Revista Mensual | Número: Abril de 2018
Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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La hora de la espada

Oxidados, gastando a cuenta un vuelto que no va a volver
Alcen la barrera para que pase la farolera
A la medianoche me puse a contar, y todas las cuentas me salieron mal
Son verdaderos dramas
Sorpresa en Shangai


Los aranceles a las importaciones de acero y aluminio muestran el enfrentamiento entre los monopolios en su fase más caótica y descarnada de los últimos tiempos

La hora de la espada

“Tristes guerras

si no es amor las empresas.

Tristes, tristes.

Tristes armas

si no son las palabras

Tristes, tristes.

Tristes hombres

si no mueren de amores.

Tristes, Tristes.”

Tristes guerras, Miguel Hernández

 


La encarnizada lucha capitalista por la supervivencia del “más fuerte” cobraba este mes una visibilidad estrepitosa, con la decisión del gobierno de los Estados Unidos de imponer barreras arancelarias a las importaciones de acero y de aluminio, alegando una cruzada por la competitividad perdida por el complejo industrial norteamericano, además de la defensa de la seguridad nacional.

La respuesta inmediata de los europeos, comandados por el francés Emmanuel Macron, fue la amenaza de arancelar bienes de consumo primarios que los Estados Unidos exportan al viejo mundo, y algunas marcas yanquis icónicas de consumo masivo, como los jeans Levi’s.

El achicamiento del tiempo de trabajo socialmente necesario para producir el conjunto de los medios de vida que requiere la población a lo largo y a lo ancho del globo achica también las posibilidades de apropiación de riquezas del puñado cada vez más pequeño de grupos que controlan las cadenas globales de producción. Estas son las fuerzas objetivas que se manifiestan en la incipiente “guerra comercial” que empujan los Estados centrales como defensa ante el proceso de concentración que fagocita a importantes sectores de la burguesía global.

El salto cualitativo en el desarrollo de las fuerzas productivas transforma el trabajo como lo conocemos hasta hoy, y con él al conjunto de la organización social, que descansa, desde fines del siglo XVIII hasta hoy, en la explotación de la fuerza de trabajo bajo relaciones salariales. Si el avance de la robotización bajo control de las corporaciones, que controlan el mercado mundial, hace peligrar casi la mitad de los puestos laborales y empuja ingentes masas de trabajadores a las filas de la miseria y la exclusión en menos de 20 años, una organización del trabajo y la tecnología que atienda los intereses de las grandes mayorías es una de las tareas vitales de nuestra época. En este sentido, la experiencia de China, quien a la vez que lidera en materia de competitividad e innovación tecnológica, ha reducido la pobreza a menos del 2% de su población, aparece como un faro en el contexto de transición que atraviesa la economía mundial. Pasemos a ver cómo se desarrollaban los acontecimientos en el mes de marzo.

Oxidados, gastando a cuenta un vuelto que no va a volver

Como decíamos, sin duda en el centro de la escena económica mundial del mes pasado estuvo la aplicación de aranceles a la importación de acero y aluminio dictada por el gobierno de Trump. De las tres opciones que el Departamento de Comercio presentó al ejecutivo norteamericano en el mes de febrero (un arancel global, aranceles para China y otros países clave mezclados con cupos de importación, y un cupo universal), el magnate republicano optó por el arancel global, aplicando a las importaciones de todos los países un pesado gravamen de 25% para el acero y del 10% para el aluminio (CR 2/3).

Claro que la medida se inscribe en el escenario de fuerte déficit que aqueja a la economía norteamericana, tal como detallamos en nuestro número anterior. En enero el descalabro comercial de EEUU creció un 5% y alcanzó un saldo total de U$S 56.600 millones, su punto más alto desde octubre de 2008, según informó el propio departamento de Comercio. Al mismo tiempo las exportaciones bajaron un 1,3%, para ubicarse en los U$S 200.900 millones. La brecha comercial con Canadá, por ejemplo, escaló un 65%, alcanzando un máximo de tres años: U$S 3.600 millones (CR 8/3).

Del total del acero que ingresa a Estados Unidos, un 13% proviene de Canadá, otro 13% de Brasil, otro 13% de Corea del Sur y el ¡2%! de China (LN 3/3). A su vez, según varias cámaras industriales norteamericanas, cerca de 6,5 millones de personas trabajan en empresas que usan acero y aluminio importado y son directamente afectadas por esta decisión proteccionista (CR 2/3). “Es probable que las restricciones a la importación anunciadas por el presidente Trump causen daños no solo fuera de EEUU, sino también a la propia economía estadounidense”, aseguraba el vocero del FMI, Gerry Rice (LN 3/3).

Lejos de estar descubriendo la pólvora, la administración Trump reedita recetas ya aplicadas. El ex presidente de Estados Unidos, George W. Bush, impuso el 5 marzo de 2002 aranceles a las importaciones de ciertos productos de acero.

Según un estudio de Trade Partnership Worldwide para la Fundación CITAC, destruyó 200.000 empleos dicho año como consecuencia del aumento del precio de este insumo básico para el conjunto de la industria, lo que representó una pérdida salarial de aproximadamente 4.000 millones de dólares entre febrero y noviembre de ese año. Este informe, elaborado por Joseph Francois, director gerente y profesor de economía en el World Trade Institute, concluyó que el número de estadounidenses que perdió su trabajo directa o indirectamente por la medida superó a la fuerza laboral total de la industria del acero en el país, que por aquel entonces daba empleo a 187.500 americanos. (goo.gl/VKjs1v).

La noticia sacudía a su vez al conjunto del mercado mundial: la bolsa de Tokio caía ese día 2,5%, Londres 1,47%, Fráncfort 2,27%, París 2,39%, Milán 2,39%, Madrid 2,13%, por enumerar las principales. El índice industrial Dow Jones de Wall Street cayó 0,29% en títulos como Boeing, Caterpillar CAT, United Technologies UTX (LN 3/3).“La entrada en una verdadera forma de guerra comercial no es una buena noticia para el mercado”, sentenciaba Patrick O'Hare, economista jefe de la financiera Briefing (LN 3/3).

Roberto Azevedo, director general de la Organización Mundial de Comercio (OMC) alertaba: “Una guerra comercial sería catastrófica para todo el mundo. Nadie saldría ganador de ese enfrentamiento (…). No podemos ignorar este riesgo y urjo a todas las partes a que consideren y reflexionen profundamente sobre esta situación. Una vez que tomemos este camino, será muy difícil cambiar de dirección. El ojo por ojo nos convertirá a todos en ciegos y el mundo caerá en profunda recesión”. (CR 2/3 y LN 3/3).

En la maniobra norteamericana queda grotescamente expuesto el grado de socialización e integración productiva alcanzado a nivel mundial, que imposibilita disparar afuera sin dejar heridos fronteras adentro, como lo muestran los números de 2002. El proceso posterior al estallido financiero de 2008 no sólo no ha revertido sino que incluso ha profundizado los rasgos de diversificación, ampliación y trasnacionalización de las cadenas globales, es decir, se la socialización de la producción a escala global; a la par que ha profundizado la concentración y centralización del capital en un puñado de monopolios que controlan dichas cadenas.

Esencialmente, la medida apunta a intentar subsanar desde la legalidad aduanera la pérdida de competitividad de una masa de capitales con asiento en la economía norteamericana, en la misma línea que la Reforma Fiscal descomprimiendo de cargas impositivas para esos mismos capitales. Sin embargo, el descalabro comercial es un efecto de problemas más profundos, intrínsecos a la ley de acumulación capitalista. El grado de desarrollo de las fuerzas productivas es monumental, cada vez se requiere menos tiempo de trabajo para producir lo mismo o incluso más que de lo que se producía otrora, y cuantiosas inversiones de capital movilizan una masa cada vez más exigua de fuerza de trabajo, ciñendo cada vez más la base sobre la cual el capital se reproduce en escala ampliada: el tiempo de trabajo apropiado a los obreros a lo largo y a lo ancho del globo.

Alcen la barrera para que pase la farolera

“Explicamos claramente al gobierno de EEUU que, si las medidas anunciadas entran en vigor, la Unión Europea (UE) sufrirá. Miles de empleos se verán amenazados y esto requiere una respuesta firme y proporcional (…). Es difícil entender cómo la UE, amiga y aliada en la OTAN, puede ser una amenaza para la seguridad nacional de EEUU. Ese argumento es extremadamente injusto (...). El problema es que nadie gana en una guerra comercial (LN 8/3), advertía la comisaria europea de Comercio Cecilia Malmström.

El mandatario galo Emmanuel Macron, azuzaba: “Si los anuncios hechos la semana pasada son confirmados e implementados, está claro que violarían las reglas de la OMC (…). En este contexto es importante que la Unión Europea reaccione rápido y de forma proporcional en el marco de la OMC y en respeto de sus normas” (XH 6/3).

Malmström advertía que la Comisión Europea y los Estados miembro ya tenían elaborada “una lista provisional” de productos estadounidenses a los que se impondría un arancel, en respuesta al anuncio de Trump. El listado incluía algunos whisky Bourbon, las motos Harley Davidson, los vaqueros Levi’s, el zumo de naranja, la manteca de maní y los arándanos, por un total U$S 2.240 millones de exportaciones norteamericanas al Viejo Continente (LN 8/3).

Jeans, motos, jugos de frutas y productos a base de maní... Lo que Europa importa actualmente de los Estados Unidos son bienes de consumo. Lo que Estados Unidos importa desde Europa incluye acero y automóviles. Es evidente la distancia con respecto a aquellos años en que, Plan Marshall mediante, Estados Unidos consolidaba su dominio a partir del control del sector estratégico de la división internacional del trabajo –esto es, la producción de maquinaria y equipo y de insumos. El desarrollo de las fuerzas productivas a nivel global, el despegue alemán, el acelerado despliegue chino, son algunos de los factores del rezago norteamericano.

A su vez, luego de los anuncios cruzados, el representante comercial de EEUU, Robert Lighthizer, se reunía en Bruselas con Malmström de urgencia, sumando otra ronda de desacuerdos al ya resquebrajadísimo bloque occidental. “No obtuvimos claridad inmediata sobre el procedimiento para quedar exentos” (CR 12/3), indicaba la europea tras el encuentro.

Atento a la abierta guerra de aranceles, el ministro de Economía de Alemania, Peter Altmaier, alertaba: “No intenten usar la subida de aranceles sobre las importaciones de acero y aluminio para tratar de dividir a la UE. La Cámara de Comercio alemana advierte que una guerra mercantil puede hacer mucho daño a las relaciones transatlánticas y que eso no beneficia a ninguna de las partes. El bloque europeo es una unión aduanera, que actúa en conjunto, por lo que, sin duda alguna, el complot estadounidense para dividir a Europa no tendrá éxito y terminará dañando a EEUU” (HTV 18/3).

Horas después, Trump declaraba: “La UE, países maravillosos que tratan muy mal a EEUU en términos de comercio, se está quejando por las tarifas al acero y el aluminio (…). Si ellos bajan sus horribles barreras y tarifas a los productos estadounidenses que ingresan al bloque, nosotros igualmente bajaremos las nuestras. Gran déficit. Si no, impondremos tasas a autos, etc. ¡ES JUSTO! (CR 12/3).

En 2016, Alemania exportó vehículos a EEUU. por unos U$S 22.200 millones, un 13% de los vehículos que ingresaron en el mercado americano, según datos del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT). EEUU es el principal destino de las exportaciones de las automotrices europeas, según datos de la Asociación de Fabricantes Europeos de Automóviles. En 2016, el bloque colocó más de 1,2 millones de unidades allí (LN 4/3).

Cada uno de los Estados de los países imperialistas, ante este constreñimiento, echa mano a medidas proteccionistas, que intentan girar hacia atrás la rueda de la historia. La guerra comercial entre Europa y Estados Unidos antecede a la gestión republicana de Trump, y ambas márgenes del Atlántico Norte aplican el proteccionismo cuando en la vereda de enfrente se sitúan China o Rusia. Incluso los paladines de la cruzada anti-medidas proteccionistas en el Viejo Continente, mantienen la Política Agrícola Común de la Unión Europea (PAC) como salvavidas alrededor del cuello del sector agrícola europeo.

Como para muestra basta un botón, en el mismo mes en que la hora de la espada en materia comercial enardecía la fractura al interior del bloque occidental, la UE decidía extender las sanciones sobre Rusia. Los 28 miembros de la UE aprobaron seis meses más de las sanciones contra dirigentes rusos y ucranianos, así como contra varias empresas con la excusa de la crisis de Ucrania y la reunificación de Crimea a Rusia (por si hace falta recordarlo, tras un plebiscito totalmente legal del pueblo de la península, que el capital europeo insiste en llamar “anexión”) (HTV 12/3).

En esencia, el carácter de la crisis es irresoluble desde la lógica de reproducción del capital a uno y otro lado del océano, pero es necesario señalar que el grado de fractura en el histórico bloque de aliados occidentales se corresponde con el grado de concentración y centralización de la propiedad de los medios de producción; es decir, son los monopolios los que se despedazan y los Estados, sus personeros, no pueden más que (des)acordar quién perecerá primero.

A la medianoche me puse a contar, y todas las cuentas me salieron mal

A su vez, como en la economía global no hay espacios “vacíos”, las posiciones que Estados Unidos y la UE han abandonado como resultado de su fractura como bloque hegemónico, son progresivamente ocupadas por otras fuerzas que intervienen en el tablero global. Sugestivamente las naciones que comulgaban con un tratado de libre comercio sobre el océano Pacifico firmaron presurosamente el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP-11) con la asistencia perfecta de los cancilleres de Australia, Brunei, Canadá, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, Vietnam y el anfitrión Chile.

“Es un momento histórico, con un mensaje fuerte a la comunidad internacional, donde los mercados, la integración y la cooperación son la mejor herramienta para generar oportunidades y prosperidad”, declaraba Michelle Bachelet. El canciller chileno Heraldo Muñoz comentaba que la firma “es una fuerte señal en contra de las presiones proteccionistas, en favor de un mundo abierto al comercio, sin sanciones unilaterales, sin la amenaza de las guerras comerciales”. François-Philippe Champagne, Ministro de Comercio de Canadá, por su parte, señalaba que el acuerdo es una forma “de demostrar al mundo que el comercio progresivo es el camino a seguir” (LN 9/3).

Del lado de Oriente, el principal asesor económico del presidente chino Xi Jinping, Lui He, manifestaba en Washington durante un encuentro con empresarios norteamericanos su intención de que el gobierno de EEUU elabore una lista de demandas sobre las que China puede trabajar para aliviar las tensiones comerciales a las que alude Trump. Liu reiteró el compromiso de Beijing con el libre comercio y el “papel fundamental” que éste tiene que desempeñar dentro de la economía del gigante asiático. Por su parte el canciller chino, Hua Chunying declaraba: Los países deben cooperar y realizar esfuerzos para resolver asuntos relevantes (…). La decisión estadounidense de imponer sanciones a países exportadores de acero y aluminio, en nombre de un daño a la seguridad nacional, no tiene fundamento”. (Toda la información consignada en CL 3/3).

Días después el ministro de Comercio, Zhong Shan aseveraba que China no desea una guerra comercial con los Estados Unidos y no va a comenzarla, pero tiene capacidad para hacer frente a cualquier desafío en este sentido y defenderá sus intereses nacionales y los de su pueblo” (XH 11/3). Según Zhong, los diferentes métodos estadísticos inflaron en cerca de un 20% el déficit comercial de los EEUU con China. El desequilibrio comercial entre ambos países es de naturaleza estructural: China exporta más bienes al mercado yanqui mientras que importa más servicios. En 2017, el superávit comercial de China con EEUU subió un 13% anual hasta totalizar casi U$S 350.000 millones (XH 11/3).

Tan diplomático como firme se manifestó el órgano colectivo máximo del gobierno de la Republica Popular: “Si EEUU toma medidas que perjudiquen los intereses chinos, China no se quedará de brazos cruzados y tomará las medidas necesarias” (HTV 4/3) asegurabala Asamblea Nacional Popular (ANP) a través de su vocero.

Las posiciones de la conduccióndel PCCh apuntaban así a reforzar la defensa del libre-comercio y la promoción de relaciones de cooperación e integración económicas a nivel global. Recordemos las palabras de Xi Jinping en la apertura del Foro de Davos 2017: “El océano de la economía mundial, tanto si se quiere como si no, está ahí, es imposible de evitar. Si se quiere recortar de manera artificial los flujos financieros de la economía de cada país, los flujos tecnológicos, de mercancías, de industrias, de personas, hacer que el océano de la economía mundial retorne a ser un pequeño y aislado lago, a un pequeño río, es algo imposible, a la vez que no se adapta a la corriente de la historia” (goo.gl/ctJLKt).

La globalización es entonces el fruto del desarrollo de las fuerzas productivas alcanzado por el conjunto de la humanidad, y esas fuerzas no vuelven hacia atrás. Lo que se encuentra en una encrucijada sin salida es la conducción del proceso económico global por un puñado cada vez más reducido de corporaciones que no organizan más allá de sus necesidades de reproducción inmediatas y marchan inexorablemente a la conflagración bélica en la disputa por mayores tajadas de mercado.

Son verdaderos dramas

Como sostenemos habitualmente el entrampe al que se ve sometido el gran capital es al achicamiento del tiempo socialmente necesario para producir el cúmulo de mercancías que la humanidad consume a diario (y las que no consume también). O sea que cuando decimos que las 147 corporaciones no pueden resolver la contradicción que las desgarra, nos referimos a que, proporcionalmente, en cada ciclo deben invertir más para poner en movimiento una cantidad idéntica o incluso menor de fuerza de trabajo, y la riqueza de la que luego se apropian es cada vez menor a medida que desplazan esa fuerza de trabajo única creadora de dicha riqueza. Por lo tanto, tienen cada vez menos ganancias para distribuirse. Esta tendencia, unida a los incrementos en la escala de la producción, choca con la finitud de la demanda mundial, con la finitud de los recursos naturales disponibles, con la finitud de la capacidad de la naturaleza y el medio ambiente de absorber mercancías y desechos que se le imponen, cuyos colosales volúmenes no responden a nada más que las necesidades de los monopolios trasnacionales de sobrevivir en la competencia.

Según un informe de la firma consultora Bain & Company difundido en marzo, para 2030 la automatización eliminará hasta el 25% de todos los empleos en EEUU. También pronostica que los beneficios de la automatización irían mayormente al 20% de las compañías que más ganan, en condiciones de financiar los equipos de inteligencia artificial.

El 25% de la fuerza laboral equivale a alrededor de 40 millones de empleos perdidos solo en los EEUU. En comparación, la reciente recesión –de 2008 a 2010– eliminó 9 millones de puestos de trabajo, un 6,3% del empleo de EE.UU. El informe afirma que “mientras que la desigualdad plantea muchas cuestiones sociales y éticas, en este trabajo nos enfocamos en lo que es probable que suceda, no lo que debiera suceder. La consecuencia macro económica primordial de la mayor desigualdad es limitar el crecimiento limitando la ampliación de la demanda efectiva. Las innovaciones tecnológicas darán origen a nuevas potencias corporativas, pero al mismo tiempo, la inseguridad generalizada puede afectar a familias comunes y empresas globales por igual” (Toda la información consignada en LN 25/2). La encerrona de las 147 corporaciones es evidente, mayor tecnología aplicada a la producción, mayor concentración y centralización del capital (ya que solo una fracción dispone del capital para invertir en la nueva tecnología), mayor volumen de mercancías disponibles, menor cantidad de trabajadores ocupados, menor cantidad de consumidores…

Este mes, por caso, la compañía Levi’s anunció que para 2020, en solo dos años, reemplazaría a casi todos los operarios que intervienenen la terminación de las piezas, mediante un sistema de láser. Los lásers pueden darle terminación a un pantalón cada 90 segundos, comparado con los 6 a 8 minutos que se requieren cuando se hace a mano (CR 28/2).

En opinión del analista Miguel Ángel García Vega, para el diario El País: “el trabajo para toda la vida se desvanece y también la sensación de seguridad que transportaba. La revolución digital ha impulsado a la gigeconomy –trabajos por proyectos y en el marco de plataformas digitales– un término que esconde progreso y precariedad (…). De momento, en Europa, el 14,2% de los empleados son temporales y según la consultora McKinsey más de 162 millones de personas en el viejo Continente y EEUU ya forman parte de este tipo de trabajo (…). Estamos viviendo una revolución tecnológica y vamos hacia una economía que sufrirá una gran destrucción de empleo en la que ganarán los emprendedores y no los asalariados (…). El cambio tecnológico ha intensificado la desigualdad de rentas de los trabajadores. El empleo se genera en los extremos. Donde la cualificación y los salarios son ínfimos y donde la exigencia y los ingresos son máximos. Pero el espacio precario se vuelve más precario” (LN 7/3).

De esta manera queda de manifiesto que la humanidad atraviesa cuestiones más complejas que la política arancelaria, y que toda la guerra comercial que se cierne sobre la economía global no es más que un síntoma. Aunque eso no quiere decir, claro está, subestimar el grado de peligrosidad que esta situación de fractura conlleva: teniendo en cuenta que las relaciones de producción son las que organizan el conjunto de las relaciones sociales, es difícil aislar la economía de la política y pensar en una guerra comercial que se lleva adelante en oficinas de gobierno y multinacionales sin traducirse en guerra lisa y llana.

El altísimo desarrollo tecnológico alcanzado es producto de la acumulación científica del trabajo de millones de hombres y mujeres, a partir de su práctica, experimentación y conocimiento a lo largo del tiempo y de su historia. Las relaciones de producción capitalistas, devenidas en monopolio e imperialismo, empujan al máximo nivel la contradicción entre este desarrollo cada vez más social del proceso productivo y una acumulación cada vez más privada, basada en la expropiación de cada vez más vastas mayorías. El trabajo, organizado por el capital, está mutando y con él, el conjunto de relaciones sociales que supo organizar y vertebrar desde fines del siglo XVIII a nuestros días.

Afirmamos, entonces, que el trabajo tal cual lo conocemos tiende a dejar de existir, pero lo que no es verdad es que ese grado de desarrollo condene cual ley de hierro a los y las trabajadoras del mundo a condiciones de explotación cada vez más extremas. La colosal concentración de la riqueza puede y debe ser puesta en cuestión. Las bases materiales para nuevas formas de organizar la producción están dadas, planificar el control de la fuerza creadora de la humanidad desde los intereses de las masas laboriosas, abrumadoramente mayoritarias, es la tarea a resolver.

Sorpresa en Shangai

En este escenario, la hoja de ruta trazada por China en los últimos 40 años parece ser un buen indicio para orientar líneas maestras del proceso de transición que, valga la redundancia, transitamos.

En el año 1978 las exportaciones de la nación hoy liderada por Xi representaban el 1% del total mundial, en la actualidad alcanzan el 13,5%, según datos del FMI. Si se las mira como proporción del valor total mundial, pasaron del 55% hace 15 años al 67% de hoy (TE 10/3). Un informe del Banco Mundial (BM) sobre la economía China muestra que el PBI aumentó de U$S 8,2 billones de dólares a más de U$S 12,25 billones durante los últimos cinco años, contribuyendo con más del 30% al crecimiento económico global.

En materia transformaciones sociales, los números chinos cierran con la gente adentro: en 2017 más de 15 millones de personas entraron en el mercado laboral urbano, incluidos 8,2 millones de graduados universitarios. Al cierre de 2017, la tasa de desempleo en las áreas urbanas de China se situaba en 3,9%, el nivel más bajo desde 2002 (XH 26/2). En 2017 China contribuyó a la reducción de la pobreza a nivel mundial en más de un 70% (XH 19/3).

En la siguiente nota del diario del pueblo chino, Xinhua, que actúa como editorial oficial de Partido Comunista Chino (PCCh), encontremos los lineamientos esenciales de cómo el pueblo chino con el PCCh a la cabeza entiende el futuro de la humanidad: “En 2018 se conmemora el 200º natalicio de Karl Marx y el 170º aniversario de la publicación de ‘El Manifiesto Comunista’. El pensamiento de Xi Jinping sobre el socialismo con peculiaridades chinas de la nueva época es considerado la más reciente adaptación del marxismo al contexto chino. Un milagro se está desplegando: por primera vez en la historia de la humanidad, más de mil millones de personas cruzarán juntas el umbral de la modernización. Los desafíos como la escasez material y la disparidad de la riqueza serán superados. Las personas se sentirán mucho más realizadas, felices y seguras. China se encuentra en un tren de alta velocidad que avanza hacia el pleno desarrollo del potencial humano, como lo imaginó Karl Marx. Esto explica la creciente relevancia de China para el mundo. Después de todo, está explorando una vía para impulsar a la humanidad. China es una potencia económica del mundo. Con más del 30%, la contribución anual de China al crecimiento económico mundial es mayor que la de Estados Unidos, Japón y la UE combinados (XH 19/3).

Queda claro que en el centro de la escena global se ubica el enfrentamiento entre dos maneras de concebir el mundo. Mientras que los grandes monopolios occidentales no tienen más para ofrecer a la humanidad que la miseria lisa y llana, como si fuera una ley inexorable de su propio desarrollo, China encabeza el proceso de transición, motorizando el potencial humano en un sentido de crecimiento desde y para las mayorías. El eje sino-ruso es la demostración práctica de que el desalojo y la exclusión no son leyes intrínsecas a la humanidad, sino a la lógica de reproducción capitalista.

Es evidente que los intereses de las 147 corporaciones que pugnan entre sí por retener el control de la economía global no caben en las condiciones de posibilidad de un desarrollo económico y social que contemple los intereses de las grandes mayorías. Unos y otros se excluyen entre sí. Pasemos a ver cómo se desenvolvió ese enfrentamiento en el plano político internacional, teniendo en cuenta que, por todo lo que aquí desarrollamos, el imperialismo se alista para este enfrentamiento despedazado por mil partes.



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