Revista Mensual | Número: Abril de 2018
Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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Redondo

La mierda
El cemento
El miedo
La pequeña colonia de Hitlers
Las vacas
La Ricota


La agudización de la disputa entre el bloque imperialista y el eje de Rusia, China e Irán saca a la luz el carácter de clase de la contienda

Redondo

“Los hizo redondos porque estaba cansado

de ver un mundo manejado por cuadrados,

con ideas rectas, pasiones triangulares.

 Los hizo de Ricota porque antes

experimentó con otros materiales, no se crean.

 Probó, por ejemplo, con el cemento.

Pero se dio cuenta que el cemento

había sido utilizado para construir

los nichos donde descansan nuestros sueños.

También probó con la mierda,

pero los monopolios internacionales

la tenían copada.

Probó con la sangre.

Pero la sangre había sido ya vertida

por esa pequeña colonia de Hitlers

que gobernaban este manicomio.

Luego, probó con las palabras.

 Probó construir redonditos

con palabras pero las palabras

habían sido sometidas a un molde de estado

y la palabra "represión"

los tenía todos encerrados dentro de la palabra "miedo".

Entonces dijo: solamente queda la ricota.

La ricota que se extrae de la leche podrida

que se saca de las vacas que se han escapado del matadero

y el verdugo no les pudo colocar su rebeldía.

Por eso los hizo de Ricota”

 

Enrique Symns, 1982.

 


Los continuos fracasos que se suceden en todos los ámbitos de las sociedades de las principales potencias capitalistas hacen parecer que la humanidad ha entrado en un momento de letargo y desinterés sobre las cuestiones del mundo. El profundo rechazo que generan los partidos políticos tradicionales, que se refleja en sus fracasos electorales en los principales países europeos, y la desesperante descomposición que atraviesa la sociedad estadounidense en realidad solo manifiestan el rotundo fracaso de la burguesía dirigiendo los destinos del mundo. La prueba más contundente de que es la burguesía –y no la humanidad– la que se encuentra caduca la encontramos en el campo anti imperialista. Allí, como en el misterioso país de Alicia, todo lo que se ha vuelto quimérico en el centro del sistema imperialista, se vuelve realidad. La estabilidad política en China, Rusia, Irán e incluso, la heroica Siria; las victorias militares y diplomáticas a lo largo del mundo que hacen temblar a los personeros del capital concentrado...

Esta situación pone de relieve que no asistimos a una disputa entre dos polos por hacerse con el dominio del orbe. Mientras, de un lado, el imperialismo agónico intenta sin éxito mantener su dominio, del otro, las fuerzas que comúnmente se denominan como BRICS o potencias emergentes, se aprestan a poner su experiencia histórica al servicio de controlar las fuerzas desbocadas del capital. Lo que se dirime en la arena internacional –con epicentro en Medio Oriente y la República Popular Democrática de Corea– es la posibilidad de construir una conducta que ya no esté asentada en la propiedad privada de los medios de producción y de cambio, es decir, de las fuerzas que la humanidad ha desarrollado durante miles de años. En esto, el papel que juegan China, Rusia e Irán es gigante, precisamente porque no basta con la crisis de la burguesía, ya que ésta nos arrastra a todos. Es preciso construir un modo de vida superador del actual. La tarea es reemplazar la acumulación ampliada de capital como piedra basal de la sociedad por la cooperación entre pueblos y naciones. Se trata de reemplazar a la burguesía como rectora del mundo, no simplemente de contener sus zarpazos.

El lugar central de estos países en la disputa en ciernes tiene carácter objetivo. Se trata de países donde, con distintos recorridos históricos, si bien existe claramente un empresariado, no domina la conducta de la burguesía, porque la clase trabajadora se ha podido desarrollar con las direcciones del Partido Comunista en la Rusia de la URSS durante casi 100 años y ahora con Putin hace casi 20; en China, con la dirección del PCCh desde 1949; mientras que en Irán, desde el triunfo de la Revolución Islámica en el año 1979, controla el gobierno del Estado una fuerza que desde su origen se ha definido práctica y conceptualmente como anti imperialista.

Pasemos ahora a recorrer los principales acontecimientos de esta batalla por la supervivencia de la humanidad.

La mierda

Al son que EEUU desata una guerra comercial contra todo el globo –hecho que hemos analizado en nuestro primer artículo–, puertas adentro se suceden cimbronazos dentro del propio gobierno. En las últimas semanas, con las salidas del gobierno del subdirector del FBI, Andrew McCabe, y del secretario de Estado, Rex Tillerson, se alcanzó el desplazamiento de 20 funcionarios de primer orden elegidos hace apenas un año por el propio gobierno de Trump (LN 17/3).

La decisión de la salida de McCabe fue tomada por el Fiscal General Jeff Sessions que, 26 horas antes de que se jubile el sub director del FBI, no dudó en despedirlo acusándolo de entregar información a los medios de comunicación y no ser franco con la oficina de supervisión mientras revisaba la manera en que la agencia manejó la investigación de los correos electrónicos de la exsecretaria de Estado Hillary Clinton. Ante la sorpresiva decisión, el ahora ex sub director planteaba que la medida “forma parte de la guerra en marcha de este gobierno contra el FBI y contra los esfuerzos de la investigación del fiscal especial, que continúa hasta hoy”, enmarcando su situación judicial en la fractura que atraviesa el gobierno yanqui (LN 18/3), donde el llamado “Rusiagate” no es más que la forma que adopta una disputa hacia el interior de la clase dominante estadounidense, determinada por la imposibilidad de que todas las fracciones de capital se reproduzcan.

Si bien estas internas no son nuevas en el reinado del capital, si es novedosa la creciente y acelerada fractura que estas internas producen, correspondiéndose siempre esto con el momento que atraviesan los capitales, que han pasado de ser trifulcas en las que se ponía en juego la dirección del gobierno, pero garantizando la reproducción de todos los sectores, a las disputas actuales en las que los sectores del capital disputan si se van a poder seguir reproduciendo o van a ser absorbidos por otros más concentrados.

El segundo despedido en el mes de marzo fue el ahora ex Secretario de Estado, Rex Tillerson, quien fue sustituido nada menos que por Mike Pompeo, hasta ese momento director de la CIA (Agencia Central de Inteligencia, en español). En el comunicado en que Pompeo era designado por el presidente Trump, éste aprovechó para remarcar las principales tareas por delante: “fortaleciendo nuestras alianzas, confrontando a nuestros adversarios, y buscando la desnuclearización de la península de Corea” (CR 14/3). Este reemplazo de funcionario es sin duda el de mayor relevancia tanto por el cargo que Tillerson ocupaba, como también por las implicancias tanto de su salida, como las del relevo en el mando.

En primer término, recordemos que el ex secretario de Estado representaba el sector moderado dentro del gobierno de Trump, o si se quiere decir de otra manera, representaba los intereses menos belicistas. En este sentido, basta recordar que hace cinco meses, durante uno de los puntos más críticos de la tensión en la península de Corea, mientras Trump declaraba que la única opción era la guerra, Tillerson reconocía que existían contactos con el gobierno de Pyongyang, exhibiendo así las fracturas al interior del gobierno yanqui. Por esto es que su salida representa la profundización de esa concepción, que implica que los destinos de la humanidad sean decididos desde los intereses de los capitales más concentrados enfrentándose incluso a sus aliados en las diversas regiones del globo.

El segundo aspecto que cabe analizar es el reemplazante de Tillerson. Poner al frente de la cartera encargada de las relaciones exteriores a quien se ocupó durante el primer año de gobierno de Donald Trump de la misma tarea, pero en las sombras, es más que una muestra del agotamiento de las bases materiales para cualquier política imperialista. Recordemos que la CIA es la agencia que históricamente se encargó de dirigir y organizar la implementación de las doctrinas imperialistas yanquis: desde la Escuela de las Américas en la que se entrenó a los dictadores latinoamericanos hasta la creación de las más diversas agrupaciones a lo largo del globo para derrocar gobiernos locales, como los talibanes en Afganistán en los años 80 y las primaveras árabes en varios países tanto del norte de África como de Medio Oriente.

Entonces, su nombramiento pone de manifiesto el “triunfo” de la llamada “diplomacia del garrote”, anunciada por el propio Trump en la última cumbre de Davos, al declarar que necesitan “inversiones históricas en el Ejército estadounidense, porque no se puede tener prosperidad sin seguridad” (RT 26/1). Todos estos cambios solo expresan la inevitable –bajo el dominio del capital– profundización de la escalada bélica, determinada por la imposibilidad de los grandes grupos económicos de construir el más mínimo consenso sobre sus necesidades, así como la guerra comercial lo hace en el plano de la economía.

El cemento

Es conveniente aclarar que la disputa que analizamos es una manifestación de la necesidad de las distintas fracciones de burguesía mundial de garantizar su reproducción. Sin embargo, no debemos olvidar que la principal disputa es entre las dos clases antagónicas, es decir, entre la burguesía y la clase trabajadora. Esta es la principal lucha, ya que el único sustento de la clase burguesa es apropiarse del fruto del trabajo de la otra clase. En estas líneas que siguen veremos cómo se desarrolló dicha confrontación entre clases en el centro de las principales potencias capitalistas, es decir, tanto en EEUU como en Europa.

En el artículo del mes pasado analizábamos la crisis que atraviesa la sociedad estadounidense observando la violencia desatada en su interior, a partir del tiroteo que desató un estudiante adolecente en su propia escuela, en la que 17 personas, la mayor parte jóvenes estudiantes, perdieron la vida. A partir de este hecho, lo que ha salido a la luz es que, en los primeros 45 días de 2018, hubo 18 tiroteos en escuelas, en diez de las cuales hubo muertos, según el Everytown for Gun Safety. Sin embargo, esta situación no es nueva, ya que en los últimos cuatro años se han producido 290 tiroteos en centros educativos en EEUU (Sputnik 22/3).

El gobierno de Donald Trump ha decidido tomar cartas en el asunto luego de tomar nota de la creciente violencia en las escuelas, y por eso plantea que como medida para combatir la violencia es necesario que los docentes estén armados en las aulas. En su cuenta de Twitter el presidente se explayaba en los siguientes términos: “Los educadores armados (y la gente de confianza que trabaja en las escuelas) aman a nuestros estudiantes y les protegerán. Debe haber un experto en armas de fuego y un entrenamiento anual. (El experto) debería cobrar una bonificación extra cada año” (HTV 25/2), insistiendo nuevamente en medidas que van a profundizar el conflicto hacia el interior de la clase trabajadora ya que sería el propio gobierno quien se encargaría de armar a los docentes a la vez que permite que se inunden las calles de tantas armas como personas habitan ese suelo.

En este escenario, tenía lugar la llamada “Marcha por Nuestras Vidas” (jornada de protesta convocada por alumnos de la escuela secundaria donde tuvo lugar el asesinato de 17 jóvenes), con manifestaciones simultáneas en 3.000 lugares y la participación de cientos de miles de personas, sobre todo jóvenes, bajo el lema #enough (“suficiente” en inglés) (LN 15/3). El hecho muestra que hay un reconocimiento por parte de la población sobre la delicada situación y ya el mes pasado analizábamos que el propio estudiantado señalaba al magnate republicano como responsable de las divisiones sociales. La jornada nacional de protesta para exigir no la entrega de armas a docentes sino el aumento en los controles para la venta de armas evidentemente tiene mucho peso en la sociedad.

La importancia de estas movilizaciones, al igual que las que se suceden continuamente para repudiar los casos de violencia policial, reside en que dan cuenta de la toma de conciencia por parte de las masas en EEUU del problema que enfrentan. No quiere decir que sea suficiente para resolver el problema, pero demuestra que la realidad empuja, incluso al adormecido pueblo yanqui.

Para dimensionar el espanto que atraviesa EEUU basta tener en cuenta que, según un informe de prensa, en el primer mes y medio hubo 1.800 personas que murieron por herida de bala y desde 2011 fueron 200.000, es decir, más de la mitad de los muertos en Siria en el mismo período. Cada día, 309 personas reciben heridas de bala y 93 mueren por disparos. Desde 1967 murieron por disparos 1,59 millones de personas, más que los ciudadanos de EEUU que perdieron la vida en guerras, que suman 1,2 millones en estos 50 años.

Sobre quién ejerce la violencia hay dos datos que pueden resultar esclarecedores. El primero es sobre la violencia estatal, particularmente la ejercida por la policía, que anualmente asesina a más de 1.000 personas, en su mayoría negros o latinos. El siguiente dato es que, si bien el 72% de la población de EEUU reconoce haber disparado alguna vez en su vida, el 49% de las armas están en manos de la población blanca, mientras que el 31% está en manos de los negros y el 20% en manos de los latinos. Es necesario entender que la cuestión racial en EEUU es una de las formas principales –sino la principal– en que se ha manifestado históricamente la dominación de clase. Es decir, las capas más vilipendiadas de la clase trabajadora estadounidense son los afroamericanos, así como los inmigrantes de países periféricos y sus descendientes.

Poniendo blanco sobre negro, la agencia rusa de noticias Sputnik sintetizaba en los siguientes términos la situación: “la violencia se ejerce principalmente contra los pobres, focalizada en negros e hispanos. Una frase casi prohibida en EEUU, resume la cuestión: lucha de clases” (Sputnik 22/3).

La confrontación al interior de la clase trabajadora que venimos describiendo, así como la profundización de la política represiva por parte del Estado yanqui, se agudiza al ritmo que toma la crisis económica, donde los capitales, para poder garantizar su ganancia, se ven obligados a un desarrollo continuo de las fuerzas productivas, para producir más mercancías en menos tiempo. Ese proceso impacta de lleno en los trabajadores, que continuamente son expulsados de sus puestos de trabajo. A ese proceso, que tiene características mundiales, hay que agregar la particular fuerza con que las ideas de la burguesía han calado en los trabajadores yanquis. El agonizante “sueño americano” no es más que la imposición del interés de clase de la gran burguesía estadounidense a todas las capas de expropiados y pequeños propietarios. Decenas de años vividos bajo el mantra de que cada hombre se forja su propio destino, con arreglo a sus capacidades y esfuerzo, ponen a nuestros hermanos de clase del Gigante del Norte en pésimas condiciones para las tareas planteadas. Claro que, como en cada rincón del globo, sólo es necesario hurgar bien hondo en la historia para reencontrar la senda de los mártires de Chicago y las Panteras Negras, por citar sólo dos ejemplos de lucha y heroísmo de la clase obrera yanqui.

Las marchas que hemos descripto muestran que el pueblo estadounidense va tomando nota de quiénes son los responsables de la descomposición en que se encuentra inmerso, como también lo muestran las continuas puebladas ante la matanza de negros por parte de la policía.

El miedo

Dado el carácter de la crisis que estamos analizando, queda claro que donde domina esa conducta nos encontraremos con sus manifestaciones, claro que bajo la forma particular que adopta en cada país, según la concentración de los capitales y el grado de organización por parte de los trabajadores.

En Europa, hace años ya que venimos analizando cómo se ha ido profundizando la sensación de posibles catástrofes. Durante el mes de marzo los casos se han sucedido nuevamente en dos países: en Inglaterra y en Bélgica.

En Gran Bretaña se detuvo un hombre que fue culpabilizado de intentar crear un ejército con alrededor de 110 niños para que cometan ataques terroristas en la ciudad de Londres. Según el tribunal, el acusado tenía previsto llevar a cabo una ola de atentados en sitios icónicos de la capital británica como el Big Ben, Queen's Guard y el aeropuerto de Heathrow. Según consta en el expediente, el acusado entró en contacto con los niños mientras se desempeñaba como administrador de dos planteles educativos en Leyton y el este de Londres (RT 3/3).

El caso de Bélgica se dio con la distribución de pastillas de yodo de forma gratuita como medida de precaución ante un posible incidente nuclear, según informa el portal belga RTBF (RT 6/3).

Ambos casos tienen en común el mismo elemento: el uso del miedo. Hace tiempo que el terrorismo se ha convertido en un “aliado de la UE”, no solo los atentados con bombas como el de Atocha en Madrid o el tiroteo en un teatro en Paris han servido de excusa para garantizar sus intervenciones en el extranjero sino que también los múltiples ataques que se han sucedido sobre todo en los últimos años, en los que las armas fueron desde cuchillos a vehículos, y ahora se le pueden sumar los niños y, claro, la siempre vigente posibilidad de una guerra nuclear que aniquile a todos. Estos ataques sirven entonces para promover la desconfianza hacia nuestros pares, hacia los que tenemos al lado, incluso de nuestros hijos si es necesario, claro que esto no es azaroso sino que está relacionado con la necesidad de los capitales europeos de pauperizar las condiciones de vida de los trabajadores.

La disputa que en el caso de EEUU veíamos expresarse en la estructura del Estado, en Europa se manifiesta como fracturas en la estructura supranacional de la Unión Europea. Si bien Alemania constituye la conducción del bloque, hay múltiples intereses de capitales nacionales que se sienten cada vez más incomodos con la hegemonía alemana porque está cada vez más en riesgo su propia reproducción.

Otra de las diferencias la encontramos en las particularidades de las luchas obreras a uno y otro lado del Atlántico. En el Viejo Continente, la imposición del llamado Estado de Bienestar tuvo como principal fin evitar el avance del comunismo en Europa. Pero la necesidad de los grupos económicos de quedarse con una porción cada vez mayor del valor generado –necesidad que brota de la reducción del tiempo socialmente necesario para producir los bienes que saturan el mercado mundial– obliga a esa misma burguesía, que erigió el Estado de Bienestar como una malla de contención ante el avance de las luchas obreras por el socialismo (malla de contención, por cierto, combinada con el exterminio del ala revolucionaria de la clase obrera), a deshacerse de ese talismán que tan caro servicio le ha brindado. En ese escenario, no queda ya otra arma para intentar mantener aletargado al movimiento obrero y demás sectores populares europeos que la violencia lisa y llana, o el miedo a la violencia, “que no es lo mismo, pero es igual”, parafraseando a un trovador cubano.

Por ello, en cada país europeo se expresa también la absoluta impotencia política de la burguesía. De ello dan cuenta los distintos procesos electorales en ciernes, desde España que estuvo más de un año sin jefe de estado porque en las sucesivas elecciones ningún candidato alcanzaba la cifra mínima de votos para formar gobierno, hasta Francia, donde el presidente Macron afronta las consabidas dificultades de haber sido electo con el apoyo de menos de un cuarto del electorado. Las otras dos grandes potencias de lo que queda de la UE, es decir, Alemania e Italia, han sellado sendos procesos electorales durante el mes de marzo, hechos que analizaremos a continuación.

En Alemania, el triunfo de Merkel con la aprobación de la coalición que ella encabeza cerró un vacío de seis meses en el gobierno. Aún queda por analizar las condiciones de la victoria de Merkel y su gran coalición. La coalición finalmente se aprueba con la victoria del SI en el referéndum de Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), que terminó aceptando mediante votación interna su entrada en la coalición, con un 66% de votos afirmativos.

Dos elementos son de destacar en esto. En primer lugar, que según el diario El País, de España, el SI gana principalmente por el hartazgo de parte del electorado que no se mostraba dispuesto a seguir dilatando la compulsa (goo.gl/9mmf6E).

El segundo elemento es el papel de las juventudes que han tomado un rol activo en toda la discusión, oponiéndose a acordar con el gobierno que promovió las condiciones de precariedad laboral en la que se encuentran. Esto no niega la victoria de Merkel, sino que la contextualiza en un marco de fragilidad ya que parte de su fuerza de entrada se muestra insatisfecha con la situación, particularmente la parte de la clase trabajadora que más viene sufriendo sus políticas de ajuste: los jóvenes, quienes se están incorporando al mundo del trabajo en plena flexibilización laboral con los llamado “minijobs”, es decir, trabajos de medio tiempo, y medio salario.

En este contexto Merkel obtuvo en el parlamento con menos de 50 votos de diferencia, la aprobación para encabezar un nuevo gobierno ya que la “gran coalición” fue aprobada en el parlamento alemán por 364 votos contra 315 que se opusieron (LN 15/3), por lo visto de “gran” no tiene mucho, y de “coalición” tampoco, por los sectores de los propios partidos gobernantes que se opusieron a su formación.

En Italia, por su parte, las elecciones en las que se eligió presidente el 4 de marzo arrojó el triunfo de Matteo Salvini, de la Liga del Norte, partido mayoritario en las regiones más ricas de Italia, de tradición secesionista y xenófoba. Este partido obtuvo algo más de 12 millones de votos, es decir, el 37% de los sufragios, y fue principalmente votado en sus zonas de influencia del centro y norte del país. Mientras que segundo en la contienda electoral quedó el “antisistema” Movimiento 5 Estrellas (M5E), cuyo candidato principal es Luigi Di Maio, obteniendo casi 11 millones de votos, que representan un 32% del total. El principal caudal de votos de este partido fue en las regiones del sur de Italia, es decir, las regiones más golpeadas por la crisis. En tercer lugar quedó el tradicional Partido Democrático con 7.5 millones de votos, representando un 23% de los votos (https://es.wikipedia.org/wiki/Elecciones_generales_de_Italia_de_2018). El panorama electoral italiano blanquea que sucede lo mismo que en el resto de Europa, a saber: los partidos tradicionales no dejan de ceder terreno ya que sus ideas no penetran en la sociedad, porque estos partidos son los que han promovido en los últimos años el desmantelamiento del Estado de Bienestar.

El empantanamiento al que se enfrenta Italia para que se pueda formar un gobierno estable quedó sobre la mesa porque, con este resultado, la mayoría en la Cámara de Diputados pasa a tenerla el M5E con 228 bancas, pero se trata de una mayoría que resulta insuficiente para formar gobierno, ya que esta cifra representa poco más de un tercio de los 630 escaños de la cámara. Por su parte, los partidos de derecha se han opuesto a darle apoyo al M5E, e incluso han planteado la posibilidad de aliarse para que estos no puedan formar gobierno (LN 28/2). Recordemos que todas estas fuerzas sumadas (Partido Democrático, Liga del Norte, Forza Italia) llegarían a 337 votos, es decir, más de la mitad. Aunque formalmente aún no se está planteando el armado de un gobierno de coalición entre estas fuerzas.

Esta crisis en los partidos tradicionales se hace más aguda en los partidos socialdemócratas europeos. Recordemos que fueron estos partidos quienes desde fines del siglo XIX planteaban ser partidos obreros revolucionarios pero durante buena parte del siglo XX se han dedicado a conceder reivindicaciones ante la burguesía por meras mejoras económicas, y ahora que la burguesía ya no está en condiciones de negociar su necesidad de ajustar a los trabajadores, se ha comenzado a rechazar a quienes se han planteado en el último siglo como furgones de cola de la burguesía; sin tener esto aún una dirección de hacia dónde ir, sí resulta innegable el rechazo general hacia estas fuerzas.

Las páginas de La Nación parecen haber tomado nota de esto en una editorial de Loris Zanatta en la que se pregunta: “¿Cuál es la izquierda que agoniza?. Elocuente como pocas, la columna responde: “es la izquierda moderada, reformista, gubernamental, para llamarla de algún modo”, e intenta justificar que esto sucede porque “la izquierda reformista, más que abandonar al ‘pueblo’, dejó de creer en ‘el pueblo’ como sujeto mítico al que ella tendría la tarea de redimir. La izquierda reformista es, en este sentido, una ‘izquierda secular’”, es decir, que para esta “izquierda” los trabajadores dejaron de estar en el centro. Entonces, si aquella no está en función de los intereses de los trabajadores, solo puede estar en función de la burguesía, la otra clase social. Al no haber más de dos clases (trabajadores y burguesía), si no se expresan los intereses de una clase, es que se expresa los intereses de la otra. Zanatta sintetiza con escozor esta situación de crisis de la socialdemocracia en una frase: “la izquierda pierde porque ya no es comunista” (LN 21/3).

La pequeña colonia de Hitlers

Evidentemente lo que se está poniendo en juego entonces a escala global es qué propiedad se defiende, la privada o la otra, que aún no termina de nacer. Los sucesos en las principales cabeceras del capital que analizamos hasta acá exponen las dificultades que atraviesan los grupos económicos para conservar la cohesión nacional. Ahora veremos qué esfuerzos está realizando Turquía, país gobernado también por la burguesía, es decir, con la misma conducta. Claro que se trata de un aliado menor del imperialismo, ya que lo que otrora fue el imperio Otomano, quedó disuelto como imperio y sus capitales subordinados a los intereses de los países centrales luego de su derrota en la Primera Guerra Mundial.

Con este panorama iniciaron en febrero la operación llamada “Rama de Olivo”, con la que intentan azotar a la población siria. Dos meses después de iniciada la invasión turca al Kurdistán sirio, la avanzada ha entrado en un punto de inflexión ya que hacia fines de marzo caía en sus manos la totalidad del cantón de Afrín en una campaña que se anuncia prolongada y que ya ha causado más de 2.000 muertos y casi 100.000 desplazados en la región (HTV 19/3). Las fuerzas turcas han concluido una primer etapa centrada en todo el norte sirio al este del rio Éufrates, intensificándose ahora los ataques al oeste del rio, incluso en los últimos días de marzo el propio presidente turco Erdogan ha anunciado una invasión en la región kurda en Irak (https://syriancivilwarmap.com/).

Claro que esta segunda etapa de la invasión se va a tener que hacer garantizando a la vez la ocupación de los territorios recién conquistados, en los que las guerrillas kurdas propinan ataques continuamente a las fuerzas turcas con un saldo de más de casi 50 soldados muertos y un tendal de tanques destruidos (goo.gl/Rvm32d).

Ahora las tropas turcas han comenzado a avanzar sobre Manlib, ciudad donde se encuentra la principal base militar de EEUU en Siria, pese a las advertencias de Trump que le recomendó al gobierno turco limitar su invasión solo a la región de Afrín, es decir, la zona donde los propios yanquis no tienen influencia. Junto con la advertencia del gobierno de EEUU, la OTAN ha decidido oponerse a la invasión, mientras que Alemania ha detenido el suministro de armas a Turquía, principalmente negándose a actualizar los tanques Leopard 2 de procedencia germánica, que están teniendo un papel catastrófico en la invasión, convirtiéndose en un blanco fácil para los combatientes kurdos (RT 25/1). También el presidente francés Macrón se sumó a las críticas planteando que “la operación turca en Afrín podría ser un problema para Francia” (RT 1/2).

A las críticas del bloque imperialista hay que sumarle también la oposición de todo el arco anti imperialista, ya que Irán y Rusia se han opuesto firmemente a la invasión a la vez que el gobierno Siria apostó tropas para la defensa de su soberanía en el norte del país, acordando la coordinación de la defensa con los kurdos secesionistas, lo cual representa un avance en la reconciliación nacional.

Lo que a dos meses de la invasión al Kurdistán sirio nos puede dejar como lección es que el accionar de la burguesía aunque tenga victorias parciales, como en este caso con la captura del cantón de Afrín, con cada paso que da sólo profundiza la fractura con su propia clase y se aísla cada vez más, como demuestra el desaire que le propina la OTAN, fuerza de la que ellos forman parte, pero que se negó a participar del ataque.

El punto más álgido de esta confrontación es que la invasión es resultado de la creciente amenaza que representa para la seguridad turca el posicionamiento yanqui en el Kurdistán sirio, entrenando un nuevo ejército a su servicio para prolongar la sanguinaria guerra en el país árabe dada la inevitable caída de sus antiguos aliados del Estado Islámico y el Frente Al Nusra. De esta manera, si bien la invasión intenta ser representante de las aspiraciones imperialistas de la burguesía otomana, en realidad solo sirven para agudizar las tensiones en las filas de la burguesía mundial. En síntesis, si cada movimiento que realiza la burguesía agudiza sus crisis, en realidad, estas crisis no radican en su accionar, sino que su accionar son sus manifestaciones, pero su contenido, su centro, es la conducta de la burguesía.

Las vacas

Analizar estos enfrentamientos a partir de poder definir cuáles son las conductas que se defienden resulta central, entonces, para poder analizar cuál es el objetivo que tienen cada una de esas fuerzas en su accionar. Por esto, es que este elemento también resulta central para el análisis de las crecientes escaladas de confrontación en todos los planos contra el eje de Rusia, China, Irán y Corea del Norte principalmente.

En el caso de Rusia, desde inicios del siglo XXI se vienen agudizando las tensiones con el bloque imperialista en las que Rusia ha sabido defender su integridad territorial, incluso recuperando territorios como resultado de los embates en su contra, como sucedió en la intervención en Osetia del Sur en 2008 y la recuperación de la península de Crimea a partir del derrocamiento del presidente Yanukovich en Ucrania, que tuvo también como efecto la fractura de la nación tártara.

En febrero de este año se lanzó otra escalada con la publicación de la nueva doctrina militar de EEUU, en la que explícitamente mencionan los nuevos riesgos para su supremacía internacional que representan tanto Rusia como China. Elemento que nos permite comprender la preparación que viene realizando la principal potencia imperialista que ha instalado 400 misiles interceptores de su sistema global antimisiles alrededor de Rusia, hecho que intentan justificar por la situación en Medio Oriente, pero que en realidad si uno observa el mapa sobre la disposición de las baterías la intencionalidad sobre su ubicación carece de sentido ya que están ubicadas en las cercanías de Kaliningrado en Polonia, a lo largo de Letonia, Lituania, Estonia, todos países un tanto lejos de sus excusas.

Respecto al cerco que estas baterías misilisticas intentan tender, el gobierno ruso ha dado una respuesta contundente con la presentación de dos nuevas armas. La primera es misil hipersónico que si bien aún está en etapa de pruebas, es el arma más veloz del mundo con capacidad de portar incluso ojivas nucleares. La segunda arma ya ha entrado en la fase de producción en serie y se trata del misil balístico Sarmat, con capacidad de alcanzar cualquier punto del globo gracias a su propulsión nuclear. Este nuevo misil balístico intercontinental puede portar hasta 15 ojivas nuclear con contramedidas para guerra electrónica y evasión de radares, lo cual convierte a las baterías anti aéreas que cercan Rusia en simples gomeras incapaces de detener sus armas (mundo.sputniknews.com/infografia/201803021076708847-infografia-municiones-tropas-rusia/). Respecto a esto, el ahora ex director de la CIA y flamante Secretario de Estado, Mike Pompeo, subrayó que cada vez que haya avances en un sistema de armas (en relación a las nuevas armas rusas) “se requiere de EEUU que se asegure de tener defensas para responderles” (RT 11/3), reconociendo así que no tienen la capacidad de interceptar semejantes armas.

La aparición de dichas armas en el contexto de la continua escalada militar en su contra y con un presupuesto 14 veces menor que el de la OTAN (871 mil millones de dólares en defensa, en comparación con los 52 mil millones que asigna Rusia a su defensa) (TE 10/3) muestra que las condiciones para poder enfrentarse en el campo de batalla no radican en cuánto dinero se cuenta para la preparación, sino cuales son los intereses que se defienden, y eso resulta definitivo para poder ganar cualquier enfrentamiento. Por eso es creíble el presidente ruso cuando en la presentación de dichas armas plantea que ellos siempre van a estar adelantados respecto a las capacidades yanquis.

El segundo frente es el impuesto centralmente por Gran Bretaña con el pretexto del envenenamiento de un ex agente de inteligencia ruso y su hija en territorio inglés. Inmediatamente producido el envenenamiento, el gobierno británico culpó a los rusos dando un ultimátum a Rusia para hacerse cargo de la situación. La primera ministra británica, Theresa May, puntualizó durante una presentación en la Cámara de los Comunes: “Está ahora claro que el señor Skripal y su hija fueron envenenados con un agente nervioso de naturaleza militar de un tipo desarrollado por Rusia. Es parte de un grupo de agentes nerviosos conocido como Novichok” (LN 14/3).

Este ataque a Rusia pudo encolumnar al menos de forma temporal a todas las potencias de la OTAN cuando esta alianza se encuentra en un proceso de desintegración. Tanto Francia, como Alemania y EEUU han apoyado la posición británica sobre la acusación hacia Rusia. Pasadas las 24 horas de plazo que impuso el gobierno británico, comenzaron todas las potencias imperialistas y sus aliados más cercanos a intentar aislar a Rusia de su influencia expulsando a 146 diplomáticos entre 27 países, es decir casi todas las naciones de UE más EEUU (actualidad.rt.com/actualidad/266671-rusia-caso-skripal-expulsar-diplomaticos).

El gobierno ruso no dudo en responder a las acusaciones declarando que para que Inglaterra pueda realizar semejante denuncia debía tener en su poder muestras del agente tóxico de supuesta fabricación rusa, hecho que resulta imposible porque los rusos nunca entregaron muestras sobre el agente. Por esto aclaran que el protocolo para determinar la procedencia del tóxico es que los análisis los realice la organización internacional encargada de esto; fuera de ello, cualquier juicio resulta parcial (actualidad.rt.com/actualidad/266671-rusia-caso-skripal-expulsar-diplomaticos).

La segunda respuesta que dio el gobierno ruso es la reciprocidad de medidas, y ante cada expulsión de diplomáticos suyos han respondido con la misma vara, habiendo ya expulsado a 146 diplomáticos de los 27 países que echaron a rusos, dejando en claro que no va a ceder un ápice en su posición.

Sobre esto queda cada vez más claro que el envenenamiento del ex espía solo es otro capítulo en el cerco que se intenta tender sobre este país, y que las fuerzas de la OTAN solo están de acuerdo en la confrontación contra Rusia; claro que solo de palabra, ya que en cada paso que intenta dar EEUU en su avanzada esa alianza se quiebra aún más.

Lo que nos permite poder analizar el por qué de la obstinación en atacar a Rusia es el proceso electoral que en marzo renovó la autoridad de Vladimir Putin hasta el 2022. En las elecciones participaron efectivamente un 67% del padrón (un 2.1% más que en las elecciones anteriores) y Putin obtuvo el 77% de los votos, ganando en todos los oblast y provincias de la federación, seguido por el Partido Comunista con tan solo el 11% de los votos. Estas elecciones son significativas porque se producen a la par del estancamiento de las potencias imperialistas en el mismo plano. Las democracias liberales tambalean y deja acéfalos por largos períodos a grandes potencias. En EEUU, la elección de Trump no garantizó ninguna estabilidad política ya que, como mencionábamos al inicio del artículo, en un año han sido echados 20 funcionarios de alto rango del gobierno.

Señalábamos algunos párrafos más arriba que esta situación es el resultado resultado de la conducta de los principales partidos tanto europeos como estadounidenses, que no expresan intereses de sus pueblos pero que sí expresan los intereses de las burguesías, aunque estas tienen cada vez menos condiciones de contener a los trabajadores. Mientras esto pasa en las principales potencias imperialistas, Rusia muestra lo contrario: alta participación del electorado y completa cohesión detrás de la fuerza que a escala global se viene confrontando con los capitales más concentrados. Está claro también que Rusia ya no es la URSS y Putin no es Lenin, sin embargo la historia del pueblo ruso de casi 100 de lucha socialista y las tareas por delante han ubicado al gobierno ruso en tareas gigantes para la construcción de la paz en el mundo, y este viene demostrando expresar esta necesidad. Por eso tanto Rusia como China representan grandes amenazas para los intereses imperialistas.

El principal escollo que enfrentó China en el mes de marzo fue la guerra comercial lanzada por EEUU (que hemos analizado en el primer artículo de esta edición), así como el intento de fractura territorial que atraviesa con la isla de Taiwán, histórica sede de las fuerzas anti comunistas en China, a partir de la victoria de las tropas revolucionarias en 1949. Esta contradicción latente es aprovechada por las fuerzas imperialistas para intentar mellar la unidad china. Así, Donald Trump impulsó una ley que autoriza la reanudación de los contactos oficiales entre las autoridades estadounidenses y la administración de Taiwán, según informó el servicio de prensa de la Casa Blanca. Desde 1979, los contactos entre Washington y Taipéi solo se han llevado a cabo de manera informal. La ley, adoptada previamente por el Congreso, permite a los funcionarios estadounidenses de “todos los niveles” viajar a Taiwán para reunirse con sus homólogos, a quienes, a su vez, también estarán dispuestos a recibir en Washington “en términos recíprocos”.

La respuesta de China no se hizo esperar. El ministro de Relaciones Exteriores declaró que “nos oponemos firmemente a que la parte estadounidense firme la Ley de Viajes de Taiwán” y agregó que “pedimos que la parte estadounidense corrija su error, deje de buscar cualquier relación oficial con Taiwán o mejorar sus relaciones actuales con Taiwán en cualquier manera sustantiva, y aborde los asuntos relacionados con Taiwán de forma apropiada y cautelosa, a fin de evitar un daño severo a las relaciones China-Estados Unidos, así como a la paz y la estabilidad a través del estrecho de Taiwán” (XH 18/3). Con estas palabras del ministro, el gobierno chino deja en claro que la idea de una sola China no se negocia y que están dispuestos a defender su soberanía.

Sin embargo, este no es el único frente abierto contra el gigante de Asia, ya el año pasado veíamos el cerco a través de la disputa territorial por el Mar Meridional chino, y no es casual que estos conflictos recrudezcan en paralelo a que el Partido Comunista de China reelige como primer mandatario a Xi Jinping, a la vez que su pensamiento va a ser incluido en la Constitución y se le abre las puertas de la reelección indefinida. Estas medidas internas solo reafirman el rumbo que China viene sosteniendo hace años, que le permitió sacar de la pobreza a 850 millones de personas en los últimos 40 años (XH 2/3).

Esto se verifica las páginas del semanario inglés The Ecónomist, en una de sus editoriales, al reconocer que “Occidente apostó que China se dirigiría hacia la democracia y una economía de mercado pero ha fallado. China cambiará la constitución para que Xi pueda gobernar todo el tiempo que elija. Se creía que dándole a China una participación en instituciones como la OMC se uniría al sistema de normas establecidas después de la 2da guerra mundial. Confiaban que la integración alentaría a China a evolucionar hacia una economía de mercado y que, a medida que se hicieran más ricos, su gente anhelaría libertades democráticas, derechos y un estado de derecho. China se ha enriquecido más de lo que nadie imagina (TE 3/3). Al igual que lo que analizábamos con Rusia, se hace evidente que las motivaciones imperialistas para cercar a China están vinculadas a cómo defienden dos propiedades distintas; la institucionalidad burguesa, que tradicionalmente se ha encargado de subordinar a todos los países bajo la dirección de los grandes capitales como el FMI, la OMC, la ONU, con China no surte el menor efecto.

La Ricota

Esta conducta que diferencia el eje de Rusia, China e Irán respecto de las potencias imperialistas tiene un momento ejecutivo también a escala global ya que, como lo venimos analizando, la disputa por la imposición de los intereses se plantea en todo el globo, por lo que es imposible que cualquier país pueda salvarse de forma aislada. En este contexto, en el que el mundo entero es un teatro de operaciones en la confrontación entre la clase trabajadora y la burguesía, en la región de Medio Oriente esta disputa está, desde el 2011, en una fase militar-armada, impulsada por las embajadas de EEUU.

Cuatro años después de iniciada una guerra cuyo centro se ubicó en los países de Siria e Irak, las fuerzas del Estado Islámico y el Frente Al Nusra, principales tropas al frente de la guerra contra los gobiernos de Assad y al-Abadi y las milicias populares, se encuentran al borde del colapso, solo resistiendo en el desierto que comparten Siria e Irak y en la provincia siria de Idlib. Este mes el avance militar más destacado en esta guerra es la inminente recuperación de todas las ciudades de la provincia de Guta Oriental (syriancivilwarmap.com/), que es lindante con la ciudad de Damasco, capital siria. La recuperación de esta región permite al Ejército Árabe Sirio y a las fuerzas de Hezbolá, Irán y las milicias que participan de la contienda, concentrar su esfuerzo en la recuperación de la provincia de Idlib; esto significa que, por primera vez desde que comenzó la guerra, solo tiene un frente que atender.

Esta situación pone de relieve el fracaso de la política exterior yanqui. El jefe de la Inteligencia Nacional de EEUU, Dan Coats, ha anunciado el fin de la oposición siria con las siguientes palabras: “el conflicto se ha decantado en favor del régimen sirio, que ha permitido a Rusia e Irán reforzar más sus posiciones dentro de Siria” y añadió que “Assad puede implicarse en negociaciones, pero es improbable que ceda poderes o haga concesiones importantes a la oposición” (AM 8/3), reconociendo el colapso de sus aliados en la región y el papel que han jugado Rusia e Irán en esta guerra.

El segundo frente en el que ambas conductas se encuentra en lucha encarnizada es en Corea del Norte, la RPDC, país donde el riesgo de guerra nuclear es mayor por las continuas amenazas yanquis de llevar la guerra a su suelo y las continuas sanciones económicas con las que intenta asfixiar su economía. En este complejo escenario, la heroica República Popular Democrática de Corea (RPDC) nunca detuvo la defensa de su soberanía, en la que su programa nuclear es solo una parte de ello.

Pese a los esfuerzos que han establecido las dos partes de Corea para la reconciliación, durante el mes de marzo el gobierno de Trump ha decretado nuevas sanciones con miras a continuar su política de asfixia a los norcoreanos. Esto fue rechazado por el Ministro de Relaciones exteriores de RPDC en una misiva que envió a las Naciones Unidas denunciando que “los gobernantes de EEUU están engañando a la opinión pública, alegando que las negociaciones entre el Norte y el Sur son el resultado de sanciones y presiones sin precedentes. Mientras que el Norte y el Sur [...] abren una página de paz, EEUU está desplegando medios estratégicos, incluyendo grupos de ataque de portaviones nucleares alrededor de la península de Corea, tratando de exacerbar deliberadamente la situación” (RT 2/2), aclarando que la actuación de EEUU solo empuja a la guerra, ya que los esfuerzos de paz nada tienen que ver con ellos.

Esta posición se ha demostrado en la práctica ya que a mediados del mes de marzo, luego de finalizados los Juegos Olímpicos de Invierno en Corea del Sur, se ha pactado una reunión en la región desmilitarizada en la península entre los jefes de estado de las dos partes de Corea, a realizarse los primeros días de abril. En este marco, el gobierno de la RPDC recalcaba que sus armas nucleares nunca apuntan contra Seúl y que incluso está dispuesto a postergar sus ensayos mientras se esté negociando (LN 11/3). Además, el gobierno norcoreano aseguraba que esta incluso dispuesto a abandonar su programa nuclear en el marco de que sirva para la construcción de la paz siempre y cuando no se interfiera con su soberanía.

En este marco también se pudo programar una reunión entre Kim Jong Un y Trump, país que no tiene más opción que sentarse a negociar la paz con el gobierno comunista que hasta hace dos meses amenazaba con borrar del mapa, con tal de que no quede expuesto que su papel en la península solo contribuye a fines bélicos para doblegar a toda la península y no a cerrar una guerra que dividió en dos a un pueblo durante casi 70 años.

Esto quiere decir que el gobierno de Trump está obligado a sentarse porque se hace evidente que casi 70 años de guerra solo es funcional a los intereses de los grandes capitales y no de los pueblos. La contrapartida de esto es el accionar de los pueblos en su búsqueda de la paz, escindiéndose de los intereses imperialistas que hay incluso en la burguesía de Corea del Sur. Por eso es que la búsqueda de la paz en la península ayuda a explicar lo que venimos analizando en este artículo, que la lucha anti imperialista no intenta reemplazar una forma de dominación por otra, sino que, por el contrario, lo que se gesta en cada victoria diplomática, política o militar es un nuevo paso en la construcción de una conducta que ponga en el centro “el derecho de vivir en paz”, como cantara el inmortal Víctor Jara. Pasemos ahora a ver cómo los trabajadores y pueblos de Nuestramérica se aprestan a tamaña empresa.



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