Revista Mensual | Número: Abril de 2019
Bajar en formato pdf
Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
[<< Volver a la primera plana]

Salir de la Pre Historia

Exprimir la Tierra hasta la última gota
Difícil que lleguemos a ponernos de acuerdo
“Tal  vez no ser es ser sin que tú seas”
Plan contra Plan


Los niveles de deuda encienden las luces de alerta y los acuerdos estallan por los aires, al tiempo que madura la necesidad de superar este (des)orden de cosas.

Salir de la Pre Historia

Hasta ahora la sociedad sólo ha hecho nada más que cultivar el instinto (…).
No voy a decir Patria o Muerte. Voy a decir: sálvese la humanidad

(Fidel Castro)

“Con esta formación social se cierra, por tanto,
la prehistoria de la sociedad humana
.”

(Karl Marx)


La crisis sistémica en que se encuentra sumergida la economía global es ratificada mes tras mes con todos los indicadores económicos en caída y con una permanente corrección hacia abajo en las previsiones de (no) crecimiento mundial, tal cual señaláramos el mes anterior.

En este sentido, en los primeros días de marzo, un nuevo informe -esta vez tripartito,elaborado entre el FMI, la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) y la Comisión Europea (CE)- determinó para este año en un escuálido 3,3% la proyección de crecimiento de la economía global, recortando un 0,2% la estimación que habían hecho sólo cinco meses atrás (LN 7/3).

Por su parte, el Banco Central Europeo (BCE) corrigió, también a la baja, los pronósticos macroeconómicos para la eurozona, reduciendo sus previsiones de crecimiento para 2019 a 1,1%, contra el 1,7% anunciado en diciembre pasado (LN 8/3).

Los números no sólo indican estancamiento económico sino que anuncian que la competencia y la lucha al interior de la burguesía monopolista global va a continuar agudizándose y encarnizándose cada vez más, ya que las contradicciones que arrastraron a la economía mundial a la crisis en 2008 no sólo no se han resuelto sino que se profundizan mes a mes.

El rasgo distintivo del momento histórico que vivimos es el estallido en el centro imperialista, en el corazón del sistema de producción y distribución mundial. Las contradicciones revientan fronteras adentro de los países centrales desde el último tercio del siglo XX en adelante, y cada vez más.

El bloque histórico formado por la gran burguesía occidental y las patas locales que forjó en la periferia como intermediarias en el mecanismo de succión y expoliación imperial se resquebraja y se hunde, en la medida en que el proceso de concentración y centralización del capital va fagocitando a sus miembros. El caos y la tercera guerra mundial librándose “de a pedazos” son expresión de la imposibilidad de construir órganos de gobernanza global desde los intereses monopolistas.

Sin embargo, el proceso de globalización y socialización de la economía es indetenible, y el problema de controlar la gigantesca potencia de la humanidad en un mundo que es cada vez más uno, continúa siendo de vital importancia. No es el fin del mundo, sino el fin de un mundo a lo que estamos asistiendo, y con él, a la necesidad de forjar otro nuevo.

Exprimir la Tierra hasta la última gota

El descalabro de la hegemonía norteamericana es ya hoy un dato inocultable que refleja un desfalco económico inconmensurable. Para mostrar sólo un aspecto del estancamiento en la matriz productiva de la primer economía mundial: el cierre de la balanza comercial de 2018 arrojó un déficit de U$S 621.000 millones -su nivel más alto en una década, ya que en plena crisis de 2008 alcanzó los U$S 709.000 millones- aumentando un 12,5% respecto del año anterior (CR 7/3). Es decir que en medio de la guerra comercial y el gobierno del “arancélese”, el déficit comercial se profundizó de un año a otro.

Probablemente esos resultados suicidas sean los que explican que sin que haya mediado un cambio de posiciones de parte del gobierno chino, Trump saliera a anunciar días antes de que se cumpliera el plazo que él mismo había impuesto para incrementar las sanciones al gigante asiático: “Me complace informar que EE.UU. ha logrado un progreso sustancial en nuestras conversaciones comerciales con China sobre importantes problemas estructurales (…). Como resultado de estas conversaciones tan productivas, retrasaré el aumento de los aranceles de EE.UU. programado para el 1 de marzo” (RT 24/2).

Como señalábamos el mes pasado, este gigantesco déficit comercial se combina con una deuda pública que por primera vez en la historia superó los 22 billones de dólares, creciendo en más de 1,5 billones sólo en el último año fiscal (RT 12/2).

Pero el problema del sobreendeudamiento no es exclusivamente norteamericano… Según la agencia de calificación S&P, la deuda soberana global aumentará hasta llegar a los U$S 50 billones este año, lo que supondría una suba del 6% respecto al año anterior (RT 25/2).

Según la OCDE, el volumen de la deuda mundial de las compañías no financieras -las industrias manufactureras centralmente- aumentó dos veces desde la crisis de 2008 y hoy supera los U$S 12,95 billones. Si antes de la crisis de 2008 el promedio anual de emisiones mundiales de bonos de deuda corporativa se ubicaba en los 864.000 millones de dólares, desde la crisis a esta parte ese promedio se ha más que duplicado, y se registran emisiones por 1,7 billones de dólares cada año. El 79% de esta gigantesca pelota de endeudamiento empresarial global corresponde a empresas de los países avanzados (todo en RT 4/3).

En este escenario, donde se puede decir cualquier cosa menos que el problema del sobreendeudamiento de la economía global esté resuelto, el mes de marzo cerraba con la decisión de la FED de interrumpir la política de suba progresiva de la tasa de referencia: nafta al fuego. “El crecimiento de la actividad económica se ha desacelerado”, justificaba el organismo en un comunicado.

La FED había subido sus tasas de interés siete veces entre 2017 y 2018, llevándola a un rango del 2,25 al 2,5%. En un abrupto cambio de perspectiva, ahora anunció que la subirá sólo una vez de acá a 2021. A su vez, decidió desacelerar de 30.000 a 15.000 millones de dólares por mes el desprendimiento de los bonos del Tesoro, echándose atrás en el desguace de la gigantesca deuda que posee, por las catastróficas consecuencias económicas que desactivar la burbuja conllevaría (todo en RT y CR 20/3).

Recordemos que entre 2012 y 2015, la FED sostuvo un programa de compra de bonos del Tesoro por más de 85 mil millones de dólares cada mes. El Tesoro se endeudaba para sostener subsidios y estímulos fiscales a las compañías norteamericanas que la crisis de 2008 había dejado en bancarrota, y la FED, con la maquinita de imprimir dólares, bancó la fiesta. Vale aclarar, el programa apuntó a resucitar popes del tamaño de General Motors, a la que le pusieron encima más de 80 mil millones de dólares para que no declare la quiebra, y a sostener lo que la caída del LehmanBrothers dejó en pie del sistema financiero estadounidense.

En el mismo sentido, una nota periodística publicada en el diario británico The Guardian, llamaba la atención sobre el subsidio oculto de U$S 83.000 millones anuales que los bancos privados más grandes del país reciben de parte del gobierno norteamericano bajo la forma de exenciones impositivas. Asimismo, The Guardian remarcaba el caso de la rescatada General Motors, que recibe en concepto de contratos federales con el gobierno más de U$S 600 millones, a los que deben sumarse otros U$S 500 millones en exención fiscal (CL 26/2).

En idéntica dirección, y con el panorama sombrío de 1,1% de crecimiento anual, el BCE lanzaba este mes una serie de préstamos gigantes y baratos, sin modificar el rango de las tasas del -0,4 al 0% (LN 8/3).

Las políticas de apalancamiento a las empresas no son otra cosa que la admisión de que en el proceso de competencia monopólica vastos sectores del gran capital ya han sucumbido, objetivamente. La condición básica para la supervivencia del capitalismo es que el capital se reproduzca en escala ampliada, es decir, gane en cada ciclo más que en el anterior. Los niveles de endeudamiento siderales muestran que una masa de capitales enorme y de las cumbres de los mercados mundiales no está llegando a esa mínima reproducción. Los Estados nacionales de los países centrales actúan como lo que son: ejecutores de los intereses de los grandes monopolios que cobijan dentro de sus fronteras. El correlato entre el crecimiento de la deuda corporativa occidental y la disparada de los niveles de endeudamiento público de los países imperialistas no es mera coincidencia.

No es descubrir el agujero del mate señalar que los U$S 1.100 millones que succiona a través del gobierno norteamericano General Motors, o la tasa negativa de -0,4% del BCE –es decir, que las empresas europeas tomen deuda por 100 ahora y devuelvan 99,6 más adelante- de algún lado salen.

La flexibilización laboral, el achicamiento de la masa salarial, el recorte en los presupuestos de Salud, Vivienda o Educación, los 40 millones de norteamericanos que deben recibir asistencia estatal para poder comer, son la expresión de esa descarga que los monopolios hacen todos los días sobre las espaldas del conjunto de la sociedad. Ya no alcanza para descargarla en los trabajadores de la periferia y sostener las condiciones de vida de la burguesía en el proletariado de los países centrales. El desguace del Estado de Bienestar en Europa y el fin del “Sueño americano” en Estados Unidos son ahora una necesidad vital para la reproducción capitalista. Como los niveles de deuda demuestran, el problema que tienen es que ni así les alcanza.

Difícil que lleguemos a ponernos de acuerdo

Como decíamos, la puja al interior de gran capital empuja a los aparatos estatales de los países centrales a un enfrentamiento que se torna mes tras mes más virulento. Como venimos señalando een los sucesivos números de AdeC, las sanciones que se cruzan a uno y otro lado del Atlántico reflejan esa lucha al interior de la burguesía imperialista.

Sin ir más lejos, finalizando el mes de marzo, un tribunal norteamericano dictaminaba que el herbicida Roundup de la multinacional Monsanto contribuyó al cáncer de un ciudadano estadounidense. Se trata del segundo veredicto culpando al glifosato de Monsanto de provocar cáncer en menos de nueve meses. Entre ambos juicios, la compañía deberá desembolsar casi U$S 370 millones (DW 20/3). El detalle es que mientras que ambas denuncias datan de 2012, solo hubo condena para Monsanto durante el último año. A las claras, ahora que la empresa otrora norteamericana fue adquirida por el grupo alemán Bayer, sus químicos se volvieron mucho más cancerígenos que antes para las cortes estadounidenses…

En materia de guerra comercial, finalizando el mes de febrero, Trump volvía a la carga. Esta vez con la amenaza de imponer aranceles a uno de los complejos vitales del entramado productivo europeo en general y alemán en particular: la industria automotriz. “Estamos tratando de hacer un trato y ellos son muy difíciles para alcanzar un acuerdo (…). Si no hacemos un trato, pondremos los aranceles(XH 21/2), sentenciaba el magnate norteamericano.

La posición era “fundamentada” en un informe del Departamento de Comercio yanqui que asegura que la importación de automóviles y autopartes provenientes de la UE representan una amenaza para la seguridad nacional, haciendo gala de la ya gastada Sección 232 de la ley comercial de EE.UU. Washington tuvo un déficit comercial de U$S 169.300 millones con Bruselas en 2018 (XH 3/7), es decir que casi el 28% de su déficit total se explica por el intercambio con Europa.

La portavoz de la CE, Margaritis Schinas, presurosamente respondía a lo informado por el Departamento de Comercio yanqui: “Si este informe se tradujera en una acción en detrimento de las exportaciones europeas, la Comisión Europea reaccionaría de manera rápida y adecuada” (XH 21/2). La comisaria europea de Comercio, Cecilia Malmström, por su parte, advertía que si Estados Unidos impone estos aranceles, las represalias desde el Viejo Continente implicarían productos estadounidenses por un valor de 252.000 millones de euros, lo que representa un 19 % de las exportaciones del país en 2017 (HTV 13/3).

Como vemos, la llegada de Trump al comando de la Casa Blanca no hizo más que azuzar las contradicciones al interior de la burguesía para sostenerse como organizadora de todas las relaciones sociales. Sería obtuso creer que Trump las crea; esas contradicciones estuvieron siempre ahí –y seguirían estando aunque Trump desapareciera-; en la medida en que avanza el proceso de concentración y centralización del capital, el margen para barrerlas bajo la alfombra se achica velozmente. La emergencia de Trump es hija de ese proceso de descomposición, no su causa.

A su vez, como ya vimos, el escollo para sostener los acuerdos radica en que ninguno quiere recibir “el certificado de defunción” que correspondería a toda esa masa de capital que ya no tiene lugar para reproducirse en escala ampliada, y que, por tanto, ya no es “capital”.

Pero si de incapacidad para llegar a un acuerdo se trata, no hay mejor botón de muestra que el fiasco del Brexit, cuyas implicancias trascienden las fronteras inglesas y agregan una raya más al tigre de la incertidumbre sobre el curso de la economía global, que arrastra desde 2013.

En medio de una sucesión de no acuerdos y traspiés de votaciones fallidas en el Parlamento británico, este mes se desataba una verdadera estampida financiera, con más de 275 empresas retirando capital por un total de U$S 1,2 billones de la plaza londinense (CR 12/3). 

Sin importarle más que la sobrevida que puedan lograr los capitales a los que representa, Anne M. Finucane, vicepresidenta del Bank of America, afirmaba: “No hay vuelta atrás. El puente ya se levantó. Ahora la sede europea de nuestro banco está en Dublín, y punto (…). Y desde la perspectiva del comercio, ahora el brazo comercial europeo sería París” (LN 14/3).

El consenso es unánime tanto en los directorios de las empresas como en las plantas de las fábricas: ésta no es manera de manejar la quinta economía del mundo (…) La incertidumbre sobre el Brexit ya causó enormes perjuicios a la producción, las inversiones y el empleo (LN 14/3), declaraba Mike Hawes, presidente de Society of Motor Manufacturers and Traders, una asociación que representa a más de 800 industrias del sector automotriz británico. 

El Brexit es una gran manifestación del carácter irresoluble de las contradicciones inherentes a la lógica de la acumulación capitalista. Gran Bretaña no puede mantenerse dentro de la Unión Europea, pero tampoco puede irse. El avance del proceso de concentración, expresado en las 147 corporaciones que controlan la mitad del PBI mundial, ha agudizado las fuerzas centrífugas contenidas en los Estados Nación, y dentro de la Unión Europea.

Recordemos que, en su momento, Cameron agitó la bandera de la salida como presión para negociar autonomía al interior de un bloque que, ante la fractura de la alianza histórica con Estados Unidos, ajustó las riendas para pertrecharse en la lucha por el control del mercado global. La historia de la burguesía inglesa no admitía una rendición al estilo de las que fueron haciendo uno tras otro los países del sur de Europa, endeudados en más del 100% de su PBI y con índices de desocupación de dos dígitos. Una vez que negoció determinadas condiciones, Cameron militó la permanencia en la Unión Europea, pero para entonces ya el Reino Unido estaba empantanado. La City londinense, que bajo el acuerdo con Bruselas había logrado el “punto justo” de unidad, de forma tal de mantener los beneficios económicos de su pertenencia a la UE y garantizarse un lugar junto a Alemania y EE.UU. en la conducción económica del bloque occidental, se resiste a perderlo todo por un 1,5% de los votos. Nadie quiere ceder, y cada vez entran menos… Combinación mortal.

“Tal  vez no ser es ser sin que tú seas”

Mientras los índices occidentales se sumergen cada vez más en el subsuelo, la proyección de crecimiento del PBI chino para 2019 se ubicaba entre un 6 y un 6,5%, según un informe elaborado para la segunda sesión de la XIII Asamblea Popular Nacional (APN), el máximo órgano legislativo del país (XH 5/3).

China anunciaba, a su vez, como objetivo para este año crear más de 11 millones de puestos de trabajo en las zonas urbanas, y mantener la tasa de desempleo urbano en el 5,5% (XH 5/3). Estas cifras, que se suman a los más de 68 millones de personas que salieron de la pobreza en sólo cinco años en el gigante oriental (TS 10/2), demuestran que no hay contradicción entre el desarrollo tecnológico y el bienestar de la población, que la “distopía” robótica con la que Hollywood satura el imaginario social no es tal.

En el país que más robots adquiere por año, la tasa de desempleo es baja, el crecimiento es elevado y el combate a la pobreza es sin cuartel. Es obvio que lo que choca con los intereses de las grandes mayorías no son las máquinas, sino la necesidad de un puñado cada vez más pequeño de capitales de hacerse con una parte cada vez mayor del conjunto de la riqueza social.

A su vez, este mes el regulador de valores de China permitía al FMI acceder al mercado de capitales del país a través del programa de Inversores Institucionales Extranjeros Cualificados en Renminbi (IIECR). La Comisión Reguladora de Valores de China informó que tomó la decisión después de recibir una solicitud por parte del Fondo.

El mecanismo IIECR se puso en marcha en 2011 con el objetivo de ampliar los canales de inversión para los fondos en renminbi (RMB, o yuan, la moneda china) de ultramar en la parte continental de China, permitiendo a aquellos que cumplieran con los requisitos invertir en el mercado bursátil de China dentro de una cuota determinada (todo en XH 8/3).

En una conferencia de prensa, Gerry Rice, director del departamento de Comunicaciones del FMI, dijo que “El FMI da la bienvenida al enfoque de China en el mantenimiento de la estabilidad macroeconómica y del sector financiero al mismo tiempo que controla el apalancamiento” (XH 9/3).

En el proceso de apertura de la economía china, las empresas privadas alcanzaron en los primeros meses del año, el 40,6% de las importaciones y exportaciones del gigante asiático, 1,4% porcentuales más con respecto al mismo período del año pasado. El comercio exterior total de las firmas privadas chinas ascendió a unos U$S 273.800 millones, lo que supuso un aumento interanual del 4,4%, según las últimas estadísticas de la Administración General de Aduanas. En concreto, las exportaciones aumentaron un 3,6%, y llegaron aproximadamente a la mitad de las exportaciones totales de China, mientras que las importaciones se incrementaron un 6,2%, lo que representa el 29,9% del total (XH 9/3).

En este escenario, el máximo órgano legislativo nacional aprobaba este mes la ley de inversión extranjera que entrará en vigor el 1 de enero de 2020. Las empresas de inversión extranjera disfrutarán por igual de políticas gubernamentales de fomento y desarrollo, y podrán participar en el establecimiento de normas en igualdad de condiciones y en la contratación pública. La ley unificada reemplazará las tres leyes vigentes sobre las empresas mixtas de capital chino-extranjero, empresas de propiedad absoluta extranjera y empresas mixtas contractuales chino-extranjeras, de 1979. 

A finales de 2018, unas 960.000 empresas de capital extranjero se habían establecido en China, con una inversión directa extranjera acumulada superior a U$S 2,1 billones. La inversión directa extranjera en China se ha posicionado en primer lugar entre los países en desarrollo durante 27 años consecutivos, según la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) (XH 15/3).

En medio de la incertidumbre financiera global –por no decir de la certidumbre de que una nueva recesión estallará pronto-, China abre las puertas de su mercado y ofrece salida a sectores del capital que en los actuales niveles de concentración y competencia inter-imperialista no tienen donde más ir.

Plan contra Plan

Como venimos analizando, el viraje europeo hacia la región Asia Pacífico parece ser un punto de fuga para una masa de capitales cuya supervivencia como tales pende de un hilo. En la medida en que la Unión Europea no está en condiciones de garantizarles su reproducción, la unidad del bloque se fractura, como quedó evidenciado en la crisis del 2008, las protestas de los pueblos del sur de Europa contra la “eurocracia” y el comando económico desde Berlín, o el propio Brexit.

Mientras que el promedio del ratio entre deuda y PBI de los miembros de la UE es del 60%, Italia mantiene una deuda pública equivalente al 132% de su PBI. En el 2018 Italia creció apenas un 1,2%. Hoy Italia paga tasas de interés del orden del 3,40%, mientras que Alemania obtiene en el mercado tasas de interés del 0,45% (LN 7/3).

Este mes, el gobierno de Italia -la tercera economía de la UE y la novena del mundo-, que ya se había retobado a la imposición de Bruselas respecto del porcentaje de déficit que tienen permitido manejar en sus presupuestos los países del bloque, recibía la visita de Xi Jinping, consumando un acercamiento directo hacia la iniciativa de la Franja y la Ruta.

El viaje del primer mandatario chino a la península cerraba, de hecho, con la firma de un memorándum de entendimiento mutuo y el ingreso de Roma a la iniciativa de la Franja y la Ruta, convirtiéndose en el primer país miembro del G-7 en ingresar (RT 23/3).

La preocupación norteamericana no tardaba en manifestarse. “Nosotros vemos a la Franja y Ruta de la Seda como un 'hecho en China, por iniciativa de China'”, aseguraba Garrett Marquis, vocero del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, para cerrar con un: Somos escépticos de que el apoyo del gobierno italiano le brinde a su pueblo algún beneficio económico sostenido, y podría terminar dañando la reputación global de Italia en el largo plazo” (CR 7/3).

Como venimos señalando, el viraje de vastas fracciones del capital hacia el mercado chino y el eje Pacífico se da en el marco del desarrollo acelerado que la potencia oriental viene llevando adelante en las últimas décadas y la iniciativa conocida como la Franja y la Ruta, como alternativa a quienes ensayan desde los países centrales el proteccionismo como respuesta a la crisis mundial.

En el mano a mano en materia de desarrollo tecnológico, Beijing aventaja a Washington por varias cabezas. Mientras la competencia inter-imperialista sumerge hoy al mundo en un estancamiento crónico y un caos generalizado, la planificación ejercida por el Partido Comunista Chino (PCCh) de su mercado llevó a China a estar disputando la primacía en segmentos claves para el conjunto de la producción, como la Inteligencia Artificial (IA), automatización y robotización, Big Data e Internet Cuántica.

Los datos más recientes indican que el costo de un robot industrial en China bajó del equivalente a 5,3 años del salario de un trabajador en 2010 al equivalente de 1,5 años en 2016, según un estudio de la firma consultora Bain& Company. Al mismo tiempo, la Federación Internacional de Robótica (IFR) informó que China está comprando más robots industriales y de servicio que cualquier otro país. “Y el gobierno pretende avanzar y convertirse en una de las 10 naciones más automatizadas del mundo para 2020”, señalaba este mes la entidad.

Para este año, China tiene planeado comprar 210.000 robots industriales, más que EEUU y los 28 países de la UE juntos. Como decíamos, si se mide el uso de robots en relación con la población de los países y, comparándolos con mercados emergentes como los tres principales de Latinoamérica, China tiene 97 robots por cada 10.000 trabajadores; México tiene 36, y Brasil y la Argentina tienen menos de 20 cada uno, según la misma Federación (todo en LN 6/3).

La regla esencial de pensamiento estratégico chino -establecida por Mao TseTung- es que la única forma de dominar una tendencia es acelerarla; y esto significa advertir que la globalización ha creado una sola economía mundial. El problema se plantea, entonces, en esa escala, y se trata de controlar las fuerzas, la potencia creadora de la humanidad. La preocupación de los viejos centros de producción imperialista radica en que, para sobrevivir, necesitan poder seguir succionando trabajo impago de la periferia tercermundista.

A las condiciones objetivas que traban ese mecanismo de succión –reducción del tiempo de trabajo necesario a nivel global para producir el conjunto de las mercancías-, le siguen las condiciones políticas que imposibilitan la reproducción del orden mundial que los monopolios impusieron a sangre y fuego desde finales del siglo XIX a esta parte. El rol de China en vertebrar una postura global contra la injerencia extranjera y el intervencionismo imperialista, se sustenta en esa batalla que libra palmo a palmo en el terreno de la economía.

Uno de los campos de batalla principales de esta disputa es por el dominio en la tecnología 5G -una red de telefonía móvil que brinda una velocidad de transferencia de datos de 1 gigabyte por segundo, tres veces superior al actual 4G-. Este es el contexto que enmarca las agresivas medidas que viene implementado EE.UU. contra China, coronadas con el encarcelamiento de la ejecutiva de Huawei, la empresa que lidera el desarrollo mandarín en 5G y que además planea brindar esta tecnología en territorio europeo.

En la escalada de la guerra comercial, recordemos que en mayo del año pasado la compañía china ZTE recibió la prohibición por parte de la administración Trump para negociar con firmas estadounidenses líderes en la producción de chips como Qualcomm e Intel, esgrimiendo el tráfico que ZTE mantiene con la República Islámica de Irán como único justificativo. En agosto, la Casa Blanca firmó un decreto para prohibir el uso de la tecnología de ZTE y Huawei en todas las esferas de su gobierno y en cualquier contratación gubernamental, aduciendo sospechas de espionaje y la vulnerabilidad a ciberataques.

Además, Washington realiza un persistente lobby entre sus ¿“aliados”?, principalmente en Europa, para que los países no se hagan de la tecnología 5G que ofrece Huawei. Canadá, Gran Bretaña, Australia y Nueva Zelanda ya prohibieron que la multinacional china haga alianza con operadores locales de telefonía. A su vez, Alemania decidió comenzar una investigación para decidir si se suma a las restricciones contra la empresa.

Lo que intenta frenar con regulaciones punitorias el gran capital es que, a través de la expansión de Huawei, se profundice la influencia global de China como expresión de la construcción de una alternativa viable al caos y el terror que los monopolios necesitan imponer a lo largo y a lo ancho del planeta.

Sin embargo, la necesidad histórica empuja, y los pueblos del mundo van forjando un camino en esa dirección. Pasemos a ver cómo se planteaba esa lucha en el terreno militar global.



[ << Volver a la primera plana ]