Revista Mensual | Número: Agosto de 2017
Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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Despedazado en mil pedazos

La parte europea del león
La esencia del problema
Aikido, las fuerzas de la humanidad en su propio favor
Filosofía oriental
De cabeza de ratón a cola de dragón


Sin consenso en el G-20: continuidad de la fractura en el bloque imperialista

Despedazado en mil pedazos

“Lo que me mata es la voracidad”

(Blanca Flor, rock leudante)

 

Tal como sucediera durante la Cumbre del G-7 analizada en nuestra pasada entrega, la reunión de los países del G-20 durante el mes de julio, ocurrida en Hamburgo, no pudo ocultar la fractura del bloque EEUU-UE, agudizada tras la salida del gobierno de Trump del Acuerdo de París.

El portazo de EEUU tras la reunión del G-7 había empujado a los líderes de Alemania y Francia, Ángela Merkel y Emmanuel Macron, respectivamente, a apresurar un “diálogo intenso” con Donald Trump previo a la cumbre del G-20. El objetivo era conciliar un documento final conjunto como muestra de “unidad” del bloque, aunque sin resignar la preeminencia de los acuerdos globales por sobre las posiciones nacionales (DW 29/6). Así, durante el encuentro, la canciller alemana instó sin tapujos a los representantes de los países asistentes a profundizar la globalización: “Necesitamos el acuerdo de protección climática, mercados abiertos y mejores acuerdos comerciales en los que se defiendan los estándares de protección del consumidor, sociales y medioambientales (CR 3/7). La posición de Alemania y Francia estuvo acompañada por la debilitada premier británica Theresa May que, a pesar de encontrarse en plena negociación del Brexit, mostraba atisbos de unidad con la posición europea: “No estamos renegociando el acuerdo, eso se queda, pero me gustaría que Estados Unidos vea formas de unirse”, sentenciaba (LN 8/7). Ya finalizada la cumbre, Macron afirmaba, tras su encuentro con Trump, que “el presidente comprendió el sentido de la iniciativa, sobre todo el lazo que existe entre calentamiento climático y terrorismo. Me dijo que tratará de hallar una solución en los próximos meses. Hablamos en detalle de lo que podría permitirle dar marcha atrás en el Acuerdo de París (...). Pienso que también vio [en su país] la movilización de muchas ciudades, estados, del mundo de los negocios e incluso de su propio entorno para que Estados Unidos siga comprometido en la lucha contra el calentamiento (LN 17/7).

Lo que resulta cada vez más evidente, tras cada Cumbre, es el desmoronamiento de la hegemonía que supo ostentar, desde la Segunda Guerra Mundial, el bloque EEUU-UE sobre el resto del mundo. Como analizamos mes a mes, y veremos en el próximo artículo, el andamiaje político, jurídico e ideológico sobre el que se construyó el poderío global se derrumba como un castillo de naipes, en tanto los cimientos económicos se corroen aceleradamente desde el estallido de la última gran crisis en 2008. No hay base para sostener acuerdos, porque la base de los mismos, la riqueza socialmente producida, tiende a achicarse en la medida en que se achica el tiempo socialmente necesario para producir esos valores. Por lo tanto, no alcanza para todos. Algunos de los comensales deben pasar a ser plato principal.

A su vez, el carácter de la producción es cada día más social, profundizando la inter-dependencia y agudizando las contradicciones entre las diferentes “naciones aliadas”.

En este sentido lo advertía, desde las propias páginas del Financial Times, Martin Wolf, quién auguraba: “Debemos tener cuidado con la profecía auto cumplida de un choque de civilizaciones, no sólo porque es falsa, sino porque tenemos que cooperar. El ideal de una comunidad global no es algo fantasioso. Refleja la realidad actual. La tecnología y el desarrollo económico han convertido a los seres humanos en dueños del planeta que son dependientes los unos de los otros. La interdependencia no se detiene en las fronteras nacionales (…). Los asuntos de la humanidad están actualmente demasiado entrelazados, y su impacto es demasiado profundo como para ser el subproducto de una toma de decisiones puramente nacional. El populismo (tanto de izquierda como de derecha) es una consecuencia natural de la alta desigualdad. Si es así, es posible que Trump no sea una anomalía temporal (CR 17/7).

Acierta Wolf al advertir que el grado de socialización de la producción alcanzado a escala global por el conjunto de la humanidad es una fuerza irrefrenable e imposible de detener por cualquier medida de orden administrativo que pretenda tomar gobierno alguno sobre la faz de la tierra. En este sentido, la comunidad global es real; sin embargo, la cooperación que pretende Wolf es imposible bajo el sistema capitalista; más real bajo este contexto es el choque civilizatorio, entre la minoría de apropiadores y la masa de expropiados. El corolario de este proceso es la profundización acelerada de la desigualdad. Así, la lucha y el “populismo” no son más que expresiones de esta resistencia y de la incipiente organización de los desposeídos que pelean por evitar su desaparición.

Cuando el editorialista británico sostiene que “la tecnología y el desarrollo económico han convertido a los seres humanos en dueños del planeta que son dependientes los unos de los otros equipara a todos los seres humanos, negando así que las grandes corporaciones se han arrogado la propiedad del planeta y de todas las fuerzas vivas de la producción para asegurar sólo su propia reproducción. En última instancia, la decadencia del bloque occidental responde a que EEUU ha abandonado definitivamente el barco hundido, para buscar la “salida” individual, mientras Europa se desespera por mantener el bote a flote y evitar que otros se escapen, sin acusar recibo de que el agua ya les ha llegado al cuello.

En las antípodas de esta posición se encuentra China. Previo a la cumbre del G-20, durante la inauguración de la Reunión Anual de Nuevos Campeones 2017, hacia finales de junio, Li Keqiang, primer ministro chino, afirmaba una vez más la necesidad de profundizar la globalización pero dando saltos hacia un crecimiento mundial bajo el principio “ganar-ganar”, contrario a la competencia: “los problemas que afrontan distintos países no se deben a la propia globalización, sino a la incapacidad de abordarla (…). Los países, basándose en el principio de consulta equitativa, entendimiento y adaptación mutuos, así como el tratamiento equitativo sin discriminación, deben buscar intereses convergentes y complementar las ventajas del otro para alcanzar un resultado en el que todos ganen” (XH 28/6).

Las declaraciones de Li siguieron la línea planteada por el presidente Xi Jinping en Davos, cuando aseguró que China estaba preparada para sostener el orden económico mundial a pesar de la retórica proteccionista estadounidense: “algunas personas culpan a la globalización económica por el caos de nuestro mundo” (CR 3/7). Con claridad, China advirtió también en el G-20 que los acuerdos globales superan las posibles limitantes nacionales, haciendo énfasis en la imposibilidad de abandonar la lucha contra el cambio climático: “El Acuerdo de París sobre el cambio climático es un consenso importante que no se logra en forma fácil y no debe darse por perdido fácilmente” (LN 8/7).

Una vez más China, al igual que Rusia, advierte cómo la socialización de la producción a escala global debe superar la competencia y convertirse en instancia de complementariedad, integración y cooperación, es decir, pasar de ser organizada por las “fuerzas del mercado” a organizarse en función de las necesidades del conjunto de la humanidad. Mientras Wolf plantea una cooperación per-se y Europa busca desesperadamente que nadie más abandone los consensos, desde la parte oriental del mundo, con China a la cabeza, se ensayan con firmeza las bases de nuevos consensos. Como veremos, los cimientos sobre los cuales puedan construirse nuevos acuerdos globales, sostenibles políticamente y viables en consonancia con la naturaleza, serán indefectiblemente en base a la cooperación y la planificación de la producción global.

La parte europea del león

Este divorcio en el bloque occidental se consolidó a lo largo del mes de julio dejando a EEUU aún más aislado de sus socios históricos y también de sus mercados. En este sentido, previo al conclave de Hamburgo, el primer ministro de Japón Shinzo Abe planteaba: “Japón y la UE van a demostrar la firme voluntad política de agitar la bandera del libre comercio (DW 7/7). De materializarse esta decisión, el mercado japonés quedaría “abierto” a Europa a cambio de la exportación de autos, incrementándose, según estimaciones, en un 30% las exportaciones de la UE a Japón, fundamentalmente por la venta de maquinarias y equipos eléctricos de punta (DW 7/7). Siguiendo esta línea, Shinzo Abe junto con los restantes 11 países que conforman el Tratado Trans-Pacifico (TTP) se reunieron durante julio y determinaron continuar con el pacto tras la salida de EEUU, manteniendo las reglas para la apertura de los mercados nacionales incluidos en el acuerdo original (CD 13/7).

En igual sentido, el Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA) entre la UE y Canadá logró su aprobación en la Cámara de Diputados de España con los votos de los parlamentarios de los grupos de la derecha: Partido Popular, Ciudadanos, el Partido de Cataluña y el Partido Nacionalista Vasco. Según la Comisión Europea, el CETA incrementará el comercio bilateral en un 20% y reportará a la economía europea unos 12.000 millones de euros anuales y 8.000 a la de Canadá. El efecto “colateral” es que de esta manera se “ahorrarán” 400 millones de euros en las transacciones, es decir, que los estados dejaran de recaudar ese monto en forma de impuestos (RT 29/6 y HTV 5/7). Además, la UE selló este mes un acuerdo con los países del Mercosur (al que Brasil y la Argentina representan en el G-20) y buscó ampliar el que tiene con México.

Ahora bien, no sólo la fractura de EEUU es con respecto a sus aliados tradicionales, sino que la política de la administración Trump ha generado fisuras en su interior, abriendo grietas entre los estados federales y el gobierno central. En este sentido, ante la posible renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el premier de Canadá se acercó a los gobernadores “díscolos” de EEUU, con Jerry Brown de California (6ta economía del mundo) a la cabeza:“A veces hacer lo correcto significa negarse a tomar atajos políticamente tentadores (…). Más obstáculos al comercio, más exigencias de contenido local, más acceso preferente para los actores locales en la contratación pública, por ejemplo, no ayuda a las familias trabajadoras en el largo plazo, ni siquiera a mediano plazo. Estas políticas matan el crecimiento”, les tendió una mano el premier canadiense Justin Trudeau (CD 14/7).

La esencia del problema

Como vimos, la esencia de la crisis y la imposibilidad de sostener los acuerdos bajo la competencia capitalista radican en la tendencia a la producción de cada vez más mercancías conteniendo menos tiempo socialmente necesario de trabajo, es decir, menos valor, y por lo tanto menos riqueza social para repartirse entre los grandes capitales. Analizamos el mes pasado cómo el vertiginoso desarrollo tecnológico resultado de la competencia capitalista ha dado un salto abismal en las últimas dos décadas a partir de la digitalización de los procesos productivos y su localización en “la nube”. En este sentido, veíamos cómo el eslabón tecnológico de las cadenas de producción organiza al resto, en tanto controla el conocimiento e información estratégica. Esto le permite apropiarse de mayores márgenes de la riqueza globalmente producida y, en consecuencia, subordinar al resto de los eslabones de la cadena. Ahora bien, sabemos que los grandes monopolios hoy consignan en su interior una amplia variedad de empresas, es decir, son conglomerados económicos que intervienen en diversas ramas de la producción y distribución de mercancías, controlando a su vez el financiamiento de las mismas. Esta diversidad implica que al interior de cada uno de estos grupos económicos trasnacionales conviven ramas con diverso grado de desarrollo tecnológico.

De esta forma, la competencia en el mercado, que permite la absorción de valor producido en industrias con menor desarrollo que el propio, tanto del mismo producto como de otros, desplegándose al interior de cada rama pero también entre el conjunto de las ramas de la producción, se encuentra subordinada al mismo tiempo a la disputa entre estos grandes “pulpos económicos”, 147 corporaciones trasnacionales –en constante proceso de fusión, concentración y centralización– que se disputan en forma feroz el conjuto de los mercados en todos los puntos del orbe.

En esta disputa, el control de la tecnología 4.0 resulta fundamental. Tal cual lo exhibe un informe de la consultora PwC, las empresas tecnológicas fueron las de mayor crecimiento en el mercado mundial entre marzo 2016 y el mismo mes del 2017, con un 12% de incremento de sus ganancias. Hemos señalado en varias oportunidades que el 80% de los accionistas de estas 147 corporaciones son de origen estadounidense; en este sentido, el informe advertía que de las 100 principales compañías, las tres primeras del ranking son Apple, Alphabet y Microsoft, todas ellas yanquis y representantes de la “Industria 4.0”. Más aún, de las primeras 20, 16 son estadounidenses, 9 son “punto com” y 7 son financieras. Por su parte, la Unión Europea sigue perdiendo participación relativa ya que sólo posee 22 empresas dentro de las 100 primeras y su mayor déficit es no poseer campeones tecnológicos (CR 3/7).

Más aún, este mes arrojó varias evidencias de esta disputa por el salto tecnológico entre las 147 corporaciones, expuestas con claridad por el semanario londinense The Economist: “el índice S&P500 mostró que las automotrices más grandes de Detroit, Ford y General Motors, están al fondo del ranking en la relación precio/ganancia. GM y Ford juntos hicieron $18 billones de ganancia el año pasado pero tienen un valor de mercado de $ 98 billones (…). Tres empresas de Silicon Valley Uber, Tesla y Waymo (la unidad de automóvil sin conductor de Alphabet)– son, cada una de ellas, más valiosas que GM o Ford. Todas pierden dinero y no realizan más ventas en un año que lo que Ford o GM venden en una quincena. No importa. Las expectativas son altas. Morgan Stanley espera que las ventas de Waymo superen los 200.000 millones de dólares en 2030, lo que lo convierte en la quinta mayor empresa de Estados Unidos. Nada mal si se tiene en cuenta que no tiene ningún producto a la venta” (TE 8/7). Es decir, que la “valorización” actual de muchas de las empresas tecnológicas no responde a cuánto están produciendo en el presente, sino a lo que producirán en el futuro. Están repartiéndose ganancias (es decir, riqueza, por lo tanto, valor) que aún no se ha producido y que nadie sabe si se efectivamente se hará. Es decir, es todo especulación, síntoma de la enorme crisis de sobreproducción existente y de la consecuente plétora de capital que busca alternativas para sobrevivir aumentando la ya gigantesca burbuja especulativa que tantas veces hemos analizado en estas páginas.

Este es el motivo por el cual GM tiene una participación de 9% en Lyft (un rival de Uber que está ganando cuota de mercado) y que en 2016 compró a Cruise, una firma de vehículos autónomos con sede en San Francisco, por $ 600 millones. La filial de GM, OnStar, conecta los 7 millones de conductores a varios servicios de datos. Su modelo de coche eléctrico, el Chevrolet Bolt, está en camino. Ford posee Chariot, un servicio de transporte que proyecta tener 13 modelos de automóviles eléctricos en 2020, invertirá $ 1.000 millones en los próximos cinco años en Argo, una firma de inteligencia artificial que está desarrollando software para vehículos autónomos (TE 8/7).

Desde la otra punta de la cadena, Amazon adquirió este mes a “WholeFoods”, la mayor cadena de venta de productos alimentarios premium en especial quesos y pescados de marca con más de 400 grandes almacenes, por una suma de U$S 13.700 millones (CL 15/7). Con este movimiento Amazon da un paso más en la transformación de la industria agroalimentaria y en la puja de las cadenas de distribución de alimentos. Nuevamente queda claro que la disputa es cada vez más entre corporaciones y que la concentración y centralización responden a la necesidad del capital de ajustarse a las “nuevas condiciones” creadas por el mismo, es decir, por su propia lógica de acumulación. No es algo, por lo tanto, a lo que pueda escaparse, por el contrario, cada movimiento solo provoca una mayor profundización de la crisis.

El caso de la comercialización de la producción agropecuaria no le escapa a la estampida de “la nube” y la subordinación de las cadenas globales de producción y circulación de mercancías a la Industria 4.0. Las cuatro principales empresas comercializadoras de granos del mundo vienen sufriendo amplias pérdidas. Por ejemplo Bunge, con una reducción de más de 80% en las ganancias netas en el primer trimestre del año. En este sentido, el analista internacional Jorge Castro, ilustraba la situación: “Todo indica que la declinación de las ganancias del grupo de punta del comercio mundial de granos responde a factores estructurales de largo plazo, que modifican el mecanismo de funcionamiento del negocio agroalimentario mundial, probablemente en forma irreversible (…). Los menores precios de los granos han reducido los márgenes de ganancias del ABCD [siglas de ADM, Bunge, Cargill y Dreyfus], y al mismo tiempo los mayores volúmenes de producción necesarios para satisfacer la creciente demanda mundial, han incrementado notablemente los costos operativos (CL 24/6).

Estas transformaciones “estructurales” que menciona Castro radican justamente en la creciente digitalización de las transacciones del intercambio de granos a través de la nube. Este eslabón fundamental de la cadena de comercialización controlado históricamente por el grupo ABCD, denominado “arbitraje de información”, representaba entre un 20% y un 30% de sus ganancias (CL 24/06). Una vez más, el control del eslabón estratégico es el que permite a su dueño hacerse con los mayores márgenes de ganancia. 

A su vez, la feroz competencia entre capitales y el desarrollo tecnológico consecuente en busca de reducir los costos genera, necesariamente, el desplazamiento de fuerza de trabajo, agravando la situación. Son por supuesto las empresas altamente tecnológicas las que más crecimiento han tenido en el último año, las que muestran esta tendencia general en forma más cruda, en la medida que incoporan proporciones menores de trabajadores que la producción manufacturera (la incidencia del salario en el costo global de estas empresas es menor del 3%). En este sentido, Microsoft, tercera empresa más grande del mundo!, anunció el despido de 5.000 trabajadores durante julio, buscando reducir su participación en el negocio tradicional de programas para el consumo de masa, con el propósito de reforzar los servicios a empresas grandes y pequeñas frente a competidores como Amazon y Google. La mayoría de los recortes anunciados ocurrirán fuera de Estados Unidos y se concentrarán en las áreas de ventas y publicidad, áreas que son el 19% de los 120 mil trabajadores que agrupa la empresa a escala global (CD 6/7).

Por último, la lógica de acumulación del capital y su necesaria concentración y centralización, con el consecuente desarrollo tecnológico puesto bajo la lógica de la “reducción de los costos laborales” y el correspondiente desplazamiento de la mano de obra generan, también, un cuello de botella en el consumo de las mercancías producidas. Sobre este dilema tecnología-empleo-desempleo-consumo, el Economist se encargaba de poner blanco sobre negro respecto a cómo deberían actuar los gobiernos y empresarios. Un punto fundamental de la discusión radica en el aumento del salario mínimo en EEUU del u$s 7,5 a u$s 15 la hora que concedieron los estados en los que se alberga los núcleos más productivos, entre ellos New York, California y Washington. Esta tendencia, dice The Economist, ha impulsado a muchas empresas a no emplear nuevos trabajadores y aumentar como contraparte la automatización. Frente a ello se afirma sin tapujos: Si, con salarios mínimos más altos, algunos de estos trabajadores de bajo salario terminan por estar desempleados, eso es personal y socialmente destructivo. Pero si la investigación sugiere que un gran número de trabajadores puede encontrar trabajo sólo si los salarios son lo suficientemente bajos como para desalentar a las empresas a que se inclinen por la automatización, o para alentarlas a crear empleos innecesarios, entonces el equilibrio entre un salario mínimo y otras medidas de aumento de ingresos podría no ser la gran preocupación. En su lugar, los políticos necesitan pensar más en cómo preparar a los trabajadores para empleos mejor remunerados y de mayor productividad o, en su defecto, en cómo ayudarlos a contribuir en roles fuera del trabajo remunerado del sector privado” (TE 8/7).

La amenaza es clara: si se aumentan los salarios mínimos en un mayor nivel que el “deseado” por las empresas estas generaran desempleo a partir de la automatización. Es entonces responsabilidad del gobierno no empujar aumentos sino más bien formar trabajadores capacitados que cobren salarios por encima del mínimo pero de acuerdo a su mayor productividad o ver dónde emplearlos… fuera del sector privado. Una encerrona insalvable dentro de la lógica de acumulación del capital: por un lado, cada vez menos obreros muy calificados bien pagos y, por otro, vastas mayorías expulsadas de los medios de vida o con salarios paupérrimos, que producen poco o nada de valor, y consumen aún menos. 

Aikido, las fuerzas de la humanidad en su propio favor

Queda claro con lo antes dicho que las condiciones de reproducción de la humanidad bajo el dominio de las grandes corporaciones están desmoronándose, y con ello la hegemonía de estas. Por ende, su desesperación se incrementa. Por lo cual los nuevos acuerdos que pretende Merkel, o la cooperación de la comunidad global que propugna Martín Wolf, no pueden provenir de las mismas fuerzas que gestaron la debacle actual.

Como venimos analizando mes a mes, en parte esos nuevos aires provienen del este, con China como eje. Lo significativo, sin duda, no es sólo el abismal desarrollo que el gigante ha conseguido durante las últimas cuatro décadas, sino fundamentamente que esa profunda transformación y despliegue interno y externo de la economía china se consiguió a fuerza de una revolución a través de la cual la clase obrera tomó el control absoluto de la producción y distribución, bajo ferrea dirección del Partido Comunista Chino (PCCh).  Como veremos a continuación, las posiciones que China ha asumido en el mundo, su impulso de nuevas relaciones ganar-ganar contra la competencia, provienen de esta experiencia, que los ha llevado a lo más alto de cualquier ranking mundial.

De acuerdo al Buró Nacional de Estadísticas, el PBI de China se expandió un 6,9% interanual en el primer semestre del año, ubicándose en cerca u$s 5,62 billones!! El registro superó por mucho la meta oficial para todo el año, que era de 6,5%. La producción industrial de valor agregado se expandió un 6,9%  interanual en la primera mitad del año, donde las empresas de propiedad estatal crecieron un 6,2%, mientras que las empresas mixtas –capital estatal/privado– lo hicieron en un 7,1%. Por otra parte, la producción industrial de empresas de capital extranjero aumentó un 6,7% (XH 17/7). Es decir, que tanto para los locales como para los extranjeros la apuesta en la producción china superó ampliamente los niveles medios globales de crecimiento.

Este crecimiento se expresó también en mejoras significativas para los trabajadores chinos. China experimentó un continuo crecimiento del empleo en la primera mitad del año, gracias al desarrollo del sector servicios y a la modernización de la industria manufacturera, con 7,35 millones de nuevos puestos de trabajo en las regiones urbanas del país, 180.000 más que en el mismo periodo del año pasado. Eso supone que China ya ha cumplido con el 66,8% de su objetivo oficial de generar 11 millones de nuevos empleos en este año. Tanto la tasa nacional de desempleo urbano como la tasa de desempleo registrado en 31 principales ciudades chinas permanecieron, en junio, por debajo del 5%. Ello empujó las ventas minoristas de bienes de consumo que crecieron un 10,4% interanual. El Buró atribuyó el crecimiento, en parte, al auge de las ventas en línea, que en el primer semestre crecieron un 33,4% interanual (XH 17/7).

Estos datos de primer semestre parecieron finalmente convencer al analista Jorge Castro del determinante papel de China en la economía global: “El alza real de precios que muestra la economía mundial es obra del aumento del producto, no del auge de la inflación nominal. Significa que no hay un proceso reflacionario en la recuperación de la economía global de los últimos seis meses, obra de la política monetaria y fiscal, sino una expansión real, que se realiza por el lado de la oferta, no de la demanda. La razón de este fenómeno crucial de la economía mundial de los últimos dos trimestres es el cambio cualitativo experimentado por la economía china (US$ 11,4 billones, que crece 6,7% por año), como revela el alza de 26,6% anual de la inversión en las nuevas industrias de alta tecnología, que ya representan 10% del PBI y serían 15% en 3 años (CL 16/7). Fin de la discusión: el único país que logra un crecimiento genuino, y que a través del mismo empuja el conjunto de los mercados, es China. El desarrollo de punta se verifica en todas las ramas de la producción, manteniendo a China como el mayor mercado de robots industriales durante el 2016 al venderse 88.992, un 26,6% más interanual, según un informe publicado por la Alianza de Industria de Robots de ese país. Se espera que la industria 3C (computadoras, comunicaciones y electrónica de consumo) se convierta en el mayor campo de aplicación de robots industriales en los próximos tres a cinco años (XH 7/7).

Este fuerte envión en la innovación y desarrollo tecnológico, que reseña Castro, se asienta sobre la enorme inversión no sólo en I+D sino fundamentalmente en la formación de millones de científicos. De acuerdo al Ministerio de Educación de China el país registró 36,99 millones de estudiantes en 2.880 instituciones de educación superior. Esto representa un salto de cerca de 20% en relación con 2010 cuando había 31 millones de estudiantes matriculados. La tasa de matriculación bruta en educación superior fue de 42,7% en 2016, en comparación con el 27% de 2010, siendo el objetivo llegar al 50% en 2019. Cerca de 563.900 estudiantes obtuvieron maestrías o doctorados, un aumento de 2,2% (XH 11/7).

La incorporación de nuevas tecnologías, como las plataformas de internet, resulta fundamental en la planificación de la producción. En este sentido, el Consejo de Estado anunció su decisión de facilitar el desarrollo “sano de la economía colaborativa” (XH 22/6). En un país tan extenso, la incorporación de estas tecnologías favorecerá la integración de las diferentes regiones a la reforma estructural en marcha, optimizando la asignación de recursos mediante el uso de plataformas de internet. El volumen comercial de la economía colaborativa en China aumentó más del doble el año pasado para ascender a 505.000 millones de dólares (XH 22/6). Un ejemplo de ello es la nueva iniciativa en Baidu, principal buscador chino de internet, con el Banco Agrícola de China, para construir un banco inteligente de datos, con hospedaje en la nube, para integrar los sectores agrarios aún poco competitivos al mercado global (XH 21/6). Al mismo tiempo y en el mismo sentido, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) anunció que se unirá al gigante del comercio electrónico Alibaba para incrementar el gasto en la infraestructura de comercio electrónico en las zonas rurales de China. La plataforma Rural Taobao es un ambicioso esfuerzo de Alibaba para convertir a cientos de millones de habitantes rurales chinos en vendedores y compradores en línea (XH 12/7).

Ante los descalabros a los que somete el modo de producción capitalista al conjunto de la humanidad, el papel de la economía China se torna cada día más relevante. Una semana antes de la mencionada cumbre del G-20 se realizó la vigesimoprimera reunión del Comité Permanente del XII Comité Nacional de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (CCPPCh), en una sesión plenaria que se enfocó en impulsar la reforma en la oferta y el desarrollo estable de la economía. Los ejes centrales de discusión que trascendieron fueron la reforma de empresas propiedad del Estado para mejorar la participación del capital estatal en las mismas, un estudio de las reformas de las instituciones financieras y de la regulación financiera para evitar riesgos sistémicos y la ratificación de una economía más abierta y una apertura bilateral de alto nivel (XH 27/6).

En síntesis, el gobierno de China se prepara para profundizar la planificación de su economía, tanto al interior de sus fronteras como en el proceso de inversión en el extranjero que lidera a nivel global, además de solidificar los principios de la relación ganar-ganar en la discusión sobre la globalización de la producción y comercialización de mercancías, como veremos a continuación.

Filosofía oriental

Estos son los cimientos sobre los cuales China puede propugnar e impulsar los acuerdos de cooperación en base a los preceptos de ganar-ganar, tal cual lo afirmó en la cumbre del G-7 y del G-20. La proyección global de China ha tomado múltiples vertientes y un nudo central es que ha favorecido el crecimiento de las empresas de capital extranjero en sus tierras (6,7% de crecimiento) y en el exterior. Como analizamos el mes pasado, el encuentro de Merkel con Xi Jinping pareció fundamental para el reordenamiento de las fuerzas globales, considerando los portazos de Trump a sus socios transatlánticos. Pero fundamentalmente puso en evidencia que el crecimiento de las grandes multinacionales de origen europeo se encuentra en gran medida apoyado en las posibilidades de realizarse en y gracias al gigante asiático. De acuerdo a los datos, China se convirtió en el mayor socio comercial de Alemania y el país europeo ha sido el mayor inversor y el mayor exportador de tecnología hacia China de Europa. China canalizó más de u$s 2.950 millones hacia Alemania en 2016, un 258,6% más que el año anterior. En el mismo período, Alemania puso en marcha 392 nuevos proyectos en China, con una inversión real de u$s 2.710 millones (XH 6/7). El beneficio para las empresas alemanas es enorme. Por ejemplo, el mercado chino ayudó al fabricante alemán de autos deportivos Porsche a lograr el primer semestre más exitoso de la historia de la compañía, de acuerdo a un comunicado de la empresa. Para la automotriz alemana, China se ha establecido como el mercado individual más grande a nivel mundial, con un incremento significativo de 18% para llegar a 35.864 vehículos vendidos en los primeros seis meses del año (XH 13/7). Por su parte, BMW Brilliance Automotive puso en funcionamiento un nuevo centro de investigación y desarrollo (I+D) en Shenyang, capital de la provincia nororiental china de Liaoning. El nuevo centro de I+D de automóviles cuenta con una superficie de más de 40.000 metros cuadrados y es el mayor de su tipo del Grupo BMW construido fuera de Alemania. Cerca del 75 por ciento de sus más de 800 investigadores son chinos. Fundada en 2003, BMW Brilliance Automotive es una empresa mixta del Grupo BMW y la firma Brilliance China Automotive Holdings (XH 14/7).

Así la iniciativa “Un Cinturón y una Ruta” cobra vital importancia en la integración del mundo e incorporación de los países emergentes y periféricos en una nueva configuración del orden mundial. El rol de China en esta tarea es ineludible, tal como quedó de manifiesto en la reunión del G-77 con más de 300 líderes de diversas comunidades para discutir los nuevos enfoques y desafíos para la cooperación regional en Asia y para identificar nuevas oportunidades de cooperación en distintos sectores de la producción global (XH 11/7). En este sentido, un informe de la consultoría global McKinsey sobre la participación de China en África certifica que, en el continente más saqueado históricamente por el modo de producción capitalista, operan hoy en día más de 10.000 firmas de origen chino, cuatro veces más que lo calculado hace una década atrás (XH 29/6). Un ejemplo de ello fue la inauguración en Tanzania –país con grandes depósito de mineral de hierro–– de una siderúrgica china capaz de fabricar cada año 300.000 toneladas de barras de hierro (XH 22/06).

De esta manera, China ensaya acuerdos con el mundo que lo ponen como eje del futuro del planeta, en tanto a la vez que asegura el crecimiento en base a principios ganar-ganar, propugna un desarrollo estable acorde a la planificación en base a una nueva matriz energética respetando el medio ambiante. Así la organización a escala mundial de las fuerzas de la cooperación y los frutos del trabajo emergen cada día con más claridad como única salida posible a la anarquía del capital.

De cabeza de ratón a cola de dragón

 Frente a ello, el imperialismo reaccionario y en descomposición actúa buscando entorpecer el avance de estas fuerzas. En este sentido, nuevamente la administración Trump se valió de las “sanciones” para atacar. Este mes se preocupó por incluir al Banco de Dandong, ciudad fronteriza con Corea del Norte, en la 'lista negra' tras acusarlo de mantener acuerdos ilegales con dicho país “enemigo”. Así, el Departamento de Tesoro de EEUU afirmó “la mayor preocupación en relación con el lavado de dinero” y propuso “separarlo” del sistema financiero estadounidense por un período de revisión de 60 días (RT 29/6). Ese mismo día Washington impuso sanciones contra una empresa de fletes china y dos ciudadanos del país asiático por “facilitar actividades ilegales” supuestamente realizadas por Pionyang, Corea del Norte, de acuerdo a la cadena de noticias yanqui CNBC (RT 29/6).

Otra arma habitual que utilizan las 147 corporaciones globales para atacar a los países en desarrollo son las calificadoras de riesgo: como vimos el mes pasado, Moody’s redujo los bonos de China a la categoría ‘basura’, buscando generar suspicacias respecto al rumbo de su economía, favoreciendo también posibles fugas de capital. Frente a la constante amenaza, los BRICS finalmente anunciaron en julio la creación de su propia agencia de calificación (TE 1/7).

En este sentido, a mayor virulencia imperialista, la línea de defensa de los BRICS ante los ataques económicos del gran capital se fortalece día a día. Así, el primer ministro de Rusia, Dmitri Medvédev, prolongó hasta el fin del año 2018 el embargo a la importación de distintas clases de alimentos, materias primas y otros artículos del sector agropecuario procedentes de los países que impusieron a Moscú sanciones sectoriales y personales. La medida está en vigor desde 2014, y afecta a EEUU, la UE en su conjunto, Canadá, Australia, Noruega, Ucrania, Albania, Montenegro, Islandia y el condado de Liechtenstein (RT 5/7).

Las medidas económicas contra las naciones en desarrollo, tomadas por los gobiernos que no logran sostener los acuerdos de producción y comercio mundial, son una muestra más del proceso de descomposición de la hegemonía de los núcleos occidentales de poder. La hoja de ruta que practican es la única que pueden ensayar, aun a pesar de su ineficiencia, marcando claramente la imposibilidad imperialista de reproducirse en escala ampliada y explicando el caos político consecuente.

La ruptura del acuerdo de Paris, el quiebre en el G-7, la discusión inconclusa del G-20, evidencian a flor de piel las contradicciones inherentes a la forma de reproducción capitalista, e irresolubles en el marco de la misma. En este sentido el “hacer chino”, la tan mentada relación ganar-ganar entre los pueblos, la construcción de un mercado global equitativo, justo y soberano, la integración bajo “un cinturón, una ruta”, la necesaria planificación de la producción global en beneficio de la reproducción del conjunto de la humanidad, son los principios rectores para la superación de la devastadora competencia capitalista. Esa feroz disputa se da, como no puede ser de otro modo, en cada rincón del planeta, haciendo crujir al conjunto de las instituciones del entramado jurídico y político creado por los centros imperialistas y sus aliados locales, proceso que pasamos a describir a continuación.



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