Revista Mensual | Número: Abril de 2020
Fuentes consultadas:
EE.UU.-Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW).
China: Xinhua (XH). Rusia: Russia Today (RT). Irán: HispanTV (HTV). Líbano: Al Manar (AM).
Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Brasil: Folha de São Paulo (FSP). Colombia: El Tiempo (ET).
Argentina: Clarín (CL); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Página/12 (P12).
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Cuestión de actitudes

Virus no mata succión
Hay un pozo profundo en la esquina del sol
Cuando las cosas empiezan a funcionar al revés    
Recibir los golpes, no tener miedo
No tener nada y tenerlo todo


La pandemia del coronavirus azota al mundo y el continente no escapa a la disyuntiva de perecer como especie o asumir el control de las fuerzas productivas

Cuestión de actitudes

“Es sólo una cuestión de actitud
no tener nada y tenerlo todo
es sólo una cuestión de actitud
y nunca nadie sabe nunca nada para colmo
es sólo una cuestión de actitud
espada, capa, torero y toro”
.
Fito Paez


Virus no mata succión

El estallido de las relaciones sociales capitalistas ha llegado a momentos de agudización sin precedentes. La imposibilidad de muchos grupos económicos concentrados de escala global de sostener su reproducción, ante la caída constante del valor generado en el mundo, hace que sean cada vez más virulentos los mecanismos de succión sobre nuestras economías. En nuestro continente, de manera apremiante, se acrecienta la disputa entre ellos por el control de los recursos naturales y de los resortes económicos esenciales, que históricamente controlaron las fracciones rentísticas locales. Así, las maniobras especulativas y de extrangulación económica continúan ciñéndose sobre Nuestramérica. En México, la actividad bancaria se haya concentrada en seis bancos principales (de los cuales cinco tienen sus matrices en el extranjero); durante 2019 esas firmas se alzaron con el 80% de las ganancias del sistema, siendo el 75% de los activos en circulación pertenecientes a estos grandes bancos, que operan con altas comisiones y tasas de interés en detrimento de los créditos orientados a la producción local (LJ 24/2). El mismo panorama se presenta en Brasil donde, después de los anuncios de apertura económica realizados por el gabinete económico del gobierno de Bolsonaro ante el avance del Coronavirus, los índices bursatiles se dispararon en un promedio del 2,36% y las tasas de interés continúan en índices altos, rondando un 4,25%, lo que permite cuantiosas ganancias para los capitales especulativos. Esto es reconocido por los propios analistas brasileños, quienes afirman que “la posibilidad de que el banco central estadounidense reduzca las tasas de interés en los Estados Unidos podría reducir la presión sobre el real, ya que la diferencia entre la tasa Selic y las tasas de interés estadounidenses sería mayor, siendo ventajoso aplicar en Brasil a través del carry trade, una práctica de inversión en que la ganancia está en la diferencia de cambio e interés. En él, el inversionista toma dinero a una tasa de interés más baja en un país, en este caso, EEUU, para aplicarlo en otro, con otra moneda, donde el interés es más alto, Brasil” (FSP 2/3). Aun así, los grupos económicos de escala mundial continúan presionando para que las tasas sean mayores, so pena de retirar los capitales de las economías locales, elevando el precio de las monedas. En Brasil, el real registró el peor desempeño del mundo durante 2019 y en México el valor del peso cayó en los mercados cambiarios globales en el orden del 5 % solo durante los tres últimos meses (LJ 17/3).

Esta situación se agrava con la salida de efectivo sin precedentes por parte de los inversores internacionales en los países emergentes, en el escenario de la disputa entre las fracciones mundiales del capital concentrado por “parar” o “estimular” la economía. En este sentido, Brasil es uno de los países de los que los inversores no residentes han sacado más dinero, unos U$S 10.000 millones desde el 21 de enero, ubicándose sólo ligeramente por detrás de Taiwán y Corea del Sur; en el vecino país, las intervenciones del Banco Central para detener la corrida cambiara no pudieron impedir que se devalúe un 20% la moneda brasileña en apenas dos meses (FSP 18/3). Esta situación es generalizada por un informe del Instituto Internacional de Finanzas, donde se afirma que “la interrupción repentina en los flujos de capitales pone a los mercados emergentes con necesidades de financiamiento externo en un riesgo particularmente alto”, siendo “Chile y Colombia algunos de los emergentes con más riesgo. Esto se debe a los bajos precios de los productos básicos (materias primas) que complican el panorama externo de estas economías” (P12 19/3). El mismo informe compara la crisis financiera de 2008, donde en los 50 días posteriores a su estallido la fuga de los emergentes fue de U$S 20 mil millones, mientras que en la actualidad, en un mismo rango de días, se registró una fuga cercana a los U$S 60 mil millones (P12 19/3).

Ante esta situación de acecho constante a la que son sometidas nuestras economías, que ya no pueden dar respuestas desde su orden rentístico, el único camino que les queda bajo esta lógica es el endeudamiento permanente en condiciones cada vez más subordinadas al capital financiero global. La suba en los índices de “riesgo país” de Brasil (medido, al igual que en el resto de los emergentes, por el Credit Default Swap (CDS)), aumentaron 14.4% a 129 puntos, dificultando la entrada de prestamos al país con bajas tasas, tanto privadas como de los organismos financieros internacionales. A su vez, se complican aún más las deudas contraídas antaño, ya que el dinero a pagar solo por los intereses aumenta. En México, durante las presidencias de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, la deuda pública se multiplicó por cinco y el grueso de los dineros obtenidos se destinó solo al pago de intereses (LJ 24/2).

De esta manera, con la situación mundial que desató el Coronavirus, nuestras economías quedan mucho más expuestas al saqueo por parte de los grupos económicos, en un marco donde los precios de las materias primas, de las cuales somos totalmente dependientes aún, dado el carácter rentístico dominante. Así, las primeras proyecciones en Estados Unidos sobre el impacto de la pandemia en Nuestramérica vaticinan meses muy difíciles para la economía regional. Los principales bancos de inversión de Wall Street dieron vuelta sus pronósticos y auguran una recesión para 2020. JP Morgan proyectó una caída anualizada del producto bruto interno (PBI) del 11,6% en el segundo trimestre de este año debido al impacto de la pandemia; Goldman Sachs estimó que la región caerá un 1,2% anual; mientras que Credit Suisse anticipó una contracción mayor, del 1,5 %. El director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, Alejandro Werner, recomendó políticas de estímulo fiscal y monetario y dijo que los gobiernos regionales deberían repartir dinero, subsidiar los salarios y ofrecer recortes impositivos para aliviar a los hogares y los comercios y ayudarlos “a enfrentar esta parada temporal y repentina en la producción. Para la región, la recuperación que esperábamos hace unos meses no ocurrirá y un 2020 con crecimiento negativo no es un escenario improbable”, afirmó. Asimismo, el FMI dijo que los países de América del Sur sufrirán una caída en los ingresos por exportaciones: “tanto por la caída en los precios de las materias primas como por la reducción en los volúmenes de exportación, especialmente a China, Europa y Estados Unidos, que son socios comerciales importantes, hasta tanto no se contenga la epidemia” (LN 20/3).

De esta manera, el panorama sigue siendo sombrío para Nuestro continente. En plena disputa entre los capitales globales por subsistir, el estallido manifestado en la pandemia, agudiza el enfrentamiento entre los sectores que empujan a seguir produciendo sin tomar medidas precautorias ante el avance del virus y los que aprovechan el parate productivo de más de 3 mil millones de personas en el mundo, dada su capacidad de reproducción, para avanzar definitivamente contra sus competidores en el mercado. De todos modos, cualquiera de estas dos alternativas, no frenan el proceso de confiscación sobre vastos sectores de nuestras sociedades, incluyendo los grupos económicos y rentísticos locales.

Hay un pozo profundo en la esquina del sol

De esta manera, las tambaleantes oligarquías locales pierden cada vez más espacio en la reproducción ampliada del capital, ya que los procesos productivos que antes controlaban en gran medida están siendo arrasados con el avance predatorio de los grupos económicos mundiales. La caída de precios de las materias primas, como tendencia objetiva de la reducción de valor constante de todo lo producido a nivel mundial, se aceleró con el estallido de la pandemia y del nuevo conflicto desatado por Arabia Saudita en relación a la producción petrolera. Así, los núcleos rentísticos locales se ven cada vez más obligados a reducirse y buscar sobrevivir, aumentando su nivel de dependencia y de primarización. En Brasil, luego de expandir la frontera agropecuaria y de llegar a cosechas record, las exportaciones de soja cayeron un 52% menos en los primeros tres meses del año, en comparación con mismo período en 2019 (FSP 6/3). Ante esta situación, contrariamente con las medidas que viene tomando el gobierno brasileño, se lanzo desde el Ejecutivo un programa de créditos brindados desde la Caixa Economica y el Banco do Brasil, como medida de alivio contra la crisis del coronavirus, donde un 17% estará destinado a las pequeñas y medianas empresas que dependen del negocio exportador de materias primas, mientras que un 50% será para empresas que paran su producción, repartiendo el resto: 17% para salvar carteras de bancos, un 13% para individuos y solo un 4% para hospitales, estados y municipios. Según la Confederacion Nacional de Agricultura (CNA), los agronegocios son responsables del 21% del PIB brasileño que, anualmente, registra un saldo positivo que mantiene el déficit de todos los demás sectores productivos (FSP 22/3). De esta manera, los grupos concentrados locales están obligados a sostener al resto de los sectores económicos que no son competitivos a nivel global para que no se profundicen las contradicciones hacia el interior de los países.

De la misma manera, todas las especulaciones con respecto a la entrega de los recursos energéticos hacia los capitales internacionales se derrumban como castillos de naipes, ante la profundización de la crisis que se desató en torno a la producción petrolera. Con esto continúan las presiones a nuestros países para quebrar a las empresas estatales petroleras y someterlas a procesos privatizadores en función de controlarlas desde los centros imperiales. La situación de Pemex, en México, continua desnudando estas operatorias amparadas por los gobiernos que representan los intereses de las oligarquías locales. Así, la empresa estatal se encuentra literalmente en quiebra desde 2019, empujada a ello por los seis gobiernos neoliberales anteriores a Andrés Manuel López Obrador, con el saqueo, desmantelamiento, recorte presupuestal, privatización, asfixia financiera, deuda galopante y corrupción a más no poder (LJ 26/2). Esta situación agudiza las pérdidas originadas por las baja cotización del crudo a nivel mundial, que cayó U$S 41 por barril solo en tres meses, afectando al principal ingreso del estado mexicano, en el orden del 15% (LJ 18/3).

Este proceso de expropiación por parte de los grupos económicos mundiales se produce también para el caso de Petrobras: luego de que el estado brasileño se desprendió de muchos de sus activos, la empresa comienza a ser superavitaria obteniendo ganancias recor, a pesar de la caída de los precios del crudo. En el balance general, el presidente de la compañía, Roberto Castello Branco, dijo que las desinversiones fueron fundamentales para “ayudar a hacer factible el enfoque en los activos en los que somos propietarios naturales” (FSP 20/2). Esto se profundizó a partir del ofrecimiento a la banca privada del 51% de la subsidiaria de distribución de gas natural, Gaspetro, para buscar inversores estratégicos o financieros en la compañía. El acuerdo es parte del plan de venta de activos del estado y responde a la determinación de Consejo Administrativo de Defensa Económica (Cade), en un acuerdo para reducir la participación de la compañía en el mercado brasileño de gas natural (FSP 22/2). Mientras tanto, la empresa firmó un acuerdo que permite la importación privada de gas de Bolivia, arguyendo que el aumento de la competencia por el suministro de gas “es un punto clave para que el país pase por el shock de energía barata prometido por el ministro de Economía Paulo Guedes” (FSP 7/3).

Esta situación de entrega de recursos, y del avance del dominio del capital global sobre la renta, profundiza la tendencia a la desinversión en las areas industriales que fueron parte del motor del desarrollo económico en nuestros países. Ante el avance del coronavirus, las empresas automotrices vaticinan aun más desinversiones en nuestro continente. En Brasil, Mercedes Benz anunció el parate productivo entre el 30 de marzo y el 19 de abril y la potencial vuelta a la producción está sometida a la “situación del país”, según la empresa alemana que produce camiones y autobuses en São Bernardo do Campo y automóviles en Iracemápolis, en San Pablo. Según la Asociación de fabricantes de automóviles instalados en Brasil (Anfavea), la pandemia revierte las expectativas de los fabricantes que planearon cerrar 2020 con ganancias después de años de pérdidas (FSP 19/3). Al mismo tiempo, las empresa Ford y General Motors suspendieron la producción en Brasil y Argentina (LN 20/3). El mismo panorama se registró en Mexico, otro gran polo industrial automotriz, donde las dos fabricantes de autopartes más importantes, Nemek y Rassini, decidieron detener la producción en consonancia con la decisión de las principales compradoras de sus productos, las armadoras Ford, General Motors y Fiat-Chrysler, en Detroit y Volkswagen en Europa. En el propio país azteca, Audi, Honda y Nissan también han optado poner en pausa a su producción. Hasta antes de la crisis sanitaria, Óscar Albín, presidente ejecutivo de la Industria Nacional de Autopartes, preveía un crecimiento de 2,7% por ciento, mientras que en la industria automotriz pronosticaba una caída de 4 por ciento en su producción (LJ 23/3).

De esta manera, la propagación de la pandemia es solo una manifestación más del estallido de las relaciones capitalistas a nivel mundial, por lo tanto se acelera la imposibilidad de construir fuerza social por parte de las oligarquías locales, no pudiendo garantizar su propia reproducción y la de vastos sectores de la sociedad, situación que, como siempre afirmamos, es intrínseca a la caída de valor a nivel mundial. Así, las contradicciones entre el carácter cada vez más social de la producción y su concentración en cada vez menos miembros de la burguesía llevan a la búsqueda desesperada de los capitales locales de “salidas” que solo pueden, en realidad, profundizar más esa crisis, precipitando conflictos sociales empujados por los sectores desplazados de esa reproducción ampliada.

 

 

Cuando las cosas empiezan a funcionar al revés

Con este desolador panorama, las actitudes de los gobiernos alineados a los intereses de los capitales económicos mundiales dejan claramente expuesto que las oligarquías locales no están exentas de la lucha sin cuartel que tienen entre ellos. Así, la discusión entre poner en cuarentena a la población o estimular aun más la producción, divide aguas entre las fracciones del capital local. En este sentido, el gobierno brasileño, luego de años de ajuste y confiscación sobre vastos sectores de la sociedad, anunció que inyectará cerca de U$S 30.000 millones para intentar contener el impacto del coronavirus en la economía. El ministro Paulo Guedes anunció un paquete de medidas de “emergencia” por ese monto, entre las que están el adelanto del medio aguinaldo para jubilados y pensionistas, la suspensión del pago de algunos impuestos y la ampliación del programa Bolsa Familia (LN 17/3). Para fundamentar este timonazo, Guedes dijo que “una economía resiliente, con fundamentos fiscales, estructura firme, surfea la ola. Brasil está comenzando la reaceleración económica, está viniendo una turbulencia económica y tiene posibilidades de pasarla. Son tres o cuatro meses”. Más de la mitad de los recursos tendrán como destinatarios a la población más vulnerable de Brasil, que el gobierno espera atender con las medidas. El otro objetivo es evitar el alza del desempleo, que alcanza a casi 12 millones de brasileños (LN 17/3).

En el mismo sentido, los popes del empresariado paulista reclama una inyección monetaria para fortalecer la economía. El fundador de XP Investimentos, Guilherme Benchimol, una compañía local de fondos de inversión, dijo que el gobierno brasileño necesita un “Plan Marshall” para evitar que el país enfrente una situación de caos social causado por el desempleo durante la pandemia del nuevo coronavirus: “no es improbable que Brasil llegue a 40 millones de desempleados para fines del segundo trimestre” afirmó. Por su parte, el presidente de la Caixa Economica Federal, Pedro Guimarães, dijo que se deberían presentar nuevas medidas para estimular la economía, como ser la aplicación de recortes en las tasas de interés en las líneas de crédito más caras y el aumento en el plazo para el pago de la financiación contratada con el banco. Sobre esto afirmó que desde su parte “vamos a apoyar la economía brasileña. Tenemos una gran cantidad de efectivo y vamos a inyectar dinero en la economía directa e indirectamente” (FSP 23/3). Los industriales brasileños también se alinearon a esta postura. Benjamin Steinbruch, de la Companhia Siderúrgica Nacional (CSN), Wilson Ferreira Júnior, de Eletrobras, Rubens Menin, de MRV y CNN Brasil, André Street, de Stone y Marcos Ross y Rafael Furlanetti, de XP, Marcos Ross, economista de XP, dijeron en un comunicado que “las acciones de ajuste en la política monetaria, como los recortes en las tasas de interés, serán insuficientes. Es necesario ´apalancar la deuda´ e ´invertir dinero en los grupos más vulnerables´. El precio para reanudar la actividad después será mucho más caro. Está claro que el problema de salud es una prioridad”. Por su parte, André Street, agregó que “a pesar de ser un defensor absoluto del libre mercado”, también entiende que “el momento requiere una acción gubernamental para garantizar el funcionamiento de la economía” (FSP 23/3). En líneas más puntuales, los empresarios exigieron más tiempo para pagar impuestos y más atención a la situación de pequeños y medianos empresarios, que a la vista de la parálisis económica, muchos vínculos de estos en el sector productivo están en riesgo. Para el presidente de la CSN, Benjamin Steinbruch, “tendremos que vivir con esta ola, pero debemos asegurarnos de que sea posible hacer negocios” (FSP 23/3).

Sin embargo, estás medidas de inyección de dinero en la economía solo están dirigidas a sostener a las moribundas oligarquías y sectores rentísticos, ya que no impiden continuar profundizando las medidas de ajuste sobre la población. En Ecuador, el gobierno de Lenín Moreno, que viene aplicando sistemáticamente medidas de recortes presupuestarios y ajustes sobre las mayorías, anunció medidas económicas aludiendo la situación suscitada por la caída de los precios del petróleo, eliminando areas dependientes del Estado que son consideradas como gastos. Entre ellas se encuentran la Secretaría de Juventudes, Agencias de Regulación y Control, Institutos dependientes del estado, empresas públicas, secretarías técnicas y la propia empresa de medios públicos. Al mismo tiempo convocó a los empleados públicos a aportar “de forma temporal un pequeño porcentaje de su salario”. Ademas, planteó la reformulación de la deuda externa con organizaciones financieras internacionales, que ofrecen “mejores tasas y condiciones” por un monto de U$S 2 mil millones, a la vez que anunció el incremento de las retenciones en las fuentes de impuestos a la renta en 0,75% entre los que se incluyen el sector bancario, petrolero y telecomunicaciones. El recorte presupuestario es del orden de U$S 1.400 millones. El presidente reconoció con estos anuncios que ni él ni todos sus ministros pueden dar solución a la situación y por lo cual necesitan de la colaboración de toda la población (TS 11/3). En Brasil, se tomaron medidas con respecto a los contratos laborales, que con la excusa de la expansión del coronavirus se autoriza a las empresas a suspender a los trabajadores por cuatro meses, sin pagar los salarios. Ante esto, el empleador podrá otorgar una ayuda compensatoria mensual, “sin naturaleza salarial, con un monto libremente definido entre el empleado y el empleador, a través de la negociación individual” (FSP 23/3). Aunque se intente encubrir, esto es una aceleración de la reforma laboral, tan necesaria para achicar el margen de “gasto” empresarial en salarios, situación que no se reduce a la recesión provocada con la pandemia, sino que es parte de las condiciones necesarias para la reproducción del capital.

Con este panorama, todos los sectores que empujaban la reforma fiscal, laboral y previsional en el continente, además de sostener aquello, exigen que desde el Estado se incentive la producción, en momentos donde la propagación del virus, ha detenido sectores clave de la economía. Esto deja a las claras que, en el actual grado de concentración y centralización económica, el parar la producción en muchos sectores económicos, significa el perecimiento de muchos capitales cuya envergadura y diversificación son insuficientes para reproducirse de manera ampliada. Por el contrario, la ralentización que produjo la pandemia, beneficia a las fracciones del capital que objetivamente tienen un grado de desarrollo con el cual “aguantar” este proceso y salir aun más beneficiados con él. Por lo tanto, esto significa que el proceso de concentración de capital continúa su marcha, que es inherente a las relaciones sociales que lo reproducen, dejando inevitablemente a vastos sectores de su égida, por más intervención estatal que hubiera, fuera de la posibilidad de competir a nivel mundial. Pero esto, como venimos analizando, provoca cada vez más descontento en las mayorías, aumentando constantemente los desbordes sociales que ya no pueden ser contenidos por los gobiernos que se aprestan a continuar garantizando el saqueo y la confiscacion según los intereses de reducidos grupos rentísticos y de los capitales concentrados mundiales.

Recibir los golpes, no tener miedo

Ante está situacion de caos generalizado a partir de la expansión de la pandemia, la clase trabajadora se posiciona ante ello. En México, las medidas de prevención y cuarentena se hicieron esperar ya que la economía azteca depende en su mayoría del trabajo informal. Según el Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico, durante 2019 la precarización laboral avanzó y se extendió a enero de 2020. De continuar esta tendencia, habrá una reducción ocupacional en los puestos laborales superiores a tres salarios mínimos que pasaran a fuentes de ocupación y empleo en los rangos de bajo ingreso, informales (LJ 21/2). Ante ello, a pesar de la acelerada propagación de la pandemia, las centrales obreras pidieron al gobierno de AMLO y a los empresarios que, frente al coronavirus, adopten medidas para “proteger el empleo” (LJ 20/3).

Por su parte, la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) salió al cruce de las nuevas medidas de ajuste que anució Lenin Moreno, afirmando que la central indígena junto con el Parlamento de los Pueblos y Organizaciones Sociales que lideraron los alzamientos contra el gobierno durante 2019 y detuvo parcialmete el avance confiscatorio sobre el conjunto de la sociedad ecuatoriana, no serán cómplices de “otro #Paquetazo” y recordaron que el gobierno ecuatoriano no tomó en cuenta la propuesta presentada por dichas organizaciones (TS 11/3).

De esta forma, si bien la actitud de la clase trabajadora en el continente es la pelea reactiva contra la profundización de los ajustes, comienzan a tener atisbos de positivización frente a la imposibilidad de resolver dentro de los marcos planteados por las oligarquías y los grupos económicos. En Brasil, João Pedro Stedile, miembro del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), propuso un modelo productivo como alternativa la concentración de tierra en favor de los sectores dominantes de la economía brasileña y su asociación con los grupos transnacionales que fomentan el latifundio especulativo y los agronegocios, que buscan especular con el valor de la tierra para luego venderla o impulsan que grandes extensiones de tierra, muchas producto de la deforestación en la Amazonia, sean dedicadas al monocultivo basado en una alta mecanización, que arrasan con la mano de obra y emplean pesticidas perjudiciales para la salud humana (TS 18/3). De esta manera, insta a los campesinos y trabajadores rurales a organizarse en forma de cooperativas y participando en el proceso de creación de una agroindustria, como la única forma de garantizar el empleo y la permanencia de los jóvenes en el campo (TS 18/3).

Pero estas formas propuestas para salir de la crisis requieren profundización en cuanto a la actitud a asumir por parte de la clase trabajadora, en un panorama que cristaliza el caos y el desastre de la producción capitalista. En Colombia, de los 21 millones de trabajadores del país, unos 9,45 millones corresponden a los llamados “cuenta propia”, la gran mayoría de estos ejercen sus actividades de manera informal, en trabajos que necesariamente implican salir a buscar el ingreso con clientes, a quienes venden productos y servicios que les dan su sustento día a día (ET 21/3); a estos sectores la aplicación de la cuarentena los expone aún más ante tal precariedad. En Brasil, la propagación de la pandemia ha causado una caída en la demanda de carne, con vacaciones colectivas en los mataderos y en las industrias del calzado. La empresas frigorificas Minerva y JBS conceden “vacaciones colectivas” y aducen que “estas suspensiones temporales son comunes en respuesta a la dinámica del mercado” (FSP 21/3). Ante la inacción desde el gobierno central, cada uno de los estados brasileños toma medidas por sí mismo. En el interior, en Pernambuco, hay paralizadas más de 15 ciudades involucradas en la producción de bienes textiles, con una informalidad de alrededor del 80%. Otro de los polos textiles del país, Santa Catarina, también tiene sus industrias cerradas en vacaciones colectivas debido al decreto del gobernador Carlos Moisés (PSL). En Río Grande do Sul, la industria del calzado se ve especialmente afectada por la caída del consumo. Según Haroldo Ferreira, presidente ejecutivo de Abicalçados (Asociación Brasileña de la Industria del Calzado), el 49% de las industrias tuvieron cancelaciones o aplazamientos de pedidos (FSP 21/3). Como venimos analizando, estas condiciones no son una anormalidad dentro de la lógica del capital, sino que son parte de los estallidos de estas relaciones, por lo tanto, no está planteado como necesario “acostubrarse a una nueva normalidad”, sino que se trata de actuar desde los intereses de la clase trabajadora, poniendo en nuestras manos como tal el control absoluto de la producción ya que contamos con las condiciones para ello, como vienen demostrando los que se pusieron frente a esta pelea.

No tener nada y tenerlo todo

Bajo estas condiciones, al frente de la pelea mundial contra la pandemia del coronavirus, se ponen los faros latinoamericanos, que junto con lo más desarrollado mundialmente en tanto planificación económica y control de las fuerzas productivas, muestran una vez más que es el cambio de relaciones la única salida para la crisis terminal del sistema capitalista. Ante nuevos ataques por parte del imperio y de los organismos al servicio de su dominio, Venezuela vuelve a demostrar cuál es el camino a seguir por la clase trabajadora y los pueblos. Durante este mes, el Fondo Monetario Internacional (FMI) negó un préstamo solicitado de U$S 5 mil millones por parte del gobierno bolivariano para enfrentar el coronavirus. En una respuesta relámpago, uno de los portavoces dio a conocer la decisión de negar el préstamo, en virtud de cuestionar la legitimidad de las autoridades bolivarianas, plegándose así al bloqueo criminal de Washington y rehusándose a tener un gesto humanitario con la población civil venezolana, única beneficiaria del giro (CD 18/3). Esto no impidió al pueblo venezolano poder organizarse utilizando toda la experiencia que es resultado del enfrentamiento contra la constante guerra económica a la cual es sometido. En este sentido, además de negar el préstamo para enfrentar la pandemia, nuevamente fueron atacadas las empresas que invierten en la economía bolivariana. Así, EEUU sancionó a otra filial de la petrolera Rosneft por operaciones con petróleo de Venezuela, prohibiendo la vinculación de empresas norteamericanas con la estatal rusa (HTV 12/3).

Pero estas condiciones, que intenta hace años imponer el imperio, son constantemente sorteadas por el pueblo bolivariano y esto es reconocido hasta por las usinas de pensamiento de las oligarquias continentales, que enseguida los vinculan a las fuerzas mundiales que vienen proponiendo nuevas relaciones que superen a las capitalistas. Así, según La Nacion, “las sanciones empujan a Maduro a aplicar un modelo económico chino”, poniendo como ejemplo la apertura de los bodegones, un sistema de importación de productos controlados desde el gobierno central venezolano (LN 23/2). Al mismo tiempo, ante la nueva crisis petrolera abierta desde la expansión del coronavirus, el ministro de Energía y Petróleo de Venezuela, Manuel Quevedo, se reunió con el secretario general de la OPEP, Mohammad Barkindo, para revisar la situación del mercado petrolero global y las proyecciones de demanda y producción para este año 2020, y defender ante el organismo la posición del Gobierno del presidente Maduro en defensa de la estabilidad del mercado petrolero mundial (TS 4/3).

Es de esta forma cómo una parte de la clase trabajadora se apresta a dar batalla en el continente contra la pandemia que azota al mundo, poniendo por delante los intereses comunes de toda la humanidad y escidiendose de la disputa entre los grupos económicos por ver quién sobrevive en esta situación de caos y de muerte provocada por el estallido de las relaciones capitalistas en sus centros.

Con estas premisas, el presidente venezolano, Nicolás Maduro, afirmó que el país cuenta con todos los medicamentos necesarios para el tratamiento del Covid-19, gracias al apoyo de la ONU y aseveró que, “la industria farmacéutica nacional está en capacidad de fabricar las 24 medicinas que se necesitan para enfrentar el coronavirus de aquí en adelante”, además de hacer una encuesta nacional sobre un total de más de 9 millones de personas para identificar posibles casos sospechosos y que el pueblo venezolano tiene el apoyo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de todas las agencias de la ONU y de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) para coordinar y elaborar “un protocolo de tratamientos de atención y curativos en todas las personas que tengan el coronavirus”. Al mismo tiempo, Maduro anunció la llegada de más médicos cubanos para sumarse a la Misión Barrio Adentro, programa gubernamental que garantiza la atención sanitaria a las comunidades del país y el recibimiento de un cargamento con material médico proveniente de Rusia, esto con el propósito de apoyar la lucha de las autoridades y del pueblo venezolano (TS 20/3). Cabe destacar, en este sentido, que estas tareas serían imposibles de realizar sin el desarrollo de las Unidades de Batalla Hugo Chavez (UBHC), que controlan el estado de salud de cada uno de los venezolanos, sin la actividad de los CLAP, que concretan el abastecimiento de alimentos y sin las Unidades Populares de Defensa Integral (UPDI), que garantizan el aislamiento preventivo de la pandemia.

Una vez más, la realidad presenta ante la clase trabajadora desafíos históricos, que exigen la actitud necesaria para enfrentar problemas urgentes y globales como este nuevo coronavirus, ante el cual las moribundas relaciones capitalistas de producción e intercambio nada están pudiendo hacer, porque nunca ha estado en ellas el objetivo de resolver problemas sociales, sino simplemente incrementar ganancias para una ínfima parte de la humanidad. La conducta de rapiña que es la esencia de grupos económicos concentrados alrededor de todo el planeta se muestra hoy impotente frente a un desafío inédito; la conducta de los pueblos trabajadores, que sostienen cada día las bases materiales de la vida sobre la tierra, incluso en tiempos de pandemia, señala claramente el camino a seguir, exigiendo la contrucción de una sociedad completamente nueva, donde los problemas sean motor del desarrollo de nuevas cualidades sociales, y no puro caos y muerte. El desafío planetario encuentra a Nuestramérica con varias experiencias que señalan a las claras toda la potencia que tiene una sociedad donde priman la solidaridad y la respondabilidad colectiva por lo común. La actitud de ponerlo todo, que es propia de la clase trabajadora, es la que muestra la luz al final del túnel. Y nuestras naciones están llamadas a jugar fuerte en esta época.



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