Revista Mensual | Número: Noviembre de 2018
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Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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Autodestructivo

La deuda sin fin
Las tasas y las lanzas
Aspiradora made in USA
“Y me ahogo, y me ahogo, y todo lo que toco se vuelve lodo”
El eje del mundo


Las políticas norteamericanas para recuperar la competitividad perdida deterioran la totalidad de la economía global y aceleran la recesión

Autodestructivo


“Que este país
ha retrocedido 4 0 5 décadas.
Y que todo el avance social,
los buenos sentimientos de
una persona hacia otra se han borrado
y se han reemplazado por la
vieja intolerancia de siempre.

Más que nunca tenemos:
egoístas; ansias de poder;

desprecio por el débil;
el viejo; el pobre; el desvalido.

Estamos reemplazando necesidad con
guerra, salvación con esclavitud.

Hemos desperdiciado los logros
nos hemos deteriorado deprisa.

Tenemos nuestra bomba.
Es nuestro miedo, nuestra vergüenza

y, nuestra condena.

Ahora se ha apoderado de nosotros
algo tan triste que nos deja
sin aliento y, ni siquiera podemos
llorar.”

“Putrefacción”, Charles Bukowsky


Con el décimo aniversario del hundimiento de Lehman Brothers como telón de fondo, los niveles siderales de endeudamiento de la economía global continúan en el centro de la escena y anticipan una inminente recesión. Todos saben que algo estallará en los próximos 18 meses, lo que no se sabe es qué, decía el periódico británico Financial Times este mes.

Mientras tanto, la Reserva Federal norteamericana levantaba las tasas de interés y nuevamente dejaba en evidencia dos cuestiones fundamentales. Primero, que los débiles números de reactivación que los analistas económicos internacionales intentan exhibir, se sostienen sólo sobre un enorme apalancamiento por parte de los bancos centrales de los países imperialistas, sobre la base de alimentar una burbuja colosal, de la que nadie sabe cómo salir sin reventar. Luego, que esa imposibilidad de reproducir el orden social vigente se expresa en una fractura sin precedentes, materializada en un pase de facturas entre el gobierno norteamericano y la conducción política de la Fed.

Si de fractura se trata, sin duda uno de los hitos del mes de octubre fue la presentación conjunta entre Europa y China ante la OMC para solicitar que se revisen los aranceles impuestos por el gobierno norteamericano a la importación de acero y aluminio.

El quiebre de la cadena de mando imperialista es cada vez más inocultable, y conforme avanza el proceso de centralización y concentración del capital, queda más de manifiesto la necesidad de construir un orden superador, que pueda controlar las fuerzas que la humanidad alumbró y ahora actúan como independientes de ella, como salidas de cauce.

La deuda sin fin

Como señalábamos en nuestro artículo del mes pasado, a diez años del estallido de Lehman Brothers, la burbuja de la economía global volvió a inflarse –o nunca se desinfló– y amenaza con dejar en esta reventada un tendal de daños aún mayor al anterior.

Según confirmó el Departamento del Tesoro norteamericano, al detallar el cierre del año fiscal 2018 que tuvo lugar el pasado 30 de septiembre, la deuda nacional superó los U$S 21,51 billones y se encuentra en su pico histórico (RT 2/10). En el anterior ejercicio fiscal esa cifra rondó los U$S 20,24 billones, es decir que de un año a otro creció más del 5%... lo único que crece a esa tasa en el mundo occidental es la deuda.

A su vez el déficit presupuestario del país alcanzó los U$S 779.000 millones, un 17% más que el año 2017 y su nivel más alto desde 2012, según el comunicado oficial firmado por el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, y el director de la Oficina de Administración y Presupuesto, Mick Mulvaney (RT 1/10).

Si vemos estos indicadores en términos del PBI, el déficit presupuestario se coloca en un 3,9%, un 0,4 % más que en 2017, alejándose así del mantra liberal global de déficit cero. Pero hay más: sobre llovido, mojado. Reforma fiscal mediante, las recaudaciones de impuestos sobre las principales corporaciones, cayó U$S 76.000 millones, lo que representa un retroceso del 22% (HTV 16/10).

Cuando se infla la moneda, se distorsionan las tasas de interés, se vive más allá de las posibilidades y se gasta demasiado, tiene que haber un ajuste (…). Tenemos la burbuja más grande en la historia de la humanidad”, aseveró el ex-congresista estadounidense Ron Paul, para concluir que “EEUU no podrá costear su imperio y tendrá un final repentino y catastrófico como la URSS” (RT 9/10).

Sin embargo, como señalábamos el mes pasado, este no es un problema exclusivamente norteamericano. El Financial Times señalaba este mes: “Pocos expertos en finanzas negarían que los mercados de acciones, los precios de los bonos, las valuaciones de las propiedades y las carteras de préstamos están en territorio de burbuja. Parece emerger un consenso de que algo estallará en los próximos 18 meses. La cuestión es qué” (FT reproducido en CR 17/10).

Según el Instituto de Finanzas Internacionales, la deuda global superó los 247.000 billones de dólares y ya es un 318% superior al Producto Bruto Mundial, es decir que el mundo debe el equivalente a más de tres años enteros de su producción. Estados Unidos lidera el ranking de deuda gubernamental (con los más de 21.500 billones de dólares que señalábamos más arriba). Tomando el ratio de deuda y PBI, en el “top-five” hay tres países europeos de los llamados PIGS (Grecia, Italia y Portugal), que tras diez años de apalancamiento del BCE siguen igual o peor en esta materia que entonces, y un histórico aliado de Occidente en la región de Asia- Pacífico.

Japón ocupa el primer lugar, con una deuda que equivale al 253% del PIB y continúa creciendo, mientras que la economía creció un 0,4% en el 2014, un 1,4% en el 2015, un 0,9% en el 2016 y un 1,7% en el 2017. Lo que se dice deuda por ascensor y PBI por escalera –de madera y frágilmente sujetada. Grecia ocupa el segundo lugar, con una deuda total del 178,6% del PIB, lo que muestra el éxito rotundo del salvataje de la Troika integrada por el BCE, la CE y el FMI… Líbano ocupa el tercer lugar, con una deuda nacional que alcanzó el 149% del PBI, desangrándose por el conflicto en la fronteriza Siria, que además sacude a toda la región. Italia está en cuarto lugar, y su deuda nacional equivale al 131,8% del PBI. Portugal cierra el quinteto negro, con una deuda nacional que supera el 125,7% de su PIB (toda información consignada en RT 14/10).

Italia merece un renglón aparte. El Ejecutivo italiano actualizó el llamado Documento de Economía y Finanzas (DEF), y en el texto prevé que la deuda del país sea del 130,9% del PIB en 2018 y baje ligeramente y de forma progresiva en los años posteriores, hasta el 130% en 2019; el 128,1% en 2020; y 126,7% en 2021. Además, programa un déficit fiscal del 1,8% en 2018; 2,4% en el 2019, 2,1% en 2020 y 1,8% 2021 (DW 5/10).

Toda la proyección del gobierno plantea una abierta confrontación con el mandato de Bruselas de no pasar el 1,6%, acordado hace pocos meses con el flamante ministro de Economía Giovanni Tría, que ahora no sería cumplido ni siquiera en los próximos tres años. Di Maio y Salvini impusieron el 2,4% para 2019 con el fin de pagar jubilaciones y resarcimientos a clientes de bancos casi en bancarrota que fueron estafados. Di Maio opinó que estas cifras “harán circular un poco de dinero para aumentar el poder adquisitivo de los que menos tienen y favorecerán el consumo” (DW 5/10).

El presidente de la CE, el luxemburgués Jean Claude Juncker, salía al cruce: “No desearía que, después de haber sido capaces de lidiar con la crisis griega, acabáramos con la misma crisis en Italia. Una crisis ha sido suficiente (…). Tenemos que evitar un tratamiento especial a Italia, pues si todo el mundo lo pide, supondrá el fin del euro” (DW 1/10). “Hay un gap entre lo prometido y lo que han presentado. Vamos a tener un debate virtuoso con nuestros amigos italianos, que saben que su deuda es demasiado alta, nadie dirá lo contrario, y que el presupuesto que nos mandan no respeta las recomendaciones de los ministros de la Eurozona”, cerraba, lapidario (DW 16/10).

Sin embargo, ya hemos señalado en nuestro Análisis… que no hubo tal capacidad de lidiar con la crisis en Grecia, sino que tras el fin de la actuación de la Troika, la deuda helénica sigue en niveles exorbitantes, como señalaba el IFI este mes, el PBI se redujo un tercio en relación a los niveles anteriores al estallido de la crisis, y el desempleo se ubica en el 19%, llegando al 39% en la franja juvenil. No hay, por tanto, una contraposición entre dos recetas para salir de la crisis en que se encuentra la Unión Europea, sino una puja por ver quién paga el costo de estirar la agonía, en el marco de una total imposibilidad de resolver los problemas que desgarran el proyecto común.

Las tasas y las lanzas

A fines de septiembre, la FED decidió subir a 2,25% su tasa de interés y de 2,8 a 3,2% la tasa de referencia a diez años (CR 1/10). En el período comprendido entre la suba anterior (agosto) y la de fines de septiembre, el índice de bonos emergentes (EMB) cayó un 1,7%, y acumuló un 9,2% de pérdidas desde principios de año (CR 11/10).

El S&P 500 –el índice de las principales empresas estadounidenses– cayó más de un 3% el 10 de octubre, en lo que fue su peor día en ocho meses (TE 13/10). Entre los distintos mercados financieros de EEUU, el que más sufrió fue el Nasdaq, con caídas de más de un 8% en octubre. De acuerdo con la agencia de noticias bursátiles Bloomberg, desde el pico máximo del mes de agosto, las acciones tecnológicas que cotizan en el Nasdaq perdieron unos U$S 900.000 millones de capitalización bursátil.

Se están dando ventas masivas en las acciones más caras, aquellas enfocadas en el crecimiento y sobre todo las que todavía no son rentables. Papeles que fueron sobrecomprados estos últimos meses, como algunos tecnológicos. Hay una decisión general entre los inversores de reducir los riesgos vendiendo estas acciones”, señalaba el analista David Older (CR 16/10).

“La economía estadounidense se enfrenta a una inminente desaceleración dado que la política monetaria más restrictiva empieza a afectar la actividad y aumenta la presión en los mercados financieros”, alertaba un comunicado de Bridgewater, el mayor fondo de inversión del mundo (CR 16/10). Bob Prince, codirector de inversiones en Bridgewater, senteciaba: “El optimismo en cuanto al crecimiento futuro de las ganancias se integró en las valuaciones de las acciones. Pero nos encontramos en un potencial punto de inflexión donde la economía de estar recalentándose pasa a ser mediocre (CR 16/10).

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se distanciaba de la política del capitán de la FED, Jerome Powell. “El problema viene de la Fed, que está cometiendo un error al mostrarse tan estricta. Creo que se volvió loca”, afirmaba, sin tapujos “Míster Políticas Racionales”, el mismo que redujo 15 puntos porcentuales a los impuestos corporativos en el país con mayor déficit presupuestario del mundo (CR 16/10).

Sin embargo, la política de aumento de la tasa de interés, más que a un rapto de locura, responde a la necesidad de frenar el imparable crecimiento de la burbuja especulativa. ¿No es locura que hace dos meses atrás algunos escribas del capital concentrado hablaran del sólido crecimiento de los Estados Unidos y hoy estén, a los dos días de que la FED sube la tasa al ¡2,25%! llamando a todos a los botes? Lo poco que crece en el mercado imperialista es a cuenta de ganancias futuras, porque los índices de crecimiento de hoy están cada vez más raquíticos.

El propio Fondo Monetario reducía este mes una vez más –y van…– las perspectivas de crecimiento mundial de 3,9% a 3,7% (XH 9/10). En ese contexto de concentración colosal del capital y de un desenfrenado crecimiento de la deuda global es que la FED intenta comenzar a ponerle un freno a la bola de dinero barato que puso a girar como respuesta al estallido de 2008.

Por supuesto que el impacto de la suba de tasas de la FED en la economía global en general y en la periferia en particular es brutal, porque implica una salida en estampida de la masa de capital especulativo que rebasó los países emergentes durante esta década de plata dulce, como veremos a continuación.

Aspiradora made in USA

Así como en mayo salieron U$S 12.300 millones de los mercados emergentes hacia Estados Unidos (CR 6/6), la corrida financiera se materializaba este mes en la caída de los flujos de la inversión extranjera directa (IED) en un 41% durante el primer semestre del año. La Organización de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD) informaba que esto se debió fundamentalmente “a las repatriaciones realizadas por las sedes centrales de las compañías estadounidenses de los ingresos acumulados en el exterior por sus subsidiarias, tras las reformas fiscales en EEUU” (CL 21/10). El monto invertido pasó de US$ 794.000 millones en igual período de 2017 a US$ 470.000 millones este año (CL 21/10 y P12 16/10).

Sin embargo, el rasgo novedoso de esta estampida es que la caída de 41% en promedio, fue mayor en las economías avanzadas. El flujo de IED en Europa se retrotrajo en un 69%, hasta alcanzar el menor nivel histórico de los últimos 15 años: US$ 135.000 millones (CL 21/10).

En el sentido inverso pero como manifestación de la misma fractura al interior de los 147 grupos monopólicos que resquebraja el bloque de alianzas histórico, en Estados Unidos el flujo de IED se redujo en un 73%, hasta alcanzar solo los 46.000 millones (CL 21/10).

Ahora bien, si efectivamente los grandes consorcios multinacionales con sede en la economía norteamericana están repatriando sus ganancias en el extranjero para acogerse a la nueva reforma fiscal y pagar menos impuestos, el problema de la economía norteamericana (como botón de muestra de la economía global) no sólo no se resuelve, sino que incluso se agrava.

Es que si los grandes monopolios vuelven a instalar eslabones de su cadena de producción fronteras adentro–donde la mano de obra es más cara que en otras partes del mundo– no será trasladando las fábricas que tienen hoy en el sudeste asiático y moviéndolas a Texas, lo que les implicaría un enorme gasto carente de sentido. La necesidad del capital de aumentar permanentemente su ganancia, impone como condición para una inversión de semejante magnitud que en la nueva configuración del proceso de producción la incidencia de la fuerza de trabajo se reduzca en relación al volumen total producido, de manera tal que el aumento del costo de cada hora de trabajo quede compensado o hasta anulado en una mayor productividad del mismo –la cual sólo se logra aplicando más tecnología.

Pero la reubicación de la producción de productos electrónicos no significará reubicar la cantidad de empleos que se perdieron anteriormente, gracias a los costos relativamente altos de la mano de obra y la mejor tecnología de ahorro de trabajo” (TE 15/9), apuntaba al respecto el semanario británico The Economist. “El objetivo de revertir décadas de desindustrialización estadounidense es una quimera. Si Estados Unidos logra obligar a las cadenas de suministro a regresar a su país, descubrirá que se asignan muchos menos puestos de trabajo debido a la rápida automatización y al aumento de la productividad. La participación de las manufacturas estadounidenses en el PIB ha disminuido sólo en un quinto desde 2000, mientras que su participación en el empleo se ha reducido en un tercio” (TE 22/9).

Sobre llovido, mojado, la economía norteamericana perdió en las últimas tres décadas más de 7 millones de puestos de trabajo en el sector industrial, de los cuales más del 85% se perdieron por la robotización, no por el traslado de las fábricas fronteras afuera.

“Y me ahogo, y me ahogo, y todo lo que toco se vuelve lodo”

Esta es la base material de la ostensible fractura que detenta la cadena de mandos imperialista, la pelea al interior de los 147 grupos que controlan la mitad de la producción mundial por apropiarse de una tajada mayor, como única respuesta posible al achicamiento del tiempo de trabajo, del valor a repartirse.

En este sentido, Apple –la principal empresa tecnológica de origen californiano, que lograra superar el billón de dólares en su valor de mercado en el pasado mes de agosto– sentaba posición sobre la guerra comercial a través de una carta enviada al Representante de Comercio Robert Lighthizer. Según apuntó la compañía, “las tarifas incrementarían el coste de nuestras operaciones en Estados Unidos, desviaría nuestros recursos y dejaría a Apple en desventaja en comparación con los competidores extranjeros (…). Conducirían a un incremento del precio para los consumidores estadounidenses, a un descenso general del crecimiento económico de Estados Unidos y a otras consecuencias económicas” (CL 8/9).

El mismísimo Trump respondía desde Twitter: “Pero hay una solución fácil. Hagan sus productos en los Estados Unidos en lugar de China. Comiencen a construir nuevas plantas lo antes posible” (CL 8/9).

Apple recoge un margen del 58% de sus ingresos sobre el Iphone en la producción fuera de los EEUU. Según el FMI, en el pico de producción, los componentes de los teléfonos inteligentes representaron más del 33% de las exportaciones de Taiwán y el 15% de las de Singapur y Corea del Sur, mientras que los teléfonos inteligentes terminados representaron el 5% de las exportaciones chinas (TE 15/9).

La ex secretaria de Estado norteamericana Condoleezza Rice aseguraba en una video conferencia organizada por el Comité Nacional sobre las Relaciones Estados Unidos-China (Ncuscr, por sus siglas en inglés), con sede en Nueva York: “Cooperemos donde podamos. Compitamos donde debemos. Dejemos nuestras diferencias donde debemos tenerlas. Pero tratemos de hacerlo en una forma que vuelva al mundo más seguro y más próspero (…). Creo que la economía internacional está mejor cuando se comercializa libremente y más abiertamente (…). China es un importante factor en la economía internacional. Nadie puede imaginar realmente que el crecimiento internacional se sostenga sin el crecimiento económico chino” (XH 10/12).

A este resquebrajamiento al interior de los Estados Unidos, se suma el quiebre de las alianzas históricas que venimos señalando mes tras mes, acelerado desde el portazo de la Cumbre de París por el cambio climático en adelante. Como mostramos anteriormente la baja en la IED pegó de lleno en Europa, donde cayó un 69%. Sobre esta base se entiende el cada vez más el notorio giro del Viejo Continente hacia Asia.

A principio de octubre se realizaba la cumbre del foro de cooperación Asía-Europa (ASEM) en dónde: “Los líderes han reafirmado su fuerte apoyo a la preservación y fortalecimiento del sistema de comercio multilateral basado en normas, centrado en la OMC, señalaba la declaración final. En ese marco la canciller alemana, Ángela Merkel, remarcó la importancia de que los países europeos y asiáticos se comprometan con “el comercio basado en normas” y envíen el mensaje de que, “cuando uno gana, el otro también gana (HTV 19/10).

Cerrado el encuentro la UE y China, entre otros países, hicieron una presentación conjunta ante la OMC para pedir que establezca un panel de resolución de disputas para abordar la cuestión de los aranceles estadounidenses al acero y al aluminio. La ministra noruega de Asuntos Exteriores, Ine Eriksen Soreide, subrayaba: “La tarifa adicional de Estados Unidos sobre el acero y el aluminio infringe las normas de la OMC (…). Aunque nuestras exportaciones de acero y aluminio a EEUU son modestas, este caso es fundamentalmente importante. Una economía abierta como Noruega depende del funcionamiento del sistema multilateral basado en reglas” (RT 19/10).

La ferocidad de la competencia imperialista se manifiesta virulentamente en los últimos años, mediante guerra comercial, sanciones cruzadas a uno y otro lado del Atlántico y portazos varios en organismos multilaterales, pero su esencia responde a las leyes de hierro de la reproducción capitalista, de las cuales Trump es un efecto, nunca su causa. Sin duda la fractura cada vez más visible entre Estados Unidos y la Unión Europea es la muestra cabal de que la fuerza social construida por los monopolios occidentales a la salida de la Segunda Guerra Mundial se resquebraja de manera acelerada, conforme avanza el proceso de concentración y centralización del capital y un puñado cada vez más pequeño de compañías trasnacionales controla tajadas cada vez mayores del mercado mundial.

El eje del mundo

El sustento material para que China se esté convirtiendo en el motor de un nuevo orden mundial aparecía sintetizado en el “Informe Anual de Desarrollo de Fabricación Inteligente de China 2017-2018”. En el minucioso documento se muestra que China construyó inicialmente más de 200 talleres digitales / fábricas inteligentes. Su producción de robots industriales superó los 130.000 en 2017, un aumento del 68,1% año tras año. El tamaño de su mercado es un tercio del mundial y se erigió en el mercado de aplicaciones más grande del mundo durante cinco años consecutivos (XH 19/10).

Las ganancias de las principales empresas industriales aumentaron un 16,2% interanual en los primeros ocho meses del año, mientras que las de los principales proveedores de servicios crecieron un 15,5% (XH 20/10). En cuanto al grado de dependencia del comercio exterior del país, la proporción del comercio exterior total respecto al PBI, disminuyó de 64% en el año 2000 a 33,5% en 2017. Las exportaciones chinas por U$S 250.000 millones sujetas al aumento de aranceles de EEUU representan menos del 2% del PBI total de China, por lo que los daños que Estados Unidos puede infligir a la economía oriental son muy acotados.

Cinco años después de que China propusiera la Iniciativa de la Franja y la Ruta, el comercio exterior del país superó los U$S 5,5 billones (todo en XH 8/10). En este sentido, la IED en China registró una suba del 8% interanual en septiembre, para situarse en U$S 11.000 millones según el Ministerio de Comercio. En los primeros nueve meses, la entrada total de IED subió un 2,9% para llegar a U$S 98.107 millones. Las nuevas compañías extranjeras inauguradas en el período aumentaron un 95,1% hasta crearse 45.922 empresas. Las 11 zonas de libre comercio piloto del país experimentaron un aumento de la IED del 14,7% (XH 20/10).

Las empresas privadas se han convertido en un potente motor del desarrollo económico y social chino, y en la actualidad aportan más del 60% del PBI de su mercado, el 60% de la inversión en activos fijos, el 75% de la innovación tecnológica y el 90% de los nuevos empleos urbanos (XH 22/9).

Por su parte, la inversión total de China en el extranjero alcanzó los U$S 1,8 billones al cierre de 2017, lo que supone que se situó como la segunda mayor del mundo, de acuerdo con un informe oficial del gobierno de Xi. “China ha hecho inversiones en 189 países y regiones en todo el mundo y su inversión directa en el exterior acumulada representa el 5,9% del total mundial” (XH 7/10).

Como vemos, la pugna por sobrevivir entre las corporaciones monopólicas lleva a que los gobiernos del otrora bloque hegemónico imperialista den manotazos de ahogado por salir a flote. Reformas fiscales, medidas monetaristas de relajación o endurecimiento financiero, regulaciones y sanciones comerciales llevan a una caotización cada vez mayor de la situación global, y sólo agravan los problemas que están trabando el desarrollo de la humanidad. Al analizar las contradicciones y posturas contrapuestas al interior del bloque imperialista, debe quedar claro que ninguna de las posiciones encierra posibilidad de salida ni de resolución alguna. Controlar el desarrollo de las fuerzas productivas emerge como tarea primordial de los pueblos del mundo, para poder construir un orden alternativo al caos que emana de la putrefacción imperial. Pasemos a ver esta puja en el plano de la política internacional.



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