Revista Mensual | Número: Febrero de 2021
Bajar en formato pdf
Fuentes consultadas:
EE.UU.-Gran Bretaña: The Economist (TE). Alemania: Deutsche Welle (DW).
China: Xinhua (XH). Rusia: Russia Today (RT). Irán: HispanTV (HTV). Líbano: Al Manar (AM).
Venezuela: Telesur (TS). Cuba: Cubadebate (CD). Brasil: Folha de Sâo Paulo (FSP). Colombia: El Tiempo (ET). México: La Jornada (LJ).
Argentina: Clarín (CL); Cronista Comercial (CR); El Cohete a la luna (COH); La Nación (LN); Página/12 (P12).
[<< Volver a la primera plana]

Estados (Unidos) fallidos


Guerra imperial de 5ta generación

Estados (Unidos) fallidos

“Estás peleando por la nada más grande de la Historia.”
Hubert de Marais, en la película Apocalypse Now (1979)

 


El movimiento intrínseco a las formas de producción capitalista en su fase imperialista no hace más que agudizar la tensión y las diferencias irreconciliables entre las dos únicas clases beligerantes del sistema: la trabajadora y la burguesa. En este inevitable enfrentamiento, los diferentes sectores y capas que componen cada una de ellas se ven empujadas objetivamente a definir posiciones de combate, ya sin lugar a terceras vías. Se manifiestan en el mundo variadas formas de esta confrontación, determinadas por la historia contenida en la constitución de cada una de las naciones y pueblos en donde se desarrolla esta virulenta pugna. La lucha de clases esta expresada en cada conflicto laboral, sectorial, religioso, racial, de género o por los derechos civiles, por solo citar algunas formas que explotan día tras día en el reguero de pólvora del entramado monopólico que domina ya más del 50% de la producción global.

Ahora bien, como nunca en los últimos 50 años estamos asistiendo al estallido en el centro del polvorín: los Estados Unidos de Norteamérica. Los monopolios de radicación u origen norteamericanos —que concentran y centralizan el 80% de lo que el conjunto del bloque imperial consume— están sufriendo una constante pérdida de competitividad en los mercados mundiales desde hace, al menos, cinco décadas, que los saca del centro del ring y los pone contra las cuerdas. Los últimos indicadores mundiales muestran que la industria estadounidense representa hoy no más de un 24% del Producto Bruto Mundial (PBM), cuando a principios de los ochenta llegaba a un 35%. Las proyecciones futuras para las fracciones yanquis del imperio muestran un derrumbe inminente, hasta representar tan solo un 14% del total de la riqueza que el conjunto de la humanidad realizara en esta década naciente. Lo que muestran estas estadísticas es el carácter estructural de la crisis de relaciones sociales capitalista. Al no poder sostener la tasa media de ganancia —lo que impide que cada fracción de capital se reproduzca en escala ampliada— aparece grotescamente de manifiesto la necesidad de exacerbar la competencia entre monopolios y por sobrevivir tras saquear la riqueza de los eslabones más débiles de la cadena imperial, que se alojan en los países periféricos de este sistema de producción.

Esta es la base material de su desbocado accionar, no solo en las afueras de sus fronteras sino que, sobretodo hoy, los padecimientos de las grandes mayorías bajo los designios del gran capital se viven puertas adentro de los otrora centros de producción industrial. El imperialismo necesita, a como dé lugar y de forma objetiva —más allá de la voluntad de las cabezas gubernamentales de los Estados nación que ellos constituyeron a su imagen y semejanza—, descargar la crisis en la que se ahoga sobre las grandes mayorías de trabajadores y trabajadoras. Pero, además, se ve empujado a aniquilar a vastos sectores de capital a los que denominan “zombis” por su falta de desarrollo. O sea, para lograr sobrevivir tienen que profundizar la expropiación del 99% de la población mundial.

El conjunto del conglomerado de 147 corporaciones económicas necesita absorber cada vez más cantidad de valor de la totalidad de la masa de capital para sostenerse. De hecho, lo hacen y es esto lo que los hace aparecer como cada vez más grandes e invencibles, pero, al achicarse la producción de valor creada (dada la incesante incorporación de tecnología a los medios de producción y su consecuente expulsión de fuerza de trabajo de la realización de todas las mercancías existentes), las cuotas de excedente del que se apropian se tornan cada vez más raquíticas: la cuota de ganancia tiende a cero, ya sabemos. Es así que su poderío se apoya sobre un pantano de arenas movedizas que los hunde indefectiblemente. Su desarrollo creó su debilidad. No hay condiciones objetivas para que se reproduzcan ninguno de los grandes jugadores monopólicos y mucho menos el conjunto de los grupos económicos. Los que contienen acumulado el mayor desarrollo tecnológico de la industria y ostentan una extensa red trasnacionalizada de producción —aquellos que colocaron el alfil Joe Biden a la cabeza del aparato de gobierno de EEUU—no tienen posibilidades de reproducirse. Por lo tanto, menos aún tienen los que concentran un desarrollo tecnológico inferior, puesto que son menos competitivos, y no hay posibilidad alguna para los capitales dependientes de los países periféricos del mando imperial.

Por lo tanto, al solo poder ofrecer a la humanidad un incómodo camino hacia el matadero, ambas fracciones del imperialismo y sus socios locales no tienen ningún tipo de posibilidad de reconstruir el consenso perdido. Han perdido, sin más, toda capacidad de mando y orden y, consecuentemente, la de maquillar acuerdos geopolíticos sostenidos en alianzas temporarias con las estructuras económicas sociales que antes hacían de sostén de su acumulación. Esta pérdida de consenso impide a la parte estadounidense del imperio —no solo a ella, claro está— ordenar y dar salida por la positiva en función de sus intereses, como alguna vez lo hizo a través del plan Marshall. Ahora, en lugar de reproducir a otros, de ordenarlos como sus socios para robar las riquezas de los países periféricos, los tienen que confiscar. Este es el punto de quiebre que expresa su debilidad material, es la pieza de dominó que comienza a voltear a las demás. Al no poder lograr acuerdos con sus fracciones locales, que de socios del saqueo pasaron a ser alimento, ya no tiene quien empuñe el palo para imponer sus intereses. Los cuadros militares, de fuerzas de seguridad, judiciales, periodísticos y político partidarios, que en cada país responden a distintos grupos de capitales locales (especialmente a los que se constituyeron como clase en la incorporación al mercado mundial), no solo ya no cuentan con el sustento social para promulgar las ideas otrora hegemónicas sino que se comienzan a oponer a un imperialismo que los devora. El único camino, la única estrategia que les queda a los monopolios es empuñar ellos mismo el palo para ir a una guerra que les permita construir las condiciones necesarias, o sea, generar más del caos que encarnan para poderse así reproducir. Esto, lejos de ser una fortaleza, nos muestra la debilidad en que se encuentran, ya que la capacidad de construir hegemonía supone una combinación justa de coerción y consenso y, al quedarle solo la posibilidad de la coerción, no puede imponer sus ideas como la necesidad de toda la sociedad, acumulando cada vez más fuerza en su contra, dando cuenta de cómo van dejando der ser quienes ordenaban el mundo.

Aturdidos…

Al salir de su cargo en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) la ex embajadora de los EE.UU. para la administración de Donald Trump en ese organismo, Nikki Haley, dejó en claro cuál es la política que tienen que llevar adelante todas las fracciones del capital norteamericano si pretenden lograr la recomposición del mandato global perdido. “EE.UU. debe tener continuidad en, por lo menos, tres temas: la confrontación con China, Cuba-Venezuela e Irán”, sentenció. (LN 6/1). Indiscutiblemente, los ejecutores civiles de las políticas de los monopolios trazan las hojas de ruta para los artífices militares del caos necesario para su sobrevida. Las posiciones de Haley cargan las tintas sobre los tres faros de la alianza mundial que le disputa la hegemonía al imperialismo sobre el conjunto de la humanidad, pero también esbozan un perfecto mapa de los conflictos que sin dudas se profundizarán con el mandato de Biden.

No es casual ver que el despliegue militar yanqui esté enfocado en hostigar a los países del ex bloque socialista y de aquellos que construyen, día tras día, la libertad y autodeterminación de sus pueblos, de la mano de los trabajadores y las trabajadoras que en ellos habitan. La trazabilidad del caos tiene como objetivo impedir que otras formas de organización social que no sean las capitalistas puedan salir victoriosas de los dramas en los que los imperios occidentales sumergieron a la humanidad. Seguramente con esta intención en mente es que, en el último mes, EE.UU. agudizó el movimiento de tropas desplegadas en Alemania hacia las fronteras rusas. Lo que puso en alerta al gobierno de Rusia que, en la persona de su viceministro de Defensa, Alexánder Fomin, no dudó en denunciar y exponer el desempeño norteamericano al afirmar que: "Hay un crecimiento notorio de la actividad militar que va acompañada de retórica agresiva y crea riesgo de incidentes graves". Tampoco ha de extrañar que, en la última semana de diciembre ,haya llegado la 13° provocación a China del 2020, al hacer navegar dos destructores a través del estrecho de Taiwán. No solo esto, sino que Washington incrementó su retórica y decisiones de política exterior, usando a Taiwán, Hong Kong y Xinjiang para entrometerse en la integridad territorial de China. Tal es así que durante, el mes de enero de este año, levantó todas las restricciones que durante décadas el Departamento de Estado había creado para regular las interacciones de diplomáticos, miembros del servicio y otros funcionarios yanquis con sus homólogos taiwaneses. Además, interfirió en los asuntos internos chinos con sus declaraciones sobre los 12 residentes de Hong Kong que han sido detenidos en la parte continental de China por entrada ilegal. Con el mismo fin, en el estrecho de Ormuz, frente a las costas de Irán, hizo pasar el submarino de propulsión nuclear USS Georgia, escoltado por dos cruceros de misiles guiados. En simultáneo, un submarino entró en el mar Rojo, luego de cruzar por el canal de Suez. Alineado a esta política, Israel continua realizando ataques aéreos todas las semanas en Siria, al mismo tiempo que comenzó a construir una base militar conjunta junto a Emiratos Árabes Unidos en la isla yemení de Socotra, situada en el golfo de Adén, según informó el diario israelí Haaretz.

Los métodos para expandir su anárquica forma de relacionarse no sé reducen a las manifestaciones institucionales, como bien sabemos. A todo esto le podemos sumar el seguro ataque de falsa bandera creado al atacar con cohetes katyusha la Embajada norteamericana en la capital de Irak, cerca del primer aniversario del asesinato del teniente general Qasem Soleimani (comandante de la Fuerza Quds, del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica de Irán) y de Abu Mahdi al-Muhandis (subcomandante de “Al-Hashad Al-Shabi”, las Unidades de Movilización Popular de Irak), considerados héroes de la lucha el contra terrorismo regional, y que provocó la ira no solo de los iraníes, sino de todo el pueblo iraquí. Y, aunque nadie ha reivindicado la autoría, Washington, como ya viene siendo habitual, acusa a las Unidades de Movilización Popular iraquíes y Trump no dudó en apuntar a Irán. El accionar es de manual: forzar a Irán y a las fuerzas de resistencia iraquíes a reaccionar con virulencia, lo que serviría como excusa para hundir a la región en una guerra abierta.

Pero las fuerzas que enfrentan al imperialismo están lejos de entrar en la provocación propuesta. Referentes líderes de las fuerzas populares de Medio Oriente no perdieron la capacidad análisis ante el vil reto imperial. Muhamad Mohi, portavoz de Kataeb Hezbolá, develó que es “un show y un complot urdido por los líderes estadounidenses para elevar la tensión y generar crisis, la Administración de Trump intenta forzarles a Irán y a las fuerzas de resistencia iraquíes a reaccionar con virulencia. Pero, nosotros estamos al tanto de ese complot”. Abu Ali al-Askari, también de Kataeb Hezbollah analizó: “La región es hoy una olla de agua hirviendo y existe la posibilidad de una guerra total, lo que exige moderación para no dar excusas al enemigo”. A su vez, Qais al-Jazali, líder del grupo Asaib Ahl al-Haq (“La Liga de los Justos”, que forma parte de las Unidades de Movilización Popular de Irak), aseguró que “las fuerzas de Resistencia iraquí habían acordado no lanzar ataques contra la Embajada de EE.UU.”. Las comandancias persas tejieron un laborioso acuerdo para dejar de hostigar a las fuerzas de EE.UU., y así facilitar la retirada ordenada de sus 3000 soldados votada por el parlamento iraquí tras el asesinato de Qasem Soleimani. Debemos recordar también que, en los últimos meses de Trump en la Casa Blanca, el gobierno norteamericano endureció las sanciones financieras, bancarias y petroleras contra Irán, medidas que deterioran, entre otras cosas, el sistema de salud y la vida económica de la población iraní.

En el mismo sentido de resolver la caotización reinante en el mundo organizado desde el imperialismo, el Comando del Ejército Libanés y la Dirección de las Fuerzas de Seguridad de este país, informaron los resultados de sus investigaciones en la explosión del puerto de Beirut. El planteo central del informe es que se debió a que mientras se “soldaba la puerta del almacén 12, las chispas permanecieron durante una hora en su interior, encendiendo los fuegos artificiales colocados en el interior del depósito y provocando la explosión”. La manipulación del informe es tal que no hay detalles con lo que se sustente llegar a esta conclusión, lo que afirma la hipótesis de la provocación de los grandes centros de la producción occidental. Es irracional concluir que con el estallido de fuegos artificiales almacenados en un depósito se pueda generar tal explosión, que provoco una onda expansiva que llego a más de 10 km y una sacudida de 3,5 en la escala de Richter que hizo ‎temblar el suelo en un radio de 200 kilómetros. Las detonaciones pudieron oírse en todo el país y en Chipre, a 240 kilómetros de distancia, donde también se sintió la onda de choque. ‎La explosión fue capaz de derribar muros, doblar acero y derrumbar techos, quedando el puerto arrasado y la mitad de la capital libanesa destruida o dañada. La energía liberada por la explosión ha sido, según fuentes científicas citadas por el diario británico Daily Mail, equivalente a tres kilotones, un 20% de la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima, de 16 kilotones. Quitando las bombas nucleares arrojadas en Japón, lo que sucedió en Beirut es la más grande explosión acaecida en un país. Tanto el hongo —similar al de ‎una explosión atómica— provocado por la explosión, como el cráter que deja esta, no tenían nada que ver con lo que puede verse en una explosión de tipo convencional y menos la que pueda producir una caja de pirotecnia. Lo racional es suponer un ataque deliberado de fuerzas que tengan esa capacidad de fuego y daño. Pero aceptar esto significaría ir a la guerra abierta en el terreno, con los tiempos que el imperialismo desea y necesita.

Este tipo de agresión imperialista la podemos observar en el continuo bombardeo a distintas partes de Yemen, entre ellas, el aeropuerto internacional de la capital, Saná, que se suma al de hospitales, escuelas y fábricas, blancos frecuentes de los aviones saudíes. El asedio imperialista consiguió que dos tercios de la población carezca de acceso a agua potable y servicios básicos de salud, según la Cruz Roja. De acuerdo con la ONU, Yemen se enfrenta actualmente a la peor crisis humanitaria del mundo con más del 80 % de sus habitantes dependientes de la asistencia y el apoyo humanitarios. Son más de 24 millones los que necesitan urgentemente ayuda humanitaria, incluidos 10 millones que padecen niveles extremos de hambre. Yemen está a punto de enfrentar la peor hambruna que el mundo ha visto en décadas y tiene niveles récord de desnutrición infantil.

Todos los hechos descriptos son provocaciones abiertas y orientadas hacia un plan para desencadenar una guerra y que alguno de la alianza que enfrenta —sea China, Rusia o la fuerza comandada por Irán— entre en la trampa y se desencadene un conflicto que les permita imponer el caos y el desgobierno en la región de Asia Mayor, Medio Oriente o la que sea necesaria para sus intereses. Si esto fuera logrado por las fuerzas imperialistas, habría quedado, en el caso de Medio Oriente, todo el territorio musulmán —tanto persa como árabe— expuesto a la profundización del saqueo de sus riquezas naturales, como desde hace años lo hace EE.UU., ingresando habitualmente al norte del territorio sirio con convoyes de vehículos blindados y helicópteros militares que sirven de protección a los camiones que se llevan los cultivos de trigo y cebada, al mismo tiempo que se bombean cientos de barriles de crudo robado diariamente por oleoductos extendidos desde los yacimientos sirios hacia Irak.

Aunque el imperialismo siga acumulando derrotas en el campo de batalla, en su objetivo de desencadenar esta guerra abierta, no puede dar el brazo a torcer, ya que lo que lo guía es garantizar la reproducción de sus monopolios, extendiendo el caos e impidiendo la organización consciente de los pueblos en la búsqueda de su definitiva liberación. La necesidad objetiva de reproducirse, en condiciones donde tiene que ir contra todos, es lo que dicta su comportamiento. Se potencia entonces la conducta de privar a todos de la producción. Esta es la base de su conducta irracional, pero acorde a la desesperación de la etapa ultima del capitalismo. La descomposición que los gobierna se muestra en la estrategia terrorista, lumpen y parasitaria, de llevar la guerra contra toda la población. Tiene todos los caminos cerrados: esta es su desesperada, única y última jugada.

Desorientado….

El desboque imperial tiene en el Medio Oriente a uno de sus jugadores esenciales: Israel. Como referíamos anteriormente, de conjunto con los Emiratos Árabes Unidos, el país conducido por las fuerzas sionistas se dispone a construir una base militar de última generación en la región de Saná. Pero no solo eso, sino que también se confabularon para eliminar la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA), sumándose a la acción del Gobierno norteamericano que llevó a la UNRWA al borde de la bancarrota cuando recortó todo el presupuesto que destinaba a la dirección. Las medidas contra la UNRWA tienen el objetivo de privar a la mayoría de los palestinos de su derecho a retornar a su patria y con toda seguridad apunta a quebrar el sueño de los refugiados de regresar a sus tierras, de las que sus padres (más de 700 000 palestinos) fueron expulsados en 1948. Anteriormente, el ex comisionado general de la UNRWA, Pierre Krahenbuhl, había advertido que “lo que está en juego es la dignidad y la seguridad humana de millones de refugiados palestinos, que necesitan asistencia alimentaria de emergencia y otro tipo de apoyo en Jordania, El Líbano, Siria, Cisjordania y la Franja de Gaza”. De la mano de esto, en las primeras semanas del año aumentó la violencia de los colonos israelíes contra los aldeanos, con el objetivo de atemorizar a las comunidades palestinas indefensas de la Cisjordania ocupada e intensificar la usurpación de tierras.

En el mismo sentido de asfixiar la emancipación que lideran los pueblos antimperialistas, las sanciones económicas que impone el Tesoro de EE.UU. a Faleh al-Fayaz (titular de las Unidades de Movilización Popular de Irak, que forman parte de las Fuerzas Armadas de Irak) son medidas dirigidas contra las fuerzas populares iraquíes y el papel que desempeñan en proteger al país, sometido desde 2003 a la ocupación del bloque imperial. Para no dejar cabos sueltos en sus directrices de hostigamiento, el gobierno norteamericano decidió, al igual que lo hizo con el partido político Hezbolá, incluir al movimiento popular yemení Ansarolá como una organización terrorista internacional. Ante lo cual Hezbolá aseguró que: “Es una acción criminal que tiene como objetivo la moral de los yemeníes que se enfrentan con firmeza al injusto bloqueo y la agresión de los que EE.UU. es responsable con todas sus consecuencias humanitarias y sanitarias”. Anudando el movimiento militar con el económico, el presidente del Consejo Estratégico de Relaciones Exteriores de Irán, Seyed Kamal Jarazi, no dudó en referir que: “Estos movimientos —por el aumento de presencia militar estadounidense en el Golfo Pérsico— son, más que todo, una guerra psicológica”.

Al no poder imponer sus ideas como las que ordenen a toda la sociedad, se ataca a toda la población con un bombardeo permanente, simultáneo y prolongado, en todos los frentes, con variados mecanismos que tienden al caos para desintegrar los países, agudizando las contradicciones secundarias para producir la balcanización de los pueblos, hundirlos en la guerra civil, desarrollar la descomposición en la sociedad a través del terrorismo o las adicciones y, a la vez, tratar de producir resultados combinados que no dejen tiempo para la reacción, acelerando y precipitando el enfrentamiento, para que el camino de la autodeterminación de los pueblos les sea lo más sinuoso posible. Es una guerra libre de cualquier restricción política, una guerra sin límites donde se valen de cualquier medio, donde además de buscar el desgaste político y la erosión de la capacidad de resistencia al tratar de impedir que pueda sostener la continuidad de la pelea, les interesa afectar la psiquis colectiva, afectar la racionalidad y la emocionalidad, sumergiendo a la población en un mar de emociones que diluye y distorsiona su capacidad para oponerse, para construir y reflexionar sobre las tareas necesarias para la liberación definitiva.

Ya dijimos, el objetivo de los monopolios es manejarse en este caos que generan para perpetuar su saqueo. Esto resulta imposible sin la disgregación social del pueblo oprimido y la pasividad de su mayoría. Y en el caso de Medio Oriente, para ello, tienen que quebrar la moral impregnada de ardor combativo que el pueblo iraní ha hecho correr por las venas de los musulmanes.

Viernes, 3AM

Con todo esto, y a pesar del daño que produce, el imperio solo logra debilitar su fuerza y aumentar las filas de su enemigo de clase, tome la forma que tome esta lucha. Israel es un claro ejemplo de cómo estas fuerzas retardatarias para el futuro de la humanidad debilitan sus posibilidades de victoria final ya que entran en una guerra total contra toda la población. La devastación en sus filas muestra que hace tiempo que aumenta el suicidio entre los soldados israelíes, y el porcentaje de los que padecen trastornos mentales no deja de crecer. Los servicios de asistencia psicológica durante su servicio militar llegan al 25%, cifra que en la última década aumento un 40%, y que podría ser mayor, debido a que muchos militares ocultan su dolencia para evitar la expulsión del ejército. En este sentido, el diario israelí Haaretz informó citando a fuentes castrenses, que casi el 50% de los soldados dejan sus uniformes antes de que terminen su servicio militar de 3 años por razones psicológicas. Esta es una tendencia que lejos de frenarse parece tomar cada vez más cuerpo. Indicadores del avance de esto son: la insistente recomendación del ejército a que las tropas busquen con urgencia apoyo psicológico para evitar que la situación empeore; la decisión de abrir a fines de febrero un nuevo centro de apoyo en la base militar de Tel Hashomer -en las afueras de Tel Aviv-; y la advertencia que realiza el periódico Haaretz de que esto se está agravando tras tener, durante un año entero, en alerta máxima a sus filas después del asesinato del general Soleimani, donde “el ejército israelí vive bajo una presión mental y psíquica constante debido a la amenaza de la Resistencia”.

La mayor amenaza que enfrenta el fetichizado ejército israelí es endógena. Luego de la guerra Yom Kipur en 1973, la suposición de que ningún Estado árabe emprendería por sí solo una guerra total contra Israel en un futuro próximo, y el hecho de que tras la primera intifada aumentó la resistencia civil palestina, comprometió al ejército israelí cada vez más en operaciones de vigilancia sobre Cisjordania y Gaza. Los soldados dejaron de entrenarse en cualquier forma de operaciones tácticas a gran escala. Tras un entrenamiento inicial y mínimo, los jóvenes tanquistas israelíes fueron destinados a tareas elementales de vigilancia en los territorios ocupados haciendo que las brigadas acorazadas y de artillería aparecieron como inútiles e irrelevantes. Cuando entrar a Gaza se convirtió en algo demasiado peligroso, las Fuerzas Aéreas pasaron a ocuparse del desafío palestino y del mando del ejército. Se apoyaron en la tecnología norteamericana, y usaron F-16 y helicópteros Apache para lanzar misiles contra los objetivos civiles y militares palestinos. El objetivo era mantener a los palestinos en un constante estado de terror. En varios casos los resistentes fueron selectivamente asesinados -lo único que se necesitaba eran unas pocas operaciones de inteligencia en tierra, seguidas por el lanzamiento aéreo de un misil-, muchas veces, junto a ellos murieron civiles. Y en abundantes ocasiones los pilotos erraron el tiro, el servicio de inteligencia les dio equivocadas instrucciones o, simplemente atacaron a la población civil. Al tener que reformular su organización para el enfrentamiento con la resistencia palestina, el ejército israelí fue deshabilitando su capacidad de combate. Este proceso alcanza su cúspide cuando con la intención de evitar poner en peligro a sus jóvenes soldados, la guerra se convirtió en algo muy seguro, casi en un videojuego, y el ejército se acostumbró a aniquilar civiles palestinos en sus casas; aterrorizar a mujeres embarazadas en puestos de control; bombardear a niños en sus escuelas; o secuestrarlos y someterlos a torturas y vejámenes, lo cual se fue convirtiendo en una horrorosa costumbre.

        Por eso, cuando el ejército israelí tuvo que enfrentarse a Hezbollah en 2006, fracasó de forma infame. Intentaron resolver un problema político de manera técnica -con su superioridad tecnológica y capacidad armamentística-, tirando más de 170.000 bombas -realizando la aviación 520 misiones diarias- en una franja muy angosta. Una exageración si se tiene en cuenta que en la guerra de 1973 sólo lanzaron 53.000 bombas en dos frentes muy amplios y que se enfrentó contra dos poderosos ejércitos estatales bien equipados Siria y Egipto. En la guerra de julio 2006 solo enfrento a un partido político: Hezbollah.

        Con la victoria de Hezbollah, se le hizo imposible a Israel, tapar los rasgos de descomposición y decadencia propios de la etapa final y última del capital: el imperialismo. Su tropa no pudo soportar la decadencia. Hay que recordar que el general Halutz, jefe de Estado Mayor y quien ordeno la escalada militar, sabiendo que caería la bolsa de Tel Aviv vendió todas sus acciones tres horas después de que fueran secuestrados dos soldados israelíes por milicianos de Hezbollah -hecho que desencadeno la guerra-, haciendo un movimiento que demuestra más preocupación por el rendimiento de negocios personales, que por ideales patrióticos o la vida que ponen en juego sus hombres en el enfrentamiento. La próxima animalada política fue centrar la estrategia más en una lucha intestina entre capitales que en enfrentar a Hezbollah, es por esto que para salvar las carreras políticas de Olmert y Peretz, intentaron satisfacer a los votantes israelíes mandando al ejército a operaciones cada vez más peligrosas y de un valor táctico muy limitado -operaciones que fracasaron una tras otra sin conseguir nada-, y como cierre de todas estas barbaridades se ordenó provocar una auténtica devastación, lo que consumió todas las reservas de armamento durante las 48 horas previas al alto el fuego. Hubo generales de brigada que dejaron de luchar junto a sus soldados para dirigir la batalla desde búnkeres aislados en el interior de Israel. Un teniente coronel que se negó a llevar a sus soldados a territorio libanés admitió que carecía de conocimientos tácticos. En Israel nadie se atrevió a correr el riesgo de enviar convoyes logísticos al campo de batalla. Los alimentos y la munición que lanzaron los aviones de carga cayeron en manos de Hezbollah. Algunas unidades especiales terminaron perdidas, y sin agua ni comida. Otras rodeadas por combatientes de Hezbollah, yaciendo heridas sobre el terreno, esperando durante largas horas que las rescaten. No se permitió el envío de helicópteros con ametralladoras al espacio aéreo libanés por miedo a que los derribasen, con lo cual los comandos israelíes tuvieron que luchar contra Hezbollah en condiciones de igualdad sin apoyo aéreo. Hubo soldados reservistas que fueron al frente sin el equipo de combate debido y otros que para evitar esto terminaron comprando lo que les faltaba con dinero de su propio bolsillo. Estos fracasos, retratan el derrumbe de la política israelí, y en los casi 15 años que pasaron desde 2006, esta situación se agravo considerablemente. Entonces, ¿Cómo confiar en sus cuadros políticos y militares después del desempeño en la guerra contra Hezbollah?

Israel sostiene la construcción de que no saldría derrotado en el campo de batalla, una mentira que se derrumba con los primeros tiros y que solo conseguiría confundir a su fuerza, que al creer esta ilusión como lo real queda sin saber dónde está parada, ignorando en que o quien confiar. Y al ahogarse en un mar de incertidumbres ¿sobre qué certeza se sostiene su conciencia? Este ejército no está preparado para luchar, no sabe cómo hacerlo. Las reservas y los soldados profesionales se convirtieron en cobardes que prefieren ganar guerras sentados frente a monitores y manipulando joysticks. Encantados con la “buena vida” que llevaban, sucumbieron ante la comodidad de la tecnología y la riqueza, dejando de estar curtidos para el combate. Cuando esta tropa pisa el barro del combate, va con pánico, con ansiedad, con angustia, inmersa en la inquietud, en la intranquilidad, etc.

La tensión política entre las distintas facciones de capital israelí es tal, que ya sacude las instituciones de seguridad de este régimen. Yoav Limor -experto militar citado por el portal Arabi 21-, revela que “existe una encarnizada pugna entre los miembros del servicio de seguridad general de Israel -Shabak, conocido también como Shin Bet-, el servicio de inteligencia de Israel -el Mossad- y la unidad de inteligencia militar israelí”. También aduce que el Mossad experimenta una grave crisis interna.

Pero el problema político más grande, tal vez sea que estos jóvenes soldados no saben por qué luchan. ¿Qué están defendiendo? ¿Ideales, negocios, el reparto de un botín? Muchos de estos soldados israelíes son árabes y etíopes, poblaciones con alta tasa de desempleo y pobreza, que sufre el racismo y acoso policial, que son considerados ciudadanos de segunda clase. ¿Cuánto mejoran sus condiciones vida con la guerra? Más bien, con ella ven en los palestinos un espejo que anticipa lo que les va a tocar. Se ven espejados en las condiciones de reproducción de los monopolios, la que los empuja a profundizar este tipo de guerra en la que aplican el terror sobre la población palestina que son ellos mismos. Se trata de un ejército que se dedicó a hacer cosas terribles, atrocidades que cargan las espaldas de estos jóvenes soldados, no solo los que son árabes y etíopes y, no son soportables para sus conciencias. No pueden sostener en vida lo que tuvieron que realizar en servicio para hacer valer los intereses de las corporaciones globales, y al no poder enfrentar la contradicción entre sus necesidades y las del imperialismo, no encuentra salida, se le cierran así los caminos, y durante el servicio se descomponen. El resultado de esto es un alarmante aumento del número de suicidios en las filas israelíes. Pero comienzan a resistir también ellos con hechos de desobediencia a los superiores cuando las órdenes tratan sobre reprimir civiles palestinos.

Esta negación a la política imperialista se expresa en la profunda crisis política en que se hunde Israel y de la que no puede salir. Va camino a celebrar las cuartas elecciones anticipadas en solo dos años. Según las encuestas, una alianza de partidos de centro izquierda y de izquierda podría plantearle un serio desafío al partido de extrema derecha Likud de Netanyahu que cae en picada. El partido Azul y Blanco de Benny Gantz no llegaría a entrar en el próximo Parlamento ya que recibiría sólo el 2,6 % de los votos, quedando por debajo del umbral del 3,25 % necesario para entrar. El partido con mayor intención de votos Likud no llega al 25 % de la intención de los mismos. El resto del porcentaje se reparte entre las varias restantes fuerzas políticas que expresan intereses contradictorios entre sí, y cada uno de estos está lejos de poner sus intereses como los de toda la sociedad. La tensión entre estos partidos va en aumento, y se abre una “grieta” que se hace cada vez más grande y más difícil de cerrar. La mayoría de los israelíes siente una profunda desconfianza en sus principales líderes políticos quienes no son representativos, y están sacudidos por escándalos de corrupción, soborno, fraude y abuso de poder. Israel es una base militar que va a la pelea con su tropa atomizada. Esta fracturada vertical y horizontalmente.

Solo desde la negatividad se alcanza una mayoría, desde la conciencia de lo que no quieren, porque saben estas mayorías, que por ahí no tienen salida más que hacia un matadero. Pero para positivizar algo tienen que cambiar, tienen que y buscan otra dirección. Tal vez, la preocupación de Benny Gantz sea un claro indicio de esa búsqueda ya que “más del 50 por ciento de los jóvenes en Israel no se alista en el ejército y el número está creciendo.” Tal vez así, el pueblo de Israel constituirá un verdadero estado nación para dejar de ser una base militar imperialista ocupando las tierras palestinas.

¡Para la libertad!

La guerra desatada contra toda la población lejos de quebrar la moral de los musulmanes que enfrentan al imperialismo, la fortalece. Como decíamos en nuestro Análisis del mes anterior, el asesinato, hace un año, del teniente general Qasem Soleimani -comandante de las Fuerza Quds, del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica de Irán-, junto con el de Abu Mahdi al-Mohandes -subcomandante de las fuerzas populares iraquíes Al-Hashad Al-Shabi-, no ha hecho más que acelerar la tendencia de unidad de los pueblos para luchar contra el enemigo en común llamado Imperio. Soleimani y Abu Mahdi al-Muhandis, no eran simplemente dos personas, sino una “escuela de pensamiento, un camino y una lección instructiva” como afirmara el ayatolá Seyed Ali Jamenei, Líder de la Revolución Islámica de Irán, y sus muertes tuvieron el efecto contrario al deseado por el imperialismo, lejos de silenciar su voz, hizo que la vida de Soleimani sea un ejemplo a seguir por los jóvenes guardianes de la Revolución y que el mensaje del héroe de la lucha antiterrorista se hiciera aún más fuerte extendiéndose al mundo más allá de los musulmanes.

“Qasem Soleimani dejó un ejército de millones de combatientes de la Resistencia que han sido entrenados, equipados, y están ansiosos para convertirse en mártires”, sentenció Seyed Hashem Safi al-Din, jefe del Consejo Ejecutivo de Hezbolá. Al contrario de cómo se quiebra la tropa imperial, la lucha contra la hegemonía norteamericana se impregna de mayor ardor combativo, y se pone en el centro no solo expulsar a EEUU de la región, sino derrotar al imperialismo. Todo se ordena detrás de este objetivo. “Quedan otras dos bofetadas a EEUU, la primera es la derrota yanqui en la guerra blanda en la región, algo que está sucediendo, la última bofetada, es la expulsión de los estadounidenses de la región. Por supuesto, estos son solo bofetadas y todavía queda la dura venganza que se hará en el momento y en forma adecuada” , como reforzará el general de brigada Seyed Mohamad Heyazi -subcomandante de la Fuerza Quds del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica de Irán- la lucha hasta vencer es la bandera que encabeza las filas persas.

Varios estados árabes, todos los grupos de Resistencia, y la Umma islámica de trabajadores acompañan a la República Islámica de Irán en este camino. La política del imperio y sus agentes locales, continuidad de la opresión y saqueo colonial, está lejos de seguir sosteniendo sus ideas como las de las mayorías en estas naciones, esto se les presenta como irracional tanto a trabajadores como a los capitales locales, y a la hora de buscar la racionalidad como el camino para resolver sus problemas. Las preguntas están abiertas, ¿Qué faro van a mirar para guiarse? Por eso, la muerte se Soleimani provoca una mayor reacción de las masas, porque se ataca lo que organiza la conciencia de lucha y da salida resolviendo los problemas que el caos imperial expande sobre la región. Es un hecho que toca a todos por igual, aumentando la conciencia de lo que le pasa a todos los despojados por el mismo enemigo de clase, identificando que ese otro es cada uno de lo que pelea. Así, naciones, tribus, pueblos y religiones con procesos históricos distintos se igualan en la búsqueda necesaria. Aumenta la cooperación y la empatía, fusionándose en un solo hacer. Se unen en una sola bandera resolviendo contradicciones de años: tribus rivales; organizaciones políticas que arrastran años de discrepancia y distanciamiento -como las distintas facciones de la resistencia palestina que realizaron sus primeras maniobras conjuntas en Gaza; 12 grupos palestinos, entre ellos, HAMAS, el movimiento de la Yihad Islámica de Palestina, el Frente Popular para la Liberación de Palestina y el Movimiento Palestino de Liberación Nacional (Al-Fatah), que participaron en el simulacro conjunto-; estados que estuvieron en guerra como Irán e Irak lo estuvieron durante 8 años; las dos grandes ramas del islam sunitas y chiitas; diferentes grupos étnicos y religiosos -como en las Unidades de Movilización Popular (Al-Hashd Al-Shabi) en Irak donde además de su mayoría musulmana shiíe, la forman sunníes, cristianos, yazidíes y kurdos, etc- todos contra el Imperio.

Por lo tanto, no es extraño que los llamados a la unidad surjan de todos lados. Iraníes y yemeníes llaman fortalecer este camino. El canciller iraní Mohamad Yavad Zarif les recuerda a sus vecinos árabes que: “Es hora de aceptar nuestra oferta para una región fuerte”, y el líder del movimiento popular yemení Ansarolá, Abdulmalik al-Houthi: “Hacemos hincapié en la cooperación y la hermandad de la Umma Islámica -comunidad islámica- para eliminar al enemigo israelí y las bases militares estadounidenses en la región. La Umma Islámica se merece ser independiente y libre, y esto no se logrará bajo la hegemonía de EEUU e Israel”. Las masas de países como Marruecos, Baréin y Sudan se encargan de dejar en claro el rechazo a los acuerdos de sus gobiernos de normalizar relaciones con Israel con reiteradas movilizaciones que hacen todos los meses, donde se ven carteles que tienen escrito: “Rechazamos la sumisión, la humillación y la rendición a las instrucciones de EE.UU. y el Reino Unido” o “Israel es un cáncer que debe ser extirpado”. Incluso el mismo gobierno de Sudán se encarga de cuestionar el acuerdo de normalización a través de su ministro de Información, Faisal Muhamad Saleh, que sentenciará que: “Todo lo que se ha dicho sobre la normalización con Israel y que ésta traerá paz y tranquilidad a los contratantes es una fantasía” (…) Aquellos sudaneses que aceptaron la normalización de lazos con Israel tenían como objetivo levantar las sanciones de Estados Unidos al país y restaurar sus derechos de soberanía”. Declaraciones que junto al acuerdo para establecer una base militar rusa en su costa del mar rojo deja claro que esta nación continúa enrolada en la fuerza social opuesta al imperialismo.

Mientras el imperio norteamericano queda aislado a Israel, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, y dos embajadas expresadas en los gobiernos de Baréin y Marruecos, en la región está resurgiendo el panarabismo en unidad con lo persa como necesidad para superar los límites que ponen la forma de estos estados a la hora de enfrentar los grupos económicos concentrados. En este sentido, ya en el año 2017el líder sirio Al-Assad hacia recordar que “el Arabismo es un movimiento para unir a los pueblos de la región árabe de habla común contra el imperialismo, la globalización/hegemonía financiera estadounidense y el sionismo; un movimiento que representa el punto final a la ideología neocolonial en el mundo árabe.” Es nítido el derrumbe, el desmoronamiento del orden de mecanismos que permitía la dominación imperial -el saqueo de riquezas-, se derrumba la estrategia que dividiera el territorio del Medio Oriente a merced de los países centrales cuando se repartieron el mundo, o sea, se derrumba esta división internacional del trabajo que aparece, a todas luces, como irracional. Al mismo tiempo que detonan las cabezas de los soldados imperialistas, que terminan hundidos en la locura o quitándose la vida por no poder sostener la irracionalidad de la brutal decadencia y descomposición munida de una conducta basada en propiedad privada que tienen que defender sin saber porque.

 Por el otro lado, tenemos una población que acumula décadas de sufrimiento producido por la política imperialista, y a diferencia de la tropa norteamericana e israelí, tiene suficientes motivos para pelear, o sea, sabe porque lo hace, por lo que esta fuerza cuenta con mayor cohesión ideológica y es empujada a construir una salida en común con las naciones del resto del mundo -camino a la comunidad de destino común- que también enfrentan al imperialismo. Esta larga lucha en busca de justicia a años de opresión y explotación, coincide con la búsqueda de justicia que exige el Coran, mudándose las motivaciones religiosas del cielo a la tierra, que ya no son divinas sino humanas y sociales manifiestas en el problema nacional. Crece en la población, mayoritariamente creyente, un sentimiento de repugnancia moral un cuestionamiento ético religioso al régimen capitalista y con distinto grado de organicidad se cuestiona la dominación imperialista. La comunidad islámica va construyendo las condiciones para el surgimiento de la conciencia de que sus intereses estratégicos son los de la clase obrera, dándole a la lucha un contenido más allá del problema local o religioso. Se unifican las reivindicaciones económicas, políticas y sociales; configurándose los intereses de la sociedad como un todo y no desde el reclamo de cada nacionalidad, tribu o, rama del islam. Esta construcción se abre paso con más fuerza a partir de la muerte de Soleimani, uniéndose en un solo cuerpo los pueblos, tribus y naciones de la Umma Islámica, y se fortalece una sola ideología, la que pone en primer lugar, la resolución de los problemas comunes a todos: que es, la derrota del imperialismo. Así en la lucha “contra” el imperialismo se va forjando el “por”. En el movimiento histórico real que busca como resolver los problemas que enfrenta, se fortalece la ideología de la revolución islámica y de una comunidad de futuro compartido para la humanidad como lo racional, lo que tiende a volverse real -a ser-, como el camino correcto en toda la región.

Un dólar marcado

El desmoronamiento de la fuerza imperial, por un lado, y el fortalecimiento de la alianza encabezada por China, por el otro, está a la vista en la imposibilidad de EEUU de imponerse desde la superioridad del desarrollo armamentístico. En este terreno hace tiempo que la nación más equipada militarmente del mundo viene quedando relegada frente al desarrollo armamentístico de China, Rusia, Irán y Corea del Norte. Certificación de esto es que en el mes de enero Vladimir Putin destacó que Rusia ya “rearmo con material moderno el 70% del armamento del Ejército y el 86% del arsenal estratégico, con especial hincapié en el armamento hipersónico”. Estas afirmaciones del Presidente ruso fueron ratificadas por el viceministro de Defensa de su país, Alexei Krivoruchko, quién anunció que su país construirá dos submarinos atómicos por año hasta el 2027. Submarinos que se dividen en dos clases, los Borey-A, que portan misiles intercontinentales Bulavá, equipados con diez ojivas nucleares de guiado individual y tienen un alcance de 8 mil kilómetros de distancia. A estos se le suman los Yasen-M, que disponen de misiles cruceros Kalibr y Oniks.

A su vez, las capacidades navales China crecen a un ritmo inigualable, construye el segundo buque Tipo 075 de asalto capas de portar 30 helicópteros de ataque y 900 soldados. El tercero de este tipo ya está en construcción y, cinco más ya han sido encargados. En Corea del Norte, durante el 8.º Congreso del Partido de los Trabajadores, Kim Jong-un, ordeno “reforzar” el arsenal nuclear y el Ejército para hacerlo más poderoso. Irán realizo un masivo simulacro donde mostro musculo con misiles de largo alcance, drones y otras armas que desarrollo, y que durante los últimos cuatro años los ha proporcionado a fuerzas aliadas en Irak, Siria, Líbano y Yemen. En este sentido el Secretario General del partido político Hezbolá, Sayyed Nasralá, reveló que la resistencia ha duplicado en un año el número de misiles de alta precisión.

El deterioro de la hegemonía del imperialismo norteamericano también se expone en la perdida de consenso de su política ante la ONU y la UE. La Asamblea General de la ONU voto contra la propuesta de EEUU de formar un comité y un grupo de expertos para implementar sanciones contra Irán con 110 votos en contra y solo 10 a favor. La ONU también se pronunció en contra del asesinato de Soleimani, considerándolo como un acto “arbitrario e ilegal” que violó la Carta de las Naciones Unidas, y urgió a EEUU a revocar la designación de Ansarolá como organización terrorista. Al mismo tiempo la UE, a través de su portavoz de Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Peter Stano, afirmó que está en contra de que Israel construya y amplíe los asentamientos en suelos palestinos, lo que considera ilegal desde el punto de vista del derecho internacional. Francia también se pronuncia en forma particular sobre lo mismo.

Como describimos en el artículo anterior de nuestro Análisis, China y la UE lograron un principio de acuerdo comercial con el que la nación asiática desplaza a EEUU como el primer socio comercial de Europa. El peso específico que desarrollará esta asociación sobre la estructura de la UE empujará, sin lugar a dudas, a su sociedad a darle la espalda a los intereses norteamericanos. Esta modificación esencial en la vida de los occidentales ya sucedía durante los primeros nueve meses del 2020, donde la UE comercio más con China que con EEUU ya que el comercio entre Bruselas y Pekín ascendió a 425.500 millones de euros, mientras que el comercio entre el otrora bloque hegemónico imperial alcanzó 412.500 millones de euros. Las importaciones de China aumentaron 4,5%, mientras que las exportaciones se mantuvieron sin cambios. Al mismo tiempo, el comercio con EEUU registró una caída tanto en las importaciones de -11,4% como en las exportaciones del -10%.

El desmembramiento del Imperio también tiene su capítulo Europeo. La pelea entre los capitales británicos, que tras conocerse el acuerdo comercial pos Brexit alcanzado entre el Reino Unido y la UE, puso a la ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon, en pie de guerra al asegurar que "ningún acuerdo podrá nunca compensarnos lo que el ‘brexit' nos quita, por ello, llegó el momento de trazar nuestro propio futuro como nación europea independiente" .Independencia que inmediatamente volvería a colocar a Escocia dentro de la UE. Sturgeon propuso el 6 de mayo de 2021 como fecha de votación para decidir la independencia escocesa, cuyo respaldo se convirtió en 2020 en el punto de vista de la mayoría, tendencia que va en aumento ya que el 62% de los escoceses voto por la permanencia en la UE. De concretarse este movimiento geopolítico se fortalecería la política china y, aumentaría la soledad en que queda la norteamericana. Queda pendiente, a su vez, resolver los conflictos latentes con Gales e Irlanda del Norte.

El acuerdo económico logrado entre China y la UE -que juntos expresan 1/4 de la población mundial y 1/3 del PBM- y, la Asociación Económica Regional Integral -acuerdo de libre comercio con 15 países de Asia y el Pacífico, entre ellos socios históricos de EEUU como Japón, Corea del Sur, Nueva Zelanda y Australia, abarca a 2.200 millones de personas y representa el 29% del PBM-, son los dos acuerdos económicos más grandes del mundo, los cuales, conducidos por la política china, actúan como base material y objetiva de la rotación del planeta para reposicionarse sobre su antiguo eje productivo: el oriente, con China en el centro de él.

No hay que confundirse, ambas facciones del capital norteamericano -el 80% de los 147 grupos económicos-, la representada por el saliente gobernante Trump y, la entrante a la Casa Blanca con la figura de Biden, necesitan lo mismo: crear las condiciones favorables para la succión/expropiación de riqueza, su vida depende de ello. Pero por todo lo recorrido vemos la imposibilidad de esto. El fundamento ultimo de este problema es que el imperio norteamericano no puede garantizar la reproducción de ningún capital, sea grande mediano o pequeño, sea de un país central o periférico, todos estos son el alimento necesario para prolongar su agonía en la terapia intensiva de la producción, por lo que se rompen todas las alianzas/acuerdos que le permitían poder construir las condiciones necesarias para su reproducción, que consiste en saquearlo todo. Al no haber consenso con ser devorado por los grupos económicos más concentrados, solo logra acumula fuerza en su contra, lo que lo pone lejos de resolver el problema, no pudiendo imponerse ni siquiera mediante la represión. El desplome de los mecanismos de succión, es lo que imposibilita al imperio norteamericano descargar la crisis en los países periféricos, tampoco sobre las otros países centrales europeos y, mucho menos sobre los bloques constituidos por los pueblos auto determinados y en francos procesos emancipatorios. La presión que se acumuló, con el paso de los últimos 50 años, estalla en el centro imperialista. El boomerang es descripto por sus escribas. Según Thomas Friedman este proceso “marcaría el fin de la democracia norteamericana tal como la conocemos. Y no es una hipérbole decir que también sembraría la semilla de una nueva guerra civil.”



[ << Volver a la primera plana ]