Revista Mensual | Número: Diciembre de 2019
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Fuentes consultadas:
EE.UU.-Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW).
China: Xinhua (XH). Rusia: Russia Today (RT). Irán: HispanTV (HTV). Líbano: Al Manar (AM).
Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Brasil: Folha de São Paulo (FSP). Colombia: El Tiempo (ET).
Argentina: Clarín (CL); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Página/12 (P12).
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El breve espacio en que no estás

Yo pisaré las calles nuevamente…
Renacerá mi pueblo de sus ruinas…
Y pagarán su culpa los traidores
Todavía yo no sé si volverá
Nadie sabe al día siguiente lo que hará…
Que quemaron las manos asesinas…
No habla de uniones eternas
Más temprano que tarde, sin reposo…
Retornarán los libros, las canciones
Yo unido, al que hizo mucho y poco
Al que quiere la patria liberada
Su silueta se dibuja cual promesa…


En medio del ascenso de masas en la región, el campo nacional debate los límites de su estrategia

El breve espacio en que no estás

 

“Pero la cuestión estriba en la manera de concebir cómo

determina las tareas este movimiento de masas. Puede

concebirse de dos maneras: o bien en el sentido del culto a

la espontaneidad de ese movimiento, es decir, reduciendo

el papel de la socialdemocracia al de simple servidor del

movimiento obrero como tal; o bien en el sentido de que el movimiento

de masas nos plantea nuevas tareas teóricas, políticas y

orgánicas, mucho más complejas que las tareas con que

podíamos contentarnos antes de que apareciera el movimiento

de masas”

V.I. Lenin, ¿Qué hacer?


Yo pisaré las calles nuevamente…

Tal y como vimos en las notas previas de esta misma edición, los sucesos del mes estuvieron signados por el ascenso de la lucha insurreccional en Latinoamérica, como respuesta a las políticas neoliberales. A su vez, un imperialismo desesperado y falto de tiempo ejecutaba de forma burda y sanguinaria un Golpe de Estado en la hermana República Plurinacional de Bolivia. La profundidad y agudización de los hechos acontecidos obligaba a posicionarse y llamaba a la reflexión (y a la acción) a todos los sectores.

A fines de octubre, se realizaban las elecciones nacionales, tras el abrumador resultado de las PASO. Tal y como vimos el mes anterior, el proceso electoral se da bajo fuertes sospechas de fraude. Pero con la lucha popular en Chile lanzada y profundizándose, el imperialismo norteamericano y sus lacayos locales reevaluaban la correlación de fuerzas. El mismo día de las elecciones, en una nota de opinión para el matutino oligárquico La Nación, Fernando Laborda decía: “La Argentina puede al menos sorprender positivamente si (…) ofrece un ejemplo de respeto por las instituciones y de convivencia republicana, lejos de los episodios de violencia que han vivido Chile o Bolivia. Sería una primera prueba de la necesaria mesura” (LN 27/10. Subrayado nuestro).

Por lo visto, la posibilidad de un estallido social en nuestro país no les resultaba indiferente. Comencemos por revisar los resultados electorales.

Renacerá mi pueblo de sus ruinas…

Los datos del escrutinio definitivo decretaban que la formula Fernandez-Fernandez se imponía en primera vuelta con el 48,26%, mientras la fórmula de Macri-Pichetto quedaba 8 puntos por debajo (P12 06/11). En la provincia de Buenos Aires, bastión fundamental de la política nacional, Axel Kicillof era elegido con el 52% de los votos y le sacaba 14 puntos de diferencia a María Eugenia Vidal. Mientras tanto, en Capital Federal, Larreta evitaba ir al ballotage y se imponía con el 55% de los votos, mientras Lammens obtenía un segundo lugar con un 35% de los sufragios (LN 28/10).

El diario La Nación sacaba cuentas rápidamente. En el transcurso de los 2 meses y medio entre las PASO y las elecciones definitivas, “el macrismo aumentó su caudal de votos en 2,3 millones; mientras tanto Alberto Fernández apenas 200.000”. Dato fuertemente inexacto, como veremos más adelante, pero que alcanzaba para pintar una épica de victoria en medio de la derrota (LN 29/10).

A pesar de que la crisis política y económica se agudizaba −con una inflación que alcanzaba el 6% en septiembre, masivos cierres de empresas (8.846 en los primeros 8 meses del año), una brutal devaluación post PASO, y la infinidad de organizaciones políticas y sindicatos que denunciaban el aumento del hambre, el desempleo y el aumento desenfrenado del costo de vida−, las marchas del “sí se puede” macrista parecían haber convocado fuerzas “telúricas ocultas”, para alcanzar  la “remontada macrista”. O eso es lo que nos contaban las usinas de prensa hegemónicas. La realidad es que la elección dejó una diferencia de 8 puntos entre la fórmula ganadora y la segunda. Cumpliendo además el requisito de superar el 45% necesario para que no haya ballotage. Una victoria así, que hubiera sido promocionada como un aplastante triunfo de Macri contra Scioli en 2015, era presentada como un gran “casi” triunfo macrista por las usinas oligárquicas. Veamos qué hay de realidad en todo esto.

Primero, es necesario ver en detalle en qué consistió la “remontada”, provincia por provincia, y en dónde el macrismo mejoró su rendimiento, pese a  la dramática situación que se vivió entre agosto y octubre.

 

 


 


Cambiemos

Frente de Todos


PROVINCIAS

Diferencia entre las PASO y las GENERALES

Diferencia entre las PASO y las GENERALES

Diferencia a favor del macrismo en el universo de votos nuevos

Jujuy

90.000

44.000

46.000

Salta

120.000

21.000

99.000

Formosa

22.000

15.000

7.000

Chaco

105.000

98.000

7.000

Sato del Estero

32.000

25.000

7.000

Santa Fe

270.000

53.000

217.000

Corrientes

45.000

-26.000

71.000

Misiones

66.000

35.000

31.000

Entre Ríos

92.000

15.000

77.000

Córdoba

380.000

30.000

350.000

Catamarca

26.000

18.000

8.000

Tucumán

110.000

24.000

86.000

La Rioja

22.000

-13.000

35.000

San Juan

47.000

6.000

41.000

Mendoza

162.000

-10.000

172.000

San Luis

30.000

5.000

25.000

La Pampa

15.000

5.000

10.000

Provincia de Buenos Aires

700.000

340.000

360.000

Rio Negro

28.000

21.000

7.000

Neuquén

43.000

18.000

25.000

Chubut

24.000

11.000

13.000

Santa Cruz

18.000

26.000

-8.000

Tierra del Fuego

6.000

4.000

2.000

Ciudad Autónoma

400.000

70.000

330.000

TOTAL DIFERENCIA A FAVOR DE CAMBIEMOS



2.018.000

AUMENTO TOTAL DE VOTOS

2.853.000

835.000

3.688.000

 



 

Es necesario repasar algunos hechos, para comprender los grandes cambios entre la elección de agosto, donde el macrismo sufrió una paliza histórica, perdiendo por mas del 15% de los votos, a octubre, donde también sufrió una paliza electoral, pero logró aumentar su caudal de votos en un 33%, reteniendo varios municipios claves, varias bancas en ambas cámaras (tanto a nivel nacional como de la provincia de Buenos Aires) y logrando generar la sensación de remontada, plantándose como una fuerza política viva.

Pero veamos. En la elección general votó casi el 82% del padrón electoral, frente a un 76% en las PASO. Pero los guarismos cambian mucho si contamos el porcentaje de votos válidos. Porque en la elección de octubre estos significaron el 79% y en agosto sólo el 73%. Esto significa que hubo un 6% más de votos válidos en las generales, o 2,2 millones de personas que esta vez sí eligieron una opción electoral, a diferencia de lo hecho por ellas en las PASO. A su vez, se registró el menor nivel de voto en blanco desde 2003. Según el escrutinio provisional, sólo el 1,5%, o 399.751 votantes (LN 31/10).

A la fiebre de participación, se sumó otro hecho significativo. Todas las fuerzas políticas, exceptuando el FT y JC, disminuyeron su caudal de votos. El Frente de izquierda, por ejemplo, no sólo no pudo absorber los votos del MAS (la otra opción de izquierda que  no pudo superar la PASO, a pesar de alcanzar la no despreciable cifra de 179 mil votos en todo el país), sino que perdió 162 mil votos (el 15% de lo alcanzado en las PASO).

Exceptuando a peronistas y macristas, entre las otras fuerzas perdieron 1.280.000 votos. Hablamos entonces de que entre el FT y JC se repartieron más de 3,4 millones de votos más que en las PASO, sumando nuevos votantes, los que no votaron en blanco y los que no eligieron a los partidos de menor caudal electoral. De esta cifra, el 77%, (2.670.000 votos) fue al macrismo, y el 22% (784.000) al FT.

Si todos los votos de los que perdieron los partidos de tendencia liberal o conservadora hubieran ido al macrismo, este hubiera necesitado 2,1 millones de votos para explicar el fuertísimo aumento en el caudal de votos que recibió. Si todos los votos que perdieron los otros partidos hubieran ido al macrismo, incluyendo a los dos particos de izquierda que participaron en las PASO, faltarían todavía 1,4 millones de votos más.

A la suma de elementos “extraordinarios”, podemos agregarle que el voto de los argentinos en el exterior casi se quintuplicó. En referencia a esto, Jorge Landau, apoderado del FT, presentaba una denuncia sobre posibles irregularidades en los consulados: “La constatación de identidad resultó muy compleja y esa declaración jurada quedó sin cotejar en muchos casos. Esto es de extrema gravedad. (…) En los padrones usados en las sedes consulares, no se constataba el ejemplar del DNI” (P12 03/11). Además, nunca se oficializaron los datos de las personas privadas de su libertad sin condena firme, que estaban en condiciones de votar, ni los impugnados.

Donde mayor dominio ideológico y político tiene el macrismo fue más amplia la diferencia en relación a las PASO. No casualmente, Capital Federal −que por primera vez en su historia eligió jefe de gobierno sin llegar a un ballotage−, Córdoba y Santa Fe (núcleo territorial agroindustrial sojero) explican más de un tercio de los votos surgidos “misteriosamente”.

Vale la pena recordar que, a escasos días de las elecciones, Jorge Landau, apoderado del Frente de Todos, declaraba que hay peligro con el sistema de Smartmatic, tengo pánico de que manipulen la información” (CL 24/10). La diferencia entre los resultados previsionales y los definitivos avalaban sus miedos. En el recuento provisional, al FT le faltarían más de medio millón de votos de los que terminaría cosechando en el recuento definitivo y al macrismo sólo 340 mil menos. En una elección mas peleada esto podría haber sido un escándalo.

 El mismo funcionario presentaba además otra denuncia ante la Justicia Federal “contra la resolución del gobierno de permitir la presencia de fuerzas de seguridad que no son federales (policías provinciales y locales) durante los comicios y la apertura de una línea telefónica ‘confidencial’ entre cada colegio y el ministerio de seguridad”, que −con la excusa de posibles atentados− buscaba mayor presencia de las fuerzas represivas en los territorios (P12 25/10).

Asimismo, también se detectaron “padrones adulterados” en el conurbano bonaerense. Otra vez denunciaba Landau: “Lo más llamativo es que la gran mayoría (de los casos) fue en Malvinas Argentinas, La Matanza y José C. Paz, municipios eminentemente peronistas. No en San Isidro o Vicente López” (P12 03/11).

Luego de la elección en Bolivia, se conocía que los sectores radicalizados de la oposición, que empujarían el golpe días después, declaraban abierta e insistentemente que iban a negar los resultados si Evo ganaba. En este marco, la “línea confidencial” entre las fuerzas de seguridad y el oficialismo prendía las alarmas en el FT.

 

Repasemos algunas de las determinaciones del proceso electoral y sus incongruencias.

En Mendoza, Macri pasó de perder por tres puntos frente a Fernández, a ganarle por más de 12 (LN 29/10). En Córdoba, este creció 13,1 puntos respecto de las PASO, mientras el Frente de Todos perdió 1,13 puntos (LN 29/10). En Entre Ríos, Macri cosechó 390.956 votos (44,47%), 92 mil votos mas que en las PASO y el kirchnerismo logró 389.882 sufragios (44,35%), sólo 15 mil votos mas. Perdiendo la provincia por algo más de mil votos. En Santa Fe, con los datos del recuento definitivo, la coalición que encabezaba Macri alcanzaba el primer lugar en la provincia, con 935.645 votos (43,46%), contra 919.271 (42,70%) del Frente de Todos, por algo menos de 7 mil votos de diferencia. La cifra increíble era que entre las PASO y la general el macrismo alcanzaba 270 mil votos mas, que corresponden a mas del 10% del padrón habilitado de la provincia (LN 02/11).

En relación con las intendencias bonaerenses, aquellas en las que el Frente de Todos había salido primero en las PASO y que se perdieron en las generales, fueron Tres de Febrero, La Plata y Lanús.

En La Plata, Julio Garro logró la reelección, al vencer a Florencia Saintout con un fuerte corte de boleta, recuperando 11 puntos en relación a las PASO. En agosto, la suma del peronismo enfrentado en cinco líneas internas sumó 47%. Pese a que Garró perdía ante la suma de los votos peronistas, se impuso con 48,9% sobre Saintout, que cosechó el 40,5%. Por su parte, María Eugenia Vidal le ganó a Axel Kicillof por 1002 votos y Fernández le sacó 5320 votos de ventaja a Macri (LN 29/10). Se verificaba allí un fuertísimo corte de boleta.

En Lanús, Grindetti revertía 15 puntos en dos meses y se imponía con el 49,38% frente a Depetri, con el 43,90% (LN 29/10). Darío Díaz Pérez, ex intendente del kirchnerismo, presentaba una denuncia por presuntas maniobras de fraude: “El peronismo habría detectado una posible falsificación de los padrones electorales que habría impedido el derecho del voto a miles de ciudadanos de Lanús (…) hasta el momento se detectaron un total de 1150 personas a las cuales se le impidió la posibilidad de votar. La mayoría votos nuestros" (P12 03/11).

A su vez, en la localidad de Maipú, de 10 mil habitantes, el candidato del Frente de Todos, Facundo Coudannes, denunció ante el famoso por el caso D´Alessio, Juez Alejo Ramos Padilla, que el intendente electo por diferencia de 48 votos, Matías Rapallini, estaba involucrado en la retención de 150 documentos de vecinos que por las redes sociales se habían identificado como del Frente de Todos (P12 30/10). Al cierre de esta edición, la Junta Electoral bonaerense rechazaba el pedido de nulidad de las elecciones en Maipú. La Junta no dio lugar al pedido, ya que consideró que en la presentación el Frente de Todos acompañó un total de 21 denuncias de ciudadanos y en el escrutinio hubo 50 votos de diferencia entre el oficialismo y la oposición” (TELAM 21/11).

Todos estos hechos deben ser analizados. ¿Cómo el macrismo pudo logar un tercio más de votos que en las PASO? ¿Es que el 10% del electorado se sintió compelido, ahora sí, a “luchar contra el populismo”, acompañando la bolsonarización del discurso macrista? ¿Qué entidad tienen las denuncias de fraude electoral? Lo cierto es que los extraños resultados resumidos más arriba siembran dudas sobre la remontada macrista y el hundimiento general de las diversas opciones electorales, de derecha y de izquierda, que quedaron reducidas a su mínima expresión.

En cualquier caso, es importante reconocer que se dio una gran polarización del voto, que enfrentó centralmente al peronismo unido, contra el frente gobernante, representante indiscutido de los monopolios en el país. Opción que fue barrida en las urnas por casi el 50% de los votos, después de algo menos de 4 años de gobierno. Lo cierto es que, aun con la cancha embarrada en todos los rincones, un sistema de conteo de demostrada desconfianza (SMARTMATIC) y la aparición inesperada de millones de votos, no pudieron consumar el robo electoral, y la relación de fuerzas no estuvo de su lado. Inmediatamente, sus pelotones de intelectuales orgánicos se lanzaban a interpretar los hechos.

Y pagarán su culpa los traidores

El día siguiente a las elecciones, el diario de la rancia oligarquía terrateniente sacaba una editorial en donde explicitaba los lineamientos generales de cómo su fuerza debía leer los resultados electorales: Que durante los sucesivos actos de cierre de campaña de Mauricio Macri haya habido centenares de miles de personas marchando por numerosas ciudades de todo el país es un mensaje, avalado por el 40% en las urnas, que no puede ser desoído” (LN 28/10). Algunos días después, otra editorial le recomendaba a Alberto Fernández: “Deberá (gobernar) con un tercio de la sociedad opositoramente activa, que además viene descubriendo desde 2012 la mística de las calles” (LN 04/11).

Fernández Díaz salía a defender la estrategia de radicalización macrista: “Si el presidente saliente hubiera hecho caso a los lenguaraces y oportunistas que le requerían la rendición incondicional, probablemente las elecciones del domingo se habrían parecido a los comicios de 2011”, donde CFK sacó el 54% y la siguiente fuerza el 16%. “Diez millones de argentinos plantaron bandera con el republicanismo. (…) La Argentina derrotada ya no podrá ser ignorada. (…) Probablemente los que perdían iban a pagar: con impuestos y con retenciones. El resultado hace pensar que no será tan fácil, y mucho menos con un sector (…) que ha demostrado gran capacidad de movilización y protesta. Corre el riesgo el peronismo, si no acuerda, de tener un Chile al revés” (LN 29/10).

Como veíamos, el “extraño” resultado electoral se volvía la base material –altamente dudosa− para determinar que un poco más de un tercio del electorado avalaba las políticas neoliberales. 

El mensaje era clarísimo: si tocas nuestros intereses vamos a declararte la guerra, estamos dispuestos y preparados para hacerte “Chile” acá. Se debe tener claridad en dos cosas. Por un lado, la oligarquía muestra los dientes. Afirma sin tapujos ni metáforas que, desbancada por la via institucional, por elecciones, se prepara para la insurrección “civil”, que no permita que las clases subalternas vengan a disputarle la renta de la tierra. Afirmar esto, cuando se cuentan por cientos los muertos en América Latina por los levantamientos y se reeditan los planteamientos militares que tiran e imponen gobiernos, es como mínimo un gesto de sedición, que revolea el “republicanismo” y la división de poderes donde no moleste para dar paso a los cuchillos.

Por otro lado, la naturaleza violenta de la oligarquía no puede escindirse de los intereses yanquis, que están detrás de la violencia contra los gobiernos populares. Porque la oligarquía fue, es y será un eslabón subordinado del sistema imperialista, hasta que deje de existir. Son los dueños de un campo que reporta a una industria extranjera. Y lo hace porque no puede hacer otra cosa, porque es su razón de ser, aunque se halle hoy en proceso de ser expropiado por esta última, debido al achicamiento del valor a repartir a nivel global. Por lo tanto, sus amenazas de rebelión “vernácula” son en realidad una parte del nuevo Plan Cóndor que vive América Latina, que busca frenar la constitución de un nuevo polo de poder mundial, que de una vez plante a nuestra América en el mapa mundial con voz propia. Eso permite comprender de dónde llega la coordinación en la guerra de cuarta y quinta generación, el lawfare y ahora la propagación de insurrecciones “civiles”, repletas de financiación yanqui, Marcelos D´Alessios que enseñan a usar bazucas a jóvenes latinoamericanos y nuevos líderes evangélicos, fabricados con el mismo molde.

Recordemos que el fraude no es una mera artimaña en el marco de las elecciones. Tal y como venimos repasando, el fraude constituye la necesidad de la burguesía en esta fase del desarrollo capitalista. Porque la necesidad de los monopolios extranjeros de concentrar más valor, su necesidad de controlar todos los resortes del Estado y la imposibilidad de incluir en sus negocios a un sector nacional aliado, por el altísimo grado de competencia monopolista que vive el planeta, hacen tambalear su hegemonía. Perder la capacidad de imponer las condiciones políticas de su dominio económico en la región es firmar su sentencia de muerte, especialmente por el avance del polo oriental del planeta, comandado por China y Rusia.

Además, es claro el apuro, porque lejos de ser el 40%, son cada vez más una minoría. Porque, inclusive aceptando los “extraños” resultados como válidos, claramente ese 40% no está dispuesto a los atropellos a los que quieren empujarlos. Las consecuencias de la violencia social, con el sinfín de sufrimientos y parálisis sociales, terminarían con el poco apoyo que mantiene el macrismo en sectores empobrecidos por su política.

Veamos ahora cómo la tensión que propone el imperialismo afectó las alianzas entre las fuerzas políticas que apoyan los planes neoliberales.

Todavía yo no sé si volverá

Como vemos a nivel mundial, a nivel nacional las diferentes capas propietarias multiplican sus estrategias, cuando su comando internacional, en vez de dirigirlas, necesita someterlas o expropiarlas. Tal como ocurre del otro lado del océano con la creciente fractura de la OTAN, el caso turco o el menos desarrollado de Arabia Saudita, aquí sectores del “círculo rojo” nacional buscan un rumbo, mientras contemplan perplejos que el lawfare también es contra ellos. Así, empujados por las fuerzas imperialistas a radicalizar, la superestructura cruje, tensionando las alianzas políticas al interior del campo oligárquico. Repasemos qué forma tomó este mes su descomposición o su incapacidad como clase de constituir fuerza social.

Como decíamos el mes pasado, el comando unificado de campaña se había roto: Capital, Provincia de Buenos Aires y el Gobierno Nacional se movían con creciente independencia. Inclusive, el cierre de campaña nacional se realizó sin la presencia de Carrio, Larreta y Vidal, que cerraron en sus respectivos territorios (P12 25/10). Con el resultado de las elecciones consumado, el propio diario La Nación se hacía eco de las evidentes contradicciones entre María Eugenia Vidal y Mauricio Macri. La Tribuna de Doctrina indicaba que “la Casa Rosada carga la responsabilidad por la fallida estrategia electoral a la provincia de Buenos Aires. (…) Nunca lo llevaron a Macri”. En cambio, del lado de la gobernadora saliente creen que “la derrota fue por llevar al extremo la polarización, que permitió la unión del peronismo, y por la gestión económica”, que  golpeó especialmente en el conurbano (LN 29/10).

La posibilidad de reacomodarse dentro de la superestructura del Estado profundizaba el fuego amigo dentro del macrismo. Cristian Ritondo (futuro jefe del bloque de Pro de la Cámara de Diputados) mandaba un mensaje a Emilio Monzó, titular de la Cámara de Diputados, y al grupo de legisladores de origen peronista que insinúan tomar distancia del macrismo, y se candidatean a ser la derecha del albertismo. Ritondo era tajante: “O se está adentro del bloque o se está afuera. No hay posibilidad de estar en el medio” (LN 05/11).

Por su parte, los dos bulldogs de las posturas más afines a la embajada yanqui abandonaban rápidamente el barco que se hundía a la espera de nuevos objetivos. Elisa Carrió le presentaba su renuncia al propio Monzó. Y Micky Pichetto, que termina su mandato en diciembre, adelantaba que “es probable que vuelva a la actividad privada. No estoy pensando en ir a un cargo público. No soy una hoja que vuela en el viento, tengo posiciones y las voy a mantener. Dejo el parlamento” (P12 30/10).

A su vez, el sector del “círculo rojo” que no entró al reparto no se privaba de hacer leña del árbol caído, y le achacaba al macrismo su derrota, por no haberlo querido sumar a los negociados. Ricardo Kirschbaum, editorialista de Clarín, diario que no se caracterizó por criticar al macrismo pos elecciones, escribía: “Este sorprendente desempeño electoral (…) también sirve para evidenciar las torpezas y errores políticos que el macrismo ha cometido durante su gestión. Errores que fueron producto de una visión banal y descalificadora de la política como arte de construir consensos y gobernanza” (CL 28/10). Como venimos analizando, el macrismo expresa justamente el momento agónico de los capitales concentrados, que se manifiesta justamente en esa incapacidad que Kirschbaum le reclama.

Con todas las contradicciones agudizando su disgregación, el distanciamiento con los sectores del radicalismo se profundizaba. En un encuentro de gabinete realizado a principios de noviembre, convocado para balancear los 4 años de gestión, los gobernadores radicales no asistían, aduciendo que “el mal tiempo no les permitió llegar” (P12 05/11).

Pero con tantos síntomas de un estallido latente, lo que terminó de prender la mecha fue el golpe de Estado en Bolivia. Alfredo Cornejo, presidente del Comité de la UCR emitía un comunicado en el que describía “una sucesión de hechos preocupantes y un clima de agitación ¡No a las trampas! ¡No a las injerencias externas! ¡No al Golpe de Estado!”. En otra entrevista decía que “el radicalismo en estos cuatro años fue muy desdibujado por el presidente (Mauricio) Macri en su afán por liderar la coalición. Creo que en esta nueva etapa, en la que Juntos por el Cambio estará en la oposición, la UCR debe tener un alto protagonismo en el proceso de construcción de la alternancia. Hemos demostrado desde el radicalismo de Mendoza que hicimos las cosas bien y que podemos hacer un aporte en ese sentido" (LN 17/11). Pedía lo imposible.

Todavía mas visceral, Federico Storani declaraba: “La postura del PRO ante el golpe en Bolivia nos tiene que llevar a replantearnos la alianza con la UCR. El comunicado del Gobierno sobre Bolivia fue excesivamente lavado y sin compromiso, ante lo que es un golpe de Estado. El gobierno otra vez no nos consultó antes de emitir el comunicado” (P12 12/11). Y sin tapujos le abría la puerta a un acuerdo con el Frente de Todos. Consultado sobre los rumores de que Ricardo Alfonsín sería parte del gabinete de Alberto Fernández, se diferenció indicando que  “Ricardo Alfonsín dice que es más útil desde el llano”, pero agregando que no creía “en la política de cooptación individual. Reclamo para el radicalismo un debate interno” (Política del Sur 21/10. Subrayado nuestro).

La radicalización que empuja el imperialismo, contrario a otros momentos históricos, deja a las fuerzas imperiales con menos que la oligarquía de su lado de la línea. En un contexto de insurrección popular en la región, aceleraba las deserciones.

Veamos a continuación cómo se expresaba la disgregación de su fuerza en el aparato judicial.

Nadie sabe al día siguiente lo que hará…

El propio diario de la oligarquía denunciaba los últimos meses (y este no fue la excepción) la fractura dentro del Poder Judicial frente al inminente triunfo de Alberto Fernández. Esta tendencia no hizo más que profundizarse. Repasemos los hechos.

La Cámara Federal revocaba el procesamiento con multimillonarios embargos y prisión preventiva a los empresarios Cristóbal López y Fabián de Sousa, por presunto lavado de activos en la compra de dos inmuebles en el barrio de Recoleta. Los jueces dictaron la “falta de mérito" porque consideraron que los elementos de pruebas eran insuficientes para demostrar el origen ilícito de los fondos (LN 30/10). Asimismo, la Cámara Federal porteña revocaba dos procesamientos a Cristina Kirchner por falta de mérito en causas relacionadas a la de las fotocopias de los cuadernos, una por falta de pruebas, otra porque no era presidenta cuando sucedieron los hechos denunciados. La primera investiga presuntas irregularidades en la compra de Gas Natural Licuado. Es la causa a partir de la cual se originó el caso de los cuadernos de Oscar Centeno. Al mismo tiempo, redujo la cantidad de hechos por los que se la imputa. Mientras Bonadio la había procesado por 1027 casos, el tribunal de alzada bajó significativamente el número a 127 (P12 30/10).

Sumando a las adversidades del gobierno saliente, el fiscal Jorge Di Lello imputó a Macri, Faurie, y Dietrich por traición a la patria. Es en relación a la cesión a Latam de tres rutas aéreas desde Brasil a las Malvinas. Declaraba el fiscal: “El Poder Ejecutivo no puede seguir avanzando en la ejecución de acuerdos con Gran Bretaña que no cuenten con la aprobación del Congreso y los que ya efectuara deberán ser sujetos a investigación en los términos antes aludidos”  (P12 15/11).

A su vez, los incontables casos de Derechos Humanos, largamente desprestigiados durante la gestión macrista, seguían avanzando. Se declaraba cadena perpetua para 4 genocidas, miembros del Batallón de Comunicaciones de Comando 601 de City Bell, y se los condena por secuestro y tortura de una menor (P12 05/11).

Para colmo de males, la mismísima (aunque también muy desprestigiada) ONU le pedía explicaciones al macrismo respecto al funcionamiento de la justicia: “el pedido del  relator para la Independencia de los Magistrados y Abogados de la Organización de Naciones Unidas, Diego García Sayán, reclama explicaciones (…) por falta de independencia del poder judicial, luego de la denuncia de la Liga Argentina por los Derechos Humanos, AJUS (Abogados por la Justicia Social) e Iniciativa Justicia” (P12 05/11).

Por su parte, en una clara muestra de la fractura entre los grupos económicos que otrora apoyaban al oficialismo, las principales petroleras del país (YPF, Pan American Energy, Raizen, Pluspetrol, Total Austral, Chevron y Shell, entre otras, conforman la Cámara Argentina de la Energía - CADE) presentaron un amparo contra el congelamiento del precio de los combustibles (CL 24/10). Los esfuerzos de las petroleras son a contraprestación de sus intereses en Vaca Muerta; sin esos acuerdos que el macrismo garantizaba no están dispuestos a sostener la inversión, porque no están dispuestos a resignar ganancia.

Al mismo tiempo, el congreso aprobaba un dictamen que “limita la interpretación de los jueces para dictar prisiones preventivas a ex funcionarios con el argumento de que pueden entorpecer las investigaciones por lazos residuales con el poder, lo que se conocía como Doctrina Irurzun”. El dictamen obliga a los jueces a considerar la prisión preventiva como última opción y establece pautas objetivas para su aplicación. Si bien este dictamen podría abrirle la puerta a algunos de los presos políticos que siguen detenidos, la regla se proclama cuando están por dejar el gobierno los funcionarios macristas, con serias posibilidades de tener que  rendir cuentas con la justicia (P12 15/11).

Los cambios de tendencia en los fallos y el reacomodamiento de la corte suprema, integrada por los mismos que aprobaron el 2X1 para varios militares genocidas en el momento de ascenso del macrismo, nos demuestra como la “República impoluta” es un cuento chino. El gobierno que profundizo al extremo el control del poder judicial para fines políticos, con la extrema colaboración de la inteligencia yanqui (recordar el caso D’alessio, la persecución a Milagros Sala, Luis D´elia, las apretadas a jueces federales y provinciales como el juez Carzoglio), ahora recibe la acusación de traición a la patria por los vuelos aprobados a Malvinas. Algo ridículo, pero propio de un aparato judicial que no es mas que funciona como un mecanismo de presión entre distintas facciones de los propietarios del país. 

Que quemaron las manos asesinas…

Con claridad de las implicancias geopolíticas que tiene un cambio de rumbo en la Argentina, la mayoría de los diarios internacionales tomaba posición sobre las elecciones. El New York Times titulaba: “Argentina elige nuevo presidente y gira a la izquierda”. Por su parte, el británico The Financial Times y otros rápidamente vincularon el cambio de gobierno con las protestas en Chile y América Latina (FSP 28/10). Es de resaltar cómo los diarios vinculados a los sectores concentrados toman nota del carácter regional de sus problemas, que son nuestras luchas. Mostrando como las capas dominantes de la burguesía abordan la región latinoamericana, por ellos balcanizada, como una totalidad. Algo que tanto le cuesta a los frentes populares latinoameircanos.

Bolsonaro, por su parte, en concordancia con las preocupaciones imperiales, se negaba a enviar el saludo protocolar luego de la victoria de los Fernández y declaraba: “Esperemos el momento de ver su posición real en la política. Porque él se hará cargo, hará un balance de lo que está sucediendo, y veamos qué línea tomará. (…) No tengo una bola de cristal, pero creo que Argentina eligió mal. El primer acto de Fernández ya fue liberar a Lula, diciendo que está injustamente encarcelado” (FSP 28/10).

Donald Trump se mostraba más dócil, pero también mandaba su mensaje: “Felicitaciones por la gran victoria. La vimos por televisión. Usted hará un trabajo fantástico. Espero poder conocerlo lo antes posible. Su victoria fue comentada en todo el mundo. He instruido al FMI para trabajar con usted, y no dude en llamarme”.   

La buena disposición de Trump era avalada en los contactos cada vez más profusos con el novísimo albertismo, que actúa con cierta independencia del candidato electo, como el sector más conservador del frente de todos. La mano derecha de Fernández, Santiago Cafiero, mantiene vínculos con Edward Prado, embajador yanqui en el país. Solá, que estos días perfecciona su inglés, habla seguido con los diplomáticos acreditados aquí. Sergio Massa viajó a los Estados Unidos y mantuvo contactos con financistas y con el equipo de su amigo Rudolph Giuliani, abogado de Trump, ex intendente de Nueva York, que aplicó las políticas de “mano dura” en esa ciudad, experto en la lucha contra las drogas, histórica pantalla para financiar la injerencia norteamericana en américa Latina (P12 02/11).

Se advertía el intento por condicionar a Alberto Fernández y “menemizarlo”, de parte de la diplomacia norteamericana. En los primeros días de noviembre arribaba al país una visita de parlamentarios norteamericanos. La comitiva, compuesta de congresista y el embajador Prado se reunió primero en Olivos con Mauricio Macri y luego con Sergio Massa y el ex embajador en EEUU Jorge Argüello, que suena para ese cargo en la gestión de Alberto (LN 09/11).

La estrategia es presionar por dentro y por fuera, el posicionamiento frente a Venezuela y el apoyo o abandono del grupo de Lima, a nivel político. Y la deuda con el FMI en el aspecto económico.  Sin embargo, tal como veremos más adelante en el artículo, Alberto Fernández está encabezando el afianzamiento del grupo de Puebla, en fuerte vinculación con el presidente de México, López Obrador, quien se negó a definir a Venezuela como una dictadura y  propuso en reiteradas ocasiones una salida dialogada como única opción. Por su parte, la línea dura norteamericana ha demostrado ya con creces que no contempla solamente la posibilidad de “presionar”, sino que, empujados por las necesidades objetivas, están dispuestos y van preparando medidas cruentas para toda la región. Repasemos cómo este mes se expresaba esa necesidad en nuestras latitudes.  

No habla de uniones eternas

Días antes de la realización de las elecciones nacionales, y como respuesta al estallido chileno, las fuerzas de seguridad y el aparato represivo se pertrechaba frente a potenciales riesgos. El gobierno reunía a su Mesa de Seguridad Nacional, con el excluyente tema en agenda del “conflicto trasandino”. Eran parte del convite Marcos Peña, Faurie, Aguad, Pato Bullrrich, Garavano, Arribas (titular de la AFI) y Fulvio Pompeo, secretario de asuntos estratégicos. Se hacía público que desde el Ministerio de seguridad siguen de cerca los movimientos de la Federación Anarquista de Rosario y el seguimiento de comunicaciones por WhatsApp en la ciudad de Buenos Aires. Aparte de la confesión explícita de que el sistema de mensajería está penetrado, el Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, a través de un comunicado planteaba la agenda ideológica norteamericana a replicar: “Las actuales corrientes de desestabilización de los sistemas políticos del continente tienen su origen en la estrategia de las dictaduras bolivariana y cubana” (CL 22/10).

El gobierno no se quedaba sólo en pomposas declaraciones. La manifestación convocada por organizaciones sociales y sectores de la izquierda frente al consulado chileno era reprimida y varios manifestantes eran detenidos. Patricia Bullrrich declaraba: “Eligen la violencia como camino, y ese sendero es peligroso e incontrolable. Estamos decididos a seguir defendiendo la Paz y la tranquilidad de nuestra sociedad, y nosotros actuaremos con todo el peso de la ley contra quienes quieran generar caos” (P12 22/10).

Con el correr de los días, y frente al recrudecimiento del conflicto en Chile, días antes de las elecciones, las declaraciones de quienes preparaban el nuevo “fraude patriótico” en la Argentina subían de tono. Una ola insurreccional en la región modificaba sus planes de desconocer una victoria peronista y los llamaba a ser prudentes con los pasos a dar en la Argentina.

Bullrich describía el conflicto en Chile como “un intento concreto de voltear un gobierno, es una insurrección con carácter cuasi terrorista”. Pichetto agregaba: “Hay un conjunto de acontecimientos que tienen un eje: la desestabilización de los países de la región. Parecería que hay injerencia venezolana-cubana. Se perciben grandes convulsiones políticas y de reclamos sociales. (...) Hay que seguir atentamente algunos discursos de Diosdado Cabello y Nicolás Maduro en Venezuela. Inducen a pensar en un acontecimiento en cadena y organizado. Estamos frente a una dictadura militar que, en sociedad con Cuba, está avanzando en procesos de desestabilización en otros países latinoamericanos” (LN 23/10).

Resulta ahora que Venezuela −el país más atacado por el imperialismo en los últimos años−, está encabezando una guerra de guerrillas en la región. Resulta difícil imaginar que pudiesen organizar un plan de escala regional que logré encender la lucha de masas en Chile durante ya más de un mes. Un país que, como no se cansan de repetir, está quebrado económicamente y que no cuenta con el apoyo de su población, jamás podrá encabezar algo así.

El canciller Jorge Faurie afirmaba que  “en Venezuela hay claramente una intención de intervenir o estar presentes en la vida institucional, política y social de nuestros países. (…) Hay gente organizada, métodos calcados para actuar y generar situaciones de extrema violencia y generar un caos institucional. (...) La 9 de Julio es una especie de campo de entrenamiento de este tipo de manifestaciones (LN 23/10).

Así, el macrismo se inscribía entre quienes no dudarán en apagar los estallidos latinoamericanos −provocados por el desastre de las política neoliberales, que son las únicas que pueden darle algo de oxígeno a los monopolios en este momento del desarrollo capitalista, políticas que dejan cada vez más sectores afuera− con todo el peso de la represión y de la guerra.

Por su parte, y como muestra de la escasa perspectiva del carácter geoestratégico regional en juego por parte de gran parte de nuestra fuerza, Felipe Solá señalaba, sobre las palabras de  Pichetto: “Está diciendo cualquier cosa, en una desesperación para acortar la distancia [electoral]” (LN 23/10). Teniendo en cuenta el golpe en Bolivia, ya consumado, y las declaraciones de Pichetto ya repasadas previamente en Jujuy, se torna evidente que respondían a planes para aclimatar a la población con la noción de un “enemigo interno”, para justificar atrocidades trasciende ampliamente la lógica táctico-electoral. Respondían a un plan más extenso, orquestado desde el centro imperialista.

A lo largo del mes, la preparación artificial de escenarios que posibiliten su intervención se profundizaba.

 El diario Clarín, a principios de noviembre y ya con el resultado electoral dado, sacaba a la luz un episodio ocurrido el 10 de octubre “cuando dos hombres que escapaban en moto arrojaron un explosivo a la policía”. En la crónica del  hecho el diario que miente y la nación decían que la  Agrupación política "22 de Agosto” había perpetrado el hecho. Se decía que era un grupo piquetero que “usaba plata de planes sociales para fabricar bombas”. Que contaba con un local en el partido de Berazategui, y que con los 150 mil pesos que se les allanaron pretendían  adquirir “armas y sofisticados dispositivos para fabricar granadas y bombas caseras con el objetivo de llevar a cabo atentados, primordialmente, contra fuerzas de seguridad y sus sedes”. Sin dar una sola fuente se informaba que los sospechosos estaban en tratativas con grupos del crimen organizado asentados en la zona de la Triple Frontera para comprar material bélico; eventualmente, un fusil pesado con capacidad para disparar munición antiblindados” y que tenían 3 camionetas para usar como coches bomba, que podían accionarse con celulares y, la frutilla del postre, archivos con manuales con consejos de combate venezolanos  (LN y CL 05/11).

Diego Santilli, vicejefe de gobierno porteño electo, en conferencia de prensa dijo que los hechos habían sido realizados por "un grupo terrorista. Pretendían perpetrar delitos que lastimen y perjudiquen a la sociedad y a la democracia de nuestro país" (CL 05/11).

Néstor Roncaglia, jefe de la Policía Federal Argentina, no pasó por alto la posibilidad de que hubiese un hilo conductor entre el episodio del 10 de octubre y el fallido atentado explosivo contra el mausoleo del coronel Ramón Falcón en el cementerio de la Recoleta (en el que resultó gravemente herida una anarquista a la que el artefacto casero le estalló en la mano) y una bomba casera que fue dejada subrepticiamente en la puerta del Departamento Central de Policía (LN 05/11). 

La tribuna de doctrina advertía “la Argentina vive en estos días (…) una situación de relativa calma que desentona con el clima social de violencia que ha venido caracterizando a países vecinos, hay motivos para estar alertas (...) la agrupación piquetera MP 22 de Agosto, organización que surgió como un desprendimiento del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) (...) tendrían lazos con un grupo extremista chileno que se adjudicó recientes atentados en ese país(…) asistimos a movilizaciones y piquetes organizados casi militarmente por agrupaciones sociales cuyas banderas no son de colores celeste y blanco, sino de color rojo, representativo del deseo de transformar a la Argentina en un presunto "paraíso socialista" (…) Las autoridades deben estar preparadas para mantener el orden público y asegurar la paz social (…) De cara a lo que ocurre en la región, en el horizonte se ciernen tormentas frente a las que debemos estar alertas" (LN 13/11).

Todos estos hechos demostraban que los servicios de inteligencia tenían el escenario armado para justificar la suspensión de garantías y enarbolar el odio. El escenario para los ya recurrentes por parte del imperialismo, “falsos positivos” o “atentados de falsa bandera” quedaba delineado, así como la posibilidad de vincularlo a procesos de golpismo o invasión en los países hermanos de Latinoamérica. 

Más temprano que tarde, sin reposo…

A esta altura, resulta necesario preguntarnos qué los empuja con tanto ímpetu a preparar el terreno para evitar entregar el control del aparato del Estado. En el artículo anterior pudimos vislumbrar las raíces económicas del problema. Cómo el imperialismo se queda sin tiempo. Pero reparemos ahora en un momento esencial, característico de la oligarquía, que tiene que ver con la superestructura y las formas de la conciencia.

El esbirro y provocador serial Fernando Iglesias escribía en la Tribuna de Doctrina que  “Mendoza, San Luis, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Capital: los seis distritos en los que ganó la fórmula presidencial de Juntos por el Cambio suman el 43% del PBI nacional”. Indicaba que esas jurisdicciones eran las más exitosas del país, las que financiaban a las otras regiones, por lo tanto eran las mas solidarias. En cambio proponía que el peronismo ganaba allí donde los “ciudadanos convertidos en clientes disciplinados por la oligarquía peronista, que vino a acabar con todas las oligarquías y terminó convirtiéndose en el principal obstáculo al desarrollo del país. (…) El problema excede los personajes: ningún proyecto razonable para la Argentina del siglo XXI es viable sin afectar los intereses económicos de los sectores que el kirchnoperonismo representa ni sin demoler las condiciones de su hegemonía política”. El creativo gorila de maceta decía que el peronismo era fruto de tres fracasos argentinos, “el norte atrasado y feudal”, “la Patagonia Saudita” y el conurbano convertido en un “inmenso agujero negro social” (LN 08/11).

En la misma dirección, La Nación vinculaba la victoria peronista a los sectores con mayor empleo público y pobreza (LN 31/10) y con el nivel educativo mas bajo. En cambio indicaba que “El oficialismo triunfó en los distritos productivamente más dinámicos, con nivel educativo más alto, en los que las democracias locales son más exigentes y competitivas y en los que hay una sociedad civil más activa” (LN 29/10).

Presentaban así “la grieta” a la cual con tanta insistencia recurren.  Pero liberémonos de las ideas oligárquicas y desnudemos la parcialidad de sus pretendidos análisis científicos. Primero, debemos decir lo obvio, las zonas que generan más valor de la Argentina no votaron por el macrismo, sino todo lo contrario. La provincia de Buenos Aires y la Capital Federal explican más del 50% del PBI nacional (Eleconomista 10/11/2017). Y es el denostado conurbano bonaerense, máximo dormitorio obrero del país, donde habitan los trabajadores que realizan la mayor parte de la riqueza industrial nacional. Pero no solo eso, el 47% de los puestos de trabajo de la Ciudad de Buenos Aires son ocupados por personas que residen en el Conurbano Bonaerense. Estos hombres y mujeres que entran diariamente a la capital a trabajar, lo hacen en promedio 2 horas mas por semana que sus compañeros porteños, tienen salarios más bajos. Casi un cuarto de ellos lo hace en negro, sin ningún tipo de beneficio social.

Además, el 82% de los trabajadores de la construcción, que con su esfuerzo, con su vida, fabricaron (literalmente) el boom inmobiliario de la CABA, que alimenta la especulación inmobiliaria, habitan en el conurbano (Infobae 11/7/15). Todo esto a pesar de las propuestas macristas por arancelar para los provincianos los hospitales capitalinos.

La ciudad de Buenos Aires es rica, porque millones de trabajadores dejan su trabajo y se llevan a su casa solo su salario. En cambio en la Capital Federal habitan la mayor parte de los rentistas del país, que viven de la renta financiera, de alquileres inmobiliarios, por ejemplo.

Al mismo tiempo el macrismo gano allí donde la renta agraria diferencial es importante, es decir que sus apoyos se sustentan centralmente en las capas propietarias del país y los sectores donde su influencia ideológica es mas fuerte.

Acusar de ignorantes a los peronistas no es nada nuevo, pero es ridículo como argumento, puesto que todo el aparato educativo es altamente elitista. Pocos hijos de trabajadores alcanzan un alto nivel académico mientras es el mercado el que asigna los tiempos de trabajo y de ocio, y los ingresos para hacerse con los medios de vida.

Además, hay que decir que los Estados-nación latinoamericanos, las mas de veinte republicas que ocupan el lugar que otrora ocupaban Cinco Virreinatos y seis capitanías generales, desde la mitad de EEUU hasta Tierra del Fuego, fueron  conformados baja la permanente injerencia del imperio británico. Que los incorporo como apéndices funcionales de sus necesidades económicas y políticas. Así, cada una de las regiones, divididas y convertidas en países Independientes (entre sí, mas no de los británicos), se dedicó a producir aquello en lo que era competitivo a nivel para abastecer la industria europea. Es decir que nuestra dependencia es la base de su desarrollo, y no al revés. Esa misma lógica aplica en nuestra tierra para las diferencias entre el desarrollo del complejo agrario ligado al puerto de Buenos Aires y todas las zonas periféricas y del interior. Nos acusan de ser el lastre que hace no pujante nuestra economía, cuando en realidad la renta diferencial de la tierra ahoga la producción industrial nacional, llevando el valor del alimento (o de las materias primas) a precios internacionales, que nada tienen que ver con sus verdaderos costos de producción.  No hay “nuestra economía”. El “campo argentino”, como decíamos mas arriba, es un apéndice de los intereses monopólicos. Así, el desarrollo de la industria y de las economías del interior impacta contra los intereses estratégicos de las potencias a las cuales el complejo sojero y portuario responde, pero que no tienen ningún intereses en que se desarrolla una producción industrial competitiva. Cualquier medida que toque esos intereses estratégicos e intente redistribuirse para el desarrollo endógeno de las otras áreas nacionales, será recurrentemente boicoteada y atacada. El bombardeo de la plaza en 1955 o el conflicto con el campo del 2008 lo confirman, son pruebas históricas de esto. Sin desarrollo del trabajo, no hay comunidad posible. Y es por esto que, tal y como habitualmente remarcamos, una democracia de los trabajadores, que ponga en el centro el desarrollo integral de la vida, de la comunidad,  en el buen vivir. Que recupere las mejores tradiciones de nuestros antepasados y repare las injusticias estructurales que oprimen a nuestros pueblos. Esa democracia que ponga en el centro lo común  es contraria a los intereses de los monopolios financieros que constituyen la conducción de la burguesía en el marco de la etapa  imperialista y de todas sus capas aliadas. Esa que impone el llamado neoliberalismo en el mundo, contra el cual se levanta América latina.

 Para muestra basta un botón. Luego de la victoria indiscutiblemente democrática del FT, la SRA de San Pedro criticaba a las entidades ruralistas  en un comunicado firmado por su presidente Edgardo Salmoiraghi. “Las entidades mantienen un silencio preocupante ante la inminente aplicación de medidas de confiscación para productores con la implementación de una nueva medida de incremento de retenciones” (COH 17/11).

Claramente no está en el marco de sus intereses que  su proyecto productivo deja afuera a millones de trabajadores de la región y del país. Y que es esa misma población sobrante la que se rebela ante su miseria cotidiana y es acusada de improductiva y terrorista. El choque resulta inevitable, la grieta es algo real, no meramente ideológico. 

Pero repasemos como se expresó su odio oligárquico, su odio de clase. Julián Cook, accionista de Flybondi, anunciaba que se iba del país y pedía, para volver, que extirpen el peronismo: “Les deseo lo mejor, amo la Argentina y espero que un día va a salir del peronismo, un cáncer que destruye el país poco a poco desde [hace] décadas" (LN 06/11).

La frase alusiva al cáncer traía rémoras del odio vertido hacía Evita durante su enfermedad, por los sectores oligárquicos. Otra nota de opinión de Javier Szulman, Licenciado en Administración de Empresas (Universidad de San Andrés), se encargaba de “demostrar”, en una larga diatriba,  porque la democracia “no coincide” con los intereses de las mayorías, concluye en que ganar las elecciones por mayoría de los votos no sería democrático necesariamente, para finalmente cerrar diciendo: “no los llamemos más líderes populistas, llamémoslos por lo que son: demagogos con voluntad tiránica, usurpadores del poder del pueblo. Tiranos” (LN 05/11).

La épica de los republicanos oligárquicos  buscaba justificar los crímenes pasados y venideros, que buscaran romper hasta las mismas estructuras políticas que ellos crearon. Porque su necesidad de supervivencia los vuelve violentos, como una bestia herida de muerte, los vuelve proclives a destruir el medio ambiente y al hombre, corrompen todo lo que pueden, para sobre la base de su ilegalidad, expropiar a sus aliados. Recordemos que el caso Odebrecht, que  salió  a la luz en las cortes de Nueva York). El titiritero acusa a los títeres y con ese grotesco espectáculo buscan confundir a los trabajadores. Veamos a continuación como las diferentes fuerzas del campo popular van tomando nota de las tareas planteadas y de los inminentes peligros a lo que se enfrenta.

 Retornarán los libros, las canciones

Durante la primera quincena de noviembre sucedieron dos hechos, conectados entre sí, que obligaron a posicionarse al grueso de los actores del arco político y social. El 8 de noviembre, después de 580 días de estar preso, era liberado Lula Da Silva, y dos días después (10 de noviembre) se materializaba el golpe de Estado en la tierra hermana de Bolivia. Muestra directa de la desesperación y arrojo de las fuerzas imperialistas, el golpe de Estado en la región removió la modorra de variados sectores del frente nacional, que comienzan a preguntarse a qué fuerzas nos enfrentamos y cómo nos defendemos de ellas. La reacción de los diferentes sectores superestructurales del campo nacional frente a hechos de tan profundo impacto, son muestra fiel y esencial de las múltiples estrategias que conviven en nuestro amplio arco de lucha. Repasémoslas.

Yo unido, al que hizo mucho y poco

Con el golpe ya motorizado, la reacción de las organizaciones y movimientos fue inmediata. La Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), Barrios de Pie, Movimiento Evita, La Cámpora, Frente Patria Grande, Nuevo Encuentro, La Poderosa, CTERA y CONADU, sectores de la izquierda, entre otros, movilizaban a la embajada boliviana en repudio al Golpe de Estado (P12 12/11).

Durante los primeros días de noviembre, Alberto Fernández, tal y como venimos viendo, proseguía con su intensa agenda de juntarse con los más amplios sectores de la realidad nacional en relación al armado del “pacto social” impulsado por Cristina. Además de asistir a varios actos de asunción de gobernadores en el interior, tuvo reuniones previas al golpe con Pepe Mujica y con Manuel López Obrador, ambas en el contexto de reimpulsar el Grupo de Puebla.

El día anterior al golpe a Evo, Alberto declaraba en la apertura de la cumbre del grupo, realizada en Buenos Aires: “Con Lula libre soplan otros vientos en Brasil y yo confío en esos vientos. Y no tengan ninguna duda de que la unidad entre Brasil y la Argentina es indisoluble. Ningún gobierno de coyuntura puede romperla. Nada la va a romper. Vamos a seguir trabajando por esa unidad, que es el eje de la unidad de América del Sur. (…) Hace cuatro años estábamos todos muy agobiados, temiendo que el conservadurismo había llegado a América Latina para quedarse. Tenemos que trabajar mucho para que esa desigualdad se termine de una vez por todas. (…) El milagro chileno es que los chilenos no hayan reaccionado antes. En Chile el 1% de la población se apropia del 30% del ingreso ¿Quién puede vivir con semejante inequidad?” (LN 10/11).

Con el golpe lanzado el propio Alberto Fernández se encargaba de gestionar con Paraguay y con México el asilo político de Evo Morales (P12 12/11). Al día siguiente declaraba: Estados Unidos retrocedió décadas. Volvió a las peores épocas de los años 70, avalando intervenciones militares contra gobiernos populares, elegidos democráticamente. Es una vergüenza la actitud de la OEA (P12 13/11). Por otro lado, mientras el gobierno de Macri reconocía como “referencia de autoridad” en Bolivia a Jeanine Áñez, ante la renuncia de Evo Morales, Alberto Fernández evitaba responder a las declaraciones de la senadora que le adjudicaba estar “mal informado” por hablar de un golpe de Estado. La declaración de Alberto fue tajante: “No le voy a responder porque Áñez no representa a Bolivia” (LN 16/11).

Profundizando todas las fracturas dentro del armado de Cambiemos, tanto en el Congreso como en el Senado se emitían comunicados en repudio del golpe de Estado. Durante la sesión en el Congreso, Agustín Rossi, jefe del bloque del Frente para la Victoria, alertaba sobre la presencia, cada vez más activa, de las Fuerzas Armadas en la región: “eso es culpa de [Jair] Bolsonaro" (LN 14/11).

Por su parte, Cristina Fernández de Kirchner, con un perfil más bajo en los acontecimientos también declaraba: “Parece que a los presidentes ya no los eligen los pueblos. (…) Lo curioso es que dicen hacerlo en nombre de la democracia. Ahora, se autoproclaman con gran patrocinio mediático e inmediato reconocimiento de ya sabemos quién” (P12 14/11).

El sector de la iglesia de Curas en Opción por los Pobres emitía un duro documento: "El gobierno de nuestro país puede buscar los eufemismos que quiera, pero de eso se trata: de un golpe de Estado. Estamos consternados. Pensamos que no volveríamos a ver en América Latina lo que (…) contemplamos: la voluntad popular pisoteada por intereses foráneos en oscura complicidad con minorías de nuestros países que no quieren renunciar a sus privilegios de clase, sembrando el odio como respuesta al crecimiento en dignidad de las clases populares. (…)  Nos avergüenza que un miembro de la Iglesia de Cristo (Luis Fernando Camacho) encabece esta sedición con la Biblia y el Rosario en la mano. (…) Nos entristece que la misma jerarquía de nuestra iglesia en Bolivia no defienda a un gobierno democráticamente elegido” (P12 12/11).

Al que quiere la patria liberada

En este marco y con el resultado puesto, el FT mostraba su carácter incómodo para el imperialismo. Luego de la victoria, con las calles de la Capital Federal llenas de personas, festejando Alberto Fernández, indicaba que el voto de la gente “imponía un nuevo orden para la Argentina”, “una argentina que defiende a la salud pública, que privilegia a los que producen, a los que trabajan, ese es el mandato que nos han dado quienes nos votaron”. Agradecía a Néstor  Kirchner y casi en una invocación decía: “Vos sembraste todo esto que estamos viviendo. (…) Ojala que nuestros opositores sean conscientes de las cenizas que han dejado”.

Pero en ese primer acto quien mas fuertemente critico al macrismo fue el electo gobernador de la provincia de Buenos Aires. “Hoy hubo un triunfo categórico, a nivel provincial y a nivel nacional. (…) Para esto es fundamental la unidad. (…) La situación económica que tenemos después de 4 años de Macri y de Vidal es de tierra arrasada. (…) Cambia la lógica de gobierno a partir de acá, cambian las prioridades, vamos a gobernar para crear trabajo, salud, para devolver derechos”.

Lejos de ser discursos anecdóticos, marcaban un cambio radical con respecto al macrismo.

Los sucesos empujaban a la reflexión a sectores intelectuales del campo nacional. Edgardo Mocca decía: “La oligarquía nativa asociada con la principal potencia imperial pone en acción el recurso de las armas. Es un dato histórico con el que tendrán que contar, de aquí en adelante, las fuerzas democráticas y populares de todos nuestros países: la doctrina democrático-liberal de las ‘transiciones democráticas’ ha sido subordinada a las razones estratégicas de Estados Unidos y sus aliados en cada uno de nuestros países”  (P12 17/11).

Por su parte, Carlos Raimundi escribía para el portal El Cohete a la Luna: “La primera conclusión es que las derechas latinoamericanas no son democráticas, y que de nada sirve sostener una apariencia demoliberal, cuando son ellas mismas las que no la respetan. (…) Además, la necesidad de ir lo más a fondo posible en la democratización de la matriz productiva y comercial de carácter monopólico. Si la justificación de no hacerlo es evitar la reacción violenta del poder, vemos por experiencia cómo esta llega de todos modos, y no como reacción a nuestra fortaleza, sino por tener el camino allanado por nuestra indulgencia. (…) La quinta conclusión es la necesidad de construir una fuerza político-social organizada y movilizada de modo de resistir a la penetración cultural financiada por el imperio en sus múltiples formas” (COH 17/11).

El proceso de agudización de la lucha popular en todas las latitudes aceleró la toma de conciencia de los peligros a los que se enfrentan los pueblos. Recordemos que, no muchos años atrás, la capa de intelectuales progresistas del campo nacional defendía a capa y espada desde sus espacios mediáticos o sus cátedras de universidad la idea de que nos enfrentábamos a una nueva versión de las fuerzas reaccionarias, las llamadas “derechas democráticas”. Concepción que se basa en que se los puede neutralizar como fuerza opositora en el libre juego de las leyes republicanas, estrategia de pelea con la que hemos sido derrotado infinidad de veces.

Veamos al respecto la nota escrita por el Chino Navarro (referente del Movimiento Evita, que suena como futuro Vice-jefe de Gabinete del Gobierno Nacional), a principios de este mes, para profundizar en las concepciones que se expresan en nuestra fuerza social y sus potenciales peligros. 

Miremos al pueblo argentino y veamos: la inmensa mayoría quiere vivir en los beneficios de la economía capitalista más que en los beneficios del Estado. (…) La economía capitalista tal como la conocimos no alcanza a incluir a todos. Por eso existe (…) la ‘economía popular’. (…)Trabajadores de los bordes de la sociedad. (…) Este zigzagueo entre pedir Estado y rechazar la política, produce que muchos digan (…) que los sindicatos son mafias, los empleados públicos son privilegiados, los que cobran planes son vagos ¿Pero cómo conciliamos todas estas cosas? Del otro lado pasa lo mismo: desde la política (desde el peronismo, desde el progresismo, desde la militancia), miramos con desconfianza a los empresarios. Siempre vemos lo mismo: quieren flexibilización laboral para explotar sin derechos a los que trabajan. (…) Se hacen necesarios para este tiempo la construcción de puentes entre los distintos mundos. Créanme: los argentinos nos gritamos en las tribunas, pero nos entendemos en un café. La indiferencia es nuestro enemigo. No es el que piensa distinto nuestro enemigo” (LN 22/10).

Tal y como repasamos previamente, y a lo largo de toda esta edición del Análisis…, si algo va quedando claro a la luz de los acontecimientos, es que los sectores concentrados de poder están obligados a pasar por encima de la vida de los hombres y las mujeres y por sobre el equilibrio de la naturaleza para poder sostener su reproducción. La oligarquía no quiere tomarse un café, porque ya sacó la conclusión de que el desarrollo del interés de los trabajadores y el pueblo termina en su disolución. En el mismo sentido, el imperialismo tiene que barrer con sus alianzas históricas, sin poder constituir nuevas. Los sectores oligárquicos son los únicos convidados a la cita, y cada vez en peores condiciones. Al mismo tiempo, el impulso de los pueblos a la lucha no puede ser canalizado por ninguna de las viejas superestructuras, las rechaza o lo conducen a la derrota, porque todas son participes de un equilibrio de fuerzas imposible para los propietarios. El “vino nuevo no puede guardarse en odres viejos”. El frente nacional es sujeto y testigo del derrumbe de toda una forma de vida y de un conjunto de concepciones, y se enfrenta al peligro de verse arrastrado en ese derrumbe si no toma nota de a qué se enfrenta y, por lo tanto, qué debe construir.

Un plan que permita a los pueblos de la región (y a todos los pueblos del mundo) vivir una vida digna y con perspectivas de desarrollo colectivo implica necesariamente la derrota de los monopolios. Al ver amenazados sus intereses, ellos responden por encima del juego de leyes que crearon, y el Estado, herramienta por ellos creada para defender la propiedad privada y reprimir a los pueblos, no responde a nuestros intereses. El frente persigue la unidad como mecanismo de defensa, pero esa unidad se sustenta todavía en resistir los embates foráneos. No hay aún proyecto político desarrollado que pueda expresar los intereses objetivos de las amplias capas populares lanzadas a la pelea.

Veamos a continuación cómo se expresaba en los sectores organizados de la clase trabajadora (la única que, en tanto clase expropiada, para liberarse no puede explotar a otros) la toma de conciencia de sus tareas históricas.

Su silueta se dibuja cual promesa…

Como consecuencia del pronto cambio de Gobierno, muchas empresas y filiales aprovecharon la transición para acelerar despidos y suspensiones, pues aún no terminaron de “arrasar” la tierra que nos dejan. Repasemos algunos de los hechos y la reacción de los laburantes frente a los mismos.

“La alimenticia Arcor despidió a 42 trabajadores de su planta de San Luis, que emplea a un total de 444 personas. Por su parte, la multinacional Unilever cerró su planta de mostaza, kétchup y salsas de La Rioja, lo cual deja sin empleo a 120 personas. También se conocieron 25 despidos en otra alimenticia de gran tamaño como Alco Canale” (P12 30/10).

Se sumaban más despidos en San Luis: “Alrededor de 90 trabajadores de la papelera Ledesma (…) fueron despedidos de manera sorpresiva el miércoles, luego de que la compañía anunciara el cierre definitivo de esa planta” (P12 2/11).

También, 500 trabajadores de dos plantas de Mondelez en Pacheco y Victoria eran suspendidos y “recibirán el 90 por ciento del salario básico durante seis meses” (P12 9/11).

Los gremios ferroviarios, por su parte, realizaban medidas de fuerza paralizando el servicio en reclamo de mejoras salariales (P12 2/11).

Los docentes de la Ciudad de Buenos Aires, agrupados en UTE, convocaban a un paro durante los primeros días de noviembre. Pedían la recomposición de los salarios y la oposición a la decisión del Ministerio de Educación porteño de eliminar el orden de mérito en los concursos (P12 5/11).

El SUPA llamaba al paro nacional de portuarios. La medida de fuerza era en repudio a la decisión judicial de intervenir la delegación gremial de Puerto San Martín, conducía por Herme Juárez, dirigente detenido y procesado (P12 10/11).

Asimismo, los docentes de todo el país convocaron a un paro nacional con movilización en solidaridad con los docentes de Chubut. Como resultado de la movilización, dos ministros provinciales renunciaban. La medida de fuerza abría la puerta a una negociación con el gobierno provincial (P12 9/11).

A mediados de noviembre y tras 17 semanas de conflicto (el conflicto docente más largo en la historia de la provincia), se levantaban las medidas de fuerza: “El conflicto comenzó a destrabarse, (…) cuando el Gobierno local se comprometió a retrotraer los descuentos que habían practicado a los maestros y profesores por los días de huelga” (CL 18/11).

Por su parte, tampoco fue un mes de pasividad para las organizaciones sociales. Los sectores más vinculados a la izquierda radicalizaban sus medidas, Barrios de Pie y el Polo Obrero realizaban una manifestación en el Obelisco en reclamo de un bono para la Asignación Universal por Hijo. En el acto se lanzaban críticas contra Macri y Alberto Fernández (P12 13/11).

Por otro lado, el arco de organizaciones de desocupados, más afines al peronismo, se juntaban con Alberto para negociar un plan de acción. El encuentro se realizó en la sede de la Conferencia Episcopal. Participaron de la reunión Daniel Arroyo, el anfitrión monseñor Jorge Lugones, Juan Grabois, Emilio Pérsico, Juan Carlos Alderete, Daniel Menéndez y Esteban “Gringo” Castro. Fernández les dijo a los dirigentes sociales: “Ustedes son parte del Gobierno y del proyecto. Vine acá para escucharlos”. Juan Grabois, al contestarle, detalló que apoyarán al gobierno del Frente de todos “pero sin renunciar a nuestro rol de interpelar. Y al de protestar cuando haya cosas que están mal o que no se hacen con la celeridad necesaria”. Alberto retomó allí la palabra y sentenció: “Creo que el peronismo y la política no es un regimiento. Yo no soy un general y ustedes no son soldaditos: todo el mundo tiene que decir las cosas en voz alta. Siendo prudentes y no ser funcionales a intereses de afuera. Además, las organizaciones sociales le comunicaban a Alberto que “lanzarán un sindicato único el próximo 7 de diciembre (La UTEP, Unión de Trabajadores de la Economía Popular) y que pretenden que Fernández y su gente en el futuro Ministerio de Trabajo los orienten con una unión con la CGT” (CL 14/11).

Alberto Fernández fue a su vez recibido en la CGT, donde desde hace 11 años atrás no asistía un presidente. Además de Moyano, estuvieron Viviani (taxistas), Ramón Ayala (peones rurales), Omar Plaini (Canillitas) y la Corriente Federal, liderada por el bancario Sergio Palazzo, varios gobernadores −como Juan Manzur (Tucumán), Sergio Uñac (San Juan)−, y varios electos como Axel Kicillof (electo en Buenos Aires), Sergio Ziliotto (electo en La Pampa), Raúl Jalil (electo en Catamarca) y Ricardo Quintela (electo en La Rioja).

Frente a casi la totalidad de los gremios, Alberto daba un discurso donde tocaba varios temas. Por un lado, aclaraba, como en el caso de las organizaciones sociales, que “el movimiento obrero organizado es parte del gobierno que se va a instalar el 10 de diciembre”. Afirmaba que la esencia del triunfo era la unidad, y que la unidad era gracias a CFK: “Cristina es la esencia de este triunfo”.

Afirmaba sin tapujos que no acordaba con la reforma laboral o con la pérdida de derechos, que iba a enfrentar la persecución política. En una América Latina en llamas, recordaba a Felipe Vallese diciendo que ese era “el nombre de una víctima de la violencia política. (…) Nada más quisiera que no haya nunca más un Felipe Vallese en la Argentina, que todos seamos respetados por nuestras ideas”.

Prometía cercanía con el movimiento obrero y centralmente pedía responsabilidad a los dirigentes sindicales. Decía que salir de la situación actual no era “sólo responsabilidad de la clase política, también de los trabajadores, para estar unidos y salir de esta fea situación”.

 En relación al “pacto social”, aclaró que “no es sólo un acuerdo de precios y salarios”. En sus dichos resonaban décadas de lucha. El movimiento obrero argentino históricamente se negó a quedar encapsulado en un acuerdo de precios y salarios, sin definiciones de fondo sobre cómo se va a desarrollar el país. Sin embargo, aclaró que en estos tiempos, distintos a la década del 40, los problemas eran nuevos. Y que si queríamos superar el desempleo necesitábamos capacitar a los trabajadores. Propuso que el edificio de la CGT se transforme en un gran espacio de capacitación para los trabajadores.

Al momento de intervenir, Héctor Daer, uno de los secretarios generales, planteaba: “Venimos de cuatro años de un proceso neoliberal inédito. Nos metieron cuñas permanentemente para que no existiera la unidad del peronismo. Hoy Alberto construye la esperanza. Y nosotros no somos terceras personas, somos parte del gobierno que viene”. Por su parte, el también secretario general Carlos Acuña afirmó: “Ahora viene otra etapa, que es la más difícil. Vamos a seguir más unidos que nunca. La CGT le dio a Alberto un cheque en blanco. Confiamos plenamente en que él sabe lo que tiene que hacer para poner en marcha el país (LN 09/11. Subrayado nuestro).

Con estos movimientos, era claro cómo Alberto Fernández buscaría apoyo en el movimiento obrero para los embates venideros. Sabe que pronto vendrán escenarios de gran confrontación económica y política. Sin embargo, su proyecto, si bien abierto a los trabajadores, no encontró planteamientos fuertes de parte de los dirigentes sindicales que están a la cabeza de la CGT.

En un escenario de lucha recrudecida contra capitales concentrados a escala global, con la producción socializada en sus máximos niveles históricos, se necesitara mucho más que capacitación para combatir el desempleo. La inmensa crisis que vivimos, basada en el achicamiento de la masa de valor, que va corroyendo toda la superestructura que constituyeron los monopolios en su momento de ascenso, necesitará de una mirada global y de la fuerte unidad de los desposeídos del mundo, para no caer en las luchas parcializadas, que nos dejen inermes frente a los grupos concentrados.

Todavía se reconoce cómo priman los intereses sectoriales. Con ideas como la de una “economía popular”, que es la oficialización de la pauperización que genera el imperialismo. Y que parece afirmar que existe alguna economía que no sea social.

En este marco de fuertes organizaciones gremiales, que salen a la lucha, con la dificultad de no ver qué es lo común, lo que nos une, debemos afirmar que no habrá ninguna posibilidad de defender los intereses sectoriales, sin un proyecto común, que necesariamente deberá construirse negando el corsé que los mercados intentan imponernos. Los recientes hechos en Bolivia y Chile lo demuestran.

En la falta de causa común entre los trabajadores y el pueblo, en la indefinición de qué significa hoy independencia económica, soberanía política y justicia social, y en qué tarea le cabe a cada quien para alcanzarlas, se expresa con claridad el dominio ideológico del enemigo.

Mientras cada uno luche por su parte, por su “quintita”, encerrados en el interés ajeno, no habrá triunfo posible.



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