Revista Mensual | Número: Febrero de 2019
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Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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Que no panda el cúnico

Pues al cabo que ni quería
Bueno, pero no te enojes
Qué milagro que viene por acá
Cría cuervos y tendrás cuervitos, pero cría burros y ésos sí te sacarán los ojos
Síganme los buenos


La retirada yanqui de Medio Oriente como paso inequívoco de su derrumbe

Que no panda el cúnico

“La venganza nunca es buena,

mata el alma y la envenena.”

Chavo del Ocho


La retirada yanqui de Siria y sus repercusiones tanto regionales como mundiales dejan al descubierto la debilidad mortal en la que se encuentran las fuerzas imperialistas. En primer lugar, hay que destacar el hecho de que los anuncios de la Casa Blanca no hicieron más que profundizar la fractura en el interior del bloque imperialista. Esto se evidencia en la decisión de sus “socios” europeos de avanzar en la creación de una fuerza militar que reemplace a la OTAN, pero sin EEUU. Pero también en el quiebre con sus socios regionales, a los que debe dejar librados al azar. Ante esto, muchos aliados de la cadena imperialista como Turquía, Qatar y Arabia Saudita, acuden a la contención de Rusia, China e, incluso, su otrora archienemigo, la República Islámica de Irán.

En este contexto, tanto Siria como Irak inician la reconstrucción de su patria, tras soportar durante años la invasión imperialista, y a la par consolidan su victoria político-militar, profundizando la cooperación entre sí y con el eje comandado por el tridente China, Rusia e Irán.

Como analizamos mes tras mes, también en el centro del sistema imperialista la crisis se hace sentir con rudeza, agudizando la disputa interburguesa, que se manifiesta no ya en primer término como la necesidad de los grandes grupos económicos de subsumir a las fracciones menos concentradas del capital, sino como guerra –por el momento, económica– entre esas 147 corporaciones que controlan la producción y el comercio mundiales. La expresión en el plano político de dicha agudización es la crisis profunda del sistema de partidos y la democracia representativa, en sus variopintas manifestaciones nacionales.

En esta clave se vuelven inteligibles los hechos que estuvieron en el centro de la escena mundial durante el mes que nos toca analizar. De este lado del Atlántico analizaremos el cierre del gobierno estadounidense por falta de un acuerdo entre demócratas y republicanos respecto del presupuesto federal, así como también la permanente sangría de funcionarios del gobierno republicano encabezado por el magnate Donald Trump. Cruzando el océano, sin duda los vaivenes en torno al Brexit son la más clara manifestación de esta crisis, signada por la imposibilidad para la clase dominante británica de acordar términos que mínimamente garanticen a todas las fracciones de burguesía las condiciones para su reproducción.

Es cada vez más visible entonces que la única opción es la construcción de un nuevo orden que supere el atolladero en que el imperialismo ha sumido a la humanidad. En ese sentido, la experiencia de los trabajadores chinos, que controlan el Estado a través de su órgano político (el PCCh) resulta fundamental para que el resto de los trabajadores del mundo nos miremos en el espejo de las gigantescas tareas que plantea este verdadero “cambio de época” que vivimos.

Pues al cabo que ni quería

La crisis impuesta en Medio Oriente por los grupos económicos –cuyo punto más crítico lo constituye la guerra contra Siria– ha marcado un nuevo hito, con la salida de las tropas yanquis que se mantenían ilegalmente en el país.

El propio Trump lanzaba una reflexión al respecto por la red social Twitter, poniendo al estadounidense promedio como interlocutor y preguntándole: “¿Quiere EEUU ser el agente de policía de Oriente Medio, recibiendo NADA pero gastando vidas apreciadas y billones de dólares protegiendo a otros que, en la mayoría de los casos, no aprecian lo que hacemos? ¿Queremos estar allí siempre? Es momento para otros de luchar por fin…” (HTV 20/12). Con estas palabras, parecía sellar el destino de los más de 2.000 soldados que se encuentran acantonados en el país árabe. La retirada de las fuerzas militares se ha convertido en la demostración de que la principal potencia imperialista ya no es capaz de erigirse como gendarme mundial. Dicho en otros términos: los grupos económicos que controlan el gobierno del Estado yanqui ya no pueden revestir su necesidad de controlar las condiciones políticas a escala planetaria para garantizar su reproducción y la del conjunto del bloque imperialista del ropaje de “garante de la seguridad y la justicia mundiales”.

Esta retirada ha tenido repercusiones a lo largo de todo el globo por la significancia que tiene que el gendarme del mundo quede expuesto en que, de ahora en más, sólo le queda el mote de gendarme –o “la marca de la gorra”, como dirían en el barrio–.

Primeramente, en el teatro de operaciones, cabe recordar que la presencia imperialista en el terreno se debía al apoyo que les brindaban a las bandas opositoras al gobierno de Al Assad. Tanto el gobierno de Obama primero como el de Trump después habían conformado una “coalición” que garantizó el financiamiento, entrenamiento, armamento y apoyo logístico a estas fuerzas, bajo la cobertura de combatir tanto al gobierno legítimamente electo como a estas propias bandas, entre las que se encuentran el ya casi extinto Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL), y el Frente Al Nusra. En ambos casos, el carácter meramente terrorista y mercenario de estas fuerzas intentó legitimarse en los postulados suníes del Islam, enfrentado a los chiitas, en los que abreva el presidente sirio Bashar Al Assad.

Junto con el apoyo desde la clandestinidad a estas fuerzas, también ha trenzado alianza con el YPG (Fuerzas de Protección Popular) y el FDS (Fuerzas Democráticas Sirias), facciones de la etnia kurda del norte sirio, que históricamente se han opuesto al gobierno de los Assad (padre e hijo gobiernan desde mediados de los años 70), así como al gobierno turco e iraquí, por sus intentos de formar un país kurdo unificado.

Las alianzas establecidas por la “coalición” encabezada por EEUU muestran que el elemento principal en el que se asientan para intentar legitimar su intervención es la utilización de contradicciones existentes en las sociedades a las que tiene que subordinar. Para el caso de Medio Oriente, dichas contradicciones son las diferencias religiosas y políticas entre suníes y chiitas, por un lado, así como la cuestión nacional del pueblo kurdo, que no obtuvo –en el diseño que el imperialismo impuso a la salida de la Primera Guerra Mundial para la región– un territorio que le permitiera convertirse en Estado-nación. Es decir, sólo pueden invadir cuando existe en la sociedad una fractura capaz de convertirse –política imperialista mediante– en guerra civil. Como veremos en los siguientes artículos de esta publicación, tal premisa resulta fundamental a la hora de analizar la correlación de fuerzas en la heroica Venezuela y las posibilidades e imposibilidades que dicha correlación supone para los intentos yanquis de eliminar la Revolución Bolivariana y chavista.

La retirada de las tropas norteamericanas influye de forma decisiva en sus distintos aliados en el teatro de operaciones (EIIL, frente Al Nusra y las milicias kurdas). La razón por la cual para EEUU es cada vez más difícil sostener sus históricas alianzas no puede buscarse en la excentricidad del actual inquilino de la Casa Blanca, como hace la inmensa mayoría de los escribas de los grupos económicos. Es la creciente transnacionalización de la producción la que elimina las bases materiales para la existencia de los Estados nacionales. Ello significa, en el plano político, que las fracciones de burguesía cuya reproducción está asentada en la existencia de esos Estados ya no pueden ser reproducidas por el centro imperialista al que deben su existencia. Dichos Estados nacionales se configuraron como el “espacio vital” propio de tales burguesías, las que en el caso de los países periféricos han sido forjadas de acuerdo a la división internacional del trabajo impuesta por la necesidad del capital británico. Si no están pudiendo reproducirse fracciones de burguesía que, aunque subordinadas, construyeron sus respectivos Estados nacionales y lograron poner bajo su interés al resto de las fracciones y a los distintos sectores del pueblo, imaginemos el destino de aliados sui géneris, como el EIIL o los Cascos Blancos, nacidos al calor de la descomposición imperialista y su incapacidad de constituir fuerza social.

En primer término, las fuerzas kurdas del FDS y el YPG, que se han sentido traicionadas por su antiguo aliado, consideraron la retirada “como una puñalada por la espalda” (AM 21/12), mientras que han jurado seguir la lucha contra las fuerzas turcas que tienen ocupado el norte sirio, a la vez que aceptaron reunirse nuevamente a negociar la paz con el gobierno sirio para garantizar su seguridad (AM 21/12).

Resultado del acercamiento entre kurdos y el gobierno sirio a partir de la decisión yanqui es que el ejército del país árabe retomara el control de las ciudades de Manbij y Al Arimeh, para impedir una invasión por parte de Turquía (AM 26/12). De esta manera las tropas sirias comenzaron a ocupar posiciones alrededor de estas ciudades apenas unos días después del anuncio de la retirada de las tropas estadounidenses, impidiendo que se lance con facilidad una nueva ofensiva turca en el norte de su país contra los kurdos.

Por su parte, lo único a lo que ha podido atinar el gobierno de Trump, con sus ahora ex aliados, para intentar contenerlos de acercarse al gobierno sirio, es otorgarles 500 camiones cargados con armamentos (HTV 7/1), hecho que no ha podido detener la reconciliación, ya que según el comandante de las FDS Redur Jalil, “encontrar una solución entre la administración autónoma y el Gobierno sirio es inevitable, porque nuestras zonas son parte de Siria” (HTV 5/1). Estas palabras resultan de vital importancia para el proceso de reconstrucción de Medio Oriente, particularmente en Siria, ya que son la muestra de los avances de los pueblos, como resultado de la guerra impuesta por el imperialismo que los ha obligado a resolver contradicciones o a resignarse a la balcanización. Si eso ocurre, la extrema debilidad que puede acarrear su fragmentación los hace presa fácil de los intereses de los capitales concentrados.

La decisión del mandatario yanqui también ha tenido consecuencias en el vecino país de Irak, ya que según ha dejado trascender, las tropas que se retiran de Siria, desde comienzo de enero serán apostadas en territorio iraquí (RT 26/12). Trump declaró al respecto que “EEUU se quedará en Irak. De hecho, podríamos usar esto como una base para hacer algo en Siria” (HTV 26/12). Las respuestas a este plan no se hicieron esperar en el país árabe, ya que tanto las milicias populares como funcionarios de los poderes legislativo y ejecutivo han planteado la urgencia de la expulsión de las tropas yanquis, denunciando a su vez el carácter ilegal e ilegítimo de su permanencia en país (AM 27/12).

Estas denuncias han sido acompañadas por las maniobras de las unidades de movilización popular Hashid al Shaabi, que ocuparon los 600 km de frontera que unen Irak y Siria para impedir que la “coalición” imperialista prosiga trasladando combatientes del EIIL, con los cuales poder iniciar un nuevo foco en Irak, dada la inminente derrota que les espera en Siria (AM 3/1). Tales planes no sólo fueron denunciados por las milicias populares, sino que también fueron confirmados por la inteligencia iraquí (HTV 30/12).

En este complejo escenario, el presidente Trump realizaba un viaje a una de sus bases en Irak. Lo llamativo de esto no es el nuevo capítulo de la política injerencista, sino la reacción del gobierno iraquí. Aunque el inquilino de la Casa Blanca se comunicó por teléfono desde la base con el presidente de Irak, éste rechazó acudir a reunirse con él, y ningún funcionario del gobierno siquiera participó de la recepción de Trump (AM 27/12).

Este plantón muestra una vez más cuál es la fuerza que “sobra” en la reconstrucción de Medio Oriente. Recordemos que este país en los años 80 fue financiado para ir a la guerra contra Irán. Una guerra que duró 8 años (1980-1988), y se llevó la vida de millones de trabajadores árabes. Una vez finalizada, el gobierno de Saddam Hussein se encontraba endeudado con EEUU, ya que este país había financiado su maquinaria bélica. Ante esta situación la OPEP, orientada indirectamente por la política yanqui gracias a la mediación de Arabia Saudita, aumentó la producción de petróleo para que baje el precio del crudo, y así terminar de estrangular a la economía iraquí. Al mismo tiempo, volvió a empujar a este país a la guerra, esta vez contra Kuwait, para garantizar que bajara la producción, y aumentaran nuevamente los precios.

Todo esto fue la excusa que necesitó el gobierno de Bush padre para invadir Medio Oriente, construyendo bases permanentes en Arabia Saudita, Kuwait, y doblegando a Irak, al destruir por completo sus infraestructuras civiles y militares, garantizando así que Saddam no se insubordinaría jamás, y que las mercancías producidas por los capitales yanquis tendrían vía libre en el país. Sin embargo, al pasar una década, esto no era ya suficiente, y en el año 2003, el imperialismo dio el golpe de gracia contra Irak, invadiéndolo y asesinando a su mandatario. A partir de ese año, el país ha quedado bajo una virtual ocupación, y sometido a su población a una guerra que ya lleva 15 años, pauperizando consigo a su burguesía local.

Los sucesivos gobiernos títere de sus intereses sólo daban una imagen de democracia para lo que, en realidad, era la manutención de gobiernos de ocupación. La irrupción del EIIL en el 2014, que amenazó con la toma de Bagdad, fue la gota que colmó la tolerancia del pueblo iraquí respecto a sus ocupantes. Así, la guerra de liberación contra el EIIL tuvo como elemento distintivo que las fuerzas iraquíes se apoyaran cada vez más en sus antiguos rivales iraníes, y en las milicias populares. Esto motivó que EEUU propiciara un cambio de gobierno en 2016, imponiendo un nuevo alfil subordinado a sus intereses. Sin embargo, en el marco de la guerra que libró el pueblo, resultó imposible sostener tal postura, y el nuevo gobierno se vio obligado a profundizar su relación con todo el campo antiimperialista, incluso coordinando los ataques al EIIL con Siria e Irán.

Bueno, pero no te enojes

También dentro de su “coalición”, y con sus aliados de la cadena imperialista de la región, la salida de EEUU ha provocado un “cisma”. En el caso de las potencias de la OTAN, tanto Alemania como Francia realizaron sendas críticas a la decisión tomada, señalando en primer término su carácter “inconsulto” (AM y DW 20/12). A su vez, Berlín y París aseguraban que no abandonarían sus posiciones en Medio Oriente, sosteniendo que era necesario ya que el mundo aún no ha sido librado del terrorismo del EIIL.

El hecho de que los dos pilares de la Unión Europea no sólo critiquen a EEUU, sino que afirmen abiertamente y sin tapujos que sostendrán su presencia ilegal en Siria, da cuenta del intento por parte del eje franco-alemán de ocupar el lugar de gendarme mundial perdido/abandonado por Washington. Sin embargo, dado que lo que está caduco son precisamente las condiciones para la reproducción a escala ampliada del capital, no hay ninguna razón para creer que Merkel y Macron puedan lo que Trump ya no. Justamente, porque no es Trump la causa de la crisis de hegemonía yanqui, sino por el contrario, una de sus consecuencias. No hay poder militar capaz de sostener las posiciones otrora asentadas en un sistema de alianzas cuyas piezas han pasado de invitados menores a plato principal de la fiesta.

Pero el enfrentamiento en el bando imperialista por la retirada de tropas no terminaría con la condena de las potencias internacionales, ya que también dentro de EEUU suenan las voces de alarma sobre los sucesos. Incluso en el propio gobierno, como en el caso del senador republicano por el estado de Carolina del Norte Thom Tillis, quien declaró que la decisión de Trump era digna de una medida de su predecesor Barack Obama, esto a modo de insulto (HTV 19/12).

Al mismo tiempo se sucedió una serie de renuncias en el sector de defensa entre funcionarios de primera línea, tema del que nos ocuparemos más adelante, ya que no sólo está vinculado con la situación en Siria, y son varios los motivos de la profundización de la fractura del gobierno, por lo que requerirá un tratamiento más profundo. Pero en lo que respecta a la salida de Siria, como vemos también representa un nuevo punto de inflexión al interior de EEUU.

En el caso de los aliados (o ex) imperialistas de Medio Oriente, es necesario hacer mención sobre los sucesos que acontecieron centralmente en Israel, Arabia Saudita y Turquía.

En primer término en la nación sionista, a partir de la retirada se han recrudecido los ataques contra Siria, principalmente contra infraestructura, y contra posiciones iraníes en el país. Hasta el momento se han reportado ataques en 4 ocasiones, lanzando 38 misiles, siendo derribados la mayoría de ellos por las nuevas baterías anti aéreas S-300, proporcionadas por los rusos luego de que las fuerzas sionistas fueran responsables del derribo de uno de sus aviones (AM y RT 25–26/12 y 11/1). Junto con esta radicalización, por primera vez el gobierno sionista reconoce abiertamente que está realizando estos ataques. El ministro de Servicios de Inteligencia israelí declaró al respecto que “la política ha cambiado. Ahora hay un enfrentamiento abierto con Irán. Si necesitamos intensificarlo, lo haremos” (RT 21/1), y también por primera vez reconocieron que les proporcionaron armas a las bandas que se oponen al gobierno sirio (RT 15/1).

En el campo de la diplomacia internacional, además de bombardear posiciones sirias, el gobierno de Tel Aviv ha intensificado sus esfuerzos para recomponer relaciones con los países árabes más afines. Recordemos que el grueso de los países de la región, al igual que de África, ha roto relaciones diplomáticas con Israel a partir de la Guerra de los Seis Días en 1967. Pero Israel recién ahora se preocupa por esta situación, por lo que pese a que sólo la Republica de Chad, en el centro de África, aceptó reabrir una misión diplomática, esto ha sido considerado un triunfo por parte de Israel. Claro que este apuro, tanto con el recrudecimiento de los bombardeos, como los intentos de retomar relaciones con países árabes, está íntimamente vinculado con el aislamiento que enfrenta este aliado imperialista, ya que la retirada de las tropas yanquis son el reconocimiento del derrumbe imperialista.

También en Arabia Saudita la situación se ha radicalizado. Como venimos analizando, se está intensificando la fractura de este país con las potencias imperialistas, sobre todo a partir del asesinato del periodista opositor a la casa de los Saud, Jamal Khashoggi. Esto ha devenido en que se le soltara la mano a Arabia en la ofensiva lanzada contra su vecino del sur, Yemen, cuyo gobierno se encuentra en manos de los rebeldes hutíes, aliados de Irán. Pese a que inicialmente EEUU apoyó la guerra contra Yemen, ahora ha librado a su suerte a su aliado, que quedó enfrascado en una guerra de la que no puede salir, y mucho menos ganar.

Durante los primeros días de diciembre, se había logrado un cese al fuego que impidió que Arabia continuara cometiendo crímenes de guerra contra el pueblo yemení. Sin embargo, a partir de enero, con la retirada de EEUU como profundización del derrumbe imperialista en la región, obligó a Arabia a intensificar sus ataques, aunque ahora con menos consenso internacional, y por lo tanto con menor capacidad de daño. Es por esto que, pese a haber violado el cese al fuego más de 200 veces en un mes, no ha logrado avanzar un solo metro en el terreno, a la vez que ha perdido el control de la ciudad de Siwah, al norte de Yemen en manos ahora de los rebeldes hutíes (AM 22/12).

El empantanamiento militar en el que está metido Arabia Saudita es la muestra cabal de que la guerra no es más que la política por otros medios, ya que sin importar la cantidad de armamento de que disponga la monarquía de Riad, lo que define su capacidad de fuego es el mencionado pasaje de invitado menor a plato principal de la fiesta de la voracidad imperialista –cada vez más parecida a un velatorio que a una fiesta–. Mientras su clase dominante se fractura en torno a la disputa por la sucesión del trono, y se enfrentan al pueblo yemení, se hacen extremadamente débiles, y aunque pueden reducir a polvo las ciudades de sus enemigos, no tienen capacidad alguna de conformar fuerzas sociales que les respondan. Así, su permanencia en los campos de guerra yemení es cada vez más dificultosa.

El último eslabón de la cadena imperialista de Medio Oriente al que sometemos al análisis tras la retirada de las tropas yanquis es a Turquía, ya que el mando de EEUU en su retirada declaró que les delegaba la misión de encabezar los esfuerzos contra las bandas terroristas. “Íbamos a estar allí (en Siria) por tres meses y esto fue hace siete años, nunca partimos. Cuando asumí las funciones de presidente, el EIIL (Daesh en árabe) estaba desenfrenado. Ahora, el EIIL está derrotado en gran parte y otros países de la región, incluyendo Turquía, deben ser capaces de hacerse cargo del resto. ¡Estamos volviendo a casa!” (HTV 23/12), tuiteó Donald Trump sobre este tema. De esta manera dejaba implícito que el futuro accionar turco en el norte de siria seguiría siendo bajo su mando.

Por su parte el gobierno turco ha dejado en claro, como respuesta a aquella posición, que la supervisión de las misiones contra las bandas terroristas en el norte de Siria será realizada con Irán y Rusia (HTV 9/1). El propio Erdogan criticó las declaraciones yanquis al respecto y subrayó que su país no se compromete a nada respecto al YPG kurdo, fuerzas aliadas de EEUU. Además agregó que “la lucha de la milicia YPG kurda siria contra el Daesh no es más que una gran mentira” (AM 8/1), planteando que el YPG no tenía la menor intención de pelear contra el EIIL, sino que su accionar estaba vinculado a independizarse de Siria, fracturando al país en dos partes.

Para respaldar sus declaraciones, el gobierno turco comenzó a aumentar las tropas acantonadas en la frontera con Siria, alistándose para avanzar contra sus enemigos kurdos del YPG. Recordemos que esta enemistad con los kurdos radica en que éstos se sitúan no sólo en Siria, sino también en Turquía, Irak e Irán, y como hemos mencionado con anterioridad, desde hace más de cien años reclaman la creación de un Estado propio, algo que atenta contra los intereses nacionales de los países por donde se encuentran dispersos.

Los turcos intentan ocupar el norte sirio porque considera a los kurdos una amenaza para su integridad territorial, pero centralmente porque su burguesía se forjó al calor del imperio Otomano (1299–1923), por lo cual tiene contenido que para su desarrollo es vital la expansión territorial, y la apropiación del trabajo de los pueblos. El papel que juegan Rusia e Irán es contenerlos, pero la tarea de resolver esto de fondo es responsabilidad de los trabajadores turcos.

Qué milagro que viene por acá

Polvo no es lo único que se levanta en el derrumbe del imperialismo, también se perfila un nuevo orden. EEUU ha tomado nota del papel de Irán en esto, por eso es que en los últimos años ha intensificado la presión sobre ese país. Con cada paso que dan los pueblos de Medio Oriente en erradicar las bandas creadas por los servicios de inteligencia yanquis y sionistas es acompañado de la radicalización de la conducta imperialista contra Irán, país que juega un papel primordial en la pelea que se da en la región.

Por ello, junto con la retirada de las tropas, el mando militar yanqui envió una flota con un portaaviones incluido a las aguas del golfo Pérsico, a la vera de las aguas territoriales iraníes (RT 21/12).

También se han intensificado las sanciones, sobre todo a partir de septiembre del 2018, mes en que EEUU implantó medidas similares a las impuestas contra Cuba, con las que impide que cualquier empresa que tenga negocios con ellos también los realice con el país persa. Estas sanciones, si bien han reducido la economía iraní en un 10%, no han podido doblegarlos, y a la par de cada vez más países se toman medidas para eludir las reprimendas yanquis. La revolución islámica ha seguida la vía del desendeudamiento y, al día de hoy, su deuda externa es de tan sólo 10.093 millones de dólares, es decir, menos del 1% de su PBI (AM 3/1).

El tercer flanco con que se intenta corroer el papel iraní es con una conferencia organizada desde Washington para tratar el peligro que representa para los intereses occidentales. El secretario de Defensa, Mike Pompeo, en rueda de prensa en Egipto manifestó que el carácter de la cumbre radica en que “los países se unirán para enfocarse en la estabilidad de Oriente Medio y en la paz, la libertad y la seguridad de esta región, y eso incluye un elemento importante que es garantizar que Irán no ejerza una influencia desestabilizadora” (HTV 11/1). Lo llamativo de esta reunión cumbre es que, para abordar la cuestión de Medio Oriente, ni siquiera pueden reunirse allí, ni participan las direcciones políticas artífices de la paz, Rusia e Irán (HTV 21/1). De hecho, según reconoce Pompeo, la cumbre es contra estas fuerzas, es decir que su motivación lejos estará de intentar estabilizar la región, sino que se centrará en posibilitar que EEUU vuelva a imponer sus intereses luego de que su retirada de Siria debilitara sus posiciones en la región y en el mundo.

Lo que resta para analizar sobre la situación de Medio Oriente son los avances en la construcción de la paz, ya que a medida que finaliza la guerra contra Siria, se alzan con la victoria los pueblos de la región. Por lo que la reconstrucción del país supone parte fundamental para el cierre de las heridas, no sólo de la guerra, sino de todas las contradicciones que han llevado a la nación a ser presa de esa conflagración. En este sentido es de destacar que según reconoce The Economist, Siria será el país que más crecerá durante el 2019, alcanzando un 10% de alza del PBI (AM 1/1). También su sistema educativo intenta alcanzar una nueva normalidad, y según ha trascendido, en la actualidad la población universitaria ha llegado a los 700.000 estudiantes (AM 2/1).

Pero sin duda el elemento más destacable en el último mes sobre la reconstrucción siria es la reapertura de las embajadas que han planificado Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Jordania, Omán, Arabia Saudita, Sudán, y hasta Gran Bretaña (RT 28/12, HTV 3/1, HTV 6/1), y la invitación por parte de la Liga Árabe para que este país se reincorpore a la organización regional, luego de haber sido expulsada en medio de los intentos para derrocar al presidente Al Assad en el 2011 (AM 17/1). Esto es de vital importancia, porque el reconocimiento diplomático por parte del grueso de los países árabes representa lo inevitable de la victoria de Al Assad.

En las líneas que siguen analizaremos cómo están en su centro las fuerzas imperialistas, ya que desde Medio Oriente es imposible encontrar las causas del derrumbe yanqui, determinado por la crisis de las relaciones mercantil-capitalistas.

Cría cuervos y tendrás cuervitos, pero cría burros y ésos sí te sacarán los ojos

Sobre EEUU primeramente haremos mención a la interna judicial que atraviesan, ya que el aparato judicial viene repulsando muchas de las políticas del actual gobierno, centralmente las vinculadas a las políticas respecto a la inmigración.

A tal punto ha llegado, que la Justicia viene impulsando una denuncia contra el presidente, por complicidad en la supuesta injerencia rusa en el proceso electoral del 2016 en el que Trump, contra todo pronóstico, se alzó con la victoria. Esta causa podría llevar a la destitución del mandatario, por lo que se la sigue con vital atención. En el mes de diciembre, el fiscal general Robert Mueller pudo interrogar por primera vez a Trump, y aunque le permitió que lo hiciera por escrito sin presentarse en los tribunales (LN 21/12), se convirtió en un hecho casi inédito en la política yanqui, ya que esto ha sucedido contadas veces.

El segundo contratiempo que atravesó el gobierno fue dentro de su propio gabinete, a partir del 1° de enero, cuando renunció el titular de la cartera de Defensa, el general retirado James Mattis. Según dejó trascender el propio Mattis, esta decisión está estrechamente vinculada a su desacuerdo por el retiro de tropas en Siria (LN 24/12). Por este mismo motivo es que también presentaron su dimisión el jefe del gabinete del Pentágono, Kevin Sweeney, al igual que su portavoz Brett Mcgurk (HTV 22/12 y RT 5/1). De esta manera, ya suman más de 30 los funcionarios del gabinete que renuncian a su puesto cuando tan solo llevan la mitad del mandato. También hay que tener en cuenta que estas últimas renuncias se efectuaron con críticas a la imprevisible política de defensa del mandatario mediante.

Sin embargo, es necesario recordar que la política exterior a la que asistimos es la que Trump pergeñó durante su campaña. En ella anunció que se ocuparía primero de EEUU (America First fue su slogan de campaña), afirmando explícitamente que retiraría las tropas de Medio Oriente, ya que no le reportan ningún beneficio al país. Estas palabras de campaña, ahora transformadas en realidad, son la muestra de la incapacidad de EEUU de seguir siendo el gendarme mundial, es decir, de continuar imponiendo sus intereses a todo el planeta. En este contexto es que debemos analizar el quiebre paulatino del gabinete republicano, ya que es la manifestación de la feroz disputa entre grupos económicos por definir la política de la alicaída potencia.

El tercer momento de crisis que es necesario analizar en la fractura interna del gobierno yanqui es el dilema desatado por la incapacidad de poder acordar en sus Cámaras legislativas un presupuesto anual que permita que las instituciones del Estado federal se financien y puedan funcionar. Desde los años 70 ocurre que el gobierno queda bloqueado por las internas políticas, sin embargo, estos cortes pasaron de ser breves interrupciones que sucedían cada algunos años, a constituir un elemento regular que irrumpe en el país todos los años. El actual shut down (“apagón” en inglés) del aparato estatal es el más largo de la historia del país, habiendo estado durante un mes con todas las instituciones llamadas no elementales completamente paralizadas (CL 19/1).

Esto implica que alrededor de 800.000 trabajadores se encuentran suspendidos y sin cobrar salario hace un mes, desde empleados de la Guardia Costera, hasta el personal de la Casa Blanca (RT 16/1 y CL 19/1). El desacuerdo fundamental lo constituye la exigencia por parte de Trump de que el nuevo presupuesto contenga los fondos para la construcción del muro fronterizo con México, algo que es rechazado de cuajo por el Partido Demócrata, e incluso por parte de su propio partido (RT 20/12). Esta situación ha llevado al gobierno de Trump a amenazar con utilizar fondos de emergencia para financiarse mientras se resuelve la cuestión en el Congreso. Esto no ha ocurrido, y finalmente el mandatario ha ofrecido sostener un acuerdo migratorio que había desmantelado dirigido a hijos de inmigrantes ilegales (RT 19/1). La tregua concedida por el gobierno le permitiría poder garantizar el funcionamiento del aparato estatal por un mes más.

La gravedad de esta situación muestra con toda su crudeza la confrontación de los grupos económicos, ya que el Estado es el conjunto de instituciones jurídicas y políticas que garantizan el dominio de una clase sobre la otra. En este caso, el dominio de la burguesía sobre los trabajadores. Por tanto, su parálisis deja ver que la clase dominante tiene tal enfrentamiento en su interior que su capacidad de gobernar se ve dramáticamente reducida.

Esta situación, que a escala planetaria se traduce en el derrumbe de sus fuerzas tal y como analizamos respecto a Medio Oriente, en su interior no es distinto, sólo que la capacidad del pueblo estadounidense para resolver esta crisis es mucho menor, resultado de décadas de creerse socios menores de los capitales. Por eso, hoy, en EEUU, la quinta causa de muerte se produce por sobredosis de drogas, y la cuarta son los suicidios (HTV 15/1). Esto muestra hasta qué punto su población se hunde: incapaz de ver una salida de la crisis que atraviesa, cae con suma facilidad en fármacos alucinógenos, la mayoría recetados por el propio Estado, para evitar despertar del mal llamado “sueño americano” y descubrir que, en verdad, tal forma de vida constituye más una pesadilla que un sueño.

Estos señalamientos no deben hacernos pensar que no hay en el pueblo yanqui pasado y presente de lucha. La necesidad de superar el actual orden de cosas encuentra manifestaciones en todos los rincones del planeta. Sólo recordamos a nuestro lector que el pueblo yanqui, enfrentado al mismo problema que nosotros, tiene menos herramientas a la mano, dada la política de exterminio de todo lo que suene a revolución y de cooptación de los sectores menos sólidos ideológicamente. Prueba de ello son el movimiento de estudiantes secundarios contra la tenencia indiscriminada de armas, los movimientos que retoman la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos como Black Lives Matters (las vidas de los negros importan, en inglés), por citar los casos más resonantes. Los jóvenes que han nacido con el país en la situación actual rechazan de plano las políticas de seguridad de sus mayores. Esto no es suficiente para resolver la crisis, pero es la punta del ovillo de la que habrá de tirar el pueblo norteamericano, ya que estos jóvenes son de la clase trabajadora, pero ya sin la ilusión de ser socios de la burguesía, simplemente porque no hay bases materiales para el sostenimiento de dicha ilusión.

Tal y como venimos analizando, la crisis que atravesamos es resultado de la conducta de la burguesía, por lo tanto, sus manifestaciones las encontraremos en todos los rincones del orbe donde esta clase tenga presencia. Aunque la profundidad de la crisis estará determinada por la concentración de los capitales y el grado de organización de la clase trabajadora.

Por esto es que también recorreremos los sucesos del Viejo Continente para dimensionar la crisis que atravesamos, ya que los capitales europeos también son de los más concentrados a nivel mundial. Entre los casos que más resonaron durante el mes de enero, estuvo centralmente Gran Bretaña y Francia, pero también cabe realizar una mención a la situación que se atraviesa en España, ya que por primera vez después de la muerte de Francisco Franco vuelve a aparecer en escena un partido xenófobo llamado VOX. Si bien salió cuarto en las elecciones regionales de Andalucía, es la primera vez que en esta región obtiene un 10% del caudal de votos un partido de estas características.

Esta situación puso en escena una fuerza que apoyó una alianza con Ciudadanos y con el Partido Popular, para poder formar gobierno y desplazar al PSOE de la región luego de 30 años. Si bien, esta fuerza a nivel nacional aún no tiene peso, es necesario tenerla en cuenta, ya que emerge en pleno desarrollo de partidos aislacionistas y xenófobos por todo el continente, reflejando los intereses de los capitales concentrados de sus naciones, que buscan la manera de no ser absorbidos por otros mayores. Y más aún, en medio de la fractura de Podemos, principal partido de izquierda en todo la UE, protagonizada por su líder Pablo Iglesias y su histórico opositor Iñigo Errejón.

Donde la disputa se ha vuelto más descarnada es en Gran Bretaña, sobre todo a partir de la votación del Brexit en el 2014. Durante el mes de noviembre, finalmente se había producido un acuerdo entre la UE y Gran Bretaña que incluía medidas especiales para proteger las fronteras entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte, provincia inglesa en la isla. Además se había alcanzado un marco sobre la compensación que debía pagar Gran Bretaña como indemnización, alcanzando una cifra de 43.000 millones de euros. El último punto discordante de relevancia era con España, respecto a la soberanía del peñón de Gibraltar, por lo que el acuerdo alcanzado incluía que España sería quien mediaría entre Inglaterra y la UE en las cuestiones vinculadas al peñón (LN 26/11).

Los escollos comenzaron al día siguiente de que la premier británica, Theresa May, lograra el acuerdo, ya que al presentarlo a su gabinete, seis ministros renunciaron en los siguientes días en señal de rechazo al acuerdo.

Dos semanas después, en condiciones de extrema debilidad, la mandataria conservadora debió afrontar una moción de censura en el Parlamento que si se hubiera aprobado, la hubiera obligado a dimitir, convocando a nuevas elecciones. Aunque la votación para removerla del cargo no logró su cometido, sus escollos no terminarían ahí, ya que el Parlamento que debía sellar el acuerdo votó 432 contra el plan de May y tan sólo 202 votos a favor, sellando la peor derrota parlamentaria de un gobierno británico en más de cien años (BBC 15/1).

El mayor riesgo ahora es que se llegue al 29 de marzo, fecha tope para formalizar la salida británica del bloque, sin ningún tipo de acuerdo, lo que podría significar un cierre abrupto de las fronteras, trayendo consigo una fractura aún mayor con las regiones de Escocia, e Irlanda del Norte, fervientes opositoras del Brexit. Además, grandes corporaciones anunciaron que en el caso de que la salida del bloque no fuera consensuada, retirarán sus empresas de Inglaterra ya que las líneas de montaje requieren de continuos suministros del continente. Las empresas que anunciaron un inminente cierre son Airbus, Rolls Roys, BMW, Nissan, Land Rover, y los bancos Deutsche, Goldman Sachs y Citycorp, dejando a cientos de miles de obreros sin trabajo (CL 21/12).

Como vemos, si bien las manifestaciones son distintas que en EEUU, el contenido es el mismo, ya que lo que domina en la situación es que ninguna facción de capital logra imponerse y sólo se limita a impedir que las otras lo hagan. Esto significa que la política de los capitales concentrados en la actualidad radica únicamente en intentar que las demás fuerzas no puedan.

Francia, por su parte, está también atravesando una crisis sin precedentes, en la que el gobierno del ex banquero Rotschild Emmanuel Macron apenas logra sostenerse a flote. La gota que parece haber colmado la paciencia del pueblo galo fue un nuevo impuesto a los combustibles en el mes de noviembre, que desató un movimiento llamado Chalecos Amarillos, que si bien inicialmente se limitó a reclamar por el estilo de vida perdido, con el pasar de las semanas se ha convertido en un movimiento insurreccional que reclama la renuncia de Macron.

Dos meses después las movilizaciones no se han detenido, y aunque el número de participantes ha decaído, la violencia de sus manifestaciones se incrementó, además de que goza de un consenso popular que alcanza el 70% de la población (RT 22/12).

A esto debemos sumarle el desgaste que está sufriendo el aparato represivo francés, cuyos componentes están también en la mira de los incontables ajustes, y ahora obligados a reprimir a diario a sus pares. Por eso, la Policía Nacional Francesa, el día 20 de diciembre lanzó una huelga de brazos caídos a nivel nacional. Las fuerzas de seguridad se declararon agotadas por la sobrecarga de trabajo y recurrieron al cierre de comisarías y al trabajo a desgano en ventanillas de atención al público en las terminales aéreas y las fronteras.

Para desarticular las protestas, Macron propuso un bono de 300 euros a aquellos policías solicitados para contener las manifestaciones de estas semanas. Pero la medida fue juzgada insuficiente por los sindicatos del área, que exigen no sólo una revalorización salarial general, sino una renovación del equipamiento y, sobre todo, el pago de 3.000.000 de horas suplementarias no pagadas, creadas cada año por la sobrecarga de trabajo. El gobierno se declaró dispuesto a pagar esas horas, aunque en forma escalonada, ya que reconoce que ese pago representa 274 millones de euros (LN 20/12).

Evidentemente en Francia el ajuste que se le debe imponer a la clase trabajadora para garantizar la reproducción de su burguesía amenaza la gobernanza del propio Macron, mostrando una vez más el nulo consenso del que gozan sus políticas. Esta vez no demostrado por las encuestas, sino por los trabajadores en pie de guerra contra sus políticas, y unas fuerzas de seguridad reticentes a reprimir a cambio de nada.

Sin embargo, aunque todo parezca pesimista, la burguesía parece haber encontrado la receta para poder subsistir algún tiempo más, prolongando el reviente de la naturaleza. En una nota publicada por el órgano de la oligarquía vernácula, La Nación, se citaba la receta elaborada por una de las usinas del gran capital: “Bent Flyvbjerg, de la Universidad de Oxford, puso en evidencia el futuro dilema demográfico al decir que si permanecemos sin hacer nada, debemos resignarnos a vivir con el nivel de vida que tiene actualmente la India. En cambio, para garantizar un estándar comparable al de Europa, será necesario reducir la población a 3.000 millones de personas (menos de la mitad de la población actual). La pregunta que se impone es cómo: ¿control masivo de la natalidad, eutanasia, selección, exterminio?” (LN 27/12). Estas palabras son muy claras en sus intenciones ya que para vivir como los pobladores del primer mundo está claro que la población que sobra no es ésa, sino la de los países periféricos.

Sin embargo, como los sucesos que analizamos de Medio Oriente nos muestran, los pueblos no estamos dispuestos a aceptar este plan. En las líneas que siguen analizaremos los sucesos en Rusia y China, principales potencias mundiales en la construcción de la paz.

Síganme los buenos

En el caso de Rusia, este mes destacó las medidas adoptadas por esta nación para detener la salida de EEUU del Tratado sobre Misiles de Alcance Medio y Corto (INF, por sus siglas en inglés), ya que hace dos meses que el gobierno de Trump amenaza con salirse del acuerdo, bajo la nueva doctrina militar en la que vuelve a considerar como principales amenazas a Rusia y a China.

Por esto, el gobierno de Trump plantea la salida del acuerdo, en el marco de un rearme nuclear por su parte, con el objetivo de disuadir a sus enemigos de actuar mediante la amenaza nuclear.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, advirtió sobre el peligro de reducir el umbral de un posible uso del armamento nuclear al declarar que “la disminución de este umbral puede conducir a una catástrofe nuclear globalpuede llevar a la muerte de toda la civilización e incluso del planeta”. Afirmó también que su país se verá obligado a tomar medidas de defensa si EEUU se retira del INF. Para cerrar, Putin alertaba a sus “socios” “que luego no se quejen de que estamos alcanzando algunas ventajas, lo que hacemos es preservar el balance” (RT 20/7).

Putin no habló en vano, ya que tan sólo una semana después de su declaración, sus fuerzas armadas probaron con éxito un nuevo misil balístico de alcance medio, capaz de viajar a una velocidad Mach 27, es decir, este nuevo misil rompe la velocidad del sonido 27 veces (LN 27/12). Para poder tener una referencia sobre la capacidad de esta nueva arma llamada Avangard, basta tener en cuenta que los misiles antiaéreos principales de EEUU son los llamados Patriot, cuya velocidad máxima es Mach 5. Por lo tanto esta nueva tecnología desarrollada por los rusos echa por tierra cualquier intento de mantener la supremacía militar por parte de EEUU. Mostrando, a su vez, el carácter defensivo de la maquinaria de guerra rusa, que sólo surge como respuesta a los intentos imperialistas de sostener su hegemonía.

Para finalizar, les dedicaremos las últimas líneas a los últimos sucesos en China. El primer suceso a tener en cuenta es que luego de la renuncia James Mattis, su sucesor interino, Patrick Sanahan ha dejado en claro que el principal enfoque en su gestión al frente de la defensa es China, siguiendo al pie de la letra la nueva doctrina de seguridad establecida por su predecesor en la cartera (HTV 3/1).

Por su parte, las fuerzas chinas no se quedaban impávidas. El diario oficial del Ejército Popular de Liberación de China (EPL) anunciaba que “las tropas chinas deben aumentar su formación, mejorar la tecnología de avanzada, y sobre todo prepararse para la guerra”. Asimismo, exhortaba a estar “bien preparados con toda clase de instrucciones de lucha militar y mejorar ampliamente las reacciones de combate de las tropas en emergencia para garantizar que podemos atender cualquier reto y ganar donde se produce una emergencia” (HTV 3/1). Por lo visto, China al igual que Rusia, no está dispuesta a ceder ni un milímetro ante esos grupos económicos cada vez más desesperados por intentar sostener su resquebrajada hegemonía.

Sin embargo, para comprender el estado real del gigante de Asia, veamos el mensaje de su mandatario Xi Jinping en conmemoración del 40º aniversario de la carta a los compatriotas de Taiwán. En este discurso declaró que su gobierno está “dispuesto a crear un amplio espacio para la reunificación pacífica, pero no dejará lugar a ninguna forma de actividad separatista” y agregó que “nadie ni ninguna fuerza puede alterar jamás los hechos legales e históricos: que Taiwán forma parte de China” (LN 3/1).

Estas palabras las dice en el marco de que, pese a la radicalización imperialista contra China, utiliza a los separatistas de Taiwán para intentar mellarlos; la realidad es que sólo el 36% de los isleños acuerdan con independizarse de China y sólo el 23% quiere sostener el actual statu quo respecto al país (LN 2/1). Esto muestra el éxito de la política china de “dos sistemas, un país”, que aboga no por aplastar las diferencias, que en un país de 1.400 millones de habitantes son muy amplias y variadas, sino que aspira a resolverlas, también respecto de Hong Kong, Macao, los uigures (etnia musulmana china), el Tíbet, etc.

Esto no sólo es visible con el cambio en la posición de la población de Taiwán respecto al resto de China, sino también con el avance en la forma de vida del pueblo. Después de cuatro décadas de reforma y apertura, el PBI per cápita de China se situó en el 2017 en 9.000 dólares estadounidenses, muy por encima de los 227 dólares de 1978. Hay 750 millones de personas que han sido sacadas de la pobreza, y para el 2020 se eliminará la pobreza extrema en China. Éste es el plan, y las grandes tareas del PCCh y el gobierno chino por la causa de los derechos humanos (XH 18/1).

Además China tiene un sistema de educación obligatoria de nueve años, y en todo el país se puede acceder a la educación secundaria. Actualmente existen 2.913 instituciones de educación superior, con una capacidad de matrícula de 37.790.000 estudiantes. Se crean 11 millones de nuevos empleos anuales, y han logrado mantener su tasa de desempleo por debajo del 5 por ciento. En junio del 2018, el número de afiliados al seguro básico, al seguro de empleo y al seguro ante accidentes laborales registraron 925 millones, 191 millones y 230 millones de miembros, respectivamente. Además, hay 1,3 mil millones de personas que están cubiertas por el seguro médico básico. En consecuencia, la esperanza de vida promedio ha alcanzado los 76,7 años y la tasa de mortalidad materna ha disminuido de 94,7 (1989) a 19,6 (2017) por cada 100.000 habitantes (XH 18/1).

El bienestar alcanzado por la población china evidencia que lo que se planteó desde las páginas de La Nación, respecto a que para tener un bienestar similar al europeo hay que eliminar a más de la mitad de la población, no es cierto. Desde los intereses de la burguesía, que destruye las bases sobre las que se asienta, la humanidad y la naturaleza, no hay posibilidad de que la vida en la Tierra siga existiendo. Los chinos se encargan a diario de demostrar que desde el socialismo es posible construir un mundo en el que entremos todos y podamos vivir con dignidad, pero para ello es primordial aceptar las tareas que devienen de la necesaria derrota del enemigo. Pasemos entonces a analizar los enormes aportes que en esa dirección continuaban haciendo los pueblos latinoamericanos, especialmente el venezolano, cada vez más enfilado por la senda abierta por Bolívar, Martí y San Martín, a imagen y semejanza de sus hermanos cubanos.



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