Revista Mensual | Número: Agosto de 2018
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Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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La grasa de los capitales

La fiebre de un sábado azul
Noche de perros
Paranoia y soledad
Cerca de la revolución
Encuentro con el diablo
En la vereda del sol


Más zarpazos con menos uñas a un mundo que con urgencia intenta sanar viejas heridas

La grasa de los capitales

“Padre, ¿volveré a ser feroz?
Mi garra será mortal
¿volveré a dar temor?
y el miedo será mi hogar
el bosque escuchar
aullidos de tempestad
¿volveré a ser feroz?
un rayo en la oscuridad”

(San Francisco y El Lobo, Serú Giran)

 


La profundización de la guerra comercial a escala planetaria, que ha cobrado un impulso inusitado con las medidas adoptadas por el gobierno de Trump, desató un enfrentamiento entre EEUU y el mundo a partir de los aranceles impuestos a las más diversas importaciones. Lejos de lograr doblegar tanto a potencias imperialistas como a los miembros del BRICS, el gobierno yanqui sólo logró que estos repliquen y hasta redoblen su apuesta.

Una vez más, este mes recorreremos, a través de los principales sucesos, cómo en un mundo cada vez más global, las fuerzas imperialistas repliegan y se agazapan generando condiciones para la superación del actual (des)orden mundial, con China, Irán y Rusia a la cabeza de dicho intento.

La repulsión imperialista a refugiados e inmigrantes, la guerra en Medio Oriente y el aumento de los preparativos militares contra las fuerzas anti-imperialistas son las formas que adoptan la disputa en que los primeros evidencian su derrumbe, al tiempo que los segundos, sin prisa pero sin pausa, se van convirtiendo en una nueva dirección global en la que el 99% de la población no es ya el enemigo al que subsumir, sino la base sobre la cual la humanidad avanzará en la construcción de su historia.

Peperina

El derrotero de sucesos políticos en EEUU comenzó este mes con la salida del país del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Si bien el anuncio se había producido en el mes de mayo, la salida efectiva se produjo recién a mediados de junio (AM 20/6), luego de que Trump acusase a este organismo de “hipócrita” y de proteger a “los peores abusadores de derechos humanos”, cargando contra la incorporación del Congo, la falta de acciones contra Venezuela e Irán y criticando el “sesgo crónico” y la “hostilidad” contra Israel. La embajadora yanqui en la ONU declaró al respecto que “un Consejo como ese, de hecho, daña la causa de los derechos humanos. Y además está, por supuesto, el tema del sesgo crónico contra Israel” (LN 20/6).

Lo destacable del abandono de la entidad resulta del hecho que la misma fue creada y desplegó siempre su accionar bajo la estricta tutela del propio de EEUU, sirviéndole a sus intereses en los rincones más diversos del planeta. La causa de los “derechos humanos” fue la figura bajo la cual EEUU y sus aliados imperialistas históricamente escondieron su accionar interventor e invasor en múltiples oportunidades. La “huida” yanqui del propio organismo y sus ataques al mismo no son más que la muestra de que el orden mundial creado tras la Segunda Guerra Mundial, con los EEUU con potencia indiscutida, ha quedado liquidado y que su principal mentor se encuentra en franco repliegue.

Muestra de ello son también las repercusiones negativas entre sectores ligados históricamente a sus intereses, centralmente de Amnistía Internacional ­−una ONG financiada por EEUU, dedicada a denunciar abusos a los DDHH por parte de los opositores a los intereses yanquis (HTV 20/6)− y por el gobierno de Londres, cuyo canciller declaró que “la decisión de Estados Unidos de retirarse del Consejo de Derechos Humanos es lamentable” (LN 20/6).

Estas repercusiones marcan una regularidad en las reacciones internacionales ante cada medida que adopta alguno de los miembros del bloque imperialista: la fractura interna. A lo largo del artículo recorreremos en el accionar de este bando que a cada paso que dan se aíslan cada vez más. O, para ser más precisos, con cada movimiento que dan se enfrentan cada vez más entre ellos, a punto tal de convertirse en una fuerza cada vez más errática y débil.

La fiebre de un sábado azul

“Cambiaste de tiempo y de amor
Y de música y de ideas
Cambiaste de sexo y de Dios
De color y de fronteras

Pero en sí, nada más cambiarás
Y un sensual abandono vendrá y el fin”

En primer término, por segundo mes consecutivo, la situación que atraviesan los inmigrantes parece conmocionar a los atónitos (y ahora también enfurecidos) espectadores yanquis, que no han dejado pasar inadvertida la brutal represión ejercida contra los inmigrantes sin estatus legal, que ha llegado al punto de separar a los niños de sus padres y madres indocumentados, encerrándolos en dependencias de las fuerzas armadas. Esta situación desencadenó en la creación de un movimiento llamado “Occupy ICE”, en contra del programa de “tolerancia cero” implementado por el gobierno de Trump, que no sólo separa las familias sino que se plantea la deportación sin juicio previo. Este movimiento promovió la ocupación por tiempo indefinido de un centro de detención de inmigrantes en localidades de Portland, Nueva York, Los Ángeles y Washington (HTV 24/6), a la vez que organizó masivas movilizaciones en la que participaron cientos de miles de personas en varias ciudades distintas con un reclamo unificado (CD 30/6).

Las presiones populares han rendido sus frutos, ya que el gobierno de Trump, que públicamente había manifestado que los inmigrantes “infestan” este país, como si fueran animales portadores de enfermedades infecciosas (LN 26/6), terminó cediendo respecto al punto de la separación de las familias y el 17 de junio el propio Trump firmó una orden ejecutiva que retrotrajo la medida de separar a las familias que son apresadas por su status migratorio irregular. No obstante, declaró que el programa de “tolerancia cero” continuaría, por lo cual la reunificación de las familias se realiza en cárceles; es decir que la solución al desmembramiento de las familias resulta ser el encarcelarlas juntas (RT 18/6).

Sin embargo, la medida distendió el clima que se cernía sobre el gobierno y que lo enfrentó a sectores de su propio partido, el grueso del partido demócrata y las más diversas organizaciones internacionales como Amnistía Internacional, que condenaban la medida.

La primera conclusión que podemos sacar respecto al cierre de esta nueva crisis es un hecho ya regular que encontramos en cada accionar de EEUU: agudización de su enfrentamiento con el propio orden que ellos mismo crearon y, por ende, aislamiento frente a la mayor parte del globo. El segundo aspecto, central para poder dimensionar el estado de descomposición interna yanqui, lo podemos analizar a partir de la editorial que el cineasta Michel Moore publicó en las páginas de diario Cuba Debate, en el que les plantea a sus conciudadanos “que dejen de automentirse respecto de que Trump no representa los valores estadounidenses, el apresamiento de niños migrantes se corresponde con esos valores”, ya que “pasamos de separar a los bebés indígenas de sus padres (y luego exterminarlos), a robar bebés de sus padres esclavos (y luego revenderlos como esclavos), a construir un país basado en el trabajo infantil (trabajando en fábricas desde los ocho años), a encarcelar niños japoneses-americanos en campos de internación, a permitir que sacerdotes abusen sexualmente de niños durante décadas, a forzar baldes de jarabe de maíz alto en fructosa por la garganta de los niños hasta que la mitad de ellos forman parte de una epidemia de obesidad infantil, a convertir nuestras escuelas en campos de exterminio porque amamos nuestras armas más que lo que amamos a nuestros niños (CD 25/6).

Con estas palabras, Moore pone al desnudo que esa conducta que “espanta” a buena parte de la sociedad estadounidense, lejos está de ser una “desviación” de la línea histórica del otrora gendarme del globo. Esa conducta, en realidad, está en la propia naturaleza del gran país del Norte. Desde sus orígenes y en todo su despliegue durante el siglo XIX y XX, basado en la supuesta “excepcionalidad estadounidense”, este país ha actuado expoliando y saqueando mediante la ocupación, la extorsión, la corrupción y cuanto mecanismo espurio se nos ocurra, a decenas sino centenares de países de todos los continentes. Pero ese “orden mundial” no existe más, se ha derrumbado. Por lo tanto, ya no sólo se fracturan la inmensa mayoría de alianzas con oligarquías locales de los diversos países y pueblos expoliados, sino que la crisis estalla cada día más en su propio corazón.

Por ello, para poder analizar las causas profundas del accionar masivo del pueblo yanqui será necesario aportarle un condimento más a esta ensalada: que en EEUU se alcanzó la cifra de 40 millones de pobres, casi 20 millones de indigentes y su tasa de mortalidad es la más alta entre las 20 principales potencias económicas globales (HTV 2/7).

Es decir que, imposibilitado de expoliar a todo el planeta como otrora, los capitales estadounidenses se ven ahora obligados a ajustar el cinturón fronteras adentro, haciendo salir a la luz todas las contradicciones de clase latentes, ocultas durante décadas bajo la figura del “sueño americano”.

Esta información que circuló públicamente este mes desnuda por completo el “humanismo yanqui”. Pues se desarmó el sistema de vida que la gran burguesía había logrado armar a partir de los años 30, cuando incorporó a parte importante de la clase obrera como subalterna, a través del acceso a cierto nivel de vida, en apariencias similar al de la burguesía, e inculcando así su “estilo de vida”, valores, gustos, etc. Todo ello, sostenido en la captación masiva de las riquezas producidas en las naciones dependientes, que se empobrecían cada día más.

No obstante, la historia de lucha de la clase obrera estadounidense es muy rica en los años previos al New Deal, años en los que recibió durísimas represiones y persecuciones. Basta recordar que el Día del Trabajador es celebrado en el mundo −excepto en EEUU− en conmemoración al ahorcamiento de trabajadores en la ciudad de Chicago luego de una huelga, para dimensionar que ese pueblo sí ha luchado, hasta que fue derrotado y cooptado hace casi 90 años ya.

Sin embargo, a lo largo de toda su historia, desde muy temprana edad, en EEUU se propagó la idea del desarrollo individual a tal extremo que, al incorporar a las masas obreras al consumo en los años 30, no se hizo como en Europa, en la que el Estado se convirtió en garante de la seguridad social, la educación y la salud, sino que en el país del norte, ese “desarrollo individual” se hizo de forma más extrema: cada individuo debía garantizar con su propio esfuerzo la resolución de todas las necesidades de su vida. Luego de 90 años, en los que hubo base material para dicha concepción −pues el pueblo accedió a casas, escuelas y salud privadas−, esta terminó agotándose, al agotarse las mismas bases materiales para que esto suceda. Esto quiere decir que la burguesía ya se ha vuelto incapaz de garantizar la reproducción de todos los sectores de la sociedad.

Por esto es que es comprensible la actual reacción del pueblo yanqui, en la que el flamante humanismo que salen a lucir, aún está impregnado de oportunismo, debido a que la reacción se corresponde en realidad con una clase obrera espantada porque se le derrumban generaciones de una historia en la que se creyeron socios, y ahora están expuestos a la realidad y la rechazan. Pero mientras pudieron “mojar el pan en la salsa” miraron para otro lado, siendo cómplices, aunque involuntarios, de la sangre derramada en el planeta entero por sus “socios”, necesitados de apropiarse del trabajo del conjunto de la humanidad.

Con el pasar de los años, los capitales yanquis no han dejado de perseguir este fin, ya que su propia existencia depende de esto, lo que ha cambiado es el resultado de su accionar, debido al grado de concentración del capital actual y las contradicciones inherentes al mismo.

Noche de perros

Un aspecto central a analizar en este moverse de EEUU es su relación con su principal aliado imperialista en el globo: la UE. Esta relación tuvo su cumbre política el mes pasado (G7 o G6+1), en la que destacó el grado de fractura en su seno con el enfrentamiento entre Trump y el bloque encabezado por Alemania.

El siguiente round de esta pelea se presentó apenas un mes después, en la cumbre de la OTAN en Bruselas, que se celebró a partir del día 11 de julio. Para dimensionar los sucesos e implicancias de dicha cumbre, primero deberemos hacer mención al hecho de que la OTAN es la alianza militar que construyeron las burguesías más concentradas luego de la Segunda Guerra Mundial, para poder enfrentar con cierta coordinación al poderío de la URSS. Esta Alianza estaba bajo la dirección de EEUU, y el hecho de que este país sea su principal sponsor explica que es el mayor interesado en la existencia de la OTAN. Es decir, son los principales financistas porque son los que más la necesitan, ya que a través de la misma pudieron direccionar la política militar de las potencias capitalistas durante años.

Desde que asumió Trump como presidente de EEUU, se ha tensado la relación al interior de la OTAN, y la cumbre realizada en julio sólo exaltó la tendencia de los últimos dos años.

El primer día de la cumbre, el mandatario yanqui dio que hablar con una intempestiva declaración en la que planteó que el grueso de los países europeos “no pagan lo que deberían y, francamente, muchos nos deben una enorme cantidad de dinero desde hace muchos años”. Agregó que “son delincuentes, a mi juicio, porque Estados Unidos ha tenido que pagar por ellos”. Con respecto a esto, sólo 5 países cumplen con el objetivo impuesto por la OTAN de destinar antes del antes de 2024 el 2% de PBI al gasto militar. Estos países son Estados Unidos, Grecia, Estonia, Gran Bretaña y Letonia, mientras que Polonia, Lituania y Rumania esperan hacerlo este año. Por su parte, EEUU es el único país que destina un 4,2% de su PBI a la alianza atlántica (LN 12/7), la cual aumentó su dependencia presupuestaria hacia los EEUU del 58 al 72% en los últimos veinte años (LN 20/7). Hecho que deja explícito que la alianza militar es cada vez más necesaria sólo para EEUU.

De todas maneras, aunque la OTAN existe centralmente por los intereses yanquis, el hecho de que la misma estuviera (y aun lo está) comprendida por 29 países habla de que EEUU ocupó el papel de dirección de todas estas fuerzas. Y si en los últimos 20 años su protagonismo fue en aumento es porque las necesidades de los capitales son crecientes; no obstante, la capacidad de dirigir al conjunto por parte de EEUU ha disminuido significativamente, por su incapacidad de seguir repartiendo los botines de guerra.

De todas maneras, las incapacidades presupuestarias europeas no son el resultado de un titubeo en su conducta imperialista. En la misma cumbre, la canciller alemana Angela Merkel se encargó de aclarar que Alemania toma sus propias decisiones y que es el segundo proveedor de tropas, además de ser parte de la ocupación imperialista de Afganistán junto a EEUU (DW 11/7). Por lo que dejó en claro que la diferencia entre los países europeos y EEUU no radica en la conducta imperialista, sino en que ambas políticas imperialistas son incapaces de marchar juntas, ya que la necesidad de reproducción de sus capitales impide que ambos sectores puedan continuar reproduciéndose tal como lo venían haciendo.

Por eso es que EEUU no sólo es la fuerza que más aporta en la alianza, sino que en la actualidad su presencia militar se extiende en soledad a 177 países, con alrededor de 300.000 soldados, evidenciando que la radicalización en su conducta tiene como principal característica su aislamiento, ya que le resulta cada vez más difícil involucrar a sus socios en sus misiones imposibles…

Paranoia y soledad

Claro que la UE tiene sus propias dificultades, y la creciente fractura en la OTAN que acabamos de relatar no debe hacer creer en la ilusión de que en el bando de la UE la situación es la opuesta a lo que analizamos hasta acá.

En un mundo con 68.5 millones de refugiados que tuvieron que abandonar sus hogares por las guerras y el hambre que se propaga como plaga, el 85% se encuentra en países subdesarrollados, mientras el restante 15% −es decir, menos de 13 millones de personas− se ha refugiado en países del llamado Primer Mundo. De ese número, solo una porción menor son los que van al Viejo Continente a encontrar una escapatoria (LN 20/6).

Esta situación en Europa trajo aparejada una crisis sin precedente en el bloque, ya que el plan establecido en 2014 sobre la acogida de refugiados es rechazado por la mayor parte de los países del mismo, principalmente los más pequeños en lo económico. Este mes, la interna alcanzó un nuevo punto, al sumarse Italia a la lista de países que rechazan el acuerdo continental sobre los refugiados. Para medir la envergadura de la crisis, hay que tener en cuenta que Italia es la tercera potencia europea, a la vez que uno de sus miembros fundadores.

Su negativa a acatar la recepción de inmigrantes obligó a la UE a modificar el plan, pese a que tanto Merkel como Macron, el presidente de Francia, se oponían y hasta amenazaron con sanciones a quienes no cumplieran lo acordado (HTV 24/6), cosa que jamás pudieron hacer.

Esta situación obligó a que se realice en Bruselas una reunión para alcanzar un nuevo acuerdo respecto de dicha situación. Las modificaciones del acuerdo alcanzado implica el fortalecimiento de los patrullajes marítimos en el Mediterráneo, la construcción de cárceles en el norte de África para impedir la salida del continente de los refugiados y una nueva distribución dentro del bloque que implique menos cupos para los países más pequeños. Según dejo trascender el gobierno alemán, el acuerdo fue firmado con Hungría, Polonia, República Checa, Bélgica, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Francia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Holanda, Portugal y Suecia (LN 11/7), aunque tan sólo un día después, el mandatario húngaro negó haber alcanzado ningún acuerdo y declaró que proseguirá con su política de impedir la entrada de inmigrantes y refugiados a su país.

Esto explica las palabras de Angela Merkel respecto de la crisis que atraviesa Europa, al enunciar que “siempre que sea posible, queremos soluciones europeas”, pero “cuando esto no sea posible, queremos atraer a quienes estén dispuestos a hacerlo juntos y encontrar un marco común para la acción” (RT 24/6), reconociendo su incapacidad de poder encolumnar a todos los países del bloque bajo sus intereses.

La fractura que se avizora en el bloque no es entre “humanistas” y “reaccionarios”, aunque así lo presenten los medios de comunicación. En el bloque domina la idea de que los refugiados se las arreglen por su cuenta, por eso es que en lo único en lo que se ponen de acuerdo es en promover medidas represivas en sus fronteras. Pero, puertas adentro, las diferencias radican en la urgencia de algunos países, que ya no están en condiciones de soportar el peso de las medidas dictadas por Berlín y sus principales socios, que ya se han vuelto incapaces de garantizarles la reproducción a todos los capitales europeos. La crisis de los refugiados es sólo una manifestación de este problema de fondo.

El segundo aspecto a tener en cuenta es que la política que vienen pregonando los países que ya no están dispuestos a seguir las directrices de la UE tampoco tienen una coordinación entre sí. Es decir que sus acciones no forman parte de una política común, sino que el único elemento común radica en que −dadas las dificultades de que los capitales de estos países se sigan reproduciendo− la opción adoptada es aislarse e intentar salvarse solos. Esto no es nuevo en el reino de la burguesía, y los partidos xenófobos europeos hace años que vienen pregonando esto bajo la excusa de la identidad nacional o la intromisión de la UE en asuntos internos, aunque en realidad estén defendiendo estos intereses. Lo que hace que estos partidos ahora tengan más peso en las sociedades europeas radica en que los pueblos de estos países, al ver amenazadas sus condiciones de vida, canalizan en estos partidos la creencia de que la falta de trabajo radica en la mayor competencia por el aumento de los refugiados, y no en el reemplazo de fuerza de trabajo por el desarrollo de las fuerzas productivas bajo control de la burguesía.

También en el seno del bloque pudimos observar este mes lo hondo de esta crisis, ya que en Alemania −que viene de formar gobierno hace 3 meses después de otros seis acéfalos por el escaso apoyo a todas las fuerzas en contienda− su propia coalición de gobierno ha comenzado a agrietarse por la situación de los refugiados.

Recordemos que el mes pasado ya habíamos hecho mención sobre la interna que desató el ministro del Interior de Merkel, Horst Seehofer, de la fuerza aliada CSU (Unión Social Cristiana de Baviera), al anunciar el envío de fuerzas de seguridad a la frontera para impedir la entrada de nuevos inmigrantes sin la autorización de su mandataria.

Este mes, dicha crisis dio un nuevo paso, ya que Seehofer aceptó permanecer en la coalición a cambio de ciertas modificaciones de las actuales reglas que rigen la inmigración, como la instauración en la frontera entre Alemania y Austria de un nuevo régimen que debería “impedir el ingreso a Alemania a los solicitantes de refugio que ya fueron rechazados en otro país”. Como Seehofer lo exigía, allí serán establecidos unos “centros de tránsito”, desde donde esos migrantes serán enviados directamente a los países por donde ingresaron, que según la reglamentación europea son responsables de su suerte (LN 3/7). A efectos prácticos, el acuerdo alcanzado muestra que el gobierno central −aunque se mostrara intransigente respecto de la posibilidad de romper el acuerdo de la UE sobre los inmigrantes− ha hecho lo contrario y adopta medidas adicionales para repelerlos.

Aunque las medidas adoptadas fueron las que exigía el Ministro del Interior, esto no alcanzó para apaciguar las aguas y, el mismo día en que se anunciaron las modificaciones, Seenhofer declaraba: “No dejaré que me destituya una canciller que es canciller sólo gracias a mí” (DW 2/7), presentando su renuncia al cargo ministerial y a la presidencia del partido regional de la CSU (XH 2/7).

La renuncia del ahora ex ministro desnuda que las diferencias no radican en una mera diferencia sobre procedimientos inmigratorios. La misma es una muestra de que la disputa ya no se da sólo entre las burguesías de cada nación, sino también al interior de las mismas. Esto se puede explicar porque el partido que representa Seehofer expresa los intereses de la burguesía bávara, es decir, de una región de Alemania.

Ya hace años que en la rica región de Bavaria está la aspiración independentista: la imposibilidad de acordar entre una región y el gobierno central exhibe la incapacidad de este de contener a todas sus regiones y, por lo tanto, el repliegue regional que plantea la opción de aislarse para poder perdurar, es decir, una vez más, querer salvarse solos.

También Londres se ha vuelto un hervidero en el último mes, ya que se han producido dos nuevas bajas en el gobierno conservador de Theresa May. A principios de julio, renunciaron a sus cargos los ministros de Exterior Boris Johnson y del “Brexit” –órgano encargado de la negociación para la salida de la UE− David Davis (RT 8/7 y DW 9/7).

En un gobierno de por sí débil como el de May, que hace tan sólo 4 meses perdió las elecciones parlamentarias y quedó pendiendo de un hilo, ya que perdió la mayoría parlamentaria, las continuas renuncias en el gabinete no representan ninguna novedad. Sin embargo, las salidas de estos ministros se destacan por ser los mismos férreos defensores del brexit y por producirse en el marco de masivas movilizaciones en las que más de 100.000 personas manifestaron su exigencia de que se produzca un nuevo referéndum que permita revisar la situación (XH 24/6).

El sentido común indicaría que la salida a la calle por parte del pueblo se debe a que han llegado a la conclusión de que solos no se salvan de la crisis que atraviesan, al igual que cualquier potencia capitalista. Sin embargo, el enardecer popular puede encontrar su explicación si tenemos en cuenta que, según el último análisis del Centro para la Reforma Europea, el Gobierno del Reino Unido gasta 440 millones de libras esterlinas (casi 584 millones de dólares) por semana en el proceso de salida del bloque comunitario, y que su economía se ha contraído un 2,1% como resultado del Brexit (RT 21/6).

Inglaterra hace años que optó por la opción definitiva de salvarse sola a partir de la salida de la UE en el 2015. Sin embargo, a dos años del inesperado resultado del referéndum en el que se definió su salida, los ingleses aprenden que lo que votaron no fue “salvarse solos”, sino que sólo votaron “quedarse solos”, y lo de salvarse ya no saben cómo es…

Para cerrar el relato de las desventuras europeas, se hace necesario un último análisis sobre la falacia que encierra este supuesto querer “salvarse solos”, ya que es central que recordemos que fueron, en gran medida, las potencias europeas las impulsoras, promotoras y muchas veces ejecutoras de las infamias que en el mundo arrojan a los 68.5 millones de personas a abandonar su tierra natal para no perecer. Por lo que todas las posiciones enfrentadas en el Viejo Continente evidentemente no se cuestionan su papel en el mundo; es decir, ni se plantean el crimen humanitario que implica que para garantizar la reproducción de sus capitales y el modo de vida de sus pueblos subsuman a vastas partes de la humanidad.

Esto es necesario analizarlo, ya que si lo obviamos, en cierto punto aparece como que la crisis de refugiados que arriban continuamente a la UE es un problema ajeno a ella misma y a su política imperial, y casi que eso justifica la violencia ejercida hacia los primeros. Sin embargo, las crisis humanitarias en los países dependientes que determinan una ola cada día más grande de refugiados que llegan a Europa son resultado, en gran medida, del accionar histórico de las potencias que la componen. Un ejemplo demoledor de esta situación es el seleccionado de fútbol de Francia, recientemente campeón del mundo, compuesto en su gran mayoría por hijos de extranjeros provenientes de antiguas colonias francesas, cuya población fue llevada a la ruina por aquella.

Cerca de la revolución

La contracara de estos desoladores panoramas resulta estar donde las fuerzas imperialistas han desatado sus embates más duros en los últimos 20 años: en Medio Oriente.

Luego de años de guerra impuesta a Siria, se produjeron algunos hechos que resultan decisivos. El primero y más importante es el resultado de la ofensiva que el ejército sirio lleva a cabo en las provincias sureñas de Daraa y Quneitra, que limitan con los Altos del Golán, región siria bajo ocupación israelí. Estas provincias representaban una de las 4 zonas llamadas de distención según los acuerdos de Astaná, en los que se decretó una tregua militar con todas las facciones opositoras, excepto el Frente Al Nusra y el Estado Islámico, es decir, las fuerzas patrocinadas por EEUU e Israel.

De las cuatro zonas de distención, dos ya habían sido recuperadas completamente en los meses de mayo y junio. Sin embargo, la nueva ofensiva tiene una envergadura mucho mayor, no en lo estrictamente militar −ya que los combates fueron poco intensos y buena parte de las facciones opositoras se rindió entregando todo su material bélico−, sino por las implicancias políticas que el hecho trajo aparejado.

El hecho de que EEUU amenazara a Siria, al inicio de la ofensiva, con que de realizarse la misma ellos intervendrían militarmente (AM 15/6), está vinculado a que de triunfar estaban quedando desprotegidas las fronteras con Israel. Sin embargo, esto no lo hicieron a gran escala, sino que sólo se limitaron a realizar ataques reducidos contra posiciones del ejército sirio. Esta impotencia es relatada por el vicepresidente del Parlamento sirio Naydat Anzur que, citado por la cadena libanesa Al-Manar, aseguró que una intervención militar directa de las fuerzas estadounidenses en Siria es imposible, ya que actualmente Washington y sus aliados “se encuentran en una posición débil” (HTV 30/6).

La prueba más cabal de que las palabras del Anzur son ciertas se produjo a pocos días de caer por completo la región en manos del ejército sirio, cuando fueron evacuados de allí por Israel los famosos “Cascos Blancos”. La cancillería rusa declaró sobre la implicancia de este suceso que resulta “simbólico” que los miembros de la organización hayan preferido “huir de Siria con apoyo extranjero, revelando de esa forma su esencia y demostrando al mundo su hipocresía”, y agregó que “es bien sabido que fueron los Cascos Blancos los que estuvieron implicados en las provocaciones más odiosas durante el conflicto sirio”, y subrayando que “actuaron exclusivamente” en territorios bajo control de los radicales islámicos y que fabricaron falsificaciones que “luego fueron utilizadas como pretexto para acusar a las autoridades sirias” (RT 23/7).

Esta denuncia de la cancillería rusa desnuda el papel de los Cascos Blancos como algo un poco más profundo que meros difamadores del gobierno de Al Assad, ya que pese a que aún sólo se ha destapado superficialmente su papel en el conflicto sirio, está claro que para que el Estado de Israel intervenga en su evacuación, su papel era organizado desde Tel Aviv y bajo intereses yanquis. Entonces, su retirada pergeña la profundización del derrumbe imperialista en la región. No el fin de la guerra, pero sí la culminación de una etapa en la que EEUU e Israel promovieron el conflicto pero a través de la construcción de grupos afines a sus intereses en esos países.

El siguiente aspecto a analizar es el accionar del pueblo sirio para reconstruir su nación, después de años de guerra, ya que de eso depende también que puedan escindirse de los intereses imperialistas. Según el propio Al Assad, haciendo referencia a una declaración de un funcionario estadounidense que planteaba que “no darán ni un centavo para reconstruir Siria, mientras Assad está en el poder”, el líder sirio señaló que “esta es la mejor declaración de Occidente durante toda la guerra en Siria, y es la mejor porque [Occidente] no formará parte de la restauración de Siria, simplemente no le dejaremos hacerlo. (…) No necesitamos a Occidente” (RT 23/6).

Además del aspecto económico, el gobierno de Damasco llamó a todos los sirios que huyeron de la guerra a regresar a Siria tras haber liberado gran parte del país de los terroristas. El documento que emitió reza que “el Estado insta a los ciudadanos que se vieron obligados a abandonar el país por la guerra y por los ataques terroristas a regresar a casa” (HTV 3/7).

Esta posición del gobierno sirio, que ya está tomando medidas para que los 6 millones de exiliados, más otros 6 millones que se han desplazado dentro de las fronteras, por la guerra, puedan volver a su país (TE 30/6) marca una diferencia radical ante la conducta imperialista. Mientras las potencias de EEUU y Europa generan el caos a lo largo y ancho del mundo, los pueblos árabes, con la de dirección de Rusia, China e Irán ya no intentan resistir a sus embates, sino que Siria muestra que ahora se dedican a reconstruir el país dejando relegados a los intereses imperialistas.

También Yemen ha dado la nota este mes en el mismo sentido. Aunque este pequeño país que se encuentra al sur de Arabia Saudita viene soportando una invasión encabezada por la monarquía saudí apoyada por EEUU e Israel, en los últimos meses viene asestando certeros golpes en el plano militar a las tropas de la “coalición” saudí.

A finales de junio, esta coalición inició una invasión masiva contra el puerto de Al Hudaidah, única salida que le queda al país, por lo cual es la principal vía por la que reciben tanto los pertrechos militares como alimentos para su pueblo, por lo que la caída del puerto y la ciudad implicarían la caída del gobierno revolucionario de Ansarolá, aliados chiíes de Irán.

Luego de semanas de intensos combates en los que las fuerzas imperialistas declaraban continuos avances en las periferias de la ciudad y el puerto, la ofensiva no sólo se detuvo sino que debió replegar al punto inicial del desembarco, ya que las pérdidas militares saudíes superaron en esas semanas a lo acumulado en la totalidad del conflicto que lleva dos años. Según Mashregh News, durante los enfrentamientos, unos 935 elementos pro-Riad fueron abatidos al igual que 93 tanques y vehículos blindados, marcando el fracaso de la operación en la que participaron 13 brigadas de la coalición (AM 1/7).

La retirada de las tropas de la coalición fue acompañada por el desbande de las tropas mercenarias contratadas por ellos que, según algunas fuentes, han desertado del campo de batalla (AM 4/7), y por la captura de un comandante de la compañía privada de mercenarios estadounidense Blackwater, a sueldo de los Emiratos Árabes Unidos. Las milicias de Ansarolá informaron que la persona capturada es estadounidense y uno de los jefes militares en el campo de batalla, por lo que dispone de mucha información (AM 2/7).

La derrota del ataque se convirtió en desastre total ya que marcó el fin de la participación de Emiratos Árabes Unidos, uno de los principales aliados sauditas. Su salida se debe a que las cuantiosas pérdidas en hombres y material bélico en la ofensiva dan serias muestras de que la misma se torna cada vez más difícil de ganar y de que, a su vez, está organizada desde intereses que poco les dejarían en la repartija (AM 4/7).

La victoria yemení sobre la coalición saudí relata tanto la debilidad de las fuerzas imperialistas en la región, a la vez que representa un gran impulso a la causa de los pueblos árabes en general, ya que Yemen se ha enfrentado militarmente a los aliados yanquis en el mundo árabe, apoyados por sus tropas mercenarias y por caudales inusitados de armas, ya que Arabia Saudita es el principal importador mundial de armas, en su mayoría producidas en EEUU. Poder derrotar a estas fuerzas sólo es posible entonces en condiciones similares a las que se presentan en Siria, que es con la participación de todas las fuerzas árabes que pelean por la paz y van conformando un bloque anti-imperialista, permitiendo pelear codo a codo suníes y chiíes, árabes y persas. La definición de este enemigo común a todas las facciones y el desarrollo de la experiencia de lucha contra él es lo que permite que esas contradicciones existentes puedan ser resueltas.

De todas maneras, para que esto sea posible, se requiere de una dirección política. Sin ello es sumamente ingenuo suponer semejante coordinación política y militar en Medio Oriente, que ha puesto de rodillas a las fuerzas imperialistas. A esto nos referiremos más adelante.

Encuentro con el diablo

La inminente derrota en Siria y el fracaso de la ofensiva árabe en Yemen ha dejado a Israel en una posición en la que la única vía de acción posible es la radicalización. Durante el mes de junio, el Estado sionista continuó dando pasos firmes en el exterminio de la población de la Franja de Gaza, con la realización de ataques aéreos y de artillería contra la población. Para resaltar uno de estos hechos, podemos destacar que en una sola jornada se realizaron 25 ataques aéreos (AM 20/7) contra la ciudad de Gaza. Varios de los ministros de gobierno, encabezados por la de asuntos jurídicos, han amenazado con que “es posible que Israel tenga que realizar una operación similar a la que llevó a cabo en el año 2014 contra Gaza”, si los palestinos no detienen sus movilizaciones populares que hacen semanalmente en las llamadas Marchas del Retorno (HTV 23/6).

Sobre estas amenazas nos detendremos un instante, ya que aunque no dudamos de su veracidad, sí es necesario hacer un breve análisis sobre el estado de salud de las FFAA sionistas. Recordemos los malos precedentes recientes de esta tropa en su accionar de los últimos años, empezando por su derrota en la guerra contra el Líbano en 2006, el fracaso en su incursión militar en la Franja de Gaza del año 2014, el derribo de un avión suyo por primera vez en 30 años en una incursión en territorio sirio, el fracaso rotundo del ataque con misiles a siria perpetrado hace unos meses −ya que fueron derribados casi todos los misiles lanzados−, la creciente deserción en sus filas, sobre todo a partir de que a las FFAA se les asignara reprimir las movilizaciones en Gaza en los últimos meses, y el rechazo de los judíos ortodoxos a enrolarse en las filas del ejército. En esta línea, recientemente salió a la luz un informe que resalta que el ejército del régimen de Israel se enfrenta a una grave crisis debido a su incapacidad de satisfacer a sus oficiales de alta calidad y de evitar que se retiren del cuerpo. Se trata del informe anual de la fuerza militar israelí, en la que un capítulo entero se dedica a este problema, señalando que muchos oficiales subalternos no quieren continuar su carrera del ejército. En particular, es en las unidades de tecnología donde el ejército sufre la partida de oficiales jóvenes de alta calidad, un hecho que “ha dañado la base de conocimiento del ejército, que es difícil de reparar”, limitando aún más sus capacidades de combate (HTV 27/6). Esto no significa que su ejército ha dejado de ser un peligro para la humanidad, sino que sus capacidades se van reduciendo y esto se puede ver en la impotencia reinante ante la derrota que están sufriendo sus aliados en Siria, Irak, Líbano y Yemen, por eso es que la mayor amenaza que representa al día hoy es por su arsenal nuclear.

Esta situación es el marco en el que debemos analizar la ley que aprobó su parlamento, que define al país como el Estado nacional del pueblo judío, sin contemplar a las minorías árabes de ciudadanía israelí, y proclama a Jerusalén la capital de Israel, incluida la parte oriental de la ciudad anexada que −según lo acordado en la ONU− también es la capital del pueblo palestino. La propuesta se aprobó por 62 votos a favor y 55 en contra, con dos abstenciones (LN 20/7).

En un país que carece de Constitución, esta es la última de las 12 leyes fundamentales con rango constitucional en 70 años de historia, y sólo puede ser derogada por una medida de rango similar. La nueva ley omite cualquier mención de la democracia o el principio de igualdad, en lo que los críticos calificaron como una traición a la Declaración de Independencia de 1948, que aseguró “la completa igualdad de derechos sociales políticos” para “todos sus habitantes”, sin importar su religión, raza o sexo.

El primer ministro Benjamín Netanyahu, principal impulsor de la medida, calificó la votación de “momento histórico en la historia del sionismo y en la historia del Estado de Israel. (…) Israel es el Estado nacional del pueblo judío, que honra los derechos individuales de todos sus ciudadanos. (…) Repito, este es nuestro Estado. El Estado judío. Últimamente hay gente que está intentando desestabilizar esto y, por lo tanto, desestabilizar los cimientos de nuestra existencia y nuestros derechos” (LN 20/7), dejando claro el apoyo al contenido de la ley en el que toda la población árabe −que representa un 20% del total− pasa a convertirse en humanidad de menor categoría.

Como todo accionar de las fuerzas imperialistas, una de las principales repercusiones es que ahonda las fracturas al interior de su propia fuerza y con sus aliados. En este sentido, la UE expresó su preocupación en una declaración emitida por la jefa de su diplomacia, Federica Mongherini, en la que plantea que “hemos sido muy claros en lo que respecta a la solución de dos Estados, creemos que es el único camino a seguir y cualquier paso que complique o impida que esta solución se convierta en realidad debería evitarse” (LN 20/7).

Lo central a tener en cuenta con la nueva radicalización de la conducta de este aliado imperialista es que ante la inminente derrota militar perpetrada por los pueblos árabes sus posiciones se vuelven cada vez más débiles. De ahí la profundización de la xenofobia, como manifestación de la crisis que atraviesan. Como se vuelven cada vez más incapaces de contener y dirigir a los pueblos árabes −y ante estos reveses−, su única opción es blindarse política y jurídicamente para justificar su accionar. En resumen, con la nueva ley que define a Israel como un estado judío asistimos al aislamiento de las fuerzas sionistas.

En la vereda del sol

Tu amor te espera
No esperes más

Cuando cerramos los apartados sobre la guerra en Siria y Yemen, hicimos mención a que semejante esfuerzo de los pueblos árabes contra un enemigo común requiere un grado de coordinación tal que sin dirección es imposible realizar. De hecho, esa dirección que mencionamos no puede ser estrictamente militar, ya que de serlo así sería incapaz de determinar lo profundo del problema al que se enfrentan estas fuerzas y sólo podrían distinguir elementos armados, por lo que al no atender el problema de fondo resulta imposible que la guerra pueda ser ganada. Esto es lo que nos determina que entonces lo que está en el centro es la política.

En este marco es que deberemos enmarcar la situación en Irán, Rusia y China, ya que estos países son quienes están ocupando este lugar de dirección, en el mundo árabe en particular y en entre los pueblos que pelean en general.

Por eso, podemos comprender la necesidad de EEUU de romper el acuerdo nuclear JPCOA, que permitió el desarrollo nuclear del país persa y la quita de sanciones económicas, ya que la necesidad real de aquel no es impedir su desarrollo nuclear solamente sino estrangular su economía hasta destruir a la revolución islámica.

Sin embargo, las repercusiones del accionar yanqui no se hicieron esperar, y −como venimos analizando mes tras mes− sólo profundizaron las fracturas al interior de su propio bloque. Este mes destacó el apoyo de Inglaterra al sostenimiento del acuerdo, ya que su ministro de Relaciones Exteriores (luego renunciado), Boris Johnson, declaró que “tanto yo como la premier (Theresa May) lo hemos señalado ante el Parlamento: el Reino Unido no tiene intención de abandonar el acuerdo nuclear” (HTV 20/6). Mientras, su par de la UE señalaba que “no hay una alternativa positiva para el JCPOA, que es el fruto de más de 12 años de negociaciones” (HTV 28/6).

Sobre el accionar de la UE, cabe destacar además que a principios de junio se realizó una reunión de una comisión compuesta por los ministros de relaciones exteriores de Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania, en la que han confirmado su compromiso para mantener el acuerdo nuclear que alcanzaron en 2015, y también han acordado desarrollar su cooperación económica con Teherán (HTV 6/7).

Estos hechos quedaron plasmados en la actitud del Parlamento Europeo, que ha concedido el permiso al Banco Europeo de Inversiones (BEI), el organismo de inversiones a largo plazo de la UE, para hacer negocios en Irán, en un momento en el que los europeos se apresuran a aprobar mecanismos para salvar el acuerdo nuclear de 2015 sin la presencia de EEUU y proteger sus lazos comerciales con Teherán frente a las sanciones que EEUU comenzó a implementar a partir del primero de agosto, que radican no sólo en no permitir negocios con Irán a sus empresas sino también en sancionar a cualquier empresa del mundo que negocie con Irán independientemente de su país de origen (AM 5/7).

Evidentemente, la fractura en el bloque imperialista no puede ser sanada con sanciones a sus aliados. Es decir, no sólo no tienen consenso en el bando imperialista para ir contra Irán, sino que tampoco tienen suficiente fuerza coercitiva como para encolumnar a sus aliados.

El caso más destacado de esto lo representa Turquía, que directamente ha anunciado en una reunión bilateral de sus respectivos cancilleres la necesidad de mantener su cooperación bilateral a fin de impulsar la seguridad regional e internacional (HTV 10/7).

Semejante impotencia sólo puede tener como efecto que el gobierno yanqui se radicalice aún más y comience a propinar amenazas similares a las que le propinó a Corea del Norte en la cumbre de la ONU hace menos de un año: “Nunca jamás amenace a Estados Unidos o sufrirá unas consecuencias que muy pocos han sufrido antes en toda la historia. Ya no somos un país que soporta sus demenciales palabras de violencia y muerte ¡Sea cauteloso!”, escribió Trump en su cuenta personal de Twitter en respuesta a una declaración de Rohani en que dijo que “no jueguen con la cola del león” porque esto sólo “le llevaría al arrepentimiento”; y agregó que “los estadounidenses deben entender bien que la paz con Irán es la madre de toda la paz, y la guerra con Irán es la madre de todas las guerras” (RT 23/7).

Las amenazas de Trump no quedaron sordas y fueron atendidas nuevamente por el gobierno revolucionario iraní, que en la voz de Zarif, ministro de Relaciones Exteriores, declaró que “el mundo escuchó incluso bravuconerías más duras hace unos meses. Y los iraníes las han escuchado, si bien más civilizados, durante 40 años” (RT 23/7). Las palabras de Zarif una vez más exponen que se le ha perdido el miedo a EEUU, ya que pese a las amenazas continuas que lanzan, en los campos de batalla de Medio Oriente sus fuerzas se encuentran arrinconadas y a nivel más general en el mundo sólo se hace visible la fractura de sus fuerzas y el avance del bloque anti-imperialista.

En los primeros apartados hicimos un extenso análisis sobre la fractura al interior de la OTAN, en el que hicimos énfasis en las dificultades que atraviesa la alianza; ya que, si bien está dirigida por la misma clase, esta tiene facciones en su interior incapaces ya de ponerse de acurdo.

Las desventuras de la OTAN no impidieron, de todas maneras, que se prosiga con el cerco militar que se le tiende a Rusia. Este mes dieron nuevos pasos con la aprobación, en la bochornosa cumbre de la NATO Readiness Initiative (Iniciativa de Preparación de la OTAN), de la “estrategia 30-30-30-30”, que permitirá a la alianza atlántica reunir una fuerza de combate de 30 batallones terrestres, 30 escuadrones aéreos y 30 barcos de guerra en 30 días. El plan, impulsado por el secretario de Defensa norteamericano, James Mattis, fue concebido para disuadir una agresión rusa en Europa, según reza la iniciativa (RT 20/7). Asimismo, se conoció el interés por parte de Suecia y Finlandia, este último es limítrofe con Rusia, de sumarse a la OTAN, hecho que no quedó desatendido por Rusia, que advirtió que de ser así, ellos tomarían medidas de represalia (RT 20/7). Además, el gobierno de EEUU entregó 200 millones de dólares a Ucrania para la compra de equipos militares (RT 20/7). Y para cerrar en el mes de junio se realizaron ejercicios militares en el Mar Negro, cerca de los límites de las aguas territoriales rusas (HTV 10/6).

Estas maniobras no lograron minar la reunión cumbre entre los presidentes Trump y Putin. A propósito de la misma, The New York Times reconocía la decadencia imperial: “Todo lo que necesita para salir victorioso (Putin) es que su reunión con Trump transcurra sin grandes fricciones, lo que marcará el final simbólico de los intentos de Occidente de aislar a Rusia. (…) [Putin] se reunirá con un presidente estadounidense que se pasó la semana pasada protestando contra sus aliados de la OTAN y socavando el poder de su anfitriona en Gran Bretaña, la primera ministra Theresa May. Putin busca desde hace tiempo fracturar Occidente y quebrar el orden geopolítico establecido. Pero Trump, que con frecuencia ataca a los líderes europeos y lanzó una guerra comercial con uno de los aliados más cercanos de Estados Unidos, ahora está haciendo ese trabajo por Putin. Somos testigos de algo sorprendente, algo que incluso la Unión Soviética era incapaz de lograr: dividir a Estados Unidos de Europa Occidental. En su época no funcionó, pero con Trump ahora parece estar funcionando” (LN 16/7).

La editorial es contundente en señalar que el sólo hecho de que se realice la reunión es mérito de Putin, sea cual fuere el resultado. En lo que se equivoca el análisis es en que plantea que la reunión intenta romper el aislamiento de Rusia, cosa que evidentemente no depende de Trump, ya que la “inclusión” de Rusia en el mundo viene dando señales inequívocas de que lo hace sin EEUU. Y para finalizar, plantea que es mérito de Rusia la fractura de EEUU y Europa, sin poder analizar que esto en realidad sucede, como analizamos con anterioridad, por la propia conducta imperialista en la que ya no entran todas las fuerzas y ahora compiten también entre sí para garantizar su reproducción.

También el Pentágono operó para impedir la reunión, ya que en los días previos denunció que estaba probada la injerencia rusa en las elecciones presidenciales yanquis de 2016. Sin embargo, la cumbre se realizó y Trump, junto a Putin, se negó a admitir que Rusia intervino en las elecciones presidenciales, aclarando que “Rusia jamás interfirió y nunca va a interferir en los asuntos internos de Estados Unidos”, y que “incluso me acaba de hacer un ofrecimiento increíble: que las agencias de inteligencia rusas trabajen con sus homólogas norteamericanas en este caso”. Cerraba el presidente planteando que “la investigación del Departamento de Justicia sobre esa injerencia es un desastre para nuestro país” (LN 17/7).

Las repercusiones al interior de EEUU no se hicieron esperar y el ex director de la CIA, John O. Brennan, fustigó que “la presentación de la rueda de prensa de Donald Trump en Helsinki supera y excede el umbral de ‘crímenes y delitos graves’. No fue otra cosa que una traición. No sólo fueron imbéciles sus comentarios, sino que está totalmente en el bolsillo de Putin”. Además, el director de Inteligencia Nacional, Dan Coats, emitió un comunicado en el que sostuvo que la comunidad de inteligencia había sido clara respecto de los “continuos e invasivos intentos” de Rusia de socavar la democracia estadounidense. Por si esto fuera poco, el periodista de CNN, John King, tampoco escatimó en elogios a la cumbre al manifestar en el medio de comunicación que “esta ha sido la cumbre de la capitulación de un presidente de Estados Unidos ante un líder ruso” (LN 17/7).

Sin que sepamos el contenido exacto de la cumbre, las repercusiones dentro de EEUU dan crédito a la editorial de TNYT sobre la fractura que esta iba a generar, con la salvedad de que la fractura más fuerte fue al interior de su propio país. Fue la primera vez en la historia de EEUU que un presidente desacredita públicamente al Pentágono en virtud de defender a su enemigo. Estas fisuras muestran que los grados de fractura en el interior de EEUU han alcanzado nuevos límites. Recordemos que el Pentágono es llamado el gobierno del gobierno, es decir, que es el órgano estatal que garantiza la aplicación de las políticas que precisan los capitales más concentrados, evitando posibles desviaciones al interior de su país. Por lo que el desaire muestra que la debilidad institucional encuentra su origen en la propia fragilidad de sus capitales más concentrados.

Una situación similar se está produciendo en Asia, ya que siguen los coletazos de la reunión que tuvieron Trump y Kim Jong Un, líder de la RPDC, a partir de la cual se comenzó a distender la tensión militar en la península de Corea. La prensa resaltó que Trump no se llevó nada concreto de la cumbre y a cambio accedió a retirar las tropas de la región (CL 7/7).

Pese a estas negativas repercusiones, EEUU acordó con Corea del Sur suspender de forma indefinida dos ejercicios de entrenamiento regidos por el Programa Coreano de Intercambio de Marines (KMEP, por sus siglas en inglés), según anunció el Departamento de Defensa de EEUU (RT 21/6).

Junto con la debilidad imperialista en su interior, en este caso podemos encontrar también los límites sobre la capacidad de que EEUU pudiera seguir manteniendo subsumidos a sus aliados. Basta recordar al respecto que, una vez que Trump intentó no asistir a la cumbre con Kim, el presidente de Corea del Sur Moon se juntó con su par del norte y realizó gestiones para que la reunión se efectúe.

Esta situación, si bien relata la capacidad de RPDC y China de impedir una guerra en la península, también tiene como trasfondo la imposibilidad de sostener alianzas por parte de EEUU. Es necesario tener en cuenta que los momentos más álgidos en la península fueron durante el gobierno de Park, ex presidenta de Corea del Sur, destituida, procesada y encarcelada por casos de corrupción que la vinculan a gigante Samsung. El actual presidente en tan sólo un año se ha reunido dos veces ya con su par del norte. Además están las contradicciones irresueltas dentro del bando imperialista, ya que la escalada militar si bien es impulsada por EEUU, sus secuaces regionales principales son Corea del Sur y Japón, antiguos enemigos entre sí debido a la ocupación que este último ejerció durante más de cien años en la península, ocasionando millones de muertes y expoliación de los recursos de la península. La ocupación terminó abruptamente con la rendición nipona en la Segunda Guerra Mundial, por lo que aunque hayan pasado ya más de 70 años de su finalización, las relaciones entre ambos sólo se volvieron aceptables bajo la subordinación de ambos por parte de EEUU.

La distención en la península descubre entonces también que lo que estaba en juego es el quiebre de las alianzas imperialistas, dada su extrema debilidad. Por eso, Corea del Sur ha emprendido un conjunto de maniobras militares destinadas a la defensa de las islas Dokdo, territorio que Japón reclama como suyo bajo la denominación de islas Takeshima, según lo comunicó este lunes el Ministerio Nacional de Defensa surcoreano (RT 11/6). Estas maniobras militares que se producen a continuación de que se desmontan las fuerzas invasoras contra RPDC muestran que las heridas siguen tan abiertas ahora como hace 70 años. Lo que diferencia la actualidad es que ya no hay quien las tape para que no se noten.

Respecto de esta situación, el portal yanqui llamado The Hill emitió un informe que plantea que “la retirada del presidente Trump de importantes acuerdos internacionales (…) y su disposición a renunciar a los antiguos compromisos militares de EEUU, sin extraer concesiones, parecen reducir la influencia de EEUU en Asia oriental y acelerar la desaparición del antiguo apalancamiento estadounidense allí” (HTV 20/6). Cabe destacar que el portal plantea los hechos como el acto voluntario de EEUU de renunciar a sus antiguos compromisos, sin poder ver el verdadero carácter de la crisis, en la que la reducción de la influencia yanqui se debe a que no tienen más opciones que abandonar los antiguos acuerdos, y esto porque se ha vuelto incapaz de garantizarles la reproducción a la mayoría de las naciones y los pobladores del globo.

 El informe, del mismo modo, destaca que el inquilino de la Casa Blanca, al reunirse con Kim, benefició al gigante asiático: “China se beneficiará tanto de una apertura económica potencialmente inminente con Corea del Norte como de una posible reducción de las fuerzas estadounidenses en la península de Corea”. The Hill, en la misma línea, subraya las relaciones “florecientes” entre Rusia y Corea del Norte, las cuales llaman la atención al producirse a la par de las tensiones entre Washington y sus aliados europeos, que visibilizaron la reciente cumbre del Grupo de los Siete (G7). El informe, a este respecto, alerta de las divergencias comerciales entre EEUU y sus aliados, las cuales llevarían a Washington a más “aislamiento” (HTV 20/6).

Respecto a la RPDC, podemos destacar una situación en las antípodas de lo que sucede respecto a los aliados de EEUU, ya que durante el mes de junio se produjo el tercer viaje de Kim a China. Al respecto de esto, el mandatario chino, Xi Jinping, declaró que “la firme posición del gobierno y el Partido Comunista de China de reforzar las relaciones entre China y Corea del Norte no va a cambiar. No va a cambiar la buena amistad ni el apoyo de nuestro pueblo al pueblo de Corea del Norte”, dijo al dar la bienvenida a Kim. El viaje se produjo sólo siete días después de la reunión política entre Kim y Trump (LN 20/6).

Por esto, las líneas finales se las vamos a dedicar a China, para poder enmarcar en qué difieren las conductas capitalistas y el socialismo con características chinas, porque en el mundo bajo el dominio de la propiedad capitalista en la etapa imperialista no se hace más que expulsar fuerza de trabajo y a sectores de la propia clase burguesa, convirtiendo al mundo en un instrumento de cada vez menos individuos. En la otra esquina del cuadrilátero se encuentra China, no porque le hace competencia a EEUU, sino porque se ha propuesto de forma planificada sacar de la pobreza a 600 millones de personas en los últimos 30 años, y continúa haciéndolo para completar el plan hasta el 2050, como hemos relatado en otros meses desde este artículo.

En un país donde existe la propiedad privada y por tal existen las empresas de capitales privados, incluso en sectores clave de la economía, surge la inevitable pregunta sobre cómo se hace esto, aparentando ser una contradicción ineludible tener una economía de mercado bajo la dirección del Partido Comunista. Es decir, se busca con ello que la economía planificada logre “poner bajo control” las fuerzas del mercado. Está claro que no hay posibilidad de que coexistan las propiedades capitalistas y la comunista, y necesariamente las fuerzas del capital deben ser reemplazadas por otras, por lo que hay que prestar vital atención al proceso en el que el pueblo chino, bajo la estricta dirección de los trabajadores y del PCCH, construye fuerzas capaces de reemplazarlas.

Por esto, es central tener en cuenta la estructura del partido que se encuentra dando esa pelea en China.

El Partido Comunista de China (PCCh) tenía 89,56 millones de miembros y 4,57 millones de organizaciones del Partido a nivel de base al cierre de 2017. Los números de miembros y organizaciones del Partido del PCCh aumentaron en 117.000 y 53.000, respectivamente, en comparación con 2016. El ritmo de crecimiento del número de miembros del PCCh se ha mantenido por debajo del 1,5 por ciento desde 2013, cuando el Partido comenzó a implementar una regla de reclutamiento que da mayor importancia a la calidad de las personas que desean entrar a formar parte de sus filas.

En 2017, el PCCh reclutó a 1,98 millones de nuevos miembros, 71.000 más que en 2016, incluidos un millón de miembros que trabajaban en puestos de producción de primera línea, cifra que representa el 50,8 por ciento de todos los nuevos miembros. Entre estos nuevos miembros, 860.000 tienen títulos de carreras técnicas o superiores, representando un 43,4 por ciento del total, mientras la edad de 1,61 millones era de 35 años o menos, cifra que ocupa el 81,4 por ciento. Al cierre de 2017, el Partido tenía cerca de 43,29 millones de miembros con títulos de carreras técnicas o superiores, representando un 48,3 por ciento del total. La cobertura de las organizaciones de Partido en los órganos gubernamentales y del PCCh alcanzó el 99,7 por ciento, mientras que en las instituciones públicas se situó en el 95,2 por ciento y en las empresas de propiedad estatal en el 92,8 por ciento (XH 1/7).

Esta estructura, en la que el partido alcanza casi todos los órganos de la vida china, sólo tiene sentido si se tienen en cuenta cuáles son sus principios, cuál es su estrategia, ya que de esto depende cómo debe ser el partido. A esto se refirió Xi Jinping, quien ha instado a todo el Partido a que implemente la línea organizativa del Partido para la nueva era, “con el fin de persistir en y desarrollar el socialismo con peculiaridades chinas de la nueva era, nuestro Partido debe tener la valentía de llevar a cabo su propia reforma para hacer más fuerte al Partido”. Y agregó que “se deben hacer esfuerzos para convertir al Partido en un partido marxista gobernante rebosante de pujanza que marche en todo momento al frente de los tiempos, cuente con el sincero apoyo del pueblo, tenga la valentía de llevar a cabo una revolución interna y sea capaz de superar las pruebas planteadas por todo tipo de dificultades y peligros”.

Para finalizar, Xi dijo que el Comité Central del PCCh debe contar con la autoridad de tener una última palabra, mientras la tarea fundamental de las organizaciones locales del Partido es garantizar la implementación de las decisiones y disposiciones del Comité Central del PCCh (XH 8/7). Es decir, que semejante estructura es resultado de que exista primero que nada una dirección, que se requiere para planificar la vida en un mundo cada vez más globalizado, en el que entremos todos.

Pero claro, esto es aún muy general para nosotros. Para que deje de serlo, debemos pensar en nuestras tareas como pueblos de América Latina. Algo en lo cual −como veremos en los artículos que siguen− estamos en plena labor de construcción.



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