Revista Mensual | Número: Junio de 2018
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Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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El día después de mañana…

El inicio del fin
La corrida de mayo
Ajustando la cuerda
En el Fondo hay lugar
Los capitales al Fondo
A los BOTES, los buitres atacan nuevamente


Crónica de la corrida cambiaria de mayo de 2018

El día después de mañana…


El inicio del fin

El 28 de diciembre de 2017, el gobierno nacional anunció en conferencia de prensa el triunfo del “gradualismo” por sobre el sector que pregonaba la necesidad de un ajuste drástico para equilibrar las cuentas públicas. El anuncio se dio apenas diez días después de los sucesos del 14 y 18 de diciembre que tuvieron como protagonistas al movimiento obrero, movilizado en rechazo del proyecto oficialista de reforma previsional, y que terminó con enfrentamientos con las fuerzas represivas y un cacerolazo de las capas medias urbanas al atardecer. El contenido formal del anuncio fue un cambio en las metas de inflación para el año 2018, que pasaba de una banda de 8-12% al 15%, acompañado de una reducción de las tasas del Banco Central (BCRA), afectando la rentabilidad de aquellos sectores que tenían sus depósitos en bonos del gobierno. El objetivo era claro: insuflarle dinero a la economía para impulsar el crecimiento, con el propósito de contener el creciente mal humor social y afiatar su base social que empezaba a resquebrajarse.

A su vez, la baja de la tasa de interés era un reclamo persistente de la industria y otros sectores productivos. Apenas fue anunciada la medida, Miguel Acevedo, presidente de la UIA, decía: “Con esa meta vas a poder bajar la tasa. Es una buena noticia. Me da la impresión de que con esto hay descompresión en el mismo Gobierno. Por su parte, José Urtubey, dueño de Celulosa, declaraba: Los cambios en las metas inflacionarias las hacen más realistas, pero tenemos que mejorar el crédito y para ello es necesario que bajen tasas de interés”. En igual sentido opinaba Gustavo Weiss, presidente de la Cámara Argentina de la Construcción: “Si baja la tasa de interés y hay mayor actividad, beneficia a todos los sectores y al nuestro, sobre todo la obra privada”. También Daniel Pelegrina, presidente de la Sociedad Rural Argentina, respaldaba la decisión: “Es importante que se produzca una baja en la tasa de interés, lo que mejorará las decisiones de inversión del campo. Y Mario Grinman, secretario de la Cámara Argentina de Comercio, se entusiasmaba: “Esto va a permitir relajar la política monetaria, reducir las tasas y evitar un enfriamiento de la economía (LN 29/12).

Sin embargo, nada de lo previsto ocurrió. El mismo día en que se realizaba el anuncio de las medidas de marras el dólar alcanzó $19,46. Desde ese momento hasta la actualidad, los sectores beneficiarios de la timba financiera, más los grandes exportadores, empezaron unos a fugar hacia el dólar y los otros a no liquidar sus exportaciones, hasta lograr a fines de mayo una devaluación (acumulada) del peso del 22% y la pérdida, por parte del BCRA, de casi el 20% de sus reservas: algo más de 9.000 millones de dólares que fugaron al exterior.

En simultáneo, la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED) tomaba la decisión de aumentar la tasa de interés de sus bonos a 10 años a 2,6%, estimulando la repatriación de dólares. Santiago López Alfaro, socio de la consultora Delphos Investment, reflexionaba sobre el cambio de circunstancias: “El viento de cola para los mercados emergentes el año pasado fue la [baja] tasa de interés de largo plazo norteamericana. Pero ahora, de golpe, se empezó a mover y el problema es hasta dónde llega y con qué velocidad” (LN 11/1). La preocupación de la City tenía que ver con la continuidad de los flujos financieros (endeudamiento) para sostener la conversión de los activos acumulados en la bicicleta. Es decir, que continúe habiendo suficientes reservas en el Banco Central para transformar sus pesos ganados en las LEBAC en dólares para sacarlos del país.

Tanto el alza de la tasa de interés en Estados Unidos como el deterioro del rendimiento de los bonos argentinos afectaron la relación de la Argentina con los “mercados internacionales” que, hasta la fecha, venían financiando el “gradualismo” de los dos primeros años de gobierno macrista. La posibilidad (cada vez más cierta) de que se cierren los mercados de crédito para el país empezó a hacer más visible la insostenible dependencia del endeudamiento externo y el deteriorado estado de las cuentas públicas; lo que derivó en una mayor presión externa para que el Estado achique el gasto público y reduzca el déficit. Había llegado la hora de que las medidas pendientes que reclamaba el mercado se pasasen a ejecutar con mayor celeridad.

Entre el 10 de enero y mediados de marzo, el Banco Central acumuló pérdidas netas de reservas por 2.700 millones de dólares, contra un crecimiento de 8.000 millones que había registrado en igual período del año pasado. La corrida que comenzó como un ligero trote se iba acelerando. El 25 de abril, la autoridad monetaria debió resignar en un solo día 1.474 millones de dólares para mantener al peso a cierta paridad, alcanzando el máximo histórico de intervención vendedora de la autoridad monetaria, y a los dos días anotó la segunda mayor venta de la historia. Sólo esa semana las ventas oficiales sumaron 2.960 millones de dólares y en esos últimos dos meses se acumulaban ventas por 4.500 millones (CR 26/4).

En ese 25 de abril, dos hechos (relacionados aunque no vinculados directamente) precipitaron los acontecimientos que derivaron en el inicio de la corrida cambiaria. El más importante fue la entrada en vigencia del nuevo impuesto a la renta financiera que hizo que los inversores especulativos se deshicieran de sus posiciones en Lebac para evitar la alícuota de 5%. Recordemos que el cobro de dicha alícuota venía retrasado desde la aprobación de la reforma tributaria, justamente por la resistencia que oponían desde el “mercado”. El otro hecho fue que la FED volvió a tocar la tasa de los bonos a 10 años del 2,6% a un poco más del 3%, mejorando la cobertura de los capitales que se retiran de los “mercados emergentes”.

Para contener la corrida que ya se había desatado, el Banco Central subió la tasa en el mercado secundario para lograr mantener cierta estabilidad. Pero no logró evitar que cerca de 45.000 millones de pesos (u$s 2.200 millones) salieran de las LEBAC al dólar. Fue la primera vez que el organismo conducido por Federico Sturzenegger impulsó un alza de tasas desde el cambio en las metas de inflación anunciado aquel 28 de diciembre, al que hicimos referencia más arriba. El BCRA marcó una tasa de 26,85% (85 puntos básicos por encima de la licitación primaria) pero la “presión” del mercado hizo que siguiera subiendo hasta cerrar en 28,50%. A un nivel similar terminó la tasa de la Lebac con vencimiento en mayo: 29%.

Según Nicolás Aplácete, un reconocido operador de bolsa: “El problema es local y no viene por los movimientos de la tasa americana o el contexto internacional. La Ley de Mercado postergada y el debate por tarifas no fueron noticias favorables.La suba de tasas es una señal pero quizá con esto no le alcance si quiere parar la demanda de dólares (…). Desde la conferencia de diciembre, el mercado prefiere quedarse en dólares” (CR 27/4). El periódico londinense Financial Times reforzaba esta idea tras la intervención de Sturzenegger: La suba de tasas fue una buena medida y una señal fuerte para los mercados, dado que la mayoría ponía en duda la credibilidad del Banco Central después de lo que sucedió en diciembre.La decisión de reducir las tasas de interés en enero en 150 puntos básicos en un momento en que las presiones inflacionarias aún eran elevadas llevó a muchos a concluir que el poder ejecutivo estaba instando al Banco Central a relajar la política monetaria con el fin de estimular el crecimiento. Desde que se cambiaron las metas de inflación en diciembre, los mercados han penalizado seriamente a Argentina (CR 2/5).

En resumidas cuentas, el mes de abril finalizó con una disminución de las reservas del BCRA de 5.103 millones de dólares (Infobae 5/6); y con un aumento de la tasa de interés del 27,25% al 30,25% anual, acompañada de una suba en el precio del dólar de 19 pesos a 20,5. No obstante, todo esto no contuvo la corrida cambiaria. Pero lo peor estaba aún por venir. Según alertaba el titular de la cartera de Economía de la UMET y ex director del Banco Central, Arnaldo Bocco, todo empeoraría porque “el sector agroexportador (principal abastecedor de divisas genuinas) no está liquidando lo suficiente aguardando por más devaluación para liquidar producción. El Central no tiene los dólares sino los papeles de transacción a la espera de que ingresen las divisas. Con la libertad que existe al flujo de capitales, sostener el tipo de cambio (que permita contener una mayor dispara inflacionaria) va a requerir que sigan sacrificando reservas” (LN 29/4).

 

La corrida de mayo

“Estamos algo desconcertados, la verdad, creemos que faltan nuevas señales del BCRA.
Que explique su estrategia, la sostenga y que no sea tímido con ventas o subas de tasa”
 Un operador de la banca (CR 4/5)

Apenas iniciado el mes de mayo, el dólar minorista registró otro récord al cerrar en 21,52 pesos, lo que significaba un incremento de 92 centavos. La suba de las tasas y la intervención del Banco Central de la semana anterior en la plaza cambiaria seguían siendo insuficientes para frenar la corrida. El stock de divisas del Central cerró en 55.998 millones de dólares.

El 3 de mayo, a pesar de una nueva entrega de reservas por u$s 451 millones y la suba de la tasa de referencia (la segunda vez en 7 días), el Banco Central (BCRA) no podía frenar la presión del mercado y el peso sufrió su mayor devaluación diaria desde la salida del “cepo”. El dólar minorista saltó $ 1,46 para cerrar en $ 22,98 / 23 redondos. Era llamativa la velocidad de la corrida: el dólar mayorista arrancó la rueda con una suba de 30 centavos que lo llevó a $ 21,50, cuando la mesa oficial ofertó u$s 451 millones la fuerte demanda lo agotó en minutos; de modo que el dólar siguió subiendo hasta llegar a los $ 21,90. En ese momento, como ya había hecho el viernes anterior, el BCRA decidió una nueva suba en su tasa de referencia para tentar al capital especulativo con mejores rendimientos en pesos y frenar la escalada de la divisa, pero ya a esa altura los mercados estaban lanzados. Para entonces la tasa de interés de las Lebac llegaba al 33,25%.

A la tensión cambiaria por la fuerte fuga de capitales se le sumó que el complejo agroexportador había liquidado a esa fecha un 17% menos en comparación con el año pasado (P12 3/5). Empujando de esta manera una mayor devaluación del peso, favorable a quienes reciben dólares en el mercado mundial y tienen gran parte de sus costos en moneda nacional (salarios, impuestos, etc.).

Con la crisis ya en ciernes, la calificadora de riesgo Fitch Ratings bajó la nota de la deuda argentina de “positiva” a “estable”. Aunque mantenía su calificación en “B”, la agencia opinaba que la baja en la calificación “refleja las fricciones en la política macroeconómica del país (...) destacando los riesgos que rodean al proceso gradual de ajuste de políticas,el lento progreso en el proceso de desinflación y los cambios en la política monetaria que han puesto en relieve fricciones en el marco de la política actual, que han obstaculizado la mejora de la credibilidad. La inflación fue empujada por alzas en las tarifas de servicios públicos, depreciación del peso, y un alto crecimiento de la oferta monetaria emanada de presiones fiscales e inercia salarial” (CL 3/5).

De esta manera, las críticas crecían en las mismas filas del oficialismo. Miguel Arrigoni, CEO de la consultora First argumentaba: “La demanda de dólares se explica como un mercado que ya no le cree al Gobierno. Los números no cierran en este plan de política monetaria. El problema es el plan del Banco Central. El impuesto a la renta financiera en un sistema como el local, que es la décima parte de lo que debería ser, es un sinsentido. Nadie puso más en Argentina en los últimos 30 años que el depositante, el ahorrista, al que en más de una oportunidad le tocaron el dinero”. Al mismo tiempo, el director de MB Inversiones, Diego M. Burzaco, reclamaba “que el Central explique cuál es la política monetaria de corto y mediano plazo para que no haya malinterpretaciones y se pueda entender hacia dónde van los objetivos. En cuanto a los cambios dentro del Gobierno, le devolvieron parte de la autoridad que le habían quitado al Banco Central el 28 de diciembre pasado, cuando lo forzaron a bajar la tasa por miedo al impacto que podría tener sobre la economía; esto generó desconfianza sobre la autonomía del BCRA. Obviamente, hubo un costo muy grande, tanto financiero como económico y, en ese sentido, el organismo monetario está tratando de ganar reputación en un escenario totalmente adverso”. También Rodrigo Álvarez, director de Analytica, intervenía en el mismo sentido (crítico): “La implementación del impuesto a la renta financiera, en un contexto de menor apetito por el riesgo, desató un desarme de posiciones en pesos por parte de no residentes, aumentando la presión sobre el mercado de cambios. Para tener en cuenta la magnitud de la corrida, no alcanza con contabilizar la cantidad de no residentes con tenencia de Lebac. Para compensarlos hubiera bastado una suba de 150 puntos básicos de la tasa de la letra. Ya llevamos cuatro veces ese incremento. Estamos en presencia de un desarme masivo de posiciones en pesos con salida masiva de capitales”. Finalmente, para Capital Economics, reconocida consultora a nivel mundial: “El país todavía no está en modo crisis, pero no estamos lejos de que las cosas se compliquen” (CR 4/5). De esta manera, las usinas del capital financiero ejercían una contundente crítica (y presión) sobre las medidas que el Gobierno nacional se había visto obligado a tomar en diciembre del año pasado, cuando la protesta social lo había hecho tambalear. La oligarquía financiera redoblaba sus ataques para que el gobierno barra de una vez las defensas que todavía contienen el movimiento de saqueo rapaz de las riquezas nacionales.

El viernes 4, los esfuerzos por reconquistar el amor perdido de los capitales “en fuga” se redoblaban a través de un mayor ajuste y entrega. Los ministros de Hacienda y Finanzas, Nicolás Dujovne y Luis Caputo, anunciaban en una conferencia conjunta un recorte de más de 30 mil millones de pesos en el presupuesto y prometían que no se tomaría más deuda en los mercados internacionales en lo que resta de este año. Con dicha medida, según los cálculos del Gobierno, se reduciría el déficit fiscal de 3,2 a 2,7%, considerando el ajuste de la obra pública y una mayor recaudación. Un Dujovne desesperado intentaba hacer del defecto virtud: “No se puede seguir viviendo de prestado. Por eso, potenciamos este proceso de reducción del déficit para dar señales contundentes de hacia dónde vamos. Nos duele tocar el presupuesto de la obra pública, pero en este contexto necesitamos acelerar la convergencia fiscal en medio de intentos populistas de la oposición”. Esto último en referencia a las intenciones de la oposición de sancionar una ley que retrotraiga las tarifas de este 2018 a diciembre de 2017. “El proyecto de la oposición sobre tarifas no nos parece adecuado, pone un ruido innecesario en la economía y que es un proyecto irresponsable que tiene un costo fiscal de 200 mil millones de pesos. Pretender fijar la política tarifaria del Gobierno desde el Congreso no nos parece adecuado” (CR 5/5). Conjuntamente con los anuncios de ajuste de la cartera económica, el BCRA subía nuevamente la tasa del 33,25% a 40% y obligaba a los bancos a desprenderse de dólares al bajar los encajes. El rendimiento de las Lebac, tras la suba de las tasas de pases, tocaba esa semana picos del 38%: un nivel cercano al que pedían los grandes fondos de inversión del extranjero para entrar nuevamente al país y apostar al negocio de la bicicleta financiera.

En cuanto al problema inflacionario, el secretario de Comercio de la Nación, Miguel Braun, reconocía con descaro: “Subestimamos algunos fenómenos como el pase de la devaluación a la inflación y subestimamos el impacto de las tarifas en la inflación general, pero creemos que estamos en el buen camino. Obviamente, hay sobresaltos. No es lineal el proceso. [Aun así] estamos lejísimos de un 2001. Si quisiéramos bajar la inflación en seis meses se podría. Pero tendría un costo económico social muy elevado” (P12 5/5).

Con la corrida es evidente que el fantasma de 2001 empezaba a rondar las cabezas de todos. El ministro Dujovne coincidía con el ideariode Braun, y explicaba a propios y extraños: “Cuando uno toma medidas de la magnitud de las que tomamos elige qué costos evitar y qué costos pagar. El costo que elegimos evitar es el de tener una crisis. Y si por eso tenemos que tener una convergencia un poco más lenta de la inflación, es el precio a pagar por evitar una crisis. Con las medidas que estamos implementando, estamos trabajando muy fuerte para que la Argentina nunca más vuelva a tener una crisis como las que tuvo en el pasado” (P12 5/5). De tanto repetir la palabra crisis, no hacía más que colocarla en el foco del debate público. En rigor de verdad comenzaba a hacerse diáfana una situación: la perentoria necesidad de tomar medidas drásticas para “evitar la crisis” significa que la crisis en pleno desarrollo empuja a la oligarquía financiera a “comerse” las condiciones de reproducción de los capitales medios locales, de la pequeña burguesía y, sobre todo, liquidar al mínimo de supervivencia el ingreso de los trabajadores.

Tanto esfuerzo apenas logró bajar un poco la cotización del dólar minorista, que tras cerrar en 23,30 pesos el jueves, el viernes lo hizo a 22,30, situación que, de todas maneras, duraría poco. Con todo, el resultado de las medidas prefiguraba el inicio de una nueva recesión y dejaba en evidencia la delicada solvencia de los bancos que desde inicios de mayo no cuentan con las reservas en dólares necesarias para responder a sus ahorristas, en caso de una estampida de retiro de fondos de las cuentas bancarias.

A su vez, ninguna de las medidas apuntó a resolver los problemas de fondo que afectan la estabilidad cambiaria, estos son: el déficit en comercio exterior; el déficit en divisas provenientes del turismo; la irrestricta salida de capitales al exterior por fuga especulativa o remisión de utilidades o por exportaciones no liquidadas. Más bien lo contrario, la aplicación de las políticas del capital financiero ponen entre la espada y la pared al personal político en el gobierno para que de una vez avance, caiga quien caiga, sobre las condiciones salariales y sociales de los trabajadores y sobre aquellas protecciones que permiten sobrevivir a los capitales medios locales.

Según un informe realizado por la UMET, “el déficit de cuenta corriente de 2017 alcanzó casi 30.500 millones de dólares, 110 por ciento más que en 2016. De esta manera, ese saldo negativo llegó a representar el 4,8 por ciento del PIB. Como la tendencia es su profundización, para este año se vaticina el mayor déficit relativo en términos del PIB. Al respecto, el cuarto trimestre de 2017 fue el más deficitario, con 8.738 millones de dólares, a la vez que el déficit de la balanza comercial del primer bimestre de 2018 (1.872 millones de dólares) no tiene precedentes para ese período” (P12 6/5).

La ex presidente del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, indicaba al respecto: “Los anuncios del Gobierno son más de lo mismo: subir las tasas de interés, dilapidar reservas y forzar a los bancos a vender dólares. Puede durar unos días y luego volveremos a lo mismo pero más endeudados, con menos reservas y mucha menos credibilidad. Las tensiones que se verifican en el mercado de cambios son el reflejo de una dinámica del sector externo insostenible. El paquetazo de ajuste fiscal y rendición incondicional frente al mercado claramente no resuelve ninguno de los problemas que llevaron a la situación actual sino que los retroalimenta en escalas cada vez más peligrosas” (P12 5/5).

Ajustando la cuerda

Las medidas anunciadas por el gobierno tendrán un fuerte impacto en el sector productivo. El abrupto ajuste en la tasa de interés incrementa de manera exponencial el costo crediticio para las empresas, las familias y los Estados provinciales; destruyendo el mercado interno. En primer término, afecta a los créditos UVA pero también a los créditos tradicionales que tendrán tasas de interés de entre 48 y 67%. “El impacto sobre la producción también va a ser sensible, especialmente para las pymes que se están financiando actualmente a tasas de entre 37 y 38 por ciento anual. A ese sector, si se acomodan las tasas en alza en línea con la suba de esta semana, lo van a masacrar”, afirmó el economista “kirchnerista” Hernán Letcher (CEPA) (P12 4/5).

Por todo esto, las diversas organizaciones que nuclean a los pequeños empresarios nacionales se posicionaron en contra de las políticas oficiales. Desde Apyme denunciaron en un comunicado: “En un marco de apertura importadora y persecución fiscal, un mayor ajuste como el anunciado por el Ministro de Hacienda no hará más que sentenciar a miles de empresas a la incertidumbre, la parálisis o directamente la desaparición. La actual política económica ya se cobró a más de 7.500 pymes y está dejando en la ruina a sectores enteros de la industria nacional”. Por su parte, la CAME declaraba: “Esperemos que la suba de tasas de interés tan brusca y pronunciada para contener al dólar sea transitoria, porque es preocupante; no sólo encarece los costos financieros de las pymes sino que se vuelven a desviar fondos que deberían destinarse a inversión productiva hacia el mercado financiero” (P12 6/5).

La disparada inflacionaria que acompañó a la suba del dólar también repercutió fuertemente sobre el mercado interno. Aldo Lo Russo, secretario general de Camima (que reúne a las empresas pymes metalúrgicas) decía al respecto: “Salí de la fábrica a hacer un depósito con el dólar a 22 pesos y volví y estaba 23,30, me recordó la época de la preconvertibilidad porque en este contexto desaparecen los precios. En nuestro sector, por ejemplo, utilizamos tratamientos térmicos en base a energía eléctrica y gas. Como las tarifas de esos servicios están atadas al dólar, no hay precios para comprar. Es muy grande la devaluación para un plazo tan corto, ¿cómo vendés? ¿A qué precio? ¿Cómo reponés stock?”. En igual sentido, Jorge Cavanna, presidente de la Cámara de Industrias Electrónicas, Electromecánicas y Luminotécnicas (Cadieel), manifestaba el malestar del sector que representa: “En estos casos aparece la cautela en la definición del precio de venta al mercado local, porque comprás en dólares –los insumos importados– pero vendés en pesos. Por eso, hay que ver cómo quedan las listas de precios al mercado interno. Esto empuja los precios hacia arriba, todo el mundo se quiere cubrir” (P12 4/5). Lo que ambos industriales mercado-internistas alertaron es sobre el riesgo de la destrucción de los precios mayoristas por carecer de referencia en el dólar en un contexto de fuerte presión inflacionaria, en una economía dependiente, que requiere de la importación de bienes de capital e insumos básicos para poner en marcha la industria local. La destrucción del precio mayorista es la antesala del desabastecimiento minorista, porque nadie compra ni vende para no perder.

Distinto fue el comportamiento de la Unión Industrial Argentina. En un comunicado formal respaldó al Gobierno ante la coyuntura de crisis, aunque planteo reparos en el largo plazo. “El contexto internacional complejo, originado en la suba de las tasas de interés de referencia de Estados Unidos, derivó en el reacomodamiento de las principales variables financieras, tanto a nivel local como regional, impactando en el valor de las monedas de Argentina y de sus principales socios comerciales. El Comité de la UIA entiende que las áreas responsables de la política económica (BCRA, Ministerio de Hacienda y Ministerio de Finanzas, entre otros) cuentan con los instrumentos y los activos necesarios para brindar previsibilidad cambiaria y financiera de largo plazo. La Unión Industrial Argentina reitera su compromiso constante con la realización de las inversiones productivas necesarias para profundizar el desarrollo industrial, crear empleo de calidad, fortalecer el entramado PyME y generar las divisas genuinas que permitan financiar un proceso de crecimiento sustentable en el largo plazo” (ver: www.uia.org.ar). Tal era la posición de los grupos económicos locales, fuertemente atados a los capitales trasnacionales. Apoyan al gobierno con las lentes de la oligarquía financiera sabiendo que sus días están contados.

En el Fondo hay lugar

Tras estos acontecimientos, el día 7 de mayo la calificadora de riesgo Moody’s publicaba un informe lapidario en donde anunciaba la continuidad de la crisis de la economía argentina: “La presión sobre el peso aumentó tras el relajamiento de las metas de inflación en diciembre pasado. Y se disparó significativamente desde fines de abril por motivos externos (la suba del rendimiento de la deuda norteamericana) y domésticos (la entrada en vigencia del impuesto a las ganancias que obtienen los inversores extranjeros por sus tenencias de Lebac). Lo que requirió medidas extraordinarias por parte del Banco Central, incluyendo la venta récord de u$s 1.500 millones de las reservas en un solo día la semana pasada. Dado el continuo estrés sobre el peso argentino y los crecientes diferenciales de riesgo no se puede descartar la posibilidad de que el Banco Central ajuste aún más las tasas en defensa de la moneda local” (CR 8/5).

Dicho y hecho. El banco Central había empezado a quemar las naves a partir del 27 de abril, cuando tras tres saltos sucesivos subió la tasa del 27,25 al 40%. El riesgo inminente era el vencimiento el martes 15 de las Lebac por $ 671.800 millones, cuando el Central ya había hecho uso de todos los instrumentos normales y extraordinarios para contener la corrida al dólar y nada parecía dar resultados. Con las puertas cerradas al financiamiento, todo se encaminaba para que el gobierno “toque Fondo”. Y así fue, como el lobo fue encomendado para cuidar a las ovejas.

El 8 de mayo, en conferencia de prensa, Mauricio Macri anunciaba: “He decidido iniciar conversaciones con el Fondo Monetario Internacional para que nos otorgue una línea de apoyo financiero; hace minutos, hablé con Christine Lagarde, su directora, y nos confirmó que vamos a arrancar hoy mismo a trabajar en un acuerdo (…). Durante los dos primeros años, hemos contado con un contexto mundial muy favorable. Pero eso hoy está cambiando, las condiciones mundiales están cada día más complejas. Por varios factores: están subiendo las tasas de interés, está subiendo el petróleo, se han devaluado las monedas de países emergentes, entre otras variables que nosotros no manejamos (…) el problema que tenemos es que somos de los países del mundo que más dependemos del financiamiento externo, producto del enorme gasto público que heredamos y que estamos ordenando. Esto nos va a permitir fortalecer este programa de crecimiento y desarrollo dándonos un mayor respaldo para enfrentar este nuevo escenario global y evitar crisis como las que hemos tenido en nuestra historia (P12 9/5).

De inmediato el ex director del FMI para América Latina, Claudio Loser, resurgió como vocero informal del organismo imperial, marcando la cancha: “El Fondo puede pedir acelerar el ajuste”, como condición previa para aprobar el préstamo que pidió el Gobierno. Para tranquilizarnos aclaraba: “La Argentina atraviesa una crisis difícil”, pero ni de lejos la peor” y “de ninguna manera se ve el 2001”.Luego expondría los términos extorsivos del acuerdo: “Si Argentina se sienta a negociar y habla en serio de acelerar el ajuste fiscal, va a reducir las presiones sobre el Banco Central y va a ayudar a que se llegue a un acuerdo, [aunque] no hay 100% de seguridad de que le van a prestar los US$ 30.000 millones”; para finalmente advertir que “es como ir al dentista antes de tener caries. Va a doler hoy... pero es poco dolor hoy versus mucho mañana (CL 9/5).

Los capitales al Fondo

Apenas conocida la noticia del pacto de sumisión al FMI, las distintas expresiones de la gran burguesía salieron, casi en su totalidad, a respaldar la medida decidida por Mauricio Macri.

Miguel Acevedo afirmó que desde la Unión Industrial, que él preside, “se decidió apoyar al Gobierno para que salga rápidamente de esta situación, que es eminentemente financiera”; sin embargo aclaró que la entidad “confía en que la inversión en producción es lo que puede ayudar muchísimo a salir de este encierro de endeudamiento”. Por su parte, Cristiano Rattazzi, presidente de Fiat Chrysler Automobiles (FCA), dijo que está a favor de que el FMI “ponga condicionamientos para que la economía funcione y para que el ajuste sea el correcto. El país está haciendo las cosas bien pero el gradualismo tuvo pecas y tanto gradualismo generó problemas”. Gustavo Weiss, titular de la Cámara Argentina de la Construcción (uno de los principales afectados por el recorte de 30 mil millones en obra pública) consideró que “la intervención del FMI claramente es muy positiva y va a ayudar a tranquilizar los mercados”. Federico Braun, presidente de la cadena de supermercados La Anónima, estimó “correcto ir al FMI, porque es el lugar más barato para financiarnos, y es un prejuicio pensar que es malo”. Desde el poderoso sector de los laboratorios, Marcelo Figueiras, titular de Laboratorios Richmond, ponderó que recurrir al Fondo Monetario “es una señal de que el país tiene municiones para frenar una posible corrida, pero es necesario crecer y cuidar el trabajo”. Finalmente, la Sociedad Rural, en la voz de su titular Daniel Pelegrina,calificó como positiva la solicitud al FMI y pidió “analizar la situación con mucha responsabilidad, como oportunidad para apuntalar el crecimiento” (CR 9/5).

También desde La Nación, órgano de partido de la oligarquía financiera, se apoyó sin miramientos la decisión, aunque se plantearon dudas sobre la capacidad del gobierno para alcanzar los recursos políticos que le permitan realizar su programa económico. En la columna de Joaquín Morales Sola se decía: “Era el Fondo o una crisis mayor. El argumento más importante del Gobierno consistió en la necesidad de enviarles un contundente mensaje a los mercados de capitales. Si cuenta con el respaldo del FMI, el garante más influyente del mundo, ¿por qué los inversores privados seguirán desconfiando del país? El programa económico del Gobierno requiere de créditos por unos 30.000 millones de dólares anuales (algunos elevan ese monto hasta 35 o 40.000 millones) para financiar un reordenamiento gradual de la economía. De cualquier forma, el precio político no se verá ahora, sino cuando haya transcurrido cierta parte del proceso económico. ¿Se alejará la Argentina de una crisis? ¿Su economía seguirá creciendo y se estabilizará el dólar? (LN 9/5).

Unos días más tarde, Jaime Campos, titular de la poderosa Asociación Empresaria Argentina (AEA), salió a apoyar a la debilitada figura presidencial, afirmando que vio a Macri “bajo control de la situación” y alentó la misión que fue al Fondo Monetario Internacional (FMI). “Creo que el gradualismo es correcto, va corrigiendo los déficits y mientras tanto se endeuda, no hay otra. Se fue reduciendo el déficit fiscal, pero evidentemente nos ha agarrado esta situación antes de que llegáramos a terminar el tema. Lo único que se puede hacer es pedir apoyo del FMI antes, y no esperar hasta el final como pasó en otros gobiernos. La AEA apoya al Presidente, creemos que se están tomando las medidas correctas. El Presidente no hace esto porque tiene ganas de hacerlo sino porque llega a la conclusión de que es lo mejor” (CL 12/5).

Más cauta fue la opinión de la consultora internacional Moody's & Fix, filial de Fitch, preocupada por el resguardo de los intereses de sus inversores. En una entrevista, Gabriel Torres, analista principal de deuda soberana, opinó que todavía hay que ver las condiciones del préstamo: “En el corto plazo no tiene ningún impacto. Estamos a la espera de ver qué significa. Acceder a recursos del FMI no es ni bueno ni malo, es una herramienta. Hay que esperar a saber las condiciones que imponen, si son fáciles de cumplir. Lo único que hicieron es buscar un préstamo a tasas más bajas que las que encuentran en el mercado sin que se pongan sobre la mesa las condiciones del mismo” (LN 9/5).

Pero no todos fueron apoyos, algunos economistas del establishment salieron a criticar con dureza al Gobierno. Por ejemplo, Rodolfo Santangelo, histórico socio de Carlos Melconián, titular de la consultora Macroview sostuvo con ironía: “Esto es la revancha de la macroeconomía. La política macroeconómica salió mal parida desde el primer día, acá hubo un desprecio por la macroeconomía, triunfó la visión de los ‘traders’, los que miran la pantalla de Reuters y recién se asustaron ayer (por el lunes) cuando creyeron que se venía el ‘gameover’, y no de los que hacen análisis macroeconómico profesional. Nos habían prometido con las planillas de excel que en el 2023 convergía todo y ahora salimos a buscar el salvavidas del FMI. Les doy un número que me aterra, le vamos a pedir 30.000 millones de dólares al FMI y nos gastamos 20.000 millones en los últimos dos años de turismo, financiados con el ingreso de capitales golondrinas”. También Carlos Rodríguez, fundador del liberal Centro de Estudios Macroeconómicos Argentinos (CEMA), opinó: el FMI “puede llegar a proveer dólares que sirvan de respaldo para un tipo de maniobra para sacarse a las Lebac de encima, pero no especularía si efectivamente es así (…) el FMI simplemente nos da plata, pero no va a ser sin condicionalidades. El FMI siempre cobra, porque si no le pagas ahí sí que sos un paria internacional, no hay financiamiento y te embargan hasta los aviones”. El economista neoliberal José Luis Espert fue aún más contundente en las criticas por derecha al acuerdo con el Fondo: “El Gobierno puede seguir haciendo gradualismo, pero puede terminar muy mal. Terminar en manos del Fondo es terminar en la B. (El jefe de Gabinete) Marcos Peña ya rompió el juguetito que le dio el Presidente (Mauricio Macri). Ese juguetito es Argentina. Está mal terminar en el Fondo, es perder el partido”; lapidario (P12 10/5).

La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), crítica a fines de abril, hizo, a principios de mayo, gala de su mezquino oportunismo. Preocupada por la suba de la tasa de interés y su total ausencia de perspectiva histórica, saludó el acuerdo con el Fondo “con la expectativa de que estos recursos puedan generar alivio en el financiamiento interno y descomprimir las tasas locales” (ver Télam 8/5). La posición es un monumento a la inmediatez de los capitales medios que tan solo aguardan, con sus manos artríticas en los bolsillos, que el capital monopólico apenas baje el fuego de cocción.

Solamente la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (Apyme) apareció públicamente expresando su disconformidad con el programa económico oficial y anticipando el funesto destino que supone un acuerdo Stan by con el FMI: “Esta medida evidencia el fracaso de una política económica y financiera que en lugar de la prometida lluvia de inversiones tuvo por resultado un mayor ahogo externo y una brutal exposición del país a las fluctuaciones internacionales y a los movimientos de los capitales especulativos. Las Pymes sabemos por experiencia que de nada sirve para nuestro sector la posibilidad de un endeudamiento a tasas más baratas con la contrapartida de las medidas de ajuste y austeridad que imponen las consabidas recetas del FMI en el marco de un modelo económico desregulador, aperturista y destructivo del mercado interno y de la industria nacional” (P12 9/5).

Pese al anuncio de la vuelta al FMI, la corrida cambiara no logró aplacarse. El dólar llegó a los 23,13, una suba de 19 centavos, mientras que la tasa de Lebac en el mercado secundario saltó del 38 al 47%. La realidad es que el país tiene menos de 25 mil millones de dólares realmente líquidos en sus reservas, mientras registra un déficit de cuenta corriente de 5 puntos del PBI, una dolarización del sector privado record, un rojo por turismo superior a 12 mil millones de dólares al año y un déficit comercial cercano a 10 mil millones dólares (P12 9/5). Para ese entonces al Banco Central le quedaba aún, con todo lo trascurrido, uno de los principales desafíos, se le vencían el martes 15 de abril cerca de 600 mil millones de pesos en Lebac.

A los BOTES, los buitres atacan nuevamente

La decisión del gobierno de pactar con el FMI un préstamo de condiciones leoninas se explica no sólo por las necesidades de financiamiento hasta fin de 2019 (alrededor de US$ 25.000 millones) sino, además, porque su anuncio garantiza que el Gobierno aplicará sin “desvíos” el plan de ajuste que reclama el capital financiero. A su vez, el organismo ofrece el respaldo a la renovación de vencimientos de deuda con acreedores privados que algunos analistas estiman en US$ 29.000 millones, el 53% del total del stock de letras. En palabras más llanas y claras: el acuerdo con el FMI garantiza al capital financiero los dólares necesarios para mantener su acumulación vía bicicleta financiera, para lo cual el gobierno, como el Dr. Fausto, suscribe un pacto de entrega con el diablo, rubricado con la sangre del pueblo.

Será por eso que el JP Morgan, en un informe destinado a sus inversores, consideró que la renovación de Lebac del próximo martes no debería representar un problema para el Banco Central dadas las tasas del 40%. Por lo que recomendó invertir en Lebac, bonos Badlar y el título con cláusula gatillo a 2020. La entidad indicó a sus clientes que “aprovechen” las altas tasas de estos instrumentos para beneficiarse con el carry trade. “Esperamos que el BCRA mantenga altas tasas reales aun cuando la inflación baje, lo que debería ser un apoyo para el peso. Dudamos que los inversores extranjeros, a pesar de haber experimentado dos episodios de depreciación significativa del peso, se abstengan permanentemente de un perfil de rendimiento esperado tan atractivo y vuelvan a mirar el déficit. Las altas tasas reales en nuestra opinión serán el factor más determinante para el peso” (CR 11/5) ¡Más claro, échenle agua! El Estado argentino seguirá garantizándoles el saqueo, de lo contrario destruirán la moneda nacional. Se hace evidente que la mal llamada “excepcionalidad” venezolana no es otra cosa que la regular sanción que aplica el imperio contra políticas soberanas.

Así el “mercado” se preparaba para la mayor prueba del BCRA en los últimos dos años. El vencimiento de los 670.000 millones de pesos en Lebac representaba el 53% del stock total de letras (de unos 1.265.080 millones) y el 67% de la base monetaria. El Banco Central llegaba de rodillas al “súper martes”, habiendo sacrificado 8.607 millones de dólares de reservas internacionales entre marzo y el viernes 11 de mayo para intentar frenar el dólar. Para dimensionar la cifra es mayor a los dólares que salieron del país en todo 2017 por la vía comercial (CR 14/5). El indicador que releva el JP Morgan (que invitaba a sus clientes a hacer suculentos negocios en la futura licitación) llegó a los 500 puntos, tras subir 19 unidades, su mayor valor desde diciembre de 2016. (P12 15/5).

Al final llegó el día y cuando todo se hundía llegaron los BOTEs. Luego de tres semanas de turbulencia financiera, el Gobierno pudo anunciar una “buena” noticia: licitó dos bonos en pesos a largo plazo por un total de 73.249 millones de pesos. Esos títulos atrajeron fondos del exterior, que aumentaron la oferta de dólares. Con ese ingreso de capitales se permitió recaudar aproximadamente 3.000 millones de dólares.

De esta manera, el BCRA salió a ofrecer 5.000 millones de dólares desde el primer minuto de la jornada y elevó el valor de la moneda yanqui a 25 pesos. Cuando la divisa mostró signos de dispararse, el Central ofreció los bonos BOTE-2023 y BOTE-2026 deteniendo la disparada ascendente. Por estos dos bonos obtuvo 73.249 millones de pesos, a una tasa de 20% y 19%, de acuerdo al precio de corte al que salieron estos títulos. El rumor en la City fue que la licitación parecía hecha casi a medida para los que ya tenían en sus carteras estos títulos, como el fondo Franklin Templeton y Blackrock, que poseía hasta ayer el 46% del BOTE 2021; el 44,7% del 2023; y el 57,3% del 2026 (LN-CR 16/5). Estos fondos salvaron a Macri del “súper martes”,detuvieron la escalada del dólar, aumentando fuertemente sus acreencias, ajustando de esta manera la soga al cuello del país. El resultado inmediato de tanta agitación financiera fue un dólar a 25 pesos, tal y como el FMI había solicitado para iniciar las negociaciones.

Cabe describir meramente quiénes son estos dos grandes acreedores de la deuda argentina. Franklin Templeton, de acuerdo al Financial Times,es uno de los fondos de inversión más importantes del mundo. Desembarcó en el país en febrero pasado, cuando en una asociación con la casa local SBS lanzó tres fondos en el país: uno de deuda Argentina en moneda local, otro de deuda en dólares y otro de deuda latinoamericana. Fue el primer fondo internacional que concretó su llegada para operar aquí desde la salida del default. De más está decir que no se trata de un jugador menor: administra en total activos por 770.000 millones de dólares. El martes intervino a través de su Fondo Global de Bonos, manejado por el director de inversiones de Templeton Global Macro, Michael Hasenstab, adquiriendo el equivalente a USD 2.250 millones en Botes emitidos por el Ministerio de Finanzas. Por otro lado, Blackrock es un megafondo buitre estadounidense (el más grande el mundo), socio del JP Morgan del clan Rockefeller. Cabe señalar que en el 2014 se enfrentó en los tribunales neoyorquinos contra el NML de Paul Singer, ya que a diferencia de este último Black Rock siempre fue un tenedor importante de títulos de la deuda argentina hasta la actualidad, y había ingresado en los canjes de 2005 y 2010, que Singer rechazaba. Este fondo además tiene acciones en las principales corporaciones norteamericanas como Citigroup, Bank of American, Visa, Morgan Chase, Wells Fargo, Paypal, American Express, IBM, Intel, Amazon, AT&T, Disney, Chevron, ExxonMobil, Ford, General Motors, Coca Cola, PepsiCo y Mc Donalds. Su vicepresidente, Philip Hildebrand, es miembro elitista del Club Bilderberg, y recientemente presidió el Banco Central de Suiza. También es miembro del Grupo de los Treinta, otra institución internacional creada en 1978 por la fundación Rockefeller. Como antecedente, Macri se había reunido con el CEO de BlackRock, Larry Fink, en 2016 y visitó su sede en 2017. Dime con quién andas…

El aumento de la participación en la economía nacional de estas corporaciones tuvo su réplica en el contundente respaldo de los agrupamientos de la gran burguesía en el país. Así lo hizo público la Asociación Empresaria Argentina (AEA), entidad que agrupa a los propietarios de los principales grupos económicos del país; y por el Foro de Convergencia Empresarial, que aglutina a las principales entidades empresariales, bajo dirección de la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina (Amcham).

El titular de AEA, Jaime Campos, en diálogo con la prensa postuló: “Esta es una crisis que se va a superar y el país va a salir fortalecido, porque una vez que se sale, se sale bien, y el país va a volver a tener un crecimiento sólido y aumento en el empleo. Iniciar conversaciones con el Fondo nos lleva a situaciones del pasado que generan resquemores en la población pero hay que entender que estamos en otra situación”. En igual sentido se manifestó el petrolero Alejandro Bulgheroni (PAE), también miembro de AEA: “Es muy importante la previsión con la que se está trabajando, viendo lo que va a pasar en el futuro y tomando recaudos. Es la primera vez que lo observo en la Argentina” (CR 16/5). Mientras, desde el Foro de Convergencia Empresarial salió a hablar Claudio Cesario, presidente de la Asociación de Bancos de la Argentina (ABA), que nuclea a los bancos extranjeros con negocios en el país: “Apoyamos las medidas que está tomando el Gobierno. Acudir al FMI es razonable para nosotros y así lo han hecho otros países de la región.Desde ABA vemos un sistema sólido, solvente. No tenemos conflictos ni situaciones especiales. Hoy los depósitos en pesos son récord”. Juan Chediack, presidente de la cámara que agrupa al sector de la construcción, apoyó: “Demostraron capacidad técnica y financiera para esta turbulencia. Estamos en récord histórico de mano de obra de la Uocra con 440.000 empleos”. Pero quien coronó el rosario de adhesiones fue el representante de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos (Amcham), Manuel Aguirre: “No se revisa ningún plan de inversión. Las casas matrices tomaron positivamente el inicio de conversaciones con el FMI. Es un seguro en el marco de la necesidad de financiamiento del país” (LN 17/5).

Mayo evidenció la respuesta de la oligarquía financiera a la movilización de los trabajadores y el pueblo del 14 y 18 de diciembre. Fue una contraofensiva imperial en una dirección que debilita sus fuerzas. Cambiemos (como su expresión política) solo cuenta con un rumbo posible: acelerar el saqueo, para seguir financiando la fuga de divisas y el despojo nacional. El ajuste fiscal, que ya fue lanzado con la devaluación, es el camino señalado hacia un nuevo capítulo de incertidumbre financiera y, fundamentalmente, es el viento que atiza el fuego de una creciente crisis social y política.



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