Revista Mensual | Número: Julio de 2019
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Fuentes consultadas:
EE.UU.-Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW).
China: Xinhua (XH). Rusia: Russia Today (RT). Irán: HispanTV (HTV). Líbano: Al Manar (AM).
Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Brasil: Folha de São Paulo (FSP). Colombia: El Tiempo (ET).
Argentina: Clarín (CL); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Página/12 (P12).
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Juntos pero no mezclados

Fantasmas que asustan asesinos
Cambio de estrategia
De ancha avenida a choque múltiple
Justicia enloquecida
De capitanes a conejillos de Indias
El interior de la tierra partida
El frente nacional inicia un debate
Lucha de clases en tiempos revueltos


Con la profundización de la crisis, se reconfiguran las alianzas y las estrategias

Juntos pero no mezclados

“No sólo derrotamos a (Henrique) Capriles y su coalición,
sino también a una coalición internacional
muy poderosa en dinero y tecnología”

(Hugo Chavez)

 

“Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo,
no necesitas temer el resultado de cien batallas.
Si te conoces pero no al enemigo,
por cada victoria también sufrirás una derrota.
Si no conoces al enemigo ni a ti mismo,
sucumbirás en cada batalla”.

(Sun Tzu)

 


Fantasmas que asustan asesinos

Con un mundo convulsionado por la guerra comercial que busca darle oxígeno al cansado imperialismo yanqui, atosigado por la dificultad para seguir succionando valor de las periferias, la Argentina se vuelve escenario de luchas globales, transformándonos a todos y todas en actores de dicho proceso. Como decía el papa Francisco, ya en 2017, vivimos una “guerra mundial a pedazos”. Sólo así puede comprenderse lo que se conocía a finales de mayo. Que el famoso ex secretario de estado de Richard Nixon, Henry Kissinger, pidió explícitamente a David Lipton, subdirector gerente del Fondo Monetario Internacional −el hombre que defiende los intereses norteamericanos en el organismo− que el FMI mantenga su apoyo a la Argentina, a pesar de las dificultades económicas y de que el país casi no cumplió ninguna de las metas acordadas con el organismo (CL 30/5). Pero el famoso monopolio mediático decía más. Indicaba que ante la consulta de un miembro de la comitiva del organismo sobre qué ocurriría si el Fondo se retrasaba en los desembolsos programados para 2019, la respuesta de los funcionarios argentinos fue contundente: “Volvería el comunismo”. A pesar de la oscura veracidad de la anécdota, los diversos posicionamientos que tomaron los actores más cercanos al imperialismo yanqui a lo largo de mes, mostrarán la verosimilitud del hecho (CL 30/5).

Luego de las gestiones de Kissinger, el ministro de economía Dujovne se reunía con la plana mayor del organismo en Japón, donde le permitían adelantar los desembolsos, destinados a sostener la bicicleta financiera que permite un robo ordenado, que no llegue al estallido ni a la hiper-devaluación: nadie quiere un 2001. Si quedaban dudas sobre el favoritismo del organismo −luego de las abiertas declaraciones de apoyo que recibió el gobierno de Macri del jefe de la delegación en el país y del jefe del hemisferio occidental del FMI el mes pasado (ver Análisis… anterior), se conocía que el 54% de los desembolsos del acuerdo serían recibidos por esta gestión, frente al 12% de la siguiente (CR 7/6). Además, se conocía que tras firmar el acuerdo stand-by por u$s 56.000 millones, la Argentina concentra el 61% de los créditos actuales del FMI (BAE 3/6).

Pero estas intrigas no serían las únicas noticias sobre el interés norteamericano en la “estabilidad” neoliberal de la Argentina. Como indicábamos el mes pasado, el derechista presidente de Brasil Jair Bolsonaro −otro producto de la descomposición de los partidos y del “apuntalamiento” yanqui− se reunía con George W. Bush (h) y luego declararía que este estaba más preocupado por Argentina que por Venezuela (CL 16/5). Siguiendo los consejos del líder de la invasión a Afganistán e Irak −que se llevó la vida de por lo menos un millón de personas (Fuente BCC Mundo 15/10/11)− y en visita oficial al país, el ex militar brasileño declaraba su esperanza de que “el pueblo argentino” vote “con la razón” en las elecciones de octubre. Dejó en claro que esperaba que su par Mauricio Macri siga en el poder, aclarando que “no queremos nuevas Venezuelas en la región” (CR 7/6).

Todo el accionar yanqui estaba destinado a frenar cualquier intento de un viraje hacia el eje ruso-chino y una posible “chavización”.

Con estos niveles “pornográficos” de injerencismo en los asuntos internos de un estado, se demostraba el estallido de la institucionalidad internacional, fruto de la creciente pérdida de hegemonía norteamericana.

Pero el mandatario verdeamarello no sería el único invitado durante el último mes. También se realizaría la visita oficial del presidente de Colombia, Iván Duque, quien afirmaba su compromiso, compartido con la gestión argentina, de trabajar en la “salida del usurpador Nicolás Maduro” (P12 11/6).

El panorama era claro. El imperialismo en decadencia tenía mucho que perder en la región y teme por sus posibilidades si asume un gobierno que pueda ser influenciado por la larga lista de perjudicados que hay en el país. Con los resultados de la genuflexión a la vista de todos y todas, un país superendeudado, un mercado interno deprimido por una pesada estanflación, con muchísimas compañías en problemas y los trabajadores empobrecidos (ver artículo anterior), la lucha por la independencia económica y la soberanía política se volvía mucho más que una aspiración ideológica. La “chavización” puede ser en parte el único camino para sobrevivir de vastos sectores de capital medio y hasta grandes grupos, que no pueden esperar ningún espacio del gigante del norte. Contra eso se organiza el Imperio, instrumento de los monopolios norteamericanos, que temen el ascenso de una fuerza política contraria a sus intereses.

Cambio de estrategia

En mayo se alcanzaba la indignante cifra de 51,7% de niños bajo la línea de pobreza. La más elevada de la década (HTV 9/6). Una encuesta realizada por el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica indicaba que el 75% de la población considera que la situación del país es negativa. Más si observamos áreas como la inflación (93,7%) o el control del dólar (89,9%). Puestos a hacer un balance de la gestión macrista, las respuestas marcaban una tendencia incuestionable. El 32,6% de los argentinos consideran que “fracasó” y un 33% que “no cumplió sus expectativas”. Sólo el 8,5% se creyó lo de “la pesada herencia” y un 18% cree que debe tener más tiempo para lograr lo que prometió. 8 de cada 10 encuestados consideran que el modelo económico debe ser cambiado totalmente. Tres cuartas partes de la ciudadanía teme la pérdida de empleo en su núcleo familiar. Casi 6 de cada 10 argentinos afirman que han descendido socialmente (CD 28/5). En Tucumán, Macri cuenta con una imagen negativa que ronda el 80 por ciento (P12 9/6).

A pesar de esto, con un autismo propio de quien cree que el partido se juega en otro lado, el Pro mantenía su definición de que el candidato no se tocaba, que era Macri. Que fiel “al estilo Temer”, en el peor momento, enviaba a Dante Sica a seguir promoviendo una reforma laboral y a poner en el centro la lucha contra el sindicato de camioneros, uno de los núcleos de resistencia obrera con los que lucha el Gobierno y, a través de este, el FMI y los capitales que representa (LN 26/5).

En este contexto, todos los que no tienen el celular de Trump, pisaban el acelerador al máximo por el próximo cierre de listas, empujando la lucha facciosa que intentaba salvaguardar del peor gobierno de los últimos 50 años las posiciones conseguidas.

Los radicales se alistaban para realizar su atrasada convención electoral, de la que en 2015 había salido su incorporación a la alianza con el Pro y la Coalición Cívica. En el radicalismo, se vislumbraban tres sectores. Por un lado, el más crítico, liderado por Ricardo Alfonsín, Federico Storani y Jorge Sappia −presidente de la convención−, que impulsaba directamente la disolución de la sociedad con el PRO y la Coalición Cívica para crear un nuevo frente encabezado por Roberto Lavagna. Otro grupo, comandado por el titular del Comité Nacional, Alfredo Cornejo, reclamaba “ampliar” Cambiemos con referentes del PJ antikirchnerista y reemplazar a Macri por María Eugenia Vidal en la fórmula presidencial. Por último, los más “amarillos” respaldaban la reelección presidencial, sólo objetando tener garantías de su presencia en las listas e “institucionalizar” la toma de decisiones, es decir, dejar de ser convidados de piedra en todas las decisiones. Este espacio es el encabezado por el vicegobernador bonaerense, Daniel Salvador (P12 26/5). Días previos a la convención se conocía el documento de discusión que circulaba, donde se aclaraba que los dos objetivos que buscaba el radicalismo en 2015 eran “uno era estratégico: derrotar al ‘populismo’. El otro era táctico: recomponer un partido maltrecho en el territorio y el congreso” (CL21/5).

Al final de cuentas, en medio de tensiones y espejismo, la posición del radicalismo mendocino encabezado por Cornejo y Cobos, se imponía, aunque matizada. Se votaba pedir ampliar el frente con “peronistas no k”, pero nada se decía de María Eugenia Vidal como candidata presidencial. Con 271 votos a favor, 14 en contra y 29 ausentes, se volvía la posición oficial del partido. En el cierre de la convención, el gobernador de Mendoza y actual líder radical, Cornejo, hablaba sin pelos en la lengua: “Hay posibilidades ciertas de salir derrotados de las elecciones de octubre y del ballotage. (…) Por ello, debemos estar abiertos a invitar a otros dirigentes a integrar la coalición. (…) Se nos dice que nos van a responder que no, y que eso sería un papelón para el partido. ¡Peor papelón que te rechace el pueblo argentino en las urnas, en octubre! Por eso es necesario ratificar la coalición Cambiemos, pero también promover su ampliación” (LN 29/5).

Como decía el columnista de LA Nación Sergio Suppo, “los radicales persisten en sus formas a riesgo de que se descubra que no tienen mucho más que esa escenografía. El debate en la convención fue (…) una catarsis contra los males atribuidos al macrismo. Ahí donde antes había sectores internos bajo algún liderazgo y con rasgos distintivos respecto del resto del partido, la UCR tiene grupos dispersos circunstancialmente armados para un fin determinado” (LN 2/6). En criollo, pequeños grupos que disputan candidaturas y espacios, sostenidos por diversos grupos de presión de la sociedad civil.

Pero el tacticismo electoralista continuaba. Gerardo Morales, el gobernador de Jujuy que fue reelecto este mes, en una provincia militarizada, que destruyó la resistencia popular a fuerza de represión, dejaba algunas definiciones: “Si fuera por la economía, yo tendría que haber perdido la elección. (…) Me parece muy temeraria y arriesgada la estrategia duranbarbista de apostar todos los caballos a la segunda vuelta. Lo hicieron en 2015 y en esa elección no ganó esa estrategia sino que perdió el kirchnerismo. (…) Un peronista sí que sumaría, yo no estaría tenso por eso”. Luego de todo esto admitía temer por una derrota de Vidal en la provincia y definía que “hay que derogar el decreto que impide las colectoras” (CL 10/6).

Con los dichos de dos de sus jefes más importantes, el radicalismo mostraba su actual naturaleza. Ser un pusilánime partido “del orden”, que alinea su estrategia para interpretar los intereses de los más poderosos de la mejor manera, esperando la gracia del mercado y los medios monopólicos.

En definitiva, como intelectuales del régimen, los radicales daban su veredicto. Debía ampliarse la alianza. Pero el discurso duro del Pro, cuya estrategia duranbarbista era potenciar el enfrentamiento, sin mediaciones, condenando al peronismo como un error que se debía desechar, era obviamente incompatible con los acuerdos que incorporen más PJ. Que indudablemente vendrían con sus exigencias a favor de capitales locales, centrales sindicales y medidas de mayor redistribución.

Pero el lanzamiento de la formula Fernandez-Fernandez, que volvía a romper el techo electoral de CFK, en medio de la caída macrista, generaba un fuerte cimbronazo en el oficialismo. Según sondeos propios, sólo en el conurbano bonaerense Macri perdió desde la última elección de octubre 2017, cuando Esteban Bullrich derrotó a Cristina Kirchner, unos 600.000 votos. Es casi la cantidad exacta por la que superó en todo el país en 2015 a Scioli en el ballotage (LN25/5).

El acercamiento de Alberto hace aproximadamente un año y la cristalización de su candidatura junto con CFK era sin dudas el sinceramiento de un diálogo con sectores empresariales locales, que entendían que el macrismo era el mal mayor y que por lo tanto ya no irían tranquilamente detrás del plan de entrega. Como sabemos, esa es una decisión de implicancias geopolíticas.

Con esta situación, hasta el intransigente Duran Barba aceptaba que no se podía ganar en primera vuelta, y que podía perderse en un eventual ballotage. Con su cinismo habitual, el ecuatoriano admitía que “el Gobierno decepcionó” y que podría activarse el “Plan V” –en referencia a una candidatura de la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal–, si las encuestas no les son favorables (P12 30/5). Tanto cinismo en el frente oficialista indignaba a Fernández Díaz, editorialista de la Tribuna de Doctrina: “A este sincericidio de la soberbia [de Duran Barba] se sumó el inefable señor Cornejo, quien (…) sugirió que Macri no era un buen candidato, que tal vez Vidal podría reemplazarlo y que incluso quizás deberían desechar la marca Cambiemos. Tienen facilitados los hermanitos Fernández y el joven Kicillof los debates preelectorales: sólo deben llamar al estrado al gurú de Macri y al presidente de la UCR” (LN 1/6).

Pero a pesar de los pedidos del intelectual orgánico de la oligarquía, el tacticismo seguiría su reinado. Era la consecuencia de la explosión de las bases materiales de la hegemonía yanqui. El establishment local no podía soportar 4 años más de genuflexión imperial en medio de una guerra comercial. Y no era un problema ideológico, como indicábamos mas arriba. Los monopolios extranjeros pedían quita de cargas fiscales, flexibilización laboral y reforma previsional, buscaba encarcelar a muchos empresarios y quitarlos de los proyectos público-privados. A esto nos referimos cuando decimos que no puede construir fuerza social. Con todo esto, la desconfianza que el establishment había mostrado con Macri en 2015, cuando había intentado empujarlo a pactar con Massa, se verificaba y una parte de este se pasaba en parte a la otra vereda, obligando al oficialismo a hacer un cambio de estrategia. Ya no alcanzaba con empujar un ballotage, confiando en que un peronismo más moderado que el kirchnerista pueda quitarle votos, para después usufructuar la mala imagen del gobierno anterior entre el electorado que no lo elige en primera instancia.

Los aliados implícitos que el Gobierno mantuvo en estos años, los que apoyaron el pago a los fondos buitres, la reforma previsional y viajaron por el mundo con Macri hablando de la nueva maravilla blanca de Sudamérica, debían sincerarse, más cuando Sergio Massa, indudablemente otrora uno de estos aliados, estaba a punto de negociar su inclusión en la alianza con el populismo.

Con estas dificultades a la vista, a finales de mayo la mesa nacional de Cambiemos salía a aclarar en la voz de Rodríguez Larreta que la definición del candidato a vicepresidente estaba abierta, para ser discutida con sus socios de Cambiemos. Estos dichos, a instancias de la convención radical −que no terminó objetando la candidatura de Mauricio−, parecían apuntar a frenar cualquier tipo de ruptura, ofertando al radicalismo la vicepresidencia. Sin embargo, comenzaba a circular la idea de que, si Massa se iba con el kirchnerismo, los otros integrantes de Alternativa Federal iban a ser tentados por el macrismo (CL y LN 27/5).

Fernando Laborda, otro de los escribas de La Nación, indicaba que de darse la incorporación de Massa, eso obligaría a la coalición Cambiemos a intentar seducir al tándem Miguel Pichetto, Juan Manuel Urtubey y Juan Schiaretti (LN 31/5).

Así fue. El macrismo le ofrecía la vicepresidencia a Urtubey y, luego de su rechazo, Miguel Ángel Pichetto aceptaba el convite (CR 13/6).

Luego del lanzamiento de la formula Macri-Pichetto, dos intelectuales orgánicos del imperialismo, que pocas veces hablan directamente de política, salían a bancar su candidatura y su figura. Por un lado, Héctor Huergo −jefe hace más de 30 años del suplemento Campo de Clarín y quién, como director del INTA en 1994, fue uno de los grandes promulgadores de la soja transgénica, “haciendo la vista gorda” sobre los estudios ambientales que debían controlar al producto estrella de la química Monsanto−, declaraba que Pichetto, en plena 125, le había confesado que estaba en contra de la medida, y que coincidía totalmente con la posición de Huergo, “pero Néstor está loco con esto. Nadie lo pudo convencer” (CL 14/6). El otro que salió a bancarlo fue Ricardo Recondo, presidente del Consejo de la Magistratura, juez indicado como uno de los más grandes operadores de EEUU en la Justicia, que casi nunca hace declaraciones, salía en defensa de Pichetto, luego de que el Frente para la Victoria pidiera la renuncia del rionegrino al Consejo, luego de haber cambiado de vereda. Recondo decía que el senador era una persona de mucho prestigio y que imponía autoridad (LN+ 18/6).

Pero no sólo los operadores “del mercado” hablarían, también lo haría la bolsa de Nueva York. Antes de la designación, las 22 compañías argentinas más importantes que cotizan en bolsa valían US$ 34.747 y luego del anuncio US$39.579 millones. Pampa Energía fue una de las grandes ganadoras conjuntamente con Metrogas y una de las que menos ganaron fue YPF, quizás porque se presagiaba su entrega a los fondos buitres que ahora la sobrevuelan. En una conferencia de prensa para presentar su candidatura, inédita para un vicepresidente, Pichetto explicaba en qué radicaba su cambio, indicando que compartía con el Gobierno “una visión capitalista, un tema que no se discute más en el mundo. Un capitalismo moderno, inteligente, que defienda la industria nacional, pero que exporte, que abra mercados. (…) El mundo cambió, es más egoísta, (…) defiendo la continuidad de los actos del Estado, la previsibilidad, el cumplimiento de las obligaciones, no hacer ruptura de obligaciones de manera unilateral, alejarnos de situaciones extremas que nos vuelvan a poner en el aislamiento”. Sin nombrar a Venezuela, indicó que la vinculación con EEUU, Europa y Brasil era correcta (LN 14/6). Decía defender la minería y la extracción de petróleo. Además, el senador mostraba su cercanía con Bolsonaro: “No estoy de acuerdo con la política del pobrerío, que mira el país a través de las estadísticas de la UCA, quiero un país para los que trabajan y para los que buscan trabajo”. Pero no debemos confundirnos, Pichetto no es Macri. En la misma alocución, planteaba que no acordaba con el accionar de la justicia, no creía en la prisión preventiva y que quería bajas tarifas para la industria y el autoabastecimiento energético, que haga competitiva a la industria, además de repetir unas 5 veces que había hablado con los gobernadores de su partido, de manera suspicaz (LN+ 12/6).

Pero Pichetto se metería con todo en la campaña, “bolsonarizando” la política nacional. En una abierta crítica a Axel Kicillof, candidato del peronismo en la provincia de Buenos Aires, diría: “El peronismo lleva a un hombre del Partido Comunista como candidato” (InfoCielo 14/6). Su acusación era contestada por Agustín Rossi, “Como tenés miedo de que gane y no podés debatir ideas con él, haces macartismo. Lamentable. Solo te falta ser botón… o ya lo sos (CL14/6).

¿Qué estaba pasando que volvíamos a escuchar sobre macartismo en la Argentina? Pasando por alto la inexactitud sobre el dato aportado por Pichetto, lo que se buscaba era fracturar el interior del país, incorporando un anillo, aunque pequeño, de los intereses provinciales. Para garantizar una gobernabilidad que indudablemente va a tener que ser sostenida –en caso de triunfar Cambiemos− con una creciente represión, por el nivel de violencia económica que significa para la población.

Como decíamos, el imperialismo no puede darse el lujo de permitir que el comando de la política nacional pase a manos ni mínimante moderadas en el nivel de genuflexión, porque las fuerzas que buscarán frenar la entrega, que es muerte para los pobres y expropiación para los capitales nacionales, serán fuertes y tendrán poderosos aliados externos, como China y Rusia. Y en la defensa del interés nacional elegirán sin dudas a los hombres y mujeres que más coherentemente se enfrenten al imperialismo. Este hecho es fundamental para comprender que la fractura del “círculo rojo” no es el abandono de los grandes poderes económicos y todo su aparato imperialista a la gestión de Macri. Sino todo lo contrario. El círculo rojo abandona en parte a Macri justamente defendiéndose de ese mismo aparato. Por eso, quien enfrenta a Macri, enfrenta a una coalición internacional poderosa, como dijera de Capriles el comandante Hugo Chávez, luego de su última victoria electoral. Por eso el temor yanqui de que un futuro gobierno pueda enfrentarse a la propiedad privada. ¿Pues cuánto margen tiene para no hacerlo?

Recorrido el proceso de rejunte del frente oligárquico, analicemos lo que fue una de sus condiciones de posibilidad, la explosión de Alternativa Federal.

De ancha avenida a choque múltiple

Como indicábamos más arriba, el cambio de estrategia del macrismo tuvo como consecuencia subordinada la explosión de Alternativa Federal. Pero sería ingenuo leer la extinción de este rejunte sin analizar profundamente sus bases sociales.

Alternativa Federal era la búsqueda de una alianza del interior sin un proyecto de fondo, ni fuerza para imponerlo, pero con la intención ser un resguardo frente al diciplinamiento del macrismo, dado por el alejamiento a la verdadera opción opositora, el kirchnerismo. Por esto decíamos que Alternativa Federal es poco más que una alianza electoral, con bases poco sólidas, puesto que ningún sector en su interior cuenta con una estructura mínimamente nacional. En general, defienden intereses económicos provinciales (con la obvia dificultad de que muchas veces los intereses provinciales, por la misma estructura, responden poderes económicos foráneos).

Dicho y hecho, luego del abandono de la mayoría de los gobernadores del espacio, salvo el de Salta y el de Córdoba, la confusión reinó en el mismo. En 15 días, los miembros más importantes de la alianza, que cada vez más parecía una cáscara vacía, fueron protagonistas de la definitiva explosión.

Sergio Massa, que hace dos meses negociaba el desacople de las elecciones con Vidal, luego de una reunión de su sello, Frente Renovador, declaraba en la voz de su jefe de campaña, Diego Bossio −quién fuera la punta de lanza para destruir el bloque del Frente para la Victoria en Diputados a un mes de las elecciones de 2015, y hasta donde se sabía no pertenecía al Frente Renovador− que no iban a negociar con el macrismo, porque buscaban una gran coalición opositora (Infobae 4/6).

Entretanto, Lavagna nunca aceptó medirse en unas PASO, mucho menos con el peronismo. Urtubey y Pichetto no pretendían reunirse con el kirchnerismo y entonces Massa se quedaba sin ecos dentro de la moribunda Alternativa Federal.

Mientras Pichetto, Schiaretti y Urtubey se reunían con Macri, el candidato del Frente de Todos, Alberto Fernández, decía: “Los opositores no se abrazan con Macri” (LN 24/5).

Con todas estas peripecias, Massa terminaba incorporándose a la alianza con el kirchnerismo y Pichetto se trasformaba en el candidato a vicepresidente de Macri. Urtubey, que en medio de las definiciones sostenía su candidatura, la resignaba y aceptaba ir de vice de Lavagna, sin atravesar ningunas PASO.

La vergonzosa danza de candidaturas no debe llevarnos al error de creer que existe una independencia absoluta de los aventureros de la política. Las intrigas palaciegas, por más tristes y faltas de principios, responden a la rápida desarticulación de las bases materiales que las sostienen. Y a un proceso obvio: la polarización no es entre fuerzas políticas, es entre sectores económicos, que necesitan constituir alianzas, en cuyo interior anidaran diversos intereses.

Lo cierto es que muerta la otrora “ancha avenida del medio”, la polarización se profundizaba, diluidos apenas los dos campos en disputa con las nuevas incorporaciones.

Analicemos ahora cómo se vivieron estas mismas contradicciones en el ámbito judicial.

Justicia enloquecida

En este marco de disputas y reposicionamientos, en la justicia seguían chocando facciones.

Por un lado, el juez Bonadio procesaba a los empresarios Cristóbal López y Fabián De Souza por la compra de dos departamentos en el edificio donde vive la ex presidenta Cristina Kirchner (P12 30/5). Con estos procesamientos, el desbocado juez ya procesó a más de 100 imputados por la oscura causa de los cuadernos. Entre el centenar de imputados, Bonadio amplió además los procesamientos con prisión preventiva de Julio De Vido, los empresarios Lázaro Báez, Cristóbal López, Gerardo Ferreyra y Fabián de Sousa. Todos ya están presos por esta y otras causas que cursan en Comodoro Py. En tanto, Aldo Roggio, Carlos Wagner, Hugo y Eduardo Eurnekian, Osvaldo Acosta, Juan Chediak, Javier Sánchez Caballero y Juan Carlos de Goycoechea, Ángelo Calcaterra, entre otros hombres de negocios, fueron procesados pero seguirán en libertad. En cambio, Gianfranco Macri, hermano del Presidente, fue beneficiado con la falta de mérito. Sobre las presuntas coimas pagadas por las empresas concesionarias de los peajes, el juez se basó en los dichos de Caludio Uberti, ex titular Órgano de Control de las Concesiones Viales (Occovi), quien declaró como arrepentido que era el encargado de recolectar el dinero. Justamente, el ex espía Rolando Barreiro contó en Dolores que el fiscal de los cuadernos Carlos Stornelli lo coaccionó para que cuente que traían plata en aviones desde Venezuela. Según Barreiro, Uberti dejó constancia de la extorsión en una escribanía (P12 7/6).

En este marco de acusaciones, procesamientos y sospechas cruzadas, todo parecía a punto de salirse definitivamente de la institucionalidad. Varios programas de televisión hacían públicas escuchas y se concia que se habían escuchado conversaciones privadas de algunos de los detenidos, incluso realizadas con sus abogados (LN 28/5). Luis Majul tomaba la práctica de hacer públicas escuchas derivadas de juicios. Se hacían públicas escuchas de Lázaro Báez hablando con sus abogados, intentando realizar una condena social, previa los juicios.

Quizás el hecho de mayor gravedad fuera la presencia de Carlos Stornelli −fiscal que se encuentra en rebeldía por no presentarse a declarar en la causa que lo acusa de integrar una banda de extorsiones ilegales, de la cual también fue miembro el falso abogado, y agente de la DEA, Marcelo D´Alessio− en la conmemoración del día del Ejército. Este hecho tiene una profunda connotación, dado que el padre del fiscal de barricada del macrismo fue un oficial del Ejército durante la dictadura, vinculado a la inteligencia, jefe del remisero Oscar Centeno y también jefe de uno de los testigos claves en la causa contra Amado Boudou. Todo esto significaba un apoyo al fiscal en rebeldía y casi una amenaza mafiosa en medio de la celebración.

Las luchas en la Justicia continuaban y el juez federal Alejo Ramos Padilla advertía que en su causa había 15 imputados, entre los que se encontraban las diputadas de Cambiemos Elisa Carrió, Mariana Zuvic y Paula Oliveto, el fiscal Stornelli y también el juez Bonadío, además, obviamente, de Marcelo D´Alessio y los ex comisarios de la Policía bonaerense, Aníbal Degastaldi y Ricardo Bogoliuk (P12 12/6).

Además, la Justicia confirmaba que dentro de los famosos bolsos de López había U$100 mil provenientes de la Reserva Federal de EEUU, que habían sido ingresados al país por el banco Finansur, dirigido por el ex tesorero de Boca, Jorge Sánchez Córdova. El Finansur operaba con algunas empresas trascendentes en la obra pública, entre ellas Odebrecht, socia de IECSA en la obra del soterramiento del Sarmiento (P12 9/6). Este dinero puede ser un canal para identificar de dónde provino el dinero que el ex Secretario de Estado quiso esconder en los inicios del gobierno de Macri.

En medio de todo esto, Luis D´Elia cumplía una condena de 4 años a prisión, a pesar de su delicado estado de salud, por haber participado de un copamiento a una comisaría hace 14 años, luego de que Juan Carlos Duarte, un asaltante que era protegido por la comisaria, asesinó al militante Martín “Oso” Cisneros en 2004. Mientras era encarcelado, D´Elia denunciaba que su encarcelamiento había sido pedido por la embajada de EEUU, hecho rebelado por WikiLeaks a través el cable 1222. En la filtración, trascendió que la embajadora le había preguntado a Macri por qué la justicia no condenaba. Macri habría respondido que “era un excelente ejemplo de la intimidación que recibía la Justicia durante el gobierno kirchnerista”. (P12 13/7/16 y TN 9/2).

La lucha de poder en el sistema judicial demuestra que no existe ninguna independencia de poderes, y que la intervención extranjera en todos estos es altísima. Agentes de inteligencia, jueces comprados, políticos susurrados, testigos amenazados, leyes constituidas a imagen y semejanzas de las utilizadas en Colombia y México, bajo el consejo de EEUU, en países hundidos en la violencia narco; embajadores que se autoerigen como colaboradores de la justicia de países extranjeros. Con todo esto, sólo puede preverse que continúe la descomposición y el descrédito de la sociedad frente a un aparato judicial que es la parcialidad organizada.

Pero la Justicia no alcanzaba para someter la rebeldía de los distintos sectores, por lo tanto, debemos ahora repasar los hechos vinculados al accionar del aparato represivo.

De capitanes a conejillos de Indias

El clima de persecución continuaba en todo el país. El conductor del informativo de noticias de la TV pública era amonestado, junto con la producción de su programa, por referirse al intento de Golpe de Estado en Venezuela, con la frase “intento de Golpe de Estado”… y por nombrar a Juan Guaidó, como un “presidente autoproclamado”, el primero de mayo pasado. La directiva del canal indicaba que esas afirmaciones eran tendenciosas. Y lo amonestaba con una circular interna firmada por Marisa Piñeiro, directora de Recursos Humanos de Radio y Televisión Argentina. Los trabajadores denunciaron a la gestión macrista y al presidente de FOPEA, Néstor José Sclauzero, por "censurar y perseguir opositores del gobierno dentro del canal" y advirtieron que, de continuar este accionar, los periodistas serán reemplazados por “comisarios políticos” que actuarán como “voceros del gobierno” (P12 21/5).

El periodismo supuestamente aséptico que proponía el macrismo cada vez coincidía menos con la realidad, y no pasaba sin represión. En pleno paro nacional, la Prefectura reprimió a quienes se concentraron a protestar en el Puente Pueyrredón. Los efectivos arrojaron gas pimienta y dispararon balas de goma cuando los manifestantes mostraron intención de avanzar hacia la Capital Federal. La represión dejó algunos heridos (P12 30/5). La ministra de Seguridad Patricia Bullrrich, horas antes había dicho “Estamos hartos de los paros, de que cada dos por tres hagan un paro. Es el quinto paro. Cuando hay un gobierno que no es del partido de los sindicalistas, pasa esto”. Nada decía la ministra de los 250 mil despidos desde el comienzo del año o de los mas de 2 millones de pobres que deja este gobierno, que prometía pobreza 0 (P12 30/5).

La ministra, junto con parte de su gabinete, era denunciada penalmente por la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) ante la Justicia Federal porteña, como autora de un plan criminal de represión ilegal contra la comunidad mapuche, cuyas consecuencias fueron las muertes de Rafael Nahuel y Santiago Maldonado, que buscaban beneficiar intereses económicos locales. La presunción es que ese plan fue “elaborado desde las más altas autoridades del ministerio; pergeñado, organizado y desarrollado en calidad de autores mediatos por Bullrrich, Pablo Noceti, Gonzalo Cane y Gerardo Milman, así como todo otro funcionario o miembro de fuerzas de seguridad que la investigación determine que hayan participado” (P12 16/5).

Mientras se conocía una denuncia de esa magnitud, luego de que el mes pasado la justicia había determinado que el ministerio de Seguridad había defendido de manera indebida a los gendarmes hoy condenados por la muerte de Rafael Nahuel, seguían los escándalos por casos de gatillo fácil. A la masacre de Monte y al fusilamiento en Rosario del joven asesinado frente a su camioneta, se sumaba el asesinato de dos jóvenes, en Santa Fe, acusados de robo, pero que no estaban armados al momento de su muerte, ni fueron denunciados posteriormente al hecho (LN 26/5).

Haciendo caso omiso a todos estos asuntos, Patricia Bullrrich se presentaba como la líder de una cruzada contra el narcotráfico en Rosario, aunque este no para de crecer en violencia. En medio de la campaña electoral, Bullrich tenía una polémica pública con el ministro santafesino Maximiliano Pullaro, por un operativo realizado el 2 de mayo pasado por la Policía Federal, en el marco de la investigación por los ataques seriales a funcionarios judiciales de la provincia.

Ese día, la ministra y parte de su gabinete presentaron en Rosario el operativo que llamaron “Contrafuego”, en el que en 35 allanamientos se había detenido a 24 personas y secuestrado gran cantidad de armas. Los peritajes que realizó la Justicia, según publicó el diario La Capital, señalaron que esas pistolas y revólveres no se usaron en los ataques contra jueces y edificios judiciales que se produjeron a partir del 29 de mayo de 2018. En medio del escándalo Bullrich decía que “la política metió la cola y el gobierno de la provincia se puso nervioso, empezó a decir cualquier cosa. Y la verdad es que en vez de ayudar a combatir el delito, se puso a querer tirar abajo el operativo que había hecho la Policía Federal con un fiscal de la provincia. Pregunten al fiscal Matías Eder por qué llamó a la Federal y no a la de Santa Fe” (LN 26/5). La intención de la ex montonera era claro, impulsar un sentimiento de venganza en la población –pensemos en el nombre “contrafuego”− que tilde de “cruzada” el accionar de las fuerzas policiales, construyendo el estereotipo de película de policía duro, pero ahora con muertes reales (gente con trabajo, familia, amigos) y acusar a “la política” de ser una traba. Nada más que el libreto de bolsonarización, nuevo formato de la famosa “guerra contra las drogas” que EEUU pregona desde el famoso Plan Colombia. Esa estrategia es la que apunta a que el poder imperial –a través del narcotráfico− pueda comenzar a controlar zonas.

El concepto oculto en la “guerra contra el narcotráfico” es simple: el poder del Estado juega de árbitro en la disputa entre bandas más o menos pequeñas, para que el combate nunca se detenga y cause el fin deseado, un aumento exponencial de la violencia, que tiene como resultado la desintegración de los lazos sociales y el terror masivo. Sin que existan masas enormes en la condición de población sobrante para el capital, es muy difícil iniciar el mecanismo, pero la endémica falta de trabajo, el crecimiento exponencial de las fuerzas de seguridad y del tráfico de armas ilegales son sus condiciones necesarias.

Lo cierto es que toda la guerra contra la droga no frenaba el avance narco, y suspicazmente construía cada vez más una situación de mexicanización, con fuerzas armadas corrompidas por el narco y una población envilecida y degradada, empujada a participar del narcotráfico.

En medio de esta creciente violencia, en la conmemoración del Día del Ejército, donde −como decíamos antes− se presentó el fiscal en rebeldía Carlos Storelli, Macri diría que las fuerzas armadas deben “dejar atrás el pasado y mirar el futuro”, porque los tiempos que corren requieren de una institución “con innovación”. Escoltado por el ministro de Defensa, Oscar Aguad, el jefe del Estado Mayor Conjunto, Bari del Valle Sosa, y el jefe del Ejército, Claudio Ernesto Pasqualini, sostuvo que el país requiere “fuerzas armadas modernas y profesionales” y que para eso es preciso “desandar décadas de abandono presupuestario y también simbólico”. A pesar de las palabras, en varias reparticiones del Ejército se redujeron las guardias y se extendieron las licencias para evitar gastos en viáticos, alojamiento y viandas por tener más personal en los cuarteles, en tanto la Armada y la Fuerza Aérea viene advirtiendo la escasez de fondos para cumplir con horas de navegación y vuelo, respectivamente. Macri nunca salió de la campaña electoral de 2015 y ahora ingresaba en la de 2019, mientras realizaba gestos mafiosos en la conmemoración del Día del Ejército. Gómez Centurión, ex directivo del Banco Nación y ex combatiente de Malvinas, se quejaba: “Habría que recordarle [a Macri] que la inversión de su Gobierno fue nula” (CR 30/5).

El otro hecho de gravedad en relación a la seguridad nacional fue el increíble apagón del domingo 16, que afectó a 50 millones de personas. Entre Argentina, Chile, Uruguay y el sur de Brasil. Luego de que el consumo eléctrico cayera casi a 0 durante unas 8 horas (LN 17/6). El día del apagón, el matutino Página 12 colocaba en su tapa la información de que varios altos funcionarios del gobierno de Estados Unidos admitieron al diario The New York Times que están en una guerra digital con Rusia. Además de espiar el tráfico de comunicaciones, plantaron “agresivamente” malware en la red eléctrica rusa. Decían que en parte es una medida preventiva en caso de guerra caliente, pero también es una advertencia: si sospechan que quieren interferir en las elecciones, se puede apagar la luz… (P12 16/6).

Un día después de hacerse pública esa advertencia, y dos meses después del gran apagón en Venezuela −causado por el sabotaje norteamericano−, el cono se quedaba sin luz por 8 horas, sin que las autoridades puedan explicarse el motivo. Disculpen quienes consideran estos dichos como una teoría conspirativa, pero la preocupación por el comunismo en el país de Kissinger, Bush, Pichetto y el extraño caso del Ara San Juan, nos avalan. Todo hacía pensar que otra vez el diablo metía la cola. Hecho que no disminuye el catastrófico nivel de inversión de las empresas generadoras.

Con todo esto, era claro que a los supuestos aliados latinoamericanos EEUU los tenía más como conejillos de indias que como oficiales a cargo del patio trasero.

Luego de este sucinto recorrido por los avatares del turbulento frente pro-imperialista, analicemos las diversas elecciones que se dieron en el interior del país.

El interior de la tierra partida

Luego de las elecciones cordobesas que analizábamos el mes pasado, se sucedieron hasta el cierre de esta edición 13 elecciones provinciales, 10 generales donde se eligieron gobernadores, una que fue sólo legislativa y unas PASO. Las 5 provincias que todavía deberán votar son Mendoza, Chaco –ambas en septiembre−, Catamarca, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la provincia de Buenos Aires –únicos tres distritos que acompañarán el calendario nacional− y Salta, que será la última en definir en noviembre.

Como se preveía, la tendencia a la derrota de Cambiemos −usaremos ese nombre más allá del nombre de fantasía con el que compitió en cada distrito, por razones de brevedad− sólo gano en 3 provincias, si contamos las PASO mendocinas y las legislativas correntinas. En todas ya gobernaba. El peronismo ganó en todas las provincias que gobernaba y venció en Santa Fe al partido Socialista, que perdió la única provincia que llegó a gobernar en su centenaria historia.

De las 10 provincias donde ganaron alianzas que incluían al peronismo −La Pampa, Misiones, San Juan, Chubut, Entre Rios, Tucumán, Tierra del fuego, Formosa, San Luis y Santa Fe− en nueve las fuerzas políticas mayoritarias apoyarán la formula Fernandez-Fernandez. La única provincia en la que el peronismo irá con “boleta corta” –sacando el caso de Córdoba, cuya elección ya se realizó− será Misiones, donde el kirchnerismo no tiene representación, y las fuerzas peronistas parecen ir transformándose en una fuerza provincial.

Pero comencemos el análisis por las provincias donde ganó el oficialismo. Corrientes, Jujuy y Mendoza.

En Corrientes, donde sólo se votaban legisladores provinciales, el frente Encuentro por Corrientes (aliado del gobierno nacional) alcanzo el 60% de los votos y le saco 40% al Frente para la Victoria, que sólo llegaba al 19% (CL 2/6). El triunfo era leído como propio por el gobierno nacional y recibía apoyos de varios radicales, como el vicegobernador de Buenos Aires, uno los más cercanos al Pro. Sin embargo, la imagen positiva de CFK en Corrientes llegaba al 57%, previendo un resultado desfavorable para el oficialismo en las nacionales (Economis 20/5).

En Jujuy, Morales se imponía con el 43,08% de los votos, lo que significó una pérdida de 15% respecto a la elección de 2015, pero le permitió triunfar holgadamente frente al peronismo, en el marco del arbitrario encarcelamiento de la dirigente Milagro Sala y la persecución a su movimiento. Si bien Morales marcaba su apoyo al gobierno nacional −que lo ha sostenido en medio de la tremenda presión nacional e internacional para la liberación de Milagro, que continua detenida−, declaraba que “si fuera por la economía, yo tendría que haber perdido la elección” (CL 13/6).

En Mendoza, el radical Suárez, delfín de Cornejo, fue el más votado y el kirchnerismo le ganaba la interna al PJ tradicional. Rodolfo Suárez derrotaba en la interna oficialista al cacique macrista de Luján de Cuyo, Omar De Marchi, y al histórico radical Fernando Armagnague. En tanto, la senadora nacional kirchnerista Anabel Fernández Sagasti vencía, por muy poca diferencia, al intendente de Maipú, el justicialista Alejandro Bermejo (LN 10/6).

En misiones, Oscar Herrera Ahuad fue electo gobernador con el 74% de los votos, por el Frente Renovador de la Concordia, sin apoyar a ningún candidato presidencial. El presidente del Pro, Humberto Schiavoni, obtuvo solamente el 16% (LN 3/6).

Por su parte, la peronismo de La Pampa, unido al kirchnerismo bajo el Frente Justicialista Pampeano (FreJuPa), lograba una contundente victoria en las elecciones a gobernador. Retenía La Pampa y le arrebataba la capital, Santa Rosa, a la UCR. El diputado nacional del PJ, Sergio Ziliotto, era elegido gobernador con el 49% por ciento de los votos, sucediendo a Carlos Verna. El radical Daniel Kroneberger quedaba en un cómodo segundo lugar con el 31% de los votos. La derrota de Cambiemos fue un derrumbe: perdió la intendencia de Santa Rosa, que ahora será administrada por el dirigente de La Cámpora Luciano Di Nápoli (CL 19/5).

En Chubut, Arcioni, heredero del fallecido gobernador Das Neves, derrotaba al Frente Patriótico (kirchnerista) con el 38% de los votos, frente al 31%. Mucho más atrás quedaba la opción macrista, con el 14% de los votos. El gobernador reelecto llamó a la unidad y dedicó su triunfo a Sergio Massa (CL 9/6). Los dos sectores suman el 68% de los votos, previendo un gran apoyo al Frente de Todos.

En San Juan, Uñac ganaba con el 54% de los votos y hacía explicito su apoyo a la fórmula nacional del PJ (CL 3/6). En San Luis, con el peronismo dividido, se imponía el actual gobernador Alberto Rodríguez Saa, frente al candidato Radical, Claudio Poggi y ante su hermano, Adolfo. En Tucumán, Manzur lograba la reelección y llamaba a acompañar la fórmula Fernández Fernández (LN 10/6).

El oficialismo perdió en Tierra del Fuego, frente a una alianza kirchnerista. La gobernadora Bertone, que en su momento coqueteó con el macrismo, para intentar morigerar los ataques que este realizaba contra la industria fueguina, era derrotada por la alianza Forja, constituida entre kirchneristas y radicales “k” (Infobae 16/6).

En Santa Fe (3er distrito del país), Omar Perotti le ganaba al ex gobernador Antonio Bonfatti (P12 17/6).

En Formosa, Gildo Insfrán, líder de una de las provincias más pobres del país y constantemente atacado por los medios hegemónicos, ganaba por el 70% de los votos (Infobae 16/5). El denostado Insfrán, lejos de los discursos provincialistas, se plantaba frente a su pueblo para desenmascarar el plan de entrega macrista: “Tuvimos 12 años de crecimiento, con un presidente y una presidenta nacional y popular. Que entendía de las necesidades de los pueblos del norte y del sur. Fundamentalmente de los pueblos del norte y del sur. Para integrar a la Argentina, no tres Argentinas. Sino tener una sola argentina. Lastimosamente, por engaño, el pueblo argentino resolvió cambiar de gobierno. Y esta es la consecuencia. Hoy tenemos nuevamente una situación peor que la del 2001, venga quien venga. Pero no es venga quien venga, porque venimos nosotros, un gobierno nacional y popular. Y vamos a recibir sin beneficio de inventario, un país peor que el del 2001. Y lo vamos a resolver, porque vamos a resolver a favor del pueblo y no de las corporaciones, como hacen ahora. Con el sufrimiento del pueblo argentino. Ayer veía, 54% disminuyó la venta de vehículos. Qué significa eso, no la venta. Sino los puestos de trabajo, 270 mil puestos de trabajo se han perdido en un año. Y se sigue diciendo que es el buen camino, que no hay plan “B”. Es una vergüenza. (…) Con paritaria de 28% en 5 cuotas y una inflación proyectada del 52%. (…) En Formosa pensamos diferente, porque somos parte del pueblo y gobernamos por y para el pueblo. (…) Las pequeñas medidas que podemos hacer, no manejamos la macroeconomía. Nosotros dimos 42 en dos cuotas. (…) Ellos se preocupan por planchar el dólar hasta diciembre. De mandar noticias falsas, porque ellos tienen las bases de datos de todos, a través del ANSES, van a mandar mensajes de mentiras, para engañarnos nuevamente. (…) El dólar lo planchan con ayuda de organismos multilaterales. Ustedes piensan que el FMI ayuda a los argentinos tan graciosamente. ¡ay, vamos a ayudar a los pobres argentinitos! No, no, el capitalismo no es eso, al capitalismo le importan tres cominos los argentinos, y fundamentalmente los que menos tienen. Al capitalismo le importa ganar, ganar. (…) En estos 3 años y medio se fugaron del país 153 mil millones de dólares. Tomamos deudas y como entraba salía y a nosotros nos quedaba la deuda. Esto ha pasado en los últimos tiempos” (DiarioK 6/6).

Así se configuraba una complicada situación para la alianza gobernante en el interior, que sólo intentaba acordar con las provincias donde ganaron partidos provinciales y con los que, como en Córdoba y Misiones, no eligieron representación nacional. Además, con la inclusión de Pichetto, buscaba influir en los gobernadores peronistas. Pero más allá de la muñeca del senador, la realidad era que poco tenía para ofrecer a las provincias el plan de ajuste y entrega del macrismo, con reformas estructurales que seguirían destruyendo el mercado interno.

Al mismo tiempo, las diferentes elecciones mostraban, una vez más, el carácter “no auto-centrado” del país, donde cada provincia, si bien está enlazada formalmente en la superestructura política al conjunto, no constituye un momento de la cadena productiva –y por lo tanto de valor− de un todo ordenado desde un centro nacional. Más bien las provincias y regiones, en tanto estructuras económico-concretas, representan momentos de una cadena de producción ordenada desde el extranjero. Por lo tanto, cada una desarrolla su plan económico, “su mercado interno”, podríamos decir, sin que medie la centralidad dentro del país. Es el histórico drama nacional de no haber podido forjar un “capitalismo endógeno”, pese a los esfuerzos de Rosas y otros referentes del Partido Federal en el siglo XIX, dando como resultado un capitalismo altamente desarrollado pero cuyo centro se halla en las grandes potencias.

Las, por lo menos, 5 estructuras económico-concretas que tiene el país, desperdigadas en las diferentes regiones, se integran desde afuera, mediante los requerimientos del mercado mundial. Así se desarrolló el país desde que fue fracturado y derrotado el Frente Federal en Caseros (1852). La producción primaria y las industrias locales derivadas que se desarrollaron –algunas en alto grado− no son enlazadas por la industria local. Por lo tanto, el país es un conjunto de intereses contradictorios, juntados por la ciudad de Buenos Aires −que históricamente ganó nuestra guerra civil, representando los intereses de los comerciantes del puerto y de la oligarquía terrateniente, ambos aliados a la burguesía inglesa−, pero juntados “a palazos”, absorbiendo riqueza de todo el país.

Para comprender esto, sólo hace falta ver los números. La CABA tiene un ingreso per cápita de U$47.671, en línea con el de países como Canadá o Australia y 229% más que el promedio nacional: la provincia de Formosa –por ejemplo− tiene un PBI per cápita de U$S 6.223 (CR 31/5).

Es esta fragmentación en la estructura lo que atenta contra la unidad nacional, contra la construcción de una voluntad colectiva nacional. Pues no se puede unir por arriba lo que es, de hecho, un rompecabezas amorfo por abajo. Traduciendo: no se le puede pedir al Estado que armó la oligarquía como expresión de esa fragmentación, de esa fractura provincial/regional, que resuelva este problema. Y eso se debe a que ninguna fracción de la burguesía puede ya atar los intereses del conjunto del país. Ya vemos mes tras mes cómo, a medida que se despliega la crisis a nivel global, cada fracción no hace más que tironear hacia una parte y ninguna es capaz ya de articular un proyecto nacional. Y a la vieja oligarquía financiera/terrateniente ya no le alcanzan tampoco esos “palazos” para ordenar el país en función de sus intereses. Porque el sistema estalló en el centro y ya va quedando cada día menos “orden” al que subordinarse. Lo único que hizo el país en estos cuatro años de gobierno PRO fue subordinarse al desorden, al caos que representa cada día más el sistema de dominación imperialista.

Los diversos sectores empresariales con intereses en el país no pueden imponer un nuevo orden, que privilegie el interior por sobre la capital, para ir construyendo las bases de la igualdad de todos los argentinos. Puesto que esto atenta contra sus propios intereses. Sólo los trabajadores, representando el interés de todas las capas de su clase, tienen la necesidad objetiva de imponer un programa que tienda, como pide el gobernador formoseño, a construir una sola Argentina.

Pero veamos ahora los movimientos que se dieron en el frente nacional, tendientes a construir una fuerza que pueda oponerse al frente PRO-imperialista.

El frente nacional inicia un debate

Con la cercanía de las PASO, comenzaban las definiciones. Se conocía la fórmula para competir en las elecciones de la provincia de Buenos Aires. A la cabeza de la lista quedaba Axel Kicillof, junto con Verónica Magario (intendenta de La Matanza). Kicillof era el candidato mejor posicionado en las encuestas, y su nombre se imponía a pesar de no ser la primera opción para los intendentes peronistas del conurbano, que esperaban que ese lugar lo ocupara alguien de su seno (CL 28/5).

Pero, como sabemos, la candidatura de uno de los hombres del núcleo duro kirchnerista en la provincia no era la única novedad. El hundimiento definitivo de Alternativa Federal se daba cuando el massismo decidía acercarse al frente nacional. El sector político liderado por Sergio Massa, que había colaborado en los inicios del gobierno macrista y que siempre se había mantenido alejado del kirchnerismo, planteando una ideología liberal y pro-mercado, se acercaba luego de la definición de la fórmula presidencial, con Alberto Fernández a la cabeza, definiendo que su estrategia era construir un gran frente opositor (LN 13/6). La alianza se traducía en la lucha por espacios en algunos distritos y en varios lugares en las listas de candidatos a legisladores (LN 13/6).

Pero el fenómeno de la incorporación masiva al frente, luego de la definición de CFK, superaba en mucho al massismo. Casi todos los gobernadores peronistas, y un crisol de fuerzas políticas del campo nacional y popular, otrora fuertemente enfrentadas, volvían a reunirse. Así, el frente, que pasó a llamarse “Frente de todos”, quedaría conformado por el Partido Justicialista, Unidad Ciudadana, Frente Renovador, Movimiento Evita, Proyecto Sur −liderado por Pino Solanas−, sectores radicales como el Movimiento Nacional Alfonsinista −liderado por el diputado Leopoldo Moreau− o el Partido de la Concertación FORJA −liderado por Gustavo López−, Partido Socialista de Buenos Aires −liderado por Jorge Rivas−, Partido Solidario −liderado por Carlos Heller−, Nuevo Encuentro −liderado por Martín Sabbatella− y Partido Comunista. También apoyaban el Frente Sindical para el Modelo Nacional −Integrado por el Smata, Camioneros, La Bancaria, entre más de 70 gremios−, además de Héctor Daer, Secretario General de Sanidad y uno de los dos triunviros que aún quedan en la desgastada conducción de la CGT. Se sumaban Claudio Lozano, Víctor De Gennaro y Pablo Micheli, dirigentes históricos de la CTA y tenaces opositores a los gobiernos de Néstor y Cristina.

¿Qué llevaba a esta confluencia, en momentos en que el macrismo cada vez se quedaba con menos aliados, pero con el sostén directo del imperialismo? Como decíamos, se ha dado una fractura en los grandes grupos económicos con asiento local, causada por la política de Macri, que es la política del FMI, que acelera el proceso de expropiación, natural en la sociedad capitalista.

En una entrevista radial, Luis D´Elia, contra todos los pronósticos, salía también a bancar la candidatura de Alberto Fernández. En su argumentación, decía que, a pesar de que el ex jefe de gabinete era la persona con la que peor se llevó en 12 años de kirchnerismo, creía que tenía un gran papel que jugar, porque “si no hay un proyecto único de país, no se puede. (…) Los sectores financieros [como] Golman Sachs, Rockefeller, Paul Singer, estos tipos no quieren más democracia, ni Estado-nación. Y van por las burguesías nacionales. Esos tipos no quieren a Clarín. Quieren a las grandes cadenas internacionales, que son de ellos. Ni a Techint, ni Odebrecht, por eso creo que Alberto puede ser un gran aporte en este momento, en un momento muy particular. Donde hay que cerrar heridas, sin que esto signifique claudicar en el sueño de una sociedad más justa, más igualitaria” (DiarioK 7/6).

Las palabras del “negro” D´Elia identificaban una situación mundial muy particular, verdadero motor que empujaba por abajo la unificación de tantos sectores políticos, que por distintos caminos reconocían la necesidad de frenar el plan de entrega macrista. Ahora bien: ¿se trataba de un cambio de estrategia de CFK? ¿Era una claudicación, un giro a la derecha, que lo hacía posible? En la presentación del libro “Sinceramente”, en Santiago del Estero, la ex presidenta decía: “Vivimos un capitalismo raro, porque ahora que el mundo decidió que el comunismo no va más y que buscan consumir, nuestros capitalistas no quieren que consumamos. No me digan que no es complicado” (P12 12/6). Todos estos signos marcaban una situación en extremo particular. Porque distintos actores políticos identificaban la situación de “Guerra Mundial de a pedazos” que vive el planeta. La alianza con parte del empresariado se apoyaba en la certeza de un enemigo común, de mayor envergadura. Por eso D´Elia podía pensar en una alianza con Clarín, en un gobierno que defienda al grupo, frente a los capitales extranjeros.

Pero si bien hay una coincidencia en el diagnóstico de que el capital concentrado está destruyendo el planeta, el problema aparece en la definición de los fundamentos que engendran el hecho a ojos vista. No se concibe desde lo más alto de la conducción del frente nacional la idea de que nos hallamos en la etapa superior y última del capitalismo. Por lo tanto, aún se piensan estrategias para resistir del mejor modo para los pueblos a este sistema. Intentar que sea lo menos salvaje posible, pero sin concebir de ningún modo la posibilidad de su superación.

Por lo tanto, el problema que se presenta para los trabajadores en el frente nacional es cómo se llega a esa alianza necesaria, incomoda y en un sentido inevitable. Cómo hacer para que los trabajadores y el pueblo no sean el bocado a sacrificar en la lucha de los grupos nacionales contra los grandes monopolios. Como sabemos, el proyecto yanqui es la unidad de los propietarios detrás de la reforma laboral, fiscal y previsional. Pero, tal como vimos a lo largo de todo el análisis, cada vez es más obvio que en ese proyecto no entra casi nadie. Y más obvio aún es que no va a ser aceptado sin pelear por los trabajadores de la patria, que en la lucha contra esas iniciativas reconocieron la necesidad de la unidad. Por todo esto, los monopolios no tienen condiciones para construir alianzas. Por lo que sólo les queda violentar las mismas relaciones que construyeron. Aunque parezca increíble, el imperialismo debe destruir el statu quo, en favor de uno nuevo, inmensamente más caótico. Y esto no puede ser otra cosa que su propio hundimiento, su propia descomposición, a escala mundial.

Por eso no deben subestimarse las palabras Pichetto, sobre su lucha contra el socialismo. Porque la fuerza que se enfrente a ese proceso de concentración y acelerada descomposición de los monopolios es sin dudas una fuerza que se enfrenta al capitalismo, en su única versión actual.

Y frente a esto la institucionalidad actual poco puede hacer. Analizando estos problemas y el rol de la agrupación La Cámpora, en la nueva coyuntura, el diputado Andrés “el cuervo” Larroque, decía que su intención era correrse de la centralidad política en el Estado, “para ganar internamente y en capacidad territorial. (…) No hay que disputar internamente, sino construir poder más allá de los límites existentes. Mirar en términos estratégicos, en el mediano y largo plazo. (…) No alcanza con el poder institucional para motorizar cambios en la realidad. (…) Somos una organización de carácter militante y tenemos que construir poder, no me refiero al poder institucional, sino con la posibilidad de poder organizar y concientizar al conjunto de la población. (…) El mayor desafío es la construcción de poder territorial y sectorial” (Revista “Letra P” 8/6).

En las palabras de Larroque se puede entrever que no existe hoy la capacidad para imponer los cambios necesarios sólo desde el aparato del Estado. Por eso, la búsqueda es transformar las relaciones de fuerza.

El proceso de concentración alcanza un grado que no hace más que destruir las relaciones que lo fundan. El desafío es construir estrategias que nos permitan construir a partir de esta situación mayores grados de independencia económica y soberanía política. Por eso, las palabas de Larroque no deben entenderse como un repliegue táctico, o como una claudicación, eso sería igual a desconocer que las herramientas que se necesitan para superar esta etapa no están forjadas. Ahora bien, esto significa que el frente nacional se enfrenta contra sus propias ideas. El Estado no es el gran conciliador de intereses, sino más bien un aparato repleto de límites, que surgió por imposición de la clase dominante –en nuestro caso fue constituido por la oligarquía terrateniente, aliada al imperialismo inglés− y por tanto tiene un carácter determinado. Ideas similares esbozaba CFK en el encuentro del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), a fines del año pasado. Allí decía que “se necesitaban nuevas arquitecturas institucionales para preservar la democracia, (…) necesitamos una nueva arquitectura institucional que permita la regulación de nuevos actores que antes no existían. No existían las multinacionales, los organismos multilaterales de crédito, la financiarización del capital, no existía nada de todo eso que tiene un inmenso poder. Yo siempre digo, cuando uno llega al poder, lo que se somete a elecciones, eso representa un 20%, un 30% del poder, el resto está afuera, en sociedades en medios de comunicación. Que no están reguladas en ninguna constitución, ni en ninguna ley. Se necesita una nueva institucionalidad que refleje una nueva estructura de poder” (CLACSO 19/11/18).

No obstante, notemos que el eje de CFK –aún con la lucidez y la capacidad de conducción del frente nacional que la caracteriza− sigue siendo “controlar”, “ponerle límites” y, de ese modo, “resistir” a ese “poder real”, nunca superarlo.

Las osadas propuestas de Larroque marcan un camino en la identificación de esa limitación, puesto que plantea el hecho de que la nueva institucionalidad no surgirá de ese mismo Estado.

Sin embargo, hay que atender otro histórico error que se vivió en nuestro país: creer que el sujeto del cambio son las organizaciones políticas. Estas sólo pueden jugar un papel de conducción, de generalización de los métodos de lucha. Pero el verdadero sujeto son las masas trabajadoras. Enseñanza histórica que siempre se reconfirma.

Lucha de clases en tiempos revueltos

En este contexto, la lucha económica no cesó.

El Sadop, gremio de docentes privados, denunciaba la cesantía de 150 maestros en Córdoba desde fines de 2018 (P12 27/5). El Sindicato Obreros Marítimos Unidos (SOMU) realizó una huelga por tiempo indeterminado ante “la negativa patronal a convenir una recomposición salarial paritaria para el período 2019-20. Luego de la medida de fuerza, el ministerio de Trabajo y Producción llamaba a la conciliación obligatoria. Desde el sindicato, indicaban que “en este conflicto fue fundamental la unidad, solidaridad y lucha de todos los trabajadores del SOMU embarcados en el país” (CL 2 y 4/6).

Además, en un hecho inédito, realizaban una huelga médicos de 80 centros de salud, mostrando el fuertísimo proceso de proletarización que viven estos profesionales. “Somos el único sector estatal bonaerense que no ha tenido ninguna convocatoria a negociación paritaria. (…) Hoy un profesional que ingresa a trabajar en el sistema con 36 horas semanales cobra 30 mil pesos en la mano. Es decir que está casi en el límite de la pobreza (…). Con la responsabilidad que tenemos, entendemos que son salarios completamente desjerarquizados”, señaló la titular de la Cicop, Marta Márquez.

En Jujuy, el Ingenio La Esperanza fue vendido por decisión del gobernador Morales. Budeguer, el comprador, fue autorizado a echar a los 617 trabajadores del ingenio. El economista Gastón Remy, candidato a diputado del FIT, aclaraba que “sin respetar siquiera la ley de quiebras, rifaron el ingenio y sus más de 70 mil hectáreas por sólo el 57 por ciento de su valor y encima en cómodas cuotas a pagar hasta 2035. Lo más grave es que la Justicia habilita al grupo comprador a despedir a los trabajadores y tomarlos sin antigüedad, ni categoría”. En el mismo ingenio, en 2017 se habían registrado 338 despidos, que fueron resistidos por zafreros, luego reprimidos y presos. En el ingenio trabajaban más de mil personas. El gobernador Morales defendía la venta, con su cinismo habitual, demostrando cómo construía poder en la provincia: “Son un grupo azucarero importante, con la compra de La Esperanza van a pasar a ser el segundo ingenio del país, detrás de Ledesma. Hemos tenido contacto con los trabajadores, están muy conformes con todo el proceso” (P12 5/6).

Estos hechos marcaban que el descontento surcaba por inmensos sectores del país.

Además, más allá de las luchas parciales, los gremios se posicionaban en la lucha institucional. Y en su gran mayoría se acercaban a la formula Fernández-Fernández. Sanidad, la UOM, Dragado y Balizamiento, Taxistas y todas las CTA mostraban su apoyo (LN 28/5 CL 5/6).

En cambio, la UOCRA −muy cercano al macrismo−, Ferroviarios y el gremio de estaciones de servicio, liderado por Acuña, mantenían su apoyo a Lavagna (LN 25/5).

Hay que recordar que el Frente Sindical por el Modelo Nacional abogaba por la construcción de un frente patriótico para encarar las próximas elecciones. Sus propuestas eran sin dudas morigeradas por el Frente de Todos, pero aún así mantenían su enfrentamiento al macrismo.

En este marco, el 29 de Mayo se realizaba el sexto Paro Nacional contra en la gestión macrista, con un fuertísimo acatamiento y la unidad de todos los sectores. Luego del paro del 30 de abril, convocado por las regionales del interior más algunos gremios, la CGT en pleno participaba ahora de la medida. Sin transporte, clases, ni bancos. Si bien la CGT no llamó a movilizarse, distintos sindicatos realizaron ollas populares en las sedes de sus gremios, continuando la experiencia del primero de mayo último.

Entre otras organizaciones que adhirieron a la medida de fuerza, estuvieron los veinte sindicatos del transporte de la CATT, incluidos los portuarios, marítimos, aeronáuticos, colectiveros y ferroviarios. También pararon los metrodelegados (CTA) y organizaciones de desocupados o precarizados como la CTEP, Barrios de Pie y la Corriente Clasista y Combativa (CCC) (CL26/5).

En medio de la jornada de protesta, el dirigente de Luz y Fuerza pampeano Julio Acosta decía que “el pueblo ya no aguanta más, no soporta más el aumento de tarifas, de los alimentos, ni los ajustes ni ésta política de hambre y desocupación que lleva adelante el gobierno nacional” (P12 29/5).

La masividad del paro, que no torcía –ni pretendía torcer ya− la política económica del Gobierno, marcaba los límites de la lucha gremial y la necesidad avanzar en una construcción política que pueda enfrentar los desafíos venideros. Pero se mostraba como una medida concomitante a esa construcción.

Como decíamos más arriba, el apagón, el ajuste y la pobreza eran sólo una muestra de lo que es capaz el imperialismo en pos de sostener su sistema de dominio. Sólo los trabajadores pueden construir un poder tal que conduzca a que el conjunto de la sociedad pueda superar con éxitos esos embates que inevitablemente descargarán sobre los pueblos de América Latina en al marco de las luchas venideras.

Sólo quienes ponen en movimiento el país todos los días, con clara conciencia de sus intereses, sus alianzas, y los límites de estas, pueden enfrentar los desafíos por venir.



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