Revista Mensual | Número: Junio de 2018
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Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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Es tarde pa’ dormir, temprano para madrugar

Hacerme el verso aquel
Jesús se las tomó y dejo una cruz de identikit
Sacame el berretín de que Mandinga nos cagó
Maqueco Ruso
Haceme creer que no es verdad, que Hollywood se equivocó
Caravana de andar pidiendo la hora a fin
Mirame como estoy, los videogames me hicieron peor


Con cada vez más charcos por saltar, los yanquis se quedan cada vez con menos piernas

Es tarde pa’ dormir, temprano para madrugar

“Una vez descubierta
esta verdad sencilla,
o se sube a la calle
o se baja a la silla.
O se ama para siempre,
o ya se pierde todo.
Se deja de jugar,
se deja de mentir,
se aprende que matar
es ansias de vivir.”

Silvio Rodríguez

 


Un mes marcado por el aumento de la presión imperialista en cada vez más frentes de batalla pone de manifiesto la profunda verdad de aquella sentencia del Papa Francisco, cuando caracterizó la etapa actual como “una guerra mundial en cuotas”. “Cuotas” que no hacen más que incrementar de manera permanente su interés, como lo muestra la agudización de la lucha facciosa entre los grandes grupos económicos por no ser quien cargue con los costos. En este paisaje aparentemente desolador, también despunta el amanecer de los pueblos en la búsqueda incesante por construir nuestra propia historia, una en la que los capitales y su afán de lucro solo serán parte del pasado. El papel de Rusia, China, Irán y la República Popular Democrática de Corea (RPDC) es cada vez más importante porque se constituyen en cada una de las batallas –tanto políticas como militares– en eslabones centrales en la necesaria construcción de una dirección para ese 99% de la humanidad que está, objetivamente, enfrentado a los grupos económicos.

Hacerme el verso aquel

El 8 de mayo de 2018 el presidente de EEUU, Donald Trump, cumplía con la amenaza lanzada desde su campaña electoral, al retirar al país que gobierna del acuerdo nuclear alcanzado entre las seis principales potencias mundiales e Irán, que reguló el desarrollo que podría alcanzar el país persa en materia nuclear. Para dimensionar las implicancias del hecho es necesario remitirnos tanto a la historia del programa nuclear iraní como también a la situación geopolítica en la cual se selló el mentado acuerdo.

El primer reactor nuclear instalado en Irán es otorgado por EEUU en 1967, en plena monarquía del Sha, férreo aliado de Washington. La colaboración en materia nuclear se detuvo completamente en 1979 (LN 9/5), año en que se produce la Revolución Islámica, en la cual el pueblo iraní acabó con la monarquía pro imperialista, instalando un gobierno religioso y nacionalista, conducido por los ayatolá (figuras eclesiásticas de la etnia chií). Durante los años ochenta los esfuerzos centrales de la naciente revolución estuvieron vinculados a la supervivencia nacional, con la guerra impuesta por Irak y orquestada en la embajada de EEUU. Luego de ocho heroicos años de lucha, el país persa salía victorioso de la guerra, pero el panorama mundial pronto habría de convertirse en aún más sombrío para ellos. En 1991, apenas tres años después de finalizado el enfrentamiento, la correlación de fuerzas a escala mundial cambiaba dramáticamente, con la disolución de la Unión Soviética. De esa manera, incluso para pueblos como el iraní, que no veían en la URSS un espejo en el cual reflejarse, desaparecía el único “contrapeso” real al imperialismo yanqui. La caída de la URSS abre la época del llamado unipolarismo yanqui, el pensamiento único y el tan mentado –y desmentido– “fin de la historia”.

En este contexto, la primera mitad de los años noventa es testigo del impulso en el desarrollo de tecnología nuclear. Este se vio fortalecido a partir del año 2001, en el cual el cerco imperialista comenzó a tenderse sobre ellos con mayor fuerza a partir de la invasión y ocupación estadounidense a Afganistán, y posteriormente en el 2003 con la invasión y ocupación de Irak, ambos países limítrofes del país persa (LN 9/5).

La búsqueda por defender su soberanía impulsó al pueblo iraní y su gobierno revolucionario a construir miles de centrifugadoras capaces de enriquecer uranio y otros minerales fisionables, alcanzando en poco tiempo capacidades nucleares inimaginables para un país del Tercer Mundo. En el año 2003 comenzaron las amenazas imperialistas sobre una eventual invasión o ataque quirúrgico para eliminar la posibilidad de que este país continuara su desarrollo nuclear. Uno de los puntos de máxima tensión se vivió en 2010, cuando la Armada iraní le impidió el paso a una flota de EEUU que intentaba ingresar en el estrecho de Ormuz, patrullado por Irán. Pese al discurso belicoso y amenazante, al verse frente a frente con la flota persa, la flota yanqui finalmente retrocedió, sin iniciar ningún tipo de hostilidades. El hecho fue señalado por el Comandante Fidel Castro como “el fin del imperialismo”, es decir, la pérdida por parte de los grupos económicos de la capacidad de imponer las condiciones necesarias para su reproducción a diestra y siniestra.

En 2006 el gobierno comenzó negociaciones con las principales potencias nucleares (EEUU, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Rusia y China) para intentar garantizar el resguardo de su programa de energía nuclear y poder romper el cerco de sanciones económicas que tanto la UE como EEUU imponían al gobierno. En este sentido hay que entender que el proceso de negociaciones que culmina en septiembre de 2015 se produjo en el marco de una frágil situación política tanto para los gobiernos de Siria como de Irak, que se veían cercados ante un nuevo enemigo que surgía “de la nada” en el marco de la llamada primavera árabe: el Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL).

Aun con el EIIL controlando buena parte de los territorios de Siria e Irak, Washington no lograba el consenso necesario en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para llevar adelante un ataque como el realizado en Libia. La incapacidad yanqui que Fidel previera en 2010 comenzaba a tornarse más palpable. Presentado como un triunfo de las potencias imperialistas, el único cambio significativo del acuerdo firmado en septiembre de 2015 fue la desaparición de las causas “legítimas” para sancionar a Teherán y mantenerlo aislado en la arena internacional.

Contra toda la retórica desplegada por los grandes medios de comunicación, no era Irán quien retrocedía ni modificaba su postura, sino las potencias imperialistas, quienes tácitamente, estrechaban la mano a un gobierno nacido de una revolución contra ellos y que lleva la autodeterminación de los pueblos como bandera. De hecho, mientras Irán avanzaba en remover las “trabas” que le impedían jugar “de lleno” en la arena internacional, Rusia iniciaba la intervención directa en la lucha contra el EIIL y demás grupos terroristas que operaban en Siria, en el marco de la cooperación militar con el gobierno de Bashar Al Assad. Es decir, el acuerdo expresa ese cambio en la correlación de fuerzas que empezaría a volverse cada vez más nítido desde entonces.

Durante los dos años y medio desde que fue firmado, el organismo a cargo de supervisar el cumplimiento por parte de Irán de las condiciones impuestas por el pacto fue la AIEA (Agencia Internacional de Energía Atómica), dependiente de la ONU. Uno de sus principales funcionarios, Cornel Feruta, ha denunciado hasta el hartazgo la falsedad de las acusaciones de EEUU e Israel sobre el supuesto incumplimiento por parte de la nación persa de las cláusulas del mismo: “Irán está sujeto al régimen de verificación más sólido de la historia, los cuales probaron que honra sus compromisos relacionados con el JPCOA (acrónimo en inglés del Plan Integral de Acción Conjunta)” (AM 24/4). También la jefa de la diplomacia de la UE, Federica Mongherini defendió la continuidad del acuerdo (HTV 25/4).

En la misma línea han intervenido durante los últimos meses los mandatarios de Alemania y Francia, que incluso han viajado a EEUU en la primera semana de mayo para intentar impedir la salida yanqui del acuerdo (HTV 25/4). Es cierto que la parte francesa, como relatamos en el artículo del mes pasado, plantea que hay que sostener el acuerdo pero con reformas, en pos de contentar al gobierno de Trump. En este sentido, el encargado de cerrar filas ante cualquier posibilidad de modificar el tratado alcanzado en 2015 fue Rusia: el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, declaró que “defendemos la conservación del JCPOA en su redacción actual. Creemos que por ahora no tiene ninguna alternativa” y cuestionó puntualmente al propio presidente francés, Emmanuel Macron, al recordarle que el mismo fue alcanzado por el esfuerzo de los 7 países y nadie puede arrogarse la potestad de cambiarlo unilateralmente (HTV 25/4).

A fines de abril, “el gran diario argentino” –que difícilmente pueda tildarse de pro iraní– reconocía que una eventual salida de EEUU del acuerdo nuclear y la imposición de nuevas sanciones económicas a Irán no implicarían demasiado daño para el país, gracias a la relativa autonomía alcanzada en lo relativo a inversiones y recursos. Con ello, anticipaba que una salida yanqui del pacto no resultaría efectiva para detener las aspiraciones persas (CL 27/4).

Pese a los intentos internacionales por impedir su salida, el día 8 de mayo Trump anunciaba la decisión de pegar el portazo, advirtiendo que impondría nuevas sanciones económicas “del más alto nivel” a Teherán (LN 9/5). El único país que apoyó incondicionalmente este accionar fue el estado sionista de Israel, cuyo primer ministro Benjamin Netanyahu tildaba de “valiente” la decisión de Washington (DW 8/5). Cabe preguntarse qué será la “valentía” para un jefe de gobierno que ordena enfrentar con pertrechamiento militar a manifestantes desarmados y bombardea escuelas y hogares palestinos como si fuesen blancos militares…

El Secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, desnudaba el deseo –no puede llamarse otra manera– con el cual su país insistía por el camino de las sanciones. Según Pompeo, a través de “una presión financiera sin precedente sobre el régimen iraní”, el gobierno de Teherán “se verá obligado a tomar una decisión: pelear para mantener su economía a flote en el país o seguir desperdiciando preciosas riquezas en las peleas en el extranjero. No tendrá los recursos para hacer ambas cosas” (LN 22/5). Es decir, por algún motivo que se esconde para el razonamiento humano promedio, el mismo país que alcanzó el desarrollo de la energía nuclear y un alto grado de soberanía económica, enfrentando un bloqueo económico por parte de las principales potencias imperialistas, va a abandonar dicho desarrollo por la “presión” de sanciones aplicadas por un solo país.

Como señalamos mes tras mes desde estas páginas, el verdadero contenido de este nuevo “portazo” yanqui a los acuerdos internacionales no es otro que el quiebre de todo el entramado político, jurídico e ideológico que el capital más concentrado a escala planetaria supo forjar para garantía de su propia reproducción como clase dominante. En ese sentido, tiene bastante poco de “elección”, pese a los ríos de tinta que se han derramado analizando las posibles sendas a seguir. ¿Qué quiere decir esto? Que la desaparición de las bases materiales para reproducir capital –que hemos analizado en nuestro artículo anterior– determina la imposibilidad para la gran burguesía de continuar “ordenando” el mundo que ella misma se ha forjado a su imagen y semejanza. No es que “voluntariamente” los grupos económicos que controlan el gobierno yanqui deciden abandonar su papel como rectores del orden mundial: no pueden ya sostenerlo, por la sencilla razón de que aquél es expresión de unas bases materiales que ya no existen. La superestructura es una casa a la que le han estallado lo cimientos y se desmorona. Pero su dueño, incapacitado para resolver el problema que se desenvuelve ante sus ojos, trata de convencernos que está tirando abajo algunas paredes para hacer reformas. De hecho, mientras se desploman uno a uno sus muros, puede verse ya algunos vecinos que empiezan a ocupar parte del viejo edificio, poniendo los cimientos de otra vivienda.

Tal como nos tiene acostumbrados, la media derrota yanqui –su imposibilidad de arrastrar tras de sí a los países de la UE– se convertiría en derrota completa. El presidente de Irán, Hassan Rohani, el mismo día en que Trump comunicaba su decisión, lejos de amedrentarse planteaba que “de ahora en adelante, el acuerdo es entre Irán y cinco países” (HTV 5/8), dejando en claro que la salida tiene como principal efecto el aislamiento de EEUU. Estas palabras fueron acompañadas por una gira de su canciller, Zarif, para visitar a los miembros del acuerdo para refrendarlo. La gira comenzó el 12 de mayo y obtuvo sendos apoyos en las reuniones con sus pares de los países firmantes en los tres destinos de la gira: Pekin, Moscú y Bruselas, sede de la UE, (LN 13/5). El presidente de la comisión europea, Jean Claude Juncker, no escatimó en palabras para referir lo hondo de la crisis desatada: “no es una buena decisión (...). Se arriesga a crear más problemas que a allanar las dificultades que existen en esa región complicada del mundo”. Además, el presidente se ha lamentado que EEUU esté ignorando las relaciones multilaterales y las cooperaciones amistosas “con una ferocidad que solo puede sorprendernos”, asegurando que el país norteamericano ya no quiere cooperar con otras partes del mundo. Asimismo, en otra parte de sus comentarios, el político luxemburgués ha dejado en claro que “en este punto, tenemos que reemplazar a Estados Unidos, que como actor internacional ha perdido vigor, y debido a ello, (perderá) a largo plazo su influencia” (HTV 9/5).

Estas palabras muestran que el quiebre ocasionado por la salida del JPCOA es solo otro capítulo de una crisis más amplia, es impensable que la defensa de un acuerdo con un país anti imperialista se convierta en responsable de la fractura en ciernes de la alianza armada para la lucha contra el comunismo hace casi 70 años. Es evidente que la crisis está en el centro de estos antiguos aliados, por lo que la concentración de sus capitales evidencian que la competencia entre estos ha alcanzado puntos de inflexión en la que no solo se enfrentan a sus enemigos, sino que la lucha se ha trasladado a su propio centro y es también entre ellos.

Jesús se las tomó y dejo una cruz de identikit

En este escenario, conviene echar un vistazo al comportamiento de los dos principales aliados yanquis en la región de Medio Oriente: Israel y Arabia Saudita. De hecho, uno de los acontecimientos del mes sin duda lo constituyó la consumación por parte de Washington del anunciado traslado de su embajada, de Tel Aviv a la ciudad de Al Quds (Jerusalén), el 13 de mayo, reconociendo con este acto a dicha ciudad como capital única del estado de Israel, y dinamitando con ello –y van…– el consenso internacional sobre la salida de los dos Estados, en base a las fronteras previas a 1948 y con la ciudad de Al Quds-Jerusalen como capital de ambas naciones. En los hechos, este reconocimiento implica un apuntalamiento por parte de EEUU a las políticas expansionistas sionistas, que desde su fundación ha anexado territorios árabes sin cesar.

Este proyecto expansionista conocido como “plan Yinon” relata la existencia de un Estado de Israel que abarque desde el rio Nilo, en el norte de África, actualmente bajo jurisdicción egipcia, hasta el Río Éufrates, pertenecientes a Siria e Irak. Los especialistas en la materia también le adjudican al plan el desmembramiento de Irak en tres países distintos, controlados por las etnias islámicas kurdas, suníes y chiíes, debilitando así a los potenciales rivales (HTV 10/5). Este proyecto en los últimos años se fue debilitando por la lucha que vienen dando los pueblos árabes, despojándose poco a poco incluso de las contradicciones entre suníes y chiíes.

La inauguración de la embajada yanqui en la ciudad que simboliza el conflicto palestino-israelí no pasaría desapercibida. Israel se preparaba para el evento invitando oficialmente a comitivas de 85 países, de las cuales apenas 30 se tomaron la molestia de responder a la invitación (CD 13/5). En la larga lista de ausencias destacan la de las principales potencias europeas (Alemania, Francia, Italia y España). Este (nuevo) distanciamiento por parte de los países europeos de la política exterior yanqui obedece al mismo contenido que hemos analizado al referirnos al pacto nuclear iraní.

Claro que tamaño aislamiento político no puede más que exacerbar la violencia. En ese sentido debe leerse la escalada represiva en la frontera, con un saldo de al menos 130 palestinos muertos y 5 mil heridos, “culpables” de resistirse a entregar los últimos jirones de su patria a manos del invasor sionista (AM y P12 15/5).

La respuesta militar del régimen israelí a las movilizaciones de civiles desarmados fue condenada tanto por la asamblea de la ONU, como por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) quien ha denunciado que las fuerzas de guerra del régimen de Israel matan de “manera indiscriminada” a cualquier palestino que se manifiesta en la frontera de la asediada Franja de Gaza y demás territorios ocupados. “Parece que cualquiera puede ser tiroteado o herido; mujeres, niños, reporteros, personal de primeros auxilios, si se acercan a más de 700 metros de la valla. Dispararon a un amputado doble, ¿que amenaza supone un amputado? (…) Queda bastante claro que se está matando de forma indiscriminada” (HTV 15/5).

Pese a la denuncia, el gobierno sionista prosiguió con su posición, de hecho el fiscal general del estado aprobó el uso de municiones de guerra para reprimir las protestas (XH 30/4), y por su parte, el ministro de Defensa israelí, Avigdor Lieberman, declaró que en Gaza “no hay gente inocente” y que “todo el mundo está afiliado a Hamás” (CL 8/4), dejando en claro que están en guerra contra todo el pueblo palestino.

La presión ejercida mediante represión por parte del gobierno sionista, tal y como venimos analizando, solo sirvió para aislar aún más a EEUU, único país que no ha condenado al menos con tibieza la carnicería sionista. De hecho, el secretario general de la Organización para la Liberación de Palestina (partido que gobierna en la región de Cisjordania), Saeb Erekat, aseguró que los palestinos no participarán en ningún acuerdo de paz presentado por el presidente estadounidense, Donald Trump (XH 5/1), desconociendo su autoridad para mediar en el conflicto entre Israel y Palestina.

Si en algo podía apreciarse la hegemonía estadounidense era, precisamente, en su rol de “árbitro mundial”. Dicha posición daba cuenta justamente de la capacidad de presentar su interés como el interés de la humanidad. Claro que dicha posición era también resultado del uso de la fuerza, pero no es posible sólo en base a la misma. La dominación supone, como condición de posibilidad, la capacidad de garantizar a los sectores subordinados su existencia. Cuando los grupos económicos están en guerra por su propia supervivencia, dicha tarea se vuelve imposible. Entonces, el halo de interés general con que dichos grupos habían logrado arropar su necesidad, se esfuma como un espejismo. La dominación se torna, para los miles de millones de desposeídos, visible e inexplicable. Y lo que era hasta no hace tanto “un secreto a voces” –que EEUU nunca fue ‘imparcial’, ni en el conflicto palestino-israelí ni en ningún otro– se denuncia a viva voz.

Sacame el berretín de que Mandinga nos cagó

El aumento de la represión por parte del estado de Israel es acompañado por un recrudecimiento de las acciones militares en Siria. Tan solo unas semanas después del fallido ataque de EEUU en Siria, los sionistas realizaron un segundo ataque utilizando 28 aviones que invadiendo el espacio aéreo de El Líbano lanzaron 60 misiles contra bases militares sirias.

Los objetivos elegidos no fueron al azar sino que el fuego se centró en las bases con presencia militar iraní, que está en Siria apoyando a este país en su lucha contra el EIIL y el Frente Al Nusra. Aunque las autoridades sirias e iraníes no acusaron víctimas, según el Ministerio de defensa israelí el saldo del ataque fue de 15 muertos, entre ellos 8 iraníes (CD 9/5).

La versión israelí retrata un ataque exitoso a diferencia de lo sucedido en abril por las fuerzas de EEUU, Gran Bretaña y Francia, sin embargo según el Ministerio de Defensa ruso, las baterías anti aéreas sirias derribaron la mitad de los misiles, mientras quede la mitad que llegó a destino solo algunos tuvieron objetivos militares, ya que varios misiles impactaron en zonas urbanas (CD 10/5). El elemento que se repite respecto al ataque estadounidense del mes pasado es el fracaso, ya que pese a poseer una infraestructura militar de las más avanzadas del mundo, las armas son solo herramientas, por lo cual su destreza está sujeta a la capacidad de quien la empuña. En otras palabras: el derrumbe imperialista también tiene su correlato en el accionar militar, ya que este es sólo una forma de hacer política.

El segundo elemento distintivo es que a Israel se le ha acabado la impunidad, esta vez, las fuerzas iraníes apostadas en las cercanías de los altos del Golán han respondido realizando un ataque con cohetes y misiles sobre posiciones militares israelíes. El propio gobierno israelí se hizo eco de la respuesta, emitiendo un comunicado que reza que “el ataque de anoche fue uno de los más graves de la Fuerza Al Quds de la Guardia Revolucionaria contra la soberanía israelí, fue ordenado y comandado por el general Suleimaní y no logró sus objetivos”, y añade que “continuamos teniendo alerta alta en el norte. Israel no permitirá la presencia iraní en el Golán ni en Siria. No buscamos una escalada, sino lo contrario” (CD 10/5). Con estas palabras el intento de denuncia sobre la actitud iraní termina justificándola ya que plantea que el accionar de las fuerzas persas está vinculado a que el estado sionista no puede aceptar la pérdida de su hegemonía ante las fuerzas que encabeza Irán.

El teatro de operaciones sirio es la clara muestra de esta situación. Recordemos que a partir de la recuperación de la ciudad de Aleppo hace más de un año y medio, el avance de las fuerzas sirias y sus aliados no se ha detenido. Las últimas ofensivas lanzadas en marzo para recuperar la zona oeste y sur de la provincia de Damasco, al igual que la iniciada en la provincia central de Homs concluyeron durante el mes de mayo con el saldo de la recuperación total de dichas regiones, liberando así las principales zonas del centro del país y dejando tropas disponibles para iniciar nuevas ofensivas en las zonas que aún continúan bajo dominio de las agrupaciones vinculadas a los intereses de EEUU, Israel y Arabia Saudita, es decir, el EIIL y el Frente Al Nusra (AM 25/4).

Al día de hoy, estas agrupaciones quedaron concentradas en cuatro posiciones dispersas en todo el país. La primera de ellas está en el sur, en la región lindante con los Altos del Golán, bajo ocupación israelí; la segunda en el desierto de Manjib, alrededor de la principal base militar yanqui (demás está decir que la misma está de forma ilegal); la tercera se encuentra en el desierto de la provincia de Deir Ezzor, región donde se encuentran campos petrolíferos, y otra base ilegal estadounidense; por último, la cuarta posición es la que se encuentra en la provincia de Idlib, en el norte del país, en la frontera con Turquía, única en manos del Frente Al Nusra, mientras que todas las demás se encuentran en manos del EIIL.

La ubicación geográfica de estas agrupaciones está estrechamente vinculada a la presencia de sus patrocinadores, ya que en las zonas que ocupan, principalmente las desérticas, carecen de líneas de abastecimiento propias. Sin ayuda externa es impensable que se puedan sostener estas fuerzas en estas zonas durante años.

Por otro lado, el segundo análisis que se desprende de esta situación es que la radicalización que observamos tanto por parte de EEUU como de Israel se debe al derrumbe de sus intereses en el globo, que se expresa con fuerza en la región de Medio Oriente. Ese derrumbe los obliga a no aceptar la derrota sino a redoblar sus esfuerzos, ya que sus posibilidades de existencia dependen de eso. Claro que ante cada traspié sus golpes se vuelven más brutales a la vez que menos precisos y estos quedan reducidos únicamente al uso de la fuerza militar.

Para finalizar este análisis hay que tener en cuenta que la brutalidad de la que hablamos es ejercida por potencias con grandes arsenales nucleares. En el caso de Israel, aunque nunca lo ha declarado públicamente, se calcula que posee más de 100 ojivas nucleares, por lo que la peligrosidad que implica su radicalización incluye la posibilidad de la extinción de la vida en la Tierra. El derrumbe de estas fuerzas por sí mismo no garantiza la constitución de otra, capaz de resolver las contradicciones de milenios, que el capitalismo no ha hecho más que exacerbar. Por eso resulta crucial analizar el desarrollo del eje China-Rusia-Irán, en tanto permite seguir cómo se van constituyendo en la lucha esas fuerzas que se plantean superar el caos actual, no cambiando una forma de dominación por otra –algo que como hemos analizado resulta imposible materialmente– sino reemplazando la lógica de la competencia y el lucro privado por la cooperación consciente y planificada en pos del bien común.

La inevitable victoria siria en su lucha contra la intervención imperialista ha dejado de ser el único dolor de cabeza para los grupos económicos en la región de Medio Oriente. Como hemos visto, el accionar yanqui-israelí no hace más que profundizar la solidaridad internacional con Palestina y el respaldo al papel de Irán en la región. Por si esto pareciera poco, hay que sumarles la situación tanto en Yemen como en El Líbano.

En el caso de Yemen el mes pasado analizábamos a partir de las victorias militares de la etnia huti en su lucha contra la invasión árabe el redoble del esfuerzo para intentar controlar la totalidad del territorio, hoy en manos de la fuerza política llamada Ansarolá. La radicalización saudí para intentar cambiar el rumbo de la lucha, ha llevado a una nueva fractura en el bloque, ya que, como relata el diario alemán Deutche Welle el 25 de abril “la UE están insatisfechos con el gobierno de Yemen respaldado por Arabia Saudita y, por lo tanto, recelosos de proporcionar asistencia financiera a un régimen que ha demostrado ser 'ineficiente' (...) la UE podrían considerar que Arabia Saudí y los Emiratos Árabes son países lo suficientemente ricos como para ofrecer ayuda humanitaria e implicarse en el conflicto yemení sin necesidad de terceros. Según Reuters, Francia vendió 2.000 millones de euros en armamento a Arabia Saudí en 2015 según el Departamento de Estadísticas de Comercio Exterior del Reino Unido y Alemania directamente dejó de exportar armas a los países involucrados en el conflicto yemení”.

La guerra impuesta a Yemen, también refleja el quiebre al interior de las fuerzas imperialistas al que nos hemos referido a lo largo de todo el artículo. Las posiciones europeas –una vez más– son bastante elocuentes para definir que realmente poco les importa la crítica situación de la población yemení, pero están preocupados por tener que sostener financieramente los ataques, es decir, que la fractura no se debe a cuestiones humanitarias, ni tampoco a que están en contra de la invasión, sino que están en desacuerdo de financiar una invasión orquestada bajo las necesidades de otros.

El otro frente que mencionábamos que se ha vuelto un dolor de cabeza en Medio Oriente es el de El Líbano ya que este pequeño país que comparte frontera con Israel en el sur tuvo elecciones parlamentarias en mayo, en las que se reafirmó la supremacía de Hezbolá y sus aliados en el parlamento, que ahora tienen mayoría, relegando a una minoría tanto a las fuerzas católicas pro israelíes como a la agrupación suní que tiene a Hariri como mandatario de la nación (AM 7/5).

Estas elecciones resultaron cruciales ya que las fuerzas chiíes y sus aliados del partido AMAL (aliado parlamentario de Hezbolá) vienen demostrando en los últimos meses la capacidad de Hezbolá para resolver contradicciones históricas internas. En este sentido, cabe destacar la estrategia desarrollada hace algunos meses, cuando estando de viaje por Arabia Saudita, el presidente Hariri –que había sido impuesto por Riad– presentó su renuncia al cargo, acusando a Hezbolá de defender intereses ajenos a los libaneses. Recordemos que, entonces, Hezbolá denunció la maniobra como una jugada saudí, acusando a Riad de retener contra su voluntad al mandatario libanés y forzando así el retorno del mismo. Con ello, Hezbolá evitó un recrudecimiento de las contradicciones internas –entre aquellos que sostienen a Hariri y quienes no–, fortaleciendo la unidad nacional contra el interés imperialista. Sin haber resuelto las contradicciones con la población suní, aprovechar la renuncia de Hariri para reemplazarlo por un hombre propio sólo hubiese ahondado la lucha facciosa, caldo de cultivo ideal para que las fuerzas imperialistas puedan operar en el territorio con aliados internos, como es el caso del EI en Siria e Irak.

Maqueco Ruso

La radicalización imperialista exacerba, como vemos, el uso de la fuerza como única vía para intentar sostener el descascarado dominio. Claro que no es sólo la escalada bélica la que expresa esto, sino que también asistimos –como hemos analizado en nuestro primer artículo– al recrudecimiento de la guerra de sanciones económicas, en un intento infructuoso por detener el avance de países como Rusia, China, Irán y RPDC, con miras a asfixiar sus economías para poder doblegarlas. Desde el mes pasado venimos analizando la guerra económica impuesta a China; y este mes analizamos que la salida del JPCOA por parte de EEUU fue acompañado por un paquete de sanciones económicas con la misma intención. Esta preparación con paquetes de sanciones económicas también veremos que se repite en su contenido contra Rusia y Corea del Norte.

En el caso ruso, hace años que EEUU viene imponiendo sanciones económicas centradas en deteriorar su sector gasífero, intentando impedir incluso la construcción de gasoductos para abastecer a Europa, y garantizar ser ellos quienes puedan abastecer de gas al viejo continente; y el segundo sector que se intenta mellar es la industria militar, intentando impedir que puedan exportar material bélico, tal y como vemos que sucede con la venta de los sistemas de baterías anti aéreas que intentan comprar tanto la India como Turquía, países que son amenazados con dejar de recibir ayuda si compran tecnología rusa.

En el mes de mayo se impusieron nuevas sanciones a Rusia. Esta vez, el Ministerio de Exteriores de Rusia emitió un comunicado en que se detalla que “las nuevas sanciones anti rusas debido al fracaso sufrido en el ataque a Siria” y añade que “las aspiraciones de EEUU por mantener la dominación del mundo por cualquier medio le empujan a dar pasos irracionales, y a veces peligrosos” (RT 10/5).

El papel de Rusia en el conflicto sirio no hay que dejarlo pasar por alto ya que hasta su intervención directa en el año 2015 las fuerzas patrocinadas por EEUU mantenían acorralado al gobierno sirio de Al Assad. Su participación no se limitó a asesorías técnicas y apoyo aéreo ya que como venimos analizando el aspecto militar sólo es una forma de hacer política, y si restringimos su participación a este aspecto no es comprensible tal vuelco en la pelea. Noventa años de revolución obrera evidentemente dejaron una experiencia de lucha en la clase trabajadora que se plasma en una política exterior capaz de estimular la pelea en las masas y un arsenal militar acorde a las necesidades de los pueblos que intentan sacarse de encima al imperialismo.

Los ataques aéreos del mes de abril por parte de EEUU, Gran Bretaña y Francia, y el más reciente de Israel de principios de mayo fracasaron rotundamente por los esfuerzos de los pueblos árabes, empuñando armas rusas. Esto no solo eleva la radicalización imperialista contra los pueblos árabes sino también contra todo el campo anti imperialista.

La UE no quedó impávida ante las nuevas sanciones, y al igual que con los sucesos contra Irán su posición fue clara. Ángela Merkel, en una conferencia de prensa conjunta con su par francés Emmanuel Macron, declaraba que “la época en la que podíamos contar con Estados Unidos ha pasado”, agregando que Washington no es capaz de defender al Viejo Continente de los conflictos mundiales, algunos de los cuales, ha dicho, tienen lugar “a las puertas” de Europa. De acuerdo con la canciller germana, el desafío que tiene actualmente Europa es “tomar su destino en sus manos” (HTV 10/5).

Lejos de mostrarse sorprendido con las declaraciones de Merkel, el presidente francés dio un paso práctico en esa dirección, invitando a una reunión a celebrarse en el mes de junio a los ministros de defensa de 10 países europeos para discutir la creación de una fuerza militar continental, de hasta 100.000 soldados (HTV 13/5).

Una vez más queda claro que en cada paso que dan las potencias imperialistas su fractura es un poco más honda. Europa se desmarca de la OTAN no porque no tenga necesidad de ir contra Rusia, sino porque intenta hacerlo de manera tal de que primen sus intereses y no los yanquis.

Haceme creer que no es verdad, que Hollywood se equivocó

En medio de esta presión mundial, la República Popular Democrática de Corea no se detiene en su camino a la paz, y de forma unilateral en el mes de mayo ha desmontado los alto parlantes ubicados en la frontera con el sur, que eran utilizados para la inhibir la propaganda que era emitida desde el sur de la frontera (XH 30/4). A su vez, y como medida más importante ha desmantelado el polígono de pruebas de bombas nucleares en presencia de la prensa internacional (RT 24/5) y se ha anunciado la inminente desactivación del arsenal nuclear.

También en el sur se está acompañando este proceso, si bien históricamente la población de Corea del Sur apoyó un proceso de paz, en el mes de mayo se publicó un estudio en que se desprende que el 65% de los surcoreanos confían en el compromiso de Kim Jong-un con la desnuclearización (RT 2/5), hecho que muestra las crecientes condiciones para la paz que impone el norte con las medidas que está adoptando; es decir, con la desnuclearización que está encarando se están creando fuerzas suficientes para inhibir el arsenal de sus enemigos.

Pero, como relatamos, el problema del imperialismo radica en su conducta; esto es, en la propiedad que encarnan y defienden, y dado el grado de concentración y centralización alcanzado, los grupos económicos están sin margen para maniobrar de forma que respete soberanía alguna que atente a sus intereses corporativos.

En simultáneo, mientras el pueblo coreano realiza un gran esfuerzo por la paz, EEUU continúa radicalizando su posición contra Pyongyang, pese a haberse pactado una reunión entre Trump y el líder de la RPDC, negándose a retirar sus tropas de la frontera coreana. Hay que tener en cuenta que las fuerzas estadounidenses de corea (USFK) tienen 28.000 soldados en la frontera (CL 2/5), constituyéndose como fuerza de ocupación de esta manera, ya que toda esa tropa está distribuida en solo unos cientos de kilómetros.

Dando cuenta de esto, el mismo día que RPDC destruía sus polígonos de prueba, el presidente Trump ponía en duda su participación en la cumbre con el líder norcoreano. Claro que esta maniobra no parece desconcertar a la conducción comunista norcoreana, ya que su vice canciller, Kim Kye Gwan, declaraba que “no estamos interesados en una negociación que tenga que ver con arrinconarnos y con hacer una demanda unilateral para que entreguemos nuestras armas nucleares, lo que nos obligaría a reconsiderar si aceptamos la cumbre entre Corea del Norte y Estados Unidos” (LN 17/5). En criollo: no vamos a la mesa de negociación porque no estemos dispuestos a pelear, sino más bien porque asumimos la necesidad histórica de superar la pre historia y nos sabemos obligados a la victoria.

Mostrando clara conciencia del papel yanqui en la región –y en el resto del globo–, durante la cumbre celebrada a fines de abril entre los líderes de las dos partes de Corea, dejaron de manifiesto que el papel de EEUU ha dejado de ser central, y su lugar se limita a “ensuciar la cancha”. Esto empujó a que, luego de titubear unos días respecto a juntarse o no con Kim, el gobierno de Trump terminara desdiciéndose (una vez más…) y aceptando hacer la reunión.

La frutilla del postre de este mes, en el cierre del conflicto coreano, la dieron nuevamente los mandatarios de Seúl y Pyongyang, quienes volvieron a reunirse en la frontera para precisar la agenda del proceso de paz. Si bien aún no trascendió el contenido de la reunión, lo que va quedando claro es que para EEUU no hay ni cuchara para probar de ese postre, y sus fuerzas de ocupación con sus 2 portaaviones apostados en la región solo les va a servir como palco para tener una vista privilegiada y poder observar como los pueblos construyen una historia en la que ellos son parte del pasado.

Caravana de andar pidiendo la hora a fin

Decíamos más arriba que la fractura que recorre y sacude el entramado político, jurídico e ideológico con que la burguesía se forjó un mundo a su imagen y semejanza ha alcanzado el centro mismo de dicho andamiaje. Veamos entonces cómo se manifestaba al interior de esas potencias imperialistas –que tan impotentes se ven en la escena internacional– el temblor de esta fractura.

Este mes se produjo un nuevo cambio en el gabinete de gobierno de Trump. La nominación de Gina Haspel para encabezar la CIA profundiza la línea militarista en el gabinete. Recordemos que ya el mes pasado enumerábamos el prontuario de la nominada a dirigir el cargo. Haspel está acusada formalmente de haber supervisado personalmente torturas durante el año 2002 bajo el amparo del por aquel entonces presidente Bush. La ONG estadounidense National Security Archive reveló la información y se fundamentó en documentos desclasificados por el Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad de George Washington. Las revelaciones dan cuenta de que por lo menos Haspel lideró tres sesiones de prácticas de “submarino” y luego destruyó los vídeos que podrían servir de evidencia (HTV 20/4).

Si bien en un primer momento ella anunció que retiraría su candidatura para evitar que se termine de desatar un proceso judicial en su contra (CD 6/5), finalmente decidió sostener su postulación por el firme apoyo recibido por parte del presidente Trump. Así, el Comité de Inteligencia del Senado estadounidense aprobó su nominación como directora de la Agencia Central de Inteligencia y pasó el caso al Plenario de la Cámara de Representantes para que efectivice su nombramiento (CD 15/5).

La preparación para semejante empresa, en la que EEUU va camino a chocarse de frente no solo contra todo el campo anti imperialista sino también contra sus propios aliados, encuentra su origen en su propio centro. Hace meses que analizamos el abroquelamiento de la política yanqui, que se va traduciendo en cambios de su gabinete, y el ascenso de Haspel es otro paso en esa dirección, en la preparación para que la política de EEUU se desarrolle cada vez más en soledad y con el uso de la violencia como único mecanismo para intentar garantizar la reproducción de sus intereses.

Mirame como estoy, los videogames me hicieron peor

En todas las potencias imperialistas esta agudización de la crisis no pasa inadvertida por sus pueblos, ya que también son víctimas de este accionar, tanto en EEUU como en Europa. En el caso de Estados Unidos hace tiempo venimos analizando cómo el recrudecimiento de la violencia interna de a poco va coloreándose como una guerra civil. Recordemos que el mes pasado analizamos que en los últimos cinco años 200.000 personas han muerto por heridas causadas por balas (Análisis de Coyuntura, mayo de 2018).

Este mes, la rápida marcha en la que se descompone la sociedad estadounidense dio otra muestra de situación, a través de la publicación de una serie de datos sobre el uso de psicofármacos en la población infantil. De 2003 a 2011 se pasó de un 12% a un 43% de niños y adolescentes diagnosticados con TDAH (Trastorno por déficit de atención con hiperactividad). Las medicaciones recetadas para tratar el “trastorno” generaron una facturación para los laboratorios entre 2002 y 2012 de 9 mil millones de dólares. El estudio estuvo enfocado en jóvenes inscriptos en el plan de salud implantado por Obama para la cobertura a sectores de la población más precarizada de la sociedad. De esta población, el 20% fue diagnosticado con TDAH en promedio, pero en la franja de niños y jóvenes que viven en hogares, es decir, la parte más vulnerable de la sociedad, este diagnóstico llegó al 60% de los jóvenes (TE 11/5).

En términos generales, el estudio demuestra que a la juventud en general se la somete a las drogas ante un diagnóstico creciente vinculado a la incapacidad de encontrar respuestas a los males de su vida. Cuando desglosamos el estudio por sectores sociales vemos que a medida que se trata de personas más pobres el uso de la droga es aún mayor. Este aumento indiscriminado del uso de drogas para contener a la juventud hay que vincularlo a las condiciones de vida de esta parte de la población, ya que son los que han nacido después del (auto) atentado a las Torres Gemelas, hecho al que precede un sinfín de invasiones a países extranjeros, que siempre terminaron en caos y ahora se avizora que terminen en derrota. Es decir, los jóvenes de EEUU nacieron sin haber sido parte nunca del llamado sueño americano, esta juventud no tiene la experiencia de que solos pueden resolver los problemas de su vida, ni condiciones para que eso suceda.

A este polvorín hay que agregarle que los jóvenes tampoco tienen experiencia de lucha y organización para resolverlo, hecho que ayuda a explicar que la crisis que atraviesan explota en las escuelas con tiroteos entre los mismos estudiantes. El 20 de mayo se produjo un tiroteo en Georgia con el saldo de un muerto y dos heridos y el 21 de mayo en la ciudad de Texas se produjo el tiroteo número 22 del año en escuelas, éste con un saldo de 10 muertos y 17 heridos (LN 20/5).

Una vez más, el desarrollo de los acontecimientos confirma las conclusiones de los dirigentes revolucionarios de la clase obrera. Fue nada menos que Lenin quien, al desentrañar los rasgos centrales del imperialismo como fase final del capitalismo, señaló la descomposición como una de las marcas identitarias del mismo. Descomposición que nace del propio desarrollo de la lógica intrínseca del capital, es decir, que es inherente a él y, por tanto, no puede superarse en los límites estrechos de la propiedad privada de los medios de producción y de cambio. Descomposición que expresa en cada uno de los aspectos de la vida cómo esas relaciones, que en determinado momento histórico removieron las trabas pretéritas, empujando hacia adelante las fuerzas productivas, hoy se han convertido en un lastre que impide el desarrollo de las potencias humanas. Descomposición, en fin, que muestra a las claras que el tiempo de la burguesía ha muerto y que si no enterramos pronto ese cadáver putrefacto, corremos el riesgo de morir con él.

El Viejo Continente también se ocupaba de aportar lo suyo en este asunto. Como venimos señalando, una de las principales formas que adquiere allí el carácter auto destructivo del capital lo encontramos en el sinfín de pequeños –y no tan pequeños– atentados “terroristas”. Durante el mes que estamos analizando tenían lugar dos nuevos sucesos: uno en París, con un saldo de dos muertos, y el otro en los Países Bajos, con una víctima fatal. Estos ataques resultan funcionales a la necesaria militarización de la sociedad a que se ven obligados los grupos económicos, en pos de intentar contener de alguna forma la lucha de aquellos sectores que ven diariamente amenazadas sus condiciones de existencia.

Esto último también merece análisis, ya que, lejos de denostar los procesos de lucha de los trabajadores europeos, su actual conducta nos permite analizar que gran parte de estos solo puede ver las manifestaciones de la crisis, hecho que muestra la necesidad de poder rendir cuentas con nuestra historia, en la que se pueda hacer crítica de haber creído durante generaciones que el capital podía garantizar nuestra reproducción. Hacerse cargo no es un problema moral, es una necesidad política, es poder asumir entonces al enemigo que tenemos enfrente. Sin duda, la profunda crisis política, de la cual Italia y España constituyen acaso las muestras más cabales, es condición de posibilidad para que los sectores obreros y populares del Viejo Continente empiecen a comprender –o más bien, a recordar– que no es en los marcos de las relaciones mercantil capitalistas donde han de encontrar la resolución a los problemas que enfrentan. Pasemos entonces a analizar cómo se preparaban para esta lucha aquellos pueblos que más profunda y radicalmente vienen rechazando la farsa de las democracias liberales, con Cuba y Venezuela a la cabeza.



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