Revista Mensual | Número: Abril de 2019
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Fuentes consultadas: EE.UU.: Wall Street Journal (WSJ). Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW); China: Xinhua (XH); Rusia: Russia Today (RT); Irn: HispanTV (HTV) Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Argentina: Clarín (CL); Crónica (CA); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Miradas al Sur (MS); Página 12 (P12); Tiempo Argentino (TA).
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El desbarrancadero

La oligarquía y los grandes empresarios saben que no fueron invitados
Fantasías de lobos vestidos de corderos pierden apoyo
La vaca no está atada
El unitarismo de Cambiemos
Por una vieja tradición oligárquica
Convidados cada vez más de piedra
Esto es un globo que puede explotar
Nos tratan de pelotudos, pero nos tienen miedo
Elementos para la represión
En el interior también pasa la historia
El pueblo lucha
Lo más importante en la vida es la confianza
Unidad hasta que duela


Se desnuda el carácter antidemocrático del plan imperial en la Argentina y el movimiento nacional busca la unidad para enfrentarlo

El desbarrancadero

“Serás lo que debas ser, o si no no serás nada”
(José de San Martín)

 


En el último mes, asistimos al momento de máxima crisis de la alianza Cambiemos. En medio de una crisis económica que no parece controlable con los ínfimos instrumentos financieros con que cuenta el Banco Central, y de una bicicleta financiera sin fin, el Gobierno se inclinaba cada vez más a defender los intereses de los grandes monopolios extranjeros, en detrimento de vastas capas del empresariado e inclusive de la oligarquía terrateniente. Esto llevó a un deterioro tal de esa relación que, sumado a las cada vez más adversas encuestas, los sectores propietarios comenzaron a especular salidas intermedias, que en la mayoría de los casos tiran por la borda a Macri.

Sin embargo, el Gobierno está blindado por el apoyo del FMI y se prepara para una campaña donde buscará desprestigiar al extremo a la oposición peronista, apoyándose en los sectores gorilas de la sociedad para justificar cualquier medida extraordinaria. Inclusive, enviaba sendos proyectos al Congreso para modificar la reglamentación de las elecciones con la intención, casi obvia, de realizar un fraude electoral.

En este contexto, los integrantes de la alianza Cambiemos con menos vínculos directos con el imperialismo norteamericano, sectores de origen peronista y radical cada vez planteaban más dudas en su acompañamiento. Al punto tal de que el radicalismo cordobés sufría una fractura, que amenazaba con quebrar la coalición en todo el país.

A su vez, continuaba la novela de espías en comodoro Py, donde a la causa de “las fotocopias de los cuadernos” se le contraponía la del agente inorgánico de la DEA, falso abogado y extorsionador Marcelo D´Alessio. Esto era una muestra más de lo poco que podía proponer el imperialismo yanqui al país. Ni créditos para el desarrollo, ni mercados, solamente usura y agentes de inteligencia. Además, mantenía el apoyo a la represión de la protesta con los cuerpos policiales de todo el país.

Además, la Corte Suprema fallaba contra el Gobierno en una disputa con la provincia de San Luis, marcando el tiempo de su fuerte enfrentamiento.

En el interior del país, la victoria del Movimiento Popular Neuquino, que apoyó de hecho la entrega macrista, iba a contramano del menguado apoyo que rescataba el macrismo en la mayor parte del interior.

Con este caldo de cultivo, continuaban expresándose diversas protestas sociales, como la que reclamaba la legalización del aborto y el paro por el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, que reunía a miles de personas en la Plaza de Mayo. También continuaban los “ruidazos” contra los tarifazos.

Se sucedían diversos conflictos laborales, por paritarias, pero también por suspensiones y despidos. Cada vez más se expresaba el carácter político de las luchas sindicales.

En esta dirección, se expresaban nuevamente las dos tendencias fundamentales dentro de la CGT, un sector que plantea apoyar un plan encabezado por sectores del empresariado nacional y otro que busca que el movimiento obrero tenga un mayor protagonismo en el frente nacional.

Así, este último continuaba el camino de búsqueda de la unidad que le permita derrotar a los CEO, con un escenario de fondo como el de Venezuela, que muestra que la pelea va mucho más allá del próximo escenario electoral.

La oligarquía y los grandes empresarios saben que no fueron invitados

Como no nos cansamos de repetir, el desarrollo tecnológico lleva ligado indisolublemente el altísimo grado de concentración y centralización económica que vivimos. A mayor productividad, menos valor por producto, por lo tanto, se necesitan mercados mas vastos para realizar la producción. Esto conlleva eliminación de la competencia, por vía de la inmensa capacidad productiva y las inmensas masas de inversión necesarias. Esta ley de hierro del capitalismo monopólico cada vez más se expresa a nivel nacional.

Esta situación, de la que hemos hablado en diversas ocasiones, llega en 2019 a un punto límite. Para los EEUU −en proceso de ser expulsados de Medio Oriente, por la lucha de los pueblos de Siria, Irak y Afganistán (que son apoyados por Rusia y China), y en plena guerra económica en nuestra hermana república Bolivariana de Venezuela, que encarna un nuevo proyecto socialista en lo que ellos consideran su patio trasero− la Argentina se vuelve una plaza central en el mantenimiento de su hegemonía continental.

Sin embargo, con la eterna crisis que comenzó en 2008 a cuestas, poco tiene para ofrecer a los trabajadores e inclusive a las distintas capas propietarias del país el imperialismo yanqui. Se conocía en marzo que, a pesar de la extrema supervisión del plan económico por parte del FMI (y de las felicitaciones que llegarían al país), el costo de vida aumentó un 4% en un mes y que se proyecta una inflación de 10% para el primer trimestre del año. Nuevos aumentos de los servicios y del transporte público promediaban subas del 15% y se esperaban nuevas subas para abril y mayo (LN 5/5).

La debacle económica y la necesidad de ajustar las cuentas públicas para pagar la deuda hacían que el Gobierno de Cambiemos no respetara los acuerdos con uno de los sectores que más había hecho para llevarlo al poder, la oligarquía terrateniente.

El congelamiento de la baja periódica de las retenciones a la soja, y la disolución del Ministerio de Agroindustria (basado en la búsqueda del “déficit 0”) llevaba a un fuerte posicionamiento de los ex dirigentes de la “Mesa de Enlace”, que nucleó a SRA, CRA, Coninagro y Federación Agraria, contra la resolución 125 en 2008, transformando a los terratenientes argentinos en uno de los núcleos de la oposición al anterior Gobierno.

Los dirigentes Mario Llambías, Hugo Biolcati, Carlos Garetto, Luciano Miguens y Eduardo Buzzi, aclarando que hablaban desde la libertad de ser meros ‘productores’, y no ya como representantes de las entidades [de propietarios agrícolas]”, criticaban fuertemente al Gobierno. Eduardo Buzzi, ex presidente de la FAA, decía: “Hay una marcada tendencia de gobernar favoreciendo la joda financiera por encima de un modelo de producción. (…) Hay mucha decepción en el campo con Macri”. Mario Llambías, ex presidente de CRA, no dejaba margen a la interpretación: “Esto es como un gran globo que se va a inflando. Si bien puede ser la única opción (en octubre), si no cambian va a reventar y va a ser un desastre” (Infobae 21/3).

Días antes, en la Tribuna de Doctrina, Hugo Biolcati profundizaba sus posicionamientos: “En el plano político, la degradación del Ministerio de Agroindustria a secretaría y su entrega al representante de una industria que busca mantener sus privilegios históricos son piedras difíciles de digerir. Y si a esto se suma el proyecto de aprobar una semilla transgénica que pone en riesgo los principales mercados trigueros de nuestro país, el cóctel es realmente explosivo. Es cierto: es difícil pensar que el campo pueda volver a votar a la señora de Kirchner, pero, señor presidente, señores dirigentes provinciales, en especial de la provincia de Buenos Aires: no crean que tienen la vaca atada. (…) La vaca podría escaparse si surgiera una alternativa lógica hacia la que pudieran volcarse los votos motivados por la actual desilusión del productor, a quien −como habrán visto− no le faltan motivos para estar decepcionado” (LN 19/2).

Biolcati se refería a su enfrentamiento con Luis Echevehere, actual secretario de agroindustria, quien es acusado por la Mesa de Enlace de privilegiar a La Serenísima, en su histórico ahogamiento financiero a los productores lecheros, en crisis desde hace años (Infocampo 23/2/18).

Con estas acusaciones en el lomo, el gobierno usaba las pocas herramientas económicas que le permiten los perros policías del FMI. Reglamentó el aumento del mínimo no imponible pleno de la contribución patronal, beneficiando a 47 ramas del “sector primario agrícola y algunas actividades incluidas en el sector industrial”, por haber detectado que “se encuentran atravesando una situación económica financiera crítica, que obstaculiza el debido cumplimiento de las obligaciones impositivas y de la seguridad social” (Infobae 17/2). Los intentos tibios eran recibidos con bronca por los que quedaban afuera. Jorge Scoppa, de la Federación Argentina de Contratistas de Máquinas Agrícolas (Facma), se quejaba: “Estamos disconformes con este Gobierno en muchos aspectos, no nos tienen en cuenta” (LN 22/2).

La situación era trasparente, privilegiando a los monopolios, a las multinacionales que controlan la tecnología de semillas, la producción lechera y la “timba financiera”, el gobierno no hacía más que cumplir con los capitales multinacionales en detrimento de la oligarquía vernácula, que cada vez tenía menos margen para acaudillar a los sectores más pobres dentro de los propietarios.

Pero la oligarquía se encuentra en una encrucijada. Atacar al Gobierno significaría fortalecer a los sectores que, en desarrollo, ponen en duda su propiedad y, centralmente, su control sobre la renta diferencial de la tierra. Y no atacarlo significa ser barridos por los monopolios imperialistas.

En medio de esta incómoda situación, la oligarquía se limitaba realizar planteos corporativos, sin advertir que sus pedidos eran de hecho empujar al macrismo a la desobediencia frente al imperialismo, ni que beneficiarlos a ellos significa el fin del sostenimiento artificial de la economía argentina. Piden “peras al olmo” y no tienen idea de dónde está el árbol de peras…

Pero no todo el empresariado se mostraba como víctima. Jorge Rocchia Ferro, titular de la UIA de Tucumán, iba todavía más lejos en su desesperación: “Que el presidente Mauricio Macri vaya por la patria, no por la próxima elección. El presidente debe decir, éstos son los temas de fondo que hay que resolver, me sacrifico, los vos a resolver, pero no voy a ser más presidente. (…) Es un año electoral, en mayo el Congreso queda cerrado. El Gobierno no tiene rumbo, no sabe adónde va, el presidente tiene que tomar decisiones importantes cuánto antes. (…) Nadie quiere votar a Cristina Kirchner, pero tampoco nadie quiere votar a Macri” (CL 19/2).

Manuel Tagle, (h) presidente de la Bolsa de Comercio de Córdoba, como buen oligarca, desarrollaba ese programa de inmolación sin pelos en la lengua: “El control monetario es duro, porque genera el necesario enfriamiento de la economía para controlar la inflación, pero es sólo la primera etapa. Como segunda instancia, hay que resolver las aún pendientes reformas laboral, previsional y fiscal, junto con la reestructuración del tamaño de los Estados provinciales, municipales y nacional. (…) Hay que doblegar con firmeza grupos de poder muy arraigados que están decididos a entorpecer el proceso de cambio para no perder sus privilegios y prebendas, (…) podríamos afirmar que la crisis actual no es el problema, por el contrario, es parte de la solución” (LN 9/3).

Con esas desesperadas palabras de Ferro y con el cinismo de Tagle el empresariado pedía al presidente que imponga las reformas fiscal, laboral y jubilatoria, frenadas por la lucha popular, a sangre y fuego si era necesario. Sólo el aumento de las ganancias en base a un menor reparto con la clase trabajadora podía nuclear a las facciones empresariales. Pero eso también significaba transformar a Macri en un cadáver político. Con este pedido, subrepticiamente los empresarios proponían un candidato “B”, que en forma camaleónica pueda continuar gobernando. Pedían un “Bolsonaro” y un Temer”, juntos, reformas, ajuste y represión. Además, Tagle desempolvaba el plan de 7 regiones que reemplacen las 24 provincias y un achicamiento aún mayor del Estado nacional. Un país para muy poquitos…

La otra consecuencia, fundamental para comprender el momento crítico que vivimos, es que sin la oligarquía comandando la lucha contra el pueblo −porque sus intereses se oponen cada vez más a los de los monopolios− el imperialismo tiene que tomar directamente las riendas de la lucha, desnudando por lo tanto todo el sistema de control que construyó durante 150 años. Las disputas registradas en casi todos los planos institucionales tienen en parte explicación en esta fuertísima ruptura.

Fantasías de lobos vestidos de corderos pierden apoyo

En esta situación de crítica generalizada, Macri inauguraba, frente a una Plaza vacía y adentro de un recinto en el que se desplegó un inusitado operativo de seguridad en accesos y palcos, las sesiones en el Congreso con un discurso fantasioso, repleto de argumentos rebuscados. “Estamos mal, lo reconozco, pero no construimos ficciones, (…) hay que mirar la realidad de frente”. Pidió salir “del camino del atajo” y aseguró que su gobierno “asume la inflación, la pobreza y la inseguridad”. Destacó la realización de obras de infraestructura sin dar datos objetivos, defendió la ley de extensión de dominio apretando a la oposición: “El que se oponga que diga dónde está parado y a quién quiere proteger, mientras la enorme mayoría trabajamos para sacar el país adelante”. Con fuertes slogans del tipo “tomamos la decisión de hacer lo que ninguna generación se animó a hacer”, destacó y sostuvo que “cambiar en serio implica atravesar dificultades”. El clímax de la alocución vino cuando el presidente afirmo que si no hubiesen “tomado las decisiones que tomaron, la economía hubiese colapsado. Propusimos un camino gradual que fue exitoso durante dos años y medio: creció la economía, bajó inflación, bajó la pobreza y creamos 700 mil puestos de trabajo”. Luego de estas palabras, la bancada de la oposición se paró a aplaudirlo irónicamente (Perfil, P12 1/3).

Pero lejos de esta figura de héroe que quería darse el presidente de la Nación, su pasado y el de su familia demostraban quién era, y hasta cuándo era partícipe de cada problema nacional. Ángelo Calcaterra, primo de Macri, quedó en el ojo de la tormenta. En el marco de la causa que investiga presuntas irregularidades en la licitación pública del soterramiento del tren Sarmiento, Manuel Vázquez, el ex asesor de Ricardo Jaime en la Secretaría de Transporte, declaró como arrepentido y dijo que Calcaterra, por entonces titular de Iecsa, le pagó sobornos millonarios en el proceso licitatorio para acceder a las obras, como había confesado la constructora brasileña Odebrecht (P12 1/3).

El 2 de marzo moría Franco Macri y algunos matutinos lo recordaban sin embellecerlo. Se conocía que durante la dictadura los Macri compraron el Banco de Italia, se quedaron con la obra de Yacyretá, acordaron con la dictadura paraguaya la construcción del puente Posadas-Encarnación, se hicieron cargo de la construcción de la Central Termoeléctrica de Río Tercero y la de Luján de Cuyo, y acordaron con el brigadier Osvaldo Cacciatore la privatización de la recolección de residuos en la Ciudad de Buenos Aires a través de Manliba, se metieron en el negocio del petróleo a través del general Suárez Mason que estaba en YPF y participaron de oscuros negocios de compra y venta de armas a través de Italia hacia Medio Oriente. Se expandieron también por Latinoamérica, al ritmo del Plan Cóndor. Obras, terrenos, edificios en Paraguay, Brasil, Chile, Venezuela y México convirtieron a la pequeña constructora de inmigrantes en un holding internacional. De siete empresas en 1973, los Macri llegaron a 47 a finales de la dictadura. Reforzarían su poder de manera decisiva durante el gobierno de Carlos Menem, en buena medida gracias a la financiación voluntaria o forzosa del Estado. En 1982, la deuda enorme que le había generado esa rápida expansión fue estatizada por Cavallo. Por los 200 millones de dólares de su deuda privada que asumió el Estado, se terminó pagando en concepto de intereses 3000 millones. En 1999, la deuda del grupo ascendía a 900 millones de dólares repartidos entre acreedores privados y estatales y otra vez fue beneficiado con la pesificación de 2001. Se conocía que en plena dictadura Franco Macri personalmente había intercedido por Carlos Grosso, que se encontraba secuestrado en la ESMA, y por Gregorio Chodos, quien había sido secuestrado por un grupo de tareas. En su propia autobiografía, Franco Macri admitía que “el general (Jorge) Harguindeguy me dijo que Grosso estaba en la ESMA e iba a ser fusilado y me ofreció sacarlo bajo mi responsabilidad. Yo firmé un papel haciéndome responsable por Grosso (Infobae 30/1/2017).

Con todos estos datos, obviamente conocidos por Mauricio Macri, el presidente admitía en una entrevista televisiva, 15 días después de la muerte de su padre, que su progenitor era parte de sistema de presunto pago de coimas; y reconocía que “lo que hizo mi padre era un delito, él formaba parte de un sistema extorsivo del kirchnerismo, en el que para trabajar había que pagar”, lo que en términos prácticos significaba responsabilizar al muerto por esos delitos. No obstante, dijo sentir “orgullo” por él (Letra P 18/3).

Ya desde antes de entrar en el largo tema de las escuchas ilegales y los métodos clandestinos para influir políticamente, la familia presidencial estaba “más sucia que una papa”. Con todo esto y en el marco del ajuste y las críticas de todos los sectores a la política económica, se conocía la caída en las encuestas para el macrismo. El kirchnerismo lideraba en la provincia de Buenos Aires con el 32,7%, frente al 30,5% de Cambiemos, 11,8% de alternativa federal y 5,3 de la izquierda trotskista. A nivel de candidatos, CFK llegaba al 33,8%, frente al 29,4% de Macri y el 9% de Roberto Lavagna (CL 4/3).

Con lo impresentable del elenco de gobierno, perspectivas económicas malísimas y las encuestas en caída libre desde hace meses, La Nación salía a bancar, aclarando sin pelos en la lengua el partido que se jugaba: “Es claro que la Argentina está atravesada por un debate entre dos modelos muy diferentes de país”. Indicaba que se necesitaba derrotar a “los beneficiarios del prebendarismo y del populismo: dirigentes políticos y sindicales poco dispuestos a perder antiguos y absurdos privilegios; empresarios acostumbrados a convertirse en cortesanos del poder para obtener pingües negocios con el Estado que siempre terminamos pagando los resignados”, para torcer definitivamente “un rumbo muy parecido al que tomó la Venezuela autoritaria de Chávez y Maduro” (LN 2/3). Con estas palabras, asumía que Macri era, a pesar del dolor de estómago, el único camino, aunque sinuoso y lleno de peligros, para derrotar a las fuerzas populares.

La vaca no está atada

En el marco de la fractura en las alturas y de una política económica decadente, el PRO se iba quedando solo en Cambiemos. Por un lado, el sector “peronista del PRO” de la provincia de Buenos Aires, liderado por Emilio Monzó y el procesista Nicolas Massot, presidente de la Cámara de Diputados el primero y del bloque del Pro el segundo, se alejaban de Cambiemos. Afirmaban no estar de acuerdo con la estrategia de polarizar con el kirchnerismo, fomentando la “grieta”. A su juicio, el Gobierno debería apuntar a la construcción de un acuerdo político electoral con sectores del peronismo no kirchnerista, para recuperar los votos desencantados (LN 28/2).

Si la salida de dos hombres centrales en Diputados no era suficiente, durante todo el mes de febrero y marzo se desarrollaría una “sublevación a la tiranía del PRO” por parte del radicalismo, que no sólo terminaría con el alejamiento de varios sectores de la UCR, sino que también dejaría al partido centenario con grandes posibilidades de dividirse. Como Lousteau el mes pasado, este mes también Ernesto Sanz pedía que la candidatura a presidente se dirimiera en unas PASO, como en 2015, cuando Macri derroto a Carrió y a Sanz. Jorge Sappia, titular de la Convención Nacional de la UCR, era más duro: “Hemos sido ajenos a la toma de decisiones durante los tres años. Durante tres años hemos sido ignorados porque Pro tomó las decisiones en soledad, y la conducción del Comité Nacional del radicalismo lo ha aceptado. (…) No nos sentimos parte de esto porque no somos corresponsables de lo que se decidió, pero además porque no compartimos en absoluto el modo en que se gobernó el país, en función de una ideología conservadora neoliberal. Los sectores más vulnerables están asfixiados, entonces, nosotros deberíamos estar mucho más incómodos” (LN 22/2).

En el interior, con la caída en las encuestas del macrismo, las críticas que antes se hacían puertas adentro se volvían públicas. La cumbre radical en Corrientes le reclamó al Gobierno “revisar” los aumentos de tarifas de los servicios públicos, fomentar el crédito para consumo y con tasas subsidiadas para pymes y micro pymes sumando presión en la interna de Cambiemos para el tiempo preelectoral. El pedido acompañó al de parte de la oposición peronista que venía impulsando protestas en contra de las subas del gas, la luz y el transporte (CL 5/3).

Hasta los radicales más cercanos al PRO parecían querer separar su suerte de la del macrismo, especialmente de la de Macri. El gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, tomaba la decisión de desdoblar las elecciones provinciales de las nacionales. Así, Morales replicaba la decisión tomada por los gobernadores radicales de Mendoza, Alfredo Cornejo, y de Corrientes, Gustavo Valdés, a pocos días de la reunión de la plana mayor de la UCR a principios de abril, en la que se debatirá la posibilidad de exigir internas dentro de la alianza Cambiemos, y a contramano del deseo del presidente Mauricio Macri de unificar el calendario electoral con su pelea por la reelección (P12 8/3). Más allá de armarse el salvavidas, el gobernador Morales declaraba que “hubo planteos dentro del radicalismo sobre participar de las PASO con el presidente. Es una posición que no ha tenido un eco mayoritario y yo no la comparto. Estoy convencido de que el candidato es Mauricio Macri. Un planteo y un debate público de ese tipo debilitan la figura presidencial” (LN 9/3).

Con tantas especulaciones, Rogelio Frigerio salía a criticar a sus aliados: “Para nosotros hay un líder del espacio político de Cambiemos que es el presidente Mauricio Macri, que ya anunció que va a ir por la reelección. Además, en la mesa nacional de Cambiemos, que es el espacio de discusión, no hemos tenido, por lo menos hasta ahora, requerimientos para analizar o debatir alternativas en este sentido” (CL 25/2).

José Corral, radical, candidato a gobernador en Santa Fe por Cambiemos, mostraba una posición intermedia y pedía resolver las disidencias “puertas adentro” (CL 3/3). Lo cierto es que, en su provincia, siendo parte de Cambiemos, podía aspirar a triunfar en las elecciones.

Pero sin dudas donde la interna del radicalismo y de Cambiemos mostraba más tensiones era en Córdoba. Allí se enfrentaron dos sectores. Por un lado, uno liderado por Ramón Mestre, intendente de la ciudad de Córdoba y presidente de la UCR de su provincia. Por otro, Mario Negri, jefe del bloque de diputados de la UCR y presidente del interbloque de Cambiemos, apoyado por el PRO. Ramon Mestre lanzaba su candidatura a gobernador a pesar de las objeciones de la Casa Rosada y del pedido del gobernador de Mendoza Alfredo Cornejo y del de Jujuy Gerardo Morales. En el encuentro radical en Corrientes, Ramón Mestre decía que “Macri en Córdoba le gana a Cristina 35 a 32, pero cuando ganó en 2015 fue porque en el balotaje llegó al 72%”. Y agregaba que esos números eran fruto de un fracaso en la política económica, que ameritaba que el radicalismo tenga un rol más importante dentro de Cambiemos: “Queremos elegir los candidatos con nuestra propia idiosincrasia y al no tener posibilidad de consensuar con otro sector con los candidatos elegidos en Balcarce 50, nos presentamos con nuestra lista y que sean los cordobeses los que decidan. Y si nos toca perder, vamos a acompañar” (P12 3/3).

La disputa no terminaría en una interna, como proponía Mestre, sino de una manera mucho peor. Mario Negri acusaría al sector de Mestre de querer hacer fraude y se bajarían de la interna. Por lo tanto, no habría interna dentro de Cambiemos, sino, lisa y llanamente, dos candidatos: uno por Cambiemos y otro por la UCR. Luego de las gravísimas acusaciones, Macri evaluó que la disolución de la coalición oficialista en Córdoba se debió a que “dos dirigentes importantes [por Mario Negri y Ramón Mestre] no se pusieron de acuerdo y llevaron las cosas a tal punto, que Cambiemos va a tener dos candidatos, algo que no queríamos” (CR 14/3).

Pero no era eso lo que estaba pasando, sino que efectivamente Cambiemos había dejado de existir en Córdoba, dejando varios muertos en su haber. “Si el Pro ha decidido romper Córdoba, nosotros nos sentimos completamente libres para tampoco pertenecer al espacio de Cambiemos a nivel nacional”, afirmó Diego Mestre, diputado por Córdoba y hermano del intendente de la ciudad. Después de enterarse por los medios de comunicación de que su correligionario lo acusaba de preparar un fraude, Mestre admitía que “está decisión errónea” va a “traer consecuencias muy graves. (…) Es la primera vez en la historia que un presidente de bloque de la UCR va en contra de su propio partido” en una disputa electoral.

La ruptura en Córdoba dejaba varias enseñanzas. Por un lado, se hacía claro que, por la debilidad electoral de los candidatos del PRO, las PASO se presentan como una traba enorme. No pueden poner al electorado de árbitro.

Por otro lado, el radicalismo, partido histórico de las capas medias, intentaba alejarse de un programa que las atacaba directamente. Esta situación marcaba una línea divisoria al interior del partido. Por un lado, quienes sostienen su apoyo al PRO por tener su suerte absolutamente ligada a ellos, como es el caso de Negri o del mismo Morales, que sostuvo su dominio provincial mediante una persecución política hacia los opositores absolutamente ilegal, solamente posible por el apoyo del Ejecutivo. Por otro lado, están quienes buscan alejarse del “Titanic” de Cambiemos, porque saben que más temprano que tarde conducirá a un estallido social y al desprestigio más absoluto.

El unitarismo de Cambiemos

Con la alianza Cambiemos en crisis, Macri reafirmaba su candidatura y seguía prometiendo que en 2020 habría una inflación de un dígito. Negaba que el acuerdo con el FMI fuera impagable y seguía lamentándose por no haber realizado una política de “Shock”, en vez de una “gradualista” (LN 22/3).

Para encarar la lucha electoral Cambiemos organizaba una Mesa Nacional, que curiosamente dejaba afuera todo lo que no sea de origen PRO. La mesa de campaña es liderada por Marcos Peña y tiene como asesor principal a Durán Barba, gurú político del macrismo. También es integrada por el jefe del gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal, el secretario general de la Presidencia, Fernando De Andreis, Federico Salvai, jefe de gabinete de la provincia de Buenos Aires, y Cristian Ritondo, ministro de seguridad de la Provincia.

A contramano de lo que se hacía en todo el país −buscar candidaturas únicas, elegidas a dedo por Balcarce 50− Macri afirmaba en un encuentro partidario que “Cambiemos no se creó para ganar una elección; se creó para esto, para emprender un desafío, tal vez único en mucho tiempo en nuestro país. Cambiemos propuso vincularnos desde distintas identidades e historias y dejar el personalismo de lado para que realmente cada uno pusiera lo mejor que tenía en función de este cambio”. Engañaba hasta los propios. Mucho más pedestre, Marcos Peña afirmaba que el eje central de la campaña “es reelegir al presidente y retener los cinco distritos que gobernamos” y aseguraba que “ésta va a ser última elección donde Mauricio Macri va a ser candidato a un cargo electivo”. Vidal pedía “humildad para debatir sobre lo que nos falta hacer”, ya que “nos tiene que interpelar que muchos argentinos no lleguen a fin de mes. (…) Que no sea sólo un dato”.

Con nada para mostrar como logros económicos en 3 años, con el aumento de la pobreza y de la inflación (los dos termómetros que había propuesto Macri para ser evaluado), se pretendía organizar la campaña en base al combate contra la corrupción y el narcotráfico. Construir la idea de un gobierno decente y fuerte contra el crimen organizado. Con sólo recordar la admisión del presidente sobre la participación de su padre en el pago de coimas −en la época donde el mismo era vicepresidente de IECSA−, o el escándalo del agente de la DEA D´Alessio, podemos reconocer lo difícil de sostener esos argumentos.

Con estas dificultades a la vista, la vicepresidenta Michetti salía vomitar sobre los tibios: “Lo que necesitamos es que los hacedores de opinión, los intelectuales y la dirigencia, que saben que este es el camino, no nos dejen solos. Que acompañen al Gobierno. Porque solos no podemos hacer la transformación. (…) Cambiemos está consolidado. No hay ruido alguno. Lo de la UCR es una opinión y está bien que se exprese. Hay que mirar alternativas en un año fundamental como este” (LN 6/3).

Lo cierto es que el único sector que podía garantizar la sumisión al plan del FMI era el macrismo, porque los propios aliados radicales criticaban su política neoliberal. Por lo tanto, más allá de las encuestas, el imperialismo no puede darse el lujo de soltarle la mano al macrismo. La estrategia diseñada por Duran Barba era profundizar al máximo la oposición entre pueblo y oligarquía, intentando desnudar los puntos oscuros de la oposición peronista, para que la población prefiriera “no volver al pasado”. En una nota de opinión en el diario Perfil, caracterizaba a los líderes de la izquierda latinoamericana como líderes que odian la libertad de expresión y a quienes piensan con independencia, y que reúnen los ingredientes de una personalidad autoritaria: machistas, antisemitas, misóginos, homofóbicos y mesiánicos (…) No creen en la democracia ni respetan las normas. Las leyes les molestan. Son al mismo tiempo de extrema cualquier cosa: nazis, comunistas, falangistas, guerrilleros de izquierda y miembros de las tres A. Por momentos se matan como en Ezeiza, se insultan violentamente, se denuncian entre ellos por sus actos corruptos, pero agachan la cabeza y vuelven a la manada cuando pueden conseguir dinero o poder. Odian la libertad de expresión y a quienes piensan con independencia. (…) Los autoritarios son paranoicos, conspirativos, creen que hay poderes ocultos que manejan la historia como los judíos, el imperialismo, el comunismo, sectas de iniciados, fondos buitre o cualquier otro fantasma que pueda justificar su fanatismo y su violencia. (…) Alfonsín fue víctima de trece paros por su ‘política económica desastrosa y antipopular’. Para ellos los presidentes radicales fueron sirvientes del imperio mientras vivieron y se convirtieron en estadistas cuando no pudieron luchar más por una sociedad democrática. Las mismas consignas revolucionarias firman ahora Moyano, Baradel, Yasky, Pino Solanas, D’Elía, Guillermo Moreno, Carta Abierta, Hebe de Bonafini, Milagro Sala, Grabois, y otros partidarios de Maduro. Cuando la izquierda era de izquierda y era posible la revolución mundial estos grupos fueron vistos como fascistas. Mas allá de sus pintorescos manifiestos, el Partido Comunista apoyó tanto la llamada Revolución Libertadora como el golpe de 1976. El gobierno castrista fue socio de Videla, lo defendió en organismos internacionales en nombre de la ‘autodeterminación de los pueblos’ y fue cómplice de las desapariciones. Esa revolución cubana a la que homenajeó Cristina hace poco, repite ahora el mismo discurso para defender a Maduro. (…) Si Cristina gana las elecciones, cambia la Constitución, como anuncia, y arma a los barrabravas, a su Vatayón Militante de presos comunes, a los motochorros y a grupos de narcotraficantes para que maten a sus opositores” (Perfil 23/3). Con esta extensa cita queremos marcar cual será el núcleo ideológico de la campaña macrista y por qué los Monzó, los Massot y amplios sectores radicales querían bajarse del barco o agarrarse del timón para torcer el rumbo lo antes posible. Lo obvio es que la campaña de Durán Barba no es para una elección, es para una guerra imperialista que ya se combate en América Latina, busca exacerbar al máximo el enfrentamiento para permitir excepcionalidades, sabiendo que vienen años duros en lo económico. Además busca impugnar cualquier cosmovisión que permita comprender el poder al que se enfrenta el pueblo argentino. Como dijo Chávez en 2012, cualquier elección en América Latina contra los lamebotas del Imperio significa enfrentar una coalición internacional. Durán Barba busca negar el poder mundial de los monopolios, la existencia misma del imperialismo, al tiempo que siembra la división en el campo del pueblo y define que el origen del mal es el “afán de poder” de ciertos políticos. Con tremendo alegato, se prefiguraba la posibilidad de sostener el poder a toda costa y, por eso, junto con las especulaciones en el calendario electoral, comenzaban los intentos por modificar la legislación que regula las elecciones.

Por una vieja tradición oligárquica

De manera sospechosa, el gobierno lanzaba 3 decretos modificatorios del proceso electoral. Se trata de las leyes que regulan el voto de los argentinos residentes en el exterior, de los procesados con prisión preventiva y de los agentes de las Fuerzas Armadas y de seguridad que custodian los comicios. El grupo más numeroso es el de los residentes en el exterior: son más de 360.000 argentinos, según el padrón de 2017, una cifra que supera a los electores de seis provincias, aunque con la particularidad de que el voto de ese sector es optativo. En la segunda vuelta de 2015, Mauricio Macri ganó en Miami, con el 93%; en Santiago de Chile, con el 85%, y en Londres, con el 72%, por citar solo algunos casos. Pero el porcentaje de argentinos residentes en el exterior que votan es bajísimo: en 2017 se alcanzó el récord de 14.006 sufragios, menos del 4% del total. La intención es que los argentinos residentes en el exterior puedan votar por correo y que las fuerzas de seguridad que participaran en el operativo electoral también puedan hacerlo antes. Estas dos iniciativas impedirían a las fuerzas políticas no oficialistas tener control sobre esos votos. La vulnerable situación de los presos con prisión preventiva hace pensar que es altamente probable que se manipulen sus votos.

Además de los cambios en el sistema de votación, el Gobierno promueve cambios en el procedimiento para transmitir la información de la votación al centro de cómputos. Hasta ahora, siempre se trasladaban los telegramas hasta los centros de transmisión del Correo Argentino. La decisión del gobierno nacional es que, a partir de esta elección, los resultados se transmitirán desde cada escuela con una notebook y un escáner, a cargo de una empresa privada que tiene varias denuncias en otros países. La empresa será Smartmatic. El PJ presentó hace algunas semanas un extenso documento donde cuestiona este sistema y otros cambios que se hacen en el proceso. Advierten: “El software a utilizar está desarrollado por una empresa privada y es de código cerrado. No existe análisis de ninguna institución oficial sobre la conveniencia y confiabilidad de uso” (P12 10/3).

Las críticas de la oposición no se hicieron esperar y la oposición en pleno −massistas, kirchneristas y sectores del PJ provincial− rechazaron las iniciativas: “El Código Electoral no se puede cambiar con un decreto. Las reformas tendrían que haber pasado por el Congreso y no salir por decretos sacados entre gallos y medianoche”, dijo el presidente del PJ nacional, José Luis Gioja. “Estamos muy preocupados, y por supuesto, tenemos las peores sospechas, de que se están haciendo cambios en las reglas de juego en el plano electoral para perjudicar al peronismo en particular y a las otras fuerzas políticas en general” (P12 4/3).

Además de todas las modificaciones en el sistema electoral, el FMI confirmaba el adelanto de 29 mil millones, que originalmente iban a ser entregados en 2020 y 2021, para solventar gastos corrientes. En una clarísima muestra de ingerencismo, el director del hemisferio occidental del Fondo Monetario Internacional, Alejandro Werner. declaró que la inflación en la Argentina “está demostrando estar mucho más arraigada” de lo que se anticipaba y que el gobierno “Cumplió con los objetivos fiscales para 2018. Están en camino de continuar para cumplir bien con los objetivos fiscales en 2019. (…) La Argentina está evolucionando en la dirección correcta, tanto en los objetivos fiscales, las reformas estructurales y la política monetaria. Pero la herencia era muy pesada”. Así, avaló la política monetaria de Guido Sandleris, presidente del Central, y dijo que los inversores estaban “penalizando” al Gobierno por los propios errores de pensar que iba a ser posible ir desde la Argentina que dejaron los Kirchner “hasta donde vemos hoy a Chile o México” (LN 1/3).

Ambos hechos, las reformas en la ley electoral y el pornográfico apoyo del fondo monetario internacional, que alaba una política económica que no trajo más que inflación, devaluación, endeudamiento y miseria al pueblo, marcan que el macrismo se prepara para mantenerse en el poder de cualquier manera y que el imperialismo buscará sostenerlo, aunque eso signifique un financiamiento cada vez más irracional.

Convidados cada vez más de piedra

En este marco, la autodenominada Alternativa Federal mostraba su más profunda esencia. Pichetto, candidato a presidente que apenas alcanza el 4% en las encuestas, en medio del momento de mayor debilidad del macrismo, salía a criticar al kirchnerismo: Mauricio Macri hace “las mismas cosas que el kirchnerismo”, porque aplica “las mismas políticas sociales y gasta más plata” (CL22/2). Mostraba con esos dichos que el AF no es más que un grupo que intenta socavar las posibilidades del kirchnerismo, más que ser una verdadera opción de poder.

Al mismo tiempo, se consolidaba la candidatura de Roberto Lavagna. Este, que se autoexcluía de la gran PASO dentro del peronismo, comenzaba a tejer relaciones con algunos gobernadores, con el socialismo santafesino y con ex radicales K de Santiago del Estero. Además, era apoyado por el conductor televisión Marcelo Tinelli, que sonaba como candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires. “Lavagna me parece una persona sensata. Me gustaría ver las ganas que él tiene. Es una persona que ha logrado salir de dificultades. Es un tipo potable. También tengo buena relación con Sergio Massa”, decía el conductor de Show Match. Y agregaba, para diferenciarse del macrismo: “No me gusta tener una oficina del FMI en el Banco Central”.

El carácter cada vez más ridículo de las propuestas de sucesión no era más que la búsqueda de distintos sectores por encontrar una salida a la abrupta caída en las encuestas del macrismo. Sin embargo, por la misma polarización que pregona el gobierno, todas estas diversas fórmulas parecen quitarle más votos a la derecha neoliberal –que pierde a los votantes menos convencidos− que al kirchnerismo. Por lo tanto, la dispersión en la oferta electoral parece complicar cada vez más al macrismo.

El único sector dentro de Alternativa Federal que parecía consolidarse era el cordobés, con Schiaretti a la cabeza, quien concretaba nuevas alianzas. Así, mientras Cambiemos en Córdoba se dividía, el peronismo agregaba aliados: sumaba al GEN de Margarita Stolbizer y al socialismo. Además, incorporaba al intendente de Villa Carlos Paz, Esteban Avilés, de extracción radical, y a Daniel Giacomino, ex intendente del municipio de Córdoba por el juecismo y que, en un tiempo atrás, se definiera como “soldado” de Cristina Kirchner (LN 14/3).

Pasemos ahora a analizar cómo se dieron las luchas en el ámbito judicial.

Esto es un globo que puede explotar

Como venimos analizando, y contrariamente a lo que perseguía el Gobierno a la hora de impulsar los cambios en la Corte Suprema, esta última le era cada vez más hostil.

Así, la Corte comenzó a marcarle la cancha al Gobierno, poniendo cada vez más límites en su accionar. Como comentábamos en el Análisis… anterior, por iniciativa de Rosatti, la Corte comenzó a hacer una agenda que permite conocer públicamente sobre qué temas fallará en lo inmediato. Esto significa que pone en sobreaviso a todos los actores políticos y económicos sobre qué asuntos se va a expedir.

Así, la Corte parecía jugar su propio juego, amenazando solapadamente a diversos actores. En ese marco, fallaba en favor de la provincia de San Luis sobre la demanda por 15 mil millones de pesos de coparticipación adeudada a la Provincia por la Nación. Además, adelantaba que iba a tratar el caso de los jubilados que pagan Ganancias, la demanda de la minera Barrick Gold contra la ley de glaciares y sobre la constitucionalidad o no del referéndum que habilitaba al gobernador Sergio Casas para presentarse a un nuevo mandato en La Rioja, impugnado por el gobierno nacional (P12 24/2).

El fallo favorable a San Luis y el futuro tratamiento de la cuestión de los jubilados que pagan ganancias eran sin lugar a dudas amenazas al Poder Ejecutivo, pues esto significaba desfinanciar al gobierno nacional. Casi como una contrapartida, luego de lo de San Luis, la Corte absolvía definitivamente a Sergio Arribas, jefe de inteligencia del Gobierno, por la causa del Lava Jato (LN 20/2).

Pero no sólo el máximo tribunal, sino toda la Justicia parecía el escenario de una lucha facciosa. Dos causas, íntimamente conectadas, iban a mostrar en pleno la crisis institucional y social que vive el país. Por un lado, la causa de “las fotocopias de los cuadernos” y, por otro, la detención del agente inorgánico de la DEA, Marcelo D´Alessio.

Por la primera causa, el juez Bonadio indagaba a 47 empresarios. Los 3 que negaron acusaciones fueron detenidos. Luego de un fin de semana en la cárcel, Hugo Dragonetti, de la firma Panedile, cambió su testimonio y acepto haber pagado coimas, con lo que inmediatamente recuperó su libertad. Esta era una muestra más de que “la causa de los cuadernos” era diseñada para cumplir un rol político y económico.  Quién cumple el rol que le propone el juez en la puesta en escena es considerado casi como un héroe; quien se declara inocente es hostigado hasta que asuma jugar el rol propuesto. Como no nos cansamos de repetir, el accionar de Bonadio se apoya en fuerzas extraterritoriales. Por lo tanto, hostiga al empresariado nacional permanentemente. En esta vuelta, fueron indagados Eduardo Eurnekian, dueño del grupo Corporación América; Ángelo Calcaterra, exdueño de Iecsa; Juan Carlos de Goycochea, de Isolux; Aldo Roggio, del Grupo Roggio; y Carlos Wagner, de Esuco, entre otros (LN 3/3).

En el marco de la persecución política al kirchnerismo, un nuevo arrepentido daba nueva vida a la versión de la ruta del dinero K, que hizo hacer pozos en media Patagonia sin encontrar nada el año pasado. Víctor Manzanares habló de haber manejado o visto una fortuna de unos 350 millones de dólares. Unos 150 millones en propiedades dentro y fuera del país, y 200 millones que los Kirchner guardaban en canutos, escondrijos o bóvedas secretas. 200 millones de dólares en efectivo. Dio nuevos nombres y nuevas pistas que servirían para profundizar la investigación. Habló de la familia Eskenazi, dueña del Banco de Santa Cruz; es fácil de comprobar si esa aseveración es cierta o no porque los movimientos de un banco están supervisados por el Banco Central. Los Eskenazi lo desmintieron, pero la Justicia pedirá una auditoría.

Lo cierto es que toda esta causa está armada para disolver cualquier tipo de cartelización en la obra pública que no permita el ingreso de capitales extranjeros. Por supuesto, entonces, que ninguna firma extranjera pagó coimas y, si es nombrada, en ninguna causa sus titulares no fueron llamados a indagatoria.

Se conocía, además, que algunos de los máximos aportantes de la campaña electoral de Macri en 2017 eran empresarios vinculados a la producción de energía. Varias personas con el apellido Miguens y Miguens Bemberg aparecen en la rendición de cuentas de la campaña de “Vamos Juntos en la Ciudad de Buenos Aires”, como donantes de sumas muy cercanas al máximo permitido de 100 mil pesos. Carlos Miguens Bemberg es dueño del 33,9 por ciento de la Sociedad Argentina de Energía S.A. (Sadesa), el holding que controla a la mayor generadora eléctrica del país, Central Puerto, y que además es socio minoritario de Edesur, con un 28 por ciento de las acciones (P12 25/2). Es decir que los mismos que fueron donantes son los máximos beneficiarios de los tarifazos macristas.

El otro hecho de profunda relevancia en el ámbito judicial fue la presentación en el Congreso del juez Alejo Ramos Padilla, sobre la causa que investiga una red de espionaje ilegal. El juez afirmaba que “de una causa por sobornos al empresario Etchebest devino algo mucho más grande, (…) una red de espionaje político y judicial de magnitudes” (Infobae 13/3). Mediante el secuestro de celulares y el allanamiento de la lujosa casa de D’Alessio, hay elementos de prueba suficientes para determinar que existe un aparato de inteligencia ilegal “dedicado a realizar operaciones de inteligencia y acciones psicológicas sobre varias personas que luego eran extorsionadas o coaccionadas, se las hacía entrar en pánico para que finalmente declararan de un determinado modo, se transformaran en arrepentidos o entregaran dinero”. El juez le pidió a la Procuración que investigue al fiscal Carlos Stornelli y que, si lo consideraba, le iniciara el jury correspondiente. “En este contexto –señala Ramos Padilla–, no importa ya si es verdad o no lo que el testigo, denunciante o imputado/arrepentido diga. Lo que importa desde la óptica de aquellos que trabajan con estos servicios es que el relato se adecúe a lo que pretenden quienes participan –con o sin conocimiento− de estas operaciones”. Además, en el allanamiento se encontró una carpeta en inglés con el título de “Government Watch List Notice”, en el que hay datos personales, familiares y económicos de Etchebest y sus hijos. Ramos Padilla considera que ese no es el tema clave: lo decisivo es la promiscuidad Stornelli–D’Alessio. Porque D’Alessio ingresó a Comodoro Py y luego a la fiscalía de Stornelli sin ser abogado y sin tener matrícula. El punto clave de todo el procesamiento es que considera que existe una comunión entre Servicios de Inteligencia y Justicia que atentan contra el sistema democrático.

En los allanamientos y la investigación sobre D’Alessio, además se pudieron encontrar varias pruebas de presuntos vínculos tanto con la Ministra de Justicia, Patricia Bullrich, así como con la socia fundadora de Cambiemos, Elisa Carrió, y su principal espada en la Justicia, la diputada Paula Oliveto. El alcance podría llegar incluso hasta el presidente Mauricio Macri, dado que, en un intercambio de chats, D’Alessio le cuenta a Stornelli que “estaba con el amigo MM” (P12 16/3).

En ese marco, Stornelli se negaba a declarar y a entregar su celular para ser analizado (LN 7/3).

Con todos estos datos, podemos reconocer dónde está el comando del oficialismo. En la embajada de EEUU. Pero por si quedaba alguna duda, en el mismo momento en que disertaba el juez Ramos Padilla, en la embajada norteamericana se realizaba un “taller para compartir experiencias sobre el combate contra el crimen transnacional y el terrorismo”, del que participaron el embajador Prado, que al ser designado en su cargo dijo que su intención era “seguir trabajando con los abogados y jueces de la Argentina en la mejora del sistema judicial y fortalecer la confianza que la gente tiene en el sistema judicial”. También se hallan involucrados Patricia Bullrich, Pablo Noceti −su ex asesor, dedicado a embarrar la investigación por la muerte de Santiago Maldonado−, y Gerardo Milman, número 3 del ministerio. También participaba el procurador interino Casal. Es decir, estaban juntos el superior jerárquico del fiscal Stornelli y la ministra que, ya se sabe, tuvo varios contactos con D’Alessio. También participaban Juan Manuel Olima Espel, Secretario de Coordinación Institucional de la Procuración y, a su vez, titular de la Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo Internacional (SAIT), una unidad antiterrorista cuyo objetivo encubierto es la persecución de la protesta social (El Destape 14/3).

Todos estos hechos no dejaban lugar a dudas sobre la desarticulación absoluta del sistema judicial, copado por bandas que trafican información y dinero en beneficio de diversos intereses económicos.

Además, el Gobierno solicitaba se le inicie un juicio político al Juez Ramos Padilla, acusándolo de una “manifiesta actuación irregular y violatoria de los deberes de imparcialidad y reserva que todo juez debe guardar respecto de las causas que tramitan ante sus estrados y en resguardo de los derechos de las partes involucradas”. El hecho principal que se le recrimina es la exposición del magistrado en el Congreso, el 13 de marzo (P12 16/3). El problema central para el oficialismo, que se prepara para una campaña de polarización, es que, si avanza la causa contra Stornelli y la mancha de aceite sigue creciendo, la causa de los “cuadernos fotocopiados” se disolvería y todo el Gobierno sería señalado por beneficiarse de un aparato de inteligencia paralelo e ilegal.

Además, seguía la persecución a los líderes populares. La justicia ordenaba la detención de Luis D'Elía, para cumplir la ridícula condena de  tres años y nueve meses de prisión  por la toma de la comisaría 24 de La Boca, ocurrida en 2004. Además, le negaron la posibilidad de cumplir su condena en forma domiciliaria a pesar de tener diversos problemas de salud. Antes de ser detenido, denunció que su encarcelamiento era un pedido de los Estados Unidos al presidente Mauricio Macri, anunció un triunfo de Cristina Kirchner en octubre y se declaró un preso político. “Patria o muerte”, terminó (LN 26/2).

En medio de esta situación, CFK solicitaba permiso para viajar a Cuba, para acompañar a su hija que sufría una rara enfermedad y estaba siendo tratada en la isla. “Mi hija, Florencia, producto de la persecución feroz a la que fue sometida, empezó a tener severos problemas de salud. El brutal estrés que sufrió devastó su cuerpo y su salud”, afirmaba en un comunicado, en el que denunciaba la constante persecución que sufre su familia (infobae 14 de marzo). Luego de presentar todos estos datos, debemos explicar cómo el caso D´Alessio es la continuación lógica del freno al avión con material de inteligencia que hizo Timerman en 2011. Cuando en 2011 el imperialismo invadió Libia, el kirchnerismo profundizó su política de enfrentamiento a los EEUU. Ahí se planteó el memorándum de entendimiento con Irán, uno de los países que más ha hecho para detener los avances imperialistas en Medio Oriente. En febrero de 2011, el ex canciller Timerman detenía equipos que servían para realizar escuchas telefónicas, equipos que fueron secuestrados directamente al ejército norteamericano.  Es decir que el imperialismo en sentido lato viene construyendo un aparato de inteligencia ilegal en arreglo con sectores locales.

Nos tratan de pelotudos, pero nos tienen miedo

Con todos estos hechos, era obvia la injerencia norteamericana en el accionar de la justicia, la animosidad del Poder Ejecutivo sobre cualquier causa que pueda desarticular sus operaciones políticas. Sin embargo, los escribas de La Nación defendían lo indefendible. Joaquín Morales Solá se mofaba de la situación: “A Cristina Kirchner sólo la puede perseguir el gobierno de los Estados Unidos. Ya ni siquiera es Mauricio Macri el arquitecto de sus tormentos judiciales. (…) Ni Hugo Chávez ni Nicolás Maduro llegaron tan lejos. (…) En los juzgados [de Dolores] se urde la principal operación política para apartar de la causa de los cuadernos a los fiscales Carlos Stornelli y Carlos Rívolo, y al propio juez Claudio Bonadio. (…) La causa se inició porque otro mitómano, el falso abogado Marcelo D'Alessio, le había pedido al empresario agropecuario Pedro Etchebest un soborno en nombre de Stornelli para sacarlo de la causa de los cuadernos” (LN 3/3).

Es decir que en vez de creer en las pruebas debemos considerar a D´Alessio un mitómano, que se aprovechó del honesto fiscal Stornelli.

Además, Carrió dijo que a Etchebest “lo plantaron” para entorpecer la causa de las fotocopias. Además, Mariana Zuvic, parlamentaria del Mercosur por Cambiemos, dijo también que Etchebest “no es un pobre productor agropecuario”, sino que tiene “una propiedad de 12 millones de dólares en Miami” y que “estuvo detenido con su hijo durante más de un mes y medio por trata de personas, menores, proxeneta, en una causa que está radicada en Mar del Plata”. El abogado del empresario negó todas las afirmaciones e indicó que le sorprendía que “nadie del gobierno” lo haya llamado para ofrecerle custodia debido al tenor de sus denuncias, y afirmó sentirse “desamparado porque no tengo ningún tipo de protección” (P12 7/3).

Es claro que no hay más cómo tapar el sol con la mano, porque la defensa irrestricta de Stornelli demuestra que no saben cómo otro fiscal podría asumir la causa de los cuadernos. Por lo tanto, muestra la guerra judicial que se vive en el país.

En ese sentido, CFK decía en el senado: “Está claro que esto es un entramado, un sistema perverso de extrema gravedad constitucional e institucional para imponer modelos económicos y sociales de sojuzgamiento. (…) A la lawfare (estado de guerra judicial) le hemos agregado la extorsión por parte de funcionarios judiciales, además de la impugnación a los políticos opositores” (LN 28/2).

Federico Pinedo invertía la situación para defender al Gobierno: “Era peligroso lo que estaban diciendo, a nivel sistémico. Decir que el presidente es un criminal, que los jueces son todos criminales, los fiscales también. (…) Están prendiendo fuego el sistema institucional, querían prenderlo fuego para hacer campaña” (LN 28/3). Pinedo se rasgaba las vestiduras con una hipocresía propia de su estirpe, pero daba en el clavo con algo: el sistema institucional estaba prendido fuego, y no por una elección, sino porque el país es escenario de la batalla por la emancipación o no de América Latina, considerada su patio trasero por EEUU. Las fuerzas populares no podían más que sacar conclusiones, reconocer el nivel de belicosidad que estaba preparando el enemigo cuando Laura Alonso, la otra falsa abogada, que cumple funciones en la Oficina Anticorrupción, decía que “a Stornelli lo atacan porque no le pudieron meter un tiro como a Nisman que los denunció por hacer un acuerdo espurio con Irán y Venezuela” (CL 13/3).

El frente nacional tenía delante de sí todas las cartas y la conclusión era obvia. No se podía ser blando con estos sectores, porque no jugaban limpio, porque las falsas ideas del republicanismo, de una “derecha democrática”, habían chocado con la amarga realidad de un país desvencijado por los representantes económicos, políticos y militares del imperialismo que tienen a la mentira como forma fundamental de la política, en el marco de un saqueo que pretende perpetuarse. El macrismo se jugaba a “plata o mierda”, y por eso la esbirra de Mariana Zuvic decía sin pelos en la lengua que “si gana el PJ tendremos que exiliarnos” (LN 3/3).

Elementos para la represión

Como vimos, el macrismo sabe que se juegan instancias decisivas, por lo tanto, es lógico que busque reforzar el acompañamiento de las fuerzas de seguridad. Así se anunciaba el reequipamiento del Ejército para revertir el deterioro del material militar. Entre el equipamiento se encuentran: módulos habitacionales, drones, radares, fusiles, ametralladoras, lanzacohetes, morteros, paracaídas, equipos sanitarios, uniformes, tanques, camiones, topadoras, camionetas, ómnibus y utilitarios (LN 23/2).

Además, Rodríguez Larreta salía en defensa de su policía, luego de la represión que acabó con el periodista grafico Bernardino Ávila golpeado y detenido, el mismo que una semana antes había sacado las fotos de la represión contra el “verdurazo”, que se viralizaron. El Jefe de Gobierno de la ciudad decía que el periodista, antes de ser detenido, había “golpeado con la cámara al policía”. La Asociación de Reporteros Gráficos de la Argentina criticaba los dichos del jefe de gobierno: “Los periodistas no golpean policías, (…) la Policía de la Ciudad no sólo no respeta la libertad de informar y de prensa, sino que ha tomado a los trabajadores de prensa como objeto directo de su violencia”. Y le ponía números a la denuncia: “Entre el 14 y el 18 de diciembre del año pasado hubo 54 periodistas heridos en total, contabilizando fotógrafos, periodistas y camarógrafos, 47 por balas de goma o gaseados” (P12 27/2).

En el interior también pasa la historia

En esta situación, se daban varios sucesos políticos en el interior. Las elecciones de Neuquén, luego de la altísima expectativa que había generado la candidatura de Ramón Rioseco, por ser el candidato de unidad entre el PJ y Unidad Ciudadana, terminaban confirmando la primacía histórica del MPN en la provincia. Omar Gutiérrez, del MPN, logró su reelección con casi el 40 por ciento de los votos.  En segundo lugar y con una performance menor a la que obtuvo en 2015, se posicionó el candidato Ramón Rioseco, postulante de Unidad Ciudadana-Frente Neuquino, con el 26 por ciento de los votos. Más lejos se ubicó el referente de Cambiemos e intendente de la capital, Horacio “Pechi” Quiroga, que obtuvo 15 puntos (LN 11/3).

La situación de la provincia continuaba las tensiones del resto del país. Con la posibilidad de que Rioseco gane las elecciones, la Casa Rosada cortó todo tipo de ayuda a su propio candidato, el radical Pechi Quiroga, volcándose, sin decirlo, por Gutiérrez y el otro hombre fuerte de la provincia, el sindicalista y senador por Neuquén Guillermo Pereyra. Rioseco expresa a la izquierda. Ex empleado de YPF, fue uno de los fundadores del movimiento piquetero en Cutral-Có. Con el tiempo, se convirtió en intendente de esa ciudad (LN 7/3).

Gutiérrez basó su campaña en el provincialismo, acusando a los otros candidatos de ser comandados por Buenos Aires. Al cierre de la campaña, decía que los “proyectos centralistas que proponen mis adversarios, impulsados por Cristina Kirchner y Mauricio Macri, solo les interesan los recursos de los neuquinos. (…) Mientras recorremos la provincia, ellos se la pasan en los aeropuertos esperando a sus jefes porteños, que les vienen a dirigir la campaña” (LN 9/3).

En cambio, Rioseco definía que "está siendo una elección de interés nacional porque es la primera y porque está Vaca Muerta, que es el motor energético de la Argentina. Está en disputa qué mirada tenemos, cómo hacemos para que sigan viniendo las inversiones y cómo hacemos para que se desarrollen. (…) Se van a respetar todos los convenios que firmaron los gobernadores que estuvieron antes que nosotros. Como contrapartida, vamos a pedir que ellos cumplan también con los compromisos de inversión y perforación.  (…) Macri tiene dos candidatos en Neuquén. Quiroga es el oficial y Gutiérrez es el muleto. Los dos han acompañado el ajuste. Cualquiera de los dos que gane será una victoria para Macri" (LN 9/3).

Las cartas estaban echadas, Gutiérrez ganaba la elección criticando a Macri y apelando al sentimiento provincialista, cuando los recursos son provinciales gracias a las reformas neoliberales de los 90, medida que solamente fomenta la dependencia y las tendencias disgregatorias en el país. Solo dos días después de la elección, Gutiérrez se deshacía en elogios reivindicando el ajuste alcanzado por el macrismo, luego de sendos acuerdos con el sindicato petrolero. “Hay un trabajo en conjunto y en equipo en el cual compartimos que el futuro de grandeza se construye en la articulación de la inversión pública y privada que genera desarrollo económico y social. (…) Al país lo sacamos adelante con un plan de desarrollo y uno solo no puede. El primer plan de competitividad en el país fue el de Vaca Muerta y ese acuerdo lo llevamos adelante con el presidente Macri, junto a Guillermo Pereyra (senador nacional y gremialista petrolero) y las operadoras” (LN 12/3). En dos días, todo el espíritu provincialista se disipaba en una muestra de oportunismo sideral. De fondo estaba que el boom de Vaca Muerta todavía significa un mínimo reparto y que la lucha contra las multinacionales (que sí quieren quedarse con los recursos de todos los argentinos y latinoamericanos) se presenta como temerario para determinadas capas del movimiento obrero.

Pero no todo el interior parecía seguir el plan de entrega. En La Pampa, el candidato a gobernador por el PJ, Sergio Ziliotto, sentenciaba: “Hay que armar un acuerdo programático con ocho o diez consignas que luego se transformen en un plan de gobierno, hacer una gran PASO bajo el paraguas institucional del PJ y que cada uno de los dirigentes participe y que de ahí salga el candidato del justicialismo en las elecciones de octubre”. Y agregaba: “Para nosotros es exactamente lo mismo: la UCR o el PRO, es Cambiemos, es Macri. Son los socios locales del desastre económico y la destrucción de la industria nacional en la Argentina. Si bien es cierto que pueda haber diferencias entre ellos, los dos defendieron a rajatablas desde el punto de vista legislativo las políticas del presidente Macri. No es una cuestión de nombres sino de modelos. Los pampeanos comenzaron a decirle adiós a Macri, donde en la Pampa no alcanza el 20 por ciento de imagen positiva. Esto se ve en que sólo el diez por ciento de los pampeanos concurrieron a elegir el candidato de Cambiemos para la provincia y dentro de ellos la gente castigó al más cercano a Macri” (LN 24/2).

Soria y Odarda (candidatos a gobernador y vice por el PJ rionegrino), realizaban un acto junto a organizaciones y vecinos en la entrada de la estancia de Lewis, que impide el libre paso por un camino público. Martín Soria sentenciaba: “Hace más de diez años del fallo que ordena abrir el paso al Lago Escondido, y el gobernador Weretilneck sigue desobedeciéndolo. La soberanía, la patria, se ejercen. Y no vamos a permitir que un gobierno cipayo como el de Macri ampare a su amigo Lewis y se queden con parte de nuestra patria. Por eso nuestra primera medida al frente de la provincia va a ser recuperar el lago para todos los argentinos y garantizar que todos podamos transitar por los caminos públicos”. Y Odarda acotaba: “Nuestra lucha es por el libre acceso a las costas para todos y contra la extranjerización de la tierra. Y también contra el cierre de las escuelas rurales que están dentro de los territorios que compró un príncipe de Qatar. Queremos ser la primera provincia argentina que le ponga un freno a este despojo de nuestro territorio y la primera que le ponga un freno al macrismo” (P12 22/2).

Estas eran claras muestras de cómo el interior era parte de esta toma de conciencia de lo que estaba en juego este año y de cuáles eran los enemigos.

El pueblo lucha

Durante todo el mes continuaron actos de protesta. Se realizó un “ruidazo” en la Plaza de Mayo que, junto a miles de porteños contra el tarifazo, comandado por los Curas en Opción por los Pobres. El padre Francisco “Paco” Oliveira, expresó al cierre de la actividad que “la lucha contra el tarifazo es la lucha para que se vaya este gobierno” (P12 3/3).

También se realizó el 19 de febrero el Día de Acción por el Derecho al Aborto. En la Plaza del Congreso, otra vez hubo una notoria presencia de adolescentes, acompañada por acciones artísticas en todo el país y en algunas ciudades del mundo; el “pañuelazo” federal tuvo como principal objetivo pedir por la legalización del aborto voluntario y por la aplicación plena de la ley de Educación Sexual Integral (ESI) en las escuelas (P12 20/2).

El 8 de marzo se hizo nuevamente el Paro de Mujeres, en conmemoración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora. En la inmensa concentración, los discursos fueron profundos: "Estamos de pie por cuarta vez, haciendo un Paro General de la clase trabajadora; ocupades, desocupades, precarizades, piqueteres y de la economía popular, visibilizando especialmente a las mujeres indígenas, originarias, afroargentinas y residentes en nuestro país, y contra la apropiación cultural de matriz ancestral que venimos sufriendo; (…) estamos construyendo nuestro movimiento contra todas las formas de crueldad con que el capitalismo quiere disciplinar nuestras desobediencias” (P12 9/3).

También la coordinadora de gremios docentes Ctera convocaba a un paro de 72 horas, solicitando la reapertura de la paritaria nacional. Los gremios docentes fueron divididos a la medida, por un aumento por decreto dado en la provincia de Buenos Aires por el Ministro de Educación, que hizo pasar el básico de $13800 a $15000 (LN3/1). Además, el gobierno provincial afirmaba que descontaría todos los días de huelga a los maestros (LN 5/3). El gobierno de Vidal había preparado mesas con padres para conducir el enojo por la falta de clases por los reiterados paros. Si bien eso no pasó a mayores, sigue la misma línea que veíamos más arriba, exacerbar los ánimos para apoyarse en las ideas más reaccionarias (P12 6/3). Sin embargo, es indudable que el espacio para realizar tal iniciativa existe por el casi nulo diálogo de los sindicatos docentes con los padres y madres de la comunidad educativa.

Los trabajadores estatales del Indec, nucleados en ATE, organizaron un “feriazo” junto con la Unión de Trabajadores de la Tierra, para protestar contra las políticas económicas del gobierno de Mauricio Macri. El gremio reclama una recuperación salarial tras la caída del año pasado, la apertura de paritarias y la reincorporación de todos los despedidos. Los organizadores montaron frente al Indec una radio abierta e improvisaron puestos de venta, donde los productores rurales de la UTT ofrecieron todos sus productos a 20 pesos.

Todos estos hechos mostraban que no había ninguna lucha parcial posible, que pudiera triunfar sin barrer con el gobierno de la entrega. Jamás el macrismo iba a reponer la paritaria nacional, aunque se realicen 100 paros, porque es un gobierno neoliberal absolutamente entregado.

Por lo tanto, pasemos ahora a analizar cómo se movió políticamente el movimiento obrero organizado.

Lo más importante en la vida es la confianza

La plana mayor de la CGT, hoy comandada por los llamados “gordos”, se reunió con el encargado de la misión del FMI. Allí fueron con un pliego de reclamos, amenazando con que “no se descartan próximas medidas de acción directa si la situación sigue así”. Los sindicalistas pidieron una revisión del acuerdo con el Fondo y se le demandó “la necesidad de contener y pesificar los aumentos de tarifas. Roberto Cardarelli, subordinado de Werner, citado más arriba, respondía que en el FMI “están preocupados por la situación económica. Todos estamos preocupados. Nosotros creemos que va a ser mejor en 2019, pero claro que hay riesgos, como siempre. Este año va a ser mejor, vamos a ver una recuperación gradual a partir del segundo trimestre del año” (LN 22/2). Luego de los halagos de su superior y del anticipo de $29000 millones de dólares a los “monos con navaja” que gobiernan la Argentina, sus palabras eran sin duda insultantes.

Con esta situación, comenzaban los tironeos entre el moyanismo, la Corriente Federal, las CTA y muchas organizaciones populares con los titulares de la CGT, para que definan el llamamiento a un paro general para el mes de marzo. La CGT planeaba una reunión con empresarios del sector Pyme industrial para buscar soluciones y propuestas a la crisis. Acuña, hombre vinculado a Barrionuevo y Massa dijo que la salida es política y que él trabaja por la unidad del peronismo, “porque es el único partido que gobernó para todos los sectores: el capital y el trabajo” (CL 26/2).

Además, la CGT ratificaba su respaldo a la propuesta de blanqueo laboral, que contempla la condonación de deudas por contribuciones patronales para las empresas que formalicen a su personal y la excepción de aportes por dos años tras la registración. Pero advierten sobre sus diferencias sobre otro aspecto clave de la iniciativa: la propuesta oficial de reformular la ley 24.013 (de regularización del empleo no registrado) para reducir las multas que se aplican a aquellas compañías que no cumplen con el blanqueo de sus trabajadores (CR 1/3).

El accionar de la conducción de la CGT no paraba de asombrar. Haciendo caso omiso a la situación de robo descarado que es el plan económico, seguía intentando reconstruir algún tipo de institucionalidad con el Ejecutivo, que endeudó al país en mas de $110.000 millones de dólares para sostener la bicicleta financiera y cumplir con los fondos Buitre.

Pero con todas estas contradicciones a cuestas se buscaba la unidad en la calle, intentando coordinar un plan de lucha, que incorpore también a las Pyme, uno de los sectores más golpeados por la situación económica. Luego de un encuentro en la sede de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET) −fundada y administrada por el SUTERH−, se realizaba el encuentro donde participaron el co-secretario general de la CGT, Héctor Daer; el titular de la Federación de Alimentación, Rodolfo Daer; el secretario adjunto de Camioneros, Pablo Moyano; Pablo Biró, de Pilotos (APLA); Hugo Yasky, de la CTA; Héctor Amichetti, de la Federación Gráfica; Sergio Palazzo, de la Bancaria; Horacio Ghilini, de Sadop; Walter Correa, de Curtidores; Omar Plaini, de Canillitas; Víctor Santa María, de encargados de edificios; el aeronáutico Edgardo Llano (APA); Sergio Sánchez, de Peajes; y Vanesa Siley, judiciales, entre tantos otros. Con esa foto, se proponía realizar una movilización para el día 4 de abril.

En el encuentro, el rector de la UMET, Nicolás Trotta, advirtió que la inflación de febrero ascendió al 4 por ciento y la interanual al 51,6 %, una marca no superada desde 1991 (P12 12/3).

Pero más allá del acuerdo en la movilización, se mantenían dos tendencias claras dentro del movimiento obrero organizado, ya que en un encuentro el gastronómicos Luis Barrionuevo bendecía la candidatura de Roberto Lavagna: “Ya está: basta de reuniones; ahora a trabajar la calle y a reclutar fiscales”, apuró Barrionuevo y agregó: “El movimiento obrero lo acompaña”. Desde el entorno de Omar Maturano, de La Fraternidad, se planteaba que “con Las 62 Organizaciones le daremos estrategia territorial y logística para formar la mesa sindical Lavagna 2019. Hoy se selló lo que significa la construcción de un frente electoral que lo sintetiza la figura de Lavagna”. En el encuentro estaban presentes Carlos Acuña (Estacioneros), Andrés Rodríguez (UPCN), José Luis Lingeri (Aguas), Gerardo Martínez (UOCRA), Armando Cavalieri (Comercio), Amadeo Genta (Estatales porteños), Hugo Benítez (Textiles), Enrique Salinas (UOM) y Roberto Fernández (UTA) (CL 12/3).

Este lanzamiento excluía a todos estos gremios de la gran PASO que se venía planificando al interior del peronismo, por la autoexclusión que Lavagna hiciera de dicha instancia a comienzos de febrero (Lapoliticaonline 6/2).

El otro sector del sindicalismo, representado en el encuentro realizado en la UMET, se acercaba cada vez más al kirchnerismo.

Para profundizar en este tema, veamos cómo avanza la constitución de la unidad en el frente nacional y cómo se para el movimiento obrero dentro del mismo.

Unidad hasta que duela

Como venimos indicando, la mayoría de las encuestas, que hace un año beneficiaban a Macri, ahora dan una leve ventaja a CFK. Fernando Laborda, una de las espadas oligárquicas de La Nación, indicaba que “la viuda de Kirchner está primera, con el 30,1%, y Macri suma el 27%” (LN 24/2).

Esta situación hacía que hasta los que peor se habían ido intenten jugar en las PASO. El Chino Navarro, dirigente del Evita, que no dudó en sostener a Randazzo en las elecciones del 2017, sostenía que “hay una lógica política que el macrismo impone, y muchos sectores de la oposición tomamos, que es discutir el pasado, y eso lleva a posicionamientos erróneos. Uno queda congelado en lo que le gustó o no del pasado y el macrismo logra su objetivo: no discutir el presente que no puede justificar. (…) Sería natural que CFK fuera candidata. Tiene una intención de voto importante. (…) No planteo diferencias con CFK. Planteo que hay que tener una o dos ideas claras. La emergencia que nos deja Macri es terrible y requiere un gobierno de transición” (LN 21/2).

La idea de un “gobierno de transición”, como analizamos el mes pasado, es profundamente peligrosa. Parece no reconocer la crítica situación actual. Porque un gobierno de transición ¿qué significaría? Lo obvio es pensar que deberá tomar medidas antipopulares y por lo tanto se intenta no “quemar” a los dirigentes que plantean la profundización. Sin dudas, el gobierno que viene debe tener el mayor peso institucional y el máximo apoyo social si se quiere enfrentar a la inmensidad de mafias mercenarias del imperialismo que han mostrado la cola desde aquel 2011. ¿Un gobierno de transición puede renegociar el acuerdo con el Fondo, reimplantar una suba de las retenciones o conducir inversiones productivas por parte del Estado? Este tipo de posicionamientos, que dicen olvidar el pasado e imponer un gobierno de transición, parecen no comprender la situación real de América Latina, con los EEUU apoyando a un presidente autoproclamado en Venezuela, contra la voluntad popular, y a un presidente brasileño que se propone “eliminar el comunismo”, al tiempo que reivindica a Pinochet.

Mas allá de estas tensiones, parece irse reconfigurando una amplia unidad entre el PJ provincial y el Kirchnerismo a lo largo del país, salvo en Córdoba y en Salta. Gioja, titular del PJ a nivel Nacional, decía que hay “un clima de unidad total. (…) La propuesta: abrir las puertas, convocar a todos, dar oportunidades a todos y, como decimos siempre, si logramos el acuerdo en una mesa de diálogo, con reglas de juego claras y democráticas, vamos, y si no hay acuerdo, bueno, democráticamente encontraremos o definiremos cuando lleguemos a la instancia de los nombres propios quiénes serán los candidatos” (CL 5/3).

En este marco, eran fundamentales las declaraciones de Hugo Moyano, que anticipaba que en un eventual escenario electoral donde Cristina Kirchner y Mauricio Macri lleguen a un ballotage, apoyará “sin dudas” a la expresidenta. El dirigente opinó que los trabajadores “no se van a volver a equivocar”. Y luego agregó que aspira a que pueda “surgir un candidato que le devuelva la dignidad que le han sacado a la gente y que logre poner de nuevo en marcha al país” (LN 21/2).

Pablo Moyano, por su parte, decía que “si el peronismo sigue dando vueltas, no creo que pueda volver al poder. (…) Ojalá que Massa represente al peronismo para volver al poder. Es mi deseo. A todos los dirigentes que quieran ser candidatos que lo digan así nos ponemos a trabajar en la campaña. Hoy los únicos son Felipe Solá y Agustín Rossi” (LN 12/3).

Como vemos, todavía hay pocas definiciones acerca de qué política emprender si se accede al gobierno. Todavía el campo nacional parece prepararse para una contienda electoral, a pesar de que sectores de la dirigencia obrera y popular olfatean, por un lado, que las “cartas están marcadas” y que la persecución política, en caso de una victoria macrista, será tan tremenda como inverosímil. Lo otro que se olfatea, es la imposibilidad que tendrá un eventual gobierno nacional-popular de llevar adelante cualquier medida en beneficio del pueblo, sin plantearse la derrota del imperio y la oligarquía. Y eso implica participación, conciencia, movilización y unidad de las masas obreras y populares, pues los cambios meramente “desde arriba” ya se mostraron impotentes ante el peso de la hegemonía imperial, de sus formas de vida, de sus conductas, en la sociedad civil.



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