor no es tanto el tambero, que es una persona solvente porque tiene activos, sino los empleados, los que trabajan en los sectores productivos de sus plantas” (CL 8/3). Es decir, el consejo del ministro era clarito: ajusten, despidan personal. De todas maneras, el subsecretario de lechería de la provincia de Santa Fe, Pedro Morini, preocupado por las repercusiones políticas y la potencial protesta social en la que podría derivar una quiebra de la cooperativa en la provincia, expresó: “SanCor está en tratativas para vender o concretar una fusión con otras empresas, pero no está quebrada, sino que tiene un problema financiero” (CR 9/3). A fines de mes, SanCor tomó la decisión de vender la empresa, luego de concluir un proceso de reestructuración que comprende más del 51% de la firma,para que el porcentaje sea atractivo para el grupo comprador”. Rápidamente aparecieron compradores interesados: grupos trasnacionales como Lactalis (Francia), Fonterra (Nueva Zelanda) y el uruguayo Conaprole, empezaron a tantear el escenario (LN 16/3).

Además de coincidir el gobierno nacional y el provincial en la necesidad y conveniencia de la venta (previa reestructuración), lo llamativo es que esta alternativa también fue apoyada por el Secretario General del sindicato de Atilra, Héctor Ponce, quien recordó ante la opinión pública: “Esto se lo hemos dicho un montón de veces a la propia dirección de la empresa. Hace 14 años ya le habíamos dicho que lo que tenían que hacer era concursarse” (LN 16/3). Es obvio que la lógica sindical, sin plan político, no puede ir más allá de los marcos del régimen de producción capitalista (ver Artículo siguiente del presente Análisis…).

Negocios de familia

A fines de febrero, se conoció un informe de la asesoría financiera Transactional Track Record y Ontier que destacaba la aceleración en el proceso de fusiones y adquisiciones de compañías en la Argentina. Según dicho informe, en el mes ocurrieron 15 operaciones y se contabilizó una suba de 174% en el capital movilizado, una tendencia que, coyunturalmente, se destaca en nuestro país en relación al resto de los países de la región por su rápido crecimiento (CR 23/2). A su vez, en el año de gobierno de Macri, las fusiones se incrementaron en un 300% con respecto al último de Cristina: se pasó de unos US$ 869 millones a US$ 3109 millones en el acumulado del año (LN 8/3).

Entre las fusiones que se conocieron este mes, destacan algunas: en primer lugar, la concentración de Atanor (propiedad del grupo estadounidense Albaugh) en la dirección de la producción de agroquímicos, implicó el cierre de las plantas químicas de Baradero y Munro, y el desprendimiento del Ingenio Concepción en Tucumán, que luego de una serie de negociaciones con la familia Blaquier, terminó siendo adquirido por el grupo local de Emilio Luque, de capitales tucumanos.

A su vez, la familia Blaquier, frustrada en la adquisición del segundo ingenio del país, asoció su compañía Ledesma al gigante japonés Mitsui & Co que, en rigor de verdad la absorbió, sumando esta inversión a las realizadas por la compañía nipona de u$s 6000 millones en Brasil, u$s 4000 millones en Chile y u$s 1000 millones en México. El presidente de la firma declaró que “a nuestro pesar no hemos podido encontrar muchas oportunidades de negocios en la última década en la Argentina, pero ahora viendo el cambio de panorama de negocios somos muy optimistas” (CR 3/3).

Por otro lado, la familia Mindlin (propietaria de Pampa Energía) se quedó con la totalidad de la constructora IECSA y sus empresas asociadas, propiedad de Ángelo Calcacaterrera, primo del presidente Mauricio Macri. Al tiempo que Alejandro Macfarlane, luego de recibir u$s 250 millones por la venta de la distribuidora eléctrica bonaerense, le hizo llegar a Mindlin una oferta por ese monto para comprarle la red de estaciones de servicio que posee el Holding (CR 20/3).

Ternium Siderar, la principal empresa del grupo Techint, alcanzó el año pasado una ganancia de $ 943 millones gracias a sus contratos en la Central Hidroeléctrica Punta Negra y el Gasoducto del Noreste Argentino, además de avanzar en la ampliación de la Línea H del Subte de la Ciudad de Buenos Aires (ver CR 22/2 y http://www.acero.org.ar). Con estas perspectivas, este mes anunció  la compra de la siderúrgica brasileña CSA al grupo alemán Thyssen Krupp, por 1.560 millones de euros, y consolida su presencia en los mercados de Argentina, Brasil y México (LN 23/3).

En la rama de las telecomunicaciones, Clarín y Telefónica continuaron la guerra por el control de la telefonía móvil y el internet en el país. El mes pasado, Clarín concretó la compra de Telecom Argentina, al desplazar al grupo Werthein. Con esta adquisición, el fondo Fintech, propiedad de Cablevisión, asocia  una nueva empresa a Nextel. A su vez, el grupo Clarín logró un fallo favorable del Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom) que lo habilita a brindar servicios de 4G (LN 20/3). Esta cuestión preocupa sobremanera a los titulares de Telefónica, quienes amenazan con recurrir al tribunal del Banco Mundial (Ciadi) para denunciar la maniobra. Mientras tanto, preparan una inversión de $ 38.500 millones en tres años, para construir una red coaxil y competir con la de Cablevisión, previendo llegar, por este medio, a 600.000 hogares con servicios múltiples (LN 1/3). Recordemos que hace poco Telefónica se desprendió de su canal de Televisión TELEFE, a manos del gigante norteamericano Viacom.

Estos movimientos accionarios, de difícil seguimiento por los diarios, constituyen una verdadera guerra de supervivencia, determinada por una fuerza sistémica que empuja a la fusión de los capitales en unidades cada vez más gigantescas. “Fusiones y adquisiciones” es el lenguaje elegante de los empresarios para referirse a la lucha descarnada que los capitales libran entre sí. Una “fusión” no es otra cosa que la absorción de un capital por otro de mayor tamaño. El capital “absorbido” es aquel que derrotado en el campo de batalla del mercado pacta su rendición y es anexado por el triunfador; una “quiebra” es una derrota sin anexión. El resultado de esta lucha es la consolidación de capitales cada vez más concentrados y centralizados por una misma dirección financiera. Y la exclusión del resto de toda significación económica o social. El despliegue del programa económico oficial abre para los grupos locales un escenario de ventas y absorciones de parte de los conglomerados monopólicos. Por eso, muchos de ellos, aunque habiendo fugado divisas al exterior, se oponen a una devaluación del peso que dejaría a los capitales foráneos en inmejorables condiciones para comprar “por chaucha y palito” los activos nacionales.

En un auto feo…

Las automotrices constituyen un caso interesante. Son uno de los sectores que no han parado de caer desde la asunción de Macri al gobierno –la producción de automotores cayó en febrero un 29,7%−, pero sin embargo, gozan de una particular preferencia por parte del Poder Ejecutivo. Esto se debe a que representan uno de los sectores industriales en manos de compañías trasnacionales que han acordado con la oligarquía vernácula explotar el trabajo de los argentinos y articular en su red de demanda interna a un considerable sector de industrias metalmecánicas. La denominada “solución” al parate de la producción automotriz, según los CEOS de las multinacionales y los funcionarios del gobierno nacional, requiere la aplicación urgente de un “proceso de reestructuración”, eufemismo que debe ser entendido como de “flexibilización laboral”. Al igual que en Vaca Muerta, el gobierno, buscó un acuerdo tripartito: Estado-empresarios-sindicatos para aumentar la “competitividad” del sector. Acuerdo que se basa en perjudicar el interés de los trabajadores. Ya en enero se había juntado el Gobierno con las principales cámaras y empresarios del sector (las 11 terminales automotrices y referentes de la Asociación de Fabricantes de Automotores (Adefa), la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (AFAC) y de la Asociación de Industriales Metalúrgicos (Adimra) (LN 27/1), y a partir de ese mes se sumó a la mesa (o se sirvió en la mesa) a los sindicatos de Smata y UOM. El resultado fue la firma en marzo de un acuerdo de “cooperación” para profundizar “el trabajo conjunto” con el objetivo de aumentar la productividad del sector, con vistas a alcanzar para el 2019 una producción de 1 millón de unidades y 30.000 nuevos puestos de trabajo. El despido de obreros y la incorporación de nuevos trabajadores bajo un nuevo estatuto flexibilizado es un hecho que se está generalizando en la rama, como sucedió ya en otras, tal el caso de los gráficos de AGR-Clarín.

Pese a toda esta palabrería, la clave de la cuestión es la que explicó Carlos Gómez, miembro del Comité Ejecutivo de PSA (Peugeot, Citroën y DS), según quien el sector necesita reducción de cargas impositivas, reintegros a las exportaciones y reducción de los costos logísticos y de la mano de obra que son tres veces más elevados que los de Brasil (LN 24/2).

El país que nos dejan

Tobogán

Mientras en la cúspide el capital se concentra vertiginosamente, las fracciones medias y pequeñas del capital vinculado al mercado interno siguen sufriendo los efectos de un programa que, como hemos visto, benefició a la oligarquía terrateniente y financiera como pocos en la historia. Según estimaciones del Indec, en enero la industria local operó con la mayor capacidad ociosa de los últimos catorce años: promedió un 60,6%. Cifra que representa una caída de 3 puntos porcentuales respecto a diciembre y que tuvo su peor mes desde enero de 2003. Por citar un solo ejemplo, la producción de acero crudo en febrero sufrió una caída interanual del 9,9%.

Otros rubros que registran un desplome interanual fueron los del caucho y el plástico (9,9%), el papel, el cartón, la edición e impresión (9,7%); la extracción de minerales no metálicos (5,7%); la industria de la madera y la fabricación de muebles (4,9%); la indumentaria y textil (4,6%); la elaboración de productos de metal; la producción de maquinaria y equipo (1,5%); y la industria química (0,8%) (CR 28/2). Y otros rubros se han sumado a la caída si consideramos la comparación mensual de enero a febrero: joyerías y relojerías (-7,1%), calzados (-6,6 %) y jugueterías (-6%) (LN 6/3).

Tras quince meses de gobierno de Macri, el consumo tampoco para de caer. En febrero sufrió una contracción del 4,1% en relación con igual mes de 2016, según estimó CAME. Los alimentos, por su parte, cayeron un 5% y la leche se retrotrajo a los niveles de 1996 (CR 10/3).

La mano de obra manufacturera se redujo en el mismo período en un 3,8%. Mientras que el sector de la construcción amaga con una tímida recuperación (o amesetamiento), registrando un alza del 2,2% en relación al trimestre anterior, gracias al impulso que le dio la reactivación de la obra pública. No obstante, el sector privado sigue planchado y el acumulado anual del sector registra una caída del 10%  (CR 23/2).

La revolución de los globos de colores devino en pocos meses, para la industria local, en un presente y futuro negros. La liquidación de fracciones del capital medio y pequeño no se detiene.

Nos importan

Mientras la producción y el consumo caen, las importaciones no paran de crecer, estimuladas por un dólar barato y la apertura de los controles arancelarios. El resultado es la devastación de la industria nacional. Un informe de la CAME precisó que las cantidades importadas de bienes de consumo cerraron en 2016 con un crecimiento del 17%, y este año arrancaron con una suba del 22,5% en enero. Según el documento de marras: “En el primer mes de 2017, la situación se agravó porque el alza de las importaciones alcanzó a más rubros. Según el Indec, los artículos importados en enero habrían crecido 7,1% en dólares y 7,2% en unidades frente a enero de 2016. Pero los bienes de consumo se dispararon: la entrada del exterior creció 19,7% anual en precio y 22,5% en cantidades” (CL 27/2).

En un informe presentado por el Observatorio de Importaciones de Santa Fe, con el seguimientos de diversas cámaras industriales, se cuantificó el ingreso de 85.164 colchones (145,2% más), 1.083.000 changuitos de supermercado (+45,3%), 378 mil elevadores hidráulicos (+47,3%), 170.800 guinches (+44,7%), 4837 toneladas de prendas de vestir y accesorios (+45,9%), 286 mil licuadoras (+68,8%), 112 mil heladeras (+265,4%), y 356 mil calefactores eléctricos (+145%). También hubo fuerte incremento en el ingreso de alimentos importados, como pollo trozado (+891%), carne porcina (+121,9%), bondiola (+251%), queso crema y fundido, zanahoria y cebollas (P12 8/3).

Sin duda, dos de los sectores más afectados fueron los de la industria textil y del calzado. La industria textil se contrajo 11,1% en enero, mientras las importaciones de productos e insumos del rubro se incrementaron 11,5% respecto de igual mes del año anterior. Según la Federación de Industrias Textiles Argentinas (Fita), “Las expectativas para el corto plazo indican una agudización de la contracción de la actividad industrial, y consecuentemente la posibilidad de pérdida de puestos de trabajo” (CR 9/3). Para la Fundación Pro Tejer: “Casi el 80% de los productos que ingresaron durante el 2016 fueron sustitutos de la industria nacional”, pasándose de un mercado de 500.000 toneladas repartidas en mitades nacional e importada, a un mercado de 425.000 tn repartido un 39% nacional y 61% importado −la industria nacional que cubría la demanda de unas 250.000 tn en 2015 pasó a vender, en 2016, 165.750 tn, o sea tan sólo el 66% de lo que realizaba en el mercado el año anterior (CR 10/3). Por su parte, la Federación Argentina de la Industria del Calzado y Afines (Faica) denunció una caída de la actividad sectorial del 11% (P12 23/2), con una capacidad industrial ociosa del 40%. Mientras que en el último año las importaciones crecieron un 62% (LN 23/2).

Por su parte, la Cámara Industrial de Manufacturas del Cuero y Afines de la República Argentina (CIMA) denunció que las importaciones aumentaron en un año un 71%, ocasionando el cierre de 39 empresas del rubro y una destrucción de unos 1000 empleos en el sector. La cámara informó también que la cantidad de importadores que realizaron operaciones durante el primer bimestre de 2017 aumentó a 425 (un año atrás eran 249). Un claro síntoma de que los capitales migran de la producción a la importación.

Las resaca de la joda

Según el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), la pobreza pasó del 29% a fines de 2015 a 32,9% en el tercer trimestre de 2016. Hoy hay en el país 13 millones de personas por debajo de la línea de pobreza. En nueve meses de gestión de Mauricio Macri, 1,5 millones de personas cayeron en la pobreza y 600.000, en la indigencia. La indigencia pasó de 5,4 a 6,9%. Esto es 2,7 millones de personas por debajo de la línea de indigencia y cerca de 580.000 chicos de hasta 14 años en la pobreza (LN 10/3).

Pese a que el Gobierno hizo bandera de la reducción de la inflación, acumula el crecimiento más elevado de los últimos 20 años. Para febrero, la inflación fue de un 2,5% y la proyección del anualizado ronda en el 25,4% según el órgano oficial (y optimista) Indec (LN 10/3). Las tarifas de los servicios públicos continúan aumentando: el agua aumentará de un 23 a un 500%; el gas lo hará hasta un 300% y un 500% para las empresas; la luz un 98%. La canasta familiar subió un 31,2 % en febrero de 2017, comparado con el mismo mes del año pasado (P12 18/3). Mientras que el aumento de los salarios cerró en líneas generales por debajo del 25% el año anterior (con un 40% de inflación) y para este 2017 el Gobierno pretende imponer un tope del 18% a las paritarias.

Según el Indec, de noviembre de 2015 hasta junio de 2016 el empleo cayó 1,32%. Es decir 82.388 empleos menos. La recuperación fue sólo del 0,22 %: 13.821 empleos más. Según el ministro de Economía, durante el segundo semestre de 2016 se crearon 66 mil puestos de trabajo. Pero el 80% de este dato serían puestos de trabajos estacionales. El sector más afectado por la pérdida de empleos es el industrial. Entre diciembre de 2015 e igual mes de 2016 se eliminaron 48.000 puestos de trabajo. Lo que representa un 4% del total de los trabajadores registrados del sector (P12 27/2).

En resumidas cuentas, todos los indicadores de bienestar de la población se encuentran hace más de un año a la baja y sin vistas de recuperación. El movimiento obrero viene sufriendo suspensiones, despidos y deterioro de sus condiciones salariales y laborales. Los comerciantes, una caída persistente en sus ventas. Las PyMEs, una competencia devastadora de las importaciones y un achicamiento del mercado para sus productos. En el interior del país, todas las economías que no se encuentran vinculadas al complejo agroexportador han ingresado en una profunda crisis de subsistencia. Mientras esto le ocurre al Pueblo, la timba financiera, el endeudamiento y los agronegocios no paran de concentrar la riqueza producida por el trabajo de todos los argentinos, en unas pocas manos, muchas de ellas extranjeras.

A la inversa de lo que dice Sanmartino en el epígrafe de este artículo, las fuerzas que llevan al caos y a la destrucción son las que encarna la oligarquía terrateniente y financiera que detenta el gobierno del Estado nacional. Ellos son la decadencia de la Argentina, que la arrastra irremediablemente a la violencia. No puede haber unidad donde hay hambre. Este es el panorama general cuya situación determinó un marzo de masiva movilización popular (se calcula un millón doscientos mil movilizados). Pese a su insuficiencia, una consigna fue compartida por todos los manifestantes: “¡éste estado de cosas no se tolera más!”. En todas las movilizaciones predominó el carácter negativo, el rechazo al programa de gobierno. Y aunque aún diste de surgir en el seno de la clase obrera una alternativa que pueda superar lo existente, este momento de repudio abre un ciclo ascendente de movilizaciones y protestas que demandará respuestas políticas positivas.



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