Revista Mensual | Número: Marzo de 2018
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Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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Decadencias y amaneceres

Perdiendo el control
Al borde de un ataque de nervios
No convencen a nadie
De conflictos y de ajustes
Ataques que fortalecen
Los que empujan


La pérdida de hegemonía en el continente por parte de los grupos económicos mundiales y las posibilidades de contruccion positiva de una economía posrentista desde los pueblos latinoamericanos

Decadencias y amaneceres

Mientras bregue diferente, por la salida entro 
Me infiltro en el sistema y exploto desde adentro 
Todo lo que les digo es como el Aikido 
Uso a mi favor la fuerza del enemigo

“Calma Pueblo”, Calle 13 

Como vemos mes a mes, la intensificación de la competencia entre los grupos económicos globales tiene su correlato regional. A medida que el capital se concentra y se centraliza cada vez más, toda posibilidad de desarrollo nacional de una burguesía tiene menos margen; incluso las oligarquías locales, que funcionaron históricamente como ramas de la industria de las potencias centrales, pierden grandes cuotas de participación en el reparto de la riqueza mundial. Así, la disputa interburguesa llegó a un punto inédito, tanto que la posibilidad de generar consenso para los ajustes draconianos necesarios queda cada vez más lejana. Desde el punto de vista económico, los grupos cocentrados globales se van quedando con los sectores estratégicos de las economías locales, siempre y cuando haya gobiernos que respondan a sus intereses. Las fusiones, inclusive, ya se realizan también en sectores subsidiarios de la renta del suelo o del subsuelo. Ante esto, las fracciones locales de la burguesía intentan deserperadamente buscar salidas que “acomoden” su situación, como la firma de los TLC, aunque fracasan mes a mes, ya que los capitales norteamericanos y europeos no ceden ni una milésima a los cipayos locales e imponen condiciones de negociación imposibles para los grupos locales, que presuponen la exintinción de ramas enteras del empresariado local.

Esta imposibilidad de consensuar hace que las medidas de ajuste –como son las reformas laborales, fiscales y previsionales– generen un clima de descontento y de estallido latente de los sectores desplazados de la sociedad. Es con estas fuerzas con que cuenta la clase obrera para ir contra las fuerzas imperiales y, por lo tanto, poner bajo su dirección a los capitales medianos y pequeños que no tienen futuro en el plan de los monopolios.

A su vez, se intensifica la cooperación con China, como alternativa para las fracciones de la oligarquía, ya que el país oriental es un gran consumidor de materias primas y comodities, pero también como expresión del desarrollo de nuevas relaciones entre las naciones para producir. Eso dependerá principalmente del éxito de los procesos emancipadores que encabezan los países del ALBA (con Cuba, Venezuela y Bolivia a la cabeza), a los cuales el imperio ataca constantemente sin lograr más que fortalecer a sus propias fuerzas. A continuación, los hechos destacados de la disputa estructural latinoamericana.

Perdiendo el control

Durante el mes de febrero, se produjeron nuevas fusiones, que son manifestación del inminente proceso de concentración y centralización económica en los 147 grupos económicos mundiales. Además del avance sobre los sectores estratégicos de la economía continental, la tierra, los recursos energéticos y las cadenas de producción agroalimentaria, que inevitablemente desplazan a sectores tradicionales de las oligarquías locales, la diversificación de estos capitales monopólicos también se extiende hacia las ramas subordinadas a la rentística. En Colombia, se anunciaron varias integraciones empresariales, constitución de compañías y anuncios de inversiones en los sectores de comercio al por mayor, productos farmacéuticos, servicios financieros, medios masivos de comunicación, minería, artículos para iluminación, insumos textiles y logística. Entre ellas, se destaca la adquisición de los negocios de banca de consumo y de pequeñas y medianas empresas (pyme) del Citibank, por parte de Multibanca Colpatria, subsidiaria en Colombia del grupo canadiense Scotiabank (ET 2/2). También los capitales más concentradros a nivel local en Colombia, vinculados a sus pares mayores, accionaron en este sentido en función de profundizar el manejo de recuersos estrategicos. El grupo Terpel (que controla más del 38% de las estaciones de servicio de combustible de Colombia) tomó un crédito puente de 1,72 billones de pesos para adquirir los negocios de Exxon Mobile en el país, superando en esta operacion a las otras dos megaoperaciones en curso: la venta de la empresa Gas Natural, acordada entre la española Gas Natural Fenosa y el fondo canadiense Brookfield, y la de Colpatria-Scotiabank con el estadounidense Citibank para sus sedes colombianas (ET 8/2).

Por otra parte, la multinacional estadounidense Qualcomm y USI, filial de la asiática ASE, anunciaron hoy un acuerdo para construir una fábrica de chips de teléfonos en Brasil destinada a dispositivos del internet de las cosas, con la previsión de invertir 200 millones de dólares en los próximos cinco años. El convenio también contempla la construcción de un centro de tecnología en asociación con alguna universidad, que en el futuro pueda apoyar a los ayuntamientos para instalar soluciones del internet de las cosas en las ciudades. El producto que se fabricará en las instalaciones es nuevo en el mundo y condensa en un pequeño chip la tecnología que se necesita hoy para hacer una placa mayor. Debido a la falta de mano de obra especializada en Brasil, la idea de las dos empresas es trasladar ingenieros brasileños a un entrenamiento en fábricas extranjeras, además de traer técnicos de otros países (XH 6/2). De esta forma, los capitales que más desarrollo tecnológico poseen recurren a los países con menor capacidad de competir en las ramas industriales de punta y en los sectores estratégicos a nivel global, para apropiarse de esta manera de ganancias mas rentables que en los centros industriales tradicionales, por las condiciones que los gobiernos que encarnan sus intereses han generado mediante los planes de ajuste que garantizan un bajo costo de la mano de obra y casi ninguna restricción legal para succionar la riqueza generada por los trabajadores.

Pero no sólo los capitales concentrados a escala global han llegado en forma de inversiones “productivas”, sino que también grandes masas de capitales especulativos llegaron a aquellos países donde las condiciones para su reproducción están garantizadas. Así, en Colombia, durante 2017 los activos del sector financiero colombiano crecieron cuatro veces lo que lo hizo la economía del país (1,8 por ciento), aportando un 24 % del crecimiento total de la producción del país, de acuerdo con el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), y aunque la demanda del crédito se contrajo, la cartera en mora se disparó y las utilidades obtenidas solo por los establecimientos de crédito cayeron alrededor del 33 por ciento anual, los activos del sistema financiero en conjunto alcanzaron un crecimiento real anual del 7,6 por ciento, impulsados, principalmente, por las inversiones especulativas. Esto les permitió obtener una rentabilidad por encima de los 115 billones de pesos a diciembre, de los cuales aproximadamente el 40% se destina a capitalización, es decir, al crecimiento de la “bicicleta”, en donde solo tres entidades concentraron el 59,3 por ciento de las utilidades obtenidas por el conjunto de bancos del país. Se trata, en su orden, de Bancolombia, que ganó 2,2 billones de pesos; el Banco de Bogotá, que obtuvo poco más de 2 billones, y Davivienda, que cerró su ejercicio con 1,1 billones (ET 18/2).

Estas superganancias obtenidas por los sectores más concentrados de la economía colombiana se registraron luego de que la calificadora de riesgo S&P (Standard & Poor) le bajara el rango crediticio al país durante el mes de diciembre y “aconsejara” más ajustes, lo que se tradujo en un aumento en las tasas de los créditos al consumo, succionando dinero desde los sectores populares. Pero el caso más emblemático, durante el mes pasado, de afluencia de capitales especulativos fue en Puerto Rico (Estado “Libre Asociado” yanqui) donde decenas de empresarios que se han hecho ricos gracias a la tecnología de cadenas de bloques (“blockchain”) y a las criptodivisas se dirigen en masa con el ánimo de construir Puertopia, una ciudad que funcione con base en divisas virtuales. La decisión de que sea ahí se produjo luego de que los devastadores huracanes Irma y María diezmaran la infraestructura del país. Así, aprovechando los incentivos fiscales de la isla, donde no hay impuestos federales sobre la renta personal ni a las ganancias de capital, junto con impuestos comerciales favorables sin tener que renunciar a la ciudadanía estadounidense, los inversores buscan propiedades en las que puedan tener sus propios aeropuertos y muelles, y aseguran que están cerca de lograr que el gobierno local les permita tener el primer banco de criptomonedas. Además, las autoridades locales parecen receptivas hacia la idea (RT 4/2). De esta manera, el crecimiento y las “lluvias de inversiones” agitados desde los gobiernos que representan a los sectores tradicionales de las burguesías nacionales caen en saco roto, por ser la confiscación a vastos sectores de la sociedad la única forma de sostener temporariamente los márgenes de ganancia de los grupos económicos globales, sea con la llegada de capitales en forma de especulación o las “fusiones” empresariales que terminan liquidando a los capitales nacionales para controlar directamente los principales resortes económicos. Así, las fracciones nacionales cada vez son más reducidas ya que su capacidad de diversificación, en tanto capitales, aparece cada vez más limitada y, por lo tanto, su presencia en el mercado mundial se acota cada vez más.

Al borde de un ataque de nervios

Mientras tanto, las oligarquías locales continúan sin éxito buscando los ansiados acuerdos de libre comercio con condiciones que posibiliten su reproducción en el mercado mundial. En la reunión de la OMC celebrada en Buenos Aires, durante diciembre último, los voceros de la UE casi por unanimidad cerraron el paso a la búsqueda de acuerdo por parte del Mercosur, dejando claro que el tratado debe ser beneficioso solo para una de las partes, en este caso, los capitales del viejo continente. Pese a ello, encabezados por el canciller Jorge Faurie, la delegación argentina insistió a sus pares europeos para cerrar cuanto antes el acuerdo, más precisamente en abril, cuando se inicie la campaña presidencial en Brasil, intentando ponerle fin a diecisiete años de negociaciones frustradas (CR 29/1). Así, se realizó otra reunión entre los cancilleres del Mercosur y los representantes de la Unión Europea para intentar, una vez más, acercar posturas. Pero aunque el canciller de Paraguay Eladio Loizaga haya afirmado que “hemos avanzado mucho, hay una buena propuesta de la Unión Europea que hay que analizar ahora pero creo que vamos en camino a cerrar un acuerdo histórico a fines de febrero en Asunción”, los europeos solo propusieron aumentar de 70.000 a 99.000 las toneladas anuales de carne que tendrán aranceles reducidos, lejos de la cifra pretendida por el bloque sudamericano que exige un mínimo de 150.000 toneladas (CR 31/1). Así, cómo afirmamos en meses anteriores, la imposibilidad de acuerdo entre los centros imperiales y sus brazos subalternos productores de materias primas no es causa de la buena o mala voluntad de las partes sino de la imposibilidad que tienen de reproducirse todos en el mercado en la actual etapa del capitalismo monopólico, con la urgente necesidad de concentrar y centralizar aun más la producción por parte de los grupos económicos globales, en las exacerbadas condiciones de competencia donde se necesitan grandes masas de capitales para obtener las ganancias buscadas.

Del otro lado del continente, en el Pacífico, también continúa la búsqueda de tratados de libre comercio como salida ante la situación de descalabro e incertidumbre que produjo en los países latinoamericanos la ruptura del Tratado Transpacífico por parte de EEUU. En este sentido, la Cancillería chilena informó en un comunicado que el 8 de marzo se firmará en Santiago el Tratado Amplio y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP), también conocido como el TPP-11, integrado por Australia, Canadá, Chile, Malasia, México, Japón, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam. El TPP-11 se firmó en 2016, y debió ser renegociado recientemente tras la decisión de Trump de no suscribirlo (TS 9/2). De este modo, hasta las mismas fracciones de la burguesía local continúan perdiendo el peso que históricamente tuvieron en tanto actuaban como ramas de los centros industriales y controlaban domésticamente las industrias estratégicas y sus derivadas; su papel se ve reducido a negociar en condiciones leoninas la colocación de materias primas y derivados, de los que a su vez pierden el control directo de los procesos productivos, que caen en manos de los capitales con mayor grado de desarrollo de las fuerzas productivas, que controlan a escala mundial los tiempos en que se producen las mercancías.

No convencen a nadie

Ante tal situación de disputa entre los capitales y la cada vez más visible pérdida de hegemonía sobre el continente, fundamentalmente por el crecimiento de la presencia china, el secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, empredió una gira por latinoamerica pasando por México, Argentina, Perú, Colombia y Jamaica. Antes de partir, afirmó que la región no necesita “nuevas potencias imperiales” y alertó de la estrategia de apoyarse excesivamente en China, “que supone ganancias a corto plazo a cambio de una dependencia a largo plazo” (LN 4/2). A su vez, el funcionario yanqui dijo que la doctrina Monroe  es “tan importante hoy como antes”, apelando a los costados más rancios de la política imperialista que los monopolios propinaron historicamente hacia el continente. De todas formas, la fractura entre los capitales globales se evidencia en la misma opinión de sus voceros. Andrés Oppenheimer, histórico operador mediático de los capitales financieros yanquis, salió al cruce de la política llevada adelante por Donald Trump, afirmando que si “Tillerson dijo que América Latina es ‘una prioridad para Estados Unidos’ (...) y si realmente quiere mejorar sus lazos con América Latina, debe decirle a su jefe que proponga una agenda positiva para la región y deje de insultar a su gente. Si Trump llama a sus vecinos ‘países de mierda’ y amenaza con retirarse de los acuerdos comerciales, no debería sorprenderse si los países de la región reciben a los chinos –siempre sonrientes– con los brazos abiertos” (LN 6/2).

Los datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) son elocuentes para graficar la desesperación yanqui: en el año 2000 el 50 por ciento de las importaciones totales de América Latina provenía de Estados Unidos, ese porcentaje ha bajado al 33 por ciento en la actualidad. Las importaciones de China crecieron del 3 por ciento del total de las importaciones latinoamericanas al 18 por ciento durante el mismo período (LN 6/2). Mientras tanto, desde el país oriental llegaron las respuestas, inclusve antes de que el funcionario yanqui iniciara las visitas a nuestros países. Primero a través de un comunicado del gobierno señalando que “lo que Estados Unidos dijo va completamente contra la verdad y muestra una falta de respeto contra el gran número de países latinoamericanos”, remarcando a su vez que “la cooperación entre China y América Latina se basa en la igualdad, reciprocidad, apertura e inclusión” (LN 4/2). Al mismo tiempo, los países del cono sur salieron a respaldar los acuerdos logrados con el gigante asiático, como Perú que “está satisfecho con los resultados” del TLC bilateral, según expresaron funcionarios locales (XH 7/2). Esto se manifiesta en datos estructurales, ya que el volumen comercial alcanzó en 2017 los 260.000 millones de dólares, un ascenso interanual del 18,8 por ciento, siendo China un destino importante de los productos a granel de la región, desde donde se importan cada vez más productos agrícolas e industriales. Además, según estadísticas de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), las inversiones de las empresas chinas en América Latina y el Caribe superaron los 25.000 millones de dólares en 2017 y representan un 15 por ciento del total de la inversión foránea en la región. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) reveló en un informe que China generó 1,8 millones de empleos en América Latina a través del comercio, las inversiones y los proyectos de infraestructuras durante las últimas dos décadas (XH 12/2). De esta manera, la jugada estadounidense de mandar al propio secretario de Estado solo demuestra la dificultad que tienen los centros imperiales en crear el consenso necesario para someter nuestras economías a sus intereses cuando ya no hay tajada que puedan ofrecer a cambio. Las condiciones que necesita el capital global para su reproducción arrasa con vastos sectores de la población, e inclusive profundizan la fractura entre las fracciones nacionales de la burguesía que, pese a irse derecho hacia el precipicio, siguen intentando aplicar las recetas propiciadas desde los 147 grupos económicos y sus órganos de ejecución.

De conflictos y de ajustes

Pero como venimos señalando mes a mes, las fracciones concentradas de la burguesía mundial no disponen del tiempo necesario para generar consensos al interior de su propia fuerza social en los países subordinados. A su vez, las oligarquías, que encarnan sus intereses localmente, tampoco disponen de tiempo para reagrupar fuerza social por no poder garantizar la reproducción de las fracciones de capital locales pequeñas y medianas, menos aun en un año electoral donde los índices positivos hacia los candidatos de las fuerzas nacionales y populares son cada vez mayores y las protestas contra los planes de ajuste van en ascenso. En Uruguay, la oligarquía terrateniente inició durante fines de enero una protesta contra el gobierno del Frente Amplio y del presidente Tabaré Vázquez. En concreto, reclamaron una baja de las tarifas de energía, de combustibles, del gasto público y una corrección del tipo de cambio para “eliminar” el actual “atraso cambiario” (LN 24/1). Así, los sectores tradicionales uruguayos iniciaban un conflicto que involucró a otras capas de la sociedad. En varios puntos del país, los “productores rurales” en rebelión están de vigilia al costado de las rutas para mostrar a los turistas que el sector agropecuario atraviesa una crisis. En tanto, los dirigentes y militantes del oficialista Frente Amplio (FA) realizaron un acto de festejo en Piriapolis por el aniversario de la coalición de izquierda, que representó también un respaldo a Tabaré por lo que consideran un embate opositor encarnado en la protesta rural, aun cuando el propio presidente del FA, Javier Miranda, dijo que el acto no está vinculado a la protesta rural y que no se puede ver como una respuesta (LN 1/2).

La vigilia terrateniente, con tractores, camionetas y maquinaria agraria, tuvo más de 250 concentraciones y contó con el apoyo de cámaras empresarias de otros sectores, dependientes de la producción agropecuaria, como el de transportistas, que se sumaron a la protesta. Así, los sectores que históricamente han dominado el “paisito” mediante la obtención de la renta agraria, intentan a través de los reclamos y de las movilizaciones políticas imponer un plan que responda a sus necesidades e intereses, como se realizó en sus países vecinos, que garantice la transferencia de riquezas desde los sectores populares hacia ellos.

Pero estos planes, que privilegian las ramas productivas más competitivas a nivel mundial y a las vez más controladas por los capitales monopólicos, no hacen otra cosa que profundizar la liquidación de pequeños y medianos capitales que no pueden reproducirse a nivel global. Esto, por otra parte, generaliza los conflictos en la clase obrera, que como siempre debe pagar los platos rotos de la concentración económica, ya que las medidas de ajuste son dirigidas principalmente hacia ella. En Colombia, esta situación se refleja en los índices de crecimiento: según el DANE, la industria y el comercio, dos de los sectores que más aportan empleos en el país, tuvieron un crecimiento negativo en el 2017 de -0,6 por ciento el sector manufacturero y de -0,9 por ciento en las ventas del comercio. Durante el mes de diciembre de 2017 las ventas de la industria manufacturera cayeron en 0,2 por ciento, frente a un crecimiento del 3,3 por ciento en igual mes del año anterior. Entre tanto, el personal ocupado en el último mes del año pasado cayó en 1,5 por ciento, contra un repunte de 0,1 por ciento en el doceavo mes del 2016. Según el informe, de 39 actividades industriales solo 13 registraron variaciones positivas (ET 14/2). Luego, el mismo organismo señaló que el Producto Interno Bruto del país creció solo el 1,8 % por ciento, siendo la más baja de los últimos 8 años. Las actividades que bajaron su producción anual fueron: minería, con  3,6%, industria manufacturera 1%, construcción 0,5 %, y transporte 0,1 %. Para la asociacion Nacional de Empresarios de Colombia, las causas fueron: los bajos crecimientos de las economías emergentes y la desaceleración mundial que se reflejó en mercados internacionales deprimidos (ET 15/2). Pero estos guarismos son el reflejo de las políticas de ajuste que el gobierno colombiano viene propinando hacia la economía, las reformas fiscales y las condiciones para el ingreso de capitales especulativos, así como también los sucesivos aumentos en los productos de consumo básico. Ahora también se agita desde el ejecutivo que los sistemas de jubilación de reparto no son viables, ya que los mismos, basados en la “solidaridad intergeneracional” no pueden garantizar las jubilaciones futuras, cargando tintas sobre la situación de informalidad laboral que hay en el país. Mientras que a mediados del siglo pasado Colombia tenía más de 11 trabajadores activos por cada adulto mayor, hoy esa relación es de 6,8, y se estima que será de solo 4 hacia 2030 y de 2 hacia 2060. Colombia tiene una de las cifras más altas de América Latina en informalidad laboral, al alcanzar un 65 % de la población ocupada, que es de unos 22,3 millones de trabajadores, de los cuales solo 7,9 millones cotizan a pensiones (ET 17/2). Para agravar la situación, se registró un aumento del 0,2 % en la tasa de desempleo, respecto de 2016, situándose así en 9,4 % (ET 30/1).

Del mismo modo, luego de la reforma laboral en Brasil se perdieron 3,4 millones de empleos formales en 2017, que en gran medida fueron reabsorvidos por el empleo informal, empeorando las condiciones de vida de los trabajadores brasileños. Aunque el coordinador de Trabajo y Rendimiento del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), Cimar Azeredo declaró que “el punto positivo del crecimiento del trabajo informal es que menos personas están desocupadas”, solamente en diciembre se elminaron 328.539 puestos laborales (TS 26/1). La reforma aprobada en octubre del año pasado produjo en muy poco tiempo los efectos buscados por los grupos económicos, el desplazamiento de grandes masas de asalariados, convirtiéndolos ya no solamente en ejército de reserva para abaratar el precio de la mano de obra, sino en población sobrante que no se reincorporará al mercado. Ante esto, la clase obrera carioca enfrenta la brutal reforma desde la Justicia, presentando 18 recursos de inconstitucionalidad contra la reforma laboral, vigente desde noviembre pasado en el Tribunal Supremo Federal de Brasil. Del total de los procesos, 13 piden la vuelta de la obligatoriedad para el impuesto sindical y dos cuestionan el trabajo intermitente, los artículos que más golpean a las estructuras gremiales. Entre los autores de las acciones hay federaciones y confederaciones de trabajadores de la metalurgia, educación, transporte, servicio público y del sector patronal, la Asociación Nacional de Magistrados de Justicia del Trabajo (Anamatra), y la Procuraduría General de la República (CR 20/2). Con esto, además del movimiento obrero organizado, se sumaron otros sectores de la sociedad a la lucha contra la polémica reforma, con lo cual se profundizan los matices políticos de la lucha contra el gobierno de Temer. Pero, como venimos analizando, todas estas disputas no pueden todavía superar los límites sectoriales y gremiales, cuya máxima expresión fueron los paros históricos hechos por las centrales brasileñas durante el año pasado. Estos límites, como siempre afirmamos, tienen que ver con el proceso objetivo de concentración y centralización económica, donde los saltos productivos que los monopolios realizan en función de sostenerse en el mercado se expresan en que la robótica suplanta al trabajo, desplazando a millones de obreros, haciendo que la lucha por la mejora en condiciones de venta de la fuerza de trabajo quede obsoleta. Así entonces, este escenario económico plantea para la clase trabajadora la necesidad de ir hacia la raíz del problema, hacia la transformación de las relaciones de producción e intercambio que superen las actuales mercantil-capitalistas, donde estos saltos tecnológicos y productivos no constituyan un problema, sino una solución. En America Latina esto se manifiesta en los países que vienen peleando por cambiar la dependencia rentista, sembrando, bajo el desarrollo de una conducta colectiva, los embriones de una nueva sociedad.

Ataques que fortalecen

Como decíamos mas arriba, la gira en el continente realizada por Rex Tillerson no tuvo grandes resultados a nivel regional; en otras palabras, no ha logrado condicionar el rumbo emprendido por los países del continente. Esto se vio claramente en la imposibilidad de generar un nuevo clima de hostilidad contra Venezuela, que sistemáticamente viene siendo atacada por el imperio a través de la guerra económica y los intentos de desestabilización política que ello genera. Así, el nuevo ataque empezó por los pésimos pronósticos lanzados por los organismos del capital financiero mundial. El FMI prevee un 15% de caída del PBI y un 13.000% de inflación y, en el caso de que Maduro gane las elecciones de este año, la economía del país petrolero experimentaría una contracción de casi 50% en los últimos seis años, es decir, la mitad de la riqueza del país esfumada en poco más de un lustro (CL 25/1). Luego, de la mano del funcionario norteamericano, el imperio intenta crear una alianza regional contra Venezuela, apoyándose en los gobiernos argentino, colombiano, peruano y brasileño, para derrocar al gobierno bolivariano (tema que desarrollamos con detalle en el próximo artículo). En lo económico, intentó acelerar la aplicación de sanciones al crudo venezolano para provocar el default o cese de pago, afirmando que estaba evaluando restringir las importaciones de crudo y también las exportaciones de productos refinados estadounidenses a Venezuela en represalia por las restricciones a la oposición. El año pasado, las ventas de petróleo venezolano a EEUU cayeron a su nivel más bajo desde 1991. De todas formas, EEUU aún compra casi la tercera parte de los 1.837.000 barriles por día que produce Venezuela (LN 9/2). Aunque esto significaría un duro golpe a la economía bolivariana, que todavía depende bastante de la colocación de crudo en Estados Unidos, el secretario de Estado reconoció que gran parte de los países de la región, especialmente en el Caribe, reciben petróleo venezolano a precio subsidiado, por lo que difícilmente puedan sumarse al boicot. Ante eso, al finalizar su visita por Jamaica, Tillerson declaró que “estamos listos para ayudar a Jamaica y a otros socios en el Caribe para explorar y desarrollar los recursos que tienen, y también para compartir la abundancia de recursos de que disfruta América del Norte” (LN 9/2).

Pero estos ataques sistemáticos, lejos de obtener los objetivos buscados, de derrocar al gobierno bolivariano y de volver a tener acceso irrestricto a sus recursos energeticos, fortalece aun más el proceso, ya que queda muy a la luz la imposibilidad de generar consenso entre las distintas fracciones subordinadas de las oligarquías locales para arremeter contra el pueblo venezolano, al no estar garantizada su propia reproducción bajo la egida del capital financiero global. Al mismo tiempo que el imperio recrudece sus ataques, el gobierno bolivariano sigue profundizando el plan emancipador político y social, no solo como respuesta a las situaciones generadas por el capital global, sino como avances de las fuerzas populares en el armado de una economía posrentista. En este sentido, luego del lanzamiento del petro que, al contrario de las criptomonedas empujadas desde los centros financieros mundiales, se sostiene sobre la base de los recursos estratégicos (Petroleo, gas, oro y diamantes) que posee el país, continúa la recuperación de los precios del crudo venezolano, tras el acuerdo de reducción de producción entre los países miembro de la OPEP desde finales de 2017 (TS 2/3). Maduro afirmó que propondrá a los países Opep y no Opep ampliar por cinco años más los mecanismos del comité de monitoreo que verifica el cumplimiento del acuerdo de recorte del crudo. A su vez, informó que propondrá a los países Opep y No Opep el uso de criptomonedas respaldadas en crudo, una de ellas sería la criptomoneda venezolana, que estará respaldada por 5.342 millones de barriles de crudo del campo número 1 del Bloque Ayacucho de la Faja Petrolífera del Orinoco (TS 5/2). De esta forma, al mismo tiempo que se fortalecen los lazos con los países petroleros en función de controlar la renta del crudo, Maduro realizó anuncios económicos y sociales en el consejo de ministros: “desde 2017, cuando comenzó el registro del carnet de la patria, más de cinco millones de jóvenes han tramitado esta herramienta creada por el Gobierno nacional para agilizar la asignación de toda la política social”, indicó. Informó también que más de 20 millones de venezolanos están protegidos por la Gran Misión Hogares de la Patria, y que “ya están contactadas 55.404 personas que reciben su bono José Gregorio Hernández”, asegurando que “estos recursos y estos logros son posibles sólo en Revolución”. Por último, anunció que el recientemente creado Movimiento Somos Venezuela continuará visitando “casa por casa” y que se enfocará en “proteger al pueblo contra la Guerra Económica”. Luego de anunciar la entrega de 8 millones de bonos de carnaval, afirmó que “la oligarquía le hace la guerra al pueblo; nosotros abrazamos al pueblo hasta que tengamos la victoria total en la batalla económica” (TS 30/1).

De esta manera, el papel que juega la experiencia del proceso bolivariano es lo que marcha adelante la coyuntura actual y en el paticular escenario del continente, donde las economías rentísticas dominadas por las oligarquías locales, se fracturan al son de la crisis hegemonica del bloque de poder dominante a nivel mundial. Así, la resolución de la crisis pasa, cada vez más, por asumir el papel histórico que tiene la clase trabajadora en las batallas por poner la economía en función de los intereses objetivos de la humanidad, la preservación de la naturaleza y el desarrollo del hombre en su integralidad, bajo conductas y relaciones que dejen atrás el consumismo impuesto desde los intereses de la burguesía y sus grupos económicos mundiales. La organización desde las bases, que en Venezuela toman la forma de los CLAP (Comité Local de Abastecimiento y Produccion) y los CPT (Consejos Productivos de los Trabajadores), y la direccion centralizada del proceso por parte del gobierno bolivariano, son los pilares de la construcción de esas nuevas relaciones que, además de pelear contra la guerra económica empujada desde el imperio, se propone controlar esas fuerzas productivas desde los intereses de la humanidad toda. Desde estas experiencias y conclusiones es como las fuerzas populares de la región encaran la relacion con sus pares mundiales que buscan también resolver la crisis desde otras relaciones que superen las capitalistas.

Los que empujan

Como mencionamos anteriormente esas nuevas relaciones siguen tomando curso ante la descomposición del sistema capitalista. Durante el mes pasado se realizó la II Reunión Ministerial del Foro China-CELAC, una de las formas en las que China extiende a Latinoamérica su estrategia de vinculación global llamada “la franja económica de la ruta de la seda” o “la Franja y la Ruta”. China es el primer o segundo socio comercial de cada uno de los países latinoamericanos, donde su inversión extranjera directa en el continente pasó de un monto promedio anual de 1.357 millones de dólares entre 2001-2009 a 10.817 millones promedio en 2010-2016 (TS 24/1). Como venimos observando últimamente, sobre la base del ganar-ganar, en los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica que propone el gigante asiatico, es donde las economías latinoamericanas buscan la alianza.

En la reunión celebrada en Chile se aprobó la Declaración de Santiago, el Plan de Acción Conjunta China-Estados Latinoamericanos y Caribeños (2019-2021) y una declaración especial sobre la iniciativa de la Franja y la Ruta. En estas se estipula que China debe ayudar a América Latina a elevar la capacidad de manufactura industrial, formar un sistema de producción y mejorar la capacidad de exportación latinoamericana diversificada. Los pueblos de ambos lados deben abandonar el modelo de crecimiento económico que les ha impulsado hasta ahora, incrementar el valor agregado de los productos en el proceso de profundizar la cooperación en los sectores tradicionales como la agricultura, la manufactura y las infraestructuras, y promover activamente la cooperación en los sectores emergentes como nueva energía, innovación científica y tecnología informática (XH 26/1). En este sentido, el canciller chino, Wang Yi, expresó el deseo de China de potenciar la gran conexión terrestre y marítima con América Latina, y prometió que el país asiático participará activamente en la construcción de los componentes físicos y de interconectividad de la región como son los transportes, las infraestructuras y la energía, apoyará a la región en la construcción de los corredores clave como el Ferrocarril y el Túnel Bioceánicos, abriendo más rutas marítimas y vuelos directos y elevando la densidad y la capacidad de la red interconectada entre China y la región (XH 3/2). Pero, como siempre afirmamos, el avance de esta política China en la región, no garantiza en sí mismo la resolución del problema rentístico, sino que esto depende del grado de organización que la clase obrera desarrolle en pos de construir relaciones económicas y políticas que centren sus bases sobre el control productivo total y que el grado de socializacion de la producción alcanzado por la humanidad sea puesto a disposición de sus intereses comunes.

En este sentido la pelea que viene dando el pueblo Venezolano, que se plasmaron institucionalmente en la celebre Asamblea Nacional Constituyente, es coincidente con lo que vienen proponiendo y ejecutando los países del ALBA. El presidente boliviano Evo Morales presentó, durante fines de enero, los lineamientos centrales de su gobierno, los logros económicos, políticos y sociales de su gestión ante la Asamblea Legislativa Plurinacional de Bolivia. Ante dicho organismo estatal, afirmó que “pese a la arremetida económica internacional nosotros seguimos creciendo y nos convertimos en uno de los motores económicos de Latinoamérica”. A su vez, informó que su Gobierno invirtió y se aseguró que el Estado Plurinacional garantice el alimento del pueblo, de la distribución de agua y que “los problemas que se le presenten a los bolivianos, nosotros como estado vamos a resolverlos”. Aseguró  que Bolivia será el centro energético de Latinoamérica con la industrialización de los recursos evaporíticos, con plantas pilotos de Litio en Potosí y Uyuni. En cuanto a la industria mencionó: “dijeron que si se nacionalizaba la industria no habría inversión, pero todo lo contrario se triplicó” (TS 22/1). Además de aclarar el rumbo futuro de la economía plurinacional, Evo Morales resaltó la importancia que tiene el desarrollo de la economía desde el interés común, donde los logros de la planificación estatal son fruto de 13 años de aplicación de los planes de la clase trabajadora.

Al mismo tiempo, en Cuba se presentó el destino del presupuesto para el 2018, donde según la Viceministra Meisi Bolaños Weiss, el sector empresarial será el protagonista en el aporte al presupuesto con el 80% de la participación a partir de la producción, comercialización de bienes y prestaciones de servicios. A su vez se garantizarán las demandas financieras para el sostenimiento de los servicios sociales a la población como los sectores de salud, educación, cultura, deporte, asistencia y seguridad social. Las reservas del presupuesto se incrementan para cubrir los gastos en caso de eventos meteorológicos y otras actividades que no se pudieron prever durante la planificación, como fue el huracán Irma. El Director General de Ejecución del Mininisterio de finanzas indico: “Todas las acciones que se realizan están dirigidas a mejorar y racionalizar el gasto presupuestario a través de su uso más eficiente. Es responsabilidad de los jefes de las entidades mantener un control sobre los mismos, a partir del análisis no formal y a profundidad de su ejecución en los órganos colegiados de dirección y con la participación activa de los trabajadores” (CD 7/2).

De esta manera, con las experiencias y conclusiones más desarrolladas en el contienente, los trabajadores no solo enfrentan los ataques constantes del imperio, sino que proponen alternativas más que posibles para superar las agotadas relaciones capitalistas de producción que arrasan todo a su paso, con los grupos económicos y sus personeros como encarnacion del caos, el hambre y la destrucción. Los sucesivos intentos por parte del capital financiero mundial, quedan encallados en su propia contradicción, es decir, que cada vez pueden reproducir a menos sectores de la población, incluyendo sus propios tentáculos locales, las oligarquías rentísticas aniquilando así la misma división del trabajo mundial que las potencias capitalistas concretaron a finales del siglo XIX, dando origen al imperialismo como última etapa del capitalismo, negador de sus principios de libre competencia. Es así como en la actualidad, para los trabajadores el enemigo ya no sólo aparece en las oligarquías parasitarias sino que se ve, cada vez más, frente a frente con el capital concentrado que se nuclea en las 147 corporaciones mundiales que dominan la producción a escala planetaria. Ante esto, de lo que se trata en realidad, es que esas fuerzas de cooperación humanas, que por primera vez en la historia generan las condiciones de superar la competencia para obtener los recusos necesarios para la reproducción del hombre, sean controladas desde la clase que no vive de la explotación de otra. Así, las alianzas estratégicas entre las naciones latinoamericanas y China, constituyen la piedra angular de la construcción de esas nuevas relaciones que la humanidad necesita, siempre y cuando los trabajadores se pongan al frente de ello. Veamos ahora cómo se manifiestan políticamente las imposibilidades del imperio de construir el consenso que sirve de base de dominio y cómo se despliega la estrategia de la clase trabajadora para encabezar la lucha.



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