Revista Mensual | Número: Abril de 2018
Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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Canción para naufragios

Un twitter
No hay crisis humanitaria
Sectores minoritarios
Un laboratorio para todo Brasil
Vuelven a subestimar a nuestros pueblos


La crisis del orden imperialista en toda su expresión. Las masas pugnan por un nuevo orden social

Canción para naufragios

 

“Las condiciones burguesas de producción y de cambio,
el régimen burgués de la propiedad, toda esta sociedad burguesa moderna,
 que ha hecho surgir tan potentes medios de producción y de cambio,
 semeja al mago que no sabe dominar las potencias infernales que ha evocado
Manifiesto Comunista (1848)

 

“Ya no estás solo
estamos todos en naufragar”
PR (1986)

 


En 1992, Fidel Castro afirmaba: “Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre. (…) Hágase más racional la vida humana. Aplíquese un orden económico internacional justo. Páguese la deuda ecológica y no la deuda externa. Desaparezca el hambre y no el hombre” (goo.gl/66i2oG). Este discurso sintetiza las principales preocupaciones que transita la humanidad, de las cuales Latinoamérica no está exenta. El estrepitoso derrumbe de la sociedad capitalista (sociedad global) pone sobre la mesa la imperiosa necesidad de superar sus premisas de funcionamiento: la explotación del hombre sobre el hombre, la organización de la vida social en función de la acumulación capitalista.

Tanto la “liquidación de las condiciones naturales de vida” de la especie humana por el envenenamiento y destrucción del planeta como el riesgo de conflictos bélicos nucleares obligan a las inmensas masas de desposeídos a tomar conciencia del problema y ponerse al frente de su resolución: la construcción de un nuevo orden social basado en la “racionalidad” de la vida humana, que ponga al servicio de su desarrollo las enormes fuerzas de la producción desatadas por siglos de dominación burguesa.

De esta manera, veremos cómo se ha derrumbado en tan solo 30 días la nueva agresión imperialista contra las naciones del ALBA y el error de su concepción de origen: presentarla, en analogía con la Doctrina Monroe, como una ofensiva de fuerzas en ascenso con capacidad construir masa crítica, consenso en torno a sus objetivos. Las principales medidas coordinadas entre el ex Secretario de Estado, Rex Tillerson y los presidentes y dirigentes políticos alineados con los EEUU se fueron chocando con la irracionalidad de esta premisa, con la realidad, mostrando así en todo su esplendor la crisis del orden imperialista, de la sociedad capitalista.

Por otra parte, la necesidad de tomar las riendas de la sociedad en manos de las masas obreras y populares se refleja con claridad en los casos de Cuba y Venezuela, naciones que transitan un victorioso camino de unidad que se asienta en la comprensión profunda del problema a resolver.

Veamos todo ello con mayor detenimiento.

Un twitter

Hace tan solo 30 días, el ex Secretario de Estado de los EEUU anunciaba desde Texas una nueva agresión contra las naciones del ALBA, especialmente contra el pueblo revolucionario de Venezuela. De esta manera, la nación imperialista abandonaba la estrategia de principio de año donde se proponía salvar al mundo del “terrorismo” y sencillamente asumía una posición explícitamente defensiva contra los pueblos que se han puesto al frente de la transición hacia nuevas formas de sociedad. Esto implica un “resurgimiento de la competencia estratégica a largo plazo”, con epicentro en China, República Socialista gobernada por el Partido Comunista, fruto de una revolución proletaria y campesina en 1949, y Rusia, cuyo poderío económico y militar lo debe a la primera y más importante experiencia revolucionaria exitosa del proletariado, iniciada en 1917.

Luego del discurso de Tillerson, verdadero grito de guerra, siguió una gira por el puñado de países que han impulsado y colaborado con todas las acciones desestabilizadoras que los EEUU comandan en la región, para así dar inicio al conjunto de medidas imperialistas destinadas a erradicar la experiencia venezolana del hemisferio. Movimientos de tropas norteamericanas en las fronteras de Venezuela, apoyados por militares colombianos y brasileños que hicieron lo propio en sus respectivos pasos fronterizos (ya sea en conjunto con los EEUU o por su propia cuenta); el pedido al unísono de naciones como Argentina, Brasil, Colombia, Perú y México por una “intervención humanitaria” de Naciones Unidas bajo el pretexto de una “crisis humanitaria y migratoria” producida por las disparatadas medidas de una “dictadura” irracional; el intento, encabezado por el ahora renunciado e investigado ex presidente del Perú Pedro Pablo Kuzcynski, de excluir a Nicolás Maduro de la Cumbre de las Américas que se realizará allí en abril, con el argumento de que la “violación a los derechos humanos” y los “excesos de la dictadura” no podían permitirse en un encuentro de tal magnitud y, por último, el anuncio de la Mesa de Unidad Democrática (MUD), conglomerado opositor, de su retiro unilateral de las negociaciones con el gobierno venezolano respecto del inminente proceso electoral y la denuncia anticipada de “fraude”.

Amenazas militares, pedidos de intervenciones “humanitarias”, intentos de aislamiento internacional e interno; he aquí el mortal combo imperialista que fue lanzado al terreno ni bien Rex Tillerson concluía su discurso. Todo ello enmarcado bajo el anhelo de retomar la Doctrina Monroe, la cual calificaba de “exitosa” para la región y central para preservar y expandir los intereses imperialistas.

Sin embargo, esta agresividad del capital concentrado no debe confundirnos, ya que es la manifestación de un estallido sin precedentes del orden imperialista. Ella no ocurre en los marcos de un movimiento ascendente de la burguesía, en donde derrota a sus adversarios del “pasado” e incorpora capas aliadas en todo el planeta que garantizan su dominio y reproducción, y desde esa posición de fortaleza acumula masa crítica, consenso, para el exterminio político de sus enemigos de clase. Por el contrario, su contenido es la contradicción incurable (en estos marcos, sus marcos) entre el carácter cada vez más privado de la apropiación (147 corporaciones, 1% de la población mundial) y cada vez más social de la producción; en que la burguesía, que “no existe sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de trabajo” ha desarrollado las fuerzas sociales de la producción a un punto tal que, bajo las relaciones de propiedad burguesas, ello implica el peligro de extinción de la especie humana. El llamado calentamiento global, todas las crisis climáticas y ambientales, la veloz transformación de condiciones naturales resultado de millones de años de acumulación y desarrollo de la vida en el planeta, no es más que una manifestación de este problema.

A su vez, la escala de la acumulación capitalista, junto con el desarrollo incesante de los “instrumentos de trabajo”, provoca la miseria de miles de millones que, reemplazados en sus labores por tecnología de punta desarrollada por la competencia burguesa, son abandonados a la sub humanidad y muerte. No solamente los expropiados del mundo, el proletariado de las distintas naciones, sino también amplias capas de la clase burguesa comienzan a ser desplazadas de sus antiguas posiciones de poder, puesto que ya no hay valor para repartir entre todos.De este estallido, esta contradicción incurable en la estructura de “producción y reproducción de la vida real” corresponde, por lo tanto, el estallido en la super estructura jurídico-política erigida sobre ella; esto es, que el orden social y las ideas políticas de quienes fueron formados para conducir el mundo imperialista, y por lo tanto sus acciones, dejan de corresponderse con los problemas centrales de nuestro mundo, puesto que “acaba siempre imponiéndose como necesidad el movimiento económico”. Las ideas y acciones que no tengan como principal premisa este fenómeno, serán arrasadas por la necesidad histórica. Esto es precisamente lo que ocurrió con la agresividad norteamericana, al concebirse como una ofensiva producto de un escenario ascendente de las fuerzas imperialistas sobre la región latinoamericana (Doctrina Monroe)y no como lo que es, un conjunto de recursos desesperados producto de una acción defensiva de los EEUU al recibir, en todo el planeta, una serie de derrotas estratégicas.

Así es, que Rex Tillerson, a tan solo 30 días de reivindicar la Doctrina Monroe y augurar un futuro prominente para las fuerzas imperialistas y sus aliados en la región en su cruzada anti venezolana, se enteraba que había sido despedido mediante un Twitter por Donald Trump, mientras retornaba a su país a bordo de un avión (CD 13/3). Todo lo hablado y acordado con sus pares latinoamericanos en su gira regional había sido absorbido por la profunda crisis norteamericana, dejando a las fuerzas desatadas momentáneamente sin Estado Mayor. En su lugar, fue nombrado el director de la CIA (Agencia Central de Inteligencia) Mike Pompeo, miembro del Partido Republicano y del movimiento Tea Party, quien, como dijera Fidel Castro: “un líder o lideresa del Tea Party carga más armas nucleares en sus espaldas que ideas de paz en su cabeza...”. En efecto, Pompeo, en sus funciones de jefe del espionaje norteamericano, había realizado declaraciones contra Venezuela, promoviendo su intervención militar, bajo el pretexto de que “Venezuela podría convertirse en un riesgo de seguridad para los Estados Unidos. Los cubanos están allí, los rusos están allí, Irán está allí, Hezbolá está allí. Esto es algo que tiene el riesgo de llegar a un muy mal lugar y Estados Unidos debe tomárselo muy en serio” (goo.gl/rjurc8). Los movimientos relatados indicarían una escalada en la agresividad imperialista, a pesar de su posición de extrema debilidad. De esta manera, el primer punto de la agresión anunciada tan solo 30 días antes se derrumbaba como un castillo de naipes: quien la había anunciado y debía ocuparse de “aislar” y hostigar regionalmente a la brava Venezuela, encabezar las medidas anunciadas y promovidas por él, repentinamente había perdido el trabajo.


No hay crisis humanitaria

En segundo orden, sabido es que durante 2017 los EEUU han fracasado en su intento de intervenir militarmente Venezuela bajo una forma colegiada y consensuada mediante la Organización de Estados Americanos (OEA). A partir de este suceso, dos líneas de hostigamiento fueron desarrolladas: la petición a la ONU de una intervención “humanitaria”, bajo el pretexto de una “crisis” terminal y la conformación del Grupo de Lima, reunión informal de aquellos países que no pudieron imponer las acciones imperialistas en la OEA, que no pudieron construir consenso. Pues bien, 30 días atrás, la OEA iniciaba una verdadera campaña internacional con el objetivo de pintar un escenario catastrófico al interior de Venezuela, tildándolo de “crisis humanitaria” (que, técnicamente, implica una situación inmediatamente anterior a una catástrofe: por ejemplo, la posibilidad de que millones pierdan la vida a falta de comida) y pidiendo “ayuda” a las fuerzas de paz de Naciones Unidas. En simultáneo, Colombia, Brasil, Argentina, junto a otras naciones, anunciaban medidas para “controlar” una supuesta emigración descontrolada y “exigían” respuestas rápidas al organismo internacional.

En este punto, cabe recordar cuando en 2017 el vicepresidente norteamericano Pence realizara una gira regional (similar a la del despedido Tillerson), luego de que Donald Trump anunciara que la “opción militar” no estaba descartada para Venezuela. Allí, desde Santos a Macri, todos los presidentes latinoamericanos condenaron públicamente la amenaza imperialista, descartando de raíz cualquier apoyo a una intervención unilateral, a sabiendas del costo a pagar en caso de que ello ocurra, especialmente por lo que unificaría a las fuerzas obreras y populares en cada país de la región en contra de tal bestial decisión.

De esta manera, y nuevamente, desde una posición de debilidad, surgida de una derrota, es que se pergeñaba la idea de impulsar nuevamente una intervención colegiada, bajo el manto de Naciones Unidas y el pretexto de una “crisis humanitaria”. Sin embargo, fue la misma ONU la que se encargó de refutar todas las afirmaciones al respecto. En primer lugar, el experto contratado por dicho organismo, Alfred de Zayas (que además es abogado e historiador de nacionalidad estadounidense) concluía que Venezuela no sufre una crisis humanitaria: “He comparado las estadísticas de Venezuela con la de otros países y no hay crisis humanitaria (…) quien haya trabajado por décadas para Naciones Unidas y conoce la situación de países de Asia, África y algunos de América, sabe que la situación de Venezuela no es una crisis humanitaria”. No conforme con estas contundentes declaraciones, denunciaba que medios corporativos como CNN y BBC, quienes habitualmente cubren sus actividades, habían invisibilidad su visita a Venezuela y que había recibido presiones de varias ONG (dirigidas por Pompeo, claro está) para acompañar la iniciativa norteamericana (TS 20/2). También, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Venezuela, Roberto Mier, rechazaba de lleno la pretensión de declarar a los migrantes venezolanos como refugiados: “Nosotros en ningún momento dijimos que los venezolanos que salen del país son refugiados (…) refugiado es todo aquel que viaje fuera de su nación de origen al temer ser perseguido por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas (…) y que no pueden regresar a su territorio” (TS 12/3).

Tan profundo es el estallido, la crisis del orden imperialista, que la organización hija del dominio mundial norteamericano (de lo que la OEA no es más que un burdo calco regional) no puede acompañar las mentiras proferidas por los EEUU y sus aliados para obtener “apoyo humanitario” contra Venezuela; y ello no ocurre porque precisamente la ONU respete la verdad histórica de los hechos sobre los que interviene, sino por la imposibilidad que las fuerzas imperialistas detentan para construir consenso en torno a sus objetivos. Así, las corporaciones monopólicas deben enfrentarse a capas de su propia clase que sirvieron para garantizar cierto ordenamiento regional y nacional y ahora “sobran” desde el punto de vista de la acumulación capitalista.

Sin dudas, respecto a este último punto, el golpe más duro lo recibía el Grupo de Lima al…. ¡Quedarse sin Lima!

Ya a mediados de mes el Congreso de Perú, controlado por la oposición fujimorista, admitía una nueva votación por la destitución del presidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK), ex funcionario del Banco Mundial, al declararle la “incapacidad moral” por hacerse pública sus vinculaciones espurias con la constructora Odebrecht (15/3). Luego de que se hicieran públicos videos que revelaban el intento de PPK por sobornar congresistas opositores para impedir su destitución, éste hacía conocer su renuncia y sumía al Perú en una nueva y profunda crisis política (goo.gl/BXYbfR).

La Cumbre de las Américas, que pretendía mostrar a Venezuela en su aislamiento internacional, ofrecía un escenario bien distinto al imaginado por Tillerson: su país organizador, con un presidente patrocinado por los EEUU, eyectado por escándalos de corrupción, y anuncios tanto de Macri como de Santos que ponían en duda su presencia al encuentro bajo esas condiciones. Estos hechos exponen claramente todo lo que el imperialismo no puede, en su actual fase de descomposición.

Sectores minoritarios

Si desde la ONU, pasando por la organización interna de los EEUU, hasta el autodenominado Grupo de Lima evidenciaban una incapacidad estructural de las fuerzas imperialistas por alinear todos sus componentes bajo una misma estrategia, ¿qué le quedaba a la desventurada oposición interna de Venezuela?

Recordemos que, apenas unos instantes posteriores a que el Presidente de la República Dominicana, anfitrión y garante de las negociaciones entre el gobierno y la MUD, anunciara la inminencia de un acuerdo entre las partes, la coalición opositora abandonó de manera unilateral del diálogo y denunció que habrá fraude en las próximas elecciones presidenciales, convocando así (una vez más) a la abstención electoral.

Sin embargo, a lo largo de 2017 hemos analizado la paulatina pérdida de adhesión de las bases opositoras a la estrategia que encarnan los principales líderes de la MUD, quienes han impulsado al terrorismo interno como principal mecanismo de oposición y promovido públicamente una intervención militar extranjera. La masiva afluencia a las urnas cuando se convocó la Asamblea Nacional Constituyente, contando en ella a una sustanciosa parte perteneciente al espectro opositor, significó un golpe de muerte a la principal línea de acción de la MUD y sus principales figuras. Como dijéramos para la campaña agresiva de los EEUU, insistir en una política que ha sido duramente derrotada, desde posiciones de mayor debilidad que años anteriores solo puede resultar en lo mismo: otra derrota. La abrumadora mayoría de la sociedad venezolana ha descartado la guarimba y la intervención extranjera, el desconocimiento de las instituciones surgidas del proceso revolucionario, las intentonas por derrocar a Nicolás Maduro de cualquier modo (civil o militar). Es decir, la única vía de acción posible para el imperialismo, dada su incapacidad por obtener consensos tras su principal objetivo.

A pesar del abandono unilateral del diálogo por parte de la MUD, al menos tres partidos políticos que la integran desconocían esta decisión y firmaron en la República Dominicana un acuerdo que sentaba las bases de un proceso electoral que definirá la composición de los consejos legislativos estadales y municipales y la presidencia de la nación el próximo 20 de mayo (CD 2/3). La dirección de la (¿ex?) coalición opositora hacía público su descontento con esta decisión, la cual era defendida de forma tajante por los principales dirigentes de los partidos que negociaron con el gobierno revolucionario: Luis Romero, dirigente de Avanzada Popular (AP) decía que “es muy difícil que nos expulsen de algo que hace tiempo dejó de existir” y dejaba al desnudo que “hay sectores minoritarios, tanto internacionales como nacionales, que promueven la abstención” (LN 2/3). El acuerdo incorpora observadores internacionales y el reconocimiento de los resultados sean los que sean.

De esta manera, queda en evidencia que todas las acciones presentadas por el imperialismo como una ofensiva, que como tal apela a su pasado expansionista manifestado en la Doctrina Monroe, se desarma al poco tiempo de iniciarse y termina produciendo el efecto adverso al deseado: revela que quienes están aislados (1%) son ellos, que quienes detentan una naturaleza antidemocrática (guarimba e intervenciones militares) son ellos, quienes provocan crisis humanitarias son ellos; en definitiva, que el pasado (los que sobran) son ellos.

Un laboratorio para todo Brasil

En relación a esto último, Brasil ha sintetizado en estos últimos meses la imposibilidad del capital concentrado en erradicar la organización obrera y popular.

Hace tan solo 30 días, el presidente de facto Michel Temer anunciaba, con el apoyo de la abrumadora mayoría de la cámara de diputados, la militarización de Río de Janeiro bajo el pretexto de “combatir el crimen organizado”, generando así que las Fuerzas Armadas vuelvan a controlar todos los ámbitos de la seguridad interior desde 1988, cuando se aprobara una Constitución civil (vigente hasta hoy) luego de 21 años de dictadura militar (LN 21/2). A su vez, por primera vez desde que fuera creado en 1999, designaba a un militar al frente del Ministerio de Defensa, general Joaquim Silva e Luna, dándole control sobre la Policía Federal, la Policía Caminera Federal, la Fuerza Nacional y el Departamento Penitenciario Nacional (LN 27/2).

Al encabezar un gobierno ilegítimo, producto de un golpe de Estado, impopular, con un 6% de aprobación y que ejecuta un brutal programa económico sujeto a las necesidades de las corporaciones monopólicas, las políticas de Michel Temer han concitado una enorme masa que se movilizó en numerosas oportunidades contra ellas. Ya que dichas políticas revisten el carácter de necesidad, desde el punto de vista de las corporaciones, poco importa el decoro “democrático” tan declamado puertas afuera: la militarización para “pacificar” la protesta social y la exclusión de Lula da Silva, favorito en todas las encuestas bajo todos los escenarios, son las medidas ejecutadas para impedir cualquier final abrupto del programa económico y social mencionado. Así, el presidente de facto amenazaba a todo el pueblo brasileño (no solamente al de Río de Janeiro) al afirmar que la intervención militar “servirá como un laboratorio para todo Brasil” (LN 28/2).

El plan se ponía en marcha al producirse el asesinato de la concejala del Partido Socialismo y Libertad (PSOL) y activista por los derechos humanos, Marielle Franco, quien abiertamente había repudiado la militarización en Rio de Janeiro y una de sus principales ocupaciones había sido la denuncia de milicias parapoliciales vinculadas con el poder económico y político. Tan solo dos días antes de ser asesinada a balazos en un auto, había denunciado a la Policía Militar por matar extrajudicialmente a dos jóvenes en la favela de Acarí (CD 15/3).

Lejos de amedrentar a la población del Estado intervenido, en los sucesivos días se produjeron multitudinarias movilizaciones que se extendieron a otras populosas ciudades del Brasil, provocando, según el oficialista multimedio Folha de Sao Pablo, el “despertar de un gigante dormido (…) a meses de las elecciones generales de octubre, al provocar las mayores manifestaciones de la izquierda que hasta ahora nunca había conseguido movilizar de manera duradera a sus bases contra las medidas de austeridad de Temer” (ET 16/3).

A pesar de todos los recursos volcados para atemorizar y desorganizar al pueblo brasileño, la naturaleza minoritaria y excluyente de las corporaciones monopólicas que gobiernan la nación sudamericana provoca, como para el caso de Venezuela, el efecto adverso al deseado: la comprensión profunda de las grandes masas obreras y populares que la principal disputa es contra ellas. Es por ello que Lula, quien enfrenta un muy probable encarcelamiento por tener casi asegurado su triunfo electoral, advertía que “Si a alguien no le gustamos, vengo a avisarles que volveremos” (LN 20/3).

Vuelven a subestimar a nuestros pueblos

Como señalamos anteriormente, el actual momento histórico requiere la superación de la organización social basada en las relaciones mercantil-capitalistas, que hoy han llevado a la humanidad a la situación límite de dirimir su supervivencia como especie. El momento de la conciencia de ir contra las corporaciones monopólicas es necesario, aunque no suficiente. Su derrota y superación exige a las amplias masas obreras y populares la capacidad de reemplazar toda la super estructura jurídico-política, todo el orden social existente por uno que ponga al servicio del desarrollo humano las inmensas fuerzas de la producción que han sido desatadas en varios siglos de dominio burgués.

Mientras vemos un escenario de estallido y decadencia imperialista, en donde todos los órganos construidos para perpetuar su gobierno se descomponen, las pequeñas naciones latinoamericanas, nucleadas en el ALBA, sostienen la unidad de los pueblos en su construcción de nuevas formas de organización social.

El 5 de marzo se realizaba la XV Cumbre Ordinaria del ALBA-TCP en Caracas, Venezuela, de las que participaban, entre otros, los presidentes de Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua. En ella, el presidente Raúl Castro afirmó que: “Hoy, el ALBA tiene como tarea estratégica e impostergable la defensa mancomunada de la República Bolivariana de Venezuela. (…) la acometida neoliberal para revertir las conquistas sociales; la injerencia contra la soberanía de gobiernos progresistas, los intentos de desmontar los progresos en la integración de la América Latina y el Caribe, desestabilizan la región y plantean peligros a la paz y seguridad regionales. (…) Nos anuncian abiertamente la plena vigencia y relevancia de la Doctrina Monroe que proclama la supeditación colonial a los gobiernos y las corporaciones de Washington. Vuelven a subestimar a nuestros pueblos (…) ¿Por qué no se denuncian los golpes de Estado encubiertos, las masacres, las desapariciones forzosas que sufren pueblos de la región?” (goo.gl/zNH7pV).

Lecciones de análisis político que debieran ser atendidas por los principales cuadros del imperialismo, que ven deshilacharse su agresión en escasos 30 días, quizás por esto de subestimar a los pueblos revolucionarios de la región. Con ello, el grupo de países gobernados por organizaciones políticas obreras y populares cuyo eje central es la lucha antiimperialista como condición para el desarrollo humano, daba una imagen bien distinta al pretendido aislamiento buscado por las fuerzas imperialistas.

Pocos días después, el pueblo cubano daba el 11 de marzo una verdadera lección de democracia a quienes pretenden mostrar al mundo la supuesta existencia de “dictaduras” en aquellas sociedades que se han planteado construir nuevas formas de organización social cuya premisa es la superación de las relaciones mercantil-capitalistas. En esta fecha se realizaron las elecciones de delegados a las Asambleas Provinciales del Poder Popular y diputados a la Asamblea Nacional, que resultan de la experiencia de casi 60 años de construcción del Socialismo. La democracia toma un contenido bien distinto al promovido por las fuerzas imperialistas con el protagonismo de las masas obreras y populares, tomando en sus manos las riendas de la sociedad. Como dijera Fidel Castro: “Ahora nosotros hablamos de otra democracia: la democracia del pueblo, la democracia de los trabajadores, la democracia de los campesinos, la democracia de los hombres y las mujeres humildes, la democracia de la mayoría de la nación, la democracia de los que antes eran explotados, la democracia de los que antes no tenían derechos. Y esta es la democracia verdadera, la democracia revolucionaria del pueblo, la democracia de los humildes, por los humildes y para los humildes” (CD 22/2).

Este proceso culmina en la elección de la Asamblea Nacional que designará los 31 integrantes del Consejo de Estado, dentro de ellos el nuevo presidente, primer vicepresidente, cinco vicepresidentes, secretario y demás miembros, que por primera vez no contará entre sus máximas autoridades a la generación que comandó el proceso revolucionario. El sistema cubano, remontando la experiencia histórica del proletariado europeo cuando hiciera la Comuna de París, primer Estado obrero de la historia, hace del cargo legislativo lo opuesto a las democracias representativas construidas y gobernadas por la burguesía: quienes lo asumen no detentan ningún beneficio económico (sostienen el salario de su profesión previa) y pueden ser revocados; los postulantes surgen de más de 12.000 propuestas surgidas en reuniones de nominación celebradas en septiembre de 2017, en 45.688 localidades de todo el país, encabezadas por los vecinos de los candidatos por ellos electos. La Asamblea Nacional se compone en un 50% por los delegados municipales elegidos por el pueblo y el otro 50% por representantes de las organizaciones sociales y de masas del país (trabajadores, estudiantes de enseñanza media y superior, organizaciones de mujeres y agricultores) (XH 11/3). Respecto de la participación electoral, de los 8.926.575 electores habilitados, fueron a hacerlo 7.399.891 (82,90%), con una validez de votos del 94,42%, cifras estas superiores al proceso 2012-2013 (CD 12/3).

Con Cuba se nos aparece con claridad la necesidad de que las amplias masas obreras y populares comprendan profundamente la naturaleza del problema que enfrentan, puesto que de ello depende la supervivencia de la especie y el verdadero desarrollo humano. El mundo construido a imagen y semejanza de la burguesía no puede sostenerse más, toda la organización social erigida sobre la base de la acumulación capitalista sólo produce muerte y terror, por lo tanto, es necesario reemplazarla, eliminar la explotación del hombre sobre el hombre, la sociedad de clases. Comprender este punto es central, puesto que de no poseer las masas conciencia profunda de lo que deben derrotar y reemplazar quedará tan solo reclamando a este orden social putrefacto que resuelva los problemas que él mismo genera.

La velocidad de la decadencia imperialista, la crisis profunda que se observa en sus centros de poder económico y político, y el peligro que todo ello conlleva hacen urgente esta tarea. Cuba y Venezuela constituyen un faro, una imagen de un futuro necesario que es menester comprender cuanto antes.



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