Revista Mensual | Número: Diciembre de 2019
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Fuentes consultadas:
EE.UU.-Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW).
China: Xinhua (XH). Rusia: Russia Today (RT). Irán: HispanTV (HTV). Líbano: Al Manar (AM).
Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Brasil: Folha de São Paulo (FSP). Colombia: El Tiempo (ET).
Argentina: Clarín (CL); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Página/12 (P12).
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El viejo mundo se muere

Los dinosaurios despiertan
En busca de El Dorado del SXXI
Colombia
Despojados de hasta el miedo
“Dejar la casa y el sillón”


La insurrección en Latinoamérica y la necesidad de superar al capitalismo

El viejo mundo se muere

El viejo mundo se muere.
El nuevo tarda en aparecer.
Y en ese claroscuro surgen los monstruos”
Antonio Gramsci


El imperialismo, en tanto fase superior y última del capitalismo, se basa en la socialización de las fuerzas productivas en un grado nunca antes alcanzado, concentrando y centralizando cada vez más la producción en una minoría mundial que se apropia de la riqueza que producen los trabajadores de todo el planeta. Este proceso de concentración de capitales liquida la libre competencia por los monopolios, al mismo tiempo que acelera el achicamiento del valor. En cada salto tecnológico que dan estos grupos concentrados, para poder estar a la cabeza del proceso productivo y realizar el mismo en menos tiempo, se reduce el tiempo socialmente necesario, y por lo tanto se reduce tendencialmente la tasa de ganancia para la burguesía. De esta forma, recrudece la competencia entre monopolios para succionar (de la forma que sea) el cada vez menor tiempo de trabajo producido mundialmente. Esto da como resultado que, para el capitalismo, no solo cada vez sobra una mayor masa de trabajadores (reemplazados por máquinas), sino que cada vez puede seguir reproduciendo a menos porciones de capital concentrado.

Como resultado de esta carrera por los mercados y las riquezas, estos grupos concentrados deben avanzar contra todo. No solo contra los pueblos que se levantan contra eloos, sino que también deben avanzar sobre aquellos sectores que dichos capitales construyeron históricamente y que jugaron como sus patas locales en la región: las fracciones oligárquico-rentísticas. Esta incapacidad objetiva cada vez mayor que muestran los grupos monopólicos de gobernar el mundo desde el consenso, es decir de conformar fuerza social, los lleva a que su conducta sea cada vez agresiva.

Los estados nación latinoamericanos, construídos en el marco de la división internacional del trabajo, expresan el dominio de los países imperialistas en la región. Conformadas como un eslabón subordinado del mercado mundial, las oligarquías regionales se conformaron como apéndices de los intereses imperialistas para consolidar el dominio y el saqueo por parte de los grupos concentrados. Por lo tanto, los estados y todos sus aparatos, expresan este dominio. Quien domina económicamente, domina ideológicamente. Todo ello implica que, al tener que avanzar sobre los sectores que históricamente constituyeron su polea de transmisión local, toda la institucionalidad erigida sobre el dominio imperialista estalle por los aires y deje al descubierto su más cruda realidad: el dispositivo social que garantiza la reproducción de un conjunto de relaciones sociales cuyo eje es la explotación del hombre por el hombre.

Así, en los últimos meses los pueblos latinoamericanos se han ubicado en el centro de la escena mundial a partir de protagonizar estallidos sociales y manifestaciones en rechazo al neoliberalismo en los diferentes países de la región: en octubre lo vimos en Ecuador con el levantamiento indígena; el pueblo chileno viene sosteniendo firmemente hace más de 30 días una pelea cuerpo a cuerpo con los carabineros contra las políticas heredadas del modelo pro imperial pinochetista; el triunfo en Argentina de la fórmula F-F como un claro rechazo a las políticas macristas; la liberación de Lula Da Silva por el Tribunal superior de Brasil muestra la debilidad de las causas armadas en su contra; la contundente victoria de Evo Morales y la consecuente necesidad del imperio de perpetrar un golpe de estado en Bolivia; sumado a la derrota electoral del uribismo en las alcaldías de Bogotá y Medellín y al papel de México encabezando una agenda anti neoliberal; todos estas expresiones ponen en cuestión la fábula del fin del ciclo “populista” en la región.

A continuación profundizaremos en el carácter de estos sucesos.

Los dinosaurios despiertan

Como ya es de público conocimiento, previo a las elecciones generales del 20 de octubre que dieron como resultado la clara victoria del MAS y la consecuente reelección de Evo Morales, desde el corazón del imperialismo la CIA norteamericana con sus patas locales cipayas, gestaron el golpe de estado cívico militar y policial. Bajo los argumentos que el MAS iba a hacer fraude y que la verdadera democracia es aquella que renueva sistemáticamente funcionarios, el 10 de noviembre llevaron adelante el golpe de estado contra Evo Morales.

Los Estados Unidos se apoyaron en diferentes sectores locales y regionales para llevar adelante la destitución del Evo.

Por un lado, el sector local que jugó a favor del golpe fue la llamada Media Luna. Esta zona que concentra las tierras más ricas en recursos hidrocarburíferos, agrícolas y minerales representa los intereses de la oligarquía que se hizo de esas tierras a costa del genocidio de cientos de pueblos originarios y concentra el 42% del PBI nacional. Los intereses de esta oligarquía pro imperial ya se habían puesto de manifiesto en el alzamiento contra el gobierno de Evo Morales en el 2008, y se volvieron a poner en evidencia en las declaraciones que hizo el candidato de la oposición por el partido Comunidad Ciudadana, Carlos Mesa, al negarse a reconocer la victoria del MAS convocando a la “resistencia civil” (LN 22/10).

La farsa del accionar de la Organización de los Estados Americanos (OEA) en tanto agente auditor del proceso electoral queda de manifiesto cuando a la hora de analizar las actas oficiales únicamente logró demostrar irregularidades en 78 actas de un total de 34.555, lo que supone el 0,22%. De hecho, la muestra seleccionada, en sus propias palabras escritas en el informe, no obedece a criterios estadísticos sino que eligieron los casos donde el partido oficialista había obtenido más votos. El informe está plagado de adjetivos y adverbios con tono valorativo y discrecional demostrando su incompetencia en cuanto a rigor e imparcialidad (P12 16/11).

También podemos ver la mano negra de EEUU en el papel golpista y desestabilizador de las fuerzas represivas bolivianas.

El “desperfecto técnico” que sufrió el helicóptero de la Fuerza Aérea Boliviana (FAB) que transportaba al presidente Evo Morales mientras estaba de gira con la campaña, una semana antes de las elecciones (P12 4/11), el acuartelamiento de la fuerza policial un día antes del golpe en señal de rebeldía, el papel golpista del militar al frente delas fuerzas armadas, el General Williams Kaliman, que fue quien forzó Evo Morales a renunciar al cargo de presidente.

Este mismo militar (en el año 2003) había asistido a un curso de Comando y Estado Mayor que dictó el Instituto de Seguridad del Hemisferio Occidental para la cooperación de la seguridad (WHINSEC), que es el nombre con el que fue rebautizada en el 2001 ni más ni menos la Escuela de las Américas dada la ligazón imborrable con el papel que jugó en la instrucción de varios golpistas latinoamericanos durante las décadas de 1960, 1970 y 1980.

Al menos seis de los conspiradores golpistas clave fueron ex alumnos de dicha escuela, mientras que Kaliman y otros sirvieron en el pasado como agregados militares y policiales de Bolivia en Washington. Dentro de la policía boliviana, los principales comandantes que ayudaron a lanzar el golpe han pasado por el programa de intercambio policial APALA. Trabajando desde Washington, APALA funciona para construir relaciones entre las autoridades estadounidenses y los oficiales de policía de los estados latinoamericanos. Las agencias del gobierno de los Estados Unidos como la USAID (agencia de los Estados Unidos para el desarrollo internacional), han financiado abiertamente a grupos anti-Morales, invirtiendo en Bolivia 97 millones de dólares para el desarrollo de los movimientos separatistas de la Media Luna (COH 17/11).

También, las escuchas de reuniones preparatorias del golpe entre miembros de los comités cívicos con oficiales de las Fuerzas Armadas suman más evidencias a que el golpe no fue armado desde dentro de Bolivia sino más bien que la fuerza social pro imperial boliviana fue el instrumento a partir del cual EEUU llevó adelante el derrocamiento del gobierno de Evo Morales.

Las instituciones religiosas también tuvieron una participación en la efectividad del golpe; cargan en su historia años de experiencia de dominación a los pueblos originarios a partir de la imposición de la Biblia y de la negación de las relaciones sociales andinas. Tanto grupos evangélicos como católicos encabezaron los levantamientos en pos de la recuperación de “los ideales cristianos y de la república”. Imagen chocante sino la del empresario golpista santacruceño Luis Camacho y el candidato de CC Carlos Mesa irrumpiendo en Casa de gobierno con la biblia en mano y arriando la bandera Whipala, símbolo de la lucha de los pueblos originarios. “Bolivia para Cristo. Nunca más volverá la Pachamama al Palacio” sentenciaron triunfalistas. En una entrevista con la BBC, la autoproclamada presidenta Añez dijo que con ella “Cristo y los Evangelios volvían a la Casa de Gobierno” y se refirió a la Pachamama como un ícono pagano. También miembros de la policía cortaron la bandera multicolor (dejando solo la boliviana) de la placa identificatoria.

Identificando la historia de lucha del pueblo boliviano, los sectores de la oposición, encabezado por las fuerzas represivas y grupos paramilitares, profundizan la persecución a los sectores populares que se organizan a través de las organizaciones sindicales y las comunidades originarias entre quienes el masismo concentra la mayoría del apoyo popular. El ministro del gobierno de facto, Arturo Murillo, es el encargado de construir el tan necesario “enemigo interno” para justificar su accionar: serían grupos subversivos internos, grupos armados extranjeros, bandas narcotraficantes bolivianas y mexicanas e integrantes de las FARC que usarían armas de grueso calibre y pondrían en peligro la vida de la autoproclamada Añez: “la presidenta es un objetivo militar, nuestras familias son un objetivo militar”, dijo (P12 19/11).

El reclutamiento por parte de la derecha de jóvenes de la Media Luna, para usar como fuerza de choque y provocar clima de guerra civil, se pone de manifiesto en el accionar del autodenominado grupo “Resistencia Juvenil Cochala” conformado por más de 1.200 jóvenes cochabambinos que armados con bates de beisbol, barras de hierro y a bordo de motos se encargan de “liberar” los cortes de ruta y los mitines que el pueblo boliviano viene llevando adelante en las principales ciudades desde la destitución de Evo. Estos jóvenes autodenominados “héroes de Cochabamba” fueron quienes arremetieron contra Patricia Arce, alcaldesa de Vinto con un mensaje nazi fascista. A un episodio similar fue sometido Félix Vegamonte, ex dirigente campesino, ex viceministro y actual secretario de Coordinación con los Movimientos Sociales de la Gobernación de Cochabamba (P12 8/11).

En busca de El Dorado del SXXI

Actualmente el 75% de las reservas globales de litio se encuentran en el triángulo Bolivia/Chile/Argentina. Este mineral es hoy el más codiciado por el mercado para la fabricación de baterías de autos eléctricos y de los teléfonos celulares.

Mientras Argentina y Chile le concedieron la explotación del mineral a la corporación estadunidense EnsorciaMetals, el gobierno de Evo Morales había sellado un acuerdo con China por 1.000 millones de dólares para explotar el mineral, a la vez que había lanzado el auto eléctrico Quantum –100% de fabricación boliviana– a partir de la asociación de la estatal Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB) con Quantum Motors, de Cochabamba (TS 20/11). Podemos tomar a esta decisión soberana de Bolivia como una de las causas por las que Estados Unidos apresuró el golpe en ese país.

Si sumamos a esto las coincidencias entre un nuevo despliegue de tropas argentinas, chilenas y del Comando Sur y el viaje de Ivanka Trump a Jujuy en septiembre pasado, y la inusual comitiva que la acompañó entre ellos 2.500 agentes federales, aunado al hecho de que opositores bolivianos se reunieron con ella y entre otras cosas les facilitó armamentos (LJ 23/11), queda a la vista los intereses que hay por detrás. La finalidad de provocar el Golpe de Estado en Bolivia es que las mutinacionales recuperen la renta, expropiada en parte por el gobierno de Evo Morales.

El empresario Luis Fernando Camacho expresa a este sector local históricamente asociado a las corporaciones monopólicas globales. Heredero de una de las familias que usufructuaba el negocio gasífero hasta su nacionalización por parte del propio Evo Morales, su familia además cuenta con inversiones en los sectores de seguros, inmobiliarias y negocios avícolas en la región más rica del país (CL 11/11). Integrante de una de las dos grandes logias de Santa Cruz, “Los Caballeros del Oriente”, representa al bastión de la derecha más radicalizada. Ya su padre en la década del 80 tuvo su propia experiencia destituyente cuando organizó el primer paro de carácter departamental en la historia del Frente Cívico, exigiendo que no se concretara el Proyecto azucarero de San Buena Ventura, en el norte de La Paz (P12 11/11). Durante los meses previos al golpe, Camacho anticipaba las prioridades del nuevo gobierno: entre otras, reprivatizar esas empresas. Ya hay una propuesta en el escritorio de la senadora Jeanine Áñez (COH 24/11).

Como dijéramos anteriormente, estos sectores ya no son necesarios para garantizar la reproducción del capital financiero; como ocurriera con Michel Témer en Brasil, hoy los utilizarán como nave insignia contra el gobierno popular de Evo Morales y mañana terminarán presos o muertos. En esos sectores se apoyan para impulsar sus políticas, pero la particularidad de su crisis es precisamente la incapacidad de reproducirlos, que ya no hay valor suficiente para que todos puedan sobrevivir.

Por lo tanto, los monopolios solo pueden seguir dominando a costa de agudizar el terror y la violencia que ejercen sobre los pueblos. Cada vez más queda a la vista que sus intereses son contrarios a los intereses de las mayorías, y que la democracia que ellos proclaman en realidad es darle vía libre a los monopolios para el saqueo y la opresión, es decir que la democracia para el 1% de la población que concentra la mitad de la riqueza, es la dictadura para el resto del 99%. El Golpe de Estado contra el gobierno popular de Evo Morales expresa que la única forma que tienen de seguir reproduciendo sus intereses es a costa de agudizar la agresión, lo que deja al desnudo sus reales condiciones de reproducción: solo pueden si avanzan contra todos, no solo contra los trabajadores y la naturaleza sino también contra quienes fueron históricamente sus aliados. Porque los grupos concentrados solo tienen para ofrecer a los pueblos caos social. Un modelo que deja afuera y no puede reproducir al 60% de humanidad objetivamente está transitando su decadencia y descomposición. Ese caos que nos ofrecen diariamente para “ordenar” el mundo no es más que el reflejo de lo que ellos mismos son: ellos son el caos y avanzan de ese modo, descomponiéndose permanente arriba nuestro. Por esto, un indicador de esta incapacidad es que a solo 15 días de haber concretado el Golpe de Estado, la derecha boliviana ya tuvo que ceder al proyecto para convocar a nuevos comicios generales que logró imponer el Movimiento al socialismo en el Congreso. Ante este punto, la autoproclamada Áñez solo sentenció que se oponía a una “amnistía” para Evo (LN 24/11).

Colombia

Este mes Colombia también amaneció convulsionada. El 27 de octubre se celebraron elecciones regionales, quedando sellada la derrota en las urnas del modelo uribista, hoy encabezado por el presidente Iván Duque, quien fue electo hace tan solo 15 meses.

El Centro Democrático, que se caracterizó por ser el referente de los intereses norteamericanos, perdió en varios departamentos donde tenía depositada sus principales apuestas: Bogotá, Medellín, Barranquilla, Tútuca y Cali (TS 27/10).

Los resultados sorprendieron dado el carácter conservador de la sociedad colombiana: la elección de Claudia López como la primera mujer en ocupar la Alcaldía de Bogotá, declarada ecologista, homosexual, que ha defendido la lucha contra la corrupción en el país, y la victoria del ex guerrillero Torres (FARC-EP) en el municipio de Turbaco, uno de los más importantes del departamento de Bolívar; marcan un antes y un después de la firma del Acuerdo de Paz entre el Estado y las FARC en 2016 (TS 28/11).

El 21 de noviembre los colombianos han iniciado un ciclo de protestas. Ese día, cientos de miles de personas han tomado las calles de un país que no vivía una jornada de paro general desde hacía 42 años. Los sindicatos, indígenas y universitarios colombianos convocaron a una gran huelga en rechazo a las políticas neoliberales de Iván Duque, y en defensa de la vida y la paz: “Continuaremos en todo el país la organización de esta gran movilización y de este gran paro nacional (...) para protestar por los intentos, los propósitos que hay de empobrecer aún más a la población colombiana”, dijo Miguel Morales, presidente de la Confederación de Trabajadores de Colombia, uno de los sindicatos más importantes después de la CUT. Los movimientos de protesta, entre ellos el partido FARC, repudiaron la violencia contra los líderes sindicales y sociales, que dejó un saldo de 486 muertos entre el 1 de enero de 2016 y el 17 de mayo de 2019, según la Defensoría del Pueblo (CD 13/11). Esa jornada culminó con un espontáneo cacerolazo que se extendió por toda la capital y otras ciudades como acción colectiva de respaldo al paro nacional. A partir de ese día, el pueblo colombiano ha iniciado una ola de movilizaciones, estallidos y saqueos.

El día 23 de noviembre, el arrinconado presidente Iván Duque decretó el toque de queda, dándole vía libre a los tanques para que salgan a las calles a reprimir a los manifestantes. Como resultado dejó un saldo de tres muertos y 122 civiles heridos (CD 23/11).

Es importante destacar que Iván Duque llega al poder luego de ganar en segunda vuelta contra el ex militante de la guerrilla M-19 Gustavo Petro. Obteniendo 10.398.689 de votos por sobre 36.227.267 habitantes inscriptos en los padrones, Duque gana con solamente el 28,7% de apoyo popular. Este respaldo, en tan solo 15 meses de gestión, se derrumba como castillo de naipes: según la encuesta realizada por Invamer Gallup publicada este 16 de noviembre, registra una aprobación de apenas el 27,2% de los encuestados. Es decir, la desaprobación supera el 70% de los entrevistados. La caída de Duque en las encuestas arrastra también hacia abajo a Uribe. La imagen favorable del “presidente eterno” (como lo llama Duque) cae al 34% mientras que el 65% de los encuestados tiene una imagen negativa de Uribe https://www.alainet.org/es/articulo/196720.

Una vez más se puede ver el rechazo popular a lo que los modelos neoliberales pueden ofrecer. Bajo la consigna “No me mates más líderes sociales” este ciclo de estallidos expresa el grado de conciencia de los sectores de trabajadores, estudiantiles e indígenas colombianos, que identifican que la pelea en Colombia contra el imperialismo es contra los sectores que expresa el uribismo, que son ni más ni menos que los intereses de la embajada norteamericana.

Despojados de hasta el miedo

Hace más de un mes que la población chilena viene siendo protagonista de la insurrección popular más importante desde la vuelta a la democracia. El reclamo inicial que aparentaba ser por un aumento de tarifas rápidamente dejó al descubierto que el malestar y la indignación popular tienen una raíz mucho más profunda y deriva del agotamiento de las relaciones sociales capitalistas.

A pesar de que los medios masivos de comunicación se dedicaron a deslegitimar el reclamo popular diciendo que los protagonistas eran “la gente de ingresos medios que protesta porque no puede comprar un seguro médico, que debe endeudarse ante una enfermedad o para que sus hijos estudien. No son los excluidos, no es el proletariado.” (CL 26/10); si decimos que en el modelo chileno el 1% de la población concentra el 25% del PBI nacional, el 80% de los hogares tienen ingresos que no les permiten cubrir sus gastos mensuales y 66% de la población tiene algún tipo de deuda, estamos hablando de que no solo salieron a reclamar las capas medias que ahora se quedan afuera sino también los sectores de trabajadores que hace tiempo ya no entran. Más tarde que temprano el capitalismo debe enfrentarse al clamor popular que irrumpe masivamente en estallidos, buscando salida.

Todas las medidas que el gobierno de Piñera fue tomando para intentar apaciguar el conflicto (vuelta atrás con las medidas económicas, cambio del gabinete, toque de queda, vía libre a la represión policial, etc.) no rindieron frutos sino más bien lo contrario: fueron el caldo necesario en el que las masas fueron desarrollándose y afirmando su pelea.

Lejos de sufrir desgaste ante la salvaje represión arremetida por los carabineros, el movimiento social chileno se siguió manifestando masivamente contra el modelo heredado del pinochetismo. Con el paso de los días, fueron creciendo también las denuncias de los organismos de Derechos Humanos ante los delitos de lesa humanidad llevados adelante por el gobierno piñerista: crecieron las acciones judiciales (de 167 a 179), las querellas por torturas (de 120 a 132) y los registros de detenciones (4.316 a la fecha) (P12 3/11). El Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) del país andino denunció el uso abusivo de escopetas antimotines. El departamento de Derechos Humanos del Colegio Médico denunció que más de 200 personas han perdido uno de sus ojos producto de la represión con perdigones y la Sociedad Chilena de Oftalmología destacó que un total de 151 pacientes con trauma ocular severo se han presentado en el Hospital del Salvador, de los cuales el 57,6 por ciento ha sido víctima de una disminución de la visión (TS 10/11).

El carácter irreconciliable entre las clases se expresa en que a pesar de la feroz represión que el imperialismo despliega contra el pueblo chileno no logra disuadirlo de manifestarse y organizarse. Más bien lo contrario: si efectivamente no hay una resolución a las necesidades de la población, puede que se aplaque la protesta, pero va a haber rebrotes de violencia cada vez que haya un detonante.

Bajo la consigna “Esto no ha terminado” los estudiantes y trabajadores chilenos reclaman ahora una nueva Constitución. En esta línea vimos irrumpir en las calles, plazas, clubes de barrio, lugares de trabajo, escuelas, centros culturales y lugares comunes los llamados “cabildos abiertos”: espacios de discusión popular. La principal demanda que los congrega es la creación de una nueva Constitución que reemplace a la vetusta pinochetista. Finalmente, el 12 de noviembre la Comisión de Constitución aprobó la denominada fórmula de plebiscito. Según lo establecido el pueblo chileno deberá asistir a las urnas para decidir si es de su conformidad la redacción y posterior aprobación de una renovada Carta Magna. Sebastián Piñera tiene 90 días para activar el contingente a esta consulta popular, hacer efectiva la convocatoria y celebrar así el plebiscito (TS 12/11).

Y a pesar de que Chile fue apuntalado en el siglo pasado con una brutal dictadura cívica-militar para ser el niño prodigio norteamericano, a ese “modelo a seguir chileno” se le cayó la careta y pierde masivamente adeptos. Bajo este análisis es que los thinktank de los monopolios se sorprenden al ver que “la mentalidad anti mercado” en Chile se equiparó en el 2010 a la de Argentina. "Nuestra respuesta sobre la falta de identificación popular chilena con instituciones económicas asociadas al sistema de mercado tenía que ver con la forma en que se habían implementado. La liberalización (para nosotros exitosa) de su sistema económico no tenía que ver con ninguna plataforma política de un partido elegido democráticamente, sino que fue impuesta por un gobierno militar en contra de la ideología popular predominante. Pero, decíamos, se había creado un equilibrio inestable, ya que la mentalidad anticapitalista seguía vigente y bastaba que algún líder carismático radical accediera al poder para anular los éxitos obtenidos.” (LN 31/10). Así, exponen claramente el carácter de la necesidad de aplicar el “Plan Cóndor” en América Latina: el imperialismo debía avanzar con la liberalización de la economía y para eso debía arrasar con la “ideología popular dominante”. Es decir, no había ni hubo lugar para el consenso.

Ahora bien, aunque a esta altura todavía no se conformó en Chile una conducción política que dé cohesión y unidirecionalidad al levantamiento popular, sin dudas tarde o temprano emergerá de todo este proceso. Es por esta razón evidente el accionar represivo desesperado del gobierno de Piñera para intentar frenar esa gesta.

“Dejar la casa y el sillón”

Como quedó de manifiesto, en Latinoamérica los pueblos vienen librando una batalla contra el imperialismo y lo hacen con firmeza y entendimiento de que este momento es necesario. A pesar de que se han encargado de borrar nuestra historia a sangre y fuego, ésta se mantiene viva en cada uno de los trabajadores y los jóvenes. Y dado que lo único que el imperialismo tiene para ofrecerles es el saqueo, el caos y la destrucción, los pueblos demostraron no estar dispuestos a retroceder.

En Bolivia las masivas movilizaciones de los indígenas y campesinos de la zona del Alto, la entereza de las “mujeres de falda” enfrentando a las fuerzas militares y paramilitares, la marcha con los ataúdes de las víctimas de la represión, son ejemplos de la disposición a la pelea del pueblo boliviano contra las formas que toma el imperialismo en su país. De igual modo lo dejó en claro el pueblo chileno que sostiene la pelea en las calles sabiendo que las consecuencias son todo tipo de vejaciones y torturas hasta inclusive la muerte. Vemos cómo en Chile el reconocimiento que hacen los adultos al papel que está jugando la juventud es convincente: “fuimos potenciados por la vitalidad de los jóvenes, los estudiantes, que se atrevieron. No le tienen miedo a nada, no tienen nada que perder (Testimonio levantado por el diario inglés The Guardian el 22/10). Así también los colombianos que, luego de años de estar sumidos en el letargo neoliberal, hoy despiertan e identifican a Uribe y Duque como las caras locales de los intereses norteamericanos. Estas escenas que nos remiten los enfrentamientos explican solamente el carácter objetivo de la pelea y la necesidad que tienen las masas de enfrentar al enemigo.

El “No al ALCA” en 2005 sintetiza todo un ciclo de luchas antiimperialistas que los pueblos latinoamericanos vienen llevando adelante desde hace años, y las insurrecciones actuales refuerzan esta necesidad. Ahora bien, tanto una como la otra, han mostrado los limites concretos de algunas conducciones políticas a la hora de profundizar la pelea contra el orden imperialista. Ya luego del Golpe de Estado que “el partido judicial brasileño” llevó adelante contra el gobierno de Dilma Russeff, Lula había reflexionado sobre lo caro que le costó al pueblo brasileño el haberse “olvidado de las utopías”, haciendo referencia a los problemas de no haber entendido el carácter objetivo de la pelea. Igualmente si analizamos las declaraciones que dio Evo Morales desde el exilio en México podemos ver su incapacidad de prever el golpe en la perplejidad con la que narra el accionar de las fuerzas armadas. “Tenía buenas referencias del general [Williams] Kaliman. Yo había hablado con las Fuerzas Armadas, me dijeron que ellos se iban a mantener ahí. Después, pidieron mi renuncia. (…) Evidentemente, me siento traicionado. (…) Hemos invertido para equipar a las Fuerzas Armadas todos estos años, pero no para que vayan contra el pueblo, sino para defender la patria. No sé en qué parte de la historia quedarán, pero se equivocan. (…)” (LN 14/11).

No se entiende, levantan el nombre de Jesucristo para cortar caminos y generar violencia (…). Pensé que habíamos sepultado de por vida el odio, la discriminación y el insulto”, lamentó (P12 6/11).

En la incertidumbre de Evo se ve el resultado de una concepción errónea que terminó primando, luego de la caída del muro, en la clase trabajadora: la teoría del “fin de la historia”.

Esta argumenta que la historia ha demostrado práctica y teóricamente la derrota absoluta del comunismo y la victoria final del capitalismo y el liberalismo como sistema político: “El fin de la historia significaría el fin de las guerras y las revoluciones sangrientas, los hombres satisfacen sus necesidades a través de la actividad económica sin tener que arriesgar sus vidas en ese tipo de batallas”. Como el capitalismo en su etapa imperialista lograría satisfacer las necesidades de todos ya no sería necesario que los pueblos oprimidos peleen por liberarse de ningún yugo opresor. De esta manera niega la lucha de clases… Nada más lejano a la realidad.

Esta es la perdida de utopías que se lamenta Lula, la que nos adormece y nos hace creer la falsa ilusión de que es posible resolver dentro de los marcos del capitalismo, que hay margen para reformarlo. Hoy se les pone a los pueblos latinoamericanos nuevamente de manifiesto la necesidad de barrer de raíz con todo el modelo. Ya lo decía el Che: “al imperialismo ni un tantito así”; hay que barrerlo de raíz porque nada bueno ni nuevo puede nacer de lo podrido.

Ahora bien, como los pueblos tienen vasta experiencia de lucha acumulada saben que no se puede librar la batalla de cualquier manera. Hemos visto que ante el ataque de los grupos concentrados no todos los pueblos salen iguales. Mientras algunos terminan knockeados, otros salen fortalecidos. Solo basta con mirar hacia Cuba y Venezuela para ver quiénes fueron los que salieron ganando. El eje de su victoria está en que ambos países comprendieron el carácter de la pelea. El haber sostenido la bandera del socialismo en la región como la única salida posible para la superación de los problemas vitales que transitan las sociedades dentro del modo de producción capitalista. Demostraron que en la batalla no existe el claroscuro. La pelea es contra las oligarquías vernáculas que tienen un carácter antinacional y antipopular. Derrotar al capital concentrado implica derrotar a los estados nación que ellos construyeron en la región hace más de 200 años. Es decir, dar pelea a la forma en que nos relacionamos con la naturaleza y entre nosotros mismos: es decir, pelear contra la conducta rentística.

Frente al capitalismo que se descompone y se derrumba encima de nosotros, no hay margen para la resistencia. Los pueblos no pueden librarse del yugo opresor usando las herramientas con las que el dominador los domina. Es una necesidad histórica avanzar en la construcción del nuevo mundo que reemplace por completo finalmente a este que está vetusto. Así se pone de manifiesto que la tarea central que tiene planteada el pueblo trabajador es la superación de las relaciones mercantil-capitalistas como ordenadoras de la sociedad. Este problema es lo que hoy está puesto en el centro de la escena; que los pueblos de la región logren comprender el carácter necesario de la revolución social. Esto solo es posible en la medida en que se organicen para reemplazarlas. Es decir, solo es posible “ganar la guerra” si desarrollan una estrategia donde ellos mismos sean protagonistas y asuman los problemas comunes en sus manos. Esto es avanzar en la construcción de la democracia participativa. En este sentido juegan un papel central los consejos comunales y las comunas bolivarianas ya que son un faro para las experiencias antiimperialistas latinoamericanas. A partir de ellas, y producto de la guerra total a la que son sometidas, la clase trabajadora venezolana viene desarrollado experiencias organizativas en todas las esferas de la vida para dar respuesta al calvario diario que los aqueja. Ese proceso emancipatorio es en sí mismo el proceso revolucionario, en donde en el andar los trabajadores forjan su propio destino.



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