Revista Mensual | Número: Febrero de 2019
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Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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Un caníbal desdentado

Presagios Negros
Crónica de un des-gobierno anunciado
La burbuja ¿sin fin?
Los ex - aliados
Acuerdo forzoso
Un paso adelante


El capital financiero internacional augura un 2019 negro y precipita su escalada belicista

Un caníbal desdentado

“La política es la expresión concentrada de la economía”

V.I.Lenin


Presagios Negros

Durante el 2018, bajo el grito de guerra “EE.UU. primero”, el estado norteamericano intentó apuntalar a una fracción del capital monopolista yanqui, ofreciéndole un supuesto resguardo de la inclemente competencia global. La asonada constó de tres medidas principales. Por un lado, la Reforma Tributaria, que recortó 15 puntos los impuestos a las ganancias corporativas. Luego, un progresivo aumento de la tasa de interés, que empujó hacia arriba al dólar en relación al resto de las monedas y provocó una salida masiva de capitales de los países emergentes. Y por último, la imposición de barreras arancelarias sobre una batería de productos industriales, en una escalada creciente que aún no termina.

Tales medidas, al declararle la guerra a todos a la vez, no podían significar más que debilidad; no pueden significar más que una declaración manifiesta de la pérdida de competitividad de la economía norteamericana en el mercado mundial -en un contexto de ascenso vertiginoso de la República Popular China, como veremos- y  un intento desesperado por revertirla.

Sin embargo, poniendo la lupa sobre los números norteamericanos, ya cerrado el 2018, ninguno de los indicadores de la economía liderada por el republicano Donald Trump mejoró sustancialmente. El déficit fiscal ascendió a U$S 970.000 millones, un 4,6% del PBI yanqui, batiendo el récord histórico del país, y las estimaciones proyectan que superará el billón de dólares para julio de este año (CL 6/1).

La política de “EE.UU. primero” consistió en una gran aspiradora que desató una brutal fuga de capitales desde la periferia -en el orden de U$S 11 billones entre 2017 y 2018 (CL 6/1)-, generando turbulencias en las economías emergentes a lo largo y a lo ancho del globo. No obstante, sólo en la última semana del año se retiraron un total de U$S 21.500 millones de inversiones de las compañías de Wall Street en general, y de las empresas tecnológicas en particular (CL 6/1).

Las llamadas FAANG, que hasta hace no muchos meses prometían -según los escribas del capital financiero- arrastrar en su marcha ascendente al conjunto de la economía mundial, perdieron en el último trimestre de 2018 más de un billón de dólares en total  (LN 22/1).

Antes de terminar el año, era la propia Reserva Federal la que  rebajaba de un 3% a un 2,3% su pronóstico de crecimiento de la economía norteamericana para 2019. Y la FED de Nueva York advertía que las chances de una recesión en los próximos 12 meses se ubican en la probabilidad más alta desde el estallido de las subprime (LN 27/12).

Aunque la espuma siguió subiendo con algunos cruces tribuneros, lo cierto es que el enfrentamiento entre un Trump decidido a que subir las tasas perjudicaría la recuperación económica y un Powell que sostenía que la robustez del crecimiento permitía empezar a desapalancar, se disipó en el horizonte de una recesión demasiado próxima y a la que ninguna de las dos alas de la conducción del Estado norteamericano puede dar respuesta. Por eso finalmente la FED anunciaba un aumento de tasas, pero reduciendo de tres a dos las subas proyectadas para este año, y terminaba el mes “yéndose al mazo”: “El argumento para seguir con el ajuste monetario de ha debilitado. El sentido común nos recomienda paciencia”, declaraba Powell (P12 20/12 y CR 30/1).

En una columna del Washington Post, el analista David Lynch sintetizaba: “La economía global, que hasta hace poco picaba en punta, de pronto se frenó (…). Este puede ser el peor diciembre que vive Wall Street desde 1931 (…). Cuando arrancó el año, la idea generalizada era que todo estaba sincronizado, que todo iba bien en todas partes. Ahora, está todo mal en todas partes” (LN 27/12).

Crónica de un des-gobierno anunciado

A mediados del mes de diciembre concluyó el plazo de vigencia de siete leyes que otorgaban financiamiento al Gobierno Federal norteamericano, lo que supuso su cierre provisorio, hasta que el Capitolio sancionara las nuevas leyes.

Pero, ¿cómo? ¿Estados Unidos se quedó sin presupuesto para el funcionamiento del Gobierno Federal? Sí, y no es la primera vez que le ocurre. Frecuentemente, entre el 30/09 –plazo en que vence el presupuesto federal todos los años- y los primeros días de octubre, el gobierno central está oficialmente “caído”. El primer cierre de varios días ocurrió en 1981, durante la presidencia de Reagan. El siguiente en 1995, durante el gobierno de Clinton. El más reciente, en 2013, durante el gobierno de Obama (DW 28/1). La novedad esta vez es que se trata del tercer cierre del Gobierno en un solo año -algo que no ha sucedido en 40 años- y que el último acuerdo fue por menos de dos meses (RT 22/12). Por otra parte, por primera vez en la historia del país norteamericano, el cierre del gobierno duró ¡35 días! 

Las estimaciones hablan de un cierre parcial del 25% de la Administración cuyo costo impacta directamente sobre el PBI nacional en una pérdida de U$S 1200 millones por cada semana de duración (HTV 15/1).

Un punto al que se le dio poco lugar en la prensa mundial pero que es fundamental para comprender la precipitación de la sucesión de cierres parciales del gobierno norteamericano, es el nivel de déficit presupuestario con que la economía yanqui está funcionando desde hace décadas. Cerrado 2018, el déficit fiscal ascendió a U$S 970.000 millones, equivalente a un 4,6% del PBI (CL 6/1).

Los revisores de cuentas de todas las economías del mundo, los gendarmes del ajuste fiscal, mantienen su economía con un nivel de déficit público que llega casi al billón de dólares. La pérdida de las condiciones materiales que posibilitaron a Estados Unidos posicionarse como la superpotencia mundial a la salida de la Segunda Guerra y, sobre todo, post caída del Muro, están a todas luces perimidas.

La burbuja ¿sin fin?

Sin resolver las contradicciones de fondo que sacuden la economía global, los U$S 11.000 billones succionados a las economías emergentes entre 2017 y 2018 con la suba de las tasas de interés (CL 6/1) son lo mismo que poner una curita en una pileta de lona pinchada…

Decíamos que la FED cerró diciembre con un alza de la tasa de interés hasta ubicarla en 2,5%, la cuarta suba en el 2018 (LN 20/12). La decisión restringe un poco más el acceso al crédito barato, apalancado por el gobierno norteamericano para mantener una masa de capitales que la crisis de 2008 amenazaba con liquidar. A su vez se encarecen los intereses para la toma de deuda extranjera de las economías de la periferia del globo.

Al respecto, Donald Trump salía al cruce del titular de la FED, Jerome Powell. “El único problema de nuestra economía es la Reserva Federal (…). No posee sensibilidad para el mercado y tampoco comprende las guerras comerciales necesarias o dólares fuertes o siquiera el cierre de Gobierno  (…). Es como un poderoso golfista que no puede anotar porque no tiene tacto, ya que no es capaz de dar un golpe suave” (RT 24/12).

Sin embargo, al mismo tiempo que anunciaba la suba, Powell reducía de tres a dos los aumentos de tasa pautados para el 2019 (LN 20/12).

Finalmente, entrado el mes de enero, declaraba: “Nosotros tenemos la posibilidad de ser pacientes y ver cómo evoluciona la economía (…). Los mercados financieros han estado cotizando un escenario más pesimista (…). Es algo común en la economía que se comporte de maneras que no son exactamente lo que esperamos, pero cuando ocurre, podemos cambiar la política de una forma rápida y flexible, y de forma significativa también, si es lo apropiado. Siempre usamos nuestras herramientas para sostener la expansión y mantener los mercados fuertes” (CR 10/1).

Por lo tanto, la propia FED empezaba a abrir el paraguas acerca de la trayectoria de la economía norteamericana y del conjunto de la economía mundial (recordemos que el PBI yanqui es aproximadamente el 25% del producto bruto global). Sin embargo, como siempre señalamos en nuestro Análisis, las causas que empujaron a la suba progresiva de las tasas, aunque se presentaran como respuesta a un sólido y robusto crecimiento del mercado estadounidense, respondían fundamentalmente a la imposibilidad de sostener la enorme burbuja que más de una década de apalancamiento de la Reserva Federal infló.

En este sentido, este mes se conocía el dato de que la deuda pública norteamericana aumentó dos billones de dólares en dos años, para ubicarse en casi U$S 22 billones. La Oficina de Presupuesto del Congreso estimaba que la deuda pública alcanza el 78% del PBI norteamericano, y es la más alta registrada en los últimos… ¡70 años! Si la situación no cambia, para 2028 la deuda podría alcanzar el 96% del PBI (RT 4/1). El presidente del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca, Kevin Hassett, dijo que la deuda es una preocupación de la administración Trump y señaló: “Podemos estar en desacuerdo sobre muchas cosas, pero podemos estar de acuerdo en que quizás ahora sea el momento de tomar en serio el déficit” (RT 4/1).

Al respecto, la presidenta del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, advertía este mes: “Me preocupa el exceso de deuda en todos los países. Debido a que tenemos, y esto es realmente una preocupación aquí, tenemos una deuda general, pública, privada, corporativa y doméstica que está en su punto más alto: 182 billones de dólares, un 60% más de la deuda que existía antes de la crisis financiera global” (LN 29/12).

Como con una frazada corta, si la FED levanta la tasa, una enorme masa de capitales sucumbe… y si las mantiene bajas, la burbuja se infla hasta que revienta, y… una enorme masa de capitales sucumbe… Por eso es que ni una ni otra opción constituyen verdaderamente una salida para la crisis económica global.

El caso de la rama petrolera norteamericana ilustra bien lo que intentamos señalar. Trump celebró la baja en el precio del crudo y presionó para que no vuelva a subir, como veremos en breve.

Sin embargo, como señalaba este mes el Financial Times, la producción de shale –que posibilitó que Estados Unidos termine el 2018 exportando más petróleo del que importó por primera vez en 75 años (RT 7/12)- peligra con el barril por debajo de los U$S 55, en un contexto de suba de tasas de la Reserva Federal. “El modelo financiero dominante en la industria de shale se basa en un grupo altamente competitivo de compañías de exploración y producción de hidrocarburos que toma deuda en el mercado de bonos y adquiere préstamos bancarios garantizados con reservas de petróleo y gas (…). Para la mayoría de los participantes del boom del shale, la infraestructura financiera se apoyaba en las tasas de interés bajas y la flexibilización cuantitativa que siguieron a la crisis financiera. El aumento de la producción petrolera estadounidense ha sido el resultado del estímulo monetario (…). Con la caída de los mercados de acciones y de los precios del petróleo, y la Reserva Federal aún sin dar señales de su intención de seguir elevando las tasas de interés, las condiciones financieras que han protegido a la industria del shale como una cálida frazada podría el año próximo empezar a gastarse” (FT, reproducido en CR 27/12).

La competencia monopolista no tiene manera de continuar reproduciendo a los capitales que hoy alberga. ¡Y eso que no son tantos! Pero la base material sobre la que se asientan, el tiempo de trabajo socialmente necesario para fabricar el conjunto de los bienes que la humanidad consume, se reduce conforme avanzan la ciencia y la tecnología aplicadas al proceso de producción. Bajo relaciones capitalistas, el desarrollo de las fuerzas productivas implica siempre una agudización de la competencia entre los grupos monopólicos que controlan la economía mundial y, por lo tanto, de la lucha al interior de la burguesía. 

Los ex - aliados

Con el augurio de una recesión próxima golpeando las puertas de Occidente, la OCDE, que recortó dos décimas -por segunda vez en solo dos meses- su previsión de expansión global para el 2019, recomendaba aumentar la cooperación entre las potencias como respuesta a la turbulencia por venir. “Estas proyecciones reflejan claramente la necesidad de una cooperación internacional (…). Pensamos que las economías más importantes deberían preparar desde ahora el terreno para una respuesta coordinada, declaraba el secretario general de la organización, el mexicano Ángel Gurría (LN 22/11). 

Sin embargo, como señalábamos más arriba, concentración del capital es lucha al interior de la burguesía. Este mes quedaba clarísimo con la bravuconada de la ¿diplomacia? norteamericana en Alemania. El embajador de EE.UU. en Berlín, Richard Grenell, envió escritos a varias empresas, amenazándolas con un “considerable riesgo de sanciones si no renuncian a participar en el proyecto de gasoducto Nord Stream 2 que conectará directamente Rusia con Alemania a través del mar Báltico” (HTV 14/1).

Recordemos que este proyecto surgió luego de la desestabilización creada por Estados Unidos en Ucrania, que puso en serio riesgo el aprovisionamiento de gas ruso a Europa. El Nord Stream 2, encabezado por Gazprom, prevé el tendido de dos tuberías de gas con una capacidad total de 55.000 millones de metros cúbicos anuales, que van desde la costa rusa hasta Alemania por el fondo del Báltico. Rusia suministra gran parte del gas natural que consumen los países europeos. En el año 2017, solo Gazprom exportó a Europa más de 192.000 millones de metros cúbicos de gas. Aunque el promedio para Europa del gas ruso sobre el total de gas que se consume ronda el 35%, en algunas economías, como Alemania, Polonia o Turquía, la dependencia alcanza el 60%, por lo que garantizar el suministro de gas ruso es vital para la economía del Viejo Continente. Recordemos las reflexiones de la canciller alemana el año pasado, cuando señalaba que Europa ya no puede confiar en nadie más que en sí misma, o lo que es lo mismo, que ya no puede confiar en Estados Unidos.

Las compañías que ataca Washington con la amenaza de sanciones no son de poca monta: las alemanas Uniper y Wintershall, la francesa Engie, la austríaca OMV y la anglo-holandesa Shell, todas energéticas y, por lo tanto, estratégicas para los europeos (todo en DW 11/1).

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania calificaba las amenazas del embajador estadounidense de “inaceptables” y de “una nueva provocación”, según indicó el diario alemán Handelsblatt. “¿El señor Grenell sabe que el tiempo de los altos comisionados en Alemania ha terminado?”, contestaba, por su parte, el vicepresidente del gobernante Partido Socialdemócrata, Ralf Stegner (DW 11/1).

El Kremlin también sentó posición ante el ataque yanqui y calificó las amenazas de Washington como un “intento de obligar a los europeos a comprar gas licuado estadounidense”. Además, denunció que el Gobierno estadounidense utiliza la supuesta amenaza rusa para expandirse y fomentar las tensiones al interior de Europa (HTV 14/1 y DW 11/1).

Respecto de las tensiones al interior de la UE, The Economist alertaba sobre la ola de fusiones entre gigantes europeos, como respuesta a la incapacidad de competir en el mercado global, como fue el caso de la alemana Siemens con la francesa Alstom, dos de las históricamente llamadas “campeonas nacionales”. 

Ninguna compañía fundada en Europa en las últimas cuatro décadas ha valido al día de hoy más de U$S 100 mil millones. Los empresarios de EE.UU. han logrado esta hazaña una docena de veces (…). China pronto tendrá más leviatanes corporativos de este tipo que la Unión Europea (…). La señora Merkel ha pedido que las directrices de competencia de la UE se ‘modernicen’ para que puedan surgir los titanes europeos. El Sr. Macron dice que quiere que el tema ocupe un lugar destacado en la próxima campaña electoral europea. Desde los anteojos hasta la fabricación de acero, desde los mercados de valores hasta los ferrocarriles, los políticos están respaldando las fusiones transfronterizas como la única forma de enfrentarse a los rivales chinos y estadounidenses. Eso debería hacer sonar las campanas de alarma (…). Europa ya tiene un problema de competencia. Un estudio de la OCDE muestra que la cuota de mercado promedio de las cuatro empresas más importantes de Europa en cada industria ha aumentado en tres puntos porcentuales desde el año 2000” (TE 22/12).

The Economist achaca al eje franco-alemán algo que es en verdad una ley de hierro de la acumulación capitalista, como lo es la concentración y centralización de la propiedad de los medios de producción.            Desde la segunda mitad del siglo XX, con la globalización y la formación de las grandes compañías trasnacionales, que dislocan la cadena de producción sin limitarla a las fronteras nacionales, el mundo es cada vez más una unidad, de la cual los países participan como apéndices. Los monopolios se vuelven cada vez más grandes y la disputa entre esos grupos cada vez más feroz.

Como venimos señalando mes a mes, la Unión Europea como proyecto de la burguesía alemana de resguardarse un mercado supra-nacional para sí, queda perimida. El eje franco-germano puja por persistir, pero no hay bases materiales ya para su existencia. Sus rivales al otro lado del Atlántico están en condiciones –y necesitados- de absorber su mercado y fagocitar sus capitales, como quedó demostrado con la intención de un sector de capital norteamericano de promover una zona de libre comercio entre la UE y EE.UU. (el enterrado TTIP).

En este marco defensivo debe leerse la decisión de dos de las economías europeas, Francia y Austria, de gravar a las compañías tecnológicas. “Es justo que los gigantes de internet paguen la parte que les corresponde de impuestos. Además de promover una medida a nivel de la Unión Europea, también actuaremos a nivel nacional.  El objetivo es claro: conseguir que tributen las empresas que consiguen unos ingresos colosales en internet y que prácticamente no pagan ningún impuesto, por ejemplo, Facebook o Amazon”, explicaba el canciller austríaco Sebastián Kurz. Mientras que la media de la tasa a las sociedades en la UE es del 23%, las empresas del sector digital solo pagan un 9% (LN 30/12).

Por su parte, a partir del 1 de enero, entraba en vigor en Francia el llamado impuesto 'GAFA' (siglas que hacen referencia a Google, Apple, Facebook y Amazon), con el que el Gobierno francés espera recaudar más de 573 millones de dólares en 2019 (RT 1/1).

Cabe recordar que: 1) no hay ninguna europea entre las primeras 20 empresas tecnológicas a nivel mundial; y 2) las principales compañías digitales son norteamericanas (las llamadas FAANG), seguidas por las chinas.

Por lo tanto, si la capacidad de respuesta de la economía mundial a una recesión inminente depende que la Unión Europea y Estados Unidos puedan acordar acciones conjuntas… como vemos, habrá recesión para rato.

En el mismo sentido, destacábamos el mes pasado el acuerdo de los países productores de petróleo (OPEP+) para reducir el bombeo como respuesta conjunta a la baja en el precio mundial del barril. Recordemos que en el acuerdo se incluyó exceptuar a la economía iraní y a la venezolana, que enfrentan sanciones comerciales y un feroz bloqueo económico por parte del gobierno de los Estados Unidos, para no agregar más presión sobre sus arcas.

Este mes, Trump respondía: “¡El mundo no quiere precios del crudo más altos y tampoco los necesita!”. El ministro de Energía saudita, Jaled al-Faleh, reafirmaba la posición de la OPEP: “Washington no está en posición de decirnos lo que debemos hacer con nuestro petróleo (todo en LN 7/12).

La fractura entre Estados Unidos y Arabia Saudita, otrora aliados indiscutidos en la región contra la República Islámica de Irán, es cada vez más estrepitosa. Como señalamos mes tras mes, el proceso de concentración y centralización del capital achica los márgenes para la construcción de acuerdos entre los monopolios de los países centrales y los destacamentos con los que supo vertebrar su hegemonía a lo ancho y a lo largo del globo.

Tras la crisis de 2008, Estados Unidos ha desarrollado la explotación de yacimientos no convencionales fronteras adentro de su economía, empujando a la baja el precio mundial del barril, y jaqueando las finanzas saudíes. Es lógico que la alianza se resquebraje y que Arabia Saudita se rebele, como así también que los monopolios norteamericanos intenten disciplinarla con operaciones de inteligencia y por la fuerza, como lo mostró el asesinato de Khashoggi.

Acuerdo forzoso

Retomando las medidas de la administración Trump para intentar sostener la alicaída economía norteamericana, sin duda uno de los pilares fundamentales fue la guerra comercial dirigida contra la República Popular de China. Sin embargo, los balances anuales del 2018 mostraron, al igual que con la Reforma Tributaria y con la disyuntiva entre estímulo o ajuste fiscal, que la batería de barreras resultó un tiro en el pie más que un paso adelante.

El Departamento de Comercio reveló que el déficit comercial subió un 1,7%, a U$S 55.500 millones de dólares, el nivel más alto desde octubre de 2008. El déficit comercial con China trepó un 7,1%, a un récord de U$S 43.100 millones en el mes de octubre. La exportación de soja estadounidense al gigante asiático bajó en U$S 800 millones, y las exportaciones de equipos de aviación civil y motores también retrocedieron (todo en LN 7/12).

En lo que respecta a su relación con los EE.UU., China acumuló un superávit comercial récord de U$S 323.327 millones en 2018, según los datos de la Administración General de Aduanas de China. La cifra representa un incremento de 17,2% en comparación a 2017. Esto se sustenta en que las exportaciones chinas al norte sumaron en 2018 un total de U$S 478.423 millones, 11,3% más que en 2017 (CR 15/1).

Rendido ante la evidencia, como vimos el mes pasado, Trump intentaba desactivar la bomba que él mismo armó. “Acabo de tener una larga y muy buena llamada con el presidente Xi de China. El acuerdo avanza muy bien. Si se concreta, será muy abarcativo, cubriendo todos los temas, las áreas y los puntos conflictivos. ¡Estamos haciendo un gran progreso!” (LN 30/12) twiteó Trump.

En consonancia con lo que ya señalábamos sobre el carácter de la UE, el vicepresidente de la Comisión Europea para Empleo, Crecimiento, Inversión y Competitividad, Jyrki Katainen, marcaba la posición del bloque ante un posible acuerdo: Hemos dejado muy claro a China y también a EE.UU. que no aceptamos ningún tipo de acuerdo que distorsione la igualdad de condiciones y deje a las empresas europeas en una posición peor que en la que estamos ahora (…). Estamos a favor de un comercio global justo basado en reglas, pero las reglas deben ser las mismas para todos” (DW 9/1).

Lo cierto es que China, que sostuvo hasta el hartazgo que en una guerra comercial solo habría perdedores y desalentó a Estados Unidos de tomar ese camino, salió más airosa que el propio promotor de la contienda…

Un paso adelante

En contraposición a la maldición europea, China ya se convirtió en una economía esencialmente digital,  ya que este sector representa más del 34% de su PBI. En los últimos 5 años se crearon más de 24 millones de empresas y las patentes domésticas con estándares internacionales alcanzaron a 1.724 millones en 2017 (CL 23/12). Del total invertido en el mundo en Investigación + Desarrollo, Asia es la región que más invierte, con un 43,6% del total (LN 24/12).

Otro rasgo que marca la expansión china es que el comercio exterior alcanzó en 2018 una valuación record de U$S 4.62 billones, superando en un 12,6% el dato de 2017, con un crecimiento de 9,9% en las exportaciones y 15,8% en las importaciones (CR 15/1). Para el vocero de la Administración General de Aduanas de China, Li Kuiwen, la cooperación comercial con los países que forman parte de la iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda “se convirtió en la nueva fuerza que impulsa el desarrollo del comercio internacional de China” (CR 15/1).

Sin duda, uno de los hechos más relevantes este mes fue la presentación de una nueva ley de Inversiones Extranjeras, en el marco del proceso de reforma encabezado por la administración del PCCh. Hay más de 950.000 empresas foráneas asentadas allí. Lo esencial es que, a partir de esta ley, las compañías transnacionales tienen garantizado el tratamiento “nacional” de sus inversiones, con igual acceso a las políticas de financiamiento, incentivos y mercados que las privadas y estatales, en especial en lo referido al programa denominado “Hecho en China 2025”, uno de los caballitos de batalla al que Trump y un sector del capital norteamericano se aferraron para sostener que China es una amenaza para la seguridad nacional estadounidense. Además, en la nueva ley, se reducen de 63 a 48 los sectores restringidos para la inversión extranjera, también llamados “lista negra” (CL 30/12).

La planificación de la economía llevada adelante por el Partido Comunista Chino le permite ir delante de la acción de su enemigo, y ofrecerle acuerdos que desactiven la escalada de medidas comerciales, que son necesariamente, como venimos señalando, el preanuncio de una escalada bélica.

Como mostramos, ninguno de las fracciones del capital monopólico tiene posibilidad de dar respuesta a la crisis global, porque lo que está reventando en el centro imperialista son las contradicciones intrínsecas a la reproducción del capital. Por lo tanto resolver la crisis implica superar esas contradicciones, lo que para cualquiera de esos grupos sería suicidarse, renunciar a su existencia. No solo no pueden hacer eso, sino que incluso necesitan obturar el surgimiento de cualquier embrión de superación que se geste.

Sin duda, el eje sino-ruso como vertebrador de una comunidad más vasta de países de América Latina, Asia y África es una amenaza para su existencia como clase. Si el momento militar es la política por otros medios, y a su vez la política es la expresión más concentrada de la economía, con los elementos que expusimos en este artículo queda claro que el enfrentamiento entre ambas fuerzas es inevitable. Como así también, que a ese enfrentamiento el imperialismo llega fracturado puertas adentro y sin posibilidad de vertebrar acuerdos, de construir fuerza social.

Pasemos a ver cómo se desenvolvía esa lucha en la arena política internacional, antes de entrar de lleno en donde se libró la batalla crucial del mes de enero: la República Bolivariana de Venezuela.



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