Revista Mensual | Número: Abril de 2020
Fuentes consultadas:
EE.UU.-Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW).
China: Xinhua (XH). Rusia: Russia Today (RT). Irán: HispanTV (HTV). Líbano: Al Manar (AM).
Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Brasil: Folha de São Paulo (FSP). Colombia: El Tiempo (ET).
Argentina: Clarín (CL); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Página/12 (P12).
[<< Volver a la primera plana]

Salvar, salva

El estallido llegó en forma de virus
Enfermedad autoinmune
Tomando de su propia medicina
La solidaridad tiene cara cubana


La crisis capitalista, el derrumbe de la hegemonía yanqui y el ejemplo mundial del socialismo. Cuba más faro que nunca

Salvar, salva

“El capitalismo, progresista en otros tiempos, se ha vuelto reaccionario; ha desarrollado las fuerzas productivas a tal extremo, que a la humanidad no le queda otro camino que pasar al socialismo, o bien sufrir durante años, e incluso durante decenios, la lucha armada de las ‘grandes’ potencias por el mantenimiento artificial del capitalismo mediante las colonias, los monopolios, los privilegios y todo género de la opresión nacional.”

V. I. Lenin


El estallido llegó en forma de virus

Como hemos sostenido hace mucho tiempo, el capitalismo se encuentra en un momento de agonía, en donde todos los aspectos (estructurales y superestructurales) que lo componen transitan una crisis terminal. Y ello se debe, fundamentalmente, a la incapacidad de reproducir en escala ampliada a la inmensa masa de capitales monopólicos de escala global. Esta situación profundiza el carácter expropiatorio, la lucha interburguesa, entre cada vez más amplios sectores que lo componen, imposibilitando así la construcción de una fuerza social que garantice el “normal” funcionamiento del sistema.

Así, frente al inminente precipicio, debe radicalizar políticas cada vez más agresivas y violentas contra la humanidad y la naturaleza, perdiendo incesantemente legitimidad y hegemonía. En un mundo donde la riqueza se concentra cada vez en menos manos –ya no hablamos de 147 corporaciones sino de tan solo 50 grupos económicos que le expropian a la humanidad el 82% de la riqueza producida– no queda más lugar para los Estados naciones, los mercados internos ni las oligarquías locales; sino que son estos monopolios los que tienen que gobernar a escala planetaria (al menos intentarlo).

De esta manera, este puñado de corporaciones le declara la guerra a cientos de millones de habitantes dado que no hay bases materiales para contenerlos e incorporarlos a una fuerza social que garantice un ordenamiento medianamente estable. Apelando a la gigantesca maquinaria tecnológica, bélica y comunicacional deben impedir mediante el terror y la confusión ideológica que los pueblos trabajadores se organicen en su contra, mientras acaparan la mayor cantidad posible de riqueza socialmente producida.

En este sentido, hoy la humanidad está siendo atormentada por un nuevo virus que se propaga a pasos agigantados en escala planetaria, dejando en su marcha un saldo de cientos de miles de fallecidos, y una sensación de incertidumbre sobre cómo será el devenir.

Tras el arribo al continente del Covid-19, Latinoamérica se encuentra convulsionada y conmovida. Este virus, que se expande por el globo cual plaga, refleja como un espejo recién pulido dos imágenes contrapuestas: por un lado, a un sistema capitalista en estado terminal que, en sus principales intelectuales y políticos, se encuentra incapaz de dar al menos una respuesta consistente a tamaño problema; por el otro, la creciente necesidad de los trabajadores de construir “la casa nueva donde habitar”.

A partir de que la contundente respuesta dada por China en la ciudad donde se esparció el virus masivamente (luego de eso, la Organización Mundial de la Salud declaró al Covid-19 como pandemia), el mundo entero quedó a la vista de todos “patas para arriba”.

Continentes confinados a cuarentenas prolongadas, sistemas de salud colapsados, economías frenadas, fábricas cerradas, miles de desocupados, desabatecimineto de productos básicos, etc. expresan con claridad que el problema de todas estas manifestaciones radica en la forma en que hemos organizado el mundo y, por lo tanto, las relaciones sociales que entablamos para hacerlo. Muestran que el problema no es sanitario o económico sino que es político; y que, por lo tanto, su solución también es política, como lo ha demostrado el inmenso ejemplo chino.

Como consecuencia, si la tendencia global era la agudización de la crisis capitalista, este contexto la profundiza, le hace dar un verdadero salto de calidad.

Hace que sea evidente para miles de millones la putrefacción, irracionalidad y agotamiento histórico de la burguesía como clase ordenadora de la sociedad, anteponiendo su ganancia por sobre todas las demás cosas (incluso la supervivencia de la especie). Por el otro, los países que son conducidos por su clase trabajadora, que ha derrotado de manera cruenta a sus explotadores allí, evidencian al mundo lo coincidente de sus intereses con la vida humana.

En este contraste esencial, China, Cuba y Venezuela son los pueblos que encabezan hoy la batalla antiimperialista (y anticoronavirus), afirmándose como faros mundiales, demostrándole a la humanidad que es posible –y necesario– construir un nuevo modo de organización social en medio de tanto caos.

Desde siempre Estados Unidos y sus socios globales vienen llevando adelante diversas medidas para derrotar política y militarmente estos ejemplos latinoamericanos. Bloqueos económicos, sanciones financieras, desabastecimiento de medicamentos y alimentos son parte de su arsenal en la guerra imperialista. También es recurrente la guerra bacteriológica, la cual tiene como fin (al igual que el resto de las estrategias) caotizar las sociedades que lo enfrentan y minar la legitimidad de los gobiernos revolucionarios. Cuba, por ser la vanguardia antiimperialista en la región, ha sido uno de sus blancos históricos.

En la década del 60 el Pentágono llevó adelante la Operación Mangosta con el fin de dañar sus cosechas. En los 70 a la isla se le inoculó fiebre porcina, lo que demandó que el pueblo cubano tuviera que sacrificar a medio millón de cerdos (con las consecuencias que ello tiene para economía y alimentación del pueblo), y en los 80 fueron detectados en la Habana varios casos de dengue hemorrágico que resultaron ser de una cepa creada en laboratorio.

Todo esto sumado al voraz bloqueo económico que padeció Cuba luego del colapso de la Unión Soviética en 1991. Ya en la década del 40 el pueblo guatemalteco fue usado por Estados Unidos para probar vacunas contra sífilis, gonorrea y otras enfermedades de transmisión sexual. Cual ratones de laboratorio, las víctimas fueron infectadas mediante inoculación directa y sin su consentimiento ni conocimiento, dejando un saldo de 1.500 habitantes enfermos.

Por lo tanto, las teorías y acusaciones esgrimidas sobre la CIA respecto del Covid-19 y su inoculación en China a modo de arma biológica para dañar su economía hacen honor a los antecedentes históricos del imperialismo (P12 25/3). Veamos, de todas formas, cómo es que ello repercutió este mes en el proceso social y político en la región.

Enfermedad autoinmune

En este marco desolador, el gobierno norteamericano radicaliza la guerra contra Venezuela y arremete, una vez más, con su intento de intervención militar. Luego de no haber podido armar una oposición que le permita avanzar en este sentido –recordemos que el “plan Guaido” ha fracasado por donde se lo mire– Trump busca desesperadamente aliados en la región en pos de concretar la via armada para ponerle fin al proceso revolucionario. Así es que a principio de mes se llevó adelante en Miami la firma de un acuerdo bilateral de defensa entre Brasil y Estados Unidos. El pacto conocido como RDT&E (Proyectos de Investigación, Pruebas y Evaluación) abre el camino para que Estados Unidos y Brasil “desarrollen proyectos futuros conjuntos, alineados con el mutuo interés de las partes, incluyendo la posibilidad de mejorar o suministrar nuevas capacidades militares” (CD 8/3). Este tratado permite, de ser aprobado por los parlamentos de ambos países, el ingreso de la industria brasileña como proveedora del sector de defensa norteamericano. También le facilita la entrada de los productos brasileños en otros 28 países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Sumadoa que hace un año ambos presidentes firmaron un acuerdo de savaguardias tecnológicas que permite el uso de la base de Alcántara (en el norte de Brasil) para el lanzamiento de cohetes estadounidenses; queda de manifiesto que lo que realmente pretende el gobierno norteamericano con este acuerdo es sumar aliados para sus proyectos militares en la región y “poner a Bolsonaro bajo el brazo” para tener a Brasil alineado a su órbita en materia de defensa. Una vez más los gobiernos cipayos de la región se obnubilan con lo que les ofrece el imperio, aun cuando no sean más que espejitos de colores. “No ganaremos nada. Tal vez tengamos derecho a comprar más de su chatarra, como ocurrió en el pasado. Eventualmente, una o dos cosas más pequeñas. Pero no nos dejarán tener nada estratégico”, afirmó el ex canciller Celso Amorim (P12 10/3).

Otro zarpazo desesperado del imperio fue el pedido de captura que emitió la Casa Blanca para el presidente bolivariano Nicolás Maduro; también para el presidente de la Asamblea Nacional Constituyente y segundo al mando del chavismo Diosdado Cabello; lo mismo para el vicepresidente económico Tareck El Aissami, el exgeneral Hugo Carvajal y el exjefe militar Cliver Alcalá Cordones por los cargos de “narcoterrorismo”.

Cual película de vaqueros prometió pagos millonarios por cualquier información que facilite su aprehensión. Mientras que el botín de 15 millones de dólares ofrecido contra Maduro es la cuarta recompensa más alta en la historia de Estados Unidos, por el resto de los funcionarios prometió 10 millones de dólares. El Departamento de Estado norteamericano los acusa de tener nexos con el ELN y las disidencias de las FARC, así como con organizaciones internacionales como Hezbolá. Según Washington buscan “inundar a Estados Unidos con cocaína” a través del Cártel de los Soles, siendo Nicolas Maduroel líder de dicha organización narcotraficante. “Venezuela ha enviado entre 200 y 250 toneladas de cocaína, lo que equivale a 30 millones de dosis”, escribió el Departamento de Estado en el comunicado.

Sin embargo, la acusación hace aguas por todos lados. Según datos internos a Estados Unidos, alrededor del 90% de la cocaína con destino al país del norte se trafica a través de las rutas del Mar Caribe occidental y del Pacífico oriental, y no a través de los mares del Caribe oriental de Venezuela (P12 27/3).

Esta embestida norteamericana se da en simltáneo a que el gobierno de Nicolás Maduro frustara un intento de golpe al incautar un cargamento de armas en Colombia que iban con destino a Venezuela. A esto se le sumaron las declaraciones de Cliver Alcalá, un mayor general prófugo en Colombia reconocido por tener participación en acciones golpistas, quien reconoció públicamente que Estados Unidos estaba detrás de estas armas incautadas que iban a ser “para hacer una unidad militar que se conformó con la idea de libertar al país y eliminar quirúrgicamente los objetivos”. Las denuncias de Alcalá comprometieron al aislado Juan Guaidó quien “firmó un contrato en Colombia con asesores norteamericanos” para la compra de esas armas. Así, una vez más el diablo deja ver su cola.

No faltaron en Colombia las voces de protesta ante la medida. El partido Polo Democrático y las FARC rechazaron el accionar de la administración de Trump. En un comunicado el partido colombiano denunció: “Los colombianos no podemos permanecer indiferentes ante la amenaza de un conflicto internacional en nuestra frontera, por eso llamamos al gobierno colombiano a que se pronuncie claramente en rechazo a esta pretensión del gobierno estadounidense. Colombia no puede seguir siendo punta de lanza de la estrategia intervencionista de los Estados Unidos (…). El Polo Democrático rechaza cualquier intervención extranjera en Venezuela y condena el bárbaro proceder del gobierno de los Estados Unidos

Esta serie de acontecimientos pusieron sobre la mesa varios puntos centrales.

En primer lugar, que Estados Unidos profundizó la apuesta en el intento de derrocamiento a Maduro a través de acciones de fuerza y de la vía armada. En segundo lugar, que busca gobiernos afines a sus políticas como Brasil y Colombia. En tercer lugar, que una vez más el sistema de inteligencia venezolano, en conjunción con las Fuerzas Armadas Bolivarianas y el Cuerpo Nacional Especial contra el Narcotráfico, logró frustrar los planes del norte, dejando en evidencia los intereses norteamericanos. Por último, y como resultado de este fracaso, Estados Unidos saca públicamente una orden captura a la cúpula bolivariana sin argumentos sustentables, no pudiendo generar consenso en la región.

Al mismo tiempo, y como resultado de la difícil situación internacional que acontecen, se escucharon reclamos en contra de las sanciones estadounidenses a países como Cuba y Venezuela, de diferentes frentes.

Mientras el Servicio Mundial de Iglesias (CWS) emitió un comunicado mediante el cual se expresó a favor del levantamiento inmediato de las restricciones económicas y de intercambio comercial argumentando que las sanciones “aumentan la dificultad de esos países para proteger a sus poblaciones de la pandemia de la Covid-19 y evitar futuras transmisiones globales”; varios funcionarios de diferentes países, desde el presidente argentino Alberto Fernández hasta el precandidato demócrata Bernie Sanders, mostraron desacuerdo en sostener estas medidas en medio de la pandemia (TS 24/3).

Inclusive la mismísima Organización de las Naciones Unidas (ONU) de la mano de su Alta Comisionada, Michelle Bachelet, aseguró que las sanciones económicas contra estos países “deberían atenuarse o suspenderse, tanto por razones de salud pública como para reforzar los derechos y defender las vidas de millones de personas.”

Este organismo que se encargó de desarrollar informes que justificaran las sanciones norteamericanas, ahora cuestiona el accionar imperialista, pidiéndole un impasse. Y concluye “Ningún país puede combatir eficazmente esta epidemia actuando en solitario. Debemos proceder de manera solidaria, cooperativa y cuidadosa.” (ET 24/3). Este cambio de posicionamiento del organismo expresa una fractura en el centro del imperialismo.

Así, mientras Estados Unidos intenta, a partir su organismo usurero, poner en el centro la discusión sobre el grado de legitimidad del gobierno bolivariano, el mundo responde poniéndole por delante un espejo. En medio de esta crisis que paraliza al mundo, el gobierno norteamericano tiende cada vez más a perder su rol de “garante del orden mundial”. Sin poder ordenar la crisis, queda de manifiesto para el mundo entero que sus intereses son los de ese 1% de la población que monopoliza la riqueza del mundo.

Tomando de su propia medicina

A esta falta de consenso y la creciente pérdida de credibilidad de sus instituciones, se suma la caída en picada de la imagen de los gobiernos regionales afines al imperio frente al modo en que abordan el problema de la pandemia. Siguiendo la actitud de Trump, los gobiernos de Brasil, Chile y Perú minimizan las consecuencias del virus y se resisten a seguir los pasos de China, que en gran medida se han traducido en las indicaciones de la OMS acerca de guardar cuarentena.

Brasil es hoy el país de Latinoamérica con el porcentaje más alto de población contagiada y el menor número de curados.

Jair Bolsonaro, que no para de burlar a la epidemia a la que definió como “una gripecita”, ha profundizado la crisis de gobernabilidad que ha recorrido todo su gobierno, debido al irrestrico alineamiento con los EEUU.

Sectores de empresarios, pequeña burguesía, gobernadores y las fuerzas armadas (que lo apoyaron en sus inicios), hoy levantan sus voces de protesta.

Si hablamos de medidas escandalosas que llevó adelante el ex capitán, el lanzamiento de una campaña publicitaria para que la población no acate el aislamiento decretado por las gobernaciones se puede definir como aberrante. El spot dice: “por los casi 40 millones de autónomos Brasil no puede parar, por los ambulantes, ingenieros, profesores, Brasil no puede parar, por las empleadas domésticas, Brasil no puede parar (…). Para que las empresas no tengan que despedir empleados (...) para que todos vivan con calidad de vida, Brasil definitivamente no puede parar” (P12 28/3). De esta manera, el alineamiento total con el imperialismo yanqui (evidenciando cierta desesperación en capas menos desarrolladas del capital concentrado) le produce los mismos resultados: un total y mayoritario repudio.

De esta manera, la gran mayoría de los Estados (provincias) de Brasil hacían caso omiso de tales indicaciones y llamaban a su población a la cuarentena total. Luego de que el jefe de Estado instigara a los brasileños a violar las órdenes de los gobernadores de San Pablo, Rio de Janeiro y otros estados Estados, en los barrios de todas las ciudades e inclusive en los barrios ricos (donde en 2016 hubo cacerolazos contra Dilma y en 2018 se escucharon vivas por la prisión de Lula) la población hizo batir sus cacerolas al grito de “fuera Bolsonaro” al tiempo que se entonaba la canción de resistencia al fascismo Bela Ciao.

Según una encuesta de agencia Atlas Política, el 64% de la población brasileña desaprueba la política que adopta el gobierno ante el virus y un 80% considera que el sistema de salud pública no podrá dar cuenta de la dolencia (P12 20/3). Para peor, no debemos olvidar que, a principio de 2019, el gobierno de Bolsonaro expulsóa unos 11.000 médicos cubanos que en el marco del programa “Más Médicos” atendían desde hace 5 años a las poblaciones más necesitadas del país.

El diario Estado de San Pablo, afín al gobierno, ahora se suma a las filas de los inconformes. “Quedará en la historia la desfachatez de este presidente”, denunciaba. Igualmente el diario O Globo, opinó en dos editoriales recientes “Bolsonaro no tiene ni idea de lo que es la agenda de un presidente por tratarse de un político que no está a la altura del cargo” (P12 21/3). Incluso el diario británico de tinte conservador The Economist lo calificó “BolsoNerón” por las medidas incendiarias que está tomando.

En las favelas de Rio de Janeiro, donde más de un millón de personas viven hacinadas, sin infraestructura sanitaria y pocos servicios médicos, y donde es casi imposible aplicar consignas como el “distanciamiento social”, la situación es alarmante. Ante el desprecio clasista de su gobierno, la comunidad comenzó a autoorganizarse tomando medidas preventivas, como el decreto de toques de queda nocturnos. Al ser la mayoría de los habitantes de las favelas trabajadores informales, el confinamiento diurno amenazaría con privarlos de todo medio de subsistencia. La alternativa es “morirse de hambre o correr el riesgo de morirse contagiándose el coroanvirus” dicen. (www.perfil.com/noticias/internacional/coronavirus-temen-una-explosion-de-casos-en-las-favelas-de-rio.phtml)

La situación en Brasil es como una olla a presión. Sin poder congregar fuerza política, Bolsonaro se encuentra al filo del abismo. Sin apoyo de las fuerzas armadas, de la burguesía y de los principales medios de comunicación, los días del capitán al frente de la presidencia parecen estar contados.

A modo de respuesta a los ataques verbales de su hijo hacia China, promoviendo aún más los enfrentamientos bilaterales, la Embajada de China respondía a los insultos con sabiduría milenaria: “(le) aconsejamos que no corra para ser portavoz de Estados Unidos en Brasil, porque se va a tropezar feo” (P12 20/3).

Mientras tanto, Colombia sigue sumando denuncias por violaciones a los Derechos Humanos al ritmo que asciende la imagen negativa de Iván Duque. En tan solo lo que va del 2020, se registraron más de 100 líderes sociales asesinados. Los organismos de Derechos Humanos denuncian el no accionar del ejecutivo para erradicar la violencia. Así lo hizo Amnistía Internacional en su informe donde señaló que “la violencia provocada por el conflicto armado interno en curso y por las disputas sobre el control territorial tras la firma del acuerdo de paz de 2016 causó estragos” (ET 27/2).

Iván Duque se encuentra con poca legitimidad social para asumir el conflicto sanitario de la pandemia. Con un apoyo popular que no llega al 30%, su reacción tardía en seguir los ejemplos chinos transformados en recomendaciones de la OMS, contribuye a aumentar el clima de tensión social, que este mes estalló en las prisiones del pais. Con un sistema penitanciario colapsado y superpoblado, donde 123.000 reclusos se distribuyen en 138 cárceles, se llevaron a cabo disturbios en simultáneo en 13 penales del país, mostrando su pico más alto en “La Modelo” (la segunda cárcel más grande de Bogotá), donde los reclusos se amotinaron en protesta por las condiciones de hacinamiento y la falta de elementos para prevenir el contagio. Este hecho dejó un saldo de 23 muertos y 90 heridos. Aunque las autoridades niegan que el problema sanitario haya originado el conflicto, la Defensoria del Pueblo que hace tiempo viene denunciando el hacinamiento en el sistema penitenciario, le exigió al gobierno decretar la Emergencia Carcelaria (P12 23/3).

Una vez más, frente a una situación límite, la oligarquía narcotraficante y asesina de Colombia muestra su verdadera naturaleza y el espanto de la sociedad que (des) gobierna; el virus sencillamente ha puesto de relieve y de forma masiva una situación que hace largas décadas transita el sufrido pueblo colombiano.

A su vez, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, quien retrasó lo más posible tomar una medida ante el avance de la pandemia bajo el argumento de cuidar la economía, terminó optando por una medida controversial por lo “gradualista”. El decreto del “estado de excepción constitucional por catástrofe” que terminó emitiendo el gobierno faculta al ejecutivo a tomar las medidas específicas que correspondan, de manera progresiva, según la evolución del virus. Otro aspecto polémico del decreto es que, en el marco de la crisis de representatividad que viene atravesando Chile desde hace meses, el gobierno le haya encomendado a las fuerzas del orden que hicieran cumplir el acatamiento de la medida. La misma policía que viene reprimiendo a la población chilena desde el estallido a fines del 2019, que ha sido denunciada por organismos de Derechos Humanos y por la comunidad internacional por delitos de lesa humanidad y que perdió todo tipo de legitimidad ante los chilenos, es a la que el presidente le deja en manos el resguardo de la seguridad interior y de los recursos sanitarios. Mayor cinismo no hay.

Los gobiernos liberales de Latinoamérica, que optan por la postura trumpista de que es peor el remedio que la enfermedad, suman cada vez más rechazo popular, y dejan de manifiesto el agotamiento del modelo y su consecuente incapacidad de gobernar sin destruir las dos fuentes de riqueza.

Así, los grupos concentrados que no pueden seguir reproduciendo a todas aquellas fracciones y capas que históricamente conformaron su fuerza social, deben mediante sus gobiernos locales, radicalizar el caos y atacar sus propias instituciones burguesas, atentando contra su aparato superestructural.

De esta manera, a la hora de hacer frente al avance del Covid 19, los pueblos del continente cargan encima con las consecuencias de un sistema que condena a millones a la miseria y a la descomopsicion. Latinoamérica enfrenta a esta pandemia con los costos de que ha sido “el patio trasero”de Estados Unidos: con economías dependientes, soberanías vapuleadas, altos niveles de pobreza y desigualdad en el acceso al sistema sanitario, habitacional y educativo, el desarraigo producto de las migraciones forzadas también son un factor a tener en cuenta (LJ 2/3).

Mientras el 58% de los mexicanos no tiene acceso al agua poblable (LJ 16/3) y la vida en las favelas hace imposible cumplir con el confinamiento, enfrentar a la pandemia implica entender que no se está peleando contra un virus, sino contra el sistema en su conjunto.

Por eso, los pueblos de Cuba y Venezuela que asumen a la pandemia entendiéndola como un problema político y no como un tema sanitario o económico, se elevan como guías para el resto de la humanidad. Su victoria radica en que comprendieron el carácter de la pelea: el haber comprendido que el socialismo es la única salida posible para la superación de los problemas. Estos países comprendieron que la cura no puede nunca encontrarse dentro de un sistema que está enfermo, sino que surge de la construcción de un sistema nuevo.

La solidaridad tiene cara cubana

Estamos en condiciones de afirmar que tantos años de bloqueo, sanciones económicas y hostigamiento de todo tipo por parte de Estados Unidos hacia Cuba y Venezuela se le terminaron convirtiendo en un arma de doble filo. Más que aislar y asediar los procesos revolucionarios, ha obtenido que millones de trabajadores en profundo proceso de transformación social tomen conciencia de la verdadera naturaleza del enemigo que enfrentan, de las consecuencias que ello lleva y laas cualidades que es necesario forjar.

En vez de rendirse a sus pies, estos pueblos se afirmaron en el proceso revolucionario demostrando hidalguía y superioridad moral. Y es que ante la adversidad tuvieron que ponerse al frente de absolutamente todo convencidos de que el futuro depende solamente del pueblo trabajador: “¿Hay un problema? Tu vé y resuelve” esa la seña de identidad del cubano (CD 22/2).

En 1992, luego de la caída del muro, en la II Cumbre Iberoamericana de España, Fidel Castro afirmaba que “Cuba no anda de pedigüena por el mundo: anda de hermana, y obra con la autoridad de tal. Al salvarse, salva…”. Esta idea rectora es la que ordena su accionar. Cuba no desarrolla armas nucleares ni bacteriológicas, sino que forma médicos y profesionales que actúan en función del interés común. Ese es su chaleco moral. Por eso, Estados Unidos no ha podido derrotarla.

Ya le advertía el Che Guevara al pueblo trabajador sobre no confiar en el capitalismo “ni tantito así”. Ahora bien, en esta época bisagra que estamos viviendo, la desilusión inclusive golpeó de lleno en el corazón del sistema. Mientras la respuesta de la Unión Europea o de Estados unidos, al pedido de ayuda de los países más castigados por la pandemia como Italia y España nunca llegó o fue insuficiente, el pueblo cubano está enviando brigadas de médicos, sin pedir nada a cambio.

El viejo refrán dice “el que escupe al cielo en la cara le cae”, y así fue como le sucedió a Inglaterra. Siendo uno de los países que históricamente votó a favor de las sanciones a Cuba, ésta termina siendo quien acude a su llamado de auxilio. Así sucedió con el crucero MS Braemar que se encontraba varado en el medio del océano debido a que tenía población infectada con el virus. A pesar que el gobierno británico le había solicitado a Estados Unidos que la embarcación arribe en su puerto, éste nunca respondió positivamente. Y ahí se erigió Cuba solidaria, permitiendo que el crucero arribe en el puerto de Mariel, al oeste de la Habana, para que 682 pasajeros y 381 tripulantes puedan volver a sus países de origen. De esta manera Cuba dio, una vez más, una lección a la humanidad; mientras Estados Unidos se mostró al desnudo como la expresión de una clase que está agotada y que no puede organizar la vida social.

Cuba es el David de nuestro tiempo que, entre otras cosas, colaboró de manera determinante con el fin del Apartheid en Sudáfrica y la independencia de Angola; el país que curó a centenares de miles de enfermos en más de cien países y que creó la célebre Escuela Latinoamericana de Medicina, preparando médicos para atender a quienes jamás vieron uno en sus vidas. Cuba es haberse hecho cargo de los niños de Chernóbil. Y hoy es quien, conjuntamente con China, está respondiendo de manera ejemplar a la batalla que libra la humanidad contra el Covid-19. Esa solidaridad es inherente a los intereses de la clase trabajadora, que es global; su destino es el de la humanidad toda, puesto que al liberarse, libera de todas las pesadas cadenas de la explotación que rigen en el planeta. No es una moral que viene de otro planeta, sino orgánica a la cruenta, sacrificada, larga y victoriosa lucha del proletariado cubano, y por lo tanto, de todo el proletariado en cualquier lugar del mundo.

El ex presidente Lula Da Silva, en una carta enviada a Diaz Canel, reflexiona: “Es en los momentos de crisis cuando conocemos a los verdaderamente grandes. Y en estas horas el pueblo de esa isla siempre se agiganta ante el mundo. La solidaridad activa, militante y revolucionaria de Cuba ya se hizo patente en diversas partes del planeta, en respuesta altiva y soberana a los que intentan imponerle el bloqueo económico y el aislamiento político” (CD 25/3). De esta manera, la escuela cubana es ejemplar a la hora de la organización de sociedad nueva. Bajo el principio vector Martiniano “salvar, salva”, le demuestra al mundo que no hay lugar para la salida individual. Como dijo Fidel “revolución es ayudarse unos a otros, revolución es auydarse todos a todos, revolución es comprenderse, revolución es comprender cada vez mejor cuales son nuestras obligaciones para con los demás, para con la patria.” (CD 16/3).

Así es que siguiendo sus pasos, el pueblo venezolano levanta la bandera del Socialismo y se pone al frente de la construcción de “la casa nueva”. De esta manera, pone por delante lo común y garantiza, a través de los CLAPs, la distribución de alimentos a más de 7 millones de hogares durante cuarentena por coronavirus. “En el marco del peor bloqueo criminal que sufre nuestro pueblo, Venezuela está abastecida frente a esta pandemia. Esta es una crisis que abarca a todos los pueblos del mundo, sin excepción”, enfatizó Delcy Rodríguez.

La población lleva adelante un control territorial de los barrios a partir del patrullaje permanente y activo de las milicias populares y el Ejército bajo el programa “Escudo bolivariano sanitario”. Mediante jornadas de trabajo, las comunas se organizan para producir barbijos para el uso sanitario; con más de 80 familias trabajando desde sus hogares los venezolanos llegan a confeccionar 2.500 mascarillas diarias. También llevan adelante pruebas de laboratorio a los casos sospechosos que se pesquisaron a partir de una encuesta que contestó más de 684.8225 personas (TS 19/3). Así, el pueblo venezolano, siguiendo el legado cubano, asume el problema en sus manos y se organiza para darle respuesta.

De este modo, en medio de un sistema enfermo y terminal, estos faros contribuyen a la contrucción de un nuevo modo de organización social, donde los consejos vecinales, las milicias populares y los Comités de Defensa de la revolución juegan un papel central ya que implican ir hacia ese control y esa planificación conciente de la vida, donde el bien común sea el eje ordenador. Retomando las palabras del comandante Fidel Castro “Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos (…)”. Tanto Cuba como Venezuela actúan en correspondencia con estasideas por eso son tan esenciales para la humanidad, porque encarnan en el aquí y ahora el sueño de la construcción del mundo nuevo, en donde en el andar los trabajadores forjan su propio destino.



[ << Volver a la primera plana ]