Revista Mensual | Número: Septiembre de 2018
Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
[<< Volver a la primera plana]

Guerras, jueces y consejos

Guerras
Jueces
Consejos


La agresiva decadencia imperialista deja paso a las experiencias democráticas y sociales

Guerras, jueces y consejos

No, deja que el príncipe estúpido,
al que Júpiter priva del sentido y de la justicia,
corra a donde su extravío le conduzca”

Homero (S VIII a.C)

 

“Escuché un millón de voces en esta tierra
Oí tu silencio al partir,
escuché un susurro que me decía
´ella baila siempre detrás´”
Skay Beilinson (2002)

 


La política que los grupos económicos concentrados despliegan en Latinoamérica confirma día a día su incapacidad para controlar la economía de la región y profundiza la crisis terminal que los atraviesa. Un hecho concreto es innegable: su necesidad de reproducirse de manera ampliada, que implica el saqueo sistemático de la riqueza producida por los pueblos, hoy colisiona contra la inmensa mayoría de la sociedad, incluso con capas de su propia clase, que otrora fueron constituidas para garantizar la imposición de un orden social a imagen y semejanza de aquellos capitales concentrados. Frente a esta situación, su reacción es intentar dominar a través de ataques militares, bloqueos y sanciones financieras y proscripciones políticas a líderes opositores que cuestionan seriamente los gobiernos que aún sostienen. La violencia y el descaro con que son realizadas estas operaciones no hacen más que exponerlo en su debilidad.

Con una velocidad inusitada, todo el ordenamiento imperialista en la región se desmorona pieza por pieza, mientras las masas trabajadoras pugnan por la construcción de un orden social que le corresponda. La agudización de la lucha, la colisión de fuerzas, es monumental: frente al decadente mundo imperialista, signado por el caos y la muerte, se levantan las experiencias populares que ponen en el centro la superación de las relaciones mercantil capitalistas y toda la superestructura erigida por ellas.

Veamos todo esto con mayor detenimiento.

Guerras

A principios del mes de agosto recorría el mundo la imagen de un acto oficial en Venezuela interrumpido de forma abrupta por una explosión, seguida de un rápido movimiento de resguardo y repliegue de toda la tropa de la Guardia Nacional Bolivariana, que se encontraba formada en la avenida Bolívar, una de las principales arterias de la ciudad de Caracas. Transcurridas varias horas del hecho, se confirmaba de manera oficial un atentado contra la vida del presidente Nicolás Maduro en pleno acto público transmitido por la cadena nacional de medios oficiales. El ministro de Interior y Justicia, Néstor Reverol, daba detalles del mismo: “se utilizaron dos drones modelo DJI M600, que iban directamente contra la figura del Presidente y demás autoridades civiles y militares que le acompañaban”. Cada dron contenía un kilo de explosivo C4, con un alcance de 50 metros de radio; uno de ellos sobrevoló el escenario pero fue desviado por los sistemas de defensa y explotaron fuera de alcance. Los drones utilizados eran los mismos modelos que, según un informe de la cadena Fox News, son utilizados por la organización Estado Islámico en sus operaciones en Irak y Siria (CD 6/8).

Nicolás Maduro declaraba ese mismo 4 de agosto: “han intentado asesinarme el día de hoy. Y no tengo duda que todo apunta a la ultraderecha venezolana en alianza con la ultraderecha colombiana y que el nombre de Juan Manuel Santos (ex presidente de Colombia desde el 7/8/2018) está detrás de este atentado. No tengo dudas. La saña asesina de la oligarquía colombiana (…) están introduciendo a la vida política del país elementos que no son venezolanos. La quema de seres humanos hace un año, la violencia para imponer razones que no pueden imponer por la política, intento de golpes de estado, todos derrotados, todos frustrados y ahora un intento de magnicidio (…) y es lo que está buscando el imperialismo norteamericano, la oligarquía bogotana: una Venezuela en violencia, en guerra civil, en enfrentamiento fratricida, hermanos contra hermanos”(www.youtube.com/watch?v=mxWCLrLII2w).

Es harto familiar el extenso recorrido de la CIA norteamericana (Agencia Central de Inteligencia) en todo aquello de asesinar presidentes latinoamericanos que lideran movimientos de masas opuestos a sus intereses: ocurrió en Colombia, en 1945, con Jorge Eliecer Gaitán; en Ecuador, en 1981 con Jaime Roldós; en Panamá, también en 1981, con Omar Torrijos. A su vez, llevan en su haber unos 500 intentos de asesinato contra Fidel Castro y, que se sepa, uno contra el ex presidente venezolano Hugo Chávez, cuando en 2002 fue derrocado, secuestrado y al borde de ser fusilado por un pelotón del Ejército de aquel país. El asesinato de líderes opositores provenientes del proletariado y sus organizaciones políticas ha caracterizado la trayectoria de la burguesía en los siglos que lleva conduciendo los destinos de la humanidad, es parte de su “naturaleza”. Ya en 1916, Vladimir Lenin afirmaba, respecto de la nueva y última etapa del capitalismo, el imperialismo, que “el capital financiero tiende a la dominación y no a la libertad. La reacción política en toda la línea es rasgo característico del imperialismo” (“El imperialismo y la escisión del socialismo”, pág. 1).

Es menester comprender, por lo tanto, que la eliminación física de líderes políticos, sindicales, sociales ha sido y es una práctica inherente al imperialismo, un recurso empleado para defender su posición dominante, su propiedad. Sin embargo, en este nuevo atentado y en todo el escenario mundial, regional y local en que transcurre, tiene una significación especial. Manifiesta una situación particular, de la cual venimos hablando hace varios meses.

Desde que el ahora PSUV (Partido Socialista Unificado de Venezuela) se hiciera con el gobierno, se han realizado unas 23 elecciones, entre presidenciales, municipales, regionales, constituyentes y referendos, en donde en sólo dos oportunidades fue derrotado. A pesar de ser catalogado como una “dictadura” o “tiranía”, lo cierto es que el respaldo popular ha caracterizado el recorrido bolivariano desde 1998 en adelante.También desde ese mismo año las cámaras patronales (locales y extranjeras), los medios monopólicos de comunicación, la embajada de los EEUU y un activo sector minoritario y privilegiado de su sociedad han perpetuado y comandado todo tipo de acción desestabilizadora que se pueda imaginar. Es Venezuela un verdadero campo de experimentación de las más novedosas técnicas terroristas que utiliza el imperialismo a lo largo y ancho del planeta. Pues bien, sobre la base de esa acción desestabilizadora (sabotaje energético recurrente, desabastecimiento, lock out patronal y especulación de precios, terrorismo callejero, asesinatos selectivos, y todos los etcéteras) es que dicha minoría fue construyendo una fuerza política opositora que supo convocar a cientos de miles de venezolanos empujados, en la desesperación, a pedir un final para todo aquello. Precisamente, la acción desestabilizadora, junto con los cuadros políticos que operan en los medios monopólicos de comunicación, es orientada a construir una masa crítica que identifique como causal de todos los males generados al proceso revolucionario. Se escuchará corrientemente que la falta de alimentos, medicación e insumos esenciales para la vida corriente es producida por “la tiranía” o por el “populismo”. Así, el victimario se pretende colocar en lugar de víctima.

De esta manera, por ejemplo, en el golpe de Estado realizado contra Hugo Chávez en 2002 hubo movilizaciones opositoras verdaderamente multitudinarias, como así también en las que encabezó el guarimbero y ex gobernador del Estado de Miranda Henrique Capriles en 2014-2015. Conforme esas protestas se realizaban, silenciosamente las fuerzas paramilitares colombianas y los agentes de la CIA formaban la nutrida composición de los grupos terroristas, que en 2014 y 2017 provocaron caos y desmanes por doquier y que en el mismo golpe de 2002 asesinaron una veintena de manifestantes oficialistas y opositores para que luego los medios corporativos hicieran responsable al oficialismo. Sin embargo, todo ello sirvió para que las masas proletarias venezolanas, junto a vastos sectores medios, tomaran conciencia de los verdaderos propósitos del imperialismo en Venezuela, el saqueo irrestricto de la riqueza social, y que se revelara la característica central de los tiempos que corren: su incapacidad de construir fuerza social, de impulsar una estrategia que contenga a vastos sectores de la sociedad. Incluso en las épocas del Plan Cóndor y las dictaduras militares en la región, luego de eliminar físicamente a la dirección política del proletariado, dispersar sus fuerzas y cooptar a alguno de sus miembros, los gobiernos de facto contaban con un cierto grado de consenso social que permitió, en algunos casos, perdurar largamente en el tiempo, dado que un gobierno no puede sostenerse solamente por la vía militar-represiva.

Lo que hoy muestra Venezuela al mundo es que esa época ya no existe más. Lo que tiene planteado el imperialismo es sostener un saqueo de tal magnitud que necesariamente lo enfrenta contra las amplias mayorías, incluso con capas de su propia clase que históricamente han formado para sostener su dominio sobre la región. El recorrido que ha transitado la nación caribeña deja expuesta esta característica central, ya que un sector importante del pueblo ha pasado de acompañar a los principales líderes opositores en multitudinarias movilizaciones a desconocer cualquier directiva por ellos emanada (abstención electoral, por citar un ejemplo) e incluso se ha volcado a acompañar de manera paulatina al proceso bolivariano. Basta recordar, como ejemplos, los pedidos de dirigentes opositores a las fuerzas armadas norteamericanas para que invadan su país, con las consecuencias humanitarias que ello traería, o redactando cartas a bancos internacionales promoviendo el asedio financiero, el bloqueo comercial y el hambre del pueblo que pretenden “representar”. Es verdaderamente difícil pensar en algún sector social, salvo la minoría privilegiada asociada al capital financiero, que apoye dirigentes políticos que promueven su hambruna o muerte por una intervención foránea. De esta manera es que se puede entender el recurrente fracaso de todas las acciones terroristas que sin descanso se han cometido en Venezuela. A pesar de todos los daños causados y el caos general que han instalado en ciertas esferas de la vida social, las masas trabajadoras, en un continuo proceso de organización y protagonismo político sin precedentes en su historia, han tomado nota del verdadero enemigo al que enfrentan.

El imperialismo se ha quedado sin base social, sin tiempo, y solo tiene en sus manos la capacidad de destruir, impedir, desorganizar: “reacción política en toda la línea”. Por ello es que la intentona homicida debe entenderse como un acto de profunda desesperación y en el marco de un repliegue global sobre todas las posiciones de dominio estratégico; como parte del estallido del mundo imperialista “globalizado”. Un momento más de la contradicción entre el carácter cada vez más social de la producción y cada vez más privado de la apropiación. El hecho de haber perdido toda representatividad, toda base social que sustente su estrategia, lo lleva a intentar acciones de gran trascendencia pública (un asesinato televisado de Maduro) pero que difícilmente sirvan para resolver su mortal contradicción.

También, la combinación entre funcionarios y paramilitares colombianos, líderes del “movimiento estudiantil” conducido por organizaciones pantalla de la CIA norteamericana y diputados opositores exponía con claridad el complejo entramado de complicidades y la escala que el frustrado magnicidio contiene. Jorge Rodriguez, encargado de la comunicación oficial venezolana, informaba que funcionarios de la aduana ayudaron a que entraran al país los implicados en el atentado: “Este es un funcionario de la aduana del extinto gobierno de Juan Manuel Santos. Tenemos registro de reuniones entre el señor Julio Borges y el señor Juan Manuel Santos en Bogotá, tenemos además registro de quién era el sustento logístico-operativo del entrenamiento de los criminales. Está claramente establecida la responsabilidad del extinto gobierno de Colombia” (CD 10/8), dejando así de manifiesto el entramado militar que opera junto a las “sanciones” financieras y la guerra económica, que se ha dado denominar Guerra No Convencional, suerte de eufemismo utilizado para la tercerización de las operaciones terroristas contra un pueblo determinado. Tan solo cuatro días después del hecho, la Asamblea Nacional Constituyente aprobaba por unanimidad la remoción de la inmunidad parlamentaria de los diputados opositores Julio Borges (residiendo en Colombia actualmente) y el ex presidente de la Federación de Centros Universitarios Juan Requesens (TS 8/8). El dirigente juvenil, protagonista de las acciones terroristas de 2014, confesó haber facilitado, a pedido de Borges, el ingreso de uno de los perpetradores del magnicidio frustrado desde Colombia hacia Venezuela, luego de ser arrestado por las autoridades policiales.

A pesar de haber sido frustrada, la intentona magnicida, que expone con crudeza la debilidad y desesperación del imperialismo, pone en superficie todo el entramado terrorista que, de forma “silenciosa”, los EEUU, junto con gobiernos afines, han sabido construir a lo largo de los años para sostener su derrumbe e impedir que las fuerzas que lo combaten se den una organización efectiva. Además de las acciones bélicas y de terrorismo, los aparatos judiciales de los distintos estados nacionales saben ser parte de todo este entramado, como veremos a continuación.

Jueces

En estos últimos meses hemos visto repetirse en países como Argentina, Brasil y Ecuador un escenario de similares características: gobiernos que promueven a rajatabla el saqueo de su riqueza social por parte del capital financiero, un ascenso de la militarización de la vida cotidiana para reprimir la organización obrera y popular y la utilización de un desprestigiado Poder Judicial, con jueces formados en los EEUU, para perseguir a los principales liderazgos políticos que se oponen a los gobiernos de turno. Como hemos señalado más arriba, este último punto es un momento más de la situación que atraviesa el imperialismo, que de esta manera quema los últimos “cartuchos” de la tan mentada democracia representativa.

Los estados semi coloniales de Latinoamérica han desarrollado su independencia política a lo largo del siglo XIX, época en la que la expresión política del capital financiero, el imperialismo, moldeaba el mundo a su imagen y semejanza. Los países independientes, más de veinte, que surgen de los antiguos virreinatos de España y Portugal, luego de sendas guerras civiles, fueron incorporándose a la división internacional del trabajo de la burguesía como abastecedores de materias primas a su industria. La conformación de un grupo social nativo asentado sobre la propiedad privada de los recursos que abastecían las necesidades del capital (grupo rentista) fue la condición necesaria para la conformación de aquellos estados nacionales latinoamericanos, que de esa manera dieron a su imposición de clase una organización jurídico-política correspondiente.

Así, las formas construidas por la burguesía en su ascenso y lucha contra la sociedad feudal fueron trasladadas hacia las regiones semi coloniales, una vez que dirimieron sus conflictos internos en aras de incorporarse al mundo capitalista de forma dependiente y sumisa. Por lo tanto, el contenido de las “formas democráticas” que se han desarrollado en Latinoamérica tienen esta particularidad central: es un molde asociado a la dependencia económica y financiera hacia los centros globales del capital financiero, sostenido localmente por un minoritario grupo rentista que adoptó las formas de organización social burguesas. Es por ello que, históricamente, la intelectualidad liberal ha querido presentar como una “paradoja de la historia” el hecho de que estos grupos rentistas, las oligarquías locales, hayan impulsado un “liberalismo en lo económico” asociado a un “conservadurismo en lo político”, dadas las incontables experiencias de fraudes, dictaduras, mentiras y diversas prácticas más asociadas a un bando vencedor de una guerra civil que a otra cosa. Se entenderá, además, que el mestizo de Argentina, el afrodescendiente y ex esclavo de Brasil, el indígena de Ecuador, nunca han comulgado intrínsecamente con las formas de la “democracia representativa”, puesto que, con justicia, las ha asociado a la clase social que los ha despojado de su modo de vida y sumido en la miseria e inhumanidad. La crisis capitalista de la década del 30, y la adopción por parte de estos grupos rentistas de estrategias de desarrollo endógeno como un movimiento defensivo frente a las inclemencias globales, generó condiciones para la irrupción de todos estos sectores plebeyos a la escueta institucionalidad oligárquica, que se vio transformada en profundidad. Getulio Vargas en Brasil, Juan Domingo Perón en Argentina son algunos ejemplos de estos fenómenos de masas. Sin embargo, su derrota y posterior restauración, fundamentalmente en las décadas en que se impusieron los golpes militares genocidas, volvieron a imponer las formas preexistentes.

La profundización de la contradicción entre el carácter social de la producción y privado de su apropiación, la enorme escala que la concentración y centralización del capital ha adquirido, ha determinado que el saqueo de la riqueza social en los países latinoamericanos prescinda de los grupos locales rentistas (y unos pocos industriales), puesto que no existen condiciones objetivas para que todos puedan comer del mismo plato. Así, la existencia misma de los Estados nacionales como los conocimos hasta hoy (con su moneda, ejército e instituciones) está viéndose horadada por las leyes del desarrollo capitalista que los vio nacer. En este sentido, el Poder Judicial que sostiene un orden social en crisis, anclado en constituciones y códigos de convivencia forjados por grupos rentistas y su intelectualidad (en franca imitación de otras constituciones y códigos de europa y norteamerica) con el objetivo de garantizar la reproducción de la sociedad semi colonial forjada al calor del ascenso imperialista, ya no se corresponde con su realidad material. Si quitamos a un edificio su estructura, lo único que puede ocurrir es que se desplome.

Así, una encuesta realizada por la entidad Latinobarómetro, que desde 1995 releva a 18 países de la región, mostraba cuán insatisfechos están la mayoría de los brasileños con la “política y sus instituciones”, muy por debajo de los promedios regionales. Solo el 6% confía en su gobierno y el 7% a los partidos en el Congreso. Más de la mitad de la sociedad desconfía de las Fuerzas Armadas, la policía y el Poder Judicial y un 57% directamente opina que “la democracia propiamente dicha” no funciona; en 2017 sólo un 13% afirmaba “estar satisfecho con la democracia”. Además, arrojaba un dato central: el 97% afirmaba que el gobierno sirve a “los poderosos” (FSP 15/8). A su vez, se conocían los datos oficiales respecto de la política de militarización de la populosa Río de Janeiro: 736 brasileños murieron desde el inicio de la injerencia militar; 4.850 tiroteos sólo durante seis meses de la intervención. La coordinadora del Centro de estudios de Seguridad y Ciudadanía de la Universidad Cándido Mendes, de Río, Silvia Ramos afirmaba que “Es muy preocupante este escenario, en el que los indicadores más sensibles están empeorando y tenemos una política de seguridad centrada en profundizar en los problemas que causan la violencia, como los enfrentamientos y los tiroteos” (HTV 17/8).

A esta situación verdaderamente explosiva debe agregarse lo afirmado al principio de este apartado: la utilización de un desprestigiado Poder Judicial para impedir por todos los medios que Lula da Silva, principal candidato de la próxima contienda electoral, llegue a la presidencia del país. El ex presidente se encuentra encarcelado, bajo la acusación (sin pruebas, según el juez que lo condena, sino por “convicción”) de haber recibido un departamento como medio de pago por “favores” políticos, en el marco de que muchos miembros de su Partido de los Trabajadores admitieron realizar prácticas de estas características. Como si hiciera falta aclarar los motivos por los que el líder popular se encuentra detenido, el general Luiz Eduardo Ramos Baptista, jefe del Comando del Sudeste del Ejército brasileño, se mostraba “preocupado” (públicamente) ante una eventual revisión por parte de la Corte Suprema de la prisión del ex presidente, quien pudiera quedar en libertad si el Supremo Tribunal Federal deroga la norma que ese máximo organismo judicial aprobó en 2016: que una persona con una segunda sentencia puede ser inmediatamente detenida e inhabilitada para presentarse a elecciones (CL 28/7).

Así las cosas, injustamente encarcelado, sufriendo pública persecución de un gobierno de “los poderosos” y con un ataque furibundo de los medios monopólicos de comunicación, las adhesiones de Lula Da Silva crecen. De los 27% de votantes que obtenía al momento de ser detenido, dos nuevas encuestas afirmaban que si hoy se votara en Brasil el 38% de los habitantes lo harían por el ex presidente, seguido de lejos por el homofóbico, racista y pro dictadura Jair Bolsonaro (18,8%) y un puñado de candidatejos que no superarían ni el 10%, precisamente provenientes de los partidos políticos tradicionales (P12 21/8).

Todo parece confirmar la trágica encerrona que transita el imperialismo en estas latitudes: si proscribe a las masas obreras y populares, no hace más que agudizar su crisis de legitimidad y con ello la posibilidad de sostener un gobierno que garantice el brutal saqueo que promueve. Si no las proscribe, también. Así, la presidenta del PT, Gleisi Hoffman, no solamente sostenía la candidatura de Lula da Silva sino que afirmaba: “No existe política en Brasil sin hablar de Lula y sin hablar del PT. Su candidatura es la acción de máxima confrontación con este sistema podrido. (…) Quieren inventar una democracia sin pueblo” (LN 5/8). Confrontar el “sistema podrido” y “llenar de pueblo” a la democracia son contenidos de profunda significación, en donde diversas experiencias latinoamericanas pueden dar cuenta de sus logros y dificultades.

Consejos

Como afirmamos en el primer apartado de este artículo, la agresión imperialista en Venezuela ha colisionado de frente contra las masas obreras y populares que han transitado un camino de protagonismo y organización. Sobre la premisa de la necesaria colectivización de los principales medios de producción, en manos de las corporaciones monopólicas que componen al capital financiero, se ha producido una correspondiente colectivización del poder político en manos de los nuevos protagonistas de la democracia venezolana: el proletariado urbano y rural.

Desde la masiva concurrencia a las urnas cuando Nicolás Maduro convocara a la Asamblea Nacional Constituyente, primera señal seria de fractura en el frente opositor, las calles de la nación caribeña se han pacificado en gran medida y la ANC ha promovido la institucionalización de las nuevas formas de organización popular. Entre las Leyes Constitucionales que ésta ha instaurado, se encuentran en primer orden:

-Ley Constitucional del Comité Local de Abastecimiento y Producción, que tiene por objeto regular la constitución, organización y funcionamiento del CLAP, así como el reconocimiento de la organización de las instancias de agregación y participación y organizaciones de base del Poder Popular, para asegurar la producción, abastecimiento y distribución de los alimentos y productos. Dichos organismos, que hoy alcanzan a 6 millones 500 mil familias, han servido como un instrumento esencial para contrarrestar la guerra económica que sufre hace años Venezuela, desde donde se garantiza el normal abastecimiento y, en algunos casos, la producción de los alimentos y artículos esenciales para la vida corriente.

-Ley Constitucional de los Consejos Productivos de Trabajadores y Trabajadoras, que se propone regular la constitución, organización y funcionamiento de los Consejos, “para la participación protagónica de la clase obrera y demás expresiones del Poder Popular en la gestión de la actividad productiva y distribución de bienes y servicios en las entidades de trabajo públicas, privadas, mixtas y comunales”.

-La conformación de un Poder Judicial que se corresponda con las necesidades de las masas trabajadoras en la construcción de un orden social justo, que ponga en el centro de todos los problemas la eliminación de la lógica capitalista como eje de la sociedad. Por ello es que se removió a la corrupta Fiscal General Luisa Ortega Díaz, la cual huyó del país acompañada de agentes de la CIA, y se nombró en su reemplazo a Tarek William Saab, quien se encomendó a una profunda limpieza de dicho poder del Estado de todas las infiltraciones y cooptaciones realizadas por los servicios de inteligencia norteamericanos (TS 30/7).

En línea con todo ello, se convocaba al IV Congreso del Partido Socialista Unificado de Venezuela, con motivo de tratar “la reorganización de la agrupación política para consolidar el socialismo bolivariano a lo largo y ancho de toda la nación”, dándose cita la numerosa composición del mismo junto a representantes de partidos políticos provenientes de Argentina, Chile y Perú (TS 28/7).

A su vez, Cuba ha transitado un camino de reforma Constitucional en donde se puede observar el protagonismo del pueblo en las decisiones políticas y la profunda democratización del poder político sobre la base de que, desde 1959, se han expropiado y colectivizado las principales posesiones de las corporaciones monopólicas transnacionales, en su mayoría con asiento en los EEUU (United Fruit Company, IT&T, etc.). La ley máxima del Estado pasará de 137 artículos a 224; sólo quedarán 11 vigentes de los que rigen desde hace 42 años, se modificarán 113 y se eliminarán 13. El presidente Díaz Canel anunciaba que la propuesta constitucional propone la novedosa fórmula de que “Cuba pasará a ser un Estado Socialista de Derecho”, siendo que la misma define los tipos de propiedad que pueden coexistir en la economía, incorporando a los ya mencionados la mixta y privada (en escalas definidas) (P12 31/7).

Uno de los puntos centrales del proceso de reforma es que se constituirán 135.000 asambleas a lo largo y ancho del país para que toda la población, urbana y rural, trabajadores y estudiantes, pueda discutir el borrador y proponer las modificaciones necesarias hasta la realización de un referéndum que lo someta a la voluntad popular el día24 de febrero: realizando una sencilla cuenta matemática, entre la población cubana y la cantidad de asambleas, podemos imaginar un promedio de 80 asistentes por asamblea discutiendo su constitución (CD 12/8). Los procesos revolucionarios donde las masas toman en sus manos los destinos de la sociedad, muestran lo que puede desarrollar un pueblo organizado en pos del bien común y del desarrollo integral de todas las personas, en contraposición al caos imperialista. Así, desde que en 1959 triunfó la revolución, la misma emprendió una campaña de alfabetización, centrada en la atención de un millón de analfabetos, que movilizó a 250 mil profesores y miles de estudiantes. A finales de 1961, un 75% de ese millón de personas había logrado un nivel de alfabetización, mientras que actualmente los adultos que poseen ese conocimiento son el 99,98%. También la educación en Cuba arroja uno de los índices más sorprendentes de la región; el pequeño país invierte 13% de su PBI (US$ 142.000 millones) en esa materia, y logra que el índice de admisión escolar se mantenga en 99% para niños y niñas. En relación a la salud, Unicef ha certificado, además, que Cuba es el único país de América Latina y el Caribe sin desnutrición infantil severa, mientras que la tasa de mortalidad en menores de 5 años es de 6 cada mil, mientras que en los EEUU (PBI de US$ 20,5 billones, es decir millones de millones) es de 8 cada mil; la pequeña Isla cuenta con un médico cada 133 habitantes. Menos del 0,1% de la población padece de VIH/SIDA (TS 13/8).

Producto de la actitud internacionalista de este noble pueblo es que, en Bolivia, por citar un ejemplo, fuera creada en 2004 la “Operación Milagro”, en donde más de 8 mil colaboradores cubanos trabajaron en 47 municipios de los nueve departamentos de Bolivia, realizando 700 mil 235 cirugías oftalmológicas desde 2006; 64.078 pacientes fueron brasileños; 45.284 argentinos; 25.279 peruanos y 315 paraguayos. En todos estos datos es que se puede apreciar la profunda diferencia entre las dos propiedades, los dos tipos de sociedad que hoy están colisionando en el mundo y en la región. Mientras que una, la capitalista en su etapa imperialista, solo produce más y más problemas y genera caos en el mundo; la otra, socialista y democrática, muestra que es posible resolver los principales desafíos y dificultades que el sistema capitalista produce. Por ello, Evo Morales afirmaba que: “Cuba ha operado a nuestros hermanos y no nos ha pedido nada, no son dueños de empresas en Bolivia, no son dueños de nuestros recursos naturales, eso se llama solidaridad. El mejor homenaje a Fidel es jamás ser pro imperialistas, jamás ser pro capitalistas” (TS 13/8). Por esto, la única solidaridad posible es la proveniente de la clase trabajadora en su lucha por la emancipación política y social, cuya condición es la derrota definitiva de la burguesía imperialista.



[ << Volver a la primera plana ]