Revista Mensual | Número: Agosto de 2018
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Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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Rotas cadenas

Tiro a China o tiro al pie
“Lo importante es el chip, mamucha”
Fractura expuesta
Un gigante con pies de acero


Detrás de la guerra comercial, el salto tecnológico achica cada vez más el margen para lograr acuerdos entre los monopolios occidentales

Rotas cadenas

“Todos esos jodidos

que ‘retienen la vida

0un poquito nada más’

siempre tienen a mano

las más tontas razones

para mentir a gusto,

siempre a gusto del poder”

(Indio Solari)

 


Finalizando la primer semana del mes de Julio, la administración norteamericana confirmaba la imposición definitiva de aranceles a una lista de 818 productos chinos (mayormente de los sectores industrial y tecnológico), con una tarifa del 25%, por un valor total de 34.000 millones de dólares. La lista completa alcanzaba los 1.100 productos, pero el resto quedaba en evaluación. El gobierno chino, por su parte, respondía con aranceles por 34.000 millones de dólares sobre una lista de 545 bienes entre productos agrícolas y vehículos, aclarando que tan sólo respondían a un ataque impulsado por EEUU, “Por supuesto que no queremos una guerra comercial, pero si los intereses legítimos de cualquier país son dañados, entonces por supuesto ese país tiene el derecho de proteger firmemente sus propios intereses”, expresaba el vocero de la cancillería china, Lu Kang. En el mismo sentido declaraba Gao Feng, vocero del Ministerio de Comercio chino: “Estados Unidos provocó una guerra comercial. Las medidas estadounidenses están esencialmente atacando el proceso de producción y valor global. En términos simples, Estados Unidos está abriendo fuego sobre el mundo entero, incluso contra sí mismo” (todo en LN 6/7).

De igual forma, ante la belicosa política comercial norteamericana de “guerra contra todos”, se desataban las respuestas, no sólo desde China, sino también desde varios países adversarios y otrora aliados sin distinción. “El daño de las restricciones comerciales estadounidenses a las exportaciones rusas se estima en 537,6 millones de dólares”, señalaba Maxim Oreshkin, ministro de Desarrollo Económico de Rusia (LN 7/7), para luego anunciar que Moscú imponía una serie de aranceles adicionales a productos estadounidenses como equipos de construcción de carreteras, equipos de perforación, herramientas de metal y de perforación de roca según detallara a la agencia RIA Novosti.

El monto de las tarifas adicionales impuestas por Rusia a EEUU –en respuesta al ataque– oscila entre el 25 y el 40%, alcanzando inicialmente los 87,6 millones de dólares al año. Sin embargo, podrían sumarse 450 millones adicionales en tres años en caso de que la Organización Mundial de Comercio (OMC) concluya que las medidas de EEUU contradicen las normas internacionales, tal como Rusia, China y la Unión Europea, entre otros, vienen denunciando (RT 6/7).

Entre los viejos aliados, Canadá, uno de los ex socios norteamericanos en el NAFTA, también tomaba represalias frente a la imposición de aranceles al acero y aluminio. “Canadá no tiene otra opción que tomar medidas recíprocas contra los aranceles de EEUU por unos U$S 12.600 millones en respuesta a los aranceles al acero y aluminio canadiense decretados por Washington (…). No vamos a echarnos atrás”, afirmaba por su parte Chrystia Freeland, ministra de Exteriores canadiense (RT 29/6). Las medidas impositivas decididas por Ottawa fueron complementadas con ayudas a los productores canadienses de estos dos metales, así como a sus agricultores, por U$S 1.500 millones.

Igualmente, la confirmación por parte de la administración de Trump del arancelamiento de la importación de acero y aluminio europeos empujaba a Bruselas a responder con sanciones comerciales por 2.800 millones de euros, que prometía ir reforzando hasta superar los 6.000 millones. Los ataques del presidente norteamericano contra sus históricos aliados se reducían a la ofensiva frase lanzada por éste ante la visita de su par portugués a Washington: “La Unión Europea (UE) fue un proyecto diseñado para aprovecharse de EEUU”, advertía sin medias tintas Trump (CL 28/6). Finalmente, promediando el mes de Julio, los “socios” llegarían a una suerte de tregua atada con alambre, como veremos más adelante.

En medio de esta balacera arancelaria, el semanario británico The Economist advertía las negras perspectivas de la economía mundial: “Algunos analistas atribuyen la presidencia del Sr. Trump a la crisis económica del comercio con China después de 2000. La turbulencia causada por revertir la globalización sería tan mala como aquella. Una estimación contabiliza que 550.000 empleos estadounidenses se perderían en una guerra comercial. El golpe a China también sería severo (…). Es difícil imaginar tal realineamiento sin una recesión global” (TE 23/6).

En definitiva, si bien la guerra comercial y los aranceles cruzados entre las principales economías occidentales y China –y de aquellas entre sí– ocupan la primera plana en el análisis de la economía global, la crisis en que se halla el sistema de producción capitalista en su conjunto continúa sin resolverse, y ahí está el centro de la cuestión. Así lo sinceraba la directora ejecutiva del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde: “En cierto modo, es un momento bastante frustrante porque hemos pasado por 10 años de reconfiguración, reforzando el sistema (...) y actualmente tenemos un crecimiento a nivel mundial muy similar al que teníamos antes de la crisis” (HTV 26/6).

Pasemos a ver cómo se desencadenaban los hechos durante el mes de julio.

Tiro a China o tiro al pie

Como señalábamos, el principal destinatario de los misiles tarifarios de Trump es China. Tan solo una semana después de poner en vigencia la lista de más de 800 productos, la Oficina de Comercio estadounidense ampliaba a 6.031 bienes chinos sobre los cuales anunciaba un gravamen adicional de 10%, por un costo de U$S 200.000 millones (LN 12/7).

La reacción de Pekín no se hacía esperar y el Partido Comunista Chino (PCCh) anunciaba nuevos aranceles, esta vez por U$S 50.000 millones al año, a la par que calificaba la escalada de sanciones como la mayor guerra comercial en la historia económica (RT 12/7). La vocera de la cancillería, Hua Chuning, ponía blanco sobre negro, aseverando: “Esta es una lucha entre el unilateralismo y el multilateralismo, el proteccionismo y el libre comercio, el poder y las reglas” (LN 12/7).

Por su parte, el embajador norteamericano ante la OMC, Dennis Shea, admitía: “Dado el rol muy amplio y creciente de China en el comercio internacional, y el grave daño que causa a los socios comerciales de China su enfoque mercantilista en comercio e inversión, este ajuste de cuentas ya no puede posponerse más (…). Está claro además que la OMC actualmente no ofrece todas las herramientas necesarias para remediar esta situación” (LN 12/7).

De las citas de marras se desprenden dos elementos centrales: en primer lugar, no se trata de una escaramuza arancelaria, sino de una lucha por los principios sobre los cuales debe ordenarse la economía mundial, cuya producción se realiza de manera cada vez más social e integrada. En segundo lugar, los órganos de gobernanza mundial creados por el imperialismo a la salida de la Segunda Guerra, y remachados con la caída del Muro y el Consenso de Washington, se muestran hoy obsoletos e incapaces de garantizarle a los monopolios –que los crearon acorde a sus necesidades– las más mínimas condiciones de sostener su hegemonía, en la medida en que no existe valor para repartirse y, por lo tanto, no hay posibilidad de cumplir leyes ni lograr acuerdos o consensos en medio de una lucha encarnizada.

Respecto del primer punto, podemos señalar que alrededor del 59% de los productos sujetos a alzas arancelarias adicionales dispuesta por la administración Trump son fabricados por firmas extranjeras en China, de las cuales las empresas estadounidenses representan una parte considerable. Los analistas calculan que alrededor del 40% del superávit comercial chino en realidad es generado por compañías estadounidenses radicadas en el gigante asiático. Como contraparte de esta relación comercial, las exportaciones de EEUU a China permitieron crear alrededor de un millón de empleos fronteras adentro de la primera economía mundial solo en 2017 (XH 7/7). Más aún la relación bilateral entre China y Estados Unidos aumento 15,2% interanual en el comercio, alcanzando los U$S 583.700 millones. Las exportaciones de China a EEUU crecieron un 14,5%, cifra superada por una expansión del 17,3% de las importaciones desde EEUU. Por ejemplo, China recibe un 26% de las exportaciones de aviones Boeing, un 56% de la soja norteamericana, un 16% de los automóviles, un 15% de los productos agrícolas y un 15% de los circuitos integrados yanquis (XH 6/7). Estos números tan sólo muestran lo imbricada que se encuentra hoy la economía mundial, vislumbrándose que cualquier nueva barrera o aranceles tan sólo genera pérdidas por doquier…

Y así lo evidenciaron los indicadores bursátiles globales que arrojaron un costo de U$S 100.000 millones para el comercio afectado por las guerras económicas, tan sólo en el primer fin de semana de su entrada en vigor. De profundizarse esta tendencia, abarcaría al menos al 6% del comercio de mercaderías a nivel mundial –que en 2017 fue de U$S 17,5 billones, según la OMC. Según datos oficiales de Washington, EEUU importó autos y camionetas por U$S 191.700 millones en 2017 y repuestos por otros U$S 143.100 millones (un total de U$S 334.800 millones). En caso de aplicarse aranceles “ojo por ojo”, se verían afectados más de U$S 650.000 millones de comercio global, con consecuencias para el conjunto de la economía mundial (CR 5/7).

En este contexto, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) emitía un informe para evaluar el impacto sobre el crecimiento mundial y las condiciones de vida de la población de una guerra comercial sostenida en el largo plazo, estimando que para 2060 el nivel de vida medio se reduciría un 14%. El impacto sería más grave para los países emergentes mientras que para EEUU el recorte se situaría entre el 6 y el 7% (DW 12/7).

En el mismo sentido, según un balance publicado FMI, las controversias comerciales entre EEUU, China, la UE y, por consecuencia, todos los mercados globales, pueden dañar a corto plazo la economía global, que espera para 2018 un crecimiento mundial de 3,9%. “El riesgo de que las tensiones comerciales actuales se intensifiquen y que impacten negativamente en la confianza y en la inversión representa la mayor amenaza para el crecimiento mundial en el corto plazo”, afirmaba Maurice Obstfeld, economista jefe del FMI (CD 17/7). Es por ello que el Fondo reducía también este mes la expansión prevista para Estados Unidos (2,4%, -0,1 puntos porcentuales) y la Eurozona (2,2%, -0,2 puntos porcentuales), debido a los pronósticos más bajos para Alemania, Francia e Italia (CD 17/7).

Recordemos que, según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés) el 80% del comercio internacional corresponde a transacciones entre multinacionales, y más del 30% de las exportaciones mundiales corresponde a bienes intermedios. La integración del mundo en las llamadas Cadenas Globales de Valor es un dato inocultable.

Frente a tremendo panorama el premio Nobel de Economía, Paul Krugman, sintetizaba la irracionalidad de las medidas impulsadas por EEUU enfatizando las profundas transformaciones de la economía mundial en las últimas cinco décadas: “Trump parece imaginar que el mundo aún se ve como en la década de 1960, cuando el comercio era abrumador en productos acabados como trigo y autos. En ese mundo poner aranceles a los autos importados causaba que los consumidores optaran por autos locales. Pero en la economía mundial moderna, una gran parte del comercio es en productos intermedios, no autos sino autopartes (…). Lo notable de los aranceles de Trump, sin embargo, es que son muy autodestructivos (LN 12/7).

“Lo importante es el chip, mamucha”

La analista de Black Rock –el mayor fondo de inversión a nivel mundial–, Isabel Mateos y Lagos, sintetizaba el nudo de la disputa actual en la economía mundial y el consecuente recelo de EEUU con respecto al desarrollo de China: “China empieza a desafiar a Estados Unidos en el sector de las tecnologías de la información. La rivalidad tecnológica es la clave” (CR 16/7).

En este sentido, un informe de la consultora Boston Consulting Group, titulado “Ranking de Creadores de Valor 2018”, mostraba cómo la competitividad creciente de las empresas asiáticas se está llevando por delante a monstruos corporativos de EEUU que hasta no hace mucho eran “vacas sagradas” a nivel mundial. El informe analiza 33 sectores de actividad durante los últimos cinco años, entre los cuales sobresale el tecnológico. Allí, claramente China y Japón superan a EEUU en cuanto a la tasa de rentabilidad de las acciones durante un período de tiempo determinado. Según el estudio, en el sector tecnológico, dentro del top 10 Wall Street está representada por tres empresas (NVidia, DXC Technology y Micron), mientras que Asia ocupa los siete casilleros restantes: tres chinas (Sunny Optical Technology Group –líder en creación de valor–, Hangzou Hikvision Digital Technology y AAC Technologies Holdings), dos japonesas (Nidec y Tokyo Electron) y una taiwanesa (Largan Precision) (todo en CR 16/7).

Este despegue de China responde únicamente a la política impulsada por el PCCh respecto de la inversión en I+D. Por ejemplo, en el plan denominado “Hecho en China 2025”, se impulsa la inversión específicamente en diez campos tecno-estratégicos: tecnología de la información, incluidas las redes 5G y la cyber-seguridad; robótica; aeroespacial; ingeniería oceánica; ferrocarriles de alta velocidad; vehículos con nueva energía; equipo de poder; maquinaria de agricultura; nuevos materiales y biomedicina (CD 20/7).

Como venimos desbrozando mensualmente en nuestra publicación, el centro de la disputa de estos días es por quién controla el sector que produce las tecnologías con que a su vez se producen todas las demás mercancías. Tanto la maquinaria, la robótica, como el software que programa a ambas, se vuelven el eslabón fundamental de una cadena global cada vez más concentrada en un puñado estrecho de corporaciones multinacionales.

En los últimos meses, Estados Unidos ha acusado en repetidas ocasiones a China de robar derechos de propiedad intelectual, pero nunca ha presentado evidencia sólida” (XH 15/7), señalaba la portavoz de la cancillería china, Hua Chunying, en una rueda de prensa diaria, al comentar el Comunicado del Representante Comercial de EEUU sobre la Acción de la Sección 301 emitido el 10 de julio. De acuerdo con un informe de 2017 de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), el número de solicitudes de patentes de invención presentada por la Oficina Estatal de Propiedad Intelectual de China superó los 1,3 millones, con lo que se ubicó en primer lugar a nivel mundial por séptimo año consecutivo. Además, en 2017 los pagos externos de China por regalías de derechos de propiedad intelectual subieron a U$S 28.600 millones (XH 15/7). Ello explica que de los 50 principales startups de alta tecnología –con un precio de US$ 1.000 millones o más– 26 son chinos, 16 estadounidenses y ninguno europeo. En lo que va de 2018 el PBI chino creció 6,8%, pero el sector hightech aumentó 12,5%; en los últimos 5 años, surgieron 21.4 millones de nuevas empresas, entre ellas 5 millones de startups de alta tecnología, que crecen 57% anual (CL 24/6).

Frente a las acusaciones norteamericanas, el Ministerio de Comercio chino explicitaba su posición respecto de la Sección 301 de comercio mundial, abordando el nudo de la cuestión: la propiedad intelectual en medio de la brutal competencia entre un puñado de empresas tecnológicas occidentales. La extensa declaración, publicada íntegramente por el diario del pueblo Xinhua el 13 de julio, entre sus puntos más destacados manifiesta que: “Los problemas subyacentes en la economía y la sociedad estadounidenses están puramente causados por razones nacionales y estructurales en Estados Unidos (…). Con respecto a la llamada transferencia forzada de tecnología el gobierno chino no hizo este tipo de demanda a las compañías extranjeras, y la cooperación entre las empresas chinas y extranjeras en tecnología y otros ámbitos económicos y comerciales es un funcionamiento contractual basado puramente en el principio de voluntariedad. Ambos lados han cosechado enormes beneficios de la cooperación durante años” (XH 13/7).

De este modo, el PCCh zanjaba su posición respecto de la acusación norteamericana de robo de patentes a las compañías yanquis establecidas en territorio chino. Como venimos señalando desde nuestras páginas, China impone como condición a las empresas que desean asentarse en sus fronteras que las nuevas tecnologías a las que la compañía arribe con las ganancias obtenidas en el mercado chino, gracias al trabajo de la mano de obra china y bajo el régimen fiscal chino, se patenten como propiedad tanto de la compañía privada como de la Oficina Estatal de Propiedad Intelectual china. Las empresas multinacionales siempre pueden rechazar éstos términos y no asentarse en territorio oriental… Es la potencialidad de un mercado de 1.300 millones de personas y la solidez de un crecimiento siempre superior al 6% anual (en un mundo donde las “potencias” no superan el 3%) lo que lleva a las compañías occidentales a acordar y aceptar las condiciones. No hay robo, no hay aranceles si deciden no radicarse allí y sólo vender sus productos dentro de China… Tampoco vasallos que abren su economía a la libre especulación y saqueo de los capitales foráneos; y eso es lo único que el actual grado de concentración y centralización de la economía y de descomposición del dominio de los monopolios tolera como “aliado”.

Luego, la declaración continuaba haciendo un análisis preciso de la situación actual: “Cuando Estados Unidos se retira obstinadamente de los grupos por sus propios intereses con el pretexto de ‘Estados Unidos Primero’, se convierte en enemigo de todos. No sólo inicia la investigación 301 sobre las presuntas prácticas chinas relacionadas con los derechos de propiedad intelectual (DPI), sino que también lanza la investigación 232 contra las economías globales clave en nombre de la seguridad nacional y crea fricciones comerciales en sectores clave como el acero, el aluminio y los automóviles (…). Es justo decir que esta mayor guerra comercial de la historia económica librada por Estados Unidos no es una guerra comercial entre el país norteamericano y China, sino una guerra comercial global. Estas prácticas estadounidenses arrastrarán a la economía mundial a la ‘trampa de la guerra fría’, la ‘trampa de la recesión’, la ‘trampa de anti-contrato’ y la ‘trampa de las incertidumbres’, que empeorarán gravemente el ambiente económico y de negocios mundial, destruirán la cadena industrial y de valor global, dificultarán la recuperación económica mundial, provocarán fluctuaciones en el mercado global y dañarán los intereses de numerosas multinacionales y consumidores de todo el mundo” (XH 13/7).

Las conclusiones del gobierno oriental son precisas en tres instancias centrales: primero, como ya dijimos, son los capitales occidentales los que invierten en el mercado asiático empujados por la concentración económica y la puja al interior de los monopolios, en busca de una ganancia que ya no les garantizan otros mercados y que precisan sostener para no perecer en la ola de fusiones global. Segundo, la guerra impositiva disparada por el gobierno norteamericano es una respuesta a las virulentas transformaciones en la economía mundial, que son resultado necesario de las leyes de reproducción del capital y de la acumulación histórica de sus contradicciones. Tercero, la caotización de las reglas de juego comercial y, en consecuencia, la obsolescencia de sus organismos de aplicación es producto de este cambio estructural tan esencial como a veces invisible.

En definitiva, lo que queda claro es que EEUU se está jugando su histórica hegemonía sobre el comercio mundial –recordemos que el 80% de los 147 monopolios que controlan la mitad de la economía mundial se domicilian allí. Frente a ello, la República Popular busca ante todo lograr la definitiva autonomía respecto de EEUU y del caótico mercado mundial conducido por los monopolios, poniendo el eje en el desarrollo de los pueblos a escala global. En palabras de Xi Jinping: “Lo esencial en la nueva etapa es lograr la plena autonomía en la investigación científica y tecnológica más avanzada, y ésta se sostiene en un fenómeno de innovación de masas, de abajo hacia arriba, de alcance mundial” (CL 1/7). Así, al lograr su independencia, el pueblo chino comandado por el PCCh subvierte las relaciones históricamente construidas de dependencia y subordinación de EEUU, desbrozando el camino para el resto de los pueblos. En este sentido, el analista internacional del Grupo Clarín, Jorge Castro, afirmaba que nos encontramos ante “una síntesis en la que están presentes 5.000 años de historia china y el Marx de los Grundrisse” (CL 1/7).

Fractura expuesta

“Estados Unidos no quiere aliados, sino vasallos”

(V. Putin, 16/4/2015)

Por todo lo antes dicho, resulta evidente que en la disputa entre grandes monopolios por hacerse de mejores porciones de una torta cada vez más pequeña, producto del agotamiento del valor/riqueza a distribuir, el resquebrajamiento del bloque hegemónico imperialista es tan inocultable como indetenible.

Como señalaba el comunicado del PCCh, la guerra comercial es global, no sólo contra China, y en la competencia por garantizar la reproducción en un mercado cada vez más concentrado, los monopolios occidentales colisionan entre sí.

En este contexto, al tiempo que EEUU anunciaba que la Unión Europea no estaría excluida de los aranceles al ingreso de aluminio y acero, la respuesta de la UE que señalábamos al comienzo del artículo (aranceles por 2.800 millones de euros) desataba nuevas amenazas de nuevos aranceles por parte de Trump, esta vez de un 20% sobre la importación de vehículos europeos, asestando un golpe al corazón de la industria alemana (RT 22/6, HTV 2/7).

La UE respondía a la apertura de la investigación sobre la importación de automóviles europeos en EEUU con un comunicado oficial al Departamento de Comercio norteamericano: “Las importaciones de autos desde la UE no amenazan ni perjudican la salud de la industria y la economía de Estados Unidos. La industria de la UE y de Estados Unidos se especializan en segmentos de mercado muy diferentes y, en los últimos cinco años, las importaciones procedentes de la UE han sido estables y relacionadas con el crecimiento general del PIB de Estados Unidos (…). Las compañías automotrices de la UE contribuyen de manera significativa al bienestar y el empleo en Estados Unidos. Están bien integradas a la cadena de valor de Estados Unidos y exportan cerca del 60 por ciento de los autos a terceros países, incluyendo la UE, lo que contribuye a mejorar la balanza comercial estadounidense” (XH 3/7). A la par, agregaba que el impacto y las respuestas podrían afectar las exportaciones estadounidenses estimadas en 294.000 millones de dólares, cerca del 19% de las exportaciones totales del país en 2017 (XH 3/7).

El ministro francés de Finanzas, Bruno Le Maire, advertía: “La guerra comercial ya ha empezado (…) y los países de la UE deben hacer saber que, si se les ataca, reaccionarán de manera colectiva y con firmeza” (HTV 8/7). Recordemos las palabras del presidente francés Emmanuel Macron, el mes pasado: “El nacionalismo económico lleva a la guerra. Es exactamente lo que pasó en la década de 1930” (LN 1/6).

Como plato fuerte de la fractura abierta entre la UE y EEUU debe enlistarse, sin duda, la conferencia conjunta de la canciller alemana Ángela Merkel y el primer ministro de China, Li Keqiang, donde la europea sentenciaba: “Estamos listos para discutir con Estados Unidos, debemos tratar de llegar a un acuerdo. De lo contrario tendremos que actuar, tal y como lo hicimos con la industria del acero y el aluminio (RT 9/7). Merkel ya había sintetizado meses atrás: “Ya no podemos confiar en que EEUU nos proteja. Europa debe tomar su destino en sus propias manos, es nuestro desafío para el futuro” (RT 10/5), y “Los tiempos en que podíamos depender enteramente de otros son hasta cierto punto cosa del pasado” (RT 22/6).

Como veremos en el artículo siguiente, la fractura imperial es tan expuesta que Europa ni siquiera se alineó bajo la fusta de Trump de sancionar económicamente a las industrias y países que mantengan relaciones económicas con la República Islámica de Irán, tras la salida de EEUU del acuerdo de paz nuclear. Por el contrario, la jefa de la Diplomacia de la UE, Federica Mogherini, al insistir en que Irán ha cumplido con los compromisos estipulados en el pacto, manifestaba su apoyo a mantener los canales bancarios, la continuidad de las exportaciones de petróleo y gas, así como crear un entorno más favorable para hacer inversiones en Irán (HTV 8/7).

En el mismo sentido, Reino Unido, Francia y Alemania acordaron establecer relaciones comerciales con Teherán dejando de lado el dólar como moneda de intercambio. El ministro de Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, explicaba que la referida medida de Londres, París y Berlín persigue el fin de proteger a sus empresas ante las eventuales sanciones con las que la administración republicana las había amenazado (HTV 9/7).

Como venimos analizando, y como bien describe el comunicado oficial chino citado más arriba, la política norteamericana “Estados Unidos primero” implica “Estados Unidos contra todos”. Si fuera un eslogan de campaña de Trump, no querría decir mucho; pero es una reacción de algunos sectores del capital concentrado norteamericano ante la agudización de las contradicciones insalvables de la reproducción capitalista.

La reducción del tiempo de trabajo socialmente necesario para producir el conjunto de las mercancías, como consecuencia del salto tecnológico en el proceso productivo, encarniza la lucha al interior de las 147 corporaciones que (des)controlan la economía mundial. En esa lucha por sobrevivir, no hacen más que acelerar el proceso de reducción de la producción de valor, porque cada uno busca “picar en punta” en materia de innovación tecnológica, para así succionar el valor creado por sus competidores. Por lo tanto, el proceso de concentración y centralización del capital se agiganta, a la par que la producción se integra cada vez a escala global, ensanchándose la brecha entre el carácter cada vez más social del proceso productivo y el carácter cada vez más privado de la apropiación de sus beneficios.

Ante esto, “Estados Unidos primero” significa: suba de tasas de la Reserva Federal para captar la inversión financiera global fronteras adentro; guerra comercial contra todo bicho que camine, y reforma fiscal para pertrechar dentro del territorio norteamericano a las multinacionales que salieron de allí por necesidades de su desarrollo y crecimiento, y que ahora no encuentran margen para continuar reproduciéndose (por todo lo anterior señalado, no por la competencia china o alemana). Este combo explosivo conlleva una agudización de la lucha al interior de las 147 corporaciones, valiéndose de las herramientas del estado nacional norteamericano y, centralmente, de su supuesta y, en los últimos 50 años, nunca bien comprobada supremacía militar. Sostener a los cañonazos limpios un orden mundial en franco desmoronamiento no es viable, y eso es evidente.

Un gigante con pies de acero

Ante la evidencia de este derrumbe, como venimos señalando mes a mes, se consolida el eje sino-ruso como vertebrador de un orden mundial que consolide la integración de las distintas regiones y países, atendiendo a las necesidades de un proceso productivo cada vez más globalmente integrado y de ingentes masas de trabajadores desplazados por la cruenta (i)lógica capitalista. En palabras del Ministerio de Comercio de China, expresadas en el mismo comunicado que citáramos más arriba: “China continuará fomentando con firmeza la reforma y apertura de acuerdo con los planes y el ritmo establecido, y trabajará con el resto del mundo para salvaguardar resueltamente el libre comercio y el sistema comercial multilateral (…). El gobierno chino siempre mantendrá su determinación de (…) proporcionar un sólido apoyo a la globalización económica, salvaguardar el sistema comercial y económico internacional, y desarrollar y prosperar con todos los países del mundo que busquen el progreso” (XH 13/7).

A este punto resulta evidente que China es un motor clave en la recuperación económica del mundo y en su crecimiento desde 2002, en la medida en que aportó cerca del 30% anual de media al crecimiento económico global. Las importaciones de bienes del país oriental se dispararon de U$S 243.600 millones en 2001 a U$S 1,84 billones el año pasado, lo que representa un incremento medio de un 13,5% anual y convirtió a China en el segundo mayor importador del planeta. En cuanto a los servicios, las importaciones aumentaron de U$S 39.300 millones a U$S 467.600 millones en el mismo período, con un crecimiento medio anual del 16,7%, es decir, 2,7 veces la media del crecimiento mundial (XH 29/6). En este año la economía china ya creció el 6,7%, más del 6,5% calculado para todo el 2018 (CD 8/7).

En este sentido, empujados por la fractura del bloque occidental, 16 países de Europa Central y Oriental, que incluyen 11 Estados miembros de la UE, profundizaban este mes la relación de comercio y producción con China a toda la velocidad. Según los datos de las aduanas chinas, el volumen comercial entre las dos partes en 2017 ascendió a U$S 67.980 millones, un aumento del 15,9% respecto al año anterior. El ritmo es ligeramente más rápido que el de China y la UE, que aumentó un 15,5% en 2017. También superó la tasa de crecimiento general del comercio exterior de China, que fue del 14,2% (XH 8/7).

El primer ministro chino, Li Keqiang, señaló al inicio de las conversaciones que a Pekín le interesa ver una UE “abierta y próspera”, marcadamente contrastante con Trump diciendo que la UE fue un proyecto diseñado para aprovecharse de los EEUU, ¿no?

En el mismo sentido, por debajo de la conferencia de prensa conjunta entre Merkel y Keqiang, la compañía alemana de ingeniería Siemens suscribía más de 10 acuerdos con una de las principales compañías de trenes china a principios de este julio, inscriptos en el marco de la iniciativa de la Franja y la Ruta. El presidente y director general de la firma, Joe Kaeser, argumentaba la decisión: “Es una iniciativa de referencia que representa una inversión de un billón de euros en infraestructuras en aproximadamente 90 países y regiones (XH 22/6). Bajo la Franja y la Ruta, China proyecta integrar a más del 70% de la población mundial. En el mismo sentido, Shan Jing, gerente de desarrollo comercial de Far East Land Bridge Ltd (FELB), el flamanete socio chino de la Siemens, señalaba: “Se conectarán más países, terminales ferroviarias, puertos marítimos, áreas industriales y centros logísticos. Se está formando una sólida cadena de suministro basada en China Railway Express desde todos los países de Eurasia (XH 22/6).

Por otra parte, el valor de las fusiones y adquisiciones chinas en Europa anunciadas recientemente alcanzaron los U$S 22.000 millones, muy por encima de los U$S 2.500 millones de dólares en este tipo de operaciones que se registraron en Norteamérica, según datos de las consultoras McKenzie y Grupo Rhodium. Los sectores de la economía como automóviles, salud, biotecnología y productos y servicios de consumo fueron los principales destinos de la inversión directa exterior china en el Viejo Continente (XH 16/7).

En la configuración de un orden mundial que apuntale el proceso de globalización, los organismos multilaterales armados por el imperialismo –hoy en franca decadencia junto con él– requieren refundarse en función del nuevo escenario.

En este contexto, y con la guerra comercial desatada como telón de fondo, el vicepresidente de la Comisión Europea, Jyrki Katainen, anunciaba este mes que la UE y China formaron un equipo conjunto para proponer a la OMC una actualización de las normas del comercio internacional. Katainen señalaba que las acciones unilaterales del presidente estadounidense, Donald Trump, en las disputas por el acero, la política tecnológica de China y otros asuntos, han subrayado la necesidad de modernizar la OMC para reflejar los desarrollos en la economía mundial (RT 25/6).

Europa no tiene más opción que virar o sucumbir. Que Siemens suscriba a la iniciativa de la Ruta de la Seda no indica que de golpe el consorcio alemán se haya vuelto socialista o haya pasado a interesarse en construir un orden mundial más equitativo para los pueblos de la periferia imperialista… Sino que EEUU lo único que puede ofrecerle a Europa es aplastarla. Bajo el gobierno de Obama tomó la forma de Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP), acuerdo de libre comercio entre EEUU y la UE, que gane el más fuerte y que el último apague la luz. Bajo el gobierno de Trump, la guerra arancelaria expresa de fondo el mismo contenido: no hay lugar para alianzas, porque no hay base material para sostenerlas.

Luego en la coyuntura, este contenido se expresa de manera contradictoria. Es que para ir contra China, EEUU necesitaría a Europa de su lado… Por lo tanto, intenta mantener el bloque histórico, pero con una torta cada vez más pequeña y con monopolios cada vez más grandes buscando aumentar su tajada, sostenerlo es imposible.

El viraje de Europa, tanto en materia económica (Fondo Monetario Europeo, acuerdo Siemens-China, sostenimiento de las relaciones comerciales con Irán, etc.) como en materia de defensa (centralmente, el armado de una OTAN sin Estados Unidos, que como ya declaró la administración norteamericana, conlleva en la práctica el armado de una OTAN contra Estados Unidos) expresa esa fractura.

Pasemos ahora a analizar cómo se precipitaba este descalabro en el plano de la política internacional.



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