Revista Mensual | Número: Junio de 2018
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Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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De terror

Una actitud inquietante
Disturbios e inseguridad, pillaje, saqueos, robos y secuestros
Cualquier atisbo de democracia e igualdad
El destino del continente


El terrorismo como única alternativa del imperialismo. Venezuela y sus enseñanzas

De terror

“El karma instantáneo te va a atrapar

Te va a golpear directo en la cabeza

Más vale que te recompongas

Pronto estarás muerto”

John Lennon (1970)


Hace tan solo unos días, el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, afirmaba: “A los Venezolanos: en su heroica resistencia se está jugando el destino del continente. Lo único que está deteniendo que los EEUU no barra con cualquier atisbo de democracia e igualdad y bienestar de la gente humilde en el continente latinoamericano es el freno que pone Venezuela. Allí se está jugando el destino del continente, como ocurrió 210 años atrás[1]. De esta manera sintetizaba dos elementos de vital trascendencia en los tiempos que corren. En primer lugar, la necesidad del imperialismo de barrer con todas las experiencias populares que se le oponen en el continente, ya que, para poder reproducirse de manera ampliada, el capital concentrado debe apropiarse de porciones cada vez mayores de la riqueza social, por lo que debe succionar a capas de su propia clase; además, el nivel tecnológico alcanzado genera la expulsión y el abandono a la miseria de las grandes mayorías trabajadoras, sin poder brindarles una salida. En ello revela su naturaleza anti democrática y terrorista; todo el orden social erigido con anterioridad carece ya de sustento material, de razón de ser. Los Estados dependientes, sustentados en oligarquías locales aliadas que ahora son expropiadas, dejan de corresponderse con la realidad material, por lo que todo el orden social construido bajo su égida estalla en mil pedazos. La respuesta desesperada, al ver que cada vez más sectores sociales engrosan las filas de los que lo enfrentan, sólo puede ser mediante el terror y el miedo, dada su incapacidad para construir consenso.

Por este motivo, el imperialismo se propone sin éxito erradicar las experiencias populares en Nicaragua y en Venezuela, a través de la violencia y la coerción militar y económica, ya que las alianzas políticas que genera son efímeras dado el nivel de crisis imperante. Es por esto mismo que en las sociedades con gobiernos afines también necesita imponerse a través de la violencia y el asesinato de los referentes populares, a tal nivel que debe ir contra los propios principios democráticos que el mismo sistema erigió para justificar su dominación.

En segundo lugar, la enorme batalla que ha librado el pueblo trabajador venezolano, como Cuba décadas atrás, tiene una significación trascendental: allí donde las masas comprenden la necesidad de enfrentarse a fondo con el imperialismo (con las relaciones mercantil-capitalistas), y por lo tanto de construir un nuevo orden social basado en la promoción de la vida humana, salen fortalecidas por más cruenta que sea la batalla. El frontón que ha significado Venezuela para los designios imperialistas expone frente a miles de millones la falsedad de éstos y su enorme debilidad. La nación caribeña se ha constituído en un faro que ilumina los caminos de los pueblos del continente.

Veamos todo ello con mayor detenimiento.

Una actitud inquietante

En abril de 2017, el jefe del Comando Sur de los EEUU, Alte. Kurt Tidd, afirmó frente al Senado que “Rusia mantiene una actitud inquietante en Nicaragua (…) y podría afectar a la estabilidad de la región”. La advertencia se realizaba debido a la instalación de una Estación Satelital rusa en territorio nicaragüense, la cual se alimentaba de 24 satélites de esa nacionalidad mediante el Sistema Global de Navegación por Satélites (Glonass), el equivalente al GPS norteamericano, dando así una amplia capacidad de monitoreo en la región, independientemente de la tecnología y recursos del país del norte. Según la información otorgada por el subdirector de la agencia espacial rusa, Serguéi Savéliev, fuera de Rusia hay ocho estaciones de este tipo: cuatro en Brasil, tres en la Antártida y una en Sudáfrica[2]. A esta advertencia se sumaba el (por el momento interrumpido) proyecto de construir un canal interoceánico en Nicaragua, alternativo al que existe actualmente en la República de Panamá y cuya seguridad está encomendada precisamente al Comando Sur, que públicamente contó con el apoyo de Rusia y China para su realización.[3]

A mediados de 2017, el Congreso de los EEUU aprobó la denominada Nica Act (Ley de Condicionamiento a la Inversión en Nicaragua), la cual prohibía a las instituciones financieras controladas por ellos, como ser el Banco Mundial o Banco Interamericano de Desarrollo, aprobar préstamos o financiación alguna a cualquier proyecto que se pretendiera abordar en la nación centroamericana (TS 24/4). Es decir, las ya conocidas “sanciones financieras” que tanto ha implementado a lo largo de su historia la nación imperialista.

Finalmente, un año después de las declaraciones de advertencia del Alte. Kurt Tidd, bajo el pretexto de una impopular reforma previsional, se desató en Nicaragua una cadena de protestas, conducidas públicamente por la jerarquía eclesiástica local y la cámara empresarial y que tuvo entre sus elementos más destacados a pequeños grupos universitarios financiados por ONG, a las denominadas “pandillas urbanas” (grupos delictivos locales vinculados al narcotráfico) y a organizaciones de extrema derecha con larga tradición allí. Montados sobre el descontento que esa iniciativa –ya derogada– produjo en amplias capas de la sociedad, los EEUU hicieron conocer sus “inquietudes”, azuzando nuevamente su estrategia terrorista frente a una de las naciones integrantes del ALBA y de PetroCaribe.

Así como en Venezuela, durante todo el 2017, todos estos grupos fueron lanzados a las calles a bramar por una “dictadura”, asesinando manifestantes, incendiando establecimientos públicos, cortando calles y con todo ello construyendo un verdadero caos social que, junto a la fase incipiente de sanciones financieras iniciada hace seis meses, pretende derrocar al gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional, elegido con el 76% del voto popular (TS 12/4). Tal como ocurrió con el gobierno bolivariano, luego de que las acciones terroristas tomaran curso, inmediatamente, el grupo de las “naciones democráticas” salieron al unísono a responsabilizar al Frente Sandinista de todo lo ocurrido. En un comunicado, la portavoz del Departamento de Estado de EEUU, Heather Nauert, señaló: “El Gobierno de Estados Unidos lamenta la pérdida de vidas y las lesiones sufridas en Nicaragua durante las protestas de sus ciudadanos”; La Unión Europea calificó como “inaceptable la violencia allí ejercida, a la vez que los gobiernos de Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Paraguay y Perú realizaban un “urgente” llamado a “detener la confrontación en Nicaragua” (ET 22/4). Más tajante, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos exigía “al Estado de Nicaragua a que cese de inmediato la represión de la protesta social” (LN 22/5).

Pues bien, no conforme con el rotundo fracaso que la estrategia terrorista obtuvo en Venezuela, el imperialismo vuelve a la carga con sus armas tradicionales. Tal como viene demostrando en todo el planeta, tan sólo posee capacidades destructivas; su agresividad es fruto de la imposibilidad de construir consenso en torno a sus intereses, de construir fuerza social. A los convenios de cooperación económico y social con Rusia y China, líderes del mundo emergente, al petróleo subsidiado y solidario de PetroCaribe puede oponerle tan solo terrorismo y dictadura. Un Somoza multiplicado por mil millones. Es por ello que el FSLN denunciaba que las “protestas siguen el guión usado en Venezuela para crear el caos y la desestabilización (…). Ninguna organización política, social ni gremial se atribuyó la dirección de las protestas, aunque fueron apoyadas públicamente por el COSEP (ente patronal), algunos jerarcas de la Iglesia Católica y los partidos de la derecha (los mismos que negaron a los trabajadores sus derechos cuando eran gobierno)” (TS 24/4).

Disturbios e inseguridad, pillaje, saqueos, robos y secuestros

Una vez más, era el Alte. Kurt Tidd, jefe del Comando Sur de los EEUU, el que nos ponía en conocimiento respecto de la estrategia imperialista para la región y específicamente para Venezuela. Un documento de once páginas, que lleva su firma, abordaba paso por paso las acciones para derrocar al gobierno revolucionario: en primer lugar, guerra mediática y propagandística para deslegitimar las elecciones presidenciales, las cuales han sido tildadas de “fraudulentas” por EEUU y su coro de países afines antes de realizarse. Luego, irrumpir militarmente con fuerza desde distintos países: Panamá, Colombia, Brasil, Guyana serían puntos clave de la operación militar, con apoyo de Argentina. El documento afirma tener preparadas desde las bases que ocuparán, los países de apoyo directo (fronterizos) hasta hospitales y centros de acopio de víveres para sus soldados. Citamos aquí algunos de los pasajes más significativos del documento en cuestión, con el ánimo de aportar conciencia respecto de los planes y capacidades reales del imperialismo:

Intensificar el derrocamiento definitivo del chavismo y la expulsión de su representante, socavar el apoyo popular al gobierno y alentar la insatisfacción popular aumentando el proceso de desestabilización y el desabastecimiento [para] asegurar el deterioro irreversible de su actual dictador. A Maduro “sitiarlo, ridiculizarlo y mostrarlo como un símbolo de torpeza e incompetencia, exponerlo como una marioneta de Cuba (…) obstruir todas las importaciones y al mismo tiempo desmotivar a todos los posibles inversores foráneos” (…) “contribuir a hacer más crítica la situación de la población, apelar a aliados domésticos como a otras personas insertadas en el escenario nacional con el objetivo de generar protestas, disturbios e inseguridad, pillaje, saqueos, robos y secuestros de buques y de otros medios de transportes” (…) “estructurar un plan para lograr la deserción de los profesionales más calificados del país (…) y en ese sentido culpar al gobierno” (…) “continuar endureciendo la condición dentro de las Fuerzas Armadas para llevar a cabo un golpe de Estado antes de que concluya el 2018 (…) continuar el fuego continuo en la frontera con Colombia, multiplicar el tráfico de combustible y otros bienes, el movimiento de los paramilitares, incursiones armadas y tráfico de drogas, provocando incidentes armados con las fuerzas de Seguridad de la Frontera (…) reclutar paramilitares (…) usando el espacio vacío que dejó la FARC[4]. Con el título de “Golpe Maestro”, este documento sencillamente confiesa todas y cada una de las acciones terroristas de los EEUU y su búsqueda manifiesta por tumbar como sea al gobierno democrático de Nicolás Maduro, reconociendo mando sobre grupos paramilitares, narcotraficantes, guarimberos y toda la escoria que suele invocar a la hora de darse un objetivo de dichas características.

A ello se sumaba la embajadora de los EEUU en Naciones Unidas, Nikki Haley, la cual afirmaba: “Tenemos que seguir aislando a Maduro hasta que ceda (…). Para la seguridad de todos los pueblos de América Latina, es hora de que Maduro se vaya” y cerraba con un toque maestro: “El modelo cubano-venezolano-nicaragüense de socialismo, dictadura y corrupción y graves violaciones a los derechos humanos ha demostrado ser un completo y total fracaso” (ET 9/5). Independientemente de las adjetivaciones empleadas, tanto el proyecto del Comando Sur como las declaraciones de altos diplomáticos dejan en evidencia la desesperación imperialista por erradicar la experiencia bolivariana de la faz de la tierra, utilizando para ello todos los recursos a su disposición. Ya no se trata de la promoción de supuestos “valores” universales, es decir de pretender expresar un interés general, mayoritario. Simplemente la experiencia socialista venezolana constituye un obstáculo para el reducido interés de las corporaciones monopólicas, por eso quieren acabar con ella como sea.

De esta manera, se puede observar como se hizo caso omiso a cualquier evidencia de transparencia del sistema electoral venezolano, incluso alabado por el ex presidente de los EEUU Jimmy Carter. Pues bien, repitiendo una vez más el llamado a la abstención interna, como un momento de este “golpe maestro”, transcurrían las elecciones presidenciales en Venezuela, las que proclamaban ganador a Nicolás Maduro por la abrumadora cifra del 67% de los sufragios, histórica para la nación caribeña. Como no podía ser de otra manera, todo el arco imperialista (desde antes que tuvieran lugar) declaraba “fraudulentas” las mismas y llamaba al desconocimiento y aislamiento del gobierno. El ex director de la CIA Mike Pompeo, devenido Secretario de Estado, lo sintetizaba en una frase: “La farsa de las elecciones no cambia nada” (LN 21/5). Poco después, el presidente Donald Trump firmó un decreto que prohibía todas las transacciones vinculadas a la compra de cualquier deuda o cuentas por cobrar en manos del gobierno de Venezuela, incluída Petróleos de Venezuela S.A.(PDVSA) (LN 22/5), mientras que el auto proclamado Grupo de Lima (puñado minoritario de naciones latinoamericanas) anunciaba el desconocimiento de los resultados electorales y el llamado a “consulta” a sus respectivos embajadores en Venezuela como señal de “protesta y aislamiento” (CL 21/5).

Pues bien, todo un amplio espectro de maniobras desestabilizadoras y violentas tendientes a erradicar de la faz de la tierra la experiencia revolucionaria que el pueblo trabajador venezolano se ha dado desde hace ya casi veinte años. Olvida el imperialismo norteamericano la brutal derrota sufrida durante todo el 2017 de esa misma estrategia; que quienes han quedado aislados y en minoría precisamente son ellos. La incapacidad de sostener a las burguesías nacionales se expresa en la fractura de su propia base de sustentación interna, la cuasi extinta Mesa de la Unidad Democrática (MUD) no logró presentarse como una opción electoral de la oposición y quedó despedazada en mil partes, hastiada de asesinatos, desconocimientos, denuncias de fraude y guarimba. De hecho la única estrategia que convocó a un sector de la oposición fue el llamado a la abstención, muestra clara de que no logran acordar en un proyecto común. Es así como el candidato opositor Henry Falcón (uno de los que desconoció el llamado abstencionista y se presentó a las elecciones) afirmaba que “Aquí no queremos volver a cabalgar en los errores de la confrontación que ha dejado como resultado para el país muertos, así como daño y frustración en la población. Para quienes convocan a la nada, que sostienen la tesis del abstencionismo, la historia nos brinda una oportunidad”; mientras que el otro contendiente, Javier Bertucci, sostenía que “El fraude de las elecciones lo haces tú absteniéndote, no lo hace una maquinita (…) el voto es tu derecho” (TS 11/5). Tan solo unas pequeñas muestras de la carencia de sustentación que ostenta el denominado “golpe maestro” y el terrible escenario que produciría de ejecutarse tal como fue escrito por el Alte. Kurt Tidd.

Ciertamente, todo ello demuestra que lo único que el imperialismo tiene para ofrecerle a la humanidad es pura y simple destrucción y caos social, tal como ha demostrado en Medio Oriente y el mundo entero; no hay posibilidad de “reconstrucción” u orden nuevo luego de tirar las bombas. Sólo hay bombas y descomposición.

Cualquier atisbo de democracia e igualdad

De esta manera, podemos dar cuenta de cómo esta incapacidad se manifiesta en aquellos países que han sufrido de forma directa el gobierno de las corporaciones monopólicas. Allí se revela con toda crudeza la condición decadente y descompuesta de la sociedad capitalista, en donde sencillamente no puede ofrecerse proyecto de vida alguno. Todo el ordenamiento social, el funcionamiento institucional, al carecer ya de materialidad (dado el salto en la escala de concentración del capital) pierde razón de ser, sentido histórico; debe reemplazarse por otro imposible: el 1% de la población mundial colisionando con el restante 99%, un saqueo sistemático que incluye a amplias capas de su propia clase y a la inmensa mayoría de los desposeídos. De esta manera, como afirmábamos para el caso de una posible intervención militar en Venezuela o Nicaragua, el imperialismo no puede construir futuro, un orden social que contenga a amplios sectores de la población.

Así, Colombia (que ya hemos analizado largamente el papel que los EEUU le asigna en la región) daba a conocer, este mes, la tragedia que aqueja a la juventud bajo la égida de las relaciones sociales capitalistas: según su Instituto Nacional de Medicina Legal, la violencia sexual contra menores de edad aumentó en 22% en el primer trimestre de 2018. Diariamente son violentados sexualmente siete niños entre cero y cuatro años, 17 entre diez y catorce y 12 entre quince y diez y siete años. En el primer trimestre de 2018, fueron asesinados 171 menores, en su mayoría vinculados con el narcotráfico (TS 25/4). También en México se daba a conocer la cifra de 210.000 homicidios ocurridos entre 2007 y 2017, en donde más de 107.000 fueron de personas entre 15 y 34 años. Además, según el Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas, de los 34.000 desaparecidos que hoy existen en México, el 35% son menores de 29 años (ET 26/4).

Asesinar, desaparecer, torturar de forma masiva a generaciones de jóvenes que son incorporados a un mundo siniestro y sin futuro, tal es la vida y los “valores” que las fuerzas imperialistas pueden ofrecer a la humanidad. El terror social es la viva expresión de su incapacidad por construir masa crítica, fuerza social; deben asumir que sus intereses colisionan con los de las inmensas mayorías, por lo que deben impedir por todos los medios que ellas se organicen.

Así, autoridades judiciales colombianas informaban el hallazgo de 9.000 cadáveres víctimas del paramilitarismo desde 2006 (que ya hemos visto al Jefe del Comando Sur admitir su mando sobre ellos), depositados en 5.547 fosas comunes; ellos son los líderes sociales, políticos, sindicales, juveniles, indígenas que han intentado organizarse y luchar contra toda esa inmundicia (TS 3/5). Con su muerte dan testimonio inequívoco de que la democracia representativa burguesa es una herramienta históricamente agotada y que los pueblos transitan hacia formas protagónicas y participativas de ejercer el poder, puesto que de otra manera sufren la brutal imposición de la dictadura de los monopolios. Por citar un ejemplo, el Secretario Ejecutivo del Instituto Estatal Electoral de México, Guillermo Sierra Fuentas, informaba que unos 80 candidatos a diferentes cargos (para los comicios federales del 1ero de julio) renunciaron a sus respectivas campañas electorales en el estado de Chihuahua (norte) por hechos de violencia. De acuerdo a la consultora Etellekt, desde el 8 de septiembre de 2017 hasta el pasado mes de abril de 2018, han sido asesinados 88 políticos que anhelaban presentarse a elecciones o ya ejercían un cargo, electos por el voto popular (TS 9/5).

Pues bien, repartir bombas por todos los países que osan construir un orden social alternativo al suyo, descomponer hasta niveles inimaginables las sociedades que gobierna de forma directa; tal es el devenir del imperialismo en la región. Su debilidad se traduce en agresividad y desesperación, las cuales encienden todas las alarmas debido a su capacidad de daño. Sin embargo, allí donde las masas trabajadoras han afirmado su conciencia respecto de qué es lo que deben combatir, qué es lo que debe ser cambiado, la agresividad imperialista se ha manifestado impotente en todos sus objetivos.

El destino del continente

Es por ello necesario recordar que, hace aproximadamente un año, en Venezuela se iniciaba la agresión terrorista comandada por los EEUU contra el gobierno revolucionario; que éste había resultado derrotado en las elecciones parlamentarias y se encontraba en minoría en una Asamblea Legislativa controlada por la MUD y bajo una guerra económica sin comparación en su historia. Tan solo por citar un ejemplo, el Fiscal Tarek William Saab informó este mes que en sólo una maniobra de sabotaje, realizada a la estatal PDVSA, el país perdió 1.162.024.453 millones de dólares, equivalente al 0,5% de su PBI y en una acción puntual investigada (es decir, no todo el conjunto de acciones de sabotaje realizadas a la petrolera) (TS 11/5). Así, frente a ese panorama local, sumado a la asunción de Mauricio Macri en Argentina y Michel Temer en Brasil, los EEUU consideraron oportuno el momento para erradicar de la faz de la tierra al “dictador”. Sin embargo, todos los resultados han sido adversos a este objetivo y, si bien transitando innumerables dificultades, podemos afirmar que ha ocurrido exactamente lo contrario: el pueblo trabajador venezolano, su experiencia soberana de construcción del socialismo, la institucionalización de este proceso han resultado fortalecidas y es precisamente la oposición terrorista y pro imperialista la que prácticamente ha sido erradicada del mapa político local.

Aquella incipiente experiencia de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), iniciada en marzo de 2016 para contrarrestar los efectos devastadores de la guerra económica, hoy se han consolidado en calidad y cantidad: 32.600 en total, en donde 11.000 producen alimentos de ciclo corto como legumbres, tubérculos y raíces, además de artículos de higiene y limpieza (denunciados mundialmente por los medios corporativos como uno de los artículos esenciales que faltaban al consumo masivo de la población). Existen, además, CLAP pesqueros y textiles. A través de ellos, es decir de la organización política y territorial del pueblo trabajador, se distribuyen regularmente 60 mil toneladas de alimentos sobre 6 millones 500 mil familias, con el objetivo en lo inmediato de llegar a 12 millones de familias (TS 3/5). Es decir, que al golpe imperialista se le respondió profundizando la democratización del poder político y económico, ganando en conciencia respecto del problema a resolver.

Durante 2017 y lo que va del corriente, Venezuela ha transitado los siguientes procesos electorales: Asamblea Nacional Constituyente, Municipales y alcaldías, Gobernadores de Estados y Presidencia de la Nación. En todas ha resultado victoriosa, por un amplio margen, la fuerza revolucionaria encabezada por el Partido Socialista Unido de Venezuela y conducida por Nicolás Maduro. De una minoría parlamentaria y una sociedad asediada se pasó a tener millones organizados en las calles y a la mayoría sobre el poder soberano constitucional, las alcaldías y consejos municipales, las gobernaciones y la Presidencia, mientras que la oposición terrorista osciló entre la abstención y la denuncia, resultando de ello la pérdida de más de 2 millones de votos.

Para la elección presidencial, concurrieron 9.261.839 electores, un 45,99% del padrón total y un 51% de lo que habitualmente concurre a las elecciones presidenciales (21% de abstención promedio en los últimos 20 años, por lo menos). Esta cifra es significativa puesto que demuestra contundentemente que la mayoría de la sociedad que habitualmente concurre a las elecciones ha acompañado y legitimado la convocatoria oficial. Cabe mencionar, además, que la concurrencia total fue superior a la efectuada en las votaciones inmediatas precedentes (más de un millón en el caso de la ANC). De ese total, el presidente Nicolás Maduro obtuvo 6.190.612 votos, el 67,7%, seguido a 40 puntos por su inmediato perseguidor, Henri Falcón, quien obtuvo 1.917.036 votos, porcentajes históricos para la historia venezolana tanto en cantidad como en distancia con sus contendientes (CD 21/5 y LN 22/5).

De esta manera se refutaban todas las afirmaciones esgrimidas respecto a “dictadura” y “fraude”, la sociedad venezolana se movilizó en su mayoría para acompañar el proyecto transformador iniciado en 1999, demostrando la fortaleza de un pueblo cuando toma las riendas de su destino y emprende el camino de construir un orden social que pueda garantizar futuro a la especie humana.



[1] www.youtube.com/watch?v=zpXxFGZ2S-w

[2] www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-40352903

[3] www.elfinancierocr.com/economia-y-politica/incertidumbres-financieras-desvanecen-sueno-de/7HFF44CY3RBVVE7BR3YRKJ3XZY/story/

[4] blauerbote.com/2018/05/21/plan-to-overthrow-the-venezuelan-dictatorship-masterstroke/



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