Revista Mensual | Número: Abril de 2018
Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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Ni felinos de papel

Un norte que ya no orienta
Europa, una vieja senil
¿Un sol clarea desde el oriente?
Mal augurio: el FMI apoyó el gradualismo, la política fiscal y la deuda
Desde afuera cierran el grifo
Presión sobre la divisa
Camino al purgatorio. La Burguesía Nacional lucha por sobrevivir (“Hay que dejar de llorar”)



La inviabilidad del plan económico agudiza las contradicciones entre las distintas fracciones burguesas

Ni felinos de papel


El aislamiento en el que se encuentra la burguesía estadounidense, manifestación de la crisis general del sistema capitalista, empuja a la gestión de Trump –en representación de la fracción de burguesía imperialista que controla el gobierno yanqui– a enfrentarse con “todos”, profundizando el rumbo proteccionista, y nacionalista, con el único fin de “ganar tiempo”, mientras continúan aumentando las contradicciones al interior de su propia sociedad.

Como sabemos, la concentración y centralización del capital, movimiento necesario en la dinámica de acumulación capitalista, desaloja de sus condiciones materiales de existencia a cada vez mayores fracciones sociales. Mientras los trabajadores se ven pauperizados (desocupación, subocupación, tercerización y otras formas de “flexibilización” que representan la creciente tasa de explotación a la que el capital los somete); no sólo los capitales medios y pequeños “nacionales-mercado internistas” son despojados de sus posiciones de propietarios, sino que las mismas oligarquías locales, que fueron “manos, cabeza y lengua” necesarios para garantizar el dominio del capital imperialista en estas tierras del sur, esas mismas oligarquías, garantes de la dependencia y el despojo nacional, marchan ahora por un tobogán enjabonado cuyo destino es la boca insaciable y desdentada de las grandes corporaciones trasnacionales. Éstas requieren apropiarse directamente de las riquezas de los países dependientes, imponiéndoles un régimen, digamos, neocolonial. La eclosión social que dicho proceso supone explica las viejísimas doctrinas “chocobar” que suelen anteceder un proceso sistemático de represión al pueblo, donde la comandancia tiene sede en Washington.

En el mes de marzo se ha podido evidenciar que, no obstante la contradicción entre la oligarquía financiera y la oligarquía local, estamento subordinado de la primera, e incluso con los grupos industriales locales, con la apertura genuflexa de parte del gobierno nacional a las imposiciones y requerimientos de los organismos “multilaterales” del imperio (que aceitan la entrega de las riquezas nacionales a los capitales trasnacionales), sumado a las cada vez más evidentes síntomas del fracaso del plan económico, que ha tenido como eje el endeudamiento externo y la fuga de capital, la oligarquía local, en tanto burguesía nacional dependiente, ha carecido y carece en estas horas de un proyecto político y económico propio. La patria latinoamericana le queda grande a esta fracción subordinada del capital monopólico.

Un norte que ya no orienta

Apenas iniciado el mes, Donald Trump firmaba “en defensa de la seguridad nacional” una norma que fija aranceles del 25 por ciento a la importación de acero y del 10 por ciento al aluminio, exceptuando de sus alcances únicamente a sus dos socios del NAFTA (Canadá y México). En 2017 la Argentina exportó más de 500 millones de dólares en aluminio y unos 220 millones de dólares en acero, operaciones que ahora se vuelven imposibles con las nuevas tarifas, lo que significa un golpe directo contra dos emblemas de la industria nacional: el grupo Techint, con su empresa Tenaris, y el grupo Aluar; ambos exportadores de esos productos (P12 9/3).

El presidente de Estados Unidos decía al respecto: “Vamos a ser muy flexibles, pero no vamos a dejar de proteger a nuestros trabajadores”; y extorsionaba a las economías dependientes advirtiendo que “los aranceles serán muy justos y se aplicarán con un amplio grado de flexibilidad con aquellos países que hayan mostrado ser verdaderos amigos de Estados Unidos” (P12 9/3). El Ministerio de Producción y la Cancillería argentina enviaron notas al titular del Departamento de Comercio así como al Representante de Comercio norteamericano “precisando los motivos por los cuales nuestro país entiende debería quedar exento de esta aplicación arancelaria”. Entre esos argumentos, se destaca la baja participación que tienen las ventas nacionales en el mercado estadounidense: “las exportaciones argentinas representan sólo 0,6 por ciento del acero y 2,3 por ciento del aluminio de todas las importaciones que hace Estados Unidos en ambos rubros y por lo tanto Argentina no es causante ni contribuye a las distorsiones que afectan a los mercados mundiales y a los Estados Unidos” (CR 12/3). Luego, el Secretario de Comercio, Miguel Braun, viajó a Washington para negociar directamente la excepción de Argentina en la aplicación de los aranceles, explicando: “Es una visita de trabajo en la que tendré varias reuniones y que coincide con el tema de los aranceles: haré todos los esfuerzos para que Argentina tenga un mejor tratamiento, ya que las exportaciones de acero y aluminio a Estados Unidos son muy pequeñas” (P12 11/3).

Estos aranceles se suman a una seguidilla de hechos por parte de Estados Unidos que vienen afectando el ingreso de las exportaciones argentinas al mercado norteamericano. Recordemos el caso más emblemático de los biocombustibles. Si bien es cierto que se ha especulado con la posibilidad que esta medida tenga por objeto forzar ulteriores negociaciones con los “amigos” estableciendo excepciones, tampoco es menos cierto que la incertidumbre a la que somete al sistema internacional debilita los acuerdos políticos que antiguamente sostenía su sistema de alianzas. Argentina no es una excepción en ese escenario.

Luego de las negociaciones a las que nos hemos referido, a fin de mes se daba la noticia de que la Argentina iba a entrar entre los países exentos, ¡Pero solo de manera temporal, ya que la medida es hasta mayo! Con lo que nada quedaba resuelto. Más importante como “éxito diplomático” fue retornar (luego de cinco años) al Sistema Generalizado de Preferencias (SGP) para exportaciones a los Estados Unidos. El Ministerio de Producción y la Cancillería informaron que la norma, aprobada por el Congreso de los Estados Unidos, prevé la renovación del SGP hasta el 31 de diciembre de 2020, y dispone del reembolso de los aranceles cobrados desde el 1 de enero hasta la fecha de restablecimiento. De esta forma, a partir de ahora un importante listado de productos de las economías regionales podrán ingresar en el mercado estadounidense con arancel cero. Los principales productos abarcados fueron los vinos, artículos de confitería sin cacao, conservas de carne, aceite de oliva, quesos, maníes y frutillas. Según proyecciones, los productos beneficiados significarían un magro 10% de las exportaciones totales a Estados Unidos (P12 24/3).

A pesar de las “buenas noticias”, la bocanada de aire fresco no alcanza para oxigenar los asmáticos pulmones de la oligarquía, cuyos actos de constricción pro-imperialistas no revierten la decisión yanqui de gravar las exportaciones de biodiesel argentino al país del norte, en más de un 50%, afectando así a una industria tres veces más grande que la emblemática automotriz y principal fuente de divisas para el país, con un monto mayor a los 1.200 millones de dólares anuales, lo que equivale a casi el 30% de las exportaciones argentinas a los EEUU.

Aun limitada como es, la mejora relativa de la situación arancelaria es un hecho a tener en cuenta que no puede desvincularse de las necesidades políticas del imperio de encontrar aliados en su embestida contra las economías no imperialistas (guerra comercial contra China), y que en el continente se focaliza en los ataques sistemáticos a la revolución venezolana. Sin embrago, estas medidas de ninguna manera revierten la tendencia general hacia la guerra económica que declara Estados Unidos al mundo ni la difícil situación en la que se encuentra Argentina en ese contexto. Nada hace prever que pueda forjarse un sistema preferencial de tarifas permanente que estimule la demanda de la industria local. Más bien, todo lo contrario.

Europa, una vieja senil

En medio del desplante de Estados Unidos y de los flashes del encuentro de ministros del G-20 en Buenos Aires, el gobierno nacional volvía a poner el foco sobre el principal acuerdo de libre comercio que tiene en carpeta. Un Tratado de Libre Comercio (TLC) entre la Unión Europea y el Mercosur. Desde el ministerio de Haciendo salieron a decir que si no es en abril, en mayo se podrá hacer un anuncio sobre la concreción del acuerdo.

Repasemos un poco: el Tratado de Libre Comercio Mercosur-Unión Europea viene siendo pospuesto desde el año 1995, pero desde la llegada del gobierno de la alianza Cambiemos se ha intentado cerrar “a toda costa” como muestra del nuevo tiempo de “apertura e integración al mundo” por parte de la Argentina. El nuevo acuerdo estaría basado en una mayor apertura al ingreso de los bienes industrializados y de los capitales líquidos europeos a cambio de poder colocar en su protegido mercado bienes agropecuarios. De esta manera se promueve la relación con las economías imperialistas consolidando nuestra condición de país “agroexportador”, en detrimento de las relaciones comerciales y productivas dentro de la patria grande.

En el Foro Económico Mundial de Davos, realizado en enero de este año en nuestro país, las negociaciones entre ambos bloques reanudaron arrebatadamente su curso. Tenían ya el antecedente inmediato del impulso que Macri le dio durante su presidencia pro tempore del bloque regional, y que fuera continuado luego por el Paraguay, siempre bajo el auspicio del Brasil de Temer. Ahora bien, las negociaciones son tan complejas y dañarán a tantos sectores que deben ser realizadas en secreto. Según publicó el diario paina 12 a este respecto, “la única información que se conoce surgió de 19 textos confidenciales que fueron filtrados y dados a conocer por el economista Jorge Marchini, en los cuáles se incluyen capítulos referidos a la posibilidad de que las empresas europeas participen de las licitaciones públicas en los países del Mercosur, a la propiedad intelectual que favorece el patentamiento de semillas y medicamentos, al comercio digital, entre otros (P12 6/3).

Para poder percibir el actual derrotero que están sufriendo las negociaciones citemos el tema de la cuota del ingreso de carne a la Unión Europea. Inicialmente el bloque sudamericano realizó un pedido para el cupo de exportación de 400 mil toneladas anuales, recibiendo la contraoferta, en el año 2004, de 100.000, por lo que el Bloque Mercosur definió suspender las negociaciones. Ahora, en la era de la nueva integración mundial dirigida por Macri y Temer, el ofrecimiento inicial fue de 70.000 toneladas por Europa, consiguiéndose al final unas 99.000 toneladas anuales a dividir en partes iguales entre Brasil, Uruguay, Paraguay y Argentina (CL 25/3). Es decir ¡Un monto inferior a la oferta por la que cual el Mercosur suspendió las negociaciones catorce años atrás! Queda más que claro de qué lado del mostrador se sostienen los principios.

El ejemplo da cuenta de una tendencia a liquidar las posiciones alcanzadas y las proyecciones futuras en materia de producción industrial y desarrollo tecnológico local. Según el último informe del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto sobre el comercio bilateral entre Argentina y la Unión Europea –que toma como referencia los años 2016-2017–, el comercio bilateral entre nuestro país y la UE aumentó un 2,7%, mientras que el déficit en la balanza comercial se incrementó un 328% lo que equivale a 723 millones de dólares. Esto se debe a que las exportaciones argentinas bajaron un 9,75%, mientras que las importaciones europeas aumentaron un 14% (P12 6/3). Estas cifras, paradójicamente, explican las razones por las cuales la oligarquía terrateniente quiere cerrar un acuerdo tan desfavorable con la Unión Europea, porque precisamente están resguardando el ingreso de sus productos agroindustriales, en medio de una compleja y no del todo previsible situación de guerra económica mundial. Claro que a costa de todos los demás capitales nacionales. Se remacha el proyecto de ser “granero” de los países imperialistas, abortando todo programa de desarrollo de la industria local-americana, y condenando a la miseria a las amplias mayorías. Según el Observatorio de Empleo, Producción y Comercio Exterior de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (ODEP-UMET), de concretarse el Tratado de libre comercio Mercosur-UE se pondrían en riesgo 186.000 empleos industriales. Los principales afectados serían: metalmecánica (48.000 empleos); calzado, textil, marroquinería, muebles (47.000 en conjunto); autopartes (32.500); química (19.000) y automotor (9.500) (ver: umet.edu.ar/nuevo-informe-odep-la-umet/).

Así y todo, los capitales más concentrados en Europa advierten que las condiciones de la entrega nacional deben mejorar. El ministro de Economía de Francia, que viajó a la reunión ministerial del G-20 en Buenos Aires, apenas aterrizó en el país –antes siquiera de haber participado de ninguna reunión– le dijo a las agencias internacionales de prensa y medios franceses que el acuerdo de libre comercio entre la UE y el Mercosur “estaba literalmente bloqueado. El centro de dicho “bloqueo” lo hemos tratado en la edición del Análisis… del mes anterior: Francia es el principal productor agropecuario de la UE y no puede ceder en lo más mínimo ninguna posición en dicho mercado mientras avanza la crisis capitalista y el orden mundial imperialista se despedaza en políticas defensistas “prebélicas” (Brexit, Trump, como punta de lanza).

Esto desnuda de cuerpo entero la contradicción en la que se encuentra sumido el dominio imperialista. La entrega por parte del gobierno de los sectores “no estratégicos” de su industria no es suficiente frente a la voracidad senil del capital. El imperialismo primero comienza por exigir a sus dependientes que se desprendan de los activos industriales, no competitivos a escala mundial –en un proceso que privilegia la producción agropecuaria–, para luego indefectiblemente arribar a un ataque contra las posiciones propias de la oligarquía que actuaron como nexos históricos entre la metrópolis y su periferia. Ni siquiera el antiguo acuerdo de dependencia es ya posible. Las necesidades de reproducir las condiciones políticas internas en sus propios países, siempre amenazadas de un estallido social por la destrucción del empleo y los beneficios sociales del estado de bienestar, fuerza a las potencias a plantear un esquema de “negociación” bajo el concepto de “exigir todo a cambio de nada”. Esta intransigencia de los capitales imperialistas (oligarquía financiera) ataca la base social de sustentación de la oligarquía local, reduciendo su base material, sus negocios y su rol dirigente en el país, condenándola a una categoría de mero capataz de los fondos de inversión trasnacionales (como ejemplo de una de las formas del capital financiero). De esta manera el imperialismo le traslada a su periferia su propia inestabilidad política.

En la misma Unión europea existen sectores seriamente preocupados por las consecuencias que tendrá para América Latina la apertura indiscriminada de sus fronteras. Desde el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE), el eurodiputado Helmut Scholz, coordinador de la bancada de Izquierda Unitaria (GUE/NGL) para los asuntos de comercio internacional, advirtió que: “La firma de un tratado de liberalización comercial entre el Mercosur y la Unión Europea servirá para ahondar desequilibrios (P12 6/3).

El intransigente proteccionismo yanqui y europeo (liberales para nuestras industrias y banca, proteccionistas para todas sus ramas de la economía), demuestra que los centros financieros e industriales imperialistas están obligados a cerrar sus fronteras en una situación de crisis aguda del capitalismo, cuyo rasgo de sobreproducción creciente evidencia la imposibilidad de que todos los grandes conglomerados se sigan reproduciendo. De esta manera, las circunstancias los empuja a una política internacional cada vez más mezquina y violenta, implícita confesión de su incapacidad estructural para desarrollar las fuerzas productivas sociales sin quebrar, en un proceso de descomposición y de violencia atroz, las relaciones sociales. La contradicción inherente al sistema entre una producción de la riqueza cada vez más social (comúnmente llamada mundialización) y una apropiación cada vez más privada de ésta se pone al rojo vivo, quebrando la unidad del bloque imperialista (lucha intercapitales) y permitiendo la emergencia en diversos territorios, que comienzan a expandirse a escala mundial de formas no imperialistas, no capitalistas, formas de transición hacia relaciones sociales superadoras.

¿Un sol clarea desde el oriente?

Ya hemos analizado en varias oportunidades el creciente peso que va adquiriendo la Republica Popular China para todos los países de la región y la Argentina en particular; principalmente como mercado para la colocación de la producción agroindustrial, aunque también cada vez más se ofrece como un puntal (con la iniciativa del Cinturón y la Ruta) para el desarrollo de infraestructura e innovación tecnológica. De esta manera China continúa recogiendo sin prejuicios de tipo ideológicos los despojos del antiguo orden mundial que el imperialismo moribundo va dejando abandonado tras de sí, en el camino de su lenta agonía.

En este sentido vale reproducir algunos fragmentos de la entrevista que la agencia noticias china Xinhua le hizo al embajador Argentino en China, Diego Guelar, en el marco de la celebración de las sesiones anuales de la Asamblea Popular Nacional (APN), el máximo órgano legislativo, y de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, el máximo órgano de asesoría política, periodo conocido popularmente como las “dos sesiones”. En dicha entrevista el macrista Guelar analizó las cuestiones actuales relativas al país asiático y el pulso de las relaciones bilaterales entre ambos países: “El crecimiento chino es la mayor locomotora del mundo”, mientras que América del Sur es una región que se “complementa a la perfección” con China. “Argentina, Brasil y Chile juntos somos la región número uno en la producción de alimentos para China en el exterior, tenemos los minerales que necesita. Y China tiene una gran tecnología y capacidad financiera para mejorar las infraestructuras en América Latina, lo que redundará en los dos primeros aspectos. Además, China es el país en desarrollo más importante que hay. Tiene por delante dos grandes tareas: la del desarrollo interno, pasar de los 9.000 dólares de ingreso medio a los 20.000 dólares de ingreso medio, como tiene Chile, por poner un ejemplo, y consolidar el gran proceso interno de reformas. China es el mejor ejemplo de cómo la inclusión social puede cumplirse, quiere erradicar la pobreza, cuando tiene un tres por ciento de pobres, y se ha impuesto este objetivo como una tarea primordial. En Argentina, donde tenemos un 30 por ciento, tenemos mucho que aprender”.

Así opinaba el ex militante universitario peronista de los sesenta, actual embajador de Macri en el país conducido por el Partido Comunista más grande del mundo, sin que ningún ministro del grupo de los CEOs lo llamara a rectificar sus posiciones ¡Ni que decir, de que en China toda la tierra agrícola es propiedad del Estado! No es difícil imaginar la opinión a este respecto del ministro de Agroindustria don Miguel Etchevehere. Lo cierto es que frente a la situación de guerra económica, de cierre de fronteras y de latente colapso bélico al que conduce la lógica imperialista, Guelar se ha visto obligado a manifestar su acuerdo con la visión del comunista Xi Jinping en la “construcción de una comunidad de destino de la humanidad”, porque “China ha crecido de forma extraordinaria sin tirar ni un tiro y muestra que la vía del diálogo funciona. La paz paga” (XH 8/3). Los abandonos y ataques imperiales a sus agentes históricos (oligarquías locales) debilitan la fuerza imperialista a escala mundial. En cada país esa debilidad de la dirección política y económica imperialista también se ha hecho manifiesta en la voluntad de rebelión de las masas contra el ajuste y en su clamor por la unidad de la clase trabajadora, puntales programáticos en las jornadas de diciembre.

Mal augurio: el FMI apoyó el gradualismo, la política fiscal y la deuda

Pasaron 10 años desde la última vez que un director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) estuvo en el país, fue en diciembre de 2007, cuando el francés Dominique Strauss-Kahn asistió a la asunción de Cristina Kirchner como presidenta. Ahora otra francesa, Christine Lagarde, aterrizó en la Argentina y elogió las políticas gradualistas aplicadas por el Gobierno. Si bien la batería de medidas anunciadas por el Ejecutivo es totalmente coincidente con los requerimientos del Fondo, el organismo multilateral, conocedor de su desprestigio en las masas locales y en las fracciones del capital medio, que lo asocian a los planes de ajuste, bancarrota y miseria popular, se preocupó por aclarar que el motivo de su visita “no es para negociar ningún tipo de programa. Tampoco vengo en calidad de prestar, porque la Argentina no lo necesita ni lo pidió. Estoy acá para el encuentro de ministros del G-20” (LN 16 /3). En una entrevista con el oligarca diario La Nación, la titular del FMI daba cobertura ideológica al gobierno de Cambiemos: “Los dos primeros años del gobierno de Macri han sido asombrosos. En esos dos años las autoridades argentinas han logrado mucho en política monetaria, en la reorganización del gasto público, reducción de la presión impositiva, libre competencia, desarrollo de talento y reducción del gasto innecesario en algunos sectores. Ha hecho tanto en lo que se ha llamado gradualismo, que no lo encuentro gradualista para nada, porque creo que el Gobierno ha ido a fondo con las reformas” (LN 16 /3).

El entusiasmo es real, el saqueo es espeluznante: más de 100 mil millones de dólares se han fugado desde las arcas nacionales a los bolsillos de los grupos extranjeros. Todo gracias a la abundancia de líquido que facilita el endeudamiento con el exterior. Consultada sobre este punto, la francesa minimizó el riesgo: “Es más justo analizar con un enfoque profundo la manera en que está compuesta la deuda pública argentina, porque una buena parte está en manos del mismo sector público, en pesos. Así que no hay una exposición masiva a los acreedores externos en bonos en moneda extranjera. La deuda en moneda extranjera con los acreedores privados alcanza a un 35% del PBI, un nivel que francamente no implica una carga demasiado pesada para la economía”. Idénticos argumentos utilizó, ante las voces que alertan sobre futuras cesaciones de pago que podrían terminan en privatizaciones y entregas de los recursos estratégicos del país, el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, quien indolente afirmó que la deuda es “bajísima” y que no debería causar preocupación (LN 18/3).

Para encontrar un respaldo tan contundente a la política económica oficial por parte del Fondo hay que retrotraerse a la década del 90, cuando Argentina fue puesta como un ejemplo a seguir mientras se entregaban todas las empresas nacionales y “honrábamos” la deuda de la genocida dictadura.

El contraste entre la posición del FMI y algunas consultoras del capital locales se hizo patente. Un informe de la consultora Ecolatina puso de relieve que, entre fines de 2015 y de 2017, la deuda pública “relevante” (como porcentaje de exportaciones y PBI) casi se duplicó al pasar de 85.000 millones de dólares a poco más de 150.000 millones; que alrededor de cuatro quintas partes de ese total está en moneda extranjera y que dicha porción registró un salto de 71% en los últimos dos años, cuando se elevó en 52.000 millones de dólares (de 73.000 a más de 125.000 millones de dólares) (LN 26/3). Por su parte, Guillermo Nielsen, ex ministro de Finanzas, calculó que el stock de deuda pública bruta (en pesos y moneda extranjera) totaliza 302.000 millones de dólares y equivale al 57% del PBI, sin incluir pasivos contingentes (como juicios ante el Ciadi y obligaciones pendientes de pago). Con ese porcentaje coincide la consultora Eco Jo, en una comparación regional con Brasil (83,4%); Uruguay (59.8%); México (53,3%); Colombia (48,5%); Chile y Perú (ambos en torno de 25%). Y desnudando el papel de FMI con respecto a los dichos de Lagarde dijo: “Hizo un importante ejercicio de relaciones públicas. Siempre elogian (en el exterior) hasta que la macro revienta. Les recuerdo que Carlos Menem fue el orador principal de la reunión anual (del FMI) de octubre de 1998 cuando éramos campeones del endeudamiento, como ahora y a fines del 2001 éramos la oveja descarriada” (LN 26/3).

En contradicción con las opiniones del FMI, en el marco de las jornadas del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés), que se realizó en Buenos Aires como antesala del encuentro de ministros y banqueros centrales del G-20 en Buenos Aires, el subsecretario del Tesoro de Estados Unidos para Asuntos Internacionales, David Malpass, haciendo gala de un lenguaje diplomático, “elogió” el rumbo económico pero advirtió que hay que poder controlar la inflación y reducir el déficit. En este sentido, dijo: “una de las claves para mejorar es reducir la monetización del déficit fiscal por parte del Banco Central. Esta es una oportunidad de reducir el déficit fiscal y permitir que el peso sea más estable y que baje la inflación” (LN 19/3). En resumidas cuentas ajusten porque esto no aguanta.

El gradualismo fiscal que elogia Lagarde implica más endeudamiento. Esta bicicleta tiene límites claros. Dura mientras la Argentina pueda pagar. Es el interés del capital financiero que rapiña como buitre ciego y en el derrumbe se presenta como rescatista de la nación quebrada (por sus políticas), gestionando la compra de los valiosos recursos del pueblo por parte de los capitales monopólicos a precio vil. Las medidas del equipo económico para ahuyentar este peligro radican en fijarse metas decrecientes para el déficit primario, esto excluye abiertamente las erogaciones de la deuda que son inversamente crecientes. La reducción del gasto es a razón de un punto de PBI por año. Mientras el estado ahorra en tarifas y subsidios, gasta en pagos de intereses de deuda que ya representan 2,3% del PBI. La aplicación de la más simple lógica formal permite deducir que se trata de gastar menos, no para lograr un ahorro interno si no para pagarle a los de afuera. Menos para el pueblo y más para los acreedores. Pero a medida que los intereses crecen, porque en última instancia todo el mecanismo está vinculado a la necesidad igualmente creciente de dólares para la fuga, el ajuste se vuelve cada vez más pesado, ejerciendo una presión insoportable sobre el pueblo, cuyo descontento crece en relación directa al endeudamiento-ajuste-pauperización. Esta situación se ve morigerada por el crédito, alargando la duración del ciclo; es el mentado gradualismo: mientras entre plata todo se disimula. Hasta que el globo revienta.

El programa de Cambiemos se desenvuelve en la contradicción irremediable entre la necesidad del capital de destruir las condiciones de vida del conjunto mayoritario del pueblo argentino y la necesidad de sostener las condiciones políticas de su gobernabilidad.


Desde afuera cierran el grifo

“Mis deudas que no se paguen”
Gerardo Vallejo –miembro del grupo Cine por Liberación.

 

La suba de la tasa de interés de Estados Unidos y la elevada volatilidad de las acciones en Wall Street, sumadas a las medidas proteccionistas que analizamos más arriba, alteraron el mercado financiero internacional. El viento de cola que ha llenado de dólares a la economía argentina se va transformando en una suave brisa que podrá devenir en una calma chicha. De modo que la política macrista de endeudamiento serial se agotaría antes de tiempo, forzando la aplicación de un ajuste draconiano sobre el gasto público y el salario. De hecho, durante el mes de febrero el gobierno no pudo hacerse ni de un dólar en el mercado internacional.

De niveles de tasas de referencia de la Reserva Federal de casi cero por ciento, se pasó al 1,25% el año pasado, con proyecciones de suba del 2% para este año, y de 2,5 % para el 2019; para arribar a un 3% en 2020. Recordemos que el Tesoro yanqui al subir la tasa eleva el precio del dinero. De manera progresiva va cambiando su política de inyección brutal de dólares líquidos al mercado que bajo la forma de créditos baratos mantuvo un elevadísimo nivel de consumo interno que evitó la quiebra en cadena de las industrias y la banca. Pero, alertan los entendidos, tanto dólar impreso sin un crecimiento equivalente de la producción de bienes y servicios, ha convertido el viejo anhelado dólar en un cartón pintado. Para nuestro país recientemente hiperendeudado en la moneda estadounidense, el cambio de tasas aplicado en el norte significa un encarecimiento de la deuda ya contraída (por aumento de los intereses a pagar a treinta, cuarenta e incluso cien años), y encarece los nuevos préstamos que serán necesarios tomar para refinanciar los créditos, tal es el mecanismo del imperialismo que mantiene endeudado ad eternum a los países dependientes. El procedimiento en estos últimos años supuso dinero barato facilitado por tasas de interés muy bajas que alimentó una verdadera fiesta especulativa que ahora, cuando las tasas empiezan a subir, va a dejar un agujero en la cuenta corriente del país de dimensiones “delarruístas”. Tal es el carácter de la Nueva Alianza del macrismo y la UCR.

Por otro lado, el aumento de las tasas reduce la demanda de los inversores internacionales de bonos de deuda de países periféricos. Esto significa que los bonos argentinos tienen que rendir bastante más para seducir a financistas. Por eso los bonos argentinos de largo plazo han retrocedido en promedio un 10%, en dólares, en lo que va del año. El saldo es que el costo del endeudamiento argentino (indicador del riesgo país) subió cerca de un 20%, lo que arroja a la economía a un círculo vicioso de deterioro y empeoramiento del sector externo (LN 13/3).

Frente a esta situación, el único camino posible para el gobierno es profundizar el ajuste. Así lo explica el director del Banco Mundial para la Argentina, Paraguay y Uruguay, Jesko Henschtel, en la conferencia anual de la revista The Economist: “Si vemos las últimas décadas, la política fiscal de la Argentina es su talón de Aquiles (…) Hay que tener una política fiscal y un camino fiscal que baje el déficit y la necesidad de financiarlo” (LN 16/3).

El resultado fiscal de febrero arrojó un déficit primario (antes de computar el pago de intereses de la deuda) de 20.228 millones de pesos, un 24,4% por debajo del mismo mes de 2017, gracias a que los ingresos ($172.966 millones) subieron un 26,7%, mientras que el gasto público ($193.194 millones) creció un 18,4%. Con este resultado, en el primer bimestre del año el déficit primario fue de 16.299 millones de pesos, 29,6 % menor que en febrero de 2017, equivalente al 0,1% PBI.

Como ya señalamos más arriba, el problema se hace visible cuando a estos números se le suma el pago de los intereses de deuda y la balanza comercial negativa. El desequilibrio del sector externo, del año pasado, fue el más elevado desde 1998 y éste año apunta a ser mayor que el peor registrado en 1980 (LN 16/3). Según el Indec, el déficit de Cuenta Corriente es de cerca de 31.000 millones de dólares, equivalente a 4,8 por ciento del Producto Interno Bruto. Esta cifra que casi duplicó a la del año anterior es muy parecida al 4,85 por ciento de 1998, de acuerdo a información del Banco Mundial.

Según el economista del establishment, Carlos Melconian, ese desequilibrio es en realidad mayor, cercano, en rigor, al 6,5 por ciento del PIB, equivalente a unos 38.000 millones de dólares. De ser cierta esa estimación, estaríamos ante la peor serie desde 1976 (P12 25/3).

A este lúgubre escenario hay que sumarle las pésimas perspectivas para la cosecha de granos este año, fruto de la sequía que según algunas estimaciones rondaría en una merma cercana a los 3309 millones de dólares, aumentando la presión sobre las reservas del Banco Central. De modo que la recaudación fiscal se vería disminuida en 1174 millones de dólares, respecto de las estimaciones iniciales ante la baja de las retenciones y de los ingresos por el impuesto a las Ganancias (CR 23/3).

Presión sobre la divisa

Según algunas estimaciones los argentinos aumentaron la tenencia de sus activos en el exterior de 271.766 millones de dólares en el año 2015, a 334.839 millones en el año 2017, lo que implica que se giraron al exterior 63.073 millones más. El mecanismo de fuga y evasión constituye, sin duda, una fenomenal presión sobre el tipo de cambio: una vez liquidado “el cepo” (límites a la compra de dólares”) las corporaciones, los grandes terratenientes y los grupos económicos locales pasan sus utilidades o rentas a la divisa estadounidense y la colocan en oscuros fondos en el exterior, tanto por mecanismos legales o directamente ilegales ahorrándose de esta forma el tributar al Estado nacional (ver: goo.gl/orZkfc). Según el balance del Banco Central, aun durante el 2017, mientras se efectuaba el blanqueo impositivo más grande de la historia, la salida de dólares fue de 22.148 millones neto (CL 23/3).

Esta presión sobre la divisa obligó al BCRA a intervenir en el mercado vendiendo parte de sus reservas para frenar la tendencia alcista del dólar. Sólo este mes el Banco que dirige Sturzzenegger vendió 1.698 millones de dólares. Las reservas internacionales finalizaron en 60.889 millones de dólares, con una retroceso de 248 millones. Pero esta tendencia, lejos de moderarse tiende a acelerarse. En las últimas semanas vendió divisas a un promedio de 100 millones de dólares diarios. Pese a ello el tipo de cambio acumula desde enero un alza de 10% (P12 24/3). La cosa se agrava si se toma en consideración que desde febrero ni el estado nacional, ni el provincial, ni los privados lograron hacer una colocación de nueva deuda en el sector externo (P12 4/3). De manera que la mecha de la bomba del programa económico macrista se acorta.   

Recapitulando, cerrada la posibilidad de financiamiento externo, las condiciones de gobernabilidad para el gobierno actual se restringen día a día. Lo pulpos financieros que obtuvieron suculentas ganancias en la primera mitad del gobierno PRO-imperialista, vía la suba de precios de los bonos y por las comisiones cobradas en emisiones de deuda, ahora parecen no ver continuidad en el festín entreguista. La debilidad creciente del sector externo, los números fiscales que no los convencen y un escenario financiero internacional más complicado provocaron una “repentina prudencia”. La última gran prueba de amor de Wall Street hacia la Argentina fue a principios de año cuando absorbió 9.000 millones dólares de nuevos bonos de los 30 mil millones que el Gobierno proyectó lanzar al mercado financiero este año. Esos recursos contantes y sonantes resultan insuficientes para cubrir el bache cada vez más grande de las cuentas externas.

El ministro de “Deuda”, Luis Caputo, casi como un maestro de Aikido, transformó la negativa del mundo financiero en una bandera del “vivir con lo nuestro” y en una entrevista con el diario que fundó Bartolomé Mitre, sostuvo: “Estamos dependiendo cada vez menos del financiamiento externo. El Gobierno emitirá entre 8.000 y 10.000 millones de dólares en el mercado local para cerrar el programa financiero de este año”. Y asumiendo el fuerte castigo a los bonos soberanos argentinos en las últimas semanas, aclaraba que “el Gobierno no emitirá más bonos en el exterior, luego de los 9000 millones de dólares captados en enero” (LN 14/3). De ninguna manera esto significa, en primera instancia, que el gobierno dejará de endeudarse, solo que cambiará su fuente de financiación del exterior al sector interno. Sin embargo, el aumento del consabido riesgo país afectará, como es esperable, a la tasa de interés. La última emisión de Letes en dólares a un año había sido del 3,1% promedio, mientras que ahora debió validar una del 3,54% es decir, 44 puntos básicos mayores que la anterior.

Pero la restricción para conseguir dólares en el exterior no afecta solamente al gobierno nacional; las provincias y las grandes empresas también tienen cerrado ese grifo. Según el gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá, todos los territorios del país profundo están complicados: “Las provincias que firmaron el pacto fiscal hoy están casi todas en default y su provincia, que no lo firmó, también está al borde del default” (P12 4/3).

El destino al que nos conduce la política de sumisión al capital financiero es por todos conocido: acrecentar las bases de una crisis de insolvencia que obligue al Gobierno a declararse incapaz de responder por las deudas contraídas. Acto seguido el remate por “chaucha y palito” de los recursos estratégicos nacionales.

Camino al purgatorio. La Burguesía Nacional lucha por sobrevivir (“Hay que dejar de llorar”)

Las contradicciones entre el gobierno y la cúpula empresarial, particularmente del sector industrial, se mantuvieron contenidas durante estos 27 meses. El mes de marzo, las trabas manifiestas del programa económico y la necesidad anunciada de parte del Gobierno de profundizar las políticas afines a la oligarquía financiera (intentos de acuerdo con los centros imperiales) hicieron emerger las voces críticas al programa económico oficial. En la primera reunión de Junta Directiva del año, los popes de la UIA dejaron entrever su preocupación por “el crecimiento de las importaciones y la fuerte caída en el consumo”.

La respuesta no se hizo esperar. En una entrevista radial, el ministro de la Producción, Francisco Cabrera, respondió a las críticas expresadas en el seno de la Unión Industrial Argentina por el avance de las importaciones y la tremenda desventaja en que se encuentra el sector manufacturero local. “Hay que tener una agenda positiva y dejarse de llorar. Somos un gobierno de puertas abiertas para escuchar, y si hay que tomar una medida para mejorar la competitividad lo vamos a hacer; lo que no vamos a hacer es castigar a todo el pueblo argentino para enriquecer a empresas grandes. Si el sector textil dice que aumentaron las importaciones, saben que no es cierto; las importaciones son del orden del 9% del total del consumo en el sector, y es el mismo porcentaje de siempre. Además, saben que en lo que tiene que ver con indumentaria, que es el renglón que más duele cuando entra una camisa, una campera o un pantalón hecho en otro país, las importaciones están alrededor de los 600 millones de dólares por año, que es más o menos lo que tuvimos en 2017. Ahora bien, ¿ustedes saben cuánto sumaron las compras de indumentaria de los argentinos que fueron y se compraron la ropa afuera? 1.500 millones de dólares. Eso es imparable, no hay forma, hay que tener una agenda positiva en vez de quejarse y llorar. Porque no puede seguir pasando que la gente termine yendo a Chile o a Miami a comprar la ropa” (P12 4/3).

La respuesta a las fuertes declaraciones gubernamentales fue inmediata, aunque moderada, y provino del propio presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Miguel Acevedo: “Nos generó un poco de sorpresa, nos llamó la atención. Por ahí están un poco susceptibles. En líneas generales, estamos completamente de acuerdo con las medidas del Gobierno, que son a largo plazo, difíciles de tomar. Después también estamos en la línea de batalla para decir: esto lo estamos viendo mal, estamos viendo entrar productos que para nosotros son subsidiados. Eso no se puede tomar como una crítica, sino como algo que nos tenemos que sentar a dialogar. Nosotros tenemos un mercado doméstico en el que tenemos que ser más fuertes”, y apoyándose en la posición defensiva de los países imperialistas, pre-guerra económica, agregó: “Del otro lado están los Estados Unidos, Francia, Europa, el Reino Unido con el Brexit, que también están queriendo darles valor agregado a sus propios productos” (LN 5/3).

Al mismo tiempo, el vocal de la entidad empresaria, titular de la compañía Celulosa Argentina, José Urtubey, mostró toda su preocupación: “Este es un modelo de especulación. Ves el Banco Central, con unas tasas muy altas que llegan casi al 28% este año, pero que estuvieron al 38 con lo que el financiamiento es casi imposible. Por otro lado, se empieza a discontinuar las líneas específicas de financiamiento productivo, con lo cual es fácil deducir, y se lo hemos dicho al presidente del Banco Central que hay más aliento a la especulación que a la producción. Estamos dispuestos a competir, a abrirnos al mundo, pero recordemos en enero la conferencia de prensa de Mauricio Macri con el presidente francés, Emmanuel Macron, donde a raíz del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, Macri dijo ‘nos fue muy bien’ y Macrón dijo ‘vamos a proteger a nuestros productores y no vamos a firmar cualquier cosa, la Argentina quiere otros estándares de comportamiento y nosotros vamos a cuidar nuestro trabajo’. Se debería debatir cómo integrarnos al mundo y que nuestro presidente nos defienda como el francés hace con los suyo” (P12 6/3).

La crítica de un grupo local, con base en el interior del país, a las derivas financiero-especulativas del programa económico y el desfinanciamiento de la industria local es todo un signo de la ruptura de los eslabones más débiles de la gran burguesía en la Argentina.

Esto no obstó para que el Presidente no sólo se niegue a defenderlos, si no que vaya más allá en su línea encarcelándolos. Así aconteció este mes con la detención del dirigente de las empresas metalúrgicas y hombre fuerte de la UIA de la provincia de Buenos Aires, Juan Carlos Lascurain. Acusado de “hacer negocios”, y demostrado su apoyo a las listas del FPV, es un hecho histórico que un ex presidente de la UIA vaya literalmente preso. La gravedad de esta situación es difícil de disimularse. Nadie llega a un cargo como ese en la UIA sin contar con un acuerdo amplio dentro del mundo empresarial argentino. Su detención es mucho más que otra muestra del celo gubernativo contra la corrupción, es un mensaje a todos los empresarios. Un “apriete” como se dice normalmente en la calle.

La detención no ocurrió en cualquier momento, sino justo cuando se realizaba en Salta una reunión del B-20 (el grupo de negocios del G-20) y estaba reunida toda la cúpula de la Unión Industrial. Conocido el hecho, Miguel Acevedo declaró: “Es un balde agua fría, nos tomó por completa sorpresa. No tenemos aún idea de la causa. Es el presidente de la Asociación de Industriales Metalúrgicos, una de las cámaras más fuertes de la UIA” (LN 7/3). Adimra es la cámara que nuclea entre otros a Techint, su detención no puede desvincularse del clima general de confrontación producto de las negociaciones que mantiene el gobierno con la Unión Europea y las críticas realizadas por la UIA tras la primera reunión anual del Consejo directivo y que fue el catalizador de las posteriores críticas del ministro Francisco Cabrera a la entidad (Tiempo Argentino 6/3).

Sin embargo, vale aclarar que la extorsión oficial a la entidad aún no se realiza sobre un terreno de abierta confrontación. Por el contrario, los mensajes contradictorios e inconsistentes son la norma que ejemplifica la incapacidad de una industria subsidiaria del complejo agroindustrial y financiero para poder articular un proyecto que sea algo más que pedir prebendas al Estado. Así, su titular, el ya citado Acevedo, un día antes de la detención del industrial declaraba ante un programa de radio: “La verdad es que tenemos mucho diálogo con el Gobierno. Yo no me puedo quejar de eso porque siempre que quisimos tener una reunión la hemos tenido y tuvimos récord de ministros que nos han visitado. A la industria y a la producción en general le está yendo bien, pero hay algunos sectores que todavía no están creciendo y hay sectores que todavía no recuperaron la producción del 2014-2015. Creo que hay una decisión política de abrir la economía y en la UIA lo vemos bien, nadie tiene problemas con competir” (ver: mundoempresarial.com.ar). Y durante el foro del B-20, Acevedo insistió: “No quiero polemizar con el gobierno, pero las críticas, si tenemos que hacerlas las hacemos. No hay que escalar esto” (ver: Infobae.com 7/3). Es evidente que Acevedo no se rinde ante Macri, pero sí ante los poderes que se encuentran detrás de él. De hecho, los grupos nacionales están atravesados por lazos históricos que los unen, de manera subordinada, al imperialismo en una maraña tan inextricable como el nudo gordiano.

Su cipayismo tiene bases objetivas en cuanto son una fracción de capital que acumula en tanto socia menor del capital imperialista más concentrado. En el país, en última instancia solo existen dos intereses, dos proyectos antagónicos. El del capital financiero con base transnacional (el imperialismo) y el de los trabajadores. En el medio se encuentran todas las categorías de propietarios nacionales, desde los más concentrados a los más pequeños. Ninguno de estos tiene proyecto por fuera de su mezquina subsistencia. Mientras algunos buscan una alianza con estos poderes mundiales, otros sólo cuentan con la resistencia para perdurar (sólo posible si forjan una alianza con el movimiento obrero). Pero no hay salida para ninguno de ellos. Al final les llegará la hora de su defunción. Las fuerzas nacionales deben entender que lo que está en juego, por tanto, no es la supervivencia de un proyecto burgués para la Argentina –ya sepultado por la historia–, sino la de un proyecto emancipatorio que no puede ser otro que la superación de las estructuras capitalistas que nos atenazan al pasado y nos condenan a la disolución como estado soberano.



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