Revista Mensual | Número: Agosto de 2018
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Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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El arte de la guerra

Estado de derecho ausente
Ha fracasado
Tiremos a la basura estas viejas estructuras
Una ofensiva conciente y organizada


El derrumbe imperialista y la necesidad de la ofensiva popular

El arte de la guerra

“Hermanos:
No morirá la flor de la palabra. Podrá morir el rostro oculto de quien la nombra hoy, pero la palabra que vino desde el fondo de la historia y de la tierra ya no podrá ser arrancada por la soberbia del poder.
Nosotros nacimos de la noche. En ella vivimos. Moriremos en ella. Pero la luz será mañana para los más, para todos aquellos que hoy lloran la noche, para quienes se niega el día, para quienes es regalo la muerte, para quienes está prohibida la vida. Para todos, la luz. Para todos, todo. Para nosotros el dolor y la angustia, para nosotros la alegre rebeldía, para nosotros el futuro negado, para nosotros la dignidad insurrecta. Para nosotros nada.”
4ª declaración de la Selva Lacandona, Ejército Zapatista de Liberación Nacional (1996)

 

“Si conoces a los demás y te conoces a ti mismo, ni en cien batallas correrás peligro; si no conoces a los demás, pero te conoces a ti mismo, perderás una batalla y ganarás otra; si no conoces a los demás ni te conoces a ti mismo, correrás peligro en cada batalla.”
Sun Tzu (siglo IV a.C)

 


La insalvable contradicción entre el carácter cada vez más social de la producción y su apropiación por parte de un sector concentrado de los capitales (147 corporaciones globales) ha producido una verdadera explosión en las entrañas del imperialismo y desatado un “todos contra todos” global. Sin capacidad de sostener las viejas instituciones globales –tanto las políticas como las militares, puesto que ya no hay una estrategia que dé cuenta por el todo–, hemos visto en este último tiempo avanzar a una velocidad inusitada el desmembramiento de toda la arquitectura global del poder imperialista, herido de muerte en su base material. Su debilidad ya es evidente a los ojos de quien quiera ver. Así, las principales naciones (o conjunto de naciones) que han servido de asiento al poder imperialista han comenzado una verdadera danza de puñetazos y patadas, trampas y extorsiones, que día a día va quitando legitimidad mundial a todos los organismos e instituciones que otrora le han servido para “dictar” los lineamientos sobre los pueblos del planeta. La disputa económica y política entre Estados Unidos y la Unión Europea es una clara manifestación de la crisis del sistema político mundial organizado luego de la segunda guerra mundial.

Se entenderá que todo ello produce, en las fuerzas imperialistas, una enorme desesperación, puesto que se revelan incapaces de sostener en el tiempo las bases mismas que garantizan su reproducción y supervivencia; ya sea en el plano de las instituciones globales (G-7, G-20, OTAN, UE, etc.) o al interior de cada nación americana, organizada desde sus intereses y a través de oligarquías locales que ya no pueden cobijar. Mientras todo ello ocurre, las masas trabajadoras latinoamericanas y sus organizaciones se encuentran realizando un profundo debate respecto de las tareas planteadas para resolver la crisis actual. Las naciones del ALBA conducen el proceso de construcción de una nueva sociedad que pueda avanzar sobre la descomposición del capitalismo. En este proceso se hace cada vez más evidente que para lograr el buen vivir del que habla Evo Morales es necesario terminar con las relaciones de explotación que organizan nuestra sociedad. Es decir, la supervivencia de la especie humana depende de la superación de las relaciones capitalistas.

Veámoslo en detalle.

Estado de derecho ausente

El imperialismo no logra imponer su política en la región como lo hizo históricamente, ya que no puede garantizar la reproducción de las burguesías nacionales que han sido la expresión del interés extranjero en nuestras tierras. Por esto, la única manera de imponerse es a través de acciones belicistas y terroristas a lo largo y ancho de nuestro continente con el fin de erradicar de la faz de la tierra las nobles experiencias revolucionarias desarrolladas en las naciones del ALBA. Particularmente una de ellas, Venezuela, ha sufrido incontables ataques desde el año 2002, provocando muertes y caos por doquier. Sin embargo, los tiempos en que el imperialismo ascendía a nivel global y, con la base del monopolio, podía incorporar amplias capas de su propia clase e incluso del proletariado al sistema de gobierno han terminado para siempre; hoy lo único que tiene para ofrecer a la humanidad es un saqueo brutal al 99% de la población y terrorismo para que ella no se organice en su contra. De esta manera, con esta irracionalidad, es imposible construir algún tipo de consenso en torno a sus objetivos, Venezuela es un claro ejemplo de esto.

Este mes, la ONU realizaba una denuncia formal por supuestos abusos a los derechos humanos cometidos en Venezuela: describiendo una lista de “ejecuciones extrajudiciales, arrestos arbitrarios y torturas a opositores”, pedía crear una comisión de investigación, mientras exigía mayor “implicación” de la Corte Penal Internacional (CPI). El titular del organismo encargado, la oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (ACNUDH), Zeid Raad al-Hussein (sí, un funcionario procedente de Arabia Saudita opinando sobre lo que otros países hacen o dejan de hacer con los derechos civiles…) afirmaba que “la situación de los derechos humanos del pueblo de Venezuela es catastrófica” y que “el Estado de Derecho como tal está virtualmente ausente” (LN 23/6). Pocos días después, la Unión Europea, que como hemos visto se debate entre su implosión total y el trato inhumano sobre los inmigrantes que afluyen de los países destruidos por las guerras que empujó con los EEUU, prohibía el ingreso y congelaba los activos de 11 altos funcionarios de Venezuela, incluyendo militares y rectores del Consejo Nacional Electoral bajo acusación de “haber socavado la democracia y el Estado de Derecho” (LN 26/6).

Es significativa la persistencia con la que las fuerzas imperialistas sostienen los mismos argumentos y acciones sobre Venezuela cuando, hace pocos meses, fueron realizados unos comicios presidenciales que no recibieron ni una objeción de todos los observadores internacionales y mediadores que asistieron a los mismos. Precisamente uno de ellos, el ex presidente español y figura del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), pro europeo y anti chavista declarado (recordaremos el famoso episodio con el Rey Juan Carlos de “¿Por qué no te callas?” en donde él era el presidente en ejercicio), José Luis Rodríguez Zapatero, realizaba furibundas críticas a la obstinación europea: “Sancionar al chavismo produce consecuencias (…). A todos aquellos que desconocen las elecciones, que solamente aprueban sanciones, la pregunta es ¿cuál es la alternativa? (…). Estoy convencido de que la UE desconoce, yo no sé qué información puedan tener. Pero vuelvo a la reflexión política: para todos aquellos que le han puesto un muro al gobierno de Venezuela, la pregunta es cuál es la alternativa. Porque esto es la política. Una decisión como sancionar y bloquear a un gobierno como el chavista produce consecuencias.” (LN 27/6).

El ex presidente ha sido designado como jefe del equipo mediador entre el gobierno bolivariano y la casi extinta Mesa de Unidad Democrática bajo posiciones públicamente conocidas respecto a lo que allí ocurre, sin embargo, el peso de los acontecimientos lo ha llevado a enfrentarse a las decisiones de sus promotores en la difícil tarea asignada. Lo contradictorio de sus declaraciones evidencia el límite de sus concepciones socialdemócratas: no hay nada que la Unión Europea desconozca que él y el mundo no hayan informado públicamente (por ejemplo, la ejemplaridad de las elecciones presidenciales), sencillamente deben exterminar la experiencia revolucionaria en Venezuela, como condición política esencial para el saqueo brutal de su riqueza social. La fortaleza del pueblo trabajador bolivariano y la debilidad fatal que transita el imperialismo exponen de forma ejemplar las mentiras con que durante décadas han sostenido, él incluído, las campañas contra las experiencias anti imperialistas en la región. Luego, la única alternativa (que ya fracasó) es imponer su necesidad (el saqueo) a sangre y fuego, sostenida con mentiras amplificadas por el puñado de medios monopólicos de comunicación que controlan.

Precisamente en Venezuela es donde más se ha evidenciado el fracaso estrepitoso de la estrategia imperialista de tumbar gobiernos mediante bandas terroristas que sirvan de ejército opositor; ello se manifestó con claridad cuando, con el correr de los meses, la base social opositora desconoció los dictados norteamericanos (apoyo a la guarimba, abstención electoral, apoyo a la intervención militar extranjera) y expuso su cruel realidad: el imperialismo, el puñado de corporaciones que lo conforman, se encuentran aislados y repudiados por las inmensas mayorías. Uno de sus hijos pródigos, Srda Pópovic, quien lidera una organización (CANVAS), públicamente financiada por los EEUU, que se encarga de “formar” militantes “por la democracia” en todo el mundo y en Venezuela, lo afirmaba con inusual crudeza: “La oposición venezolana no enfoca protestas que no sean meramente reactivas, hay una falta de idea o de sentido histórico y político que permita movilizar a la población. No logra un efectivo nivel de coordinación entre sus partidos políticos (…). No logró el objetivo de una fractura institucional, aspecto clave de los golpes suaves para abrir espacios a una transición tutelada desde el extranjero. No tiene una estrategia unitaria en cuanto a lo electoral. No logra explicar cuál es su plan para solucionar la crisis. No promueve mecanismos de reconciliación” (CD 6/7). Podemos agregar a este análisis un solo fundamento que serviría de explicación para todos los aspectos fenoménicos que el noble agente de la CIA expone más arriba: la que carece de sentido histórico y político es la burguesía, cuyo tiempo histórico ha finalizado. Hoy, sus intereses colisionan contra los de la humanidad, contra la mera supervivencia de la especie, la vida misma. No lograrán movilizar a la población, ni ofrecer un plan para solucionar la crisis porque su plan es la crisis y no hay pueblo en el mundo, menos los que han desarrollado altamente su conciencia, dispuesto a movilizarse en masa para suicidarse. Rodríguez Zapatero y Pópovic son algunas voces que, con sus limitaciones de origen, exponen esta situación irreversible.

Ha fracasado

En esta misma línea, a través de una investigación del periodista estadounidense Max Blumenthal, se presentaban pruebas de que el gobierno de los EEUU financió a los grupos opositores nicaragüenses responsables de los hechos de violencia que allí tuvieron lugar, lejos de la pantalla mediática de “estudiantes” enojados por tal o cual medida gubernamental. Organizaciones como la Fundación Nacional para la Democracia (NED) entregó recursos a supuestas organizaciones civiles, como el grupo opositor denominado “M19”, el cual viajó a los EEUU para solicitar “apoyo” a representantes gubernamentales como los senadores republicanos Ted Cruz y Marco Rubio. Se conocía que la NED, desde el año 2014, habría gastado unos 4 millones de dólares para “respaldar a 54 grupos” (TS 2/7). Un ejemplo de quiénes han sido los receptores de estos recursos son las bandas que, durante los momentos más álgidos de la insurrección terrorista, se habían dedicado a cometer diferentes crímenes en varios puntos del territorio como ser homicidios, violencia, intimidación, asesinatos y tráfico de drogas (TS 6/7) y luego fueron desarticuladas por la Policía Nacional de Nicaragua.

De esta manera, se evidenciaba una vez más la directa participación norteamericana en los hechos terroristas suscitados en la pequeña nación centroamericana, con el objeto de tumbar a otro gobierno alineado contra sus intereses. Contrariamente a lo que se pretendía imponer al comenzar la serie de protestas internas, no se trataba de jóvenes asfixiados por una “dictadura” ni de una ebullición social producida por un gobierno autoritario, sino de la ejecución de la estrategia terrorista por parte del imperialismo para impedir que importantes proyectos se implementen (estación satelital rusa, canal interoceánico con la participación de China). Intentaron apoyarse en el descontento de algunos sectores que, como en el caso de Venezuela, rápidamente se alejaron de los grupos terroristas controlados por los EEUU, de esa estrategia que se revela contraria a las posibilidades de supervivencia de la misma base social opositora. Es por ello que el ministro de Políticas Nacionales, Paul Oquist, afirmaba que “La buena noticia de Nicaragua es que el golpismo ha fracasado, o sea, el intento de llevar a cabo un golpe de Estado en Nicaragua ya está derrotado” y que las denuncias de la ACNUR “se basan en información tendenciosa de organizaciones locales de derechos humanos que son parciales desde hace décadas” en relación a las agencias (NED, USAID, etc.) que realizan “informes” sin prueba alguna que luego son utilizados por las corporaciones de medios de comunicación como “prueba” irrefutable de los supuestos crímenes que denuncian (HTV 17/7).

Tiremos a la basura estas viejas estructuras

En línea con todo lo descrito anteriormente, hemos visto durante los últimos años aparecer un fenómeno singular en toda la región. Frente al derrumbe capitalista, a la incapacidad por construir fuerza social que les permita imponer sus intereses al conjunto de la sociedad, comienzan a revelarse los últimos reductos de la defensa de su poder. Además del terrorismo y las fuerzas militares (oficiales o paras) se han estado imponiendo, desde el Poder Judicial de cada país, la ejecución de encarcelamientos y persecuciones con motivo de que los principales liderazgos latinoamericanos, construidos por las masas trabajadoras luego de décadas de enfrentamiento anti imperialista, no se desarrollen.

Este mes, la Corte Nacional de Justicia de Ecuador ordenaba la “prisión preventiva” para el ex presidente Rafael Correa, por una supuesta vinculación en el intento de secuestro del ex diputado Fernando Balda en Colombia, en el año 2012. La Corte solicitó a interpol la captura y extradición puesto que Correa (que se encuentra en Bélgica) pasó de ser sospechoso a ser procesado al no cumplir con la orden de presentarse cada 15 días ante ella, como lo había ordenado la jueza Daniela Camacho (LN 5/7). La jueza Camacho acusa a Correa de ser el “autor intelectual” del secuestro ocurrido en 2012 en Bogotá, durante su mandato. En esa ocasión, Balda fue retenido por agentes colombianos durante unas horas. El caso fue juzgado en Colombia como secuestro simple, sin violencia y no extorsivo. Según el ex presidente, Balda era un legislador opositor que además había tenido varios juicios penales por agresiones y estafas por los cuales fue juzgado, lo que hizo que huyera a Colombia. Una vez asentado en ese país, Balda se dedicó a acciones ilegales, entre ellas la piratería y el uso de equipos de espionaje, durante esos años sucedió el secuestro, del que Balda imputa la autoría intelectual a Correa. La importancia del caso radica en que, como afirmara el ex presidente y a diferencia de las otras tres causas que le han tramitado fronteras adentro, este es un crimen que no prescribe en el tiempo y por lo tanto es utilizable para su persecución. Indignado, Correa afirmaba que “en Ecuador no existe el Estado de Derecho” (P12 5/7). La noticia del pedido de captura del prestigioso líder latinoamericano engordado por centenares de editoriales de los medios corporativos de comunicación y la cierta posibilidad de cárcel, con todo lo que ello implica, alimenta el discurso imperialista que asocia la “corrupción”, que ellos mismos generan, con los procesos anti imperialistas que surgieron en la región.

 

Conocida es la situación del líder de Brasil Lula da Silva, el cual se encuentra encarcelado bajo la acusación de haber recibido como parte de una coima un departamento que no figura a su nombre y que nunca utilizó. El Poder Judicial de Brasil dio una muestra más de su fragilidad institucional cuando un juez hizo lugar al Habeas Corpus presentado a favor de la liberación del ex presidente y ordenó su inmediata libertad. Sin embargo, el juez Moro, gran impulsor de la condena, que en ese momento se encontraba de vacaciones, en una acción sin precedentes realizó una instrucción (si, en medio de sus vacaciones) para que otro juez intervenga, G. Neto, quien anuló el fallo anterior. En 24 horas Lula pasó de quedar liberado a ver ratificada su condena, mientras varios jueces realizaban una contienda pública calificándose de “incompetentes” entre ellos (CD 8/7).

Todo ello, enmarcado en la información conocida por los WikiLeaks de que jueces latinoamericanos recibieron “cursos” dictados en los EEUU desde, por lo menos el año 2009, en donde se encontraría como asiduo asistente el juez Moro. Más allá de la pirueta jurídica y los burdos modos en que se ha implementado esta maniobra, la misma tiene implicancias para todo el proceso regional porque expone con claridad la debilidad del imperialismo y su incapacidad para construir fuerza social. No solamente al tener que encarcelar a los principales líderes anti imperialistas en la región bajo acusaciones falsas sino, centralmente, porque revela la naturaleza de clase del Poder Judicial y del Estado.

Contrariamente a la “imparcialidad” que se ha querido construir sobre los jueces y los códigos que supuestamente hacen cumplir, las Leyes y normas que rigen a una sociedad son producto de la lucha de clases, de la imposición de una clase sobre otra y de la capacidad de dictar y hacer cumplir normas acorde a su necesidad. No existe tal cosa como una ley ajena a esta situación, ni normas de convivencia que escapen a la realidad del dominio de la burguesía sobre la inmensa masa de desposeídos. Sobre la base material y objetiva de una sociedad determinada (relaciones sociales de producción, propiedad privada sobre los medios de producción, trabajo asalariado y capital) se erige una super estructura jurídica y política que garantiza su orden o reproducción. Sin embargo, se ha construido como “sentido común” que el Estado, el Poder Judicial, se encuentran “por encima” de los “intereses en pugna” de una sociedad determinada y que deben actuar en aras del equilibrio o del interés general. De esta manera, la supuesta armonía que persigue dicho poder del Estado es garantizar el cumplimiento de los fundamentos mismos de la sociedad capitalista, la propiedad privada sobre los medios de producción y de cambio y todas las normas que de ello devienen. Pues bien, esa idea entra en crisis cada vez más, en tanto su base material deja de existir, ya que un puñado de jueces entrenados en EEUU se dedica a dictar normas en una sociedad donde el 1% debe saquear, hambrear y embrutecer al 99%.

Lula da Silva sería, sin duda alguna, el futuro presidente de Brasil si no estuviera encarcelado y proscripto; él ha planteado revertir de raíz todo el saqueo producido en el país producto de un gobierno que no votó nadie y ostenta un magro 3% de aprobación social. La posibilidad de que el Partido de los Trabajadores (PT) vuelva al gobierno es inaceptable por parte del imperialismo, ya que eliminaría las medidas económicas y sociales que han impulsado en estos dos años que se han basado en la expropiación de la riqueza del pueblo brasileño. Cuando los capitales concentrados no logran construir consenso político, aún con los ingentes recursos con los que cuentan, recurren al último bastión: el Poder Judicial, que actúa velozmente y se apura a encarcelar a cuanto líder de prestigio popular pase por delante. Sin embargo, ello supone una enorme debilidad ya que se hace evidente para millones de personas que la “justicia” es “una justicia”, que defiende unos intereses y perjudica otros; es decir, que es un instrumento (ahora de última instancia) de una clase social para imponerse sobre otra. A su vez, esto revela otra enseñanza fundamental para las masas: la naturaleza anti democrática y dictatorial de las corporaciones monopólicas. Su proyecto, sea a través del terrorismo en Venezuela o Nicaragua o los jueces en Brasil y Ecuador, debe necesariamente prescindir de las masas y su acción política. Así lo afirmaba Gleisi Hoffmann, presidenta del PT: “Quedó claro que ellos están haciendo todo lo posible por no dejarlo salir. Ellos tienen miedo de que Lula salga y gane las elecciones, porque él las va a ganar y así nos dicen las encuestas. Lula va a ganar, ellos no tienen liderazgo ni político ni popular. Lula es el liderazgo de este país (…). Tiremos a la basura estas viejas estructuras y afirmemos nuestro compromiso por la democracia” (TS 8/7).

Queda claro que si las instituciones del Estado se revelan como instrumentos de la explotación del hombre sobre el hombre, de un tipo de relaciones sociales, su transformación (“tirarlas a la basura”) implican tareas que modifiquen de raíz esa estructura que las forma. Como dijera Carlos Marx hace 150 años: “Los proletarios no pueden apoderarse de las fuerzas productivas sociales sino aboliendo el modo de apropiación que les atañe particularmente y, por consecuencia, todo modo de apropiación en vigor hasta nuestros días. Los proletarios no tienen nada que salvaguardar que les pertenezca, tienen que destruir toda garantía privada, toda seguridad privada existente”. Si las corporaciones monopólicas se revelan incapaces de construir un liderazgo político y popular, dado que su estrategia es inaceptable para las mayorías, y recurren al último reducto del poder del Estado, el Poder Judicial, para abroquelarse desde allí e impedir la organización en su contra, las tareas del pueblo trabajador, del proletariado se revelan con claridad.

Una ofensiva conciente y organizada

Precisamente, respecto de las tareas del proletariado y el movimiento anti imperialista en la región, este mes se realizó en La Habana, Cuba, el XXIV Foro de San Pablo, el cual reunió en su seno a más de 625 delegados, provenientes de 51 países, de 170 organizaciones y unos 60 parlamentarios. Contó con la presencia de los presidentes de El Salvador, Venezuela, Bolivia, Mozambique y Cuba, entre otros.

Sin dudas, el Foro estuvo signado por dos hechos de suma relevancia continental: las elecciones presidenciales en Colombia y México, en donde en la primera, la izquierda comandada por un ex guerrillero devenido en político, Gustavo Petro, realizó una elección histórica obteniendo más de 8 millones de votos y en el segundo, Andrés Manuel López Obrador, arrasó obteniendo un 53% de los votos, más de 24 millones, y ganando prácticamente en todos los rincones de México. Precisamente, en dos naciones que han sido, desde la caída del Muro de Berlín y la implosión de la URSS, mostradas al mundo como dos “ejemplos” de lo que ocurre cuando se siguen los dictados feroces de los EEUU, en materia económica, política y social. A pesar de los supuestos datos de “crecimiento económico” o las exclamaciones respecto a “milagros” obtenidos allí, todos los indicadores sociales que emergen mes tras mes son verdaderamente espeluznantes.

En el caso de México, por ejemplo: tan solo en esta elección, ocurrieron más de 550 agresiones en contra de políticos y candidatos desde que inició el proceso electoral el pasado 8 de septiembre y con corte al 26 de junio. De estas más de 550 agresiones, 133 políticos han sido asesinados; de esos 133, 28 eran precandidatos y 20 más candidatos. En comparación con el proceso electoral de 2012, la cifra de políticos asesinados es diez veces mayor (HTV 28/6). Además, organizaciones sociales y defensoras del “derecho a la tierra, al agua y a los bienes comunes de las comunidades campesinas” han denunciado el asesinato, hostigamiento y amenazas contra los líderes sociales. En los últimos diez años, producto de la supuesta “guerra” al narcotráfico promovida por los EEUU para militarizar las relaciones internas de la sociedad mexicana, 42.251 jóvenes han resultado asesinados. Además, en las muertes violentas unos 118.000 casos fueron de personas menores de 30 años de edad, mientras que las víctimas de desapariciones forzadas suman más de 33.000 personas (TS 20/7). También, México ostenta el triste honor de encabezar en el mundo las cifras de femicidios: tan solo en enero de 2018 se registraron 272 asesinatos de mujeres, un promedio de casi nueve al día (TS 23/7).

Desde que en 1994 México acordara el tratado de libre comercio con EEUU (NAFTA), y de que en 2000 adoptara la militarización total de la seguridad interior, el proceso de descomposición social ha sido realmente acelerado. Por ello, y por ser la segunda economía de la región, es que la victoria de AMLO en los comicios presidenciales resulta un verdadero golpe al corazón del imperialismo, mostrando que, a pesar de esas cifras, existen en México millones de trabajadores dispuestos a transformar el infierno en que se ha convertido su realidad, el caos de la descomposición capitalista. Ya lo decía Fidel Castro en 2010: “Sin embargo, López Obrador será la persona de más autoridad moral y política de México cuando el sistema se derrumbe y, con él, el imperio (www.cubadebate.cu/reflexiones-fidel/2010/08/12/el-gigante-de-las-siete-leguas-parte-1/#.W1-R3dIzbIU)

Es por ello que el XXIV Foro se reunía bajo hechos de profunda importancia para debatir este escenario y plantear las tareas hacia adelante. En ese marco, es central destacar algunos aspectos que surgieron en los intensos debates que ocuparon a tantos dirigentes de masas e intelectuales al servicio de ellas. En primer lugar, desde la cárcel, Lula da Silva, quien fuera uno de los impulsores del foro en 1990 junto a Fidel Castro, enviaba una carta que fue leída en el acto inaugural. En ella, Lula afirmaba que “Esta derecha no sabe convivir con la democracia y, con el apoyo de los medios y del poder judicial, quiere impedirnos regresar al gobierno o recuperar la dignidad (…). Nuestras élites no toleran la izquierda, ni el acceso del pueblo excluido a sus derechos mínimos, como alimentos, salud, educación y vivienda. Tal vez hayamos subestimado esta intolerancia y la disposición de las elites a enfrentarnos a cualquier costo y por cualquier medio” (TS 16/7). Esta afirmación resulta fundamental para todo lo relatado anteriormente, puesto que supone un grado mayor de precisión respecto del enemigo al que se enfrenta: corporaciones monopólicas globales que no puede aceptar el más mínimo atisbo democrático, puesto que se enfrentan a las amplias mayorías, y que se sirven de su último “casamatas” del Poder Judicial, para proscribir cualquier atisbo de organización popular. Es de suma importancia la conciencia del momento histórico, puesto que subestimar al enemigo puede (y lo ha hecho) traer consecuencias profundamente graves para las masas trabajadoras y sus organizaciones políticas. Por lo tanto, son conclusiones de vital importancia para lo que acontecerá en los años venideros.

En esas definiciones radica, precisamente, la correcta comprensión o no de las tareas planteadas en el presente: hemos recorrido largamente los augurios por parte de la derecha del “fin de ciclo” de los procesos anti imperialistas en la región y hemos estado transitando una “ofensiva” imperialista en todos los países que la componen. La posición es clara: no hay posibilidad de una ofensiva imperialista puesto que ello supone capacidad de avance y triunfo en batallas estratégicas que acerquen a la victoria. Sin embargo, como hemos afirmado anteriormente, no hay condiciones para ello, puesto que el imperialismo, como dijera Fidel Castro premonitoriamente, se encuentra en descomposición, en una crisis terminal. Una manifestación de ello es su incapacidad de construir fuerza social, consenso, masa crítica en torno a sus intereses; en ello radica su necesario carácter anti democrático y por lo tanto el encarcelamiento de los principales líderes populares que atentan contra su dominio. En este sentido, el intelectual Atilio Boron afirmaba que “Luego de la pérdida de impulso tras la guerra económica a Venezuela, los ataques contra la Revolución cubana, el golpe de Estado en Brasil y la derrota en Argentina, el reciente triunfo de AMLO en México y el resultado electoral en Colombia de Gustavo Petro, abren grandes perspectivas (…) nos hace pensar que estamos tal vez en víspera de un relanzamiento del ciclo progresista y de izquierda en América Latina” (CD 15/7).

Lo cierto es que, independientemente de los resultados electorales mencionados, resulta menester poder explicar porqué es que ocurren y a qué proceso histórico obedecen. Antonio Gramsci afirmaba que: “En el estudio de una estructura es necesario distinguir los movimientos orgánicos (relativamente permanentes) de los movimientos que se pueden llamar ´de coyuntura´ (y se presentan como ocasionales, inmediatos, casi accidentales) (…). Al estudiar un período histórico es de gran importancia esta distinción”. “Un aspecto del mismo problema es la llamada cuestión de las relaciones de fuerza. Se lee con frecuencia en las narraciones históricas la expresión genérica: ´relaciones de fuerza favorables, desfavorables a tal o cual tendencia´. Planteada así, en abstracto, esta fórmula no explica nada o casi nada, porque no se hace más que repetir el hecho que debe explicarse presentándolo una vez como hecho y otra como ley abstracta o como explicación. El error teórico consiste, por lo tanto, en ofrecer como ‘causa histórica’ un canon de búsqueda y de interpretación” (www.gramsci.org.ar/TOMO3/065_analisis_situc.htm). Así, lo que ocurre en México y Colombia es una manifestación de un proceso mucho más profundo y general, y que ocurre, por lo tanto, en todos los lugares del planeta, en todos los países de Latinoamérica. Las excelentes elecciones de las fuerzas de izquierda de la región son un hecho más que demuestra la inviabilidad de las relaciones capitalistas como rectoras de la organización social humana. Independientemente de los candidatos, presidentes, o gobiernos que puedan obtener (puesto que sabemos que fuerzas opositoras operarán para impedir el éxito de ellos), lo que es claro es el hartazgo profundo que existe en las masas frente a la inhumanidad que pueden ofrecerles las corporaciones monopólicas globales. Ello, a su vez, marca el grado de concentración y centralización alcanzado por el capital, que en su dinámica interna, su naturaleza, debe necesariamente expropiar capas de su propia clase y empujar a la miseria a millones de trabajadores. No hay programa político, golpe militar, gobierno o partido que pueda sostener una realidad de estas características. Si ello no se tiene debidamente en cuenta, aparecerá para millones (como hecho fenoménico) que, por ejemplo, el encarcelamiento de Lula da Silva es señal del “fortalecimiento” del imperialismo y parte de su “ofensiva” contra los movimientos populares anti imperialistas. Sin embargo, bajo el estricto análisis de la realidad concreta, podremos ver que es una señal de profunda debilidad, puesto que la incapacidad por construir masa crítica en torno a sus intereses empuja a las corporaciones a realizar acciones desesperadas, que ponen en evidencia la verdadera naturaleza del Estado que erigieron sobre su dominio de clase. Esto le plantea a las masas trabajadoras la tarea de enfrentar de raíz a toda la estructura económica y social que permite el feroz saqueo al que son sujetas. Abroquelados tras la pluma de un puñado de jueces corruptos y un grupo de militares desprestigiados, no tienen perspectiva alguna de futuro, contrariamente a las fuerzas que los enfrentan. Por ello, la salida a la crisis no se puede analizar desde “ciclos” más o menos simétricos (en cuanto a su duración) en donde “gobiernos” de izquierda o derecha se intercambian el poder político. La única ofensiva o “ciclo” que le resta históricamente a la burguesía es el aniquilamiento de la especie humana, sea por un conflicto nuclear o por la implosión del planeta producto de la colisión de las relaciones mercantil capitalistas con la naturaleza. Por lo tanto, ello requiere la toma de conciencia de los cientos de millones de trabajadores que producen la riqueza social en la región sobre la debilidad estructural del imperialismo y la necesidad de barrerlo de la tierra. No hay punto intermedio o ciclo que valga: es el Poder Judicial de las corporaciones o la justicia de las masas en su proceso de liberación social.

Es por esto que quienes encabezan procesos revolucionarios, en donde las masas son las verdaderas protagonistas del proceso político y tienen claridad del carácter de la lucha que llevan a cabo, los planteos destacan el camino que han emprendido los pueblos para ser los hacedores de su propia historia. Nicolás Maduro, durante el cierre del Foro, afirmaba que “América Latina vive un permanente proceso de renovación y transformación (…) en Venezuela creemos en el combate permanente (…). Venezuela está de pie y al servicio de todas las fuerzas que quieran liberación y de potenciar el hermoso proyecto de unión de los pueblos latinos y caribeños” (TS 17/7). También, el presidente de Cuba Miguel Díaz-Canel afirmaba que “En este estado de crisis (…) los intereses monopólicos y económicos tratan de revertir la libre determinación de los pueblos de la región (…). Es la hora de pasar a la ofensiva consciente y organizada (…). Para lograr la unidad de las fuerzas revolucionarias, y su incorporación a un programa que trascienda lo electoral y defina en cada uno de nuestros países los pasos para la toma del poder y la construcción de nuevas sociedades soberanas, con el mayor grado de justicia social posible, antiimperialistas y solidarias; la concreción de un frente cultural y comunicacional anti hegemónico que sume los esfuerzos de los gobiernos progresistas, de los partidos de izquierda y de los movimientos sociales.” (www.granma.cu/foro-sao-paulo/2018-07-18/jamas-habra-espacio-para-dividir-ni-flaquear-18-07-2018-01-07-40).



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