Revista Mensual | Número: Enero de 2018
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Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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El derecho de vivir en paz

Yanqui, decime que se siente…
Pinky y Cerebro
País de pobres corazones
Fractura institucional en Europa
Como correr sin piernas


La caída de la hegemonía estadounidense en Medio Oriente desnuda la debilidad de todo el bloque imperialista a escala global

El derecho de vivir en paz

“Deja que la noble furia

estalle como las olas,

esta es la guerra del pueblo,

una guerra sagrada!”

(La Guerra Sagrada, Vasili Lébedev-Kumach)



La victoria de las fuerzas antiimperialistas en Medio Oriente y el reconocimiento por parte de EEUU de Jerusalén como capital de Israel marcan, por un lado, que ante la inevitable pérdida de hegemonía de las fuerzas imperialistas a escala global, estas solo pueden dar saltos hacia adelante profundizando su crisis, aumentando así el riesgo de aniquilación para la vida en el planeta. Por otro lado, allanan el camino para que los pueblos comprendamos que la urgente tarea de “evitar la guerra”, señalada por el Comandante Fidel Castro, sólo es posible derrotando de forma definitiva a esas fuerzas. Los acontecimientos que pasaremos a analizar, con epicentro en Medio Oriente, dan cuenta de la acelerada toma de conciencia de la necesidad de controlar esas fuerzas.

Yanqui, decime que se siente…

“Con el diablo no se puede hablar.
Si empiezas a hablar con él, estás perdido…”
Papa Francisco

Tal como señalábamos en nuestro anterior Análisis…, luego de más de seis años de guerra, los gobiernos de Siria e Irak anunciaban el triunfo definitivo sobre los grupos terroristas financiados y entrenados por las potencias imperialistas. Según datos proporcionados por el ministro ruso de Defensa, tras haber controlado cerca del 70% del territorio sirio, el grupo terrorista EIIL vio reducido su dominio a apenas el 5% (RT 24/10). Como hemos analizado en otras oportunidades, el punto de inflexión para esta victoria se ubica en el inicio de la cooperación militar entre Siria, Irak, Irán y Rusia, a finales de 2015.

Dando cuenta precisamente de esa cooperación, el primer ministro iraquí, Haider al-Abadi, anunciaba también la victoria sobre el EIIL, señalando: “nuestras fuerzas controlan completamente la frontera iraquí-siria y, por lo tanto, anuncio el final de la guerra contra Daesh [acrónimo en árabe de EIIL]… Es una victoria y una fiesta para todos los iraquíes, pero a pesar de esta victoria final, debemos permanecer en alerta” (LN 10/12).

La derrota político-militar de la intervención imperialista bajo la forma de terrorismo jihadista, que había logrado el control territorial de la mayor parte de Siria e Irak, “empuja” a sus mentores al ataque directo. En ese sentido, el primer ministro de Israel, Benyamin Netanyahu, afirmaba que “a partir de ahora, Israel ve las actividades de Irán en Siria como un objetivo. No dudaremos en actuar si nuestras necesidades de seguridad nos obligan”. Junto con “las actividades de Irán”, Netanyahu también señalaba como posible “objetivo” al movimiento libanés Hezbolá, cuyo papel en la lucha contra el EIIL hemos analizado en varias oportunidades. Según el primer ministro, su gobierno ha mantenido hasta el momento la “neutralidad” en la guerra siria, pero “la situación ha cambiado” después de la derrota del grupo terrorista EIIL (HTV 21/11). Es decir, Israel se ha mantenido “neutral” mientras el EIIL controlaba la situación, pero ahora que ha sido derrotado, asume en primera persona la ofensiva.

De hecho, a principios de diciembre, el gobierno de Siria denunciaba ataques israelíes con misiles a una base militar ubicada en el suroeste de Damasco. Si bien las unidades de defensa aérea lograron destruir dos de los proyectiles, otros alcanzaron la instalación militar (XH 2/12).

En el mismo sentido, la derrota de los grupos terroristas en Siria e Irak dejaba sin sustento el de por sí ya insostenible argumento para la presencia yanqui en dichos países. Pese a no contar ni con la aprobación del gobierno sirio ni con el mandato del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, Washington mantiene en la república árabe unos 2.000 soldados, según revelaciones de funcionarios estadounidenses citados por la agencia Reuters. Esta cifra es muy superior a la ofrecida anteriormente por el Pentágono, que calculaba en unos 500 sus efectivos en el país árabe (RT 26/11). Estas tropas se encuentran distribuidas en al menos 12 bases montadas de forma completamente ilegal en territorio sirio. De hecho, pese a las denuncias que continuamente realiza el gobierno de Al Assad, EEUU cerró un zona de 55 kilómetros alrededor de la base militar que posee en la localidad siria de Al Tanf, aislando de esta manera a más de 50.000 personas, según ha afirmado durante una rueda de prensa el director el Centro para la Reconciliación de las Partes Beligerantes en Siria, Serguéi Kuralenko (RT 27/11).

Similar respuesta encontraba el avance iraquí. Durante una visita a Irak a principios de diciembre, el presidente francés, Emmanuel Macron, pedía el desmantelamiento de las milicias populares que lucharon contra los grupos terroristas. Al respecto, se pronunciaba el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Ali Shamjani: “El hecho de que el presidente de un país occidental (Francia) se haga eco de los llamamientos del régimen israelí e insista en la disolución de las Al-Hashad Al-Shabi (Unidades de Movilización Popular iraquíes) muestra que se está preparando una nueva trama para devolver la inseguridad y el terrorismo a la región” (HTV 4/12).

En el mismo sentido, el portavoz de las Fuerzas Armadas de Irán, Sayed Masud Yazayeri, hacía explícito el verdadero enemigo a vencer en la región –y en el mundo–: “el gran frente de Resistencia seguirá fortaleciendo sus capacidades hasta la eliminación del sionismo y la expulsión del último soldado de EEUU de la zona” (HTV 25/11). La derrota de los grupos terroristas reviste suma importancia, precisamente en tanto expresa la toma de conciencia de los pueblos de la región de la necesidad de subordinar las contradicciones y disputas internas a la necesidad de enfrentar los intentos imperialistas de fracturar los países de la región.

En ese sentido, durante el mes que estamos analizando, tenía lugar una nueva ronda de las negociaciones para hallar una salida política a la guerra en Siria. En esta oportunidad, representantes de Rusia, Irán y Turquía –países que patrocinan los diálogos entre el gobierno de Al Assad y la oposición– se reunieron en la ciudad rusa de Sochi. Allí, reafirmaron los dos principios innegociables para la resolución del conflicto: por un lado, la defensa de la integridad territorial de la República Árabe Siria; por el otro, el retiro de las fuerzas extranjeras (CL 29/11). Que la discusión sobre el futuro político de Siria deba enmarcarse en dichos principios supone dejar fuera de la negociación a aquellos sectores que han actuado como punta de lanza de la política yanqui.

La derrota sufrida por el imperialismo yanqui en Siria demuestra, de esta manera, las lecciones que los pueblos de Medio Oriente han sacado tras las invasiones encabezadas por EEUU a Irak y Libia. En ambos casos, sectores opositores a los respectivos gobiernos creyeron que podían utilizar el apoyo yanqui para llevar adelante sus demandas. Sin embargo, los hechos demostraron que las fuerzas imperialistas no pueden ya “apoyarse” en una facción local y organizar la sociedad en función de su interés. El establecimiento de dichas alianzas se asentaba en la posibilidad  material de garantizar al aliado su reproducción como clase. Como analizamos mes tras mes en esta publicación, la reducción del tiempo necesario para producir los bienes que saturan el mercado mundial implica la desaparición de las bases materiales para dichas alianzas. Para los grandes grupos económicos ya no es posible resignar una parte de ese valor a manos de sus socios menores. Eso significa que ya no pueden organizar la sociedad. Allí donde dominan, sólo desatan el caos.


Pinky y Cerebro

“Pinky: –¿Qué haremos esta noche?
Cerebro: –Lo mismo que todas las noches:
tratar de conquistar el mundo”

La victoria en Medio Oriente de las fuerzas que han asumido la necesidad de enfrentar al imperialismo expresa un quiebre en la correlación de fuerzas a escala mundial. Es precisamente desde ese quiebre que debe analizarse la decisión del gobierno de Donald Trump de reconocer como capital del Estado de Israel la ciudad de Jerusalén y el consecuente traslado a dicha ciudad de la embajada yanqui, anunciada durante el mes de diciembre.

En el año 1995, ambas cámaras del Congreso estadounidense aprobaban una ley reconociendo a Jerusalén como capital de Israel. Sin embargo, ésta nunca se efectivizó, ya que los sucesivos gobiernos de Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama postergaron sistemáticamente su aplicación. La comunidad internacional sostiene como solución al conflicto palestino-israelí la llamada “solución de dos Estados”, con Jerusalén como capital de ambos Estados y el retorno a las fronteras previas a la llamada “Guerra de los 6 días”. Eso supone la devolución por parte del régimen israelí de los territorios ocupados a partir de su triunfo en dicha guerra: los Altos del Golán, en Siria; la península del Sinaí (Egipto); parte de la Franja de Gaza (Palestina) y Cisjordania (incluyendo Jerusalén del Este).

Entonces, en el marco de la flagrante derrota sufrida en la región, el gobierno de Trump apuesta a consumar algo que durante dos décadas, gobiernos demócratas y republicanos no se atrevieron ni a intentar en pleno desarrollo de su avance bélico. Tomar la decisión de hacerlo ahora no es más una muestra del grado de desesperación e irracionalidad alcanzado.

Como era de esperar, el anuncio encendía un rechazo unánime de la comunidad internacional, con la salvedad, claro está, del gobierno de Israel. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, elogiaba la decisión del presidente estadounidense, calificándola de “valiente y justa” y un “hito histórico” (LN 7/12).

En Cisjordania, el presidente palestino, Mahmud Abbas, advertía el riesgo de una “guerra sin fin” a partir del anuncio, mientras que Hamas, la agrupación político militar que controla la franja de Gaza señalaba que la decisión abriría “las puertas del infierno” (LN 7/12).

Tras el anuncio yanqui, la Organización de Cooperación Islámica (OCI), se convocaba a una reunión de urgencia en Estambul. La cumbre contó con la participación de 48 de los 57 miembros, que se pronunciaron a través de un comunicado en los siguientes términos: “Rechazamos y condenamos con firmeza la irresponsable, ilegal y unilateral decisión del presidente de EEUU de reconocer Al-Quds como supuesta capital de Israel. Consideramos esta decisión nula y carente de valor”. Por otro lado, los líderes musulmanes allí reunidos señalaban que con esta decisión, Washington ya no puede desempeñar el rol de mediador en el proceso de paz entre Palestina e Israel (HTV 13/12). Cabe señalar que dicha organización, cuya sede se encuentra en Arabia Saudita, cuenta entre sus miembros con históricos aliados yanquis, como la propia Arabia, Emiratos Árabes Unidos y Barein, por nombrar algunos.

En ese sentido, son de vital importancia las declaraciones vertidas por el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan. Dirigiéndose a los mandatarios de los países árabes, Erdogan advertía que “si perdemos Al-Quds, no lograremos defender Medina, si perdemos Medina, perderemos La Meca y la Kaaba (el lugar sagrado y de peregrinación religiosa más importante del Islam)” (HTV 16/12). De esta manera, el mandatario turco hacía explícito que el intento de avance sobre Jerusalén es sólo la punta de lanza de la necesidad yanqui de “ir por todo” en la región. La mención de ciudades como Medina y La Meca no constituyen un elemento menor, ya que ambas se encuentran en Arabia Saudita, histórico aliado yanqui en la región. Tampoco es un dato menor quién es el que realiza el llamado de alerta. Hemos seguido pormenorizadamente desde estas páginas cómo Turquía ha tomado nota de que estaba dejando de ser convidado a la fiesta para convertirse en parte del banquete a devorar.

Junto con esto, las reacciones populares tampoco se hicieron esperar. En Gaza, se registraron movilizaciones que dejaron como saldo dos muertos y 760 heridos. También hubo marchas en Cisjordania, Jerusalén, Belén, Ramallah, Hebrón, Nablus y Kalkilia. En países como Egipto, Jordania, el Líbano y Siria, así como Túnez e Irak, Turquía, Irán, Afganistán, Paquistán, Malasia e Indonesia también se registraron marchas multitudinarias, en las que se quemaron banderas de EEUU (LN 9/12).

Pero las condenas no se circunscribieron al mundo musulmán. El mismísimo Consejo de Seguridad de Naciones Unidas emitía una resolución confirmando el estatus de Jerusalén como futura capital de ambos Estados (Palestina e Israel), dejando sin efecto legal la decisión yanqui de reconocerla como capital de Israel. De los 15 miembros del CSNU, 14 votaron a favor, mostrando una vez más el aislamiento de la posición estadounidense. Recordemos que entre los miembros permanentes del Consejo, se encuentran ni más ni menos que Francia y Reino Unido, cuyo apoyo al régimen de Israel resulta inobjetable. Como era de esperarse, EEUU utilizó su derecho al veto, dejando sin efecto la resolución (RT 18/12).

Tras el veto ala resolución del CSNU, la discusión llegaba a la Asamblea General del organismo. Allí, de los 193 estados miembro, 128 votaron a favor de una resolución que condenaba la decisión yanqui, 9 se pronunciaron en contra de la condena y otros 35 países se abstuvieron. No es un dato menor que, previamente a la sesión de emergencia, el presidente estadounidense Trump amenazara abiertamente con represalias económicas a los países que respaldaran la medida (CL 21/12).

Tras la votación, la embajadora de EEUU ante la ONU, Nikki Haley, advertía que su país recordaría la votación cuando un Estado le pidiera apoyo financiero o político. El propio Trump advertía, en la misma línea: “Toman cientos de millones de dólares e incluso miles de millones de dólares y luego votan contra nosotros. Bueno, estamos observando esos votos. Que voten contra nosotros. Ahorraremos mucho” (TS 21/12).

País de pobres corazones

“El Sueño Americano se está convirtiendo
rápidamente en la Quimera Americana”
Phillip Alston, Relator Especial de la ONU
sobre Pobreza Extrema y DDHH

La desaparición de las bases materiales para la reproducción a escala ampliada del capital que, como ya señalamos, se encuentra en la base del quiebre del orden mundial forjado tras la Segunda Guerra Mundial, sacude también el entramado social de los países centrales. Durante el mes que estamos analizando, el Relator Especial de Naciones Unidas sobre pobreza extrema y DDHH, Phillip Alston, daba a conocer una declaración sobre su visita a EEUU. Algunos datos allí recogidos dan cuenta precisamente de ese estallido de la crisis en el centro mismo del sistema imperialista.

En la década del 80, tanto en Europa como en EEUU el 1% más rico de la población percibía alrededor del 10% del ingreso nacional. Desde entonces, la cifra ha trepado al 12% en Europa, mientras que en EEUU ha alcanzado el 20%. En 27 años, los ingresos anuales para el 1% más rico de EEUU han aumentado al 205%, mientras que para el 0,001% más rico el aumento ha sido del ¡636%! Durante el mismo lapso, el salario del 50% más pobre se ha mantenido estancado. Con estos guarismos, la alicaída potencia se ubica en el puesto 35 de 37 en el ranking de la OCDE sobre pobreza y desigualdad. Para septiembre del año que termina, el 12,7% de la población estadounidense vivía en la pobreza, lo que equivale a más de 1 de cada 8 habitantes. De ellos, la mitad sobrevivía en la pobreza extrema.

En 2016, el 18% de los niños nacidos en la primera potencia económica del globo vivían en condiciones de pobreza. En los estados del sur, la tasa de pobreza infantil supera el promedio nacional, con un 30% en Mississippi y Nuevo Mexico y un 29% en Louisiana. Tomando como universo el conjunto de niños pobres, el 31% son blancos, el 24% negros, el 36%  latinos, y el 1% son indígenas.  Las desigualdades de origen étnico se hacen sin embargo evidentes cuando se analiza cada grupo étnico por separado: mientras que “sólo” el 14% de los niños blancos son pobres, sufren esa condición el 42% de los niños negros, el 37% de los indígenas y el 32% de los latinos. Por otro lado, en la comparación con sus socios de la OCDE –el club de las economías más ricas del mundo–, EEUU ocupa el primer puesto en pobreza juvenil, con el 25%, contra el promedio del 14% en toda la OCDE (datos tomados de la Declaración sobre la Visita a EEUU, por el Profesor Philip Alston, Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la pobreza extrema y los derechos humanos).

Este desolador panorama socioeconómico en la primer economía del mundo desnuda la falsedad del discurso según el cual el camino para erradicar la pobreza en los países periféricos es garantizar las condiciones para que los capitales se muevan a sus anchas. Como los datos reseñados se ocupan de mostrar, es el propio desarrollo de las relaciones mercantil capitalistas el que concentra la riqueza socialmente generada cada vez en menos manos. Excepto, claro está, que alguien esté dispuesto a afirmar que en EEUU el capitalismo no se ha desarrollado en todo su esplendor.

Como venimos señalando mes tras mes, esta fractura entre el 1% que acapara porciones cada vez mayores de la riqueza generada y las amplias mayorías que ven mermar de manera estrepitosa su nivel de vida, hace estallar por los aires la superestructura política. Hemos analizado pormenorizadamente desde estas páginas cómo, particularmente a partir del proceso de primarias que culminó con la elección del actual inquilino de la Casa Blanca, el grado de cuestionamiento al sistema electoral yanqui llegaba a tal grado, que incluso los voceros del gran capital debían recoger las voces de disconformidad. Ejemplo de ello lo constituyen las críticas hacia los mecanismos de financiamiento de las campañas así como el escándalo en torno de las acciones de la conducción del Partido Demócrata para favorecer a la entonces pre candidata Hillary Clinton contra su rival Bernie Sanders.

En ese sentido, el informe citado señala la existencia de diversos mecanismos tendientes a privar a ciertos sectores de la población de su derecho al voto. Entre ellos, se encuentra la inhabilitación a quienes hayan cometido delitos, incluso habiendo cumplido ya las penas correspondientes, la manipulación de distritos electorales para privilegiar a ciertos grupos de electores, la imposición de requisitos innecesarios como la credencial de elector, la manipulación flagrante de las ubicaciones de mesas electorales y las maniobras para dificultar la obtención de credenciales a ciertos grupos poblacionales. Como resultado de estos mecanismos, el relator de la ONU señala que “gente que vive en pobreza, las minorías, y otros grupos desfavorecidos sistemáticamente se les priva de sus derechos a votar”.

En este escenario, con una participación del 55,7% de la población en edad de votar participando efectivamente en las elecciones presidenciales de 2016, EEUU ocupa el puesto 28 en participación electoral de la OCDE. Solamente el 64% de la población de Estados Unidos en edad de votar (y el 70% de los ciudadanos en edad de votar) estaba inscrito en 2016, mientras que en Canadá y Reino Unido la cifra es del 91%, en Suecia del 96% y casi del 99% en Japón (Declaración sobre la Visita a EEUU, por el Profesor Philip Alston, Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la pobreza extrema y los derechos humanos).

En su ocaso, a la burguesía se le vuelve imposible garantizar su dominio a través de los mecanismos políticos que ella misma ha forjado. El desarrollo de múltiples mecanismos para excluir del voto a vastos sectores de la sociedad expresa la insalvable debilidad de esa clase, que forjó su dominio precisamente enarbolando las banderas de la igualdad de todos los hombres. La imposibilidad de presentar su interés como el del conjunto, lleva a la burguesía a negar sus propias bases de sustentación.

Fractura institucional en Europa

Del otro lado del Atlántico, la crisis política desatada en torno de la declaración independentista catalana no mostraba visos de solución. Durante el mes que estamos analizando, tenían lugar finalmente las elecciones regionales convocadas en el marco de la suspensión de la autonomía catalana.

La urnas consagraron a Ciudadanos –ferviente opositor del independentismo– como primera minoría, con el 25.37% de los votos. Sin embargo, la suma de los votos de los 3 partidos que habían impulsado el referéndum cuando gobernaban en coalición (la CUP, Esquerra Republicana y Junts per Catalunya) alcanzaba el 47,5% de los votos, lo que se traducía en 70 bancas. Esos números marcan un leve descenso en términos porcentuales respecto a las elecciones de 2015, cuando esas fuerzas cosechaban el 47,74% del total de votos. Sin embargo, eran suficientes para que el destituido y exiliado ex presidente regional Carles Puigdemont quedara nuevamente en condiciones de encabezar el gobierno regional. El gran derrotado de la contienda era el gobernante a nivel nacional Partido Popular, que cosechaba apenas el 4,24% de los votos (datos publicados por el Diario El País).

En este escenario, Puigdemont exigía al gobierno de Rajoy iniciar un diálogo político, sin condiciones previas y con las necesarias garantías, ya que el ex presidente regional es un prófugo de la justicia española, acusado de sedición. Rajoy respondía asegurando que no permitiría que nadie se “saltease la ley”, cerrando de ese modo las posibilidades de un encuentro.

De esta manera, tras la intervención del Estado central y las nuevas elecciones, la situación política en Cataluña –y el resto de España– se encuentra en el mismo punto que al inicio. La situación, que ya hemos analizado en profundidad en los últimos meses, no hace más que empantanarse con cada decisión tomada mostrando la imposibilidad de salidas racionales bajo los intereses de las respectivas burguesías en disputa.

Por su parte en Alemania, tras dos meses de un triunfo electoral con sabor a derrota, el gobernante CDU –Unión Demócrata Cristiana– encabezado por la canciller Ángela Merkel continuaba sin encontrar aliados para conformar gobierno. En este escenario, aumentaban las presiones para que el Partido Socialdemócrata, cuyo candidato Martin Schulz había asegurado que no reeditaría una coalición con la CDU, aceptara entablar negociaciones en vistas a formar gobierno.

Finalmente, Schulz acudía a una reunión con Merkel, convocada por el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, con el objetivo de iniciar negociaciones que permitan la conformación de un gobierno estable (DW 24/11). El riesgo que todos intentan evitar es la convocatoria a nuevas elecciones, que abrirían un escenario altamente incierto nada menos que en el corazón de Europa. Con todo, ya van dos meses sin poder formar gobierno y nada promete una pronta solución. Otra manifestación más de que no entran todos y eso hace estallar las reglas de la democracia representativa.

Como correr sin piernas

Como señalamos mes tras mes, la escalada bélica que el imperialismo empuja en las distintas regiones del globo no es más que la contracara de esta creciente debilidad política que acabamos de analizar. Es la imposibilidad de construir consenso sobre su interés la que empuja a los grupos económicos concentrados que controlan los gobiernos de las potencias imperialistas a intentar mantener por la vía militar un dominio que se desmorona.

En ese sentido, resulta por demás esclarecedor el cambio en la Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU. Según el documento presentado por el presidente Trump, la nueva estrategia se asienta en cuatro pilares: Proteger la patria, el pueblo y el estilo de vida estadounidenses; promover la prosperidad estadounidense; conservar la paz a través de la fuerza y aumentar la influencia de EEUU. Como vimos al analizar la situación interna en el gigante del Norte, la principal amenaza al “estilo de vida y la prosperidad estadounidenses” es su propia crisis intrínseca y por lo tanto no hay que buscarla fronteras afuera…

Sin embargo, la definición central de la nueva estrategia radicaría en la caracterización trazada sobre Rusia y China. En el documento se afirma que ambos países “están desafiando el poder, la influencia y los intereses de EEUU”, a la par que “tratan de erosionar la seguridad y la prosperidad estadounidense”. Además de estas acusaciones, el documento asegura que Moscú “está utilizando medidas subversivas para debilitar la credibilidad del compromiso de Estados Unidos con Europa, socavar la unidad transatlántica y debilitar las instituciones y los Gobiernos europeos” (RT 18/12).

De esta manera, además de intentar justificar una escalada bélica que ya se encuentra en desarrollo contra el eje sino ruso, la nueva doctrina muestra el acuse de recibo por parte de Washington respecto de la crisis que sacude a los aliados transatlánticos. Más allá del intento de achacarle a Rusia la responsabilidad de la fractura, el documento reconoce de forma explícita que “la unidad transatlántica” está siendo socavada. Como nuestro lector ya sabe, es la agudización de la disputa entre grupos económicos la que fractura y enfrenta a los antiguos socios, y no Rusia. En ese sentido, durante el mes que estamos analizando, el gobierno de Trump imponía un nuevo paquete de sanciones a Moscú, pero la UE, con Alemania a la cabeza, salía rápidamente a manifestarse su rechazo a las mismas (RT 5/12).

En lo que respecta a China, venimos analizando en los últimos meses el permanente incremento de la tensión en la península coreana. En ese sentido, durante noviembre, la República Popular Democrática de Corea llevaba adelante un nuevo ensayo misilístico. El misil logró cubrir una distancia de mil kilómetros antes de caer en las aguas del Mar de Japón (HTV 29/11). Tras el lanzamiento, las autoridades de Pyongyang aseguraban que sus misiles balísticos estaban en condiciones de alcanzar cualquier punto del territorio estadounidense (LN 1/12).

Tras la consabida condena por parte del CSNU al lanzamiento, compartida por Rusia y China, el embajador ruso ante la ONU, Vasili Nebenzia, insistía con la propuesta que ambos países esbozaron como salida a la crisis: que EEUU y Corea del Sur suspendan las maniobras militares en las fronteras norcoreanas y que Pyongyang se abstenga de nuevos lanzamientos de misiles, para iniciar los diálogos de paz (RT 29/12).

Haciendo gala de uno de los pilares de la nueva estrategia de seguridad (“mantener la paz mediante la guerra”), las FFAA de EEUU y Corea del Sur realizaban las mayores maniobras combinadas de su historia, con la participación de 12 mil militares, 230 aviones de guerra y 3 portaaviones estadounidenses (XH 4/12). El ministro de Defensa ruso, Serguei Lavrov, acusaba a Washington de “tener la intención de provocar a Kim Jong-un para que no mantenga la pausa, para que caiga en sus provocaciones” (RT 4/12).

Como los hechos analizados permiten observar, la crisis terminal de las relaciones mercantil capitalistas, cuyas bases estructurales hemos recorrido en nuestro primer artículo, hace estallar los mecanismos políticos, jurídicos e ideológicos a través de los cuales la burguesía ha garantizado durante siglos su dominio. Por ello, esa clase agonizante se ve empujada a una escalada bélica feroz, en pos de intentar retener ese dominio que se desploma por el peso de sus propias contradicciones. En ese escenario, son los pueblos que asumen la necesidad de enfrentar de lleno al imperialismo quienes desbrozan camino.  



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