Revista Mensual | Número: Marzo de 2018
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Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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Un día negro, dos días negros, mil días negros…

En la estratósfera
…Aterrizaje forzoso
Buitres autóctonos
Un robocop sin ley
Todos los ríos van al mar, pero el mar no se desborda


La suba de tasa de la FED pone contra las cuerdas al 12% de la industria norteamericana

Un día negro, dos días negros, mil días negros…

“Contra las cuerdas otra vez, un día mas y ya van cien…”.

“Casi nadie”, Caballeros de la Quema.

Tal como venimos mostrando mes a mes desde nuestras páginas y como evidencian los múltiples indicadores de la economía mundial, tras un nuevo aumento de la tasa de interés de los bonos soberanos impulsado por la Reserva Federal de los Estados Unidos de Norteamérica (FED, por sus siglas en Inglés) –ahora bajo la comandancia de Jerome Powell– se esconde la necesidad de empezar a desapalancar la economía para desinflar una gigante burbuja –en constante crecimiento– que muestra la persistencia de los problemas sistémicos que condujeron al estallido en 2008.

Como veremos, el “crecimiento” propulsado por la FED durante la última década, pos estallido de la burbuja de las sub-prime, favoreció la subsistencia de las hoy llamadas “empresas zombies”. Éstas, no son otra cosa que capitales que han sobrevivido únicamente a base del crédito –prácticamente gratuito– con que los bancos centrales las auxiliaron durante casi una década. Por lo tanto, este nuevo aumento de tasa significa sincerar que hay una masa de capitales que han perecido y, en consecuencia, certificar su defunción.

Como desarrollamos mes tras mes, el nudo del problema es la constante reducción del tiempo de trabajo socialmente necesario para producir el conjunto de las mercancías que abarrotan el mercado mundial, es decir, la reducción permanente de la producción de nuevo valor/riqueza que se pueden apropiar los monopolios. Ese achicamiento encarniza la lucha.

Mientras que al oeste del Pacifico las fauces de los grandes capitales se aprontan a engullirse entre ellos, al oriente la hoja de ruta transita un incipiente pero firme proceso de integración, cooperación y complementariedad.

En la estratósfera

Wall Street cerraba enero con una fuerte suba sostenida durante todo el mes –consolidando la mayor alza del Dow Jones desde el año 1959–, en línea con la burbujeante racha alcista que se inició con el triunfo electoral de Trump. Recordemos que el año pasado las empresas que componen el índice norteamericano S&P 500 cerraron con números máximos históricos, acumulando un crecimiento anual de casi el 20%. Enero concluía con subas cercanas al 5,8% (CR 1/2). Al respecto, confirmando el espíritu espumoso de las alzas, el jefe de acciones de U.S. Bank Wealth Management, Terry Sandven, sentenciaba: “El sector financiero ha sido uno de los grandes protagonistas de la última suba del mercado accionario, sobre todo desde la victoria de Trump en las elecciones presidenciales en EEUU, ganando un 51,4% desde la contienda electoral. Las acciones continúan subiendo, logrando rendimientos en las primeras cuatro semanas del año, que a menudo son típicos de todo un año” (CR 1/2).

Este acumulado en el índice del 5,8% implicó, además, que los “price-earnings” –la relación entre el precio de las acciones y los beneficios que aseguran las calificadoras de riesgo que se obtendrían al momentos de ser vendidas- se situara en niveles cercanos a 22 veces la ganancia, muy por encima del promedio histórico de 18 (CR 1/2).

Por su parte, el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, una vez terminada la cumbre del Foro Económico Mundial en la ciudad de Davos, Suiza, no dudaba en afirmar que, sobre llovido mojado: “la nueva ley impositiva [en referencia a la Reforma Tributaria recientemente aprobada por el Parlamento de EEUU que pretende ‘recuperar’ capacidad de competitividad para los capitales de origen y domicilio estadounidense] generará una burbuja en el mercado de viviendas y nunca conocí una economía que creciera a largo plazo mediante la especulación inmobiliaria" (LN 27/1). Es decir, una vez más, las medidas impulsadas por el gobierno norteamericano para generar “crecimiento” caerán en saco roto en la medida en que estimularán aún más la especulación y, por ende, las burbujas.

Por otra parte, según reveló el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), el flujo de capitales a los mercados emergentes superaba, en el primer mes del año, los U$S 30.000 millones, una cifra que no se daba desde el año 2015 (CR 2/2). En países de América Latina ingresaron U$S 7.300 millones, en Asia U$S 19.000. “La fuerte demanda por carry-trades financiados en dólares, valoraciones de mercado emergente aún atractivas y una liquidez  global que sigue siendo abundante han apuntalado los flujos a las carteras de mercado emergente, aunque la turbulencia del mercado a fines de mes provocó alguna reducción”, describía en su informe el IIF (CR 2/2).

El mecanismo de carry-trade significa que los fondos llegan con una cartera inicial en dólares, compran la moneda de los países emergentes y la colocan en bonos soberanos que otorgan altas tasas de interés, para luego volver el dinero a dólares que se multiplicaron aparentemente de forma milagrosa, ocultándose la enorme apropiación y fuga que estos capitales hacen de las riquezas producidas por los trabajadores y trabajadoras de los países emergentes. Incluso en el contexto de bajísimas tasas de interés en los bancos centrales de los países imperialistas, esa cartera inicial puede formarla cualquier capital de manera casi gratuita. Pero si el grifo de apalancamiento de la FED y el BCE se cierra…

…Aterrizaje forzoso

Con la evidencia de que el cambio en la conducción de la FED no modificaría las progresivas subas de las tasas de interés –amparadas en un desempleo de 2,1% y el aumento de 0,5% de la inflación (todos números que merecerán una revisión más adelante en este mismo artículo)– no tardó en llegar el desplome de los índices bursátiles. Las caídas más dramáticas del Dow Jones fueron las de la petrolera Exxon Mobil (-4,28%), Johnson & Johnson (-2,59%) y la farmacéutica Pfizer (-2,09%) (RT 5/2).

De esta manera, la bolsa de Nueva York registraba en la primera semana de febrero una caída histórica, arrastrando a mercados del mundo entero. Fue la peor caída en puntos (1.150) de toda su historia, y la de mayor porcentaje desde 2011 para una sola jornada. Un verdadero lunes negro, como titulaban los diarios alrededor del globo, sino fuera porque el tembladeral se extendería luego a toda la primera semana de febrero.

En Wall Street el indicador Dow Jones se desplomaba un 4,6%. Las pérdidas llegaban a las acciones de las empresas que integran el S&P 500, o sea a las 500 empresas más poderosas de los mercados mundiales que, perdían en conjunto un 4,1%; mientras que las acciones de las compañías que componen el índice Nasdaq, donde computan las high-tech, caían un 3,8% (CL 5/2 y LN 6/2).

El carácter integrado de la producción global hacía que el retroceso en los indicadores no se circunscriba a los monopolios cotizantes en Nueva York. La bolsa de Tokio también se hundía en un 4,10% hasta los 21.752,41 puntos básicos. El índice FTSE 100 –que sintetiza el valor de las 100 empresas centrales del Reino Unido– se desplomaba un 8,2% desde su máximo histórico, establecido en enero 2018 (TE 10/2).  Por otra parte, como era esperable a partir de los flujos que describimos más arriba, el índice MSCI de Mercados Emergentes caía un 7,5% (TE 10/2).

Como parte del mismo desplome, según el Financial Times, alrededor del 12% del total de las empresas norteamericanas pueden ser denominadas como“zombies” que perecerían con el inminente aumento de las tasas de la FED (CL 6/2). Lo que significa que un 12% de las empresas yanquis han dejado hace rato de ser capital y sobreviven con el respirador mecánico que le suministra la FED. La suba de tasas precipita y acelera el sinceramiento de una parte de lo que es, lisa y llanamente, capital sobrante, recordemos que la tasa de interés pasó de 0-0,25% en diciembre de 2015 a 1,25-1,5% en diciembre de 2017, es decir un aumento de 1,25 puntos porcentuales en 2 años.

En todos los datos citados en este apartado lo que se manifiesta es que toda la euforia de los mercados de valores no obedece a nada más que a la irracionalidad del movimiento del flujo de capitales que, abarrotados todos los nichos de la esfera de la producción e incorporadas todas las regiones del planeta al único mercado mundial, se vuelcan a la especulación hasta que revienta la burbuja y pega un nuevo salto la concentración y centralización el capital.

El crecimiento récord de los índices bursátiles en Estados Unidos, en apuesta a una recuperación económica que la etapa de Trump supuestamente abriría, al igual que los análisis que daban por salvada la economía norteamericana con la Reforma Fiscal, se rinden ante la evidencia de que la reducción del tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción mundial acelera la concentración de capital y liquida a fracciones enteras de burguesía a lo ancho y a lo largo del planeta, ahora también y con fuerza, en los países centrales. Lejos del mentado despegue de los sectores económicos yanquis, retrasados en materia de productividad, que surtiría como efecto principal la reforma más de un tercio de este beneficio irá a parar a las arcas de las compañías transnacionales (CL 31/12). Imposible girar hacia atrás la rueda de la historia.

Ahora bien, el 12% zombie, ¿y el otro 88%? Los números globales de la economía yanqui no son, en lo sustancial, mucho más alentadores… El déficit estadounidense creció en 2017 un 12,1% hasta trepar a losU$S 566.000 millones, lo que representa su máximo desde 2008, según admitiera el Departamento de Comercio de Washington. El dato por sí solo sugiere dudas sobre la meta de 3% de crecimiento económico anual proyectada por la gestión republicana. En el caso de la balanza bilateral con China, el déficit pasó de U$S 347.000 millones en 2016 a U$S 375.000 millones en 2017, lo que supone un récord histórico, con un alza de 8,1% (CR 7/2).

A una política que pareciera esquizofrénica, si no se parte de comprender la reducción del tiempo socialmente necesario y la ley de hierro de la concentración de capital, además de meter una reforma fiscal gigantesca, la Cámara de Representantes sumaba la aprobación este mes de un acuerdo presupuestario que incluía un aumento del gasto público de U$S 400.000 millones. Con 240 votos a favor y 186 en contra, el acuerdo superaba la oposición de demócratas progresistas y conservadores del Tea Party (LN 10/2). Sobre el déficit récord, la reforma y el aumento del gasto público. Un combo explosivo. Está por verse cuántos sobreviven en esta abrupta presurización de la nave.

Buitres autóctonos

El proceso de concentración y fusiones récord que signan la etapa abierta tras el estallido de las sub-prime en 2008, se materializaba nítidamente este mes. En tan solo tres ejemplos se reflejaba cómo el agotamiento del tiempo de trabajo socialmente necesario/valor que se crea en el proceso de producción, empuja al exterminio de cantidad de jugadores en las principales ramas a escala global: agro y energía son un reflejo inocultable del proceso de conjunto.

La producción agraria se vio profundamente trastocada en los últimos años, con un mapa de jugadores cada vez más exiguo y concentrado: a la mega fusión Dow-Dupont, le siguió la compra de Syngenta por parte de Chem China (Cofco), remachada con la adquisición de Monsanto por parte del grupo alemán Bayer en U$S 66.000 millones. Este mes, el monopolio de origen estadounidense ADM, manifestaba su intención de comprar a otro de los popes del sector, su competidora directa Bunge, a través de una oferta de U$S 30.000 millones.

Hasta el ingreso de Cofco con la adquisición de Nidera y Noble, el segmento de cerealeras se conocía en el mercado mundial como ABCD, por las siglas de las 4 primeras empresas a nivel global (ADM, Bunge, Cargill, Dreyfus). Por lo tanto esta nueva fusión implicaría a dos de las naves insignias del sector. Si esto ocurre, serían líderes absolutos en la producción y exportación de granos en el mercado global. Juntas ADM y Bunge disponen, por ejemplo, en Brasil de una capacidad de almacenamiento que es 2 veces superior a la de Cargill y 4 veces mayor que la de Dreyfus. Su capacidad de producción y exportación de granos estaría en condiciones de originar 24 millones de toneladas, frente a los 10 millones de Cargill (CL 17/2). ¿Cuánto tiempo quedará para que comience a barajarse una fusión entre Cargill y Dreyfus?

A su vez, Syngenta pasaba este mes a controlar la totalidad de la división Semillas de Nidera, de la cual se desprendió la también china Cofco. “Estas capacidades mejorarán la habilidad de Syngenta de ser competitiva en semillas y de agregar valor a sus clientes”, destacó Syngenta en el comunicado. En tanto, desde Cofco, su CEO Johnny Chi sostenía que “esta transacción nos permite fortalecer aún más nuestro enfoque en granos, oleaginosas y azúcar” (CR 8/2).

En materia de producción energética, Shell está cerca de completar la adquisición de First Utility, un proveedor británico de gas y electricidad que acordó comprar en diciembre, en una operación que lo haría enfrentarse con proveedores de electricidad más grandes como Centrica y SSE. A su vez Shell, el mes pasado, acordó la compra de 44% de la compañía norteamericana de energía solar Silicon Ranch Corporation, por U$S 217 millones, lo que se suma a una cartera de renovables que incluye el 20% del enorme proyecto eólico offshore Borssele a la altura de la costa de Holanda (CR 20/2). En el mismo sentido, la francesa Total está en sus primeras etapas del armado de un negocio de energía minorista en su mercado local para competir con EDF y Engie. Ambas compañías petroleras trasnacionales se diversificarían así al abastecimiento del mercado eléctrico a nivel mundial, entrando al juego ya como actores de peso consolidado.

Ralph Hamers, CEO del banco holandés ING, reflexionaba sobre los tiempos que corren, no por filantropía, sino empujado por el peligro que supone para la banca mundial la existencia de capitales de las dimensiones colosales que poseen por ejemplo las high-tech. “La nueva regulación europea de open banking abrió  las puertas del mercado a las grandes compañías  tecnológicas (…). Esta es una amenaza para los bancos, porque tienen mucho más dinero (…). Si obtienen estos datos (los datos sobre los consumidores privados que manejan las entidades bancarias de manera, supuestamente y en principio, exclusiva hasta ahora), ya cierran el círculo porque actualmente no tienen datos transaccionales sobre lo que la gente compra”, sentenciaba. Y como corolario dejaba la reflexión final: “Como sociedad, deberíamos pensar en semejante concentración de poder” (CR 6/2).

Podemos decir, entonces, que la imagen del zombie yendo hacia la tumba grafica la imagen de bastante más que el 12% de las empresas norteamericanas, y que hay más buitres que el fondo Elliot y su difunto capataz Griesa. La fractura es al interior de los 147 grupos que controlan más de la mitad de la economía del planeta, y divide a zombies en camino a ser enterrados y sus sepultureros, todos socios en los tiempos de no tan antaño.

Un robocop sin ley

El irrefrenable proceso de tecnologizacion de los medios de producción es a su vez la base material del proceso de concentración y centralización que analizamos recién. Los anuncios de crecimiento del gasto mundial en tecnologías para el 2018 son colosales: alcanzará los US$ 3,7 billones en este año, lo que representaría un aumento del 4.5% frente al 2017, según una investigación de Gartner. Se estima que en el 2018 el crecimiento en el ítem software empresarial será de 9.5% y que para el 2019 ese indicador trepará un 8,4% más, totalizando los US$ 421.000 millones. El investigador de Gartner John-David Lovelock explicaba que, al analizar áreas clave que impulsarán el gasto en los próximos años, resalta la inteligencia artificial, por US$ 2,9 billones. Así mismo explicaba que 6.200 millones de horas de productividad de los trabajadores a nivel mundial serán optimizadas a partir de la incorporación de nuevas tecnologías a los medios de producción (CD 4/2).

El analista internacional del Grupo Clarín Jorge Castro aseguraba, a su vez, que si la manufactura norteamericana dispone hoy de 1 robot por cada 1.000 trabajadores,  multiplicará esa proporción 4 o 5 veces en los próximos 10 años. Según los estudios que rescata Castro, el efecto de la robotización en el empleo podría reemplazar el 47% de los puestos de trabajo norteamericanos en los próximos 20 años (CL 11/2).

Esta es la base material que cuestiona las estadísticas sobre las que la FED apoya su suba de tasas. El bajísimo desempleo en Estados Unidos opaca dos verdades indiscutibles. Por un lado, la enorme masa de población que abandonó el mercado laboral y que, por tanto, dejó de computar como desocupada porque ya no busca trabajo, tras sucesivos intentos fallidos de encontrarlo. La tasa de participación del mercado laboral, o la proporción de estadounidenses en edad de trabajar que tienen un empleo o buscan uno, se encuentra en un mínimo histórico del 62,7% (Agencia Reuters, 3/11/2017).

Por otro lado, desde principios de la década de 1970, el salario por hora del trabajador medio en Estados Unidos, ajustado a la inflación, tan solo ha aumentado un 0,2 % por año. En el mismo sentido, la participación del factor trabajo en los ingresos nacionales ha pasado de casi un 65 % a mediados de la década de 1970 a menos de un 57 % en 2017 (https://hbr.es/econom/916/por-qu-crece-la-econom-pero-no-los-salarios-el-caso-de-estados-unidos).

Es decir que tras el 2,1% de desempleo, que los republicanos blanden como diente de ajo contra la imposibilidad de recuperarse de la eclosión financiera de 2008, se esconde este retroceso en la participación del trabajo en el ingreso nacional y el abandono de más del 40% de la PEA del mercado laboral.

Por supuesto no se trata de una tendencia exclusiva del mercado norteamericano… El número de robots industriales en el mundo asciende hoy a 1,7 millones de unidades, que serían de 4 a 6 millones en 2030, sobre todo en China y EEUU. El dato central es que la cantidad de trabajadores reemplazados por cada unidad robótica introducida en el proceso productivo pasó de 3 en promedio en 2016, a 6 en 2017. Por lo tanto, se incrementó un 100% (CL 11/2). No sólo más robots, sino que cada uno suprime, en el desarrollo, cada vez más horas de trabajo. Por todo lo que expusimos más arriba, esto no es sólo un dato preocupante para el movimiento obrero de los países centrales, sino el punto irresoluble de la crisis del capital y la lógica de la libre competencia, devenida necesariamente en este grado de absoluta monopolización de la economía mundial. Ello en la medida, que por cada trabajador expulsado hay una mano menos que produzca valor del cual puedan apropiarse los capitales monopólicos…

Ahora bien, vale recordar que no es en el desarrollo de las fuerzas productivas y la capacidad creadora de la humanidad donde radica el problema, sino en el carácter expropiatorio del puñado de capitales que controlan ese desarrollo contemplando únicamente su necesidad de reproducirse en escala ampliada y expolian a cada vez más vastas masas de población. La competencia capitalista conlleva necesariamente la exacerbación del salto tecnológico, porque todos buscan producir en menos tiempo que sus rivales y succionar así mayores tajadas de la ganancia global. Es en esa brecha donde radican las bases del colosal proceso de fusiones y adquisiciones de capitales de gran envergadura al que asistimos a diario y que, como en un espiral, se profundiza cada vez más. No hay salida a la encerrona a que conducen estas leyes de hierro desde las necesidades y el movimiento de reproducción de los capitales. Pero eso no quiere decir que no haya salida.

Todos los ríos van al mar, pero el mar no se desborda

En medio de esta debacle acelerada de la hegemonía imperialista, China continúa consolidando su rol de brazo vertebrador del entramado de alianzas y redes de cooperación e intercambio a escala global, como bien señalara el diplomático chino, no porque se lo haya propuesto, sino por el paso atrás que decidida o impotentemente han dado los países centrales en este punto.

En tal sentido, la consultora PWC informaba que en 2017, la iniciativa de la Ruta de la Seda implicó la formalización de acuerdos de fusiones y adquisiciones por más de U$S 21.400 millones, lo que supone un aumento sustancial –¡¡¡126%!!!– respecto de los U$S 1.900 millones de 2016 (CR 24/1). A su vez, los volúmenes comerciales entre China y los países a lo largo de la Franja y la Ruta tuvieron un incremento interanual del 17,8% (XH 26/1).

Como analizamos en nuestra publicación, la comandancia del Partido Comunista Chino (PCCh) dirige la planificación y el desarrollo de las fuerzas productivas al interior de la economía china. Ya hemos analizado en otras ocasiones cómo el gobierno oriental va abriendo paulatinamente el ingreso de capital extranjero bajo el control de los órganos del pueblo chino, circunscribiendo la inversión extranjera a determinadas zonas geográficas y sectores de la economía, mientras mantiene un férreo control y la exclusividad sobre los resortes principales y estratégicos.

En este sentido, durante el mes de enero, Pekín anunciaba que endurecerá la revisión de las acciones que impliquen transferencia de derechos de propiedad intelectual a extranjeros, especialmente los relacionados con la seguridad del Estado (XH 23/1).

Ya entrado febrero, el PCCh difundía el primer documento de política económica del año, tradicionalmente abocado a discutir la cuestión agraria, en un país donde alrededor del 40% de la población reside en zonas rurales. El nuevo texto traza una hoja de ruta para la vitalización de la economía rural, como una de las claves para desarrollar una economía modernizada. El documento se plantea que, para el año 2020, ni un solo ciudadano chino deberá estar viviendo por debajo de la línea de pobreza existente y que, para eso, el despegue de la productividad agrícola debe mejorar sustancialmente (XH 6/2).

Para este fin se contempla el desarrollo de zonas experimentales de agricultura industrial de alta tecnología: “El futuro del sector agrícola de China depende de la modernización, y la clave para llevarla adelante es el desarrollo de la tecnología (XH 29/1), indicaba en un comunicado el viceministro de ciencia y tecnología, Xu Nanping.

En los últimos 5 años se han creado en China 21,4 millones de nuevas empresas, más de 4 millones por año, 16.600 por día. Su volumen de Big Data en 60 veces superior al de EEUU y el desarrollo de Internet de las Cosas (IoT), un sistema cibernético integrado que vincula a través de chips inteligentes a la sociedad, la naturaleza y los individuos, agregaría al PBI US$ 736.000. El 77% del alza del PBI en 2017 fue obra del aumento de la productividad (PTF) (CL 18/2).

El dato fundamental es que China produjo más de 100.000 robots industriales durante los primeros diez meses de 2017, un incremento interanual del 70% (XH 26/1). Es decir que incrementó en casi dos tercios su capacidad de controlar la producción de máquinas que fabrican máquinas, de conducir el eslabón fundamental del conjunto de las cadenas globales de valor que vertebran la economía mundial.

Como venimos señalando, en el mano a mano con la economía occidental, los números chinos son aplastantes. Sin embargo, al contraponerlos no debe perderse de vista que mientras unos construyeron su hegemonía sobre la base de succionar el fruto del trabajo del proletariado de los países dependientes y subordinar las necesidades de las grandes mayorías a la reproducción de los monopolios de quienes los Estados centrales no son más que personeros, China viene construyendo su liderazgo sobre la base de planificar y organizar el desarrollo de sus fuerzas productivas en función de la cooperación y para reproducir al conjunto de los trabajadores chinos, logrando –en este mismo proceso– fortalecer y generar las condiciones de posibilidad para extender esa cooperación al conjunto de las naciones del globo. Así, mientras que unos encarnan el caos y la anarquización del conjunto de las relaciones sociales, como hemos visto con las burbujas y los falsos crecimientos que tocan récords y se desploman en días, China demuestra que hay posibilidad de controlar y planificar el desarrollo de toda la potencia creadora de la humanidad y el trabajo y ponerla en función de la reproducción del conjunto y no de una minoría cada vez más pequeña.

Pasemos a ver cómo se expresaban, por un lado, la precipitada descomposición y, por otro, la pujante transición, en el plano de la política internacional durante el mes de febrero.



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