Revista Mensual | Número: Noviembre de 2018
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Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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Demasiado rojo para un círculo

Las perspectivas según los patrones
“Caputó Caputo” (las condiciones del acuerdo)
El contenido del acuerdo
Pesos de la bicicleta
De verde a rojo
No te quieren como antes
Acero al rojo
Se fractura el “Circulo Rojo”


Los primeros síntomas de la fractura en el “Círculo Rojo”

Demasiado rojo para un círculo

“El FMI nos puede ayudar, pero que resolvamos nuestros problemas depende de nosotros. Nosotros ya veníamos trabajando en un problema”.

(Nicolás Dujovne, Ministro de Hacienda - junio de 2018)


Durante el mes de octubre, se terminó de cerrar la negociación de un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que iniciara allá por fines de agosto con el fallido anuncio del presidente Mauricio Macri de que dicho acuerdo ya estaba concretado –hecho luego desmentido por el mismo Fondo, y que terminó desencadenando una corrida cambiaria que llevó el dólar de 30 a 42 pesos. La realidad de la negociación, y en rigor del inicio de las tratativas con el FMI, desde principios del mes de mayo, es que la Argentina se encuentra en default. En poco más de dos años de gobierno Pro, el país pasó de ser uno de los menos endeudados del mundo a tener un ratio de deuda-PBI que ya supera el 80% y se encamina aceleradamente al 100%, cuando en 2015 esta relación era inferior al 40%. El ministro Dujovne tenía razón cuando afirmaba, a fines de junio, en un desliz ante los medios, que el Gobierno venía “trabajando en un problema” en lugar de decir “en una solución”, ya que su política, no por inoperancia si no por la misma naturaleza de los intereses que representa, es el problema.

En este marco es que debe valorarse la renegociación del “blindaje” que el Fondo acordó con el Gobierno. Es un rescate que hunde al país más profundamente en el abismo, ya que no brinda ninguna salida a la crisis, si no que tan sólo la prolonga, espiralando su gravedad. El ajuste concomitante es la expresión de la desarticulación del Estado actualmente existente, jaqueado por sus límites burgueses frente al irrefrenable ataque disgregador de las fuerzas depredadoras del mercado. El Estado, incapaz de garantizar la reproducción para el conjunto de las fracciones de capital que lo constituyen, rompe el “pacto social” y se faccionaliza a favor de sus componentes más concentrados y transnacionalizados, en detrimento del resto y en perjuicio de las inmensas mayorías del Pueblo.

Las perspectivas según los patrones

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la economía argentina iba a crecer en el 2018 un 2%. Este pronóstico fue revisado luego de la devaluación abrupta que sufriera el peso a la baja. Actualmente, el club de los países ricos cree, un tanto cínicamente, que el país caerá tan solo 1,9%; un pronóstico más optimista que el del mismo gobierno que proyectó una caída del 2,4% en el presupuesto 2019 (P12 9/21). Menos optimista es el Banco Mundial, que alertó sobre un “recrudecimiento de la crisis Argentina”, con una caída del 2,5% para este año y 1,6% para el año próximo (en este caso el Gobierno estimó para el 2019 una caída de apenas el 0,5%) (P12 10/6). Pero el más pesimista es el mismo FMI, tal vez por tener acceso preferencial a las cuentas públicas. Según el organismo multilateral, la economía argentina sufrirá una contracción del PBI estimada en 2,6% para este año y del 1,6% para 2019. Pero esta situación puede agravarse, ya que “la Argentina exhibe un extenso stock de pasivos externos que la expone a los desajustes cambiarios y riesgos para renovar sus vencimientos de deuda”, porque “tiene bajos amortiguadores de reservas que hacen más difícil absorber shocks externos”. En el mismo informe, el Fondo alertó sobre un aspecto que contradice los análisis que sobre el estado de la crisis se hacen puertas adentro de nuestro país, al poner en duda la estabilidad del sistema bancario: “En algunos mercados emergentes, notablemente Argentina y Turquía, la vulnerabilidad externa y los riesgos específicos de esos países llevaron a devaluaciones de gran magnitud, intensificando las preocupaciones sobre el estado de los bancos domésticos y posibles contagios hacia otros países”. Retomaremos este punto más adelante (LN y P12 10/12).

Pese a las malas perspectivas económicas, el FMI accedió al pedido del gobierno de Macri para renegociar el acuerdo del préstamo stand-by, que apenas había terminado de firmar el 8 de junio pasados. Concediendo una extensión de 7.100 millones de dólares al monto original de 50 mil millones. Si bien el pedido original del Banco Central (BCRA) había sido de 20 mil millones, es decir dos tercios más grande, los desembolsos acordados representarán hacia fines del 2019 unos 36.000 millones de dólares, un incremento (debido a que también se adelantan los desembolsos al doble de lo previsto originalmente) de 19.000 millones en relación al acuerdo de junio. Estas cifras espeluznantes son −según cálculos realizados por la Universidad Austral− cuatro veces el récord de 13.600 millones de dólares concedidos a Fernando De la Rúa en 2000; y en dólares equivalentes a abril de 2018 es dos veces y medio ese acuerdo. En términos de producto bruto, es 9,7% del PBI estimado para este año, sólo por debajo del máximo anterior del gobierno de Duhalde en 2003 (9,8%) (CR y LN 27/10). Estos desembolsos son por lejos los más importantes que el Fondo haya realizado a un solo país en toda su historia.

Ya nos hemos referido el mes pasado al riesgo que suponen estos adelantos, que son “pan para hoy y hambre para mañana”. Un vistazo rápido de las obligaciones externas para 2020 revela que sólo en intereses de la deuda externa el Estado necesitará 25 mil millones de dólares, que debería obtener en el mercado de capitales, algo de seguro imposible, esto sin contar las Letes o corridas eventuales al dólar (CR 1/10). Considérese que el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF) estima una fuerte reducción del flujo de capitales hacia los emergentes para el año próximo, comprometiendo principalmente a países como Argentina, Corea, Arabia Saudita, Turquía y Egipto (CR 4/10).

La pregunta que queda flotando en el aire es: ¿Por qué el Fondo Monetario hace lo que hace, sabiendo del enorme riesgo que tiene el país de no poder afrontar la devolución del préstamo? Tal vez, la respuesta más obvia sea que no espera que paguemos. Actúa como el usurero que utiliza la deuda para confiscar los bienes de su deudor. ¿Y con qué activos cuenta el país para afrontar tremenda deuda? Digamos simplemente que las reservas de Vaca Muerta se calculan en 27 mil millones de barriles (la segunda reserva no convencional del mundo), y 802 billones de pies cúbicos de gas no convencional (superiores a las reservas de Rusia y equiparables a las de Venezuela). En este marco, la conversión de la Argentina en un “estado fallido” es la condición sine qua non para garantizar el éxito del proyecto imperialista.

“Caputó Caputo” (las condiciones del acuerdo)

“Lagarde estaba muy contenta con la designación de Sandleris y con los nuevos nombramientos. Dijo que le generaba confianza”.

(Mauricio Macri, explicando la renuncia de Luis Caputo (LN 25/9).

Cuando el mes pasado nos referíamos a la renegociación del acuerdo con el Fondo, señalábamos que una de las condiciones impuesta por el FMI fue la renuncia del que hasta entonces era el presidente del BCRA, el Toto Caputo. Un hombre muy vinculado al JP Morgan y del riñón del presidente Macri. Explicamos las motivaciones de esta exigencia en los desaguisados cortoplacistas que el Toto había hecho con las reservas del Central que dilapidó en 15 mil millones en solo dos meses, favoreciendo los negocios propios y de sus amigotes. En este mes recogemos las reacciones del “mercado” frente a este despido.

Cuando el Presidente Macri tuvo que explicar las razones de por qué despidió a Caputo, lo hizo de esta manera: “[Caputo] nunca tuvo la vocación de ejercer el cargo de presidente del BCRA, fue una contribución patriótica (sic). (…) Es muy importante que no tengamos un presidente del Banco Central que no fue parte de lo que se negoció, como lo que tuvo que lidiar Caputo, dado que lo negoció (Federico) Sturzenegger. Ahora será todo coherente” (CL 25/9).

Para Morales Solá, columnista estrella del diario La Nación, las razones del desplazamiento se deben a que “Caputo no coincidía con partes de ese acuerdo con el organismo, que le pondría serios límites al Banco Central para intervenir en el mercado cambiario. Caputo cree que es la conducción monetaria la que debe decidir cuándo y cuánto arriesga para mantener el tipo de cambio. Pero es el FMI el que pone los dólares (el único que los pondrá en los próximos meses) y se propone que esos billetes no se rifen en la especulación financiera argentina. O en la devoción local por la moneda norteamericana (LN 26/9).

La recolonización del Central por el FMI no fue tan bien recibida por los “mercados financieros”, que probablemente sintieron que perdían a un hombre que respondía sin ambages a ellos. Por ejemplo, Alejandro Cuadrado, del BBVA de Nueva York, dijo a Bloomberg: “La renuncia de Caputo genera un ruido sobre la redefinición de la política monetaria en el marco de la revisión del acuerdo del FMI” (CL 25/9). El banco de inversión JP Morgan no disimuló su malestar por la salida de uno de los suyos: “La persistente incertidumbre política (hay una huelga en la Argentina hoy), la renuncia de Luis Caputo, la alta inflación y los anuncios pendientes del FMI pueden continuar alimentando la demanda de dólares, especialmente de parte de los locales”. Por su parte, Gabriel Torres, vicepresidente senior en Moody’s, dijo: “La abrupta renuncia de Luis Caputo como presidente del Banco Central, tras una gestión de tres meses, aumentará la volatilidad cambiaria en el corto plazo. Para reducir dicha volatilidad será necesaria la confirmación de los detalles finales del nuevo acuerdo con el FMI, actualmente en vías de negociación, que se espera que incremente los fondos disponibles para el Gobierno para el período 2018/2019” (LN 26/9). Por último, la sociedad suiza de bancos de inversión, UBS, criticó la salida a través de Alejo Czerwonko, su director de Estrategia de Inversión: el nuevo acuerdo con el Fondo quedó opacado por “la desprolija salida de Caputo”. Aunque las características del nuevo paquete con el FMI son “positivas”, así y todo, persisten dudas sobre su éxito (LN 30/9).

Pero el golpe más contundente lo dio el Wall Street Journal, el principal órgano de las finanzas mundiales, que salió a alertar sobre los errores del Fondo Monetario en el diagnóstico y la receta para la crisis económica argentina: “El Fondo no tiene la receta adecuada para resolver los problemas argentinos”, y advirtió que “los inversores deberían mantenerse alejados (del riesgo de apostar capital en el país)”. Y continuaba: “Ante una crisis monetaria, el instinto del presidente (argentino) fue llamar al Fondo. Las condiciones del acuerdo corren el riesgo de alargar el historial fallido del organismo cuando se trata de ayudar a las economías emergentes. Es poco probable que las condiciones pautadas garanticen una recuperación sólida de la economía. (…) El cóctel de políticas anunciadas se remonta a 1970. Era furor limitar la cantidad de dinero que los bancos centrales podían imprimir. El enfoque resultó inviable y pronto fue abandonado. (…) El determinante clave de la inflación no es la cantidad de dinero en la economía. No es el gasto del Gobierno. No es la política del Banco Central. El problema de estas economías es que están expuestas a lo que ocurre con el flujo global de los capitales. Cuando la Reserva Federal eleva las tasas y los inversores se refugian en el dólar, las monedas emergentes se caen y los precios de las importaciones aumentan”. Para concluir planteando las condiciones de la estabilización: “Se deben limitar las deudas en dólares e intentar contener la puja distributiva (entre los salarios y los márgenes de ganancia de las empresas). A más largo plazo, en tanto, los elementos del éxito de China pueden ser una hoja de ruta para la Argentina. Esto es, estabilidad del tipo de cambio, política coordinada sobre los ingresos y un enfoque de producción basado en exportaciones que se vinculen con industrias de escala” (P12 3/10). La respuesta fue casi instantánea: hubo una fuerte caída de las principales acciones que cotizan en la bolsa neoyorkina (6,4%), seguida por un desplome del Merval (3,1%).

En contraste, marcando las contradicciones que atraviesan a todo el bloque interimperialista, el secretario del Tesoro de los EEUU, Steve Mnuchin, emitió un comunicado de respaldo al nuevo acuerdo de la Argentina con el FMI: “Saludamos los fuertes ajustes propuestos por el Gobierno de la Argentina en sus políticas monetaria y fiscal. Damos nuestro fuerte respaldo a la mejora de los esfuerzos políticos y la nueva política monetaria que apuntan a bajar las tasas de interés y la inflación, ubicando a Argentina en un camino de crecimiento sustentable” (CR 27/9). El mismo Macri reconoció el respaldo brindado por Trump al acuerdo, al afirmar que el presidente norteamericano demostró “ser un gran amigo de la Argentina” (LN 9/10).

Otro actor con decisión en el buró del Fondo, que respaldó el acuerdo, fue Japón. Así lo explicó Shinji Minami, director de la Dirección de Asuntos de Sudamérica, America Latina y Caribe del Ministerio de Relaciones Exteriores: “Cambió mucho el ambiente y la posición con el presidente Macri. Se terminó de solucionar el problema de la deuda (sic). Y Macri tomó muchas políticas favorables a los empresarios” (CL 21/10). Por último, la Eurochambrers (la asociación de cámaras de comercio europeas), también respaldó el acuerdo. Su presidente Christoph Leitl comentó en una entrevista: “Conozco los problemas económicos de la Argentina, pero estoy convencido de que siguiendo el rumbo económico que se ha tomado se va a llegar a un buen final. Están en el camino correcto y eso también lo demuestra la decisión del Fondo Monetario Internacional (FMI) de ayudarlos. Desde afuera, veo que la confianza que ha generado la estrategia del actual gobierno es importante. Además, el apoyo que recibió del FMI habla por sí solo” (LN 7/10).

El contenido del acuerdo

En un documento que circuló entre los funcionarios sobre el programa financiero que se deriva del nuevo acuerdo con el Fondo, se leía: “El nuevo acuerdo alcanzado con el FMI nos permitiría prácticamente no hacer colocaciones en el mercado en lo que resta de 2018 y en la totalidad de 2019. Los desembolsos de 2018 y 2019 serán más del doble que los pautados originalmente. Con el mayor financiamiento disponible de 2018 podremos reducir el uso de caja y comenzar 2019 con un saldo disponible cercano a los US$ 5.400 millones, lo que nos da mayor flexibilidad financiera. Todo esto permite que en 2018 sólo necesitemos refinanciar el 50% de las LETE en dólares y el equivalente al 100% de las LETE en pesos, y en 2019, el 60% de las LETE (en pesos y dólares). Podríamos afrontar menores refinanciamientos haciendo un mayor uso de caja. Con este programa financiero recién tendríamos que volver a realizar colocaciones netas en el mercado en 2020” (LN 27/9). El tono de autocomplacencia del paper citado por Carlos Pagni contrasta con el corrillo que se produjo a mediados de septiembre, cuando el director del Consejo Económico Nacional de la Casa Blanca, Larry Kudlow, afirmó que la única forma de que la economía argentina salga adelante es “atar el peso al dólar” y que “el Tesoro está profundamente involucrado en esta discusión, profundamente involucrado” (Perfil 12/9). Es decir, dolarizar la economía argentina. El asunto es tan serio que el ministro Dujovne debió salir a aclarar durante su exposición en el parlamento, que “en relación a los comentarios del Tesoro de Estados Unidos, la Argentina no está embarcada en ninguna negociación de ningún esquema monetario de las características que se mencionan” (P12 21/9), algo difícil de creer, dada la contundencia del anuncio mediático. Sin embargo, esta alternativa parece haberse abandonando, al menos momentáneamente, con la ratificación del acuerdo con el Fondo.

El “compromiso” con el FMI comprende tres componentes o acuerdo parciales: uno financiero, otro monetario y por último uno fiscal. Al aspecto financiero ya nos hemos referido: establece un aumento del préstamo del Fondo y un adelanto de las partidas para ser utilizadas durante 2018 y 2019 de 37 mil millones de dólares. El acuerdo monetario reemplaza el sistema de libre flotación de la divisa yanqui por un sistema de bandas de flotación comprendida entre los 34 y los 44 pesos. La condición de la aplicabilidad de este mecanismo es una estrictísima política monetaria de emisión cero, acompañada de una desquiciada suba de la tasa de interés superior al 70% anual y la ampliación de los encajes bancarios. Ya explicaremos cómo esto reedita la bicicleta de las Lebac, que en lo formal pretende desarmar. Por último, el aspecto fiscal actuó como una precondición del acuerdo al imponerse como requisito para iniciar las negociaciones: déficit primario (anterior al pago de deuda) para el presupuesto 2019 de 0%. Esto supone un ajuste de alrededor de 500 mil millones de pesos. Desglosado, según un estudio de la fundación Mediterráneo, “el ajuste fiscal, equivalente a 2,6 puntos del PIB, (…) se basa en mayor medida en una suba de tributos (50% del ajuste), luego en una caída del gasto de capital nacional (23%), en el traspaso de gastos en subsidios a las provincias (15%), en menor gasto de capital en provincias (8%), y finalmente en un menor gasto corriente nacional (4%)” (CR 24/9).

Pesos de la bicicleta

Unilever, Nestlé, Mondelez, Kimberley-Clark, Massalin, Ford, Acelor Mittal, Bunge, Cencosud, Carrefour, Pfizer, Johnson & Johnson, Novartis, IBM y General Electric advirtieron a sus inversores que el manejo de los activos y de los pasivos monetarios, la política de stocks y de ventas de parte de la filial local debe ser analizada bajo los parámetros de una economía hiperinflacionaria. Por ejemplo, François-Xavier Roger, gerente financiero de Nestlé a nivel global, señaló que “desde el 1 de octubre estamos moviendo a la Argentina hacia un tratamiento contable de hiperinflación. Hemos aplicado el mismo tipo de medidas para Venezuela, para asegurarnos de que nuestros indicadores reflejen la realidad económica”. Y el laboratorio Novartis informó a su casa matriz que “la Argentina se ha vuelta hiperinflacionaria el 1 de julio, lo cual requiere implementación retroactiva de la contabilidad hiperinflacionaria desde el 1 de enero” (P12 20/10). Estas definiciones no sólo dan cuenta de una situación coyuntural de alza de precios, sino que −como puede observarse− refiere más bien al análisis de una tendencia perdurable. El fundamento de esta tendencia está en la fuga imparable de capitales que destruye la moneda nacional. Tan sólo el mes pasado totalizó 4019 millones de dólares y suma casi 25 mil millones de enero a septiembre. Pese a ello, Sandleris, el nuevo ministro, ratifica que “el Gobierno no cree que imponer restricciones cambiarias resuelva ninguno de los problemas de la economía. Argentina ya lo probó y fracasó. Eso fue el cepo. Nosotros no tenemos ninguna idea de restringir nada” (P12 26/9). Y, en otra intervención, aclaró más el concepto: “No nos enfocamos en fijar precios (la tasa de interés), sino que nos enfocamos en controlar las cantidades (el volumen de pesos que circula en el mercado)” (P12 23/10).

La solución encontrada por el gobierno para contener la inflación y la compra de dólares es limpiar al mercado de pesos. A esto se refiere el enunciado de cero crecimiento de la base monetaria. Para tal fin, se eleva estratosféricamente la tasa de interés regulada por la emisión de un bono de corta rotación (7 días), destinado “exclusivamente” a los bancos: el Lelic. Lo de “exclusivo” es la letra de la ley, resulta difícil no imaginar a los banqueros invirtiendo de “favor” el dinero de sus amigos inversionistas en la nueva bicicleta que está pagando intereses diariamente ¡por 1600 millones de pesos! En una proyección anual, esta cifra equivale a 20 por ciento de las reservas internacionales, a casi 2 puntos del Producto Interno Bruto y a un 1 de cada 5 dólares que el Fondo Monetario Internacional le prestó a la Argentina (P12 2/10).

Otro de los instrumentos, en este caso habilitado para los inversores, son las llamadas Lecap, aún no muy conocidas por el público en general, pero que pagan tasas del 50 al 59,3% nominal anual, aunque de mayor riesgo que las Lebac, porque tienen mayor duración que las Lebac y un mercado secundario aún poco profundo, lo que deja la posibilidad de recibir fuertes penalizaciones por su venta anticipada (LN 12/10).

De verde a rojo

Según cálculos para el primer semestre de este año, la deuda externa computa 261.483 millones de dólares, un 3,3% superior al valor registrado al término del trimestre anterior, y 27,6% por encima del resultado, al finalizar el segundo trimestre del año 2017 (P12 27/9). En el presupuesto del año próximo, de cada 100 pesos que gaste el Estado, 19 serán para esas erogaciones que, hace apenas tres años, era de sólo 6 pesos de cada 100. Según datos del Observatorio de Deuda de la UMET, el enorme crecimiento de la deuda pública total (interna y externa, en moneda nacional y extranjera), durante los tres primeros años de gobierno de Cambiemos, ha sido tal que el peso de la misma en el PBI que era en octubre de 2015 de un 40,4% y será para fines de 2018 (de no mediar otra violenta devaluación de aquí a fin de año) equivalente a un 111,4% del producto. Dicho incremento es del orden de los 102.928 millones de dólares (pasando de 253.642 millones a 356.570 millones) (P12 5/10).

Sin embargo, pese a esta inusitada incorporación de dólares a la economía domestica, las reservas son de apenas 54.042 millones, cuando a fines de junio eran de 63.274 millones de dólares. Pero esto sin contar los ingresos por el préstamo con el FMI. En total se fugaron en el año más de 30 mil millones de dólares. Pero esto no es todo. Hay otro dato que pinta la situación de manera aún más cruda, a la luz de la cual debe juzgarse todo el gobierno de Cambiemos. Según estimaciones oficiales, el PBI per cápita de la Argentina es actualmente de 7.000 dólares al año. Tan sólo un año atrás, se ubicaba en 14.400 dólares, es decir, una caída de más del 50%, el más bajo desde el 2007, cuando la Argentina se encontraba en plena etapa de recuperación del desplome de 2002, en que alcanzó el subsuelo de 2.579 dólares. En ese entonces, el PBI total era de 108.731 millones de dólares y en 2015 era de 594.700 millones. Según proyecciones del mismo FMI, el PBI de la Argentina para 2019 será de 408.030 millones de dólares (ttps://www.imf.org). La devaluación del peso deprecia todos los activos físicos del país ante el capital extranjero, incluido nuestras vidas.

Estas cifras se expresan en el presupuesto como una reducción dramática del gasto. Este año 2018, por ejemplo, mientras el pago de intereses de deuda aumentó un 55%, las partidas destinadas a la construcción de viviendas se redujeron un 43%. Mientras los gastos previsionales ascendieron un 28,2% y los salarios estatales un 17,8%, la inflación lo hizo en un 32%. “Este cuidadoso manejo del gasto público nos permitió cumplir nuestras metas fiscales por séptimo trimestre consecutivo, generando entre enero y septiembre una baja de 10 por ciento en el gasto primario en términos reales con respecto a igual período de 2017. Es el nivel más bajo de los últimos seis años”, festejaba el ministro Dujovne. Cinco son los rubros a los que se apunta para continuar profundizando el achicamiento del gasto: transferencias a las provincias, quita de subsidios, empleo público, sistema de la seguridad social y recortar el gasto en obra pública (P12 23/10). De los cerca de 500.000 millones de pesos que prevé de ajuste el presupuesto 2019 se emplearán 383.942 millones para pagar el rojo financiero. En eso consiste el saqueo imperialista. Sin embargo, como mencionamos más arriba, el 50% del ajuste presupuestario se explica por un aumento de la carga tributaria.


No te quieren como antes

En la redacción del proyecto de presupuesto, en el artículo 83º se faculta al Poder Ejecutivo a subir las retenciones hasta un 33%, en un plazo que abarca hasta el 2020, sin requerir la autorización posterior del parlamento. Si bien no se establece esa alícuota, el PE estaría autorizado, a través de la figura de “facultades delegadas”, a hacerlo de considerarlo necesario (CL 24/9). Esta cláusula es parte del acuerdo con el FMI.

Además del potencial aumento de las retenciones, el proyecto de presupuesto incorporó una reforma a la ley de “Bienes personales” que gravaba a la propiedad rural con un 0,75% de tasa. Rápidamente, la Mesa de Enlace agropecuaria se expidió en contra: es “un nuevo impuestazo al campo”, calificó. “Resulta paradójico que en un momento en el que el sector privado necesita incentivos positivos para producir, invertir y renovar la confianza en el país, desde el sector público se busque que el grueso del ajuste recaiga sobre el campo y los productores. El sector público debería dar señales concretas y palpables de estar verdaderamente dispuesto a recortar sus costos” (CL 18/10).

Días después de conocida la letra del presupuesto, se sumaron a la polémica los dichos del gobernador oficialista de Jujuy, Gerardo Morales, que reclamó un aumento en el monto fijo que paga la soja en compensación por la fuerte devaluación del peso y en concepto de “aporte patriótico” para evitar el default de Cambiemos: “En lugar de $4 por dólar, tendríamos que haber puesto $8 al menos por seis meses para recaudar más recursos por esa vía, subsidiar más a las Pymes y lograr herramientas de manera tal de resolver el problema en la cadena de pagos” (Urgente24.com 4/10).

Una herejía semejante no podía dejarse pasar. Así fue que Daniel Pelegrina, el titular de la Sociedad Rural Argentina (SRA), no perdió la oportunidad de replicarle los dichos a Morales: “Tuvimos que escuchar propuestas trasnochadas en torno a ideas que, sinceramente, creíamos perimidas, donde se habló ni más ni menos que de duplicar los nuevos derechos de exportación”. La réplica de la réplica vino vía Twitter: “La Sociedad Rural dice que soy un trasnochado por plantear aumento de retenciones. Son trasnochados los que no se dan cuenta que a esta crisis la pagan los pobres y la clase media” (Infobae 30/10). Unos días antes, había tuiteado: “Cometí la herejía de plantear medio peso o un peso más de retención, especialmente para el área núcleo que dice que son los únicos que hacen el esfuerzo cuando el esfuerzo lo hacemos todos. (…) Lo mío es en este momento de crisis donde tienen que aportar todos, una crisis que la terminan pagando los pobres y la clase media que se empobrece más” (http://www.jujuyalmomento.com 15/10).

Esta interna en la alianza gobernante guarda interés no porque demuestre el viraje del gobernador de Jujuy hacia posiciones populares y anti-oligárquicas, cosa por demás absurda; sino porque deja de manifiesto una contradicción cuyo origen es anterior a la misma formación del Estado Nacional, y que a medida que se profundice la crisis de dicho Estado tenderá a manifestarse cada vez con más fuerza. Nos referimos a la relación entre las oligarquías del interior y la oligarquía pampeana. O, dicho de otra manera, a cómo Buenos Aires y la llamada Zona núcleo fue capaz de integrar en su proyecto agroexportador a las provincias del noroeste y el noreste del país a través del reparto de porciones de la renta diferencial, fruto de su inserción en el mercado mundial. Mientras Morales reclama a la Pampa que continúe jugando ese rol histórico, el representante de la SRA le recuerda al Gobernador que esas ideas están “perimidas”, que ellos ya no juegan ese papel. Ahora se trata que se salve el que pueda.

Pero los desafíos no se quedaron ahí, y continuó el fuego amigo. Esta vez provino de otro amigo del Departamento de Estado norteamericano, el dirigente “medio opositor” Sergio Massa, quien espetó en un discurso de tono proselitista, mientras visitaba la planta de Dow Chemical: “Argentina necesita con urgencia terminar con quienes saquean al país vendiendo productos primarios, en lugar de generar empleo produciendo y exportando trabajo argentino”. La respuesta estuvo a cargo del espadachín de los pooles de siembra y ex funcionario del gobierno de Carlos Menem, el columnista de Clarín Héctor Huergo: “Señor, mientras usted habla, los productores están enterrando miles de millones de dólares, rescatados con mucho esfuerzo de las fauces voraces de la política, para regenerar el botín del que medran tantos parásitos. ¿Ha visto alguna vez un sachet de leche? Bueno, el sachet es de polietileno. La leche le agrega valor al sachet. El principal destino del polietileno: silobolsas. Cuando usted mete 200 toneladas de maíz en un silobolsa, el maíz le agrega valor al polietileno, que no tendría mercado si el ‘producto primario’ no hubiera sido producido. (…) ¿El país se primarizó? Diría que no. Lo peor es la ignorancia” (CL 12/10).

¿Pero qué es lo que está ocurriendo? Simple, la torta no alcanza para todos. En este contexto de crisis, la renta adquiere visibilidad, porque toda la estructura económica nacional está vertebrada por ella. De una manera o de otra, todas las fracciones burguesas nacionales dependen de ella para sostener su reproducción.

El mes pasado salió publicado un libro titulado “La Argentina agropecuaria”, escrito conjuntamente por Mempo Giardinelli y Pedro Peretti (este último ex director de la Federación Agraria). Según la reseña publicada por Pagina12, los autores sostienen que “la gran victoria cultural de la oligarquía argentina es invisibilizar la presencia del latifundio. La falta de debate alrededor de la cuestión agraria no es casual sino que es el resultado de una política delineada por los sectores de poder agrario. En otras palabras, el campo no somos todos. Tiene una importancia crucial, cuando Jorge Brito tiene 80 mil hectáreas, Eduardo Elsztein tiene 420 mil hectáreas y Eduardo Eurnekian, 50 mil hectárteas, por ejemplo. En un país con 45 millones de habitantes, hay unas seis mil familias que controlan el 48 por ciento de la tierra. Eso es latifundio y oligarquía. Mauricio Macri es el producto político del latifundio argentino, es el triunfo cultural más grande que ha tenido la oligarquía de este país” (P12 15/10). Es probable que la crisis que se cierne sobre todos empuje, así como en la resolución 125º, a poner en discusión esta cuestión medular de la realidad nacional.

A fines de mes se voto la media sanción del presupuesto, con reformas al artículo sobre las retenciones a la soja, que las limitan a un 30% en lugar del 33% original. A su vez, se redujo la tasa de bienes personales a un 0,25%, muy inferior al 0,75 original.

Acero al rojo

El ahogo de la actividad económica, sumado a la espiralización de la inflación, va definiendo un escenario de estanflación profunda.

Los precios a nivel mayorista subieron en septiembre un 16% frente a agosto, lo cual preanuncia que la inflación minorista seguirá en un terreno bien alto durante varios meses, con chances de arañar el 50% en todo el año (P12 19/10). No hay antecedentes cercanos que se comparen a estos niveles inflacionarios. Para encontrar valores superiores, hay que irse hasta la hiperinflación de 1990. Ni siquiera tras la devaluación de 2002 se alcanzaron números tan preocupantes. La inflación mayorista acumula un 74% en los últimos doce meses, mientras que la inflación minorista un 40,5%, lo que demuestra que aún queda mucho campo para que siga creciendo. Si hasta ahora no lo hizo fue por la fuerte contracción que está sufriendo la economía y el consumo en particular, que actúa como barrera de contención a la suba de precios. Según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas por el Día de la Madre cayeron 13,3% y el ticket promedio en los comercios relevados fue de 800 pesos, un 19,4 por ciento superior al año pasado, muy por debajo de la inflación. Las bajas más acentuadas ocurrieron en artículos para el hogar y uso personal (-16,3 por ciento), joyerías y relojerías (-16), artículos de informática, celulares y electrónicos (-14,7), calzados y marroquinería (-14,4), librerías (-14,6), servicios de estética, belleza y relajación (-14,3), bazares y regalos (-13,1), indumentaria y lencería (-12,5) y flores y plantas (-12,3 por ciento). “En artículos de computación, celulares, electrónicos y audio, las ventas cayeron 14,7 por ciento” (P12 22/10). A su vez, la venta de inmuebles y de electrodomésticos cayó en forma interanual un 25%, mientras que la de los autos 0 km y las motos lo hizo durante septiembre en un 31,5% y un 42% respectivamente (LN 8/10).

Durante el mes de agosto, la actividad industrial registró una caída del 5,6% interanual. Con excepción del sector automotor y la siderurgia, todos los rubros de la manufactura exhibieron bajas en los niveles de producción. Se destacó la merma de la metalmecánica (-10,8%), química (-9,3%), caucho y plástico (-13,2%) y textil (-16,6%). Con la baja de agosto, el acumulado de 2018 dio por primera vez un resultado negativo, del 0,8%. En mayo, la baja fue de 1,2%; en junio, de 8,1%; en julio, de 5,7%; y en agosto, de 5,6%. La debacle industrial tiene fuerte efecto laboral. Según datos del Ministerio de Trabajo, en agosto la industria destruyó 0,7 punto porcentual de empleo registrado frente a julio; y la caída se profundiza al 1,6 frente a agosto de 2017. Según la Universidad de San Martín, en julio pasado, por primera vez en la historia, el comercio concentró un número mayor de trabajadores registrados que la industria (P12 7/10).

Datos de la Secretaria de Trabajo muestran que en los últimos 7 meses la variación anualizada del empleo registrado retrocedió el 2,2%. Y se agrandó la brecha negativa entre el personal que incorporan las empresas (“tasa de entrada”) y las desvinculaciones (“tasa de salida”) (CL 21/10). Según Ecolatina, la realidad es aún más preocupante: “La cantidad de desempleados subirá, debido a que se perderán puestos netos de trabajo (especialmente en el sector industrial y en las pymes) y la búsqueda de ingresos adicionales se intensificará por la profundización de la pérdida del salario real. (…) Pese a que la ocupación trepó 2,2 por ciento (casi 250 mil trabajadores), la cantidad de desocupados subió casi 14 por ciento interanual, porque la creación de puestos de trabajo no compensó la mayor cantidad de personas buscando activamente empleo” (P12 22/9). A su vez, un informe del Observatorio de Comercio Exterior, Producción y Empleo (CEPE) −que depende de la UMET− alertó que la informalidad laboral ascendió hasta 34,3% durante el segundo trimestre del año, un aumento de 0,5 puntos en doce meses. Mientras que la reducción del empleo asalariado registrado cayó hasta el 48,6% del total, una caída interanual de 1,1 puntos (P12 12/10).

El único sector que parece estar blindado a la crisis es el bancario. Mientras en el segundo trimestre la economía cayó 4,2%, el rubro financiero creció 8,7%, de acuerdo a los datos del INDEC. Para Ariel Coremberg, profesor de Crecimiento Económica de la UBA, esto se explica de la siguiente manera: “Este desacople entre los movimientos financieros y la actividad productiva ilustra la paradoja de una economía estancada y frágil, sujeta a la volatilidad financiera, cuyas necesidades de financiamiento del sector publico genera una reactivación del sector financiero, mientras la actividad productiva tiene problemas para financiar su capital de trabajo por el encarecimiento del costo del crédito” (CL 22/9).

Pese a ello, dos cuestiones deben tenerse en cuenta. Una es que la banca actualmente recoge sus ganancias en pesos, gracias a los fabulosos retornos que le proporcionan las tasas de interés pagadas por las Lelic. Existe el riesgo de que una nueva corrida licúe dramáticamente estas ganancias. En segundo lugar, la morosidad viene creciendo. En particular, en los pagos de revolving (pagos mínimos) de las tarjetas de créditos. “La gente revoleaba el 30%, pero esa relación empezó a crecer hasta llegar al 40% y, en algunos casos, hasta el 50%”. Quienes lo tenían entre el 5 y el 10% del total de los consumos ahora pasaron a entre el 20 y 25%, por lo que cada vez más usuarios no llegan a cubrir el pago mínimo. Pero lo más alarmante fue el crecimiento de quienes ni siquiera llegan a pagar el mínimo, que trepó del 2,4% al 3,2% en julio, contra el mismo mes del año pasado, según el BCRA (CR 24/9). Nuevamente, una megadevaluación dispararía los intereses a las nubes, generando un quebranto generalizado sobre las cuentas de los bancos. Mientras tanto, las tasas actuales tienen a los bancos en el mejor de los mundos.

Se fractura el “Circulo Rojo”

Septiembre finalizó con los reclamos del Foro de Convergencia Económico, que nuclea a las 70 principales cámaras patronales del país −entre las que se encuentran la Asociación de Bancos de Argentina, AEA, AMCHAM la Cámara Argentina de Comercio y Servicios, CRA, la Fundación Mediterránea, IDEA, SRA y las cámaras comerciales de la Argentina y Chile, México y Uruguay− por el aumento impositivo que prevé el presupuesto 2019: “Es imprescindible el equilibrio fiscal, pero este debe lograrse a través de la reducción del gasto público y no mediante el aumento de impuestos. (…) El gasto público como porcentaje del PBI se ha incrementado en el período 2008-2015 en todas las jurisdicciones y se ha mantenido desde entonces en dichos niveles en las provincias y municipios. (…) Ante esta situación vemos con preocupación que se propone dar marcha atrás en la baja de impuestos distorsivos como Ingresos Brutos, impuesto a los créditos y débitos bancarios y el impuesto de sellos” (LN 20/9). Sus intenciones pueden resumirse en esta oración del documento que elaboraron: “La Argentina necesita que el sector público acompañe el esfuerzo del sector privado” (LN 21/9). Es decir, que el ajuste sea sobre las cuentas públicas y no por suba de la tributación. A principios de octubre, un nuevo documento −que exploraba la importancia del acuerdo con el FMI− deslizaba que el camino es “duro y difícil pero que la alternativa de no emprenderlo o que fracase por la falta de acuerdo político es muchísimo peor. (…) Es importante que en este difícil contexto los sindicatos y las organizaciones sociales se ‘comprometan’ en mantener la paz social”. Por último, volvía sobre el problema presupuestario, pero deslizaba la necesidad de privatizar empresas estatales: “Aumentar los impuestos a los sectores más dinámicos de la economía, para mantener privilegios y estructuras empresarias públicas obsoletas, es insostenible en las presentes circunstancias” (CR 4/10).

Pese a tan contundente respaldo al rumbo oficial, durante el mes empezaron a escucharse voces críticas que se alzaron con inusitado énfasis. Una de las mas altisonantes fue la del presidente de FCA, Cristiano Rattazzi, hasta ayer un fuerte simpatizante del “cambio” en la Argentina: “Es un delirio [la tasa de interés]. Si para controlar el dólar tenés que poner una tasa de más del 70 por ciento es que el dólar está descontrolado. Que no está en equilibrio”. Miguel Acevedo, presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), dijo que pocas veces había visto tanta catarsis en una reunión de comité como la de anteayer en la entidad fabril. “Si esto no cambia en el corto plazo, es la destrucción total” (LN 5/10). Di Fiori, presidente de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios, dijo que, aunque se mantenía optimista, las “tasas de interés no son sostenibles y si lo fuesen se va a producir una crisis más profunda”. Otro en criticar la política de tasas fue Luis Pagani, de Arcor: “Con estas tasas de interés es muy difícil, sobre todo para las pymes”. Gustavo Weiss, presidente de la Cámara de la Construcción, dijo que “quizás la caída de 2,4% que espera el Gobierno para este año sea el cálculo correcto para el promedio del año. Pero lo que está claro es que el segundo semestre va a mostrar una recesión mucho más profunda de la esperada, de entre 5 o 6 interanuales”. Y agregaba que “las tasas estas destruyen cualquier actividad productiva. El Gobierno tiene bien en claro que esto debe durar lo menos posible, pero hay mucha volatilidad aún en el tipo de cambio. Cuánto se van a mantener estas tasas; esa es la duda más importante que existe hoy en el mercado”. También Daniel Pelegrina, presidente de la SRA, reclamaba por las tasas y pedía por una mayor previsibilidad (LN 10/6). Nótese los matices en el tono del reclamo. Mientras algunos consideran la situación actual como terminal, de no revertirse en el corto plazo, otros la toman más bien como una coyuntura inconveniente, pero confían en darle tiempo al Gobierno para su plan de estabilización. Pese a ello, el arco empresarial pareciera mantenerse bastante homogéneo, tanto en sus apoyos como en sus reclamos. Aunque el sector industrial pareciera estar más urgido en sus reclamos.

Un hecho de primer orden, empero, dio por tierra esta apariencia. Se suscitó en la última quincena del mes, iniciándose con la ausencia de la UIA en el coloquio anual de IDEA. Según el portal “LetraP”, la ausencia de los industriales se debió al descontento de los “UIA boys” con la la posición que ha tomado IDEA en relación a la política oficial y a la escasa crítica a un modelo que −según ellos− afecta seriamente el porvenir de las Pymes. Además de la UIA, estuvieron ausentes los representantes de la Cámara de la Construcción (CAMARCO) y los grupos nacionales como Roggio o Eurnekian; Techint mandó a una segunda línea al cónclave. Se trata, en todos los casos, de grupos salpicados por la causa de los “cuadernos Gloria”. Los sectores que sí asistieron fueron el bancario y el petrolero (los únicos ganadores del modelo).

La fractura se dejó entrever en el discurso de apertura del presidente de IDEA y gerente de la azucarera Ledesma, Javier Goñi, centrado en las coimas de empresarios al kirchnerismo: “Hay que pasar de la hipocresía al sinceramiento. Pasar del interés individual al colectivo.(…) El hecho de los cuadernos nos hace decir basta. Es triste y lamentable lo que nos pasa, pero lo vemos con verdadera esperanza. Queremos que la justicia actúe a fondo para que el que cometió delito cumpla sus condenas. Pero, en este contexto, nosotros buscamos sostener al empresariado íntegro” (www.letrap.com.ar 17/10). Un verdadero golpe en la línea de flotación de los 40 grupos económicos involucrados en la causa, que hoy se encuentran amenazados por la Justicia argentina con la cárcel y potencialmente por la de EEUU con multas multimillonarias, como fuera el caso Odebrecht. En resumen, la fractura del “Circulo Rojo” es fundamentalmente en términos del posicionamiento frente al Gobierno y a su estrategia política y económica.

Una semana después, ocurrió otro hecho de importancia aún mayor. Según reveló el periodista Alejandro Bercovich, “el presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Miguel Acevedo, se sumó en Lanús a una mesa secreta de diálogo multisectorial que congrega a sindicalistas, referentes de los movimientos sociales y a la Iglesia Católica, donde se oyeron críticas furibundas al plan económico y donde se pactó redactar un documento conjunto con advertencias sobre la dinámica explosiva de la crisis social”. Ademas de Acevedo, a la reunión concurría el vicepresidente tercero de la UIA, el metalúrgico santafesino Guillermo Moretti. Además de sindicalistas como el canillita Omar Plaini y el aeronáutico Pablo Biró, Esteban “Gringo” Castro de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) y referentes de Barrios de Pie y la Corriente Clasista y Combativa (CCC). Todo el encuentro fue coordinado por el obispo Jorge Lugones, jefe de la Pastoral social y hombre cercano al Papa. También se supo que la Federación Agraria y CONINAGRO fueron invitadas informalmente para participar en las futuras reuniones (www.baenegocios.com 26/10).

Esta mesa tiene un parecido muy grande con la del 2000 al 2001, que nucleó a todas las fuerzas que conspiraron por la destitución del entonces presidente De La Rúa. Una muestra de que el tiempo de Cambiemos está llegando a su fin. Aunque es sabido que en historia las analogías nunca son buenas referencias.



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