Revista Mensual | Número: Diciembre de 2019
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Fuentes consultadas:
EE.UU.-Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW).
China: Xinhua (XH). Rusia: Russia Today (RT). Irán: HispanTV (HTV). Líbano: Al Manar (AM).
Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Brasil: Folha de São Paulo (FSP). Colombia: El Tiempo (ET).
Argentina: Clarín (CL); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Página/12 (P12).
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Atrapado y sin salida

Estados (des) Unidos de América
Del otro lado del charco
Israel
Siria, Irak,el Líbano e Irán
China


La posible destitución de Trump devela que la burguesía no tiene plan B

Atrapado y sin salida

Las ideas dominantes no son otra cosa que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes, las mismas relaciones materiales dominantes concebidas como ideas; por tanto, las relaciones que hacen de una determinada clase la clase dominante, o sea, las ideas de su dominación. Los individuos que forman la clase dominante tienen también, entre otras cosas, la conciencia de ello y piensan a tono con ello; por eso, en cuanto dominan como clase y en cuanto determinan todo el ámbito de una época histórica, se comprende de suyo que lo hagan en toda su extensión, y, por tanto, entre otras cosas, también como pensadores, como productores de ideas, que regulan la producción y distribución de las ideas de su tiempo; y que sus ideas sean; por ello mismo, las ideas dominantes de la época.

Marx y Engels


El avecinamiento del impeachment contra Trump pone de relieve que los capitales concentrados ya no pueden permitirse la alternancia de quienes están a cargo de los gobiernos, ahora deben ir por todo. A menos de un año de las elecciones presidenciales en EEUU, el avance –sin prisa pero sin pausa– del juicio político contra el mandatario pone sobre la mesa el hecho de que ninguna facción puede convertirse en hegemónica, y aunque cada paso que dan es para imponer sus intereses, éstos sólo aceleran el derrumbe de su clase.

La imposibilidad de generar fuerzas sociales por parte de esta clase no sólo se ve en su país cabecera, EEUU, que se encuentra al filo de una nueva guerra civil, sino también en cada rincón del mundo. El estallido de la OTAN, la fractura de la UE con la salida de Gran Bretaña y el colapso de los frentes bélicos por ellos perpetrados en Medio Oriente dan cuenta de la caída de esta clase.

Sin embargo, si no asumimos la tarea de su reemplazo, en esa caída también va nuestro futuro. El agotamiento de la naturaleza marca el límite de cuánto el mundo puede tolerar la continuidad de esta conducta. Muchos son los pueblos que se dan a la tarea de detener a semejante enemigo. Desde América Latina a Medio Oriente abundan las luchas para detenerlos, pero estas luchas dan cuenta de que la disposición a la pelea sin estrategia no puede triunfar. Este mes, el PCCh (Partido Comunista Chino) nuevamente pone de relieve qué se requiere en la construcción de una conducta que se corresponda con el reemplazo de la burguesía.

Estados (des) Unidos de América

Aunque falta tan sólo un año para las elecciones presidenciales en EEUU, el proceso destituyente contra el actual mandatario sacude completamente el panorama político. A pesar de que, en un principio, Trump rechazó todos los cargos de los que se lo acusó, el caso siguió su curso.

El hecho a partir del cual es llevado al banquillo de los acusados, y cuya consecuencia puede ser la destitución, radica en que se lo acusa de presionar al gobierno de Ucrania para que este país investigue y entregue información del hijo del posible contrincante de Trump en las elecciones del año que viene, Joe Biden. La investigación se devela a partir de una llamada que el mandatario yanqui le hizo al presidente ucraniano presionando por la información, amenazándolo con que, de no operar como se le requiere, se le recortaría la asistencia militar.

Al complicado panorama judicial que se avecina sobre Trump, se le sumó este mes que un agregado militar yanqui en Ucrania denunció la veracidad de la acusación. El militar que estuvo presente durante la llamada a partir de la cual surge la denuncia declaró que “estaba preocupado por la llamada. No pensé que fuera apropiado exigir que un gobierno extranjero investigara a un ciudadano estadounidense, y estaba preocupado por las implicaciones para el apoyo del gobierno estadounidense a Ucrania (...). Me di cuenta de que si Ucrania realizaba una investigación sobre los Biden y Burisma (compañía donde trabaja el hijo de Biden en Ucrania), probablemente se interpretaría como una jugada partidista que indudablemente resultaría en que Ucrania pierda el apoyo bipartidista que hasta ahora ha mantenido (...). Todo esto socavaría la seguridad nacional de Estados Unidos (...). Soy un patriota y es mi deber y honor sagrado avanzar y defender nuestro país, independientemente del partido o de la política” (LN 30/10).

Estas emotivas palabras del militar constituyen el primer testimonio de un funcionario ante el congreso. Tengamos en cuenta que el gobierno prohibió a los funcionarios del Ejecutivo que se prestasen a asistir a los petitorios del Congreso, por lo que la declaración del militar muestra el grado de crisis interna que tiene el gobierno de Trump (P12 30/10).

Este panorama sentenció que, un día después de la declaración del militar en la Cámara de Representantes, esta aprobara el inicio del impeachment, con 232 votos aportados por el partido Demócrata y aliados, contra 194, todos del partido Republicano (CD 31/10). Esta votación autoriza a los comités parlamentarios a continuar sus investigaciones de juicio político, y establece procedimientos y normas para las audiencias públicas, incluida la emisión de citaciones y el interrogatorio de testigos. En el caso de que Comité Judicial encuentre razones para la destitución, la Cámara en pleno votará sobre ellos. Si una mayoría aprueba alguno de los artículos, el presidente es acusado, y el caso pasa al Senado para su juicio. Se necesita un voto de dos tercios del Senado para condenar y destituir a un presidente de su cargo (RT 31/10).

El procedimiento muestra lo extremadamente difícil que es enjuiciar y destituir a un mandatario, principalmente en este caso, porque en el Senado el Partido Republicano es mayoría. Por lo tanto, los avances respecto a la destitución mayormente dejan exhibida la crisis política que atraviesan las diversas facciones de capitales de EEUU.

El escaso margen obtenido en la Cámara de Representantes para avanzar en el juicio político da cuenta de incapacidad de imponerse de forma abrumadora, es decir que, si bien avanza la medida, esta lo hace por poco margen. Esto tiene su correlato en la sociedad ya que según una encuesta, el 47% de la población apoya el juicio, mientras que el 40% lo desaprueba. Aunque el apoyo a Trump respecto al juicio político es menor en la población, también el mismo estudio devela que esta medida ha fortalecido el núcleo de votantes del mandatario (CD y LN 1/11).

El principal aspecto que resalta de la iniciativa destituyente, encabezada por el Partido Demócrata, es que deja sobre el tapete el estallido de las relaciones capitalistas.

La alternancia en el gobierno entre los partidos Demócrata y Republicano a lo largo de más de cien años era la expresión de que las principales facciones de capital podían reproducirse, y por lo tanto todas tenían un lugar en el juego de la democracia. Esto fue posible durante más de cien años, porque aunque en el siglo XX ya dominó el monopolio, la burguesía incorporaba fuerza de trabajo de manera incesante, al mismo tiempo que sus aliados en los diversos rincones del globo podían obtener ganancias. De esta manera, los capitales concentrados, principalmente radicados en EEUU, se convirtieron en hegemónicos a escala planetaria, aunque subsumiendo a las inmensas mayorías, pudieron formar fuerzas sociales con burguesías locales y algunos sectores de la clase trabajadora. A partir de la década del 70, esto comenzó a cambiar de manera drástica, ya que por el desarrollo de las fuerzas productivas los capitales debieron concentrarse, aniquilando así a toda competencia, incluso entre las más grandes. Esto minó la alternancia pacífica de los gobiernos, por lo que las contiendas entre ambos partidos políticos se volvieron cada vez más encarnizadas.

La facción de capital que está representada por el Partido Demócrata es la vinculada con los sectores tecnológicos agrupados en la Bolsa del Nasdaq. Por su parte, los Republicanos son los sectores industrialistas cuyos capitales se agrupan en la Bolsa del Down Jones. La facción demócrata es llamada también globalista, y propugna por un mundo unipolar multilateral, es decir, con EEUU como dirección política y económica, pero con tentáculos alrededor de las principales ciudades del mundo, con los acuerdos de libre comercio, actuando como cabezas de su política. En contrapartida, el Partido Republicano impulsa la construcción de un mundo unipolar unilateral, es decir con EEUU como única dirección y sin las alianzas de libre comercio con las diversas facciones de capital a lo largo y ancho del mundo.

La llegada de Trump al gobierno fue un golpe a las líneas globalistas, hecho que queda visibilizado con la salida de este país de numerosos acuerdos de libre comercio. Sin embargo, Donald Trump tampoco representa de forma lineal a los sectores industrialistas del Partido Republicano. Tengamos en cuenta que el actual presidente hasta hace cinco años era un outsider de la política, quien ingresa al partido sólo para utilizar su estructura para ganar las elecciones. En su plataforma de gobierno el principal eslogan era “hacer grande a América de nuevo”, consigna que atrajo fuertemente a las industrias. Esto se grafica con las inversiones por 11 billones de dólares que ha incorporado EEUU en los últimos 3 años, bajando así la desocupación a tasas inéditas en el país en las últimas décadas.

Las políticas de Trump para atraer capitales consisten en repatriarlos de otros países donde estaban radicados con las industrias. Tener los capitales radicados en los más diversos países le permitió a la burguesía yanqui apropiarse de fuerza de trabajo a lo largo del mundo, quedándose así con el valor producido en casi todos los rincones del planeta, por ello, para sostener los capitales que han vuelto a EEUU, la única opción fue endeudarse. Es decir, gastar a cuenta del trabajo que aún no se realiza. Esta situación ha acelerado de forma dramática la crisis en este país, por lo que las bajas tasas de desempleo y las altas inversiones se han convertido en insostenibles, debido al creciente endeudamiento que requiere para esta potencia garantizar la reproducción de dichos capitales. Por lo tanto, pese al planteo del gobierno de retirar tropas a lo largo del mundo y ocuparse de la situación interna suya, lo cierto es que la necesidad de enfrentarse al conjunto de la humanidad se hace más patente, y por lo tanto el modo de relacionarse con el resto del mundo se radicaliza cada vez más.

Incluso hacia el interior de EEUU esta crisis es la que lleva a la radicalización del Partido Demócrata, ya que no tiene tiempo para esperar la salida de Trump. No tienen margen para esperar una transición ordenada, sólo pueden intentar imponer sus intereses. La pelota de deuda es una bomba de tiempo, y los demócratas, y buena parte de los republicanos, no están dispuestos a que explote en sus manos. Así, la crisis se agudiza frente a las tres facciones de capitales que se enfrentan, y en este marco que acabamos de describir, el impeachment es sólo manotazos de ahogado, ya que ninguna de las facciones puede encontrar una salida, y sus medidas únicamente aceleran su derrumbe como clase.

Del otro lado del charco

Esta interna en la burguesía hace mella en toda su institucionalidad. Hace tiempo que venimos analizando que la OTAN es el principal instrumento de la política yanqui, con el que, subordinando a Europa, direcciona su potencia militar para imponer sus intereses. Esta alianza militar fue creada a los pocos años de terminada la Segunda Guerra Mundial y sirvió para que EEUU garantizara encabezar la lucha contra la URSS, arrastrando tras de sí a todo el arco imperialista.

Una vez caída la URSS en 1991, la OTAN siguió ejerciendo como brazo ejecutor de las guerras contra Yugoslavia, Afganistán e Irak, por lo que los países europeos fueron arrastrados a guerras bajo necesidad yanqui. En la actualidad, mientras la creciente competencia entre capitales acelera la concentración, la alianza militar se resquebraja, centralmente porque EEUU ya no tiene condiciones para empujar a sus aliados europeos hacia sus incursiones imperialistas.

En esta línea es quela Unión Europea viene planteándose hace tiempo la creación de su propio aparato de seguridad y defensa. Este mes Emanuel Macron, actual presidente de Francia, segunda potencia de la UE, planteó que la alianza se encuentra en estado de “muerte cerebral”, y se explayó declarando que “no hay coordinación alguna en la toma de decisiones estratégicas entre Estados Unidos y sus aliados de la OTAN. Ninguna” (DW 7/11), y agregó que “hay un riesgo considerable de que a largo plazo desaparezcamos geopolíticamente o que, al menos, no seamos dueños de nuestro destino” (HTV 7/11).

Estas palabras, si bien fueron criticadas por la mandataria de Alemania, no esconden que al menos buena parte de la conducción de la UE considera que la OTAN ha muerto como tal, aunque sus miembros aun muestren síntomas vitales. Este quiebre refleja que los capitales europeos ya no están dispuestos a ser usados como carne de cañón de EEUU, y aunque su interés como clase es el mismo, la OTAN nunca estuvo al servicio de ambas partes, y aunque garantizaba la reproducción de todas, esto ya no es posible. Por lo tanto, para sostener su existencia, la burguesía europea ya se ha decidido a escindirse de la alianza con EEUU.

Claro que la crisis que atraviesa la burguesía no sucede únicamente en EEUU, ya que ésta radica en su propia naturaleza como clase, por lo que el derrumbe de la alianza atlántica y la construcción de un nuevo aparato de defensa regional no constituye una salida para esta clase, sino que es un paso más en el estallido de la burguesía. Esto se puede verificar cuando se analizan de manera más pormenorizada los sucesos dentro del continente, principalmente en lo que respecta a sus socios más grandes.

En primer término recordemos que uno de los principales socios, Gran Bretaña, ha iniciado los trámites para su salida del bloque. Durante el mes de octubre, y luego de los ya continuos rechazos del Parlamento, se aprobó un proyecto de Brexit con fecha 31 de enero, el cual, de llevarse adelante, sellaría el destino de GB en la región, que seguiría los pasos de EEUU en sus políticas aislacionistas, intentando salvar a su burguesía de la competencia de los capitales a escala global, con la creación de un cerco dentro de las fronteras de su Estado nacional.

También en España hubo sacudida de cimientos, ya que nuevamente se celebraron elecciones presidenciales en las que el PSOE (Partido Socialista Obrero Español) se alzó nuevamente con una magra victoria que no le permite formar un gobierno sin tener que aliarse con otras fuerzas. Lo disruptivo de estas elecciones no fue que el PSOE se haya hecho de 120 escaños de los 166 que se necesitan en el Parlamente para poder formar gobierno, sino que la fuerza de extrema derecha VOX haya quedado tercera, con 52 lugares (segundo salió el PP con 88 bancas). En tan sólo tres contiendas electorales en las que participó esta fuerza ya se ha convertido en la tercera fuerza a escala nacional, desplazando incluso a Podemos, que quedó como cuarta fuerza.

El avance de este agrupamiento muestra que los sucesos de EEUU y GB en donde facciones de capitales concentrados plantean el aislacionismo como política, bajo el pretexto de resguardar a la población de la “invasión” de inmigrantes que compiten por los puestos de trabajo, no son exclusivos de estos países. Y es necesario tener en cuenta que, en realidad, intentan protegerse ellos mismos de la competencia capitalista, intentando evitar así ser concentrados.

En el caso español, para dimensionar la crisis que atraviesan, debemos considerar que este país, luego de la salida del franquismo en los años 70, logró que las diversas facciones de la burguesía y las centrales obreras firmaran un pacto de gobernabilidad llamado “Pacto de la Moncloa”, con el que se garantizaba la reproducción de todas las facciones de la burguesía a la vez que extensas capas de la clase obrera pudieran acceder a niveles de consumo del primer mundo. Cuarenta años después de firmado el acuerdo, España se encuentra sumergida en una crisis institucional sin precedentes en la que en los últimos tres años ha ido a elecciones presidenciales cinco veces, y enfrenta un proceso de secesión de la región de Cataluña.

Este cambio se produce por la incapacidad de coexistir por parte de las diversas facciones de capital que no pueden alternarse en el gobierno, imposibilitando así que en los últimos años ninguna fuerza pueda obtener un caudal de votos suficientes o acuerdos con otros sectores, que le permita gobernar. Tal es la exacerbación de la crisis que incluso comenzó a avizorarse una posible desintegración de España a partir de los intentos antes mencionados de obtener la independencia por parte de los catalanes. En este panorama, donde las diversas facciones pugnan entre sí para poder subsistir, todas le descargan su crisis a la clase obrera, ya que les resulta imposible sostener el Estado de bienestar en la actual situación.

Éste es el caldo de cultivo para que florezcan partidos aislacionistas como VOX, que plantea que la actual crisis económica y política se produce por la afluencia masiva de inmigrantes que compiten por los puestos de trabajo. Este discurso, en el marco de la desintegración de los medios de vida de la clase trabajadora, penetra profundamente. Haberse considerado socios de la burguesía durante 40 años ha hecho mella en la conciencia y en la actualidad hay sectores que propugnan mantener el estilo de vida de los últimos años a cualquier costo, sin poder identificar siquiera el origen de la crisis.

Para cerrar este apartado, también resulta central aclarar que el agotamiento de las relaciones capitalistas, en las que todos los movimientos de la burguesía se traducen en un aumento de la descomposición de las relaciones por ellos organizadas, no es el único panorama posible. Si bien es cierto que, en su centro, EEUU, la situación social a partir de la masividad de tiroteos y la dependencia de todo tipo de fármacos emparejan es semejante a la de una guerra civil, en la que decenas de miles mueren cada año, también crecen incesantemente movimientos que empiezan a identificar el carácter verdadero de la crisis, y a quien la genera, y por lo tanto se empieza a plantear la necesidad de una salida.

Tanto Bernie Sanders en EEUU, principal candidato opositor a Trump, sobre todo entre los jóvenes, como Jeremy Corbyn en GB y el Podemos en España dan muestra de que, pese a que nos han atado con mil hilos para paralizarnos, hay sectores de la clase trabajadora que comienzan a desatarlos.

La cuestión aquí es el tiempo, ya que el marco de esta crisis es la concentración económica, que no puede ser eterna, ya que ésta se produce mientras la burguesía destruye sin cesar las dos fuerzas sobre las que se apoya: la naturaleza y la humanidad. El agotamiento de la naturaleza y la pauperización de los medios de vida en los países capitalistas muestran que el planeta se encuentra al límite de lo que puede soportar. En los siguientes apartados analizaremos cómo son los esfuerzos del proletariado en la lucha contra los intereses imperialistas.

Israel

El recorrido que hicimos nos muestra que las líneas de capital que se plantean el aislacionismo para intentar esquivar la concentración, y que se han hecho con los gobiernos de EEUU y tienen peso en muchos de los países de Europa, se plantean también un cambio en sus políticas respecto al resto del mundo.

El caso más representativo es el de Trump, ya que parte de la ejecución de su plan de gobierno implica la retirada de los grandes contingentes militares que tiene dispersos a lo largo del mundo. En reiteradas ocasiones planteó que era hora de salir de los interminables y costosos conflictos, haciendo referencia centralmente a los escenarios en los que están involucradas sus fuerzas en Medio Oriente. En este contexto es que anunció la retirada de sus tropas en Siria con bombos y platillos.

Esto trajo aparejado, en primer término, la radicalización de Israel, su principal aliado en la región, a partir de lo cual aceleró los ataques contra Siria para intentar poner un freno a la contundente victoria del gobierno de Al Assad contra las bandas del Estado Islámico y el Frente Al-Nusra, ambas fuerzas patrocinadas por ellos mismos. Durante este mes, Israel no solo intensificó sus ataques contra posiciones sirias, sino que también lo hizo contra Palestina. En los primeros días de noviembre, se dio a conocer que el gobierno sionista en un ataque asesinó a un dirigente de la Yihad Islámica, organización palestina independentista. La respuesta a este acto no se hizo esperar, y las fuerzas de defensa palestinas lanzaron sólo en dos días 400 cohetes contra posiciones israelíes (AM 14/11). Esto obligó a Israel a detener los ataques y aceptar una tregua con los palestinos, hecho inédito en la historia reciente.

Para entender por qué Israel debió cesar los ataques, hay que abordar dos aspectos que dan cuenta del estado de salud de este país. El primer aspecto es que, luego de dos elecciones presidenciales, ninguna fuerza ha logrado imponerse por una mayoría que le permita alzarse con el gobierno, lo cual deja al gobierno en un vacío institucional que refleja la carencia de consenso entre las diversas facciones de capital que pugnan por la jefatura de Estado. El segundo aspecto es que a partir de la retirada de las tropas yanquis de Siria aumentó su aislamiento en la región, hecho que se ve agravado con las declaraciones de Mike Pompeo, secretario de Defensa de EEUU, quien ha declarado que reconoce la soberanía sionista sobre las tierras palestinas, intentando darle así un espaldarazo.

Pero estas palabras sólo encierran aún más la posición israelí, ya que el reconocimiento por parte de EEUU de la ocupación del suelo palestino quita la posibilidad de que puedan seguir siendo mediadores en la región, ya que han tomado parte activa por uno de los bandos, algo que en los hechos era claro, pero que no era blanqueado para intentar sostener las frágiles alianzas que les quedan en la región. Estas palabras de Pompeo echan por tierra definitivamente el llamado “acuerdo del siglo” con el que el gobierno de Trump intentó legitimar su hegemonía, con Israel como cabecera de su política en la región.

Siria, Irak,el Líbano e Irán

La retirada de las tropas yanquis en Siria, además de aislar a Israel en la región, desencadenó una invasión por parte de Turquía al Kurdistán sirio, antiguos aliados yanquis. Este ataque a los aliados que mantenía EEUU en Siria generó que se quebrara la alianza que mantenían, ya que los kurdos plantearon que la retirada de las tropas fue una traición que los dejó a merced de Turquía.

Aunque Turquía fue hasta hace algunos años aliado de EEUU, la competencia capitalista la quebró con el intento de golpe de Estado en 2016 contra el actual presidente Erdogan. Por lo tanto, este país, de experiencia imperialista desde el imperio otomano, utilizó la salida de las tropas para intentar ocupar su lugar. Sin embargo, esta incursión no causó el efecto que se plantearon. Aunque mataron a más de 600 combatientes de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), el principal efecto de esta avanzada militar fue que las milicias kurdas, históricas enemigas del gobierno sirio, se acercaran a éste, permitiéndole recuperar todas las zonas que mantenían bajo ocupación. Hasta tal punto prospera la reconciliación entre estos pueblos que las fuerzas kurdas están planteándose incorporarse al ejército regular del país, en una muestra elevada de conciencia del problema a resolver, ya que, si bien existen contradicciones latentes entre las diversas etnias musulmanas, éstas son secundarias, meros efectos de la contradicción principal, que es de clase.

Con este panorama de invasión turca al norte sirio y de avance del frente de unidad antiimperialista, un hecho más se destaca en el frente sirio: que al final EEUU no retiró las tropas, sino que las trasladó a la región donde se encuentran los pozos petroleros y los ocupó, quedándose con los 30 millones de dólares que producen mensualmente (RT 4/11). Este robo de los recursos naturales del pueblo sirio no es algo novedoso, sin embargo, que sea blanqueado tanto por Trump como por la Secretaría de Defensa muestran sin tapujos que el carácter de la presencia de EEUU en otros países es únicamente para la imposición de sus intereses. El hecho de que tengan que reconocer abiertamente que sólo mantienen tropas en el país para apropiarse del petróleo muestra la incapacidad de formar fuerzas sociales, es decir que garantizar la reproducción de parte de la sociedad que actúe bajo sus intereses, por lo que ellos deben actuar directamente con la fuerza de las armas, por coerción.

Aunque a cada paso que dan las fuerzas imperialistas se acelera su derrumbe, su única opción para garantizar la reproducción de la burguesía es continuar intentando imponer sus intereses a lo largo del globo, por lo que pese a estar recibiendo estocadas decisivas en Siria, durante los meses de octubre y noviembre han impulsado movimientos desestabilizadores en Irak, el Líbano e Irán.

Montándose en los monopolios mediáticos y de Internet, han azuzado contradicciones entre la población de estos tres países. En todos los casos, las masivas movilizaciones se produjeron como protesta por la situación económica que atraviesan, responsabilizando a los respectivos gobiernos de la situación. Este panorama muestra que las causas con las que los medios intentan desestabilizar la región se corresponden con la crisis que los intereses a los que responden crean en el marco de imponer sus intereses. Sin embargo, pese a que los capitales son los promotores de las guerras económicas que asfixian a los pueblos que se le oponen, el control de los medios les permite tener un poder de daño importante.

En el caso de Irak las movilizaciones se saldaron con más de 200 muertos y la renuncia del primer ministro. En el caso del Líbano, luego de semanas de movilizaciones, ha renunciado su presidente. Solo en Irán el gobierno se ha sostenido en pie sin mayores sobresaltos. Estos sucesos nos aportan determinaciones para poder analizar el poder de fuego del enemigo a través de Internet y sus medios de comunicación, a la vez que el daño efectivo también está condicionado por la conciencia de los pueblos respecto a quién genera la crisis y cómo se resuelve.

En el caso iraquí, si bien el gobierno actual es contrario a EEUU, recordemos que el país se ha visto envuelto en guerras desde los años 80 casi de forma ininterrumpida, primero contra Irán, y luego en dos oportunidades contra EEUU, siendo la segunda de ellas una sangría que se ha prolongado por más de 15 años. Esta debacle social ha marcado profundamente a su pueblo, ya que ha arrasado con sus condiciones de vida. Sin embargo, pese a este tétrico panorama, estos años de experiencia lo volvió profundamente antiyanqui, por lo que, si bien ha renunciado al gobierno, el carácter de las marchas es antiyanqui y proiraní.

En lo que respecta al Líbano, su historia reciente también está atravesada por la guerra, pero ellos salieron victoriosos en dos oportunidades, en confrontaciones de carácter antiimperialistas contra Israel, lo cual ha otorgado reconocimiento a Hezbolá, organización política de origen chiita que encabeza la lucha antiimperialista en el país y en la región. En la actualidad, esta organización forma parte del gobierno porque se ha convertido en una de las principales fuerzas políticas del país, y aunque el mandatario ha renunciado, esta fuerza se ha visto fortalecida.

Tengamos en cuenta que en este país, la guerra de 1982 –entre musulmanes y cristianos y esponsoreada por Israel– finalizó con un acuerdo de paz en el que la división de poderes garantiza la representatividad de todos los sectores, por lo que los cristianos y musulmanes chiitas se reparten por partes iguales los ediles del Parlamento; los cristianos tienen la Presidencia y entre ellos y el Parlamento eligen al primer ministro (máxima autoridad nacional), que debe ser de la etnia sunita. Esta situación ha traído una continua tensión en el país, por lo que la entrada de Hezbolá en el gobierno suní representaba un gran avance en la reconciliación nacional, ya que unifica las dos principales etnias musulmanas del país. La renuncia del primer ministro fue vista por Hezbolá como un llamado de atención. En una declaración de Hussein Nasralá, su secretario general, ha dicho que ellos sostendrán el apoyo al próximo gobierno que asuma siempre y cuando sea un gobierno para el pueblo. A su vez, llamó a la cautela respecto a las movilizaciones, porque si bien plantea que hay que escuchar los reclamos, es central evitar una escalada, ya que reconocen la injerencia imperialista en su organización, por lo que de no resolver las causas de estas movilizaciones es posible que el país termine inmerso nuevamente en una guerra civil. Las declaraciones de Nasralá dejan en claro el reconocimiento de qué fuerza está detrás de las movilizaciones, aunque plantea que las contradicciones existen, y el imperialismo lo que hace es exacerbarlas, por lo que su tarea es resolverlas.

En el caso de Irán, las conclusiones respecto a qué fuerza se encuentra detrás no se hizo esperar, y a los pocos días de iniciadas las movilizaciones, la revolución no dudó en tener que apagar Internet en todo el país. Claro que esto no resuelve la crisis de fondo. El bloqueo económico impuesto por EEUU impide que cualquier país o empresa que tenga negocios con empresas yanquis o con su gobierno puedan negociar con los persas. En un mundo donde sólo un puñado de corporaciones controlan la mitad de lo que se produce y circula por el mundo, y donde el 80% de dicho puñado pertenecen a EEUU, es imposible sortear esta crisis mientras se encuentren inmersos en las relaciones capitalistas. Es por eso que debemos enmarcar el desarrollo de tecnología nuclear y defensiva.

No obstante, es claro que el desarrollo de un aparato militar defensivo no basta para la pelea que se tiene que dar. Tal y como venimos analizando a lo largo del artículo, es central la tarea de poder definir cuál es el problema a resolver, y a esta conclusión no se llega adoptando medidas militares, ni tampoco exclusivamente económicas. No se puede sin estrategia, es decir, resolviendo cómo reemplazar a la burguesía en la construcción de una nueva conducta que permita establecer nuevas relaciones de producción, que reemplacen a las ya caducas. No basta, por lo tanto, sólo ir “en contra”: para salir de la crisis actual hay que desarrollar las fuerzas que puedan reemplazar a la burguesía y las relaciones por ellos organizadas.

China

En lo que a este asunto se refiere, China viene dando pasos agigantados. A través de la Ruta y Franja de la Seda, junto con el Banco de Infraestructura, se entregan a realizar la tarea de reemplazar a la burguesía, siempre bajo la dirección del PCCh. Por eso, mientras EEUU cuadruplica el costo que les cobra a Japón y Corea del Sur por las ocupaciones militares, China construye herramientas para el desarrollo de la humanidad.

Al respecto de esto, el Comité Central del PCCh durante este mes elaboró una cantidad de medidas para “mantener y mejorar el sistema del socialismo con características chinas e impulsar la modernización del sistema y la capacidad de gobernanza del país”. Estas medidas constan de 13 aspectos entre las que se pone en el centro el fortalecimiento de las herramientas de gobernanza para estimular que se pueda desarrollar una “democracia socialista” para “mantener y mejorar el sistema de gobernanza social basado en la colaboración, la participación y los intereses comunes” (XH 5/11). Esta premisa pone en el centro que, aunque en China existan grandes empresas, el desarrollo del gobierno del pueblo no se ha detenido, es decir que, pese a que exista un empresariado, éste no tiene las riendas del país.

En lo que respecta a la defensa y a la política exterior resaltan las medidas referidas a mantener y mejorar la política exterior independiente de paz y trabajar para construir una comunidad de futuro compartido para la humanidad (XH 5/11). Estas dos medidas explican el cambio de conducta que impulsa el gigante asiático, ya que en el centro de su política exterior no aparecen ellos como centro gravitatorio de la influencia mundial, sino que se ven con la función de desarrollar un mundo en el que ya no existan gendarmes, ya que este papel, ocupado en las últimas décadas por EEUU, no fue para el mantenimiento de la paz, sino para el desarrollo de los intereses de la burguesía.

Sin embargo, que las herramientas como la Ruta y Franja de la Seda sirvan depende también de lo que hagamos los pueblos del mundo. Esto significa que si nos empeñamos en usar martillos para cortar madera, esta nunca será cortada sino destruida. Si no resolvemos la cuestión de su reemplazo, la burguesía seguirá usando todo lo que esté a su alcance para la obtención de beneficios únicamente para ellos, por lo que el derrumbe no se puede detener así. Es necesario, entonces, que nosotros cambiemos. Eso es lo que requiere el momento actual.

 

 



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