Revista Mensual | Número: Abril de 2020
Fuentes consultadas:
EE.UU.-Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW).
China: Xinhua (XH). Rusia: Russia Today (RT). Irán: HispanTV (HTV). Líbano: Al Manar (AM).
Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Brasil: Folha de São Paulo (FSP). Colombia: El Tiempo (ET).
Argentina: Clarín (CL); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Página/12 (P12).
[<< Volver a la primera plana]

Dos conductas

EEUU
Europa
Alemania
España e Italia
Europa parte 2
Medio Oriente
China


La humanidad necesita eliminar el contaminante generador del virus que nos aqueja en la actualidad: la burguesía

Dos conductas

 “Vuelo porque no me arrastro

Que el arrastrarse es la ruina

Anido en árbol de espina

Lo mismo que en cordillera

Sin escuchar las zonceras

Del que vuela a lo gallina.”

Coplas del payador perseguido.



La intensificación del virus COVID-19, que afecta de forma severa las vías respiratorias, principalmente en mayores y personas con afecciones crónicas, ha puesto de manifiesto cómo los países, alianzas regionales y globales entienden cuál es el carácter del problema al que debemos atender. Por lo tanto, el accionar en cada rincón del globo nos permite analizar desde qué propiedad se actúa, por lo tanto, con qué conducta.

Para dar cuenta del problema, haremos un recorrido que no seguirá la cronología en la que el virus se ha expandido por el mundo, sino por el accionar de los diversos rincones donde se ha propagado.

Primeramente nos detendremos en las potencias capitalistas, tanto Estados Unidos como la Unión Europea, donde los estragos producidos a la población son mayores, y eso lo podemos medir en cantidad de infectados como de muertos.

EEUU

En la principal potencia capitalista del mundo, después de apenas dos meses de que se declarara el primer caso, pasó a ser el país con mayor cantidad de infectados, superando las 100.000 personas enfermas con el virus COVID-19 el 27 de marzo. Las primeras semanas, en las que las tasas de contagios se multiplicaban exponencialmente, la posición del gobierno fue la de no paralizar ninguna actividad económica, pese a que ya el 24 de febrero la Organización Mundial de la Salud advertía que el virus rápidamente se convertiría en una pandemia de escala global pese al decrecimiento de los casos que por ese entonces ya se mostraba en China (P12 25/2).

El mismo día que se producía la advertencia de la OMS, se detectaba el primer caso autóctono y la primera muerte relacionada con el virus. Ante estos hechos, el presidente Trump declaró que “estamos muy preparados para esto, y para cualquier cosa que venga” (XH 28/2). Casi al unísono, el asesor económico de la Casa Blanca, Larry Kudlow, también señaló que Estados Unidos ya había contenido el virus, y Alex Azar, secretario de Salud y Servicios Humanos de la administración, comunicó que “no podemos aislar herméticamente a Estados Unidos del virus. Debemos ser realistas al respecto”.

El optimismo oficialista se dio de bruces en el Senado en la misma semana, cuando este órgano citó al secretario interino del Departamento de Seguridad Nacional, Chad Wolf. Esto debido a la cantidad de preguntas que el funcionario no supo responder en el interrogatorio respecto a los alcances del virus. Entre las preguntas que no supo contestar, se incluyeron cuántas personas creía que se infectarían, cuántos respiradores y máscaras están disponibles y cuántas serían necesarias para atender un brote más amplio (XH 28/2).

A su vez el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés) advirtió que una mayor propagación del coronavirus COVID-19 podría congestionar las salas de emergencias y generar escasez de suministros médicos cruciales, especialmente cuando la gripe estacional, que ya asciende a más de 26 millones de casos, mantiene su apogeo en el país y exige numerosas capacidades hospitalarias (XH 28/2).

Dos días después de estas advertencias, el 1º de marzo, se confirmó el primer caso en la ciudad de Nueva York (LN 2/3). Este dato es de relevancia en la secuencia del relato ya que a fines de marzo esta ciudad concentraba la mitad de los casos del país, ascendiendo a más de 50.000 los confirmados.

En la misma semana, la OMS advirtió que en breve comenzarían a escasear los suministros médicos necesarios para el control de la enfermedad ya que se necesitan 89 millones de mascarillas, 76 millones de guantes y 1,6 millones de gafas protectoras (RT 3/3).

Días después, el 12 de marzo, la OMS declaró la crisis por el virus como pandemia, esto quiere decir que ya no se trata de un foco de magnitud pero aislado, sino que ahora implica el reconocimiento de que se ha propagado a escala planetaria (LN 13/3). En esta fecha, en el mundo se contabilizaban 125.000 casos, de los cuales 10.000 eran en EEUU, es decir que a tan sólo un mes de la aparición del primer caso en el país del Norte, el virus se había propagado de manera dramática (LN 13/9).

Pese a este panorama el gobierno de Trump evitó tomar medidas que mermaran la cantidad de gente que circula por la calle, priorizando de forma explícita los intereses de los capitales en detrimento de los de la población. La única medida de restricción que tomó el gobierno a mediados de marzo fue la prohibición de ingresos de vuelos de países europeos, exceptuando a los provenientes de Gran Bretaña.

Esta falta de políticas para el resguardo de la población, en realidad, es una política. Priorizar que no se detenga la producción y circulación de mercancías incluso cuando EEUU es el principal país afectado por el virus muestra a las claras cuáles son los intereses que dominan. Ciertamente, esto es sólo la prolongación de los padecimientos de la población.

Para dimensionar esto, no sólo podemos volver a traer los guarismos respecto a la cantidad de muertes por adicciones y por armas de fuego, sino que, además, es central el dato respecto a la cobertura sanitaria. De los 320 millones de habitantes, alrededor de 30 millones no tienen ningún tipo de seguro médico, y otros 40 millones tienen, pero de calidad insuficiente para tratarse en caso de ser necesario (P12 17/3). Esto significa que un 25% de la población no tiene posibilidad alguna de poder sobrellevar la crisis. Esto da cuenta no de la inexistencia del Estado, sino más bien de cuál es el Estado que domina. Es decir, que el Estado, en tanto conjunto de herramientas jurídicas, políticas e institucionales, expresa los intereses de la clase dominante, y siendo ésta la burguesía, deja en evidencia que para realizarse no es capaz de garantizar la existencia de vastas capas de la población, incluso en su centro.

La noticia que filtró The Washington Post en la que alertan que los servicios de inteligencia desde los primeros días de enero advirtieron al Ejecutivo de los riesgos del virus no debe causar sorpresa, ya que el desarrollo del conflicto no consiste en falta de información respecto del virus, sino en la conducta de la clase que controla el gobierno.

A este panorama terrible, debemos agregar las declaraciones del propio presidente Trump, quien pese a la catástrofe en la que sumergen a la población, insiste en que el país no puede detenerse, que la mayor economía del mundo no puede detenerse. Por su parte, el vicegobernador de Texas ha ido más allá en su planteo: durante una entrevista en Fox News dijo que está dispuesto a jugarse la supervivencia a cambio de mantener EEUU tal y como es para sus hijos y sus nietos ante las medidas adoptadas por la emergencia del coronavirus. A estas supuestas heroicas palabras, agregó: “Creo que hay muchos más abuelos que se sienten como yo, no podemos perder el país. Estamos asistiendo a un colapso económico”. Además, declaró: “Volvamos a trabajar, a vivir, seamos inteligentes. Y los que tenemos más de 70 años, ya nos cuidaremos, pero no sacrifiquemos el país, no lo hagamos, no sacrifiquemos el gran sueño americano”. Al finalizar la entrevista, al ser preguntado sobre si hay peores cosas que morir, Patrick aseguró que sí (CD 24/3). Las palabras del funcionario texano dejan en claro la concepción que domina en la burguesía, ya que asume de manera cristalina que los ancianos deben sacrificarse en pos de que se sostenga el sistema, algo que él llama el sueño americano, pero que en realidad es la pesadilla de millones, para que cada vez menos puedan soñar.

Otra arista de la catástrofe en ciernes si la humanidad sigue conducida por esta fuerza es la disputa en su interior, ya que la competencia entre capitalistas los lleva a ser una dirección incapaz de ponerse al frente de la situación. Una prueba más en este sentido es el proceso de investigación con el objetivo de crear una vacuna para combatir el virus. Según ha trascendido, el gobierno de EEUU intentó apropiarse de un laboratorio alemán que está en proceso de ensayo de una droga para estos fines. Inmediatamente se desató la tensión entre ambos países, ya que el gobierno conservador alemán impidió que esto sucediera y públicamente declaró que no van a vender a EEUU una droga para que la utilice sólo dentro de su país (P12 19/3).

En la misma línea, La Nación ha editorializado que en buena medida las demoras que pueda haber en la aparición de una vacuna contra el virus se debe a que muchos de los principales laboratorios son de la cadena imperialista, por lo tanto sólo intentan desarrollar una medicina útil a efectos de obtener beneficios, y bajo ningún punto de vista comparten ni información, ni muchos menos una patente, en caso de encontrar una cura. Por esto, todas las potencias imperialistas actúan sin ningún grado de coordinación, retrasando, o directamente impidiendo, que se desarrolle una cura, o al menos un tratamiento preventivo o paliativo para el COVID-19.

Europa

Siguiendo la misma línea recién analizada, nos detendremos en el llamado Viejo Continente para analizar cómo se manifiesta la crisis cuando la burguesía es ya incapaz de sostener su hegemonía a escala planetaria.

Primeramente deberemos tener en cuenta que en Europa se halla el grueso de los actualmente infectados, y es el continente que acumula mayor cantidad de decesos, como ya lo expresó la OMS el 14/3, al declarar que precisamente en este continente es donde se encuentra el epicentro de la pandemia (LN 14/3).

A escala regional, las disposiciones para intentar detener la circulación y propagación del virus se iniciaron tres días después de la declaración de la OMS. La primera medida, sin precedentes en la región, fue el cierre de las fronteras de los países pertenecientes a la UE. Claro que la misma no fue tomada con el consenso de todos sus miembros. Centralmente Alemania se opuso, pero al estar impulsada por España, Italia y Francia, principales países afectados por la crisis, no tuvieron otra opción que aceptarla (LN 17/3). .

El hecho de que algunas de estas potencias acordaran el cierre de fronteras y otras se opusieran no responde en ninguno de los casos al interés de resguardar a las personas, sino que, al igual que se plantea en EEUU, la disputa estriba en las condiciones de los capitales, ya que, en caso de detenerse la rueda de la producción, no todos saldrán indemnes. Por lo tanto, el posicionamiento de muchos de los países de la cadena imperialistas rechazando las cuarentenas y el cierre de fronteras se debe exclusivamente a la debilidad que tienen sus capitales.

Ahora bien, deberemos profundizar en el análisis respecto a estos países, para poder comprender el grado de crisis en el que se encuentran actualmente.


Alemania

En primer término nos detendremos en Alemania, principal potencia europea. Este país es el quinto a escala global en cantidad de infectados, con más de 60.000 contagios, aunque con una tasa de mortalidad de sólo el 0,9%, es decir, menos de 600 fallecidos. Lo destacado en lo que respecta a Alemania es principalmente la disputa al interior de la UE para impedir el cierre de fronteras recién mencionadas, y también la confrontación con el gobierno de Trump para imposibilitar la venta del laboratorio germano a los yanquis, y contener así la necesidad del Gigante del Norte de acaparar la medicación en desarrollo que los alemanes llevan adelante. La propia Angela Merkel se ha ocupado de criticar la actitud del gobierno yanqui en este sentido. Sin embargo, el interés del gobierno alemán tampoco es el de conseguir una solución para la humanidad, sino que concibe de la misma manera que critica respecto del gobierno de los Estados Unidos. Esto queda claro con los intentos que viene realizando para contratar personal de los sistemas de salud latinoamericanos, ofreciendo ciudadanía y altos salarios para cubrir el déficit de 100.000 trabajadores que tienen en salud (DW 20/3).

España e Italia

“Ya entienden que
la gran solidaridad internacional
de hecho no existe.

 La solidaridad europea no existe.

Fue un cuento de hadas sobre el papel.”

Presidente serbio, 2020

Los casos españoles e italianos tienen por coincidencia la rápida propagación del virus. En España, las medidas preventivas para intentar detener el brote se efectuaron con antelación a la declaración de la pandemia mundial. El día 10/3 se decretó la primera cuarentena en el país, cuando los contagiados alcanzaban los 1.639, y eran 39 los fallecidos (LN 11/3). Sin embargo, pese a haber tomado algunas medidas, en menos de 20 días pasó a tener 80.000 infectados y 6.800 muertos, arrojando una tasa de 8,5% de mortandad (LN 29/3).

Por su parte, en Italia, el día 7/3 apenas contaba con 148 contagios, mientras que hoy se ubica segundo en la lista a escala mundial, con 97.700 casos corroborados y 10.800 muertos, lo que representa el 11% de mortandad por este mal (LN 29/3). Si bien en cantidad de contagios confirmados Italia se encuentra por debajo de EEUU, en lo que respecta a la tasa de mortandad, Italia está a la cabeza, más que duplicando el 3,5% de tasa de mortandad que tiene el virus a escala global.

Tanto en España como en Italia, se tomaron medidas similares respecto al confinamiento de la población, medidas contrarias a las adoptadas por Alemania, Gran Bretaña y EEUU. Sin embargo, los resultados han sido pésimos. Evidentemente pese a que ambos países tomaron medidas para intentar contener la crisis, no se pudo detener su curso, y aún están por verse los efectos reales que puede producir.

Este racconto que acabamos de hacer nos muestra que si bien fue en China donde se desató el brote, en la actualidad, los principales países en cantidad de infectados son EEUU, Italia, España, Alemania y Francia, en ese orden. Es decir, en las potencias capitalistas más desarrolladas (Gran Bretaña se encuentra en el octavo lugar).

Además, parece estar afectando tanto a los países que no adoptan cuarentenas y restricciones en la circulación (EEUU, Alemania, Gran Bretaña), como aquellos países que sí lo hacen (Italia, España y Francia). Por lo tanto, lo común en esta situación pasa a ser que el virus ha afectado más rápidamente a los países más desarrollados, independientemente de que hayan tomado medidas o no. Esto no quiere que no nos afectará a los países pobres, sino que evidentemente los países del llamado Primer Mundo no están preparados en lo más mínimo para enfrentar este tipo de situaciones.

Esta crisis, que tiene una manifestación en el rápido desborde de los aparatos sanitarios, deja en evidencia el desmantelamiento del estado de bienestar. No es por el virus que se han destruido los sistemas de salud de estos países, sino que ahora colapsan, pero como resultado del desmantelamiento. La falta de insumos médicos, desde barbijos y guantes, hasta la falta de camas y reactivos para diagnosticar el virus obligan a los trabajadores de la salud de estos países a decidir a quiénes van a poder atender y a quiénes no.

El colapso del sistema de salud de todos estos países da cuenta de una política determinada, de una concepción determinada del Estado (herramienta de una clase para dominar a la otra), en el que la burguesía ya no puede contener al conjunto de la clase obrera para asegurar su reproducción. Por lo tanto, la discusión respecto a si es necesario más Estado o menos Estado debe estar mediada primeramente por definir qué necesitamos. Pensar en que para paliar esta crisis necesitamos más Estado, pero sin resolver desde qué propiedad se organiza el mismo, desde la defensa de qué intereses, es intentar atacar sólo a las manifestaciones de la crisis.

Más allá del origen del virus, sobre el que nos referiremos más adelante, debemos comprender que la rápida propagación de estos males en tiempos en que están las condiciones para que la humanidad deje de padecer hambre y todo tipo de falencias, se debe a que estas condiciones para erradicar los males de la humanidad quedan subsumidos por el interés de la burguesía. La dirección correcta es pensar en medidas paliatorias siempre que sean en el marco de poder construir las herramientas que nos hagan salir de la prehistoria. Si a una cuarentena, a la existencia de hospitales o barbijos les adjudicamos la capacidad de sanear esta situación, ocurrirá todo lo contrario.

Por eso, para salir de esta crisis que nos ha confinado en nuestras casas, resulta central acabar con absolutamente todos los recovecos de la conducta que genera los males que sufrimos. Mientras la clase obrera europea y yanqui espere que no se desmantele el estado de bienestar, y las oportunidades de desarrollo individual por sobre las colectivas, deberán seguir decidiendo qué parientes, vecinos o amigos podrán sobrevivir, y quiénes no.

Europa parte 2

“Somos olas del mismo mar,

hojas del mismo árbol,

flores del mismo jardín.”

Anotación en las cajas de materiales

medicinales enviados por China a Italia

 

La crudeza de los números frente al virus en Europa arroja hacia adelante un panorama desolador. Al cierre de esta edición las tasas de nuevos contagios seguían sosteniéndose muy elevadas así como los de mortandad.

La comunidad europea ante esta situación se torna incapaz de dar ninguna respuesta que pueda siquiera contener la crisis. Para dar una muestra de esto basta observar que hasta mediados de marzo, cuando el virus pululaba ya por cada rincón del continente, los eventos deportivos con afluencia de público masiva seguían sucediéndose. A tal punto la incapacidad del bloque que aún continúan las discusiones respecto a si el torneo Champions League se podrá llevar a cabo el presente año.

En este marco, varios países han pedido ayuda para poder detener el virus. Y contra las recomendaciones de la UE, solicitaron a China, Rusia y Cuba que los asistan para resolver esta crisis. Todos estos países han recurrido con su asistencia, principalmente hacia Italia, donde la situación es más grave; tanto Rusia como Cuba han enviado centenares de trabajadores de la salud. Por su parte, China ha enviado médicos, como científicos y toneladas de equipamientos médicos, no sólo a Italia, sino también a Francia, España, Serbia y países de los Balcanes, entre otros. Esta ayuda comenzó a llegar casi de manera inmediata a que fuera solicitada y se corresponde con el planteo que viene realizando el gigante de Asia respecto a que los pueblos se encuentran en una guerra. Por esto es que desde la primera hora, según ha reconocido la misma OMS, tanto China como Cuba han colaborado dando el ejemplo respecto a cómo se debe atender este tipo de crisis.

La inmensa muestra de solidaridad a las potencias europeas puesta en marcha por estos países echa por tierra las palabras de Pompeo en febrero, en las que declaraba que los pueblos querían ir a Miami y no a Cuba, que el cruce de refugiados en el Mediterráneo llevaba africanos hacia Europa y no al revés. La realidad, una vez más, muestra que la situación es la inversa, que las potencias imperialistas son cada vez más incapaces de sostener su hegemonía mundial, e incluso son incapaces de seguir regenteando la vida de cualquier sociedad.

El desmantelamiento del estado de bienestar muestra su verdadero carácter. No se trata sólo de subir algunos años la edad jubilatoria, o de congelar salarios. De lo que verdaderamente se trata es de que se acaba la farsa en la que la burguesía encapsuló en una burbuja a los trabajadores, proveyéndoles falsas soluciones a la organización del trabajo, la educación, la salud, la cultura y la sociedad toda, pero bajo sus intereses.

Momentáneamente, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, el interés de la burguesía incluyó crear sistemas educativos, de salud, incluso sindicales que proveyeran bienestar a los trabajadores, pero sólo para evitar el avance del comunismo. En esto hay que ser claros: el interés de la burguesía es poder obtener ganancias y así garantizar su reproducción. Por eso, en Europa, en cierto momento de la historia (que se inicia a mediados del siglo XIX, pero se profundiza a partir de 1945), la garantía de la reproducción de esta clase requería que una parte del proletariado se pasara a sus filas voluntariamente, para frenar el avance de los obreros organizados que los pudiera eliminar.

No fue caprichoso entonces la creación de márgenes de bienestar sin precedentes para la clase obrera en Europa, ya que debían contener el avance de las organizaciones obreras encabezadas en ese entonces por la URSS, que se alzaba de forma decisiva con la victoria en la guerra contra Alemania. Esta victoria, sumada al descontento reinante en la clase obrera por haber puesto millones de muertos en una guerra al servicio de la burguesía, era el caldo de cultivo ideal para la expansión del socialismo.

Así, toda esa organización de la sociedad llamada “estado de bienestar” siempre fue contraria a los intereses de los trabajadores, ya que sólo existió para que perdurara la burguesía, y tuvo como única finalidad evitar su destrucción en manos de los obreros organizados.

El desarrollo de fuerzas productivas desatada por la competencia capitalista trajo aparejada la aceleración de la concentración económica en cada vez menos manos. Por lo tanto, al intensificarse la lucha al interior de la burguesía, esta clase se ve incapaz de sostener estas prebendas destinadas a la clase obrera. La caída de la URSS en 1991 aceleró este proceso, ya que se consideraron victoriosos de la lucha de clases, y que ya no tendrían oposición para la imposición de sus intereses.

Ahora en crisis, en pleno proceso de desmantelamiento del estado de bienestar, el interés de la burguesía no ha cambiado, lo que cambió fueron las condiciones para que ellos se realicen. Así, la aparición del virus muestra el carácter descarnado de la burguesía, cuyo quid no es haber sido sorprendidos por un virus que atenta con acabar con cientos de miles de vidas, sino que el punto es que ella misma atenta contra la vida toda.

Para sostenerse, necesitan que los africanos se ahoguen en el Mediterráneo, dejándolos entrar sólo cada vez que sus fábricas necesitaron mano de obra barata. Lo cierto es que ahora, más que nunca, Europa y EEUU necesitan a la clase trabajadora del mundo. Salir de la crisis en la que están sumergidos requiere que la ayuda médica brindada sea herramienta para barrer absolutamente todos los rincones de la conducta de la burguesía.

En este marco, es que la solidaridad internacional aplicada por China, Rusia, Irán y Cuba tiene un fuerte contenido de clase. Esto quiere decir que la ayuda que brindan con la asunción de tareas concretas tiene un papel decisivo en el marco de la lucha política contra el imperialismo. Por eso, países a los que Mike Pompeo denuesta juegan a escala global, ya que hay un alto grado de conciencia de lo que requiere la derrota del capitalismo. Plantearse la derrota del enemigo implica asumir las tareas en donde sea necesario, siempre y cuando contribuya con esta pelea.

Medio Oriente

En el marco de que la crisis desatada por un virus es una manifestación del agotamiento de las relaciones capitalistas, la guerra en Medio Oriente es también una muestra de esto. Aunque se trate de una determinación singular, muestra el mismo caos y la urgencia de superar las actuales relaciones.

En primer término, en Israel nuevamente se sucedieron elecciones para intentar lograr una mayoría parlamentaria que permita a alguna de las fuerzas políticas formar un gobierno que comande el destino de este enclave imperialista en la región.

Las mismas se celebraron la primera semana de marzo y, por tercera vez, no arrojaron un ganador absoluto que se pudiera alzar con una victoria para formar gobierno. En esta oportunidad, Beni Gantz perdió por un escaso margen frente al actual mandatario, Netanyahu. Esta vez, este personaje deberá intentar formar gobierno. Al no tener ninguna de las dos fuerzas principales un caudal que siquiera les permita llegar al 30% de los votos, deben acordar entre ellos para poder armar una coalición que obtenga votos suficientes en el Parlamento. Si bien tanto Netanyahu como Gantz son arduos defensores de las políticas imperialistas, evidentemente representan facciones de capital concentrados que se oponen ya que siquiera parece próxima la posibilidad de que ambos logren un acuerdo.

De hecho, Netanyahu en la actualidad enfrenta cuantiosas causas penales por casos de corrupción que amenazan con derivarlo sin escalas de la Casa de Gobierno a un penal. Gantz, por su parte, ha planteado la necesidad de que el Congreso apruebe una ley que impida que todo aquel que enfrente cargos en justicia no pueda ejercer ningún cargo electivo. Claro que este personaje, ex general del ejército sionista, no es un paladín de la justicia, sino que con esta treta legislativa quiere impedir que Netanyahu pueda seguir en la contienda. Por lo visto, la tercera elección presidencial arroja una definición: ninguna fuerza puede ser hegemónica.

Entre tanto, el virus avanza a paso firme, con casi 5.000 infectados, y aunque con menos de 20 muertos, Israel ya se ubica entre los 20 países con mayor cantidad de contagios.

El siguiente frente a analizar en la región es la escalada bélica en Siria, que se venía produciendo desde el mes de febrero en la provincia norteña de Idlib. Ésta es la última región que queda en manos de las fuerzas imperialistas que intentaron derrocar al gobierno de Al Assad desde 2011. La finalización de la campaña militar en dicha provincia culminaría con la afirmación del gobierno y todas las fuerzas que con él han peleado durante tantos años: Irán, Hezbolá y Rusia. Y se producirá una derrota tremenda de efectos supranacionales para todas las fuerzas imperialistas en la región, tanto por EEUU como por sus aliados de Israel y Arabia Saudita, así como de sus ex aliados, como Turquía. Justamente es este último país el que ha decidido intervenir abiertamente en la contienda, después de años de ser contenidos por Rusia e Irán, luego de que EEUU intentara realizar un golpe de estado en este país para imponer un gobierno más servil a sus intereses.

Este intento de golpe por parte de las fuerzas yanquis, y la respuesta de las fuerzas de la paz en la región, contribuyeron al desmoronamiento de las fuerzas imperialistas en esa parte del mundo. No obstante, pese a la fractura del bloque, los restos de este bando (Israel, Arabia Saudita y Turquía) no dejaron de ser conducidos por facciones de la burguesía, por lo que su interés no ha cambiado, sino más bien las condiciones para imponerlo.

En el caso Turquía, la burguesía, que gobierna con Erdogan como jefe de Estado, si bien tiene mucha experiencia histórica, ya que se forja en el imperio otomano, es derrotada en la Primera Guerra Mundial, por lo que el antiguo imperio fue diseccionado, quitándole vastos territorios tanto en Medio Oriente como, incluso, en Europa del Este. Esta disección del extinto imperio dejó subordinada a su burguesía a los ganadores de la Gran Guerra, es decir, Gran Bretaña y EEUU. Por esto, durante 90 años, su suerte estuvo atada a los designios de GB primero y de EEUU después de la segunda gran contienda bélica finalizada en 1945.

El desarrollo de la competencia capitalista conllevó a que los capitales concentrados en los últimos 40 años ya no puedan sostener alianzas, ya que para garantizar su reproducción deben absorber a los capitales menos concentrados. Como dijo Lord Palmerston refiriéndose a los capitales, éstos “no tienen amigos permanentes, sino intereses permanentes”. Esta atinada frase acuñada en el siglo XIX deja en claro que lo que no cambia es la conducta de la burguesía, que, en defensa de determinada propiedad, coyunturalmente pueden aliarse con facciones de capitales para que actúen como capataces a lo largo del mundo, pero en la vorágine de la competencia estas alianzas no pueden ser permanentes. Eso supondría que eternamente todas las facciones de capital pudieran coexistir y que habría lugar para que todas se reprodujeran, es decir, que las mercancías de todas fueran colocadas en el mercado, hecho contrario a lo que sucede históricamente por el desarrollo de nuevas tecnologías, que les permiten, con menor fuerza de trabajo y en menos tiempo, producir cada vez más mercancías.

Este quiebre en las relaciones capitalistas es lo que llevó a Turquía a oponerse a EEUU en la región, pero sin dejar de ser una fuerza capitalista. En este marco, intervinieron en el conflicto sirio, enviando tropas y equipos militares a la provincia de Idlib, para impedir que Siria pueda culminar esta fase de la guerra de liberación. Esto llevó a una escalada militar, en la que tanto las fuerzas gubernamentales sirias como Rusia, que no detuvo la cooperación militar, se enfrentaron con Turquía y las tropas mercenarias por ellos organizadas hasta obligarlas a aceptar un cese al fuego.

Si bien al día de hoy aún se encuentran en la región, quedaron confinadas y no pueden sostener su invasión. Por eso, si bien esto hizo recrudecer el conflicto, no puede impedir que Siria se termine alzando con la victoria. La consecuencia más palpable, por lo tanto, no se sucedió en los campos de batalla, sino al interior de la UE, que quedó enfrentada con Turquía, ya que este país en represaría por no haberle prestado apoyo en la incursión militar, abrió las fronteras para el ingreso de casi 700.000 refugiados sirios del conflicto que ellos mismos acababan de desatar. Esta situación no ha hecho más que tensionar la relación entre Turquía, antiguo aspirante a sumarse a la UE (tengamos en cuenta que una parte del país se encuentra en Europa), y el resto del bloque, que no sólo continúa rechazando su ingreso, sino que se ha convertido en uno de los principales detractores de su accionar en la región, dejándolo aislado en su aventurerismo militar que intenta ganar terreno para su burguesía.

El evidente empantanamiento de las fuerzas imperialistas en el mundo otorga las condiciones para la superación de la prehistoria de la humanidad. Es en este marco de crisis que las potencias imperialistas se ven obligadas a recurrir a China, Rusia y Cuba para no sucumbir. Sin embargo, nos queda analizar qué papel juegan estas fuerzas para poder estar a la altura de lo que las circunstancias históricas requieren. Por eso, para comprender el papel de las fuerzas de la paz en territorios de Medio Oriente cerrando los frentes bélicos, o en Europa sanando las heridas del COVID-19, se requiere centrar la atención en los países que se han planteado controlar las tendencias de la humanidad.

China

Primeramente veamos cómo evolucionó en este país la crisis desatada por el virus. En tanto se disparaban las cifras en EEUU y Europa, la cronología de hechos fue diametralmente distinta en este país.

El 18/2, en el epicentro del brote, en la ciudad de Wuhan, mientras aún se prolongaba la cuarentena total, ya se eran 12 los hospitales temporales, algunos construidos desde cero y otros ubicados en lugares públicos como centros de exposiciones, deportivos, dormitorios universitarios, edificios de fábricas, elevando la cantidad de camas disponibles sólo para atender a los infectados con el COVID-19 a 20.461 (XH 19/2). Para esa misma fecha se informó que el virus había sido controlado gradualmente en su epicentro, según Mi Feng, portavoz de la Comisión Nacional de Salud. El 18 de febrero, la provincia de Hubei reportó 1.693 casos nuevos casos confirmados, de los cuales 1.660 son de la ciudad de Wuhan, capital de la provincia; pero en la misma fecha se declararon 1.266 nuevos pacientes curados y dados de alta, de los cuales 676 son de Wuhan (XH 19/2), mostrando ya para esta fecha un aplanamiento en la cantidad de contagios.

Apenas una semana después, el gobierno chino aseguró estar encaminado en derrotar el virus, y por eso reabrió las fábricas en ciertos lugares para seguir generando suministros a nivel mundial. Tras este análisis, el Xin Hua destacó las palabras del mandatario Chino, Xi Jinping, en la que planteó que “una victoria sobre el nuevo coronavirus demostrará una vez más las notables ventajas del liderazgo del Partido Comunista de China” (XH 27/2).

Estas palabras fueron refrendadas por los hechos, ya que a partir del 23 de febrero se fue normalizando el funcionamiento de China. Según ha reconocido Bruce Aylward, epidemiólogo que encabezó el equipo de avanzada de la OMS China cambió el curso del brote del COVID-19 y agregó que “todas las personas con las que uno habla (en China) tienen un sentido de que están movilizadas en una especie de guerra contra el virus y de que están organizadas”. Además declaró que quedó particularmente impresionado por los miles de trabajadores de la salud que se ofrecieron como voluntarios para dirigirse a Wuhan, epicentro del brote, e indicó que China también reorientó la maquinaria del gobierno, por ejemplo, formando un grupo dirigente central para la epidemia (XH 26/2).

Este movimiento masivo de la población china para combatir el virus, tal y como comenta el funcionario de la OMS, no puede suceder de manera espontánea. Según estimaciones del PCCH, 41,28 millones de afiliados del partido se movilizaron en todo el país asumiendo tareas en esta guerra (XH 5/3). Esta pequeña muestra de movilización del Partido Comunista da cuenta no de un voluntarismo inmediatista, sino de una conciencia respecto del carácter del problema que deben resolver.

La movilización del pueblo chino no fue sólo para “salvar a los suyos”. En esta guerra muestran asumir que la lucha en la que se encuentran es global, y que por lo tanto requiere que ellos se pongan a la altura de las circunstancias. Tal y como lo plantea Xi Jinping en conversación con su homólogo francés, Emmanuel Macron, que “China no sólo es responsable de la seguridad y la salud del pueblo chino, sino también de la gente del resto del mundo. China es un país responsable” (XH 21/2).

El manejo de la crisis que atraviesa la humanidad por parte de China da cuenta de que no está reemplazando la dominación yanqui, sino que se está poniendo al frente de las tendencias históricas. Las tareas que esto requiere implican que debemos romper con la concepción de que alguien va a resolver nuestros males y nos pongamos al frente de la resolución de los problemas.

No podemos esperar que los chinos resuelvan nuestros problemas. El papel de China, Rusia, Cuba y Venezuela en esta crisis es confrontarnos con una solidaridad que nos estimula, como ejemplo a emular, mostrándonos la conducta que se debe tener. Tal modo de proceder implica poner lo común por delante. Poder dar esta pelea contra estos males que aquejan a la humanidad requiere asumir prácticamente que nada de lo existente puede ser emparchado o embellecido. Así lo hacen los pueblos que pueden darle respuesta a esta pelea. Los cubanos para poder aplicar esta solidaridad de clase sin precedente debieron asumir décadas de bloqueo económico y hasta invasiones; Venezuela, una guerra económica sin cuartes desde hace años; China, por su parte, tuvo que derrotar la invasión japonesa, ganar la guerra de liberación nacional, soportar el hostigamiento internacional. Esto muestra que la única manera de construir las herramientas para poder derrotar al enemigo es enfrentándolo en cada rincón donde se desarrolle su conducta.

Sin combatir su conducta es imposible que lo nuevo surja. Esperar resultados en el combate al COVID-19 similares a los chinos sin asumir la Larga Marcha es aún no comprender el carácter del problema. Cuba y Venezuela son nuestros ejemplos a seguir. En esos países hermanos la construcción de una nueva conducta asoma como algo concreto que sólo puede emerger de dejar de emparchar y ponerse a construir las herramientas necesarias para la derrota del enemigo y la construcción de un nuevo orden.



[ << Volver a la primera plana ]