Revista Mensual | Número: Noviembre de 2018
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Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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Entre el caos y lo nuevo

Pinta tu aldea
Entre empujones y paraguas
Caminos y Precipicios
Corte a medida y justicia selectiva
Violentos sólo con los pequeños
De la mesa del patrón al camino de liberación
Midiendo el frente patriótico
Sin margen para no ver el bosque
Conducir a todas las fuerzas nacionales


Las fisuras en el frente oligárquico y el movimiento obrero en el centro del movimiento nacional

Entre el caos y lo nuevo

“Veo en sus claros ojos revolución sin armas ni banderas ni religión

ojos claros y oscuros, de tierra y miel con nombre de otros dioses bajo la piel

lejos de los engaños del mercader, del dolor de los templos y del poder;

 

”Tengo conmigo otro dios escapado de la cruz a la luz de la luz,

furioso retador del poder y el deber y de los imperios de la razón.

Tengo conmigo otro dios que nació en un cantegril en el medio de mil

y que no vale más que un hombre común, con su soledad, tengo otros dios.

Muchos dioses, el mismo dios, llevan prendido el mismo farol,

mendigando en un callejón de la indiferente civilización;

 

”Una mujer morena suelta flores en el mar, un hombre viejo llorando en una catedral,
un peregrino en el desierto de la humanidad, un hombre santo rodeado por la soledad,

con sus preguntas sin respuestas van a transitar por los caminos que llevan a a un mismo lugar,

a la tierra de los hombres, de los hombres alfareros, del destino verdadero, a los viento de la libertad,

al urgente firmamento de los pobres, un planeta que se esconde, que tendremos que buscar”

(Agarrate Catalina- Murga Uruguaya)

 


Como venimos analizando hace meses, las tensiones en el nucleamiento político expresado en el gobierno crecían, al calor de las contradicciones que anidan en su propio frente. Los intereses de los monopolios extranjeros −siempre prestos a las ganancias rápidas, al saqueo y a la timba financiera en medio esta crisis mundial que ya lleva 10 años−, los de la oligarquía terrateniente −cada vez más amenazada por esos mismos grupos monopólicos−, los de la llamada “patria contratista” −capitales “medios” a nivel mundial, que sin la “cartelización” mafiosa que les permite controlar la obra pública no pueden sobrevivir− y los de las “capas medias” que apoyaron a Cambiemos, chocaban, fisurando una y otra vez su fuerza.

La concentración de capitales a nivel global no perdona. Por lo tanto, el ajuste impuesto por el gran capital trasnacional, a través del FMI, llega hasta las altas esferas del capital local, con su consecuente traducción en la superestructura jurídica y política.

En ese marco, veremos cómo cae la confianza de la población y crece el descontento. Cómo este intenta ser acallado mediante la represión directa y la creación de un caos “controlado”. En ese marco, veremos como creciente represión se encontró con la resistencia popular.

Y mientras se cristaliza una situación de hundimiento general de los partidos, los escribas de turno se vanagloriaban de ese hundimiento, puesto que era uno de los pocos caminos que parecían darle una pírrica ventaja a Macri para el 2019.

Analizaremos también los virajes dentro de la estructura clerical y cómo continúa el proceso de reconstitución de un frente nacional, donde el movimiento obrero tiene un papel mucho más destacado.

Pinta tu aldea

La causa de los “cuadernos gloria” es sin lugar a dudas el capítulo nacional de la inmensa lucha comercial y financiera que entablan diversos grupos y sectores económicos en el mundo, como lo es el Lava Jato en Brasil. Como no nos cansamos de repetir, los monopolios imperialistas no tienen tiempo; y la imposibilidad de resolver la crisis en que se hallan sumidos hace tiempo –imposibilidad de incluir a todos los capitales en la reproducción− tiene su contraparte en la luchas cada vez más facciosa en el plano de la política.

Desde esta perspectiva, es que debemos analizar el profuso trabajo de inteligencia que se realizó contra el gobierno anterior por el ignoto “remisero” que terminó siendo “ex-agente” de inteligencia, y las novedosas aplicaciones legales de un aparato judicial que, en parte, busca constituirse como una herramienta de encarcelamiento selectivo de políticos y empresarios adversos a los planes imperialistas en el país.

Este hecho esencial que oculta la afanosa “lucha contra la corrupción” del régimen macrista y sus jueces adictos es lo que nos permite utilizar “la causa de los cuadernos” como una lupa que permite ver las fuertísimas disputas surgidas en el seno de la alianza social que sustenta a Cambiemos en el poder. Los sectores oligárquicos y el imperialismo buscan atacar a los sectores de “la patria contratista” y, a pesar de que todos fueron invitados a la fiesta, algunos van volviéndose antes de la cena. Es así que La Nación, tribuna oligárquica por excelencia, decía: “Cuando desde algunos sectores políticos o empresariales se menciona la necesidad de ‘encapsular’ la causa derivada de los cuadernos, (…) se oculta la intención de circunscribir el escándalo a sólo un área del Estado. Lo esperable sería que se profundizaran las investigaciones y que pronto desfilaran por los tribunales otros ex-funcionarios y hombres de empresas que hicieron negocios espurios a través de muchas otras dependencias estatales. (…) El propósito del Poder Ejecutivo Nacional de distinguir entre los empresarios corruptos y las empresas para no frenar obras públicas no debe ser cuestionado, mientras no configure una amnistía encubierta. (…) Es evidente que quienes pagaron coimas, aun cuando se acojan a la figura del arrepentido, deberán hacerse cargo de los daños ocasionados al erario público. (…) La tan esperada inversión genuina, aquella que asume riesgos, solo llegará a la Argentina cuando podamos demostrar que el cáncer de la corrupción pública ha sido erradicado” (LN 7/10). Los objetivos eran claros. Que la causa de los cuadernos rompa el control que ciertos grupos económicos (poco competitivos en términos globales) tienen sobre los contratos de la obra pública. La consecuencia obvia es la apertura de ese mercado a grandes inversores extranjeros. Pero daba la impresión de que el asunto no se circunscribía a la obra pública, puesto que en el mismo editorial se pedía sentar en el banquillo de los acusados a Jorge Brito, uno de los jefes históricos de la “banca nacional”.

Esa misma tensión inter-burguesa que afloraba en lo judicial, entre el capital trasnacional y sus socios locales, era lo que ponía fin el mes pasado al “gradualismo” y abría definitivamente la estrategia de shock, impuesta por el imperialismo, con su “mano invisible”, “el mercado” – vía corrida− y su mano visible, el FMI.

Es así que, ante la crisis política derivada de la devaluación que disparó la inflación y enfriaba la economía, se desmoronaba lo poco que quedaba del plan económico. Con una economía en estado calamitoso, el 25 de septiembre, el gobierno buscaba garantías jurando lealtad al Sheriff norteamericano en la ONU, mientras en nuestras tierras se realizaba el cuarto paro nacional a la gestión macrista, que acumulaba cada vez más críticas, de propios y extraños.

En Nueva York, Macri recitaba el credo yanqui. Anunciaba su lucha contra Venezuela, atacaba a Irán por el caso AMIA, festejaba “la construcción de confianza mutua y el diálogo amplio y positivo” que entabló su gobierno con Inglaterra por el diferendo de Malvinas y, para coronar esta política de suma genuflexión, agradecería una y otra vez el apoyo del mundo, “especialmente de Estados Unidos, de toda la población americana” (LN y P12 26/9). Pero como “mejor que decir es hacer”, también definía la salida de Luis Caputo (LN 26/9) quién −además de ser recordado por una gestión en el Banco Central en la que el dólar pasó en tres meses de $28 a $40− estaba obviamente vinculado con la burguesía lumpen local, que vive de la obra pública, a pesar de haber prestado servicios para el JP Morgan. Su reemplazante sería Guido Sandleris, hombre de Dujovne y uno de los encargados del acuerdo con el FMI.

Es importante saber que uno de los disparadores de la salida de Caputo fue el desaire que le hizo el FMI, negando que se hubiera cerrado un nuevo acuerdo con aquella institición, a pesar de que el funcionario ya lo había anunciado con bombos y platillos. La “agachada” le sirvió al organismo para poner en su lugar un perro más fiel, menos comprometido con los “pequeños negocios”.

Era claro que el Gobierno se jugaba en el apoyo norteamericano su continuidad, mostrando sus debilitados lazos con los intereses locales, pero todo el asunto estaba lejos de ser sólo una crisis argentina, era parte de la crisis global. Como indicaba el escriba oligárquico Francisco Olivera, la Casa Blanca ponía especial atención en el Lava Jato y en la causa de los cuadernos, no sólo porque las implosiones de los sistemas de obra pública en Brasil y la Argentina les abría oportunidades de participar a empresas norteamericanas, sino porque sostener su hegemonía en la Argentina era crucial en su disputa con China (LN 27/9). Pero el experimento yanqui es complejo. Puesto que debe someter a los grupos locales, sin generar una turbulencia política tan grande que signifique un nuevo foco de oposición en América Latina, de modo de hacer peligrar la enloquecida succión de recursos que necesita la decrépita economía norteamericana. Esta tensión global era lo que orientaba la estrategia macrista de seguir pidiendo, a pesar de que no había podido cumplir una sola meta de las acordadas con el FMI poco más de un mes antes.

Esta situación se volvía clara con el hecho de que, en medio de su viaje a EEUU −que sin acuerdo con el fondo era casi una huida por la complicada situación del país−, Macri era reconocido nada menos que con el premio Global Citizen Award, entregado anualmente por el Consejo del Atlántico Norte, núcleo político de la OTAN (P12 26/9). Dando continuidad al trato que unos días antes el gobierno de EEUU había dado a la Argentina, en un comunicado oficial en donde era elogiado su papel en la lucha contra el socialismo y por su carácter de socio “extra-OTAN, una condición que sólo tienen 17 naciones en el mundo, entre ellas Israel, Japón, Corea del Sur y Australia” (LN 22/9). En su discurso, Macri era trasparente: “Tomo este reconocimiento para todo el pueblo argentino por el valor que mostró para detener el proceso de convertirnos en otra Venezuela” (P12 26/9).

Nos toca ahora recorrer como se expresó esta tensión entre los grupos locales y el sector externo en el plano superestructural.

Entre empujones y paraguas

Como decíamos, la indiscutible llegada de la recesión, con inflación y devaluación era el terreno donde se desarrollaba la política entre finales de septiembre y finales de octubre. La situación estructural parecía impactar fuerte en el humor social. Lucas Romero, jefe de la consultora Synopsis, citado por Clarín, avisaba del deterioro de la imagen de Macri en octubre. En un mes, había caído -0,9% la imagen positiva, mientras la negativa subía 3,8%, lo que profundiza el diferencial negativo de imagen en -23,3%. Además, “el mentiroso matutino” decía que la preocupación por la inflación supera en octubre nuevamente la barrera del 40%, y junto a la preocupación por el desempleo (que crece +0,5) impulsan las preocupaciones económicas al 58,9%. Al mismo tiempo, se registró una caída de la preocupación por la corrupción (-5,3%), que queda relegada al tercer lugar en el ranking de preocupaciones. (…) La percepción negativa de la situación actual del país llega en octubre al 73,1%, mientras que los que consideran que hoy el país está mejor que un año atrás sólo representan el 4,4%. La misma visión negativa sobre el presente se verifica a la hora de evaluar la situación personal de cada uno, ya que el 69,2% cree que su situación empeoró en el último año, y sólo el 5,1% cree que mejoró” (CL 10/10).

Pero al descontento debía sumarse una novedosa forma de tarifazo. Anunciaba el ejecutivo un aumento en las boletas del gas retroactivo, que podría pagarse hasta en 24 cuotas (CL 8/10). Tenía por objeto compensar a las empresas proveedoras por la devaluación. El disparate era rechazado hasta por los más íntimos, que sentían que la medida era la gota que colmaba el vaso. “Mauricio Macri acostumbra a equivocarse. El saldo es, otra vez, un mayor deterioro de su capital político. (…) Volvió a olvidarse de comunicar a la UCR una decisión que cobija un daño electoral, sobre todo en la base social de ese partido”, decía Carlos Pagni, uno de los periodistas estrella de La Nación, otrora compañero en la TV del ministro Dujovne (LN 11/10). Una de las máximas preocupaciones era la pérdida de apoyos que estas medidas significaban en las capas medias. La consultora de Raúl Aragón hablaba de una caída del 12% entre los sectores medios, pero Pablo Knopoff, director de Isonomía Consultores, hablaba de una merma del 20%, que pasaba de un 60% a un 40% en las capas medias (LN 11/10 y 14/10). Además, se conocía −a través de una encuesta conjunta de la consultora Poliarquía y el centro Woodrow Wilson− que el FMI es el organismo internacional con peor imagen en la Argentina, dado que el 56% de los argentinos tiene una imagen adversa de él. Este índice triplica el del Mercosur y el de las Naciones Unidas, y duplica la de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Esto alejaba al sector del peronismo que acompañó a Macri en los inicios de su mandato. Graciela Caamaño, jefa del bloque del Frente Renovador, mujer de confianza de Sergio Massa en el Congreso y esposa de Luis Barrionuevo, atacaba: “El Gobierno vuelve a ‘asaltar’ los bolsillos de los usuarios. (…) Camuzzi [empresa de trasporte gas] en 2016 tenía resultado negativo, pasó a ganar $1.368 millones en 2017, y 51% más interanual en 2018. Si no es gobierno de ricos, ¿qué es?” (CL 8/10).

El caos parecía sangre que llamaba a los lobos. Así, otro exponente del peronismo “pro-buitre”, Juan Manuel Urtubey, se distanciaba del gobierno: “Cambiemos y el kirchnerismo son dos caras de una misma moneda”, blanqueando sus aspiraciones presidenciales con su foto junto a Sergio Massa, Juan Schiaretti y Miguel Pichetto (LN 20/9).

Pero los aliados implícitos no eran los únicos que alzaban la voz contra el Gobierno. El gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, se sumó a los rechazos al esquema de incrementos en el gas, marcando diferencias dentro de Cambiemos, al afirmar que habían acordado que no habría nuevas subas: “Habíamos hablado otras cosa. Yo recién me entero de esto; (…) no comparto este tema porque ya las boletas han venido muy elevadas” (CR 7/10).

Uno de los hitos, dentro de estas desavenencias que cosechaba el Gobierno, fue el de una de sus más importantes aliadas, la agente Elisa Carrió, quién decía: “Perdí la confianza en el Presidente; (…) se rompió el pacto contra la impunidad que tenía con él”. Aclaraba, eso sí, que iba a “garantizar la gobernabilidad”, que no se va a ir de Cambiemos (LN 7/10). Sin embargo, aclaraba: “Siempre dije que el Presidente está entre la línea de Angelici y la línea Carrió. Y va a tener que elegir. Elige o cae”. Sus argumentos estaban vinculados con lo que tratamos en el apartado anterior. Carrió, de fuertes vínculos con los servicios de inteligencia norteamericanos –como veremos más adelante−, era una de las fuertes voces que buscaban encarcelar a algunos de los más importantes empresarios de “la patria contratista”, cueste lo que cueste. Es así que anunciaba que iba a pedir el juicio político al ministro de Justicia, Germán Garavano, porque garantizaba la impunidad a Angelo Calcaterra (LN 7/10, P12 8/10), primo y señalado como testaferro de los Macri.

Hasta el Foro de Convergencia Empresaria, sínodo desde donde los capitales norteamericanos comandan a lo más encumbrado del empresariado local, elevaba en un comunicado sus críticas por los aumentos de impuestos: “Es imprescindible el equilibrio fiscal, pero este debe lograrse a través de la reducción del gasto público y no mediante el aumento de impuestos” (LN 20/9). O sea, pedían más ajuste.

En este marco, comenzaban a darse ciertos matices entre la gestión bonaerense y la nacional. En medio del coloquio empresario de IDEA, “la hechicera” María Eugenia Vidal decía: “No quiero una Argentina cerrada en la que los únicos amigos sean Venezuela e Irán, ni una en la que el narcotráfico se lleve puesto a nuestros hijos. Quiero la de los Juegos Olímpicos, la del G20. (…) Nosotros los necesitamos. Para sostener el empleo e incrementarlo. Para sostener a las pymes en este momento. Los apoyamos con garantías a través del Fogaba, bajamos Ingresos Brutos, pero necesitamos que ustedes cuando trabajan con pymes les paguen al día, necesitamos que las ayuden a crecer” (CR18/10) Sus palabras tenían una fuerte significación. Por un lado, indicaba que era garantía de la política de lucha contra la revolución bolivariana y la revolución iraní, dos de los grandes rivales que el imperialismo tiene en el “Tercer Mundo” para sostener la hegemonía absoluta de la propiedad privada. Pero, al mismo tiempo, pedía colaboración al empresariado, admitiendo, sin decirlo, que la Argentina crece centralmente por el mercado interno −un postulado kirchnerista eternamente denostado por Cambiemos−, que es integrado y alimentado por una infinidad de pymes. Denunciaba sutilmente, además, el accionar que las grandes empresas cultivaron en los últimos años: pagar a sus proveedores pyme a veces con 90 o 120 días de plazo, usándolos como financistas obligados, ante las exorbitantes tasas de interés.

Esta larga lista de choques en la alianza gobernante marcaba dos líneas que podemos encontrar en toda América Latina, entre los sectores políticos de la anti-patria. Por un lado, una “línea dura”, indefectiblemente vinculada a los aparatos de inteligencia norteamericanos y con poca apoyatura local (más allá de los intereses de los monopolios extranjeros en el país), que busca instalar la hegemonía norteamericana, aunque eso signifique dejar tierra arrasada- porque el nivel de concentración y la necesidad de succionar valor hacia los centros imperialistas no permiten ya casi alianzas. Y otra, expresión en general de los empresariados locales o las oligarquías más o menos decadentes, que reconoce que las condiciones políticas que necesita el imperialismo no los contienen siquiera a ellos, aunque saben que su existencia supone un orden mundial comandado por EEUU. Ambas posturas son irracionales y expresión de la crisis estructural del capitalismo global, que debe, para salvar su centro, colapsar la propia estructura de los estados-nación, que supo darse como base para su dominio mundial.

En la Argentina, esta contradicción tiene un condimento más. La figura que los 147 grupos que comandan la economía mundial hallaron como salida para “sacar al populismo del Gobierno” pertenece al seno mismo de este empresariado local, cuyo “espacio vital” es el mercado interno y desde hace años sólo se sostiene en base a las prebendas del Estado (la famosa “patria contratista”). El gloria-gate y la disputa protagonizada por alguien que proviene del riñón de la embajada yanqui y sus servicios de inteligencia, como la doctora Carrió, contra altos funcionarios y otros empresarios ligados al Grupo Macri es la puesta en superficie de esta contradicción insalvable.

Pero como ninguna clase se suicida, debemos recorrer el proceso real de lucha que se da en estas tierras. Veremos entonces los caminos de salida que buscaba la cada vez más acorralada, por sus propias contradicciones, fuerza social oligárquica.

Caminos y Precipicios

Con un rechazo masivo al acuerdo con el fondo y una caída del 20% en los apoyos que recibía de las capas medias, el ex ministro, rebajado a secretario de energía, Javier Iguacel, explicaba que “la mayoría de la gente que se queja del aumento de gas son kirchneristas, (…) militantes que quieren meter miedo; (…) no es una compensación a las petroleras” (LN 7/10). Pero, a pesar de la paranoica defensa del petrolero caradura, el Gobierno daba marcha atrás con la medida y acordaba que el Estado iba a pagar el retroactivo (LN 11/10). Cristina Kirchner marcaba lo obvio: “El Estado se haría cargo de una parte de la rentabilidad de las empresas en materia de tarifas de gas, por el impacto que tuvieron en sus balances por la devaluación. De Guatemala a Guatepeor” (Ámbito financiero 10/10).

De la defensa de los subsidios como medio de sostener las súper-ganancias de las empresas de servicios, el Gobierno pasaba a debatir el nuevo presupuesto que contenía la aplicación del acuerdo con el FMI, es decir, la política del doble 0: 0 déficit, 0 emisión. Esto significaba ajuste y recesión, para frenar el dólar y la inflación, en base a un débil equilibrio financiero, por la infinidad de monstruosos instrumentos como “lebacs”, “leliqs”, etc. etc., que mantenían la confianza de los inversores en base a tasas del 60 o 70%, como vimos en el artículo anterior.

Federico Pinedo decía en el Senado que “la única manera de crear producción y trabajo, bienes y servicios, es con confianza”. Y que esta sólo volvería si ser terminaba con el déficit primario. Y prometía ya no un segundo semestre de crecimiento, sino una “década de desarrollo, trabajo y disminución de la pobreza” (LN 10/10). Pero la retórica daba lugar a negociaciones más terrenales. El plan del oficialismo era negociar con la política del terror. Se enviaba un Presupuesto con cláusulas tan destructivas para las economías del interior que, con tal de que no se aplicaran esas, los gobernadores comenzaron a negociar sin llegar a revisar los trazos gruesos de la entrega. Sólo como un ejemplo, los artículos 86 y 87 del Presupuesto significaban quitas que llegaban hasta el 20% en el caso de jubilaciones y pensiones, y al 10% para asignaciones, para algunas provincias. Ninguna economía ni gobierno superaba eso. Por lo tanto, la negociación pasaba por sacar esos artículos, para luego mantener en su esencia el plan del FMI.

Pero el ajuste fiscal no era el único ingrediente de la receta macrista. El ministro de producción y trabajo, Dante Sica, proponía otro camino para solucionar el desastre económico imperante: “Es necesario generar condiciones de trabajo que protejan la calidad de vida de los trabajadores, pero que no frenen los procesos creativos y de generación de empleo. Si no adecuamos nuestros marcos laborales a los cambios en la economía de los servicios, que son los grandes generadores de trabajo, seguiremos conviviendo con mucho más trabajo informal” (LN 14/10). A fines de mes, Macri era explícito en el coloquio de IDEA: “Los empresarios me dicen que no se animan a tomar una persona por todo el riesgo de litigio que les impide estar tranquilos. Hay cientos de miles de puestos de trabajo que no se generan por la legislación laboral”. Es decir que revivía la propuesta de reforma laboral, archivada circunstancialmente en diciembre pasado, luego de las multitudinarias jornadas de diciembre, que significaron un salto en la conciencia del movimiento trabajador.

Como venimos analizando, Cambiemos no tiene plan “B”, y ante la presión avanza hacia el ajuste y la reforma laboral. Todo indicaba un aumento de la conflictividad y, por eso, preparaba la “contención social”, al mismo tiempo que juntaba fuerzas para un enfrentamiento abierto.

Al mejor estilo brasilero, en el mes de octubre se daban diversos encuentros entre autoridades de la provincia de Buenos Aires y grupos evangélicos, que tendrían el encargo de contener la crisis alimentaria en la provincia en el marco de construir lazos políticos que permitan tener una infantería de fanáticos para eventuales enfrentamientos. Ante el claro viraje de la Iglesia Católica, que cada vez está más enfrentada a la alianza Cambiemos, esta buscaba apoyarse en grupos evangélicos. Es importante destacar que estos grupos cultivan ideologías profundamente reaccionarias, no casualmente nacidas a comienzos del siglo pasado en los EEUU. Principios tales como que si un hombre es exitoso, eso es prueba de que Dios lo ama. O ideologías irracionalistas, que ocultan la lucha de clases, reduciendo todos los males del mundo a cuestiones de actitud.

En medio del caos, se preparaba el enfrentamiento y las escaramuzas se daban en distintos frentes. Recorramos cómo se dieron en el ámbito judicial.

Corte a medida y justicia selectiva

A fines de septiembre, entre gallos y medianoche, Carlos Rosenkrantz era designado en la presidencia de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), desplazando a Carlos Lorenzetti, que renunciaba al cargo, sin hacer públicas sus motivaciones. Rosenkrantz, designado en la gestión macrista, “ex abogado” del grupo Clarín y famoso por fallar a favor de beneficiar con el 2x1 a militares condenados por delitos de lesa humanidad, intentaba unificar el mando de la justicia.

Dado el cambio, Clarín, con la clarividencia de quien conoce a sus empleados, explicaba que Rosenkrantz “bajará el alto perfil que Lorenzetti le dio a su gestión en la presidencia de la Corte, pondrá el foco en el rol jurídico del máximo tribunal y también reducirá el ‘corporativismo’ dentro del Poder Judicial, es decir que tendrá menos injerencia, más allá de sus fallos, en los tribunales inferiores” (CL 30/9).

A los pocos días comenzaban las disputas. Rosenkrantz firmaba una resolución donde acusaba a Lorenzetti de desmantelar el área de comunicaciones de la CSJ. La respuesta de Lorenzetti era contundente. Dijo estar “sorprendido” por “semejante mediocridad” y acusó a Rosenkrantz de querer privatizar el sitio de noticias del organismo y abandonar la política de género del mismo (LN 10/10).

La pelea, como todas, tenía una explicación. El avance de los 147 grupos en el país incluye también al viejo y oligárquico Poder Judicial, tal como venimos señalando. Lorenzetti, fiel representante de la “corporación judicial” y de fuertes vínculos con sectores del peronismo, constituía un estorbo para este avance imperial. No casualmente era eternamente denostado por Elisa Carrió, quien llegó a denunciar “un pacto espurio” entre el entonces presidente del máximo tribunal y el kirchnerismo (LN 30/10/2013), a pesar de los continuos enfrentamientos entre la CSJ y los gobiernos de Néstor y CFK.

Pero la colonización de la justicia continuaba. El oficialismo lograba ocupar otra silla en el Consejo de la Magistratura Nacional, el cuerpo encargado de nombrar y remover jueces. La fórmula de Juan Pablo Más Vélez y Diego Marías −producto de una alianza entre Pro y la UCR− ganaba los comicios que definían la representación en ese cuerpo de los colegios de abogados. Así, Cambiemos lograba arrebatar el escaño ocupado hoy por Adriana Donato, integrante del oficialismo del Colegio Público de Abogados de la Capital Federal que encabeza Jorge Rizzo (LN 10/10).

Todos estos cambios buscaban, en el marco de un Poder Judicial altamente jerárquico, controlar los estamentos superiores que permitan reprimir cualquier disidencia de tribunales inferiores, controlar los ingresos y mecanismos de expulsión, para dejar comprometidos a los jueces en sus inicios y poder amenazarlos en caso de correrse del libreto fijado.

Veamos algunos hechos más en este sentido. Por un lado, CFK no pudo apartar a Bonadío de la causa de los cuadernos, a pesar de la animosidad manifiesta del juez. La Cámara Federal rechazó la recusación de la ex-presidenta y el juez era ratificado por Casación (LN 22/9). Esto demuestra que el control sobre los órganos superiores de la justicia limita la posibilidad de defensa de los opositores.

Por otro lado, el juez de garantías Luis Carzoglio −que definió denegar el pedido de encarcelamiento de Pablo Moyano, por supuestos vínculos con la barra brava de independiente, en un claro hecho de ataque al sector del movimiento obrero que más viene asumiendo la pelea contra el Gobierno-CEO− era víctima de amenazas y operaciones mediáticas. El juez convocaría a una conferencia de prensa por estos hechos, brindando información de suma importancia para comprender qué métodos son utilizados para construir una justicia adicta. El fin de semana, previo al fallo, una operación mediática intentaba convencerlo de fallar contra el sindicalista camionero. Así, los diarios La Nación y Clarín del domingo 14 de octubre intentarían marcarle la cancha al juez: “Este magistrado, un reconocido militante del Partido Justicialista, deberá decidir si acepta o rechaza el pedido presentado por el fiscal general adjunto de Lomas de Zamora, Sebastián Scalera, para que detenga a Pablo Moyano, (…) acusado en una causa por presunta asociación ilícita. (…) Carzoglio tiene un pedido de indagatoria presentado por la fiscalía de Delitos Económicos e Institucionales, (…) otros dos sumarios en la Secretaría de Control Disciplinario de la Corte provincial, (…) una denuncia del presidente de la Cámara Penal de Lomas de Zamora, Miguel Navascues, ante la presunción de que habría otorgado la libertad a detenidos que no estaban a su disposición (…), una denuncia del gremio que agrupa a los trabajadores judiciales, por presunta violencia laboral contra el personal de su juzgado. (…) Esta medida constituye el paso previo al juicio político” (LN14/10). El prontuario del juez era una solapada advertencia: “sabemos quién sos”, parecían decir los diarios más importantes del país. A pesar de esto, como dijimos, el juez no daba curso al encarcelamiento de Pablo Moyano y denunciaba a un juzgado de Lomas de Zamora por filtraciones. “A los 20 minutos de firmada la resolución que no aceptaba el pedido de detención, mi fallo estaba en las redes sociales”, acusaba a Clarín y Nación de publicar sólo parcialmente la información de las causas en su contra y denunciaba, con firmeza, pero con delicadeza, que esa información solo podría provenir de la Procuraduría General Bonaerense, a cargo de Conte Grand. Es decir que el “apriete mediático” tenía como partícipe necesario al jefe de los fiscales. “En este país se tiene que terminar con los aprietes, con las amenazas y con perturbar el funcionamiento de la justicia”, y aclaraba que las amenazas de muerte sufridas por su mujer eran con posterioridad a la resolución que dejaba en libertad a Pablo Moyano. “Periodistas como Majul, Feiman o Lanata, dijeron que no sabían quién merecía estar más preso, si el señor Moyano o el señor Carzoglio” (América 24 17/10).

Esto vuelve a mostrarnos qué uso pretenden dar al control de las instancias superiores de la justicia los muchachos de Cambiemos. Más cuando el fiscal que pedía la detención decía que “existen motivos sobrados para apelar [la medida del juez], porque valora la prueba de manera individual y no en conjunto, como indica la buena práctica. (…) La fiscalía va a recusar al juez porque es evidente que ha tenido contacto con medios desde que se pidió la detención de Moyano y por su conferencia de prensa, de la que surgen elementos suficientes para recusarlo, porque es evidente su pérdida de imparcialidad” (LN 18/10).

En una entrevista, el procurador bonaerense Conte Grand, jefe máximo de los fiscales y primo político del periodista Luis Majul (Urgente 24 22/10), indicaba que elevarán a juicio distintas causas que involucran al ex gobernador Daniel Scioli y a los intendentes en funciones Mario Secco (Ensenada) y Gustavo Menéndez (Merlo). Y desvinculaba a sectores oficiales de la causa por el secuestro y los golpes que sufrió la docente Corina de Bonis, en Moreno, indicando que la hipótesis más solida era la de una pelea por la toma del territorio, entre bandas (LN 21/9).

De este modo, la manipulación de la Justicia era obvia, incuestionable. Su objetivo era utilizar este poder del Estado para reprimir cualquier disidencia. Pero, como veíamos, no han podido doblegar a diversos sectores del movimiento obrero. Por lo tanto, pasemos a analizar el avance en la política represiva, para controlar el caos social creciente, producto del propio modelo encabezado por el Gobierno nacional.

Violentos sólo con los pequeños

A pesar de que “la Justicia” cada vez más era una herramienta de disciplinamiento social, no todos los partidos se jugaban en canchas tan secas. Para algunos sectores, se decretaban palos, sin juicio previo.

En septiembre, Juan Grabois era detenido junto a otros dirigentes sociales −entre los que se encontraban Rafael Klejzer, el pastor Diego Mendieta y Jaquelina Flores−, cuando reclamaban la liberación de dos militantes del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) y de seis vendedores callejeros senegaleses, detenidos por defender su derecho a trabajar. La captura de los dirigentes parecía premeditada y fue muy violenta (P12 19/9). “Me habrán pegado unas 40 trompadas en la cara. (…) Y cuando ingresamos a la comisaria, ahí me pegaron peor que en la vereda. (…) Un policía me pisaba las manos, otro me pisaba los pies, mientras un tercero se me había tirado arriba y me decía ‘éste es el mano a mano que vos querías’. Y me pegaban”, contó el pastor Diego Mendieta, con los ojos en compota por los golpes (P12 20/10).

Cuando era liberado horas después, Juan Grabois declaraba: “Está volviendo la xenofobia, está volviendo el fascismo. Es terrible lo que están haciendo con nuestra patria”. En la puerta de la comisaría habían mostrado su apoyo varios dirigentes sindicales, como Juan Schmid de la CGT, Eduardo López y Roberto Baradel de Ctera y Roberto Pianelli de los metrodelegados; también políticos como Felipe Solá, Leopoldo Moreau, Victoria Donda y Emilio Pérsico.

Días después, se conocía la primera condena por secuestro y tortura hacia un grupo de 6 prefectos, que en septiembre del 2016, consignados a custodiar la “seguridad” en la villa 21-24, decidieron detener y torturar a dos pibes, Iván Navarro y Ezequiel Villanueva Moya (P12 22/9). Los chicos, militantes de La Garganta Poderosa, los denunciaron y consiguieron que sean juzgados.

Pero el accionar violento de las fuerzas de seguridad se profundizaba en el interior. En Santiago del Estero, en un violento desalojo, un campesino era baleado y prendido fuego por un grupo de más de diez policías que llegaron acompañados con un oficial de Justicia. El campesino y su familia reclamaban la propiedad de la tierra en manos de terrateniente cordobés. La familia desalojada participaba de la mesa parroquial de tierra “nueva esperanza”, formada por Curas en Opción por los Pobres. El Movimiento Campesino de Santiago del Estero (Mocase) denunciaba “la violencia estructural y (…) los modos de actuación de las fuerzas públicas siempre resguardando a los empresarios y vulnerando la vida de las personas” (P12 14/10).

En este marco, la ministra de Seguridad decía que las fuerzas armadas deben dejar de ser “sometidas y destratadas” por la justicia (P12 12/10). Aclaraba que uno de sus principales objetivos era superar el “permanente intento de desestabilización” que el sindicalismo y el peronismo ejercen desde hace tiempo. Fiel a su estilo “serio y profesional”, decía: “[Pablo] Micheli se va a quedar con las ganas y eso es lo que más me gusta” (LN 27/9); y reducía el paro nacional a un intento de desestabilización. “Tengo una convicción profunda de que para la Argentina superar este intento de desestabilización (…) es un hecho político histórico”, agregaba.

Además, la ministra denunciaba públicamente que “ciertos movimientos sociales” protegían a los narcos en algunas villas (LN 12/10).

Que el centro de las preocupaciones de la ministra de Seguridad fueran el peronismo, los sindicatos y los movimientos sociales no era pasado por alto por el imperialismo. Un informe del departamento de estado yanqui señalaba que la Argentina había redefinido con éxito su estrategia contra el terrorismo, con foco en el norte y la Triple Frontera, destacando el proyecto de reforma del código penal, que incluye más penas para terroristas y quienes financien los atentados. En el caso del atentado contra la AMIA, el reporte destaca el procesamiento con pedido de prisión preventiva por traición y encubrimiento contra la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner (CL 19/9).

Pero por si quedaban dudas sobre el uso que le imperialismo quería hacer de la Argentina, el nuevo embajador Edward Prado afirmaba: “Me siento afortunado de estar destinado en Argentina durante un período de amistad y cooperación tan fuerte entre los dos países. (…) Trump afirmó el apoyo al presidente Macri. (…) Ustedes tienen que mirar al futuro y no pueden volver al pasado. (…) Apreciamos el liderazgo argentino en impulsar soluciones democráticas en Venezuela y en Nicaragua” (CL 19/9). En este marco, Cambiemos impulsaba una ley que permitía el ingreso y salida de tropas extranjeras al país, para la realización de ejercicios militares conjuntos. El diputado de Cambiemos, Carlos Fernández, declaraba: “El mundo ha cambiado y los conflictos y el enemigo de hoy también. El cruce del crimen organizado, con el narco y el terrorismo requiere un nuevo enfoque” (CL 21/9).

El cambio de la hipótesis de conflicto iba tomando cuerpo. Durante la gestión de Nilda Garré –entre 2005 y 2010−, la Argentina se preparaba para la defensa de sus recursos naturales, contra un enemigo con un poder bélico muy superior. Ahora, la nueva hipótesis era una nota al pie de los planes norteamericanos en la región y en el mundo. La lucha contra el “monstruo de mil cabezas narco-terrorista-mafioso”, es la nueva versión del enemigo interno, con su séquito de agentes de inteligencia, violencia policial y represión abierta. Este plan lleva, como dijo el papa Francisco, sin lugar a dudas, a la “mexicanización” de los barrios obreros, es decir, a crear una situación de caos por el accionar narco, que se monta sobre la pobreza estructural, generadas por el decadente capitalismo. Este es el método del “caos controlado” que usa en todo el mundo le imperialismo yanqui.

En este marco es que debemos entender lo sucedido en el distrito de Moreno de la provincia de Buenos Aires. Allí, como venimos analizando hace meses, luego de un accidente generado por la desidia del estado provincial para reparar la infraestructura escolar, murieron dos trabajadores de la educación, Sandra Calamano, vicedirectora de la escuela 49, y Rubén Rodríguez, auxiliar de la institución. Eso desató un proceso de organización popular muy grande, donde surgieron asambleas de directores y de padres. Se realizaron multitudinarias movilizaciones donde participó toda la comunidad del distrito. Todo este movimiento logró configurar un reclamo conjunto sobre la infraestructura de todas las escuelas, y un comité integrado por organizaciones políticas, sociales y sindicales que se propone garantizar que se cumpla con las exigencias populares. En medio de este proceso, comenzaron a circular amenazas y hasta prendieron fuego una escuela, en un hecho vandálico nunca aclarado en su motivación. El hecho de mayor gravedad fue el secuestro y tortura de una docente, Corina de Bonis, a quien le escribieron en el vientre “ollas no”, como método de apriete por su participación en la olla popular que se realizaba diariamente en la plaza frente a su escuela, y que alimentaba a los chicos de la misma, mientras la escuela permanecía cerrada, como el grueso de las escuelas del distrito. Este mes, como veíamos más arriba, el jefe de los fiscales bonaerense decía que la hipótesis más fuerte era que el crimen estaba vinculado al accionar de bandas narco, e incluso ponía en duda de que la docente hubiese sido efectivamente torturada, tal como ella había declarado ante la Justicia, amparándose en las cámaras de seguridad de la zona y en testimonios de supuestos “vecinos”. Frente al avance de la organización popular, el terrorismo va apareciendo como la única herramienta para cortar los procesos organizativos.

Luego de analizar cómo se desarrolla la única propuesta del imperialismo, el caos, pasemos a analizar la respuesta de la fuerza nacional-popular.

De la mesa del patrón al camino de liberación

En el mes de la gran movilización a Luján, de la que nos ocuparemos más adelante, el clero católico no solamente mostró su rostro más progresista. La iglesia está repleta de tensiones y durante mucho años primaron sus alas más reaccionarias. Estas se expresaban este mes, haciéndose eco de los familiares de represores. La OEA, institución controlada por EEUU desde su creación, mediante su comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), retaba al Estado argentino para que “conozca y atienda en una misma mesa de trabajo las graves denuncias formuladas por dos organizaciones no gubernamentales que bregan por la vigencia de las garantías y el debido proceso en los juicios que se siguen a policías, militares y civiles por los hechos ocurridos en la década del 70” (LN 11/10). Esta comisión es un instrumento imperialista que, por apoyar circunstancialmente la lucha de nuestras Madres de Plaza de Mayo en la década del 70, es considerada como una referencia moral muchas veces para la política nacional. Con el paraguas de esta institución, representantes de organizaciones que se autodenominan defensoras de “presos políticos”, aludiendo a condenados por delitos de lesa humanidad, se reunieron con el obispo Carlos Malfa, Secretario de la Conferencia Episcopal Argentina, y con el obispo auxiliar de Lomas de Zamora, Jorge García Cuerva, auxiliar del Obispo Lugones. De la reunión participaron once organizaciones encabezadas por la Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia, que preside Alberto Solanet. Según la información aportada por la Conferencia Episcopal, la entrevista fue solicitada por los defensores de los represores detenidos, con la finalidad de entregar una carta dirigida al Presidente del Episcopado, Oscar Ojea. En esa misiva, se denuncia “la escandalosa persecución y venganza contra los acusados de crímenes llamados de ‘lesa humanidad’, por hechos ocurridos en los años setenta”. En la nota, en la que se hace referencia al gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner como “la tiranía que había avasallado todas las instituciones republicanas”, se utilizan afirmaciones del obispo castrense Santiago Olivera, publicadas recientemente en el diario La Nación, para sostener la tesis de que los condenados son “presos políticos”, por cuanto “su persecución y encierro obedece a un designio político”, y para solicitar a los obispos que alienten “una generosa amnistía” como forma de “restablecer un orden justo” y “la reconstrucción de la República”. La reunión tenía lugar tres semanas después de que el presidente de la CEA y obispo de San Isidro, Oscar Ojea, junto con el obispo Carlos Malfa, se encontraron con representantes de organismos defensores de los derechos humanos que habían manifestado preocupación por lo escrito por Olivera en La Nación (P12 24/9). Más allá de ser hoy un ala minoritaria dentro del clero, es importante tener en cuenta que Santiago Olivera, obispo castrense, es una figura que abiertamente defiende a los represores; y que Oscar Ojea mantuvo hasta hace poco una muy buena relación con el gobierno de Cambiemos, vinculo que mantiene con María Eugenia Vidal.

Como se ve, la Iglesia mantenía relaciones con todos los campos, y por eso es tan importante el viraje que viene dando, especialmente este último mes.

El sector más vinculado a las luchas populares comenzaba a manifestarse fuertemente. “El papa Francisco nos dice que estemos atentos y no pasar distraídos ante la marginalidad, que es el caldo de cultivo para distintas formas de trata y explotación”, afirmó el obispo Gustavo Carrara, vicario episcopal para la Pastoral de Villas, en una misa celebrada en la Plaza Constitución, al aire libre, en solidaridad con los excluidos y las víctimas del tráfico y la trata de personas. Y agregaba: “Pongamos manos a la obra, para transformar esas situaciones de injusticia” (LN 29/9).

También se reunía el foro interreligioso del G20, con duras críticas a la situación mundial. El arzobispo de San Juan, Jorge Lozano −conocido por celebrar varias misas a favor de la liberación de Milagro Sala−, señaló que “la situación de necesidad de muchas familias es desesperante” y que la asistencia financiera del FMI “no siempre fomenta la producción y el trabajo”. “Los gobiernos del G-20 tienen la posibilidad de asumir un papel activo en acciones que reduzcan la multiplicidad de desigualdades que afectan incluso el futuro de la humanidad”, afirmaron los líderes religiosos en la declaración final (LN 29/9).

El arzobispo de Rosario, Eduardo Martín, denunciaba que “en los barrios tenemos muertos a diario. Crecieron el consumo y la venta de drogas, las armas y el dinero negro”, en una misa en la parroquia Reina María, cuyo altar fue atacado con 15 disparos efectuados por narcos del barrio y donde pocos días antes habían amenazado al cura Juan Pablo Núñez. Otro hecho de importancia era que Víctor “Tucho” Fernández, nuevo arzobispo de La Plata, que reemplazó en forma express al conocido derechista doctrinario Hector Aguer, celebraba una oración por la paz social en la Catedral de La Plata. Fue casi un adelanto de la gran misa en Lujan, porque asistieron sindicalistas enfrentados con el gobierno provincial: el secretario general de Suteba, Roberto Baradel; el secretario general de ATE, Oscar de Isasi, procesado por la toma del Astillero Río Santiago; y el secretario general de UPCN, Carlos Quintana, entre otros. Frente a ellos, el arzobispo expresó: “No queremos esa falsa paz que a los pobres sólo les pide que confíen en recetas inseguras”. Al terminar la celebración, dijo a la prensa: “Con la gobernadora hay buen diálogo, la veo realista y sabe reconocer los problemas. Al gobierno nacional no creo que le interese conversar con nosotros” (LN 7/10).

Todos estos hechos que pormenorizamos nos sirven para comprender varias cosas. Por un lado, la renovación impulsada por Francisco llegó en pocos años a anidar en un cambio en la cúpula de la Iglesia argentina, que significa romper con 70 años de conservadurismo. En la década del 60 y 70 muchos sacerdotes tomaron un camino de acercamiento a las luchas populares, y hasta se consolidó este paso práctico en términos doctrinales como Teología de la Liberación. Pero en pocos casos estos llegaron al rango de obispos. Por otro, hay que suponer profundas luchas internas y grandes discusiones en términos de doctrina, si la dirección elegida se profundiza, en el marco de la profundización obvia del proceso económico y político. El catolicismo a nivel mundial parece buscar un nuevo rumbo, mucho más cercano a los BRICS que al imperialismo, pero viene de ser un componente orgánico de los planes de combate al comunismo a nivel mundial. El papado de Juan Pablo II, que combatió en todo el mundo (especialmente en América Latina) a la Teología de la Liberación, es la prueba de ello.

¿Cuáles son las fuerzas que impulsan este cambio? Como solemos decir, los monopolios, por el grado de desarrollo de las fuerzas productivas y su grado de concentración, no pueden más que destruir las condiciones de sociabilidad mínimas en inmensas regiones del mundo. En Medio Oriente, por ejemplo, el catolicismo sufrió una dura enseñanza. El Estado Islámico asesinó en masa a cristianos sirios e iraquíes (Infobae 4/9/2016). El papa denuncia hace años la situación de Tercera Guerra Mundial “en pedazos” que vive la tierra, que aparece en el horizonte como la consecuencia obvia del desquicio capitalista. Esta comprensión es la que conduce el viraje de una de las organizaciones políticas más antiguas y universales de la humanidad. Pero debemos recordar que no existe organización de ninguna especie por fuera de las clases en pugna. No existe su movimiento autónomo; por lo tanto, el destino del clero está fijado por el destino de la clase a la que sirva.

Veamos ahora con más detalle cómo se movieron las piezas al interior del frente nacional.

Midiendo el frente patriótico

Los movimientos políticos dentro del frente nacional se mantuvieron centralmente en los marcos de la creación de acuerdos electorales para el año que viene. Expresión de ello eran los diferentes actos por el Día de la Lealtad Peronista, realizados el 17 de octubre. En todos se hablaba de las diferentes posibilidades para alcanzar un triunfo electoral.

Por un lado, el gobernador de Tucumán, Juan Manzur, encabezaba uno de los actos en su provincia. Allí se reunía el sector del llamado Peronismo Federal, más alejado del kirchnerismo. Además de los gobernadores Sergio Casas (La Rioja) y Lucía Corpacci (Catamarca), participaban varios dirigentes del Frente Renovador, como Sergio Massa o Marco Lavagna, además del senador Miguel Ángel Pichetto, el ex gobernador Daniel Scioli y el sector de los “Gordos” y los “Independientes” de la CGT.

El acto fue utilizado por el gobernador Manzur para lanzar su candidatura a la reelección, bregando por la “unidad del peronismo” para 2019. Todos los discursos fueron profundamente críticos del gobierno de Cambiemos. Sergio Massa dijo que “nuestra patria está en peligro”. Hector Daer pidió “que el próximo gobierno vuelva a ser peronista (…) sino nuestro país no tiene futuro” (CL 18/10).

Lejos de lo que se suponía, no primó la diferenciación con el kirchnerismo, sino que más bien pareció tenderse una mano genéricamente hacia todos los sectores. También Gioja, repuesto en la presidencia del partido a nivel nacional, luego de la aventura de Luis Barrionuevo, fue tajante, “lealtad es unidad”, y propuso una gran PASO para el año que viene.

Por su parte, el sector del PJ de la provincia de Bueno Aires, nucleó a sectores moyanistas, kirchneristas y a los intendentes del conurbano. También ahí se lanzaban loas a la unidad. “El mensaje de Perón tiene mayor actualidad que nunca; nos pidió que nos unamos, que sobre la hermandad de los que trabajan se construirá la patria para todos los argentinos”, sostuvo el presidente del PJ Bonaerense y anfitrión como jefe comunal de Merlo, Gustavo Menéndez (Diario Registrado 18/10).

Otra vez, el empuje del movimiento obrero, próximo a realizar la importantísima concentración en Lujan y luego de haber lanzado el Frente Sindical para el Modelo Nacional, sumado el desastre macrista, empujaba la creación de un frente único electoral.

Sin embargo, era claro que en ese marco la figura que más aglutinaba y que más representaba en términos de políticas de gobierno seguía siendo CFK.

En este sentido, días después de la movilización a Luján, que significó el acercamiento y reivindicación del clero a los sectores sindicales, Facundo Moyano, Daniel Arroyo y Felipe Sola formalizaban su alejamiento del FR. La divisoria de aguas era clara: “Massa quiso armar la avenida del medio y eso no ha sido posible. No hay una avenida en el medio. (…) Yo no quiero ir a una elección con dos peronismos. El que trabaja para que haya dos peronismos trabaja para Macri. Y yo quiero ganarle a Macri representando a un peronismo unido”, afirmaba Felipe Solá en la conferencia de Prensa. Facundo Moyano decía: “No se puede negar a Cristina Kirchner porque sería negar el 37 por ciento de sus votantes”. Pero el acercamiento al kirchnerismo no se terminaba con Felipe Solá y Facundo Moyano. Victoria Donda y los diputados del movimiento Evita se unían en un interbloque con los escindidos del FR. Eran movimientos de acercamiento al kirchnerismo.

La Nación nos explicaba el fenómeno: “Aunque a algunos les pueda parecer paradójico, cuando más apremiada está judicialmente Cristina Kirchner, más potencia su proyecto político. Ocurre que según las encuestas, el daño que le provoca el caso de los cuadernos es superado por el beneficio que le genera el peor momento económico del macrismo” (LN 19/9).

La estrategia era la unidad de la oposición en una gran interna, para ganarle al macrismo. Eso estaba claro. Pero el contenido de esa unidad, lo que le quitaría el carácter de “rejunte”, eso no estaba claro. Las pocas propuestas que aparecían venían del lado del kirchnerismo. El referente de La Cámpora, Andrés Larroque, analizando el devenir de los últimos años, decía: “Enfrentamos un poder muy grande, una confluencia de sectores que se habían dividido entre 2001 y 2003, y que se reunificaron entre 2008 y 2013. A partir de 2011, se empezó a fragmentar nuestro frente político. Por diversas cuestiones, por ambiciones, por sectores que no tenían voluntad de profundizar, por diferencias metodológicas con la conducción. Finalmente, llegamos a 2015 con un candidato que no expresó al conjunto. (…) [Scioli] es un dirigente moderado y quizá no era el momento para un dirigente moderado, porque había y hay una polarización muy clara de modelos y él, con toda la buena intención, no pudo capitalizar ese escenario. Y sentenciaba: “Más allá de las medidas urgentes para salir de la crisis, a la sociedad hay que plantearle la necesidad de una fuerte participación y de un nuevo diseño institucional. Y eso requiere debatir una nueva Constitución” (LN 7/10).

El planteo autocrítico, viniendo de la conducción de un sector –el de la juventud de capa media intelectual− en el que se apoyaron fuertemente los gobiernos kirchneristas –creyendo incluso que ese podía ser el eje articulador del proyecto nacional anti-oligárquico−, no es menor. Tres cuestiones aparecen en este punto. Primero, el reconocimiento de la fractura del frente nacional como eje central de la derrota electoral en 2015, aunque aún sin identificar el contenido profundo de esta fractura (el eje todavía se centra en los “egos”, en las “ambiciones” de ciertos dirigentes, y no en las concepciones y la mirada de clase que contienen dichas actitudes y “metodologías”) . Segundo, la idea de que se perdió por no profundizar, por no ir más a fondo en la pelea contra el enemigo, aunque se ponga aún el eje en la “moderación del candidato”, y no en las limitaciones de la concepción dominante en el frente nacional –producto de mirar aún el enfrentamiento contra la oligarquía imperialista desde los ojos del empresariado mercado-internista y, por lo tanto, creyendo que a aquella se la puede “controlar”, sin derrotarlo definitivamente−; hecho que dio como resultado a aquel candidato y no a otro que expresara la profundización del enfrentamiento contra la oligarquía. Tercero. La identificación de que se intentó avanzar contra la oligarquía con el mismo aparato de Estado que esta construyó en pos de sus intereses, y que eso limitó el proyecto transformador. De allí la necesidad de “un nuevo diseño institucional”, “una nueva Constitución”, que se centre en una mayor participación popular. Qué implicancias tiene esto último y cómo se construye, escapa al análisis del diputado. No obstante, son pasos, enseñanzas que la derrota va dejando, y de las que algunos van tomando nota.

Concentrémonos ahora en mirar los hechos realizados este mes por el movimiento obrero.

Sin margen para no ver el bosque

Como señalamos, el movimiento obrero mantenía un alto grado de conflictividad. Cinco de los seis gremios aeronáuticos lanzaban un “plan de lucha conjunto”, con reclamos salariales y contra la política de apertura del mercado y precarización laboral (CL 30/9). Los docentes también realizaban varias jornadas de paro por reclamos salariales y por las pésimas condiciones edilicias de las escuelas (P12 9/10). Los metalúrgicos marchaban en reclamo de reapertura de paritarias (P12 16/10).

Los trabajadores del Astillero Río Santiago realizaban una toma del Ministerio de Economía provincial, en reclamo de insumos para poner en funcionamiento el establecimiento. La toma se extendió por 12 horas, y duró hasta que los funcionarios se comprometieron a enviar insumos (LN 20/9).

Pero el 14 y el 18 de diciembre seguían pesando en la conciencia. Cada vez había menos lugar para reclamar que el gobierno o los empresarios cambiasen el rumbo. Por este motivo, la CGT se movilizaba conjuntamente con la CGERa (que reúne al empresariado medio) al Ministerio de Producción. Representantes de Smata, UOM, Alimentación, Sanidad, Ladrilleros, Calzado, Panaderos, Tabaco, Textiles, Curtidores y Pymes industriales presentaban un petitorio que rezaba: “Hace ya casi un año que el Gobierno resolvió festejar el resonante triunfo electoral de octubre de 2017, con un reforma previsional que recortaba la fórmula de actualización de los haberes jubilatorios y el impulso de una reforma laboral destinada a recortar derechos a todos los trabajadores. Desde aquellos días hasta hoy, la degradación de la situación social y laboral de los argentinos ha sido permanente y sostenida”. Se exigía además la prohibición de los despidos, aumento de salarios y el fomento crediticio para las Pymes (LN 10/10). Es decir que se asumían varios de los posicionamientos que el Frente Sindical para el Modelo Nacional (FRESIMONA) había plantado el 20 de septiembre en Ferro.

El cuarto paro nacional marcaba el tiempo y estimulaba la conciencia de todos los trabajadores. Había que definir si se iba a combatir contra este modelo. Un caso emblemático era el de los petroleros privados de Chubut, que en asamblea de delegados votaban adherir al paro nacional, a pesar de que cada trabajador podía perder entre 12 y 30 mil pesos por ese día de trabajo. El secretario general del gremio, Jorge Ávila, intentaba hacer equilibrio: “No podemos permitir que alguien que trabaje 8 horas pague impuesto a las ganancias. (…) No trae ningún beneficio aparente parar cada tres meses” (CL 23/9). Estos hechos mostraban cómo la situación de crisis social afectaba hasta a los sectores más encumbrados del movimiento obrero. Como repetimos hace tiempo, el proceso de concentración viene a destruir los privilegios de los otrora gremios incorporados al sistema y, por lo tanto, empuja a los trabajadores a asumir desde una perspectiva más global la realidad.

Previo al paro, y como una forma de marcar la confrontación con el gobierno, las dos CTA −acompañadas por los sectores nucleados en el FRESIMONA−, realizaban una multitudinaria movilización a Plaza de Mayo. Allí, Hugo Yasky, de la CTA de los Trabajadores, indicaba: “Esos que en Washington venden a la Argentina, a Brasil y a la región como el patio trasero. No. Este no es el patio trasero. Esta es la región que tuvo a San Martín y a Simón Bolívar. No vamos a volver a ser colonia, ni nos van a entregar como si fuéramos simplemente un botín de guerra. Vamos a reivindicar nuestros derechos (CL 24/9).

En la movilización, Pablo Moyano era entrevistado: “Nos llama la atención que [Macri] haya largado su reelección en EEUU con Donald Trump y el Fondo Monetario Internacional. Esperemos que alguna vez escuche al pueblo argentino, al 70 por ciento que la está pasando mal. Sólo escucha a los empresarios, al FMI y no escucha esta plaza impresionante”. Además, agregaba que “hoy hubo mucho gremio de la CGT, los aeronavegantes, los de la UOM, los cerveceros: a la larga o a la corta vamos a recuperar la CGT”, aludiendo a la fractura que hay en la central obrera (CL 24/9).

Omar Maturano (Fraternidad), representante de la línea más “dialoguista”, daba cuenta del atolladero en que se encontraba la conciencia de los sectores que históricamente fueron incorporados a ciertos beneficios, dentro de la hegemonía de la oligarquía: “Nosotros sabemos lo que gastamos cuando vamos al supermercado. Y la lógica de que yo con el salario (…) [en] 2017 podía llenar tres o cuatro changos y ahora ya ni tres ni dos. Me dejaron uno solo. Al trabajador no le expliques de la economía, del dólar porque nosotros no ganamos en dólares, ganamos en pesos. No sabemos lo que le debemos al FMI. No sabe cómo se va a pagar, no sabe quién lo va a pagar. Lo que se da cuenta el trabajador es del ajuste”. Y agregaba: “Yo creo que la tregua la tiene que poner el Gobierno, al final del paro, convocar a la CGT, a los trabajadores y decir ‘muchachos, este es el plan, fíjense qué mano nos pueden dar’. Nosotros no queremos que todo se vaya al carajo, queremos solucionar el problema. Pero que no se solucione sólo con nuestro esfuerzo. (…) No queremos cogobernar, pero sí que nos consulten lo que quieren hacer” (P12 30/10).

Pero estas ideas estaban siendo superadas por la misma necesidad. El imperialismo y sus socios locales no piensan consultar nada, porque nada tienen para ofrecer, más que medidas circunstanciales, con el objetivo de dividir al campo enemigo. No querer cogobernar, no saber qué es el FMI, ni cómo pagarle, se volvía un imposible, si es que se quería sostener o mejorar las condiciones de vida.

El planteo era claro en cuanto al lugar que se concibe para los trabajadores en la sociedad. No ocuparse de los grandes problemas nacionales, no intentar entender por qué llegamos a estar como estamos. Por lo tanto, no ser parte del planteo de ninguna estrategia a nivel nacional. Que otro ponga el plan y resuelva los problemas. El líder de los maquinistas se aferra con desesperación a una concepción que, aunque continúa siendo dominante al interior del movimiento obrero, tiene cada día menos base material. El drama de querer continuar ocupando un rol subordinado dentro del frente nacional, pidiendo, casi rogando, cosas materialmente imposibles: que el sistema capitalista atienda a las necesidades de toda la sociedad. O, dicho de otro modo, exigiendo a los grandes capitales que repartan una torta que –tal como venimos siguiendo mes tras mes− es cada vez más chica y, por lo tanto, imposible de repartir sin poner en riesgo su propia reproducción. Las palabras de Maturano sintetizan bastante bien el drama de los trabajadores, no sólo a nivel nacional: la descomposición del sistema que avanza día tras día exige tareas inmensas a la clase trabajadora, que implican principalmente ponerse al frente de la producción de todo el conjunto de relaciones derivadas de aquella; pero esta realidad choca con que en su mayor parte el movimiento obrero sólo se preparó para pelear por un mejor reparto de la riqueza dentro del mismo sistema en descomposición. Por lo tanto, las herramientas con las que cuenta para lo que debe enfrentar –principalmente los sindicatos− resultan absolutamente insuficientes ante las dimensiones de la pelea que se le presenta.

Aunque dichas en un sentido conciliador con el Gobierno, las palabras de Ávila, citadas más arriba (“No trae ningún beneficio aparente parar cada tres meses”), dan cuenta de esta insuficiencia. Cualquier trabajador puede ver que la seguidilla de huelgas –parciales y generales− realizadas desde hace años no han resuelto el fondo del problema, más allá de haber impedido un avance mayor sobre los derechos de los trabajadores.

En ese marco, y con diversos grados de conciencia, los trabajadores seguían avanzando hacia construir una propuesta política. Pablo Biró, Secretario General del gremio de pilotos de avión, decía que el paro era en defensa propia, “porque el Gobierno está provocando un daño en la matriz productiva y en el tejido social tremendo y la CGT está haciendo muy poco”. Y sobre el documento del Frente Sindical para el modelo Nacional señalaba: “Lo planteamos en defensa de la industria nacional y para eso es preciso poner un freno a las importaciones, detener el tarifazo que se traduce en una fabulosa pérdida de empleos y terminar con el impacto negativo que tienen estas políticas en Pymes y en las economías regionales. Nosotros reclamamos revisar el modelo tributario y avanzar en la declaración de la emergencia alimentaria y sanitaria e incluso revertir la reforma previsional” (P12 23/9).

Aquí sí comienza a haber un planteo de los trabajadores frente a los problemas nacionales, un involucramiento. Pero nuevamente se choca con la ausencia de herramientas políticas para llevar a término aquello que se plantea. Paros y movilizaciones no alcanzaron para frenar ni la pérdida sostenida de empleos, ni el cierre de numerosas Pymes, ni el saqueo a los jubilados…

Conducir a todas las fuerzas nacionales

Cuando se rumoreaba que el sector de los “gordos” buscaba negociar, luego del paro general, la reapertura de unos pocos convenios, una cantidad de gremios definía alejarse de la conducción de la CGT, buscando mostrar el desacuerdo con esas posturas, enojados además con la suspensión del plenario que iba a definir un nuevo recambio de autoridades. El primero en hacerlo era el mismísimo triunviro Juan Carlos Schmid, que desde hace tiempo era también una de las voces más críticas sobre el funcionamiento del triunvirato (CL 30/9). La confirmación de su renuncia la haría Pablo Moyano, dando a entender que era una decisión orgánica del sector moyanista (P12 1/10).

El gobierno aprovechaba la partida de Schmid para acercar posiciones con alguno de los gremios más dialoguistas, como La Fraternidad o la UTA, prometiéndoles la reapertura de paritarias para intentar romper la unidad sindical en vistas a un nuevo paro en el mes de noviembre, mes en el que se realizará el encuentro del G20 (LN 19/10).

El cuarto paro nacional posicionaba sin lugar a dudas al movimiento obrero como el principal escollo para imponer las políticas de ajuste a nivel nacional. Y la resolución de construir un cuerpo de propuestas y una unidad del campo nacional ponía en duda la continuidad del gobierno actual más allá de 2019, por lo menos por la vía democrática.

Esto llevaba, como vimos, a que el gobierno de Cambiemos buscase encarcelar a Hugo y a Pablo Moyano, como una forma de disciplinar a los trabajadores, poniendo el foco en aquellos que comenzaban a cerrar filas con el sector del peronismo que con más coherencia enfrentó a la oligarquía: el kirchnerismo.

La Nación, órgano oligárquico, planteaba en su editorial: “Es necesario que la Justicia actúe con celeridad para que la corrupción gremial no siga siendo cubierta por mantos de impunidad” (LN 29/9), participando de la entente mediatico-judicial que buscaba detener a Pablo Moyano cuando arribara al país de un encuentro sindical en Singapur.

Como veíamos más arriba, el juez de garantías se negó a convalidar el irregular pedido de detención y también era perseguido. Esta obvia persecución aceleraba la toma de conciencia por parte de vastos sectores sindicales, que iban comprendiendo que con Cambiemos, “ni tantito así”…

La respuesta de la CGT era contundente: “La CGT repudia el pedido de detención del dirigente del Sindicato y la Federación de Trabajadores Camioneros, compañero Pablo Moyano, que forma parte de una persecución a dirigentes gremiales con el doble objetivo de distraer la atención a la tremenda crisis económica que padece el pueblo argentino y a la vez amedrentar al movimiento obrero organizado para que no continúe al plan de lucha que se viene desarrollando, sentenciaba el comunicado de la central que llevaba la firma de los dos secretarios generales, Héctor Daer y Carlos Acuña, junto con el secretario de Derechos Humanos de la central, Julio Piumato, y el de prensa, Jorge Sola.

El movimiento obrero sabía lo que venía. Un mes antes, cuando se lanzara el Frente Sindical Para el Modelo Nacional –al que nos referimos el mes pasado−, Moyano decía: “Usted, Macri, no nos va a doblegar. Esto no da para más. Hablando con el FMI no va a arreglar nada. Hay que terminar con las políticas de este gobierno. El pueblo no se puede volver a equivocar al elegir. A Cristina la quieren meter presa como a muchos de los dirigentes que estamos acá. Sería un honor que un gobierno gorila como este me lleve preso” (LN 21/9).

En ese mismo encuentro de septiembre Pignanelli, secretario general del SMATA, decía, a propósito de la próxima Misa Ecuménica que se planificaba junto a la Iglesia para el 20/10: “No queremos que se vayan. Queremos que se queden y terminen en 2019 y ahí, seguramente, vamos a volver a tener un presidente peronista. (…) En octubre vamos a ir a Luján todos los trabajadores que tengamos que reparar el espíritu” (LN 21/9).

La movilización congregaba unos 100 mil trabajadores y trabajadoras, religiosos y no religiosos. Muchos sorprendidos de sus mismas acciones y conscientes de que el posicionamiento del clero era novedoso.

Junto al arzobispo de Mercedes-Luján, Agustín Radrizzani, participaron integrantes de los Curas en Opción por los Pobres, entre ellos Domingo Bresci, Juan Carlos Molina y Ricardo Carrizo. También Jorge Elbaum, por el Llamamiento Argentino-Judío, el Pastor metodista Fernando Suárez y el Pastor Néstor Míguez, Presidente de la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas. Además, participaron el Sheij Móhsen Ali, director de la Casa para la Difusión del Islam, y el Sheij Abdulkarim Paz, director de la Mezquita Taujíd.

En la celebración, el Arzobispo Agustín Radrizzani decía: “Quiero felicitarlos, que construyan una alternativa humana a la globalización excluyente. Que Dios les dé coraje, perseverancia y pasión para seguir sembrando. (…) El futuro está en las manos del pueblo” (La Prensa 21/10).

Lo cierto es que el encuentro multirreligioso que repudió fuertemente el modelo económico, en la basílica más importante del país y con la presencia de un sector importante del movimiento obrero organizado, pegaba duro en el núcleo de la oligarquía pro-imperialista. Mario Negri, jefe del bloque de diputados de Cambiemos, se quejaba: “Me parece que monseñor Radrizzani habló a título personal. (…) Es lo que quiero creer. Lo natural es que la Iglesia reclame por los pobres, pero también es natural que lo haga por la corrupción y en Luján había mucha gente que debe saber algo del país que se robaron”. El escriba de tribuna oligárquica Pablo Sirvén, mostraba la alteración reinante en dicha “tribuna”: “La misa del sábado frente a la Basílica de Luján, con la familia Moyano en la primera fila, rodeada de buena parte de la dirigencia peronista, ha alterado en las últimas horas a buena parte de la feligresía que no comulga con esos sectores y que ven en esa ceremonia una partidización inconveniente de sus pastores”. A su vez, el experto en temas eclesiásticos de la misma tribuna, Mariano de Vedia, llamaba poco menos que a la “crucifixión” de Radrizzani: “Gestos como el del sábado, cuando albergó en misa a opositores con un contundente mensaje al Gobierno, podrían tener fecha de vencimiento. En septiembre cumplirá 75 años y deberá presentar su renuncia al Papa” (LN 22/10).

Indudablemente, la Misa-Acto del 20 en Luján constituía un hecho de trascendencia en el camino de reconstrucción política del frente nacional, por dos cuestiones principales. Una, por haber unificado a numerosos sectores del campo nacional −tanto del movimiento obrero como de los movimientos sociales; tanto del peronismo como de otras fuerzas políticas; tanto de la Iglesia Católica como de otras religiones−, nucleados en enfrentamiento abierto contra el actual orden de cosas en el país. La otra consiste en poner nuevamente al movimiento obrero en el centro de la palestra política. Estas dos cuestiones dolieron –y mucho− al corazón de la oligarquía. Pues esta sabe que no puede derrotar al pueblo si el movimiento obrero logra articular políticamente al conjunto de sectores expropiados por el gran capital. Allí se juega el núcleo de la cuestión.

 

Como vimos, los hechos del mes vuelven a posicionar como un actor político central al movimiento obrero. Sus límites están en la comprensión de la necesidad de la derrota del campo oligárquico y la superación de las condiciones del sometimiento. La búsqueda por superar dichos límites se halla a la orden del día dentro del mismo movimiento obrero. En este sentido, van apareciendo atisbos de que no alcanza con la organización gremial, que es necesaria la construcción de una herramienta política; en el sentido de que resulta insuficiente el enfrentamiento a las políticas de un gobierno de entrega, si no se construye una alternativa al mismo, y que eso implica articular a diversos sectores bajo su conducción.

Y es en este mismo sentido del protagonismo de los trabajadores, que se resignifican para todo el movimiento nacional las banderas históricas de justicia social, independencia económica y soberanía política.



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