Revista Mensual | Número: Noviembre de 2017
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Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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¡Comuna o nada!

Operaciones de paz
¡No nos dejen solos!
Materialismo dialéctico
La cultura comunal


La crisis imperialista, la radicalización de su estrategia terrorista y la alternativa de los pueblos

¡Comuna o nada!

“Miro al piso
y veo que necesita barrerse
mi guitarra sigue llorando dulcemente”
George Harrison (1968)

“Dicen mil rocanroles, por los satélites
Dicen mil rocanroles, desde los satélites”
PR (1991)

 


Los pueblos latinoamericanos transitan horas decisivas, enfrentados a un mundo imperialista en decadencia. Debaten qué plan político es el que hay que construir para darle salida a la crisis. Las corporaciones monopólicas están obligadas a esquilmar como nunca antes a los pueblos de la región; a extinguir capas de su propia clase, otrora aliadas en ese propósito; a derrumbar como sea cualquier viso de organización política que las enfrente a través de la utilización de las armas del terrorismo, las cuales maneja a la perfección.

En esta línea, analizaremos la radicalización de la ofensiva imperialista contra el núcleo de naciones del ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas) que han sostenido la necesidad de construir una nueva sociedad, un nuevo orden nacional y regional que reemplace al capitalista en decadencia, que amenaza la Paz de la región mediante la instalación de bases militares y la realización de ejercicios militares con Fuerzas Armadas de países hermanos.

La crisis del imperialismo se manifiesta en la pérdida de apoyo de las sociedades a su estrategia. Esto se expresó en el reciente proceso electoral venezolano, en donde millones de personas, que no necesariamente comulgan con el proyecto del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV), desobedecieron las directivas emanadas por los Estados Unidos de abstenerse electoralmente y promover la desestabilización mediante el terrorismo. Lo que meses anteriores se manifestó a través de los Jefes de Estado que no se alinearon con el país del norte en el plan de intervenir desde el exterior a Venezuela; este mes se expresó mediante la desobediencia de la base de la oposición, con la consecuente fractura de la Mesa de Unidad Democrática (MUD), principal ariete opositor de la nación caribeña.

Desde los países del ALBA analizaremos las diversas estrategias y alianzas construídas por los pueblos para enfrentar la crisis capitalista, haciendo principal foco en Ecuador, que transita una profunda crisis en el gobernante Movimiento Alianza PAÍS debido a una serie de errores e indefiniciones respecto de la estrategia a seguir y del sector social llamado a ejecutarla. En este sentido, veremos que en Venezuela la decisión del gobierno de profundizar en la construcción de órganos de control y democracia popular es un aspecto central que, frente a los embates externos, ha fortalecido al gobierno chavista más que nunca desde el duro contratiempo electoral de finales de 2015, en donde veía arrebatada su mayoría parlamentaria a manos de la opositora MUD.

Operaciones de paz

Como hemos estado analizando en los últimos meses, las fuerzas imperialistas, con EEUU a la cabeza, han recrudecido su ataque a las naciones que integran el ALBA, haciendo especial centro en Venezuela. El imperialismo históricamente se ha ocupado de atacar y derribar a los procesos nacionales, populares y antiimperialistas que se han desarrollado en la región. Desde este punto de vista su accionar no representa ninguna novedad, sin embargo, actualmente, su política injerencista la ejecuta bajo una profunda crisis que es expresada en los sucesivos fracasos que ha sufrido a lo largo del corriente año, y a la fractura ocurrida en su campo al radicalizar su política terrorista y bélica. Esta constituye su única posibilidad, ya que el imperialismo debe derrotar, disolver, fracturar y eliminar a todo el núcleo de países que, levantando las banderas del socialismo, la cooperación internacional y la solidaridad, emergen como faro para todos los pueblos latinoamericanos que transitan los horrores del capitalismo en descomposición. Como hemos analizado en los meses precedentes, el capital concentrado ya no puede construir consenso alrededor de sus intereses, conducir políticamente un amplio espectro de naciones adictas, lograr el apoyo de mayorías en distintas latitudes de la región. Por lo tanto, la radicalización es manifestación de una imposibilidad (no menos peligrosa o dañina), una mordida rabiosa de un perro que siente el agua llegarle al hocico con inusitada velocidad. El terrorismo, la guerra, el asesinato selectivo, son armas que fracturan y dañan las fuerzas antiimperialistas, que atemorizan poblaciones, pero que no pueden proponer ninguna resolución concreta a los problemas vitales que el capitalismo genera.

Así, este mes se hacía pública la Operación “América Unida”, ejercicio militar del que participarán los ejércitos de EEUU, Brasil, Perú y Colombia en la Amazonia, en la ciudad trifronteriza de Tabatinga. Según el ejército de Brasil, los objetivos son crear una base logística “multinacional temporal” para realizar operaciones de “control de migración ilegal, asistencia humanitaria, operaciones de paz, acciones contra el narcotráfico y cuidados ambientales” en el Amazonas. Esta región posee una nutrida reserva de aguas dulces, el 95% de las reservas de niobio, fundamental para el acero de las naves espaciales y de los misiles intercontinentales y el 96% de las reservas de titanio y tungsteno, utilizados en la industria aeronáutica espacial y militar, además de ser rica en petróleo, gas, uranio, oro y diamantes. A esto se sumaba la autorización que el presidente argentino Mauricio Macri otorgó para la instalación de dos bases militares norteamericanas en el territorio austral del continente, una en la Triple Frontera con Brasil y Paraguay (Acuífero guaraní, reserva de aguas dulces) y otra en Ushuaia, Tierra del Fuego (proyección a la Antártida, aguas dulces, y recursos marítimos de la costa sur del atlántico). Sumando así dos establecimientos más a las 75 que se conocen: el escalofriante listado de países que poseen mayor cantidad de bases militares extranjeras lo encabezan Panamá (12), Puerto Rico (12), Colombia (9) y Perú (8) (TS 20/10).

Entre los objetivos que se plantea la operación “América Unida”, según el ejército de Brasil, hemos resaltado el de “operaciones de paz” puesto que resulta un eufemismo utilizado por el imperialismo a lo largo de su historia para expresar invasiones militares y operaciones contra países que se le oponen. Si bien cuando el presidente norteamericano Donald Trump afirmó que su país no descartaba la “opción militar” para Venezuela todas las naciones latinoamericanas manifestaron su repudio públicamente, el capital concentrado tiene la necesidad de expropiar los recursos naturales para asegurar su reproducción aunque cada vez tenga menos consenso para hacerlo. Por esto prepara con la connivencia de los gobiernos cipayos una verdadera plataforma continental bélica que cerca todos los ricos recursos naturales que posee la región y amenaza a todos los pueblos que pretenden organizarse para su utilización social.

Respecto de ello, este mes se conoció un botón de muestra de las implicancias reales que tiene una intervención militar coordinada por los EEUU al cumplirse 13 años de la presencia de los Cascos Azules (Misión de las Naciones Unidas para la “Estabilización” de Haití) en Haití, promovida por el país del norte luego de ejecutar un golpe de Estado en 2004 contra el gobierno democráticamente electo de Jean Bertrand Aristide, un ex sacerdote católico excomulgado por su adhesión a la Teología de la Liberación (www.ecured.cu/Haití). Los resultados de dicha intervención han trascendido públicamente: denuncias contra los Cascos Azules por asesinatos y represión, abusos sexuales y conformación de una red de trata de personas y explotación sexual de menores, propagación de la epidemia del cólera y persecución a los dirigentes de la oposición (TS 13/10). Los resultados han sido catastróficos: actualmente el 80% de la población haitiana se encuentra viviendo bajo la línea de la pobreza, el 70% depende de la agricultura de subsistencia y baja escala, y las fuerzas interventoras han recibido denuncias de ser instrumento de las multinacionales para obtener el desplazamiento de campesinos de sus tierras y el uso de al menos 10 millones de haitianos como mano de obra a bajo costo, pagando dos dólares diarios para ser empleados en el área textil y electrónica (www.ecured.cu/Haití y TS 13/10).

Las mencionadas “operaciones de paz” y “fuerzas de estabilización”, muy lejos de obtener paz o estabilidad alguna, han hundido al pueblo haitiano bajo el dominio directo de las corporaciones concentradas y las fuerzas armadas imperialistas se encargan de generar terror social para impedir cualquier embrión de organización en su contra. Pues bien, las 75 bases militares desplegadas a lo largo y ancho del continente persiguen los mismos objetivos.

De esta manera, los EEUU tomaron este mes decisiones tendientes a radicalizar su enfrentamiento con las naciones del ALBA, especialmente Cuba y Nicaragua. Respecto de la primera, el presidente Trump anunció un fuerte retroceso al “deshielo” forjado por el ex mandatario Barack Obama, el cual hiciera público el reconocimiento del fracaso de las políticas de extorsión económico financiera y hostigamiento permanente para lograr un cambio de gobierno. Pues bien, este mes 21 miembros del personal diplomático norteamericano reportaron misteriosos ataques “auditivos” que les habrían causado “daños irreparables en los oídos y otras afecciones”, con lo que el gobierno de Trump decidió ipso facto que ello era responsabilidad de Cuba y de esa manera retirar al 60% de sus diplomáticos de La Habana, argumentando que estaban sucediendo “cosas muy malas” en la mayor de las Antillas. El Secretario de Estado, Rex Tillerson, dijo que “hasta que el gobierno de Cuba pueda garantizar la seguridad de nuestros diplomáticos en Cuba, nuestra embajada quedará reducida a personal de emergencia, para minimizar el número de diplomáticos que se arriesgan a quedar expuestos” (CL 29/9). El senador republicano Marco Rubio radicalizó la posición del gobierno al exigir la expulsión de los diplomáticos cubanos de EEUU: “Así que el régimen de Castro permite los ataques a los estadounidenses que nos obligan a retirarnos para mantenerlos a salvo ¿pero él puede mantener cerca el mismo número de personas aquí?” (LN 30/9).

También, el Congreso norteamericano sancionaba por unanimidad la Nicaraguan Investment Conditionality Act, conocida como Nica Act, la cual pretende evitar los préstamos de instituciones financieras internacionales al Gobierno de Nicaragua e impone sanciones al gobierno de Daniel Ortega por supuestas “violaciones a derechos humanos y retroceso de la democracia en Nicaragua” (TS 3/10). Curiosa definición, siendo que en las últimas elecciones realizadas en el país, en 2016, el Frente Sandinista de Liberación Nacional, cuyo candidato a presidente era el actual mandatario Daniel Ortega, fue elegido por el 72,5% de los votos emitidos (con un 68,5% de participación) (www.el19digital.com/articulos/ver/titulo:48641-fsln-alcanza-el-725-de-los-votos-en-historicas-elecciones-de-nicaragua).

De esta manera, alegando ataques “ultrasónicos” (www.youtube.com/watch?v=9JZYE2VE-Ks) o “retroceso democrático” en un país que realizó una histórica elección, los EEUU profundizan su estrategia bélica y terrorista contra las naciones del ALBA que pretenden construir un orden internacional bajo otros principios, fundados en la “unidad y la globalización de la solidaridad”, como dijera Fidel Castro en la primera cumbre de la CARICOM.

La derrota sufrida por el imperialismo en Venezuela explica sin dudas la desesperación que dichas acciones manifiestan.

¡No nos dejen solos!

Desde hace ya un largo tiempo, Venezuela se ha convertido en el principal escenario latinoamericano en donde el imperialismo norteamericano ha jugado todas sus fichas con el objetivo de terminar con el gobierno del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV). Sus acciones de han basado en amenazas de intervención militar, entrenamiento y financiación de grupos terroristas locales, coordinación de todo el arco opositor, sanciones financieras y económicas, etc.

Sin embargo, en los últimos meses dicha estrategia sufrió un duro revés, ya que frente a la convocatoria por parte del imperialismo a la abstención electoral y el posterior desconocimiento de las instituciones surgidas del proceso Constituyente, millones de venezolanos opositores a las políticas del PSUV han desconocido ese mandato y han ido a votar igual, resultando ser la elecciones con mayor porcentaje de asistententes a votar: 8 millones en la de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) y 11 millones en las regionales.

Recordemos que al declararse al parlamento en desacato y convocar a la ANC, la oposición venezolana nucleada en la MUD realizó un “referéndum” carente de legalidad y prueba alguna y decretó el llamado a la abstención electoral y la conformación de un gabinete ejecutivo paralelo y un Tribunal Supremo de Justicia paralelo, que contaba fundamentalmente con el apoyo de la OEA, es decir, del puñado de países de la región que se han alineado tras las políticas del imperialismo. Así, entre gallos y medianoche, los cinco jueces (prófugos de la justicia legítima venezolana) abandonaron la nación caribeña y anunciaron la conformación del tribunal en uno de los salones de la OEA, en Washington; uno de los jueces prófugos anunció: “Vamos a trabajar para rescatar la ley en Venezuela. Nuestro trabajo es recuperar la institucionalidad, nuestra independencia, porque el Estado está actualmente bajo secuestro” (LN 12/10).

La masiva concurrencia a las elecciones constituyentes produjo una fuerte fractura entre las bases y la dirigencia de la oposición que acudió a votar en masa ignorando la estrategia del abstencionismo con el fin de deslegitimar el hecho eleccionario; los mismo ocurrió este mes en las elecciones regionales cuando las bases de la MUD desconocieron el mandato norteamericano de “abstenerse” y “no reconocer” el resultado que emane de las autoridades oficiales. Esto es significativo ya que muestra que el pueblo que no se identifica como chavistas tampoco reconoce la propuesta de la MUD como una propuesta viable, es decir, rechazan una política que se sustenta en la extorsión financiera internacional y la generación de actos terroristas mediante fuerzas irregulares conformadas por los EEUU. En este sentido, cualquier declaración o intención por “desconocer” elecciones o “formar tribunales paralelos”, tiene asidero en tanto tengan base en un sector de la población, sino son meras declaraciones vacías que los medios de comunicación masiva se encargan de magnificar.

Es así que una parte de la oposición tomaba la determinación de presentarse a las elecciones y competir en ellas, reconociendo de esa manera a la ANC, las elecciones que la conformaron y la legalidad del llamado oficial para su realización. El principal dirigente opositor abonado a este curso de acción fue el socialdemócrata Henry Ramos Allup, que se defendía del fuego amigo: “Colaboracionismo es entregar las gobernaciones a Maduro” respecto de las acusaciones que lo colocaban como un colaborador de las “ilegalidades” de la “dictadura” (LN 09/10). Pero ¿cómo hacer para sostener una posición de “desconocimiento” de las autoridades oficiales y sus instituciones cuando millones concurren a las urnas a convalidarlas, especialmente su base social y electoral? Independientemente del deseo del dirigente, la contundencia del proceso electoral constituyente manifestó un desacuerdo de millones de venezolanos opositores con la estrategia comandada por los EEUU.

Una vez más, las elecciones regionales significaron un rotundo golpe en el mentón a las fuerzas imperialistas, ya que los resultados fueron abrumadores, con la participación de un 61,14% de los habilitados para votar, contra el 54% del 2012; el PSUV se impuso en 18 de los 23 estados: Amazonas (59,85%), Apure (51,92%), Aragua (56,83%), Barinas (52,88), Carabobo (51,96%), Cojedes (55,48%), Delta Amacuro (58,78%), Falcón (51,86%), Guárico (61,68%), Lara (57,65%), Miranda (52,54%), Monagas (53,94%), Portuguesa (64,34%), Sucre (59,89%), Trujillo (59,09%), Bolivar (49%), Yaracuy (61,88%) y Vargas (52,35%), habiendo obtenido una diferencia de 9 puntos en los resultados generales, de 54,5% a 45,5% (TS 16/10).

A las 24 horas de ocurridos los comicios, la MUD declaró a las elecciones como “el proceso electoral fraudulento sin precedentes en nuestra historia”. Ángel Oropeza, uno de sus dirigentes, afirmaba que “las trampas electorales se produjeron antes y durante la votación, sin menoscabo de otras. Nadie duda de que las elecciones en Venezuela no son libres ni justas ni transparentes”. El candidato derrotado en la hasta entonces opositora Miranda, Carlos Ocariz, afirmó: “Ésta es una pelea contra un Estado abusivo, corrupto y depravado” (LN 17/10). El Secretario General de la OEA, espada norteamericana en la región, Luis Almagro, anfitrión y sede del “Tribunal Superior paralelo”, matizaba estas afirmaciones y reprochaba al liderazgo opositor no acatar las directivas emanadas del norte, al “participar de las elecciones sin garantías, lo que lo ha convertido en un instrumento esencial del eventual fraude” (LN 17/10).

Ahora bien, el problema que se le presenta a la oposición en su permanente “desconocimiento” de los resultados electorales y las denuncias de “fraude”, son los más de 11 millones de venezolanos que concurrieron a las urnas y especialmente el 45% que votó por los candidatos de la MUD, la cual obtuvo 5 gobernaciones. Desde la convocatoria a las elecciones, las autoridades oficiales habían anunciado que cualquier gobernador electo debía reconocer y jurar ante la ANC… que la oposición había “desconocido” y declarado “fraudulenta”. Frente a esto la primera reacción opositora, como hemos mencionado, fue denunciar “fraude” y negar la juramentación de sus 5 gobernadores electos frente a la ANC: “Vamos a dar batalla. Pueblo de Venezuela ¡no nos dejen solos!” gritaba, desesperado, el candidato derrotado en Bolívar Andrés Velásquez (LN 19/10); frente a lo que el presidente Nicolás Maduro alertaba: “La ANC es el supra poder del país y todos estamos obligados por la Constitución a respetar sus plenos poderes (…). El que quiera ser gobernador tendrá que reconocerla, si no, se repetirán elecciones en los estados donde no se reconozca a la ANC” (TS 20/10).

Tan solo 4 días transcurrieron entre una declaración y la otra y cuatro de los cinco gobernadores opositores electos juraron su cargo ante la ANC; el vicepresidente del parlamento y guarimbero Freddy Guevara afirmó que “los gobernadores que juraron se apartaron” de la MUD; Luis Vicente, presidente de la “consultora” Datanálisis afirmaba, categórico: “Es malo juramentarse y es malo no juramentarse. Pero juramentarse unos y otros no es aún peor” (LN 24/10) dando así por confirmada la escandalosa fractura del frente opositor, que no es más que expresión de la incapacidad de la estrategia imperialista por lograr que grandes porciones de la población acompañen sus iniciativas. Esta es la razón del grito desesperado: “¡No nos dejen solos!” de una dirigencia que ya no posee la conducción política de su base social y electoral, la cual acudió masivamente a las urnas y, por ende, reconoció la institucionalidad surgida al calor de la disputa frontal contra las fuerzas imperialistas, sobre la base de profundizar la democracia obrera y popular.

Materialismo dialéctico

Sin embargo, como hemos afirmado en más de una oportunidad, el hecho de que el orden imperialista se encuentre en crisis genera peores condiciones de existencia, ya que el hecho de que la oposición que encarna en cada país los intereses del capital concentrado no logre aglutinar tras de sí a las masas, profundiza la situación de pobreza y descomposición social en tanto los frentes nacionales y populares no logren vertebrar una salida a la crisis actual.

Desde que en el año 2005 se realizó en Mar del Plata el rechazo al ALCA norteamericano, organizado centralmente por Argentina, Brasil y Venezuela, hemos visto surgir en Latinoamérica diversos movimientos políticos representativos de amplias capas sociales que enfrentaron, con variadas estrategias, al orden imperialista en decadencia. Estos movimientos enfrentaron un enemigo común, el imperialismo, pero lo hicieron desde distintas concepciones en relación a cómo se entendía el problema: si se puede superar la crisis dentro de los marcos del capitalismo o si se deben construir otras relaciones sociales y, en este sentido, se generaron distintas alianzas en el plano nacional de cada país, según qué sectores de la sociedad tenían que encabezar esa pelea. Se han transitado diez años de ricas experiencias Nacionales, Populares y antiimperialistas que, frente al golpe de Estado a Dilma Roussef en Brasil, el triunfo electoral de Mauricio Macri en Argentina, la derrota electoral del PSUV en Venezuela en 2015, se han encontrado frente a un límite que es menester superar para así poder resolver definitivamente los problemas centrales de nuestras sociedades.

Ecuador, desde el 2006, no fue la excepción a dicho proceso. A partir de la asunción de Rafael Correa a la presidencia, mediante un frente electoral denominado Alianza País, conformado por más de 30 organizaciones sociales y partidarias, se encauzó un proceso social y político que tuvo como eje enfrentar a las corporaciones financieras que habían saqueado sistemáticamente al país, llevando a la nación hacia la bancarrota total y quitándole la soberanía monetaria al dolarizar su economía, hecho que subsiste hasta el día de hoy. Dicho proceso adhirió a construir el Socialismo “del siglo XXI” y se incorporó a organismos regionales como el ALBA, CeLaC y UNASUR, estrechando fuertes vínculos con las naciones latinoamericanas que han profundizado la línea de enfrentamiento contra el imperialismo, aunque con algunos matices y particularidades. En 2010, así definía R. Correa al proceso político que encabezaba: “Nuestro proceso empezó al revés: normalmente se organiza un movimiento político, una estructura política y se llega al gobierno. Nosotros llegamos al gobierno sin estructura. Y el problema es que hemos estado desbordados, no podemos multiplicarnos por 20. Pero sabíamos que nuestro desafío era conformar esa estructura política que dé apoyo al gobierno” (www.youtube.com/watch?v=dpzALXy7UXo), evidenciando un claro déficit respecto del tipo de participación política de la sociedad ecuatoriana.

A la vez, asumía que el “ciudadano” es el sujeto político capaz de transformar las estructuras de poder, promoviendo la democracia participativa como herramienta de “participación ciudadana”. Respecto de las definiciones sobre el Socialismo, afirmaba: “Socialismo es supremacía del trabajo humano sobre el capital. Estamos en contra de la utilización del trabajo humano como un instrumento de producción en función de las necesidades de acumulación del capital. Otra definición es la supremacía de la acción colectiva por sobre la individual; superemos esta falacia neoliberal del individualismo como eje de la sociedad. (…) ¿Cuáles son las diferencias con el socialismo tradicional? Primero, en el siglo XXI nadie puede sostener la colectivización de los medios de producción. (…) Otra fundamental: superar el materialismo dialéctico. Hoy nadie puede hablar de materialismo dialéctico (…), lucha de clases, etcétera”, dando así, sustentabilidad teórica a la revolución ciudadana que promulgaba, negando la lucha de clases.

Pues bien, luego de tres mandatos consecutivos al frente del Ecuador, en donde se lograron importantes conquistas sociales y políticas, Rafael Correa decidió nombrar a su ex vicepresidente, Lenin Moreno, como principal candidato a sucederlo y anunciar su “retiro” de la política nacional y radicación en Bélgica, de donde es oriunda su esposa. En unas elecciones ajustadas, el candidato de Alianza País se impuso en el balotaje por el 51%, sosteniendo a la coalición partidaria en el gobierno por un cuarto período consecutivo. Sin embargo, los déficits mencionados en materia de definiciones estratégicas y de construcción de la herramienta comenzaron a minar la posibilidad de “retiro” del ex mandatario, como así también la continuidad del proyecto político que supo encabezar.

Así, el presidente Lenin Moreno anunció la realización de una consulta popular que, entre otras cosas, proponía derogar la Ley para Evitar la Especulación de la Tierra, popularmente conocida como Ley de Plusvalía, que constituía uno de los reclamos de las fuerzas políticas imperialistas locales, incorporado a su plataforma electoral, mientras acordaba la incorporación al gobierno de prominentes miembros de la oposición vinculados al saqueo del país (TS 2/9). También, daba curso a una acción legal realizada contra su vicepresidente Jorge Glas (de gran cercanía a Rafael Correa) y otros 17 ex funcionarios por asociación ilícita en el caso Odebrecht, que afirmó pagarles 33,5 millones de dólares en sobornos a cambio de adjudicarse contratos con el Estado. El presidente Moreno tomaba así la decisión de separarlo del cargo (luego que se le dicte la prisión preventiva) y nombrar un reemplazo de su confianza (TS 29/9). Frente a estos hechos, Correa afirmaba: “Yo quería retirarme al menos por algunos años y probablemente de forma definitiva (…) ganamos la presidencia y ahora es peor que si hubiera ganado la oposición, con mucha más maldad, con mucha más mentira, con mucha más desvergüenza. (…) de continuar destruyendo lo logrado, impulsaremos una Asamblea Nacional Constituyente y tendré que volver como candidato, eso me va a costar muchísimo a nivel familiar, pero entiendo claramente la responsabilidad que tengo ante la historia (…). Jorge Glas no solo que jamás ha robado un centavo, ha expuesto su vida para evitar que roben un centavo. Y eso te da enemigos” (TS 22/9). De esta manera, se evidenciaron las dificultades generadas por las definiciones políticas expuestas con anterioridad, en donde bastó que el líder del movimiento político se retirara unos meses a “descansar” fuera del país para que su sucesor vuelva sobre sus pasos, asuma parte de la plataforma electoral de las fuerzas imperialistas locales, incorpore a sus miembros a la estructura de gobierno y dé curso a denuncias judiciales surgidas desde los EEUU contra los dirigentes más leales, todo ello sin ningún tipo de manifestación o impedimento de ningún “ciudadano” organizado con ese fin.

La pelea contra el imperialismo requiere definir de manera más precisa el problema a resolver, ya que de aquí deviene el plan a desarrollar. En este sentido, es interesante volver sobre la discusión que tuvieron Evo Morales y Cristina Kirchner en la reunión del G-77 + China en el año 2014, cuando frente al planteo del presidente de Bolivia de la necesidad de construir un “nuevo orden mundial para vivir bien”, la presidenta de Argentina caracterizaba el momento como “anarcocapitalismo” diciendo que “esto que está pasando en el mundo no es capitalismo (…). Porque en el capitalismo podíamos encontrar la categoría de la explotación, de la plusvalía, pero este anarcocapitalismo que vive el mundo dominado por los capitales financieros, no ya por los capitales que producen bienes y servicios, tenemos una nueva categoría que no es la de la explotación, sino que es la de la exclusión. (Discurso de la Presidenta Cristina Fernández ante la cumbre G77 + China, en Santa Cruz, Bolivia). Este debate atraviesa la construcción de los frentes nacionales y populares, donde el sector que ha conducido estos movimientos en un grupo de los países de la región como Argentina, Brasil y Ecuador, entiende que “un nuevo orden mundial para vivir bien o para vivir mejor, como decimos nosotros, tiene que abordar un nuevo sistema de normativas globales aplicables a todos los países”, en palabras de Cristina Kirchner, es decir, la salida está en los marcos del mismo sistema, la cuestión es que el capitalismo vuelva a funcionar bajo las normas que al día de hoy no se estarían respetando. Esto amerita que el plan político construya ciudadanía, lo que se entiende como más derechos hacia la población para lograr mejores condiciones de vida, el centro está en redistribuir de manera más equitativa la riqueza existente. Sin embargo, los países del ALBA con Cuba a la cabeza, Venezuela y Bolivia como los países que más han profundizado en el proceso de liberación nacional, se plantean que la única forma de lograr una sociedad igualitaria es bajo relaciones que no sean de explotación, donde una clase no se apropie de la riqueza que genera la otra, lo que contiene un cambio de sistema, por esto es necesario un “nuevo orden mundial”. En el camino recorrido hasta aquí por los frentes nacionales y populares en la región y la situación que hoy atraviesan Argentina, Brasil y Ecuador da cuenta que la lucha es por el control de los medios de producción y que en tanto los trabajadores sigan siendo expropiados por el capital concentrado no hay posibilidad de resolución de la crisis que, así como hunde en la miseria a nuestros pueblos, aniquila los recursos naturales y la vida del planeta. En este sentido, para pelear contra el imperialismo no alcanza con la distribución de la riqueza, sino que es necesario cambiar las relaciones que la producen, así, el programa que el gobierno bolivariano conduce en Venezuela surge inmenso para entender cuál es el camino a seguir.

La cultura comunal

El 2015 fue sin dudas un año bisagra para Venezuela, en donde la derrota electoral del PSUV significó un profundo replanteo respecto del camino a seguir. Independientemente de la estrategia terrorista del imperialismo, económica y militar, acciones que como hemos visto son producto de la necesidad de las corporaciones monopólicas que lo sustentan y por lo tanto inevitables, la respuesta a un resultado adverso por parte de la dirección bolivariana radicó en la profundización del enfrentamiento contra ellas, poniendo a la Clase Obrera como principal sujeto político encargado de su ejecución.

De esta manera es que desarrollaron los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), los Consejos Comunales, y todas aquellas herramientas tendientes a democratizar radicalmente el poder político y convocar a la clase trabajadora a la organización de una sociedad basada en principios totalmente contrarios a la decadencia capitalista. Estos dos elementos, la conciencia de la necesidad de reemplazar al modo de producción capitalista y toda su institucionalidad y que ello debe ser realizado fundamentalmente por la clase trabajadora, es lo que sin dudas ha permitido al proceso venezolano resultar victorioso y más fortalecido de la dura ofensiva imperialista que se ha intensificado en los últimos dos años. Su embajador ante la ONU, Rafael Ramírez, definía ello diciendo que el capitalismo “además de violentar la soberanía de los países, contribuye a empujar a los pueblos a la pobreza y la desesperanza. La pobreza es consecuencia del modelo económico injusto y excluyente que ha prevalecido en el planeta durante las últimas décadas. El capitalismo es conceptualmente generador de exclusión y de carencias, siendo un sistema que nunca toma en cuenta al ser humano ni a sus necesidades” (TS 12/10).

Es así que se han obtenido contundentes victorias, expresadas en el ámbito electoral en estas dos últimas contiendas, frente a todos los poderes financieros del mundo conjurados para derrocar la presidencia de Nicolás Maduro. Más aún, el apoyo popular es a la nueva institucionalidad surgida al calor del proceso revolucionario, desde el cual se le está dando respuesta a los principales problemas originados por el régimen capitalista en decadencia. Este mes Maduro entregó el hogar 1.800.000 construído por la Gran Misión Vivienda de Venezuela, alcanzando la proporción de 11,59 viviendas por cada 1.000 habitantes y obteniendo el 60% de la meta propuesta de construir tres millones de hogares para 2019 (TS 13/10); también inauguró nuevas salas para quirófanos con equipos de alta tecnología en 59 hospitales en distintos lugares del país, como parte del Plan Quirúrgico Nacional, el cual fuera activado desde mayo del corriente año y ya obtuvo más de 100.000 intervenciones quirúrgicas en todo el país, de las cuales 12.000 fueron cirugías (TS 18/10).

Sin embargo, independientemente de cualquier logro material producido para la población, lo central resulta en la convocatoria a la organización y el protagonismo político en todos los ámbitos posibles, reconociendo que la organización básica de los trabajadores planteada para el control territorial es el embrión básico de la nueva sociedad que se pretende construir, la cual la ANC institucionaliza con gran apoyo popular. Es por ello que Maduro aseguraba que “nuestro pueblo le ha dado un mensaje brutal al imperialismo, a Trump, a sus aliados regionales y a la derecha local. Ese mensaje es producto de la conciencia que tiene el pueblo, pese a que las fuerzas imperiales del norte han lanzado una guerra psicológica, política, económica contra nosotros” (ET 18/10). En el año 2012 Hugo Chávez, en la autocrítica pública que realizara su entonces gobierno, afirmaba respecto de este punto central: “Nosotros tenemos que territorializar. Si este elemento (por las obras públicas realizadas por el gobierno) no formara parte de un plan sistemático de creación de lo nuevo (…), si no fuera así, esto estaría condenado al fracaso. Todo eso sería absorbido por lo viejo, es un monstruo el capitalismo. (…) Nosotros hemos asumido que el problema de las Comunas es de un Ministerio, y eso es un gravísimo error que estamos cometiendo. Las Comunas, el estado social de derecho y de justicia. ¿Y dónde están las comunas? Y seguimos entregando las viviendas y no se ven las Comunas, ni el espíritu de la Comuna que es mucho más importante, en este momento, que la misma Comuna, la cultura comunal. (…) Es parte del alma de este proyecto. (…) El problema es cultural, compañeros. Las Comunas, ¡Independencia o Nada! ¡Comuna o Nada! (…) ¡Cuidado! Si no nos damos cuenta de esto, estamos liquidados. No solo es que estamos liquidados, sino que seríamos los liquidadores de este proyecto.” (www.youtube.com/watch?v=-PHPqkZJOiM&t=549s).

Resulta significativa la advertencia realizada por el líder del PSUV en el año 2012 respecto de la importancia de la batalla ideológica, cultural, que debía realizarse antes que cualquier medida tendiente al mejoramiento material de la población, puesto que precisamente esa es la dirección empleada por el gobierno bolivariano luego del duro contratiempo sufrido en 2015 en manos de la opositora MUD, hoy en vías de extinción. De hecho, fue la profundización de esa línea estratégica la que pudo contrarrestar la ofensiva imperialista y legitimar la nueva institucionalidad surgida en el fragor de esa batalla, coronada por las últimas elecciones regionales, en donde resultara victorioso el PSUV.

Desde el punto de vista de la conciencia del agotamiento del capitalismo, de su crisis, de la realidad objetiva de la lucha de clases y del papel central a jugar por la clase trabajadora, es que Venezuela emerge como un notorio ejemplo para todos los pueblos latinoamericanos, sumidos en el inhumano capitalismo decadente. De allí que Nicolás Maduro afirme que el triunfo obtenido frente al imperialismo sólo es resultado de la “conciencia del pueblo”, sin la cual nada grande puede conseguirse en la historia.



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