Revista Mensual | Número: Diciembre de 2019
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Fuentes consultadas:
EE.UU.-Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW).
China: Xinhua (XH). Rusia: Russia Today (RT). Irán: HispanTV (HTV). Líbano: Al Manar (AM).
Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Brasil: Folha de São Paulo (FSP). Colombia: El Tiempo (ET).
Argentina: Clarín (CL); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Página/12 (P12).
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Planificación o caos

Las auténticas y decadentes oligarquías
Redireccionando alianzas
Todo va hacia el mismo lugar
Contra-golpe desesperado
La Patria Grande mundial


Los grupos mundiales avanzan sobre el continente sin posibilidad de constituir fuerza propia, haciéndose cada vez más urgente la planificación economica desde la clase trabajadora

Planificación o caos

“Una revolución no es un lecho de rosas.
 Una revolución es una lucha
 a muerte entre el futuro y el pasado”
Fidel Castro, discurso 2° aniversario de la Revolucion Cubana (1961)


El actual momento de estallido superestructural y de crisis estructural-terminal de las relaciones capitalistas se manifiesta en nuestro subcontinente latinoamericano con rasgos más violentos que los imaginados hace apenas un par de meses atrás. El Golpe de Estado en Bolivia, direccionado desde los grandes monopolios mundiales y ejecutado por la oligarquía boliviana asentada en la “media luna” oriental del país, tiene como objetivo manifiesto el avance sobre el control económico de la región, ante la renovada oleada de las fuerzas populares en el continente, mediante triunfos electorales o mediante protestas masivas y crecientes de explícita oposición al “neoliberalismo”. Este “salto adelante” de las fuerzas del imperio constituye una necesidad urgente y desesperada; es decir, bajo la lógica de reproducción capitalista y los actuales niveles de socialización produtiva, con menos valor para repartirse entre sí, los monopolios de escala global no tienen otra chance que apropiarse, sin mediaciones, con todo recurso que pudiera asegurarles un aprovisionamiento futuro. Pero esto, como siempre afirmamos, genera contradicciones insalvables entre las distintas fracciones del capital, ya que la maniobra implica que los monopolios no pueden “sentar a la mesa” a todas las fracciones de escala regional o local.

En este sentido, las oligarquías locales, que otrora fueron socias periféricas de los capitales nucleados en Europa y EEUU, están ahora en una situacion de acorralamiento y decadencia ya que se ven reducidas en cantidad de miembros y, por lo tanto, obligadas a buscar alternativas que van contra sus propios orígenes sociales, viendo en China a un posible (o único) aliado para garantizar su reproducción algunos años más. Esta situación genera contradicciones internas entre las distintas expresiones de esos grupos económicos locales, que se disputan entre sí la conducción de las negociaciones y la primacía en el mercado mundial. A su vez, el desplazamiento de vastos sectores de la sociedad, que incluye a pequeños y medianos empresarios, a las capas medias profesionales y fundamentalmente a la clase trabajadora, víctimas de los planes de ajuste necesarios para garantizar la realización capitalista, genera estallidos que son mucho más difíciles de controlar por las fuerzas (para)policiales del caos. Así, la descarga directa hacia el conjunto de la sociedad por parte de estos sectores rentísticos (estén alineados con el envejecido EEUU o con las nuevas fuerzas que lo enfrentan a escala mundial, China y Rusia) es “necesaria” en tanto no existe posibilidad alguna de volver atrás el tiempo, a las épocas donde la expansión de las relaciones capitalistas “incluía” fuerzas productivas y diversificaba la producción y los mercados. Hoy, monopolios y concentración económica de escala global mediante, pueden hacer otra cosa más que “expandir” la crisis.

Pero el problema no se soluciona ni mucho menos porque “las oligarquías no puedan”, sino que se torna necesario y urgente el desarrollo de una estrategia encabezada por la clase trabajadora, que pueda tomar en sus manos las riendas productivas y eliminar la conducta rentística que impone el imperio con su dominio. Esto claramente es con Venezuela y Cuba, en tanto “faros históricos” en cuanto a la planificación económica y el acuerdo con China y el Cinturon de la Seda, el conjunto de naciones que más se ha desarrollado en los últimos años asumiendo el enfrentamiento con el imperio, poniendo en el centro la necesidad histórica de superar el actual modelo económico en decadencia.

Las auténticas y decadentes oligarquías

El avance de los grupos económicos concentrados globales en Nuestra América se agudiza en pos de obtener las ganancias necesarias para su reproducción en los marcos del continuo achicamiento del valor generado a escala global. Así, en los países donde todavía perduran los gobiernos afines a ellos, se continúan intentando llevar adelante los planes económicos que garanticen la succión de valor desde nuestras economías hacia los centros financieros mundiales. En Brasil, el gobierno de Jair Bolsonaro empujó medidas de cambios regulatorios en favor de empresas privadas, que tienen como objetivo flexibilizar los contratos, mitigando los riesgos económicos y reforzando la inversión en infraestructura y logística para asegurar las exportaciones de productos agroindustriales. En este sentido, abrió el juego a los Emiratos Arabes, que son uno de los principales compradores, para su participacion en las inversiones. La ministra de Agricultura, Tereza Cristina, presentó a los árabes obras que considera prioritarias: ferrocarriles que unen regiones productoras de granos y minerales con puertos exportadores, como Ferrogrão, entre Cuiabá y Santarém y el ferrocarril de integración Oeste-Este, entre Figueirópolis e Ilhéus (FSP 26/10). A su vez, el gobierno revisará todas las regulaciones federales que se aplican a la operación de las empresas privadas, incluyendo las industrias, donde se incluye la revisión de normas de seguridad, resoluciones de la Anvisa (Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria) y normas del Servicio de Rentas Federales, entre otras que, según Geanluca Lorenzon, director de desburocratización del Ministerio de Economía, “entran en conflicto con las que regulan las tecnologías” y que además existen “reglas anticuadas que quitan la competitividad de la industria” (FSP 10/11). Al mismo tiempo, se profundiza también la entrega directa a manos extranjeras de sectores estratégicos de la economía. En este sentido, el secretario especial de privatización, Salim Mattar, planea presentar al Congreso una propuesta que podría incluir a todas las empresas estatales en el Plan Nacional de Privatización (PND). Así, las empresas controladas por el gobierno con déficit persistente pueden ser privatizadas por deliberación del CND (Consejo Nacional de Privatización).

Esta accionar hacia las empresas estatales forma parte de un plan a largo plazo, tratado como una especie de legado que el equipo del ministro de Economía, Paulo Guedes, quiere dejar para impulsar la futura agenda de privatizaciones, incluso después del final del mandato del presidente Jair Bolsonaro (FSP 3/11). Una de estas empresas es indudablemente Petrobras, que desde que se encontró la reserva off shore del Presal es el tesoro más preciado de las petroleras yanquis y europeas. Además, continúan en la mira de los monopolios el Banco de Brasil y la Caixa, que junto a la petrolera han sumando hasta R$ 91,3 mil millones en venta de activos de varias de sus filiales y subsidiarias. El presidente del Banco de Brasil, Rubem Novaes, defendió su privatización aludiendo que “con los vínculos que tiene una empresa pública, será muy difícil adaptarse, en el horizonte de dos, tres o cuatro años, a este nuevo mundo de la banca abierta y las tecnologías de la información. Es muy difícil en una institución vinculada a los gobiernos mantener ese ritmo” (FSP 10/11). De esta manera, se torna inevitable para las fracciones de la burguesía local la entrega de sectores estratégicos al no poseer la masa de capital necesario para desarrollar cualquier tipo de industrialización que no dependa de los grupos económicos concentrados globales.

En este proceso, una de las disputas clave se presenta en la producción agroalimentaria, ya que los productores de semillas locales empujan la posibilidad de reemplazar el decreto que prohíbe la comercialización de ellas entre productores y que actualmente se encuentra en manos de las grandes semilleras mundiales (FSP 23/10). Al mismo tiempo, si bien la producción agraria está en su máximo despliegue en el continente, las porciones de renta percibidas por los propietarios de las tierras se achicaron, tanto por el encarecimiento de los costos en insumos importados, como los insecticidas, herbicidas, fungicidas y otros productos de protección de granos, como por el avance adicional del área sembrada, que requirió un mayor volumen de fertilizantes y pesticidas (FSP 7/11). Con este panorama, las oligarquías rentísticas locales, con la brasileña como su expresión más clara, pierden aceleradamente la posibilidad de supervivencia en el mercado mundial y se ven obligadas a continuar utilizando mecanismos de endeudamiento externo para su “financiamiento”, descargando sobre las amplias mayorías de la sociedad los “costos” de su “supervivencia”. Así, el gobierno brasileño se acerca a una deuda del 90% del PBI, pero según los portavoces del capital financiero, como el economista jefe del Banco Itaú, Mario Mezquita, este nivel de endeudamiento permite tener una “economía menos dependiente del Estado” y que ayuda a tener bajas las tasas de interés (FSP 4/11). Bajo estos preceptos, el gobierno brasileño salió a colocar nuevos títulos al mercado a 30 años para poder agrandar las reservas y pagar vencimientos de deuda anterior, mientras se agudiza el deficit en sus transacciones con el exterior por U$S 34.055 millones, en los primeros nueve meses del año, lo que significa un salto del 83,4% frente al registrado en el mismo período de 2018 según el Banco Central (FSP 25/10).

De esta manera, ante el estallido de las contradicciones en el centro de las relaciones capitalistas, las fracciones locales de los grupos económicos son desplazadas del control de la producción local que garantiza el abastecimiento de materias primas necesarias en las industrias de punta mundiales y, por lo tanto, pierden el papel histórico que tuvieron en la división internacional del trabajo, no pudiendo ser más “garantes” del dominio de los centros imperiales en la región. Pero esta modificación histórica del rol hasta aquí jugado por las fracciones “oligárquicas” en nuestro subcontinente latinoamericano trae aparejado un problema mayor: su desplazamiento como sector dominante a nivel local/regional conlleva también la imposibilidad, para los monopolios de escala global, de conformar fuerza social que garantice su hegemonía. A su vez, se acelera el proceso de descomposición general en la sociedad, ya que las recetas neoliberales que intentan ser aplicadas contra el conjunto de la población, como el caso de Brasil bajo el mando gubernamental de Bolsonaro, ya han estallado en la mayoría de naciones hermanas, como Chile da cuenta en su versión más extrema. ¿Por qué podría funcionar en Brasil lo que ya quedó históricamente superado en Chile?

Redireccionando alianzas

Es de esta manera como se manifiesta en el continente el desplome de las poleas de transmisión del dominio imperial, que tiene cada vez menos margen de reproducir a sus fracciones subalternas. Ante este escenario, y como expresión también de la lucha que se da entre el dominio de los capitales anglonorteamericanos y la naciente “ruta de la seda” encarada por China, las oligarquías locales acuden a negociar con el gigante asiático para sostener su posición rentística dominante en nuestros países. Así, aunque la alineación con las políticas norteamericanas y con los grupos económicos en general es el norte histórico de esas oligarquías, la gira por China del presidente brasileño Bolsonaro, y la posterior cumbre del BRICS realizada en Brasil, mostraron durante este mes un giro en cuanto a las alianzas de los capitales locales. En este sentido, el ex capitán del ejército brasileño afirmó que deseaba insertarse “sin ningún sesgo ideológico en las economías del mundo”. Cuando le preguntaron si tenía alguna vergüenza por reunirse con el presidente chino, Xi Jiping, quien también es secretario general del Partido Comunista, dijo que no y agregó, como quien se da valor repitiendo un mantra: “estoy en un país capitalista” (FSP 23/10). Luego de estas declaraciones, se produjo la cumbre del BRICS, que núclea desde 2006, en vistas a una nueva forma de cooperación mundial, a China, Rusia, India, Sudafrica y Brasil, y donde el presidente chino Xi señaló que los países de este grupo “deberían comprender la tendencia histórica, profundizar la asociación estratégica, consolidar la estructura de cooperación de ‘tres ruedas motrices’ y dejar que la hermosa visión de la segunda ‘década dorada’ se haga realidad, trabajando juntos hacia la comunidad del destino común de la humanidad” (XH 8/11).

Al día siguiente de finalizar dicha reunión, el presidente brasileño recibió a Huawei para discutir una oferta de las subasta para el desarrollo de la tecnología 5G, en medio de la feroz disputa de la empresa china con las norteamericanas por el dominio de estos avances, que significarían un mayor control de las fuerzas productivas. La oferta realizada por Huawei es más barata en comparación con los competidores Ericsson y Nokia, aunque Estados Unidos presione para que Brasil no acuerde, ya que pondría en “peligro” su seguridad nacional (FSP 16/11). Pero, al mismo tiempo, China puso a disposición más de U$S 100.000 millones, de al menos cinco fondos estatales, para una nueva ronda de inversiones en Brasil, junto a una expansión del crédito a través de sus bancos para competir principalmente por los clientes de la agroindustria y la industria, desarrollando proyectos de infraestructura que aumentarían el valor añadido de las exportaciones brasileñas y empujarían al país a formar parte de las cadenas de valor impulsadas desde la inicativa de de la Ruta y el Cinturon de la Seda (FSP 16/11). Esta situación se extiende por todo el continente, ya que en la Exposición Internacional de Importaciones de China, donde participaron un total de 12 países latinoamericanos y del Caribe, entre ellos Perú, Argentina, Jamaica y Chile, presentaron una abundante línea de productos y servicios únicos y de calidad, que esperan vender al gigante asiático (XH 8/11).

Pero estas tendencias progresivas “desde el este”, de salida por la positiva, entran en contradicción flagrante con la naturaleza social de las oligarquías locales. En primer lugar, en la lógica de la reproducción capitalista, se afirma su competencia entre las fracciones nacionales por ocupar los espacios en el mercado, que con el alto grado de socialización productiva, las deja con menos margen de apropiación de riquezas. Esto se expresa claramente en las dificultades que tienen los grupos económicos locales en acordar quién conduce el proceso de integración en el mundo, de acuerdo con las actuales condiciones. Así, luego del estancado acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, la fractura hacia el interior del bloque suramericano continua provocando chispazos. Por su parte, la principal economía, Brasil, quiere acelerar la apertura económica del Mercosur, para lo que presentó a sus socios en el bloque una propuesta para ejecutar un recorte drástico de los aranceles aplicados a la importación de bienes industriales, principalmente en los autos importados desde fuera del bloque, pasando de un 35% actual a un 12%. La misma rebaja se plantea para los productos textiles y de vestuario, complementándose también con una rebaja para productos siderúrgicos como laminados de acero en caliente que pasarían del 12% al 4% y a los aplicados a las compras de autobuses, pasando del 35% al 4% (CL 22/10). A su vez, Brasil también autorizó la compra de trigo sin aranceles por fuera del bloque, medida que afecta de lleno a la producción de Argentina que es el principal vendedor del cereal a dicho mercado, beneficiando a Estados Unidos, Rusia y Canadá, ya que Brasil solo produce alrededor de 5 millones de toneladas de trigo por año, cuando su consumo es de cerca de 12 millones de toneladas (CR 8/11).

En segundo lugar, el avance hacia una mayor integración con los países del BRICS y con el resto de los polos económicos mundiales, desde el punto de vista de las fracciones locales de la burguesía, no escapa a que su reproducción depende de cuánto descarguen el achicamiento de valor sobre los sectores desplazados del mercado, tanto los pequeños y medianos capitales, como las grandes masas proletarias reemplazadas por los avances tecnológicos. Así, los “círculos rojos” del continente, además de no poder acordar entre sí, empujan los planes económicos donde las medidas que permitirían su reproducción como capitales no responden a intereses singulares de cada uno de ellos, sino que en realidad son las herramientas para garantizar la succión de valor por parte de los capitales concentrados globales –únicos en condiciones reales de reproducirse en escala ampliada–, que terminan utilizando a los primeros como “gestores” de sus necesidades estructurales, para luego “liquidarlos” sin mayor contemplación (como atestiguan sin duda los casos de la constructura Odebrecht o la alimenticia JBL). De eso se trata el caos que dichos capitales monopólicos transnacionales encarnan en el continente, y contra lo que la clase trabajadora y el pueblo en general pelea de manera cada vez más aguda y abierta.

Todo va hacia el mismo lugar

Es así como la ofensiva de los grupos económicos mundiales sobre nuestras economías continúa arrojando datos que reflejan la situación que atraviesan nuestros pueblos, el desplome de las economías rentísticas y el caos que los grandes capitales y un pequeño puñado de sectores oligárquicos necesitan para continuar su reproducción. En Chile, luego del estallido de protestas contra las políticas neoliberales que se aplican desde hace casi 50 años, heredadas de la última dictadura pinochetista y continuadas por los sucesivos gobiernos democráticos que mantuvieron con la matriz productiva dependiente de los grupos económicos, siguen saliendo a la luz las consecuencias sociales de aquellas. Así, la mitad de los trabajadores chilenos ganan menos de 540 dolares mensuales, cuando el costo de alquiler promedio en Santiago, por dar un ejemplo, es de 410 dolares (CL 22/10). Para obtener artículos de primera necesidad, como la comida o la indumentaria, así como los tecnológicos, la clase obrera tiene que endeudarse con las grandes tiendas, en un marco donde el ingreso del 10% de la población más pobre es casi 40 veces menor que el 10% más rico. Al mismo tiempo, la población paga un margen alto de sus ingresos por el sistema de salud y educativo, siendo ambos altamente deficientes (CL 22/10). Mientras tanto, los propios sectores empresarios chilenos esperan pagar un alto costo económico por el estallido de la crisis en el país, ya que los pronósticos de crecimiento para el próximo año bajaron de 3,3% a 2,3% (CR 15/11). Ante la compleja situación que lleva más de un mes de protestas sin descanso, los anuncios del presidente Sebastián Piñera de aumento de pensiones y otras medidas tendientes a paliar la situación de la clase trabajadora fueron calificados por la oposición, en boca de la diputada comunista Carmen Hertz, como “migajas” que no significan “ninguna medida de fondo”, que no tocan “el modelo de apropiación de los salarios y el goce de rentistas a costa de las inmensas mayorías” (TS 22/10). Pero el problema de fondo es la matriz productiva rentística, problema al que las economías de Nuestra America están sometidas desde la inserción como abastecedoras de materias primas al mercado mundial controlado por los principales monopolios mundiales, que ostentan el desarrollo de las principales industrias. Así, la economía chilena está determinada por su dependencia del cobre, que representa un 60% de las exportaciones y un ingreso del 20% del PBI, donde solamente emplea 200 mil trabajadores. Al mismo tiempo, el resto de las actividades económicas están profundamente concentradas, ya que solo 3 empresas controlan entre el 85 y 92% de las principales actividades económicas (CL 10/11).

A estos niveles de concentración económica, que se replican sobre todo el continente, las respuestas de los representantes locales de los intereses del gran capital continúan siendo la propagación sistemática de los planes de ajuste para profundizar la succión de riquezas desde las clases populares. Así, luego de la aprobación de la polémica reforma previsional en el Senado brasileño, por 60 votos a favor y 19 en contra, que estableció en general una edad mínima de retiro de 62 años para las mujeres y 65 para los hombres, con mínimos de 35 y 40 años de aportes respectivamente, el Ministerio de Economía presentó un paquete de reducción de cargas laborales a las empresas que contraten trabajadores jóvenes menores de 30 años y mayores de 55 (FSP 18/11). Esta medida, claramente destinada a bajar (supuestamente) la alta tasa de desempleo que tiene Brasil en torno al 12%, tiende a abaratar el costo de la mano de obra en el país. Al mismo tiempo, aumentan los precios de los alimentos básicos como la carne, que según el presidente ejecutivo de la Asociacion Brasileña de Frigorificos (Abrafrigo), Pericles Salazar, “el crecimiento de las exportaciones empujó al alza, ya que las compras en firme a China y Rusia hicieron que la cuota de envíos del producto superara el tradicional 20% de la producción local” (FSP 30/10). Por lo tanto, que los precios internos sean iguales a los externos, descargando sobre la población el peso de la renta del suelo.

De esta manera, las luchas populares y los estallidos se generalizan por toda la región, identificando en las oligarquías locales y en las políticas de estrangulamiento de los grupos económicos mundiales, que a través de sus órganos como el FMI o el Banco Mundial, profundizan el endeudamiento, la privatización y la fuga de riquezas de nuestros suelos con el objetivo de reproducir a las minorías del mundo. En este sentido, comienzan a aparecer los rasgos de positivización en las protestas populares que unifican a todos los sectores desplazados en nuestras sociedades, desde los sindicatos y organizaciones obreras, hasta las grandes organizaciones de pueblos y etnias originarias e indígenas. En Ecuador, lo movimientos indigenas presentaron un plan económico alternativo al “paquetazo” dictado por el FMI. Según el presidente de Ecuarrunari (uno de los grupos indígenas que son parte del parlamento ecuatoriano), Carlos Francisco Suezhanaysacta, dicho plan contempla “el principio económico de que quien más tiene, debe pagar más”. Entre muchas medidas que reclaman, las más importantes son la suba del 1,8% del impuesto sobre la renta aplicada, para los 270 grupos económicos más ricos de Ecuador, además de un nuevo impuesto del 1% sobre los activos de dichos grupos (TS 2/11). Al mismo tiempo, la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) profundizó la idea para el plan alternativo donde establecieron como principio rector el “sumak kawsay (buen vivir)”, que contiene la liberación de los controles a la exportación y el movimiento de capitales, propone una reforma fiscal para restringir la capacidad del ejecutivo de coordinar medidas con el Banco Central (P12 3/11).

Con estos estallidos sociales y con las reivindicaciones de los sectores populares, las oligarquías locales se vieron obligadas a dar marcha atrás con determinadas medidas: el “paquetazo” en Ecuador, los aumentos tarifarios en Chile, con la posibilidad de reformar la constitución pinochetista, e incluso con las propuestas de aumento en las pensiones y salarios. Los conflictos se generalizan en todo el continente. Al cierre de este artículo, se produce un histórico paro general en Colombia, encabezado por todas sus centrales obreras unificadas, contra las políticas de ajuste dirigidas desde la oligarquía uribista, encarnada en el actual presidente Iván Duque. Pero como analizamos constantemente, la necesidad de los centros productivos mundiales, de reproducción ampliada en condiciones de menor generación de valor para repartirse, se corresponde con el caos y la descomposición que encarnan. Ello significa para nuestros pueblos, en especial para la clase trabajadora, encabezar una fuerza social que definitivamente termine con los hilos rentísticos que nos atan al dominio imperial, que cruentamente reemplace la matriz económica rentística y se prepare para los inevitables ataques de las fuerzas del caos, controlando las fuerzas productivas y garantizando la conducta liberadora.

Contra-golpe desesperado

Ante este inminente paso en la conciencia de los pueblos, la necesidad de avanzar sobre los proyectos emancipadores en el continente, por parte del imperio, se agudiza. Así, a los constantes ataques contra los pueblos venezolano y cubano, se sumó el Golpe de Estado propiciado contra el gobierno de Evo Morales en Bolivia, luego de que éste, en fórmula con Álvaro García Linera, ganara nuevamente las elecciones presidenciales. Dicho ataque fue directamente dirigido hacia ellos y fue encabezado por la oligarquía boliviana, asentada territorialmente en la tristemente celebre “media luna” de los departamentos de Beni, Pando, Tarija y Santa Cruz, donde se concentra el 42% del PBI boliviano y la mayoría de los recursos hidrocarburíferos, minerales y agropecuarios; los mismos que en 2008 encararon, con los propietarios de las tierras y sus gobernadores a la cabeza, un proceso de desobedicencia civil, que llegó incluso a plantear la escisión de dichos estados con respecto al gobierno central de La Paz.

La actual acción de las fuerzas oligárquicas tiene como objetivo principal detener el avance de los pueblos de nuestro continente, proponiendo una regresión en todo lo avanzado en estos últimos tres lustros. El intento de transformar el aparato productivo boliviano encarado por el gobierno del Estado Plurinacional ha dejado cifras que reflejan progresos sustanciales en la sociedad: la reducción abrupta de la extrema pobreza, que paso del 38 al 15%; la ampliación de derechos con el acceso universal a la salud, a la educación y a la protección social; la reducción de las desigualdades económicas, con una caída de la brecha de 130 a 45 entre los más ricos y los más pobres. La economía boliviana ha crecido en términos de PBI de U$S 9.000 millones a 42.000, ampliándose el mercado y el ahorro interno, lo que ha permitido a mucha gente tener su casa propia y mejorar su actividad laboral (COH 17/11). Inclusive, si bien se revirtió la proporción de obtención de riquezas con respecto a los sectores rentísticos, pasando de un 82% que quedaban en manos privadas a ser este porcentaje para al Estado boliviano, las ganancias y regalías todavía fueron garantizadas para los dueños de las tierras y para las empresas que invertían en el pais, que antes de correr la suerte en el inestable mercado mundial, en Bolivia se garantizaba una cuota segura de ganancia.

Pero estas condiciones y estos índices no pueden ser tolerados por los grupos económicos globales, que necesariamente deben succionar la mayor cantidad de riquezas posible para su reproducción. Con el descubrimiento de los yacimientos de Litio en Bolivia, su posterior nacionalización y la creación de empresas mixtas para su explotación en conjunto con capitales chinos y alemanes, dejan a un lado a los capitales anglonorteamericanos, que no disponen en ningún lado del control de este material, y que por la tendencia mundial a la reconversión energética hacia las energias renovables resulta indispensable poseer (P12 14/11). Para la industrialización del mineral, la empresa estatal Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB) compró a Alemania una planta de cloruro de potasio y un diseño de una de carbonato de litio, mientras encargó su construcción a China. El gobierno plurinacional había acordado, a su vez, con la firma alemana ACI Systems hacer en conjunto una planta industrial para fabricar baterías de litio, bajo control del Estado, quedando como socio mayoritario y que además designaría al director de la empresa, garantizando también la transferencia tecnológica y el uso de patentes en favor del Estado boliviano. Pero este proyecto empezó a ser combatido por el Comité Cívico de Potosí (ComciPo), al que absurdamente calificó de “entreguista” (P12 17/11). Esto que aparece como un mero motivo económico del golpe, ya que el Estado Plurinacional no solo tendría el control hidrocarburífero, sino que se transformaría en el “centro energético” de la región de cara a convertirse esta en un polo mundial soberano, es en realidad una jugada de carácter geoestratégico que el imperio realiza en su “patio trasero”.

Así, el Golpe gestado en Bolivia, regado con la sangre de su pueblo, nos deja a las claras la necesidad del imperio de llevar adelante esta política contra viento y marea, utilizando a sus subalternas oligarquías que luego han de deglutir. Pero su “avance” no es más que la desesperación y la respuesta a las brisas (o huracanes) de cambio que rondan en el subcontinente latinoamericano. Para guiar los pasos de los pueblos soberanos tenemos, entonces, como siempre a los faros venezolano y cubano, que por el lado de los intereses de la clase trabajadora, los verdaderos intereses comunes de toda la humanidad, se ponen al frente en el control de las fuerzas productivas, desarrollando nuevas relaciones de producción e intercambio, que eliminen y reemplacen de una vez y por siempre la conducta rentística. Esto lo logran poniendo en el centro del gobierno social a la planificación económica como método de la construcción de esas relaciones, que resuelvan los problemas comunes de la humanidad.

La Patria Grande mundial

Mientras tanto, en el continente continúan gestándose las fuerzas que intentan derrotar el yugo de los grupos económicos globales y el dominio que históricamente ejercieron sobre los pueblos. Para ello, las medidas tendientes a desplazar a los capitales concentrados de nuestras economías, se van replicando por toda Nuestra América. En Méxíco, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador empuja constantemente para que el empresariado del país tome las riendas del control de la renta del suelo y el subsuelo. Así, luego de anunciar que la reforma petrolera realizada por el gobierno predecesor de Peña Nieto –que privatizaba por primera vez en la historia las reservas de Pemex y que las ponía a disposición directa de las petroleras yanquis– tendría modificaciones, el actual gobierno mexicano abrió el juego a las empresas petroleras de capital nacional, aprobando unos 140 planes de exploración a través de la Comisión Nacional de Hidrocarburos, y que según la Asociación Mexicana de Empresas de Hidrocarburos (Amexhi) se pasarán a producir 50 mil barriles de crudo diarios, cuando hace cuatro años su producción llegaba a mil quinientos (LJ 22/10). La misma situación se presenta con respecto a la explotación minera, ya que el Grupo México, principal productor de cobre a nivel mundial, planea invertir U$S 6.400 millones en cinco años, que se ubicarán en tres proyectos en Sonora y que generarán más de 8 mil empleos, además de aumentar la producción de cobre en 16 por ciento y la producción de zinc en 93 por ciento (LJ 24/10). Así, si bien las medidas que impulsa el gobierno mexicano buscan detener el avance de los monopolios mundiales sobre la economía del país, necesariamente los pueblos de la región deben profundizar las políticas de control soberano de las fuerzas productivas que busquen la planificación económica como principio rector y se correspondan con la socialización productiva en la que el mundo está inmerso, esa unificación mundial que permite desembarazar a los pueblos del dominio de la burguesía y de su apropiación privada de toda la cooperación generada por la clase trabajadora.

Este tendencia objetiva, está encabezada por las fuerzas mundiales que se ponen al frente de ella, con China y la Ruta y Cinturon de la Seda, que busca profundizar la planificación en todo el orbe, inclusive con sectores rentísticos que ya no tienen lugar en la alianza con los grupos económicos mundiales. Esto es reconocido por países como Colombia, que en palabras de Luis Diego Monsalve, embajador en China, señaló que la Franja y la Ruta es una excelente manera de promover la inversión, el comercio y las relaciones económicas más estrechas entre China y países de todo el mundo y que “ningún país en el mundo ha sacado a tanta gente de la pobreza en un corto período de tiempo” en referencia a los 800 millones que el gigante asiático sacó en 40 años (XH 8/11).

Así, para los grupos monopólicos se torna necesario el avance sobre el control total de los resortes económicos del mundo, sobre la base del caos y la destrucción de sus pueblos, cosa que verdaderamente encarnan y que eso mismo les impide la conformación de fuerza social que pueda llevar eso a cabo. En nuestro continente esto se expresa en la imposibilidad de contener a los sectores oligárquicos rentísticos, ya que en la propia lógica de reproducción de capitales, y por la actual situación de concentración y centralización en pocas manos en que se enuentran, ya no hay lugar para sus antiguos aliados. Como respuesta al caos que encarnan, se presenta también como necesidad, pero para la clase trabajadora, la superación de la conducta rentística impuesta por el dominio de los monopolios. Para esto, la planificación económica y el desarrollo del “posrentismo”, empujado en el continente por Cuba y Venezuela fundamentalmente, necesariamente debe desarrollarse en consonancia con las condiciones objetivas que el desarrollo de las fuerzas productivas permiten, un alto grado de cooperación mundial y con ella la posibilidad de la resolución de todos los problemas de la humanidad. Claro que esto no se logra sin lucha y esta, como veremos en el siguiente artículo, es cruenta y a fondo, ya que la Patria Grande ya no es solo el desarrollo en el contienente, sino que está planteada para todo el mundo.



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