Revista Mensual | Número: Abril de 2020
Fuentes consultadas:
EE.UU.-Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW).
China: Xinhua (XH). Rusia: Russia Today (RT). Irán: HispanTV (HTV). Líbano: Al Manar (AM).
Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Brasil: Folha de São Paulo (FSP). Colombia: El Tiempo (ET).
Argentina: Clarín (CL); Cronista Comercial (CR); La Nación (LN); Página/12 (P12).
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Te convido a creerme cuando digo futuro

El aire toma forma de tornado
Abuela, tus tijeras son rurales, y cortan otros males, pero este viento no
He despertado en el ojo del ciclón, cuento millones de agujeros en el alma
¿Cuánto de pesadilla quedará todavía?
Se entierran en la arena, como el avestruz
Una columna oscura se levanta
Que cualquier hombre pueda gritar sus propias esperanzas
Nadie va a morir, menos ahora, que el canto de la patria es nuestro canto


Con la pandemia global agudizando todas las contradicciones, los trabajadores argentinos son empujados al enfrentamiento directo contra los capitales monopólicos e interpelados a asumir sus tareas históricas

Te convido a creerme cuando digo futuro

“Todo lo sólido se desvanece en el aire,
todo lo sagrado es profano,
y los hombres, al fin,
se ven forzados a considerar serenamente
sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas”
Karl Marx

 

 “Haga hombres, quien quiera hacer pueblos”
José Martí

“Tenga fe. Tenga fe en el pueblo.
Tenga fe en la historia,
la historia siempre la terminan escribiendo,
más temprano o más tarde, los pueblos. (…)
Ellos siempre van a estar acá cuando los llamen por causas justas”
CFK a AF en Acto de Asunción

 



El aire toma forma de tornado

La especie humana atraviesa un punto de inflexión de su existencia sin precedentes. El sistema capitalista, el conjunto de relaciones sociales que organizó el mundo los últimos 250 años sobre la base de la explotación del hombre por el hombre, atraviesa la crisis orgánica más aguda de su historia.

La contradicción entre el capital y el trabajo, contradicción fundamental sobre la que descansa la reproducción del sistema, como vimos a lo largo de esta publicación, se manifiesta en las distintas formas de respuesta a la crisis generada por la pandemia de Covid-19 que asola al mundo. En este panorama, la humanidad se debate en una oposición irreconciliable entre garantizar las ganancias o los cientos de miles de vidas humanas.

El repaso de los hechos del último mes sólo expuso de forma más nítida, cruda y contrastable las formas de comportarse, de conducirse, frente al hombre y la naturaleza, por parte de las diferentes clases sociales y sus distintas capas.

Los sectores monopólicos más concentrados se disputan qué estrategia tomar, si el aislamiento obligado por las circunstancias, en tiempos en que las correlaciones de fuerza mundiales se le tornan más y más desfavorables, o el contagio masivo que terminará eliminando un importante porcentaje de población improductiva. Los pueblos bajo su dominio sufren las consecuencias. Como contraparte, los países desprestigiados como “dictaduras sanguinarias y antidemocráticas” por parte de las usinas mediáticas del establishment fueron quienes mayores actos de solidaridad internacional han realizado y quienes con mayor celeridad han tomado las medidas de restricción para el cuidado de la población.

La expansión del virus COVID-19 mostró como nunca antes el carácter profundamente socializado de las cadenas productivas y, por lo tanto, de los destinos compartidos de la humanidad. No hay condiciones objetivas para soluciones aisladas. La “casa común”, como suele llamar al planeta Tierra el Papa Francisco, corre serios riesgos por culpa del dominio social, político y económico del capital, hoy encarnado en un porcentaje ínfimo de corporaciones que parasitan a la humanidad, empujándola a perecer, persiguiendo ciegamente ganancias cada vez más exiguas para su necesidad de reproducirse a escala ampliada.

Para la cultura china, una de las grandes perseguidas por los imperios decadentes en todo este proceso, “crisis” no significa exclusivamente “amenaza” o “peligro”, sino también “posibilidad de cambio”.

Y esta crisis marca, como venimos diciendo, un indudable punto de inflexión en la historia del siglo XXI, donde el caos y la fractura dominan a los sectores dirigentes de la burguesía a nivel global. Como dijo el Papa hace unos años, “el sistema ya no se aguanta”, ya que, en todas las latitudes, cada vez más capas de la sociedad son expropiadas y ven empeoradas sus condiciones de vida. Este proceso de precarización y proletarización mundial, que hasta hace unos años era embellecido con el nombre de “flexibilización laboral”, muestra su lado mas violento en la crisis y propicia las condiciones de reflexión y rebeldía contra el orden actualmente establecido.

Repasemos cómo han madurado esas condiciones en nuestras latitudes, y cómo se manifestaron las conductas de las diferentes clases durante todo este proceso.

Abuela, tus tijeras son rurales, y cortan otros males, pero este viento no

Hagamos un repaso rápido del proceso de expansión del virus en la Argentina, situación que vertebró el grueso de los hechos del mes.

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), el primer caso registrado de coronavirus ocurrió en China el 8 de diciembre. En nuestro país, el Ministerio de Salud Argentino reportaba el primer caso positivo de coronavirus el 3 de marzo. Era un hombre de 43 años que llegaba desde Italia. El 6 de marzo se confirmaba el segundo caso en nuestras tierras y la epidemia afectaba a 95.333 personas en 86 países (LN 6/3). Al 9 de marzo, la suma de casos en Argentina ya llegaba a 12 y la OMS el 11 de marzo elevaba, a nivel internacional, la situación de “epidemia” a “pandemia” (Infobae 11/3). Ese mismo día, la Asociación Argentina de Aeronavegantes (AAA), entidad gremial conducida por Juan Pablo Brey, recomendaba a los tripulantes que regresaban de las zonas de contagio recluirse de manera voluntaria durante 14 días, tal cual sugería el Poder Ejecutivo Nacional (LN 11/3).

Las medidas de prevención se replicaban con rapidez. El aeropuerto internacional de Ezeiza instalaba cámaras termográficas para detectar posibles casos de fiebre entre quienes arriban al país (LN 13/3.)

El 16 de marzo, Alberto Fernández decidía suspender las clases aduciendo que se buscaba que el virus “tarde lo más posible en llegar a la etapa de contagio intercomunitario. Esto posiblemente llegará, pero mientras tanto, ganar tiempo es muy importante para administrar la cuestión sanitaria”. Desde CTERA, Roberto Baradel calificaba la medida de “muy acertada”. Para ese momento, los casos en Argentina eran 56 y 2 los fallecidos (P12 16/3.)

Finalmente, el 19 de marzo, por medio de un Decreto de Necesidad y Urgencia, el Presidente Alberto Fernández, acompañado por gobernadores oficialistas y opositores, imponía el “aislamiento social, preventivo y obligatorio” hasta el 31 de marzo. Los fundamentos del Decreto dejaban claro el contenido del mismo: “La velocidad en al agravamiento de la situación epidemiológica a escala internacional, requiere la adopción de medidas inmediatas para hacer frente a esta emergencia. (…) Nos encontramos ante una potencial crisis sanitaria y social sin precedentes, y para ello es necesario tomar medidas oportunas, transparentes, consensuadas y basadas en las evidencias disponibles, a fin de mitigar su propagación y su impacto en el sistema sanitario. (…) No se cuenta con un tratamiento antiviral efectivo, ni con vacunas que prevengan el virus, las medidas de aislamiento y distanciamiento social obligatorio revisten un rol de vital importancia para hacer frente a la situación. (…) De la experiencia de los países de Asia y Europa que han transitado la circulación del virus pandémico SARS-CoV2 con antelación, se puede concluir que el éxito de las medidas depende de las siguientes variables: la oportunidad, la intensidad (drásticas o escalonadas), y el efectivo cumplimiento de las mismas” (Transcripto en P12 20/3).

Una carta pública, difundida el mismo día, del propio Alberto Fernández, ampliaba los fundamentos de las medidas y se dirigía directamente a la sociedad: “Es el problema de salud más grave que hemos tenido en toda nuestra vida democrática. (…) Nuestra máxima responsabilidad es proteger a la sociedad argentina. (…) Es una lucha contra un enemigo invisible, para salvar vidas. Si la sociedad fuera indiferente ante esta amenaza, según los científicos la mayoría de los argentinos se contagiaría de coronavirus. Ante esta crisis no hay lugar para actitudes individualistas. (…) Ante esta amenaza somos co-responsables. Nuestro destino depende de cada uno. Y de todos. (…) Esta decisión es fuertemente democrática. Es una democracia que apela a medidas de excepción en base a su propia legislación para estos casos. Es una democracia que une a fuerzas políticas, sociales, gremiales, productivas y religiosas. (…) Es la Democracia que busca reducir el daño en el pueblo y salvar la mayor cantidad de vidas posibles. (…) En ciertos momentos, las batallas parecerán difíciles de ganar. (…) Nada podrá debilitar nuestra lucha colectiva. Nada. Esta emergencia sanitaria nos exige a los argentinos reconocernos y valorarnos como comunidad. (…) Somos una sola comunidad. (…) Esta será la prueba más exigente que la Argentina haya tenido en lo que va del siglo. En esta lucha necesitamos producir cambios culturales. Tenemos que cambiar hábitos. Muchas cosas que disfrutamos, como el mate o el abrazo, las suspenderemos por un tiempo. Y otras cosas que en realidad sufrimos, quizás podemos cambiarlas para siempre. (…) Somos la Argentina. Y superaremos este enorme desafío que nos impone la Historia” (casarosada.gob.ar).

Las medidas tomadas tenían un efecto inmediato. Según datos del Ministerio de Transporte de la Nación sobre el análisis del sistema SUBE, el uso del transporte público (tren, colectivo y subte) se reducía un 47%. El ingreso de autos a la Ciudad de Buenos Aires, según datos de la Secretaria de Transporte de la Ciudad, se reducía un 11% y la circulación en autopistas, según datos de AUSA, disminuía un 25% (CL 19/3).

Al cierre de esta edición, los casos reportados eran 1054 y los fallecidos 27.

He despertado en el ojo del ciclón, cuento millones de agujeros en el alma

A fines del mes de febrero, previo a las medidas de cuarentena, el conflicto con los sectores del campo atravesaba su fase más aguda y crítica.

Los rumores sobre un lockout patronal se multiplicaban y el diario de la corneta presentaba un escenario de protesta inminente: “Entretanto, también los tractorazos de los productores autoconvocados en diferentes partes del país se multiplican. (…) Un grupo de productores de Entre Ríos fueron los organizadores para reclamar por el abandono de los caminos rurales y por la presión impositiva. (…) También se había hecho otro tractorazo pero esta vez en Córdoba, en el cruce de las rutas 36 y 45, cerca de Alta Gracia, pidiendo fundamentalmente por los altos impuestos (CL 19/2).

En una entrevista radial, Carlos Achetoni, presidente de la Federación Agraria Argentina (FAA) declaraba que no se descartaba “volver a las rutas”, pero aclaraba con prudencia: “Sabemos dónde arrancan los conflictos pero no donde terminan” (www.youtube.com/watch?v=gUIoKdUnUNY 24/2).

En el marco del cierre temporario del registro de las Declaraciones Juradas de Venta al Exterior y el inminente aumento de las retenciones a la soja del 30% al 33% por parte del Gobierno Nacional, las distintas entidades se reunían con el Ministro de Agricultura Luis Basterra y, si bien desde el diario Clarín también se hablaba de “cautela” por parte de los dirigentes del campo, frente a la idea de un “cese de comercialización”, las negociaciones no prosperaban y los sectores vinculados a la CRA (Confederaciones Rurales Argentinas) comenzaban a perder la paciencia (CL 27/2). Jorge Chemes, presidente de la entidad, declaraba: “Vamos a hablar con las bases, si no lo aceptan vamos a seguir para adelante” (P12 4/3).

En la misma línea, la CRA emitía un comunicado el 5 de marzo titulado: “Urgencia mata… mata Producción”, en el que se reclamaba: “Una vez más los productores agropecuarios de todo el país nos vemos empujados a tomar medidas en defensa de la condición más dignificante del alma y del Hombre como tal, nuestro trabajo. (…) La respuesta de los gobernantes sigue siendo la misma, frente a su incapacidad de solucionar los temas estructurales, y se repite en nuestra historia como si obedeciese a leyes naturales. Retenciones, derechos de exportación, en definitiva, más impuestos. (…) Es muy difícil de entender la impunidad de los gobiernos frente a sus malas decisiones; para un productor, un empresario pyme, un trabajador, que ponen en juego constantemente no solo su capital, sino también su tiempo, su esfuerzo; con la esperanza de mejorar y mejorar a su entorno, que si se equivoca responde con ese capital (que no es sólo dinero, sino también tiempo y esfuerzo). (…) Señores, si las medidas tomadas son empujadas por un espíritu recaudatorio, tengan en cuenta que es ´un juego de suma cero´ en el corto plazo. Si son empujadas por un espíritu ideológico, entonces… Nos Veremos en las Rutas(cra.org.ar 5/3).

Intentando fogonear el conflicto, el colectivo CAMPO+CIUDAD, artificial intento del macrismo por catalizar las demandas de ciertos sectores del agro contra el gobierno, lanzaba otro video en donde retomaba con apelaciones emocionales el conflicto del campo en 2008 y llamaba a “repetir la historia” (twitter.com/campomasciudad 2/3).

Sin embargo, y tal como venimos analizando en los meses previos, lejos están los distintos sectores del campo de una real unidad práctica y de concepción. El contexto económico mundial no es el del 2008 y las disidencias internas son manifiestas.

El 2 de marzo, la Sociedad Rural de Rosario emitía un comunicado quejándose de las retenciones y aduciendo toda una serie de dificultades en relación a los costos logísticos y el mal año de cosecha, fruto de una sequía. Criticaba “el profundo desconocimiento que tiene la clase política nacional acerca de la realidad económica, social y territorial que significa el complejo sojero”, y lo definía como “el cultivo más emblemático que tiene nuestro país, (…) oro verde en el mundo", asimilando al yuyo asiático con los gauchos y exigiendo certidumbre para su producción, es decir, sus ganancias.

Daniel Pelegrina, presidente de la Sociedad Rural, se expresaba en idéntico tono defensivo tras la reunión con el gobierno: “Nos fuimos con un sabor amargo por el aumento de los derechos de exportación de la soja al 33%. En la reunión, ratificamos nuestra convicción de que los derechos de exportación no son el camino” (P12 4/3).

Pero las fracturas se verían pronto. Eduardo Buzzi, presidente de la Federación Agraria durante el conflicto de 2008, declaraba vía twitter: “No me sumo al paro, claramente. Es inoportuno. Me cuesta entender qué carajo está haciendo la Federación Agraria en este paro” (Agencia el Vigía 6/3).

El gobierno tomaba nota de la falta de cohesión y consenso y endurecía su posición. En una entrevista televisiva, Alberto Fernández criticaba el paro convocado por la Mesa de Enlace del campo: “Es muy violento generar un paro de comercialización de granos durante cuatro días. (…) Hicimos todo lo contrario que con la 125, (…) estamos afectando en tres puntos a los que producen más de 1000 kilos de soja. Han bajado las retenciones para las economías regionales, por ejemplo. ¿Qué es lo que estamos defendiendo con este paro? Estamos defendiendo a los grandes productores. (…) [Los dirigente rurales] están condicionados por un grupo que se llama autoconvocados que en realidad son dirigentes opositores disfrazados de chacareros. (…) Creo que la sociedad siente que este paro es incomprensible. (…) Si lo quieren hacer, que lo hagan, y que la sociedad los juzgue” (CL 9/3).

En medio de la escalada, la CRA adelantaba las hostilidades y el resto de las centrales agropecuarias, frente a la posibilidad de mostrarse fracturados, “acompañaban”. El lockout de los propietarios agrícolas se concretaba entre el 9 y 12 de marzo. El error político y el poco impacto de la medida no tiene precedentes. El propio Héctor Huergo, hombre vinculado al establishment agroganadero desde sus andadas como funcionario del menemismo, olfateaba la falta de condiciones. En una nota para Clarín titulada “Errores de cálculo”, planteaba: “Dejemos de lado las provocaciones. El horno no está para bollos. El gobierno erró el cálculo respecto a lo que puede pedirle al campo en la coyuntura. (…) Por el lado del campo, el error de cálculo es desconocer el humor social. Este gobierno extirpó, sin anestesia, los órganos más sensibles (léase los bolsillos) de los jubilados, la clase media y todos los sectores de la sociedad que exhibían cierta capacidad contributiva. Estos sectores miran de reojo al agro y en general están convencidos de que las retenciones son justas y necesarias. Lo confirma una encuesta realizada en estos días en Córdoba, donde la mitad de los consultados se manifestó a favor de un aumento de los derechos de exportación para el campo. (…) Ojalá pase pronto el paro, se barra la hojarasca y encontremos fórmulas más eficaces”. Huergo terminaba su artículo citando a Marechal: “La patria es un dolor clavado en el costado”, un mal necesario para la oligarquía cipaya (CL 7/3).

El único dolor que tiene clavado la patria, desde la aún inconclusa Revolución de Mayo, es el de la opresión de las potencias capitalistas extranjeras, las cuales a costa de subordinarnos a cumplir un papel auxiliar en su división del trabajo nos condenaron hace más de 150 años a que gran parte de nuestro pueblo viva en condiciones infrahumanas, condiciones fácilmente solucionables en relación al grado de desarrollo con el que nuestra sociedad cuenta actualmente. El dolor de la patria es la oligarquía parásita, funcional apéndice en su origen de los capitales ingleses y, actualmente, de los monopolios trasnacionales, principalmente norteamericanos. El esfuerzo de Huergo es el de toda clase que se propone sostener su dominio social: hacer pasar los intereses particulares como los intereses del conjunto. Al igual que en 2008, se busca asociar la idea de “patria” con los sectores del campo. Pero para eso necesita adoctrinar a su clase, para que reconozca que debe generar las condiciones e identificar cuándo no las tiene. Porque la consecuencia es el avance de la fuerza social contraria.

En esa dirección, una nota de opinión publicada en la Tribuna de Doctrina de la rancia oligarquía sentaba posiciones sobre la lucha planteada. Sostenía que “María Eugenia Estenssoro, integrante del Club Político Argentino, explica por qué la narrativa K devino, paradójicamente, en el verdadero pensamiento hegemónico: A las sociedades las mueven las ideas, las épicas, los relatos. Y la Argentina se ha quedado sólo con el relato peronista y el relato K, que son muy pregonantes y que han colonizado, incluso, la educación pública y el Estado. No existe una épica que cuente de dónde venimos, cómo estamos y adónde queremos ir desde el campo liberal-republicano, que sentó las bases de nuestra Constitución y desarrollo. Hay un trabajo intelectual pendiente: escribir nuestra versión del pasado y el presente para crear el futuro que queremos, con ideas e historias que movilicen” (LN 11/3).

Perdido el manejo directo del gobierno y comprendiendo su dificultad para avanzar en una ofensiva como en 2008, algunos intelectuales oligárquicos se sentían a la zaga de la épica peronista, nacional y popular. Sin embargo, es falso que la oligarquía no haya escrito una “épica” acorde a sus intereses, puesto que la historia mitrista, que todos recibimos en las primarias de todo el país, constituye sin dudas el imaginario social. Esa que intentó borrar a sangre y tinta a los caudillos argentinos (Rosas, Facundo Quiroga, Artigas, entre tantos) y al protagonista central de la gesta libertadora, el pueblo argentino. La pregunta que deberíamos respondernos es por qué esa concepción de la historia no logra hoy objetivarse como discurso hegemónico. Sin dudas, debemos mirar en las condiciones materiales, no en la falta de bellos discursos que logren “enamorar” a las grandes masas. Que sus ideas no logren reproducirse es reflejo directo de no poder reproducir a los sectores subalternos de los cuales se rodearon para dominar, y sin poder constituir fuerza social, sólo les queda el camino de la fuerza. La base del consenso se les agotó, y no hay bases económicas ni en el plano nacional, ni en el plano internacional para que la recuperen. A su vez, la toma de nota por parte de cada vez más sectores expropiados acerca del verdadero enemigo al que nos enfrentamos y el carácter del conflicto planteado no puede hacer más que crecer, es la forma en que se manifiesta en la conciencia un choque agudo e inevitable de la realidad. El llamado a silencio, o los tibios intentos por presentar al campo como al sector que está proveyendo de alimentos a la sociedad en pleno brote del virus cayó en saco roto. No hay postura más mezquina, y que los desacredite más socialmente que autoproclamarse los “salvadores del momento”, en una coyuntura donde la cuarentena puede cumplirse sobre la base de que un sector del movimiento obrero se expone, permanentemente, para garantizar las condiciones productivas de la misma.

¿Cuánto de pesadilla quedará todavía?

En lo que respecta al PRO, la coalición política entre sectores de la oligarquía diversificada y del capital trasnacional, que gobernó el país los últimos 4 años, poco quedaba en pie en el marco de la agudización de la situación mundial. El salto en la conciencia de las masas, expuesto con claridad en las últimas elecciones PASO, pero que se venía gestando desde las jornadas del 14 y 18 de diciembre de 2017 contra el intento de reforma previsional y laboral, terminaba por desbandar y explicitar las fracturas internas que se avizoraban. Repasemos el desbande generalizado de la oposición.

Las últimas semanas de febrero se realizaban dos reuniones de la Mesa Nacional de Cambiemos. A la primera asistieron Macri, Vidal, Patricia Bullrich, Ritondo, Rodríguez Larreta, Pichetto. Al salir de la reunión, Ritondo declaraba sutil pero con claridad que Mauricio ya no conducía: “No hay un solo referente del PRO. Mauricio Macri ha sido el fundador de este espacio político, pero María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires y Horacio Rodríguez Larreta en la Ciudad, son los tres que vienen liderando el espacio político del PRO” (P12 21/2).

Ese mismo día, el presidente de la UCR provincial de Entre Ríos, Leandro Arribalzaga declaraba durante una entrevista: “Juntos por el Cambio fue un acuerdo electoral que se terminó en octubre” (P12 21/2).

Ya la segunda reunión de la Mesa Nacional de Cambiemos no contaba con la presencia de Macri ni de Elisa Carrio. Al finalizar el encuentro, se emitía un comunicado de denuncia sobre los avances contra el Poder Judicial y la necesidad de defender los valores republicanos (P12 27/2).

Al día siguiente de dicha reunión, María Eugenia Vidal pedía “darle tiempo” a Axel Kiccilof y aclaraba que “es una etapa de respetar la voluntad popular y siempre hay que darle tiempo a un gobierno que inicia” (LN 28/2). Más allá de la maniobra mediática-simbólica de mostrarla por encima de las rencillas de poder, en un contexto de ataques permanentes al gobernador de Buenos Aires como potencial continuador del “cristinismo”, no es menor la toma de posición. Expone la existencia de un sector de Cambiemos que entienden que la relación de fuerza requiere no radicalizar posiciones para poder autopreservarse como fuerza.

Esta postura no haría más que profundizarse con el avance del coronavirus. Tras los anuncios del ejecutivo nacional en relación al comienzo de la cuarentena, la oposición se expedía. Ritondo, jefe de bloque del Pro en Diputados, decía: “La pandemia del Coronavirus la tenemos que enfrentar entre todos. Por ese motivo, me pareció bien que esté Horacio sentado en la mesa junto al Presidente y al gobernador de la Provincia. Es importante que todos los ciudadanos sigamos las recomendaciones y respetemos el tiempo de cuarentena solicitado. Me pareció muy bien la decisión de ser inflexibles con quien no la cumpla” (P12 16/3).

Por su parte, el jefe del interbloque de Juntos por el Cambio por el radicalismo, Mario Negri, declaraba: “La centralidad en las decisiones es condición imprescindible para tener éxito en esta lucha, por eso las diferencias políticas quedan de lado” (LN 19/3).

Si bien los posicionamientos de apoyo y acompañamiento al Gobierno se basan en la lectura de la coyuntura −en la conciencia de su incapacidad actual de construir consenso para un programa neoliberal, hay que remarcar que los que lograron preservarse como figuras políticas de peso (Horacio Rodríguez Larreta o María Eugenia Vidal) son los más vinculados a las clases dominantes tradicionales de la Argentina. La maniobra de no radicalizar posiciones se impone porque es “racional” desde el punto de vista histórico, y queda a la espera de mejores condiciones para volver a pasar a la ofensiva. Los sectores más vinculados a la decadente potencia norteamericana, empujados a radicalizar posiciones en todas las latitudes, sólo ganan en desprestigio y descrédito, ya que chocan de frente contra el proceso de masas naciente en toda la región, proceso acelerado por la crisis sanitaria del coronavirus. Este fenómeno que se ve en diversos países latinoamericanos (Uribe versus Santos en Colombia, Leopoldo López y Juan Güaidó versus Capriles en Venezuela), muestra tensiones en las clases dominantes y la autonomía relativa de las oligarquías locales, que buscan hacerse un camino en el marco de la cada vez mas débil hegemonía norteamericana.

 

 

Se entierran en la arena, como el avestruz

Los avances populares expresados en las medidas de profundización del Frente de Todos también apuntaban a modificar la relación de fuerza dentro del enquistado y conservador Poder Judicial. A mediados de febrero el Ejecutivo nacional enviaba un proyecto a la Cámara de Diputados de modificación en los haberes jubilatorios del Poder Judicial y de los funcionarios diplomáticos. Para hacernos una idea, la iniciativa oficial comprende a 17.600 funcionarios y magistrados en actividad que aportan en promedio al régimen previsional 32.600 pesos mensuales; y a 7.000 beneficiarios que perciben un haber medio jubilatorio de 289.000 pesos. Entre otras cosas, el proyecto eleva gradualmente la edad jubilatoria de jueces hasta llegar a los 65 años en 2025. Además se continúa exigiendo 30 años de servicio con aportes computables en uno o más regímenes, pero al mismo tiempo se establecen tres requisitos adicionales a cumplir en forma simultánea para acceder a la prestación: “Un desempeño mínimo de 20 años en el Poder Judicial de la Nación o en el Ministerio Público; al menos 10 años continuos o 15 discontinuos en alguno de los cargos específicos citados en el anexo de la ley, siempre que se encuentren en su ejercicio al momento de cumplir los demás requisitos necesarios para obtener la prestación; y por último el cese definitivo en el ejercicio de su actividad” (Ámbito Financiero 26/2).

La medida propuesta generaba reacciones en todos los niveles de la estructura burocrática de privilegios y corrupción construida en los tribunales. Sólo para mostrar algunos ejemplos de los múltiples y públicos intentos de detener el proceso, Ricardo Recondo, vicepresidente del Consejo de la Magistratura, encabezaba una delegación de magistrados para entrevistarse con la bancada de Diputados opositora. Los jueces intentaban construir fuerza con la oposición para detener la ley (LN 19/2). Por su parte, la Federación Argentina de la Magistratura, entidad que reúne a los jueces provinciales, emitía un pronunciamiento en el que consideraba que “la iniciativa es violatoria de la independencia judicial e inconstitucional”. La FAM reúne a 15.700 funcionarios judiciales de las 24 jurisdicciones, incluida la ciudad de Buenos Aires, y alcanza a jueces, fiscales y magistrados hasta la categoría de prosecretarios (LN 21/2). En el marco del tratamiento del proyecto, los diputados de Cambiemos reclamaban una cláusula para evitar renuncias masivas de magistrados. Al no ser aceptada la inclusión de la misma por parte del oficialismo, se negaron a dar quorum al tratamiento (CL 27/2). A pesar de los berrinches, la medida se aprobaba en diputados con 128 votos a favor y 2 abstenciones, se logró sesionar por la presencia de 2 diputados del Frente de Izquierda, y por la atacada presencia de Daniel Scioli, que fue nombrado embajador, pero aún no tiene la renuncia aceptada de su banca por la Cámara de Diputados (P12 28/2).

La aprobación de la ley materializó la especulación de la oposición, porque luego de la aprobación comenzaba una ola de renuncias en el Poder Judicial, 74 entre jueces, fiscales y defensores de la justicia; a los cuales hay que sumar otros 20 que la ley obliga a jubilarse. Es decir, que entre los fiscales las vacantes son del 50% (LN 14/3). En un clima de presión mediática y acusaciones cruzadas, Alberto Fernández dejaba clara su posición: “Si es más importante beneficiar sus bolsillos antes que dar el servicio de justicia al país, tienen el derecho a hacerlo. Yo no tengo ningún interés en que los jueces renuncien y se vayan” (LN 29/2). El plan del oficialismo para remover jueces parecía avanzar. Sin reformas de fondo, con el solo recorte de los escandalosos beneficios económicos, comenzaba la huida de vastas sectores.

La nueva relación de fuerzas comenzaba a mostrar todas las fisuras e inquinas acumuladas de años de operaciones políticas y de persecución judicial. Los acuerdos de silencio se resquebrajaban, y varios magistrados buscaban reacomodarse en la nueva reconfiguración de fuerzas. Frente a esto, Carlos Pagni, editorialista estrella de La Nación y hombre muy vinculado a la Embajada Estadounidense, declaraba: “Los jueces de Comodoro Py empezaron a hacer un uso compulsivo, indiscriminado y violatorio de las prisiones preventivas cuando el diario La Nación estuvo por publicar la foto de todos los jueces federales que eran responsables de la impunidad del kirchnerismo. (…) Varios magistrados pensaron que debían producir una noticia para desplazar esa tapa, y metieron preso a Ricardo Jaime. (…) La opinión pública y la prensa es lo que hizo que contrafóbicamente sobreactuaran los jueces con las prisiones preventivas”. Frente a semejante confesión de parte, Aníbal Fernández hacía en Twitter la traducción legal del hecho: “¿Entendí bien? Pagni acusó a los dueños del diario LN de instigadores a cometer delitos contra la libertad personal en concurso ideal con el prevaricato” (P12 4/3).

Por su parte, Cristina Kirchner exponía las aristas profundas de la operación de Pagni: “Dicen que una verdad a medias es una mentira y resulta que lo que no contó el conocido periodista es que justamente ese domingo, 3 de abril de 2016, en el que supuestamente iba a aparecer la famosa tapa con los jueces de Comodoro Py era el mismo domingo en que se iba a dar a conocer a nivel mundial el escándalo de los Panamá Paper’s en el que estaba directamente involucrado el entonces presidente Mauricio Macri. Fue por eso que el juez Ercolini, el día anterior, ordenó la detención del ex funcionario. (…) La verdad completa es que: o metían preso a un ex funcionario o publicaban la tapa con la foto de los jueces. El objetivo era el mismo: tapar y encubrir a Macri en un escándalo que provocó la renuncia de presidentes, primeros ministros y ministros en todo el mundo” (CL 5/3).

Dicho de otra manera, el Poder Judicial no era condicionado por el periodismo, sino un brazo del poder económico que tenía negocios muy importantes vinculados al sostenimiento de Macri en el poder. Ese sistema mafioso de alianzas es lo que se resquebraja, mientras sus pedazos luchan por sobrevivir. Ya en reiteradas oportunidades hemos reproducido datos de cómo el ámbito judicial es el más desprestigiado a nivel social. Es necesario tomar nota de que también es sin duda el poder estatal más dependiente y controlado por los llamados “poderes fácticos”, por el imperialismo, y las distintas facciones de la burguesía oligárquica argentina.

En este marco, el kirchnerismo avanzaba durante el último mes con la presentación de un proyecto para intervenir el Poder Judicial de Jujuy, con el objetivo, entre otras cosas, de aliviar la situación procesal de Milagro Sala (LN 23/2). El proyecto fue repudiado por todas las fuerzas del arco opositor como una avanzada contra la libertad republicana. A pesar de los quejidos, el 10 de marzo el proyecto comenzó a tratarse en el Senado, y hasta el 25 se recibirán todas las pruebas. El 31 del mismo mes estaba pensado comenzar con las reuniones para escuchar los más de 40 testimonios, en lo que será un proceso legal largo, pero la declaración de la pandemia y las medidas de aislamiento estiran aún mas los plazos (CR 10/3). Otro hecho que muestra la ofensiva oficial es que el Tribunal Oral Federal 1 ordenó la liberación del ex ministro de Planificación Federal Julio De Vido en la causa Río Turbio, donde lo investigaban por desvío de fondos públicos (CL 4/3). El ex ministro, uno de los más emblemáticos presos por la aplicación de la famosa y delirante doctrina irurzun −que generalizo el uso de la prisión preventiva− era ahora beneficiado con la libertad, a la espera de que el tribunal de Casación (la máxima instancia judicial penal) se expida sobre su culpabilidad o inocencia.

Como es de imaginarse, los reductos más conservadores no se quedaban de brazos cruzado e intentaban a su vez arremeter con medidas judiciales, pero lo cierto es que las medidas, de bajo impacto, poca mella hacían en los cuadros del frente nacional. Martín Sabbatella −condenado a seis meses de prisión en suspenso y doce de inhabilitación para ejercer cargos públicos por “abuso de autoridad” en la aplicación de la Ley de Medios al Grupo Clarín− al respecto declaraba: “No es una condena a mí, es una señal a la política y a los funcionarios y funcionarias para que nunca nadie se atreva a tocar sus privilegios” (P12 4/3).

En esta lucha de postas, la oligarquía combatía contra la posibilidad de una ley que condene el negacionismo de la última dictadura militar. En una nota de opinión firmada por el Director de la Maestría en Filosofía del Derecho de la UBA, el diario de la oligarquía salía a defender su victoria política y militar en la década del 70: “Se propone en estos días una ley que castigue a quienes nieguen los crímenes de la última dictadura. Esto parece razonable. (…) Negar los crímenes es una mala cosa, (…) deberíamos perseguir también a quienes se atrevieran a negar los crímenes de Hitler y Mussolini, de Stalin y de Mao, de Pol Pot, Pérez Jiménez y Maduro, de la Triple A, Montoneros y el ERP, de los belgas en el Congo y de la Mazorca en Buenos Aires. (…) Pero hay quienes sostienen que la Tierra es plana. (…) Hay adoradores del Gauchito Gil y de San La Muerte; y la sociedad sufre con la difusión de fake news y posverdades (…); hay quienes dicen que la mentira se combate con la verdad en el libre debate. (…) Hay quienes prefieren la verdad que les conviene. Y siempre hubo personas dispuestas a bautizar como verdad su propia hegemonía y como falsedad la del adversario (LN 25/02). La oligarquía, como buen patrón, sólo entrega a sus empleados militares, si el frente nacional entrega a sus luchadores populares, su historia y acepta denostar las distintas luchas de liberación a nivel mundial y latinoamericano. Sólo permite juzgar a los militares, si se abre la puerta para perseguir a los viejos militantes, censurar toda rebeldía y todo odio ante su dominio. Todas las formas en que el pueblo bajo, los sectores mas empobrecidos del proletariado, mantienen la conciencia sobre sus valores y su capacidad, como la religiosidad popular. La oligarquía prepara sus municiones ideológicas porque sabe que de la crisis naciente emerge una subversión de los valores, que puede lacerar todavía más su hegemonía.

Una columna oscura se levanta

En los primeros 50 días de 2020 hubo 40 asesinatos en Rosario: “Muertes de bebes ametrallados, sicarios, asesinatos de cocineros de cocaína, desmembramiento de cadáveres. La relación de Rosario con la criminalidad organizada es de vieja data. (…) La logística explica buena parte de la centralidad de Rosario para la criminalidad organizada y el narcotráfico. La ruta 9 y la 34, procedentes de Salta y Jujuy, terminan en Rosario; la ruta 11 une Rosario con Clorinda y Puerto Iguazú. Es además un puerto por donde salen cargamentos de granos: 2019 fue récord con 2632 barcos que atracaron en puertos públicos y privados de Rosario y San Lorenzo. Por eso es atractivo para la exportación de cocaína al mundo” (LN 23/2).

La Tribuna de Doctrina lanzaba la piedra y escondía la mano. Si el puerto de San Lorenzo, corazón logístico del complejo sojero, era el mayor puerto narco del país, como pensar que quienes controlan esas instalaciones y se benefician del tráfico allí realizado no son actores también de ese mercado.

Una editorial del diario de la oligarquía construía la idea del aumento de la violencia como causa del Estado ausente, y no como resultado de la política del Estado norteamericano, en el nudo gordiano que une a la oligarquía con las grandes exportadoras de granos. “Los Estados deben reaccionar con rapidez, inteligencia y planes efectivos y duraderos para enfrentar a una criminalidad cada vez más violenta. (…) Las peleas políticas deben quedar reservadas a los escritorios. La seguridad en la calle está en peligro y, con ella, las vidas de miles y miles de personas” (LN 19/2). Ni siquiera la cuarentena detenía la ola de violencia, frente al Jockey Club era asesinado uno de los jefes de sicarios de una banda rival de la de Los Monos (LN 20/3).

Y la oposición y la Tribuna de Doctrina, que culpaban del aumento de la violencia al nuevo gobierno peronista, criticaban al Ministro de Seguridad santafesino, Marcelo Sain, que indicaba que los abogados de los Narcos son ricos y que si no se transforman socialmente los barrios carenciados la violencia no se puede parar con represión. Además, apuntaba directamente a la oligarquía: “No se puede pretender que con los niveles de evasión que tiene Santa Fe el estado te financie todo. La política de seguridad es cara, y van a tener que pagarla. El daño que le causa Vicentin con esa eventual defraudación al fisco, con su quiebra fraudulenta, si esto se comprueba, es enorme. (…) Con esto podríamos financiar gran parte de estos planes [para mejorar e incluir a los barrios más pobres]” (CrónicaTV 2/3).

Frente a estos hechos, es digno de poner en tela de juicio la asociación que los medios promueven permanentemente entre el narcotráfico y la pobreza, más cuando es el Jockey Club escenario del asesinato uno de los líderes de las bandas narco. ¿Será que los organizadores del narcotráfico están vinculados a los sectores poderosos y pudientes de la sociedad? ¿Será acaso posible que sea una política orquestada para operar contra la organización popular en zonas geográficas estratégicas desde el punto de vista de la geopolítica de los sectores monopólicos?

Durante el aniversario del primer izamiento a la bandera en Rosario, Alberto Fernández nuevamente dejaba declaraciones de interés en relación al problema de la inseguridad. Convocando a los santafecinos a que salgan a la calle el 20 de junio, decía: “Demuestren al crimen que somos muchos más los que no les tenemos miedo. (…) Argentina no tiene más espacio para soportar al crimen organizado, se sabe lo que pasa con la policía y la Justicia de Santa Fe. (…) vamos a dar las batallas que tenemos que dar porque los criminales no tienen derecho a adueñarse de la vida de los argentinos. (…) Hagámonos cargo de cambiar todo lo que haya que cambiar” (P12 28/2).

Sólo un proyecto colectivo, con fuerte participación popular, que recupere el control de la calle, para que sea uno de los ámbitos fundamentales para el desarrollo de la vida y de los intereses de la clase trabajadora, puede dar respuesta a los desafíos planteados por las decrépitas y desesperadas corporaciones que sólo extienden su pestilencia en todas las latitudes. Repasemos como reaccionaron a la extensión de la pandemia los distintos sectores del amplio frente nacional.

Que cualquier hombre pueda gritar sus propias esperanzas

Al día siguiente del anuncio por cadena nacional sobre el comienzo del “aislamiento social obligatorio”, el diario La Nación continuaba su inagotable derrotero de notas, intentando escindir el albertismo del kircherismo. Una nota de opinión de Héctor Guyot, titulada sugestivamente “Las dos caras de Alberto Fernández”, ilustra bien el punto: "A tres meses de iniciado el nuevo gobierno, el Presidente sigue siendo una incógnita (...). ¿Quién es Alberto Fernández? ¿Aquel que no encontraba nada virtuoso en el último mandato de Cristina? (…) ¿O es en cambio el que se desdijo de todo eso y hoy acompaña con convicción el relato del lawfare? (…). ¿Tenemos entonces dos gobiernos en uno? (...) el Gobierno reaccionó con una serie de medidas tendientes a morigerar el impacto de la epidemia. Las comunicó el Presidente el jueves por la noche. Y lo hizo en una cadena en la que, por primera vez, pareció dirigirse sin diferencias a todos los argentinos" (LN 14/3).

Repasemos los hechos centrales del Frente de Todos el último mes, para ver qué base real tienen esta idea de que Alberto se aleja de Cristina. O, en todo caso, qué impacto generan las operaciones mediáticas por intentar fracturar el frente nacional.

Previo a la implementación de la cuarentena, durante un acto de inauguración de unas piletas en la localidad de Ezeiza, Alberto Fernández, acompañado de varios de sus ministros y de Máximo Kirchner, declaraba durante su discurso: “Nosotros siempre pensamos una Argentina que nos contenga a todos. La teoría del descarte, de la que habla el Papa y que yo detesto.... Todos tenemos que tener derechos en la sociedad en la que vivimos. Primero los más necesitados, nuestra primera obligación es para los que tienen la urgencia, porque sólo dándoles una mano a quienes cayeron en el pozo de la pobreza vamos a hacer la sociedad que nos merecemos. (…) A veces nos dicen, muy sueltos de cuerpo, que el problema es que aquí en la Argentina sobra gente. No sobra nadie en la Argentina. Esa es la dignidad que nos pusimos como premura, los que más nos preocupan son los que peor están"(LN 20/2).

Entre las primeras medidas de la cuarentena, El Ministerio de Obras Públicas confirmaba la construcción de ocho Hospitales Modulares de Emergencia y la conclusión de las obras en dos hospitales de Gregorio de Laferrere y Rafael Castillo, partido de La Matanza, que se habían interrumpido durante la gestión de gobierno de Mauricio Macri (P12 19/3)

Mientras Morales Solá, en su destilación de odio de clase habitual planteaba que la rápida reacción de Alberto eclipsaba a Cristina, los funcionarios del Instituto PATRIA dejaban definiciones de relevancia acerca del rumbo a tomar. Parrilli declaraba sobre el rol del PATRIA en el gobierno de Alberto: "Va a tener en nosotros el apoyo y la colaboración que necesite. Y cuando veamos cosas que nos parezca que están mal, también lo vamos a hacer llegar y lo vamos a hacer saber. Obviamente, cara a cara, no divulgando por los medios nuestras diferencias para darles caldo de cultivo a los que nos quieren destruir. (…) Hoy decimos: somos oficialistas, somos parte del gobierno de Alberto Fernández y nos conduce Cristina Kirchner”. Por su parte, el Ministro del Interior Wado de Pedro agregaba: “Cuatro años de resistencia. Pasamos cuatro años de persecución con los servicios de inteligencia en la puerta del Instituto Patria. Fueron por Cristina y ella resistió como nadie” (LN 7/3).

La reacción del gobierno frente a la pandemia −sobre todo en la comparación con la reacción de otros gobiernos− se traducía en una notable mejora de su imagen pública. Según una encuesta realizada por la consultora Analogías, un 80% aprueba la gestión de Alberto Fernández y su imagen positiva alcanza al 93,8% (P12 27/3).

Es notable el poco grado de difusión que se le dio al encontronazo de Alberto Fernández con su par de Chile, Sebastián Piñera. En el marco de una videoconferencia de Jefes de Estado, organizada por el gobierno chileno para coordinar acciones sanitarias contra la pandemia, Alberto consideró absurda la ausencia de Nicolás Maduro en el encuentro, se limitó a abrir el encuentro y cedió la palaba a Ginés González García (Ámbito 17/03). De este modo, marcaba un abierto apoyo al gobierno de Nicolás Maduro, explicitando nuevamente el rechazo al bloqueo norteamericano.

Por otro lado, podemos reflexionar acerca de que la imagen positiva crece porque Alberto interpreta y se apoya sobre un sentimiento popular extendido. Las medidas propuestas tuvieron un elevado grado de efectividad porque fueron apropiadas y motorizadas por las diferentes capas de trabajadores. La lógica de poner lo común por encima de lo individual, de que no hay ganancia empresarial que valga más que la vida de nuestro pueblo, fue bien recibida y defendida: en la calle poniendo el cuerpo, en las fábricas sosteniendo la producción, y en los barrios manteniéndose en cuarentena. Cobran otra relevancia las palabras de Cristina a Alberto, dirigidas durante la histórica jornada de asunción presidencial: “Tenga fe. Tenga fe en el pueblo. Tenga fe en la historia, la historia siempre la terminan escribiendo, más temprano o más tarde, los pueblos. Y sepa que este pueblo maravilloso, que nunca abandona a los que se juegan por él, convóquelos cada vez que se sienta solo o sienta que lo necesita. Ellos siempre van a estar acá cuando los llamen por causas justas”.

Así como las fuerzas del frente nacional deben apoyarse en las conductas más elevadas de nuestro pueblo para enfrentar las batallas que nos depara la historia, las fuerzas enemigas, van a promover y estimular las conductas de los sectores más influenciados por sus valores y formas de vida. Entre otras cosas, la cuarentena expuso socialmente dos formas de comportarse frente a los problemas.

El Gobierno Nacional publicó un informe sobre el control de precios que se viene llevando adelante y en el que encontró sobreprecios de hasta un 30 por ciento en artículos como la lavandina. Alberto Fernández afirmaba en declaraciones que será “inflexible con el control de precios, (…) vamos perseguir y, si es necesario, cerrar los negocios que no cumplan con los valores máximos dispuestos de manera oficial”. Según publicó Bae Negocios, uno de los ‘ultimátum’ fue para los productores de azúcar, de los cuales el principal grupo empreario es el oligárquico Ledesma, a quienes responsabilizó de la falta de alcohol en gel (Crónica 25/03). A su vez, treparon las ventas por la demanda de los que “se stockean”. El proceso de cuarentena disparaba las ventas de alimentos y productos de higiene en cadenas mayoristas y supermercados. Desde el Ministerio de Desarrollo Productivo aseguraban que se estaba monitoreando la situación a través de la secretaría de Comercio. El presidente Alberto Fernández, consultado también sobre ese tema, revelaba que el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, ya está trabajando en el monitoreo de precios para evitar cualquier tipo de abuso (P12 16/3).

Por su parte, frente a la ola de especulaciones empresariales, entidades de consumidores solicitaron ante el ENRE y Enargas que el gobierno disponga medidas para que mientras dure la emergencia no se realicen cortes de suministro a las familias. La defensoría de la Ciudad de Buenos Aires se comunicó con Edesur, Edenor, Metrogas y Aysa, pidiendo que “por principios de responsabilidad social y por deber ético moral, no corten el servicio ni intimen a nadie por falta de pago” (P12 20/3).

Finalmente, los sectores acomodados de la sociedad, reproduciendo la conducta egoísta, individualista y competitiva del sistema imperante, desconocían o eludían premeditadamente las restricciones sociales.

Al cierre de esta edición, los detenidos por incumplir el decreto de aislamiento por el coronavirus llegaban a 3200 (P12 22/3). Asimismo, 30 mil personas salieron del país luego de que entraran en vigencia las restricciones para los vuelos. Gente que se fue cuando ya había restricciones, aprovechando los precios bajos de los boletos. Como resultado de la cancelación de vuelos por la cuarentena, es el Estado Nacional el que tiene que desembolsar el dinero para garantizar su vuelta al país. En su mayoría, regresan de los lugares de riesgo y mayor contagio (P12 22/3).

Es de resaltar cómo todo el aparato mediático hizo hincapié en la condena social a los actos individuales de una porción ínfima de la sociedad, y dedicó poco de su tiempo a denunciar esas mismas conductas cuando provenían de grandes empresas o conglomerados. Sin embargo, a nivel social, la discusión acerca de las formas de vida que llevamos y la imposibilidad de seguir haciéndolo así son generalizadas. El sistema está puesto en tela de juicio. Esto se ve más claramente en las reflexiones que vienen haciendo algunos de los intelectuales del frente nacional, los cuales no hace mucho defendían la idea de “un capitalismo con rostro humano” o hablaban de la existencia de una “derecha democrática”. Jorge Alemán, en una entrevista para Radio del Plata, reflexionaba: “El capitalismo va a destruir los grandes espacios de lo común. Si la salud y el medio ambiente siguen en sus manos, la humanidad no tiene salida. (…) Para Argentina, llegó el momento de las decisiones osadas. Va a haber que confrontar con lo que haya que confrontar en nombre de la protección de la población” (https://www.youtube.com/watch?v=WRu-9GQu2Fk 16/03).

Veamos a continuación cómo reaccionaron los diferentes actores y expresiones de la clase trabajadora frente a los acuciantes problemas de la gran casa común que es nuestro planeta.

Nadie va a morir, menos ahora, que el canto de la patria es nuestro canto

El complejo panorama de la cuarentena puso de manifiesto, no sólo las miserias sociales de los sectores que viven a costa de la explotación del resto y los sectores que le son funcionales, sino también su cara opuesta: la solidaridad espontánea de los explotados. Las muestras de cooperación fueron incontables: donaciones de dinero y productos sanitarios, ofrecimientos masivos de voluntariados, puesta a disposición de quien lo precise, por medio de las redes sociales, para ir hacer compras de alimentos o remedios, entrega de saberes, vehículos, mercadería, y un largo etcétera. No debería sorprendernos, nuestro pueblo permanentemente apela a esos recursos para subsistir colectivamente, a pesar de que sus saberes, valores y formas de vida estén negados culturalmente desde los sectores de poder.

A los pocos días de las medidas de aislamiento, se hacía público que el gobierno nacional se estaba reuniendo con todo el arco de los llamados Movimientos Sociales, para el armado de una red de voluntarios. Entre los convocados, están ONGS como Red Solidaria, Techo, Médicos sin Fronteras, Cruz Roja, Cáritas, Amnistía Internacional, Fundación Huésped y Cippec, y organizaciones sociales como Barrios de Pie, la Corriente Clasista y Combativa (CCC) y el Movimiento Evita. También estaba previsto convocar a movimientos universitarios y organizaciones gremiales (LN 20/3).

Frente a la pandemia, en las barriadas populares no sólo emergía la solidaridad, sino que, por sus características objetivas, prontamente aparecía la necesidad de organización. Daniel Menéndez, referente de Barrios de Pie y Subsecretario de Promoción de la Economía Social explicaba: “Hay diferencias en cómo atender la pandemia en los barrios populares, porque los sectores más humildes no tienen las condiciones de los sectores medios. Es impensado que la gente de los sectores populares se recluya en su casa, porque las casas son de una precariedad que en muchos casos es muy grande y porque hay problemas de hacinamiento. (…) Hay que pensar no en la casa como unidad de aislamiento (…) sino en el barrio como unidad de aislamiento. En ese sentido, sabiendo que puede haber movimientos, vamos a buscar que el movimiento esté organizado para que haya trabajo, que haya actividad y posibilidad de acceder a los alimentos. Vamos a apuntar a realizar con las instituciones actividades de información y actividades productivas que puedan generar algunos ingresos en esta etapa” (P12 20/3).

El problema de las clases se ponía nuevamente sobre el tapete. Una frase circulaba por redes sociales: “La romantización de la cuarentena es un privilegio de clase”. Las desigualdades sistémicas quedaban expuestas, y el problema acerca de la propiedad de los medios de vida se volvía tema de debate.

El dirigente de la CTEP, Juan Grabois, tras acusar a los sectores del campo de “parásitos”, era furibundamente atacado por las plumas de la Nación. Tras los ataques, el dirigente contestaba en una nota, también publicada por el diario oligárquico: “El movimiento popular argentino se caracteriza por cuestionar las estructuras de poder económico y las diversas formas de coloniaje como fuerzas que atentan contra la realización de nuestro ideal. (…) Muchos de nosotros creemos que para terminar con la postración de los de abajo hay que cuestionar los privilegios de los de arriba. (…) Combatir al Capital, entonces, no es enfrentar a los empresarios o los ricos porque sí. El Capital no es una cosa sino una relación social en la que se expresan las desigualdades de poder y oportunidades jalonadas por el insaciable ánimo de lucro inherente al sistema capitalista. (…) Miente quien afirma que con esfuerzo cualquiera puede realizar sus sueños. Es una mentira cruel y autocomplaciente de los privilegiados. (…) Las variables macroeconómicas de la injusticia global son demasiado duras para desconocer: 2000 multimillonarios poseen una riqueza equivalente a la de 4600 millones de personas. El 1% de los propietarios rurales acapara 33% del territorio argentino. Catorce millones de argentinos sufren inseguridad alimentaria mientras 140.000 millonarios (en dólares) se quejan si tienen que pagar 0,1% de bienes personales. (…) Si los que todo tienen no ceden, el destino de la Argentina será la confrontación permanente” (LN 12/3).

En la misma línea, el ex vicepresidente Amado Boudou, aún detenido en el Penal de Ezeiza, consultado sobre las medidas del Gobierno, opinaba: “Hay una discusión de si hay que nacionalizar o estatizar las empresas de servicios públicos. Creo que no alcanza con nacionalizarlas. (…) Las empresas de servicios públicos se han convertido en los grandes extractores de valor de la sociedad. No invierten, ni son innovadoras ni tienen riesgo, son empresas que el neoliberalismo ha privatizado y en cosas que son de todos” (Infobae 17/03).

Desde el diario La Nación, tomaban nota y salían en violenta defensa de sus sagrados intereses de clase. En una editorial titulada “Economía popular, otra fantasía socialista”, el diario profundizaba en varias de las contradicciones no resueltas por campo popular. La cita es extensa, pero sin desperdicio, repasemos: “Desde tiempo inmemorial, el hombre ha querido vencer a la muerte, a la pobreza, a las enfermedades, a la vejez, con mecanismos o pócimas siempre fracasados. Los alquimistas buscaron la piedra filosofal; (…) Carlos Marx, la dictadura del proletariado; Mao Tse-tung, la revolución cultural, y Fidel Castro, la liberación latinoamericana. (…) Daniel Menéndez (…) es un ejemplo singular de este perenne optimismo por reinventar la rueda. (…) En su opinión: ‘El desarrollo del capitalismo no genera condiciones para que se incorpore a esas personas. El Estado debe ayudar a desarrollar otra economía fuera del mercado’. (…) Esta arquitectura falla desde su base: la llamada economía popular es otra forma de gasto público y, como tal, no es pilar de soporte del Estado, sino un peso adicional agregado a este. El único pilar es la economía privada, que, a través del empleo formal, los aportes laborales y el pago de impuestos, sostiene toda la estructura de aquel, con sus múltiples legisladores, ministerios, jueces y empleados, incluyendo a los cuatro millones de integrantes de la economía popular. (…) Desde la Revolución Industrial se sabe que el crecimiento de una nación depende de la acumulación de capital y la disponibilidad de tecnología: ello permite aumentar la productividad, mejorar los salarios y proveer de bienes públicos. La economía privada funciona de esa manera, con plantas industriales, pozos petroleros, usinas generadoras, calderas, camiones, rutas, ferrocarriles, puertos, barcos, grúas y contenedores, centros de cómputos, software, logística y robótica. Y, por sobre todas las cosas, con técnicos, obreros y profesionales bien formados, actualizados y responsables. La economía popular es su antítesis: funciona en forma artesanal, dirigida por expertos en movilizaciones, sin tener capitales y sin dar empleo formal. No contribuye a los gastos colectivos, sino que los aumenta, pidiendo subsidios. Es el sistema que prevaleció en el mundo antes de los telares mecánicos y la máquina de vapor. Y aún puede verse en (…) algunos países más cercanos, que han decaído por su rechazo a las libertades personales y la propiedad privada, como Cuba, Nicaragua y Venezuela. (…) Pensar que un país pueda dar empleo y sostener sus gastos gracias a organizaciones sociales que no son sustentables sin subsidios es creer que una persona puede volar, levantándose por sus talones. Un camino peligroso que solo puede destruir al sector productivo en aras de una fantasía socialista, como tantas otras ya experimentadas desde tiempo inmemorial (LN 15/3).

Más allá de la evidente omisión al problema objetivo de la producción del valor a repartirse, tratada numerosas veces en esta publicación, es sumamente inteligente contraponer a los obreros calificados vinculados a la producción con los sectores desempleados. Es allí donde se juega el sostén de su dominio; deben impedir la unidad de la clase trabajadora, deben disgregarla, fragmentarla, confundirla; tienen que lograr que cada uno pelee por “su quintita” y que no logre verse la esencia común que unifica todas las luchas: nuestro carácter de expropiados y un enemigo que nos propone la destrucción de la vida. El permanente ataque a las experiencias donde la clase trabajadora logró tomar el poder y construir democracias participativas, aún con todo el aparato imperial atacándolos, debe llamarnos a la reflexión. Las críticas oligárquicas planteadas a la llamada “economía popular” se apoyan en los límites teóricos y centralmente organizativos, con los que cuenta todavía el frente nacional. Porque es cierto que es equivocado creer que se puede constituir una economía “social”, paralela a la “capitalista”. Toda economía es social, y toda la experiencia de lucha de la clase trabajadora demuestra que sólo alcanzando un fuerte dominio sobre la economía, se puede avanzar en la resolución de los problemas estructurales. La clase trabajadora, los pueblos de todo el mundo, y el nuestro en particular, no pueden desentenderse de los gigantescos avances en la producción que utiliza el capitalismo, y que en su marco se vuelve fuerzas destructivas. Como entender sino que un país con la capacidad para proveer alimento para 400 millones de personas, con una población de 45 millones, tenga mas de 15 con problemas de alimentación, que cada cosecha record signifique alimentar no el bienestar general, sino a una clase que oprime a las mayorías nacionales en pos de sus intereses. Es en ese dato de la realidad que se demuestra que las fuerzas productivas, bajo el dominio del capital, se vuelven destructivas.

Ahora bien, las fuerzas populares no esperan a comprender cabal y conceptualmente esto, para luchar. Y la oligarquía lo sabe, y por eso intenta frenar a los sectores que objetivamente se oponen a su dominio.

A su vuelta de Cuba, Cristina publicó una carta agradeciendo a la Isla por el cuidado de su hija. Repasemos un breve fragmento: “Algo tan humano y por eso tal vez incomprensible para los depredadores de almas y corazones que durante esta semana especulaban mediáticamente, como siempre, el porqué de este viaje; el décimo en un año. Me pongo a pensar cuánto tiempo pasé este último año en La Habana: casi cien días. Y siento que aunque tuviera cien vidas, ellas no me alcanzarían para expresar mi agradecimiento a esta Cuba solidaria, castigada por los poderosos pero digna y altiva” (CD 20/3).

¿Cómo es posible que una fantasía socialista, deficitaria e improductiva, se encuentre ofreciendo medicamentos y personal especializado al grueso de los países que no reciben ayuda, mientras que las potencias capitalistas se debaten en el caos, el individualismo y el descrédito?

El papel de la clase trabajadora argentina, con larga y rica tradición de lucha, se vuelve absolutamente imprescindible. El grueso de las centrales sindicales se pronunciaron raudamente a favor de las medidas tomadas por el gobierno para combatir la pandemia. Hugo Yasky, titular de la CTA, declaraba en una entrevista que “la palabra del Presidente de la Nación llega en el momento oportuno. Hace falta darle certidumbre a la ciudadanía ante lo que definitivamente significa la instalación del virus en nuestro país” (P12 16/3).

Por su parte, la CGT ponía a disposición sus clínicas y hoteles para la lucha contra el coronavirus.

Comunicaban la decisión los secretarios generales de la central obrera, Héctor Daer y Carlos Acuña. En un comunicado, se explicitaba: “Valoramos positivamente el plan de acción y los protocolos desarrollados por el Ministerio de Salud para contener con prontitud el brote de la infección. Hoy más que nunca reafirmamos el valor social determinante de un Estado presente y activo en el combate contra esta grave epidemia”. En el comunicado, la CGT afirmaba que los trabajadores de aquellas actividades que deban continuar con sus tareas para garantizar los servicios esenciales de los ciudadanos “redoblarán esfuerzos para poder satisfacer las demandas y atender las necesidades de todos” (LN 21/3).

También, a pocos días de la cuarentena, la Juventud Sindical Peronista, juventud de la CGT, hacía público un video en dónde, con imágenes de trabajadores de diferentes ramas, se declamaba: “En estos momentos, en los que nuestra Nación atraviesa una emergencia sanitaria, los argentinos estamos ante una prueba inédita de solidaridad y conciencia social. Hoy y los próximos días, quedará marcada la actitud y la responsabilidad que hemos tenido como pueblo. Si nos comió la desesperación por defender el interés individual desoyendo la necesidad de los pueblos o si fuimos capaces de trabajar en comunidad poniéndonos la camiseta a la par del Estado, el Ministerio de Salud, los trabajadores estatales, los médicos, enfermeros, y a todo el equipo de sanidad que libra la batalla en los hospitales y sitios dispuestos para la atención de los afectados. Los que construyen hospitales y casas para los más necesitados, los proveedores de agua y saneamiento, los que se encuentran en la producción y venta de alimentos, remedios e insumos que nos continúan abasteciendo, (…) los trabajadores de todas las áreas de transporte, dispuestos a no permitir que se produzcan faltantes de alimentos y de más insumos necesarios, así como también garantizar el transporte de los trabajadores de los 24 servicios esenciales (…) y por sobre todas las cosas, de todos y todas los que salen día a día de sus casas dejando a sus familias para trabajar por el bien de la Patria. En este momento, en que el sistema capitalista globalizado no puede dar una respuesta eficaz para frenar esta pandemia, principalmente por estar basado en los valores del descarte por sobre los valores humanos, haciendo eje en el capital y no en el cuidado del prójimo y la casa común, es que tenemos que profundizar nuestra organización como comunidad, estando atentos al otro, comunicados, compartiendo información con responsabilidad, conteniéndonos afectivamente y por sobre todas las cosas, unidos y tirando para el mismo lado, pensando en cada momento cuál es la acción correcta, la acción correcta es la solidaridad. Cumplamos con nuestro deber civil, ayudemos y apoyemos a esos trabajadores y a esos héroes que con gran humildad y mucho corazón hoy se pondrán al hombro a los 44 millones de argentinos en esta lucha, la cual no cabe duda que nos exigirá grandes esfuerzos, pero tampoco cabe duda de que la unión del pueblo trabajador será la que nos traiga la victoria final. El peor virus es el individualismo. La cura es la organización” (www.youtube.com/watch?v=ygcwJ5Ar6U0&t).

La clase trabajadora no sólo se pone al hombro a los 44 millones en esta coyuntura compleja y desafiante, la sociedad toda descansa permanentemente sobre los hombros de esa impresionante fuerza social colectiva, que muestra una creciente conciencia de su papel. La tarea de organizarse como clase requiere superar el momento épico coyuntural, y comprender profundamente que somos los trabajadores los que ponemos a girar el mundo todos los días. Las decrépitas fuerzas capitalistas ya no contribuyen al desarrollo de las fuerzas productivas, sólo pueden ofrecer muerte, guerra y caos a la humanidad. La toma de conciencia de que somos la única fuerza que puede garantizar una reorganización del mundo acorde a los intereses de las mayorías y el bienestar general implica un tipo de organización y un universo de cualidades que supera con creces la organización y la lucha sindical. Debemos prepararnos y formarnos para hacernos cargo y dirigir todas las esferas de la vida. Nadie va a hacerlo por nosotros. Son esas, y sólo esas, las tareas urgentes e imprescindibles que desde el fondo de la historia se nos demandan.



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