Revista Mensual | Número: Julio de 2017
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Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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Estás hundido en tu propia herida

La gente decente es diferente
Hay muchas formas de pelar al gato
Te encanará un robocop sin ley
¡En esta vieja cultura frita!
Vas apartando a golpes tus dolores
Así, vas a ser el más premiado de la morgue


Fractura en el centro imperialista y profundización de la escalada bélica

Estás hundido en tu propia herida

Fundiendo plomo lográs 
chorros de oro cochino 
en besos de lo más desnudos 
pero el café con tu suerte 
se enfría en mi mesa fría

(“Salando las heridas”, Los Redondos)

 

A lo largo de su historia, la burguesía ha construido mecanismos para garantizar que su dominio en la producción tenga su correlato en el conjunto de las relaciones sociales. Los estados-nación, tal como los conocemos, así como las distintas organizaciones supra-nacionales –como la Organización Naciones Unidas−, se asientan y expresan ese dominio que tiene sus raíces en la propiedad de los medios de producción y de cambio. Su función es, por tanto, presentar el interés de esa clase dominante como interés general, construyendo así las condiciones políticas para su reproducción en tanto tal. Precisamente por ello, la crisis de las relaciones mercantil-capitalistas que analizamos mes a mes –y que radica en la imposibilidad de que la totalidad de los capitales existentes se reproduzcan a escala ampliada− encuentra también su correlato en el quiebre de ese entramado de instituciones. Dicha crisis empuja a los grupos económicos concentrados a intentar sostener por la fuerza de las armas un dominio que se desmorona desde sus bases.

La gente decente es diferente

En ese sentido, durante el mes de junio, tenía lugar una nueva reunión del llamado Club Bilderberg. ¿De qué se trata dicho club? Sus orígenes datan del año 1954, cuando se reunieron en Europa 70 miembros de la elite económica occidental, con la finalidad de poder coordinar los esfuerzos de los capitales más concentrados contra la Unión Soviética e imponer sus intereses en cada rincón del globo. Al año siguiente, en la segunda reunión del grupo, se define la necesidad de dar carácter periódico a los encuentros, para discutir las directrices de la política mundial de acuerdo a los intereses de los grupos económicos, definiendo las líneas de acción de los mismos en los últimos 63 años. Cabe destacar, a su vez, que esta “cumbre” del capital concentrado no cierra con la emisión de ningún tipo de documento consensuado (no al menos en forma pública ni que se tenga conocimiento de su existencia). Sencillamente, luego del intercambio de información, las opiniones y las discusión, cada uno sale sabiendo a qué atenerse y preparado para elaborar las conclusiones pertinentes sobre cómo actuar. No es de extrañar que rara vez hayamos escuchado hablar de dicha organización, ya que durante la mayor parte de su historia esta permaneció en la clandestinidad (información publicada el 15/4/2011 en el portal Red Voltaire).

En la reunión realizada en el 2017, emergieron dentro de esta verdadera “mesa chica” del imperialismo anglo-yanqui dos posturas antagónicas respecto de la estrategia a tomar en el escenario de Medio Oriente: “Londres está incitando a un cambio de paradigma en el Medio Oriente. Si bien se abandona el modelo de la «primavera árabe», (…) el MI6 espera crear una nueva colusión basada en el islam político. Mientras que Washington renovó su alianza con Arabia Saudita y convenció a ese reino de que tiene que romper con la Hermandad Musulmana a cambio de 110.000 millones de dólares en armamento estadounidense, Londres está tratando de montar una alianza entre Irán, Qatar, Turquía y la Hermandad Musulmana” (“Enfrentamiento en Bilderberg 2017”, Red Voltaire 6/6/2017). Esta divergencia expone la fractura de las principales facciones del capital, ya que por primera vez en su historia este “club” −que desde las sombras se ha comportado como el verdadero “Gobierno Mundial”− no pudo adoptar una política unificada en relación al conflicto de Medio Oriente. ¿Qué quiere decir esto? Que si bien las fuerzas imperialistas comparten la necesidad de subsumir a todas las fuerzas que se le oponen en este subcontinente, sus diferencias “tácticas” −y la imposibilidad de imponer el parecer de una sobre la otra− revelan que ya no son capaces de llevar adelante semejante campaña de forma unificada.

Para que las líneas directrices discutidas en esta “mesa chica” de los capitales concentrados puedan ser llevadas a la práctica se requieren órganos más amplios que logren alinear detrás de su estrategia a otras  facciones de la burguesía y hasta de la clase obrera. En ese sentido, es posible analizar las reuniones de jefes de Estado de los países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la cumbre del llamado G7, que reúne a los 7 países más industrializados del mundo. Como no podía ser de otra manera, esta fractura que acabamos de señalar al interior del Bilderberg también tenía su expresión en dichos ámbitos.

En la cumbre de la OTAN, estas divisiones quedaron manifiestas en la misma ceremonia de inauguración, en la que se estrenaba la nueva sede de la Alianza en la capital belga. Allí, el presidente estadounidense Donald Trump puso el acento en los dos temas que considera prioritarios: la lucha antiterrorista y el dinero que los 28 países miembros deben aportar a la organización. De modo tajante, afirmaba: “Los miembros de la OTAN deben de una vez contribuir equitativamente y respetar sus obligaciones financieras. Esto es injusto para los contribuyentes de Estados Unidos”, recordando a su vez  que 23 de los 28 miembros “siguen sin pagar lo que deberían”. Los estados miembros deberían llegar al 2% del presupuesto militar sobre el PBI, objetivo fijado por la organización para 2014 (LN 26/6).

En lo que respecta a la lucha contra el terrorismo, varios países miembros terminaron por aceptar aunque a regañadientes que la OTAN se incorpore a la coalición internacional contra el grupo jihadista Estado Islámico en Irak y Siria (LN 26/05), dejando entrever que no todas las fuerzas imperialistas de la OTAN están dispuestas a llevar adelante las embestidas bajo la dirección norteamericana. Y no porque no estén empujadas a la guerra tanto como los EEUU, sino porque la facción imperialista europea es cada vez más consciente de que EEUU también debe ir contra ellos. En ese sentido, la canciller alemana Ángela Merkel señalaba a sus socios europeos, en el marco de la cumbre: “Debemos tomar nuestro destino en nuestras manos. (…) Los tiempos en los que podíamos depender completamente de otros están terminando. Lo he experimentado en los últimos días” (LN 29/5).

Pero no sólo las declaraciones hicieron visible la fractura entre los capitales con asiento en EEUU y en el Viejo Continente. En paralelo al desarrollo de la cumbre, la Unión Europea continuaba avanzando en la creación de una fuerza de defensa continental, por fuera de la OTAN y de la inevitable primacía yanqui en dicha Alianza. La financiación común de la Comisión Europea para Defensa prevé movilizar hasta 5.500 millones de Euros anuales, tanto del sector público como del privado. El fondo permitirá financiar por primera vez completa y directamente con presupuesto comunitario investigación en el ámbito de la Defensa (DW 7/6). De esta manera, no sólo queda expuesta la determinación de Bruselas de avanzar en el armado de un aparato propio de defensa, sino también que el incumplimiento por parte de los socios europeos en el aporte pactado para la OTAN no responde a una decisión de reducir los gastos militares. Justamente por ello, la alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Federica Mongherini, intentaba poner paños fríos, asegurando que “no queremos ni reemplazar a la OTAN ni copiarla o competir con ella” con el fondo para Comisión Europea de Defensa (DW 7/6).

Por otro lado, la cumbre del G7 −que reúne a los jefes de Estado de las principales potencias imperialistas (Gran Bretaña, Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Italia y Canadá)−, que tuvo lugar en la isla de Taormina en el Mar Mediterráneo, se convertía también en escenario propicio para que los socios “sacaran sus trapitos al sol”. Por un lado, debe destacarse que el breve documento final de la cumbre, si bien abarcó los principales temas de la agenda internacional, no logró sin embargo establecer ningún tipo de propuesta o medida concreta para dar respuesta conjunta a temas como “las migraciones, la guerra en Siria, la caótica situación de Libia, la necesidad de derrotar al grupo terrorista Estado Islámico (EI), el respaldo a Ucrania por la anexión de Crimea por parte de Rusia, la amenaza nuclear del régimen de Corea del Norte, la inseguridad alimentaria y la necesidad de ayudar al continente africano” (LN 28/5). En la base de esta imposibilidad de acordar una estrategia común para resolver desde sus intereses los distintos conflictos abiertos en el escenario mundial, se encuentra la encarnizada disputa en que los grupos económicos que controlan los gobiernos de las grandes potencias se encuentran sumidos, analizadas al detalle en el artículo precedente. Los viejos socios, que “acordaban” –no sin contradicciones, claro− cómo expoliar a la periferia del orbe, deben luchar ahora entre sí para dirimir quién habrá de ser el botín de quién.

Por eso, cada vez más aparecen como un Estado Mayor Conjunto que lleva adelante una guerra a la vez que se disparan entre ellos. Al respecto, resultan nuevamente esclarecedoras las declaraciones de la canciller alemana, Ángela Merkel, sobre la necesidad de cohesionar a la UE, incluso frente a viejos socios como EEUU y Reino Unido: “Nosotros los europeos debemos realmente tener nuestro destino en nuestra propia mano, (…) naturalmente que esto se hace manteniendo una relación de amistad con Estados Unidos y Reino Unido y con los vecinos como Rusia y otros países, (…) sin embargo, debemos saber que debemos luchar nosotros mismos por nuestro futuro y nuestro destino como europeos (DW 28/5).

Una semana después de finalizada la cumbre, el presidente Trump anunciaba la decisión de retirar a EEUU del Acuerdo de París. Recordemos que dicho acuerdo fue alcanzado en 2015 y establece el compromiso de los países que lo suscriben de reducir la emisión de gases de efecto invernadero, para garantizar que la temperatura del planeta no alcance un incremento superior a los 2° centígrados. Durante la cumbre del G7, el resto de los miembros del grupo había presionado al mandatario yanqui para que mantuviera el compromiso asumido por su antecesor. Trump explicaba su decisión afirmando: “Me eligieron para representar a los ciudadanos de Pittsburgh, no de París. (…) Este acuerdo es menos sobre el clima y más sobre otros países que obtienen una ventaja financiera sobre los Estados Unidos. (…) Seremos los más limpios. Vamos a tener el aire más limpio. Vamos a tener el agua más limpia. Seremos respetuosos del medio ambiente, pero no vamos a poner nuestros negocios fuera de trabajo, no vamos a perder nuestros puestos de trabajo” (LN 2/6). El magnate republicano señaló, por tanto, la necesidad de renegociar los términos de dicho acuerdo. Por su parte, Alemania, Francia e Italia, devenidos en una suerte de “Capitán Planeta y sus planetarios”, respondieron a través de un comunicado conjunto: “Consideramos que la dinámica alcanzada en diciembre de 2015 en París es irreversible. (…) [Tenemos la] firme convicción de que el Acuerdo de París no puede ser renegociado, porque representa un instrumento vital (…) para el planeta, las sociedades y las economías del mundo”. Además, anunciaron que intensificarían sus esfuerzos para ayudar “a los países en desarrollo, especialmente los más pobres y los más afectados, a alcanzar las metas climáticas” (LN 2/6).

Sobre este punto, es necesario recordar que el acuerdo alcanzado en 2015 en Paris no es el primero, ya que en el año 1997 se firmó el protocolo de Kioto, en el que todos los países −excepto Estados Unidos y Canadá− ya se habían comprometido a la reducción de las emisiones de carbono. Este tratado, pese a ser ratificado por los congresos de todos los países, no logró disminuir los niveles de polución ambiental. El calentamiento global es una de las manifestaciones del enorme deterioro que siglos de capitalismo han generado en el planeta. Para comprender por qué −pese a los numerosos “acuerdos” y “compromisos” que las grandes potencias han impulsado para “remediar” los males que su propia lógica de desarrollo provoca− la destrucción de nuestras condiciones de existencia, lejos de reducirse, se incrementa a pasos agigantados, conviene recordar lo que señalaran Marx y Engels allá por el siglo XIX: “La producción capitalista sólo sabe desarrollar la técnica y la combinación del proceso social de producción socavando al mismo tiempo las dos fuentes originales de toda riqueza, la tierra y el hombre”. No es, entonces, desde el interés de esa burguesía que puede plantearse la resolución efectiva de la contradicción entre el hombre y la naturaleza.

Desde esta perspectiva, cobra sustancial relevancia la actitud del gobierno chino ante la salida de EEUU del acuerdo. De gira por Europa, el primer ministro chino Li Keqiang, aseguró a sus pares europeos que “China continuará cumpliendo sus compromisos con el acuerdo climático de París” (LN 2/6). De esta manera, China seguía mostrando su disposición a “llenar” el vacío de liderazgo global que genera la política de “repliegue” de EEUU en la era Trump. Dicho repliegue no es otra cosa que la expresión de la imposibilidad del imperialismo de construir un mínimo de hegemonía sobre el resto de las potencias, como ocurría otrora. Es decir, de que sea asumido su interés como el del conjunto de aquellas. La negativa yanqui de mantener al menos en los papeles los compromisos de París choca de lleno contra los crecientes niveles de preocupación mundial sobre el tema. En América Latina, el 77% de la población considera que es afectada por la contaminación. Pero incluso dentro de su propio país, el 41% de la población se considera afectada por el cambio climático (LN 28/5). Además de la creciente preocupación popular sobre este tema, las repercusiones que tuvo el abandono del tratado no sólo se dieron a escala global, sino también dentro de su propia frontera, como pasaremos a analizar a continuación.

Hay muchas formas de pelar al gato

Durante el mes que estamos analizando, las profundas fracturas que atraviesan al sistema político estadounidense encontraban nuevas oportunidades de salir a la luz. Veíamos en nuestro primer artículo como los alcaldes de 61 ciudades de EEUU, encabezados por el gobernador de California, desafiaban la decisión presidencial anunciando su disposición a cumplir las metas del Acuerdo de París: “Vamos a adoptar, honrar y mantener los compromisos con los objetivos consagrados en el Acuerdo de París. Intensificaremos los esfuerzos para cumplir con las metas climáticas de cada una de nuestras ciudades. El mundo no puede esperar, y nosotros no lo haremos” (LN 2/6).

Este desafío se sumaba a la verdadera guerra que las agencias de inteligencia vienen desarrollando también contra las políticas implementadas por el presidente estadounidense, muestra de la fractura expuesta entre los capitales concentrados planetarios e incluso entre los propios capitales estadounidenses que venimos analizando. Durante el mes de junio hubo un nuevo capítulo del escándalo denominado “Rusiagate”, ya que James Comey, el ex director del FBI despedido por el mandatario estadounidense, fue convocado a declarar por la Cámara de Representantes. En la declaración, acusó al presidente Trump de pretender un compromiso de lealtad personal que convirtiera al director del FBI en su lacayo político” (LN 9/6).

Independientemente de cuáles sean los intereses que se expresan en uno y otro bando, la agudización de la lucha facciosa al interior del aparato de Estado yanqui echa por tierra toda posibilidad de presentar a dicho aparato como encarnación del interés común de los ciudadanos estadounidenses. Allí radica precisamente el riesgo que esta crisis política encarna para los personeros del capital concentrado yanqui.

Lo propio sucedía con las políticas estadounidenses respecto de Cuba. Las “idas y vueltas” en tal sentido ponen una vez más en evidencia el estado de descomposición y pérdida de hegemonía yanqui. Desde el triunfo de la Revolución, el bloqueo económico hacia la Isla, lejos de torcer el rumbo socialista escogido por este pueblo, no hizo más que engrandecer la lucha encabezada por Fidel y elevar hasta el infinito la conciencia –y por tanto, el grado de organización− de la clase obrera y el pueblo cubano, poniendo de manifiesto el fracaso de la política de “aislamiento” propuesta por EEUU durante décadas. Por ello, bajo la administración Obama, se decidió cambiar de táctica −siempre con el objetivo de destruir el socialismo cubano−, realizando un proceso de “acercamiento” a la Isla. El cambio de política demostraba el fracaso estadounidense, por más maquillaje ideológico que se le buscaba poner, hablando de que la que cambiaba era Cuba. Lejos de esto, el pueblo cubano reafirmó su senda socialista, incluso luego de la muerte de su líder histórico.

Por lo tanto, ni el “bloqueo” ni el “acercamiento” pudieron torcer ese rumbo, frente a lo cual la administración Trump volvía a pegar un “volantazo”, anunciando la “marcha atrás” con el deshielo en las relaciones iniciado bajo el mandato de Obama. Las modificaciones implementadas implican que aquellos estadounidenses que viajen no podrán gastar dinero en hoteles o restaurantes que se encuentren bajo el control de empresas ligadas a las Fuerzas Armadas de Cuba. Del mismo modo, queda prohibido para las empresas –bajo pena de severas sanciones− establecer cualquier tipo de acuerdo comercial con firmas cubanas que estén vinculadas al sector militar cubano. “No queremos que Estados Unidos apoye un monopolio militar que explote y abuse de los ciudadanos de Cuba”, señalaba Trump al anunciar las medidas durante un acto en Miami. También aseguro que EEUU no levantará el bloque a la mayor de las Antillas a menos que el “régimen de Castro” convoque a elecciones libres, legalice los partidos políticos, libere a todos los prisioneros políticos y garantice la libertad de asamblea y de expresión (LN 17/6). Según una encuesta del Centro Pew, el 73% de los estadounidenses está en contra del embargo (LN 16/6).

El nuevo giro en falso de la política estadounidense respecto de Cuba no es más que un botón de muestra −frente a sus propias narices, es decir, apenas a 90 millas de la costa yanqui− del desconcierto en que se encuentran sumidos los grandes capitales estadounidenses, resultado de su incapacidad objetiva de seguir manteniendo su hegemonía planetaria.

Pero las cosas no andaban mucho mejor cruzando el Atlántico.

Las elecciones que tuvieron lugar en Gran Bretaña y Francia volvían a poner de manifiesto la imposibilidad de los capitales más concentrados de construir consenso a través de los mecanismos que históricamente desarrollaron con ese fin. La primera ministra británica Theresa May había convocado a elecciones anticipadas, buscando así fortalecer la posición de su país en las negociaciones con la UE para establecer las condiciones del “Brexit” votado el año pasado. Sin embargo, los resultados electorales se alejaron bastante de los planes de May: ninguno de los partidos logró la mayoría necesaria, dejando más golpeado al oficialismo, que perdió la mayoría absoluta en la Cámara de los Lores.

Como contrapartida, la elección consolidó el ascenso de Jeremy Corbyn, dirigente sindical y actual líder del Partido Laborista. Este histórico partido político, surgido al calor de las luchas y la organización obrera inglesa, durante las últimas cuatro décadas había abandonado su tradicional plataforma electoral, quitando de la misma cualquier propuesta de intervención estatal en la economía, de impuestos a las grandes corporaciones y acompañando incluso la política exterior británica de intervención militar junto a EEUU. Luego de los últimos fracasos electorales de esta política “centrista”, de cogobernar en los hechos con la derecha conservadora, hundido en una profunda crisis de representación y alejado de los reclamos populares, el Partido Laborista pasó a ser conducido por Corbyn, quien  ganó las internas basando su campaña en un “giro a la izquierda” y retorno a las bases.

Sus propuestas iban desde la nacionalización del servicio ferroviario y energético, impuestos para los ricos y las corporaciones, incremento en los presupuestos de salud, educación y vivienda, hasta la oposición abierta al dominio británico sobre nuestras Islas Malvinas, a la ocupación israelí del territorio palestino, a la intervención militar anglo-yanqui en Medio Oriente, etc.

Con este “giro a la izquierda”, todas las encuestas anunciaban prácticamente el fin del laborismo. Sin embargo, Corbyn fue la gran sorpresa, apoyándose fundamentalmente en el voto de los trabajadores desencantados con la política centrista del laborismo anterior y principalmente en el de los jóvenes. De hecho, en las elecciones de 2015 sólo un 45% de los menores de 35 años habían votado, mientras que en los actuales comicios lo hicieron entre un 65 y 70% de los integrantes del mismo grupo etario. “Inspiró a muchos jóvenes a los que les cayó muy bien como persona, como figura”, indicaba el matutino británico The Guardian. Así explicaba la crónica de nuestro matutino Página 12 el fenómeno juvenil y de militancia puerta por puerta: “Esta falta de fe existió hasta último momento. La mañana de las elecciones, mientras escribía una de las crónicas que iba a enviar para Página 12, tocaron a la puerta de mi casa. Era un joven laborista de unos 35 años para preguntarme si habíamos salido a votar. Se sabía: la participación electoral era fundamental en esta elección. Los laboristas estaban recorriendo todo el país puerta a puerta para asegurarse que sus posibles votantes fueran a las urnas. En medio de la conversación que siguió le pregunté qué pensaba que iba a suceder. Me dijo que el laborismo no se había recuperado de la derrota en 2015 en Escocia y, con una sonrisa resignada, añadió que rezaba para que los conservadores no los arrasaran. No los arrasaron: todo lo contrario. El laborismo ganó 32 nuevos escaños, se recuperó en Escocia y hasta triunfó en Kensington, un distrito londinense que los conservadores jamás habían perdido. De la noche a la mañana Corbyn se convirtió en un nuevo símbolo de una revitalizada izquierda de países desarrollados. Bernie Sanders en Estados Unidos, Jean-Luc Melenchon en Francia, el gobierno de izquierda en Portugal, Podemos y el nuevo líder de los socialistas españoles, Pedro Sánchez, son símbolos de esta nueva izquierda de un primer mundo con crecientes niveles de desigualdad y pobreza que no puede prometer a sus jóvenes el mismo futuro que habían tenido generaciones previas” (P12 11/7).

En la Cámara de los Comunes, los tories perdieron la frágil mayoría heredada del gobierno de James Cameron, pasando de 331 bancas a 318. Los laboristas, en tanto, sumaron 31 bancas y quedaron con 261. Los nacionalistas escoceses (SNP) perdieron más del 30% de su representación, ya que sólo sostuvieron 19 bancas de las 54 que tenían. Por su parte, el Partido por la Independencia (UKIP), de Nigel Farage, desapareció por completo, perdiendo en la elección la única banca que tenía (LN 10/6).

Ante este sombrío panorama político nada menos que en la cuna del capitalismo, el diario estadounidense The New York Times analizaba: “Antes considerado uno de los países políticamente más estables del mundo, con alternancia regular entre las mayorías de gobierno, ahora Gran Bretaña es cada vez más confusa e impredecible, tanto para sus aliados internacionales como para los propios británicos. (…) Un año después del referéndum en el que se decidieron a favor del Brexit y una semana antes del arranque de las negociaciones con Bruselas para concretarlo, Gran Bretaña tiene un gobierno débil, una primera ministra que es más bien un pato rengo, y no tiene una propuesta de negociación capaz de cosechar mayoría parlamentaria y menos aún consenso nacional” (reproducido en LN 13/6).

La “impredecibilidad” del escenario político británico que preocupa a los escribas del capital concentrado no es otra cosa que el quiebre de los mecanismos políticos a través de los cuales ese capital logró, durante décadas, construir consenso sobre sus intereses. La imposibilidad de “prever” hacia dónde se inclinarán los votantes es en verdad la imposibilidad de lograr que se inclinen hacia donde esos capitales necesitan, en un momento histórico signado además por la disputa entre grandes grupos económicos, que veíamos más arriba al analizar las fracturas al interior del Club Bilderberg.

Ese movimiento de las bases, que genera confusión a los intelectuales de la burguesía, no tiene sin embargo nada de irracional: expresa el creciente rechazo de las mayorías a la propuesta de los grandes capitales. Un rechazo que, todavía, no encuentra suficiente expresión por la positiva. Allí radica la importancia del ascenso del laborista Corbyn. Desde esta perspectiva, esas oscilaciones electorales que los grandes medios concentrados presentan como irracionales e impredecibles son la muestra palmaria de que las masas están siendo empujadas a buscar una alternativa a las propuestas de los capitales concentrados. Se trata de un movimiento objetivo, independiente de la voluntad o el deseo de los sujetos, aunque se exprese luego a través de las acciones que dichos sujetos realizan.

También en Francia se celebraron elecciones legislativas durante el mes de junio. En la primera vuelta, se registró un nivel récord de abstención: sólo el 51,2% de los 47,5 millones de inscriptos se presentaron a las urnas. El partido del flamante presidente Emmanuel Macron, La República en Marcha (LREM), obtuvo 32,2% de votos, cifra que dado el nivel de abstención, representa 7,7 millones de habitantes. Por su parte, Los Republicanos, de la derecha conservadora (LR), obtuvieron el 21,2% de los votos; mientras que el Frente Nacional (FN), de extrema derecha, se llevó el 13,9%, siete puntos menos que en la primera vuelta de las presidenciales. En cuarta posición se ubicó el movimiento Francia Insumisa, de Jean-Luc Mélenchon, con 11%; y el Partido Socialista (PS), que fue la fuerza política dominante en el Parlamento durante los últimos cinco años, sufrió la mayor derrota de su historia, al reunir apenas 10% (LN 12/6).

En la segunda vuelta, la abstención volvía a batir récords: esta vez, participó sólo el 42,6% del total de habilitados, es decir, 20 millones de franceses. El partido de Macron  se alzó con la victoria, obteniendo el 49,12% de los votos positivos (casi 9 millones), mientras que el Partido Los Republicano cosechaba el 26.95% de los votos. El voto en blanco o nulo alcanzó la cifra de 9,8% (1,8 millones de votos) (https://es.wikipedia.org/wiki/Elecciones_legislativas_de_Francia_de_2017). Por lo tanto, la suma de la enorme abstención más los votos en blanco y nulos muestra a las claras la falta de consenso con que arranca el nuevo gobierno, a pesar de que se lo intente presentar a Macron como la figura joven que revitalizará políticamente a Europa.

Tras conocerse los resultados, el presidente galo aseguraba: “Después de un mes, el presidente de la República encarna la confianza, la voluntad y la audacia. El gobierno ilustra una unidad radicalmente nueva” (CL 11/6). Sin embargo, las cifras citadas muestran que apenas un quinto de los ciudadanos en condiciones de votar brindaron su apoyo a la fuerza gobernante. De hecho, hay que remontarse hasta el año 1958 para encontrar niveles tan altos de abstención en el país galo. Nuevamente, tal como señalábamos al analizar los resultados en Gran Bretaña, el dato más contundente radica en la imposibilidad de los personeros políticos de los grandes capitales de construir consenso sobre sus intereses. Al parecer, la principal conclusión que los trabajadores y demás sectores populares franceses han sacado, tras los duros reveses sufridos en los últimos años, es que no hay en la oferta política existente una verdadera salida a sus problemas. Esta toma de conciencia respecto a lo que no va constituye un momento necesario, pero no suficiente, para la superación de esos intereses.

Te encanará un robocop sin ley

En el marco de esta profunda crisis política que sacude a las principales potencias imperialistas, tenían lugar justamente en Gran Bretaña una nueva serie de atentados terroristas. En los tres ataques ocurridos, fallecieron 30 personas y cientos resultaron heridas. Dos de ellos fueron en Londres y el tercero en Manchester, durante un recital en un estadio.

Los hechos motivaron una reunión de urgencia de la primera ministra May con el llamado “Gabinete Cobra”, en el que participan las cúpulas de la seguridad y la inteligencia británicas. Las conclusiones del encuentro resultan bastante transparentes sobre la relación entre crisis política y terrorismo: para enfrentar el terrorismo, Gran Bretaña necesita revisar la legislación antiterrorista y dar más poder a las fuerzas de seguridad en este ámbito (LN 5/6). En criollo: incrementar los niveles de represión interna. Por si acaso la treintena de muertos no fuera motivo suficiente para que la población acepte los niveles de coerción que la situación requiere, se revelaban algunos datos para convencer a los más escépticos: según revelaciones del periódico The Times, en Inglaterra viven actualmente alrededor de 23.000 extremistas jihadistas, de los cuales unos 3.000 están bajo investigación como posibles amenazas (RT 28/5). Theresa May señalaba al respecto: “Tenemos demasiada tolerancia con el terrorismo en este país. Las cosas tienen que cambiar; (…) es un ataque deliberado contra nuestra forma de pensar y de vivir. No permitiremos que nos paralice” (LN 5/6).

En tal sentido, las indicaciones que la policía difundió a la población tras el segunda atentado resultan bastante ilustrativas respecto a la funcionalidad del terror en tiempos de crisis de hegemonía. Lejos de los tradicionales llamados a la calma que las fuerzas públicas suelen lanzar en estos casos, la policía británica aconsejaba: “Corre a un lugar seguro, es mejor opción que negociar o rendirte. Escóndete, silencia tu teléfono, apaga la vibración, atrinchérate si puedes. Llama a la policía al 999 cuando sea seguro” (LN 4/6).

Un informe del Consorcio Nacional para el Estudio del Terrorismo de la Universidad de Maryland permite apreciar las dimensiones que ha cobrado este fenómeno: “Entre 2002 y 2016, más de 5.000 ataques terroristas perpetrados por grupos u organizaciones afiliadas o asimiladas a Estado Islámico (EI) provocaron la muerte de 35.000 personas. Es decir, el 26% del conjunto de víctimas causadas por el terrorismo en el planeta. Cerca de 12.000 individuos fueron secuestrados o usados como rehenes, lo que representa el 24% del total en el mismo período” (LN 28/5). De esta manera, tal como señalábamos a finales del 2015, al analizar una serie de atentados terroristas en Francia, queda de manifiesto que el terrorismo no es simplemente la política de los grandes capitales concentrados para continuar la expoliación de las periferias del orbe: es la forma cruda y dura que toman esos intereses en el ocaso de su dominio. Ellos son el terrorismo y no pueden ser otra cosa. No sólo en Medio Oriente o África, sino también en el corazón de las sociedades centrales.

Por ello, el contraste entre el no-futuro bajo el dominio de los grandes capitales −que proponen el encierro en el propio domicilio bajo cuatro llaves y esconder la cabeza como si esto fuera inevitable− y las esperanzas depositadas por la juventud trabajadora inglesa en el nuevo líder del partido laborista, que justamente apunta contra estos grandes capitales y sus personeros militares, resulta más que evidente.

¡En esta vieja cultura frita!

Precisamente porque la violencia es a esta altura la única vía por la cual esos grandes grupos económicos pueden intentar mantener un dominio que se les escurre entre los dedos, se convierte en el “hilo conductor” que une los acontecimientos a lo largo y ancho del globo. Desde esta perspectiva debemos entonces analizar el escenario político-militar de aquellos países que han constituido históricamente el sistema de alianzas del imperialismo.

En el caso de Israel, el Ministro de Vivienda y Construcción, Yoav Galant, presentaba un plan al parlamento para edificar 67.000 unidades de apartamentos en la Cisjordania ocupada ilegítimamente, con capacidad para que vivan allí 340 mil nuevos ocupantes israelíes. El primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, defendía la propuesta asegurando: “Tengo el derecho, después de décadas, de ser el primer premier en construir una nueva comunidad en Cisjordania. (…) Nadie será desarraigado de su hogar, estoy haciendo todo para proteger los asentamientos. Decidimos construir en todas partes de Cisjordania y estamos construyendo tanto dentro como fuera de los asentamientos” (HTV 8/6). Sin embargo, al repudio internacional que esta política de ocupación viene cosechando, se sumaba en esta ocasión la emergencia de una oposición interna. En la capital Tel Aviv tenía lugar un acto convocado bajo la consigna “Dos naciones una esperanza”, en la que unos 30 mil israelíes se manifestaron en contra de los 50 años de ocupación. Algunas de las consignas que se enarbolaban en protesta aseguraban que “cincuenta años es suficiente” y que “los judíos y árabes se niegan a ser enemigos” (HTV 28/5).

También al interior de las Fuerzas Armadas israelíes aparecen los signos de la inevitable descomposición que supone para una sociedad desarrollarse sobre la base de exterminar a otro pueblo. A finales de junio, unos 1.500 militares israelíes fueron dados de baja del Ejército, a raíz de una extraña enfermedad cutánea que no pudo ser curada. Sin embargo, después de análisis médicos detallados, resultó que se trataba de un montaje de los propios militares que habían tomado medicamentos que provocaban dichas erupciones cutáneas, con el fin de hacerse pasar por enfermos y librarse del servicio (http://spanish.almanar.com.lb/96285). Si bien la cifra resulta ínfima en comparación con los 240 mil soldados −entre activos y reservistas− que posee el ejército, el dato evidencia el estado de la moral de una de las tropas encargada de llevar adelante las políticas imperialistas en la región.

Por el lado de Arabia Saudita, otro histórico aliado estadounidense en la región, resulta significativo el endurecimiento de la represión interna. A finales de mayo, salía a la luz la utilización por parte del régimen de los Al Saud de armas prohibidas para reprimir a la población de origen chiita en la provincia Al-Sharquiya. Dicha provincia es escenario desde febrero del 2011 de marchas pacíficas en demanda de reformas políticas en el reino, libertad de expresión, liberación de los presos políticos y fin de las discriminaciones sectarias. La respuesta del gobierno ha sido la represión, que incluyó durante el mes de mayo −según los datos difundidos por diversos medios árabes− la utilización de la gasolina gelatinosa Napalm y las ametralladoras pesadas M2 contra las zonas residenciales, ambas incluidas en la lista de armas prohibidas por la ONU (HTV 27/5).

Sin embargo, el hecho más aleccionador en lo que a quiebre del sistema de alianzas refiere lo constituye la llamada “crisis diplomática” entre Qatar, por un lado, y Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Bahréin, por el otro. Veamos los hechos.

A mediados del mes de junio, estos últimos anunciaban el quiebre diplomático con Qatar y la suspensión de todo tipo de contacto terrestre y aéreo. Arabia Saudita justificó la medida en la necesidad de protegerse del terrorismo, acusando a Doha de ser aliado de Irán y financiar el terrorismo (LN 5 y 6/6). Qatar también quedó expulsado de la coalición militar liderada por Arabia Saudita que interviene hace más de dos años en el conflicto en Yemen para apoyar al gobierno pro-imperialista de Abd Rabo Mansur, en su lucha contra los rebeldes hutíes, un grupo de milicias chiitas que ha tomado el control de las principales ciudades del país. Por su parte, Qatar rechazó la decisión “injustificada” y “sin fundamento”, denunciando que el objetivo es asfixiarlo económicamente.

En este marco, el secretario de Estado yanqui, Rex Tillerson, señalaba: “Estados Unidos cree que es importante que el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) −integrado por Bahréin, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos− se mantenga intacto” (LN 6/6). ¿Cómo se explica esto? Qatar es también aliado de Washington. Al sur de la capital qatarí, Doha, se encuentra la mayor base militar del ejército estadounidense en el mundo árabe, que alberga a más de 10.000 militares (LN 6/6). Por lo que, en plena crisis entre sus socios, la Casa Blanca anunciaba un acuerdo para vender a Qatar 35 aviones F-15 (CR 16/6) y enviaba dos buques de guerra para realizar entrenamientos conjuntos con el pequeño país árabe (RT 15/6). Claro que esta venta de armas no la hace posicionándose en favor de Doha. Recordemos que el mes anterior analizamos los acuerdos armamentísticos firmados entre el gobierno de Trump y Arabia Saudita por montos que alcanzan los 110.000 millones de dólares. Por lo que el cruce y la fractura de intereses es cada vez más visible.

En este sentido, resultan significativas las declaraciones del vicejefe del Estado Mayor de Irán, Hamid Aboutalebi: “Ésta es quizá la primera brecha en la coalición (contra Irán) y quizás el primer resultado de la danza de espadas en Riad” (LN 6/6), aludiendo a la reunión que apenas 15 días antes había tenido lugar en Riad entre el presidente estadounidense Trump y los mandatarios de las petromonarquías del Golfo –incluída Qatar−, que analizaremos más adelante.

Por su parte, el gobierno de Qatar iniciaba en respuesta una movilización de tropas hacia la frontera (HTV 12/6), al tiempo que anunciaba su disposición a acercarse a Irán. Según declaraciones del propio emir qatarí, su país “está dispuesto a desarrollar todo el conjunto de relaciones con Irán y a colaborar para resolver los problemas del mundo islámico que vive una situación complicada” (TS 26/6).

De esta manera, cada vez resulta más evidente que la única estrategia que pueden intentar los capitales hiper- concentrados yanquis es la exacerbación de las contradicciones, aún entre sus socios. Dicha estrategia está, sin embargo, condicionada por una situación previa, independiente de la voluntad de cualquier estratega. La exacerbación del “todos contra todos” tiene, como base material, la imposibilidad de que el conjunto de capitales existentes se reproduzca a escala ampliada. Cuando decimos, entonces, que el imperialismo yanqui agudiza las contradicciones existentes al interior de las sociedades que necesita dominar, no estamos diciendo que “elija libremente” esta estrategia porque sea más provechosa que la constitución de gobiernos aliados que actúen como tentáculos suyos. Es ante la imposibilidad objetiva de emprender dicha empresa que los grupos económicos, con su accionar, caotizan todo. Son ellos mismos la encarnación del caos. De allí que les resulte imposible modificar la táctica, ante las sucesivas derrotas que sufren.

En esta misma línea de la fractura del sistema de alianzas del imperialismo, venimos analizando mes tras mes el papel de Turquía. En los últimos meses Turquía se ha integrado a las fuerzas encabezadas por Rusia en la búsqueda por finalizar el conflicto en Siria. Y si bien no coordina sus actividades militares, en lo político no juega con la coalición encabezada por EEUU y forma parte de la mesa negociadora de paz instalada en Astaná que intenta ponerle fin al conflicto. A finales de mayo, EEUU acordó la entrega de armas a las milicias kurdas que actúan en Siria, hecho que ha tensionado aún más la relación con el gobierno turco, ya que estas fuerzas son consideradas terroristas por aquel. Más de 100 camiones cargados de armamento y municiones estadounidenses, entre ellos morteros pesados y misiles antitanque, han llegado a la ciudad siria de Hasakah (en el norte del país), controlada por los kurdos. Ante esto, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, pidió a EEUU que anulara “inmediatamente” la entrega de armas, declarando que es inaceptable que un aliado de la OTAN apoye a “grupos terroristas” (RT 25/5).

Yéndonos hacia el Lejano Oriente, la situación de Corea del Sur también permite observar la creciente imposibilidad de compatibilizar las necesidades del imperialismo con algo al menos parecido a la gobernabilidad. Recordemos que Estados Unidos contaba en Corea del Sur con el apoyo cuasi incondicional del gobierno conservador encabezado por la primera ministra Park. La ex mandataria acordó con Washington  el establecimiento en el país del escudo anti misiles THADD (siglas en inglés de “Sistema de Defensa Terminal de Área a Gran Altitud”), con el supuesto fin de defender a Seúl de un posible ataque de Corea del Norte. Sin embargo, la acérrima aliada de Estados Unidos fue destituida por un caso de tráfico de influencias que la involucraba con el presidente de la multinacional Samsung. Las elecciones llevaron a la presidencia a Moon Jae-in, quien durante la campaña había asegurado que su país debía aprender a decir “no” a Washington.

Durante el mes que estamos analizando, Yoon Young-Chan, portavoz del flamante presidente surcoreano, señalaba que EEUU había avanzado de forma unilateral con el despliegue del sistema de defensa, sin informar al nuevo gobierno la localización de las baterías desplegadas (RT 30/5). De esta manera, quedaba en evidencia que el Tío Sam no está en condiciones de acordar con sus socios de Seúl las condiciones del despliegue del THADD, mucho menos cuando Corea del Sur insinúa la posibilidad de decir “no”.

Vas apartando a golpes tus dolores

Esta profunda crisis política que se expresa tanto en la crisis de la democracia representativa en las potencias imperialistas como en el quiebre de su sistema de alianzas, empuja a los grandes grupos económicos a la escalada bélica. Claro que, como pasaremos a ver a continuación, dado que la guerra no es otra cosa que la continuación de la política por otros medios, dicha escalada no escapa tampoco a los efectos de la crisis.

En Afganistán, país que los EEUU ocupan militarmente desde el 2001, tenían lugar en junio 3 atentados en Kabul –capital afgana−, con un saldo de más de 100 muertos y 300 heridos. Uno de los atentados ocurrió en la zona militarizada de la ciudad donde se ubican las embajadas, resultando dañada la sede diplomática de Alemania (LN 1/6 y HTV 3/6). A su vez, el parlamentario afgano Hazrat Ali, uno de los jefes militares que ayudó a las fuerzas estadounidenses a arrebatar el conjunto de cuevas fortificadas de Tora Bora a los terroristas de Al-Qaeda en 2001, denunciaba que el lanzamiento por parte de Washington de su bomba no nuclear más potente, conocida como “madre de todas las bombas” (MOAB), había facilitado al grupo terrorista Estado Islámico (EI) adueñarse de la zona (HTV 15/6). Al respecto de la situación general en Afganistán, el propio secretario estadounidense de Defensa James Mattis admitía el fracaso de la intervención: “No estamos ganando en Afganistán ahora mismo. Corregiremos esto lo más rápido posible” (HTV 13/6).

Por su parte, en Siria, los estadounidenses intentan demostrar que de las arenas movedizas se sale caminando. A los determinantes avances del ejército sirio en todos los frentes se le intenta poner freno con bombardeos a sus posiciones por parte de la coalición liderada por EEUU, que parece menos preocupada que nunca por aparentar una lucha contra el EI, e interviene directamente contra las tropas sirias. En junio, a los numerosos bombardeos contra las FFAA de la República Árabe Siria, que incluyó un ataque con misiles balísticos de clase Tomahawk, se producía una nueva escalada, con el derribo por parte de la Fuerza Aérea yanqui de un avión de combate sirio y un dron. El hecho motivaba una fuerte respuesta no sólo de Siria, sino también de Rusia, cuyo Ministerio de Defensa anunciaba la cancelación del acuerdo de entendimiento con EEUU para evitar accidentes aéreos. A través de un comunicado, dicho Ministerio advertía que “cualquier aparato aéreo, incluyendo los aviones y los drones de la coalición internacional detectados al oeste del Éufrates, en las áreas de Siria en que la aviación rusa cumple sus misiones de combate, será seguido desde la tierra y el aire en calidad de blanco por sistemas rusos de defensa antiaérea” (HTV 19/6). Claramente, con cada paso que las fuerzas imperialistas dan en el teatro de operaciones, sólo consiguen cohesionar más a las fuerzas que se le oponen.

También en Irak, EEUU mantiene su presencia militar so pretexto de colaborar en la contraofensiva del gobierno chií para derrotar al terrorista EI. Sin embargo, tras 9 meses de asedio a la ciudad de Mosul, último gran bastión del grupo terrorista en el país, la coalición yanqui no logra adueñarse por completo de la ciudad y expulsar a los terroristas. De hecho, según una auditoría desclasificada del Departamento de Defensa de EEUU, Washington “desconoce” el paradero de armas, municiones y equipo por mil millones de dólares suministrados al Ejército de Irak.  Los cálculos fueron realizados en septiembre de 2016 y se han hecho públicos por solicitud de la ONG Amnistía Internacional. Según la auditoría, la autoridad del Primer Comando Logístico “no tenía controles eficaces para mantener la completa visibilidad y responsabilidad del equipamiento bélico en Kuwait e Irak antes de transferirse al Gobierno de Irak”. El informe de Amnistía Internacional se ocupa de “develar” el destino del armamento extraviado, al señalar “la larga historia de fugas de armas estadounidenses a múltiples grupos armados que cometen atrocidades en Irak” (RT 25/5).

La última “perlita” yanqui en el escenario iraquí sería develada nada menos que por Israel. Según el ex ministro israelí del interior Gideon Sa’ar, el presidente de la región semi-autónoma del Kurdistán iraquí, Masud Barzani, planea lograr la independencia de Bagdad, gracias al apoyo del presidente Trump. De hecho, los kurdos iraquíes  han convocado un referéndum independentista para el próximo 25 de septiembre (HTV 12/6). Con respecto a esto hay que tener en cuenta que si bien los kurdos son una nación, el apoyo de EEUU y sus aliados en Medio Oriente a la independencia de esta región iraquí no responde a que estos países apoyan la autodeterminación de los pueblos, sino que les resulta funcional la “balcanización” de este sub-continente, para que cada fracción sea más débil y así más fácil de subordinar a sus intereses.

Precisamente por ello, cobran especial relevancia los avances en pos de la unidad de todas las fuerzas que luchan en la región contra la intervención imperialista bajo la forma de terrorismo. Durante el mes que estamos analizando, los avances militares de dichas fuerzas lograban restablecer el control en la última cadena de aldeas iraquíes cerca de la frontera siria que se encontraba bajo poder de los terroristas. De esta manera, por primera vez desde iniciada la guerra en Siria, las fuerzas encabezadas por Siria, Irán y Rusia, lograban restablecer la comunicación por tierra entre Teherán y el país gobernado por Bashar Al Assad (HTV 13/06). Esto quiere decir que ante los intentos de intensificar la guerra y desmembrar los países de Medio Oriente por parte de la coalición, estos responden también en cierto sentido “rompiendo” sus fronteras, pero en pos unir fuerzas para garantizar la soberanía y la autodeterminación de los pueblos de la región. Menuda contradicción el que las acciones del adalid mundial en la lucha contra el terrorismo terminen siempre reforzando las posiciones del Estado Islámico, mientras que la de sus supuestos financistas sean las que logran detener su avance.

Respecto de la creciente cohesión anti-imperialista, el senador estadounidense Richard Black aseguraba que “en este momento, yo diría que si se pudieran celebrar elecciones en Siria, (…) el presidente Al-Asad probablemente sería reelegido con un 90% de los votos y esto incluye también las áreas ocupadas por los terroristas”. En particular, el senador destacaba el “apoyo total” de los sirios al presidente Al-Asad y la primera dama, Asma al-Asad: “Son personas totalmente abnegadas. (…) A diferencia de muchos líderes del mundo, no son codiciosos, no acaparan la riqueza nacional y se están sacrificando por el futuro de su nación, así que el pueblo los ama”. De igual manera, prosiguió, existe una “unidad total” en el Ejército sirio, así como entre la población con distintas creencias religiosas del país. “Todos están luchando juntos para mantener Siria” (HTV 20/6). Es precisamente dicha unidad en la defensa de la soberanía y la autodeterminación lo que se expresa, luego, en superioridad militar.

Así, vas a ser el más premiado de la morgue

Hemos señalado más arriba que la única vía por la cual el imperialismo puede intentar mantener su dominio es la militar. Por ello que, pese al empantanamiento que sufre en los distintos escenarios bélicos abiertos, debe enfilar sus fuerzas contra el eje Rusia-China-Irán, que encabezan el proceso de transición en ciernes.

Durante el mes que estamos analizando, el presidente estadounidense Donald Trump viajaba a Arabia Saudita para participar de una cumbre junto a sus aliados árabes en la región. Allí, Trump aprovechó para sacar a relucir toda su retórica anti-iraní, instando a “todas las naciones conscientes a trabajar juntas con el fin de aislar” a la República Islámica (RT 25/5). En simultáneo, mientras el presidente se encontraba en Arabia, el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de EEUU aprobaba con 18 votos contra 3 el bloqueo inmediato de los bienes de cualquier persona o entidad involucrada en actividades específicas que violen el embargo de armas de las Naciones Unidas sobre Irán (HTV 25/5), tratando de ahogar económicamente a la nación persa.

En esta nueva escalada del presidente estadounidense contra Irán –que como veíamos al inicio de este artículo, se convirtió en punto de conflicto al interior del Club Bilderberg−, un grupo terrorista vinculado al EI realizaba un atentado en el parlamento del país persa, dejando un saldo de 17 muertos. Según la información difundida por el ministro de Inteligencia de Irán, Mahmud Alavi, los atacantes “participaron en los crímenes de EI en Mosul y Raqa”. Al mismo tiempo, el funcionario iraní aseguraba no tener dudas respecto al “apoyo de Arabia Saudita a los movimientos terroristas en el mundo”, expresando que “la huella” de Riad en Siria e Irak es “evidente” (LN 9/6).

La respuesta por parte del gobierno revolucionario no se hizo esperar: a una semana del atentado, la División Aeroespacial del Cuerpo de los Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) disparaba desde suelo patrio seis misiles balísticos contra posiciones del grupo terrorista EI en Deir al-Zur, al este de Siria (HTV 19/6). Tras el lanzamiento, el ministro de Inteligencia iraní, Alavi, señalaba que “es natural que EEUU e Israel estén preocupados y nerviosos por nuestra producción de misiles, pruebas de misiles, (…) ya que como siempre quieren que la nación iraní esté en una posición de debilidad. (…) Nunca nos olvidamos que EEUU apoyó al régimen baasista (del dictador iraquí Saddam Husein) en la guerra contra Irán, atacó a nuestro avión de pasajeros, respaldó a Muyahidín Jalq (acrónimo inglés del MKO, la organización terrorista implicada en la matanza de 17 mil iraníes), es el creador de Daesh (acrónimo árabe del grupo terrorista EIIL) e impulsor de la guerra en Siria, Yemen e Irak” (HTV 25/5). De esta manera, Alavi expresaba  el verdadero origen del programa de misiles iraní: se trata de la profunda conciencia del pueblo persa respecto de quién es el enemigo al que enfrenta y cómo ha actuado este a lo largo de su historia.

Por su parte, la OTAN continuaba estrechando el cerco militar sobre Rusia, aún en medio de las profundas tensiones que, como hemos visto, enfrentan los socios. A fines de mayo, la Alianza iniciaba en diferentes países del sureste europeo ejercicios militares a gran escala, denominados Noble Jump (Noble Salto), con la participación de unos 4.000 soldados y 500 vehículos militares. Los soldados y vehículos que participaron provenían de las bases del Reino Unido, Alemania, Países Bajos, España, Polonia, Noruega y Albania. A su vez, el Departamento de Defensa de EEUU anunciaba que antes de fin de año tendrían lugar en Bulgaria y Grecia los ejercicios masivos de la Alianza denominados BALTOPS, con la participación de unos 9.000 efectivos, ocho aviones de combate F-16, cuatro aviones cisterna KC-135 Stratotankers y unos tres aviones de espionaje AWACS E-3 de la Fuerza Aérea estadounidense, a los que se sumarán militares de otros 14 miembros de la OTAN (HTV 1/6).

En este marco, el Departamento de Defensa estadounidense solicitaba al parlamento del país un aumento del presupuesto militar, con el fin de destinar casi 5 mil millones de dólares en la lucha contra Rusia. Dentro de esta cantidad se contempla una partida específica para la enseñanza de la lengua rusa, según divulgó la agencia de noticias rusa Sputnik: “El Pentágono ha empleado instructores para enseñar a un grupo de fuerzas especiales de la Guardia Nacional de EEUU acerca de la ‘terminología militar rusa’, así como la historia, la cultura, las tradiciones y las costumbres del pueblo ruso” (HTV 25/5).

Como no podía ser de otra manera, los intentos estadounidenses de profundizar el cerco a Rusia también se convertirían en ocasión propicia para que emerjan las tensiones con sus socios europeos. En junio, EEUU establecía nuevas sanciones contra Moscú por el conflicto con Ucrania, centralmente, contra empresas del sector energético. “Estas designaciones mantendrán la presión sobre Rusia para trabajar hacia una solución diplomática”, señalaba el secretario estadounidense del Tesoro, Steve Mnuchin (HTV 20/6). Sin embargo, los anuncios provocaron críticas por parte de Alemania y Austria. Las mismas llegaron a través de una declaración conjunta del ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, Sigmar Gabriel y el canciller de Austria, Christian Kern, en la que destacaron que la medida contradice las normas internacionales y amenazan la independencia energética de Europa. “La selección de los proveedores de energía en Europa es competencia de la Unión Europea y no de EEUU”, señala el documento (RT 15/6). Estas declaraciones no implican que Europa no esté dispuesta a ir contra Rusia, sino que la avanzada bajo dirección estadounidense, no sólo constituye un ataque a Rusia, sino a la matriz energética de los capitales alemanes.

Para finalizar, nos resta analizar el desarrollo de la escalada bélica en la región de Asia-Pacífico. En el marco de la agudización de la tensión en la península de Corea que analizábamos el mes pasado, EEUU enviaba un tercer portaaviones a la región, el USS Nimitz (RT 27/5). Algunos datos pueden ayudarnos a dimensionar el tamaño de la amenaza: dicha nave tiene capacidad para transportar 70 aeronaves de combate, además de contar con submarinos nucleares de la clase Ohio.

En este escenario, Corea del Norte realizaba dos nuevos ensayos de misiles balísticos (LN 30/5 y HTV 17/6) a la vez que iniciaba  la producción en masa de nuevas baterías SAM (siglas en ingles de Sistema Antiaéreo de Misiles) así como también del misil Pukguksong-2, capaz de llegar a Japón y a las bases militares estadounidenses (HTV 23/5).

El despliegue militar yanqui en el Pacífico, sin embargo, no se dirigió exclusivamente contra Corea del Norte. Un buque de guerra de EEUU navegó a 12 millas náuticas de una isla artificial construida por Pekín en el Mar de China meridional, en el primer desafío de este tipo desde que Donald Trump asumió la presidencia. Funcionarios de la Casa Blanca dijeron que el USS Dewey se desplazó cerca del arrecife Mischief en las islas Spratly, entre una cadena de islotes sobre los cuales China tiene disputas territoriales con sus vecinos (LN 26/5).  Apenas dos días más tarde, dos cazas chinos interceptaban un avión de reconocimiento estadounidense P-3 Orion, que volaba a unos 240 kilómetros al sureste de Hong Kong (RT 28/5). A raíz del incidente, el Ministerio de Defensa chino llamaba a Washington a finalizar las “actividades provocativas” en las aguas del  mar de la China Meridional, advirtiendo a través de un comunicado que “las Fuerzas Armadas chinas desempeñarán sus funciones de manera responsable y determinadamente salvaguardarán la soberanía y la seguridad nacional” (RT 28/5).

Refiriéndose a la escalada de tensiones en la península de Corea, el secretario de Defensa estadounidense James Mattis aseguraba que se desatará “una guerra catastrófica si al final hay combate, en caso de que no seamos capaces de resolver la situación por la vía diplomática”. Según Mattis, Washington no puede esperar a que Pyongyang “tenga un misil balístico intercontinental con un arma nuclear” (RT 28/5).

Estas declaraciones exponen, de forma contundente, las tareas de la hora. A sabiendas de que se dirige a un escenario catastrófico, la encarnación del capital más concentrado no puede, sin embargo, más que acelerar la marcha hacia el abismo. El único camino posible para superar los enormes riesgos que amenazan el futuro de la humanidad radica, entonces, en subordinar el enorme grado de desarrollo de las fuerzas productivas al bien común. Como los hechos analizados dejan en evidencia, dicha empresa no puede ser resuelta por la clase que ha conducido los destinos de la humanidad en los últimos siglos, dejándonos al borde del abismo. Los esfuerzos del eje China-Rusia-Irán en pos de detener la intentona bélica del imperialismo constituyen entonces la manifestación en el plano militar de la necesidad de dejar atrás la era del dominio de la burguesía. Pasemos a analizar cómo se preparan los trabajadores y pueblos de Nuestramérica para esa batalla.



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