Revista Mensual | Número: Marzo de 2018
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Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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¡Cruz Diablo!

No necesita nuevas potencias imperiales
Merece otro gobierno
Futuro de estabilidad
El juego democrático
Nosotros aplicaremos elecciones


La nueva agresión imperialista contra el bravo pueblo venezolano. Venezuela contra el mundo (imperialista), y van…

¡Cruz Diablo!

El derecho de la propiedad privada es, entonces, el derecho de gozar y disponer de la propia riqueza arbitrariamente sin cuidarse de los otros hombres, independientemente de la sociedad; es el derecho del egoísmo. Esa libertad individual constituye el fundamento de la sociedad civil. Hace ver a cada hombre en otro hombre, no la realización sino más bien la limitación de su libertad

K. Marx, “La cuestión Judía”

Zippo va camino del infierno cagando leches,

no supo repartir sus fichas y su cielo ennegrece

PR (1996)

 

Sin dudas, el acontecimiento más significativo en la región latinoamericana lo constituye una nueva y desesperada agresión imperialista sobre Venezuela, que promete ser duradera.

Como veremos a continuación, desde las posiciones de debilidad a las que fueron arrojadas por el bravo pueblo venezolano en 2017, las fuerzas imperialistas arremeten nuevamente contra la nación caribeña, agitando los fantasmas de guerra en América Latina. Anhelando el regreso a un tiempo que no volverá más, en donde el imperialismo se encontraba en un auge expansionista, la prepotencia norteamericana vuelve a la carga contra la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), pretendiendo obtener distintos resultados a igual estrategia.

El orden imperialista se encuentra en crisis, transita un estallido sin precedentes que abarca todas las esferas de la vida social que supo erigir bajo su dominio absoluto, independientemente de la conciencia que de ello tengan sus cuadros más lúcidos. El principal problema a resolver hoy es la superación de las relaciones mercantil- capitalistas como eje de organización social, ello se expresa como una necesidad. O las superamos, o sucumbimos como especie; el mundo que supo construir el capital es un holograma del pasado y ya no puede regir más la vida humana en el planeta; lo que vivimos en la actualidad es el momento de su descomposición.

Así, veremos cómo el puñado minoritario de países latinoamericanos que impulsan la erradicación del proceso revolucionario en Venezuela sufren descarnadamente este problema: migraciones forzadas, asesinatos sistemáticos, fraude electoral y dictaduras; una expresión cabal de la colisión frontal entre el mundo necesario a las corporaciones monopólicas y la vida humana. Entre el carácter cada vez más social de la producción y el cada vez más privado de su apropiación.

Por ello, la experiencia bolivariana sigue erigiéndose como un ejemplo ineludible para las masas trabajadoras de la región, puesto que transita el camino de lo nuevo, de construir una sociedad que se proponga derrotar definitivamente a las fuerzas del caos.

Veamos todo ello con mayor detenimiento.

No necesita nuevas potencias imperiales

El día 2 de febrero el Secretario de Estado de los EEUU, Rex Tillerson, brindaba una conferencia de prensa en su Texas natal, en donde arrojaba nociones centrales respecto de la estrategia imperialista en la región latinoamericana. La misma se producía en un impasse entre un extenso recorrido a través del mundo, que previamente había tenido como objeto la región de Medio Oriente, y en el transcurso del mes de febrero iba a realizarse en América, aunque en las naciones más cercanas a la órbita norteamericana.

En su discurso, podemos remarcar tres definiciones fundamentales para comprender la profunda crisis que atraviesa el orden imperialista, que luego se expresarán cabalmente en los hechos que analizamos en este artículo. En primer lugar, el despliegue en el territorio latinoamericano de la nueva “estrategia de defensa” enunciada por los EEUU el mes anterior, en donde señala que “el principal desafío a la prosperidad y seguridad de EEUU es el resurgimiento de la competencia estratégica a largo plazo (…) durante décadas EEUU ha disfrutado de una superioridad indiscutible (…) podíamos desplegar nuestras fuerzas cuando queríamos, reunirlas donde queríamos, y operar como queríamos” y reconocía que esa “competencia estratégica” es la “creciente amenaza de potencias revisionistas tan diferentes como China y Rusia” (XH 20/1 y RT 19/1). En ese sentido, el Secretario de Estado afirmaba que “En la actualidad, China está logrando una fuerte presencia en América Latina. Está usando su injerencia económica estatal para empujar a la región dentro de su órbita. El interrogante es el siguiente: ¿A qué costo? (…) América Latina no necesita nuevas potencias imperiales que solo pretenden beneficiarse a sí mismos. El modelo de desarrollo con dirección estatal de China es un resabio del pasado. No tiene que ser el futuro de este hemisferio. (…) Nuestra región debe ser muy cauta ante potencias remotas que no reflejan los valores fundamentales compartidos en la región. Los Estados Unidos se destacan con un marcado contraste. No buscamos acuerdos cortoplacistas que generan retornos desproporcionados. Buscamos socios que compartan los valores y visiones que favorezcan un hemisferio seguro y próspero.” (https://www.nodal.am/2018/02/discurso-rex-tillerson-secretario-estado-los-estados-unidos-pronunciado-1-febrero-la-universidad-texas-previo-gira-mexico-argentina-colombia-peru-jamaica/. Resaltado nuestro).

De esta manera, el vocero del imperialismo aplicaba los nuevos lineamientos estratégicos a la región, marcados por un claro movimiento defensivo. Ya no pueden plantear que el interés de la potencia norteamericana representa el interés de todos los pueblos del mundo –aunque ello nunca fue cierto–, ya no pueden erigirse como garante del bien común; tan solo se abocan a señalar el crecimiento de la influencia de naciones que califica como “competidoras” y advertir sobre el daño que ello le podría significar. Más aún, retomando aquella afirmación de Hegel de que el “lenguaje es lo más verdadero de la conciencia”, el Secretario Tillerson afirma que la región no necesita “nuevas potencias imperiales” reconociendo explícitamente el carácter imperialista de los intereses que promueve y defiende. Y es precisamente la crisis del orden construido por las corporaciones monopólicas, el estallido del mundo capitalista, la que produce ese movimiento defensivo en la estrategia norteamericana. Si la actual escala de la acumulación capitalista requiere que un puñado de corporaciones monopólicas succionen la riqueza producida por el mundo, a costa de capas de su propia clase que significaron piezas fundamentales en la construcción del mundo tal cual lo conocemos, no hay forma de que pueda construir consenso en torno de sus intereses, fabricar masa crítica, construir una fuerza social que garantice el gobierno del 1% o las 147 corporaciones. Y ello es así en Medio Oriente, América Latina o cualquier lugar de la tierra. Quedan cada vez más desnudos, es cada vez más claro para miles de millones que, a diferencia de lo afirmado por el Secretario de Estado, ellos son el pasado.

De esta manera, como segundo punto relevante del discurso, el Secretario Tillerson realizó una reivindicación explícita de la Doctrina Monroe al tiempo que planteaba su “ vigencia”: “Bueno, creo que ha sido un éxito (la Doctrina Monroe) puesto que lo que nos une en este hemisferio son valores democráticos compartidos y mientras distintos países puedan no expresar de la misma manera esa democracia como la practicamos en este país, lo fundamental de ello –respeto por la dignidad humana, respeto al individuo en su búsqueda de vida, libertad, felicidad esos elementos nos unen en este hemisferio. Por lo que pienso que la Doctrina fue un compromiso importante en esos años. (…) A veces pienso que hemos olvidado la importancia de la Doctrina Monroe y lo que significó para este hemisferio para mantener esos valores comunes. Y creo que es igual de relevante hoy como lo fue en esos días” (ídem cita anterior).

Cabe recordar que la llamada Doctrina Monroe, denominada así por el presidente norteamericano de igual nombre que la expuso en 1823, definió la estrategia imperialista norteamericana en la región, al plantearle a las potencias europeas que cualquier intervención en el hemisferio sería interpretada como causal de guerra. Sintetizada en la frase “América para los americanos”, ejemplificó a lo largo del siglo XIX la disputa inter-imperialista en su momento de auge y expansión, época que, como definiera Lenin, está signada por “la formación de asociaciones internacionales monopolistas de capitalistas, las cuales se reparten el mundo (…). El imperialismo es el capitalismo en la fase de desarrollo en que ha tomado cuerpo la dominación de los monopolios y del capital financiero, ha adquirido señalada importancia la exportación de capitales, ha empezado el reparto del mundo por los trusts internacionales y ha terminado el reparto de toda la Tierra entre los países capitalistas más importantes” (V. Lenin, “El Imperialismo…” Cap VII). Es decir, la Doctrina Monroe significó la conciencia de uno de “los países capitalistas más importantes”, de su clase dominante, respecto de ese proceso y por lo tanto la delimitación de su esfera de influencia, que luego se tradujo en la secesión de Panamá, la invasión y ocupación de Cuba, Nicaragua (en tres oportunidades), Puerto Rico (que permanece bajo un régimen colonial), Haití, México y República Dominicana, entre tantos otros, para garantizar el dominio hemisférico de las corporaciones monopólicas allí asentadas. Un proceso de auge del mundo imperialista y de los EEUU como eje y potencia de él (https://www.ecured.cu/Doctrina_Monroe).

Sin embargo, como hemos visto, el actual momento histórico dista mucho de aquel proceso. No estamos frente a una expansión del imperialismo en la región, sino por el contrario lo que venimos analizado mes tras mes es el estallido del orden social que ella dejó; el Secretario de Estado parece anhelar un pasado todo poderoso (“podíamos desplegar nuestras fuerzas donde queríamos y operar como queríamos”) que ya no volverá, dado el estallido del capitalismo y la descomposición de las relaciones sociales sobre las que se asienta. Aunque con una mano pretenda golpear a las naciones que conducen este momento de transición, China y Rusia, y con la otra impedir que se le escape el “patio trasero”, las definiciones del funcionario norteamericano no hacen más que explicitar la decadencia de la potencia que representa.

Como último elemento fundamental, y central para el mes que nos toca analizar, el Secretario Tillerson se refirió a Venezuela bien al estilo Monroe: “En la historia de Venezuela y los países de América del Sur, muchas veces los militares son agentes de cambio cuando las cosas están muy mal y los líderes ya no pueden servir al pueblo” y “El régimen corrupto y hostil de Nicolás Maduro en Venezuela se aferra a un sueño falaz y a una visión anticuada para la región, que ya ha defraudado a sus ciudadanos. (…) Venezuela es la imagen opuesta del futuro de estabilidad al que aspiran tantos otros en el hemisferio” (ET  01/2).

Sin dar muchos rodeos, EEUU anunciaba una nueva campaña agresiva contra la nación bolivariana, a pesar de la derrota que su estrategia terrorista sufriera en 2017; con ello, dejaba en claro su carácter necesario, desde el punto de vista de las corporaciones monopólicas, puesto que ha quedado demostrado que quienes impulsan a abrupta finalización del proceso revolucionario venezolano son grupos minoritarios que carecen del consenso suficiente para presentar sus intereses como los de toda la sociedad, opuestos a un “régimen dictatorial”, que según ellos carece de apoyo popular.

Merece otro gobierno

Cabe recordar que en 2017 los EEUU pretendieron derrocar militarmente al gobierno constitucional y democrático de Nicolás Maduro a través de la casi extinta Organización de Estados Americanos y elementos terroristas internos, apoyados por fuerzas militares propias ubicadas en las inmediaciones de Venezuela. El quiebre fundamental de dicha estrategia se dio al no poder obtener el apoyo de la mayoría de las naciones latinoamericanas que integran el organismo para declarar la violación a la denominada Carta Democrática, prólogo a una intervención militar colegiada. De esa situación de debilidad, de esa derrota, es que surge el autodenominado “Grupo de Lima”, compuesto por la minoría de países que sí acompañaron a los EEUU y no pudieron imponer la intervención. Esto quiere decir que los EEUU se encuentran en una posición de mayor fragilidad para imponer sus objetivos, afirmándose en un puñado de naciones minoritario que ya fracasó; por lo que, si en 2017 dio una batalla y retrocedió, hoy vuelve a la carga pero desde más atrás, sin mencionar ahora la acumulación de experiencia y el desarrollo en la conciencia del bravo pueblo venezolano.

La nueva agresión imperialista cuenta con cuatro momentos bien definidos, los cuales fueron activándose conforme el Secretario Tillerson realizaba su gira latinoamericana.

En primer lugar, la provocación bélica, la amenaza militar:  el gobierno de Colombia anunció el envío de 2.200 efectivos de sus Fuerzas Armadas a la frontera con Venezuela, a la vez que se hacía pública la presencia allí del Jefe del Comando Sur de las FFAA de los EEUU, Alte. Kurt Tidd (LN 9/2 y CD 13/2). También, se anunciaba bajo el nombre de “Nuevos Horizontes” la presencia de 415 miembros de la Fuerza Aérea de los EEUU en Panamá que se extenderá durante los próximos 6 meses, con autorización para vestir uniforme militar y portar armamento (TS 09/2). De esta manera, se producían en simultáneo numerosas amenazas de intervención militar a Venezuela, con el aval público del Secretario de Estado de los EEUU.

En segundo término, la instalación de la idea de que en la nación caribeña se ha desatado una “crisis humanitaria” de tal magnitud, provocada por la insensibilidad y desmanejo de la “dictadura”, que merece la intervención de fuerzas internacionales para su ordenamiento. El puntapié inicial lo daba, cuando no, la vecina Colombia, que anunciaba “mayores controles fronterizos” para el ingreso y envió a su Fiscal General, Néstor Humberto Martínez, a declarar públicamente que los delitos cometidos por venezolanos en Colombia habían aumentado un 228%; las “informaciones” hablaban de una comunidad de 600 mil migrantes de la nación vecina e incluso se la relacionaba con la organización político militar Ejército de Liberación Nacional, la cual se encuentra negociando tratados de paz con el gobierno de Colombia (LN 9/2). Todo ello tras el paso del Secretario Tillerson por allí, donde afirmaba vehemente: “Ya no podemos ver la destrucción de la democracia venezolana sin hacer nada. Venezuela merece otro gobierno” (LN 5/2).

Sin embargo, como si ello no fuera suficiente, durante su paso por Brasil y Argentina lograba que sus gobiernos también anunciaran medidas contra… ¡una migración descontrolada! producto de la “crisis” humanitaria en Venezuela. Así, el gobierno argentino anunciaba “facilidades” para la recepción de migrantes caribeños a la vez que informaba, espantado, que “principalmente viene gente joven y personas con títulos universitarios” (ET 13/2).

Cerraba el círculo el presidente colombiano Juan Manuel Santos que, al hacerse eco de la enorme campaña mediática respecto de la “crisis humanitaria” y de “refugiados” solicitaba “ayuda a la comunidad internacional para atender la creciente inmigración de miles de venezolanos que huyen de su país. Este problema se agrava día tras día” (LN 15/2). Casualmente este mes, como veremos más adelante, la “comunidad internacional” hacía público un informe que ubicaba a Colombia como el país con más desplazados en el mundo, con 7,4 millones de personas (de 48 millones en total, es decir, casi un 20% de su población) por encima de Siria e Irak (TS 18/2).

El tercer hecho lo constituyó el pronunciamiento del minoritario “Grupo de Lima” decretando, de forma arbitraria e ilegítima, la exclusión de Venezuela de la VIII Cumbre de las Américas a realizarse este año, puesto que, afirmó que “la ruptura de la democracia constituye un obstáculo insuperable para la participación de un Estado en la Cumbre de las Américas” (ET 13/2), con el fin de profundizar el aislamiento internacional y presión externa, sumándose a las provocaciones militares, la instalación de la idea de una crisis de “refugiados” y el bloqueo financiero que lleva a cabo la potencia imperialista norteamericana.

Por último, luego de que el Presidente de la República Dominicana, país que oficia de anfitrión y mediador en la mesa de diálogo gobierno-oposición de Venezuela, anunciara que el 5 de febrero se iban a firmar los definitivos acuerdos “por una convivencia democrática”, la opositora Mesa de Unidad Democrática (MUD) anunció, sin dar explicaciones, el abandono unilateral de dicha instancia de negociación y su desconocimiento anticipado de las elecciones presidenciales a realizarse el próximo 22 de abril (TS 7/2).

Si bien el objetivo es presentarnos un escenario en donde una potencia mundial apela a su pasado expansionista para “aislar internacionalmente” a un pueblo rebelde y díscolo, amenazarlo con su poderío militar y mostrar al mundo las penosas consecuencias para la vida humana que generan las “dictaduras”, esto no se corresponde con el proceso político que vive actualmente el pueblo venezolano. La agresión imperialista, más que apoyarse en una posición de fortaleza política y económica, se guarece sobre los sectores que tienen escasa legitimidad en las mayorías, sus acciones son resultado de un ejército moralmente golpeado y en plena desbandada que, habiendo sufrido una dura derrota recientemente y viendo debilitada su fuerza, pretende lograr distintos objetivos haciendo exactamente lo mismo. Veamos quiénes lo componen.

Futuro de estabilidad

Venezuela es la imagen opuesta al futuro de estabilidad al que aspiran tantos otros en el hemisferio”, declaraba el Secretario Tillerson respecto al proceso revolucionario bolivariano, contraponiendo los valores de “democracia y libertad” que supuestamente promueven las fuerzas imperialistas con las experiencias de liberación social, socialistas, en la región.

Sin embargo, al analizar la realidad social de las naciones promotoras de estos “valores” y auspiciantes de las numerosas agresiones a Venezuela nos encontramos con un panorama bien distinto. Los valores que el funcionario norteamericano dice defender, “libertad individual”, “democracia”, surgen como expresión ideológica del ascenso mundial de la burguesía en oposición al mundo feudal y en su posterior dominación a los países dependientes y coloniales, en los cuales forma e incorpora a capas de su propia clase que hacen las veces de “pata local”. La burguesía, al ser una expresión de las relaciones mercantil capitalistas para la “producción y la reproducción de la vida real”, continúan la explotación del hombre sobre el hombre y por lo tanto, en su ascenso como clase dominante, reemplaza una forma de explotación (feudal) por otra. De esta manera, la “libertad individual”, “democracia” y demás valores que enuncia, no son más que la libertad del burgués, la democracia burguesa que garantiza la reproducción del orden social por ella construido; aunque la Constitución enuncie la “igualdad” ante la ley (expresión originada para erradicar los “privilegios” feudales otorgados por filiación sanguínea), no deja de ser expresión superestructural de esa “base económica”, sustentada en la propiedad privada sobre los medios de producción y de cambio. Así, la “libertad” burguesa supone la esclavitud de origen del proletariado, al ser expropiado de todo medio de producción; la “democracia” burguesa supone la continuidad de la dictadura de una clase sobre otra, extendida en los poderes públicos a través de normas de convivencia acordes a su necesidad.

Pues bien, la profunda crisis que atraviesa el mundo capitalista, el estallido de todo su ordenamiento, asentado en la escala sin precedentes de la acumulación produce la descomposición de la vida social, expone como nunca antes la naturaleza inhumana de la sociedad capitalista y el carácter de clase de la “democracia” que dice defender.

Honduras, nación adherente al “Grupo de Lima”, realizó hace poco tiempo unas elecciones presidenciales que, de haberse respetado el resultado, hubiera colocado un Frente político opositor a los EEUU y cuyo miembro más prominente, Manuel Zelaya, había acercado al país a la órbita del ALBA. Ello fue impedido por un grosero fraude electoral, que dejó además el saldo de más de 30 muertos por protestas y varios periodistas asesinados. La intervención de la OEA, frontón imperialista contra los procesos emancipadores en el hemisferio, quedó atrapada en sus propias contradicciones: como nunca antes, la demostración de que la democracia necesaria a la burguesía (147 corporaciones, 1% de la población) debe hacer caso omiso de la voluntad popular, de que los intereses de las corporaciones monopólicas colisionan con los del pueblo trabajador, se hizo evidente para millones. Por ello, realizó un tibio amague denunciando algunas irregularidades, pero cuando los EEUU públicamente apoyaron el fraude debieron retroceder en sus propios pasos. Con ello, los “valores” que sostiene el Secretario Tillerson y toda la maquinaria imperialista detrás suyo quedaron en evidencia: “democracia” es que las corporaciones monopólicas puedan hacer todo lo que tengan que hacer a pesar de cualquier resultado, incluso si ello significa la muerte por asesinato de quienes se oponen. No por casualidad se atrevió a reivindicar que “muchas veces en América Latina los militares son agentes de cambio cuando las cosas van muy mal”, remontándose a décadas recientes, en donde las dictaduras militares desaparecieron a más de 200 mil personas en la región.

Frente a este apoyo irrestricto al fraude, Juan Jimenez, el jefe de la Misión de Apoyo Contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras de la OEA, anunciaba su renuncia, y criticaba al anti venezolano Luis Almagro por su silencio cómplice: “Con gran pesar y luego de una profunda reflexión comunico mi renuncia al cargo de vocero de la OEA-MACCIH” y “lamento la falta de comunicación con Luis Almagro”, refiriéndose a la negativa del Secretario General de recibirlo cuando quería notificarle los avances de las investigaciones sobre el fraude electoral y denunciar las presiones y amenazas que había recibido (TS 16/2).

Respecto de la “libertad individual”, que aquí ha sido violentada en relación al sufragio, nos enterábamos también que en Honduras más de 700 escuelas y 180 mil estudiantes son afectados por la violencia escolar, el tráfico de drogas y el accionar de pandillas; que el consumo de drogas se registra en niños desde cuarto grado de primaria en adelante; que desde marzo de 2017 algunos centros educativos fueron blindados con seguridad militar, sin poder esto resolver algo; que Honduras tiene una de las tasas de homicidios más altas del mundo (42,8 cada 100 mil), que el 80% de los que terminan la primaria no continúan sus estudios (TS 18/2). De esta manera, la sociedad organizada bajo los intereses de las corporaciones monopólicas manifiesta cabalmente su descomposición, el estallido que atraviesa: lo único que puede ofrecer es caos y muerte.

México, es otra de las naciones que pertenece al “Grupo de Lima” y que realizará este año elecciones presidenciales, el pasado fue el peor año en materia de seguridad de su historia contemporánea: 25.339 homicidios, 1.148 secuestros y 5.649 extorsiones registrados (HTV 6/2). Este país recibe por año más de 200 mil armas ilegales desde los EEUU, las cuales explican hasta el 66% de los homicidios realizados en 2017 (LN 13/2).

Colombia, nación adherente al “Grupo de Lima” y principal hostigador en las agresiones contra Venezuela, como ya mencionamos, sufre una sangría de población (7,4 millones de personas), verdadera crisis migratoria. Así, los defensores de la “libertad individual” registran, desde que se implementaron los Acuerdos de Paz, la escalofriante cifra de 205 líderes sociales asesinados en manos de fuerzas paramilitares vinculadas con el narcotráfico, la trata de personas y la defensa de los intereses corporativos (a modo de mercenarios), 101 de ellos se han cometido en los dos meses del corriente año (ET 19/2) y a esta cifra se deben sumar los 38 ex combatientes de las FARC que también fueron asesinados. Las FARC que hoy se encuentran en campaña electoral por la presidencia, elecciones que se realizarán en mayo del corriente, explicaban a través de su miembro directivo, Pablo Catatumbo, que “Esta vez las agresiones vienen de sectores muy conocidos de la ultraderecha colombiana. Así ha sido la historia de intolerancia de Colombia, así han empezado todas las violencias” (ET 9/2).

El juego democrático

Brasil, también integrante del “Grupo de Lima”, transita un proceso que expone con claridad la naturaleza anti democrática y descompuesta de la sociedad capitalista, cuando en 2015 la presidenta Dilma Rousseff fuera depuesta de su cargo mediante un golpe de Estado, burlando la voluntad de 54 millones de brasileños. De esta manera, con un 6% de apoyo social, ejecutó a rajatabla los programas económicos requerido por las corporaciones monopólicas, desprendiéndose del patrimonio público necesario para la independencia económica de ellas y retrocediendo la legislación laboral al siglo XIX. Estas medidas generaron la oposición de amplios sectores de la sociedad, los cuales se lanzaron a las calles en numerosas oportunidades. La repuesta “democrática” del gobierno de facto de Michel Témer no se hizo esperar: bajo la excusa de la “criminalidad”, el gobierno federal decretó la intervención militar de la populosa Río de Janeiro, otorgándole la responsabilidad sobre la policía civil, militar y el área de inteligencia (TS 16/2)

No obstante la militarización, el régimen de facto realizó una verdadera campaña para impedir que el líder popular más trascendental de las últimas décadas del Brasil, Lula da Silva, pueda presentarse a las elecciones presidenciales del corriente año. A través de una serie de denuncias sin ningún tipo de pruebas, el poder Judicial ha emitido dos condenas por supuestos casos de “corrupción” que, de validarse, impugnarían de plano la candidatura del dirigente obrero y ex presidente. En palabras del magistrado Luiz Fux: “El que está condenado en dos instancias tiene su ´ficha sucia´, y quien tiene ´ficha sucia´ está fuera del juego democrático. Seremos irreductibles”, admitiendo explícitamente el objetivo del gobierno de facto: impedir una segura elección de Lula como presidente de Brasil, puesto que lidera todas las encuestas muy por encima de sus contendientes (LN 8/2).

De esta manera, se pone de relieve el contenido de la “democracia” que el Secretario Tillerson sostiene en sus iniciativas, la cual debe imponer el terrorismo como método de gobierno (disciplinamiento social) y la proscripción de los candidatos con posibilidades de derrotarlos; las reglas del “juego democrático”, en palabras del juez Fux. Con ello se manifiesta en toda su expresión la imposibilidad de las corporaciones monopólicas de construir consenso en torno a sus intereses, la incapacidad de construir fuerza social, puesto que en la base económica que la sustenta se encuentran agotadas las condiciones para reproducir y “sentar en la mesa” a amplios sectores de la sociedad (parte del 97% que se le opone). Abroqueladas en los últimos reductos del Estado, como el poder judicial, se aferran al pasado a través del terrorismo y la proscripción. Curiosa democracia.

Es por ello que las condiciones de posibilidad de resolución de todos los problemas suscitados por el régimen capitalista y su descomposición deben plantear como premisa su superación, bajo otras relaciones sociales “para la producción y reproducción de la vida social”, que erradique definitivamente la explotación como elemento central en ellas.

Sin duda, el primer momento de ese proceso es el desconocimiento de todas las formas institucionales (superestructura) erigidas sobre esa base, y es por ello que el problema de Brasil comienza a adquirir dimensiones mucho más profundas. Así, Gleisi Hoffmann, presidenta del Partido de los Trabajadores, calificaba de “farsa judicial” a la campaña de proscripción y afirmaba: “No vamos a salir de las calles. Vamos a radicalizarnos” (LN 25/1).

Nosotros aplicaremos elecciones

Como señalamos anteriormente, la superación de las relaciones mercantil capitalistas para la producción y reproducción de la vida social reviste el carácter de necesidad para la humanidad; ésta se dirige hacia la resolución de ese problema: la contradicción entre el carácter cada vez más social de la producción y su forma privada de apropiación; ya sea extinguiendo la especie o desarrollando nuevas formas de sociedad.

La comprensión de este problema es fundamental, puesto que de esa manera las inmensas masas de trabajadores organizados en combate al mundo imperialista podrán verdaderamente dar pasos adelante y resolver los problemas vitales que las aquejan. No existe verdadera “democracia” en los marcos del capitalismo, no hay “libertad” para nadie, no hay “valores” de convivencia, como hemos podido demostrar sobradamente en los ejemplos anteriores. La democracia verdadera será la que surja de la superación del mundo capitalista, la que no suponga la división social en clases, la que parta de otras premisas de organización social que tengan como eje la abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción y por lo tanto la explotación del hombre sobre el hombre.

En ese marco, la agresión imperialista sobre Venezuela adquiere también un fundamento esencial: impedir por todos los medios la construcción de una sociedad que abiertamente propone al Socialismo (colectivización de los medios de producción por la clase trabajadora, auto gobierno de masas, economía planificada, democracia protagónica) como uno de sus objetivos centrales y que sea ejemplo para la región que ello es posible, que se constituya en “imagen del futuro” al decir del Secretario Tillerson.

Decíamos más arriba que el nuevo cúmulo de acciones desestabilizadoras encontraría un pueblo más desarrollado en su experiencia y conciencia, puesto que había podido resultar victorioso de la brutal guerra impuesta desde el norte en 2017; por caso, una encuesta revelaba que el 82% de la sociedad venezolana rechaza la intervención extranjera en su país, dando por tierra las posibilidades de obtener algún consenso interno sobre ello (CD 29/1). Esto es continuidad de lo acontecido el año anterior, cuando la estrategia terrorista fue duramente derrotada en las urnas en tres oportunidades.

Una de ellas, la de mayor importancia, fue la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente (ANC), que se abocó a la tarea de forjar una nueva institucionalidad que exprese los cambios profundos que allí tienen lugar. Fue a través de su elección que se pudo erradicar el dominio imperialista sobre el Poder Judicial (la auto exiliada Luisa Ortega, ex Fiscal General), deponer las acciones destituyentes de la Asamblea Nacional opositora y encarar una profunda purga anti corrupción en las propias filas del gobierno. Es decir, se logró erradicar a sectores nacionales que respondían al imperialismo y se dio curso a dos procesos electorales más que refutaron cualquier argumento respecto de “dictaduras” y “violaciones del orden constitucional”. Así, la ANC convocó a los venezolanos a elegir presidente el 22 de abril, para revalidar una vez más (por vez número 25) el proyecto socialista en las urnas. El asambleísta Diosdado Cabello afirmaba que “Si el mundo quiere aplicar sanciones, nosotros aplicaremos elecciones” (ET 23/1).

En el marco de este proceso, resulta significativo el lanzamiento, por parte de Nicolás Maduro, del Movimiento Somos Venezuela, el cual será comandado por la presidenta de la ANC y ex Canciller Delcy Rodríguez (CD 28/1). Recordemos que en 2006 el ex presidente Hugo Chávez realizó una convocatoria a todas las fuerzas partidarias que apoyaban el proceso bolivariano a que se fusionen en un único Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV), el cual llegó a tener más de 7 millones de afiliados y unos 2 millones de militantes activos; con la indiscutible conducción de Chávez y frente a una oposición fragmentada. El PSUV cumplió un papel trascendental a la hora de cerrar filas tras el proyecto emancipador y propinar numerosas palizas electorales a las fuerzas del imperialismo. Sin embargo, sabido es que la composición de sus miembros y las ideas que los organizan contienen elementos sumamente heterogéneos, contando entre ellos a poderosos empresarios (la denominada “boli burguesía”), sectores provenientes del nacionalismo y dirigentes obreros formados en las ideas del materialismo histórico (como es el caso del presidente Nicolás Maduro).

El actual momento que toca atravesar a la revolución venezolana, de profundización y radicalización, evidencia la necesidad de cohesión político-ideológica en los sectores que comandan dicho proceso, para así poder ampliar la masa crítica entre los millones movilizados en Venezuela, especialmente la clase trabajadora. Se trata de un esfuerzo por construir una “voluntad colectiva” que tenga “conciencia de la necesidad histórica” y que la amplíe sobre millones, en el sentido de afirmar la base sobre la cual se pretende reemplazar a la sociedad capitalista. Un núcleo que afirme la necesidad de una nueva sociedad, y que desde allí se proponga aportarle a las masas para la construcción de una nueva sociedad. La profundización del enfrentamiento, de la lucha de clases, requiere profundidad en las definiciones de quienes la encarnan. Resulta claro que la conducción bolivariana reconoce esa necesidad y se lanza a darle respuesta, sin confrontar al PSUV ni a ninguna otra fuerza que compone el heterogéneo campo anti imperialista. En palabras de Nicolás Maduro: “Es un movimiento sociocultural, movimiento de movimientos” (ET 8/2).

Será un aspecto más para que las masas trabajadoras de la región miren a Venezuela como la “imagen del futuro” que tanta falta hace.



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