Revista Mensual | Número: Noviembre de 2017
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Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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El regreso de Mao

Esa es la Rumba de Barcelona
Todo tiempo pasado fue mejor
Todo tiempo pasado fue mejor (parte 2)
Roto y mal parado
Control
Caos
La humanidad vista con ojos chinos


Mientras se derrumban los estados-nación creados por la burguesía, China construye a pasos agigantados el nuevo Estado

El regreso de Mao

“China significa reino del medio”

(El regreso de Mao, Los Redondos)


La agudización de la disputa entre grandes grupos económicos –determinada por la permanente reducción del tiempo socialmente necesario para producir los bienes que abarrotan el mercado mundial– quiebra todo el entramado de relaciones políticas, jurídicas e ideológicas a través de las cuales la burguesía forjó un mundo a su imagen y semejanza. Esa implosión se expresa en la creciente imposibilidad de los capitales concentrados de construir un mínimo de consenso sobre sus intereses, incluso en las sociedades del centro imperialista. Frente a esa creciente descomposición –que empuja a esos grupos económicos a buscar mantener su dominio por la vía militar–, el eje encabezado por Rusia, China e Irán continúa avanzando en la ardua tarea de “controlar” esas fuerzas desbocadas que, bajo la lógica de la competencia, sólo pueden profundizar el caos.

Esa es la Rumba de Barcelona

Durante octubre, mes que estamos analizando, la odisea secesionista catalana alcanzaba su clímax con la realización, el día primero, del referéndum independentista vinculante establecido de forma unilateral por el parlamento catalán. En los días previos, amparándose en la sentencia del Tribunal Supremo de Justicia español que declaraba ilegal la convocatoria al referéndum, el gobierno español enviaba más de 6.000 policías nacionales para intentar impedir su realización, mientras que la justicia ordenaba la detención de 14 funcionarios del gobierno regional vinculados al referéndum (CD 20/9). Las medidas represivas generaban masivas movilizaciones de repudio, que se extendieron hasta el día de la votación. Por su parte, el presidente catalán, Carles Puigdemont declaraba que, con sus acciones, el Estado español había “impuesto de facto un estado de excepción”. En igual sentido Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, aseguraba que “si Rajoy persiste en esta estrategia represiva encontrará todo el catalanismo unido en su diversidad defendiendo derechos y libertades” (CD 20/9).

En este clima de tensión se realizaba el referéndum, con una participación del 42,68% del padrón. La opción por constituir una “república catalana” obtenía el 90% de los sufragios. Sin embargo, no sería el resultado –esperado– la nota del día, sino la represión desatada por la Policía Nacional y la Guardia Civil, cuyo accionar lograba impedir el funcionamiento del 14% de los centros de votación habilitados, dejando un saldo de 844 heridos (P12 2/10).

Las imágenes de la policía reprimiendo a los votantes desarmados generaban movilizaciones de repudio en ciudades como Madrid, Andalucía y Valencia, entre otras (P12 2/10). Por su parte, las dos principales centrales obreras catalanas, las CCOO (Comisiones Obreras) y UGT (Unión General de Trabajadores), convocaban a un paro general, pactado con los centros de trabajo, como forma de protesta ante la “desproporción” de la actuación de la Policía Nacional y de la Guardia Civil durante el referéndum (P12 3/10).

La respuesta represiva del Estado español es la contracara necesaria de la imposibilidad de establecer algún tipo de acuerdo con la burguesía catalana. Precisamente, la crisis desatada en torno al resurgimiento del independentismo catalán no es otra cosa que una expresión más del agotamiento de las bases materiales sobre las cuales fue posible construir la unidad nacional. La implosión del Estado nación español da cuenta, precisamente, de dicha imposibilidad de reproducción de las distintas fracciones de burguesía local. Es esa imposibilidad la que empuja, en este caso, a la burguesía catalana a intentar construir su propio “espacio vital”.

Sin embargo, por el lado de los independentistas también las imposibilidades y contradicciones aparecían a la orden del día. La ley sancionada por el Parlamento regional establecía que a las 48 horas de conocidos los resultados del referéndum, en caso de imponerse la opción soberanista, debía declararse la república independiente. Sin embargo, el presidente regional Puigdemont se dirigía al pleno del Parlamento en los siguientes términos: “asumo al presentarles los resultados del referéndum, ante todos ustedes y nuestros conciudadanos, el mandato del pueblo de que Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de república (…) y con la misma solemnidad, proponemos que el Parlamento suspenda los efectos de la declaración de independencia para que en las próximas semanas emprendamos un diálogo sin el cual no es posible llegar a una solución acordada” (LN 11/10).

Como vemos, entonces, la escalada represiva de Rajoy no lograba garantizar la unidad española, pero la realización del referéndum tampoco cristalizaba en la tan mentada “República de Cataluña”.

El llamado al diálogo por parte de Puigdemont era rechazado por Rajoy, quien aducía que la condición para cualquier negociación era aceptar que el referéndum no tiene ninguna validez. De hecho, la respuesta por parte de Madrid fue anunciar la activación por primera vez en 40 años de democracia pos franquista del artículo 155 de la Constitución española, que regula las potestades del estado central para intervenir las regiones del país. Las condiciones impuestas por el gobierno central fueron ampliamente rechazadas en la Generalitat catalana y por la población en general, que movilizó 450.000 personas en Barcelona en rechazo a la inminente intervención (RT 21/10).

Desde las páginas del portal alemán Deutsche Welle se intentaba “iluminar” los acontecimientos en los siguientes términos: “lo que estamos viendo en España es un colapso total del arte de gobernar. Rajoy carece de instinto político y se comporta como un jurista, que solo se interesa por la letra de la ley. La represión, como el encarcelamiento de los dos líderes independentistas, solo conlleva a que se remuevan más los sentimientos y el movimiento independentista se fortalezca aún más. (...) Carles Puigdemont quiere dejar de ser presidente a medias para convertirse en un verdadero jefe de Gobierno, participar en cumbres políticas y ser alguien en la escena internacional” (DW 20/10).

“Colapso del arte de gobernar”, vocifera el portal alemán. Pero lejos de expresar un problema de egos, dicho colapso da cuenta de la desaparición de las bases materiales para dicho “arte”. El arte de gobernar una sociedad dividida objetivamente en clases no es otra cosa que la posibilidad de construir consenso sobre el propio interés, logrando así que éste aparezca como el interés general. Cuando no hay ya condiciones para que todas las fracciones de burguesía se reproduzcan a escala ampliada, no hay “arte” capaz de domesticar la lucha por ser quien sobreviva.

Es esa imposibilidad objetiva de reproducir al conjunto de capitales existentes la que se expresa en el resquebrajamiento del Estado español. Precisamente, en tanto de uno y otro lado lo que se intenta es mantener esas condiciones extintas, ambas facciones se comportan como dos trenes rumbo a colisionar en la que ninguno de los dos tiene frenos.

Todo tiempo pasado fue mejor

“Tengo miedo del encuentro
Con el pasado que vuelve
A enfrentarse con mi vida”
(Volver, Carlos Gardel)

Como nuestro lector ya sabe, lejos de ser un fenómeno español, la crisis política se manifiesta en los distintos países del centro imperialista. Durante el mes que estamos analizando, distintos procesos electorales en países del Viejo Continente mostraban cómo incluso en el corazón de la UE (Alemania y Francia) crece el descontento de las masas respecto al rumbo que los personeros políticos de los grupos económicos están obligados a imponer.

En Alemania, acudía a las urnas el 71% de los 61 millones de ciudadanos en condiciones de hacerlo. Si bien el partido de la actual canciller Ángela Merkel –Unión Demócrata Cristiana (CDU)– lograba ubicarse en el primer lugar, el 33% obtenido supone un descenso del 8,7% respecto al caudal de votos logrado en 2013. El mayor “castigo” del electorado lo recibía la socialdemocracia (SPD) –cogobernante con la CDU en el último periodo–, cuyo candidato Martin Schulz obtenía solo el 20,2% de votos, el peor resultado de su partido desde la Segunda Guerra Mundial.

El otro dato significativo de la jornada sería el fuerte avance del partido xenófobo Alternativa para Alemania (AfD), que con el 13,3% de los sufragios se convertía en el primer partido de extrema derecha en ocupar bancas en el Parlamento alemán desde la Segunda Guerra Mundial, con una representación de 94 diputados. Comparado por regiones, donde menos votos cosechaba el AfD era en las regiones de la ex Alemania del Este (LN 25/9).

Algunos datos de la realidad social en la “locomotora” europea pueden ayudarnos a entender estos resultados electorales. Si bien la desocupación es del 5,7%, Alemania tiene una de las mayores tasas de trabajo precario de la UE: 2,5 millones de personas sobreviven con los llamados “minijobs”, eufemismo para referirse a contratos laborales de apenas 12 horas semanales, con una remuneración de 8,84 euros la hora. Casi un millón de jubilados se ven obligados a trabajar para completar sus ingresos, que rondan los 1.100 euros mensuales. Esa cifra supone un 30% más de los que lo hacían en 2005, cuando Merkel asumió su primer mandato (LN 23/10).

Precisamente, han sido los gobiernos socialdemócratas y conservadores los que han llevado adelante a partir de 2003 las políticas de flexibilización laboral, ajustando las condiciones de contratación y despido a las necesidades del capital. Los resultados electorales muestran, entonces, el rechazo por parte de los trabajadores a esta situación, en un escenario donde, sin embargo, tampoco se vislumbran alternativas superadoras.

En Francia, el gobierno del ex gerente de la tradicional casa bancaria británica Rothschild, Emmanuel Macron, se encuentra empeñado, precisamente, en imponer un plan de reformas tendiente a modificar drásticamente las condiciones de trabajo y contratación. Como hemos visto en los últimos meses, la reforma laboral encuentra una resistencia encarnizada por parte de amplios sectores del movimiento obrero. Durante el último mes, los sindicatos y la oposición salieron a las calles de París y otras ciudades en rechazo al proyecto del gobierno de flexibilización laboral. Si bien de las tres centrales obreras sólo la CGT convocó a movilizarse, las bases de las otras dos centrales (CFDT y Fuerza Obrera), que concentran la mayor cantidad de afiliados, participaron de las marchas (CL 21/9).

A esto se sumaba el primer paro en una década de los nueve sindicatos que representan a cerca de 5,4 millones de trabajadores del sector público (personal hospitalario, maestros, controladores aéreos, entre otros). La convocatoria se realizaba en repudio a los recortes de presupuesto al sector estatal, la congelación de los salarios, el aumento en los impuestos y la disminución en las licencias remuneradas por enfermedad. Más de 400 mil trabajadores se movilizaron en unas 130 marchas que alcanzaron las principales ciudades del país (RT y CL 10/10).

En este marco de alta conflictividad, se realizaban las elecciones legislativas para renovar parcialmente el Senado galo. La desaprobación por buena parte de la sociedad francesa al programa de reformas del gobierno se expresaba en los magros resultados obtenidos por el partido de Macron, La República en Marcha, que pasaba de 29 senadores a 20 tras la renovación. El partido de derecha Los Republicanos (LR), que dominaba la Cámara saliente con 142 escaños sobre 348, ampliaba su mayoría, convirtiéndose en el ganador de la jornada. El Partido Socialista, por su parte, se mantenía como segunda fuerza, mientras que el Frente Nacional de Marine Le Pen mantenía los dos escaños obtenidos en 2014 (LN 25/9).

Como vemos, entonces, en los dos países que encabezan el proyecto europeo, el avance sobre las condiciones de existencia de los trabajadores y demás sectores del pueblo al que se ven obligados los grandes grupos económicos –en pos de ser competitivos a escala global– se expresa en la pérdida de consenso de aquellos partidos políticos que han actuado como sus personeros. A su vez, esos trabajadores y sectores populares, por el momento, sólo atinan a rechazar ese avance, sin poder formular una salida por la positiva.

Durante el mes que estamos analizando, tenían lugar también elecciones presidenciales en otros dos países del bloque europeo. En República Checa los resultados ponían también de manifiesto la profunda crisis de los partidos tradicionales: cuatro de las formaciones más votadas estaban fuera de las corrientes principales. De hecho, el gobernante partido socialdemócrata sufría una dura derrota, obteniendo apenas el 7,9% de los votos. Con el 29,6% de los votos, se imponía Andrej Babis, candidato del movimiento de Acción para los Ciudadanos Insatisfechos, con un discurso crítico de la Unión Europea (UE) y sus políticas migratorias (LN 22/9). 

Por su parte, en Austria se imponía el ultraconservador líder del Partido Popular Austríaco (ÖVP) Sebastián Kurz, con el 31,6% de los votos, contra el 26,9% del Partido Socialdemócrata (SPÖ) y el 26% del Partido de la Libertad (FPÖ), de extrema derecha, que creció 5,5% con respecto a 2013. Kurz no dudó en acercarse a las ideas xenófobas, contrarias a la inmigración y hostiles al islam que predica el FPÖ, posiciones apoyadas según sondeos por el 83% de la opinión pública. También demostró numerosas coincidencias con el primer ministro húngaro, Viktor Orban, y no descartó la posibilidad de integrar el Grupo de Visegrad, que reúne a los miembros más eurófobos de la Unión Europea (UE): Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia (LN 19/10).

El triunfo en dos países de la UE de partidos que cuestionan la dirección del bloque europeo, reivindicando la necesidad de que los gobiernos nacionales recuperen potestades que de hecho hoy se ejercen desde Bruselas, da cuenta de la imposibilidad de los capitales concentrados que comandan la UE de encolumnar tras de sí a sectores no sólo de trabajadores, sino también de la propia burguesía europea. Ante la imposibilidad objetiva de que toda la masa de capitales existentes se reproduzca a escala ampliada, esas fracciones de burguesía intentan “atrincherarse” en las desdibujadas fronteras de los estados nacionales. Se trata de movimientos “reaccionarios”, en tanto intentan retrotraerse a condiciones que han sido barridas por el alto grado de socialización y transnacionalización económica. Ese intento contacta con sectores de la clase trabajadora, que ante el necesario avance del capital sobre sus condiciones de vida ven en la competencia de la mano de obra inmigrante –y no en el desarrollo de la propia lógica del capital– la “causa” de ese deterioro, reaccionando frente a la situación planteada pero, tal como señalamos, sin asumir aún el papel decisivo que les corresponde en el control de las fuerzas caóticas del capital y en la construcción de un futuro posible para las inmensas mayorías del planeta.             

Todo tiempo pasado fue mejor (parte 2)

Durante el mes de octubre, el gobierno del republicano Donald Trump seguía sufriendo serios reveses a la hora de intentar implementar las medidas con que llegó a la Casa Blanca. En esta ocasión, un nuevo intento de derogar el sistema de cobertura de salud conocido como “Obamacare” volvía a verse frenado por resistencias y desacuerdos al interior de su propio partido (CD 23/9). Este nuevo fracaso generaba, a su vez, la renuncia de su secretario de Salud, Tom Price, quien justamente era el encargado de llevar adelante las negociaciones con los legisladores para lograr los votos necesarios para derogar el programa (CL 29/9).

Ante la imposibilidad de generar consenso sobre la eliminación o siquiera modificación del plan de salud, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habilitaba por decreto a las aseguradoras de salud a vender planes de cobertura que no cuentan con beneficios esenciales como atención por maternidad y a los recién nacidos, o tratamientos por problemas de salud mental y adicciones. De esta manera, dejaba entrever cuáles son los intereses que se intentan preservar con la derogación del Obamacare. Frente a esto, el líder demócrata del Senado, Chuck Schumer, denunciaba que “como no pudieron revocar la ley en el Congreso, el presidente está saboteando el sistema” (LN 13/10).

Como venimos analizando mes tras mes, el hecho de que cada medida de gobierno, en las más diversas áreas, se convierta en una arena de disputa que rápidamente se convierte en un pantano, da cuenta de la desaparición de las bases materiales sobre las cuales era posible, para la clase dominante yanqui, trazar una estrategia capaz de garantizar a las distintas fracciones de capital su reproducción. Esa imposibilidad, objetiva, empuja entonces a las distintas facciones a disputar cada terreno la imposición de su necesidad como si fuese la última trinchera.

Pero no es sólo en el plano de la superestructura política que se expresa la crisis terminal de las relaciones mercantil capitalistas. Para las grandes mayorías de la sociedad yanqui, esa crisis se expresa en el permanente deterioro de sus condiciones de vida. Un deterioro que, bajo el dominio ideológico de la meritocracia y el enriquecimiento como premio al esfuerzo individual, convierte a esos millones de hombres y mujeres en fracasados, ante sus propios ojos y los de quienes los rodean. Si el éxito se mide por el nivel de consumo y depende exclusivamente del esfuerzo individual, ¿qué le queda a esa creciente masa que ve deteriorarse sus condiciones de vida de forma permanente?

Los niveles de drogadicción que analizábamos algunos meses atrás son una de las respuestas a ese interrogante. De hecho, hacia finales del mes analizado, el presidente Trump formalizó la “Emergencia de salud pública nacional” ante la crisis por el consumo de opiáceos en el país. Utilizados como “calmantes” cotidianos de venta libre para hacer “soportable” el grado de alienación y la profunda descomposición social en que se encuentra sumida la población norteamericana, en EEUU se consume el 80% de opiáceos del mundo, provocando la muerte de más de 100 personas por día en el país por esta causa (LN 27/10).

En realidad, la declaración de la Emergencia Sanitaria por esta razón había sido una “promesa de campaña”, que en marzo se anunció que se llevaría delante, en agosto se realizó la “declaración formal”, y recién a fines de octubre, como vemos, Trump anunció la implementación oficial de una medida que se extenderá por apenas 90 días. La dilatación de la decisión, a pesar de la gravedad de la situación, tiene que ver, fundamentalmente, con la fuerte presión en sentido contrario por parte de los grandes laboratorios farmacéuticos, quienes se oponen férreamente al reconocimiento de la situación y  a cualquier regulación legal del consumo de estas drogas.

A ese combo explosivo hay que sumar la masiva portación de armas que caracteriza a la sociedad yanqui. De los 320 millones de personas que conforman la población del país, 56 millones poseen un total de 256 millones de armas legales. En este hervidero, mientras que la población yanqui representa apenas el 5% de la población mundial, concentran el 31% de los tiradores seriales en el mundo. En los nueve primeros meses de 2017, se produjeron 273 tiroteos masivos, mientras que en promedio, murieron 27 personas por día a causa de disparos (LN 3/10).

En este escenario, un nuevo tiroteo masivo en la ciudad de Las Vegas se convertía en la peor masacre ocurrida en EEUU desde el atentado a las Torres Gemelas. Un estadounidense de 64 años disparó con rifles de asalto desde la ventana de un hotel contra una multitud de 20 mil personas que asistían a un festival de música, asesinando a 59 de ellas e hiriendo a más de 500 (CL 3/10).

La tragedia, que se convertía en el tiroteo masivo más mortífero de la historia del país, reabría –una vez más– la discusión sobre la tenencia de armas por parte de la población. El diario The New York Times difundía datos de una encuesta en la que les preguntó a los norteamericanos si apoyaban medidas de control para la tenencia de armas, con el objetivo de reducir la tasa de homicidios. Entre las medidas más apoyadas, se destacan el control de antecedentes penales de los compradores (86% de apoyo); implementación de una licencia para portar armas (78%) y prohibición de venta a personas condenadas por delitos violentos (83%) (LN 3/10).

Sin restar importancia a los debates en torno al establecimiento de controles para la compra de armas, el quid de la cuestión se encuentra en la profunda descomposición de las relaciones mercantil capitalistas y el sistema de valores sobre ellas asentado. 

Roto y mal parado

“Viene para acá, que miedo da
Viene para acá, a esconderse ya!
Viene para acá, quiero a mi mamá”
(Viene para Acá, Canticuénticos)

Como analizamos mes tras mes, el agotamiento de las bases materiales para reproducir al conjunto de los capitales existentes no sólo implosiona hacia dentro de los países imperialistas, sino que también sacude y resquebraja los acuerdos e instituciones que conforman la gobernanza global. En ese sentido, durante el mes de octubre se recrudecían los intentos por parte de EEUU de desandar el camino de incorporación de la República Islámica de Irán a la comunidad internacional.

Tras las numerosas críticas vertidas desde que asumió la presidencia, finalmente Trump anunciaba su decisión de no certificar el Acuerdo Nuclear firmado por Irán con el llamado Grupo 5+1 (formado por los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, EEUU, Reino Unido, Francia, Rusia y China, más Alemania) (LN 14/10). La falta absoluta de otro motivo que no sea la necesidad de atacar a una de las piedras basales del anti imperialismo en la región de Medio Oriente quedaba de manifiesto con las declaraciones de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), que es la encargada de monitorear el cumplimiento del acuerdo por parte de Teherán. Su director, Yukiya Amano, aseguraba que las inspecciones llevadas a cabo con colaboración de la parte iraní demostraban que el país persa venía cumpliendo los compromisos adquiridos mediante el acuerdo (HTV 27/9).

El anuncio generaba una ola de críticas tanto a nivel nacional como internacional, demostrando que no sería precisamente Irán quien resulte “aislado” con la decisión de la Casa Blanca.

En una entrevista concedida a la cadena de televisión CBS News, la demócrata Dianne Feinstein, miembro del Comité de Inteligencia del Senado estadounidense, aseguraba que “no hay duda de que Irán ha cumplido con las restricciones del acuerdo, y cuando la AIEA (Agencia Internacional de Energía Atómica) o cualquier otra persona encontró algún problema, rápidamente se remedió si hubo un fallo”. Además, la legisladora también advertía que “la mayor ramificación de esto sería crear una crisis con Corea del Norte, porque daría razón a Pyongyang de que nada de lo que los republicanos puedan hacer es de confiar”. Por otro lado, el senador republicano Bob Corker advertía que el país está en alarmante “camino a la III Guerra Mundial” con Donald Trump como presidente (HTV 9/10). A su vez según un sondeo, realizado por el Instituto de Oriente Medio (MEI, por sus siglas en inglés) y la encuestadora Ipsos, muestra que el 75 % de los ciudadanos estadounidenses apoya el acuerdo nuclear sellado en 2015 entre Irán y el Grupo 5+1 (EE.UU. el Reino Unido, Francia, Rusia y China, más Alemania) (HTV 18/10).

En el plano internacional, la jefa de la política exterior de la UE, Federica Mogherini, criticaba la postura de Washington asegurando que al retirarse del acuerdo, el mensaje que daba la Casa Blanca “al resto del mundo es que no se puede confiar en EEUU” (HTV 12/10). De hecho, en una escena que no suele verse muy a menudo en los últimos tiempos, los 28 miembros de la desvencijada Unión manifestaban su férreo respaldo al acuerdo (HTV 16/10). También el Reino Unido, a través de su canciller Boris Johnson, llamaba a su estrecho aliado a no salirse del mismo (HTV 11/10). Tanto Japón como Corea del Sur, por su parte, se pronunciaba en el mismo sentido (HTV 17/10).

De este modo, parecían confirmarse las declaraciones del mandatario iraní, Hassan Rohani, quien aseguró que “Si alguien se retira de un acuerdo internacional, él es el perdedor, no quien no lo hace. Atenerse a un acuerdo muestra la dignidad de un Estado y hasta qué punto es confiable su Gobierno” (CD 11/10).

Por otro lado, continuando con el despliegue de la política anti iraní, el inquilino de la Casa Blanca anunciaba su intención de imponer sanciones al Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) –cuerpo de élite de las FFAA persas–, barajando incluso la posibilidad de incluirlo en su lista de organizaciones terroristas (LN 14/10). Surgido al calor de la Revolución Islámica que en 1979 derrocó al gobierno pro imperialista del Sha, el CGRI ha desempeñado desde entonces un papel estratégico en la defensa de la república islámica. El papel del CGRI no se reduce al plano interno, sino que ha desarrollado un papel clave en la formación y entrenamiento de las milicias que luchan en Irak y Siria contra el terrorismo financiado y entrenado por EEUU y sus aliados.

Frente al anuncio, el comandante del CGRI, Mohammad Ali Jafari, aseguró que “si la noticia sobre la estupidez del Gobierno estadounidense de considerar a la Guardia Revolucionaria como un grupo terrorista es correcta, entonces la Guardia Revolucionaria considerará al Ejército estadounidense como al [grupo terrorista] Estado Islámico en todo el mundo, particularmente en Oriente Medio” (RT 9/10). Por su parte, Mohamad Yavad Zarif, actual Ministro de Relaciones Exteriores de Irán, consideraba la medida como un “error estratégico” por parte de EEUU, señalando que “Irán aplicará en un tiempo oportuno las medidas recíprocas que ya están preparadas”. Por último, aseguraba que “son ellos [los estadounidenses] los que deben responder por qué han convertido la región en un almacén de pólvora, vendiendo gigantescas cantidades de armas a los países de la zona, y son ellos quienes deben modificar sus políticas” (HTV 9/10).

La alusión por parte del canciller iraní al escenario bélico construido por EEUU y sus aliados en Medio Oriente no es casual. Como hemos analizado en múltiples oportunidades, la derrota que el eje Rusia-Irán-Siria, con el apoyo de la milicia libanesa Hezbola, ha propinado a la política imperialista en la región, ha marcado un punto de inflexión, expresando un quiebre en la correlación de fuerzas. El intento por parte de EEUU de “aislar” a Irán sólo se comprende a la luz precisamente del enorme papel que la nación persa ha desempeñado –y continúa desempeñando- en esa batalla.

De hecho, en la heroica República Árabe Siria, el gobierno de Al Assad ha recobrado el control de las principales ciudades y campos petroleros que se encontraban bajo el dominio del terrorista EIIL. Alrededor del 92.6% del territorio nacional se encuentra ya bajo control del gobierno (RT 19/10). El avance de las fuerzas que luchan contra la intervención imperialista en la región, solapada bajo la forma de “terrorismo islamista”, deja cada vez más al desnudo los verdaderos intereses de EEUU en la región. Militares rusos denunciaban la presencia de vehículos de comandos estadounidenses en las regiones controladas por el EIIL, sin ninguna señal de combate (RT 24/9). Por su parte, el vocero del Ministerio de Defensa ruso, Ígor Konashénkov, señalaba que varios ataques de militantes del EIIL contra las fuerzas gubernamentales sirias proceden de la zona controlada por los militares estadounidenses, a la vez que por su precisión, resulta imposible que no contaran con información de Inteligencia aérea (RT 4/10).

De hecho, durante el mes que estamos analizando, un teniente general del Ejército ruso que se encontraba asistiendo al Ejército sirio en la liberación de la ciudad de Deir Ezzor, fallecía producto de una explosión de mortero. El vicecanciller de Rusia, Serguei Riabkov, aseguraba que dicha muerte se explicaba “por la hipócrita política estadounidense en Siria” (RT 25/9). Días más tarde, el canciller ruso Serguei Lavrov ampliaba el análisis al señalar que “Rusia posee muchas dudas sobre las fuerzas de la oposición armada siria, protegidas por Estados Unidos. Algunas veces, aparentemente sin querer, golpean a fuerzas gubernamentales sirias, lo que el EI aprovecha para contraatacar… En otro momento, preparan provocaciones mortalmente peligrosas para nuestros militares en Siria” (CD 4/10).

Por su parte, fuerzas de guerra israelíes llevaban a cabo ataques aéreos contra las posiciones militares sirias en la provincia de Al-Quneitra (HTV 18/10). A principios de septiembre, aviones de combate israelíes ya habían lanzado ataques aéreos contra blancos del Ejército sirio en la parte occidental de la ciudad de Hama. Frente a estos ataques, eran desplegados en la región de Hama sistemas antiaéreos S-300 y S-400 rusos, con el objetivo de “disuadir” a los caza israelíes de continuar las agresiones (HTV 15/10).

Control

Como nuestro lector ya sabe, la imposibilidad del imperialismo yanqui de imponer sus condiciones en la región de Medio Oriente tiene también su expresión en el quiebre de su sistema de alianzas. Quizás sea Turquía quien en los últimos años más nos ha enseñado al respecto. Su pasaje de cómplice financiero del EIIL, comerciando el petróleo que el grupo terrorista extraía de los territorios que ocupaba en Siria e Irak, a garante, junto con Irán y Rusia, de los diálogos de paz entre el gobierno de Al Assad y la oposición en la capital kazaja, resulta una postal bastante elocuente del derrotero imperialista en la región.

Ese movimiento no es otra cosa que la toma de conciencia por parte de la burguesía turca de que la voracidad imperialista que se disponía a balcanizar Siria e Irak no habría de detenerse ante las fronteras de su aliado. Recordemos, al respecto, las acusaciones del presidente turco Recep Tayyip Erdogan sobre la participación de fuerzas estadounidenses en el intento de golpe de estado sufrido el año pasado. Es el “espanto” de descubrir que se ha pasado de invitado a plato del banquete lo que empuja a Turquía a “desmarcarse” de la estrategia yanqui. Sobre esa contradicción objetiva, el eje Rusia-Irán puede, como lo viene haciendo, intentar contenerla dentro de su plan.

Como veíamos el mes pasado, la realización por parte del Kurdistán iraquí de un referéndum independentista se convertía en un nuevo elemento “aglutinador” de los otrora rivales regionales, Irán y Turquía. Si bien EEUU se expresó en contra del referéndum, siendo Israel el único país que apoyó abiertamente la iniciativa, la decisión por parte del gobierno semiautónomo del Kurdistán de embarcarse en la intentona independentista resulta difícil de aislar del poderío militar que sus brigadas han alcanzado, apadrinadas precisamente por EEUU.

Pese a la oposición del gobierno de Bagdad y la mayoría de los países de la región, el referéndum se realizó. Según las autoridades de la región semi autónoma, la participación fue del 72%, pronunciándose a favor de la independencia el 92% de los votantes (HTV 27/9). Tras anunciar los resultados, la máxima autoridad política del Kurdistán, Masoud Barzani, aseguraba que el resultado no era vinculante y que la intención era promover el diálogo con Bagdad para una independencia “acordada” (RT 27/9). Pese a estos resultados, la rápida reacción militar por parte de Bagdad, que desplazó tropas a la región de Kirkuk –ciudad que los kurdos iraquíes mantenían bajo su control tras haber expulsado al EIIL, aunque no forma parte del Kurdistán– junto con la condena unánime de los países vecinos como Irán, Turquía y Siria, el gobierno de la región semi autónoma no avanzó en dirección de declarar su independencia.

Otro hecho de relevancia en lo que a quiebre del sistema de alianzas se refiere lo constituye la visita del rey saudí Salmán bin Abdulaziz a Rusia. Se trata de la primera visita de un monarca saudí a Rusia en la historia de las relaciones diplomáticas. Ambos países mantienen posturas enfrentadas en el conflicto sirio, ya que Riad es uno de los principales patrocinadores de los intentos por derrocar el gobierno de Al Assad. En ese sentido, la visita da cuenta de que Rusia se convierte en un actor imposible de esquivar en la región de Medio Oriente. Entre los acuerdos anunciados, se encuentra la compra masiva por parte de Riad de sistemas de defensa rusos (HTV 5/10).

Este escenario de franco retroceso de la política yanqui en la región deja al Estado de Israel en una posición cada vez más complicada. Como si el avance regional del eje Rusia-Irán no fuera ya bastante dolor de cabeza para el régimen sionista, las “malas noticias” también llegaban desde Palestina. Tras una década de enfrentamientos, HAMAS y Al-Fatah llegaban a un acuerdo, a través del cual la Autoridad Nacional Palestina recuperará el control de la Franja de Gaza, que gobernaba HAMAS. 

El pacto alcanzado por la mediación de Egipto fue firmado en El Cairo por el líder de la delegación de Al-Fatah, Azzam al-Ahmad, y el vicepresidente del buró político de Hamas, Saleh Al-Arouri, en presencia del jefe de la inteligencia egipcia, Jaled Fawzy. “No nos queda otra opción con Al-Fatah y las otras facciones más que continuar trabajando para la unidad de nuestro pueblo y el logro de sus esperanzas y aspiraciones”, dijo Al-Arouri (HTV 12/10). Ya para el 1º de noviembre, el gobierno de la ANP deberá haber asumido junto con Egipto e Israel el control de los respectivos cruces fronterizos. Hamas, que aboga por la resistencia armada contra Israel y reclama como su territorio toda la Palestina histórica, ganó las elecciones parlamentarias en 2006, las últimas que se celebraron en los territorios palestinos, pero ese triunfo llevó a desavenencias con Al-Fatah. La organización radical tomó entonces el control por la fuerza de la Franja de Gaza en junio de 2007 y expulsó a las fuerzas de seguridad y funcionarios de Al-Fatah. Al respecto del acuerdo, el primer ministro, Benjamín Netanyahu, dijo que “no nos interesan las falsas reconciliaciones de las facciones palestinas que se realizan a costa de nuestra existencia. (...) Por eso esperamos ver tres cosas: en primer lugar, el reconocimiento al Estado de Israel; en segundo lugar, la disolución del brazo militar de Hamas, y en tercer lugar, la ruptura de los lazos con Irán, que llama a nuestra destrucción” (LN 13/10). Mientras vociferaba contra las fuerzas políticas palestinas, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu enfrentaba una investigación por dos escándalos de “soborno, fraude y trato de confianza” que podrían retirarlo de su cargo. De hecho, según las encuestas, cerca de dos tercios de los israelíes demandan la suspensión temporal de su primer ministro, debido a las denuncias (HTV 5/10).

Caos

Conviene mantener en la memoria la profunda crisis política que corroe a los países del centro imperialista, por un lado, así como la creciente imposibilidad que experimentan esas mismas fuerzas en sus intentos bélicos de caotizar la región de Medio Oriente. La creciente tensión que EEUU viene exacerbando en la región de Asia Pacífico con Corea del Norte está hecha, precisamente, de esa debilidad que hemos analizado.

En el marco de la Asamblea anual de las Naciones Unidas, el presidente Trump aseguraba que “si Estados Unidos se ve obligado a defenderse a sí mismo o a sus aliados, no tendremos otra alternativa que destruir totalmente a Corea del Norte. El hombre cohete está en una misión suicida. Estamos listos” (CL 19/9). Junto con estas declaraciones, Washington trasladaba a la regiónun submarino nuclear con 154 misiles cruceros (RT 10/10). Por otro lado, tenían lugar ensayos militares conjuntos con Corea del Sur, en los que participaron 40 naves de guerra, encabezadas por el portaviones USS Ronald Reagan (RT 16/10).

En este escenario altamente explosivo, el presidente estadounidense incrementaba las tensiones asegurando que era necesario desplegar armas nucleares en Corea del Sur, para hacer frente a la amenaza de Pyongyang. El sólo hecho de evaluar dicha posibilidad marca un profundo quiebre en la situación, ya que desde hace dos décadas que EEUU no baraja esa posibilidad (RT 27/9). En el mismo sentido deben leerse los anuncios del Pentágono respecto de los preparativos para reactivar el estatus de alerta las 24 horas de bombarderos estratégicos B-52 equipados con armas nucleares. Dicho estatus, que implica estar en condiciones de atacar de forma permanente, no se activa desde la disolución de la URSS en 1991 (RT 23/10).

Pese a estos preparativos, incluso al interior de EEUU la idea de un “ataque preventivo” contra Corea del Norte carece de apoyo: según una encuesta realizada por The Washington Post y ABC News, el 67 por ciento de los estadounidenses consideran que Estados Unidos debe lanzar un ataque militar contra Pyongyang sólo si ese país ataca primero a Estados Unidos o sus aliados (XH 25/9). Este dato, sumado a los permanentes llamados a mantenerse en la vía diplomática por parte de históricos aliados de EEUU que hemos visto en meses anteriores, muestra a las claras las enormes dificultades para construir un mínimo de consenso sobre la necesidad de lanzar un ataque.

El seguimiento de estos hechos resulta esencial, teniendo en cuenta precisamente que constituyen sólo el anuncio del necesario “cerco a China” que los capitales concentrados y sus expresiones político-militares deben llevar adelante. Frente a este “tigre de papel”, como lo denominara Mao, cada día se alza más alto y robusto el pueblo chino organizado bajo la conducción de su clase trabajadora y del Partico Comunista Chino, quien realizara su XIX Congreso definiendo la nueva etapa y los desafíos por delante.

La humanidad vista con ojos chinos

Los hechos analizados hasta aquí permiten dimensionar la profundidad de aquella frase del líder revolucionario ruso Vladimir Lenin, cuando explicaba el carácter de la fase imperialista del capital asegurando “el imperialismo es un muerto que se descompone entre nosotros”. La desaparición de las bases objetivas para la reproducción de capital vuelve obsoleto todo el entramado de relaciones construido sobre ese interés. Ya no es posible organizar la vida en función suya. El carácter anárquico de la producción capitalista, guiada sólo por la maximización de la ganancia, se expresa hoy de forma cruda en el caos que los grandes grupos económicos siembran por doquier. No se trata de una elección: es, simple y llanamente, la expresión de su naturaleza. No siembran el caos: son el caos.

En este escenario, durante el mes de octubre, se realizaba el XIX congreso del Partido Comunista Chino (PCCH). En la actualidad, esta gigantesca organización política de masas está compuesta por 89 millones de miembros, agrupados en más de 4,5 millones de unidades de base, cada una con aproximadamente 20 personas de media. Según los Estatutos del PCCh, debe establecerse una unidad de base donde haya más de tres miembros del Partido (XH 17/10).

De acuerdo con el principio del centralismo democrático, la elección de los delegados del congreso del Partido y los miembros del comité del Partido a todos los niveles deben reflejar la voluntad de los votantes. La minoría debe estar subordinada a la mayoría en la toma de decisiones sobre cualquier materia. El Congreso Nacional del Partido se celebra cada cinco años y es convocado por el Comité Central del PCCh. Puede ser convocado antes de la fecha prevista si el Comité Central lo considera necesario o si más de un tercio de las organizaciones del Partido a nivel provincial lo requieren. Excepto en circunstancias extraordinarias, el Congreso Nacional no debe ser aplazado. El Buró Político, el Comité Permanente del Buró Político y el secretario general del Comité Central del Partido son elegidos por el Comité Central en las sesiones plenarias. El secretario general del Comité Central debe ser miembro del Comité Permanente del Buró Político (XH 17/10).

Todos los comités comunitarios del Partido fueron incluidos en el congreso, y la participación de los militantes fue del 99,2 por ciento, 1,2 puntos más que para el XVIII Congreso Nacional. Este año figuran en la lista más militantes provenientes de la producción y manufactura de primera línea, de minorías étnicas y mujeres. Los 771 delegados que trabajan en la producción y manufactura de primera línea, entre los que se cuenta a trabajadores, agricultores y técnicos, son el 33,7 por ciento del total, un 3,2 por ciento más que hace cinco años. Estos delegados vienen tanto de las industrias tradicionales como de la manufactura, el transporte, el carbón y el acero, como de sectores como las finanzas, internet y las organizaciones sociales. La representación de mujeres y de miembros de minorías étnicas también aumentó hasta alcanzar el 24,1 y el 11,5 por ciento, respectivamente. La edad media de los delegados es de 51,8 años, 0,2 menos que en el último Congreso y en torno al 70,6 por ciento no llegan a los 55 años (XH 2/10).

Es central poder comprender que si la organización es la forma que toma la conciencia, entonces la estructura que compone la organización del PCCH se corresponde con el problema que considera que hay que resolver. En este marco, el Congreso del PCCh pone la mira en 2049. Pasados congresos nos enseñaron que esa reunión, que se celebra dos veces cada diez años, no es solamente un reajuste del liderazgo, sino que es igualmente esencial para definir el camino de China hacia el futuro. En un informe presentado al congreso en nombre del XVIII Comité Central del PCCh, que está por culminar su mandato, Xi Jinping manifestó que China se convertiría en “un gran país socialista moderno” para mediados del siglo XXI. Al respecto de esto, es de destacar que en los últimos 30 años en China han salido de la pobreza 600 millones de personas de forma planificada. Según un informe de la compañía financiera estadounidense Morgan Stanley, los ingresos per cápita de los chinos aumentarían de los actuales 8.000 dólares a 12.500 dólares para el año 2027 (XH 19/10).

Para finalizar, también es de destacar la lucha que viene impulsando el PCCH contra la corrupción, ya que en los últimos cinco años cerca de 176.000 infracciones han sido investigadas y 240.000 funcionarios del PCCh han sido castigados, de los cuales un total de 128.000 funcionarios han sido objeto de acciones disciplinarias, según lo informó la Comisión Central de Control Disciplinario del PCCh. También se reforzó el sistema de rendición de cuentas. Cerca de 6.800 cuadros importantes rindieron cuentas por infracciones en el 2016 y cerca de 4.000 en la primera mitad de 2017 (XH 29/10). La lucha contra la corrupción que asume el PCCh da cuenta, también, de la conciencia respecto de las tareas de la hora. Las profundas transformaciones sociales que se plantea el órgano de los trabajadores requieren combatir en los propios cuadros todos los vestigios de la vieja sociedad.

Las directrices principales emanadas del XIX Congreso del PCCh hablan a las claras de cómo se preparan el pueblo chino, la clase trabajadora y su órgano máximo de directriz política e ideológica, el PCCh, para enfrentar los desafíos de la gobernanza global frente al derrumbe del imperialismo y del mundo unipolar, desarrollando las cualidades necesarias para desplegarse por el conjunto del orbe con su política de “ganar-ganar”, mostrándole al mundo su forma de entender las tareas planteadas de acuerdo a los principios del “socialismo con características chinas”.



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