Revista Mensual | Número: Agosto de 2018
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Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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Un dios descerebrado

Introducción
Bursátil
Se van yendo
Fondo Monetario Internacional
El Dólar y el Campo
Las provincias y el Ajuste
El riesgo país y los buitres
Mercosur: de Europa al Cercano Oriente


Los capitales transnacionales inician su retirada de las posiciones argentinas para salvar sus ganancias, acelerando el derrumbe

Un dios descerebrado

“… dentro del propio sistema económico prevalecen fuerzas contradictorias, nocivas para la sociedad: unos defienden un liberalismo utópico, que no existe más que en sus cabezas, mientras otros hacen negocios instantáneos manejando flujos financieros. Unos castigan el gradualismo con exigencias imposibles, los otros ganan dinero con transacciones electrónicas. No asoman actores racionales. Es imposible coordinar conductas. Desapareció el guión. El capitalismo se ha vuelto un dios descerebrado.”

Eduardo Fidanza (LN, 30/06/18)


Introducción

Durante el mes en pasado se manifestó, tal vez con la mayor claridad en lo que va del gobierno de la Alianza Cambiemos, un rasgo de la crisis económica en ascenso: el abandono de las posiciones argentinas por parte de los capitales especulativos. Lo que iniciara en el mes de mayo como una corrida al dólar, es hoy un proceso general de desinversión. Ha llegado la hora de tomar ganancias y dejar las ruinas para otros. Esos otros son aquellos capitales fijos que no pueden retirarse con la misma velocidad que las “golondrinas” o los “buitres” por estar anclados a las fábricas, los campos, los comercios, los salarios. Pero entre las ruinas no quedarán solo los capitales adheridos al suelo, principalmente se agolpará el pueblo hambreado y expropiado y una Nación devastada por el saqueo del imperialismo putrefacto.

Bursátil

A mediados del mes de junio, el diario Cronista Comercial señalaba que las acciones argentinas “están teniendo por lejos su peor primer semestre desde el inicio del mercado alcista en noviembre de 2012, con caídas en dólares mayores al 30%, producto de la devaluación del peso argentino y el retroceso del valor de las acciones por sí mismo”. A su vez, remarcaba que esta caída promedio acompañaba derrumbes aun mayores. Por ejemplo, Cablevisión caía un 55%, Transportadora de Gas del Norte, Grupo Supervielle, Agrometal, entre otras, lo hacían entre un 50% y 45% en dólares. La única excepción la registraría Tenaris, del grupo Techint, con ganancias del 11,6%. En la misma nota el matutino de la “city porteña” comparaba el desempeño del Merval con el de la bolsa de Nueva York: El S&P 500, dice el informe “arroja una suba anual del 3,2% en 2018, una notable diferencia en los retornos de ambos índices y dando a entender que en realidad el Merval se ha disociado del mercado global” (CR 16/6). Según el economista Fausto Spotorno, las causas de la caída responden al masivo “desarme de carteras en mercados emergentes, que va a seguir” (P12 26/6). Sin embargo, cabe señalar que pese a que este contexto efectivamente está afectando a los mercados de la región no lo hace ni remotamente con la misma intensidad que acá: el Ibovespa en dólares, de Brasil, arroja una pérdida de 16,8%, en tanto que el IPC de México en dólares baja un 9,6%, el IPC de Chile pierde un 6% en dólares en 2018 mientras que el índice bursátil colombiano gana en el año un 3,6% en dólares (CR 16/6).

A fines de junio se producía un nuevo desplome acelerando aún más la tendencia semestral. Nuevamente el Cronista Comercial nos informaba: “En su cuarta rueda bajista seguida [el Merval] se desplomó un 9% y quebró la barrera de los 26.000 puntos (terminó en 25.921 unidades), un nivel que no registraba desde fines de septiembre del año pasado. Las acciones llegaron a perder casi 16%, mientras que en Nueva York los ADRs [American Depositary Receipts, son acciones argentinas que cotizan en EEUU] retrocedieron hasta 13,2%. Las más golpeadas, en ambos terrenos, fueron las energéticas y los bancos. Los bonos también sucumbieron, en dólares la peor performance fue una caída de 3,7%; la peor jornada desde el 13 de junio de 2014, cuando el Merval registró un derrumbe del 10%”. Según un informe de la consultora Delphos Investment: “El Merval se desplomó presionado, en especial, por los bancos y las energéticas, bajo un volumen más expandido, lo que refleja más operadores, principalmente externos, apresurados por desarmar posiciones, ya que el ‘efecto MSCI’ (el paso a Mercado Emergente) se esfumó demasiado rápido”. Para el director de la usina financiera, Leonardo Chialva, la explicación tiene un fondo político: “Todas las acciones emergentes están sufriendo y en este marco somos Argentina, que devaluó muy fuerte, tuvo crisis cambiaria y ahora va rumbo a una crisis económica, en donde además hay dudas sobre si viene una crisis política. Cualquier inversor sentado en un escritorio a 5.000 kilómetros se asusta” (CR 28/6).

El diario La NACION, por su parte, relacionó el desplome con el informe brindado por el INDEC: “El riesgo país aumentó un 4,8% (586 puntos) con lo que aumentó 67% en el año y retornó al nivel que tenía en octubre de 2015, cuando se definía la última elección presidencial, devaluación del peso de 1,2%. Todo esto sucedió luego de que el INDEC publicara desequilibrios macroeconómicos: un aumento del 34% en el déficit de cuenta corriente, que lo hizo trepar a US$ 34.000 millones en los últimos 12 meses y llegar al 5,3% del PBI. También contabilizó un aumento del 27% interanual en la deuda externa, que escaló hasta los US$ 253.741 a fines del primer trimestre” (LN 28/6).

En su conjunto, durante todo el mes de junio, el Merval retrocedió 8,9%, los bonos perdieron hasta 24% y las acciones se hundieron un máximo de 30%. Considerando su evolución semestral el resultado acumulado es igualmente malo con “caídas importantes tanto en lo que respecta a la renta variable como a los bonos. Los primeros han visto perder en promedio un 50% en dólares mientras que los bonos cayeron cerca de un 25%” (P12 2/7). Datos provistos por el Instituto Argentino de Mercado de Capitales de BYMA, Bolsas y Mercados Argentinos (IAMC ) muestran que “el promedio de volatilidad del índice Merval de las últimas 40 ruedas ha superado los 50 puntos y es el nivel más alto de los últimos cuatro años. En julio de 2014 el índice supo alcanzar un máximo de 60 puntos, en pleno conflicto con los holdouts. Por encima de los 60 puntos, habrá que remontarse al año 2008 para ver niveles superiores en términos de volatilidad” (CR 6/7). Recordemos que en el 2008 estalló la crisis en los países centrales, derrumbándose los bancos más poderosos del mundo, mientras en estas tierras la oligarquía desataba una sedición con desabastecimiento y bloqueos de rutas por más de cien días.

Este pesimismo fue abandonado súbitamente apenas tres días después cuando las acciones que cotizan en Nueva York subieron en un día 8%, traccionadas por las noticias de que no se produciría una guerra comercial entre EEUU y China. Un pronóstico, sin duda, un tanto apresurado. Sin embargo, esta alza permitió una cierta estabilización del Merval que reanudaría su inestabilidad al mes siguiente.

Un análisis de Mariano Goridisch para el Cronista Comercial explica la fuerte sacudida en estos términos: “La baja entre el 21 de junio y el 2 de julio tuvo como protagonistas a los caucionados. Hubo mucho apalancamiento de clientes que creyeron en ‘Argentina emergente’ y eso generó que se endeudaran por encima de tres cuartos de su capital. Hubo cuentas que cayeron 50% en una semana. En las grandes sociedades de bolsa la mesa monitoreaba esto y salieron a respaldar a ciertos clientes productores y les daban tiempo para integrar o cerrar posición con garantías propias, ya que tenían clientes apalancados 11 a 1 por la caída. O sea, el mercado caía 9% más y fundían y el agente bursátil debía responder. Lo que hicieron fue comprar con más deuda a medida que el shock cambiario se cargaba a la renta variable y eso disparó la palanca de muchas cuentas. Finalmente, sucedió lo inevitable, cuando se dio la sorpresa muchos intentaron reducir la palanca, pero ‘se cargaron’ al mercado, porque encima tuvieron la mala suerte que en medio de ese proceso el BCRA subía la tasa al 47% y la caución se disparó al 55%. El costo de la palanca era insoportable y empezaron a vender: eso hizo bajar al mercado 20% en una semana, quedando las cuentas al borde de la quiebra. Las mesas de los brokers comenzaron a apretarlos para que desarmen, y no había demanda. Fue lo que los norteamericanos llaman un ‘margin call’ con cuentas apalancadas por la abrupta baja de mercado. Aún hay secuelas, hay clientes con apalancamiento a 10/11/12 y esa anomalía obliga a realizar ventas, pero ya no es tan masivo como antes: está más contenido. Mauro Mazza, de Bull Market, advierte que hay $ 2.800 millones en deuda, cuando lo normal son $ 1.000 millones, el equivalente a un día de operatoria: ‘El problema es cuando sube la tasa de caución, de la deuda, y encima los papeles bajan. Así está hoy el mercado, nadie quiere largar los papeles, pero la deuda se los va comiendo de a poco, y apenas sube algo, buscan desarmar y se tiran la posición en contra, entonces la demanda se corre y espera mejores precios’” (CR 13/7). Lo que el amigo Goridisch explica, siempre desde el “automovimiento” de la City porteña es, en resumen, lo siguiente: el valor de las acciones se desplomaron porque los caucionados (caución es comprar algo con el dinero de otro, que retiene el bien, pero no su propiedad ni su utilidad, hasta que el caucionado paga el capital más el interés de la caución. En la bolsa, hay operadores que apalancan a sus clientes para que compren acciones) no pudieron aguantar el aumento del interés de la caución que subió del 47 al 55 por ciento y por eso salieron en masa a vender a la baja los títulos que habían adquirido, derrumbando los precios. El problema evidente de esta explicación es que no da cuenta ni de la tendencia de más largo plazo que afecta a los títulos, ni su simultaneidad con el movimiento de las acciones que cotizan en EEUU y no están afectados directamente por la tasa de interés argentina.

El propio Mauricio Macri, al visitar la Bolsa de Comercio porteña, en ocasión de su 164º aniversario, se hacía eco de esta explicación: “Tenemos que reducir la primera gran fragilidad que tenemos, que es depender tanto del crédito externo para sostener a un Estado que, al necesitar crédito, le saca el crédito al sector privado (…). No es verdad que ajustar el Estado es ajustar a todos los argentinos. Ajustar el Estado a que gaste lo que tiene, que ya son impuestos demasiado altos que tenemos que seguir bajando, significa liberar a todo el resto de la Argentina” (CR 20/7). Claro que el “resto de la Argentina” son los dueños del capital y de la tierra y que la tasa de interés más alta del mundo es consecuencia de facilitarles los negocios especulativos y las súper ganancias a los señores a los que precisamente les estaba hablando. Y por supuesto, que la reducción del gasto Estatal es sacarle al pueblo trabajo, salud, educación, etc.

Con todo, lo que se hizo observable este mes con mucha claridad fue la retirada de los capitales especulativos, que son los que esencialmente protagonizaron la denominada “lluvia de inversiones”, de las posiciones argentinas. Veamos otras manifestaciones del mismo fenómeno.

Se van yendo

El 20 de junio se conoció la noticia de que Morgan Stanley Capital Internacional (MSCI) le otorgó a la Argentina el rango de “Mercado Emergente” que había perdido en 2009 cuando su calificación fue degradada al de “Mercado Fronterizo”. Inmediatamente conocida la noticia se apoderó de los “inversores” un extraordinario optimismo, tanto en el país como en el exterior. Como vimos más arriba, esta euforia duró apenas dos días. Repasemos brevemente las declaraciones de los principales órganos financieros. Bloomberg señalaba que “Argentina gana el ascenso a estado emergente después de nueve años (…). El proveedor de índices MSCI ha promovido tanto a Argentina como a Arabia Saudita a sus índices emblemáticos de mercados emergentes, lo que podría presagiar un torrente de dinero de los inversores en su mercado bursátil local que sigue los puntos de referencia (…). La decisión de MSCI que colocó a Argentina en el estado fronterizo en 2009, puede preparar el terreno para una ganancia del 20 por ciento en el índice de referencia, dice Morgan Stanley, luego de que una ruptura del peso creó uno de los mercados bursátiles con peores resultados en el mundo”. Al mismo tiempo,el Wall Street Journal opinaba: “MSCI devolvió a Argentina al estado de mercado emergente por primera vez en casi una década, una medida que se espera que proporcione un impulso muy necesario para el país asediado en su lucha por mantener la credibilidad con los inversores después de una ola generalizada en su moneda” (CL 20/6). El argumento del análisis es conocido, la recalificación como emergente brinda más certidumbre y confianza al “mercado” lo que disminuirá la tasa de interés que debe pagar el país, permitiendo la refinanciación de su deuda, por un lado, y por el otro la atracción de un mayor flujo de inversiones (LN 20/6).

A la luz de los acontecimientos nada de esto aparenta ser siquiera suficientemente serio para ser tomado en cuenta. Parece, más bien, que como el tero “mientras grita en un lugar, pone los huevos en otro” lo que se esconde detrás de la decisión del MSCI se encuentra en la letra no tan chica de la recalificación: “A la luz de los eventos más recientes que afectan la situación cambiaria del país, MSCI también aclara que revisaría su decisión si las autoridades argentinas introdujeran cualquier tipo de restricciones de acceso al mercado, tales como el control de capital o de divisas (...). MSCI reevaluará esta decisión a medida que las condiciones de liquidez en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires continúen mejorando” (CR 21/6). ¡De esto se trata! Es un nuevo grillo al país para profundizar su esclavitud. Las intenciones son claras, impedirle a la Argentina la colocación de trabas a la fuga de los capitales que se encuentran comprometidos en el saqueo financiero en un momento de mucha inestabilidad.

Un análisis hecho por el Observatorio de Coyuntura Económico y Políticas Públicas (vinculado a ATE) afirma esta posición: “El mundo está terminando con el experimento monetario más grande de la historia (reducción a casi cero de las tasas de interés en los países desarrollados) y eso potencia el riesgo de tensiones para los países emergentes (…) la nueva etapa de endurecimiento de las condiciones monetarias en los Estados Unidos debería poner en estado de alerta a los países no desarrollados para afrontar los efectos negativos. Se espera por ejemplo que la entrada de capitales a las economías emergentes pueda reducirse en un cuarto a partir del próximo año (…) la Argentina, en este escenario de mayor incertidumbre de las finanzas internacionales, rema contra la corriente en materia de regulación financiera y macro prudencial. Se abre cada vez más a los movimientos de capitales en lugar de protegerse (…). Los pasivos externos de la región subieron a un ritmo del 10 por ciento por año entre 2010 y 2017, una cifra superior respecto de lo que pasó en el resto de los países emergentes (…). Los fondos que invertirán a partir del cambio de la calificación entrarán o saldrán en función del humor de los mercados globales y no de los fundamentos de la economía local. Esto, en palabras simples, implica potenciar la exposición del país al factor de riesgo global tanto para los flujos de capital como para el precio de los activos locales” (P12 26/6).

Pero no sólo la CTA arriba a estas conclusiones. La agencia financiera Bloomberg rankea a la Argentina en el último puesto de las “Economías Emergentes” detrás de Brasil y la India. Según publicara: “Argentina tiene las de perder: su moneda aparece como la más débil, debajo del real brasileño, la rupia india y el yuan chino. Algo similar ocurre con el mercado de acciones. Aunque el país consiguió hace menos de un mes la calificación de mercado emergente, los inversores mantienen a las acciones locales bien cerca de la frontera. Más de la mitad de los consultados afirmó que el sell-off (estampida de venta de acciones) en el equity emergente puede seguir. Aquí también Argentina ocupa la peor de las posiciones, detrás de la bolsa india y brasileña” (CR 16/7).

Esta valoración del riesgo financiero de la Argentina es un hecho evidente para cualquiera que realice un análisis mínimamente serio, aunque más no sea en forma superficial, de los números de su economía. En mayo, por ejemplo, aumentó un 123% el déficit de la balanza comercial: fue de 1.285 millones de dólares, cuando un año antes el “rojo” había sido de sólo U$S 576 millones, de acuerdo a los datos del Indec. Este resultado se debe a que las importaciones crecieron 6,3%, mientras las exportaciones cayeron 6% por menores cantidades vendidas al exterior tanto en bienes primarios como en manufacturas agropecuarias e industriales. En el acumulado de los primeros cinco meses de 2018 el rojo comercial fue de 4.691 millones de dólares, un 151% superior a los 1.866 millones negativos de iguales meses de 2017 (CL 21/6). En igual periodo el déficit de cuenta corriente (la diferencia entre las divisas que entran y salen del país por intercambio de bienes y servicios), llegó en mayo pasado a rozar los 2.300 millones de dólares: un 53% más que el mes previo y un 139% por encima de igual mes del año anterior (CR 22/6). En el acumulado trimestral el déficit externo (el saldo de la cuenta corriente del Balance de Pagos) arrojó un rojo escalofriante de 9.623 millones de dólares, lo que representa un aumento del 34% respecto a igual período del 2017, cuando era de u$s 7.200 millones, lo que representa un -1,5% del PBI (CR 27/6). Con estos números, en el acumulado de los últimos cuatro trimestres, el saldo negativo de la cuenta corriente asciende a 5,3% del PBI (US$34.000 millones), lo que marca el registro más alto desde la salida de la convertibilidad (tanto en términos nominales como en porcentaje del PBI). Según estima la consultora Ecolatina el rojo de cuenta corriente rondará los 27.000 millones de dólaressólo en 2018. Mientras que la deuda externa del país llegó en el mismo período a 253.741 millones de dólarescon un aumento de 19.192 millones respecto del último trimestre del año anterior (LN 27/6).

En el primer semestre, la deuda externa en términos del PIB aumentó en 29,9 puntos porcentuales, alcanzando un nivel del 87%, el máximo desde el período 2004-2005, según informó el Observatorio de la Deuda del Instituto de Trabajo y Economía Germán Abdala. La suba del dólar del orden del 60% en lo que va del año multiplicó el peso de la deuda en dólares en relación al PIB medido en pesos. En 2015, la relación deuda PBI era del 52,6 por ciento, lo que quiere decir que en dos años se incrementó en más de un 35 por ciento (P12 21/7). En su conjunto, la deuda del Tesoro (deuda externa y deuda interna) es de 335.000 millones de dólares, un aumento del 32% en términos reales durante los dos primeros años de la gestión de Mauricio Macri (CR 10/7). Mientras que, si bien el déficit primario (diferencia entre los gastos corrientes del Estado y la recaudación de impuestos) viene descendiendo consecuencia del brutal ajuste sobre la economía popular (en el primer semestre se registró un descenso de 40,8% respecto de igual perí­odo del año pasado es decir $ 69.158 millones totales), si se considera los pagos de intereses se obtiene un resultado financiero deficitario del orden de los $ 163.940 millones. Tal cifra representa un déficit $ 30.841 millones mayor que el obtenido en junio de 2017. A su vez, si se tiene en cuenta el resultado de los cinco primeros meses del año (menos $ 138.321 millones), al finalizar el primer semestre la ejecución presupuestaria de la Administración Nacional dejó un resultado financiero deficitario de $ 302.261 millones, un 19,3% superior con respecto al resultado obtenido en igual perí­odo de 2017 (iprofesional.com 25/7).

Como puede observarse, las cuentas están en rojo se miren como se miren. La debacle es absoluta. Si a estas variables financieras le sumamos los resultados de la economía productiva, a la que nos referiremos más adelante, terminaremos de comprender la fragilidad actual a la que nos arrastró la política emanada de las necesidades de acumulación del capital monopólico en nuestro país, reflejo de la crisis de acumulación de todo el sistema capitalista. Desde el año 2015 no asistimos a otra cosa más que al saqueo descarado –y a una escala nunca antes vista– de la riqueza nacional fruto del trabajo acumulado por generaciones de argentinos.

Uno de los rasgos más relevantes de la coyuntura actual es la aceleración de la fuga de capitales que se disparó 117,1% en el primer semestre respecto de igual período del año pasado, hasta alcanzar los 16.676 millones de dólares, según datos del Balance Cambiario de junio del Banco Central. Si bien en junio salieron 3.074 millones, un 33% menos que en mayo cuando se registro el pico de la corrida,el número sigue siendo gigantesco y nada parece prever que no vaya a haber otro episodio como el de mayo (datos en: ambito.com 23/7). En 2017 la fuga fue de 22.144 millones y durante todo el gobierno de Macri la cifra calculada por el Institute of International Finance (IIF) alcanza los 73.754 millones de dólares (datos en redeco.com.ar 17/7).

Consideremos la situación de la deuda más inmediata, tanto la del BCRA como la del Tesoro Nacional. El primero está endeudado en Lebac (letras del Banco Central), mientras que el segundo lo está el Letes (letras del Tesoro). Las primeras son en pesos (aunque claro está que la total liberalización del mercado actual permite una inmediata conversión a dólares; siempre obviamente que la divisa esté disponible en reservas) y las segundas en dólares. Las deuda en Lebac es de algo más de 900 mil millones de pesos a un cambio de 28 pesos por dólar, son 33 mil millones de dólares; por su parte la deuda en Letes es de casi 15 mil millones de dólares más, de los cuales casi 10 mil millones vencen este año (la intención del gobierno es refinanciarlo a un interés superior al 5% anual) y los otros 5 mil millones el año próximo. En síntesis, hay a razón de 43 mil millones de dólares dando vueltas en la denominada bicicleta financiera. Obviamente esto no tiene en cuenta el vencimiento de la deuda externa, que si sumamos la deuda en dólares del Tesoro más los bonos internacionales representan pagos por 32.719 millones de dólares solo en 2018. Mientras que fueron de 11.523 millones en 2016, 19.395 millones en 2017, y serán de 25.750 millones más en el 2019. Con todo esto la perspectiva de un default y/o una hiperinflación se vuelve probable y cercana.

Es importante atender a un hecho ocurrido durante julio en medio de esta situación que acabamos de describir. A principios de mes el gobierno intentó desviar la presión de los vencimientos de las Lebac al habilitar la posibilidad de su conversión a Letes. Es decir, la increíble idea de convertir deuda en pesos a deuda en dólares. Sin lugar a duda, un mecanismo para salvar la ganancia y el capital de los especuladores ante una posible mega devaluación. Pero lo más increíble fue el resultado del experimento. Abierta la licitación de Letes (a un año) y habilitado el mecanismo de cambio de Lebac por Letras en dólares del Tesoro a 5,5% de interés anual, tan solo 295 millones de dólares fueron adquiridos por esta modalidad, ¡menos del 1% del total de las tenencias en Lebac! (LN 6/7). La respuesta al porqué de este “raro” comportamiento de los fondos de inversión solo puede ser una: los inversores especulativos no están dispuestos a fijar su capital en la Argentina por todo un año, lo quieren líquido para poder sacarlo en cuanto la cosa se venga abajo. El cuadro de situación termina de volverse claro cuando analizamos la actuación de los capitales frente al vencimiento de las Lebac del día 17 de julio, unos 525.000 millones de pesos. Del total, se renovaron el 75%. De ese monto el 85% lo hizo a corto plazo (¡un mes!) a una tasa de interés del 46,5% anual (LN 18/7).

Frente a este tsunami en potencia, uno de los asesores del establishment, el ex director del Banco Nación, Carlos Melconian se despachó: “El país necesita volver a buscar financiamiento con el mercado (…). Estimamos que el Gobierno necesitará financiamiento por aproximadamente 37.500 millones (7% del PBI), cifra 3.500 millones por encima de lo previsto (…). El plan A consistía en planillas de Excel y superoptimismo. No va más. El B está en marcha y consiste en el acuerdo con el FMI, con dos desafíos: controlar la presión cambiaria y empezar a bajar la tasa de interés, cumpliendo con metas fiscales”. Esto último contempla la renovación del 100% de las Letes (que vienen siendo renovadas en un 65% hasta ahora), de lo contrario, advierte Melconián, “si las Letes no fueran refinanciadas en su totalidad, las necesidades de financiamiento serían más desafiantes. Más a futuro hay un plan C, con mayores dosis de heterodoxia: devaluación más pronunciada con retenciones. Si nada funciona, en el horizonte podría aparecer el D, con más controles de capitales y regulaciones” (P12 13/7).

Es interesante atender a lo que dice Melconian en el sentido de cómo manifiesta la dependencia estructural de la burguesía argentina respecto de los grupos financieros transnacionales. El desarrollo de la crisis termina revirtiendo contra el capital fijo nacional a favor de la renta del capital financiero transnacional, en un proceso de sesgo confiscatorio.

Fondo Monetario Internacional

A mediados de mes, el diario Clarín publicó una entrevista a Roberto Cardarelli, quien se desempeña en el FMI como economista a cargo de la Argentina, en la que explicaba el contenido y las metas del acuerdo que el organismo había alcanzado con el país: “Apunta a restablecer la confianza de los mercados financieros y disminuir progresivamente las tensiones en la capacidad del país para pagar sus cuentas. Para lograrlo, el Gobierno se ha comprometido con un programa económico que reduce el endeudamiento, coloca a la deuda pública en un firme camino de descenso y fortalece la credibilidad del marco de las metas de inflación del banco central. Al mismo tiempo, el plan tiene como objetivo proteger a los sectores sociales más vulnerables ante los efectos negativos inevitables que implican algunos tipos de recortes de gastos en la economía (…). Estas medidas incluyen, por ejemplo, nuevos recortes en los subsidios a la energía, una menor factura salarial y una reducción de las transferencias tanto a las provincias como a las empresas estatales. Luego el economista explicó las razones de la corrida cambiaria: “Una de las razones por las cuales los inversionistas perdieron confianza en la economía argentina es la percepción sobre la pérdida de independencia del Banco Central a principios de 2018, cuando el BCRA redujo las tasas de interés (...). Estas decisiones desencadenaron una rápida depreciación del peso y pusieron en duda la independencia del BCRA y su compromiso para reducir la inflación. Una parte esencial del nuevo plan es garantizar la autonomía financiera y operativa del Banco Central”. Finalmente, expuso las proyecciones del Fondo sobre el futuro inmediato de la economía argentina: “El país ha padecido una sequía prolongada que ha perjudicado a la producción agrícola, y la crisis en las últimas semanas ha perjudicado la inflación y la confianza de los inversores. Esperamos que el crecimiento se estabilice en el último trimestre de 2018. Prevemos que la economía comenzará una recuperación gradual en 2019 y 2020, ya que la confianza crece y el costo de capital se reduce, junto con la inflación, mientras que las exportaciones crecen, gracias a un sólido crecimiento de los principales socios comerciales de la Argentina (Brasil, Estados Unidos y China)” (CL 14/7).

En resumidas cuentas, el plan del FMI para la Argentina implica un gigantesco ajuste: más aumento de tarifas, baja de salarios y despidos en el sector público, reducción de las transferencias a las provincias que es freno de la obra pública y más despidos, y quiebra o venta de las empresas públicas. A su vez, la reducción del gasto público para el pago de deuda externa es enfriamiento de la actividad económica, recesión y aumento de impuestos para reducir el déficit. La radicalidad del ajuste y de la transferencia de ingresos a favor de los grandes grupos financieros en detrimento de los trabajadores, la pequeña burguesía, los capitales medios locales, incluso algunos sectores de la industria con capacidad de exportar y los pequeños y medianos propietarios de tierra; deja sin otra base de apoyo al gobierno más que un puñado de conglomerados trasnacionales, la oligarquía terrateniente/financiera local y un sector de los grupos económicos locales (AEA). Considerando esto, ¿qué posibilidades tiene el gobierno de construir el consenso para sostener esta política, o puede hacerlo sin consenso?

El Dólar y el Campo

La guerra comercial entre las grandes potencias cada día afecta más a la economía nacional. Luego que Washington le aplicara un arancel de un 10% a una lista de importaciones de bienes chinos por un valor de 200 mil millones de dólares, el gigante asiático, entre otros medidas, le respondió con un tributo del 25% a la soja norteamericana, lo que generó un derrumbe del precio internacional de la oleaginosa. Desde fines de mayo, la cotización en Chicago cayó el 19,7% y llegó a 305 dólares por tonelada, el precio más bajo en diez años, lo que está afectando particularmente a la Argentina. Como compensación podría ser que aumenten los pedidos chinos por la soja argentina para equilibrar la restricción al mercado yanqui, así lo dejó entrever el presidente de COFCO (principal operador estatal de granos de China) quien expresó que su país podría aumentar sus compras de la oleaginosa a Sudamérica para reducir la dependencia de EEUU. Sin embargo, el economista del Ieral-Fundación Mediterránea, Juan Manuel Garzón, analizaba la situación con pesimismo: “Va a haber un reacomodamiento de ofertas y la soja argentina podrá ir a China por lo que podría haber alguna oportunidad de colocar soja a mayor precio que Estados Unidos, pero hay un riesgo importante en que esta incertidumbre solo tire los precios hacia abajo sin distinguir de dónde viene la mercadería” (CR 7/7). Por otro lado, esta caída en el precio de la soja arrastró en el alud a sus derivados, el aceite y la harina. Ambos son los principales productos de exportación de la Argentina con embarques por 20.000 millones de dólares por año.

 A la caída del precio internacional hay que sumarle el catastrófico desempeño de la oleaginosa durante la última campaña que vio reducido su rendimiento en un 37,4%, respecto de la campaña pasada, por efectos de la peor sequía de las últimas décadas, una caída de más de 18 millones de toneladas o 6000 millones de dólares.

Sin duda, esto configura una fuerte reducción en el ingreso de divisas al BCRA, pero como hemos visto este no es el único problema que complica el frente financiero del país, aunque se trata de una de las pocas fuentes de ingreso de divisas que le queda. Por tal motivo va madurando dentro del gobierno lo ya insinuado meses atrás: la posibilidad de reponer o al menos detener el retiro de las retenciones sobre la producción agropecuaria. El propio FMI presionó al Gobierno para que recaude con ese impuesto a la renta de la tierra agraria. Los técnicos del organismo en un informe recomendaron al gobierno el mantenimiento del promedio de las retenciones a la soja en 25,5%, es decir detener la baja propuesta por el gobierno de Mauricio Macri apenas asumió su cargo como Presidente y uno de los pilares de su alianza con la “ex mesa de enlace”.

Rápido de reflejos salió al cruce Daniel Pelegrina, presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), a conjurar el rumor: “Entiendo que no son las condiciones que pone el Fondo, sino que realiza propuestas que incluirán un montón de otras cuestiones. Imagino que hay un menú grande y dentro de ese menú está esa posibilidad (…). Es una muy mala señal. Entendamos que la retención no es un impuesto. Es una exacción sobre nuestra venta, que no tiene ningún otro sector de la economía (…). Nosotros vendemos en pesos. Pero si hablamos de la cosecha de los granos, la mayoría de los productores vendió con otro dólar y tiene que hacer frente a costos muchas veces en dólares, entre el 40% y el 60% para la agricultura, con un dólar distinto. Tenemos un desfasaje importante” (CL 14/7). Luego de que el rumor se fue instalando en la opinión pública, Macri salió a descartar “en forma tajante” la suspensión de las bajas a las retenciones (lapoliticaonline.com 17/7). Aunque el problema sigue sobre la mesa.

Las provincias y el Ajuste

Uno de los puntos del acuerdo con el FMI es la reducción del déficit fiscal a 1,3 por ciento, para el año próximo. Eso supone una readecuación del presupuesto que se deberá votar este año, para hacerlo compatible con el ajuste previsto. Según estimaciones el monto que debe achicarse son unos 300 mil millones de pesos. Que en las pretensiones originales el gobierno pretendía compartir 50 / 50 con las provincias y que luego se terminó estableciendo en 66 / 33; aun así, el recorte a los presupuestos provinciales supone de unos 100 mil millones. Al ser el ajuste una cuestión presupuestaria el gobierno nacional necesita consensuar con las provincias un acuerdo para definir el presupuesto, que debe ser votado en el parlamento, de lo contrario no contaría con ese instrumento y fundamentalmente no tendría el acuerdo político para llevar adelante las medidas exigidas por el Fondo.

Según trascendió, el ajuste pasará por “las transferencias corrientes y de capital”. Es decir, por subsidios y obras públicas. Uno de los puntos que preocupa a las provincias es un párrafo del acuerdo con el FMI en donde el Gobierno explicitó que las transferencias discrecionales a las provincias asociadas a gastos asignados como responsabilidad de cada una de ellas por la Constitución “se irán reduciendo ya que las provincias tomarán estas responsabilidades” (CR 20/7). Esto apunta a cortar las ayudas que la Nación destina a los estados subnacionales para Educación, Salud y Seguridad. El plan de la Casa Rosada es atar las responsabilidades de los gobernadores al porcentaje que marca el índice de coparticipación (LN 20/7).

Para la provincia de Buenos Aires, el recorte representaría de 35 a 50 mil millones de pesos, una verdadera sequía que se “derramaría” en los municipios en forma de suspensión de la obra pública. Las obras que están en marcha, la mayoría iniciadas en 2017, se terminarían a principios de 2019, mientras que las de 2018 todavía están “en veremos”. Pero aun dejando a la Provincia sin obras, no alcanzaría para cubrir el recorte de los, al menos, 30 mil millones de pesos. La provincia podría reducir el presupuesto del Fondo Educativo que se distribuye para obras de infraestructura escolar (LN 15/7).

A su vez, el gobierno central analiza la posibilidad de limitar o suspender los subsidios que reciben las provincias Patagónicas, la Puna y Malargüe (Mendoza), para abaratar el costo del gas. Todas regiones con temperaturas invernales extremas. El razonamiento es tan elemental como perverso, esas provincias cuentan con una población reducida por lo que los costos electorales redituarían poco onerosos al ahorrarse mayores recortes en las zonas más pobladas (CR 16/7). Está por verse que el gobierno logre el deseado consenso del PJ y la oposición “razonable” a las medidas brutales exigidas por el mundo financiero. Por lo pronto esto no parece algo tan probable. De todas formas el gobierno llevará adelante el ajuste aun en soledad y responderá al aislamiento político con represión y mayores actos de arbitrariedad, después de todo ya el Presidente les había alertado a los gobernadores “antes de que se incendie la Nación se incendiarán varias Provincias”.

El riesgo país y los buitres

En este escenario la confianza del mundo financiero occidental para con Argentina parece ser cada vez menor, una tendencia que se inició a fines del año pasado cuando los mercados le cerraron al país el financiamiento externo. A inicios de Julio, el EMBI+ (riesgo país) de Argentina, medida por los buitres del JPMorgan, cerró casi en los 600 puntos (595), el valor más alto desde mediados de 2015, en pleno ataque especulativo contra el gobierno de Cristina Kirchner. Solo durante el mes de junio el indicador saltó 132 puntos básicos, lo que sirve para magnificar cómo crece la “desconfianza” del mercado internacional a pesar de los esfuerzos entreguistas del gobierno. Este índice de “riesgo país” expresa la relación entre el costo del financiamiento de los bonos emitidos en dólares (como reaseguro de cobro) frente a los Bonos del Tesoro de Estados Unidos, que se consideran libres de riesgo, es decir, en criollo: cuántos puntos de interés paga determinado país para obtener financiamiento comparado al costo financiero de los Estados Unidos. Un “riesgo país” de 600 puntos equivale a un sobre costo financiero de 6 por ciento sobre el capital.

A pesar de la prédica pro-mercado del gobierno y sus obscenos gestos de obsecuencia pro-imperialista, los capitales no tienen amigos cuando de garantizar su reproducción se trata. Siempre es bueno recordar que “Roma no paga traidores”. Es así que el “riesgo país” de la Argentina es el más alto del mundo a excepción del de la Venezuela Revolucionaria de Nicolás Maduro, inmersa en plena guerra económica. Juan Manuel Pazos, jefe de estrategia de la consultora Puente, decía al respecto: “La mayoría de los inversores globales están muy sobreexpuestos a la Argentina. La baja del apetito emergente, sumada a las vulnerabilidades propias de la historia que cuenta el país, hace que los activos locales caigan más que el resto de los emergentes (…). De la suba total de la tasa de riesgo en lo que va del año, un 25% es atribuible a la suba de tasas de Estados Unidos, otro 25% a un EMBI global más alto y el 50% a dudas idiosincrásicas propias de Argentina” (CR 29/6).

El preanuncio de un futuro default de la Argentina es acompañado por los ensayos litigiosos de los fondos buitres en los tribunales de Nueva York. Durante este mes se conoció que la justicia de EEUU falló contra un pedido de la Argentina, en el marco de la demanda del fondo Burford Capital que reclama 3.000 millones de dólares por la estatización de YPF, luego de que el fondo buitre le comprara la mayoría accionaria de las empresas de energía del Grupo Petersen, de la familia Eskenazi. El fondo acusa al gobierno de la Argentina (a la sazón bajo la conducción de CFK) de violar las leyes de los Estados Unidos, al estatizar YPF sin presentar una oferta pública (OPA) para la compra de las acciones que estaban en manos de los Eskenazi. El Estado argentino argumenta que la estatización era una facultad soberana que no estaba subordinada a las leyes de los Estados Unidos. Pero la transnacionalización financiera no reconoce fronteras y las leyes norteamericanas contemplan los alcances de esta inmunidad a través de la ley Foreign Sovereign Immunities Act (FSIA) por lo que se le denegó al gobierno argentino que dicho litigio pase a los tribunales de Buenos Aires. Previo al fallo, Burford ya había ganado millones a costa del país con la comprar del 70% de las empresas del Grupo Petersen por 17 millones de dólares y la reventa del 25% por 106 millones en mercados secundarios (LN 11/7). Como corolario del inicuo despojo otro fondo buitre, Eton Park, apenas conocido el fallo del tribunal de Nueva York, inició también una demanda contra la Argentina argumentando poseer acciones de YPF del momento de la estatización. La yapa es que Buford le compró el 70% de los derechos de la demanda a Eton por 21 millones de dólares asegurándose la parte más grande y suculenta del cuerpo (LN 12/7).

Mercosur: de Europa al Cercano Oriente.

Para fines del mes de Junio se realizó la cumbre de mandatarios del Mercosur en donde se trató como tema principal, el tantas veces postergado,Tratado de Libre Comercio (TLC) Mercosur-Unión Europea (UE). Luego del cierre de dicha cumbre, el secretario de Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería, Horacio Reyser declaraba a la prensa: “En este momento tenemos la posibilidad de concluir el acuerdo. En julio vamos a poder avanzar. Solo queda la voluntad política de cerrarlo y quizá sea nuestra última chance de lograrlo en el corto plazo” (LN 21/6). Recordemos que ya la vicepresidenta Michetti había afirmado: “No podemos dejar escapar la oportunidad de cerrar un acuerdo con la UE. Los líderes del Mercosur y la UE tenemos la responsabilidad histórica de construir nuestro futuro juntos” (LN 18/6).

Como lo anunciaba el funcionario de la cancillería, durante el mes de julio se realizó una nueva ronda de negociación entre el Mercosur y la Unión Europea (UE), de la que participaron los ministros de Producción, Dante Sica, y de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere, más el Canciller argentino Jorge Faurie y sus homólogos integrantes de la unión aduanera que se reunieron con la comisaria de Comercio europea, Cecilia Malmström, y su par de Agricultura, Phil Hogan. A contramano de las expectativas argentas, “se preanunciaban sospechas de que no habrían novedades ya que los últimos encuentros se han visto marcados por las declaraciones previas de portavoces comunitarios y cancilleres del Mercosur, quienes se han advertido mutuamente de falta de compromiso y de flexibilidad en sus ofertas, lo cual limita las posibilidades de un consenso” (DW 9/7). Finalmente, el ministro de agricultura, Pril Hogan, dio por concluido el asunto: “No estamos satisfechos con el progreso que se ha hecho y no va a haber acuerdo”. Así se cerraba un nuevo fracaso librecambista con la vieja Europa (CR 17/7). La sobreproducción relativa y el endeble equilibrio social al interior del bloque europeo pudieron más que la manifiesta voluntad entreguista del gobierno argentino, quien en más de una oportunidad demostró su arrojo de sacrificar la industria vernácula a cambio de ampliar la demanda para sus productos primarios; pero la cerrazón, principalmente de Francia, convencida de sostener subvencionado a su sector agrícola, hicieron imposible el acuerdo. Otra muestra más del colapso del multilateralismo incapaz de configurar la tan mentada “gobernanza global”, que el grado de socialización de la producción demanda cada vez con más violencia y a su vez con una manifiesta impotencia.

Con el fracaso de la cumbre ya en ciernes, y cansado de los desplantes europeos, el presidente uruguayo Tabaré Vázquez propuso reorientar el rumbo de la nave y negociar un TLC con China. “Sería una torpeza” no prestar atención al gigante asiático dijo, mientras que exasperado por la trabazón de la firma del tratado con la UE, lo calificaba de “acuerdito(CR 5/7). La intención Uruguay es impulsar un acuerdo de preferencia entre el Mercosur y China en áreas decomercio y servicios como paso previo a la firma de un Tratado de Libre Comercio (TLC): “El ideal es que el Mercosur como tal pudiera tener un tratado con China” (XH 14/7).

La oligarquía argentina, por su parte, cada día más dañada por los desplantes de sus otrora patrones, Europa y Estados Unidos, se encuentra empujada al oriente. Es así que Mauricio Macri, en su calidad de presidente pro-tempore del G-20, fue invitado, y aceptó la cita, a la reunión de los BRICS el 25 y 26 de julio. Un gesto de apertura hacia las fuerzas emergentes de la multipolaridad, en especial la de China (CR 5/7). Por otro lado, esta es una relación que económicamente se demuestra cada vez más inevitable.

El pasado 17 de enero, autoridades estatales de ambos países acordaron activar un protocolo sanitario para el ingreso a China de carne bovina enfriada y congelada con hueso, un acuerdo calificado de “histórico”. En los últimos dos años China ha triplicado la cantidad de carne de procedencia de América del Sur y de Argentina (XH 2/7). Como dato puntual, en el mes de mayo duplicó sus compras. Tanto en dicho mes, como en el acumulado, las ventas externas de carne bovina crecieron 51%, empujada no sólo por China, sino también por Rusia que triplicó sus compras a la Argentina. Mario Ravettino, presidente del Consorcio de Exportadores de Carnes Argentinas (Consorcio ABC) y vicepresidente del Instituto de Promoción de Carne Vacuna Argentina (IPCVA) decía al respecto: “El 50% de la exportación del sector va a China. En el primer cuatrimestre se exportaron 47.000 toneladas, mientras que en el mismo período de 2017 fueron 23.000 toneladas, un crecimiento del 100 por ciento (…) hay un cambio paradigmático, de Inglaterra como gran comprador al sector al bloque Asia-Pacífico (China, Corea, Japón, Singapur y también Rusia). Horacio Busanello, director de HB consulting (ex CEO de Monsanto y actual miembro del Grupo Los Grobo S.A.) lo explicaba de esta manera: “China tiene 1.400 millones de habitantes, 300 millones de clase media. Es otro Estados Unidos y el mayor consumidor de carne con 75 millones de toneladas. La clase media se está convirtiendo en una clase media internacional” (LN 18/7).

Ya hemos analizado en varias oportunidades el significado de estos cambios geopolíticos tanto en su impacto mundial como local. Basta señalar aquí que la tendencia que continúa afirmándose es la del ingreso de la producción agropecuaria al “inagotable” mercado asiático, un camino alternativo a la restricción creciente del comercio con occidente. La edificación del “Cinturón y la Ruta”, el principal proyecto geopolítico chino, contempla no solo la ampliación del comercio si no, además, el desembolso de crecientes sumas de capital en infraestructura y en apoyo a la innovación tecnológica de sus socios; de esta manera China continúa recogiendo sin prejuicios de tipo ideológicos los despojos del antiguo orden mundial que el imperialismo moribundo va dejando abandonado tras de sí, atándolos en un nuevo orden; China no se entromete en la política interior de los países, la forma en que cada país resuelva el modelo de desarrollo de su sociedad es un tema que a ellos no les compete; negociarán con Macri si esta Macri y con otro si Macri ya no está.

Mientras los cambios geopolíticos se suceden con una fuerza independiente muy superior al impulso limitado de la realidad Argentina, el país asiste al derrumbe del que quizás sea el último experimento neoliberal-oligárquico-financiero, sumergiéndose en una crisis de impredecibles costos sociales y humanos; aunque también de inéditas posibilidades transformadoras abiertas tras la manifiesta impotencia de las fuerzas pro-imperialistas para edificar un orden social posible para los más de 40 millones de argentinos. El futuro resplandece tras un manto de densas sombras.



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