Revista Mensual | Número: Enero de 2019
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Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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De la prehistoria a la historia

Atrapados sin salida
¡Ni tantito así!
Concentración, fractura, ¿y después?
No sólo de petróleo vive el imperio
La era está pariendo un corazón


Lo que la cumbre del G-20 nos dejó: se profundiza el quiebre en la cadena de mando del imperialismo y la planificación económica china sigue aventajando por varios cuerpos al agónico estancamiento occidental

De la prehistoria a la historia

Las lecciones de la historia siguen ahí. En el siglo pasado tuvimos dos guerras mundiales y, entre ellas, la Gran Depresión. Creo que nadie debería tratar de repetir la historia

(Cui Tiankai, Embajador de China en EEUU)

Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más elevadas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar”

(Karl Marx)


Durante el mes de diciembre, la cumbre del G-20 con sede en Buenos Aires desnudaba, una vez más, el desgajamiento de los órganos de gobernanza globales construidos al finalizar la Segunda Guerra Mundial a imagen y semejanza de los monopolios y remachados tras la caída del Muro, cuando los discursos de “el fin de la historia y de las ideologías” pregonaban un triunfo inexorable del capitalismo sobre toda la faz del planeta tierra.

Con una economía mundial que no sólo no se recupera sino que se hunde cada vez más –desde el estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008– y una deuda global que equivale a más del 225% del producto bruto mundial según el FMI (RT 15/12), las bases materiales de la hegemonía norteamericana se encuentran cada vez más horadadas.

La cumbre del G-20, el divorcio cada vez más rotundo entre Estados Unidos y Europa a la hora de delinear una estrategia internacional y el acuerdo de la OPEP+ para reducir el bombeo de petróleo, fueron algunas de las manifestaciones más estrepitosas de la magnitud de la crisis que atraviesa el conjunto del sistema. Lo analizaremos a continuación.

Atrapados sin salida

Las expectativas por un acuerdo comercial de envergadura entre los presidentes estadounidense Donald Trump y chino Xi Jinping en la cumbre del G-20 en Buenos Aires marcaron la agenda mediática del mes. Sin embargo, el encuentro bilateral apenas dejó la promesa de una tregua comercial en la que EEUU se comprometía a suspender por 90 días la aplicación de las tarifas adicionales sobre las importaciones chinas para un conjunto de productos, por más de U$S 200.000 millones y que entraría en vigencia el 1° de enero 2019 (CR 4y CL 9/12).

El comunicado de la Casa Blanca anunciaba el compromiso de Trump de no elevar del 10 al 25% las tarifas de importación a productos chinos a partir del 1° de enero de 2019, como estaba previsto; y además informaba que China compraría una cantidad “aun no acordada, pero importante” de productos agrícolas, energéticos e industriales norteamericanos, para compensar el rojo estadounidense en la balanza bilateral (LN 1/12).

En el mismo documento, la Casa Blanca declaraba que “China aceptó empezar de inmediato las negociaciones de los cambios estructurales vinculados a la transferencia forzosa de tecnología, la protección de la propiedad intelectual, las barreras no arancelarias, las intrusiones cibernéticas y los ciberrobos, servicios y agricultura” (LN 1/12).

El comunicado del Ministerio de Comercio chino aclaraba: “En los próximos 90 días, seguiremos un calendario y un mapa de ruta precisos para realizar una consulta sobre los temas de protección a los derechos sobre la propiedad intelectual, la cooperación tecnológica, el acceso al mercado y el equilibrio comercial que concuerdan con los intereses y las demandas de las dos partes, y ambas partes deben esforzarse por llegar a un consenso” (XH 7/12).

La Asociación Americana de Soja (ASA), que nuclea a los productores norteamericanos, se mostraba exultante con los trascendidos que llegaban desde Buenos Aires. “Esta es la primera noticia positiva que hemos recibido luego de meses de caídas de precios y envíos detenidos”, dijo el presidente de la ASA, John Heisdorffer (XH 4/12). Como muestra gráfica de la incapacidad de vertebrar alianzas de la que adolece el imperialismo, el sector agrícola estadounidense está en condiciones de alcanzar un nuevo record en la producción de soja en 2018 –con 164 millones de toneladas sólo en este cereal– pero no está claro quién los comprará si la guerra comercial continúa o se profundiza.

Las ventas de soja a China –la mayor exportación agrícola de EEUU– se han desplomado en un 98% desde enero de este año. El departamento de agricultura de EEUU espera que el total de ingresos agrícolas disminuya un 13% debido a este motivo (TE 10/11).

Luego de la anunciada tregua, las firmas chinas Sinograin y Cofco anunciaban la compra de 1,8 millones de toneladas del grano. Sin embargo, las compras chinas de soja estadounidense de la actual campaña llevaban en 2018 solo 584.990 toneladas, las que incluso si se suman a la última compra anunciada por las compañías cerealeras estatales chinas, continuaban muy por debajo de las 19.364.260 toneladas adquiridas en el mismo período de 2017. Es decir que, contando la última compra, el total de adquisiciones equivale a menos del 13% del total del año anterior. Esto explica que EEUU terminará la campaña con un stock récord, previsto por el USDA en 26 millones de toneladas, un 118,12% por encima de los 11,92 millones remanentes del ciclo 2017/2018 (LN 13/12).

En la misma dirección, los índices bursátiles norteamericanos profundizaban la caída libre iniciada el mes pasado. Recordemos que la fugazmente billonaria Apple perdió en noviembre más del 60% de su capitalización. Este mes Wall Street tuvo su peor caída en 9 meses tan sólo una semana después de la cumbre de Buenos Aires, sus índices cayeron entre 2,3 y 3,1% (LN 8/12). A mediados de mes el promedio industrial Dow Jones se desplomaba perdiendo 507 puntos, un 2,11%. El S&P 500 caía 54 puntos de su valor, un 2,08%, quedando en 2.545; el NASDAQ bajaba 156, un 2,27%, y se ubicaba en 6.753 puntos. Algunos analistas señalaban entonces que este podría ser el peor diciembre desde 1931 para los índices Dow Jones y S&P 500 (RT 17/12).

Estos datos ayudan a ilustrar el callejón sin salida en que la política de guerra comercial contra China condujo a la economía norteamericana, y por tanto a comprender la búsqueda, por la presión de algunos poderosos sectores de la producción yanqui, de buscar una tregua.

¡Ni tantito así!

Sin embargo, como venimos analizando mes a mes, la confrontación es una necesidad de la lógica de la reproducción capitalista cuyos tiempos los marca la urgencia de los monopolios de apropiarse de cada vez mayores tajadas de una torta de ganancias globales cada vez más chica. Esto explica que, al mismo tiempo que Trump y Xi “acordaban” una tregua, la policía de Canadá detuviera, a instancias de la Justicia norteamericana, a la directora financiera de la compañía de tecnología china Huawei, acusándola de violar las sanciones impuestas por Washington a Irán (CL 6/12).

El Ministro de Asuntos Exteriores chino advertía: “China insta encarecidamente a la parte canadiense a que libere de inmediato a la persona detenida y proteja seriamente sus derechos legítimos. De lo contrario, Canadá debe aceptar la responsabilidad total por las graves consecuencias causadas”. La posición china fue acompañada inmediatamente por Rusia, que a través de declaraciones públicas de su ministro de Asuntos Exteriores Sergei Lavrov cuestionaba: “Según tengo entendido, fue detenida en Canadá por una solicitud estadounidense debido al hecho de que esta empresa hace negocios en Irán. Y esto está prohibido por la ley estadounidense. ¿Y eso qué tiene que ver con China? ¿Qué tiene que ver con eso Huawei? (P12 9/12).

Según la revista Fortune, Huawei ocupa el 72° lugar de las primeras 500 empresas mundiales, con un volumen de negocios anual de U$S 90.000 millones (P12 9/12). Es la tercera fabricante de smartphones más grande del mundo, y es la única empresa china en el top 50 de las principales compañías mundiales por inversión en Investigación y Desarrollo. Otro de los rasgos distintivos de la empresa es que su fundador, Ren Zhenfei, solo tiene el 1,4% de las acciones y el restante 98,6% está repartido entre los más de 80.000 empleados (CL 6/12).

En la misma tónica, China detenía a dos ejecutivos canadienses –el empresario Michael Spavor y el ex–diplomático Michael Kovrig– bajo la sospecha de “participar en actividades que ponen en peligro la seguridad nacional”, según explicaba el vocero de la cancillería china, Lu Kang (LN 14/12).

En el mismo sentido hay que señalar que la cumbre del G-20 culminó con un comunicado consensuado que apenas alcanzaba a enunciar los principales temas candentes de la agenda global, sin ni siquiera esbozar una postura común acerca de cómo resolverlos.

También tomamos nota de los problemas comerciales actuales. Tomamos nota del Informe de políticas y tendencias anuales de migración y desplazamiento internacionales de 2018 preparado por la OCDE en cooperación con la OIT, la OIM y la ACNUR. Consideraremos como continuar el diálogo sobre estos temas bajo la próxima presidencia. (…) Los grandes movimientos de refugiados son una preocupación mundial (…). Enfatizamos la importancia de las acciones compartidas para abordar las causas de raíz de los desplazamientos” (comunicado completo en Ámbito Financiero 1/12). Claramente, a nadie le resulta necesaria la cumbre del G-20 para enterarse de que hay problemas comerciales o de que es importante actuar en conjunto para abordar el problema de los grandes movimientos migratorios… Pero que no puedan consensuar el más mínimo plan de acción, ese sí es el principal hecho de la pomposa cumbre.

Concentración, fractura, ¿y después?

Ahora bien, ¿en qué radica esa total imposibilidad de consensuar entre las principales potencias occidentales que se evidencia cada vez más, desde hace al menos una década?

El semanario británico The Economist no dudaba en pedir a gritos, este mes, la restauración del capitalismo de libre competencia. “En 2016, una encuesta reveló que más de la mitad de los jóvenes estadounidenses ya no apoyan el capitalismo. Esta pérdida de fe es peligrosa, pero también está justificada. El capitalismo de hoy tiene un problema real (…). La vida se ha vuelto demasiado cómoda para algunas empresas en la vieja economía, mientras que, en la nueva economía, las empresas de tecnología han desarrollado rápidamente el poder de mercado. De hecho, se necesita una revolución, una que desate la competencia (…). Desde 1997, la concentración del mercado ha aumentado en dos tercios de las industrias estadounidenses. Una décima parte de la economía está formada por industrias en las que cuatro empresas controlan más de dos tercios del mercado. En Europa, la participación de mercado promedio de las cuatro firmas más grandes en cada industria ha aumentado en tres puntos porcentuales desde 2000” (TE 17/11).

Por otra parte, un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) mostraba que, en términos reales, el crecimiento global del salario (ajustado a inflación de precios) se contrajo a 1,8% en 2017, desde el 2,4% de 2016. En los países considerados desarrollados del G-20, el crecimiento real del salario se redujo de 0,9% en 2016 a 0,4% en 2017 (todo en XH 26/11).

Este mes, la compañía automotriz norteamericana General Motors anunciaba el cierre de siete fábricas en América del Norte, lo que significa una pérdida de aproximadamente 14.000 puestos de trabajo, y un ahorro de U$S 6.000 millones. GM había reportado una ganancia en el tercer trimestre de 2018 mucho mejor a la prevista. Sus ingresos en ese período subieron un 6,4%, lo que significa U$S 35.800 millones (RT 27/11).

Complementariamente, el fundador de Tesla y SpaceX, ElonMusk, declaraba: “Nadie ha cambiado el mundo trabajando 40 hs. a la semana”, para estimar que la jornada semanal debería oscilar entre “80 y 100 horas”. Además, Musk destacaba que “el nivel de dolor se incrementa de manera exponencial a partir de las 80 hs. (RT 27/11).

Paralelamente, la Gig-Economy –“economía de las changas”– emplea a más de 60 millones de personas en EEUU y el número podría crecer en los próximos 10 años a unas 90 millones de personas (CR 22/11). La Gig-Economy es un bonito eufemismo de la precarización laboral que implica el acceso al mercado laboral a través de plataformas digitales, de las que los trabajadores no son considerados empleados sino socios, por lo que sus salarios deben dejar a la plataforma una comisión, sin recibir a cambio el más mínimo aporte jubilatorio o prestación de salud.

Este estallido de las bases materiales de la alianza social que vertebró el imperialismo a la salida de la Segunda Guerra, incorporando al proletariado industrial de los países occidentales al reparto del saqueo a la periferia latinoamericana, asiática y africana, se evidenciaba este mes, en parte, con la protesta de los chalecos amarillos en Francia.

La desocupación allí alcanza al 10% de la población —una de las tres tasas más elevadas de Europa y el nivel más alto de los últimos 20 años– pero además roza el 22% cuando se mira la franja de jóvenes. La desigualdad se plasma en un ingreso per cápita parisino de 17.400 euros mensuales que es tres veces superior al de las regiones interiores de Francia (CD 13 y CL 16/12).

Como resultado de las protestas, el primer ministro francés, Édouard Philippe, anunciaba el aumento del salario mínimo en 100 euros por mes para 2019, y la congelación de los precios del gas, la electricidad y de los carburantes, resignando una recaudación fiscal de 3.000 millones de euros anuales y llevando el rojo presupuestario al 3,2% del PBI (CR 10 y 17/12).

Sin embargo, en un claro mensaje a las patronales europeas, Philippe se apuraba a aclarar: “Hay que seguir transformando y reformando dispositivos que no funcionan. No crean que los anuncios frenan la voluntad de reformar el país” (DW 11/12). Recordemos en este sentido que en septiembre del año pasado, el flamante gobierno de Macron introdujo una salvaje reforma laboral, que había desatado gigantescas movilizaciones pero que aún así fue aprobada, y que apuntaba, entre otras cosas, a reducir el cálculo indemnizatorio por despido y a flexibilizar las condiciones para contratar mano de obra. La versión francesa de la “Gig-Economy”, podríamos decir.

Como vemos, lo que el semanario de la city londinense llama “pérdida de fe” de los jóvenes en el capitalismo no es otra cosa que la toma de conciencia del carácter profundamente expropiatorio del capital en su fase imperialista. Los derechos laborales y el poder adquisitivo del salario retroceden a la par que la fe en el capitalismo se pierde junto con el Estado de bienestar europeo y el sueño americano.

El “cambiar el mundo” que esta realidad plantea a los trabajadores de todo el planeta, incluidos los de los países centrales imperialistas, no tiene nada que ver con introducir tecnología en post de sostener las súper-ganancias y los privilegios de un puñado cada vez más rico y a la vez cada vez más pequeño de la burguesía mundial. Por muchos robots y transformaciones del proceso de trabajo que se introduzcan, “la revolución industrial de las high-tech” en manos de los 147 grupos monopólicos que controlan la economía global tienen poco y nada de cambiar el mundo.

Por otra parte, el ejemplo de General Motors ilustra a las claras la etapa histórica en la que estamos: despiden luego de obtener ganancias mayores a las previstas, es decir, los despidos son, al mismo tiempo, resultado y necesidad de la acumulación del capital. Sin duda la expulsión de una ingente masa de trabajadores del proceso productivo es uno de los factores fundamentales de la incapacidad de construir consensos que aqueja a los monopolios.

Sin embargo, no es la única. Como venimos sosteniendo mes tras mes, la población sobrante no es el único y exclusivo problema del capitalismo. En el propio proceso de reemplazo de la fuerza de trabajo por robótica e inteligencia artificial se achica el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir las mercancías que la humanidad consume a diario –o acumula en inmensos stocks– y, con él, la ganancia a repartir entre la masa de capitales. Por lo tanto, el desarrollo tecnológico y la concentración de capital implican también, y sobre todo, lucha al interior de los grupos monopólicos, dado que cada uno necesita apropiarse de una porción cada vez más grande de una cantidad de tiempo de trabajo impago que es, en la tendencia, cada vez más chica.

Esto explica la guerra comercial que mantiene Estados Unidos, no sólo con China, sino también con otros países del bloque occidental antes aliados, así como el viraje de los otrora paladines del libre comercio hacia barreras arancelarias y demás medidas proteccionistas. La Organización Mundial del Comercio (OMC) informaba, en las vísperas de la cumbre, que los países integrados en el G-20 aplicaron cuarenta nuevas medidas restrictivas entre mayo y octubre de 2018, con un peso de 481 mil millones de dólares en el comercio internacional (CD 23/11).

Y a este punto de concentración y centralización de la propiedad sobre los medios de producción hemos llegado como resultado del desarrollo del capitalismo. El monopolio y el “poder de mercado” que espanta al Economist no es distorsión de la competencia sino su misma evolución. Por lo tanto, incluso si pudiera volverse hacia atrás la rueda de la historia y retornar la economía global a la etapa de la libre competencia como brega el órgano británico, no se haría más que estirar los plazos para, inequívocamente, acabar en el mismo punto.

No sólo de petróleo vive el imperio

Sin duda una de las manifestaciones más estrepitosas de la crisis capitalista es precisamente la fractura de las alianzas históricas con que el imperialismo vertebró la gobernanza mundial tras la Segunda Guerra.

En este sentido venimos analizando el desmarque de la Unión Europea de la política exterior dictada por la Casa Blanca. En el capítulo de las sanciones a Irán promovidas por la administración Trump la fractura es notoria. Luego de que en noviembre se excluyera a Irán del sistema de pagos internacional SWIFT, Europa, con Alemania y Francia a la cabeza, anunció la creación del SPV –una entidad de cometido especial–, con el fin de facilitar el comercio con la república islámica (RT 22 y 27/11). “Durante los viajes de la semana pasada a Bruselas y Ginebra se me informó que Europa realizó los arreglos finales para un vehículo de propósito especial y que el mecanismo financiero será establecido en un futuro cercano”, señalaba al respecto el vicecanciller iraní Zarif (XH 6/12).

En esta dirección, el jefe de la Cámara de Comercio germano-iraní, Michael Tockuss, sostuvo que las empresas pequeñas alemanas, que no tienen negocios en el mercado norteamericano, mantendrán su presencia en Irán, pese a la amenaza de sanciones esgrimida por Washington (TE 10/11). Incluso una empresa alemana especializada en la producción de hidrocarburos acordó este mes con la petrolera iraní Sepahan Oil la renovación de dos plantas de refinación de crudo en Irán (RT 12/12).

Por otra parte, la política exterior norteamericana recibía otro golpe fuerte este mes con el nuevo acuerdo de la OPEP+ (incluye a los países productores de petróleo que no están dentro de la OPEP, como Rusia) para recortar la producción de petróleo en 1,2 millones de barriles diarios (RT 7/12). Lo más significativo de este acuerdo fue que Irán, Venezuela y Libia obtuvieron una exención, es decir que hubo consenso en que el mandato de reducir el bombeo no aplicara para esas tres economías castigadas por el imperialismo bajo sus distintas formas.

Recordemos que la baja mundial del precio del barril de petróleo es promovida por Estados Unidos, el principal importador mundial de este hidrocarburo que, como parte de la política “América Primero”, ha impulsado la producción en su territorio a base de la explotación de reservas no convencionales, con un impacto ambiental altísimo y con costos de operación también muy elevados. Los precios del petróleo caían a principios de diciembre cerca del 2%, tras un informe del Instituto Americano del Petróleo que contabilizaba un alza de 5,4 millones de barriles en una semana de los inventarios de crudo norteamericano, alcanzando un total de 448 millones de barriles (RT 5/12).También este mes –por primera vez en 75 años, EEUU– exportó más petróleo del que importó, con un saldo favorable de 211.000 barriles (RT 7/12). Según las últimas estimaciones, el 12% de la oferta global de crudo en 2019 sería de origen norteamericano (CR 6/12).

Lejos de ser un signo de fortaleza, la necesidad de los monopolios que se asientan fronteras adentro de los Estados Unidos de garantizarse el aprovisionamiento del recurso clave para la matriz productiva norteamericana a costa de quemar sus propias reservas y desembolsando más dinero que si lo adquirieran a los productores petroleros tradicionales, es un síntoma de profunda debilidad: es la manifestación de la ruptura de todo el entramado de alianzas en Medio Oriente y de la imposibilidad de sentar a la mesa a una vastedad de sectores que antes incorporaba.

De esta manera, el acuerdo de la OPEP+ es una manifestación no sólo del profundo resquebrajamiento de la hegemonía norteamericana sino también de las nuevas alianzas: a medida que se evidencia que el puñado de monopolios que controla la economía global necesita liquidar a los que antes eran sus socios en el reparto, los históricos aliados imperialistas actúan junto a las naciones que siempre opusieron resistencia y lucha al saqueo de las corporaciones occidentales. Un acuerdo entre Arabia Saudita e Irán hubiera sido impensable hace 15 años atrás. Sólo la certeza de que Estados Unidos no tiene aliados permanentes sino sólo intereses permanentes lo hace posible.

Por supuesto, la unión por el espanto no borra la historia, y para la tarea que enfrentamos como humanidad –que es la superación del podrido orden vigente– no da todo lo mismo. No están en las mismas condiciones quienes patalean porque ahora se les cortó la posibilidad de entrar en el grupo de los privilegiados subidos al hambre y la miseria del resto del mundo –grupo que integraron gustosos durante décadas–, que quienes durante esas mismas décadas han sido expoliados para sostener, con el fruto de su sudor y su trabajo, todo el andamiaje imperialista, incluidos el parasitismo rentista de las monarquías petroleras árabes, el sueño americano y el Estado de Bienestar europeo por el que fervorosamente claman los chalecos amarillos franceses.

La era está pariendo un corazón

Pero las fuerzas productivas que se desarrollan en la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para la solución de este antagonismo. Con esta formación social se cierra, por lo tanto, la prehistoria de la sociedad humana

(Karl Marx)

Sin duda, si se trata de sostener principios de cooperación internacional y ayuda mutua distintos del “sálvese quien pueda” consagrado por el imperialismo, el rol de China en esta etapa de transición de la economía mundial viene siendo clave.

En este sentido resuenan las palabras del coordinador chino de Asuntos del G-20, en los días previos a la cumbre en Buenos Aires: “Debemos salvaguardar el sistema de comercio multilateral basado en normas. Es impensable que el orden internacional vuelva a regirse por la ley de la selva (…). El beneficio del comercio tiene que compartirse de manera más general. En los últimos 25 años, el comercio ha aprovechado las nuevas tecnologías para elevar la productividad en todo el mundo, ha ayudado a reducir en más de 50% la pobreza extrema mundial y ha creado millones de empleos mejor pagos. La cooperación internacional es indispensable; una mayor transferencia de tecnología entre países en términos mutuamente acordados facilitará la adaptación global (…). La historia nos dice que el comercio y la apertura son beneficiosos para quienes los adoptan, y sólo manteniéndonos unidos podemos fomentar un futuro mejor y compartido para todos nuestros pueblos. No podemos hacerlo solos” (CR 27/11).

En la misma dirección se pronunciaba el presidente chino Xi Jinping. “La práctica de la reforma y la apertura de China ha demostrado plenamente que sólo con la cooperación ganar-ganar un país puede lograr el desarrollo de largo plazo (…). La inversión y cooperación de China en el exterior en la construcción de capacidad y la construcción de infraestructura han impulsado la industrialización de los países involucrados y promovido el nivel de vida de la población local, así como el desarrollo económico y social”, aseguraba Xi en un Foro Internacional celebrado en Guangzhou (XH 13/12).

Como venimos detallando mes a mes, China sostiene la iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda con un desarrollo tecnológico de punta que le permite disputar mano a mano a las corporaciones occidentales en algunas categorías del mercado mundial –y ganarles. Sin ir más lejos, XCMG, el mayor fabricante de maquinaria chino, anunciaba este mes que se ubicó sexto en ventas a nivel mundial, y los pronósticos lo ubican entre los tres primeros para el 2025, sólo detrás de Caterpillar y Komatsu (XH 30/11).

El valor agregado generado en el sector de industrias de alta tecnología ya alcanza a explicar casi el 16% del PBI chino, y ha impulsado el 20% del crecimiento del PBI en los últimos diez años (XH 26 y 28/11). La producción de robots industriales de China aumentó un 8,7 por ciento interanual en los primeros 10 meses de 2018, con 118.452 robots industriales fabricados, de acuerdo con el Ministerio de Industria y Tecnología Informática (MITI) (XH 2/12).

Desde 1978 más de 800 millones de personas han salido de la pobreza en China, y se espera que para el 2020 la haya erradicado por completo. Es el presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, quien alababa los progresos chinos en la materia. “Es un fenómeno incomparable en la historia de la humanidad”, señaló durante la inauguración en Pekín del Foro Internacional de la Reforma y Apertura y la Reducción de la Pobreza en China (XH 1/11).

Lo que nos interesa resaltar detrás de estos números es el paso que se está dando en dirección a poder controlar las fuerzas en función del desarrollo de las mayorías, el control de la potencia creadora del trabajo aplicada a la erradicación de los problemas en los que la acumulación capitalista arrinconó a la humanidad. El paso de la prehistoria de la sociedad humana a la verdadera historia.

Pasemos a analizar cómo se desenvolvía esta puja en la escena geopolítica mundial.



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